LA CONTRARREVOLUCIÓN CONSERVADORA EN CHILE, 1973.              Un análisis de la contrarrevolución autoritaria chilena.   ...
interna y externa, pero predecibles en su producto, pues ambos dirigen fuerzas hacia unreordenamiento mayor de las relacio...
La contrarrevolución conservadora-burguesa, viendo comprometidos sus interesesde grupo o clase, responde a la ideología so...
sellar estrepitosamente la opción de la Unidad Popular como una alternativa válida al ordensociopolítico chileno.         ...
de Salvador Allende Gossens (1970-1973), agudizando la situación de fragmentaciónpolítica de Chile en este período.       ...
- Con Tomic (candidato presidencial de la Democracia Cristiana), ni a misa8 (LuisCorvalán, secretario general del partido ...
Esta nueva forma de concebir el “poder político”, fue llevada a cabo en Chile por elgrupo “guevarista” del MIR –Movimiento...
Montalva (1964), controló -a pesar de la compleja evolución sociopolítica chilena- un paísorganizado en base al decadente ...
adecuado-, despertando hacia los ideologizados años de 1960 como “electorado ciudadano”demandante de plenos y crecientes d...
Estos postulados afirman y reafirman, que el Golpe Militar Contrarrevolucionarioiba “sí o sí”, terminando y finalizando co...
derechista. Mas a partir de 1970, el liderazgo de la lucha ideológica contra la izquierdamarxista queda en manos del Movim...
régimen militar en 1975, con Jorge Cauas en el Ministerio de Hacienda, Sergio de Castro(líder de los Chicago) en el Minist...
BIBLIOGRAFÍA-   Gazmuri, Cristián. “El lugar de Pinochet en la Historia. Una Interpretación política    de la experiencia ...
Próxima SlideShare
Cargando en…5
×

La contrarevolución conservadora en chile 1973

583 visualizaciones

Publicado el

El conjunto particular de tradiciones de los países Latinoamericanos han perfilado distintas vías democráticas y revolucionarias. La tradición democrática chilena vivió un intento cuasi revolucionario con el Gobierno de la Unidad Popular que terminó siendo rápidamente abortado, paradójicamente, por ajustarse a la tradición legalista y democrática chilena. Es la contrarrevolución burguesa, autoritaria, la que pone fin al gobierno constitucional de Salvador Allende, pronunciándose los militares golpistas hacia el 11 de septiembre de 1973 como una reacción legítima -según ellos-, a fin de conducir al país hacia sus verdaderos valores nacionales tradicionales.

0 comentarios
0 recomendaciones
Estadísticas
Notas
  • Sé el primero en comentar

  • Sé el primero en recomendar esto

Sin descargas
Visualizaciones
Visualizaciones totales
583
En SlideShare
0
De insertados
0
Número de insertados
2
Acciones
Compartido
0
Descargas
7
Comentarios
0
Recomendaciones
0
Insertados 0
No insertados

No hay notas en la diapositiva.

La contrarevolución conservadora en chile 1973

  1. 1. LA CONTRARREVOLUCIÓN CONSERVADORA EN CHILE, 1973. Un análisis de la contrarrevolución autoritaria chilena. -Miguel Ángel Pardo B.- El conjunto particular de tradiciones de los países Latinoamericanos han perfiladodistintas vías democráticas y revolucionarias. La tradición democrática chilena vivió unintento cuasi revolucionario con el Gobierno de la Unidad Popular que terminó siendorápidamente abortado, paradójicamente, por ajustarse a la tradición legalista y democráticachilena. Es la contrarrevolución burguesa, autoritaria, la que pone fin al gobiernoconstitucional de Salvador Allende, pronunciándose los militares golpistas hacia el 11 deseptiembre de 1973 como una reacción legítima -según ellos-, a fin de conducir al paíshacia sus verdaderos valores nacionales tradicionales. La historia nacional apela precisamente al conjunto de tradiciones de la nación comomecanismos activadores o abortivos de los procesos sociopolíticos. Según lo anterior, bastapreguntarse: ¿cuáles serían los antecedentes de la contrarrevolución autoritaria chilena queen 1973 puso fin, so pretexto de las tradiciones más puras de la nación, al gobierno de laUnidad Popular? Si bien las respuestas al tema hacen necesaria una clara aproximación histórica a losprocesos previos al Golpe Militar de 1973, éste se sustentará fundamentalmente, y enprimera instancia, en el análisis que Alan Knight1 hace de conceptos como Tradición,Revolución y Contrarrevolución, sin los cuales se haría sumamente difícil un acercamientopreciso a la fáctica intervención de las FF.AA. Cuando se habla de Revolución y Contrarrevolución, pareciera que rápidamente secrean imágenes contrapuestas, dicotómicas y dialécticas de conceptos referidos a procesoshistórico sociales acelerados, vertiginosos, impredecibles, por ello violentos en su dinámica1 Alan Knight, Revolución, democracia y populismo en América Latina, (Santiago de Chile: Centro de EstudiosBicentenario, PUC, Instituto de Historia, 2005). 1
  2. 2. interna y externa, pero predecibles en su producto, pues ambos dirigen fuerzas hacia unreordenamiento mayor de las relaciones sociales y políticas, sea hacia la consecución de unnuevo orden o hacia la retrotracción de un orden preexistente. Más allá de las posiblesdiferencias entre uno y otro concepto, cabe puntualizar que, para el caso de América Latina–a juicio de Alan Knight- tanto las revoluciones como las contrarrevoluciones hallaríancarácter en las tradiciones de las distintas regiones y pueblos, manifestados comoorganismos vivos, contingentes, idiosincráticos e históricos, que evolucionan en el tiempo yestán moldeadas por un entorno temporal y espacial particular. Estas tradicionescomprenderían una serie de mitos, propias de su género o especie, de principios,experiencias, mitos, textos, “transcripciones”, canciones, símbolos, héroes, recuerdos,supuestos y narrativas2. Por lo que las distintas formas de manifestación social y política alque los pueblos latinoamericanos se inclinan a ser expresión viva de sus tradiciones, seanestas de la nación completa o de grupos al interior de la misma nación. En Latinoamérica, es posible encontrar dos tipos de revoluciones, una burguesa yotra socialista, las que movilizan fuerzas tradicionales –como ya he apuntado-, pero cuyasideologías son contrarias, por lo que tienden al conflicto. De manera resumida, se entiendeque la diferencia entre los dos proyectos revolucionarios tiene que ver con la forma liberaly representativa de la democracia. Pues si bien, las revoluciones burguesas apuntan aconseguir grados de democratización, y ampliación de los derechos cívicos, políticos, ysociales, aspirando a vías o canales democráticos burgueses para tal objetivo, éstosmecanismos a juicio de los socialistas, no son más que una farsa que restringe los realesniveles de integración y participación ciudadana, al tiempo que tiende a perpetuar ladesigualdad e injusticias originadas por el mercado sustentado en las fuerzas capitalistasburguesas, por lo cual, el repudio de la democracia liberal va acompañada por la intenciónsocialista de su destrucción. Para ello proponen un estado superior de democracia, másauténticamente representativo y económicamente justo, reaccionando al “status quo”, con lamovilización de masas sociales inclinadas hacia la manifestación y generadoras de“desorden”.2 Alan Knight, Revolución, democracia y populismo en América Latina, (Santiago de Chile: Centro de EstudiosBicentenario, PUC, Instituto de Historia, 2005), 11. 2
  3. 3. La contrarrevolución conservadora-burguesa, viendo comprometidos sus interesesde grupo o clase, responde a la ideología socialista o marxista y a la pretensión dealteración del orden existente, sin que éste necesariamente se haya concretado. Por lo quesu movilización de fuerzas puede definirse como reacción preventiva a los efectos de larevolución socialista o una clara oposición y confrontación de fuerzas, usando para ello laviolencia física como recurso o herramienta combativa, resultando vencedora quiendisponga de mayores y mejores recursos a disposición, sean estas fuerzas sociales, político-institucionales, financieros, etc. Más allá de las simplificadas definiciones conceptuales y las relaciones existentesentre revoluciones y contrarrevoluciones, resultan mucho más complejas al incorporar elconcepto de tradición anteriormente acotado, al tiempo que éstos resultan ser antecedentesdirectos e intervinientes en el carácter único que los movimientos revolucionarios ycontrarrevolucionarios adquieren al interior de una sociedad. La revolución chilena hacia el socialismo, “con olor a empanada y vino tinto”, comose decía y aún reza para hacer memoria a la peculiar ruta hacia una revolución socialista porvía democrática, aún es analizada con tono romántico o peyorativo en los análisis socio-históricos, según distintas interpretaciones, pero más allá de eso, resulta ser un vivoejemplo de cómo se unieron los intentos por integrar políticamente a actores sociales yamaduros: proletarios y clases medias, que lograron alcanzar protagonismo no sólo por sercuantitativamente numerosos, sino que cualitativamente más complejos, conscientes de sucondición y de sus necesidades materiales y espirituales, pero por sobre todo,materializándose como una fuerza política de importancia al constituirse como base delGobierno de la Unidad Popular. En tal sentido, si bien conceptualmente la revoluciónchilena no llegó a concretar el proyecto de transformaciones sociales y políticas a fin deconstruir un Estado socialista y por ende, no llego a ser una revolución propiamente tal, síactivó procesos de la tradición sociopolítica chilena, referidos a la circunscripción a losmecanismos legales y democráticos que según la constitución establecía para conseguir lastransformaciones necesarias a fin de llegar al socialismo, esto paradójicamente, terminó por 3
  4. 4. sellar estrepitosamente la opción de la Unidad Popular como una alternativa válida al ordensociopolítico chileno. Extrañamente, la interrupción del legítimo y legal Gobierno de la Unidad Popular,activó otra de las tradiciones de la política nacional chilena: el pronunciamiento militar3.Fueron las Fuerzas Armadas las que intervinieron en la política nacional, arguyendorestaurar el orden, la moralidad y los valores nacionales. Así, se pone en marcha lacontrarrevolución autoritaria y que bien se define como tal, especialmente por su carácterviolento y transformador. Los antecedentes del proceso contrarrevolucionario autoritario en Chile encuentranorígenes durante mediados del siglo XX, cuando se vio enfrentada a cambios en ladirigencia gubernamental. Los cambios, estuvieron protagonizados por nuevos actorespolíticos que representaban fundamentalmente a las clases medias4, proletarios,campesinado, trabajadores independientes, etc., donde la polarización –DemocraciaCristiana y Unidad Popular- y las ideologías de ultra derecha e izquierda, fueron lasencargadas de friccionar y complejizar a la sociedad misma manifestada en el desarrollopolítico que se vivía hacia la época. Junto a lo anterior, los movimientos ideológicos –muy característico en esteperíodo-, fueron los forjadores de nuevas prácticas políticas que comenzaron a ganarterreno en el país, llegando en un momento a predominar en las acciones de los gobiernosque precedieron a la Dictadura; Jorge Alessandri Rodríguez (1958-1964) y Eduardo FreíMontalva (1964-1970), la Unidad Popular, y acentuándose profundamente en el gobierno3 La intervención de los militares en la política forma parte de los inicios de la República, siendo subordinadostempranamente a la constitución en 1830 por obra de Diego Portales, durando cerca de 100 años en irrestricto apego legalhasta la manifestación del ejército en el llamado “Ruido de Sables” en 1924, cuando la oficialidad joven se manifiestacontrariamente a las decisiones adoptadas por el Congreso de la República, contrario a sus intereses, destacándose porprimera vez el General Carlos Ibáñez del Campo, quien más tarde nuevamente cobrara protagonismo político.4 Se prefiere utilizar el término “clases medias” y no el de “clase media”, para dar cuenta de la complejidad de gruposeconómicos que perciben un ingresos diversos y que se desarrollan en actividades productivas variadas, pero que noobstante, se constituyen como clase social distinta de grupos sociales de ingreso más elevado y de aquellos pauperizados,y por otro lado, como clase social distintiva, por cuanto sus integrantes presentan características aspiracionales tendientesa considerar su situación como temporal y en tránsito hacia la obtención de ingresos más elevados que les permitanacceder a un estatus social superior. 4
  5. 5. de Salvador Allende Gossens (1970-1973), agudizando la situación de fragmentaciónpolítica de Chile en este período. La polarización política fue la gran característica de este período, donde los partidostuvieron una real primacía en su accionar, y las antiguas “transacciones” de partidos,terminadas en Alianzas, no se dieron en estos tiempos, sino que por el contrario,radicalizaron sus discursos5. El carácter de estos partidos políticos representativos de la ciudadanía, estaríacaracterizado por una fuerte ideologización, la que los haría ensimismarse en sus propiasconvicciones “avanzando sin transar”, obviando su entorno político, quedando apartadoslos “unos” de los “otros”. Fueron sus discursos políticos claros ejemplos de esta disyuntivapartidista, los que expresaban una voluntad totalizante y sustantiva de lo que deseaban parael país. En tanto, las planificaciones globales más importantes fueron, hasta 1973, lademocratacristiana y la unipopular. Ambas se autoproclamaron “revoluciones”, acentuandocon ello su propósito de alterar radicalmente la sociedad que existía. Las siguientes afirmaciones nos demuestran la particularidad del lenguaje utilizado: - Ni por un millón de votos cambiaría una coma de mi programa 6 (Eduardo FreiMontalva, candidato democratacristiano a la presidencia, 1964). -A este gobierno (el de Eduardo Freí Montalva) le negaremos la sal y el agua7(Adonis Sepúlveda, subsecretario general del partido Socialista, 1965).5 “Los partidos o combinaciones de partidos abandonan la posibilidad de volver al antiguo “transaccionalismo”, y secentran en la realización completa y absoluta de sus respectivas “planificaciones globales”, (Mario Góngora). Estas sonmodelos o utopías de la sociedad que se pretende plasmar, y que la cubren en todos los aspectos imaginables: políticos,económicos, sociales, educacionales y culturales. Dichos aspectos se validan y complementan unos con otros, de modoque no cabe prescindir de ninguno –so pena de dañar el conjunto-, afirman los “planificadores”; tampoco puedenmodificarse por transacción, ni postergarse, sin el mismo efecto negativo. No se ofrece como alternativa a los antiguosadversarios –ahora “enemigos”- sino el inmediato sometimiento, la derrota plena, y no existe espacio ni oportunidadpara transigir ni entenderse. “Avanzar sin transar”. Gonzalo Vial Correa. Chile (1541-2000) una interpretación de suhistoria política, (Santiago de Chile: Santillana, 2000), 301.6 Gonzalo Vial Correa, “Chile (1541-2000),” 301.7 Gonzalo Vial Correa, “Chile (1541-2000),” 301. 5
  6. 6. - Con Tomic (candidato presidencial de la Democracia Cristiana), ni a misa8 (LuisCorvalán, secretario general del partido Comunista, 1970). La primera –la “Revolución en Libertad”- buscaba profundos “cambiosestructurales” que afectarían a puntos neurálgicos de la organización económico-social deChile, esto es, la actividad minera -gran minería del cobre-, la tierra -reforma agraria-, laenseñanza -reforma educacional-, entre otros. Al comienzo, era una simple modernizacióndel capitalismo, en la línea de la receta anticastrista de los Estados Unidos: “La Alianzapara el Progreso”, pero luego derivaría hacia formas colectivas, si bien no estatales depropiedad: la economía centralmente planificada. Paralelamente, la alianza de socialismo y comunismo, bajo nombres sucesivos –elúltimo de los cuales fue la Unidad Popular -UP-, planteaba una revolución marxista-leninista pero sin violencia, “la vía pacífica”, con olor a empanadas y vino tinto9, prueba delas tradiciones democráticas y legalistas que caracterizaban hasta ese entonces a la políticachilena. La auspiciarían el propio Salvador Allende y el Partido Comunista, ante elcompleto escepticismo de la ultraizquierda. Una parte de esta última había tomado la rutade la violencia, considerada como una de las posibles formas de llegar al poder, sino comola única real, siendo las otras, cuando más, complementarias, y cuando menos, ilusorias.Para la ultraizquierda entonces, la violencia se convirtió en ingrediente plausible de laideología. Esta trascendental novedad política proviene del triunfo de la Revolución Cubana(1959). Sus líderes, de fuerte atractivo personal, especialmente para los jóvenes –por supropia juventud, heroísmo guerrero, rechazo de los convencionalismos, incluso en suatuendo y apariencia física-, y decisión absoluta en orden a cambiar rápida y radicalmentela sociedad-, popularizaban la “vía armada”. En los términos ya referidos, la declaraninevitable y por lo tanto necesaria para que los explotados accedan a un poder efectivo.8 Gonzalo Vial Correa, “Chile (1541-2000),” 301.9 Gonzalo Vial Correa, “Chile (1541-2000),” 302 6
  7. 7. Esta nueva forma de concebir el “poder político”, fue llevada a cabo en Chile por elgrupo “guevarista” del MIR –Movimiento de Izquierda Revolucionaria-, el año 1965,también se haría participe de este proceso la variante izquierdo-cristiana de Camilo Torres,a través del MAPU -Movimiento de Acción Popular Unitaria- en el año 1969, y de laizquierda Cristiana, IC (1971). Pero su influjo político más perentorio lo tendría el PartidoSocialista, el más importante de la Unidad Popular, cuyo control ganaría en 1971. Fueron las “planificaciones globales” democratacristiana o unipopular, las queacentuaron la polarización y la crisis política. Pero el impacto del guevarismo fue óptimo,por su proclamación de la necesidad e inevitabilidad de la violencia. Ello significa,implícitamente –y muy luego se haría también explícito-, el rechazo de las formasdemocráticas que los partidos de planificación global o ideológicos, pero no guevaristas,habían siempre defendido. Esas mismas planificaciones mundiales, nacionalmente encarnadas en partidospolíticos declaradamente incompatibles, pasaron a ser reflejo de la guerra ideológicamundial entre concepciones irreconciliables: más que una guerra de clases, una lucha depasiones, que destruyó para siempre la imagen convencional del Chile moderado yequilibrado10. El juicio que Mario Góngora hace de aquel escenario nos resultafrancamente atractivo, por cuanto su historia personal, de “idas y vueltas” en sus simpatíaspolíticas, sea hacia la izquierda –apoyando con su voto a Salvador Allende en suscandidaturas anteriores a la del 1970- o hacia la derecha golpista justificando laintervención militar de 1973, retratan distintos momentos de la escena política nacional,que no pasan inadvertidos, por el contrario, resulta un claro ejemplo de lo ambivalente de lapolítica nacional en los años ´60 y ´70, o para ser más taxativos, desequilibrada y bipolararena política nacional. Las pretendidas transformaciones estructurales fueron obstaculizadas por “unaderecha conservadora en lo político y algo más liberal en lo económico”, que hasta la Leyde Reforma Agraria iniciada por Jorge Alessandri Rodríguez (1962) y continuada por Frei10 Mario Góngora, Ensayo histórico sobre la noción de Estado en Chile en los siglos XIX y XX, (Santiago de Chile:Universitaria, 1986), 132. 7
  8. 8. Montalva (1964), controló -a pesar de la compleja evolución sociopolítica chilena- un paísorganizado en base al decadente orden tradicional hacendal, que aseguraba los votos de laaún supuesta “masa en reposo”, que por tantos años vició la política chilena, y que laderecha pretendía prolongar al reconocerse asimismo como la vanguardia o reserva política,social y cultural de la nación, detonando los últimos cartuchos –¡y qué cartuchos!- a razónque la más antigua y horrible pesadilla de la elite no se hiciese realidad: que el paísescapase de sus manos11. Por ello clamaron a que la institución más tradicional, custodia delos valores nacionales –que son los mismos valores creados por la vieja elite oligárquica delsiglo XIX para su conservación y defensa-, quebrantara la institucionalidad republicana ennombre de la nación y sus tradiciones. La intrincada situación entre facciones en pugna porel control político era tal precisamente porque el gobierno de la Unidad Popular lesdisputaba un terreno que durante tanto tiempo había sido el suyo: el del Estado, y el de un“Proyecto Nacional” cuyo principal instrumento era el mismo Estado12. Los intentos aliancistas, cuya eficacia para formar consensos en las elites se habíaprobado repetidas veces se hacen cada vez más difíciles. Con esto no se hace referenciasolamente a las alianzas partidarias, sino al menos visible (y menos estudiado) mundo delas alianzas y tolerancias al interior de la sociedad y los grupos de poder. La formación debloques elitarios refractarios a la alianza no se dio sólo en procesos eleccionarios y en elEstado. Alianzas que pudieron producirse, por proyectos comunes o por tradicionescompartidas, no llegaron a concretarse13. El análisis que Salazar y Pinto hacen en laanterior cita dirige nuestra atención hacia las divergencias doctrinarias claramenteantagónicas que hacían irreconciliable e imposible cualquier alianza que antaño hubieraasegurado un gobierno con amplio respaldo popular, a sabiendas que tanto la DemocraciaCristiana, como la Unidad Popular, eran representativas de las antiguas masas populares ygrupos medios, que desde 1891 con el inicio del oligárquico Gobierno Parlamentario y laagudización del “Problema Social” en las décadas iniciales del siglo XX, formaron unaembrionaria conciencia de clase -por lo tanto el calificativo de “masas populares” era11 “A comienzos de la década de 1970 los procesos de reforma agraria, el fracaso del PDC, con sus contradicción entreun programa social cuasi revolucionario y un programa económico reformador, y el triunfo de Allende, hicieron que laselites chilenas se sintieran, quizás como nunca antes, al borde de un abismo”. Gabriel Salazar y Julio Pinto, HistoriaContemporánea de Chile, Tomo IV, (Santiago de Chile: LOM, 1999), 45.12 Gabriel Salazar y Julio Pinto, Historia Contemporánea de Chile, Tomo IV, 45.13 Gabriel Salazar y Julio Pinto, Historia Contemporánea de Chile, Tomo IV, 44. 8
  9. 9. adecuado-, despertando hacia los ideologizados años de 1960 como “electorado ciudadano”demandante de plenos y crecientes derechos14 , no obstante si bien los programas políticostendientes a lograr cambios sociales profundos, tanto de la Unidad Popular como de laDemocracia Cristiana fueron bastante similares, pero las diferencias eran de otro orden.Aliarse con los marxistas, revolucionarios, ateos y (se decía) armados, era para muchos deellos inaceptable15. Esta crisis política terminó con el ya conocido Golpe de Estado, realizado el 11 deSeptiembre de 1973, cercenando así la “Vía Chilena al Socialismo”. Gonzalo Vial, nosretrata lo anteriormente expresado utilizando para ello una muy pedagógica metáfora, nosdice que la Unidad Popular es como esas novelas gordas, a veces aburridas y a vecesentretenidas, que tienen varias tramas, que se van desarrollando paralelamente, y queconfluyen a un sólo final que, en este caso, es el golpe.16 Siguiendo la directriz del golpe militar, la reflexión del historiador Gonzalo Vial nosresulta práctica, pues sintetiza a través de cuatro argumentos el complejo escenario entre elmundo civil y castrense en momentos del gobierno de la UP, al precisar que la irrupciónmilitar en temas netamente civiles, como lo fue el Golpe Militar de 1973, se explica por eldesprecio reaccionario que el mundo militar tiene por una autoridad incompetente que no escapaz de establecer el orden y tranquilidad necesarias para Gobernar. Por lo mismo, lasfuerzas armadas en su rol “ordenador” habrían intervenido en el mundo civil arrojándosesobre si mismos la función que el Estado les reservaba y por el cual fueron creadas.1714 Ver la tesis de: José Ortega y Gasset, La Rebelión de las Masas, (Santiago de Chile: Editorial Andrés Bello, 1989).15 Gabriel Salazar y Julio Pinto, Historia Contemporánea de Chile, Tomo IV, 44.16 Gonzalo Vial Correa, Salvador Allende: El Fracaso de Una Ilusión, (Santiago de Chile: Centro de EstudiosBicentenario, PUC, Instituto de Historia, 2005), 153.17 “Allende por su parte, se cuido mucho de no inmiscuirse ni molestar a las fuerzas armadas. ¿Cómo es posible,entonces, que hayan llegado al extremo de derribarlo a sangre y fuego? Hubo cuatro problemas que las tornarondesafectas al gobierno. ¿Cuáles eran los problemas típicamente aptos para irritar a un militar? En primer término, el desorden público. El uniformado, por instinto, desprecia a la autoridad cuando ella no escapaz de lograr que las cosas marchen ordenadas y tranquilas, que cada cual esté haciendo lo suyo en completanormalidad. Enseguida, el armamento. Era notorio que todo el mundo se estaba armando en Chile, menos las fuerzasarmadas. Había un tráfico constante de armas, todavía incipiente, sin trascendencia militar, pero las cosas pequeñas vancreciendo. Hay un dicho famoso: “una pequeña inflación es como un pequeño embarazo”. El tercer problema, que presentaba las mismas características del anterior, era la existencia de miliciasparamilitares. Todos asimismo, tenían milicias: Patria y Libertad: el Partido Comunista (la brigada Ramona Parra); elPartido Nacional (la brigada Rolando Matus); el Partido Socialista (la brigada Elmo Catalán); el MIR. la más numerosa 9
  10. 10. Estos postulados afirman y reafirman, que el Golpe Militar Contrarrevolucionarioiba “sí o sí”, terminando y finalizando con el sueño de la Unidad Popular, traduciéndoseéste, en la creación de un nuevo modelo político, económico y social, semejante al de laURSS (Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas). Aquélla ilusión sería en vano, pues,las Fuerzas Armadas tendrían el papel antagónico y prohibitivo en la realización de dichoproyecto gubernamental, creando posteriormente su propio proyecto “refundacional” delEstado-Nación. Esto a sabiendas de que, en palabras da Mario Góngora, La idea cardinaldel Chile Republicano es, históricamente considerado, que es el Estado el que ha idoconfigurando y afirmando la nacionalidad chilena a través de los siglos XIX y XX; y que lafinalidad del Estado es el Bien Común en todas sus dimensiones: defensa nacional, justicia,educación, salud, fomento de la economía, protección a las actividades culturales, etc.18 Tras el “fáctico triunfo” de la derecha, el quiebre entre el antiguo y nuevo ordencobrará relativa identidad el 11 de marzo de 1974 en la ya conocida Declaración dePrincipios del Gobierno de Chile, que exorciza la experiencia política inmediatamenteanterior al Golpe de Estado, revalorando asimismo la tradición conservadora cristiana ehispánica sobre las cuales la nación fue fundada por la antigua elite nacional del sigloXIX19. Por ello, el nuevo orden institucional que el mismo Gobierno Militar se encargó depublicitar recibió el apelativo de “refundacional”. De igual forma, la nueva organizacióninstitucional del Estado continuaba con el alejamiento de los condenados y fallidoscorporativismos del periodo de las Guerras Mundiales, puesto que tras la derrota fascistaen 1945, el corporativismo como ideología fue abandonado por la intelectualidady entrenada de las fuerzas paramilitares, y con el más poderoso equipo bélico. Eran todavía muy pequeñas, pero estabanen continuo crecimiento y preocupaban a las Fuerzas Armadas. Nos queda la cuarta de las causas, llamémoslas coadyuvantes, que por sí solas no hubieran desatado el golpemilitar, ni tampoco juntas, o quizás lo hubieran desatado pero en ese momento. La cuarta causa fue que revivió elmarxismo-leninismo, porque los militares tenían asumidos, tenían internalizados, como dicen ahora, a los comunistas,con las características ya señaladas, pero el guevarismo era otra cosa. El guevarismo era, y lo manifestaba conpetulancia, con majadería, un movimiento que propiciaba el enfrentamiento armado, pero no en nombre de cualquiercosa, sino en nombre del marxismo-leninismo. El cual adquiría nuevamente la cara violenta que estaba escrita en todoslos textos, pero semiolvidada, sobre todo por la conducta pacifica durante cuarenta años de los adherentes chilenos másconocidos, los comunistas”. Gonzalo Vial Correa, “Salvador Allende,” 153.18 Mario Góngora, “Ensayo histórico,” 134.19 “Condenaba explícitamente el marxismo y el estatismo en general, proclamaba el respeto por el cristianismo y suconcepción del hombre y de la sociedad, acentuaba “la tradición cristiana e hispánica”, el nacionalismo más como unaactitud que como una ideología; marcaba la afirmación de comunidades tales como la familia y los cuerpos intermedio(“el poder social”, “de origen hispánico”, como decía textualmente el documento)”. Mario Góngora, “Ensayo histórico,”260. 10
  11. 11. derechista. Mas a partir de 1970, el liderazgo de la lucha ideológica contra la izquierdamarxista queda en manos del Movimiento Gremialista. Al decir esto, nuevamente se hablasólo de “política”. (…)Como antídoto al quiebre que parece precipitarse, comienza adelinearse un nuevo proyecto de unidad nacional, conservador y autoritario en lo político,neoliberal en lo económico y con un fuerte discurso anti-partidos.20 Los nuevos bríos por crear un orden institucional que “recalibrara” la Repúblicacorrompida por el “cáncer marxista”, tuvo al mismo Augusto Pinochet Ugarte, quienencabezó, junto a las demás Fuerzas Armadas -Aviación, Marina- y a Carabineros de Chile,la misión en primera instancia de restaurar el orden, patente en la Declaración dePrincipios del Gobierno Militar hacia 1974, y tras el Discurso en Chacarillas en 1977, laclara intención de concretizar su mandato en un “Nuevo Proyecto Nacional” . No obstante,en aquel primer momento, habiendo finalizado el Golpe Militar se instauró una junta militartransitoria21, siendo partícipes la totalidad de las ramas castrenses, las que tendrían lamisión de gobernar nuestra nación. La dirigencia estuvo puesta en los hombros de AugustoPinochet, quien fue el caudillo de esta junta militar, teniendo el control del Estado, donde elorden imperativo caracterizaría el nuevo modelo político, económico y social instauradopor él22. En cuanto a la visión económica mostró que el diagnóstico de los "Chicago Boys"23era el elemento teórico más serio del proyecto histórico que se estaba configurando. Seadoptó para ello el sistema económico neoliberal impulsado por ellos , que ingresaron al20 Gabriel Salazar y Julio Pinto, Historia Contemporánea de Chile, Tomo IV, 4521 “El viraje que transformó el gobierno militar de ser una instancia transitoria a una de carácter fundacional en torno ala figura de Augusto Pinochet, tuvo su consagración jurídica el 4 de diciembre de 1974 cuando el Decreto-Ley Nº 788confirió a la Junta de Gobierno la potestad de modificar a su arbitrio y retroactivamente la carta fundamental de 1925.Pero ya antes Pinochet había logrado convertirse en el hombre fuerte alrededor del cual giraría la nuevainstitucionalidad. El 26 de junio de 1974 (Decreto-Ley Nº 527), Pinochet pasaba a ser cabeza del Ejecutivo con el títulode Jefe Supremo de la Nación. En diciembre del mismo año se cambiaría la denominación de su cargo por la tradicionalde Presidente de la República”. Cristián Gazmuri, “El lugar de Pinochet en la Historia. Una Interpretación política de laexperiencia autoritaria”, en La Tercera, 12 septiembre 1999, 3.22 “Por su parte, la Junta de Gobierno asumiría las funciones de Poder Legislativo y Constituyente. Pinochet gobernaríapor casi una década sin oposición popular importante. Esto fue resultado de una combinación entre dura represiónpolítica, éxito económico, apoyo político de la derecha y su capacidad de mantener el control de las Fuerzas Armadas.”Cristián Gazmuri, “El lugar de Pinochet en la Historia”, 323 Estos fueron jóvenes egresados de economía en la Universidad Católica de Chile, con postgrado la mayoría de ellos enla Universidad de Chicago. por lo que se les llamaría Chicago Boys. 11
  12. 12. régimen militar en 1975, con Jorge Cauas en el Ministerio de Hacienda, Sergio de Castro(líder de los Chicago) en el Ministerio de Economía y Pablo Barahona en el Banco Central. Se imponía así un modelo transitorio de liberalismo económico y autoritarismopolítico. Esta era una combinación que fue presentada como necesaria, insistiéndose que sinel autoritarismo militar el experimento neoliberal –que significaba una verdaderarevolución- no hubiera podido llevarse a cabo. El elemento militar serviría a Pinochet para mantener el "control de la situacióncontingente" y su presencia en cargos públicos conseguía, al mismo tiempo, que losmilitares siguieran fieles al que consideraban "su gobierno”. La implementación de larelación gobierno-Fuerzas Armadas fue uno de los mayores rasgos de habilidad dePinochet, basando este autoritarismo en una alianza militar-tecnocrática. Augusto Pinochet, ya como Jefe Supremo de la Nación en 1974, tomó decisionestrascendentales en la construcción de un “Nuevo Proyecto Nacional”, entre las quedestacaron el revolucionario modelo económico –neoliberal- para el país, que tras suexitosa implementación recibió el rotulo de “El Milagro Chileno”, y aquella referida a laconstrucción de un nuevo orden institucional y sociopolítico de tipo estructural, utilizandosistemáticamente un mecanismo de “poder” tendiente a legitimar y legalizar su praxis.Tales transformaciones, aseguradas en la Constitución de 1980, terminaros por gozar deciertos “candados” legales, asegurándose así los militares que cualquier intento detransformación de su proyecto o retrotracción hacia ideas antagónicas a suContrarrevolución refundacional fuesen estériles, al tiempo que se prevenían cualquieramenaza a la institución militar y los posicionaba como actores decisivos de la políticachilena. Algo que más tarde quedaría constatado con los Boinazos de los ´90, los senadoresdesignados –donde el mismo Pinochet termino por convertirse en senador vitalicio- y en laperfección del sistema neoliberal, que fue el aspecto más proyectual de su gobierno y elmás trascendental desde el punto de vista social, al ser visto como un mecanismodemocratizador y de participación de la sociedad, basada en la libre decisión de losindividuos sobre el consumo. 12
  13. 13. BIBLIOGRAFÍA- Gazmuri, Cristián. “El lugar de Pinochet en la Historia. Una Interpretación política de la experiencia autoritaria”. En La Tercera, 12 septiembre 1999.- Góngora, Mario. Ensayo histórico sobre la noción de Estado en Chile en los siglos XIX y XX. Santiago de Chile: Universitaria, 1986.- Knight, Alan. Revolución, democracia y populismo en América Latina. Santiago de Chile: Centro de Estudios Bicentenario, PUC, Instituto de Historia, 2005.- Ortega y Gasset, José. La Rebelión de las Masas. Santiago de Chile: Editorial Andrés Bello, 1989.- Salazar, Gabriel y Pinto, Julio. Historia Contemporánea de Chile, Tomo IV. Santiago de Chile: LOM, 1999.- Vial Correa, Gonzalo. Chile (1541-2000) una interpretación de su historia política. Santiago de Chile: Santillana, 2000.- Vial Correa, Gonzalo. Salvador Allende: El Fracaso de Una Ilusión. Santiago de Chile: Centro de Estudios Bicentenario, PUC, Instituto de Historia, 2005. 13

×