Olimpismo y guerras mundiales: Entre la decepción y lainesperada sinergiaDr. Luis V. Solar CubillasIntroducción:Los Juegos...
La internacionalización constituía una novedad respecto a los Juegos Antiguos cuyasede única era Olimpia. La idea no fue b...
espiritualidad y el trascendentalismo de que gozaron los Juegos Clásicos y quenecesitaba el deporte inglés, para poder per...
El parón de 1916Los Juegos Olímpicos de Estocolmo, aún hoy, son un referente obligado para el mundodel deporte. Si los pri...
Esta decisión se tomó porque en Estocolmo, Bohemia y Finlandia habían participadocon sus propios nombres, aunque en sus vi...
Otra decisión de peso tomada con cierto cariz de “personal” fue la de no trasladar losJuegos berlineses a ningún otro encl...
La precariedad económica de la organización hizo que los Juegos de Amberessupusieran un fuerte retroceso organizativo y de...
El deporte femenino, aún vetada su participación en atletismo, vio sin embargocompensado el esfuerzo de sus defensores. En...
Los Juegos de Ámsterdam estuvieron en peligro por las pretensiones de algunasfederaciones que exigían más poder en el C.O....
consecuencia de las manifestaciones populares que siguieron a la proclamación de la IIRepública.Pero antes de los Juegos d...
Esta situación de euforia deportiva contrastaba con la profunda crisis a la que se viosometido el C.I.O., que tras la muer...
El Comité Olímpico Español, presidido por el General Moscardó, envió a los cuartelesde la conocida RAF, que sirvieron de V...
París                         1924                44             3.092Ámsterdam                     1928                46...
Tampoco es en vano que uno de los padres filosóficos del actual deporte, ThomasArnold, tratase de impulsar su idea pedagóg...
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5 el olimpismo tras las dos guerras mundiales. luis v. solar cubillas

  1. 1. Olimpismo y guerras mundiales: Entre la decepción y lainesperada sinergiaDr. Luis V. Solar CubillasIntroducción:Los Juegos Olímpicos constituyen en el nuevo olimpismo, al igual que lo hicieran en laGrecia Clásica, la fiesta de celebración, por anticipado, de la próxima olimpiada(periodo de cuatro años), así lo quiso su fundador Pierre Fredy, el barón de Coubertin.El ordinal de las olimpiadas, jamás interrumpido, comenzó celebrando la primeraolimpiada (1896-1900), con los primeros Juegos Olímpicos, en Atenas en 1896.La sexta olimpiada 1916-1920, jamás se celebró, debido a la Primera Guerra Mundial,como tampoco se celebraron la duodécima y la decimotercera, 1940-1944 y 1944-1948,por culpa del segundo gran conflicto bélico mundial.Estas tres suspensiones de los Juegos Olímpicos supusieron todo un fracaso de laapuesta ideológica de Coubertin. Dado que la tregua bélica conformaba uno de los ejesfilosóficos del ideario olímpico, a imagen de los postulados de los juegos helenos.Pero las guerras internacionales, las guerras mundiales, no supusieron peligro algunopara el deporte, más bien al contrario: sirvieron de plataforma de lanzamientointernacional.El deporte, confrontación agónico-físico-virtual entre personas, pueblos, cuya modernaversión nace en la Inglaterra del XIX conformaba el soporte de las celebracionesolímpicas, en la moderna interpretación coubertiniana y esta versión virtual delbelicismo, confrontación agónico-física, se brindaba en la posguerra a dar “caballerosa”revancha a los vencidos, y ocasión de revalidar la victoria a los ganadores.He aquí la paradójica situación de los Juegos Olímpicos, soportados tanto por un idealde “reencuentro pacífico entre los pueblos”, como por un deporte tan capaz de generarvencedores y vencidos, como la propia guerra.Internacionalización y tregua:Para Coubertin el mayor peligro que corría su proyecto, era que los nuevos JuegosOlímpicos tuviesen una efímera vida, y acabasen de forma prematura ahogados por lavulgaridad o el desinterés. Por esta razón, desde el mismo comienzo de la andadura "delproyecto de su vida" se preocupa en generar en torno al mismo un espíritu ideológico yuna estructura filosófica que actuasen como soporte.Con esa idea difunde el concepto de Olimpismo, cuyo contenido va más allá de laorganización de los Juegos Olímpicos cada cuatro años: El Olimpismo habría de basarseen un conjunto de principios de los que sin duda el primero fue el ecumenismo, launiversalización del movimiento, su "internacionalización".03/06/2011 7:30 O6/p6LVSC 1
  2. 2. La internacionalización constituía una novedad respecto a los Juegos Antiguos cuyasede única era Olimpia. La idea no fue bien recibida en Atenas, donde, tras lacelebración, de los primeros juegos, un periódico llegó a calificar a Coubertin de"ladrón que trata de robar a Grecia la herencia jubilosa de su historia". Aún con esteproblema, de cortar con la tradición de los Antiguos Juegos, la idea del presidente delC.I.O., era decidida "el éxito final exige este precio; para que su futuro destino iguale asu pasada grandeza, los Juegos Olímpicos han de ser profundamente democráticos yrigurosamente internacionales”.La defensa del internacionalismo, es una de las constantes ideológicas que se planteaCoubertin, quien define frecuentemente al olimpismo como “el diálogo y lainterrelación pacífica entre los pueblos”.José Mª Cagigal afirma, refiriéndose a esta interrelación pacífica: "El viejo aristócratafrancés tenía treinta años cuando inició la quimérica empresa de poner en diálogopacífico al mayor número posible de países, empresa que se ha ido solidificando, haresistido el embate de dos guerras mundiales, y hoy - 1972 - acoge en su seno a 130naciones". Sobre el mismo tema la que fuera directora del Instituto Carl Diem, deColonia, Lisellot Diem, afirma que el objetivo que Coubertin ambicionó alcanzar fue"el pacífico encuentro de los pueblos en un combate pacífico, dentro del respeto y elrecíproco reconocimiento del individuo”.A la internacionalización sigue una serie larga de principios del Olimpismo, entre losque, con carácter de clave, destaca el concepto de Tregua Olímpica, o lo que sería máscorrecto: de tregua bélica, justificada por la celebración de la próxima Olimpiada.El profesor y olimpista alemán, Norbert Müller, dice que, para su fundador, el modernoolimpismo es necesariamente una actitud espiritual y moral. La opinión del investigadorde la universidad de Mayance se ve avalada constantemente por el barón de Coubertin,quien habló profusamente de esa actitud espiritual y moral e incluso de sus contenidosconcretos.Coubertin en un discurso radiofónico de 1935, difundido por Radio Ginebra el 4 deagosto, bajo el título "Los Cimientos Filosóficos del Olimpismo Moderno" y que, paraalgunos autores es el principal documento en el que Coubertin plantea su herenciaOlímpica, habla de cuatro bases, de cuatro cimientos:"La primera característica esencial, tanto del viejo Olimpismo como del moderno, es lade ser una religión" dice Coubertin en su mensaje radiofónico, para continuarseguidamente "La segunda característica del Olimpismo, es el hecho de ser unaaristocracia, una élite". Más adelante destaca "Pero ser una élite no basta, es necesarioademás que esta élite sea una caballería". Seguidamente introduce su tercer pilarolímpico "La idea de tregua, he aquí igualmente un elemento del Olimpismo" y parafinalizar añade la cuarta característica "En fin un último elemento: la belleza, por laparticipación en los juegos de las artes y del pensamiento".La idea de la "Religio Athletae", buscaba un paralelismo con la religiosidad de losJuegos Olímpicos helenos, ejecutados en honor a Zeus, dotando al olimpismo de la03/06/2011 7:30 O6/p6LVSC 2
  3. 3. espiritualidad y el trascendentalismo de que gozaron los Juegos Clásicos y quenecesitaba el deporte inglés, para poder perpetuarse en los modernos Juegos Olímpicos.El segundo de los cimientos del olimpismo coubertiniano lo constituye su idea de"aristocracia" y de "élite": un reducto minoritario, exclusivo, al que se puede accedercon fuerza de voluntad y el entrenamiento adecuado. Además, Coubertin aplica,necesariamente, a su "aristocracia" el adjetivo de "caballeresca".Con esa apreciación de aristocracia caballeresca, Coubertin retoma el ideal de lacaballería, donde el entrenamiento en busca de la superioridad y la victoria no sonsuficientes si no van unidos a la generosidad, al espíritu magnánimo y a la causa justa.Pero además une ese concepto a otro clásico, tal cual es la "tregua olímpica", ideal en elque él ve una actitud caballeresca.La tregua olímpica, que constituye la tercera característica moral del olimpismo tieneuna doble interpretación para Coubertin.: En primer lugar se encuentra el concepto deritmo, de periodicidad. La fiesta cuatrienal es en sí misma una tregua. Una tregua a locotidiano. En segundo lugar la tregua, unida a la vida en la Grecia arcaica y clásica,significaba dejación de las actividades bélicas, presuponía la "paz olímpica".Respecto al ritmo, Coubertin distingue perfectamente entre su cadencia y las actividadesque en el transcurso de esa cadencia temporal se desarrollen. Los Juegos Olímpicosdeberían seguir siendo lo que fueron en la antigüedad: la celebración de las Olimpiadas.Con este criterio afirma: "Hoy como en la antigüedad una Olimpiada podrá no sercelebrada, si circunstancias imprevistas vienen a oponerse absolutamente, pero ni elorden ni la cifra podrán ser cambiados”. Coubertin escribía esto en 1935, unos añosantes en 1916, no se había celebrado la VI Olimpiada. La primera guerra mundial, "LaGran Guerra" había impedido tal celebración.El fundador de los modernos Juegos Olímpicos murió sin ver, que las Olimpiadas XII yXIII, que deberían haberse celebrado con Juegos Olímpicos en 1940 y en 1944,tampoco pudieron ser festejadas. La causa igual que en 1916 fue otro gran conflictobélico, "La segunda Guerra Mundial".A la guerra se refiere la segunda de las acepciones que Pierre de Coubertin da a "latregua". Para él la celebración de la olimpiada debía ser honrada y respetada y "¿cómohonrarla mejor que proclamando, en torno a ella, a intervalos regulares y fijados a talefecto, la cesación temporal de las querellas, disputas y malentendidos?". Coubertincontinúa "El hombre es verdaderamente fuerte cuando tiene una voluntad losuficientemente poderosa para imponerse a sí mismo e imponer a la colectividad unaparada en la carrera por la persecución de intereses o de pasiones de dominación yposesión, por muy legítimas que sean”.Sobre este principio de la tregua y comentando un artículo publicado por Coubertin en1936, bajo el título "LOlympisme et la Politique", Norbert Müller afirma: "El principiodel olimpismo debe, según Coubertin, no sufrir la influencia de fenómenos transitoriosy vivir con independencia de los accidentes de la política”. Con tal artículo, Coubertinpretendía salir al paso del anunciado boicot a los Juegos de Alemania en 1936, por partede los Estados Unidos de América y de Francia. Boicot que, por cierto, no se produjo.03/06/2011 7:30 O6/p6LVSC 3
  4. 4. El parón de 1916Los Juegos Olímpicos de Estocolmo, aún hoy, son un referente obligado para el mundodel deporte. Si los primeros Juegos tuvieron su sede en Atenas en el verano de 1896, nofue hasta dieciséis años después, en la capital de Suecia, cuando los Juegos deportivosinstaurados por el barón de Coubertin, comenzaron su andadura como un fenómenoecuménico, con capacidad de ser un escaparate mundial para estados y naciones.En 1912 Estocolmo vivió los primeros grandes Juegos Olímpicos. Atenas, París, SanLuis y Londres habían sido sedes necesarias para el alumbramiento y los primeros pasosde una débil criatura. Pero sería en Estocolmo cuando el joven olimpismo mereció lamirada atenta del poder mundial: los foros internacionales eran escasos y el inventocoubertiniano parecía que comenzaba a paliar la necesidad del concierto de países y adesafiar la separación física de las culturas.El movimiento olímpico, soportado en el común lenguaje de la expresión corporalhecha competición, dejaba de ser, en 1912, una extravagancia anglosajona publicitadapor un pedagogo visionario, para pasar a ser punto de encuentro internacional, dondebaremar modernidad, tecnología, innovación en el campo del rendimiento humano ocapacidad organizativa: poderío, en definitiva.De Suecia salieron Coubertin y su movimiento olímpico seguros de que “el invento”tenía recorrido.El siguiente capítulo de la historia olímpica habría de tener lugar en Berlín, en 1916.Pero antes de la nueva cita olímpica, el presidente del C.O.I., siempre pendiente de unaconsagración definitiva del “movimiento” en su país natal, organizó un Congreso enParís, en 1914.El Congreso Olímpico, que regresaba a la cuna donde, veinte años antes, había nacido,debía desarrollarse en “La Sorbona”. El Congreso tenía la principal misión de definir elprograma deportivo de los Juegos de 1916 y, en segundo lugar, la de cimentar elolimpismo en, la aún muy escéptica, Francia.Pero París, en 1914, no fue un peldaño más en la escalada olímpica iniciada enEstocolmo. El Congreso caracterizado por la encarnizada lucha entre el ComitéOrganizador de los Juegos de Berlín y el propio C.O.I., tuvo el peor de los desenlaces:durante la celebración del último día de trabajo llegó la noticia del asesinato, enSarajevo, de su alteza imperial el archiduque Francisco Fernando y de su esposa, laduquesa de Hohenberg. Austria se ensangrentaba, y con ella todo el mundo. Elmagnicidio había de dar fecha oficial al comienzo de la primera guerra mundial.Las conclusiones del Congreso de París no vieron luz hasta 1919, y aún entonces notodas fueron publicadas, dado que alguna se había quedado muy vieja. En 1914, porejemplo, el C.O.I. decidió que naciones como Finlandia no podrían competir, que susdeportistas lo tendrían que hacer con Rusia, estado al que pertenecía. Esta mismaconsideración merecía Bohemia, respecto a Austria.03/06/2011 7:30 O6/p6LVSC 4
  5. 5. Esta decisión se tomó porque en Estocolmo, Bohemia y Finlandia habían participadocon sus propios nombres, aunque en sus victorias habría de sonar el himno del estadopatrón.Esta prohibición de 1914, no habría de tener posterior sentido. Tras la primera guerramundial y en Amberes, Bohemia no participó con su nombre y Finlandia lo haría con supropia bandera e himno.El Congreso de París acabó sin que su celebración aportase avances al movimientoolímpico ni al deporte universal. Tan sólo tres apuntes: • Se desató la lucha entre los comités olímpicos nacionales y las federaciones internacionales por el control del programa olímpico. • Se encarnizó la lucha de los organizadores por incorporar los deportes de implantación en su propio país. • Se ratificó, a propuesta de Coubertin, el veto a la participación femenina en el atletismo y en otros deportes.En otro orden de cosas se aprobó el diseño de la bandera olímpica, con cinco aros decinco colores, sobre fondo blanco.Las conclusiones e innovaciones que debieran haber sido estrenadas en Berlín, novieron la luz hasta su publicación, en 1919, para que surtiesen efecto en los Juegos deAmberes de 1920.Berlín, en 1916, no pudo celebrar la Olimpiada que el C.O.I. le asignó. La guerra arrasó,además de vidas y bienes, parte de las esperanzas coubertinianas. La tregua olímpicahabía quedado sepultada entre trincheras y nidos de ametralladoras.Coubertin, con cincuenta años, decidió alistarse a las órdenes del ejército francés, paracontribuir con su aportación contra la causa alemana en la guerra.Durante el periodo bélico, el movimiento olímpico quedó en muy escasas manos, las delpropio Coubertin y la de algún colaborador cercano, circunstancia ésta que obligó alpresidente del C.O.I. a tomar decisiones, de cierto calado, de forma muy personal.La primera de tales decisiones fue, sin duda, el establecimiento de la sede permanentedel C.O.I. en Lausana. Hasta 1915 la sede del Comité estaba fijada estatutariamente enla ciudad adjudicataria de la próxima celebración olímpica.Tras la invasión a Bélgica, ciertos miembros del Comité Olímpico habían solicitado laexpulsión de los miembros alemanes de los órganos de decisión y del propio C.O.I. Lapetición, encabezada por Theodore A. Cook no prosperó, pero Coubertin vio peligrosomantener a Berlín como sede del C.O.I. y máxime cuando ya era evidente que losJuegos de 1916 no habrían de celebrarse.Así pues en 1915, el 10 de abril, en el ayuntamiento de Lausana, ante el barón Godefroyde Blonay y el concejal Maillefer, se firmó el acuerdo de establecimiento en la ciudadde la sede permanente del C.O.I. en los locales del palacio de Mon-Repos, concesión delayuntamiento para tal fin.03/06/2011 7:30 O6/p6LVSC 5
  6. 6. Otra decisión de peso tomada con cierto cariz de “personal” fue la de no trasladar losJuegos berlineses a ningún otro enclave, hubo ofertas de países en guerra contraAlemania: “una Olimpiada puede no ser celebrada, pero su cifra permanece”. De estaforma Coubertin crea el precedente, que más adelante sería apelado, de dejar de celebrarunos Juegos, por causas de fuerza mayor, pero quedando un hueco ordinal en elcatálogo olímpico: de la V Olimpiada celebrada en Estocolmo, se pasaría a la VII, acelebrar en Amberes, ya que la VI no pudo ser festejada.Importante fue también la decisión de que la invadida y arruinada Bélgica fuesemayoritariamente apoyada para que pudiese mantener su candidatura para organizar losJuegos de 1920.Amberes 1920Amberes debió competir, por primera vez en la historia olímpica, contra otras ciudadespara ser designada oficialmente como sede de unos Juegos. A decir verdad no lo tuvomuy difícil. La condición belga de país invadido y maltratado jugó a favor de sunominación definitiva. Budapest, Lyon o las norteamericanas San Francisco, Atlanta,Cleveland y Filadelfia también se habían interesado por organizar los Juegos de laposguerra.Acabada la guerra, el C.O.I. reunido en Lausana ratificó a Amberes, que no habíarenunciado a la organización olímpica.Así pues, una semidestruida Bélgica, se disponía con tan sólo un año de antelación ymuy escasos recursos económicos a acoger el evento olímpico que debía suceder almagnífico de Estocolmo en 1912.El entusiasmo belga para mantener su candidatura y el de los miembros del C.O.I. paraconceder la sede se soportaban en la lógica del apoyo de quien quiere olvidar loshorrores de la guerra y reflotar a un país duramente castigado, pero ignoraron la difícilsituación económica del país para hacer frente a los gastos de una celebración olímpica.Amberes, en tales circunstancias, se aprestó a una organización complicada, sin tiempoy sin dinero. El comité organizador debió recurrir al apoyo de un grupo empresarial quesi bien ayudó económicamente, exigió condiciones que la situación del país no podíapermitirse, como la fijación de precios excesivos para acudir a las competiciones.Los Juegos belgas no contaron con la participación de los países perdedores delconflicto bélico: Alemania, Austria, Hungría, Polonia, Bulgaria, Rumania y Turquía. Supresencia en suelo belga no habría sido entendida por la gente. La invasión alemanahabía puesto punto final hacía muy poco tiempo y en Bélgica quedaban aún demasiadosrestos humeantes, tanto entre los edificios de las ciudades como en el corazón de lapoblación.Rusia, por su parte, con su conflicto interno en ebullición, decidió su “no participación”.03/06/2011 7:30 O6/p6LVSC 6
  7. 7. La precariedad económica de la organización hizo que los Juegos de Amberessupusieran un fuerte retroceso organizativo y de medios respecto a Estocolmo, ochoaños antes.Una piscina semiimprovisada y un estadio con dos tribunas de madera y una pista deceniza, en regular estado, constituían la parte principal de una infraestructura olímpica,cuyo mérito consistía en haber sido elevada en muy escaso tiempo.En la parte positiva de estos Juegos hay que colocar la participación.Las ausencias por motivos bélicos no impidieron una participación récord de 2.606atletas y 29 países. Los ocho años transcurridos desde el último test del deporte nohabían pasado en balde. España participó oficialmente por primera vez, Sudaméricaconsiguió a través del tirador brasileño Guilherme Paraense, su primera medalla yFinlandia estrenó participación con himno y bandera propios.La bandera olímpica, cuyo diseño, aprobado en 1914, representando la unión de razas ycontinentes, hizo su estreno en Amberes y a pesar de las ausencias, su simbolismo, dealguna forma quedó refrendado por lo ecuménico de la representación.Fue también en Amberes donde el deportista Víctor Boin, representando al resto de losparticipantes pronunció por vez primera el juramento olímpico: “Juramos que nospresentamos a los Juegos Olímpicos como competidores leales, respetuosos delreglamento y con deseo de participar con espíritu caballeresco para honor de nuestrospaíses y gloria del deporte”.Estos estrenos se vinieron a unir a otro muy significativo para España: su, yamencionado, debut olímpico oficial.Debut con éxito, por otra parte, dado que el equipo de fútbol encabezado por el aún muyjoven Ricardo Zamora, conseguiría para España la medalla de plata.El deporte español se introducía en el concierto olímpico con un equipo de 21futbolistas, cuya composición da idea del mapa de desarrollo del deporte en España: 4catalanes del Barcelona, trece vascos, cuatro de la Real, cuatro del Athletic Club deBilbao, tres del Real Unión de Irún y dos del Arenas de Getxo y, finalmente, cuatrogallegos, tres de Vigo y uno de La Coruña, conformaron el equipo ganador de lasegunda plaza.En Amberes, sin embargo, quien triunfó de forma absoluta fue Finlandia y su deporte.Logró participar a título de estado soberano, haciendo sonar su himno tras las victorias,y no el ruso, como ocurriese en 1912, y porque además fue en Amberes donde comenzósu espectacular carrera deportiva “el finlandés volador” Paavo Nurmi.Nurmi además, no estuvo solo. La representación del nuevo estado logró 34 medallas,15 de ellas de oro. Estos resultados ubicaron a Finlandia junto con Estados Unidos,Suecia, Gran Bretaña y Francia en la cúspide del deporte mundial.03/06/2011 7:30 O6/p6LVSC 7
  8. 8. El deporte femenino, aún vetada su participación en atletismo, vio sin embargocompensado el esfuerzo de sus defensores. Entre los triunfadores de Amberes hemos decitar a dos mujeres, la tenista francesa Suzanne Lenglen y la saltadora de trampolínnorteamericana Aileen Riggin.De Amberes a BerlínTras la reanudación formal que supuso Amberes, el movimiento olímpico precisabaorganizarse, tomar el camino de la normalidad, superar definitivamente la Gran Guerray la improvisación organizativa a la que se habían sometido los Juegos belgas.Con tal propósito y con el de revisar las decisiones del congreso, ya demasiado viejo de1914, el CIO reunió a los representantes de los comités olímpicos nacionales, losC.O.N.En Lausana, en junio de 1921, el Comité Olímpico designó a Paris sede de los Juegosde 1924 y a Ámsterdam de los de 1928. También nacieron, en el congreso de Lausana,los Juegos Olímpicos de invierno cuya primera edición tendría lugar en Chamonix, losúltimos días de enero y primeros de febrero del mismo 1924.Los segundos Juegos franceses deberían borrar el mal recuerdo que dejaron los de 1900,además de constituir todo un homenaje a un ya reconocido internacionalmenteCoubertin. Pero la organización parisina fue una auténtica carrera de obstáculoseconómicos y administrativos que llegaron a desesperar a Coubertin, quien en 1922pensó incluso en la posibilidad de llevarse la celebración olímpica a Los Ángeles.Los Juegos se celebraron en París, además con unos excelentes resultados deportivos,pero con una organización muy lejana a las previsiones coubertinianas: tuvieron lugar alo largo de varios meses y de forma un tanto inconexa, el C.I.O. había sido tomadoliteralmente por las federaciones internacionales tras el congreso de Lausana. Por otrolado el ideario pedagógico y filosófico del olimpismo había quedado engullido por ungigantismo que comenzaba a asustar al propio C.I.O.; 44 naciones y más de tres mildeportistas eran la imagen del crecimiento del “Invento”.El conjunto de decepciones personales que, a pesar del aparente éxito de Paris, sufrióCoubertin, le llevaron a la irrevocable decisión de no presentar en el congreso de Praga,en 1925, su candidatura a la reelección, acabando así con 29 años de presidencia, la máslarga de la historia del Comité.El 28 de mayo de 1925, el belga Henri Baillet-Latour, le sucedió en la presidencia delmovimiento olímpico. En nuevo presidente debería enfrentarse al acoso de los comitésolímpicos nacionales, cada vez más influyentes en el seno del C.O.I. También a lasfederaciones internacionales de cada deporte, cuya reivindicación de exclusividad en lareglamentación de su modalidad les llevaba a ser un factor de exigencia desmedida ydesequilibrante.Baillet-Latour debería dar viabilidad, además, a un olimpismo sin Coubertin, quien yasin ningún poder, se erigió en el referente de ortodoxos y puristas del olimpismo.03/06/2011 7:30 O6/p6LVSC 8
  9. 9. Los Juegos de Ámsterdam estuvieron en peligro por las pretensiones de algunasfederaciones que exigían más poder en el C.O.I., así como tener un miembro de propiadesignación dentro del Comité. Esta petición fue rechazada en 1926, pero no fueninguna solución, sólo un aplazamiento del problema.Al aplazamiento, tratando de salvar los juegos de 1928, se le puso fecha de estudio ydiscusión, las exigencias federativas se verían en Berlín en 1930, dos años después delos Juegos de Ámsterdam.Los Juegos del 28 se celebraron cargados de problemas internos y externos: • Grupos religiosos holandeses desataron una cruzada contra la celebración olímpica, a la que tildaban de ceremonia pagana. La reina Guillermina se unió al movimiento de protesta. • La FIFA solicitó la inclusión de todos los futbolistas, lo que el C.I.O. rechazó, permitiendo, en exclusiva, la participación de amateurs. Algunas delegaciones se acogieron al reglamento del Comité Olímpico y otras, sin embargo, hicieron caso omiso al mismo, creando en los Juegos una situación de desigualdad y confusión. • La vuelta a unos Juegos Olímpicos de Alemania, ausente desde 1914, creó situaciones de tensión: fue muy bien recibida, al contrario que Francia o Estados Unidos que tuvieron problemas de acogida, por lo que el C.I.O. se vio obligado a un permanente ejercicio de diplomacia. Francia no participó en el desfile inicial y realizó el juramento olímpico en privado, como consecuencia del mal trato recibido a su llegada. • Douglas Mac Arthur, años más tarde general Mac Arthur, jefe de la delegación norteamericana, decidió derribar la puerta del estadio olímpico con el autobús, tras serle prohibida la entrada en el mismo para celebrar un entrenamiento.De cualquier forma los Juegos se celebraron superándose el número, ya enorme, deatletas y países de Paris, con 46 naciones en liza, y con el añadido de poder volver a verel enfrentamiento directo de los viejos contendientes de la Guerra del 14.Dos años después el C.O.I. convocó el congreso de Berlín: el gran tema una vez más erala cuestión del amateurismo. El presidente del congreso y de la comisión sobre elamateurismo, fue Theodor Lewald, alemán, casado con una judía, que en 1936 jugaríaun destacado papel en los Juegos Olímpicos organizados por la Alemania de Hitler.En el congreso de Berlín, el tema del amateurismo quedó como estaba: aplazado. En loque sí constituyó un avance fue en la aprobación de la participación femenina. En lospróximos Juegos, a celebrar en Los Ángeles, las mujeres podrían participar además deen gimnasia, natación y tenis, en atletismo.Al año siguiente, en mayo de 1931, en Lausana, y de forma muy irregular, el voto seefectuó por correo, se designó a Berlín como anfitriona de los Juegos de 1936, endetrimento de una decepcionada Barcelona, muy revuelta el aquel momento a03/06/2011 7:30 O6/p6LVSC 9
  10. 10. consecuencia de las manifestaciones populares que siguieron a la proclamación de la IIRepública.Pero antes de los Juegos del 36, se habrían de celebrar los del 32, en Los Ángeles. En laciudad californiana el número de deportistas fue mucho menor que en París 24 y enÁmsterdam 28, incluso menor que en Estocolmo en 1912. El viaje desde Europaresultaba aún excesivamente caro. Aún así el las delegaciones fueron 38, diez más queen Juegos anteriores a la primera Guerra Mundial, pero con escasos efectivos.Aún humeante la antorcha de Los Ángeles, en enero de 1933 accedió al poder Hitler,cuyo partido, a través del antisemita Julius Streicher había calificado a Los JuegosOlímpicos de “infame festival dominado por los judíos”. Pues bien, ni el calificativo deStreicher, ni el desprecio nazi por el deporte, o incluso el del propio Hitler, pudieroncon la poderosísima tentación de aprovechar la enorme capacidad propagandística quela celebración olímpica brindaba. El ministro Goebbels, sería el encargado de utilizar lapotente herramienta para los fines del nazismo.Berlín 36 se caracterizó en lo positivo por una brillante participación internacional, 49países y 3.741 deportistas dejaban muy lejos a las cifras de Los Ángeles. En lo negativohabrían de ser resaltadas la manipulación política, la discriminación de los judíos, lapropaganda nazi y el gasto en fastos.El 2º parón olímpico: de 1936 a 1948Acabados los Juegos de Berlín, la valoración internacional de los mismos fue excelente,el propio Coubertin se dejó deslumbrar por su esplendor y repercusión, lo que le llevó asolicitar al Reich la creación, en Berlín, de una institución que velase por la ideologíaolímpica de forma permanente.Hitler jamás contestó a Coubertin, quien, por otra parte falleció pocos meses después desu solicitud. Sin embargo el líder nazi, decidió tomar dos iniciativas en la misma línea:la primera, encargar a su ministro de deportes Von Tschammer, y al presidente delcomité organizador de Berlín 36, Carl Diem, la puesta en marcha del organismosugerido por Coubertin. Así nacería el Instituto Olímpico Internacional de Berlín, en1938. En segundo lugar Hitler trató de que los Juegos Olímpicos se celebrasenpermanentemente en Berlín.El día 1 de septiembre de 1939, Alemania invadía Polonia, dando fecha al comienzo dela II Guerra Mundial.Mientras el devenir de la humanidad se enfrentaba a uno de sus momentos de inflexiónmás bruscos, la Alemania nazi se afanaba, tanto en afinar su maquinaria bélica, como encrear un ambiente interno de normalidad y de euforia. Para este segundo objetivo eldeporte debía jugar un papel de importancia. Tal es así que entre 1939 y 1942,Alemania, en plena guerra, organizó 256 competiciones internacionales, con laparticipación de aliados y neutrales, según mantiene el investigador Arnd Krüger.03/06/2011 7:30 O6/p6LVSC 10
  11. 11. Esta situación de euforia deportiva contrastaba con la profunda crisis a la que se viosometido el C.I.O., que tras la muerte de Coubertin en el 37, tuvo que sufrir el peculiararresto domiciliario de su presidente Baillet Latour, en su país Bélgica, ocupado por lastropas alemanas.Los Juegos a celebrar en 1940 en Tokio, fueron trasladados a Helsinki, dado que Japónera un país en guerra. Tras la invasión nipona a China en Agosto del 37. La decisión deltraslado, con dos años de antelación y la invasión rusa a Finlandia, dieron al traste conla celebración de la XI Olimpiada.En 1940, Baillet Latour, en su situación de presidiario, de facto, recibió la visita de CarlDiem, con la misión encomendada por el mismo Hitler, de abdicar y transferir el C.I.O.a Alemania. El presidente belga, que fallecería repentinamente en 1942, nada seguro delresultado de la guerra, jamás cedió ante la presión alemana.A Baillet Latour le sucedió provisionalmente el vicepresidente del Comité, el sueco ypor tanto neutral, Sigfrid Edströn, quien a finales del 42 ya tenía evidencias de que laderrota nazi era previsible, lo que le aconsejó a no tomar decisión alguna en el sentidode los deseos alemanes.La guerra que finalizó en la primavera del 45, había impedido también la celebraciónolímpica de 1944, que debía haberse celebrado en Londres.Tras la firma de la capitulación alemana, en mayo, el C.I.O. presidido por Edströn,quien no sería oficialmente presidente hasta 1946, decide que sea la capital deInglaterra, la castigada Londres, como sucediese en el 20 con Amberes, quien organicela celebración de la XIV Olimpiada. La historia, pese a todo, debía continuar.Tras la Guerra caliente, la fría.Los Juegos de Londres 48 son conocidos como “los Juegos de la tristeza y laausteridad”, pero creemos que además de los anteriores calificativos debieran tenerotros mas positivos: Londres, en estado de reconstrucción de los estragos causados porlas V1 y V2 del ejército alemán, en situación de racionamiento de víveres y conimportantes tensiones bilaterales con muchos de los Comités Nacionales invitados,organizó unos Juegos con un pueblo entusiasmado con la celebración. Los escasosgastos de organización fueron cubiertos en muy poco tiempo y la solidaridad deFrancia, Estados Unidos o Argentina, que aportaron alimentos para los Juegos formanparte de una historia que también tuvo sus luces.El C.I.O., no quiso cometer el criticado fallo de Amberes, donde los perdedores nofueron convocados, aduciendo que era la ciudad anfitriona quien debía cursar lainvitación. Ahora, en una postura de supuesto apoliticismo se argumenta que el C.I.O.no invita a países, sino a Comités Olímpicos nacionales, de forma que Alemania,oficialmente sin Comité Olímpico Nacional, no fue invitada, si lo fueron, sin embargo,Rusia, aunque no las repúblicas bálticas, que ya habían pasado a formar parte de laURSS, y Japón, aunque declinaron tal invitación. La estrategia del C.I.O. fueaprovechada por los países árabes y por el propio anfitrión para recusar la presencia deIsrael, país que sin Comité Nacional, había enviado a dos mujeres atletas a los Juegos.Finalmente no participaron.03/06/2011 7:30 O6/p6LVSC 11
  12. 12. El Comité Olímpico Español, presidido por el General Moscardó, envió a los cuartelesde la conocida RAF, que sirvieron de Villa Olímpica, a una delegación de 100 personas,que a su llegada a Londres y aún en el avión debieron contestar con “vivas” a la arengadel General, quien con el micrófono de la azafata en la mano dijo. “Ahora que llegamosa esta tierra de cabrones, digamos todos ‘Viva Franco, arriba España’”, según cuenta elmás veterano de los periodistas olímpicos españoles, D. Andrés Mercé Varela.Pero, sobre todo, Londres fue un campo de reencuentro internacional, en el que dirimirel poderío resultante de la guerra. Las ausencias de los bálticos y rusos, de los alemanesy japoneses o de los israelitas, no pudieron impedir que 59 naciones, diez más que en1936, y 4.468 atletas, 700 más que en Berlín se diesen cita en Wembley.Después de Londres la juventud mundial se daría cita para los juegos del 52 enFinlandia. Helsinki había sido designada para acoger a los Juegos del “Reencuentro”,Alemania, Japón y la URSS, volvieron competir en la arena olímpica, elevando ennúmero de países participantes a 69, en otro salto espectacular de la aceptación olímpicainternacional.Tras Helsinki, Melbourne, Roma, Tokio, México, Munich, Montreal, Moscú y LosÁngeles, llevaron la historia olímpica hasta 1984, la participación internacional hastalos 140 países y la confrontación política hasta el límite de la racionalidad: la Matanzade La Plaza de la Tres Cultura, el racismo, Septiembre Negro, los boicots africano,norteamericano y soviético y un sinfín de avatares y chantajes políticos no hicieron másque agrandar el tamaño de la cancha. El medallero, aunque hoy no es una muestrarepresentativa del poderío deportivo de un país, se convirtió, durante casi cuarenta añosen el más eficaz evaluador de la capacidad, poderío e influencia de las naciones en elcontexto internacional, con juegos de bloques Este-Oeste o Norte-Sur o deimparcialidades y neutralidades, el concierto mundial de naciones competía en la arena,o fuera de ella boicoteándola, pero siempre para volver, y desde luego, sin dejar demirar, de reojo, o sin rubores, a un medallero que orientase sobre la propia ubicación enel mundo.La paradojaEl deporte no logró parar las guerras. Las treguas no dieron a Coubertin su soñadasatisfacción pero, desde luego, no perjudicaron ni al olimpismo ni al deporte. Más bienal contrario. CIUDAD AÑO Nº Nº PAÍSES DEPORTISTASAtenas 1896 13 285París 1900 21* 1.066*San Luis 1904 11* 496* (687)Londres 1908 22 2.059Estocolmo 1912 28 2.541 1916 --- ----Amberes 1920 29 2.60603/06/2011 7:30 O6/p6LVSC 12
  13. 13. París 1924 44 3.092Ámsterdam 1928 46 3.015Los Ángeles 1932 38 1.408Berlín 1936 49 3.741 1940 --- ----- 1944 --- -----Londres 1948 59 4.468Helsinki 1952 69 4.925Melbourne 1956 67 3.184Roma 1960 85 5.337Tokio 1964 94 5.140México 1968 112 5.531Munich 1972 122 7.144Montreal 1976 92* 6.085 (1er boicot)Moscú 1980 81* 5.326 (2º boicot)Los Ángeles 1984 140* 7.055 (3er boicot)Seúl 1988 160 9.581Barcelona 1992 173 9.959Atlanta 1996 197 10.310Sydney 2000 199 10.651Atenas 2004 202 11.099Beijing 2008 204 11.028Las guerras mundiales consolidaron al deporte y fortalecieron el olimpismo: lasdemostraciones de fuerza, para consumo interno o como publicidad externa, elsometimiento del rival en confrontación directa, o en permanente o eventual alianza conterceros, la celebración de la victoria o la preparación táctica de la próximaconfrontación, encontraron en el deporte una sublimación de la guerra.Para los profesionales de la Educación Física y el Deporte alemán no había dudas alrespecto, cuando en 1939 Alemania entró en guerra, fue unánime la convicción dentrodel sector de que se trataba de un magnífico test para la educación deportiva nazi, comoatestiguan multitud de declaraciones políticas de la época. El Reichssportfürer, VonTschammer, conminó a todo el mundo, especialmente a los jóvenes, a seguir haciendodeporte.No es casualidad, por tanto, que la Alemania semivencida del 43, incluso del 44, llegasea celebrar en su territorio competiciones internacionales. Las razones no se puedenbuscar en el conocido desprecio de Hitler por el deporte, sino en argumentos más sutilesy prácticos.03/06/2011 7:30 O6/p6LVSC 13
  14. 14. Tampoco es en vano que uno de los padres filosóficos del actual deporte, ThomasArnold, tratase de impulsar su idea pedagógica, sostenida en la competición, como unaforma racional de “pelea reglamentariamente pactada”. Luis V. Solar Cubillas03/06/2011 7:30 O6/p6LVSC 14

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