"La casa que se dejo ser tomada"          Arturo Jara Ureta                                   1
Dedicado a mi familia.                    2
AgradecimientoAgradezco la inspiración que me dieron los cuentos de Julio Cortázar como lo son:La casa tomada (Bestiario),...
Era un día de verano bochornoso y estaba encerrado en un bus interprovincialrumbo a Lima. Era tan aburrido el viaje que de...
Luego de haber tomado un bus de color mostaza y haber caminado seis cuadras,llegamos a la puerta de la casa de mis tías. E...
Antes de poder entrar a la cocina y decirles a todas: Buenas tardes. Mi tía Maríame dijo:-Por dios, acaso este niño nunca ...
que la casa me daba un poco de miedo, por el simple hecho de ser tan grande yvieja. Mas en la noche, cuando no había ruido...
El rostro del señor cambio de uno de interrogador a uno anonadado. Y con unavoz pausada declaro:-Está bien jovencito, ya m...
Era todo un placer ver como operaban las máquinas, y como lograban hacer queel remallado salga tan recto. En verdad era ge...
- ¿Qué hacías ahí debajo?- Estaba contando los royos que van a tender el día de mañana. Quería separarlospor color y calid...
y manipular de mil y un maneras. Pero si tienes ese conocimiento vas a poderhacer cosas grandes por la humanidad. Y estoy ...
pesaban cien kilos y que costaba moverlos. El esfuerzo valía toda la pena porquela sensación de recompensa era única. Pode...
- ¿Quieres quedarte? ¿Quieres comer algo?Cogí una manta roja y la puse debajo del armario. Al ratito le traje un plato dec...
blancas. Me agradaba tanto que la casa congregará tanta vida. Fue toda unaaventura poder cuidar a los gatitos, en un princ...
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La casa que se dejo ser tomada

  1. 1. "La casa que se dejo ser tomada" Arturo Jara Ureta 1
  2. 2. Dedicado a mi familia. 2
  3. 3. AgradecimientoAgradezco la inspiración que me dieron los cuentos de Julio Cortázar como lo son:La casa tomada (Bestiario), del cual me inspire el nombre de este cuento; y Finaldel juego (Final del Juego), por devolverme la emoción de contar una historia.A julio Ramón Ribeyro, por su cuento: Los gallinazos sin plumas, por esacapacidad de reencontrarme con mi niño interior.También agradezco a la casa de Breña donde viví gran parte de mi afortunadaniñez, de donde saque gran cantidad de pasajes aquí mencionados. Y finalmenteagradezco a mi familia por siempre ser una fortaleza y pilar en mi vida. 3
  4. 4. Era un día de verano bochornoso y estaba encerrado en un bus interprovincialrumbo a Lima. Era tan aburrido el viaje que decidí echarme en las piernasregordetas de mi tía Juana con un ojo abierto y el otro cerrado, para saber si yahabíamos llegado a nuestro destino. Mi única diversión era preguntarle a mi tíacada cinco minutos:-¿Ya estamos cerca?, ¿Cuánto falta?, ¿Por qué se demoran tanto? ¿No tieneshambre?Después de un pan con pollo con papitas al hilo, una gaseosa “chiki” sabornaranja y una bolsa de chifles llegamos a eso que mi tía llamaba Lima, la ciudadde las oportunidades. No recuerdo a ver visto antes tanta gente reunida en unmismo lugar, pareciese que había una gran feria, como las que se hacían en mipueblo los días Domingos. Pero esta era mucho más grande, porque abarcabatodas las cuadras hasta donde mi vista alcanzaba. En ese momento mi tía hablo:-Deja de poner esa cara sonso y cierra la boca, que ahorita se te va a meter unamosca.En ese instante, mi tía me cogió la mano derecha con fuerza, se inclino a mí y medijo susurrando al oído:-Papito vamos a ir a la casa de tus tías que viven en Breña. Allí nos vamos aquedar. ¿Ya?Inmediatamente brotaron en mí muchas preguntas como:-¿Quiénes son esas tías que viven en Breña? ¿Nos vamos a quedar aquí? ¿Y quépaso con nuestra casa en Ayacucho? *** 4
  5. 5. Luego de haber tomado un bus de color mostaza y haber caminado seis cuadras,llegamos a la puerta de la casa de mis tías. El nombre de la calle no se podía verpero si el numeral de la puerta, decía algo de: “Jr. R….y 218”Sin embargo, en este instante no me interesaba mucho eso, lo que en verdad meinteresaba era llenar mi estómago. Tengo tanta hambre, que juro me habríacomido tres cuyes yo solo. Pero creo que otra vez di paso a las moscas a mi boca,porque nunca había visto una casa tan grande. Tenía 4 pisos. Un gran portón deentrada. Dos garajes en los extremos. Y muchas ventanas de diferentesdimensiones.Fue en ese momento, que el gran portón metálico negro se abrió. Y nos recibióuna señora alta de contextura delgada. Todo lo contrarío a mi tía Juana. Ella erami tía Flor. Tenía 34 años. Era soltera. Y no tenía hijos. Me cayó muy bien desdeel principio. Eran de esas personas que tienen algo especial pero que no lo llegasa descubrir así te quedes toda el día viéndolas.Al ingresar a la casa, nos cruzamos con un gran zaguán, con 3 puertas en cadalado y una banca larga de madera para los invitados. Seguimos de frente y nostopamos con una larga escalera de madera, como las que veía en los cuentosilustrados que mi tía me traía de vez en cuando. Tenía unas ganas inmensas desubir por ellas, para poder así investigar y descubrir todos los secretos queescondía la casa. Pero mi tía Flor no me lo permitió. Me dijo que primero debía deconocer a mis otras tías que estaban en la cocina. Entonces seguimos por unlargo pasillo hasta llegar a una cocina grande –diría gigante- que prácticamenteera la sala y comedor de mi casa en Ayacucho. En ella estaban mis otras dos tías.Mi tía María y mi tía Sara. 5
  6. 6. Antes de poder entrar a la cocina y decirles a todas: Buenas tardes. Mi tía Maríame dijo:-Por dios, acaso este niño nunca come. Pero miren como esta, todo flacuchento.En ese instante, mi tía Sara, acompaño el comentario de mi tía María:-¡Ah no no no! Yo no voy a tener ningún sobrino desnutrido.Al acto, mi tía Sara, puso ante mí un plato hondo –mas parecía una sopera- decaldo de pollo hirviendo.-Toma hijito, con eso te vas nutrir. Esta muy rico.No estaba acostumbrado a tomar tanto caldo. Creo que nunca me habían servidode tal forma. Yo no me sentía desnutrido o flacuchento. Pero es mejor hacerlescaso a mis tías. Aparte que era la primera vez que las veía. Se la pasaronhablando toda la tarde hasta la noche. Y por fin me paso lo que quería que pase.Me hicieron subir por las escaleras. Era curioso porque las escaleras sonaban concada pisada. A mí me gustaba eso, porque pareciese que ellas me hablasen sobrela casa. Mis tías nos indicaron cual iba a ser nuestro cuarto. Desempaque miscosas. Me puse mi pijama. Y me eche en la cama.Me gustaba mucho la casa. Ahora conozco a tres tías. Vivo en una casa grandecon techos altos y pisos decorados por cerámicas de todas las formas y tamaños.Parecía que esto no iba a estar tan mal como pensaba. ***Era Domingo. Ya era mi segundo día en esa casa construida de madera y cal.Creo que para ser mi primera noche, dormí tranquilo. Aunque tengo que confesar 6
  7. 7. que la casa me daba un poco de miedo, por el simple hecho de ser tan grande yvieja. Mas en la noche, cuando no había ruido, ya que se podía escuchar lamadera del piso y la escalera crujir a cada rato. Creo que eran los fantasmas delos antiguos dueños de la casa, que salían a caminar por los pasillos para cuidarla.Era una mañana calurosa. Y mi tía Juana me mando a comprar una gaseosa dedos litros a la tienda del frente. Felizmente estaba cerca y casi siempre parecíaparar vacía. Me acerque al señor de la tienda, era un tipo gordo de media estaturay con poco cabello. Le pedí por favor una gaseosa de dos litros retornable. En esoel señor me pregunto:-¿Helada o sin helar?En ese momento dude un instante, porque mi tía no me había dicho como laquería. Mientras pensaba que responde el señor me lanzo otra pregunta:-¿Amiguito, eres nuevo en el barrio no?No se me ocurrió otra respuesta, que decirle lo que me dijo mi tía Juana al llegar aLima: "Son los 90s y estamos viviendo el proceso de migración del campo a laciudad, el cual es necesario para propiciar la equidad entre todos los peruanos."Lo único malo es que no sabía que significaba migración ni equidad. Pero no mequedo otra que funcionar como un disco rayado y repetir todito lo que mi tía medijo:-¡Señor! Mi nombre es Michael, y soy de Ayacucho. Ahora estoy viviendo con mistías en la casa de afrente. Le cuento que son los 90s y estamos viviendo elproceso de migración del campo a la ciudad, el cual es necesario para propiciar laequidad entre todos los peruanos. Y por favor deme la gaseosa helada si no esuna molestia. 7
  8. 8. El rostro del señor cambio de uno de interrogador a uno anonadado. Y con unavoz pausada declaro:-Está bien jovencito, ya me quedo claro, ahorita mismo te despacho tu gaseosa alpolo.En el momento en que estaba saliendo de la tienda escuche al señor decirmedesde lejos:-Gracias por la clase de realidad nacional niño. ***En la casa, de lunes a Viernes eran otra cosa en comparación a los fines desemana. Por el solo hecho que había más gente y eso era emocionante para mí.Esto era debido a que mis tías María y Flor tenían un taller de confecciones deropa de trabajo, el cual les había dejado mi abuelo junto a la casa. Eran mujeresmuy trabajadoras. Se levantaban a las 6 am. para hacer el desayuno y abrían atiempo la puerta al personal. Funcionaban como una gran orquesta. Mi tía Maríase encargaba del tendido, los moldes y el corte en el segundo piso. Mientras mi tíaFlor, en el primer piso, se encargaba de coordinar el trabajo para los operarios delas máquinas de coser y remallado. Y ambas se encargaban de hacer el despachoa los clientes que llegaban en fila todos los viernes al mediodía.Era tan divertido pasearme entre el primero y el segundo piso para poder observarque hacían los trabajadores. En verdad eran personas muy interesantes, cada unotenía una familia que sacar adelante, una historia que contar, cientos de sueñospor realizar, miles de problemas que solucionar y una máquina que operar.Aunque a mí nunca me agradaba llamarles trabajadores. Me tarde una semana enrecordar el nombre de todos, y otra semana para saber un poco mas de ellos. 8
  9. 9. Era todo un placer ver como operaban las máquinas, y como lograban hacer queel remallado salga tan recto. En verdad era gente con mucha habilidad y destrezaen las manos. Me encantaba aprovechar el tiempo cuando se iban al baño o acomprar algo a la tienda. Ya que allí aprovechaba para montarme a la nave, queera la máquina, para poder hacerla sonar presionando el pedal: "RrRrRrRrRrRrRr"A las tres semanas yo ya era un profesional en costura y operatividad demáquinas industriales. Me conocía todas las máquinas desde la más antigua hastala más nueva, desde la más sencilla a las más compleja de operar. Por eso másde uno quería que yo fuese su asistente. Yo les decía bromeando:-Pero cobro por horas conste.Y todos se reían en coro.Un día mi tía María llego de sorpresa por la tarde al taller. A ella no le gustaba queestuviese mucho tiempo con el personal de la empresa. Decía que estaba bienque se los tratará con respeto y humildad pero que eso no significaba quedebíamos hacer su trabajo. Siempre me recalcaba que yo iba hacer el que sacaríala empresa adelante. Y para mi mala suerte, ese día, yo estaba debajo de la mesade corte. En eso escuche sus pisadas prolongadas aproximándose a la mesa:- Michael, sal de ahí debajo.Por un instante, me quede mudo, luego de unos segundos salí por el otro lado dela mesa. Y le dije a mi tía:- ¿Cómo te va tía? 9
  10. 10. - ¿Qué hacías ahí debajo?- Estaba contando los royos que van a tender el día de mañana. Quería separarlospor color y calidad.- ¡Panfletos!. Ya te dije que tienes que ir leyendo porque ya vas a empezar elcolegio.- Pero tía, falta mucho.- ¿Con qué mucho? Te informo que en tres semanas inician las clases.- Ves tía, falta mucho. Aparte a mi no me gusta ir al colegio. No te enseñan nadaútil que valga la pena en la vida.En eso mi tía lanzo una carcajada. JA JA JA- Ahora tu sabes mucho de la vida. Le diré al padre Manuel que te exija el doble.Para que así no digas que no te enseñan.En ese momento comprendí que es importantísimo sincronizar la boca con elcerebro. No sé si a fin de cuentas tenga la culpa yo, que siempre refuto todo.Sentí una mano en mi hombro y era mi tía que me estaba llevando a la habitacióndel al lado. En eso con una voz - como nunca- melodiosa me dijo lo siguiente:- Michael tienes mucha energía y buenas intensiones. Eso te llevará muy lejos, nolo dudo. Pero debes entender que debes estudiar, no para aprobar el colegio sinopara la vida. Papito, te juro que en este mundo sin conocimiento te van a engañar 10
  11. 11. y manipular de mil y un maneras. Pero si tienes ese conocimiento vas a poderhacer cosas grandes por la humanidad. Y estoy seguro que serás un magníficapersona en todo lo que hagas.Cuando termino de decirme esas palabras. Se acerco a mí y me dio un beso en lamejilla. Otra vez me habían dejado con cara de bobo, pero esta vez me sentíafeliz. ***Ya había pasado un par de semanas desde que mi tía había hablado conmigo.Para esto, yo ya me había apropiado de la casa. Ya tenía cuatro bases secretas,un columpio hecho de retazos de tela , muchos accesorios hechos con los saldosde los pedidos y muchos amigosLa casa parecía tratarme bien. Me dejaba transitar por ella desde el zaguán delprimer piso hasta el techo, del cuarto piso, donde tendíamos la ropa. Era genialdeslizarme por todos los rincones de la casa. Cada día era una nueva aventura.No sé si veía muchas películas por la televisión. Juraría que la casa tenía pasajessecretos por descubrir. En las mañanas aparte de ayudar en el negocio tambiénme gustaba jugar escalando paredes. Me creía todo un Indiana Jones. Tenía milátigo, mi sombrero y mis zapatillas que parecían botas.Mi hora favorita era la hora de almuerzo, nadie era mejor que mi tía Sara, siempreme decía que si las cosas las hacía con amor y pasión estás siempre salíanexquisitas. Le gustaba mucho prender la radio y sintonizar su estación favorita delrecuerdo. En esa hora en la que permanecía en la cocina, ella era la sensación dela casa. Una estrella como ninguna. Y yo corroboraba chupándome los dedos.Cuando ya eran las seis de la tarde. Me gustaba tirarme en el sillón que habíafrente al televisor. Eran de esos sillones antiguos de madera con gamuza que 11
  12. 12. pesaban cien kilos y que costaba moverlos. El esfuerzo valía toda la pena porquela sensación de recompensa era única. Poder acurrucarse en el era tan exquisitoque podía quedarme dormido en el, y yo no ni cuenta me daba. El televisortambién era antiguo. Lo peor era que tenías que pararte para cambiar los canalesporque no tenía control remoto. Ya que eran de esos modelos que tenías quepelearte con el sintonizador de canales, porque a veces se atascaba, entre canal ycanal. tenías No sé por qué las cosas antiguas pesan tanto y te demandan muchoesfuerzo, pero eso sí, nunca te fallan. ***La casa nunca dejo de sorprenderme. Un día que estaba bajando la ropa seca a lalavandería. Me percate que algo se movía debajo del armario, en donde colgabanlas camisas planchadas. Me dio un poco de miedo aproximarme al armario yagacharme para ver qué era lo que se encontraba allí. Imagine que era una rataque se había metido a la casa. No era un cobarde sino que siempre había tenidoun trauma con los roedores. Es por eso que me agache a una distancia prudente.- Eso no es una rata, dije en voz alta.Todo lo contrario era un gato negro. Que estaba acurrucado debajo del armario.Cogí una escoba y comencé a empujarlo. Lo primero que escuche: "Gggghhhhhhhhhh...."Creo que no le gustaba para nada que le hiciese eso. Pero no me iba a dejarvencer por un gato. Cuando por fin salió a la luz pude confirmar que no era ungato sino una gata. Y estaba preñada.Entonces le pregunte: 12
  13. 13. - ¿Quieres quedarte? ¿Quieres comer algo?Cogí una manta roja y la puse debajo del armario. Al ratito le traje un plato decomida. No basto ni un segundo para que la gata se avalanchará contra la comidaLuego solo se digno por maullar e irse al armario a calentarse con la manta rojaque le había puesto.Felizmente mis tías me dieron permiso de quedarme con la gata, pero iba a estarbajo mi cuidado. Mi tía Juana decía que esto me haría más responsable y mashombrecito. ***Al día siguiente, me di con la sorpresa que toda la escalera estaba llena deplumas, que estaban cayendo del segundo piso. Al subir un poco mas por lasescaleras llegue a ver como la gata estaba comiéndose una paloma y la estabadesplumando. Me dio una rabia inmensa, no entendía por qué se estaba comiendoa esa palomita si yo ya le había dado de comer. Me parecía injusto que haga eso.Fui corriendo a dirección del crimen y aparte a la gata de la paloma. La gata de unbrincó se aparto y me volvió hacer su gruñido.Me dio una pena inmensa no poder hacer nada por la paloma. Luego recordé undocumental en la televisión, en el que mencionaban que en la naturaleza habíaalgo que se llamaba el ciclo de la vida. Que siempre va haber un depredador y unapresa. Uno fuerte y otro débil. Además, entendí que la gata estaba preñaba y talvez necesitaba más comida. O tal vez que estaba en su instinto matar palomas.Tengo que declarar y ser sincero que el documental de la televisión no se veía tantriste.Lo bueno vino a la semana siguiente cuando nacieron los gatitos. Eran seis crías.Habían de todos los colores. A mí me gustaba más el de color plomo con rayas 13
  14. 14. blancas. Me agradaba tanto que la casa congregará tanta vida. Fue toda unaaventura poder cuidar a los gatitos, en un principio la mamá gata no me dejabacogerlos pero basto una semana para que ya pudiera cargarlos y jugar con ellos. ***Ya estaba por terminar Febrero. Pero yo estaba feliz de la vida con mis gatitos. Eneso se abrió la puerta de la lavandería e ingreso mi tía María. Se acerco a mí apaso acelerado, como siempre suele hacerlo, y me comento que el Lunesempezaría clases. Que me vaya alistando y preparando para mi primer día.Yo aun no podía asimilar la noticia. No podía crear que el tiempo había pasado tanrápido. Y no entendía porque tenía que alistarme y prepararme para el primer día.A caso me iría a una fiesta o festividad. En verdad no entendía como era el colegioen Lima.No basto ni cinco minutos para que mi tía María me haga las medidas de miuniforme y se los pasará a mi tía Flor para que lo confeccionara. Por otro lado, mitía Sara ya me estaba preguntando: -¿Qué deseaba de lonchera para la próximasemana?-. Mientras que mi tía Juana me enseñaba los útiles que utilizaría para elcolegio. Solo en la primera bolsa habían cuadernos, lapiceros, libros, folders,temperas.Sentía que todo era innecesario, que solo bastaba un cuaderno y un lápiz para iral colegio. Pero yo solo las deje ser ellas mismas. Ya que las veía feliz haciéndolo.Creo que cada una de mis tías tenía algo en especial, que las hacía únicas; algoque hacían que me sienta en un hogar. Y cuando estaban juntas se les veía comoun gran equipo. Como toda una familia. Como la familia que ellas querían ser paramí en esta casa que se dejo ser tomada. *** 14

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