Colegio Santiago de las AtalayasJulián Sebastián Mendoza acuña7cEspañolEmily coronado
El hombre egoísta Cada tarde, a la salida de la escuela, los niños se iban ajugar al jardín del Gigante. Era un jardín am...
 -¡Qué felices somos aquí! -se decían unos a otros. Pero un día el Gigante regresó. Había ido de visita dondesu amigo el...
 Y, de inmediato, alzó una pared muy alta, y en la puertapuso un cartel que decía: ENTRADA ESTRICTAMENTE PROHIBIDABAJO L...
 Solo una vez una lindísima flor se asomó entre lahierba, pero apenas vio el cartel, se sintió tan triste por losniños qu...
 -¡Qué lugar más agradable! -dijo-. Tenemos que decirle alGranizo que venga a estar con nosotros también. Y vino el Gran...
 De esta manera, el jardín del Gigante quedó para siempresumido en el invierno, y el Viento del Norte y el Granizo yla Es...
 Ante sus ojos había un espectáculo maravilloso. A travésde una brecha del muro habían entrado los niños, y sehabían trep...
 -¡Sube a mí, niñito! -decía el árbol, inclinando sus ramastodo lo que podía. Pero el niño era demasiado pequeño. El Gig...
 Entonces el Gigante se le acercó por detrás, lo tomógentilmente entre sus manos y lo subió al árbol. Y el árbolfloreció ...
 -Pero, ¿dónde está el más pequeñito? -preguntó elGigante-, ¿ese niño que subí al árbol del rincón? El Gigante lo quería...
 -¡Cómo me gustaría volverlo a ver! -repetía. Fueron pasando los años, y el Gigante se puso viejo y susfuerzas se debili...
 Era realmente maravilloso lo que estaba viendo. En elrincón más lejano del jardín había un árbol cubierto porcompleto de...
 -¿Quién eres tú, mi pequeño niñito? -preguntó elGigante, y un extraño temor lo invadió, y cayó de rodillasante el pequeñ...
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Presentación1

  1. 1. Colegio Santiago de las AtalayasJulián Sebastián Mendoza acuña7cEspañolEmily coronado
  2. 2. El hombre egoísta Cada tarde, a la salida de la escuela, los niños se iban ajugar al jardín del Gigante. Era un jardín amplio yhermoso, con arbustos de flores y cubierto de céspedverde y suave. Por aquí y por allá, entre la hierba, seabrían flores luminosas como estrellas, y había docealbaricoqueros que durante la primavera se cubrían condelicadas flores color rosa y nácar, y al llegar el otoño secargaban de ricos frutos aterciopelados. Los pájaros sedemoraban en el ramaje de los árboles, y cantaban contanta dulzura que los niños dejaban de jugar paraescuchar sus trinos.
  3. 3.  -¡Qué felices somos aquí! -se decían unos a otros. Pero un día el Gigante regresó. Había ido de visita dondesu amigo el Ogro de Cornish, y se había quedado con éldurante los últimos siete años. Durante ese tiempo ya sehabían dicho todo lo que se tenían que decir, pues suconversación era limitada, y el Gigante sintió el deseo devolver a su mansión. Al llegar, lo primero que vio fue a losniños jugando en el jardín. -¿Qué hacen aquí? -surgió con su voz retumbante. Los niños escaparon corriendo en desbandada. -Este jardín es mío. Es mi jardín propio -dijo el Gigante-;todo el mundo debe entender eso y no dejaré que nadie semeta a jugar aquí.
  4. 4.  Y, de inmediato, alzó una pared muy alta, y en la puertapuso un cartel que decía: ENTRADA ESTRICTAMENTE PROHIBIDABAJO LAS PENAS CONSIGUIENTES Era un Gigante egoísta... Los pobres niños se quedaron sin tener dónde jugar.Hicieron la prueba de ir a jugar en la carretera, pero estaballena de polvo, estaba plagada de pedruscos, y no lesgustó. A menudo rondaban alrededor del muro queocultaba el jardín del Gigante y recordabannostálgicamente lo que había detrás. -¡Qué dichosos éramos allí! -se decían unos a otros. Cuando la primavera volvió, toda la comarca se pobló depájaros y flores. Sin embargo, en el jardín del GiganteEgoísta permanecía el invierno todavía. Como no habíaniños, los pájaros no cantaban y los árboles se olvidaronde florecer.
  5. 5.  Solo una vez una lindísima flor se asomó entre lahierba, pero apenas vio el cartel, se sintió tan triste por losniños que volvió a meterse bajo tierra y volvió a quedarsedormida. Los únicos que ahí se sentían a gusto eran la Nieve y laEscarcha. -La primavera se olvidó de este jardín -se dijeron-, así quenos quedaremos aquí todo el resto del año. La Nieve cubrió la tierra con su gran manto blanco y laEscarcha cubrió de plata los árboles. Y en seguidainvitaron a su triste amigo el Viento del Norte para quepasara con ellos el resto de la temporada. Y llegó el Vientodel Norte. Venía envuelto en pieles y anduvo rugiendo porel jardín durante todo el día, desganchando las plantas yderribando las chimeneas.
  6. 6.  -¡Qué lugar más agradable! -dijo-. Tenemos que decirle alGranizo que venga a estar con nosotros también. Y vino el Granizo también. Todos los días se pasaba treshoras tamborileando en los tejados de la mansión, hastaque rompió la mayor parte de las tejas. Después se poníaa dar vueltas alrededor, corriendo lo más rápido que podía.Se vestía de gris y su aliento era como el hielo. -No entiendo por qué la primavera se demora tanto enllegar aquí -decía el Gigante Egoísta cuando se asomabaa la ventana y veía su jardín cubierto de gris y blanco-, espero que pronto cambie el tiempo. Pero la primavera no llegó nunca, ni tampoco el verano. Elotoño dio frutos dorados en todos los jardines, pero aljardín del Gigante no le dio ninguno. -Es un gigante demasiado egoísta -decían los frutales.
  7. 7.  De esta manera, el jardín del Gigante quedó para siempresumido en el invierno, y el Viento del Norte y el Granizo yla Escarcha y la Nieve bailoteaban lúgubremente entre losárboles. Una mañana, el Gigante estaba en la cama todavíacuando oyó que una música muy hermosa llegaba desdeafuera. Sonaba tan dulce en sus oídos, que pensó quetenía que ser el rey de los elfos que pasaba por allí. Enrealidad, era solo un jilguerito que estaba cantando frentea su ventana, pero hacía tanto tiempo que el Gigante noescuchaba cantar ni un pájaro en su jardín, que le parecióescuchar la música más bella del mundo. Entonces elGranizo detuvo su danza, y el Viento del Norte dejó derugir y un perfume delicioso penetró por entre laspersianas abiertas. -¡Qué bueno! Parece que al fin llegó la primavera -dijo elGigante, y saltó de la cama para correr a la ventana. ¿Y qué es lo que vio?
  8. 8.  Ante sus ojos había un espectáculo maravilloso. A travésde una brecha del muro habían entrado los niños, y sehabían trepado a los árboles. En cada árbol había un niño,y los árboles estaban tan felices de tenerlos nuevamentecon ellos, que se habían cubierto de flores y balanceabansuavemente sus ramas sobre sus cabecitas infantiles. Lospájaros revoloteaban cantando alrededor de ellos, y lospequeños reían. Era realmente un espectáculo muy bello.Solo en un rincón el invierno reinaba. Era el rincón másapartado del jardín y en él se encontraba un niñito. Peroera tan pequeñín que no lograba alcanzar a las ramas delárbol, y el niño daba vueltas alrededor del viejo troncollorando amargamente. El pobre árbol estaba todavíacompletamente cubierto de escarcha y nieve, y el Vientodel Norte soplaba y rugía sobre él, sacudiéndole las ramasque parecían a punto de quebrarse.
  9. 9.  -¡Sube a mí, niñito! -decía el árbol, inclinando sus ramastodo lo que podía. Pero el niño era demasiado pequeño. El Gigante sintió que el corazón se le derretía. -¡Cuán egoísta he sido! -exclamó-. Ahora sé por qué laprimavera no quería venir hasta aquí. Subiré a ese pobreniñito al árbol y después voy a botar el muro. Desde hoymi jardín será para siempre un lugar de juegos para losniños. Estaba de veras arrepentido por lo que había hecho. Bajó entonces la escalera, abrió cautelosamente la puertade la casa y entró en el jardín. Pero en cuanto lo vieron losniños se aterrorizaron, salieron a escape y el jardín quedóen invierno otra vez. Solo aquel pequeñín del rincón másalejado no escapó, porque tenía los ojos tan llenos delágrimas que no vio venir al Gigante.
  10. 10.  Entonces el Gigante se le acercó por detrás, lo tomógentilmente entre sus manos y lo subió al árbol. Y el árbolfloreció de repente, y los pájaros vinieron a cantar en susramas, y el niño abrazó el cuello del Gigante y lo besó. Ylos otros niños, cuando vieron que el Gigante ya no eramalo, volvieron corriendo alegremente. Con ellos laprimavera regresó al jardín. -Desde ahora el jardín será para ustedes, hijos míos -dijoel Gigante, y tomando un hacha enorme, echó abajo elmuro. Al mediodía, cuando la gente se dirigía al mercado, todospudieron ver al Gigante jugando con los niños en el jardínmás hermoso que habían visto jamás. Estuvieron allí jugando todo el día, y al llegar la noche losniños fueron a despedirse del Gigante.
  11. 11.  -Pero, ¿dónde está el más pequeñito? -preguntó elGigante-, ¿ese niño que subí al árbol del rincón? El Gigante lo quería más que a los otros, porque elpequeño le había dado un beso. -No lo sabemos -respondieron los niños-, se marchó solito. -Díganle que vuelva mañana -dijo el Gigante. Pero los niños contestaron que no sabían dónde vivía yque nunca lo habían visto antes. Y el Gigante se quedómuy triste. Todas las tardes al salir de la escuela los niños iban ajugar con el Gigante. Pero al más chiquito, a ese que elGigante más quería, no lo volvieron a ver nunca más. ElGigante era muy bueno con todos los niños pero echabade menos a su primer amiguito y muy a menudo seacordaba de él.
  12. 12.  -¡Cómo me gustaría volverlo a ver! -repetía. Fueron pasando los años, y el Gigante se puso viejo y susfuerzas se debilitaron. Ya no podía jugar; pero, sentado enun enorme sillón, miraba jugar a los niños y admiraba sujardín. -Tengo muchas flores hermosas -se decía-, pero los niñosson las flores más hermosas de todas. Una mañana de invierno, miró por la ventana mientras sevestía. Ya no odiaba el invierno pues sabía que el inviernoera simplemente la primavera dormida, y que las floresestaban descansando. Sin embargo, de pronto se restregó los ojos, maravillado, ymiró, miró…
  13. 13.  Era realmente maravilloso lo que estaba viendo. En elrincón más lejano del jardín había un árbol cubierto porcompleto de flores blancas. Todas sus ramas erandoradas, y de ellas colgaban frutos de plata. Debajo delárbol estaba parado el pequeñito a quien tanto habíaechado de menos. Lleno de alegría el Gigante bajó corriendo las escaleras yentró en el jardín. Pero cuando llegó junto al niño su rostroenrojeció de ira y dijo: -¿Quién se ha atrevido a hacerte daño? Porque en la palma de las manos del niño había huellasde clavos, y también había huellas de clavos en sus pies. -¿Pero, quién se atrevió a herirte? -gritó el Gigante-.Dímelo, para tomar la espada y matarlo. -¡No! -respondió el niño-. Estas son las heridas del Amor.
  14. 14.  -¿Quién eres tú, mi pequeño niñito? -preguntó elGigante, y un extraño temor lo invadió, y cayó de rodillasante el pequeño. Entonces el niño sonrió al Gigante, y le dijo: -Una vez tú me dejaste jugar en tu jardín; hoy jugarásconmigo en el jardín mío, que es el Paraíso. Y cuando los niños llegaron esa tarde encontraron alGigante muerto debajo del árbol. Parecía dormir, y estabaentero cubierto de flores blancas.FIN

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