Un cuento infantil para los niños que habla del valor de la solidaridad. Una bonita
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medio del invierno!.
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flores. Hasta Fabián, el loquito al que todos temían, le hizo unos toscos juguetes
de madera. Por las tardes, a la hora de...
Pasaron los años…Cuando Inés iba a casarse caminó por las calles de San
Fernando vestida de novia y fue tomando del brazo,...
el alma. Pasaron aquella noche en el campo solas, atemorizadas y friolentas… Sin
embargo, al día siguiente la lluvia cesó ...
campamento y, en los días siguientes, poco a poco, se reencontraron con sus
familias.
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Cansados de caminar sin rumbo, llegaron finalmente a un pequeño pueblo donde,
por efecto de un hechizo, todos los animales...
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La solidaridad es la adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros.
En un mundo rápido y competitivo muchas p...
Con seguridad tú mismo identificas varios de ellos, empezando por el futbol que
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Cuento valores

  1. 1. Un cuento infantil para los niños que habla del valor de la solidaridad. Una bonita manera de enseñar valores a los niños es a través de los cuentos y de sus mensajes. Un cuento sobre la solidaridad. Hace frío El invierno es un viejito que tiene una barba blanca, llena de escarcha que le cuelga hasta el suelo. Donde camina deja un rastro de hielo que va tapando todo. A veces trae más frío que de costumbre, como cuando sucedió esta historia: Hacía tanto, pero tanto frío, que los árboles parecían arbolitos de Navidad adornados con algodón. En uno de esos árboles vivían los Ardilla con sus cinco hijitos. Cuento sobre la solidaridad. Hace frío Papá y mamá habían juntado muchas ramitas suaves, plumas y hojas para armar un nido calientito para sus bebés, que nacerían en invierno. Además, habían guardado tanta comida que podían pasar la temporada de frío como a ellos les gustaba: durmiendo abrazaditos hasta que llegara la primavera. Un día, la nieve caía en suaves copos que parecían maripositas blancas danzando a la vez que se amontonaban sobre las ramas de los árboles y sobre el piso, y todo el bosque parecía un gran cucurucho de helado de crema en medio del silencio y la paz. ¡Brrrmmm! Y entonces, un horrible ruido despertó a los que hibernaban: ¡una máquina inmensa avanzaba destrozando las plantas, volteando los árboles y dejando sin casa y sin abrigo a los animalitos que despertaban aterrados y corrían hacia cualquier lado, tratando de salvar a sus hijitos! Papá Ardilla abrió la puerta de su nido y vio el terror de sus vecinos. No quería que sus hijitos se asustaran, así que volvió a cerrar y se puso a roncar. Sus ronquidos eran más fuertes que el tronar de la máquina y sus bebés no despertaron. Mamá Ardilla le preguntó, preocupada: -¿Qué pasa afuera?- - No te preocupes y sigue durmiendo, que nuestro árbol es el más grande y fuerte del bosque y no nos va a pasar nada- le contestó. Pero Mamá Ardilla no podía quedarse tranquila sabiendo que sus vecinos tenían dificultades. Insistió: - Debemos ayudar a nuestros amigos: tenemos espacio y comida para compartir con los que más lo necesiten. ¿Para qué vamos a guardar tanto, mientras ellos pierden a sus familias por no tener nada?- Papá Ardilla dejó de roncar; miró a sus hijitos durmiendo calientitos y a Mamá Ardilla. Se paró en su cama de hojas y le dio un beso grande en la nariz a la dulce Mamá Ardilla y ¡corrió a ayudar a sus vecinos!. En un ratito, el inmenso roble del bosque estaba lleno de animalitos que se refugiaron felices en él. El calor de todos hizo que se derritiera la nieve acumulada
  2. 2. sobre las ramas y se llenara de flores. ¡Parecía que había llegado la primavera en medio del invierno!. Los pajaritos cantaron felices: ahora tenían dónde guardar a sus pichoncitos, protegidos de la nieve y del frío. Así, gracias a la ayuda de los Ardilla se salvaron todas las familias de sus vecinos y vivieron contentos. Durmieron todos abrazaditos hasta que llegara en serio la primavera, el aire estuviera calientito, y hubiera comida y agua en abundancia. FIN Nieve para la niña Una mañana en los portales de San Fernando apareció abandonada una niña recién nacida, envuelta en una cobija rosada y suave como sus mejillas. Al tener noticia el presidente municipal llamó a los notables del lugar —que siempre andaban de pleito— para decidir qué hacer con ella. “Propongo que la enviemos a la casa cuna de la capital”, dijo la esposa del munícipe, que no quería a los niños. “Tengo otra idea”, comentó don Jorge, el abarrotero gruñón, “sugiero que la dejemos con nosotros y la criemos entre todos pues por aquí ya casi no hay chamacos”. Don Joaquín, el cura, estuvo de acuerdo. Una pareja que no había podido tener hijos la llevó a su casa y le arregló un cuarto sencillo, pero limpio, cómodo y soleado. La pequeña Inés (así le pusieron después de votar) se fue ganando el corazón de los pueblerinos y, al mismo tiempo, borró sus diferencias. Cuca, la señora de la mercería, le obsequió ropa. Manolo, el dueño del rancho, le surtía leche fresca muy temprano. Dos ancianas solteras que no hablaban con nadie le cosieron docenas de pequeñas mantillas y el señor Raúl llegaba cojeando para llevarle
  3. 3. flores. Hasta Fabián, el loquito al que todos temían, le hizo unos toscos juguetes de madera. Por las tardes, a la hora del baño, se juntaban para ver a la pequeña agitar el agua de su tina, se peleaban por enjabonarla, enjuagarla, secarla y vestirla. A eso de las siete la arrullaban a coro y se quedaban conversando en voz baja. Con Inés había llegado la alegría a San Fernando. Pero un día enfermó de una tos tan profunda que todos temieron por su vida. Doña Lola buscó al médico del dispensario. Éste examinó a la pequeña y le indicó un medicamento muy raro: nieve de cereza… Por allí no había dónde conseguirla. ¿Qué hacer? Clarita se acordó de haber visto la receta en el viejo libro de su tía. Jairo, el muchachón de la camioneta que andaba de malora, manejó hasta el cerro y bajó de él cargando pesadas cubetas llenas de nieve pura. La seño Martina, que no veía, ofreció un tarro de miel para endulzarla. Pero faltaban las cerezas, desconocidas en aquella región… “¡Ya sé!” comentó Lalo, el niño que se peinaba de raya, “el maestro me dijo que las cerezas y los capulines son parientes”. Romelia, la cocinera de la fonda, cortó decenas de capulines del huerto de los Molina, los ricos del pueblo; los lavó, los molió y preparó la receta. ¡Pero oh sorpresa! Inés no quería abrir la boca. La esposa del presidente, que ya la quería en secreto, ofreció su cucharilla de plata y su taza de cristal cortado. Cuando le presentaron así el bocado, Inés lo aceptó con apetito, se comió todo y al día siguiente ya no tosía.
  4. 4. Pasaron los años…Cuando Inés iba a casarse caminó por las calles de San Fernando vestida de novia y fue tomando del brazo, uno por uno, a todos los que la habían criado. El pueblo era un lugar distinto: los habitantes construyeron juntos el quiosco que hay en el jardín de la plaza, allí, donde se pone el carrito que vende nieve de cereza. (No lo cuenten, en realidad es de capulín). Las muñecas perdidas En enero de ese año las lluvias castigaron al sureste de Brasil. Todo comenzó como una llovizna ligera, pero el cielo se fue cerrando. Entre el estruendo de los truenos y el brillo de los relámpagos caía una inmensa cantidad de agua, como no se había visto nunca en aquellos pueblos. Las calles se anegaron al grado de parecer ríos que se llevaban todo lo que hallaban a su paso: plantas, mascotas, utensilios caseros, macetas, muebles y adornos. Silvia y Elizabeth eran dos pequeñas hermanas del poblado Nova Friburgo. La tormenta las sorprendió cuando volvían a casa caminando desde la escuela. No lograron alcanzar su hogar, la corriente las arrastró y las llevó a las afueras. Se tomaron muy fuerte de la mano y cientos de metros más adelante Silvia, que era la mayor, logró detenerse de la rama de un árbol. Haciendo un esfuerzo extraordinario para su tamaño, jaló a su hermana y nadó, con un solo brazo, hasta un terreno seco y seguro. ¡Habían logrado salvarse! Rieron de alegría al darse cuenta de ello. Sin embargo, habían perdido sus mochilas. No es que los útiles les importaran tanto, pero en una de ellas iba Florencia, la muñeca favorita de ambas, a quien querían con toda
  5. 5. el alma. Pasaron aquella noche en el campo solas, atemorizadas y friolentas… Sin embargo, al día siguiente la lluvia cesó y las despertó el brillo de un sol espléndido. Caminaron al pueblo y planearon buscar a Florencia. “Pobrecita, traía ropa muy ligera” dijo Silvia. “Sí, y no bebió su leche” comentó Elizabeth. El panorama del pueblo era muy triste cuando comenzaron su búsqueda. De repente vieron una manita de plástico en la orilla de la calle. ¡Pero no era Florencia, sino la muñeca de otra niña que también se había perdido! “No es la nuestra” comentó Elizabeth. “No” respondió Silvia, “pero vamos a recogerla, pues está sola y triste”. A su paso recogieron varias muñecas más y ya no podían cargarlas. En un lote baldío instalaron un campamento de muñecos rescatados. Extendieron una sábana sobre el suelo y los fueron acomodando, los secaron, les lavaron la carita y les dieron un beso. Horas después un chiquillo llegó al campamento y les dijo: “Aquí les traigo a otra damnificada”. ¡Esta sí era Florencia! Estaba mugrosa y despeinada, pero no importaba, había vuelto con ellas. Elizabeth y Silvia no eran las únicas rescatistas de Nova Friburgo. Desde la noche anterior los padres de ambas las buscaban con esfuerzo y entrega. No habían logrado hallarlas, pero fueron reuniendo a todos los chicos que vieron perdidos en la calle y les pidieron permanecer tomados de la mano formando una larga cadena. Cuando los vieron llegar al campamento, Silvia y Elizabeth corrieron a abrazarlos. Los otros niños, por su parte, se apresuraron hasta donde estaban los muñecos y cada uno recuperó sus juguetes perdidos. Permanecieron juntos en el
  6. 6. campamento y, en los días siguientes, poco a poco, se reencontraron con sus familias. —Adaptación del relato incluido en el libro Tormenta y tormento de Manuel Anzures. La abeja reina Tres hermanos habían partido, cada uno por su lado, en busca de fortuna. Los mayores eran apuestos e inteligentes. El menor, llamado Benjamín, no tan guapo y un poco distraído. Meses después se encontraron. Los grandes se rieron de Benjamín y le comentaron: “Si nosotros, con todo nuestro ingenio no hemos podido salir adelante, cómo quieres hacerlo tú, siendo tan bobo?”Andando, llegaron a un hormiguero. Los mayores quisieron revolverlo para divertirse viendo cómo corrÌan los asustados insectos. Pero BenjamÌn intervino—Déjenlas en paz. No las molesten. Pasos más adelante encontraron un lago con docenas de patos silvestres. Los mayorespropusieron apoderarse de un par de ellos para asarlos y comerlos. Pero Benjamín se opuso: —Déjenlos en paz. No los molesten. Por último, en el tronco de un árbol, hallaron una colmena. Producíaa tanta miel que ésta escurríaa por las ramas. Los hermanos mayores planeaban encender una hoguera para hacer un espeso humo, expulsar a las abejas y comerse toda la miel. Pero Benjamín salió en su defensa: —Déjenlas en paz. No las molesten.
  7. 7. Cansados de caminar sin rumbo, llegaron finalmente a un pequeño pueblo donde, por efecto de un hechizo, todos los animales y los habitantes se habÌan convertido en figuras de piedra. Entraron al gran palacio. La corte y el rey habían sufrido el encantamiento de otra manera: habían caído en un sueño profundo. Tras recorrer las galeríaas los tres hermanos llegaron a una habitación donde habÌa un hombrecillo de corta estatura. Al verlos, éste no les dijo nada. Simplemente los tomó del brazo y los condujo a una mesa donde estaban servidos ricos manjares. Cuando terminaron de cenar, sin pronunciar palabra, llevó a cada uno a un confortable dormitorio. Los tres durmieron un sueño reparador, y despertaron llenos de energía al día siguiente. El hombrecillo fue por el hermano mayor y lo llevó a una mesa de piedra para darle de desayunar. Sobre ella estaban escritas las tres pruebas que debía superar para librar al pueblo del encantamiento. La primera era ésta: en el bosque, bajo el musgo, estaban las mil perlas de la princesa. Había que buscarlas todas antes de que el sol se pusiera y traerlas al palacio. Si no las hallaba, él mismo se convertirÌa en piedra. El mayor fue pero, a pesar de su esfuerzo, sólo halló cien, y se convirtió en piedra. Al día siguiente, el segundo hermano realizó la prueba, pero sólo halló doscientas y también se convirtió en piedra. Llegó el turno de Benjamín. Éste llegó temprano y se puso a buscar en el musgo. Casi no encontraba ninguna y se sentó en una piedra a llorar de aflicción. Pero por allÌ andaba el rey del hormiguero que él habÌa
  8. 8. salvado. Veníaa acompañado de cinco mil hormigas para ubicar las perlas.En muy poco tiempo habían encontrado todas y las juntaron en un montón. Cuando volvió al palacio para entregarlas, BenjamÌn encontó que le esperaba la segunda prueba. La llave de la alcoba de la princesa se habÌa caÌdo al fondo del lago. Era necesario recuperarla. Al llegar a la orilla vió a los patos que había protegido de sus hermanos. Todos se sumergieron bajo el agua y, en cuestión de minutos, uno traía la dorada llave en el pico. La tercera prueba era la más difÌcil. Entre las tres hijas del rey, que estaban dormidas hacÌa meses, había que escoger a la menor, que era la más buena. El problema es que eran muy parecidas. Sólo las diferenciaba un detalle. Las dos mayores habÌan comido un terrón de azúcar, y la menor, una cucharada de miel. “¿Qué haré?” pensó Benjamín muy apurado. Pero entonces, por la ventana entró volando la reina de las abejas y se posó en la boca de la que habÌa comido miel. De este modo, Benjamín reconoció a la más buena. En ese mismo instante se rompió el encantamiento. Los habitantes del palacio despertaron y todas las figuras de piedra recuperaron su forma humana. Benjamín se casó con la princesa más joven y, años después, llegó a ser rey. Sus hermanos, liberados también del hechizo, se casaron con las otras dos hermanas. —Adaptación de La abeja reina de los Hermanos Grimm. - See more at: http://www.fundaciontelevisa.org/valores/cuentos/junio-cuento-de- solidaridad/#sthash.638zzEm9.dpuf
  9. 9. La solidaridad es la adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros. En un mundo rápido y competitivo muchas personas tienden a pensar que la clave para sobrevivir está en buscar sólo su beneficio personal, sin importar lo que ocurre con los demás, se les llama individualistas. Al no dar ayuda, no la reciben. Piensan en sólo en sí mismas y efectúan cada acción evaluando su propia conveniencia. La solidaridad es mi valor Una persona solidaria está dispuesta a dar lo mejor de sí y a unir su esfuerzo al de los demás para conseguir metas comunes que los beneficien a ellos como grupo, pero también a otras personas con causas distintas a las propias que por algún motivo están en desventaja. Ser solidario consiste en ponerse en el papel de quienes sufren un problema o tienen una necesidad e invitar a otros a que se unan para ayudarlos. La solidaridad es un valor útil en todos los ámbitos: permite el apoyo entre los diversos miembros de una familia, construye comunidades urbanas y escolares más sólidas y resistentes, edifica naciones en las que todos los individuos se sienten responsables y trabajan por el bien común. La unión entre las personas da origen a cuerpos compactos, unidos y enteros con poder y capacidad de transformación mayores al que tienen sus integrantes por separado. Espíritu de equipo Los Juegos Olímpicos, desde su inicio, han sido un ejemplo de solidaridad pues su realización sólo resulta posible gracias al esfuerzo de decenas de naciones y cientos de individuos que dan juntos lo mejor de sí con el propósito de celebrarlos. Después de superar tensiones políticas y diplomáticas hoy toman parte en ellos casi todos los países del mundo. La delegación correspondiente a cada uno comparte la responsabilidad y el esfuerzo de representar a su nación ante el mundo y llevar buenos resultados de regreso. Cuando es así los participantes son recibidos como auténticos héroes. Sin embargo, hay todavía una expresión más clara y directa de la solidaridad en la esencia de los deportes mismos: el juego en equipo. Aunque existen prácticas individuales donde todo depende de una persona y de quienes la ayudaron a entrenarse (la halterofilia es uno de ellos), hay otras en que el desempeño individual cuenta para un resultado de conjunto (como el nado sincronizado o el patinaje sobre hielo en parejas, en los Juegos de Invierno). Hay también un grupo de deportes cuya esencia misma es la cooperación de los miembros de un equipo que puede ser numeroso. El buen resultado sólo es posible cuando éstos se coordinan y se entregan a una causa común.
  10. 10. Con seguridad tú mismo identificas varios de ellos, empezando por el futbol que practicas, pero hay muchos más. El Comité Olímpico Internacional reconoce, entre otros, el baloncesto (o básquetbol), el balonmano, el voleibol, el waterpolo (cuyo objetivo es anotar goles en una piscina), el hockey sobre césped y sobre hielo (en el que se enfrentan dos equipos para hacer el mayor número de anotaciones), las diferentes variedades de piragüismo y remo (en las que los participantes luchan por hacer avanzar sus vehículos por el agua), el voleibol y el voleibol de playa. El número de integrantes es variable de acuerdo con la disciplina. Su diversidad nos demuestra que en todos los espacios y circunstancias existen oportunidades para el trabajo en equipo y la coordinación de habilidades. Un deporte eliminado del programa, el “juego de la soga”, es tal vez la muestra más visible del esfuerzo compartido: dos equipos de ocho personas tiran de una cuerda buscando jalar al equipo opositor hasta una marca central. En él resulta claro que, cuando suman su esfuerzo, ocho personas juntas tienen más fuerza que ocho personas separadas. Más allá de obtener la victoria, los practicantes de los deportes en equipo adquieren sólidos vínculos de compromiso y concordia. Suecia y Noruega: solidaridad con América Latina Suecia y Noruega son dos de las naciones del mundo con una mejor calidad de vida para sus habitantes. Los ciudadanos de esos países podrían limitarse a disfrutar de ese privilegio; sin embargo, han formado grupos para buscar que otras naciones menos favorecidas alcancen el mismo bienestar. En Noruega la Organización Solidaria con América Latina trabaja para difundir información sobre la situación social, política y económica de la región en todo el mundo. Busca impulsar la libertad y el respeto a los derechos humanos, frenar la discriminación, los abusos de la policía y el ejército, procurar un mejor reparto de la riqueza y la creación de sociedades democráticas. Está basada en la solidaridad y se coordina con grupos en las diversas naciones de América que luchan por iguales objetivos. Está conformada por voluntarios. Cada año envía a dos brigadas de diez jóvenes noruegos a alguna nación de América. Reúnen información, conversan con las autoridades y organizaciones y detectar los problemas. Cuando regresan a Noruega presentan un reporte para que la comunidad internacional cobre conciencia. Elaboran libros, organizan conferencias y reuniones e incluso hacen manifestaciones pacíficas, en apoyo a distintas causas. ¡Compártelo! - See more at: http://www.fundaciontelevisa.org/valores/valores/#sthash.DMuYjd6f.dpuf

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