Héroes de Infantería de Marina

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Los héroes españoles de la Infantería de Marina

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Héroes de Infantería de Marina

  1. 1. Ejemplo de la vida de un Infante de Marina en el siglo XVIII TENIENTE DE INFANTERIA DE MARINA DON TOMAS PIO PEREZ DE LOS RIOS. Lo que sigue constituye un breve historial que puede servir de modelo de la dedicación al servicio, de los infantes de marina, en el siglo XVIII. Es la vida de un soldado de mar, héroe nacional por su valor, por su patriotismo, por su arrojo intrépido y por ese amor que siempre demostró a España, dando renombre a la Marina española y ejemplo digno de imitar. Se cree que el teniente Tomás Pío Pérez de los Ríos era natural de Huete (Cuenca) y nacido en 1764. En 1783 sienta plaza en el Cuerpo de IM y, desde su ingreso en la Armada, su nombre figuró entre los más decididos marinos españoles. Pronto embarca, en el navío “Gallardo”, y cumple servicios por mar y por tierra en América; de vuelta a España pide voluntario a Orán, importante plaza estratégica, donde había un importante presidio militar. Destaca su actuación, junto con otros soldados de marina, en la madrugada del 8 al 9 de octubre de 1790, durante el terremoto sufrido por dicha plaza, pues - además de socorrer a las víctimas de la catástrofe y de prestar auxilios de todo orden - consiguió reducir a los presos que aprovechándose de la situación se habían escapado y estaban cometiendo, por toda la ciudad, todo tipo de desmanes hasta el punto que el gobernador de la plaza la consideró perdida para España. Sin embargo un grupo de soldados de Marina, entre ellos Pérez de los Ríos, lograron restablecer el orden y asegurar la plaza para nuestra nación … pero a estos peligros se unen el de los moros que, al amanecer, habían acudido presurosos pensando aprovechar el desorden para asaltar la plaza y, de todo ello, se pudo salir bien merced a las tropas de marina y de la plaza. (Relato oficial, del brigadier conde de Cumbre Hermosa, y Crónica de C. Ximénez de Sandoval. Ambos distinguen la actuación de Pío Pérez de los Ríos). Continúa Pío en Orán y lo encontramos, también, en la defensa sostenida contra las huestes del bey de Mascara, siendo citado como distinguido. Casi diez meses duró esta guerra, que con tenaz porfía sostuvo el bey de Mascara, y el cabo de cañón Pérez de los Ríos, durante este tiempo, no desmintió su historia siendo valiente hasta la temeridad, prudente como el primero y siempre decidido y subordinado. Sus jefes pregonaban sus buenas cualidades, y multitud de veces fue objeto de recomendaciones especiales al Rey... En 1797 embarca, como cabo primero, en el “Santísima Trinidad” (insignia del general don José de Córdoba) tomando parte, junto con sus compañeros Morillo (4) y Martín Alvarez, en la memorable jornada de San Vicente. Pasa más tarde a Puerto Rico y a Trinidad; embarca en el navío”Santísima Trinidad” y toma parte en el combate naval de Trafalgar (1805), en donde lucha con tanta bravura que sufre gravísimas heridas. Pérez de los Ríos mostró su acreditado valor en este combate, en el que perdió dos dedos de la mano derecha, que le llevó una bala de cañón, y sufrió otras graves heridas - cráneo abierto y contusiones en el hombro y las piernas - . Pío fue el último que abandonó el “Santísima Trinidad”, pasando en muy mal estado al “San Francisco de Asís” y
  2. 2. salvándose milagrosamente. Al año siguiente, ya sargento segundo, tomó parte en la defensa de Buenos Aires y en la rendición de la escuadra francesa del almirante Rosily (14/6/1808) siendo herido, en esta acción, al ser el primero en saltar sobre el buque francés “Héroe”. Estuvo en campaña, contra los franceses, en unión de su compañero, ahora general, Morillo (4) quien, aprovechando su ascendiente, presentó a Perez de los Ríos al rey Fernando VII, que le concedió, previo expediente especial (1824), el empleo de sargento 1º graduado de teniente …Se retira, a Badajoz, pasado la edad de sesenta años e inválido. Al poco tiempo se le abren las heridas, que había recibido en Trafalgar, y su razón se perturbó en términos que falleció en el Hospital Militar de la plaza a finales de 1833. Terminaron así los días, en la oscuridad y el abandono, de un héroe cuyo nombre debe y merece ser escrito en letras de molde. . . Era a la sazón capitán general, de aquel distrito militar (Badajoz), el Excmo Sr. Don Pedro Sarsfield que, apenas tuvo noticia del fallecimiento del veterano marino, invitó a todos los jefes y oficiales de la plaza para que unidos a él costeasen el entierro, funeral y sepultura. Todos se apresuraron a satisfacer tan justos deseos. “La caja fue transportada al cementerio por seis sargentos primeros; las cintas las llevaban seis capitanes; presidía el capitán general, y precedían al cadáver 24 cabos primeros con hachones, y una compañía de infantería con bandera y música cerraba la comitiva fúnebre”. Así la guarnición de la plaza le rinde homenaje al infante de marina, ilustre marino, teniente don Tomás Pío Pérez de los Ríos. Q.E.P.D. Su cuerpo fue sepultado en el cementerio del castillo de Badajoz en un nicho propio, cerrado por mármoles negros, sobre los cuales se grabó, en letras doradas, el siguiente epitafio :“R.I.P. Aquí descansan los restos mortales del ilustre marino don Tomás Pío Pérez de los Ríos . Asistió a la defensa de Orán, después del terremoto, a la batalla de Trafalgar, donde sobresalió entre los más valientes, y estuvo en la rendición de la escuadra del almirante Rosily . Dos veces dio la vuelta al mundo, asistió a 33 batallas navales e hizo 29 viajes a América y tres a Oceanía. Q.E.P.D. El Capitán General Gobernador militar, Jefes y Oficiales de esta plaza, le dedican esta memoria. 1834.”[/i]La Real Orden de 4 de Julio de 1892 – Ver página 268 del Boletín Oficial del Cuerpo de Infantería de Marina (2) - dispone :En R.O de esta fecha digo al Capitán general de Cádiz lo siguiente :“[i]Excmo Sr : Deseando S.M. la Reina Regente (q. D. g) dar una prueba de aprecio a la marina y honrar a los individuos de ella que han contribuido a realzar su gloria, derramando su sangre en aras de la patria, en nombre de su augusto hijo el Rey Don Alfonso XIII se ha servido disponer que los restos mortales del finado Teniente de Infantería de Marina, D. Tomás Pío de los Ríos, que denodadamente se batió en la defensa de Orán, batalla naval de Trafalgar y rendición de la escuadra francesa del General Rosely, y que hoy yacen en Badajoz, sean trasladados al Panteón de Marinos Ilustres de la población de San Carlos, lamentando que el estado de penuria del Tesoro impida dedicar a esto cantidad alguna, debiendo sufragar los gastos que se originen la familia del interesado que solicita la traslación “.
  3. 3. Lo que de igual Real orden traslado a V. para su conocimiento y satisfacción. Dios guarde a V. muchos años. Madrid 4 de Julio de 1892. José M. de Beranger. A D. Nicolás Díaz y Pérez de los Ríos. Su familia - don Nicolás Díaz y Pérez de los Ríos era nieto de Tomás Pío y a sus laudables esfuerzos se debió la publicación de la Real Orden, anteriormente mencionada, que le fue comunicada por el Ministro de Marina - no pudo dar cumplimiento a dicha Real Orden por falta de recursos. Sus restos mortales continuaron , pues, en Badajoz. (3) Referencias: (1).- Historia de la Infantería de Marina. José Enrique Rivas Fabal. Editorial Naval. Madrid. 1967. (2).- Boletín Oficial del Cuerpo de IM. Imprenta de IM. Año 1892. Madrid.( Páginas : 268,269, 294 y 284 a 293, ambas inclusive). (3).- Revista General de Marina. Octubre 1890. (páginas 535 a 558). Artículo:” D. Tomás Pío Pérez de los Ríos (Historia de un héroe anónimo)”. Autor: Señor don Nicolás Díaz y Pérez. (4).- La vida del infante de marina Morillo es tan curiosa que habrá que relatar un día. Soldado Antonio de Soto. El día 26 de Marzo de 1793 ingresaba en el Cuerpo de Infanterina de Marina, el Soldado Voluntario Antonio de Soto. Causó alta en la sexta compañía del 11º Batallón. Pronto empieza a destacar por su entusiasmo por la carrera de las armas. En campaña terrestre asiste, ente otras acciones, a las de Bañuls y al sitio de Rosas.En campaña marítima estuvo embarcado en la fragata Mercedes, asistiendo al combate naval de San Vicente y en diferentes acciones de las lanchas cañoneras y demás fuerzas sutiles de Cádiz contra loa ataques enemigos. Embarca después en la fragata Matilde, en la que continúa prestando señalados servicios. Después de cinco años y cuatro meses de actividad constante, y como consecuencia de una ligera enfermedad, un reconocimiento médico descubre su verdadero sexo: era mujer y se llamaba Ana María Antonia, hija de Tomás y Gertrudis de Alfama, natural de la villa de Aguilar, obispado de Córdoba y tenía 16 años al sentar plaza. Dada cuenta de la anormalidad, dispuso el almirante Mazarredo su desembarco en 7 de julio, obteniendo su licencia absoluta el día 1 de agosto, siendo "recobrada por sus atibulados padres" que, ignorantes de todo, seguían buscándola.
  4. 4. En atención a su acrisolada conducta y singulares costumbres, y a sus apreciables servicios, S. M. firma una orden por la que se le concede la pensión de dos reales de vellón diarios; nuevamente, considerando su caso, el Rey le concedeel grado y sueldo de sargento primero y el derecho a ostentar, sobre sus prendas femeninas, el distintivo y colores de su empleo; la graduada de sargento primero Ana Maria de Soto reitera (1813) petición hecha años atrás (1809)relativa a no abonársele desde 1808, los "goces de sargento" que tiene concedidos . Se le retira por Hacienda (noviembre 1819) un "estanco de tabacos ", que administra en Montilla, por no poder disfrutar de dos sueldos del Estado. Refª:Historia de la Infantería de Marina española. Editorial Naval .Rivas Fabal. Capitán de Infantería de marina Manuel Puyou Dávila (1) El 1 de abril del año 1885 - el B.O. del Cuerpo, publicaba la siguiente Real Orden: “Considerando que los hechos de armas realizados por el Coronel del Ejército (2), Capitán de Infantería de Marina, D. Manuel Puyou Dávila, en sus acciones contra los insurrectos de la Isla de Cuba, exceden en mucho a las acciones distinguidas que menciona la Real y Militar Orden de San Fernando, S. M. el Rey, al considerarlas con e calificativo de heroicas, ha tenido a bien concederle la Cruz de 2ª Clase de dicha Orden, con la pensión vitalicia de dos mil pesetas anuales, transferibles a la familia del agraciado.” Uno de los episodios más brillantes de los batallones expedicionarios en Cuba es el del “Alto de la Doncella” (Vega Grande, Guantánamo) y el héroe de esta gloriosa jornada es el capitán del Cuerpo, teniente coronel honorario del Ejército (2), don Manuel Puyou Dávila. El jefe de la segunda media brigada de Guantánamo, el 28 de marzo de 1880, ordena que salga una fuerza, para hostigar una partida enemiga que se había avistado. El capitán Puyou Dávila va al frente de una columna compuesta por cinco oficiales y 162 hombres. El día 29 descubre la partida enemiga, en una altura casi inaccesible, y con gran decisión la ataca. Herido de gravedad y con 38 bajas decide retirarse al amparo de la oscuridad. Al amanecer del día siguiente recibe un fuerte ataque enemigo en un punto llamado “Alto de la Doncella”. El enemigo es tres veces superior en número. Poyou es herido, de nuevo, gravemente. Resiste el ataque todo el día 30 y la mañana del 31 y ante la imposibilidad de
  5. 5. vencer se retira. Puede Puyou dar aviso, de su situación al mando, mediante un enlace que se presentó voluntario y logra pasar a través del fuego y líneas enemigas. El mismo día Puyou a pesar de sus gravísimas heridas - y rechazando las peticiones de capitulación - dirige la defensa manteniendo, en todo momento con su ejemplo, la moral de su fuerza, que contiene a un enemigo muy superior en número y retiene un punto crítico para las operaciones. Recibe como recompensas, además del grado de coronel del ejército (2), la Cruz Laureada de San Fernando que es regalada por sus compañeros junto con una espada de honor. Referencias: (1).- En la historia de la Infantería de Marina aparece con el nombre de Juan Puyou Dávila, pero tanto en Efemérides (2), como en la obra “Crónica de las promociones del Cuerpo de Infantería de Marina 1537 – 1990" aparece con el de Manuel Puyou Dávila. (2).-La Infantería de Marina durante la Restauración. 1875-1893. María del Carmen Cózar. Universidad de Cádiz 1993. (Páginas 39/40) : “ El Decreto-Ley de 31 de Agosto de 1869 establecía – para la IM – los ascensos por antigüedad absoluta con dos excepciones: el de Brigadier a Mariscal de Campo… y el de jefes y oficiales por méritos de guerra. Sin embargo no parece que este precepto tuviese aplicación real… pues en contra de lo prevenido para la IM, se le aplicó lo establecido para los Cuerpos Facultativos del Ejército, donde estaban vedados los ascensos por méritos de guerra, aunque no en los Generales de Infantería y Caballería… cuando un oficial perteneciente a aquellos se hacía acreedor a esta recompensa (ascenso por méritos de guerra), se le concedía el grado o empleo superior en el Ejército, pero no en el Cuerpo al que pertenecía, pudiendo, en su caso, elegir entre desempeñar destino en el citado Cuerpo, con el empleo hasta entonces ostentado, o hacerlo en Infantería o Caballería con el Empleo superior concedido”. (2).- Efemérides del Cuerpo de Infantería de Marina. D. José González Barba. (3).- Historia de la Infantería de Marina española. Rivas Fabal. GENERAL PABLO MORILLO. La vida de este infante de marina tiene un cierto paralelismo con la del sargento de Infantería de marina D. José Enrique Varela Iglesias que, ingresó en el ejército de tierra y por sus méritos, fue recompensado con dos Laureadas, fue capitán general y Ministro del Ejército (1). La analogía consiste en que ambos, después de ser infantes de marina, sirvieron en el ejército de tierra, donde pudieron desarrollar todas sus aptitudes y demostrar su extraordinaria valía que les fue reconocida y recompensada. Debo decir, antes de seguir adelante, que trataré de resumir esta página, aunque tengo la convicción de que el infante de marina Morillo es merecedor de cuantas se le quieran dedicar. Pablo Morillo nació en Fuentesecas (Zamora) el 5 de Mayo de 1778 – aunque algunos de sus biógrafos aseguran que era gallego -.Pertenecía a una familia muy humilde y cuando niño fue pastor. El 15/3/1791, a los 13 años, sienta plaza como soldado de infantería de marina en Toro, donde a la sazón había una comisión para el reclutamiento de personal para el Cuerpo. A poco de ingresar embarca y asiste al combate de Tolón, contra los republicanos franceses. Posteriormente embarca en el navío “San Isidro” y participa en el combate naval del cabo de San Vicente - junto con su compañero Martín Alvarez - donde fue hecho prisionero. Libertado
  6. 6. embarca nuevamente y, aun como soldado, toma parte en el combate naval de Trafalgar en el que sufre, como su compañero Pérez de los Ríos, varias heridas.( P. delos Ríos apareció, en este mismo Tema, el 25/3/07) En el Cuerpo de Infantería de Marina, donde Morillo destacó en todo momento, sirvió con los grados de soldado, cabo y sargento. Participa en muchas campañas, distinguiéndose especialmente en el combate de Tolón y, más aun, en los del Cabo de San Vicente y Trafalgar en los que, además de recibir varias heridas, salvó con peligro de su vida una bandera que había caído al mar. Pronto por sus méritos asciende a cabo y sargento de Infantería de Marina y toma parte muy activa en la guerra de la Independencia y en la rendición de la escuadra de Rosily (1808), acreditando en todo momento sus excepcionales dotes militares. El batallón, en el que servía Morillo, formó parte del ejército de Castaños en la Guerra de la Independencia contra los franceses, y en la que las unidades de Infantería de Marina se empeñaron tan valerosamente. El sargento Morillo fue ascendido por su brillante conducta - en la batalla de Bailén y en el mismo campo de batalla - a alférez de Infantería de marina y pasa, entonces, a formar parte del ejército de tierra. Tenía 30 años (1808) y no era más que teniente, aunque antes de cumplir los 40 había de alcanzar los más elevados grados de la milicia. En la guerra contra el francés tuvo primero el mando de una guerrilla, en la provincia de Murcia, después pasó a Galicia y tales proezas llevó a cabo, que en 1809 se le dio el empleo efectivo de coronel – por sus méritos en la defensa de Vigo y Puente de Sampayo - de modo que en un año obtuvo 4 ascensos. En 1811 era ya general y, sirviendo a las ordenes del general Castaños, recibió el mando de un ejército y la misión de ocupar Valencia de Alcántara, que llevó a cabo con tanta audacia como rapidez. El 28 de Octubre del mismo año contribuyó eficazmente a la brillante victoria de Arroyo de los Molinos, en la que los franceses fueron perseguidos por Morillo hasta el puerto de las Quebradas. En 1812 derrotó a fuerzas invasoras en varios puntos de La Mancha y, ese mismo año, ascendió a general de división. En Mayo de 1813 se incorporó al ejército anglo-hispano de Wellington y, el mismo mes, infligió una sangrienta derrota a los franceses a orillas del Tormes. Finalizada la batalla de Vitoria era teniente general y uno de los caudillos más reputados de nuestro ejército. Terminó brillantemente la campaña, con el ejército de lord Wellington en el que fue uno de sus mejores generales. El rey - conociendo sus méritos personales y su tino y acierto para la dirección de las tropas - le dio el mando de un ejército por consejo del general Castaños. La expedición fue dirigida a
  7. 7. combatir a los rebeldes de América en el Virreinato de Nueva Granada, donde se le conoce como “el Pacificador”. En 1815 embarcó para nuestros antiguos dominios, donde llevó a cabo una campaña heroica y brillantísima, bien que manchada por algunos actos de crueldad (3) (4). Es curioso que en esta campaña, y entre las fuerzas que mandaba, se incluían unidades de Marina. Con diversas alternativas se sostuvo en América hasta que se firmó la tregua de Trujillo (26 Noviembre de 1820). Fue admirable, como dice un escritor francés: >>> “...la habilidad con que supo mantenerse durante cinco años en el corazón de un país enemigo, a la cabeza de un pequeño número de hombres, separado de España por vastos mares y recibiendo muy escasos socorros”. Al regresar a España (1820) , se le conceden los títulos de Conde de Cartagena y marqués de la Puerta. Pero no terminan ahí sus hechos. Al iniciarse en España el movimiento constitucional abrazó primero la causa absolutista – y fue designado gobernador militar de Madrid - y después la causa constitucional - y nombrado capitán general de Madrid -. El 4 de Febrero de 1822 salvó de una muerte cierta al conde de Toreno y a Martínez de la Rosa – ambos fueron jefes de Gobierno (2) – que al salir del Congreso fueron acometidos por un grupo de exaltados, que se retiró por la actitud firme y decidida de Morillo. Cuando se produjo la llamada “expedición de los 100.000 hijos de San Luis”(1823) – con el Gobierno establecido en Cádiz – Morillo se hallaba en Lugo y fue puesto al frente del 4º cuerpo de ejército. El general Morillo protestó de la destitución del rey, se negó a reconocer el Gobierno nombrado por las Cortes y organizó una Junta gubernativa en Galicia. A mediados de 1823 reconoció el Gobierno absolutista de Madrid, pero a causa de su conducta equívoca, no logró inspirar confianza a nadie. Al regresar Fernando VII se vio obligado, por sus inclinaciones liberales, a emigrar a Francia, volviendo a España en 1832 para encargarse de la Capitanía General de Galicia. Al iniciarse la guerra carlista mandó un ejército contra los partidarios de don Carlos y poco después se trasladó a las aguas de Bareges donde falleció - el 27 de julio de 1837 - a los 59 años y después de 46 de interrumpidos y brillantes servicios (17 como infante de marina y 19 en el ejército como oficial superior y general). Y esta es la vida de un bravo infante de marina – similar en sacrificio a la de la mayoría, de nuestros antepasados de la época, aunque no con tanta notoriedad - que llegó desde soldado a capitán general. Fue Morillo soldado de marina en Tolón, en San Vicente y en Trafalgar; alférez en Bailén, coronel en Sampayo y general en Venezuela. >>> ”El teniente general don Pablo Morillo, marqués de la Puerta y conde de Cartagena, uno de los militares más conspícuos de la primera mitad del siglo XIX, conquistador de Cartagena de Indias y vencedor de Simón Bolívar, en Puente y en Cachiri, y su perseguidor constante hasta la tregua de Trujillo de 26 de noviembre de 1820; liberal, exiliado y posteriormente capitán general de Galicia en 1832, se había iniciado en la carrera de las armas alistándose, con
  8. 8. solo trece años, en una bandera de recluta de los Batallones de Marina, asistiendo como soldado primero, y como cabo y sargento después, al sitio de Tolón de 1793, a la campaña de Cataluña en los dos años siguientes, al combate del cabo de San Vicente de 1797 y a la batalla de Trafalgar de 1805 donde resultó herido. En Bailén (1808), donde la tropa de Marina destacó luciendo por primera vez banderas bicolores, había merecido ascender a oficial por méritos de guerra” (5). Notas y Referencias: (1).- Boletín de la EAIM. Junio 02. Articulo del comandante de la Guardia Civil Núñez Calvo. (2).- El conde de Toreno fue el que trajo a España un contingente de la legión extranjera francesa. (Página 178) (3). (3).- “La herencia de un Imperio roto. Fernando Olivié. Veintiuno colección Fundación “Cánovas del Castillo”. Madrid. 1999. “ Al volver al trono Fernando VII, una expedición de 10.000 hombres al mando del general Morillo (la primera y única fuerza militar importante que se envió a América) reconquistó Nueva Granada” (página 86). “ En vez de enviar a América a diplomáticos y hombres de estado – que tampoco había muchos - Fernando VII y su gobierno enviaron a Morillo con 10.000 soldados, pero hasta la misma elección fue un error. Distinguido en la Guerra de la Independencia, en la que fue uno de los mejores generales de Wellington, Morillo era un ordenancista. En Venezuela, donde desembarcó primero y donde existían las circunstancias que le autorizaban a ser duro, no lo fue. En Colombia, donde no había motivos para extremar la dureza…… la extremó”. (página 92). (4).- Dejó varios escritos algunos, como los siguientes, parece que están dirigidos a justificar algunas críticas recibidas: (a) ”Manifiesto que hace a la nación española el teniente general don Pablo Morillo, conde de Cartagena, marqués de la Puerta y general en jefe del ejército expedicionario de Costa Firme, con motivo de las calumnias e imputaciones atroces y falsas publicaciones contra su persona el 21 y 28 del mes de Abril último en la “Gaceta de la Isla de León”, bajo nombre de Enrique Samoyar (Caracas s.f. Y Madrid 1821); (b) Contestación del teniente general don Pablo Morillo al dictamen que sobre su conducta militar en los primeros días de Julio ha presentado a las actuales Cortes extraordinarias la mayoría de la comisión de medidas (Madrid 1823) y (c) Memorias relativas a los principales acontecimientos de las campañas de América (Paris 1826). (5).- La infantería de Marina Española. Historia y Fuentes. EN BAZAN. Hugo O’Donnell y Duque de Estrada. (1999)ercero;3 al Cuarto; 40 al quinto y 26 al Sexto. Lo que totalizaban 220 bajas. 1-Granadero de Infantería de Marina : MARTIN ALVAREZ Martín Alvarez nace en 1766 (2) en Montemolín (Badajoz). El 26 de abril de 1792 sienta plaza de voluntario de Infantería de Marina – en la 3ª compañía del noveno batallón del 1ª regimiento - . El 16 de septiembre de 1792 ya está embarcado en el navío “Gallardo”- Pablo Morillo estaba embarcado en este mismo buque - y después sucesivamente en los navíos : “San Carlos”, “Santa Ana”, “Principe de Asturias” y “San Nicolás de Bari”. En este buque – y en la batalla de San Vicente - fue protagonista de una bella página de heroísmo y entró en la inmortalidad. La batalla de Cabo de San Vicente, el 14 de febrero de 1797, fue una derrota española, sin embargo la bravura con que actuaron, las dotaciones y las guarniciones de los buques, fueron reconocidos por todos. Solo la derrota explica como los hechos heroicos del granadero de marina Martín Alvarez Galán no saltasen a la luz, hasta mucho después de ocurridos, a pesar
  9. 9. de que en 1798 se le recompensase con el empleo de cabo primero y pensión vitalicia de cuatro escudos al mes. Los hechos se conocieron con motivo de declaraciones de mandos del navío “San Nicolás”, en la causa seguida contra ellos con motivo del abordaje y apresamiento del buque por el inglés “Captain” - en el que arbolaba su insignia el comodoro Nelson - El granadero Martín Alvarez, en el combate naval de San Vicente, se encuentra en su puesto de combate en la toldilla disparando contra el navío inglés “Captain”, y al mismo tiempo estaba de guardia de escolta de la bandera. Después de un duelo artillero impresionante fueron abordados por el inglés, Martín toma su sable y arremete contra el oficial - que venía en vanguardia de sus hombres con ánimo de arriar y apoderarse de la bandera - y que resultó ser el sargento mayor Guillermo Morris. Cargó Martín contra él con tal furia que, después de atravesarlo de parte a parte, queda su sable tan clavado en el mamparo que no puede desprenderlo. Se le echa el enemigo encima y, herido de un balazo en la cabeza, salta al alcázar, en donde ve a su comandante tendido en cubierta, malherido y, al acercársele para socorrerle, le dice ."granadero, di a tus compañeros que ninguno se rinda, sino después de muerto”. Todavía le quedan bríos a Martín Alvarez para seguir luchando al lado de su comandante muerto y, al fin, desangrado cae exánime. Solo entonces, y cuando no queda un solo defensor, puede el inglés arriar la bandera del “Nicolás de Bari”. Capturado y conducido a Lagos, fue posteriormente puesto en libertad. (2) Más tarde embarca en el navío “Concepción”, de la escuadra de Mazarredo, que se dirige a Brest, en cuyo hospital falleció de resultas de una desgraciada caída sufrida estando de guardia. El general e historiador Bermúdez de Castro escribió un artículo – publicado el el periódico “Ahora” el día 14 de julio de 1936 – en el que relata una visita a Gibraltar, donde en un fuerte vio un cañón antiguo con esta inscripción :"14 de febrero de 1797 – San Vicente – Ship “Captain” – Ship “San Nicolás” – Martín Alvarez”. Interesado el general, por esta inscripción, los ingleses consultaron sus archivos y, el general, recibe esta contestación: “ Al arriar los ingleses la bandera del “San Nicolás”, encuentran a Martín de centinela junto a la bandera; después de ensartar al oficial como una mariposa con un alfiler, sin poder desprender el sable del mamparo en el que estaba clavado, coge su fusil a modo de maza, tumbó a los que le rodeaban, hizo huir al resto, a los que persigue a mazazos, sube al alcázar y, ya acribillado de heridas sucumbe cumpliendo la consigna: Nadie osa arriar la bandera hasta que el granadero expira” . “Ponen los ingleses una bala a los pies de cada muerto y los arrojan al agua, y al llegar a Martín Alvarez recibe los honores de ser envuelto en la bandera que tan briosamente había defendido; forma la tripulación inglesa y da en su honor tres hurras”.
  10. 10. En el momento de su gesta nada se publicó, pero la comisión presidida en 1848 por el mayor general de la Armada don Francisco de Hoyos, muy impresionado por los hechos, propuso que , como premio y estímulo de las clases de tropa y marinería, a partir de entonces “ haya perpetuamente en la Armada un buque del porte de diez cañones abajo, que lleve el nombre del heroico granadero"; lo que se acordó por R.O. de 12 de diciembre de 1848, confirmada por otras posteriores. Fue a la fragata “Dolorcitas” la primera que llevó el nombre del granadero. Alfonso XII, por Real Orden de 4/7/1848, para dar al Cuerpo de Infantería de Marina una prueba ostensible del aprecio en que tiene sus servicios decretaba que el nombre de Martín Alvarez “deberá también figurar constantemente como presente a la cabeza de las nóminas de la 1ª compañía del 7º batallón del 1º regimiento, y que al pasarse ésta sea pronunciado por el coronel del mismo, para que sirva de noble estímulo en el Cuerpo, que debe honrarse con la memoria del héroe soldado, que legando un recuerdo imperecedero, supo ennoblecerlo con su bizarría y abnegación ...”. Montemolín – su lugar de nacimiento – le rindió homenaje en 1938, al que asistió una compañía de San Fernando con banda de música, cornetas y tambores para dar solemnidad a la inauguración de un monumento y un paseo con el nombre de nuestro héroe. Una LST del Grupo Anfibio se denominó “Martín Alvarez” y, en la actualidad, es la Sección de Infantería de Marina del portaaviones “Principe de Asturias” la que tiene el honor y el privilegio de llevar nombre tan glorioso. Referencias : 1.- Historia de la Infantería de Marina española. Rivas Fabal. 2.- Martín Alvarez (Novela histórica). José de Arnao y Bernal. Biblioteca de Camarote de la RGM.(Relata la vida de Martín Alvarez de forma novelada . En el capítulo XII hace una exposición del combate, aclarando que cuanto allí se dice es histórico y tomado de las noticias originales debidas al brigadier de la Armada don Francisco de Paula Pavía). 3.-Historia de la Infantería de Marina española. Hugo O’Donnell y Duque de Estrada. ENB. 2-El granadero Martín Álvarez. El 14 de febrero de 1797, una escuadra española mandada por un cobarde incompetente, el almirante Córdoba, fue derrotada por otra inglesa cerca del cabo San Vicente. A los ingleses los mandaba el almirante Jervis, que tenía menos barcos pero tripulaciones mejor adiestradas y con más ganas de pelea. Además, la escuadra española estaba mal dispuesta, mientras que los británicos conservaban la línea. De manera que nos dieron las suyas y las del pulpo. Sólo siete navíos españoles entraron en combate, y perdimos cuatro. Dos de ellos, el San José y el San Nicolás, tomados al abordaje por el Captain, con el comodoro Nelson dirigiendo el ataque. El
  11. 11. resto de barcos españoles se dio a la fuga sin socorrer a los compañeros apresados; y si no perdimos también al Santísima Trinidad, que con Córdoba a bordo arrió bandera, fue porque el brigadier Cayetano Valdés, un duro e inteligente marino que ocho años más tarde se batiría con mucha decencia en Trafalgar, fue al rescate con su navío Pelayo, y dijo al Trinidad que o izaba la bandera de nuevo y seguía combatiendo, o lo cañoneaba. Cayetano Valdés no fue el único español decente ese día. Y como no son precisamente los ingleses quienes mejor hablan en sus memorias de los sucios spaniards –que pasan las batallas tocando la guitarra y oliendo a ajo–, tiene aún más valor que los datos que siguen provengan de la relación de un marino llamado sir John Butler. Durante el abordaje británico del San Nicolás, el comandante don Tomás Geraldino sitúa en la toldilla, donde ondea la bandera, a un infante de marina con orden de que nadie la arríe y rinda el navío. La misión ha recaído sobre un granadero extremeño de 31 años que se llama Martín Álvarez Galán. Y a esas alturas del combate, con el navío inundado de ingleses, el comandante muerto y los oficiales rindiéndose, el granadero sigue en su puesto, sable en mano, defendiendo las drizas de la enseña porque nadie le ha dicho que se quite de ahí. Así que cuando el trozo de abordaje inglés llega a la toldilla, y el sargento mayor de marines William Morris pretende arriar la bandera, Martín Álvarez, que anda flojo de idiomas para explicarse hablando –ni siquiera sabe leer ni escribir–, le pega un sablazo al tal Morris que lo clava en un mamparo, con tal fuerza que no logra liberar el sable; así que agarra un fusil como maza, mata a golpes a un segundo oficial inglés y deja heridos a otros dos rubios antes de que lo frían a tiros. Y es ahí donde el comodoro Nelson, que ha presenciado la escena –siempre odió a los franceses, pero respetó a los españoles cuando eran caballerosos o valientes–, se porta como un hidalgo: cuando están recogiendo a los muertos para arrojarlos al mar con una bala de cañón como lastre, ordena que a Martín Álvarez lo envuelvan en la bandera que con tanto valor defendió. Y surge la sorpresa: el granadero no está muerto, sino malherido. Y lo evacuan a un hospital portugués, donde salva la vida. Martín Álvarez volvió al mar y murió cuatro años después, tras un accidente que degeneró en tuberculosis. Se ahorró, quizás, repetir su hazaña en Trafalgar. Pero tuvo la satisfacción de ser ascendido a cabo y premiado con una pensión vitalicia de cuatro escudos mensuales. Lo que nunca supo es que, por decreto real, siempre habría un buque en la Armada española que llevaría su nombre, ni que en Gibraltar quedaría un cañón con la placa: «Hurra por el Captain, hurra por el San Nicolás, hurra por Martín Álvarez». Tampoco supo que en el Museo Naval de Londres se conservaría hasta hoy, con veneración y respeto, el sable con el que, bajo la bandera del navío vencido pero no rendido, un humilde infante de marina español clavó en un mamparo al sargento mayor William Morris. El infante de marina Martín Álvarez me parece interesante decir que hace algunos años el granadero figuraba en primer lugar en el listado de la 1ª compañía del primer batallón de desembarco del TEAR.
  12. 12. "...Cuenta el General Bermúdez de Castro en su publicación de “Combate naval del Cabo de San Vicente y el granadero Martín Álvarez” que encontrándose en Gibraltar a donde había ido con motivo de la Exposición de la Marina del año 1885, vio entre los cañones tomados por los ingleses en Aboukir, Trafalgar y San Vicente, uno que era una verdadera joya, de bronce, con un precioso cascabel con dos delfines en sus asas y esculpido el escudo de España con el “Carolus III”. Un oficial inglés que le acompañaba le dijo: “Del San Nicolás, en la batalla del Cabo de San Vicente”. Vio asimismo una plancha de hierro donde figuraba escrito un texto en Inglés que traducido por el oficial al Castellano decía: “14 de febrero de 1797.-Batalla Naval del Cabo de San Vicente. ¡Hip Capitán! ¡Hip San Nicolás! ¡Hip Martín Álvarez!". El General Bermúdez de Castro añade que en su ignorancia creyó que Martín Álvarez sería algún español que se había distinguido como capitán al servicio de Inglaterra. Ante la expresión dubitativa del general Bermúdez de Castro, entonces con el grado de Teniente de Marina, el oficial que le acompañaba, prometió mandarle una crónica de la batalla con quién tenía relación aquel cañón. El oficial se llamaba Sir John Butler. La crónica del oficial inglés relataba la batalla, y al llegar a la parte que nos interesa decía: • “../..Pero en el barco español “San Nicolás de Bari” queda algo por conquistar. Sobre la toldilla arbola la bandera española que flota al viento cual si todavía el barco no se hubiese rendido. Un oficial inglés que lo observa va a ella para arriar la bandera. Antes de llegar un soldado español, de centinela en aquel lugar, sin apartarse de su puesto, le da el alto, el oficial no le hace caso y se acerca, el sable del centinela lo atraviesa con tal fuerza que lo queda clavado en la madera de un mamparo. Un nuevo oficial y soldados se acercan y el centinela no logrando desasir su sable de donde se hallaba pinchado, coge el fusil a modo de maza y con él da muerte a otro oficial y hiere a dos soldados. Da después un salto desde la toldilla para caer sobre el alcázar de popa donde lo acribillan a tiros los ingleses. Nelson que ha presenciado la escena se aproxima al cadáver silencioso. Urge desembarazar los barcos de muertos y ruina y se comienza a dar sepultura a los muertos. Todos tienen el mismo trato. Una bala atada a los pies. Un responso del capellán y por una tabla deslizanse hundiéndose en el mar. Al llegar al turno al centinela español, Nelson ordena que se le envuelva en la bandera que había defendido con tanto ardor".A Nelson se debe que el nombre de este granadero Martín Álvarez no quedase en el anonimato y figure en la casamata, que se encuentra en Gibraltar, un cañón de su barco. Los ingleses comprueban que el centinela Martín Álvarez no estaba muerto, sino mal herido. Lo curan, lo llevan a Lagos y le dan pasaporte para volver a España, aunque desde otras fuentes se indica que escapó de dicho internamiento. Desde Lagos viajó a Montemolín , luego a Sevilla y posteriormente a Cádiz para testificar en la causa instruida para la averiguación de la conducta del comandante y los oficiales del “San Nicolás de Bari” lo mismo que de los demás buques en el desastre del Cabo de San Vicente. Su Majestad el Rey confió el papel de Fiscal de
  13. 13. la causa al Mayor General de la Armada D. Manuel Núñez Gaona. En el interrogatorio de Martín Álvarez se dijo lo siguiente: El General Núñez: - ¿Se encontraba en el navío “San Nicolás de Bari” con ocasión de rendirse este barco a los ingleses?-. Martín: - Yo no he estado nunca en el “San Nicolás de Bari” en ocasión de rendirse a los ingleses. El Fiscal: - ¿No te encontrabas en el “San Nicolás de Bari” el 14 de febrero?-. Martín:-Sí señor¬-. El Fiscal: ¬-¿Y no fuiste después a poder de los ingleses?-. Martín:- Si señor-. El Fiscal: - Entonces, ¿por qué niegas haber estado en el “San Nicolás de Bari” con ocasión de rendirse a los ingleses?. Martín :- Porque el “San Nicolás de Bari” no se rindió, sino que fue abordado y tomado a sangre y fuego-. El Fiscal: - ¿Y a qué llamáis entonces rendirse?-. Martín: - Yo creo, que no habiendo ningún español cuando se arrió su bandera, mal pudieron haber capitulado. El Fiscal: -¿Pues donde estaba la tripulación?-. Martín: - Toda se hallaba muerta o malherida-. Tras la investigación sumaria que se instruyó por el combate el Fiscal se expresa así: • "No puedo pasar en silencio la gallardía del granadero de Marina Martín Álvarez, perteneciente a la tercera compañía del noveno batallón, pues hallándose en la toldilla del navío San Nicolás cuando fue abordado, atravesó con tal ímpetu al primer Oficial inglés que entró por aquel sitio que al salirle la punta del sable por la espalda la clavó tan fuertemente contra el mamparo de un camarote, que no pudiendo librarla con prontitud, y por desasir su sable, que no quería abandonar, dio tiempo a que cayera sobre el el grueso de enemigos con espada en mano y a que lo hirieran en la cabeza, en cuya situación se arrojó al alcazar librándose, con un veloz salto, de sus perseguidores". Por los méritos recogidos en la batalla, se le quiso como premio ascender a cabo, impidiéndolo su analfabetismo, aprendió a leer y escribir en pocos meses y fue nombrado cabo el 17 de febrero de 1798 y en agosto de ese mismo año cabo primero, al poco embarca en el navío "Purísima Concepción" de 112 cañones de la escuadra de Mazarredo y parte hacia Brest (Francia), al unirse en Cádiz con la escuadra española y la francesa de Bruix. El 12 de noviembre llegó una urca destinada a la correspondencia, y una de las cartas era un escrito
  14. 14. oficial que se refería a Martín, entonces se izó una bandera encarnada como señal infalible de algo extraordinario, e inmediatamente fue comunicada la orden para que toda la guarnición y tripulación del navío formase sobre cubierta, se adelantó el comandante del "Concepción" y mandó salir de la formación al Cabo Primero de granaderos Martín Álvarez, se leyó un Decreto Real por el cual se le concedía cuatro escudos mensuales como pensión vitalicia. Martín ostentó en el brazo izquierdo el escudo de premio que llevaban los individuos de la clase de tropa por acciones distinguidas de guerra. • "El Rey nuestro señor, ha visto con satisfacción el denodado arrojo y valentía con que se portó a bordo del navío San Nicolás de Bari, el granadero de la 3ª Compañía del 9º Batallón de Marina Martín Álvarez, cuando el 14 de febrero de 1797 fue dicho buque abordado por tres navíos ingleses; pues habiendo Álvarez impedido por algún tiempo la entrada a un trozo de abordaje, supo también defender la bandera que el Brigadier D. Tomás Geraldino le había confiado antes de su muerte, y con su valor hizo de modo que aquella se mantuviese arbolada aun después de todo el grueso de los enemigos tenían coronado su navío. Teniendo también S.M. en consideración de la honrada conducta que en el servicio observa Martín, se ha servido concederle 4 escudos mensuales por vía de pensión vitalicia, en premio de su bizarro comportamiento; y es su real voluntad que se les haga saber esta benébola y soberana disposición, al frente de toda la tripulación y guarnición del navío donde se halle embarcado". Estando la escuadra del General Mazarredo en Brest (Francia) en cumplimiento de los planes de Napoleón, una mañana en que Martín Álvarez estaba de guardia en el navío “Concepción”, sufrió una accidental caída, dándose un fuerte golpe en el pecho por lo que hubieron de desembarcarlo e ingresarlo en el Hospital de Brest, donde falleció el 23 de febrero de 1801. Como recuerdo a este héroe, la Armada, en una Real Orden de 12 de diciembre de 1848, dispuso que permanentemente un buque llevase el nombre de este glorioso marino. En 1936 se inauguró un paseo en Montemolín, su pueblo natal, con una estatua del heroico marino a cuyo acto asistieron el Gobernador Civil, el Obispo de la Diócesis, el Almirante Bastarreche y una compañía de Guardias Marinas de San Fernando, con banda, que desfiló por la población. Notas: 1.- El artículo de "Todo a babor" incluye referencias en los que está basado. 2.-Real Orden de 12 de diciembre de 1848. Resolviendo que haya perpetuamente en la Armada un buque que se denomine “Martín Álvarez”. • Excmo. Sr.la Reina Nuestra Señora, de conformidad con el parecer emitido por V.E en su comunicación 1354 de fecha 5 del corriente mes, referente a la propuesta del Mayor General, se ha dignado resolver que en lo sucesivo haya perpetuamente en la Armada un buque del
  15. 15. porte de 10 cañones para abajo que se denomine Martín Álvarez, para constante memoria del granadero de Marina del mismo nombre perteneciente a la 3ª Compañía del 9º Batallón... • Quiere al mimo tiempo S.M. que esta soberana resolución se lea al frente de banderas a los batallones de Marina, como premio debido al mérito que contrajo aquel valiente soldado cuya memoria debe ser eterna en los anales del Cuerpo al que perteneció. • De Real Orden le digo a V.E. a los fines consiguientes y en contestación. • Dios Guarde a V.E. muchos años. • Madrid 12 de Diciembre de 1848. El Marqués de Molins. 3.-Buques de la Armada española que han llevado el nombre de "Martín Álvarez". • La goleta “Dolorcitas”, de 7 cañones, fue llamada “Martín Álvarez” (1849-1850), naufragó en la costa de Burdeos (Francia). • Falucho Guardacostas de 1ª clase “Martín Álvarez”. • Cañonero de hélice de 207 toneladas “Martín Álvarez”. (1871-1876). Construido en La Habana. Disponía de un cañón y máquina de 30 CVn. Utilizado por el Servicio en Cuba. Pereció en el Río Canto. • Cañonero de hélice de 173 toneladas “Martín Álvarez”. (1878-1882). Prestó servicio en Filipinas. • Buque de desembarco (L-12) “Martín Álvarez”. (1971-1995). Construido en los Astilleros de Cristy Corporation de EE.UU. El 15 de junio de 1954 con el nombre de “Wexford Contry” (LST- 1168). Fue entregado a la Armada Española por los Estados Unidos, el 29 de Octubre de 1971 en la base naval de San Diego (California) INSPECTOR GENERAL DEL CUERPO DE INFANTERÍA DE MARINA MARISCAL DE CAMPO DON JOAQUÍN MARIA ALBACETE Y FUSTER. Don Joaquín M. Albacete y Fuster ingresó en el Cuerpo de Infantería de Marina en el año 1852 - formando parte de la promoción 22 – y fue Comandante General del Cuerpo, para emplear la denominación actual, desde 1899 hasta 1905. Aunque desde el principio de su carrera militar destacó por su estricta dedicación al servicio y su extraordinaria capacidad de liderazgo y sacrificio – como iba a demostrar años más tarde – su reputación está cimentada, fundamentalmente, en la acción de San Pedro Abanto. Y es que la actuación del 2º batallón, del 1er regimiento de Infantería de Marina, a las ordenes de su teniente coronel don Joaquín Albacete - coronel graduado del ejército - durante los días 25 al 27 de marzo de 1874, es superior a toda ponderación. Fue preciso emplear hasta el máximo las excelsas virtudes del
  16. 16. infante de marina para salir airosos de tan dura empresa: tres durísimas y agotadoras jornadas, en un terreno cubierto de polvo y fango, ante un enemigo decidido en constante lucha sin tiempo ni modo de reponer sus fuerzas. A primeros de enero de 1874, el teniente coronel Albacete tomó el mando del 2º Batallón 1º Regimiento con el que salió, el 18 de Febrero, para incorporarse al Ejército que, a las ordenes del general Soria Santa Cruz, operó en las provincias de Cuenca y Guadalajara contra la facción carlista. El 29 de Febrero el 2º Batallón fue agregado al Ejército del Norte, por lo que se trasladó a Santander para embarcar, en el vapor de guerra "Cádiz", con destino a Castro Urdiales. Una vez desembarcado y formando parte de la vanguardia – como Tropa de Casa Real - del 2º Cuerpo de Ejército, tomó parte en los combates de los días 25, 26 y 27. Tanto la actuación del teniente coronel, como la de los componentes de la unidad que mandaba, lograron de insignes jefes las más encendidas y merecidas alabanzas. El 2º Batallón del Primer Regimiento, a las ordenes del teniente coronel Albacete, recibe la orden de asaltar las posiciones enemigas mediante un ataque de flanco sobre el reducto principal de San Pedro Abanto, pero la defensa enemiga es encarnizada y la bondad de las posiciones carlistas diezma el Batallón que, no obstante, no ceja en su empeño. El caudillo carlista Abanabes, “su enemigo”, sería también su mayor enaltecedor: "…..un batallón de infantería de marina intenta asaltar los parapetos. Los nuestros hacen una, y otra, y muchísimas descargas nutridísimas. Los marinos ensangrientan el suelo, pero no desmayan, y vuelven al intento. Casi quedó en cuadro el batallón, pero los que quedaban se defendían con bravura…”. A pesar del castigo, la unidad sigue avanzando y cae de repente, y a la bayoneta, sobre el caserío de Murrieta del que se apoderan, obligando a los defensores a retirarse a sus trincheras interiores entre Murrieta y San Pedro. Como resultado del juicio contradictorio abierto - para demostrar los méritos de esta unidad que acreditó, no solo singular arrojo y bizarría sino que, además, dejó tendida en el campo de batalla cerca de la mitad de su fuerza - se le concedió a la unidad la corbata de la Cruz Laureada de San Fernando. (3) "Excmo Sr : El Sr Ministro de la Guerra, en carta núm. 26, de 11 de anterior, dice a este Ministerio lo siguiente.- Excmo Sr.- Enterado el Ministerio-Regencia del Reino del expediente de juicio contradictorio instruido en averiguación de si el 2º Batallón del 1er Regimiento de Infantería de Marina es acreedor a ostentar la Corbata de la ORDEN DE SAN FERNANDO por el mérito que contrajo en la acción de SAN PEDRO ABANTO y toma del caserío de MURRIETA el veintisiete de Marzo último … y resultando evidentemente probado que dicho Batallón, cuando el enemigo, el expresado día, sembraba la muerte entre las fuerzas que se proponían arribar a sus importantes y disputadas posiciones, se condujo con tal arrojo y bizarría, que sin abandonar la línea de combate, llegó a Murrieta, DEJANDO TENDIDA SOBRE EL CAMPO MAS DE LA TERCERA PARTE DE SU FUERZA por cuyo alto merecimiento se halla comprendido en el artículo…Lo que de Real orden tengo la satisfacción de comunicar a… para su conocimiento y el de todas las clases que componen ese Batallón, que ha sabido hacerse acreedor a esta honrosa distinción por su arrojo y bizarría en los rudos combates que contra los carlistas sostuvo en San Pedro Abanto.- Dios guarde…Madrid 2 de Febrero de 1875. El Marqués de Molíns.
  17. 17. Esta comunicación se divulgó en la Armada, el 2 de Febrero de 1875, con frases encomiásticas sobre el arrojo y bizarría de la infantería de marina. La oficialidad del Cuerpo regaló, al teniente coronel, una espada de honor, que la R.O. de 14 de Agosto de 1887 le concede su uso, fuera de los actos de formación. “Profunda sensación había causado en la escuadra la noticia de las bajas ocurridas en el batallón de marina que mandaba el bizarro teniente coronel D. Joaquín Albacete, ¡¡ San Pedro Abanto ¡¡ Recuerdo triste, pero imperecedero, para tan brillante Cuerpo. Allí ratificaron con la sangre derramada, con su valor, con su heroísmo, que eran dignos émulos de los que sufrieron igual suerte en la guerra civil de los siete años, en Santo Domingo y en Cuba, donde los batallones de marina ocuparon los puestos de mayor peligro, legando a sus banderas un timbre glorioso”. (5). Un soldado de aquel glorioso batallón, relata de este modo la epopeya de San Pedro : "Yo era entonces soldado bisoño de la 1ª compañía, pues apenas contaba tres meses de servicio. En enero de 1874 salí con mi batallón para … la noche del 24 recibimos orden de salir para Somorrostro, en unión del resto del ejército, marchando nosotros en vanguardia. En la mañana del 25 rompimos el fuego contra los carlistas, continuando todo el día nuestro batallón en vanguardia… El 26, al alba, reanudamos el fuego y la marcha y así continuamos hasta la noche, en que disfrutamos de unas horas de sueño, volviendo a la misma tarea al despuntar la aurora del 27, siempre nosotros en vanguardia hasta las dos de la tarde, hora en que el general en jefe ordenó, después de tomadas al enemigo unas casas llamadas “Las del Castaño”, que pasásemos a retaguardia cuando estábamos próximos a San Pedro Abanto, que la unidad se dispuso inmediatamente a conquistar. Varios batallones del ejército rompieron avanzando con un fuego formidable, respondiendo el enemigo con otro tan nutrido que momentos después quedaban dichos batallones en cuadro… Ya el general en jefe iba a desistir cuando nuestro valiente teniente coronel se comprometía a entrar con su batallón en San Pedro. Dicha posición, en la cumbre de un cerro, se consideraba inexpugnable. Allí se hallaba el Estado Mayor enemigo y todo el cerro estaba sembrado de trincheras… Momentos después rompíamos el fuego avanzando al paso largo, protegidos por la artillería del ejército y la infantería por los flancos, contestando el enemigo con otro fuego de artillería, tan horriblemente certero, que causó en pocos minutos numerosas bajas en nuestras filas. A la puesta del sol cesó el fuego de artillería de ambos bandos, ordenando entonces nuestro teniente coronel tocar “paso de ataque”, lanzándonos a la bayoneta y tomando trinchera tras trinchera… cada una exigía una lucha sangrienta cuerpo a cuerpo y cada vez que salvábamos uno de tales obstáculos se escuchaba la vocecita suave, pero firme, tranquila e imperiosa de nuestro heroico jefe : ¡¡Señores capitanes a las cabezas de sus compañías!!... ¡¡ Un corneta a mi lado!!... Y así en vertiginosa carrera, siempre adelante… éramos verdaderos autómatas; corríamos y corríamos hacia la cumbre… Cada vez con más bríos, como si una máquina interior nos impulsara a pesar nuestro… Cuando restablecida la calma formó el batallón para pasar revista y nuestro jefe preguntó quién quedaba, al frente de la 1ª compañía, nadie contestó…¡¡La 1ª compañía la componíamos tres o cuatro soldados!!" (6)
  18. 18. El coronel de la media brigada, donde estaba encuadrado el 2º batallón del 1er regimiento de infantería de marina en carta oficial al Ministro de Marina decía : " La página más gloriosa, de mi carrera militar, es tener a mis órdenes un batallón en que la pericia y la bravura de sus jefes y oficiales, rivalizan con la subordinación y arrojo de su tropa, prodigando su sangre con el heroísmo que la virtud presta a los que se sacrifican por la salud de la patria, si bien esta gloria tiene para mi el doloroso recuerdo de haber visto tendidos, en el campo de batalla, la mayor parte de mis compañeros de armas. El disciplinado batallón quedó muy reducido por las innumerables bajas, que sufrió sin retroceder una pulgada al frente del enemigo, tomando con arrojo y tenaz denuedo sus formidables trincheras. En una palabra: ha rivalizado con los otros batallones de vanguardia en valor y serenida ” (4). El jefe de la brigada al general del segundo Cuerpo : " El 2º batallón, del 1er regimiento de Infantería de Marina, ha llenado todos sus deberes en cuantas ocasiones lo he necesitado y, sin ofender a los demás de la brigada que también se han conducido bravamente, me creo en el deber de citarle como modelo de los que con más decisión se han batido”. (4). El teniente coronel Albacete se distinguió por su decisión, arrojo y serenidad, y, por ello, el Ejército le concedió el empleo de Coronel con antigüedad. Es preciso decir, para valorar en su justa medida esta acción, que otras unidades, antes que el 2º Batallón, habían intentado la toma de San Pedro Abanto con infructuoso resultado (1). En tan gloriosa y sangrienta acción de armas resultaron muertos : 2 capitanes, 1 sargento y 21 de tropa. El teniente coronel Albacete resultó herido, junto con un comandante, 2 capitanes, 6 tenientes, 5 alféreces, 1 médico, 9 sargentos, 14 cabos y 153 soldados. Muchos de los heridos fallecieron después en los hospitales. El teniente coronel Albacete se trasladó, en el verano del año 1875, a Filipinas como Primer Jefe de las fuerzas de Infantería de Marina en aquel apostadero aunque, al poco tiempo, tuvo que dejar el mando por enfermedad. Pero de nuevo, nuestro admirado compañero volvió a Filipinas, el 4 de Febrero de 1876, donde permaneció hasta que ascendió, el 25 de Mayo de 1877, al empleo de coronel de Infantería de Marina y se le dio el mando del 2º Regimiento, que operaba en Cuba, donde desarrolla gran actividad. El coronel permaneció, al mando del 2º Regimiento, hasta que en 1878 fue nombrado Coronel Director de la Academia del Cuerpo. La Hoja de Servicios del general Albacete refleja una actividad en modo alguno atípica, entre los infantes de marina de aquel tiempo, que produjo como resultado un gran número de bajas en el campo de batalla. El Pabellón Nacional informaba que "los Batallones de Infantería de Marina, desde 1868 hasta la fecha, habían perdido en combate 12 jefes y oficiales y habían sido heridos otros 37, cifras que suponen hasta un 20% de los efectivos. Solamente el 1er Regimiento, en el corto tiempo que llevaba en la guerra carlista, había dejado en el campo de batalla 18 oficiales y un total de 500 hombres, entre muertos y heridos. En un período de 13
  19. 19. años había desaparecido del escalafón el 57% de los oficiales y, de estos, el 38% lo había sido por muerte al frente del enemigo” (2). El 3 de mayo de 1879 tuvo lugar un acontecimiento de primera magnitud para el Cuerpo. En esa fecha fue aprobada oficialmente la creación de la Academia de Infantería de Marina, en el Departamento de Cádiz, fruto de la iniciativa y capacidad de gestión del Mariscal de Campo Montero y Subiela - Primer Jefe del Cuerpo de Infantería de Marina -. La creación de la Academia obedeció al intento de unificar la enseñanza, mejorar su calidad y seguir el criterio de mantener un centro único de formación para todos los infantes de marina. La Academia fue oficialmente inaugurada - por S.M. el Rey D. Alfonso XII - el 29 de Octubre de 1879, con la denominación de Academia General Central de Infantería de Marina. Fue su primer Director el teniente coronel Chereguini Patero (1879) y el primero, con el grado y denominación actual, fue el Coronel-Director D. Joaquín Albacete y Fuster (1880). Y por eso – y por sus muchos méritos – la Escuela de Infantería de Marina lleva hoy su nombre. El general Albacete mereció, por méritos de guerra, el grado de teniente coronel del ejército por su campaña en Cuba - cuando era comandante - ; el empleo de coronel del ejército en la campaña del norte - siendo teniente coronel - y la corbata de la Orden de San Fernando para la bandera del primer regimiento (14). En Marzo de 1895 se organiza el 2º batallón del 3er regimiento para tomar parte en la campaña de Cuba. El Batallón, al mando del teniente coronel D. Enrique Sicluna Fernández, sale para Cuba el 2 de Abril y fue despedido por los generales Don Olegario Castellani – Inspector General del Cuerpo - y Don Joaquín Albacete que a buen seguro, durante el acto, recordó alguno de los muchos gloriosos hechos que recoge su historial. Bibliografía y notas. (1).- Historia de la Infantería de Marina Española. José E. Rivas Fabal. Editorial Naval. Madrid.1967. (2).- La Infantería de Marina durante la restauración. (1875-1893). María del Carmen Cózar Navarro. Universidad de Cádiz. 1993. (3).- La Infantería Española. Historia y Fuentes. ENB. Hugo de O’Donnell y Duque de Estrada. 1999. (4).- Historia de la Infantería de Marina. Ramón Rodríguez Delgado. Andujar. 1927. (5).- Sobresalientes. Apuntes Históricos. Ramón Rodríguez Delgado de Mendoza. Jaén . 1908 (6).- Memorial y Revista de la Infantería de Marina. Año I. Nº 3. Artículo por el Duque de Gray. San Fernando 10 de Septiembre de 1908.
  20. 20. (7).- “ El Decreto-Ley de 31 de Agosto de 1869 establecía, para la Infantería de Marina, los Ascensos por antigüedad absoluta con dos excepciones: el de Brigadier a Mariscal de Campo… y el de jefes y oficiales por méritos de guerra. Sin embargo no parece que este precepto tuviese aplicación real… pues en contra de lo prevenido para la Infantería de Marina, se le aplicó lo establecido para los Cuerpos Facultativos del Ejército, donde estaban vedados los ascensos por méritos de guerra, aunque no en los Generales de Infantería y Caballería. Es decir cuando un oficial perteneciente a aquellos Cuerpos se hacía acreedor a esta recompensa (ascenso por méritos de guerra), se le concedía el grado o empleo superior en el Ejército, pero no en el Cuerpo al que pertenecía, pudiendo, en su caso, elegir entre desempeñar destino en el citado Cuerpo, con el empleo hasta entonces ostentado, o hacerlo en Infantería o Caballería con el empleo superior concedido”. Cervantes y Calderón de la Barca, infantes de marina El más ilustre de los infantes de marina españoles ha sido Miguel de Cervantes, que participó con sus camaradas en la flota de la Liga Santa contra los turcos. Fueron miembros del Tercio de la Armada del Mar Océano los que formaron la guarnición de la galera Real, la capitana de la flota cristiana y en la que viajaba don Juan de Austria. Estos soldados fueron los primeros en abordar la galera Sultana, del almirante truco Alí Pachá. Otro infante de marina luego gran literato fue Pedro Calderón de la Barca. El Tercio de la Armada del Mar Océano pasó a denominarse en 1603 Tercio Viejo de la Armada Real del Mar Océano; en 1704 cambió su nombre por el de Regimiento de Bajeles; en 1717 se integró en el Cuerpo de Batallones de Marina. En 1969 recuperó su vieja y tradicional denominación de Tercio de Armada por el decreto 1148/68, que constituyó en el núcleo de las fuerzas de Infantería de Marina. El real-decreto 1888/1978 ratificó como fecha de fundación del Tercio la ya citada de 1537. Otros países establecieron sus infanterías de marina ya entrado el siglo XVII, como Francia (1622) e Inglaterra (1664). El cuerpo de marines de Estados Unidos nació en 1775, durante la guerra de independencia de este país, pero desapareció en la paz; se restauró en 1798. En la guerra civil de 1936-1939, el soldado gallego de infantería de marina Manuel Lois García, destinado en el crucero Baleares, recibió a título póstumo la Cruz Laureada por salvar a costa de su vida el barco y la tripulación, de más de un millar de hombres: durante una batalla en diciembre de 1937 contra el crucero Libertad, cogió con sus manos unos iluminantes que estaban ardiendo por el fuego enemigo y los arrojó por la borda antes de que explotasen. Unidades de este cuerpo participaron en la defensa de Ifni (1957) y estuvieron de guarnición en el Sáhara. La última bandera rojigualda en esta provincia española, entregada por los gobernantes de Madrid a Marruecos, la arriaron infantes de marina en Villa Cisneros.

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