Crisis de 1929

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Lectura sobre la crisis de 1929

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Crisis de 1929

  1. 1. 238 Historia universal su vez, se concentraba en una sola persona, Lenin, quien hasta su muerte, en 1924, siguió siendo la primera figura del comunismo soviético, sin que ningún otro jefe político o militar llegara a competir con él o a restarle prestigio. Desde 1919, la organización interna del partido establecía para su dirección dos órganos colegiados: el Politburó, el cual definía la línea política general y el Orgburó, encargado de vigilar el cumplimiento de esa política. Así, el partido comunista soviético era una institución sólida, cerrada, bajo una rígida disciplina que mantenía a sus integrantes bajo constante amenaza de persecución y purga. En política exterior, la Tercera Internacional Socialista o Komintern, creada por Lenin, se convirtió en una prolongación del Partido Comunista ruso en los países occidentales. La pugna por el poder tras la muerte de Lenin. Desde 1922 Lenin se había mantenido alejado de la política activa, aquejado por una enfermedad que al fin le causó la muerte el 21 de enero de 1924. Durante esos dos últimos años en la vida del líder revolucionario, se gestó una lucha por la sucesión entre sus más cercanos colaboradores, Trotski y Stalin. El primero parecía el más capacitado para suceder a Lenin, pues gozaba de gran prestigio por su participación en la lucha revolucionaria desde 1905 y por su labor al frente del Soviet de Petrogrado. En cuanto a sus ideas, Trotski sostenía un marxismo radical que se oponía a la Nueva Política Económica y a que fuera aplazada la revolución socialista mundial. Por otra parte, Stalin había estado muy cerca de Lenin en los últimos años, y en 1922 había alcanzado el puesto de secretario general del Partido Comunista. Stalin consideraba necesario el fortalecimiento del socialismo en un solo país, pues tenía como prioridad la defensa del Estado soviético antes de exportar la revolución proletaria a otros países. En ese enfrentamiento Stalin resultó victorioso y Trotski fue desterrado del país en 1928, junto con otros líderes antiestalinistas. Stalin pudo entonces consolidar su poder y presentarse como el sucesor del primer jefe revolucionario. La primera y turbulenta etapa de la Revolución rusa había llegado a su fin; con Stalin dio comienzo una nueva era de aparente paz y desarrollo internos, pero conseguidos a fuerza del terror sembrado por una de las más crueles dictaduras, con el afán de imponer un sistema que se habría de mantener vigente durante cerca de 70 años, y que al fin habría de desmoronarse tras evidenciar claramente su fracaso. 3. La crisis de 1929 y sus consecuencias en Europa y América 3.1 Antecedentes: Estados Unidos en la década de 1920 La etapa de prosperidad. La Primera Guerra Mundial no significó para los estadounidenses la experiencia dolorosa que vivieron los países europeos. En corto tiempo salieron de una guerra lejana que no llegaron a comprender del todo y que, por una parte, no les dejó la secuela de ruinas materiales y, por otra, les abrió los mercados que habían monopolizado Francia y Gran Bretaña. El fin de esta guerra mundial introdujo a los estadounidenses en una época de brillante e inmediata prosperidad, no sólo por el hecho de que su país se hubiera convertido en la primera potencia económica mundial tras el desplome de las economías europeas dependientes ahora de Estados Unidos a causa de las deudas contraídas con este país, sino por los numerosos inventos que de alguna manera habían surgido en coincidencia con la guerra. El gran avance tecnológico permitió un crecimiento sin precedentes a la industria de transformación, dedicada a producir una enorme cantidad de novedosos artículos de consumo duradero: aparatos electrodomésticos, receptores de radio, automóviles y muchos otros que fueron configurando una sociedad de consumo. El nuevo estilo de vida, típicamente estadounidense —american way of life—, transformó conside-rablemente las áreas urbanas sujetas al influjo del automóvil, sin que en las zonas rurales pudiera observarse en ese tiempo una situación similar de progreso y, desafortunadamente, sin que se tomaran en cuenta los riesgos que llevaba ocultos aquella aparente prosperidad. Aislacionismo. En forma paralela a la prosperidad económica, la participación de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial impuso a este país importantes cambios en sus estructuras política y económica, con las consecuentes transformaciones ideológicas en una joven nación, Tras la muerte de Lenin se dio una pugna por el poder entre Trotski y Stalin, que culminó con el triunfo definitivo de este último. Ejercicio 7 1. Describe lo que establecía el programa de la Nueva Política Económica propuesto por Lenin en Rusia. 2. ¿Por qué el programa de la NEP de Lenin se consideraba la base de una economía mixta? 3. Describe los tres órganos supremos del Estado soviético creado en julio de 1923. 4. Explica cómo quedó establecido el poder político en el Estado soviético creado por Lenin. 5. Señala las diferencias ideológicas existentes entre Trotski y Stalin que condujeron a una pugna por el poder tras la muerte de Lenin. El fin de la guerra mundial introdujo a los estadounidenses en una época de brillante e inmediata prosperidad, que trajo consigo un nuevo estilo de vida.
  2. 2. Capítulo 6 Periodo entreguerras 239 Cartel de publicidad La nueva mujer y el charleston Manifestación de Ku-Klux-Klan que vio consolidada su posición ante el mundo y pretendía adquirir una identidad definitiva. Este objetivo se manifestó no sólo en el hecho de que Estados Unidos se haya negado a adquirir responsabilidades internacionales al rechazar el Tratado de Versalles y el ingreso a la Sociedad de Naciones, sino que además, se cerró casi por completo a la inmigración, a pesar de que la llega-da de inmigrantes fuera en el pasado un factor poderoso para lograr el crecimiento económico estadounidense. En esta nueva fase del aislacionismo nacionalista, la sociedad estadounidense se cerró al exterior y se negó a seguir permitiendo la entrada a personas de diferentes nacionalidades. Ya en 1917 se había prohibido el ingreso a los analfabetas y, más adelante, cuando aumentó la llegada de europeos orientales y de rusos fugitivos de la revolución, se tomaron medidas más enérgicas para reducir la inmigración ante el temor de que los pobladores estadounidenses se vieran con-taminados por las ideas socialistas de esos extranjeros. En relación con tal actitud aislacionista, se fue acrecentando un sentimiento de superioridad racial de parte del estadounidense anglosajón, protestante y descendiente de los primeros colonizadores, pues adoptó tendencias racistas y discriminatorias hacia las personas de origen étnico distinto que habían inmigrado al territorio estadounidense. Un ejemplo claro de esta actitud fue el resurgimiento del Ku-Klux-Klan, una organización secreta de carácter ultranacionalista y racista formada en tiempos de la guerra civil, y que adquirió nueva fuerza a partir de 1915 al desencadenarse una ola de violencia no sólo por motivos raciales, sino también ideológicos en contra de intelectuales liberales, militantes del sin-dicalismo y socialistas. En este contexto conservador se enmarcó también el intento por reforzar las tradiciones puri-tanas que llevaron al gobierno estadounidense a adoptar algunas medidas moralizantes, como la prohibición del alcohol o “ley seca” (1918), la que no sólo no tuvo éxito alguno, sino que provocó el surgimiento de múltiples destiladoras clandestinas, del tráfico ilegal de bebidas embriagantes y de un aumento inusitado del gangsterismo, el cual caracterizaría los conflictos sociopolíticos de la década de 1920. La política estadounidense en la década de 1920 En la década que siguió a la Primera Guerra Mundial, la vida política estadounidense se caracterizó por el dominio del conservador Partido Republicano, integrado principalmente por miembros de la alta clase empresarial quienes, aunque decían defender la filosofía del laissez faire, en la práctica actuaron en contra del liberalismo económico e hicieron del gobierno un instrumento de las gran-des empresas. Los republicanos lograron mantenerse en el poder durante 12 años (1920-1932), orientando las políticas económicas para favorecer a los grandes trusts, sin tomar en cuenta la Ley Antitrust establecida anteriormente por la política progresista de Theodore Roosevelt, instrumen- En la nueva fase del aislacionismo nacionalista, la sociedad estadounidense se cerró al exterior y se negó a permitir la entrada a personas de diferentes nacionalidades, al tiempo que aumentó el odio racial. El intento por reforzar las tradiciones puritanas llevó al gobierno estadounidense a adoptar medidas moralizantes, como la prohibición del alcohol o “ley seca”. La política estadounidense estuvo dominada por el Partido Republicano, integrado por miembros de la alta clase de hombres de negocios, quienes hicieron del gobierno un instrumento de las grandes empresas.
  3. 3. 240 Historia universal Warren G. Harding Calvin Coolidge Herbert Hoover tando un sistema fiscal que perjudicaba a las pequeñas empresas e impedía la consolidación finan-ciera del gobierno. En realidad, los gobiernos republicanos de esa época rechazaron el programa progresista; aunque muchos de sus puntos se convirtieron en ley, como el sufragio femenino, la restricción a la inmigración y la prohibición del alcohol. El retorno a la normalidad. En 1920, después de los gobiernos de Theodore Roosevelt y del demócrata Woodrow Wilson, los republicanos estaban determinados a llevar a la presidencia a un hombre más manejable que no tratara de imponer su voluntad al Senado, y lo encontraron en Warren Harding, quien anunció en su campaña que el país necesitaba retornar “no al heroísmo, sino a la salud; no a las panaceas sino a la normalidad… No a los experimentos, sino al equili-brio; no a la inmersión en el internacionalismo, sino al sostenimiento en un triunfante nacionalis-mo”. En noviembre de ese año, con un electorado aumentado con millones de votantes del sexo femenino —sufragio reconocido por ley el 18 de agosto de 1920—, los republicanos obtuvieron una gran victoria y pudieron recobrar su posición de partido mayoritario. Con excepción de algunos escasos logros, el régimen de Harding careció de realizaciones y estuvo empañado por el escándalo, debido a notorios actos de corrupción de algunos de sus funcionarios y amigos; tal fue el caso de Albert B. Fall, secretario del interior, que aprovechó su importante cargo en beneficio de su enriquecimiento personal. Cuando Harding falleció en 1923, antes de finalizar su mandato, el austero vicepresidente Calvin Coolidge ocupó su cargo y, triun-fante en las elecciones del año siguiente, continuó en la presidencia hasta 1928. Coolidge era un político honesto y austero que se ganó la confianza del pueblo gracias a que, desde su origen humilde, había alcanzado el éxito por su esfuerzo personal, virtud muy apreciada por los estadounidenses. Sin embargo, como su antecesor, Coolidge carecía de cualidades de gran estadista; su actividad se limitó a que todo siguiera su curso natural. Por ello, su gobierno, más que el de Harding, representó un retorno a la normalidad. Con una producción y un bienestar crecientes, parecía que la era de prosperidad no tendría fin, y eso alentaba al ciudadano medio para comprar despreocupadamente y a crédito los atractivos artículos de consumo creados por la inventiva de la industria. Las elecciones de 1928 proporcionaron una nueva y considerable victoria al Partido Repu-blicano y a su candidato presidencial: Herbert Hoover, quien también era de humilde extracción rural y honesto pero, a diferencia de los otros, se le consideraba con gran capacidad para adminis-trar. Sin embargo, sus dotes fueron insuficientes para resolver el problema económico de enormes proporciones que se desencadenó el primer año de su gestión. 3.2 La Gran Depresión Signos precursores de la crisis Detrás de la apariencia de brillante prosperidad que se vivía en Estados Unidos en la década de 1920, se encontraban ciertos aspectos negativos para la economía, los cuales no habían sido per- Detrás de la apariencia de brillante prosperidad, se encontraban ciertos aspectos negativos para la economía estadounidense.
  4. 4. Capítulo 6 Periodo entreguerras 241 CUADRO 6.5 Estados Unidos en la década de 1920. Estados Unidos La etapa de prosperidad. Aislacionismo nacionalista en busca de una identidad propia. • La sociedad se cierra al exterior y rechaza la inmigración. • Nueva ola de racismo y resurgimiento del Ku-Klux-Klan. • Reforzamiento de las tradiciones puritanas. • La “ley seca” y sus efectos. Nuevo estilo de vida: sociedad de consumo en las zonas urbanas, alentada por los inventos tecnológicos y los medio publicitarios. Signos negativos en la economía • Situación financiera inestable. • Crisis agraria. • Crisis en el sector industrial. • “Crack” de la Bolsa de Valores. • Comienzo de la “Gran Depresión”. • Primeros intentos de solución. Vida política. cibidos por el gobierno ni por la entusiasmada sociedad urbana, o bien se consideraron de escasa importancia. La situación financiera. La crisis económica de los tiempos de guerra y la subsecuente situación de posguerra crearon ciertas condiciones desfavorables para la economía estadouniden-se. Al convertirse en país acreedor de una Europa en guerra que entró después en un dificultoso periodo de reconstrucción, Estados Unidos enfrentó el riesgo de que sus deudores no pudieran cubrir el pago de los empréstitos; además, los enormes gastos de guerra habían obligado a los gobiernos de los países beligerantes a decretar la circulación forzosa de la moneda sin que estu-viera apoyada en el patrón oro —que era la unidad común en el ámbito internacional— y sin que se respetara la paridad con la moneda estadounidense, la cual seguía manteniendo su libre poder de cambio. Cuando terminó la contienda no les fue posible volver a la normalidad ni siquiera a los países europeos que tenían reservas en oro, porque las monedas siguieron siendo débiles y sufrieron constantes devaluaciones. Por tanto, a pesar de que la guerra fue un gran factor de desarrollo económico para Estados Unidos, las difíciles condiciones de los países capitalistas europeos crearon una “enfermedad monetaria” que volvió muy frágil el sistema internacional de cambio. Además, esa fragilidad se vio agravada por la abundancia de los llamados capitales flotantes, cantidades de dinero que, ante la incertidumbre monetaria, eran depositadas por sus poseedores a corto plazo en los bancos de países considerados más seguros en aquellos momentos, como en el caso de la banca estadouni-dense; pero ocurría que al darse una rápida retirada de esos capitales, se ponía en serio peligro la estabilidad financiera de los países donde habían sido depositados. • Dominio del Partido Republicano durante 12 años (1920-1932). Rechazo al programa “progresista” de gobiernos anteriores. • Orientación de la política económica a favor de los grandes “trusts” empresariales. • El “retorno a la normalidad” con los gobiernos sucesivos de los presidentes W. Harding, C. Coolidge y H. Hoover.
  5. 5. 242 Historia universal A esta crisis de la moneda y del intercambio internacional, se agregó un factor interno: la costumbre generalizada, hacia 1928, dada la confianza que brindaba la manifiesta prosperidad, de pedir dinero prestado a largo plazo para invertirlo en la compra de acciones de la Bolsa de Valores. Dicha práctica atrajo a bancos e instituciones comerciales que destinaron todo o gran parte de su dinero circulante a especulaciones de este tipo, sin darse cuenta del peligro que esto representaba hasta que se vieron en la necesidad —que muchos no pudieron satisfacer— de retirar su dinero de la Bolsa de Valores cuando ésta ya no ofrecía seguridad. En situación similar, se fueron hacien-do comunes las ventas a crédito, en un desordenado afán consumista por adquirir los novedosos artículos que se ofrecían en el mercado para dar satisfacción a las necesidades creadas por las presiones sociales de estatus para las nuevas clases medias en ascenso. La crisis agraria. La agricultura sufrió graves dificultades en casi todo el mundo a lo largo de la década de 1920. Durante la guerra se redujo considerablemente la producción de trigo en Europa, con el consecuente aumento en el precio mundial del cereal. Esa coyuntura fue aprove-chada por los campesinos de otros países como Estados Unidos y Canadá, que pidieron dinero prestado para iniciar el cultivo de nuevos campos. Ahora bien, al terminar la guerra, además de que los nuevos avances tecnológicos mejoraron la productividad, la producción europea recuperó en poco tiempo su nivel anterior y esto dio como resultado que la producción de trigo excedie-ra en gran medida la demanda, hundiendo el precio del cereal en el mercado internacional. Los terrenos recién adquiridos se desvalorizaron y los pequeños agricultores tuvieron que malvender sus campos y emigrar a las ciudades. Los mismos problemas de sobreproducción también afecta-ron otros cultivos como algodón, cacao, café, azúcar y maíz. El sector industrial. La producción industrial, que experimentaba un gran creci-miento, presentó también aspectos negativos. Las ramas más modernas —electricidad, petróleo, automotriz o química— tenían un ritmo de producción creciente, mientras que en las más tradicionales —textiles y metalurgia— el crecimiento era moderado. En particular, la industria del algodón sufrió el impacto de los altibajos del mercado internacional, a lo que se agregó el hecho de que este producto empezaba a ser des-plazado por las nuevas fibras sintéticas. Además de la rama textil, otras dos industrias fundamentales se encontraban en crisis: la ferroviaria, afectada por la competencia del automóvil y los autotransportes; así como la del carbón, perjudicada por la desmedida explotación de minas nuevas. Otro aspecto importante era la gran diferencia existente entre los precios de los productos industriales y los precios agrícolas, pues los primeros aumentaban mientras que los segundos bajaban constantemente, afectando a la numerosa clase campesina, la cual se veía obligada a comprar más caros los artículos manufacturados sin que pudie-ra obtener un precio satisfactorio por sus productos. En conclusión, a finales de la década de 1920 la situación económica de Estados Unidos era delicada y se encontraba al borde del colapso, puesto que el aparente auge se había originado en la repentina demanda de artículos de una sociedad consumista en formación, cuya capacidad adquisitiva no estaba todavía consolidada y, por lo mismo, llevaba el riesgo de ser limitada en el caso de que los salarios no se elevaran en la misma proporción que los precios. Por otra parte, las ganancias que los grandes capitalistas acumularon en función de este mecanismo se estaban dedicando a la especulación bursátil, en lugar de utilizarse para la creación de nuevas empresas. Comienzo de la crisis, el crack de la Bolsa de Valores. Desde los primeros meses del año de 1929 se había notado cierta tendencia a la baja en algunos productos importantes como el cobre y el acero, y en ciertas actividades industriales, pero la inmensa mayoría de los economis-tas estadounidenses seguía mostrándose optimista ante la sorprendente prosperidad, sin percibir el peligro que representaban esos síntomas en la coyuntura general de la economía. La crisis sobrevino con el desplome de las cotizaciones, originado en la Bolsa de Valores de Nueva York el 24 de octubre de 1929 —el jueves negro—, seguido por días de verdadero pánico que provoca-ron una caída de la Bolsa que habría de continuar durante varios años. La oferta se incrementó hasta casi los 13 millones de acciones, frente a una demanda prácticamente nula; en los dos días siguientes las peticiones de venta se elevaron a nueve millones 250 mil acciones el primer día y a 16 millones el segundo día, sin que pudiera evitarse la caída. El desplome de las acciones duró Tumulto frente a la Bolsa de Valores de Nueva York Con el desplome de la Bolsa de Valores de Nueva York, el jueves negro (24 de octubre de 1929), surgió una situación de verdadero pánico que provocó la posterior crisis bancaria. La política de austeridad de Herbert Hoover no pudo solucionar la crisis, sino que produjo un efecto contrario.
  6. 6. Capítulo 6 Periodo entreguerras 243 varios años y, entre 1929 y 1932, el monto total del capital negociado en la Bolsa de Valores de Nueva York disminuyó en 74 mil millones de dólares.13 De la crisis bursátil a la crisis económica. Tras la bancarrota bursátil siguió la crisis banca-ria originada por el temor de quienes, al no poder vender sus acciones, retiraban de inmediato sus depósitos de los bancos. En las ventanillas se produjo una verdadera avalancha de gente presa del pánico. Durante los primeros días los bancos se dedicaron a reembolsar los depósitos a los posee-dores, hasta que la falta de dinero obligó al cierre, lo cual dio como resultado la quiebra total. Las crisis bursátil y bancaria repercutieron de inmediato en los sectores comercial e industrial. Las quiebras de empresas se multiplicaban día tras día y la catástrofe se generalizó hasta paralizar las actividades, en tanto que los precios agrícolas se derrumbaban en forma contundente. Lo más dra-mático de la situación consistió en la manera como habrían de ser afectadas las grandes masas de trabajadores, abatidos por el rápido aumento del desempleo. En algunos estados de la Unión Americana la mitad de la población subsistía gracias al reparto de víveres realizado por el gobierno. Como consecuencia de la crisis surgió el fenómeno del subconsumo porque, como es natural, no sólo la población desempleada, sino también los empresarios en quiebra, dejaron de adquirir los artículos que no eran de rigurosa necesidad. Así, grandes cantidades de mercancías quedaron depositadas en los almacenes creados durante los días de prosperidad. Pero no se trataba única-mente de dejar de comprar, sino que tampoco podrían cubrirse los pagos de las compras a crédito hechas con anterioridad. Primeros intentos de solución a la crisis. Las reacciones del presidente Hoover ante la crisis fueron mínimas, al margen de sus palabras esperanzadoras de que todo se solucionaría pronto y bien. Fiel a la política tradicional del liberalismo económico, Hoover afirmaba que la eco-nomía podía autorregularse sin intervención del gobierno. Así, ante la situación de las empresas y por el déficit en el presupuesto del gobierno, se limitó a instrumentar una política de austeridad que incluía restricción de créditos, reducción de la producción, baja de los salarios y venta de los artículos almacenados, suponiendo que de esta forma sobrevivirían los más aptos y se alcanzaría el equilibrio presupuestario del gobierno. Pero esta política produjo el efecto contrario por-que, además de que sacrificaba a la clase trabajadora, no atacaba a fondo el problema —que en esos momentos era principalmente el del subconsumo— sino que colaboraba a agudizarlo. 3.3 Extensión de la crisis económica La grave crisis económica iniciada en el otoño de 1929 no sólo afectó a la población estadouni-dense, sino que se extendió a otros países, sobre todo a los que dependían del crédito de Estados Unidos. Al retirarse los capitales extranjeros colocados a corto plazo, los banqueros de este país trataron de obtener dinero “líquido” con el fin de pagar a sus desesperados clientes, situación que los obligó a repatriar los fondos que más fácilmente podían sacar de algunos países deudores y también a regresar los capitales invertidos en otras naciones. Gran Bretaña durante los años de la Depresión En Gran Bretaña los efectos de la Depresión se hicieron sentir rápidamente. En 1930 la cifra de desempleados pasó de un millón a cerca de tres millones. Para cubrir las pensiones del segu-ro de desempleo, el gobierno laborista de Ramsey MacDonald gastó grandes sumas de dinero, lo cual incrementó el déficit en el presupuesto —ya afectado a causa de la salida de las reservas en oro y la reducción de ingresos por concepto de impuestos— en tanto que la deuda pública aumentaba. Alarmado por la situación, MacDonald puso en práctica un programa de reducción salarial y una rígida política de ahorro que originaron protestas de las Trade unions y de los pro-pios miembros del Partido Laborista, quienes exigían la destitución del Primer Ministro. Se formó entonces un gobierno de coalición de todos los partidos, conocido como gobierno nacional, con el propósito de que las tres fuerzas políticas —conservadores, liberales y laboristas— se unieran para dar solución a la crisis. Ejercicio 8 1. Explica por qué el fin de la Primera Guerra Mundial llevó a Estados Unidos a una época de prosperidad. 2. Describe las características del aislacionismo en Estados Unidos en la década de 1920. 3. Explica la política estadounidense en la década de 1920. 4. ¿De qué manera la situación financiera, la crisis agraria y el sector industrial indicaban que la economía de Estados Unidos estaba al borde del colapso en la década de 1920? 5. Describe los acontecimientos que condujeron a las crisis bursátil y económica en Estados Unidos en 1929. 13 Antonio Fernández, Historia Universal. Edad Contemporánea, op. cit., pp. 482-484. Al retirarse los capitales extranjeros colocados a corto plazo, los banqueros estadounidenses se vieron obligados a repatriar los fondos de algunos países deudores, y también a regresar a Estados Unidos los capitales invertidos en otras naciones. La crisis se apodera del mundo En Gran Bretaña, ante la fuerte oposición hacia el programa del ministro Ramsey MacDonald para dar solución a la crisis, se formó un gobierno de coalición de todos los partidos para buscar juntos las medidas que les permitieran superar ese conflicto.
  7. 7. 244 Historia universal El gobierno nacional hizo frente a la depresión, principalmente, a través de una política económica centrada en medidas nacionalistas tendientes a proteger las exporta-ciones británicas; se abandonó el patrón oro y se devaluó la moneda, al tiempo que se estimulaba al sector industrial con préstamos a intereses bajos para reorganizar y racionali-zar la producción. Hacia 1935 comenzó a manifestarse cierta recuperación, pero ninguna de las medidas adoptadas dio como resultado el pleno restablecimiento de la economía ni el pleno empleo, sino hasta que, en la segunda mitad de la década de 1930 —cuando se agudizaban las tensiones internacionales—, dio comienzo el reclutamiento militar unido a un extenso programa de fabricación de armamentos, lo que permitió absorber la población sin empleo. La situación económica afectó también las relaciones de Gran Bretaña con los países de la Commonwealth, los cuales, ante el temor de que el gobierno británico ejerciera presión económica sobre ellos, buscaron condiciones de igualdad con la metrópoli. En diciembre de 1931, el Parlamento promulgó el Estatuto de Westminster por el que se reconocía la plena igualdad de los dominios británicos con la Gran Bretaña, y se establecía una libre asociación de Estados soberanos unidos por una común fidelidad a la Corona, pero no sujetos a algún tipo de relación subordinada. De esta manera, los dominios de Australia, Canadá, Irlanda, Terranova, Nueva Zelanda y Sudáfrica recibieron plena autonomía dentro del Imperio Británico, con facultad para rechazar cualquier ley del Parlamento británico, si así lo decidían sus propios parlamentos, y promulgar leyes, sobre todo en asuntos internos como el decidir sus propias posturas en cuanto al comercio internacional. Además, Gran Bretaña se enfrentaba a luchas emancipadoras en Irlanda, la India, Egipto y Palestina, cuyas poblaciones, también afectadas por la crisis económica, recrudecieron sus esfuer-zos para hacer realidad su anhelo de libertad. De esta manera, el antes vasto Imperio Británico —que había llegado a dominar la cuarta parte de la población mundial— se desmoronaba en medio de las fuertes presiones políticas y económicas que caracterizaron la década de 1930. Francia, depresión económica y gobierno del Frente Popular La Gran Depresión llegó a Francia más tarde que a otros países, en parte porque la economía francesa estaba menos conectada con el mercado mundial que la economía de otras potencias capitalistas. Pero en la primavera de 1931 comenzó a declinar la producción y a mediados de 1932 llegó a su nivel más bajo; aunque Francia tenía una moneda sólida que inspiraba confianza, la industria se vio afectada por el descenso en las exportaciones. Las quiebras de empresas se multiplicaron y el número de desempleados alcanzó la cifra de tres millones en 1932. A diferencia de Gran Bretaña, en Francia no se recuperó la economía durante el resto de la década y llegó a la Segunda Guerra Mundial sin alcanzar los niveles de producción que tenía en 1930. Así, aunque la depresión no fue tan dura como en otros países, sí resultó muy prolongada, sobre todo por los frecuentes cambios de gobierno que hubo durante ese periodo. Entre 1929 y 1932 hubo varios gobiernos moderados, de centro y derecha, que trataron de combinar un progra-ma de política social con el objetivo de satisfacer a los gran-des grupos económicos. La llegada de los efectos de la Gran Depresión favoreció el regreso del cártel de las izquierdas al poder, lo que a su vez provocó la formación de escuadro-nes fascistas con grave amenaza para la democracia francesa, al tiempo que —como Francia lo había temido desde el final de la guerra— resurgía la actitud agresiva de Alemania. En 1934, ante la amenaza del fascismo tanto en el interior como desde el extranjero, los partidos radical-socialista, socialista y comunista decidieron unirse en uno solo, el llamado Frente Popular para defender el sistema democrático y exigir se pro-mulgara una legislación social progresista. En las elecciones de 1936, el Frente Popular obtuvo la mayoría en la Cámara, bajo el liderazgo del socialista Léon Blum. Crisis en el Banco de Gran Bretañña El Estatuto de Westminster (1931) reconocía la plena igualdad de los dominios británicos con Gran Bretaña y establecía la libre asociación de Estados soberanos, unidos por una común fidelidad a la Corona, pero no sujetos a ningún tipo de relación subordinada. La Gran Depresión llegó a Francia más tarde que a otros países, pero la crisis fue más prolongada debido, en parte, a los frecuentes cambios de gobierno. En las elecciones de 1936 en Francia, el Frente Popular, de orientación izquierdista, pudo llegar al poder bajo el liderazgo del socialista Léon Blum, quien introdujo un amplio programa de reformas sociales. Lééon Blum Después de que Blum renunciara, la coalición del Frente Popular se desintegró y una coalición de socialistas radicales y conservadores formó un nuevo gobierno bajo la presidencia de Edouard Daladier.
  8. 8. Capítulo 6 Periodo entreguerras 245 Al ocupar el cargo de primer ministro, Blum introdujo un amplio programa de reformas socia-les como la reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales con vacaciones pagadas; arbitraje obligatorio en los conflictos laborales; y la nacionalización del Banco de Francia y de la industria de armamentos. El gobierno adoptó, además, una política de no intervención para hacer frente a la creciente crisis internacional, pero a medida que aumentaba la tensión externa se vio obligado a emprender un programa de rearme que provocó un desequilibrio en las finanzas y un aumento incontenible de la inflación. La situación adquirió gravedad para el gobierno en medio de severas críticas de conservadores y fascistas, quienes atemorizaban a la población con el “terror rojo”, argumentando que Blum preparaba el camino al comunismo. En 1937, después de un año en el poder, el gobierno de Blum fue derribado por el Senado de mayoría conservadora, que se negó a concederle poderes extraordinarios para solucionar la crisis financiera. La coalición del Frente Popular se desintegró rápidamente; en abril de 1938, una coalición de socialistas radicales y conservadores formó un gobierno bajo la presidencia de Edouard Daladier, cuya atención se centró cada vez más en la crisis internacional. Así, Francia se acercó a la guerra en las peores condiciones posibles —debilitada en su economía y políticamente dividida—. Sin embargo, mantuvo en todo momento un régimen democrático gracias a que los grupos de posiciones extremas —fascistas y comunistas— no llegaron a presentar un serio peligro para las instituciones democráticas, y gracias también a la actitud flexible de partidos y dirigentes políticos.14 Efectos de la Gran Depresión en América Latina En los países no industrializados o en proceso de industrialización, como los de América Latina, la Gran Depresión tomó diferentes matices, de acuerdo con su grado de desarrollo capitalista o según se manifestaran los factores sociales y políticos internos; pues aunque casi todos los países del mundo se vieron afectados por la gran crisis, la paralización de las inversiones del capital extranjero tuvo efectos de particular gravedad en las naciones de reciente despegue económico como México, Brasil y Chile, dependientes del exterior no sólo respecto al crédito, sino también en cuanto al comercio. La depresión mundial afectó también los sistemas políticos latinoamericanos, muchos de los cuales sufrieron golpes militares o por lo menos intentos de éstos. En el periodo comprendido entre 1930 y 1933, los militares habían buscado el poder o lo habían tomado en Argentina, Brasil, Chile, Perú, Guatemala, El Salvador, Honduras y Cuba. Quizá resulte exagerado afirmar que los efectos económicos de la Gran Depresión causaron esos movimientos políticos; pero lo cierto es que pusieron en duda la efectividad del modelo de crecimiento basado en la exportación-impor-tación, con el consecuente descrédito para los gobernantes. En este contexto, las masas populares estuvieron más dispuestas a aceptar regímenes militares con la esperanza de mejorar su situación. A partir de la década de 1930, el ejército reafirmó su papel tradicional como fuerza principal en la política latinoamericana. Sin embargo, México presenta un caso distinto, pues aunque estaba gobernado por presidentes militares, éstos no surgieron en la década de 1930; eran caudillos surgidos de la Revolución de 1910 y que se hallaban en proceso de consolidar el nuevo régimen y llevar a cabo su proyecto de Estado. Frente a la crisis económica mundial, los gobernantes de la región tenían dos opciones. Una era estrechar los vínculos comerciales con las naciones industrializadas para mantenerse en el mer-cado sin que importasen sus desajustes. Por ejemplo, Argentina tomó esta vía y preservó su acceso al mercado británico de carne, a cambio de garantizar la compra de bienes ingleses y asegurar las ganancias de los negocios británicos en Argentina. Otra opción, que no contradecía necesariamente a la primera, consistía en poner en marcha un proceso de industrialización que permitiera alcanzar cierta situación de independencia econó-mica, pues al contar con industria propia, los países de América Latina producirían artículos manu-facturados y reducirían la importación de estos productos, lo que significaría depender menos de las potencias extranjeras. Al producir bienes industriales, además de cultivos agrícolas y minerales, Ejercicio 9 1. Explica cómo la crisis económica, originada en Estados Unidos en 1929, se extendió a otros países. 2. Describe las medidas económicas introducidas por el gobierno laborista británico para hacer frente a la crisis económica. 3. Explica de qué manera la crisis económica de Gran Bretaña afectó sus relaciones con los países miembros de la Commonwealth. 4. Describe cómo la Gran Depresión afectó la economía de Francia. 5. Explica la situación política que vivió Francia durante la década de 1930, durante el enfrentamiento entre fascistas y socialistas. 14 Antonio Fernández, Historia Universal. Edad Contemporánea, op. cit., pp. 482-484. Francia se acercaba a la guerra en las peores condiciones, debilitada en su economía y políticamente dividida. En América Latina, la paralización de las inversiones del capital extranjero tuvo efectos de particular gravedad en las naciones de reciente despegue económico, como México, Brasil y Chile. La depresión mundial también afectó los sistemas políticos latinoamericanos, al ponerse en duda la efectividad del modelo de crecimiento basado en la exportación-importación, con el consecuente descrédito para los gobernantes.
  9. 9. 246 Historia universal las economías latinoamericanas podrían llegar a ser autosuficientes y estar menos expuestas a sufrir los efectos de las crisis mundiales. Además, la industrialización implicaba la creación de empleos para las clases trabajadoras en continuo crecimiento en tamaño e importancia desde comienzos del siglo XX. El proletariado lati-noamericano, el cual se concentraba casi totalmente en las ciudades, seguía luchando por organi-zar y sostener movimientos sindicales y, en contraste con la generación anterior, trataba de ejercer poder como fuerza social. En algunos países, como Chile, los movimientos sindicales se vieron relativamente libres de la intervención del gobierno; en tanto que en otras partes, como México y Brasil, los políticos reconocieron el trabajo como un recurso político en potencia y tomaron parte directa en estimular, y controlar, las organizaciones obreras.15 Por tanto, la mayoría de los gobiernos de la región consideró el camino de la industrialización como el más adecuado para enfrentar los efectos de la crisis mundial. De esta manera, las econo-mías latinoamericanas comenzaron a producir los artículos manufacturados que antes importaban de Europa y Estados Unidos; de ahí que el nuevo modelo de crecimiento recibiera el nombre de industrialización sustitutiva de importaciones, o simplemente sustitución de importaciones. Esta política económica se mantendría vigente con relativo éxito, al menos para los países grandes —México, Brasil y Argentina— hasta los años sesenta, cuando nuevas circunstancias hicieron ino-perante este modelo de desarrollo económico. El New Deal: respuesta a la crisis en Estados Unidos En Estados Unidos, las ineficaces medidas adoptadas por el presidente Herbert Hoover —basadas en la creencia del liberalismo decimonónico de que la economía puede autorregularse sin inter-vención del Estado— influyeron en el rumbo que tomaron las elecciones presidenciales de 1932, las cuales dieron el triunfo al candidato demócrata Franklin Delano Roosevelt. Durante su campa-ña electoral, Roosevelt había proclamado la responsabilidad que el gobierno tenía en la búsqueda del bienestar de los ciudadanos y anunció una nueva política, el New Deal, destinada a aliviar los problemas del “hombre olvidado”. La política del New Deal, término que literalmente puede traducirse como “nuevo trato”, estaba basada en las teorías de John M. Keynes y consistía, fundamentalmente, en aumentar el poder de compra de los consumidores, aun a costa de producir un déficit en el presupuesto del Estado. Al iniciarse el gobierno de Roosevelt, el Congreso de Estados Unidos aceptó sin pro-testar los proyectos del Ejecutivo para poner en marcha la primera fase del New Deal. Las primeras medidas consistieron en una reforma bancaria, según la cual se establecía que los bancos no volverían a abrir sus puertas hasta ser inspeccionados por el Departamento del Tesoro; se buscó estimular la economía devaluando el dólar para subir los precios y, mediante la utilización de fondos del gobierno, realizar una amplia serie de actividades destinadas a gene-rar fuentes de trabajo, al tiempo que se regulaba la producción con el objetivo de controlar los precios. Se puso en práctica una serie de proyectos entre los que destacó el Tennessee Valley Authority, creado para llevar a cabo la explotación de toda la cuenca del río Tennessee mediante la construcción de presas, la producción de energía hidroeléctrica y de fertilizantes, así como la reforestación e industrialización de un área que abarcaba, parcial o totalmente, siete estados de la Unión Americana. Asimismo, el gobierno concedió facilidades de crédito para adquirir viviendas y desarrollar empresas agrícolas e intervino en la contratación de trabajadores, con lo cual buscaba obtener 15 Thomas E. Skidmore y Peter H. Smith, Historia contemporánea de América Latina, Crítica, Barcelona, 1996, pp. 63-65. La mayoría de los gobiernos latinoamericanos consideró la industrialización como el camino más adecuado para enfrentar los efectos de la crisis mundial, con un nuevo modelo de crecimiento basado en la sustitución de importaciones. Ejercicio 10 1. Describe de qué manera se vieron afectadas las economías de los países de América Latina, como consecuencia de la depresión económica en Estados Unidos. 2. ¿Cómo afecto la depresión económica a los sistemas políticos latinoamericanos? 3. ¿En qué consiste el caso distinto que presentaron los gobiernos mexicanos en la década de 1930? 4. Explica el nuevo modelo de crecimiento que introdujo la mayoría de los países latinoamericanos para enfrentar la crisis económica. Franklin D. Roosevelt La política del New Deal consistía, fundamentalmente, en aumentar el poder de compra de los consumidores, aun a costa de producir un déficit en el presupuesto del Estado.
  10. 10. Capítulo 6 Periodo entreguerras 247 mejores condiciones de vida en beneficio de la mayoría de la población. Se adoptaron medidas de ayuda para los ciudadanos necesitados, tales como alimentos o subsidios en dinero; el gobierno contrató numerosos desempleados en obras públicas, carreteras, caminos, puentes, calles, par-ques, escuelas y hospitales. Otro aspecto importante fue la introducción del seguro social, lo cual fue muy significativo en un país que, como Estados Unidos, estaba muy atrasado en materia de legislación social. El New Deal abolió el trabajo de los niños, estableció salarios mínimos y nue-vos horarios para la jornada laboral, concedió el derecho a organizarse en sindicatos y convenios colectivos de trabajo.16 El gobierno de Roosevelt se enfrentó a algunas dificultades debido a la situación sin prece-dentes que se vivía, la cual obligaba a tomar decisiones que algunas veces resultaban ineficaces, de manera que se debían corregir o descartar las que fueran inoperantes, además de que los gastos se financiaron con un aumento de impuestos que afectó a los sectores adinerados. La nueva política económica y social se encontró con la resistencia de las clases sociales conservadoras, quienes se oponían a tales medidas argumentando que el gobierno se excedía en sus atribuciones y ponía en peligro el principio de libre empresa. No obstante, Roosevelt consiguió vencer esa resistencia y en 1935 inició la segunda fase del New Deal; al año siguiente los electores reconocieron los buenos resultados de esa política económica. Roosevelt triunfó de forma arrolladora sobre su oponente, a pesar de la intensa cam-paña electoral realizada por el Partido Republicano; su reelección significaba prácticamente que la enorme mayoría del pueblo estadounidense estaba de acuerdo con su programa. Para 1937 se habían recuperado los niveles de producción de 1929 y lo más agudo de la crisis había quedado atrás, pero aún no se alcanzaba la prosperidad económica. El segundo enfrentamiento bélico mundial sería el factor que, ante la necesidad de fabricar mayores cantidades de armamentos, daría un fuerte impulso a la industria estadounidense y solucionaría definitivamente el problema del desempleo provocado por la Gran Depresión. John M. Keynes Publicidad del gobierno a favor del New Deal La nueva política de Roosevelt encontró resistencia en las clases sociales conservadoras, quienes se oponían a ella con el argumento de que el gobierno se excedía en sus atribuciones y ponía en peligro la libre empresa. La reelección de Roosevelt en 1936 dejó ver que la mayoría del pueblo estadounidense aprobaba su programa; para 1937 lo más agudo de la crisis había quedado atrás, aunque todavía no se alcanzaba la prosperidad económica. 16 Julio Montero Díaz, Historia del mundo contemporáneo, op. cit., p. 260.

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