Cultura, Desarrollo y Procesos de Integración en América Latina
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    Cultura, Desarrollo y Procesos de Integración en América Latina Cultura, Desarrollo y Procesos de Integración en América Latina Document Transcript

    • 1CULTURA, DESARROLLO Y PROCESOS DE INTEGRACIÓN EN AMÉRICA LATINA Autor: Ignacio Medina Núñez Editorial Académica Española Saarbrücken, Germany. 2011 AUTOR: IGNACIO MEDINA NÚÑEZ Correo electrónico: nacho@iteso.mx
    • 2 ÍNDICEIntroducción 3Capítulo I:Desarrollo y globalización mundial 7Capítulo II:Cultura y capital social 47Capítulo III:Raíces y modelos de integración 65Capítulo IV:La identidad latinoamericana en el debate cultural 89Capítulo V:Cultura y procesos de integración 107Capítulo VI:Imaginación creadora y capital simbólico 137Capítulo VII:Cultura de integración y desintegración 169Capítulo VIII:Nuevos imaginarios sociales 185Capítulo IX:Otro Nobel para la literatura latinoamericana 217Conclusiones 229Bibliografía 233ISBN-13: 978-3-8454-8496-9Editorial: Editorial Académica EspañolaSitio web: http://www.eae-publishing.com/Número de páginas: 246Publicado en: 2011-09-16Categoría: Ciencias políticasPrecio: 69.00 €Compra del libro: www.morebooks.de
    • 3 Introducción “¿Por qué creemos que nuestra cultura pueda ser el punto de partida de un proyecto de desarrollo latinoamericano? Porque la cultura es portada por los mismos que crearon la política y la economía: los ciudadanos… La cultura es la respuesta a los desafíos de la existencia” (Fuentes, Carlos, 1992: 337).Aunque la Unión Europea (UE) es actualmente el modelo más avanzado deintegración supranacional (no exento de graves problemas y crisis a resolver),en el resto del planeta también hay regiones en donde han surgido grandesproyectos con intenciones parecidas, es decir, formar una mayor coordinaciónentre países que puedan afrontar de mejor manera el fenómeno de laglobalización mundial en una búsqueda continua de un mejor desarrollo. Asíestán los ejemplos de países de Asia-Pacífico, de Centroamérica, del Tratadode Libre Comercio (Estados Unidos, Canadá y México), el Mercosur e inclusola idea de una Comunidad Africana de Naciones.En el caso de los países latinoamericanos, siempre es necesario mencionar elorigen de esta aspiración en el proyecto original de Simón Bolívar en el sigloXIX señalando la aspiración de una “gran patria americana” o una “unión derepúblicas”. Se sabe perfectamente que este proyecto fracasó casi en sunacimiento, con lo cual, el mismo Bolívar vivió desesperanzado y deprimido losúltimos años de su vida. Sin embargo, las naciones de esta región, una vezindependientes unas de otras, durante la segunda parte del siglo XIX se vieronidentificadas en el nombre de “América Latina”, como un símbolo cultural quecontinuaría con fuerza especialmente en el ámbito literario durante el siglo XX.Podemos constatar actualmente que, a partir de numerosos indicadores quelos países llamados latinoamericanos en el momento presente –unos más que
    • 4otros-, todos ellos permanecen en la categoría de subdesarrollados1 o en víasde desarrollo sobre todo si se les compara con el nivel de producción ybienestar de los países centrales industrializados. En este mismo sentido, eltema del desarrollo es todavía un reto del presente siglo XXI, especialmentecuando vemos tan gran cantidad de la población sumida en condiciones depobreza y extrema pobreza y, a nivel internacional, tantas experiencias deintercambio desigual.Sin embargo, a partir del proceso específico de la unificación europea iniciadoa mediados del siglo XX, también en América Latina surgieron otros proyectosde integración, directamente vinculados con el tema del desarrollo, puesto quese pensaba que las naciones aisladas estaban condenadas al fracaso y quesolamente con una mayor coordinación entre países era posible avanzar amejores etapas de bienestar. De esta forma encontramos el Mercado ComúnCentroamericano, diversas figuras como el Parlamento Latinoamericano y laAsociación Latinoamericana de Integración (ALADI), el Pacto Andino que seconvirtió luego en la Comunidad Andina de Naciones (CAN), el MercadoComún del Sur (Mercosur), etc. para llegar en el siglo XX a propuestas como laComunidad Sudamericana de Naciones (CSN), la Unión de Naciones del Sur(UNASUR) y la Comunidad de Naciones de América Latina y el Caribe en el2010.Sin embargo, el debate sobre el desarrollo a través de los procesos deintegración se había centrado solamente en el aspecto económico; incluso, pormucho tiempo el indicador más importante se fijaba solamente en elcrecimiento del Producto Interno Bruto (PIB). En 1990, la Organización deNaciones Unidas (ONU) introdujo el término del “Desarrollo Humano”,señalando la necesidad de añadir otros componentes necesarios para hablarde un verdadero desarrollo y, por ello, el nuevo concepto ha incorporado comoalgo necesario otros indicadores como la educación y la salud. Pero estemismo proceso de una mejor comprensión del tema del desarrollo nos ha1 Samir Amín (1976) había acuñado hace 31 años el término de “países periféricos”, señalandocaracterísticas estructurales que los hacían dependientes y subordinados a los entonces llamadospaíses industrializados o de “primer mundo”, hablando precisamente de un desarrollo desigual.
    • 5llevado también al campo de la cultura, en donde, con toda razón, BernardoKliksberg (2000) ha propuesto que este elemento puede ser una claveolvidada, un elemento que hay que revitalizar.Este libro trata sobre América Latina pero con la intención expresa derelacionar tres grandes conceptos de múltiples significados: el desarrollo, losprocesos de integración y la cultura, manteniendo la hipótesis de Kliksbergsobre la importancia del aspecto cultural: “Hay una revalorización en el nuevodebate de aspectos no incluidos en el pensamiento económico convencional.Se ha instalado una potente área de análisis en el vertiginoso crecimiento quegira en derredor de la idea de capital social. Uno de los focos de esa área, a suvez con su propia especificidad, es el reexamen de las relaciones entre culturay desarrollo” (Kliksberg, 2000: 2).En 1998, a partir de una iniciativa de la Asociación por la Unidad de NuestraAmérica (AUNA) en la Habana, Cuba, surgió el germen de un importanteproyecto, coordinado en aquel momento por el profesor Carlos Oliva Campos:una red de estudios académicos sobre la integración, con participantes dediversas universidades latinoamericanas, que se propusieron elaborar año conaño la redacción de un análisis que diera cuenta de este proceso en AméricaLatina, incluyendo diversos aspectos esenciales como el económico, el político,el educativo, el cultural, etc. El autor del presente escrito quedó en el equipoespecífico de la cultura y lo ha coordinado hasta el presente dentro de unaorganización internacional que se ha consolidado con el nombre de Red deEstudios sobre la Integración Latinoamericana y Caribeña (REDIALC),coordinada actualmente por el profesor Jaime Preciado Coronado y cuyosecretario ejecutivo es Ignacio Medina Núñez.La presente publicación recoge diversos productos que el autor ha redactado ydifundido de manera separada en diferentes medios durante la primera décadadel siglo XXI dentro del equipo del Anuario de Integración de REDIALC. Elobjetivo permanece: resaltar la importancia de la cultura en los procesos dedesarrollo e integración, tratando de clarificar los significados que le damos acada uno de estos conceptos en el contexto histórico de nuestra región. De
    • 6esta manera, los nueve capítulos de la presente publicación están entrelazadoscon este hilo conductor, con la esperanza de seguir promoviendo con lapalabra, con la voz –como Eugenio Ma. de Hostós lo hacía en el siglo XIXluchando por la independencia de su patria-, ese motor interno de la culturacomo capital simbólico que todos llevamos dentro y que está enfocado aperseguir el sueño de Bolívar de una unión de repúblicas que pueda funcionarde manera autónoma frente a los designios del imperio y guiado por elbienestar de las mayorías de la población.
    • 7 CAPÍTULO I DESARROLLO Y GLOBALIZACIÓN MUNDIAL “Los grandes Estados se han convertido en grandes Estados precisamente porque se hallaban preparados en todo momento para insertarse eficazmente en las coyunturas internacionales favorables, y éstas lo eran porque representaban la posibilidad concreta de insertarse eficazmente en ellas” (Gramsci, 1973: 30).Economía, política y cultura¿Puede tener lo que hoy llamamos región latinoamericana un destino trágico?La situación que hoy vive esta región, después de cerca de 200 años de suindependencia, representa todavía un gran fracaso en el nivel económico y unagran decepción en el aspecto político; las relaciones internacionales,especialmente en relación a los Estados Unidos, aún ahora con laadministración del presidente demócrata Barack Obama, no parecen mejorar.“Durante los últimos años América Latina ha presentado importantes avancesen materia de distribución del ingreso. A excepción de Colombia, donde loselevados niveles de desigualdad se mantienen, en otros países los indicadoresde distribución del ingreso han mejorado. Así por ejemplo, según cifras de laComisión Económica para América Latina (CEPAL), entre 2003 y 2009 Brasilmostró el progreso más significativo en la región al reducir su coeficiente Ginide 0.621 a 0.576, seguido de Perú, donde el coeficiente se redujo de 0.506 a0.469 en el mismo período. A pesar de estos avances, América Latina continúasiendo la región más desigual del mundo. El problema es particularmente serioporque se da en un contexto de baja movilidad social donde inter-generacionalmente los pobres siempre suelen ser los mismos” (Focal Point,2011).
    • 8En el ámbito político, se puede decir que ha habido avances en la implantaciónde un modelo democrático, si miramos solamente el aspecto electoral –aunqueel horizonte de los golpes de estado todavía están en nuestra frágil realidadcomo nos lo recuerdan los militares de Honduras en junio del 2009-; sinembargo, la corrupción y la fragilidad de las instituciones democráticas todavíasiguen siendo los grandes obstáculos del mismo modelo de la democraciapolítica. El Rule of Law Index 2011, por ejemplo, señala grandes contrastes enla región, pero en general “las instituciones públicas de la región permanecenfrágiles. La corrupción y la falta de transparencia de los gobiernos es lo queprevalece, de manera semejante a como se ha extendido la percepción deimpunidad” (WJP, 2011: 25). También el BID, junto con su diagnóstico sobreuna baja tasa de crecimiento, inestabilidad económica, desigualdad en ladistribución del ingreso, etc., al hablar de desarrollo también consideraba otrosindicadores más allá del ámbito productivo como es el estancamiento educativoen los diversos niveles, el poco respeto a la vida y la propiedad, y en diversoscasos, la ingobernabilidad. Por ejemplo, de manera particular, “en términos delimperio de la ley y el control de la corrupción, América Latina se sitúa en unnivel inferior a cualquier otro grupo de países, con excepción de África” (LaJornada, 8 mayo 2000). Esto nos lleva a considerar lo complejo de nuestropanorama regional cuando “los países latinoamericanos se encuentranapesadumbrados no sólo por la pobreza y la inequidad sino también por ladebilidad del imperio de la ley, es decir, la garantía de que los ciudadanos ycualquier negocio reciban un trato imparcial y predecible por parte del gobierno,de la justicia y de otras instituciones” (Economist, No. 8170, 05/13/2000: 34).Sin embargo, tenemos derecho a la esperanza, porque el conformismo y elpesimismo se presentan como la mayor amenaza cultural: “al que no tienenada y se conforma con ello, se le quita además lo que tiene” (Bloch, E., 1979:11); necesitamos el derecho a soñar por encima de las propias posibilidadesreales, especialmente porque los ciudadanos podemos poner todas nuestrasfuerzas en incidir y cambiar las políticas públicas de los gobiernos en labúsqueda de nuevos modelos de desarrollo.
    • 9Después de la terrible crisis económica de 1994-95 que se abatió sobreMéxico, efecto inmediato del salvaje neoliberalismo propiciado por CarlosSalinas, que ocupó la presidencia de 1988 a 1994, los países latinoamericanosparecieron vivir una etapa de estancamiento o ligera elevación de su productointerno bruto, hasta que Argentina, en diciembre del 2001 –posterior a los dosgobiernos neoliberales de Carlos Menem y la pésima administración inicial deFernando de la Rúa-, sorprendió con la primera gran crisis del siglo XXI y quese mostró en la brutal caída de su economía durante todo el 2002.La recuperación económica de Argentina después del 2001 ha sido muysignificativa; incluso podría servir a los latinoamericanos como un ejemplonotable de cómo ocurrió la propuesta de nuevos modelos de colaboración entreciudadanos y gobierno, tal como se dio en el gobierno de Néstor Kirchner paraenfrentar la crisis y plantear nuevas alternativas a partir de “la elaboración deuna promesa de recomposición de la comunidad política y por el intento deinvertir el valor y el peso del término nación en el sentido de una identificacióncon la democracia, promoviendo la convergencia de motivaciones nacionalistasy democráticas” (Corten, 2006: 186) . Junto con Argentina, teniendo en cuentalos indicadores mencionados en el concepto de “Desarrollo Humano” de laONU (ingreso, salud y educación), los otros países que están a la punta en laregión latinoamericana son Chile, Uruguay y Costa Rica, situándose en un nivelsorprendente por arriba de potencias económicas como México y Brasil. Sinembargo, toda la región, al igual que el resto de los países subdesarrollados,ha sido golpeada, durante 2008 y 2009, por la crisis financiera iniciada en lospaíses industrializados.Dentro del incipiente crecimiento económico de los 90s, hay otros factores queno permiten el optimismo en materia de un verdadero proyecto de desarrollo.Tenemos en primer instancia el período de los años 80s como la décadaperdida, caracterizada por sus profundas crisis económicas, y en dondeencontramos, paralelamente al crecimiento cero, una profundización de ladesigualdad social: “la mayor parte de los analistas observan que la pobreza yla inseguridad empeoraron sustancialmente en los años 1980s” (Korzeniewics,en LARR, no. 3, 2000: 8). Habría también que observar que la leve
    • 10tendencia, en los 90s, hacia la disminución de la pobreza se frenó durante losaños de 1998 y 1999, como se comprueba en las cifras oficiales.Por otro lado, algo que parecen no entender todavía las diversas corporacionesmultinacionales que sostienen el modelo neoliberal -el Banco Mundial (BM), elFondo Monetario Internacional (FMI), etc.- es que, como lo ha reconocidoclaramente la CEPAL, el crecimiento por sí solo no garantiza una mejordistribución del ingreso y, por ello, no puede uno atenerse confiadamente a lascifras macroeconómicas: ni los empleos productivos, ni los mejores salarios, nila eficiencia laboral, ni las mejores políticas sociales son una consecuenciamecánica del puro crecimiento en términos cuantitativos. Ello quiere decir queAmérica Latina puede seguir experimentando mayores desigualdades socialesparalelo al crecimiento económico debido a que no existe una relación directaentre dicho crecimiento y la distribución de la riqueza social. “El crecimientoeconómico en la región no ha sido acompañado por significativas o duraderasreducciones en la pobreza y la inequidad” (Korzeniewicz, en LARR, no. 3,2000: 8). También hay que tener en cuenta que la continuidad del mismocrecimiento económico no está garantizada mientras exista tal brecha internaentre productividad e ingresos, mientras no se enlacen de manera máshorizontal los sectores productivos, mientras la tecnología siga acaparada sólopor pequeños grupos trasnacionales, y mientras no exista una repercusióncentrífuga del arrastre de las exportaciones y el comercio hacia otros sectoresdel mercado interno.Podemos también observar la fragilidad de nuestras economías cuando granparte de la producción sigue dependiendo de los llamados sectores informales.“Según estimaciones de la CEPAL, de cada 100 nuevos empleos creados entre1990 y 1997, 69 correspondieron a este sector, al que pertenece el 47% de losocupados urbanos en la región. Esto explica el actual estancamiento delpromedio de los niveles de productividad del trabajo... En 13 de 18 países, elsalario mínimo real de 1998 fue inferior al de 1980. Los trabajadoresinformales, en promedio, reciben una remuneración media que equivale a lamitad de la que perciben empleados y obreros en establecimientos modernos ysus ingresos han crecido, por regla general, a un ritmo menor, lo que ha
    • 11contribuido a acrecentar la desigualdad en los ingresos laborales. La distanciaentre los ingresos de profesionales y técnicos y los de asalariados en sectoresde baja productividad aumentó un 28%, como promedio, entre 1990 y 1997”(CEPAL, 2000: 11-13).La propia CEPAL dio a conocer otro estudio denominado Panorama social deAmérica Latina 1999-2000, donde se reafirmó el diagnóstico sobre el incipientecrecimiento económico en los 8 primeros años de la década de los 90s,afirmando que tal tendencia positiva se vio interrumpida en 1998 y 99; con susfuentes, la CEPAL afirmaba que existían, en el fin de milenio, 220 millones depersonas en la pobreza, lo que constituía el 45% de la región latinoamericana ycaribeña. Si lo queremos ver en el marco de la pobreza extrema, un estudio delBID reconocía que más de 150 millones de latinoamericanos, más del 30% dela población, tenían un ingreso debajo de los dos dólares norteamericanoscada día para poder cubrir sus necesidades básicas (Cfr. Latinamerican Press,citado en LADB no. 39, Oct.22, 1999). Con datos más recientes, la CEPAL, ensu División de Estadísticas y Proyecciones Económicas, dejaba asentado que,en 2007, el 34.1% de la población latinoamericana (referido a los 19 países dehabla hispana y portuguesa) se encontraba en situación de pobreza. Para elcaso específico de México, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política deDesarrollo Social (CONEVAL) informó en julio del 2011 que el número de lospobres creció a partir de 48.8 millones (44.5% de la población) que eran en2008 a 52 millones (46.2%) en el año de 2010. El crecimiento fue de 3.2millones de personas en situación de pobreza, teniendo en cuenta, además,que la pobreza extrema (quienes no tienen acceso a salud, educación, vivienday tampoco lo suficiente para comprar una canasta básica) se manifestaba en11.7 millones de personas.Antes de la crisis financiera del 2008, se podía ver por varios años que “laregión está creciendo al 5,6% anual, con tasas que superan el 8 y 9% enArgentina, Nicaragua y Venezuela, Brasil y México cerca del 4%. Pero esto noes gratuito: reprimarización de las economías, débil reindustrialización,exacción de recursos naturales, degradación ambiental, fuerte concentraciónde la riqueza: el 10% más rico de la región se apropia del 48,6%, mientras que
    • 12el 10% más pobre apenas recibe el 1,6%” (Lucita E., 2008)2. Es decir, aunantes de dicha crisis, las tasas de crecimiento tenían enormes costos, pero, decualquier manera, no resolvían el problema básico que tiene la región:crecimiento de la riqueza pero sin una mejor distribución de los beneficiossociales. La crisis acelera la contradicción entre ricos y pobres pero tambiénentre las mismas empresas generadoras de la producción.Esta es una situación casi estructural que perdura en el comienzo del siglo XXIy que necesariamente se ha agravado con la crisis económica internacionaliniciada en el 2008 a partir de la quiebra de numerosos bancosnorteamericanos y la mala administración de la crisis por numerosos gobiernos.Estos años de 2008 y 2009 se convirtieron en la expresión de una de las másterribles crisis del capitalismo en donde incluso, por parte de diversosgobiernos del primer mundo, se ha tenido que admitir el fracaso del modeloneoliberal: el Estado tiene que intervenir en la economía y ejercer controlesseveros sobre el actuar de las instituciones financieras. Nadie como NicolasSarkozy, presidente de Francia, expresó críticas severas al modelo del libremercado. “La idea de la omnipotencia del mercado que no debía ser alteradopor ninguna regla, por ninguna intervención pública; esa idea de laomnipotencia del mercado era descabellada. La idea de que los mercadossiempre tienen razón es descabellada… Se ha permitido que los bancosespeculen en los mercados en vez de hacer su trabajo que consiste en invertirel ahorro en desarrollo económico y analizar el riesgo del crédito. Se hafinanciado al especulador y no al emprendedor” (Sarkozy, 25 sept. 2008). Yposteriormente Barack Obama, como presidente norteamericano lo expresótambién en su toma de posesión en enero del 2009: “Esta crisis nos harecordado que, sin un ojo atento, el mercado puede descontrolarse” (ObamaB., 20 enero 2009).América Latina constituye un panorama con riesgos de explosividad a partir deesta situación tanto de falta de crecimiento como de desigualdad en la2 Estos datos concuerdan también con los mencionados por el Centro de Estudios sobre laEconomía Mundial: “El 10% de las personas más ricas recibe entre el 48% delos ingresostotales generados por la región, mientras que el 10% más pobre sólo accede al 1.6%”(Hernández G., 2005).
    • 13distribución de la riqueza. Se dieron ciertos años de leve crecimientoeconómico general y, en general, se señala, una moderada reducción de lapobreza en la década del siglo XX con algunos débiles éxitos en materiadistributiva, pero parece que la transición de un siglo a otro nos está volviendoa la situación de la década perdida de los 80s; hay que tener en cuenta,además, otro fenómeno importante: la “expansión impresionante en el acceso alas comunicaciones, que ha tendido a homogeneizar las aspiraciones deconsumo. Los jóvenes urbanos, más que ningún otro grupo, se encuentranexpuestos a estímulos e información sobre nuevos y variados bienes yservicios que se convierten en símbolos de movilidad social y a la que lamayoría de ellos no puede acceder” (CEPAL, 2000: 15). La pobreza, entonces,se manifiesta en otras consecuencias como la discriminación étnica, lasegregación residencial y el incremento de la violencia urbana.La problemática situación económica de la región se sigue asemejando a lastragedias griegas sin aparente salida, cuando hemos conmemorado cerca de200 años de independencia. Contra la visión de la tragedia y el pesimismosobre un destino manifiesto, podemos afirmar que aún existen posibilidadespara construir mejores alternativas de desarrollo, a partir de nuevos gobiernosy numerosas formas de participación ciudadana.Sin embargo, en el comienzo del siglo XXI, a partir de ciertos postuladosprogramáticos básicos definidos por los gobiernos que han sido electos, sepuede encontrar una realidad heterogénea que antes era imposible encontraren América Latina. En el siglo XX, los gobiernos de izquierda –o aun losgobiernos moderados progresistas como los de Jacobo Arbenz en Guatemala-no podían tener cabida debido a la fuerza de los militares, las oligarquíasinternas y sobre todo la intervención militar abierta de los gobiernosnorteamericanos: golpes de estado y dictaduras eran parte de la “normalidad”de la región. Sin embargo, políticamente ha ido ganando fuerza el consensoalrededor de la democracia y los procesos electorales en un proceso alentadopor los mismos Estados Unidos y aceptados verbalmente por casi todas lasélites locales.
    • 14Lo notable en el siglo XXI es el surgimiento de gobiernos progresistas y deizquierda moderada o radical que han llegado al poder ejecutivo de sus paísesa partir precisamente de los postulados del liberalismo: los procesos electoralesen un modelo democrático. Por ello, surgió Hugo Chávez en 1998, ratificado enel 2000 y luego en el 2006; también Evo Morales en Bolivia en 2005; Lula daSilva en Brasil en el 2002 y ratificado en el 2006; el Partido Socialista de Chilecon Ricardo Lagos y continuado luego por Michelle Bachelet en el 2005 (conuna segunda vuelta en enero de 2006); Rafael Correa en Ecuador en el 2006 yreelecto en el 2009; el regreso del Sandinismo con Daniel Ortega enNicaragua, en el 2006; Néstor Kirchner en Argentina en el 2003 con ungobierno continuado por su esposa Cristina en el 2007; Mauricio Funesgobernante de El Salvador por el Frente Farabundo Martí para la LiberaciónNacional (FMLN) en el 2009; Ollanta Humala, presidente del Perú en el 2011,etc.En numerosos casos nacionales, ha sido impresionante la participación de lapoblación en los procesos electorales, que, por la vía pacífica, la vía políticoelectoral, se han decidido por un cambio de rumbo en las políticas económicasgubernamentales. En el siglo XXI, habiendo empezado una tendencia con laelección de Hugo Chávez en Venezuela, en 1988, han llegado a diversosgobiernos varios líderes emergentes que han estado planteando unrompimiento con el modelo neoliberal e incluso con el modelo capitalista deexplotación. La región no está destinada a permanecer encadenada sino que,en la práctica, puede estar ensayando variantes dentro del marco de lademocracia para aflojar las cadenas y buscar enfilarse hacia otras alternativasde desarrollo.Todos estos gobiernos han estado cuestionando el modelo de desarrollollamado neoliberalismo, que se distingue por las políticas de crecimientoeconómico basadas solamente en el libre comercio; en esta concepciónneoliberal, siempre se pensó que dicho crecimiento tarde o temprano llegaría adesparramar los beneficios sociales para toda la población, cosa queciertamente no ha ocurrido, como se muestra, por ejemplo, en países de granriqueza pero con una gran cantidad de pobres. Y junto con la crítica al
    • 15neoliberalismo, se añade el postulado sobre una mayor necesidad deintegración de los países latinoamericanos.Esta ideología general de la izquierda en gobiernos emergentes, aunque esbastante heterogénea en su aplicación en cada país, se ha enfrentado a losgrupos económicos más poderosos al interior con una política social que secaracteriza sobre todo por programas de distribución de recursos focalizadosdirectamente a los sectores más desfavorecidos y, en el marco internacional,varios gobiernos entre los que destacan sobre todo Venezuela, Bolivia yEcuador, han expresado una exigencia de autonomía frente a los organismosfinancieros y en particular frente a la intervención de los Estados Unidos. Deesta manera, por lo general, estos gobiernos se han opuesto al proyectonorteamericano de la Alianza del Libre Comercio de las Américas (ALCA) o adiversos tratados bilaterales de libre comercio, que solamente significan laapertura de fronteras a productos del exterior sin tener en cuenta la producciónnacional y el mercado interno. Estamos, en este sentido, a la puerta de nuevasalternativas y cambios sociales para una nueva reorientación de la economía, apartir de la política.La preocupación sobre la fragilidad económica y desigualdades sociales delantes llamado Tercer Mundo y en especial sobre la región latinoamericana noviene solamente por parte de los llamados grupos globalifóbicos oaltermundistas, que empezaron a manifestarse con más resonancia a partir dela reunión de la OMC en la ciudad de Seattle, USA, a finales de 1999, y quehan continuado sus protestas en la reunión del Banco Mundial y FondoMonetario Internacional, en Washington D.C. en Abril del 2000, y también enotras ciudades de Europa y el mundo entero durante todos los años del sigloXXI. La preocupación por la situación latinoamericana también la hanexpresado instituciones internacionales como el BID, por ejemplo, en el análisisque presentó su presidente Enrique Iglesias en el informe anual “ProgresoEconómico y Social” en Mayo del 2000. Ahí se señalaban diversos problemaseconómicos graves en la región, relacionados con otros no menos importantescomo la falta de una educación suficiente, la corrupción, el incumplimiento delas leyes, etc.; se afirmaba, por ejemplo, que en los últimos 50 años, los países
    • 16latinoamericanos cayeron del segundo al quinto lugar mundial, si consideramosel PIB per cápita (solamente arriba de África), pues simplemente comparandocon el ingreso promedio por habitante de los países industrializados, loslatinoamericanas ganaban 10,600 dólares menos al año.Esta situación se hace más grave en particular para algunos países, puesmientras México, Chile o Argentina3 tienen aproximadamente entre 3 mil y 10mil dólares de ingreso anual promedio por habitante, otros países comoHonduras, Haití, Nicaragua y Bolivia tienen solamente entre 400 y 700 dólaresanuales de ingreso promedio.Con ello, parece que volvemos a la espiral de la adversidad, como siestuviéramos de nuevo obligados a levantar la piedra de Sísifo4 o como siestuviéramos encadenados por siempre a una roca como Prometeo para quele devoren las entrañas cada día. Ante el panorama desolador de la regiónlatinoamericana, pudiera experimentarse una sensación de tragedia; parece nohaber una salida clara que nos ponga en camino de un desarrollo concrecimiento y redistribución de la riqueza social; pero la visión pesimista de ladesesperanza no puede tener cabida, porque existen numerosos indicios paramostrar caminos mejores. En el ámbito mundial, ciertamente hay que citar elcaso de varios países asiáticos, los llamados Tigres que, en un lapso de 40años durante la segunda mitad del siglo XX, fueron capaces de pasar desituaciones tercermundistas a condiciones de países casi de primer mundo;entre ellos, ciertamente vale la pena citar el caso de Singapore, que en suexperiencia de 1965 al 2000, bajo el liderazgo de Lee Kuan Yew, tuvo unasingular transformación en la constitución de un estado social que luchófuertemente contra la corrupción y supo ofrecer a su población hasta laactualidad uno de los mejores ingresos per capita mundiales: “¿Podía haber3 Con la terrible crisis económica de Argentina que explotó en diciembre del 2001, hay quetener en cuenta que su PIB del 2002 decreció en -11%, y de manera semejante su ingreso percapita descendió a un -12.1% (CEPAL, 2002b: 108-109)4 En la mitología griega, por algún pecado que cometió contra los dioses, Sísifo fue condenado aempujar una roca de manera permanente hasta la cima de una montaña, de donde volvía a caerpara que el mortal volviera a empujarla hacia arriba. El castigo era un trabajo inútil y que notenía esperanza de cesar. Prometeo también fue castigado por robar el fuego a los dioses paradárselo a los humanos.
    • 17esperado llegar a un Singapur independiente con un PIB de 3 mil millones en1965 para hacerlo crecer 15 veces hasta 46 mil millones de dólares en 1997…y tener el octavo ingreso per capita más alto del mundo en 1997, según elBanco Mundial?” (Yew L.K., 2006: 760).Para la región latinoamericana, podemos utilizar los indicadores del llamadoÍndice de Desarrollo Humano (IDH), en donde se mide no solamente el ingresosino también los niveles de salud y educación, lo cual nos ofrece un mejordiagnóstico de los países que lo que se nos mostraba solamente al medir elcrecimiento económico. Ciertamente los mejores países en el nivel del IDHestán bastante alejados de los primeros del ranking mundial, y por eso nuestraregión latinoamericana en general puede considerarse todavía en elsubdesarrollo. Sin embargo, una cosa puede quedar clara: no es la capacidadde crecimiento económico de un país lo que determina una mejor calidad devida para sus habitantes, cuando vemos que países como Chile, Uruguay,Cuba o Costa Rica que, siendo pequeñas economías, se encuentran dentro dela región con los mejores índices de desarrollo humano, adelante de potenciasregionales como México y Brasil. En este sentido, algo deben haber estadohaciendo los países con mejor IDH en comparación con aquellos comoHonduras, Guatemala, Nicaragua y Haití, que se encuentran como los másrezagados en estos indicadores básicos.Lo que está en cuestión, sin duda, es la rigidez de un modelo económiconeoliberal que, en pocos años, no ha mostrado ser capaz ni siquiera de hacercrecer la economía en forma constante, y mucho menos aliviar la situaciónsocial de millones de latinoamericanos en la pobreza. El modeloindustrializador y el endeble crecimiento económico han estado subordinados ala potencia del norte de América, que, en alianza con las élites nacionales, noha propiciado una verdadera transferencia tecnológica para un desarrollo másautónomo.Por otro lado, en el ámbito global, la región es conocida en todo el mundo perocomo una multitud de naciones desunidas sin un proyecto común. El gransueño de Simón Bolívar sobre la gran patria americana no se ha cumplido: toda
    • 18la región se dispersó en numerosos países que optaron por la vía nacional ycuyas fechas de emancipación de España empezaron a ser motivo deconmemoración y alegría. Sin embargo, junto con la fiesta por las fechas deindependencia hay que recordar también las tareas pendientes que dejaron loslibertadores a las nuevas generaciones: por un lado, la consolidación de unalibertad política que se tiene que manifestar en instituciones más democráticas;por otro lado, la orientación de un modelo de desarrollo cuyos beneficios serepartan entre todos los habitantes y que no sean acaparados solamente porlas élites; y finalmente la perspectiva de enfrentar la globalización mundial nodesde la perspectiva de una sola nación sino como una comunidad derepúblicas.Las nacionalidades latinoamericanas empezaron a existir hace cerca de 200años, lo cual es motivo de orgullo. Las otras tareas en el nivel económico,político y de coordinación supranacional son asignaturas pendientes porque,por un lado, pesa mucho el posible retroceso que implica la existencia delgolpe de Estado en Honduras el 28 de junio del 2009, con un presidenteconstitucional depuesto violentamente por militares y civiles, cuando había sidoelecto con todas las reglas de la democracia electoral. Y pesa aún más eldescontrol y manipulación de una economía regional que tiene tantos recursosnaturales pero que no ha alcanzado un crecimiento estable y mucho menosuna mejor distribución de la riqueza social.Aunque las causas de nuestra situación latinoamericana son muchas, entérminos históricos podemos referirnos al fracaso de un modelo llamadoneoliberalismo5 que se impuso de manera salvaje en toda la región: esa velozapertura a los mercados acompañada de severos programas de ajuste alinterior de cada país han mostrado su inoperancia: “El llamado Consenso deWashington ha concluido en un fracaso mayúsculo. Las políticas del ajusteestructural que impulsara en los años 80s y 90s, provocaron la exclusión de laproducción y del consumo de millones de personas en todo el continente. Hoyen América latina más del 40% de su población es pobre y entre el 15% y el5 Sobre la concepción del modelo neoliberal en sus lineamientos teóricos y en sus repercusionessobre los gobiernos de América Latina, puede consultarse a Medina y Delgado (2003).
    • 1920% indigente, y las desigualdades sociales se han acrecentado” (Lucita E.,2008).Ni la región se ha estabilizado en su crecimiento económico ni la pobreza hadejado de ser un problema alarmante en la mayoría de los países. Por ello, sehace necesario transformar el trabajo inútil de Sísifo en algo productivo yremunerador; se hace necesario romper las cadenas de Prometeo. Pero hayque matizar esta afirmación en el sentido de que en realidad sí ha habidotrabajo muy productivo a partir de la enorme cantidad de recursos naturalesque tiene América Latina, pero la realidad es, por un lado, la enormetransferencia de recursos hacia las naciones industrializadas y, por otro, cómogran parte de dichos recursos es acaparado por unos pocos, al interior de losestados nacionales. Necesitamos inventar nuevos modelos de desarrolloalternativos y optar por ellos. De esta manera, puede ser útil recordar lasrecomendaciones de Wallerstein, cuando analizamos la situación caótica delactual sistema-mundo: “Necesitamos primero que todo intentar comprenderclaramente qué es lo que está sucediendo. Necesitamos después decidir enqué dirección queremos que se mueva el mundo. Y debemos finalmenteresolver cómo actuaremos en el presente de modo que las cosas se muevanen el sentido que preferimos” (Wallerstein, 2005: 122). Por eso hay que afirmarque nos alegramos con aquella independencia de hace casi 200 años, perotambién debemos reconocer que los ideales y las metas de muchos deaquellos luchadores decimonónicos todavía están vigentes para lasgeneraciones del siglo XXI.Como bien lo señalaba Gramsci a comienzos del siglo XX en Italia, elpesimismo es el mayor enemigo que podemos tener. Quien inicia un proyectocon esta percepción, está derrotado de antemano porque se imposibilita parapoder actuar a partir de una sensación de impotencia. Por ello, junto a laeconomía y la política de los países latinoamericanos, es importante señalar lacontribución que puede tener la cultura en relación al desarrollo y los procesosde integración. Cuando Margareth Tatcher en los años de 1970 con susprogramas de ajuste neoliberal señalaba con claridad de que no había otraalternativa, es necesario recordar el poder de la imaginación creadora, que
    • 20puede buscar nuevas opciones y caminos a seguir. Más aún, para EdgardoLander (1991), el mayor dominio que pueden ejercer los dominadores sobrelos explotados se enfoca a una “castración cultural”, quitando a la mayoría dela población su poder de pensar, discutir, imaginar y crear mayoresposibilidades de acción. Prometeo encadenado y la piedra de Sísifo sonsolamente mitos que nos pueden condenar eternamente al pesimismo y laaceptación del statu quo; siempre es posible pensar en las alternativas quepuede ofrecer el pensamiento y la cultura.En 1985, Lawrence Harrison publicó un libro en el Harvard Center forInternational Affaire con el título: “El subdesarrollo está en la mente: el casolatinoamericano” (Underdevelopment is a state of mind. The Latin AmericanCase), queriendo demostrar que en muchísimos casos, la cultura era uno delos principales obstáculos para el desarrollo en la parte sur del continente.Aunque lo importante de este punto de vista es el enfoque sobre la cultura, elpunto de vista del autor ofrecía un análisis pesimista y distorsionado: loslatinoamericanos, a partir de sus costumbres y modos de pensar, se oponen,se resisten, obstaculizan el desarrollo y la modernización y, por ello, elproblema es muy difícil de modificar; tardarán décadas o siglos para que elmodo de ser de la gente se acople a las prácticas del desarrollo industrial.Sin embargo, este enfoque pierde de vista una realidad histórica que mostraronbastante bien y con mucho fundamento diferentes teóricos de la dependencia:siglos de colonización y extracción de recursos por parte de los paísescentrales sobre los de la periferia. Para el contexto histórico de nuestra regiónlatinoamericana, como bien lo ha expuesto Eduardo Galeano en su libro sobre“Las venas abiertas de América Latina”, nunca hay que olvidar los aspectosestructurales que prevalecieron por siglos en la relación España-NuevaEspaña, y posteriormente, a partir del siglo XIX, en la relación América delNorte – América Latina, con hechos bastante bien comprobados de saqueo yexplotación venidos de fuera de nuestra región. En este sentido, rechazamos lavisión de Harrison cuando quiere ver el origen del subdesarrollo únicamente enfactores internos culturales, olvidándose de todos aquellos agentes que hanrobado los recursos naturales, de la labor de las empresas trasnacionales que,
    • 21a través del intercambio desigual, continúan trasfiriendo el valor producido enuna región hacia otra dentro del sistema mundial.Sin embargo, queremos rescatar un elemento importante de la propuesta inicialde Harrison en el sentido de darle una mayor importancia a la cultura, alcondicionar el comportamiento económico, político y social de gran parte de losciudadanos. Podríamos ciertamente reconocer, como dice Bernardo Kliksberg(2000), al capital social y la cultura como “las claves olvidadas del desarrollo”,sin que por ello olvidemos los factores históricos que, desde fuera de nuestrasculturas, nos han impuesto para ponernos en la situación contemporánea desubdesarrollo que hoy padece la región latinoamericana. Las nuevas teorías dela interdisciplinariedad y la complejidad nos llevan a reconocer que losproblemas del desarrollo no pueden verse exclusivamente en el campoeconómico o en el campo político sino que abarcan también lo cultural; y desdeel campo cultural es posible elaborar los nuevos proyectos a futuro quesobrepasen las carencias del presente. Grandes economistas como AmartyaSen señalan con claridad que los pobres no solamente necesitan tenerrecursos sino sobre todo adquirir mejores capacidades para utilizar los recursosque poseen. Para el caso de América latina, nuestra cultura y modo de pensary de ser tienen ciertamente numerosos aspectos que resisten y se oponen aldesarrollo capitalista; pero oponerse al capitalismo no es necesariamenteoponerse al desarrollo sino sobre todo ponerse en el camino de buscaralternativas a este modo de producción dominante con nuevos modelos ynuevas prácticas sociales que se fundan no exclusivamente sobre la gananciasino sobre el bienestar colectivo y el buen vivir (Cario B., 2008).Cuando hoy se discute abiertamente a nivel mundial si los procesos actualesde integración son una mejor vía para caminar a mejores estadios dedesarrollo, también entra claramente a discusión el papel de la cultura: existencomunidades y naciones que, por sus redes de confianza formales einformales, tienen más disposición para construir proyectos colectivos queotras. En este sentido, cultura y procesos de integración se vinculan de maneradirecta, teniendo en cuenta que hay elementos culturales fundamentales quedeben ser mejor cultivados en relación a una integración más autónoma y
    • 22equilibrada y teniendo en cuenta que hay también elementos culturales quepueden lanzarnos a la dispersión y mayor desintegración.Economía, política y cultura están íntimamente relacionados en la vida de todoser humano. Si bien hay que reconocer que en América Latina la economía y lapolítica son todavía un desastre en donde existe una gran mayoría de lapoblación en pobreza y extrema pobreza y en donde las élites políticas siguenutilizando métodos autoritarios de gobierno impidiendo la participación de losciudadanos, en este escrito vamos a enfatizar la riqueza de nuestra culturalatinoamericana, no solamente entendida como el folclor y expresiones de lamanera en que vive la población sino sobre todo como capital social eimaginación creadora que puede plantearse un proyecto autónomo de unacomunidad de naciones.Desarrollo latinoamericano y globalización mundialEn gran parte de la literatura económica del siglo XX, los esfuerzos dedesarrollo se han concentrado en el fomento del crecimiento y expansióneconómica para elevar los niveles cuantitativos del Producto Interno Bruto (PIB)de los países y posteriormente las posibilidades de mayores ingresos para lapoblación. Esto sucedió incluso en los planteamientos de la mismaOrganización de Naciones Unidas (ONU). Sin embargo, en la práctica se haconstatado que el incremento del producto nacional no devieneautomáticamente en un mayor bienestar de las personas; aunque es unelemento importante para la prosperidad de un país, no es el único.En el caso particular de México, el gobierno celebraba que éramos la 9ªeconomía del mundo en septiembre del 2002 al mirar solamente el monto delPIB, pero en los índices de Desarrollo Humano de la ONU aparecíamos hasta ellugar número 54; en el Informe del 2010, México apareció en el lugar número56. En muchos casos, el crecimiento ocurre pero ocasionando una maladistribución de los beneficios, acrecentando tremendamente las diferenciasentre pocos que tienen mucho y muchos que obtienen poco, que es el caso deLatinoamérica, la región más desigual del planeta.
    • 23Ciertamente hay que partir de la importancia del crecimiento y de la estabilidadeconómica pero solo como un elemento dentro de un conjunto decaracterísticas que están a la par, si queremos visualizar para el futuro unverdadero desarrollo. No es posible buscar el crecimiento económico y esperarluego como consecuencia necesaria la distribución de la riqueza; sin embargo,tampoco podemos reducir el desarrollo ni solo al crecimiento ni solo al ingresoper capita, sino que debemos incidir en otros elementos también determinantesde la vida humana como la salud, la educación, la participación ciudadana eninstituciones democráticas e incluso la cultura misma. Hay que ofrecer unplanteamiento más sugerente sobre el desarrollo y tal vez paradójico cuando sepuede formular que este proceso es más bien el efecto de un sistema políticodemocrático con una cultura participativa, y por lo tanto hay que centrar laatención en algunos ingredientes fundamentales de tal sistema.Si el desarrollo no se reduce solamente al crecimiento, muchos podrían pensarque el complemento de la distribución de la riqueza llenaría entonces demanera completa la definición del concepto. Ello es algo muy importante, perotenemos que avanzar a otra definición que estamos adoptando en este escrito:para la gente, los beneficios del crecimiento son determinados tanto por sucalidad como por su cantidad, por aspectos distributivos y productivos. Algunasde las aspiraciones humanas más frecuentes son gozar de una vida larga ysaludable, acceder a los conocimientos idóneos para desempeñarseexitosamente y asegurar a su familia condiciones de vida dignas y alentadoras.De la misma forma, el ser humano busca ser libre de elegir entre variasopciones; participar activamente en la vida comunitaria; trasmitir a sus hijos uncapital de recursos al menos equivalente al que uno disfruta; desarrollar supersonalidad, iniciativa y responsabilidad para ser un actor que determine elcurso de su existencia en un entorno de libertad y justicia.“La tarea prioritaria del desarrollo ya no consiste en lograr el máximo o el óptimocrecimiento total sino en satisfacer un conjunto de necesidades básicas... Esteconjunto de necesidades incluye bienes y servicios relativos a la nutrición,salud, vivienda, educación y empleo... El modelo de Necesidades Humanas
    • 24Básicas incorpora dos elementos más en sus recomendaciones: hincapié en laautoconfianza local y nacional, y preferencia por los estilos de solución deproblemas que permiten la participación” (Goulet y Kwan, 1989: 37). Nutrición,salud, reproducción, educación, identidad cultural, libertad política, participaciónsocial, eficiencia institucional y calidad ambiental son ingredientes importantesde la calidad de vida, que se aprecia por la capacidad de las personas para viviren la forma que más estiman. Para la realización de estos anhelos es unelemento central, pero no exclusivo, el disponer de un ingreso suficiente yestable.Desde esta perspectiva, el verdadero desarrollo coloca a los ciudadanos, consus necesidades y expectativas legítimas, en el centro de los esfuerzos decualquier proyecto nacional. Se podría formular un objetivo universal:promover las capacidades de todos los seres humanos para que tengan laoportunidad de gozar del tipo de vida que más valoran, multipliquen sucapacidad y poder dirigir responsablemente su existencia; tenemos, entonces,que ver y considerar otros elementos que tienen que ver sobre todo con laparticipación política y la cultura.De acuerdo a los postulados de varios documentos de las Naciones Unidas(ONU-PNUD, 2000; ONU-PNUD, 2002), el nuevo concepto de desarrollohumano puede implicar los siguientes elementos, que no están reducidosentonces necesariamente al aspecto económico:- la exigencia básica de equidad, sin discriminación.- la sostenibilidad, como una extensión de la equidad pero aplicada a laspróximas generaciones.- la creación de capacidades y de oportunidades para la población, íntimamenteligada a elementos institucionales que la podrían facilitar; por ello, la conquistade un mayor bienestar general está asociada a la construcción de un marcopolítico de instituciones democráticas que alienten la participación ciudadana.Esta visión del desarrollo no se limita a lo económico, sino que se extiende a lasesferas social, cultural, política y ambiental. El crecimiento económico siguesiendo un elemento indispensable; hay que completarlo con una efectiva
    • 25política social para erradicar la pobreza, pero todo ello se tiene quecomplementarse con la meta superior de un bienestar armónico general, ciertosniveles de participación ciudadana y un aprovechamiento respetuoso de losrecursos naturales pensando en las futuras generaciones.Desde 1990, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)publica anualmente un Informe mundial (Informe sobre Desarrollo Humano) queanaliza distintas dimensiones del problema, desde la perspectiva del desarrollohumano. Estos documentos han estado ofreciendo un nuevo marcoglobalizador muy sugerente que siempre hay que tener en cuenta al hablarsobre los procesos del desarrollo en los diferentes países: el mayor acierto fuehaber incorporado otras dimensiones sociales al intentar medir y comparar eldesarrollo entre las naciones, principalmente tomando en cuenta los indicadoresde esperanza de vida, alfabetización, empleo e ingreso. No son los indicadoresmás completos que aquí hemos apuntado, pero por lo menos apuntan más alládel puro crecimiento económico.Al entender el desarrollo humano como un proceso de ampliación deoportunidades para todas las personas, se parte del reconocimiento de que esen el marco de las opciones creadas por la sociedad que las personas puedendisfrutar de las oportunidades brindadas y enfrentar los riesgos en mejorescondiciones. El concepto de desarrollo humano debería abarcar múltiplesdimensiones de la vida de las personas y de los grupos sociales: familiar, social,ambiental, económico y político. Un verdadero desarrollo no puede sacrificar alas personas o a su entorno natural en la búsqueda del crecimiento económico.De no traducirse éste en la satisfacción cada vez más amplia de lasnecesidades de la gente y en el respeto de su entorno natural, cualquier éxitoserá de una exigua duración; el aumento del bienestar general y laconservación del potencial ambiental constituyen condiciones estructuralesindispensables para sostener el progreso económico.Todo estas implicaciones del nuevo concepto del desarrollo tenemos queanalizarlas en un nuevo contexto mundial de finales del siglo XX, el entorno dela globalización. Este es un fenómeno que se nos presenta como una fase
    • 26nueva del largo proceso de la internacionalización del capital, que –iniciado conel descubrimiento de América y del mundo como un globo- se ampliónotablemente durante los siglos XVIII y XIX con el proceso de la revoluciónindustrial. Marx formuló acertadamente que con el modo de produccióncapitalista, la historia se estaba convirtiendo en historia universal al convertirseprecisamente el capitalismo en el único sistema productivo que estaba llegandoa dominar mundialmente: “Espoleada por la necesidad de dar cada vez mayorsalida a sus productos, la burguesía recorre el mundo entero. Necesita anidaren todas partes, establecerse en todas partes, crear vínculos en todas partes.Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía ha dado un caráctercosmopolita a la producción y al consumo de todos los países” (Marx-Engels,1978: 34). Pero también en ese tiempo, el fenómeno internacional nosolamente se daba desde la perspectiva del capital sino que también ofrecíanuevas condiciones para la organización de los trabajadores; un ejemplo deello fue la creación de la Asociación Internacional de los Trabajadores o larepercusión mundial de la gesta de los llamados Mártires de Chicago para laconmemoración casi universal del día del trabajo el primero de mayo de cadaaño o el conocimiento universal de la experiencia tan importante y sugerentede la Comuna de París.Diversas fases o períodos se han sucedido dentro del desarrollo del sistemacapitalista mundial, a la manera como, por ejemplo, Hilferding hablaba delcapital financiero a principios del siglo XX o como Lenin mencionaba alimperialismo como fase superior del capitalismo o también las etapas quehemos conocido como Taylorismo o Fordismo dentro del desarrollo científico-tecnológico en la producción industrial durante varias décadas. En estecontexto, el llamado fenómeno de la globalización data de los años 70s, comobien lo señala Manuel Castells (2000), al profundizarse el desarrollo de laelectrónica y las comunicaciones en la era de la información y coincide con elauge del llamado modelo neoliberal inspirado tanto en F. Hayek como en laescuela de Milton Friedman. Desde esta perspectiva, nosotros concebimos laglobalización no como la simple continuación de la internacionalización delcapital sino como una nueva fase que se caracteriza, en lo económico, por elcrecimiento acelerado de las empresas multinacionales y por la flexibilización
    • 27productiva y comercial y, en lo político, por la crisis del estado del bienestar ypropuestas para el adelgazamiento del aparato estatal. Su punto de partidafueron las crisis económicas mundiales que se expresaron claramente en aquelfenómeno de la `estacflación´ (inflación y recesión simultáneas) que llegó aexplotar en los años de 1972 y 74.Ignacio Ramonet afirma que “el fenómeno de la multinacionalización de laeconomía se ha desarrollado de manera espectacular. En los años 70, elnúmero de multinacionales no pasaba de algunas centenas; en adelante llegóa 40,000... Y si consideramos las cifras globales de las 200 principalesempresas del planeta, su elevación representa más de un cuarto de laactividad económica mundial; sin embargo, estas 200 empresas no empleanmás que 18.8 millones de asalariados, menos del .75% de la mano de obra enel planeta... Las cifras de la General Motors son más grandes que el ProductoNacional Bruto de Dinamarca; las cifras de la Ford son más importantes que elPNB de Africa del Sur; las de Toyota sobrepasan el PNB de Noruega. Y estees el dominio de la economía real, la que produce e intercambia bienes yservicios concretos” (Monde Diplomatique, 1997). Ante este fenómeno, losestados nacionales han disminuido notablemente su poder de influencia,porque la globalización está matando los mercados nacionales. Estamospresenciando el desarrollo de una nueva fase del capitalismo con menos basesnacionales y con más características trasnacionales y metaterritoriales.Si bien, con esto, tenemos elementos para concebir la globalización como otrointento de maximización de las tasas de ganancia de los controladores de losmedios de producción, manifestados sobre todo en las empresas ycorporaciones multinacionales, también existen suficientes elementos paraconcebir este fenómeno como una oportunidad para un desarrollo másequilibrado para los países antes llamados tercermundistas. Tenemos tambiénel ejemplo del subcomandante Marcos en México, quien no cesa de satanizaral neoliberalismo concibiéndolo como el nuevo sistema mundial de losmercados financieros de los países industrializados que quieren dominar consus preceptos todos los rincones del planeta, pero él mismo ha estadoutilizando las ventajas de la comunicación global a través de los medios
    • 28electrónicos en función de su propio movimiento. Por ello, hay que tratar deenfrentar el fenómeno, no sólo caracterizando sus nefastas consecuencias sinotambién con propuestas en la perspectiva de mejores aspiraciones sociales.Sin embargo, ¿es posible concebir el proceso de globalización también comouna coyuntura de oportunidades que permita también el planteamiento de otromodelo de desarrollo y, por tanto, con posibilidades para una mejor sociedadhumana? Esto es ciertamente posible pero se necesitan iniciativas tanto desdela perspectiva gubernamental como desde la participación de los ciudadanos:la educación, conciencia crítica y cultura participativa de estos últimos serádeterminante para el éxito de esta perspectiva.Esta nueva fase del modo de producción capitalista es un proceso que tienerasgos irreversibles para el desarrollo de la humanidad, que podrían seraprovechados también en estrategias diferentes al dogma del libre mercadoneoliberal. Una cosa, por ejemplo, parece quedar clara aun para la extensavariedad de ideologías de izquierda: los modelos de economías cerradas ycentradas sólo en la nación no tienen perspectiva en las nuevas condiciones,de tal manera que una estrategia de supervivencia centrada en resucitar elmodelo cerrado del Estado-nación con sus estructuras simbólicas, legales ypolíticas ya resulta inviable (Touraine, 1997); el mundo marcha necesariamentea una mayor interdependencia e integración, y dentro de ese proceso es dondesurge la necesidad de formular mejores estrategias de desarrollo; lasestrategias de la flexibilización y la modificación estructural de la forma deEstado-nación se han convertido en una necesidad dentro de la nueva etapaque vive la humanidad (Medina, 1998: 23-45).De hecho, podemos diferenciar dos vertientes en la inevitable globalización:una, las oportunidades que presenta; otra las terribles consecuencias que estátrayendo sobre las economías de los países llamados subdesarrollados.Queriendo distinguir una y otra vertiente, Emilio Maspero, secretario general dela Confederación Latinoamericana de Trabajadores (CLAT), queríadiferenciarlas en dos conceptos distintos: el primero lo concibe comomundialización, y al segundo como globalización. ”El término mundialización se
    • 29elaboró en los países latinos inicialmente con un significado más biengeográfico; mientras que el término globalización se creó en los paísesanglosajones con una carga ideológica disfrazada. La mundialización es laaldea planetaria provocada por el acercamiento de los hombres y de loslugares a causa de la abolición de las diferencias y por la informacióngeneralizada. Es la fase superior de la internacionalización de la vida humana,económica, social, política, cultural y de la interdependencia entre los países ylos continentes. La globalización que ahora rige el proceso de mundializaciónes un fenómeno de índole ideológica, que se inspira en determinadas ideas ypolíticas y se mueve por determinados actores e intereses geoeconómicos ypolíticos y apunta a imponer un nuevo orden al proceso de la mundialización”(Maspero en AUNA, 15-III-1999). Explicitando más esta diferencia, añade que”el fenómeno de la mundialización es inevitable y bien orientado puede llevar acrear un nuevo orden mundial más libre, democrático, más humano, más justoy solidario en el marco extraordinario de la efectiva unidad de la familiahumana... La globalización actual es el resultado de ideas predominantes, deactores claves, de poderosos intereses geoeconómicos y geopolíticos, dedecisiones políticas y económicas tomadas en los actuales centros de podermundial y en las grandes instituciones financieras y comerciales” (Maspero,Idem). En otras palabras, se podría decir que la globalización es la formasalvaje del capitalismo, que intenta llevar la mundialización sólo en beneficio delas corporaciones multinacionales. También podríamos definir la globalizacióncomo una mundialización practicada desde las reglas del modelo neoliberal.Cada vez se hace necesario distinguir estas vertientes como lo hace tambiénSamir Amin al hablar, por un lado, de una ”mundialización desenfrenada” queestá hegemonizada por la ideología neoliberal extrema sobre todo en la últimadécada del siglo XX y, por otro lado, al poner su esperanza en que talcaracterística sólo sea “un paréntesis en la historia” debido a que el sistemapodría no ser autodestructivo debido a que la razón humana puede tenermayor peso que la sola economía de mercado (Amir, 1996).Sin embargo, aunque esta diferencia entre conceptos es esclarecedora, nosiempre se logra un entendimiento universal. Diversos académicos en el
    • 30mundo, por ejemplo, utilizan el concepto de mundialización de maneraequivalente para ejemplificar precisamente todo lo peyorativo de laglobalización; Ignace Ramonet menciona los regímenes globalitariosrecordando a los regímenes totalitarios y señala que ”estos fenómenos de lamundialización de la economía y de concentración de capital, tanto en el Surcomo en el Norte, quiebran la cohesión social; empeoran en todas partes lasinequidades económicas que se acentúan en la medida en que aumenta lasupremacía de los mercados” (Monde Diplomatique, 1997). Pero en Europamisma se discute si la mundialización es inevitable6 y diversas posicionesplantean el intento de poner la economía mundial al servicio de la sociedad.Optamos aquí por las tesis de Emilio Maspero (AUNA, 15 marzo 1999) aldistinguir globalización y mundialización. “El neoliberalismo que está en la basedoctrinal de esta globalización, ha demostrado con creces que tiene unadinámica perversa, ya que su aplicación práctica inevitablemente concentra yexcluye, generando una especie de darwinismo social implacable y que ahoraimpacta a toda la humanidad. Una muestra de la hiperconcentración de lariqueza y de las finanzas la hizo el informe del PNUD... (de la ONU, del año1997), cuando demostró que unos 358 individuos disponen de más recursosque casi la mitad de la población del mundo” (Maspero, AUNA, 15-III-1999:3).Ese informe del PNUD ofrece datos muy asombrosos sobre esta situación.Además, la superconcentración de la riqueza7 es fácil de constatar con cifrasproporcionadas por los mismos países desarrollados, como lo cita la revistaForbes, de Junio de 1999: para el caso de México, los 7 hombres más ricos delpaís poseen una fortuna valuada en 20,400 millones de dólares, cantidad que6 Simplemente habría que consultar todo el dossier que ha publicado Le Monde Diplomatique,en Junio de 1997 con el título La mondialisation est-elle inevitable? La discusión se enfoca a lastesis liberales que promociona el Financial Times y el semanario The Economist en relación a ladoctrina de la economía de mercado y el libre cambio, mientras que Le Monde se enfoca a unaEuropa de políticas comunes criticando la zona de libre cambio como un simple segmento delmercado mundial y considerando que la economía debe ser puesta al servicio de la sociedad yno a la inversa (http://www.monde-diplomatique.fr/1997/06/A/8772.html).7 “Según el Informe del Desarrollo Humano correspondiente a 1997 que elabora el PNUD de laONU, entre 1989 y 1996, el número de individuos con un patrimonio superior a los mil millonesde dólares, aumentó de 157 a 447. La riqueza neta de las 10 personas más opulentas del mundoes, como promedio, de 133,000 millones de dólares: 1.5 veces superior que el ingreso nacionalconjunto de todos los países definidos por la ONU como `menos adelantados´” (Suárez, enAUNA, Análisis Coyuntura, 1999:41).
    • 31es similar al ingreso anual percibido por todos los mexicanos, que de acuerdocon la Encuesta Ingreso‑Gasto elaborada por el INEGI, suma 22 mil 600millones de dólares al año; en el nivel mundial sobresale el estadunidense BillGates, creador del software Microsoft, con una fortuna valuada en 90 milmillones de dólares, una suma que casi duplicó la que tenía en 1998, que fuede 50 mil millones de dólares. Esta concentración de la riqueza tiene que verdirectamente con el crecimiento de la pobreza.Otro ejemplo en Latinoamérica lo podremos encontrar en Argentina en losperíodos de Carlos Menem, que fue una muestra de los efectos del capitalismoneoliberal, si nos atenemos al testimonio de la Central Trabajadores Argentinos(CTA): decía Víctor de Gennaro, el secretario general al hacer un balance de laúltima década, en una entrevista que le hizo el coordinador del SIENA, CarlosSuárez: “fueron diez años nefastos para el país, con la aplicación sistemáticadel modelo económico, político, social, cultural del sálvese quien pueda, quedeja un retroceso muy alto en la calidad de vida de nuestra gente, para todo elpaís y, en especial, para los trabajadores. La desestructuración de la economíaconvirtió a nuestro país en productor de alimentos primarios, sin valoragregado. La entrega y el desguace de las empresas estatales y la imposiciónde una ideología cada vez más dependiente de los centros ideológicos ypolíticos del poder llevó a nuestro país a un retroceso grandísimo. Por lo tanto,ha sido un fracaso para la mayoría. No para los vivos que han concentradoriquezas y que hoy, a pesar de estas dificultades masivas, se han enriquecidoa costa de la miseria y el crecimiento de la pobreza y la desocupación en laArgentina. Cien chicos por día, menores de 5 años, se mueren por causasevitables: el hambre. Que pase eso en la Argentina, que es exportadora dealimentos, creo que es el más claro ejemplo de la perversidad de este sistema.Y la clase trabajadora sufrió un retroceso altísimo en la participación en elingreso nacional, en la persecución y desestructuración de la familia. Ladesocupación es un instrumento que atemoriza, se utiliza como terror en unsistema que permite que haya dos millones de desocupados, siete millones ymedio de trabajadores precarios, sojuzgados, sin seguridad social, conjubilaciones miserables y donde aquel que tiene trabajo está siempre con laposibilidad de perderlo. El terror a la desocupación ha sido instrumentado. Si
    • 32uno ve esta década desde la perspectiva de la calidad de vida de nuestragente, ha sido un tremendo retroceso” (SIENA, No.13, 6 julio 1999).Si queremos explicitar aún más el fenómeno de la globalización, tenemos queacudir a los principios que la rigen que son los siguientes: poner en función dela ganancia de las multinacionales todos los adelantos científicos ytecnológicos; llevar la competencia al extremo entre empresas desiguales; latendencia a la liberación total de los mercados; dejar la orientación de laeconomía a la mano invisible del mercado; privatizar la economía yflexibilización de las regulaciones estatales para favorecer la inversión privada.El modelo no se encuentra sólo en principios sino también en proyectosespecíficos como la Organización Mundial del Comercio (OMC) que en 1994supuso una gran victoria para las multinacionales, las cuales, a partir delGrupo de los 7 (G-7), han querido desde 1997 impulsar el llamado AcuerdoMultilateral de Inversión (AMI)8, que supone precisamente el proyecto másreciente para impulsar la economía global eliminando en todo el mundo lasbarreras a la inversión financiera. “En la conferencia de mayo de 1995, lospaíses de la OCDE (Organización para la Cooperación y el DesarrolloEconómico) decidieron iniciar las negociaciones sobre el AMI,... Lasnegociaciones oficiales se iniciaron en septiembre de 1995 y poco despuéscomenzó el proceso de atraer a estados no miembros de la OCDE... El AMI hasido engendrado en la OCDE, una organización intergubernamental compuestapor 29 de las naciones industrializadas más ricas del mundo, con sede enParís, pero está pensado tanto para ellas como para los países del Tercermundo” (AUNA, 3 mayo 1999). La misma Unión Europea, cediendo a laspresiones de Washington, ha estado avanzando en la ratificación de lascláusulas del AMI, que pretenden la supremacía de las inversiones de losorganismos financieros internacionales para quebrar las regulaciones y8 Decía el Dr. Silvio Baró: “Si vemos el AMI sencillamente como un acuerdo de inversiones, nose entiende nada. Pero si se lee la letra del AMI y se comprende que él supone equiparar lasempresas trasnacionales a los gobiernos, subordinar los gobiernos a los dictados de las empresase incluso desmantelar las políticas nacionales de todo tipo -ambientales, sociales, económicas- alo que quisieran las empresas, sencillamente, ahí tenemos el máximo elemento dedesbrozamiento de terreno al que aspira el gran capital trasnacional” (AUNA, Análisiscoyuntura, 1999:34).
    • 33obstáculos nacionales.¿Qué hacer con los problemas sociales generados por este modelo? Dehecho, en la Cumbre social realizada en Copenhague, del 6 al 12 de marzo de1995, con la participación de 185 países, organizada por la ONU, la tesisexpresada por el vicepresidente de los Estados Unidos fue muy clara parareafirmar el modelo neoliberal en su intento de enfrentar a nivel mundial elproblema de los 1,300 millones de pobres que la misma ONU admite queexisten en el planeta: su propuesta fue “la liberalización comercial y la aperturade mercados como camino sine qua non para superar la pobreza”, como si elcrecimiento de la riqueza de empresarios y comerciantes fuera a traer demanera automática el mejoramiento del nivel de vida a la población en general.La respuesta a los problemas sociales parece que de nuevo se le deja a lamano invisible del mercado, mientras que se sigue consolidando el núcleo de latripolaridad geoeconómica mundial, que se reparte el 71.9% del producto grupoglobal del planeta: La Unión Europea (29.3%), Estados Unidos (25.2%) y elJapón (17.4%), según datos del Financial Times (2-IX-1998).En el caso de los países latinoamericanos, estamos viviendo, además, unaprofunda crisis económica, política y de valores, de dimensiones tal vez nuncaantes vista en la época contemporánea. De esta crisis no está emergiendo unesquema nuevo, liberador de la opresión colonial. Al revés, se está afianzandoese modelo neoliberal que está reforzando la dependencia acentuando lasdiferencias socioeconómicas entre los diversos grupos de la población. A losantiguos problemas no resueltos de la inequitativa distribución del poder, lariqueza y los ingresos, se vienen a sumar ahora los embates de la doctrinaneoliberal contra el Estado, el peso de una deuda externa que resultaintolerable, la disolución de culturas autóctonas y la inserción forzada denuestras sociedades en el proceso homogenizador del capital y la culturatrasnacionales, así como la polarización creciente al interior de las nacioneslatinoamericanas.La inserción de América Latina en el sistema mundial se ha ido produciendo,pero en términos que no han sido los más convenientes para los pueblos de
    • 34esas naciones. Por el contrario, los términos de la inserción han sido dictadospor los propios países industriales, por los grandes consorcios financieros,industriales y comerciales del mundo industrializado en detrimento de laseconomías de los países atrasados. Simplemente en el caso de México, por unlado, se desmoronó la economía nacional en diciembre de 1994, debido alcapital especulativo que huyó del país al terrible déficit en la balanza comercial,y por otro lado, se ha seguido acentuando la polarización creciente al interiorde los grupos sociales de las naciones latinoamericanas. En México, en esemismo año de 1994, por ejemplo, “El número de mexicanos supermillonarios -24 empresarios...- refleja un crecimiento geométrico si se considera que en1991 figuraron únicamente dos, al año siguiente esa cifra se elevó a 7 y en1993 llegó a 13, lo que significa que en 1994 otros 11 acumularon una riquezaque, en moneda nacional, equivale a por lo menos 3 mil 390 millones denuevos pesos per cápita, al tipo de cambio de ese momento. México produjo elmayor número de ciudadanos inmensamente ricos en América Latina durantelos últimos 4 años de la administración salinista y ocupa el cuarto sitio entre lospaíses con más multimillonarios, después de Estados Unidos, Alemania yJapón” (Monroy M., 1995:27). Este proceso se siguió profundizando en añosposteriores y por ello encontramos en 1999 que la ya citada revista Forbes (ensu número del mes de junio) nos presenta de nuevo a los supermillonarioslatinoamericanos encabezados por el mexicano Carlos Slim, de Teléfonos deMéxico, elevando su fortuna a los 8 mil millones de dólares, mientras que elpresidente Ernesto Zedillo reconocía que a fin del siglo ya existían 26 millonesde mexicanos en la extrema pobreza. Para el año 2010, Carlos Slim se habíaconsolidado como el hombre más rico de todo el planeta: según la mismarevista Forbes, su fortuna ascendía a 53.5 billones de dólares9.Las consecuencias de este modelo neoliberal las estamos experimentando conclaridad. La población latinoamericana contenía en 1993 un 32% de hombres ymujeres en la pobreza, según el SELA. De esa población, un 10% se encuentraen desempleo abierto y cerca de un 50% de la población económicamente9 Con base en la misma fuente del 2010, detrás de Carlos Slim, estaban otros mexicanos comoRicardo Salinas Pliego con 10.1 billones de dólares, Germán Larrea Mota Velasco y familia con9.7 billones, Alberto Balleres y familia con 8.3 billones, Jerónimo Arango y familia con 4billones, etc.
    • 35activa se encuentra en el subempleo. La situación está muy lejos deresolverse bajo la perspectiva de este modelo, aunque existen logros relativosbajo el compromiso de la Declaración del Milenio de abatir la pobreza al 50%en el 2015. Simplemente los 196 millones de latinoamericanos que viven en lapobreza (con ingresos inferiores a los 60 dólares mensuales, de entre loscuales hay 94 millones en situación de extrema pobreza) y el peso ingente deuna deuda externa de alrededor de 530 mil millones de dólares no hanencontrado opciones de salida en este modelo; al contrario, en las dos últimasdécadas tanto la pobreza de los habitantes como la deuda externa se hanincrementado de manera notable, paralelamente al crecimiento de las fortunasde un puñado de millonarios. “Los costos sociales del neoliberalismorepresentan el talón de Aquiles de una política generadora de enormesdesequilibrios y de un desaliento que en cualquier momento puedetransformarse en una protesta masiva expresada en una gran diversidad deformas” (Monroy M., 1995: 13). Para el 2008, según la CEPAL, el 33.2% de loslatinoamericanos vivían en pobreza (definido como no tener suficientesingresos para satisfacer sus necesidades básicas), de los cuales el 12.9% seencontraba en situaciones de extrema pobreza; ello quiere decir que uno decada tres latinoamericanos era pobre, y uno de cada ocho vivía en extremapobreza (definido como no ser capaz de cubrir sus necesidades nutricionalesbásicas, aún si gastaran todo su dinero en alimentos) (CEPAL, 2008). Y junto aesto, seríamos la región más desigual del mundo.  Otro ejemplo de los efectos aterradores de la globalización neoliberal es ladesatención práctica de la educación pública10 como responsabilidad10 En la UNAM, en un acto, en el Auditorio del Instituto de Astronomía, de la Federación deColegios del Personal Académico (FCPA), el 6 de julio de 1999, los invitados especialesManuel Peimbert -investigador y premio nacional- y Elena Beristáin -académica emérita ymiembro del Colegio de Profesores de la Facultad de Filosofía y Letras- coincidieron en estosseñalamientos: “hay grandes desigualdades de México en materia educativa en relación a lospaíses miembros de la OCDE, quienes brindan educación media superior al 100% de susjóvenes y 50% en el nivel de licenciatura; sin embargo, en México sólo se atiende a 17 de cada100 personas -de entre 20 y 24 años de edad- en las universidades del país, además que elnúmero de científicos, en relación con la población, es de uno por cada 10 mil habitantes,mientras que en Estados Unidos y otros países industrializados la proporción llega a ser de entre20-40 investigadores por cada 10 mil; de hecho, las políticas del FMI hacia los paíseslatinoamericanos plantean convertir a las instituciones educativas en Αsimples maquiladoras”(Periódico La Jornada. 7 julio 1999).
    • 36tradicional del Estado en Latinoamérica; dentro de los programas tradicionalesde ajuste se encuentra el recorte del presupuesto dedicado a la educación ensus diferentes niveles, que parece no entrar en las prioridades de este modelodebido a su atención fundamental a la liberación comercial; se han olvidado deaquellas palabras de Aristóteles en el siglo IV a.c.: “dondequiera que laeducación ha sido desatendida, el Estado ha recibido un golpe funesto”(Aristóteles, 1993: 143). Lo contradictorio resalta en las políticas prácticas delos organismos financieros internacionales: mientras que el presupuestoeducativo en los países industrializados sigue los parámetros de desarrollosañalados por la ONU, en los países subdesarrollados, la diferencia esabrumadora porque se obliga a los gobiernos a enfocar sus prioridades a otrasáreas, desamparando la educación, la salud y otros servicios públicos.Ante el pesado avance de la globalización, ¿es posible pensar en lamundialización como alternativa de desarrollo? ¿Cuáles son las posibilidades11que nos ofrece para no pensar en un nuevo destino manifiesto de una AméricaLatina subordinada totalmente a los bloques monetarios?Muchos gobiernos de América Latina están descartando en la práctica, alacercarse el comienzo del siglo XXI, el ideal bolivariano de la integraciónhorizontal de una gran patria con desarrollo interno equilibrado paradesembocar en una situación de subordinación hacia los Estados Unidos.Varios gobiernos avanzan en sus proyectos reales hacia otro tipo deintegración que se representa en el modelo de la Alianza para el LibreComercio de Las Américas (ALCA) a través de los acuerdos del Tratado deLibre Comercio (TLC) y de las dos primeras cumbres de Las Américas (Miamien 1994 y Santiago de Chile en 1998). El ALCA representa el marco específicode la globalización latinoamericana y el camino señalado para su asimilación(no integración) a la dinámica del bloque monetario norteamericano. Pero11 En las previsiones de los grandes centros industrializados, el destino de América Latina yaestá sellado: “todo parece indicar, de acuerdo a las tendencias del mercado libre y espontáneo,que Latinoamérica (incluido el Caribe), que representa el 6.1% del producto bruto planetario, osea, menos que el producto bruto interno de Alemania sola, será asimilada por una de lashegemonías de la tripolaridad geoeconómica, al menos que suceda algo impensable” (AUNA,10mayo 1999).
    • 37precisamente a través de proyectos como el TLC se han encontrado nuevasoportunidades; si bien es cierto que la globalización tiende a deprimir más lascondiciones laborales de los asalariados, también es cierto que se han creadonuevas situaciones de convergencia12 entre organizaciones laborales, conalianzas explícitas entre sindicatos de diversos países: “el nuevointernacionalismo sindical estará comprometido con prever el comportamientodel capital multinacional y anticiparse a sus decisiones, participando en ellascon propuestas y opciones a través de la negociación `globalizada´”(Hernández J., y López, 1993: 129).Después de la terrible etapa de las dictaduras militares latinoamericanas porvarias décadas (alrededor de dos décadas de ilegalidad, represión, tortura ycontínua violación de los derechos fundamentales del ser humano ennumerosos países del continente), desde los años 80s existe una transiciónhacia gobiernos civiles electos en procesos electorales. Haber pasado de losregímenes militares de la década del 70 y del 80 -con sus gravescaracterísticas de guerra contrainsurgente, represión, asesinados ydesparecidos políticos- a los gobiernos civiles ha sido una enorme conquista.En este contexto, podemos reconocer que los países de América Latina hanlogrado ciertos avances significativos aunque carecen todavía de perspectivashacia el futuro, en las actuales condiciones socioeconómicas del modeloimperante.Los avances se pueden ejemplificar a través de determinados consensos, queestán logrando más adhesiones, aun entre aquellos grupos que se les oponíanabiertamente. Estos avances pueden ser los siguientes: la necesidad deprocesos electorales creíbles y el consenso por la democracia, el diálogo y lanegociación para resolver los conflictos, la creciente participación de lasociedad civil, la defensa de los derechos humanos y las tendencias aconverger en procesos de integración aprovechando las posibilidades que12 Un ejemplo de esta convergencia fue la alianza suscrita en febrero de 1992 entre losCommunications Workers of America, de los Estados Unidos, los Communications Workers ofCanadá, y el Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana (STRM), con propuestas deintercambio de información, experiencia y apoyo en el campo de las telecomunicaciones.
    • 38ofrece la informática y la internacionalización de los procesos productivos. Yestos avances se insertan necesariamente en el proceso de mundializacióncomo un proceso irreversible y necesario, porque actualmente ya no es posibleconcebir economías nacionales aisladas sino interdependientes y coordinadas,con reglas de convivencia más comunes.Retomamos de nuevo las ideas de Emilio Maspero cuando, en el marconecesario de la mundialización, habla de la necesidad de “realizar un proyectopropio los latinoamericanos y caribeños que genere una arrolladora dinámicacentrípeta... Y esta respuesta y propuesta ya está en marcha y es una realidad.Ya tiene un nombre y un emblema: es la comunidad latinoamericana y caribeñade las naciones. Es el sueño de Bolívar que se hace realidad en la patriaGrande latinoamericana” (Maspero, en AUNA, 15-III-1999).Al querer profundizar en esta propuesta, encontramos por parte de AméricaLatina no un rechazo a la mundialización sino una manera propia de enfrentarlaa través de los procesos de integración. No se trataba entonces simplementede subirse a la Alianza para el Libre Comercio de las Américas (ALCA), la cual,según los documentos de la II Cumbre de las Américas en Santiago de Chileen marzo de 1998, tendría una primera concreción en el año 2005; hay quebuscar un proyecto de integración con características latinoamericanas, nosubordinado al destino manifiesto del Norte. Mientras que el ALCA representala globalización, “el otro proyecto es de índole y alcances comunitarios; su raízestá en el sueño de Bolívar y de los principales paladines de la independenciapolítica del siglo pasado. Es el proyecto de la segunda independencia deAmérica Latina y del Caribe que completa, profundiza y culmina laindependencia política como una nueva forma de independencia nacional,social y cultural no cerrada sobre la geografía de la región sino abierta a todo elmundo. Es la mejor respuesta y propuesta para una inserción activa, creativacon nuestra propia identidad y determinante dentro de un inevitable proceso deinterdependencia mundializante” (Maspero, en AUNA, 1999).El camino para una integración equilibrada en América Latina, para algunospuede no parecer nada claro en sus características específicas al finalizar el
    • 39siglo XX, pero es una gran falsedad el afirmar que no hay alternativa más alláde los severos programas de ajuste que hemos sufrido en todos los países enlas dos últimas décadas del siglo XX: privatizaciones, recorte de presupuestodel gobierno en gasto social, desaparición drástica de los subsidios enproductos que ahora se cobran caro a la población de manera directa, controlde los salarios para que nunca se eleven al nivel de la inflación, aperturacomercial indiscriminada en detrimento de empresas que producen para elmercado interno, mayor endeudamiento como único camino para conseguirliquidez, desempleo y subempleo como consecuencia de los ajustes, etc.Ciertamente estamos dominados actualmente por el modelo neoliberal de laglobalización, puesto que se ha sacralizado al libre mercado y se ha dejado ala Mano Invisible de Adam Smith como la única encargada de resolver losproblemas sociales. Sin embargo, existen respuestas y propuestas aunquepara los nuevos movimientos sociales sea más difícil la definición de unadversario debido a que el poder opresor se diluye en redes financieras,tecnológicas y de información muy amplias.El nuevo modelo al que puede aspirar Latinoamérica no está completamentedelineado pero sus elementos constitutivos pueden esbozarse en diversoselementos: democracia representativa real en un sistema competitivo departidos; vigilancia de la sociedad civil sobre los gobiernos electos para que lacorrupción y la violación de los derechos humanos no quede impune; reglasmínimas que controlen el flujo del capital especulativo; apoyo real a la industrianacional enfocada al mercado interno; indexación de los salarios a los ritmosde la inflación para garantizar el poder de compra de la población y alentar másel mercado interno; renegociación de la deuda externa; mayor cooperacióncultural entre los países, y mantenimiento del Estado como rector de laeconomía pero con sus contrapesos reales en los otros poderes legislativo yjudicial. Todo ello se debe englobar en el marco de un proceso ya en marchade integración latinoamericana.Existen propuestas diferentes a los programas severos de ajuste que se hanestado imponiendo; el modelo neoliberal sólo mira hacia el Norte y sóloproduce una mayor concentración de riqueza en unos pocos, agrandando la
    • 40brecha con las grandes mayorías de la población, las cuales se encuentransumidas en la pobreza. Lo que falta es una mayor participación de la sociedadcivil y posturas más firmes de los gobiernos nacionales para enfrentar laglobalización salvaje de los centros financieros internacionales e insertarnoscon una identidad propia latinoamericana en el irreversible proceso demundialización.¿No es factible concebir, por ejemplo, las enormes perspectivas del flujo de lainformática y las posibilidades de la educación en el proceso demundialización? El desarrollo de la humanidad ha llevado en el siglo XX a unareal internacionalización de las economías. La informática contemporánea,sobre todo a través de la radio y de la televisión, nos hace presentes, enminutos, lo que ha acontecido en el otro lado del planeta. Un paísindustrializado puede conocer el modo de vida de un país subdesarrollado yvicebersa, lo mismo que cualquier región del planeta con respecto de la otra.Con ello, a pesar de nuestras fronteras regionales y nacionales, se estácreando una conciencia de solidaridad universal y en especial con aquellospaíses que históricamente han mantenido cierta hermandad a través de lazosculturales o relaciones económicas y políticas. El internet, por ejemplo, tambiénha servido como medio fundamental de comunicación para consolidar y hacercrecer a los movimientos altermundistas.La mundialización ha propiciado también un nuevo tipo de cooperación culturaly educativa que nos puede ayudar a vivir mejor juntos en este planeta. Decía,por ejemplo, el periodista español Fernando Vicario Leal, que “a finales de losaños setenta... el proceso de transformación se inició en el mundo académico.Las universidades se incorporaron a los circuitos de cooperación y los planesde becas e intercambios estudiantiles abrieron paso a una mayor amplitud decriterios en el sector cultural. Se buscó organizar sistemáticamente programasde investigación, ampliar intercambios docentes, fortalecer hábitos de trabajointerdisciplinarios, un crecimiento tecnológico compartido, etc. Se fue creandoen definitiva una `cultura´ del entendimiento y conocimiento conjunto comobase para una cooperación más sólida, estable y que realmente ayudara a undesarrollo sostenible” (AUNA, 25 enero 1999). Este marco de cooperación ha
    • 41sido profundizado de manera notable por las diversas cumbresIberoamericanas realizadas año con año desde 1991, partiendo de unaidentidad común que representa “la síntesis cultural más grande de lahumanidad”13 y que avanza para convertirse en una verdadera comunidad denaciones frente al resto del mundo. Aunque Iberoamérica es un concepto deintegración muy reciente guarda enormes puntos de convergencia con elproyecto latinoamericano, y ambos difieren en su estrategia respecto del ALCAhegemonizada por Washington.La mundialización de las últimas décadas, que se ha expresado endeterminadas formas de apertura comercial entre diversos países, no ha hechomás que acelerar ese proceso de internacionalización cultural y económico queviene sobre todo en las últimas décadas del siglo XX con las tecnologías delsatélite y del internet. La integración en esta perspectiva puede ser el futuro deLatinoamérica en el siglo XXI: una identidad cultural abierta al mundo con unproyecto propio de producción, desarrollo y mejor distribución de la riquezasocial. Para ello, los latinoamericanos tenemos que convertirnos en sujetos yactores14 dentro del proceso de mundialización: “sólo podremos vivir juntos connuestras diferencias, si mutuamente nos reconocemos como sujetos”(Touraine, 1997).Volvemos a insistir en la tesis de Gramsci: “el pesimismo representa el peligromás grave en estos momentos” (Gramsci, 1973: 14); él experimentaba, por unlado, el ascenso del fascismo en italia y, por otro lado, la división de losmovimientos socialistas y comunistas; algo similar podríamos decir a finales delsiglo con el avance de la globalización neoliberal, su peso oneroso sobre los13 La frase corresponde al presidente de Guatemala en 1993, en la realización en la ciudad deAntigua Guatemala, el 26-29 de abril de 1993, en el marco de la reunión `Cumbre delpensamiento: visión iberoamericana 2000´, que resaltaron la importancia de la cultura en laconstrucción de la nueva comunidad iberoamericana. La extensión del concepto deLatinoamérica a Iberoamérica está expresada en un magnífico trabajo del Dr. Tomás CalvoBuezas en su libro: La patria común iberoamericana. Amores y desamores entre hermanos. Estelibro tiene como sustento un extenso trabajo de varios años a partir de un cuestionario aplicadoa 43,816 escolares de 21 países iberoamericanos.14 La idea de la conversión en sujeto y actor social está ampliamente desarrollada por AlainTouraine en uno de sus libros anteriores: Crítica de la modernidad. Temas de Hoy. España,1994.
    • 42países subdesarrollados y grandes sectores de la población y la falta deperspectiva que ocurre en numerosos grupos sociales. Pero al mismo tiempoel autor también señalaba que “el único entusiasmo justificable es elacompañado por una voluntad inteligente, una laboriosidad inteligente, unariqueza inventiva de iniciativas concretas que modifiquen la realidad existente”(Gramsci, 1988: 355).Al igual que Samir Amín, creemos que el proyecto globalizador es un“paréntesis en la historia”; no tiene futuro a largo plazo aunque tiene todavíamucho presente. La razón fundamental es que esta “alternativa dominante, laalternativa neoliberal, -en todas sus versiones- ha generado en menos de 10años una realidad que lejos de resolver los problemas del proyecto humanista,conforme corre el reloj, muestra que estos problemas se acentúan, que seextienden, que se agudizan. El más serio, el más grave de ellos, conimplicaciones muy grandes para el futuro de la humanidad y para lasobrevivencia del hombre es el de la miseria, es el de la pobreza y la extremapobreza, que está creciendo de manera tremenda, afectando todos losproyectos humanistas y liberales que vienen desde la Revolución Francesa ydesde la Revolución de independencia de los Estados Unidos, y mostrando denuevo que tras ellos se encierra y se mueve la realidad invencible de laexplotación más irracional y cruel de hombres, pueblos y riquezas naturales,incluso del agua que bebemos y del aire que respiramos, de mares, bosques,mantos acuíferos, y reservas de energéticos” (González Casanova, 1992).Hay que sumergirnos, entonces, en el mar de oportunidades que brindaactualmente la mundialización, especialmente a partir del proyecto de lacomunidad latinoamericana de naciones, que puede recuperar el sueño deBolívar en las nuevas circunstancias de finales del siglo XX. El proyecto deintegración -construir las partes de un todo- no será por la vía de unasubordinación panamericana en el ALCA sino por el camino de unacooperación cultural, política y económica entre naciones diferentes con unaidentidad común. Las posibilidades de la integración15 expresados en las15 Los tres conceptos (Panamérica, Iberoamérica y Latinoamérica) representan diversas vías
    • 43Cumbres de las Américas, en las Cumbres Iberoamericanas y en lasaspiraciones de una América Latina unificada –como lo analizaremos másadelante- son variadas, pero se puede delinear desde ahora la opción quehabría que tomar.La Identidad regionalEl sueño de Bolívar de construir la gran patria americana influyó en granmanera en la creación de una identidad diferente para la región que hoyconocemos como América Latina. En el período de la colonia éramos unapropiedad de España, pero, en el siglo XIX, comenzó el surgimiento denaciones autónomas, al proclamar Haití su independencia en 1804, Paraguayen 1813, Argentina en 1816, Colombia y Chile en 1818, México en 1821, etc.La conciencia de esa identidad regional había empezado a aflorarideológicamente desde el siglo XVIII con el pensamiento de Francisco JavierAlegre (1729-1788) y de Javier Clavigero (1731-1787), pero fueron otrospensadores, escritores o educadores comprometidos con la nacienteindependencia en el siglo XIX quienes fortalecieron filosóficamente el sentidode alteridad frente al Occidente. Ellos fueron, por ejemplo, Juan BautistaAlberdi (1810-1884), Simón Rodríguez (1771‑1854), José Martí (1853‑1895),...Con ellos, surgieron, con vigor, focos colectivos de pensamiento quereclamaron no sólo la identidad de un Nosotros sino que abrieron laprospectiva de la lucha de liberación por un futuro con mayor justicia social endonde, como dijera después Leopoldo Zea, en 1952, había que concebir "lafilosofía como un compromiso". Y él mismo especificaba: "la filosofía eslatinoamericana en cuanto es de origen latinoamericano y responde anecesidades del continente" (Zea, en Rodríguez L. y Cerutti H., 1989: 206).Alberdi, soñando como Bolívar en la gran patria continental, empezó a reclamarpor primera vez en el siglo XIX, el derecho de construir una filosofía americana.para la integración, que pueden llegar a diferentes resultados debido a la concepción subyacenteen cada uno.
    • 44"Es preciso -decía- que hagamos ver que ella puede existir...; una filosofíacontemporánea es la que resuelva los problemas que interesan al momento.Americana será la que resuelva el problema de los destinos americanos"(Alberdi, en Rodríguez L. y Cerutti H., 1989: 39). Y en ese contexto, le dabatambién de manera inherente un sentido político al pensar filosófico. "Lafilosofía americana -añadía- debe ser esencialmente política y social"(Alberdi, en Rodríguez L. y Cerutti H., 1989: 41).Para los pensadores de las nuevas naciones independientes, no se trataba deuna ruptura frontal con la filosofía occidental o la de otros países y regiones,sino de profundizar las ideas y los métodos de conocimiento desde laperspectiva de la realidad colectiva del sujeto pensante.En México como parte de Latinoamérica, decía Justo Sierra en 1910: "hay quemexicanizar el saber" (Idem:186) y lo reafirmaba después Samuel Ramos: "meha parecido siempre que una de las maneras de hacer filosofía mexicana esmeditar sobre nuestra propia realidad filosófica" (Idem:196). En similarperspectiva confluyeron paralelamente en el siglo XX, en Argentina, JoséIngenieros, Alejandro Korn, Francisco Romero, influídos en gran manera porOrtega y Gazzet con su énfasis sobre la circunstancia del sujeto pensante: "yosoy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvo yo", en donde larealidad deviene en un “poder activo de agresión al orbe cristalino de lo ideal”(Ortega y Gasset, en Carpintero, H., 2005).Pero el concepto de América Latina ya había empezado a nacer desdemediados del siglo XIX. Aunque no había surgido de manera autóctona, seempezó a nacionalizar plenamente en los países de habla hispana yportuguesa, con un sentido político de confrontación ante los planes dedominación de Norteamérica.América Latina es una realidad compleja aglutinada en un concepto donde semezclan indistintamente el mito, la utopía, el voluntarismo y la realidad, pero elnombre ha prevalecido como objeto de estudio en las ciencias sociales porencima de otros conceptos cercanos también utilizados en diversas ocasiones
    • 45como los de Indoamérica, Iberoamérica, Hispanoamérica, o el que quiereutilizar Carlos Fuentes como Afroindoiberoamérica, etc.América Latina es un concepto francés del siglo XIX, que nació con la idea deunificar a las naciones católicas y latinas de América para formar un contrapesoa los nórdicos de origen anglosajón y protestante que ponían obstáculos a lainfluencia de Francia en el continente americano. El primero en utilizarlo fueMichel Chevalier (1806-1879), escritor sobre temas de política económica, quebuscaba legitimar el expansionismo de Napoleón III y detener a su vez el de losEstados Unidos sobre el continente. Por ello, de Francia nos llegó "junto con elintento imperial de Maximiliano (1862-1865), la primera idea de unificar lasnaciones católicas y latinas de América, bajo un propósito político: servir decontrapeso a los nórdicos de origen anglosajón y protestante queobstaculizaban la influencia de Francia de napoleón III en este continente. Deesta aventura francesa en México, surge la invención de América Latina"(Marras S., 1992: 1).Aunque fracasó rotundamente el intento del emperador Maximiliano, el vocabloganó en el mercado ideológico para definir la identidad de esta parte delcontinente americano, en contraposición con otras regiones del mundo. Ellonos ayudaba a diferenciarnos verbalmente tanto de la patria de losconquistadores, de la cual nos habíamos emancipado, como del imperio deAmérica del Norte, que amenazaba con su designio de América para losamericanos.Mario Benedetti señala, por ejemplo, que nuestra identidad se basaprecisamente en la contraposición: después de esa historia colonial que nosunificó contra España, también América Latina se define por todo lo que no esnorteamericano ni anglosajón. "Nosotros, los latinoamericanos -dice SergioMarras-, llevamos mucho tiempo buscando nuestro nombre esencial, queevidentemente no tiene que ver con una manera de llamarnos, sino más biencon un modo de reconocernos en nuestra esencia. Hemos hecho miles deintentos para ver si damos con él y todavía no llegamos a penetrar nuestradiferencia" (Marras S., 1992: 20-21).
    • 46El proceso de identidad de América Latina (dentro de sus grandes diferencias)ha avanzado mucho en el aspecto cultural, poco en el aspecto político y congrandes retrocesos en el aspecto económico si consideramos sobre todo losíndices de desarrollo tecnológico, producción y distribución de la riqueza social.Ciertamente en el ámbito económico también hemos logrado una identidad endonde mundialmente se nos reconoce como países subdesarrollados, congraves problemas de producción agraria e industrial, con una de las mayoresdeudas externas del mundo y con altos índices de pobreza y pobreza extremaen gran parte de la población.De hecho, terminamos el siglo XX con pocas esperanzas de elevar el nivel devida en esta parte del continente –aunque la situación del continente africanorepresenta una mayor señal de alarma, si vemos por lo menos los índices deDesarrollo Humano de la ONU-, a pesar de las promesas de la globalizacióneconómica y del modelo neoliberal. En el año 2000, por parte de la ONU, seemitió la famosa Declaración del Milenio, que aportaba varias promesasimportantes de colaboración entre gobiernos en donde se mencionaba el plazodel 2015 para por lo menos disminuir la pobreza del mundo a la mitad; esto, sinembargo, estando a tan pocos años de llegar a la fecha fijada, no se vefactible. Sin embargo, a pesar que los problemas económicos de cerca de lamitad de la población del mundo son bastante severos, nos atrevemos a decirque la solución de las crisis no se centran sólo en el ámbito económico.Deseamos enfatizar en los siguientes capítulos que dentro de nuestra regiónuno de los grandes retos se encuentra “en uno de los terrenos que hasta ahorahan sido más descuidados, el de la cultura, en la contribución alreconocimiento de la subjetividad latinoamericana, al proceso de reconstituciónde la identidad cultural” (Lander, E., 1991: 161). Alain Touraine (2005) señalacon claridad el paso a nuevos paradigmas de interpretación de la sociedad endonde los proyectos y los movimientos culturales se están convirtiendo enfactor fundamental de la transformación social.
    • 47 CAPÍTULO II CULTURA Y CAPITAL SOCIAL “La cultura es, en suma, lo que ayuda al espíritu a contextualizar, globalizar y anticipar” (Morin, E. 1995: 47).Se ponen ahora a discusión con más detalle los conceptos de cultura, identidady el capital social, como elementos de un marco teórico a partir del cual sepuede elaborar una estrategia más eficaz de contribución al desarrollo y laintegración. Partimos de una hipótesis central que consiste en concebir elfortalecimiento del tejido social como una de las prioridades de cualquierpolítica social en el proceso de construcción de una mejor sociedad.¿Pueden la cultura y la identidad ser consideradas alternativas para enfrentarlos desafíos del desarrollo humano en nuestra región latinoamericana? ¿Puedeel capital social latinoamericano ser una estrategia real para superar nuestrosproblemas de pobreza y contribuir a los procesos de desarrollo e integración?La elaboración de una respuesta afirmativa a estas preguntas es la hipótesisde este trabajo, entendiendo, primero, que cultura e identidad pueden aportarelementos fundamentales a nuestros proyectos de nuevas políticas socialespara construir desarrollo y combatir la pobreza con más eficacia, yconsiderando sobre todo el concepto de “capital social”, que ya es utilizado yaceptado por organismos internacionales como el Banco Mundial y la propiaOrganización de Naciones Unidas (ONU).Transformación de la culturaEn el Diccionario de Política Cultural (Texeira Coelho, 2000), se apuntanclaramente varias de las maneras de mirar la cultura. Por un lado y atendiendoal sentido original que le dio Cicerón a este concepto, hay una tendencia aconcebirla como el proceso de cultivo de la mente o del espíritu, en donde unapolítica cultural puede definirse por la búsqueda del desarrollo espiritual de los
    • 48individuos para que se verifique el perfeccionamiento de las relaciones socialesen su conjunto. Para Cicerón, la cultura significaba el acto de incorporar “untesoro de conocimientos trasmitidos por la enseñanza... El hombre obtiene unaforma más elevada de identidad social e individual” (Thorn, 1976: 77). Este esel primer significado: acumulación de conocimientos de la historia que le danuna identidad al ser humano a través de la educación cuando otros ciudadanosno los pueden tener al mismo nivel. Esta primera concepción se relaciona conel contenido del término “propuesto por Kant, para quien la finalidad última dela especie humana, por lo tanto, la finalidad de la naturaleza, es la cultura:escenario de sabiduría suprema” (Texeira Coelho, 2000: 122).Sin embargo, posteriormente se amplió el concepto de cultura significando elcultivo de la vida en general: “Es la denominación corriente de la medida enque un pueblo autorregula culturalmente sus formas de vida y con la cual lograuna peculiaridad que la distingue de otras sociedades” (Thorn; 1976: 77). La“cultura nos remite a la idea de una forma que caracteriza al modo de vida deuna comunidad en su dimensión global, totalizante” (Texeira Coelho, 2000:120); estamos diciendo entonces que las comunidades, las sociedades vanrespondiendo en formas diferentes a sus propias necesidades o deseossimbólicos, y por ello hay una red de significaciones que se expresan desde lasartes (literatura, pintura, etc.) hasta el vestido, el comportamiento, las fiestas, elconsumos, la convivencia, etc. Podemos entender la cultura, así, “en el sentidode un sistema de significaciones relacionado con la representación simbólicade las condiciones de existencia de una comunidad” (Texeira Coelho 2000:121). Tal vez esta manera de entender la cultura es la que se ha hecho másconocida debido a la preferencia que han tenido por ella los antropólogosdesde el siglo XIX, al buscar los rasgos comunes en lo económico, político ysocial que podrían definir la vida de unas comunidades frente a otras. Con ello,cada nación tiene su propia cultura, y dentro de ella se pueden llegar aencontrar culturas regionales y aun locales y familiares.Podemos rastrear un tercer concepto de cultura, a partir del período de laIlustración en Europa en el siglo XVIII, cuando una serie de personajes “cultos”
    • 49-como los que participaron en el proyecto de la Enciclopedia de Diderot yD´Alambert- le quisieron imprimir a la cultura un fuerza emancipadora, alimprimirle un contenido al imaginario colectivo del nuevo liberalismo frente alpoder de la religión alienante y contra el pensamiento absolutista. Se acentúaentonces el aspecto social de la génesis de la cultura al conferirle posibilidadesemancipadoras frente a una situación determinada que se quiere cambiar. Nose puede separar la cultura individual, la sabiduría aprehendida del entornosocial.“El proceso cultural no puede desligarse del ámbito social dentro del cual serealiza... La discusión que surge al inicio de la Ilustración sobre lasposibilidades del ser humano de comprenderse como un ser activo yautónomo, y capaz por tanto de imponerse en la práctica, dominó el desarrolloulterior del concepto de cultura” (Thorn, 1976: 78). Se puede decir que elfenómeno de la Ilustración hizo avanzar el concepto de cultura hacia otrosámbitos, como lo describe Johan Christoph Adeling, en 1782, de la siguientemanera: “La cultura abarca el ennoblecimiento o refinamiento de la totalidad delas fuerzas vitales y espirituales de un ser humano o de todo un pueblo, demanera que esta palabra englobe tanto la ilustración, el ennoblecimiento delentendimiento mediante la liberación de prejuicios, como el pulimento, elennoblecimiento y el refinamiento de las costumbres” (Thorn, 1976: 82). Dehecho, el concepto adquirió dentro de la Ilustración el tinte de un proyectopolítico al enfatizar la cultura de los ciudadanos frente a los Estadosabsolutistas, sobre todo en el sentido de que la cultura no podía ser ordenadasimplemente por las autoridades. Se podría decir que “la cultura se convierteaquí en un concepto-meta, con acento político emancipatorio, que no logra aunimponerse, si bien se obstina prácticamente en ello!” (Thorn, 1976: 82). Kantpudo decir que la cultura podría poseer un carácter ético normativo, porque setrataba de la cultura ideal a la que había que aspirar y por la que había queluchar, anticipando desde entonces el tema del imaginario colectivo de unacomunidad, que contrasta con la realidad empírica del presente, pero que seconvierte en fuerza transformadora de la misma realidad.
    • 50La cultura se convierte también entonces en un ideal comunitario al que hayque aspirar a través de las acciones humanas; ésta era también la propuestade Friedrich Schiller 1759-1805 (en su texto On the aesthetic education of man)debido a que la situación social siempre es un antagonismo de fuerzas endonde hay aproximaciones culturales insatisfactorias al ideal propuesto. “Lacultura... se encuentra entonces ante la tarea de reconciliar en el hombremismo esos poderes mutuamente hostiles, cegadores y disolventes” (Thorn,1976: 84). Las personas están condicionadas por las fuerzas contradictoriassociales, pero el intelecto (razón y sentimiento) puede tener una autonomía conuna fuerza autodeterminante para mover a los seres humanos de una situacióna otra; la cultura puede convertirse entonces en un proyecto político y,específicamente, en nuestro caso, en una estrategia para superar lascondiciones de pobreza.En este sentido es como Carlos Fuentes ha formulado que “la cultura es larespuesta a los desafíos de la existencia” (Fuentes, 1992: 337), dentro de sulibro El Espejo Enterrado, editado en ocasión de la conmemoración de los 500años del descubrimiento de América, y en donde quiere presentar toda lariqueza cultural de la que disponemos los latinoamericanos como una especiede capital colectivo que podemos utilizar para afrontar los grandes problemaseconómicos y políticos que padecemos. Este significado se relacionadirectamente con el concepto teórico del capital social, que se ha estadodiscutiendo en las ciencias sociales durante las últimas décadas,relacionándolo de manera directa con el tema del desarrollo, y que seconstituye en el hilo conductor de cualquier estrategia de bienestar, dotándolode una cualidad científica y considerándolo de una gran utilidad para ladefinición de políticas públicas.La complejidad del “capital social”Se dice que el primero que usó el concepto de capital social fue un supervisorde escuelas rurales en West Virginia, L.J. Hanifan en 1916, quien buscaba laparticipación activa de la comunidad con el objetivo de tener escuelas exitosas.Hanifan refería el concepto a la buena voluntad, el compañerismo, la simpatía,la relación social entre individuos y familias que hacen una comunidad; el
    • 51individuo sólo no puede hacer casi nada, pero si entra en contacto con suvecino y otros vecinos hace una acumulación de capital social, lo cual lesatisface sus necesidades sociales pero también con una carga potencial paramejorar las condiciones de vida de toda la comunidad; ésta se beneficia de lacooperación de todas sus partes mientras que el individuo encuentra todas lasventajas de la relación social de sus vecinos. Sin embargo, nadie retomó elconcepto en ese tiempo y desapareció hasta ser retomado en la segunda mitaddel siglo XX.El concepto actual tiene sus antecedentes en los trabajos antropológicos deRaymond Firth (1961), George Foster (1961), Marcel Mauss (1966), Larissa deLommitz (1975), Lourdes Arispe (1979), y también en el urbanista Jane Jacobsy el economista Glenn Loury... quienes señalaron formas de sobrevivencia degrupos sociales a través de redes de reciprocidad, asistencia e intercambio,formas particulares de organización local que tienen lugar en numerososámbitos de la vida social, y que operan con base en la confianza y solidaridadde los grupos sociales. Pero el uso del concepto de capital social se profundizóy amplió de manera notable en las últimas dos décadas del siglo XX, en dondeencontramos a Pierre Bourdieu como uno de los principales creadores de sucontenido.Se trata de un recurso fundamentado en ciertas relaciones sociales de grupo,comúnmente aceptadas a través de un reconocimiento implícito y queproducen una red facilitadora de acciones más o menos permanente en elfuncionamiento de la comunidad. Dicha red cultural se convierte en elementoproductivo en la medida en que sin ella no se podrían realizar acciones desobrevivencia del grupo o simplemente no conseguirían determinados fineseconómicos y políticos. El capital social puede ser individual en el sentido deque un individuo tiene el know how para poder desenvolverse y adquirirnumerosos recursos en el ambiente específico de una comunidad o tambiénpuede ser colectivo en la medida de que determinados grupos se encuentrenorganizados para conseguir sus objetivos colectivos a través de dichas redesde solidaridad y reciprocidad. Es decir, con este capital –que no se aprende en
    • 52la educación formal sino que es fruto de la historia particular de un individuo ogrupo- se puede mejorar la efectividad privada pero también se constituye enun bien colectivo.Bourdieu, a partir de la publicación de su artículo The Forms of capital en 1983,identificó con más precisión tres formas del capital: la económica, la cultural yla social, dándole una gran importancia a las dos últimas debido a que en lasociedad no todo puede medirse de manera inmediata por la gananciaempírica de dinero. Bourdieu define el capital social como "el agregado de losrecursos actuales o potenciales que están ligados a la posesión de una reddurable de relaciones más o menos institucionalizadas de mutuoreconocimiento” (Bourdieu, 1986: 248), y esto puede ser de un individuo, deuna familia o de un grupo interconectado. El capital social, entonces, puedeestar empotrado en el individuo (y llega a ser su habitus); puede estarplasmado en bienes culturales del grupo (libros, textos, pinturas,instrumentos,...), y también puede llegar a estar institucionalizado concredenciales académicas reconocidas por la comunidad. Con Bourdieu,entonces, se expande la noción de capital, desde lo económico (la perspectivatradicional de Marx) hasta lo no económico (lo político, lo cultural, lo social) enel intercambio de bienes inmateriales, utilizando también el término de capitalsimbólico. Los tres niveles pueden ser objeto de múltiples intercambios,aunque en los dos últimos no haya siempre transacciones minuciosamentecontabilizadas.Otro autor que intentó definir explícitamente este concepto fue el sociólogoJames S. Coleman (1990), quien se refirió con ello a los recursos culturales deun individuo o grupo, sin los cuales no se lograba la supervivencia o laconsecusión de determinados objetivos; se trata de la integración social de unindividuo o grupo que a través de sus contactos sociales generacomportamientos que son reconocidos, para poder realizar determinadasacciones que luego exigen también reciprocidad. En el caso del capital socialde un grupo, hay que tener en cuenta que se comparten intereses comunes enalgún grado y también valores sociales. Para “Coleman, el capital social sepresenta tanto en el plano individual como en el colectivo. En el primero tiene
    • 53que ver con el grado de integración social de un individuo, su red de contactossociales, implica relaciones, expectativas de reciprocidad, comportamientosconfiables. Mejora la efectividad privada. Pero también es un bien colectivo.Por ejemplo, si todos en un vecindario siguen normas tácitas de cuidar por elotro y de no-agresión, los niños podrán caminar a la escuela con seguridad, yel capital social estará produciendo orden público” (Kliksberg, 2000: 9).“Tanto Bordieu como Coleman se refieren al capital social como un atributo degrupos sociales, colectividades y comunidades, teniendo en cuenta que el rolde las instituciones sociales en su creación es importante. Por ello, puededecirse que ambos autores son los que expresaron por vez primera –y deforma relativamente detallada y completa- el concepto de capital social; pueslos trabajos antropológicos que les antecedieron si bien aportaron elementospara la construcción del concepto, no lo introdujeron en los términosactualmente conocidos” (Mota Díaz, 2002: 42).Sin embargo, también es necesario reconocer el importante aporte de RobertPutnam en esta discusión, particularmente cuando se liga el tema del capitalsocial con la problemática del desarrollo. El ofrece la siguiente definición: setrata de los “rasgos de la organización social, tales como las redes, las normasy la confianza, que facilitan la acción y la cooperación para el mutuo beneficio...Trabajar juntos es más fácil en una comunidad bendecida con una derramasustancial de capital social” (Putnam, 1993: 67). Existe en esta concepción uncierto grado de confianza entre los grupos sociales que puede transitar desdelos ámbitos locales hasta el nivel nacional, en donde las redes entre losciudadanos posibilitan el logro de numerosos objetivos a través de laparticipación constante. De manera preocupante, Putnam, al analizar lasociedad estadounidense, observa un cierto colapso en el capital social de esanación (desintegración de las redes familiares, de amigos, de vecinos y de lasestructuras democráticas), que encuentra muy preocupante hacia el futuro. Dehecho, su libro Bowling alone (Putnam, 2000) quiere presentar de hecho unalucha determinante en el ámbito cultural cuando ofrece de hecho la alternativade revivir dicho capital como una de las salidas al colapso de la civilizaciónnorteamericana; las claves de la alternativa para la sociedad estarán en la
    • 54participación civil, política y religiosa de los ciudadanos, en la red deconexiones formales e informales en el lugar de trabajo, en el altruismo, en lafilantropía, en la reciprocidad, la honestidad y la confianza entre los miembrosde las comunidades. El énfasis fundamental se encuentra en la afirmación deque los lazos sociales en la comunidad son el indicador más importante paraun desarrollo humano.Esto nos lleva también a la tesis de Kliksberg (2000), para quien el capitalsocial y la cultura son las claves olvidadas del desarrollo, despegándose delpensamiento económico tradicional en donde el principal indicador seencontraba en el crecimiento económico de una nación y en la disposición derecursos materiales de los individuos. En la cultura, encontramos una serie devalores, costumbres, ideas,... que forman la identidad de los grupos sociales, locual se convierte en el factor decisivo del capital social. Se trata de ver cómo“diversos componentes no visibles del funcionamiento cotidiano de unasociedad, que tienen que ver con la situación de su tejido social básico incidensilenciosamente en las posibilidades de crecimiento y desarrollo” (Kliksberg,2000: 6). Dichos componentes pueden ser la cooperación, la confianza, laetnicidad, la identidad, la amistad, etc. dentro de diversos grupos sociales, loscuales devienen no solamente elementos adicionales a considerar en elmodelo de desarrollo sino que se convierten en determinantes respecto de lasmetas finales.Estamos concluyendo entonces que el capital social y la cultura se hanconvertido en un factor fundamental en el debate sobre el desarrollo y para laelaboración de nuevas políticas públicas. “Las personas, las familias, losgrupos, son capital social y cultura por esencia. Son portadores de actitudes decooperación, valores, tradiciones, visiones de la realidad, que son su identidadmisma. Si ello es ignorado, salteado, deteriorado, se inutilizarán importantescapacidades aplicables al desarrollo, y se desatarán poderosas resistencias.Si, por el contrario, se reconoce, explora, valora y potencia su aporte, puedeser muy relevante y propiciar círculos virtuosos con las otras dimensiones deldesarrollo” (Kliksberg, 2000: 8).
    • 55De hecho, el Banco Mundial ha incorporado explícitamente el concepto cuandohabla de las formas reconocidas de capital: existe primero el capital natural,que son los recursos materiales de un país; existe el capital construido, que esel generado o construido por los seres humanos al producirse la infraestructuray el comercio; existe el capital humano, que está determinado por los nivelesde nutrición, salud y educación de una población específica; y se encuentratambién el capital social concebido como las formas de asociabilidad ycomportamiento propias de una comunidad. Sobre este último, se ha admitidosu potencial tanto para evitar posibles conflictos como para la consecución deobjetivos ligados al desarrollo de una región. Por su parte, Adela Cortina, enuna conferencia en la ciudad de Puebla, México, el 8 de octubre de 2003,retomaba esta misma clasificación de cuatro categorías de capital, enfatizandoel papel fundamental del social en el mundo contemporáneo a nivel de laconfianza, el comportamiento cívico, las redes asociativas, los valores, etc. conel objeto de construir “una anticipación contra-fáctica” del proyecto quequeremos para el mundo.Lo que hay que tener en cuenta en una perspectiva cronológica es que elcapital social puede ser reducido, destruido, fortalecido o ampliado, y con elloes necesario plantear estrategias para su cuidado y evolución. De algunamanera, las preguntas fundamentales de Putnam sobre el capital social deNorteamérica son muy preocupante porque se refieren a un proceso dedeclinación y deterioro: ¿por qué está declinando el capital social? ¿Por qué enlas últimas dos o tres décadas se puede advertir una disminución delcomportamiento solidario de los norteamericanos y de su sentido grupal deconectividad? ¿Por qué los norteamericanos han disminuido la socializacióncon sus vecinos? Con ello, si aplicamos el concepto a cualquier otracomunidad, tendríamos que hacer una análisis del contexto histórico de unaidentidad comunitaria que tiene raíces en su propia historia, que se ha idomodificando con el tiempo (positiva o negativamente), y sobre la cual se puedeplantear un imaginario colectivo a futuro a partir de una lucha ideológico-cultural.
    • 56Conceptualmente habría que admitir que el capital social, entendido a lamanera de Putnam (cualidades históricas individuales o grupales que seexpresan en redes sociales y normas de reciprocidad y confianza), no siemprepuede ser mirado de manera positiva, debido a que su uso puede seraprovechado no solamente para el desarrollo de una comunidad sino para elinterés particular de individuos y grupos. Es decir, en la práctica, existen redessociales de confianza y reciprocidad que son aprovechadas por gruposdedicados a la delincuencia, corrupción o el narcotráfico, actividades que a suvez minan las tendencias del desarrollo. La actividad de numerosas mafias endiversos países se basan fundamentalmente en estos tipos de redes, en lascuales son precisamente su capital social lo que les otorga efectividad a susacciones. Entonces, como cualquier forma de capital, el social también puedetener un uso antisocial y anticomunitario, que es precisamente a lo que serrefiere el mismo Putnam al hablar del lado oscuro del capital social (“the darkside of the social capital”: Putnam, 2000: chapter 22), y que en gran manera hasido ocasión para criticarle su optimismo sobre la posible contribución aldesarrollo puesto que también tiene su parte negativa y además puede ser unelemento de control social (Putzel, 1997; Portes, 1996) por parte de nuevosgrupos dirigentes.Identidades en movimientoInterrogado sobre su creencia acerca de una identidad latinoamericana alcomienzo del siglo XXI, Gilberto Giménez respondió en la ciudad de Puebla,México, el 7 de octubre del 2003, que tal identidad no existía, que tal conceptoestaba tan diluido que lo que importaba en ese momento era más bien buscarla fortaleza de las identidades regionales en toda la riqueza de su diversidad.Por otro lado, Néstor García Canclini en su reciente libro con el título“Latinoamericanos buscando lugar en este siglo” (García Canclini, 2003)comienza afirmando que “al explorar posibles rasgos comunes entre estospaíses, sobresalen las divergencias” (Idem:11). Y lo reafirma en otros espaciosde su mismo publicación: “aun cuando unos y otros estén en el mismo avión,las cortinas son más rotundas que las afinidades” (Idem: 24), concluyendo que“esta multidiversidad, más compleja, exige hablar de otro modo sobre lo quepuede agruparnos” (idem: 25). Podemos citar un tercer ejemplo con la posición
    • 57de Alain Touraine, quien, en una entrevista que le hice en la ciudad deGuadalajara, en junio del 2004, afirmó: “América Latina como tal no existe,porque tiene un gran déficit de actores sociales”, refiriéndose a que estamosante un espacio geográfico pero con carencia de movimientos sociales queapunten hacia un proyecto regional en el mundo.Estos autores pueden tener razón cuando llaman la atención sobre la falsapretensión de una homogeneidad al hablar de la identidad latinoamericana ycuando experimentamos que la fortaleza de nuestra cultura no ha sido capazde producir un nivel aceptable de desarrollo para las mayorías de la poblacióny mucho menos un proyecto hacia el futuro. Sin embargo, todos corren elriesgo de poner en duda un capital social existente en nuestra región y quepuede ser considerado también en el momento presente, como dice BernardoKliksberg, una de las claves olvidadas del desarrollo.Ciertamente hay que rescatar que tanto Giménez como García Canclini y AlainTouraine siguen teniendo una profunda mirada apasionada sobre lo que puedesignificar ese espacio geográfico común en donde se aglutinan tantasdiversidades: la América Latina. Se preguntan también, aunque con ciertopesimismo, por un proyecto en el futuro en donde no sea lo negativo (envueltosen la pobreza, en la deuda, en la migración, etc.) lo que nos defina sino larealidad de un proyecto que en este momento solamente podríamos anticipar.Sin embargo, todos ellos necesitan ciertamente ser diferenciados, por ejemplo,de la posición extremista de Guillermo Cabrera Infante, para quien el nombrede Latinoamérica representa un ridículo extraordinario debido a que no haynada en común entre cubanos y mexicanos, entre venezolanos y chilenos, etc.(Cabrera, en Marras 1992: 69); podría caber en esta misma línea la posición deJuan Carlos Onetti, quien asegura que el nombre de América Latina no pasade ser una simple cuestión geográfica pero que no refleja ningún tipo deidentidad ni proyecto.Sin embargo, en contraste, hay que mencionar a un gran número depensadores, para quienes el nombre mismo refleja una honda tradiciónhistórica, una expresión de rasgos comunes y la posibilidad de un proyecto
    • 58propio. Así, por ejemplo, Mario Vargas Llosa habla de América Latina como unnombre que “responde a una realidad de tipo histórico, de tipo cultural, de tipogeográfico, una realidad muy compleja, muy diversa, la de un mosaico en elque la diversidad es tan importante como el común denominador" (VargasLlosa, en Marras, 1992: 99). Octavio Paz señaló también algo parecido:América Latina es “una sociedad de sociedades en un territorio enormerodeado de otras sociedades, todas en movimiento. Una sociedad es unacultura: un conjunto de individuos, cosas, instituciones, ideas, tradiciones eimágenes. Una realidad sui generis, pues no es enteramente material ni ideal.América Latina es una cultura” (Paz, en Marras, 1992: 467-8).Se nos presentan entonces una serie de problemas conceptuales muycomplejos cuando queremos abordar la cultura y la identidad de Latinoamérica,y mucho más cuando queremos relacionarlos con la situación de subdesarrolloque corroe nuestra historia desde que nacimos en el siglo XIX como nacionesindependientes pero aceptando la conveniencia de llamarnos todoslatinoamericanos, tal como empezaron a utilizar el concepto José María TorresCaicedo y Eugenio María de Hostos en el siglo XIX. La gran heterogeneidad denuestra región, las aspiraciones por la unidad y la integración, y la persistenciade condiciones deplorables en gran parte de nuestra población atravesarontodo el siglo XX y han cobrado mucha fuerza en el tránsito al siglo XXI.Al principio anotábamos el debate todavía existente sobre la identidadlatinoamericana en donde Gilberto Giménez y Néstor García Canclinidesconfían actualmente mucho del concepto señalando que lo que existe esmás bien un espacio geográfico donde coexisten numerosas identidades. Peroel temor de que al hablar de identidad común se quiere homogeneizar unmundo diverso es exagerado; simplemente hay que recordar el trabajo deSergio Marras (1992), quien realizó numerosas entrevistas cualitativas aliteratos (Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Adolfo Bioy Cáseres, RenéDepestre, Arturo Uslar Pietri...), los cuales mayoritariamente reconocían queAmérica Latina como concepto, a pesar de ser un invento francés, ya se habíaconvertido en la historia del siglo XIX y XX en una marca registrada paranuestra región. En la literatura, por lo menos, podemos comenzar diciendo que
    • 59existe empíricamente un reconocimiento interno y externo sobre la identidadlatinoamericana. Si acudimos al mundo de la política y la economía, también esevidente que partimos de la definición de un conjunto de pueblos que esreconocido con ese nombre, y por ello hay caracterizaciones entre losgobiernos para designar delegados oficiales de y para la región; hayencuentros oficiales, por ejemplo, entre Europa y América Latina; hayindicadores económicos periódicos de la ONU a través de la CEPAL para todala región. Específicamente en el mundo académico existen numerosos centrosde estudios latinoamericanos tanto en América como en Europa;particularmente dentro de los Estados Unidos se pueden encontrar vinculadoscon las universidades unos 700 centros dedicados a analizar la problemáticaeconómica, política y cultural de esta parte de América. En este sentido,estamos hablando ciertamente de un espacio geográfico donde convivenmuchas identidades regionales y locales, reconociendo una identidad común apartir de la conquista española, a partir de un lenguaje predominante en lamayoría de los países, a partir de rasgos culturales.Si reconocemos la identidad como la expresión (con rasgos subjetivos yobjetivos) de una cultura común, indiscutiblemente tenemos que partir de quelo latinoamericano existe; ello no quiere decir que la cultura es homogénea nique desaparezcan las diferencias locales y regionales, ni que Latinoaméricaesté reducida exclusivamente al espacio geográfico, porque el concepto yadesborda las fronteras de nuestros países.Gilberto Giménez, a pesar de que reconoce lo delicado del concepto deidentidad en las ciencias sociales y de su uso políticamente peligroso debido alos nacionalismos fundamentalistas, afirma que “pese a todo, sigue siendo unanoción imprescindible en las ciencias sociales, no sólo porque ha venido apotenciar la teoría del actor, de la acción social y, particularmente, de la accióncomunicativa, sino también porque permite recuperar, un poco por la puertatrasera, la noción de cultura” (Giménez, 2000: 28). Con esta aclaración,propone una definición que podemos compartir: “entiendo aquí por identidad elconjunto de repertorios culturales interiorizados (representaciones, valores,símbolos...) a través de los cuales los actores sociales (individuales o
    • 60colectivos) demarcan simbólicamente sus fronteras y se distinguen de losdemás actores en una situación determinada, todo ello en contextoshistóricamente específicos y socialmente estructurados” (Idem: 28).Estos repertorios culturales –es importante remarcarlo- pueden darse a nivellocal, regional, nacional o trasnacional, y el hecho de poseer uno más ampliono necesariamente significa homogeneizar o desaparecer las diferencias alinterior. Se trata de un sentido de pertenencia colectiva a una comunidadimaginada en donde lo latinoamericano no impide que sea chileno o mexicano,en donde lo mexicano no impide que sea jaliciense o zacatecano, en donde lojaliciense no impide que sea tapatío o costeño, etc. Bajo esta perspectiva,pueden perfectamente convivir diferentes identidades, y en nuestro casoparticular, la pregunta particular sería sobre la importancia que reviste lolatinoamericano dentro de la gran diversidad de países, regiones y localidades.¿Tenemos entonces todavía un repertorio simbólico-cultural como capital socialque nos pueda impulsar a superar las situaciones de subdesarrollo queexperimentamos? Nuestra respuesta es afirmativa. Porque estamos hablandode una historia común que nos brinda un enorme capital social para laconstrucción de un proyecto histórico propio. Una estrategia adecuada seríafortalecerlo.Dentro del proceso de nuestras sociedades, también podemos partir de que“las identidades son inevitables y concomitantes a la misma existencia del serhumano” (Valenzuela, 2000: 17), y parten de las prácticas de la vida diaria endonde se entremezcla la familia, el lugar de vivienda, el lugar de trabajo, lascondiciones históricas del lugar, el acceso a los medios de comunicación, etc.Los grupos sociales en una urbe están delimitados por sus identidadesgrupales que les ayudan en la supervivencia y en el enfrentamiento con otrosgrupos sociales. Pero también hay que enfatizar que las identidades varían enla historia de un individuo o de un grupo; no son monolíticas; el tiempo puedellevar a olvidar los antiguos repertorios culturales y a familiarizarse y asimilarotros para devenir en otro tipo de personalidades. Por ello, es posible construirun abanico de posibilidades en identidades imaginarias, que se puedenconvertir en pactos simbólicos del individuo o grupo para que, a través de una
    • 61práctica social, se elaboren y articulen proyectos culturales y políticos. “De lamanga mágica de las identidades colectivas han nacido grupos, etnias,nacionalidades, Estados-nación, movimientos sociales, culturas alternativas,etc.” (Valenzuela, 2000: 18).El imaginario colectivo, entonces, puede ser capaz de construir un nuevo tipode sociedad, porque produce un compromiso de lucha: “Esta idea nos vuelve aubicar en el campo de la prefiguración y en la posibilidad de imaginar proyectosalternativos de sociedad. El compromiso es un proyecto de vida; se apuesta enel presente a la posibilidad de construir un futuro imaginado: una nuevarealidad” (Froncois Dubet, citado en Valenzuela, 2000: 19).Finalmente tenemos que enfatizar el sentido que le damos a la identidad comoalgo colectivo. Es cierto que el tratamiento de este concepto puede serindividual, pero su vinculación con el capital social solamente lo encontramoscuando hablamos de identidades de grupo, con redes formales e informalesbasadas sobre todo en la confianza.Alternativas para América LatinaHablando sobre los escenarios posibles para nuestra región, cuando NéstorGarcía Canclini habla de los latinoamericanos que buscan lugar en este siglo,no es optimista al respecto: señala que la situación actual es casi explosiva. Yes que ello coincide con diversos diagnósticos en donde América Latina estáclaramente calificada como una situación en riesgo (Kliksberg Bernardo, 2002).Somos alrededor de 570 millones de latinoamericanos en donde unos 220millones sobreviven con menos de dos dólares diarios, en donde el promediode años estudiados es solamente de 5.2, en donde la deuda externa global dela región sobrepasa los 700 mil millones de dólares. Incluso la segundaCumbre de las Américas realizada en Santiago de Chile en 1998 y convocadapor los Estados Unidos y una declaración final aprobada por todos los jefes degobierno estableció que “superar la pobreza continúa siendo el mayor desafíoconfrontado por nuestro Hemisferio”. Bernardo Kliksberg, hablando de AméricaLatina como una situación en riesgo afirma: “Hay disensiones metodológicas
    • 62significativas sobre cómo medir la pobreza. Sin embargo, la mayor parte de lasfuentes internacionales coinciden en una constatación básica respecto a laregión: la pobreza ha crecido considerablemente en ella en las dos últimasdécadas” (Kliksberg, 2002).Lo que no sabemos es cuáles son las estrategias efectivas para combatir estegran problema que atañe sobre todo a África, a América Latina, a numerosospaíses de Asia e incluso a diversas regiones dentro de los mismos países delprimer mundo. Una constatación, como resultado del largo estudio del BancoMundial realizado en la década de los 90s y coordinado por Deepa Nerayan, esque la políticas sociales de los Estados han sido ineficaces para sacar a lospobres de su condición tan vulnerable, a pesar de que se dedican inmensosrecursos para combatir la pobreza e intentar construir desarrollo; ni siquiera lasactividades de las numerosas organizaciones de la sociedad civil han sidoeficaces por la gran heterogeneidad de objetivos que tienen y lo limitado de suaccionar.Sin embargo, se pueden resaltar dos conclusiones de este estudio del BancoMundial realizado en más de 50 países del planeta y a partir de entrevistas ydiscusiones con más de 40 mil mujeres y hombres en situación de pobreza. Laprimera de ellas se refiere a la construcción de una nueva relación entre lasociedad y el gobierno en donde cualquier estrategia debe partir de lasrealidades de las personas pobres: sus propios diagnósticos y, especialmente,con un enfoque de género; la segunda se refiere al tema de nuestra hipótesis,en donde la línea principal de acción debe ser la inversión en la capacidad deorganización de los pobres, es decir en el fortalecimiento del capital social delas comunidades, a través de una cultura de asociación.Reconociendo que la pobreza es un fenómeno multidimensional y multifacético,y sabiendo que para atacarlo pueden existir diferentes estrategias de abordaje,el énfasis en la cultura, en la identidad y en el fortalecimiento del tejido socialno pueden ser vistos como una panacea pero sí cómo una línea de acciónprioritaria, en el entendido que la población en pobreza no debe serconsiderada como un objeto de ayuda sino como un sujeto de transformación.
    • 63En este sentido, el mismo Néstor García Canclini afirma que “explorar lapotencialidad conjunta de nuestras prácticas culturales puede ayudarnos aimaginar otro modo de globalizarnos” (García C., 2002: 106). Sin embargo,también añade: “No se trata de creer que vamos a salvarnos por la cultura. Espreciso escribir esta palabra –lo mismo que latinoamericano- con modestasminúsculas” (Idem, 2002: 107). García Canclini quiere ser realista al hablar dela cultura como una de las diversas estrategias que pueden fortificar nuestrocapital natural, acrecentar el capital adquirido, elevar nuestro capital humano ysobre todo el capital social, pero a éste último no se le puede desdeñar toda lapotencialidad que tiene y que frecuentemente olvidamos.Como dice Edgar Morin: “La cultura es, en suma, lo que ayuda al espíritu acontextualizar, globalizar y anticipar” (Morin, 1995: 47); ello podría ser, en otraspalabras, la posibilidad de nunca aceptar como un hecho dado la realidadempírica negativa que estamos experimentando, y por tanto la necesidad deimaginarnos, más allá de las protestas comunes contra los efectos delneoliberalismo, las mejores propuestas de salida en proyectos específicos quemejoren los índices del desarrollo humano de la población. De hecho, en latradición latinoamericana existe una fuerte tradición que nos impulsa hacia eldesarrollo y la integración que, como lo analizaremos más adelante, vamos aconceptualizarla como un capital simbólico.
    • 64
    • 65 CAPÍTULO III RAÍCES Y MODELOS DE INTEGRACIÓN “Los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse, como quienes van a pelear juntos… Ya no podemos er el pueblo de hojas, que vive en el aire, con la copa cargada de flor, restallando o zumbando, según la acaricie el capricho de la luz o la tundan y talen las tempestades; los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas” (Martí, José, en AUNA, 17-III-1999).En el difícil y complejo proceso hacia la integración latinoamericana, nuestrahistoria nos ha mostrado ya los grandes problemas que hay que superar: enprimer lugar, la diversidad cultural regional, que tiene sus raíces en esa mezclade lo indio, lo negro y lo español, y que ha llegado al extremo de preguntarse sihay una América Latina o muchas; en segundo lugar, La distancia geográficaentre numerosos países, que han hecho difícil un intercambio permanente deconocimiento y de bienes; y en tercer lugar, la rivalidad política entre gobiernosvecinos ha llevado en ocasiones al extremo de guerras fratricidas absurdas.Sin embargo, en toda esta profunda diversidad se empezó el proceso deindependencia durante principios del siglo pasado, con la aspiración de SimónBolívar de expresar la identidad de esta región y con el deseo de construcciónde la gran patria americana desde el río Bravo hasta la tierra del fuego.Bolívar expresaba en su Carta de Jamaica, de 1815: "Ya que tienen un origen,una lengua, unas costumbres y una religión, debería, por consiguiente, tenerun solo gobierno que confederase los diferentes estados que hayan deformarse". Y añadía: "No somos europeos, no somos indios sino una especiemedia entre los aborígenes y los españoles. Americanos por nacimiento yeuropeos por derechos, nos hallamos en el conflicto de disputar a los naturaleslos títulos de posesión y de mantenernos en el país que nos vio nacer, contra laoposición de los invasores; así nuestro caso es el más extraordinario y
    • 66complicado" (Bolívar, en UNAM, 1986: 101). Pero el proceso de laindependencia llevó históricamente a la diversificación en repúblicasindependientes: la gran Colombia quedó en el pasado y se fueron formando lasnaciones de Colombia, Ecuador, Venezuela, etc; La Federacióncentroamericana se separó de México y posteriormente, de 1822 a 1842 sepulverizó en los 5 países centroamericanos a pesar de los intentos de unidadde Francisco Morazán. La idea inicial de Bolívar que fracasó era "la idealconcepción de toda Hispanoamérica como entidad nacional única, a realizarsepor medio, sea de una sola república continental, sea de una pluralidad derepúblicas unidas entre sí por liga o confederación" (Arturo Ardao, en UNAM,1986: 37). La idea de Bolívar se planteaba en dos niveles: primero, la idea deuna sola nación que englobaría a Venezuela, Nueva Granada (Colombia) yEcuador, y segundo, la idea más amplia de la Confederación de repúblicas, através de la convocatoria del Congreso continental que se reunió en Panamáen Junio de 1826.Sin embargo, de manera paralela a la diversidad política de nacionesindependientes, empezó a expresarse un proceso de identidad. SimónRodríguez (1771-1854), Juan Bautista Alberdi (1810-1884) y José Martí (1853-1894) fueron personajes importantes que hicieron surgir con vigor focoscolectivos de pensamiento que reclamaron no solo la identidad de un nosotros,refiriéndose a la parte de Latinoamérica, con habla española y portuguesa, sinoque abrieron la incipiente prospectiva de una lucha de liberación frente a lahegemonía de los Estados Unidos, buscando un futuro con mayor justiciasocial.Se dio la primera lucha por la identidad del Nosotros; dentro de la diversidadfue la gran batalla del siglo XIX. Como dice Francisco Miró Quezada: "laactividad ideológica fue probablemente la primera y más directa expresión delcreciente deseo latinoamericano de autoafirmación" (Miro Quezada, en UNAM,1986: 134). En un eje parecido se sitúa Juan B. Alberdi cuando hacía sentir lanecesidad de una filosofía americana y no una América que dijera sólo lo quepiensa Europa: la filosofía americana parte de los problemas de nuestra regióny debe enfocarse a resolver “el problema de los destinos americanos” (Alberdi,
    • 67en UNAM, 1986: 150). Martí prefería hablar del término "Nuestra América" parareferirse al pueblo que va "del Bravo a la Patagonia" (Martí, en UNAM, 1986:153-4), aunque también en ocasiones utilizó el término de América Latina.Si bien, desde el punto de vista del pensamiento filosófico, la lucha era porafirmar un pensamiento americano, ya al interior del continente, la lucha por laidentidad fue también expresión de la contradicción con el Norte, con losEstados Unidos, no sólo a nivel cultural y de ideología, sino en la experienciaempírica de dominación económica y política. El historiador chileno BenjamínVicuña Mackenna, en 1856, ante el hecho ineludible de la diversidad derepúblicas independientes, expresaba lo siguiente: "Seamos sudamericanosfrente a la América del Norte. Que nuestra mutilada familia, que cuenta tantasdenominaciones de mutua hostilidad, `peruanos`, `chilenos`, `colombianos`,`argentinos`, sea un solo nombre delante del nombre americano, de esePluribus Unum que es único y por eso es todopoderoso. Que nuestras divididasRepúblicas sean una sola América delante de las repúblicas unidas del Norte"(Citado por Arturo Ardao, en UNAM, 1986: 50). Las virtudes que vio Alexis deTocqueville en La democracia en América no se expresaron para nada en larelación de dominación que empezaban a imponer los norteamericanos en elSur con su lema América para los americanos.En la segunda parte del siglo XIX se manifestó culturalmente un símbolo deesa identidad al comenzar a adoptarse precisamente el nombre de AméricaLatina, designando con ello a todas esas naciones del continente americanoque habían sufrido la dominación española y portuguesa, teniendo comocontenido el más grande mestizaje de la historia moderna entre indio, negro yblanco, y oponiéndose en consecuencia al bloque anglófono dentro deAmérica. El vocablo de "América Latina" llegó de Francia, como se refiere en elprólogo del libro de Sergio Marras, "América Latina, marca registrada", juntocon el intento imperial de Maximiliano (1862-1865), como una primera idea deunificación, bajo un propósito político: servir de contrapeso a los nórdicos deorigen anglosajón y protestante que obstaculizaban la influencia de Francia deNapoleón III en este continente; así nació el invento del término "AméricaLatina". Aunque de manera clara hubo gran solidaridad de los pueblos
    • 68latinoamericanos con México frente a la intervención francesa y para ello basterecordar el llamado de Francisco Bilbao en 1863 donde señala que "todo seperderá... si no hacemos de la causa mexicana la causa americana" (UNAM,1986: 169), el nombre de América Latina, heredado de Michel Chevalier, quienbuscara una identidad cultural que justificara el expansionismo francés frente alNorte anglosajón, empezó a prevalecer.Todavía en la segunda parte del siglo XIX se debatía el nombre que podríadarse a esta parte de América. Se había querido resucitar el nombre de la GranColombia o Confederación Colombiana, debido a que ya en 1863 se habíalogrado efectivamente cambiar el nombre de la República de Nueva Granadapor el de Colombia; sin embargo, culturalmente fue el nombre de AméricaLatina o Latinoamérica el que prevaleció, como bien lo atestigua Eugenio Maríade Hostos, en un artículo publicado en 1874 precisamente con el título deAmérica Latina, cuyo nombre ya había utilizado desde 1868: "No obstante losesfuerzos hechos por... escritores latinoamericanos y por el autor de esteartículo, reforzados por la autoridad de la Sociedad Geográfica de Nueva York,no prevalece todavía el nombre colectivo de Colombia, con que han queridodistinguir de los anglosajones de América a los latinos del Nuevo Continente.En tanto que se logra establecer definitivamente la diferencia, es buenoadoptar para el Continente del Sur y América Central, México y Antillas, elnombre colectivo que aquí le damos y el de neolatinos... o latinoamericanosque yo uso para los habitantes del Nuevo Mundo que proceden de la razalatina y de la ibérica". (Citado en Arturo Ardao, UNAM, 1986: 53).La identificación latinoamericana ha prevalecido hasta la actualidad en dondeencontramos numerosos instituciones de investigación en Europa y en EstadosUnidos con el referente de "Centros de estudios latinoamericanos"; aun desdeel punto de vista de la política internacional, el término es usadofrecuentemente por gobiernos u organizaciones políticas para asignarlo a susdependencias que tratan asuntos referentes a esta parte del continenteamericano.Sin embargo, el fracaso del sueño bolivariano de integración como la granpatria americana quedaba cada vez más manifiesto. El mismo Bolívar sintió el
    • 69fracaso cuando al Congreso de Panamá en 1826 sólo acudieron Colombia,Centroamérica, México y Perú. Posteriormente, a la diversidad de las raícesculturales se añadió todavía más la diversidad política de múltiples nacionesdiferentes, varias de las cuales combatieron con ferocidad entre ellas mismaspor cuestiones diversas como límites territoriales, acaparamiento de recursos oenemistad de los dirigentes. Fue el caso, por ejemplo, de la guerra del Pacíficoentre Perú, Chile y Bolivia, que tan bien está reseñado por Eduardo Galeanoen "las Venas abiertas de América Latina". Reconocía, por su parte, FranciscoBilbao, en 1865, en una iniciativa que planteaba la idea de un Congreso federalde Repúblicas, con ciudadanos provenientes de casi todas las naciones deSudamérica: "la idea de la confederación de la América del Sur, propuesta undía por Bolívar... no ha producido los resultados que debían esperarse. Losestados han permanecido desunidos" (Bilbao, en UNAM, 1986: 55).Pero todo este proceso de identidad, aunque ideológicamente estabaconfrontado con los anglosajones, llevaría también a un primer intento deintegración económica y política de los países latinoamericanos bajo la égidade los Estados Unidos. La mentalidad del proyecto "América para losamericanos" se expresaría claramente en la organización de la primeraConferencia Panamericana en 1889, convocada por el Secretario de Estado deNorteamérica, James G. Blaine, en la cual, como lo refiere ampliamenteSalvador E. Morales (1994), se encuentran las raíces del modelo hegemonistade integración. Ahí, con la presencia de 17 países americanos, hubopropuestas en materia de libre comercio, unión aduanera, propuestas demoneda común, tratados de extradición, derechos de marcas y patentes,uniformización de reglas sanitarias, etc. algunas de las cuales llegaron aadoptarse en alguna medida en la Conferencia Monetaria Internacional de1891.Los países representados en la Conferencia panamericana fueron lossiguientes: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador,Estados Unidos, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, México, Nicaragua,Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela. Esta conferencia representóciertamente, en el siglo XIX, otra perspectiva para la integración de América
    • 70Latina pero bajo la tesis del panamericanismo lidereado y dominado por losEstados Unidos. La conferencia ocurrió en el contexto del debilitamiento delimperio económico inglés y la expansión de la economía norteamericana quequería controlar mejor sus mercados en toda América, que anteriormentetenían la tendencia a integrarse más a los polos industriales y financieros deEuropa. Estados Unidos estaba en una gran producción maquinizada en seriey expansión de sus productos después de la guerra civil. "El interés de EstadosUnidos hacia 1889... era el de romper un equilibrio económico euroamericano...a fin de establecer otro en que las ventajas gravitasen en su dirección"(Morales S., 1994: 57). En el fondo de este proyecto, estaba "la necesidadagobiante de los magnates industriales de colocar sus mercancías menosdemandadas que las europeas; el deseo del sector exportador de los paísesiberoamericanos de favorecer cambios modernizadores que pusiesen a losintereses dominantes en el carril de la prosperidad y el progreso material"(Morales S., 1994: 117).No cabe duda que se pretendía un modelo de integración de América Latinapero subordinada a las necesidades económicas del Norte. Este modelociertamente no era el que pensaba Simón Bolívar sino que representaba sucontraparte. "La unidad americana propuesta por Bolívar difiere de la de Blaineno sólo por la participación de Estados Unidos, desechada por el Libertador,sino por el carácter hegemónico que le otorgó a ese país la unión concebidapor Blaine" (Morales S., 1994: 59).En este largo proceso, los países latinoamericanos conservaron suindependencia política y su identidad cultural pero con una pesadadependencia económica en relación con el desarrollo industrial del Norte. Lasaspiraciones hacia la integración han existido y se han expresado en múltiplesmomentos, pero, no es sino hasta mediados del siglo XX cuando se retoma elproceso de integración económico-comercial de manera expresa (Preciado J.,Rocha V, 1997). Pero en el proceso contemporáneo se confunden las dosvertientes aunque, de manera específica, el proyecto de la Cumbre de lasAméricas de Miami de 1994, parece la proyección de la Primera ConferenciaPanamericana, con la perspectiva del panamericanismo lidereado por los
    • 71Estados Unidos en un nuevo contexto, en donde puede imponerse el punto devista unilateral de la política de Washington. Conviven, sin embargo, tambiénen el siglo XX numerosos intentos de integración latinoamericanista que enalguna manera pueden expresarse en el plano político-diplomático de lascumbres iberoamericanas o en la formación de bloques regionales importantescomo el Mercosur, el Grupo de los Tres, el Pacto Andino (luego ComunidadAndina de Naciones), etc.De hecho, en estas dos vertientes -la de Bolívar y la de Norteamérica-,encontramos las dos principales raíces de los procesos de integración, comodos tendencias contradictorias que se mezclan constantemente en el procesode globalización de finales del siglo XX.En el siglo XIX surgieron estas dos estrategias de convergencia para lasnaciones americanas. Una de ellas se identificó con la lucha de Simón Bolívary se fue plasmando en el nombre de América Latina o América Nuestra; la otrase expresó en la primera Conferencia Panamericana convocada por losEstados Unidos en 1889. Con diversas vertientes y matices, estas doscorrientes de pensamiento existen y se expresan en variados proyectos deintegración en el siglo XX, pero es necesario revalorar aquellas que respondanmejor a los intereses de la mayoría de los pueblos porque no todas lasestrategias son complementarias. En este sentido, nuestro interés escontraponer de manera global varios modelos que se encuentran en ladiscusión de fin de siglo y apuntalar la idea de América Latina como unproyecto viable de desarrollo, según la tesis de José Martí en 1891 cuandomencionaba que las “trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra;no hay proa que taje una nube de ideas”; era la concepción de la “AméricaNuestra” como “una idea enérgica, flameada a tiempo ante el mundo”; con ella,“los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse, comoquienes van a pelear juntos... Ya no podemos ser el pueblo de hojas, que viveen el aire, con la copa cargada de flor, restallando o zumbando, según laacaricie el capricho de la luz o la tundan y talen las tempestades; los árboles sehan de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas!” (Martí,en AUNA, 17 marzo 1999).
    • 72A finales del siglo XX y principios del XXI, los procesos de integración en elcontinente americano están girando en torno a tres grandes concepciones quese entrecruzan continuamente pero que pueden tener significados y futurosdiferentes: el proyecto panamericano, el iberoamericano y el latinoamericano.En cada uno de ellos, existe un cuestionamiento al modelo proteccionista de unsólo estado-nación, aunque cada estrategia difiere en el contenido y alcance delos objetivos supranacionales. El primero ha dado tradicionalmente una granimportancia a la integración económica con la bandera del libre comercio bajoel liderazgo de los gobiernos de los Estados Unidos; los dos últimos parten delhecho de una identidad cultural forjada en varios siglos para aspirar a undesarrollo más equilibrado que pueda propiciar una mejor distribución de lariqueza social y un trato más igualitario con los países industrializados.El primer modelo tiene su origen en la conferencia panamericana convocadapor los Estados Unidos, realizada en 1889, y que tiene su prolongación en laIniciativa de las Américas del ex-presidente George Bush padre y cuyo intentode concreción se manifiesta en el proyecto de la Alianza del Libre Comercio delas Américas (ALCA) preconizada por el gobierno de Bill Clinton tanto en laprimera Cumbre de las américas de 1994 en Miami como en la siguientes(Santiago de Chile, Quebec, Mar del Plata, Trinidad y Tobago). Dentro de estascumbres, los países convocados fueron los de todo el continente americanocon excepción de Cuba (por la hipotética razón de no ser un país democrático,razón política mantenida por Estados Unidos para lograr su exclusión):Argentina, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador,Estados Unidos, Guatemala, Haití, Honduras, México, Nicaragua, Panamá,Paraguay, Perú, República Dominicana, El Salvador, Uruguay, Venezuela,junto con los países caribeños Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Belice,San Cristóbal y Nevis, Dominica, Grenada, Guyana, Jamaica, Santa Lucía,Surinam, Trinidad y Tobago, San Vicente-Granadinas.El segundo proyecto cultural se expresa en las cumbres iberoamericanas queempezaron a partir de 1991 en Guadalajara, México, y que han continuado año
    • 73con año hasta el momento presente16. Estas cumbres conjuntan a lospresidentes y jefes de gobierno de 19 países latinoamericanos junto conEspaña y Portugal, resaltando una comunidad cultural en la parte delcontinente americano que viene de los tiempos de la colonia a partir delencuentro de dos mundos. En estas cumbres, tenemos a 21 paísesconvocados: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba,Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá,Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay, Venezuela, España yPortugal. Por su cultura y su origen hispanoamericano, el Prof. Tomás CalvoBuezas, en su texto sobre “La patria común iberoamericana” (Calvo B., 1998),incluye también a Puerto Rico.El tercer proyecto parte del sueño de Bolívar sobre la gran patriahispanoamericana y portuguesa en donde se concibe una unión de repúblicascon el reto de enfrentar su propio desarrollo independiente de España y lospeligros del destino manifiesto de Norteamérica a partir de la doctrina Monroeen 1823. El nombre general que fue logrando la identidad de estas nacionesfue el de América Latina, introducido por los franceses, pero aceptado en laterminología oficial de los Estados y en el lenguaje común de los pueblos. Las21 naciones latinoamericanas son las siguientes: Argentina, Bolivia, Brasil,Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala,Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, RepúblicaDominicana, Uruguay, Venezuela, incluyendo también de manera expresa aHaití y a Puerto Rico17. La visión de Bolívar tuvo su continuidad en elpensamiento de José Martí a finales del siglo XIX (aunque él utilizó el conceptode “Nuestra América” para expresar el conjunto de países que van de la tierradel fuego al río Bravo, puesto que ya los Estados Unidos se habían apoderadode gran parte del territorio antiguo mexicano), en donde se planteaba todavía eldeseo de la independencia frente a las potencias coloniales (España, de16 Las Cumbres Iberoamericanas comenzaron en Guadalajara, México, en 1991, y hanperdurado anualmente hasta la realizada en 2010 en Mar del Plata, Argentina, estandoprogramada la del 2011 en Asunción, Paraguay, y la del 2012 en Cádiz, España.17 Roberto Fernández Retamar utiliza el término de manera más amplia porque "incluye no sóloa pueblos de relativa filiación latina, sino también a otros, como los de las Antillas de lenguainglesa u holandesa y, por supuesto, los grandes enclaves indígenas" (En Zea, 1993: 300).
    • 74manera particular con Cuba) y la no sujeción al poder neocolonial de lossajones representados por Estados Unidos. La contraposición deLatinoamérica con los Estados Unidos en una vecindad geográfica ha teñidofuertemente este tercer modelo debido a que de manera continua se vinculanen una relación asimétrica, como dice Benjamín Carrión, “los Estados Unidosdel Norte y los Estados desunidos de América Latina” (Carrión, en UNAM,Vol.II, 1986: 835).En la segunda década del siglo XX, Víctor Manuel Haya de la Torre discutíaestos tres modelos, criticándole a cada uno sus deficiencias; decía que“quienes sostienen que debemos llamarnos hispanos o iberoamericanospreconizan la prevalencia de España y Portugal... Los partidarios del nombrede América Latina... reconocen al mismo tiempo el hecho cierto de la poderosainfluencia espiritual de la cultura renacentista y particularmente la francesa...;los afanosos de que nos confundamos en el gran imperio del Norte propugnanpor el simple nombre de América o... Panamérica” (UNAM Vol.II, 1986: 914-15). Frente a estos nombres, Haya de la Torre pregonaba más bien el nombrede Indoamérica, una idea que más tarde retomaría Carlos Fuentes con lapretensión de querer llamarnos afroindoiberoamericanos.Sin embargo, en términos generales, han prevalecido en la discusión los tresgrandes modelos ya mencionados y alrededor de estas visiones globales deintegración, existen actualmente diversos proyectos específicos, varios desdeuna perspectiva regional, que destacan no sólo por afinidades culturalesespecíficas dentro del continente sino también por acuerdos concretos en elámbito económico y político. Entre ellos se encuentra el Mercosur (Brasil,Argentina, Paraguay y Uruguay), la integración Centroamericana (Guatemala,Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y eventualmente Panamá), laCumbre del Caribe (25 países miembros y 11 asociados), el Pacto Andino yluego Comunidad Andina de Naciones (Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú,Chile, Bolivia) y el Grupo de los Tres (México, Venezuela y Colombia) queprácticamente ha desaparecido. Después se formaría la ComunidadSudamericana de Naciones (2004) convertida luego en Unión de Naciones delSur (UNASUR) y finalmente la Comunidad de Estados Latinoamericanos y
    • 75Caribeños (CELAC) en el 2010. Además, por la importancia con que se hapresentado en el ámbito mundial, hay que nombrar también el Tratado de LibreComercio entre México, Estados Unidos y Canadá (también conocido comoNAFTA: North American Free Trade Agreement) por constituir una propuestade los Estados Unidos para enfrentar en mejores condiciones la integracióneuropea y los acuerdos de la región Asiática. También hay que hacer notar elintento de Europa por ampliar sus vínculos de integración con el continenteamericano, sin incluir a los Estados Unidos y Canadá, como lo demuestra elproyecto de la primera Cumbre de la Unión Europea-América Latina y elCaribe, que empezó por primera vez a realizarse en junio de 1999, en Brasil.En todo este conjunto de proyectos, hay que distinguir las dos visioneshegemónicas al interior del continente que se han ido consolidando, y sobre lascuales uno se pregunta si pueden ser complementarias o tienencontradicciones insalvables. Arturo Ardao las ha definido como“panamericanismo y latinoamericanismo”, que son perspectivas que tienen susraíces en el siglo XIX, representando dos proyectos totalmente contrapuestos:“panamericanismo derivó de Pan América, término forjado en estados Unidosen 1889, y latinoamericanismo, de América latina o Latinoamérica, vocablo queremonta a 1836, en Francia” (Ardao, en Zea, 1993: 157).De acuerdo al planteamiento de la primera Conferencia Panamericana,convocada por los Estados Unidos en 1889 y a la que acudieron 17 países delcontinente, se trataba de un proyecto de integración referido sobre todo atratados comerciales y económicos; tales conferencias continuaronrealizándose en años y décadas posteriores como por ejemplo la IV realizadaen 1910 en Buenos Aires (que consagró el nombre de Unión Panamericana), laV Conferencia Panamericana en 1928 en Santiago, y la celebrada enMontevideo en 1933. En la práctica, se observa claramente la visiónprotagónica y subordinante de Norteamérica en un intento que pretendíaimpedir o controlar los vínculos de América Latina con Europa para hacerprevalecer el ingreso de sus productos comerciales abriendo los mercados delos países americanos. De hecho, desde la celebración de esa primeraconferencia se abrió en Washington una “Oficina Comercial de las Repúblicas
    • 76Americanas”, aprobada el 14 de Abril de 1890, con el objeto de compilar ydistribuir cualquier dato comercial en el continente. Siempre ha permanecido lamotivación real del panamericanismo inspirado por James Blaine: “Dichamotivación resultó de las perentorias necesidades comerciales de EstadosUnidos, cada vez más urgido de mercados exteriores seguros para losexcedentes de su joven industria en expansión” (Ardao, en Zea, 1993: 159).Los lineamientos ideológicos de este proyecto panamericano se inscriben en lallamada doctrina Monroe, debido a que el presidente James Monroe de losEstados Unidos (1817-1825) sentó el principio de la no intervención de Europaen el continente americano en su mensaje al Congreso en 1823. España habíaingresado en la Santa Alianza y se pensaba que podía intentar la recuperaciónde sus posesiones en América, que habían comenzado a convertirse enrepúblicas independientes. El problema no era el carácter defensivo frente a laspotencias europeas sino el carácter expansionista del gobierno de los EstadosUnidos, auto-declarando su derecho a colonizar, a conquistar y intervenir encualquier lugar de América. Tanto Bolívar como después José Martí advirtieroncon insistencia del peligro que representaba el nuevo papel que querían asumirlos Estados Unidos como tutela y policía del continente. El presidentenorteamericano Wilson, a principios del siglo XX logró oficializar algunospuntos de la doctrina Monroe al introducirlos, por ejemplo, en el artículo 21 dela Carta de la Sociedad de las Naciones: Estados Unidos se sentía conderecho a intervenir en los asuntos internos de Latinoamérica con objeto derestablecer el orden interno o para defender los intereses de ciudadanosnorteamericanos. La doctrina Monroe empezó a manifestarse en la expresiónDestino manifiesto desde 1845 para presentar la dominación norteamericanacasi como un determinismo divino y geográfico: el mismo presidentenorteamericano Buchanan, en un mensaje a las Cámaras legislativas de sugobierno, en 1857, quiso entronizar la doctrina del Destino Manifiesto al hablardel Imperialismo de raza.
    • 77Este tipo de panamericanismo tomó tintes dramáticos con el intervencionismodel republicano Theodore Roosvelt18 y su política del Big Stick, y siguiópermaneciendo su espíritu en posiciones aparentemente más blandas como ladel demócrata Franklin D. Roosvelt (1882-1945), reelecto presidente de E.U.en dos ocasiones (en 1936 y 1940), quien proclamó para los países deAmérica su política de buena vecindad. El término panamericano, sin embargo,fue perdiendo cierta vigencia en el siglo XX por su vinculación con las políticasintervencionistas y por la legitimación que fue ganando el principio de nointervención; de hecho, los Estados Unidos fueron sustituyéndolo por el término“interamericano” después de la segunda guerra mundial, sobre todo con lacreación en 1948 de la Organización de Estados Americanos; la viejaorganización de la Unión Panamericana se transformó en “SistemaInteramericano”.Para finales del siglo XX, la Iniciativa de las Américas del presidente GeorgeBush y las Cumbres de las Américas desde Miami (1994) hasta Trinidad yTobago (2009) con sus especificidades y matices, representaban unacontinuidad con el proyecto panamericano del siglo pasado. Bush habíaplanteado la iniciativa de un Tratado continental de libre comercio, en donde unprimer experimento se empezó a dar en el proyecto del Tratado de LibreComercio entre Estados Unidos, Canadá y México. De manera particular, “laCumbre de las Américas, que reunió a 34 jefes de Estado del continenteamericano entre el 9 y el 11 de diciembre de 1994 en Miami, Florida, fue laplataforma que sirvió para relanzar la política estadounidense haciaLatinoamérica, en la que se afina el plan de integración económica continentalmediante los acuerdos de libre comercio” (Preciado y Rocha, 1997:70). El selloparticular de Estados Unidos se encontraba en la exclusión unilateral de Cuba,al ser acusada de ser un país no regido por las reglas de la democraciaoccidental; la misma exclusión persistió en la II Cumbre de las Américas, enSantiago de Chile, del 18 al 20 de Abril de 1998, con los representantes de losmismos 34 países, aunque con la novedad de que varios jefes de estadolatinoamericanos insistieron en la necesidad de la presencia de la isla caribeña18 T.Roosvelt era vicepresidente de Estados Unidos en 1900; ascendió a presidente cuando elpresidente McKinley fue asesinado, y fue reelecto en 1904.
    • 78en el marco de la integración sobre todo para la programada III Cumbre de lasAméricas a realizarse en un futuro en Canadá. Pero lo novedoso de la IICumbre fue el paso de la retórica de un proyecto continental de integraciónhacia la realización de medidas concretas y tangibles del proceso hacia unaalianza de Libre Comercio de las Américas (el ALCA), cuyas negociacionesdeben concretarse en el año 2005: préstamos del Banco Interamericano deDesarrollo (BID) y de la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID) por unmonto global de 45.5 billones de dólares para educación, democracia,derechos humanos, en un esfuerzo global de integración que se enfocatambién a combatir la pobreza y la discriminación. Se estableció, además, uncomité de negociaciones comerciales con un calendario bien determinado devarias reuniones anuales a partir de junio de 1998, con 9 grupos particulares denegociación. El proyecto persistió en Quebec, en 2001, pero cuando se llegó lacumbre del 2005 en Mar del Plata, Argentina, las condiciones políticas enAmérica Latina habían cambiado: existían ya gobiernos como el de Venezuelay Argentina que, con otros aliados, hicieron fracasar el proyecto deNorteamérica; el ALCA fue sepultado.La posición ideológica panamericana representada en las Cumbres de lasAméricas ha querido dejar atrás las posturas del Destino Manifiesto parapresentarse no sólo como un proyecto de integración económica y comercialsino también como una alternativa para el desarrollo al vincular, por primeravez, el postulado del libre comercio con la necesidad de combatir la pobreza,fortalecer la educación, la democracia y el r espeto a los derechos humanos.Esta postura es la que motivó al presidente Clinton a comparar los propósitosde la primera Cumbre de las Américas con los postulados de Bolívar sobre lagran patria americana.El nuevo panamericanismo y su intento de superar las fronteras nacionales conel libre comercio, ¿puede ser la reedición del antiguo bolivarismo? Si nosatenemos a las intenciones explícitas del documento final de la II Cumbre delas Américas, podríamos decir que existen elementos de convergencia con ellatinoamericanismo; los 34 gobiernos asistentes declararon tener “la voluntadde impulsar un proceso de integración hemisférica permanente”... “hemos
    • 79decidido que la educación sea un tema central... La educación constituye elfactor decisivo para el crecimiento político, social, cultural y económico denuestros pueblos”; “la fuerza y sentido de la democracia representativa residenen la participación activa de los individuos en todos los estratos de la vidaciudadana”; “el respeto y promoción de los derechos humanos y de laslibertades fundamentales de todos los individuos constituye una preocupaciónprimordial de nuestros gobiernos”; “la superación de la pobreza sigue siendo elreto más grande al que se enfrenta nuestro hemisferio”. Pero si nos atenemosa la actuación histórica real y permanente de los gobiernos de Estados Unidosen relación a Latinoamérica, existen motivos bien fundados para desconfiar19,igual que lo hicieron Bolívar y Martí, del proyecto panamericano hoy expresadoen la perspectiva del ALCA. Basta con recordar las numerosas intervencionesmilitares de los Estados Unidos en los países latinoamericanos durante el sigloXX, cuya última expresión fue la invasión a Panamá en 1989; la política exteriordel gobierno de Reagan en Centroamérica con todas las secuelas de guerraregional; la continuidad de una política económica en inversiones y en cobro deintereses de deuda externa en donde se comprueba que el gobiernonorteamericano no ha tenido amigos sino intereses, etc.El otro modelo de integración es la visión latinoamericanista, cuyos primeroselementos los empezó a aportar Francisco de Miranda con su idea de la “GranColombia”, que es “el nombre en español, propuesto y agitado como banderarevolucionaria por el Precursor Miranda, desde fines del siglo XVIII, para todoel continente hispanoamericano -pero sólo para él- en trance de sacudir el yugocolonial” (UNAM, 1986:39). El primer manifiesto revolucionario de Miranda sellamó “Proclamación a los Pueblos del Continente Colombiano, aliasHispanoamérica”; el periódico que editó en Londres en 1810 se llamaba ElColombiano. Sin embargo, en la práctica, el nombre de Colombia quedóreducido a Venezuela y Nueva Granada (lo que hoy es Venezuela, Colombia,19 En una carta diplomática oficial, en 1862, el gobierno de Costa Rica le decía al gobierno lassiguientes palabras, sobre las relaciones de los Estados Unidos con las nacioneslatinoamericanas: "No siempre rigen los destinos de la gran República hombres moderados,justos y probos, como los que forman la Administración Lincoln; allí hay partidos cuyasdoctrinas pueden ser fatales para nuestras mal seguras nacionalidades, y no debemos echar enolvido las lecciones del tiempo pasado" (citado en Zea, 1993: 165)
    • 80Panamá y Ecuador), mientras que Bolívar en su propuesta de unión derepúblicas empezó a proponer diversos nombres como América, América delSur, América meridional, América antes española. La convocatoria de aquelcongreso continental en Panamá propuesto por Bolívar es el primerantecedente de proyecto sobre unidad y soberanía de esta parte de América.Fracasó el sueño continental de Bolívar en términos políticos; así lo confiesaFrancisco Bilbao en 1856: “la idea de la Confederación de América del Sur,propuesta un día por Bolívar, intentada después por un Congreso dePlenipotenciarios de algunas de las repúblicas, y reunido en Lima, no haproducido los resultados que debían esperarse. Los estados han permanecidodesunidos” (Bilbao en UNAM, 1986:54), y él mismo habla en 1865 sobre su feen los destinos de “la raza latinoamericana”, con el objeto de “desarrollar larepública, desvanecer las pequeñeces nacionales para elevar la gran naciónamericana, la Confederación del sur” (Idem, UNAM, 1986:59). A mediados delsiglo XIX había empezado a gestarse el nombre de América Latina, en dondeno solamente se reafirmaba la independencia frente a España sino tambiénfrente a la voracidad de los norteamericanos, que bien la habían mostrado alarrebatarle a México los territorios de Texas, Nuevo México, Arizona yCalifornia. Decía el historiador Benjamín Vicuña Mackenna en 1856: “seamossudamericanos frente a la América del Norte” (citado en UNAM, 1986: 50).Aunque el nombre de “América Latina” nos vino de Francia, se fue arraigandopara significar al conjunto de naciones de habla hispana y portuguesa,añadiéndose también la república de Haití. Uno de los pioneros quesobresalieron en esta denominación fue el colombiano José María TorresCaicedo: “Ya en 1861, después de haber usado esporádicamente durantevarios años la expresión América Latina, lanzó Torres Caicedo las bases parala creación de una Liga Latino Americana. Siguió a ello la publicación en 1865 -también en París, para hacer prédica de la misma idea- de su libro UniónLatinoamericana...” (Citado en Zea, 1993: 162), que es el primero del que setiene noticia con ese concepto. Torres Caicedo daba una visión deindependencia, con carácter defensivo frente al imperio del Norte y otraspotencias europeas al confrontar el proyecto de la América anglosajona y la
    • 81América Latina. “Siendo el verdadero fundador de ese latinoamericanismo,torres Caicedo fue además su apóstol hasta los últimos años de su vida. Porcoincidencia simbólica, falleció en 1889, año de la consagración delpanamericanismo, contra cuya idea se opuso enérgicamente desde la primeratentativa de Blaine” (Idem en Zea, 1993: 162). No se trataba de unaconfrontación total entre las dos Américas dentro del continente, puesto que elpanamericanismo en sí mismo no es una aberración por la vecindadgeográfica, sino de un proyecto de autonomía frente a los designios imperialesdel Destino Manifiesto; deseaba Torres Caicedo: “que la amistad más estrechay más cordial reine entre la América del Norte y las repúblicaslatinoamericanas; pero a condición de que sea en el seno de la igualdad, de lareciprocidad, de la lealtad” (Idem en Zea, 1993: 163).La expresión de “América Latina” también la utilizó Eugenio María de Hostosdesde 1868 y la reafirmó sobre todo en un artículo así titulado “La AméricaLatina” en 1874, prefiriendo este concepto frente a la propuesta de otros comoColombia o Hispanoamérica. No se trataba solamente de una concepciónideológica. La propuesta de Francisco Bilbao quería concretarse en laformación de un Congreso Americano, en donde con representantes de cadauna de las repúblicas, se podría llegar a la declaración de una ciudadaníacomún, a la formulación de un código internacional, a un pacto de alianzafederal y comercial, a la abolición de las aduanas interamericanas, a lacreación de un tribunal internacional, a un sistema de educación común, a lacreación de una universidad americana, a la formación de unas fuerzasmilitares comunes en caso de agresión de alguna potencia extranjera.José Martí profundizó en la concepción latinoamericana a través de su propioconcepto: Nuestra América, concibiendo dentro de ella a los paíseshispanoamericanos y portugueses que están entre el río Bravo y la tierra delfuego. Su postura acentúa la independencia dada la situación del proceso deCuba queriendo separarse de España pero sin caer en las garras delimperialismo norteamericano: “Ni el libro europeo, ni el libro yankee, daban enla clave del enigma hispanoamericano...El deber urgente de nuestra Américaes enseñarse como es, una en alma e intento, vencedora veloz de un pasado
    • 82sofocante... La generación actual lleva a cuestas, por el camino abonado porpadres sublimes, la América trabajadora: del Bravo a Magallanes” (Martí enUNAM, 1986: 127-29). Su propósito fue valorar la identidad de los pueblosamericanos frente a los europeos y norteamericanos, sobre todo en el contextodel texto del argentino Sarmiento quien, en su texto sobre “Civilización ybarbarie”, asemejaba a los europeos con la civilización y a los americanos conla barbarie y el salvajismo; Martí afirmaba: “No hay patria en que pueda tener elhombre más orgullo que en nuestras dolorosas repúblicas americanas” (AUNA,22 marzo 1999). A él, precisamente, le tocó enfrentar el surgimiento de laconcepción panamericana; a la Conferencia organizada por el gobiernonorteamericano en 1989 la calificó como “el planteamiento desembozado de laera del predominio de los Estados Unidos sobre los pueblos de América”(Martí, en Zea, 1993: 169).La idea sobre lo latinoamericano se amplió y se profundizó en el siglo XX. Nosólo se expresó en los nombres de sociedades, libros, revistas, congresos, etc.sino que empezó también a tomar forma de proyecto político. En la década delos años 20, César Augusto Sandino (1893-1934) en Nicaragua retomó elsueño de Bolívar en su propuesta de una alianza y nacionalidad continentallatinoamericana. Para su época era evidente que el mayor peligro venía de laAmérica anglosajona, teniendo en cuenta el atropello cometido por losnorteamericanos en el tratado a perpetuidad en donde Panamá cedía parte desu territorio para la construcción del canal interoceánico en 1903. Sandino,enfrentando también la invasión de los estadounidenses a Nicaragua,manifestaba en 1929 como inaplazable “la alianza de nuestros estadoslatinoamericanos para mantener incólume esa independencia frente a laspretensiones del imperialismo de los Estados Unidos de Norte América, ofrente al de cualquier otra potencia a cuyos intereses se nos pretendasometer...; nada más lógico, nada más decisivo ni vital que la fusión de los 21estados de nuestra América en una sola y única nacionalidad latinoamericana”(AUNA. 29 marzo 1999). En la visión de Sandino, los 21 estados de AméricaLatina eran los siguientes: Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica,Cuba, Chile, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, Haití, México,Nicaragua, Paraguay, Perú, Panamá, Puerto Rico, República Dominicana,
    • 83Uruguay y Venezuela. Este planteamiento coincide con la tradicionalconcepción de Latinoamérica: los países hispano hablantes del continentejunto con Brasil y Haití. La inclusión de Puerto Rico será cuestionada enalgunas ocasiones no por su tradición cultural sino por su condición aceptadade Estado Libre Asociado de Norteamérica.La propuesta de Sandino impulsaba la abolición de la Doctrina Monroe ybuscaba la concreción de la alianza en “una sola nacionalidad denominadanacionalidad latinoamericana, haciéndose de ese modo efectiva la ciudadaníalatinoamericana” (Idem). Otros elementos de su propuesta estaban en laconstitución de una corte de Justicia Latinoamericana, en la organización de unEjército continental con fuerzas de mar y tierra entre los 21 estados, laformación de un comité de banqueros latinoamericanos que podríaeventualmente adquirir el dominio del Canal de Panamá para transferirlo a lanacionalidad latinoamericana, unificar las tarifas aduanales de los 21 estados,otorgar franquicia para todas las expresiones de cultura, la adopción de unlema común: Por mi raza, hablará el espíritu.El proyecto sandinista representaba en un primer momento solamente unaalianza de Estados soberanos pero en la perspectiva posible de unaconfederación hacia el futuro. “No hemos intentado la exposición de un planfantasioso y aventurado, sino que, interpretando nuestra realidad, nos hemosesforzado por hacer de este proyecto algo efectivo y capaz de afrontar lasolución de nuestros problemas más inmediatos afrontando antes que nada lanecesidad imperativa de realizar la unánimemente ansiada AlianzaLatinoamericana,... Proponemos una alianza y no una confederación de los 21estados de nuestra América... Esta no es la culminación de nuestrasaspiraciones. Constituye únicamente el primer paso en firme para otrosvenideros y fecundos esfuerzos de nuestra nacionalidad... Mediten ellos (losseres humanos) en la necesidad vital que tiene nuestra América Latina derealizar una Alianza, previa a una Confederación de los 21 estados que laintegran, asegurando de este modo nuestra libertad y nuestra soberaníainterior amenazados por el más voraz de los imperialismos, para cumplir con el
    • 84gran destino de la nacionalidad latinoamericana” (Sandino, en AUNA. 29 marzo1999).Aunque a fines del siglo XX todavía no es posible hacer referencia concreta aun proyecto político latinoamericano, es evidente que las ideas a su alrededorse han profundizado y expandido aun con reconocimiento universal. Hay quever la utilización del término en el ámbito académico cultural pero también losproyectos de organizaciones internacionales con reconocimiento oficial como lofue el caso de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) en 1948,la formación de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC) en1961, y la constitución del Sistema Económico Latinoamericano (SELA) en1975. Por otro lado, en las dos últimas décadas del siglo XX, el aceleramientode los procesos de globalización e integración, que no son prerrogativas deeste continente, han dado pie también para volver a discutir, profundizar yactualizar el sueño de Bolívar sobre la gran patria americana; sin embargo, enla perspectiva de la integración, Bolívar ha sido citado tanto por Clinton en laCumbre de las Américas con su propuesta del ALCA como por Fidel Castro, elForo de Sao Paolo y otros organismos.Hay que citar, por otro lado, también, por ejemplo, la celebración del IIICongreso Anfictiónico Bolivariano, los días 23, 24 y 25 de noviembre de 1999en la ciudad de Panamá, en que se declararon herederos de la convocatoria deBolívar al congreso de Panamá en 1826, planteando la unidad de los puebloslatinoamericanos y caribeños: "el congreso anfictiónico Bolivariano es unespacio político donde se encuentran organizaciones e individuos que levantanlas banderas de Unidad y Soberanía de América Latina y el Caribe" (Bossi,Fernando Ramón, AUNA, 12 Abril 1999).A principios de siglo, la confrontación de proyectos era todavía evidente. Elargentino José Ingenieros mencionaba en Buenos Aires, en 1922: “Creemosque nuestras nacionalidades están frente a un dilema de hierro. O entregarsesumisas y alabar la Unión Panamericana (América para los norteamericanos),o prepararse en común a defender su independencia, echando las bases deuna Unión Latinoamericana (América para los latinoamericanos)” (En Zea,
    • 851993: 169). La situación se hecho más compleja a fin de siglo. El nombre depanamericanismo ha decaído y ha sido sustituido por lo interamericano o suversión en las Cumbres de las Américas; lo latinoamericano, por su parte, haseguido profundizándose y ampliándose sobre todo en coyunturas como lasintervenciones militares estadounidenses (Dominicana en 1965, Granada en1984, Panamá en 1989) o frente a problemas globales como la deuda externaen la década de los 80s, pero junto al contexto de confrontación política eideológica, existe también un mayor consenso para buscar una convivenciapacífica entre vecinos aunque sean desiguales, buscando, por ejemplo,tratados comerciales que puedan representar beneficios para las partessignantes. Sin embargo, de manera específica, el TLC y el proyecto del ALCA,aunque tienen una lógica de integración, la presencia de los Estados Unidosmanifiesta una lógica de hegemonía o dominación. Por ello, es naturalpreguntarse como lo hace Alberto Rocha: “¿La iniciativa para las Américasamenaza con jaque mate al proceso de integración regional de América Latinay el Caribe?” (Rocha en Preciado y Rocha, 1997: 176). Para él, resulta claroque la estrategia continental y hemisférica promovida por los Estados Unidossocaba los procesos de integración latinoamericana, por tres razones:“Primero, la incorporación de México en el Tratado de Libre Comercio deAmérica del Norte... significa el alejamiento de un país líder de Latinoamérica.Segundo, la propuesta de un ALCA debilita (¿anula?) a la ALADI, es decir, lapropuesta de integración continental/hemisférica menoscaba el muy incipienteproceso de integración regional. Tercero, la invitación para integrarserápidamente a países de desarrollo intermedio (como Chile) socaba losprocesos de integración subregional” (Idem).En todo este proceso, desde una perspectiva global, ha resaltado también lainiciativa de las Cumbres Iberoamericanas, pero como una estrategia que sesuma al proyecto latinoamericano. En ellas, hay que resaltar, primero, que susurgimiento y desarrollo se ha ido realizando sin la convocatoria y participacióninstitucional de los Estados Unidos; en segundo lugar, junto a los paíseslatinoamericanos aparecen España y Portugal en una convergencia casinatural, fortaleciendo la herencia cultural proveniente del idioma y de lasrelaciones históricas de varios siglos; en tercer lugar, dada la actual situación
    • 86económica y política de España y Portugal, no se puede concebir algún tipo deimperialismo o dominación de sus gobiernos en el contexto de las cumbresiberoamericanas, puesto que su papel es percibido más como puente demayores vínculos y relaciones con otros países, especialmente con el resto deEuropa. En este sentido, “las cumbres iberoamericanas están llamadas a jugarun papel mucho más importante si tenemos en cuenta que pueden constituir unelemento diferenciador de las propuestas norteamericanas y un elementocomplementario y enriquecedor de las iniciativas europeas” (Tomás Malo, enAUNA, 26 abril 1999).“La construcción de la comunidad iberoamericana, más fraternal y solidaria,constituirá el desafío del próximo milenio”, dice Tomás Calvo Buezas al hablarde la patria común (Calvo, 1998: 19), y con ello se puede hacer referencia a larealidad que señalaba la declaración de la I Cumbre en Guadalajara en 1991:“representamos un vasto conjunto de naciones, que comparten raíces y ricopatrimonio de una cultura fundada en la suma de pueblos, credos y sangresdiversas. A 500 años de distancia de nuestro primer encuentro, y como uno delos grandes espacios que configuran el mundo de nuestros días, estamosdecididos a proyectar hacia el tercer milenio la fuerza de nuestra comunidad”.La convergencia de los dos proyectos, el ibero y el latinoamericano, se hanhecho presentes en este tipo de cumbres proyectando un tipo de integraciónmás horizontal: “junto a la afirmación de variedad nacional, étnica, política,geográfica, hay que afirmar la unidad de América Latina, que es unacoordinada de identificación que liga y da una totalidad convergente a todo esemosaico variado de múltiples culturas, étnicas, naciones y pueblos. Y en esasíntesis cultural-histórica, también hay que situar -siempre como hermanasiguales- a Portugal y España” (Calvo, 1998: 21).Si consideramos finalmente los tres modelos en conjunto, podemos concluirque todos están presentes en el debate contemporáneo. El americano (o antespanamericano) parte de la vecindad geográfica y con el impulso de la granpotencia económica del gobierno norteamericano; sin embargo, no se puededecir que tiene como punto de partida una identidad cultural entrehispanohablantes y anglosajones. El modelo ibero y latinoamericano tienen una
    • 87convergencia histórica precisamente en una fuerte identidad cultural (siempreen proceso cambiante pero existente), que es una condición facilitadora paraprocesos de integración en ámbitos económicos y políticos, pero con laesperanza de lograr una interrelación no subordinada con el vecino del norte, yque a la postre tenga repercusión en una mejor distribución de la riquezasocial.La integración así tiene diversos caminos, pero es la oportunidad de retomar elsueño de Bolívar en las nuevas condiciones históricas; más que la dispersióndel siglo XIX, ahora existe un proceso de convergencia de nuestras Repúblicasque podemos aprovechar en la visión latinoamericana.A partir de este contexto es urgente seguir profundizando nuestra identidadlatinoamericana pero también en la perspectiva del futuro en el siglo XXI. Dicepor ejemplo Miguel Rojas Mix que "no puede pensarse en una cultura deidentidad que simplemente nos diga quiénes somos o de dónde venimos, tieneigualmente que decirnos a dónde vamos" (Preciado y Rocha, 1997: 103). Laposibilidad existe de cualquiera de las dos vertientes de la integración. Hayquienes piensan que el panamericanismo subordinado a los Estados Unidos esnuestro destino manifiesto, particularmente en la etapa contemporánea de laglobalización, pero "¿no es esto un motivo suficiente para retomar ellatinoamericanismo y empezar a ver de nuevo, con otros ojos, y actuardecididamente hacia la integración con y del Sur, esto es hacia laspotencialidades dormidas, si no es que aherrojadas, en cada una de nuestraspatrias individuales y en el formidable conjunto que es la Patria Grande, paraun desarrollo independiente de cada uno y de todos nuestros países?"(Morales S., 1994: 15)El nombre prevaleciente para esta parte del continente fue un símbolo deintegración a pesar de la diversidad cultural, geográfica y los escenarios depugnas políticas. "Pese a estos factores de diversificación, un motor de unidade integración opera en América Latina, tendiente a uniformarla y unificarla... Launidad esencial de América Latina proviene... del proceso civilizatorio que nosplasmó... generando una dinámica que condujo a la formación de un conjunto
    • 88de pueblos, no sólo singular frente al mundo, sino también crecientementehomogéneo... El proceso civilizatorio que opera en nuestro días, movido ahorapor una nueva revolución tecnológica, tiende a reaglutinar a los puebloslatinoamericanos como uno de los rostros por el que se expresará la nuevacivilización, y quizás engendre la entidad política supranacional que en el futuroserá el cuadro dentro del cual los latinoamericanos vivirán su destino" (DarcyRibeiro, en UNAM, 1986: 109). O también, como decía José Martí, en eseterritorio que va "del Bravo a Magallanes" es donde podemos encontrar "lasemilla de la América nueva" (Martí, en UNAM, 1986: 129).
    • 89 CAPÍTULO IV LA IDENTIDAD LATINOAMERICANA EN EL DEBATE CULTURAL “Pocas culturas del mundo poseen una riqueza y continuidad comparables. En ella, nosotros, los hispanoamericanos, podemos identificarnos e identificar a nuestros hermanos y hermanas en este continente” (Fuentes, Carlos, 1992: 11).En el siglo XIX, Shelling (1775-1854) en su texto sobre Filosofía de laidentidad, planteó la igualdad entre espíritu y naturaleza dentro de suconcepción de un idealismo objetivo, en donde el concepto de identidadsignificaba más bien la desaparición de las diferencias. Hegel, por el contrario,planteaba el desenvolvimiento de lo absoluto como un devenir histórico através de la acción: uno de sus aportes fundamentales está en la dialéctica, endonde todo está en movimiento y todo lo estable o permanente no es sino unmomento de ese movimiento eterno.Retomando este concepto de identidad hegeliana en una perspectiva dialéctica-en contraposición con el de Shelling-, nosotros proponemos que la identidadlatinoamericana y caribeña no pretende borrar las enormes diferencias que haydesde el río Bravo hasta la tierra del fuego sino encontrar en ellas undenominador común reconocido a través de la conciencia colectiva y quepuede variar según el devenir histórico. Se trata entonces de “reconocer en laapariencia de lo temporal y pasajero la substancia, que es inmanente, y loeterno, que es presente; pues lo racional, que es sinónimo de la idea,manifestándose en su actividad exterior, aparece con una riqueza infinita deformas, fenómenos y modificaciones, y recubre su núcleo con la abigarradacorteza en la que mora primeramente la conciencia y en la que penetra por finel concepto, para hallar el pulso interior y sentirlo también palpitar todavía enlas formas más externas” (Hegel, citado en Hirsberger, 1988:248).
    • 90El sistema de Shelling planteó la identidad como una desaparición de lasdiferencias: “Lo absoluto es unidad viviente que se pone primeramente comoidentidad. Todo es uno y lo mismo... La idea madre de Shelling era la identidadabsoluta. Lo absoluto es naturaleza y espíritu. Es la unidad e identidad detodas las diferencias” (Granel, en Hegel, 1993: 17-18). Sin embargo, en Hegel,“el despliegue de lo absoluto o razón es lo mismo que el devenir de lo real...Pero esta identidad se da en un fieri” (Granel, en Hegel, 1993: 19), y en estesentido no se tiene de una vez para siempre sino que se va modificandoconforme al desenvolvimiento histórico de lo real.La identidad de nuestra región, a pesar de las numerosas naciones surgidas alcalor de la independencia del siglo XIX, se ha expresado en la denominaciónde latinoamericanos. ¿Por qué muchos países de este continente americanohan tomado el nombre de América Latina como símbolo de esa identidad? Setrata de un hecho histórico procesual en donde, empezando ciertamente por elidioma español (e incluyendo el portugués) y a pesar de la enorme distanciageográfica, los pueblos de esta zona nos encontramos identificados en unacultura común. Se ha llevado a cabo un fenómeno muy particular cuando estoshabitantes han llegado a penetrar a territorio estadounidense, aunque sean deMéxico, Cuba, Guatemala, Ecuador, Chile, Brasil, etc. Tienden a comunicarsecon facilidad y aun a agruparse geográficamente en lugares cercanos paraencontrar maneras comunes de convivir frente al lenguaje y culturaanglosajona. El concepto de "América Latina" o "Latinoamérica" se haconvertido en un concepto cultural cargado de historia, aunque al interior de losEstados Unidos, todos los pueblos englobados en este concepto están siendollamados de manera más simple como "latinos".Estamos tomando el concepto de cultura latinoamericana siguiendo una visiónantropológica en donde la cultura es todo lo que los hombres aprenden a hacercomo miembros de su sociedad a través del conocimiento, las habilidades, lasexpectaciones y los entendimientos comunes compartidos con otros de sugrupo, en este caso, del conjunto de países en el continente americano quehablan español y portugués. Así, dice el antropólogo Hoebel que la cultura esel sistema integrado de patrones de comportamiento aprendidos que son
    • 91característicos de los miembros de una sociedad y que no son el resultado deherencias biológicas. La identidad cultural, dice Octavio Paz, es "el carácter, elalma o el genio de los pueblos..." (Paz, en Marras, 1992: 468). Se trata de unresultado social, trasmitido y mantenido por la comunicación y el aprendizajede varios siglos y que empezó a tener su desarrollo desde tiempos de lacolonia.Si queremos rastrear solamente el nombre de América20, la mayoría de loshistoriadores no tienen dificultad en encontrar el motivo de esta denominaciónen el italiano Americo Vespuccio, quien manifestó públicamente en su obraMundus Novus, pocos años después del descubrimiento del nuevo mundo porCristóbal Colón en 1492, que la tierra descubierta no era el Oriente lejano dela China o la India sino un nuevo continente. Después, durante el tiempo delperíodo colonial a partir de la conquista de México en 1521, toda esta tierraconquistada por los ibéricos fue llamada solamente la Nueva España, como unsímbolo de posesión. Sin embargo, con el movimiento de independencia,Simón Bolívar trató de hacer real su sueño sobre una unión de repúblicas; erael proyecto de la gran patria americana, la unión de las nacioneshispanoamericanas, que debían enfrentar los nuevos retos de su reciénganada independencia tanto en relación a España y Europa como en relación alos peligros del "Destino Manifiesto" que ya había sido elaborado en 1823 en elgobierno norteamericano con la doctrina Monroe.Ciertamente el sueño de Bolívar fracasó tal como se expresó en el fracaso dela reunión continental de Panamá en 1826, pero la naciente identidad de lospaíses llamados hispanoamericanos no desapareció con la dispersión enmúltiples repúblicas. Y el concepto que empezó a tener una aceptaciónmultinacional en el siglo XIX fue precisamente el de América Latina, un20 Sin embargo, actualmente esta tesis también ha sido cuestionada. Fue Vespuccio quien afirmóhaber encontrado el nuevo mundo: “He descubierto el continente habitado por más pueblos yanimales que los que contienen nuestra Europa o Asia o incluso África,…Me permito llamarleMundus Novus”. Fue el monje Martin Waldseemüller quien promocionó el nuevo nombre deese mundo para honrar a Vespuccio: “no veo razón para que no la llamemos América, como latierra de Americus, por Americo, su inventor". Pero tanto Jean Marcou, geógrafo francés, en1875, como Thomas Belt, en 1874, sostienen que el nombre es originario de las montañas deNicaragua, en donde Amerrique es un nombre indígena que significa “País del viento”.
    • 92concepto que fue utilizado por primera vez en Francia en 1839 y que luego fuetraído por los franceses y Maximiliano cuando trataron de organizar un imperioen México.Si nos fijamos en el sentido etimológico, la palabra latinos no concuerdaperfectamente con nuestra historia, debido a que se refiere específicamente aluso del idioma latín; tal idioma fue utilizado por el imperio romano que, sobretodo en tiempos de Julio César, se extendió hasta lo que hoy es España,Francia, Italia, Grecia, el Asia Menor, Palestina, Egipto numerosas regiones delnorte de Africa. Tal idioma fue utilizado en los territorios conquistados por losromanos, en donde ciertamente España era uno de ellos. Aun ahora, muchasde las naciones conquistadas por el antiguo imperio romano son llamadasnaciones latinas, en contraste con el variado lenguaje de los llamados"bárbaros" del norte de Europa, los anglosajones. Por iniciativa de losfranceses en el siglo XIX, todos los habitantes de las antiguas colonias deEspaña y Portugal empezaron a ser llamados latinos.En la segunda mitad del siglo XIX, un símbolo de identidad cultural fueprecisamente el nombre de América Latina; en esta palabra se incluía lapoblación del continente que había sufrido la colonización española yportuguesa y en donde se había realizado el más grande mestizaje de lahistoria moderna, una mezcla entre indios, negros y blancos, contrapuestostodos a la cultura angloparlante de Norte América, de manera específicacuando el gobierno de los Estados Unidos, con el presidente Monroe, levantóla bandera del "Destino Manifiesto" en 1823, y que ratificó posteriormente elpresidente Polk en 1848, al arrebatar gran parte del territorio mexicano.Como ya hemos mencionado antes, originalmente el concepto de "AméricaLatina" vino de Francia con el proyecto imperial de Maximiliano en México queduró de 1862 a 1865; se quería desde el punto de vista ideológico la unificaciónde Hispanoamérica para oponerse al gobierno norteamericano, teniendo lainfluencia de la Francia de Napoleón III. Sin embargo, el emperadorMaximiliano fue derrotado por Benito Juárez en México y el proyecto políticofracasó; no así la visión cultural de la América Latina, concepto que prevaleció
    • 93y que había sido inventado por Michel Chevalier (1806-1879), asesor del propioMaximiliano, para justificar el expansionismo francés. El nombre de AméricaLatina empezó a ganar consenso en el mercado académico de la literatura enel continente; esta palabra empezó a ser considerada como un símbolo de laidentidad cultural de todos los pueblos que hablaban español y portugués en elcontinente americano; así empezó a ser reconocida tanto en el lenguajediplomático entre los países como en el lenguaje común de los habitantes.La visión latinoamericana empezó a ser expresada en libros y revistas. Elpensador colombiano José María Torres Caicedo usó repetidamente estaexpresión de América Latina en 1861 tratando de crear una unión de paíseslatinoamericanos; en París, por ejemplo, publicó su libro titulado "La Uniónlatinoamericana", en donde encontramos la primera vez que se utiliza elconcepto aplicándolo a la identidad de todos estos países. Después, otroescritor, Eugenio María de Hostos (1839-1903), de Puerto Rico, publicó unartículo en 1874, utilizando también el mismo concepto: "no obstante losesfuerzos hechos por ... algunos otros escritores latinoamericanos y por elautor de este artículo, reforzados por la autoridad de la Sociedad Geográfica deNueva York, no prevalece todavía el nombre colectivo de Colombia con quehan querido distinguir de los anglosajones de América a los latinos del NuevoContinente. En tanto se logra establecer definitivamente la diferencia, es buenoadoptar para el Continente del Sur y América Central, México y Antillas, elnombre colectivo que aquí le damos y el de neolatinos... o el delatinoamericanos que yo uso para los habitantes del nuevo mundo queproceden de la raza latina y de la ibérica" (Hostos, citado en UNAM, 1986:53).Desde entonces hasta el momento presente, la palabra se ha impuesto de talmanera que Carlos Fuentes en el Espejo Enterrado, publicado en 1992, yrefiriéndose en ese momento a los 450 millones de personas de habla hispanay portuguesa que vivían en el continente, decía que "no existe un sololatinoamericano, desde el río Bravo hasta el Cabo de Hornos, que no seaheredero legítimo de todos y cada uno de los aspectos de nuestra tradicióncultural... Pocas culturas en el mundo poseen una riqueza y continuidadcomparables" (Fuentes, 1992: 11).
    • 94A partir de esto, queremos mostrar dos aspectos sobre la identidad. Primero,que no se trata de un acercamiento conceptual para borrar las diferencias sinopara encontrar precisamente algo común en ellas al enfocar un objetodeterminado de estudio; usando la terminología escolástica, podemos decirque no se trata de acogernos a un nominalismo impuesto por la costumbre deun concepto inventado sino de descubrir algo común real que tiene su base enla ontología del objeto. Segundo, que dentro del movimiento histórico delmundo, siguiendo más a Heráclito que a Parménides, los procesos deidentidad no se dan de manera permanente sino que son fruto de un hacerse ypor tanto las identidades se conciben siempre en referencia a procesossociales históricos y pueden irse modificando. Recalcando este segundoaspecto, podemos citar la perspectiva del chileno José Donoso al señalar queLatinoamérica, “nosotros mantenemos una identidad que hay que defender,una identidad frágil, una identidad vulnerable que hay que estarconstantemente vigilando y defendiendo y redefiniendo” (Donoso en Marras1992:290). En otras palabras, también es el sentido que le da el haitiano RenéDepestre: “el ser de América Latina está todavía por hacerse” (Depestre, enMarras 1992: 339).Estos dos aspectos sobre la identidad son los que trataremos de aplicarprecisamente al caso de América Latina, a partir del debate que se ha dadoentre varios literatos de la región. El nombre mismo pretende mostrar aspectoscomunes de realidades diversas de esta parte del continente americano. Porejemplo, se ha aceptado generalmente que hay algo común en la mezcla delas tres grandes corrientes que la componen: lo indígena, lo español y lo negro.Se tiene en cuenta, además, que esas corrientes no son algo homogéneoconsideradas una por una; así, lo negro puede tener sus raíces en la grandiversidad que es aun actualmente el gigantesco continente africano; loindígena tiene sus orígenes en tres grandes y diferentes imperios como elazteca, el inca y el maya, aun sin contar otros grupos relativamente pequeñoscomo los yaquis, los tarahumaras, los misquitos, los mapuches, etc. Otro tanto
    • 95y aun más complejo habría que decir de los españoles21 que nos trajeron supropia síntesis de la herencia cultural que les había dejado el islamismo árabe,los griegos, los romanos, la iglesia católica y muchas de las tradiciones de laEuropa feudal. Sin embargo, entre tantos ingredientes y tan diversos, a partirdel proceso de la conquista española, ¿existe una síntesis, algo común que seexprese y sea reconocido a través del nombre de Latinoamérica?Carlos Fuentes, aunque cuestiona el origen extranjero del nombre de AméricaLatina y aunque le parece poco preciso para expresar toda la riqueza denuestra cultura, dedica todo su libro titulado El espejo enterrado “a labúsqueda de la continuidad cultural que pueda informar la desunión económicay la fragmentación política” de esta parte del continente (Fuentes, 1992: 11);para él un nombre que nos definiría mejor sería el de indoafroiberoamericanos.Miguel Rojas Mix resalta también la unidad en esa heterogeneidad que tiene ellatinoamericano procedente de lo indígena, lo negro y lo español22, sumandoademás el ingrediente de los inmigrantes del siglo XIX y XX sobre todo enAmérica del Sur (Preciado y Rocha, 1997:89). Afirma también Ricardo Avila,en referencia a la búsqueda de una identidad latinoamericana en los actualesprocesos de integración, que “los grandes componentes étnicos y culturales deAmérica son tres: el indígena, el europeo y el africano” (Ávila, 1998). Estoresulta evidente cuando podemos mostrar gráficamente en todo el continentelos lugares en donde todavía se concentran los grandes polos de estas tres21 En este punto, cuestionando la identidad misma de los españoles, comenta el argentinoErnesto Sabato: “Pensemos en los propios españoles... mosaico de una cultura islámica, deceltas, de reinos góticos. ¿Habrá que buscar su real identidad en quiénes? “En la dominaciónromana, cuya soldadesca, que no estaba constituida por cicerones sino por analfabetos italianosque hablaban un dialecto que Cicerón habría descalificado, pero que dio nacimiento a uno de losidiomas más importantes del mundo?... ¿Qué me dicen de los íberos, ese pueblo que ni siquierasabemos quiénes eran y qué idioma hablaban, y que, sin embargo, legó la palabra `ibérico´ parasiempre, incluyendo este continente, habitado por indios de diferentes razas, por negros,asiáticos y europeos” (Sabato en Marras, 1992:425). A lo mismo se refiere Arturo Uslar Pietricuando afirma que en el momento del descubrimiento de América, “España no existía, Españaera una piña de reinos” (Uslar, en Marras 1992:240). René Depestre dice algo semejante pero enrelación a la negritud: “Nos dicen negros, pero hay mucha diferencia entre un haitiano, hoy endía, y un congolés. A los ojos de estas clasificaciones, somos los mismos negros, pero existenmuchas diferencias desde el punto de vista cultural, linguístico y otros” (Depestre en Marras1992:358).22 Rojas Mix (1991) habla de la expresión de la heterogeneidad cultural latinoamericana a travésde la Virgen del Cobre que, en 1608, se apareció a Juan Indio, Juan Negro y Juan Español.Después surgiría la cuarta raíz: Juan el Emigrante.
    • 96corrientes: los indios provienen principalmente de los tres imperios, los aztecas,mayas e incas ubicados en la región central de México, en la península deYucatán y parte de Centroamérica, y en la zona de Perú y Bolivia; los negrosse ubican predominantemente en los Estados Unidos, en el Caribe y en Brasil;lo español pervade casi todo el continente incluso una parte significativa de loque hoy es Estados Unidos.Pero el nombre mismo de América Latina para toda esta gran heterogeneidadcultural no es una decisión zanjada. En muchas ocasiones ha sidoseveramente cuestionado: primero por ser un invento extranjero; segundo, portener resabios colonialistas, y tercero, porque etimológicamente no refleja larealidad histórica que trata de expresar. La polémica sobre este punto a partirde la visión de los literatos es muy ilustrativa.Una de las voces críticas extremas y más severas en este aspecto es la delcubano Guillermo Cabrera Infante, quien afirma que lleva “no sé cuántos añoscombatiendo la idiota idea de llamar a todo este continente y medio AméricaLatina. Me parece absurdo y peligroso... El nombre es determinante y el hechode que tanta gente al sur del Río Grande aceptara llamarse latinoamericanos, opeor todavía llamarse latinos, como si vivieran en el Lacio, como si todoshablaran latín, es de un ridículo extraordinario... Bolívar a mí siempre me haparecido un personaje detestable... El proyecto de considerar a un continente ymedio como un solo país... lo considero verdaderamente ilógico, totalmenteabsurdo... ¿Qué tienen que ver cubanos con mexicanos, o venezolanos con ...los chilenos que viven en el mismo continente... No, no existe esa identidad...La idea de que yo sea un latinoamericano realmente me revienta el hígado”(Cabrera, en Marras 1992: 69, 70, 75, 76). En una perspectiva parecida sesitúa el uruguayo Juan Carlos Onetti cuando habla del sueño de Bolívar sobreel Chimborazo como algo acabado; al preguntársele sobre la posible existenciade una identidad latinoamericana, afirma de manera contundente: “No es nadamás que una cuestión geográfica, no pasa de la geografía.. . Si en el mismoBrasil no se entiende una provincia con otra o un estado con otro, muchomenos se entienden los llamados latinoamericanos entre sí (Onetti en Marras,1992: 271)... No, no la tiene, ni la quiere tener... No es nada más que una
    • 97cuestión geográfica...Yo no veo a Latinoamérica como una unidad” (Idem,1992: 277).El nombre también ha sido criticado por Jorge Amado, atribuyéndolo a unainvención colonialista de los españoles: “yo no siento el espíritu continental deAmérica Latina; definitivamente no me siento latinoamericano” (Amado enMarras, 1992: 154). Sin embargo, él admite la realidad de algunas cosascomunes entre tanta diversidad de identidades nacionales; lo común para él seencuentra en lo negativo: “nuestra unidad está en lo negativo, en la miseria, enel hambre, en el latifundio, en las opresiones militares, en las dictaduras” (idem:154).Tal vez ese algo común -negativo o positivo- sea lo verdaderamente importantede encontrar más allá del nombre mismo. Es la postura que veíamos de CarlosFuentes, quien criticando el intento de los franceses en el siglo XIX de incluirsea ellos mismos en el conjunto continental frente al proyecto aglosajón, afirmacon toda certeza la existencia de una identidad cultural en la región conposibilidades de avanzar a mejores niveles de integración económica y política,pero utilizando nombres que definan mejor la mezcla de lo que somos;provenimos, dice, de tres grandes corrientes históricas y culturales traídas porlos españoles, por los indios y por los negros. En este sentido un nombre quenos caracterizaría mejor es el de indoafroiberoamérica. ”Me siento indo, afro,iberoamericano; me siento parte de esa tradición que incluye el Mediterráneo,Europa, la Edad Media y las raíces indígenas” (Fuentes, en Marras, 1992: 37),y por ello se mostraba deseoso de celebrar el 5o. Centenario en 1992enfatizando “la cultura que hemos hecho juntos todos, en los últimos 500 años,descendientes de indios, africanos y europeos en este continente. Eso es dignode celebración” (Idem: 56).Sin embargo, el nombre como tal de latinoamericano, expresando lo que escomún a los habitantes del subcontinente y en sus perspectivas detransformación hacia un mejor tipo de sociedad, también tiene entusiastasseguidores.
    • 98Uno de ellos es Mario Vargas Llosa, quien afirma que el nombre Latinoaméricano se refiere sólo al ámbito cultural sino a una realidad compleja más amplia ypor ello propone que el proyecto latinoamericano no se refleje sólo en la culturasino que implique la economía y la política: “No me parece que el concepto deAmérica Latina sea una ficción ni una moda. Creo que responde a una realidadde tipo histórico, de tipo cultural, de tipo geográfico, una realidad muy compleja,muy diversa, la de un mosaico en el que la diversidad es tan importante comoel común denominador” (Vargas Llosa, en Marras, 1992: 99). ”Para mí, AméricaLatina es fundamentalmente eso: una especie de vórtice de toda clase detradiciones, corrientes culturales, modos de vida, comportamientos y tambiénde ideas y manifestaciones artísticas. Es una forma muy diversa, pero que dealguna manera va, está yendo, hacia una correspondencia. De hecho, losfenómenos se han dado mucho más con un carácter continental que con uncarácter nacional... Hay en América Latina una dinámica que viene de abajo,mucho más que de arriba, aunque arriba también hay un fenómeno intelectual,desde luego, pero que responde a una realidad étnica, sociológica y a unaproblemática que también se da de una manera mucho más regional quenacional...América Latina puede llegar a ser lo que pienso que sería lo mejorpara ella: un continente que, como está ocurriendo en Europa, vaya hacia unaintegración política y económica y hacia una disolución de las fronteras... Lamala tendencia es el nacionalismo, la buena es la evaporación de las fronteras.Es decir, mientras más rápido se vayan desvaneciendo las fronteras, todas,más pronto América Latina va a poder despegar, va a poder liberarse de losque han sido los grandes factores que han frenado sus posibilidades dedesarrollo y modernización... (Idem: 100-101). “Su verdadera identidadaparecerá en la medida en que se integre al resto del mundo. La cultura, latradición, la lengua, una cierta idiosincrasia, una cierta ideología que tiene quever con una historia que es muy antigua y que va a coexistir con lamodernidad... Esa es la gran esperanza para América Latina, es lo que habríaque intentar” (Idem: 102).El venezolano Arturo Uslar Pietri coincide no solo en la idea de lolatinoamericano sino sobre todo en la realidad histórica, de la que nace la idea.“América Latina existe, claro que existe... no es una creación intelectual. El
    • 99hecho es anterior a la idea (Uslar en Marras, 1992:236). Se refiere a launificación cultural, durante el tiempo de la colonia, de las tres grandescorrientes: españoles, indígenas y africanos. Es un hecho único decombinación cultural sin precedentes: “nació una unidad linguística, una unidadinstitucional y religiosa” (Idem: 244). En este sentido, se muestra partidario deesa identidad cultural como algo esencial al ser del latinoamericano: “Yo creoque lo esencial del gran fenómeno latinoamericano es el mestizaje cultural, noel sanguíneo... La presencia de las tres culturas ha sido sumamente rica”(Idem: 261-2). Esto nos remite a una realidad histórica única en el mundo.En este sentido, sería absurdo remitirnos solamente a Latinoamérica como unaidea creada por los intelectuales en donde se quiere forzar la inclusión denaciones totalmente diferentes. Tal vez lo que tenemos que admitir es ese algocomún en un conglomerado de países diversos que tiene necesidad de unadenominación, aunque ésta sea inexacta o aunque, en su origen, haya sidoimportada. Octavio Paz, por ejemplo, admite la inexactitud del término encuanto que ni los indígenas ni los negros tienen ese origen latino; admitetambién el origen extranjero del concepto al haber sido producto de losfranceses en el siglo pasado, pero está convencido de que América Latina “esuna realidad histórica”; no es solamente una idea vacía. “América Latina no esni un ente ni una idea. Es una historia o, más bien, es historia: una sociedad desociedades en un territorio enorme rodeado de otras sociedades, todas enmovimiento. Una sociedad es una cultura: un conjunto de individuos, cosas,instituciones, ideas, tradiciones e imágenes. Una realidad sui generis, pues noes enteramente material ni ideal. América Latina es una cultura. No es fácildefinirla y ni siquiera describirla... América Latina es una realidad verbal, o seauna lengua. Y aquel que dice lengua, dice visión del mundo... No esúnicamente una concepción o una idea: es una acción y una creación, un`ethos´ y un conjunto de obras. Es un mundo hecho de muchos mundos.Nuestra realidad es plural y diversa, es un diálogo de pueblos que hablan en lamisma lengua de cosas que son a un tiempo distintas y comunes” (Paz, enMarras, 1992: 467-8).
    • 100Uno de los elementos importantes en la identidad cultural de América Latina esel idioma como lazo natural de comunicación entre la mayoría de las nacionesque componen esta parte del continente. El argentino Adolfo Bioy Cásarezafirma lo siguiente: ”Yo me siento en Latinoamérica. Con los ojos cerrados mesiento en Latinoamérica. Puede ser que haya elementos muy evidentes yvarios que me hagan sentir eso; uno de ellos... es el idioma, el tono, pequeñasactitudes” (Bioy en Marras, 1992: 147). En este aspecto coincide el uruguayoMario Bendetti cuando se pregunta ”¿Qué fue lo más positivo que han dejadolos conquistadores? Fue la lengua” (Benedetti, en Marras, 1992: 223), aunquereconoce también cómo el castellano ha invadido y arrinconado numerosaslenguas indígenas en el continente. Este elemento del lenguaje es lo que hadado ocasión para hablar en muchas ocasiones de Hispanoamérica más quede Latinoamérica. Y en efecto, se puede mostrar visualmente cuáles son lospaíses de habla española en el continente y aun las minorías de este idiomaque han empezado a tener mayor influencia en países como Estados Unidos23.El problema claro del concepto Hispanoamérica es la exclusión de todos lospaíses de habla no hispana, algunos de ellos tan importantes en el continentecomo Brasil. Si bien es cierto que español y portugués proceden de lapenínsula ibérica, siendo países vecinos España y Portugal, y con muchassemejanzas en el propio idioma, lo cierto es que el concepto hispanoamericanoes excluyente de los millones de habla portuguesa.Lo latinoamericano se ha extendido más allá del límite del idioma español.Brasil es parte de nosotros, pero también lo es Haití, país que tradicionalmenteha sido objeto constante de los estudios latinoamericanos. En este caso hayque considerar la historia de esa isla partida actualmente en dos entidadespolíticas, pero con el ingrediente histórico de la negritud, de lo español y de loindígena. Nos dice, por ejemplo, el haitiano René Depestre: “Hay una identidadlatinoamericana. Independientemente de las identidades particulares de cada23 Se puede calcular entre 20 y 25 millones la población de ascendencia española en EstadosUnidos, que conformaría un poco más del 10% de la población total. Sobre ellos dice MarioVargas Llosa: ”Creo que por primera vez en su historia hay un grupo étnico, cultural, al que elmelting pot no ha disuelto: el latino. Es un grupo que está muy consciente de su propiaidentidad, que la defiende, y que, además, reclama, dentro de lo que es el sistema americano, elderecho a mantenerla.. América Latina entra ahí de la manera más inesperada, con unasconsecuencias culturales indiscutibles” (Vargas Llosa en Marras, 1992:125).
    • 101nación, hay componentes históricos básicos de una identidad nuestra, que estáconstituida y que hace que un haitiano esté más cerca de un colombiano, de unchileno o de un brasilero que de un congolés o de un ugandés, que son de otracultura” (Depestre en Marras 1992: 365). En este contexto habría que plantearel progresivo acercamiento que hay actualmente entre el mundo deLatinoamérica y los países de la Cuenca del Caribe, particularmente con los dehabla inglesa. Ciertamente hasta ahora han sido dos conceptos distintos,especialmente porque el idioma simboliza tradiciones culturales diversas, aveces de manera contrastante. Sin embargo, los procesos históricos desubordinación ante la potencia imperial de los Estados Unidos, la cercaníageográfica, las condiciones socioeconómicas y sobre todo en los últimos añosla necesidad de hacer un frente común ante los procesos de globalizaciónmundial han estado produciendo no solamente un cierto tipo de tratados comolos de la Asociación de Estados del Caribe sino también manifestaciones deuna identidad común. Por otro lado, la inclusión plena en el Caribe de paísescomo Cuba, México, República Dominicana, los países centroamericanos yotros de habla hispana en el Norte de Sudamérica forma un vínculo muy sólidoentre Latinoamérica y la región caribeña.Esta situación nos lleva a otro aspecto de la identidad en el momento presente:nos une no solamente el pasado sino también el futuro. ¿En qué sentido nosune el futuro? En la medida en que un mejor destino de nuestras nacionesdepende de la realización de un proyecto común de integración, en esa medidatambién nos vemos en la necesidad de interrelacionarnos más a pesar denuestras diferencias nacionales y locales. En la historia del siglo XIX se planteópor Miranda y por Bolívar la posibilidad de una gran patria americana o de unagran Colombia. Si bien ese sueño fracasó y se provocó una pulverización derepúblicas independientes, a finales del siglo XX las condiciones históricas hancambiado: la única posibilidad de salir adelante como repúblicas esestableciendo mayores relaciones económicas, políticas y culturales entre lospueblos y naciones.Francisco de Miranda, en las páginas del periódico independentista ElColombiano a principios del siglo XIX planteaba la integración de los territorios
    • 102hispanoamericanos, comprendidos entre México y el Cabo de Hornos,incluyendo Cuba y Puerto Rico, dentro de una confederación con el nombre deColombia. Bolívar también planteó la construcción de una confederación derepúblicas desde México hasta la tierra del Fuego. Francisco Morazán sequería contentar por lo menos con la unidad de una FederaciónCentroamericana. Estas perspectivas, que eran alentadas por ciertosentimiento de una patria común, como lo menciona Andrés Bello24 en susversos, se vinieron abajo ante la conformación de territorios, algunosminúsculos, como repúblicas independientes. De esta manera, como dice RenéDepestre, “en vez de hacer América Latina, hicimos naciones. El estadonacional envió a cada uno en dirección distinta... Estamos arrinconados en laescala nacional” (Depestre, en Marras 1992: 346,348).Pero a finales del siglo XX, el estado nación se encuentra seriamentecuestionado y en evolución hacia formas regionales de cooperación. Cada vezqueda más claro que numerosos territorios pequeños como nacionesindependientes no pueden subsistir de manera aislada. La cooperación entrenaciones, sobre todo en el ámbito económico y político, es la clave de lasupervivencia en el mundo de la globalización. ¿Resurge de nuevo la idea deBolívar sobre una nación de repúblicas? Roberto Fernández Retamar afirmaconvencido que con el sueño de Bolívar “no se trata tanto de un proyecto queha fracasado como de un proyecto que se ha pospuesto. Las razones por lasque no pudo realizarse en tiempos de Bolívar son objetivas y claras...Dispersos en un continente vastísimo, no había ni estructuras ni condicionessociales, económicas o geográficas para que pudieran realizarse los proyectosde Bolívar. Era materialmente imposible que Bolívar hubiera logrado hacer losEstados Unidos de América del Sur” (Fernández, en Marras 1992:312). No serála misma idea de Bolívar, pero hay un proyecto que se mantiene inspirado ensus luchas. El punto de partida de este proyecto es precisamente la identidadcultural que se ha forjado en tiempo de la colonia para independizarse tambiénen el siglo XIX. Para Fernández Retamar, hay una contribución inicial de24 Andrés Bello (1781-1865), en su poema `El hombre, el caballo y el toro´, menciona el temade la patria común: “Pueblos americanos, si jamás olvidáis que sois hermanos, y a la patriacomún, madre querida, ensangrentáis en duelo fratricida…” (Gómez L., 1998: 30).
    • 103Andrés Bello porque se suele decir que fue él, “con su Alocución a la Poesía,quien inauguró lo que podría llamarse la independencia cultural de nuestraAmérica; sin embargo-dice-, yo creo que esa independencia cultural la inicióBolívar... El vio con claridad en la Carta de Jamaica, la especificidad nuestra yla necesidad de atenerse a esa especificidad” (Fernández R., en Marras, 1992:307). El mismo Fernández Retamar insiste en el segundo aspecto quesostenemos en este artículo: en una identidad que se sigue haciendo. “Yo creo-sostiene- que sí existe una identidad llamémosla latinoamericana a la que serefieren muchos textos, por ejemplo el texto de Nuestra América, de Martí. Esuna declaración de la identidad latinoamericana, pero en un sentido progresivo,en un gerundio. No es una cosa que existe de una vez y para siempre, sinouna cosa que se va haciendo a través de lo que se suele llamar nuestrosincretismo” (Idem: 333).Para otros literatos como Augusto Roa Bastos puede no haber conciencia clarade nuestros procesos de identidad. El afirma que “nosotros no tenemos todavíamuy clara cuál es nuestra identidad” (Roa B., en Marras, 1992: 407), perotambién sostiene que ese algo existe, sobre todo frente a los retos que se leplantean a este conjunto de países. “Hay, de hecho, aunque mal organizada,una unidad cultural por el horizonte común de la lengua y nuestros interesescomunes. Pero sobre todo hay una situación de hecho ante el momentohistórico actual del mundo; hay la necesidad de reunir las fuerzas de AméricaLatina, movilizarlas y darles un sentido de liberación frente a las fuerzas quenos tienen atrapados... Estamos cercados, estamos viviendo en un estado desitio permanente, por las grande potencias” (idem: 403). Nos une, entonces, dehecho, esa situación de acoso y por tanto nos une también un proyecto comúnde liberación que solo alcanzaremos mediante algún tipo de integración. Lolatinoamericano en este sentido es sobre todo un proyecto histórico a construir.Creo que hay una categoría que se está en este momento acentuandofuertemente y es la de asumir nuestra condición de latinoamericanos. Yo mesiento paraguayo; por supuesto, todo lo que toque a mi universo emocional esparaguayo, pero ese universo emocional entrañable de lo paraguayo seproyecta siempre a Latinoamérica” (Idem: 417). En este sentido, la identidad yel proyecto dependerá de la actuación histórica de sus habitantes. Roa Bastos
    • 104cree en “la gran patria latinoamericana. La utopía bolivariana se va a cumplir,yo trabajo para que así ocurra” (idem: 419).La identidad cultural de Latinoamérica no es algo puramente conceptual; es unproducto de la historia específica de esta parte del continente. Aunque no esfácil definirla, la cultura en general podríamos intentar concebirla a la manerade Octavio Paz, como ese algo común en una sociedad de sociedades dondeconvergen individuos, cosas, instituciones, ideas, tradiciones, imágenes, unalengua que implica una visión del mundo. Se la puede concebir también comoproducto de las acciones de una comunidad humana que incluye saberes,creencias, valores y normas. La cultura es entonces producto del ser continuode una comunidad humana; entonces, la identidad cultural de una comunidadse manifiesta tanto en la conciencia que tiene la misma comunidad sobre símisma en expresiones literarias y filosóficas como en la identificación quehacen de esa comunidad otros grupos humanos del mundo. Sobresaleademás, en nuestro caso, cierta intencionalidad común de construir unproyecto para el conjunto de sociedades en donde los procesos de integraciónserán determinantes.La identidad cultural de América Latina la encontramos, así, en las siguientesmanifestaciones múltiples, que son aspectos en los cuales confluimos loshabitantes de países tan diversos: . En la mezcla única que se formó en esta parte del planeta durante elperíodo colonial con los tres principales ingredientes en los grupos humanosque la habitan: los rasgos de le herencia de los españoles, los indígenas y losnegros. Uno de los denominadores comunes de la mezcla histórica fue lalengua española en la mayoría de los países lo mismo que la religión católica. . En el origen de la independencia de España durante el siglo XIX através de un sueño bolivariano sobre una patria común, a pesar de lapulverización de las Repúblicas. Las luchas de Francisco Miranda, SimónBolívar y José Martí en su proyección hacia gran parte del continente lo mismoque las de Francisco Morazán en Centroamérica o las ideas de Andrés Bello,
    • 105Simón Rodríguez y Alberdi repercuten de manera permanente en el siglo XIX yXX como algo nuestro. . En la tradición literaria latinoamericana, que ha sido reconocida en elmundo entero con ciertos rasgos comunes, fundamentales, que manifiestanesa mezcla de tradición, civilización, barbarie, revolución, militarismo, etc.Aunque existen literatos, como hemos visto, que rechazan de manera abruptael nombre de América Latina, y afirman más bien la existencia de literaturassolamente nacionales, una gran mayoría sigue encontrando una identidadcomún en el hecho de llamarse latinoamericanos. . En la oposición y/o subordinación a los designios imperiales deAmérica del Norte, en cuya contradicción nos definimos más por lo que nosomos ante el mundo anglosajón. El ser del latinoamericano ha llegado a tenerconciencia de sí mismo en gran parte a través de esa confrontación ante elimperialismo norteamericano. . En la supervivencia de varios millones de indígenas procedentes sobretodo de las tres grandes civilizaciones (Aztecas, Mayas e Incas), que siguenluchando actualmente por su vida material conservando gran parte de sustradiciones culturales. . En la convergencia de ciertos intereses económico-comerciales entrediferentes naciones como necesidad también de supervivencia dentro de losprocesos mundiales de globalización sobre todo a finales del siglo XX. Losactuales procesos de integración entre diferentes países latinoamericanos hanacentuado esa identidad cultural y han promovido la conciencia de un proyectoa futuro en donde las naciones podrán sobrevivir mejor a través de unacoordinación supranacional. Es la tendencia a fortalecer los lazos decooperación política con reglas supranacionales aceptadas de común acuerdoante el declive del concepto del Estado-nación. Los tratados regionales podránapuntar más en esa dirección.
    • 106 . En la utopía de una comunidad de sociedades que aspira a un mejornivel de justicia social y un mejor respeto a los derechos fundamentales delhombre en regímenes que aspiren a transitar a la democracia. Nos uneciertamente lo negativo de la actual desigualdad social, de las cotidianasviolaciones a los derechos humanos, del peso excesivo del militarismo sobrelos gobiernos civiles, del ingente peso de la deuda externa, etc. pero en todoello mantenemos vigente un imaginario social latinoamericano.Podemos entonces concluir en donde comenzamos: por un lado, hay unaconciencia de la identidad latinoamericana a pesar de tanta diversidad entre lospaíses; por otro lado, no es una identidad hecha de una vez y para siempresino que está en un continuo hacerse en donde los actores sociales en losprocesos actuales de integración tendrán mucho por definir hacia el futuro.
    • 107 CAPÍTULO V CULTURA Y PROCESOS DE INTEGRACIÓN25 “Alucinados por el progreso, creímos que avanzar era olvidar, dejar atrás las manifestaciones de lo mejor que hemos hecho, la cultura riquísima de un continente indio, europeo, negro, mestizo, mulato, cuya creatividad aún no encuentra equivalencia económica, cuya continuidad aún no encuentra correspondencia política” (Fuentes, Carlos. Citado en Mato, 2001: 33).América Latina es reconocida mundialmente como una región específica delcontinente americano donde viven alrededor de 570 millones de habitantes.Económicamente se nos identifica como una región subdesarrollada pero congrandes diferencias internas entre los países y aun al interior de cada país.Políticamente, además, existe el reconocimiento explícito cuando gobiernoscomo el de Estados Unidos designan un representante especial para la regióno cuando, como en el caso de la Unión Europea, deciden tratar de implementartratados con el bloque en su conjunto.Con cierta pena tenemos que admitir que la identificación que tenemos en elámbito económico está asociada a la pobreza y al subdesarrollo y, en el ámbitopolítico, a las dictaduras militares y al autoritarismo político aunque, a finalesdel siglo XX, el conjunto de naciones muestra un lento tránsito hacia lademocracia. Sin embargo, en el ámbito cultural, encontramos la mayor de lasriquezas debido al mayor mestizaje que ha existido en la historia del planeta,procedente de fuentes tan diversas como lo español, lo indígena y lo negro.Esta riqueza es lo que ha hecho afirmar a Octavio Paz que América Latina esuna cultura (Paz, en Marras, 1992: 468-9).25 Algunas partes de este trabajo corresponden a una redacción conjunta que realizamos variosprofesores para el Anuario de Integración Latinoamericana y Caribeña en el año 2002 y, porello, agradezco a Luis Fernando Ayerbe (Brasil) y Rafael Cuevas Molina (Costa Rica) sucolaboración en la discusión y en la redacción de diversos párrafos que aquí aparecen porqueredactamos conjuntamente hace varios años un texto común.
    • 108Por otro lado, encontramos a esta América Latina, desde la última parte delsiglo XX, en diversos procesos de integración -continental y regionales- quepresentan grandes esperanzas para el futuro de la región pero tambiéngrandes interrogantes. Una de ellas se refiere precisamente al papel de lacultura. En el tránsito del siglo XX al XXI, dentro de los procesos deglobalización y regionalización, han cobrado más importancia los estudios quebuscan delimitar el espacio cultural latinoamericano como referencia de unaintegración diferente de la propuesta por los Estados Unidos.Las diversas concepciones de cultura para Latinoamérica:El tema de la identidad cultural latinoamericana sigue siendo objeto de granpolémica desde diversos aspectos. Gilberto Jiménez, un gran estudioso deltema de la cultura y de manera particular ahora en el contexto de laglobalización nos ofrece esta definición interesante sobre identidad refiriéndoseal "conjunto de repertorios culturales interiorizados (representaciones, valores,símbolos...) a través de los cuales los actores sociales (individuales ocolectivos) demarcan simbólicamente sus fronteras y se distinguen de losdemás actores en una situación determinada, todo ello en contextoshistóricamente específicos y socialmente estructurados" (Giménez G., 2000:28). El afirma que en las ciencias sociales contemporáneas, el tema de laidentidad tiene mucho que ver con los actores sociales, con la acción social ycon la acción comunicativa; en este sentido, no se trata solamente de unareferencia a la conciencia de un sujeto o de alguna comunidad sino unelemento directamente conectado con los movimientos socialescontemporáneos. Para profundizar este acercamiento conceptual vale la penarecordar el entendimiento histórico de cultura que hacíamos en el capítulosegundo.Ya habíamos mencionado antes que el primer concepto de cultura en elsentido de cultivar el espíritu, incorporando un tesoro de conocimientosantiguos, nos lo trasmitió Cicerón en sus Tusculanae Disputationes en el siglo Ia.C.; él quería enfatizar solamente aquel cultivo del espíritu humano que podíadistinguir a cierto grupo de hombres en relación a otros que no saben cuál es
    • 109su historia y su destino; sin embargo, el concepto de cultura se fue ampliandopara llegar a denominar las modalidades en que cualquier pueblo puedeautorregular sus formas de vida con una particularidad que lo distingue de otrascomunidades.Sin embargo, en el siglo XVIII y XIX, la cultura empezó a adquirir tambiénrasgos de universalidad al enclavarse la discusión en la época de la ilustracióny del capitalismo de libre competencia en contra de los estados absolutistas.No se trata solamente de hablar de modos de ser comunes y conocimientos,sino también de cierto concepto de cultura como objetivo a lograr con tintespolíticos tendientes a la emancipación; se trata, como lo llega a afirmar Kant ensu Antropología, de cierta cultura ideal a la que hay que aspirar. En estesentido, la cultura también puede ser un ideal comunitario pero a partir de unarealidad donde se da un antagonismo constante de fuerzas, donde existen dehecho aproximaciones culturales insatisfactorias para el concepto moderno deser humano.Podemos afirmar que una síntesis adecuada del concepto de cultura nos laofrece W. Jaeger (2000) al hablar de la Paideia de los griegos, porque no sólosignifica la educación de los ciudadanos en referencia al conocimiento de suhistoria pasada sino también un ideal de humanidad, un modelo de sociedad(donde se une el poeta, el hombre de estado y el sabio), un proyecto que hayque conquistar a partir de la situación presente: “Los griegos vieron por primeravez que la educación debe ser también un proceso de construcción consciente”(Jaeger, 2000: 11). La cultura, así, tiene un sentido formativo, porque se tratade una realidad inacabada en constante proceso de construcción.Hay que precisar, además, que la identidad cultural de determinada región nopretende afirmar la existencia de una comunidad o entidad homogénea sinoreconocer que dentro de las diversidades de grupos y localidades existe unvínculo histórico sustancial que nos une y que dentro de la conciencia delpresente nos proyecta hacia el futuro con una propuesta de sociedad.
    • 110También nos referimos al planteamiento sustancial de Carlos Fuentes al hablarde la gran importancia de la cultura (Fuentes, 1992: 337), y por ello tenemosque poner atención en la riqueza de la cultura latinoamericana como base paraun proyecto futuro en lo económico y en lo político. Para ello, tenemos quepartir de una identidad cultural común muy compleja pero reconocida al interiory desde el exterior de la región en donde se conjuga nuestro sercontemporáneo proveniente del mayor mestizaje de la historia de la humanidadentre lo indio, lo español y lo negro: todos los latinoamericanos llevamos estaherencia legítima (Fuentes, 1992: 11). Y ¿por qué queremos que nuestracultura pueda ser el punto de partida de un proyecto de desarrollolatinoamericano? El mismo Fuentes nos ofrece una respuesta: "Al fin y al cabo,la cultura es portada por los mismos que crearon la política y la economía: losciudadanos, los miembros de la sociedad civil. Si esto es así, ¿por qué nohabría de ofrecernos la cultura la necesaria coincidencia de sí misma con lavida política y económica?" (Fuentes, 1992: 337).Si tomamos estos dos aspectos de la cultura antes mencionados, es decir,primero, el reconocimiento continuo de nuestra historia como cultivo delespíritu, y segundo, como un proyecto comunitario de tinte emancipatorio alestilo del siglo XVIII en su lucha contra el absolutismo, podemos plantear queuno de los primeros retos de América Latina puede estar en su pensamiento;como dice Edgardo Lander, el primer reto "está en uno de los terrenos quehasta ahora han sido más descuidados, el de la cultura, en la contribución alreconocimiento de la subjetividad latinoamericana, al proceso de reconstituciónde la identidad cultural... Se trata de asumir los problemas de la identidad y dela reconstrucción de la propia tradición a partir de la experiencia de lamodernidad, experiencia de la cual América Latina es parte desde sus inicioshistóricos de hace cinco siglos. Se trata de la posibilidad de la distancia críticarespecto de la propia tradición, que permita recuperar aquellas cosas quevaloramos y cuestionar aquello que consideramos que debemos alterar"(Lander, 1991: 161).En realidad, debemos pensar que el mayor mal que nos puede hacer unmodelo como el neoliberalismo no es tanto la pobreza que genera y el despojo
    • 111de nuestros recursos económicos sino la posibilidad de una castración culturala través de teorías banales como la del Fin de la Historia, de Fukuyama (1992).En otras palabras, la pobreza, la inequidad y las dictaduras militares nos hanmutilado ciertamente parte de nuestro ser latinoamericano, pero lo más terribleque podría suceder es quitarnos la posibilidad de ser hacia el próximo futuro."El éxito más grande que ha logrado la política neoliberal y tecnocrática en elcontinente (con la ayuda de la represión generalizada y la cultura del terror enlos países del Cono Sur) ha sido precisamente el estrechamiento radical de loslímites de lo que aparece como posible. En la medida en que se internalizanesos límites, se encarcela al imaginario colectivo. Ya no se trata sólo de que,basados en el realismo político, se puedan reconocer los límites de lo posible acorto plazo. Se trata de una transformación cultural mucho más esencial: elestrechamiento de los límites de lo que es siquiera imaginable como posible"(Lander, 1991: 163).De esta manera, quien tenga la tentación de hundirse en el pesimismo portanto desastre económico en América Latina y por la gran distancia que todavíaexiste entre el juego positivo de la democracia electoral y las terriblescondiciones reales de vida de la población, le está terminando de dar el triunfoa las políticas totalitarias del modelo neoliberal. Cuando olvidamos quiénessomos, de dónde venimos; cuando perdemos la esperanza de nuestro ser parael futuro como comunidad latinoamericana de naciones es cuando sufrimos lacastración cultural que nos imposibilita salir del subdesarrollo y transformar lademocracia electoral en democracia social. La visión latinoamericana no puedeser la de Pandora –referida por Hesíodo, en Los Trabajos y los Días- cuandocierra la caja para impedir que la esperanza vuele hacia el mundo de loshumanos, ni tampoco la del Prometeo encadenado a quien eternamente losanimales le estarán carcomiendo las entrañas.Lo más prometedor aunque muy complejo en la formulación de una propuestapara América Latina se encuentra en el reconocimiento de una identidadcultural que puede inundar los diferentes proyectos de integración en la región.Una formulación de este tipo ha sido enfatizada por el novelista peruano MarioVargas Llosa cuando reconoce la dinámica latinoamericana integracionista que
    • 112viene de abajo y que corresponde también a un fenómeno intelectual. AméricaLatina tiene que llegar a superar los nacionalismos y las fronteras que leimpiden su crecimiento. (Vargas Llosa, en Marras, 1992: 100).Raíces históricas de la identidad cultural latinoamericanaDesde el punto de vista cultural, a América Latina debe vérsele como unaunidad en la diversidad; es decir, como inmersa en una relación dialéctica en laque sus dos polos contradictorios no se excluyen sino que se complementan,encontrándose permanentemente en conflicto y dando origen a continuassíntesis que superan pero, al mismo tiempo, integran elementos de susestadios anteriores.La diversidad y la originalidad de la cultura que se desenvuelve en esta partedel mundo, que a partir del siglo XV llevará el nombre de América, tienen suplena expresión y plenitud en el período histórico precolombino. Es en esemomento cuando la cultura responde esencialmente a las necesidades yposibilidades tanto del entorno natural como de sus condicionantes socialesnativas. En este sentido, las culturas precolombinas de América constituyen larespuesta -necesaria y posible- desde las capacidades del ser humanoamericano, sin intervenciones foráneas y sin matrices ideológicascondicionantes de lo que, después, será una constante: la imitación.Es interesante recorrer este período de la historia de nuestras tierras yconstatar cómo se expresa la diversidad cultural -en el marco de matricescivilizatorias, que son producto de siglos de acumulación de experiencias-, queorienta hacia respuestas, específicas y creativas, en función del lugar concretoen el que cada grupo humano se sitúa y existe. Esta constatación nos lleva aidentificar cómo la unidad civilizatoria se expresa básicamente como grandeszonas de influencia cultural en las que sobresalen la zona mesoamericana(incluyendo la civilización azteca y maya) y la andina. A partir de esos dosgrandes ámbitos, en los que se pueden encontrar rasgos comunes de lengua,alimentación, arquitectura, urbanismo, agricultura, religión y otros, se desgrana
    • 113una variedad local que evidencia la riqueza humana de existir y estar en elmundo.Es a partir del siglo XV, con la invasión europea a nuestro continente, cuandoesa variedad pasa a ser un elemento subordinado a la unidad que aporta lacultura del colonizador, en primer lugar la lengua -el castellano-, la religión -lacatólica-, y los ritmos de producción -coloniales-. La presencia de lacolonización ibérica en nuestro continente orienta en dos direcciones a lacultura: por una parte, aporta elementos básicos para una identidad común quetiene rasgos que no son propiamente los del colonizador pero, tampoco, los delcolonizado. En este sentido, da origen a una identidad cultural que podríamosllamar híbrida o mestiza, en la medida en que es un producto nuevo queincorpora elementos de las que le dan origen pero, al mismo tiempo, no esninguno de ellas. Por otra parte, esta colonización también genera procesos deafirmación de identidades culturales particulares, al identificarse el modoespecífico de estar en el mundo, es decir a la cultura, como una forma deresistencia ante esa colonización.En este nuevo momento histórico se gesta, además, un rasgo característico denuestra identidad cultural, que será un signo permanente en ella por haberseconformado como parte intrínseca de su estructura: el de la imitación. Este quehemos llamado un rasgo característico de nuestra cultura, es propio de lamatriz colonial que le da origen, en la cual la cultura del colonizador (y de suscentros metropolitanos) es erigida al rango de modelo al que se aspira porreportar estatus, prestigio y brillo. En este contexto, la cultura del colonizadores vista como "la" cultura, como la única posible ante formas de expresión deseres (los americanos, los indios) a los cuales se les regatea, incluso, suscalidades humanas. En este sentido, ser hombre total, completo (no mujer, queen ese momento histórico es más difícil todavía) significa formar parte de lashuestes de los conquistadores, primero, y de los colonizadores, después.Moviéndonos entre los dos polos que están en la base de nuestra cultura, el dela unidad y el de la diversidad, ingresa América Latina al siglo XIX, llena deproyectos en relación con la necesidad de conformar un ser humano acorde
    • 114con la construcción de estados independientes. Es entonces cuando se danalgunos de los planteamientos más significativos en torno a este pequeñogénero humano, como dijera Simón Bolívar. Él mismo, producto de su tiempo,de sus posibilidades y límites, pensará a este pequeño género humano segúnlos patrones que le dictaba el modelo europeo de la ilustración. Pero ya hay enél algo que es importante: la conciencia de que somos distintos, que tenemosuna especificidad que nos diferencia.Esa misma diferencia (que no siempre se identifica cuál es) será concientizadapor otros pero dolorosamente, renegando de ella y viviéndola como un lastredel que hay que desembarazarse para poder ir hacia adelante, progresar ycrecer. Este es el caso del argentino Domingo Faustino Sarmiento, quien ve yconoce la diferencia de la que somos portadores, pero se duele de ella porqueconsidera que nos condena al atraso, al oscurantismo, a la muerte. Identifica alos indios y a los negros con la indolencia, con el pasado colonial que queríadejarse atrás lo antes posible para poder incorporarse a las filas de lasnaciones progresistas, pujantes, brillantes y animosas que él identificaba conlos Estados Unidos; Sarmiento proclama: "Seamos Estados Unidos", yemprenderá una cruzada para blanquear a la Argentina y arrinconar y hacerdesaparecer a los indios, al gaucho. ¿Cuál sería la identidad deseable paraSarmiento? La del sajón del Norte al que le atribuye las característicasdeseables del momento: emprendedor, creativo, animoso, agresivo. Sarmientose relaciona vergonzantemente con su realidad: no la quiere, no le gusta lo quees, se avergüenza de su identidad y quiere cambiarla, dejar de ser como espara ser otro. Es una tragedia: para ser yo, debo dejar de ser como soy paraser como el otro. Debo renunciar a mí y asumirme como aquel que no soy.Sobre este tema, dice, por ejemplo, Roberto Fernández Retamar: "esaimplantación de los criterios de Sarmiento, en la Argentina, fue monstruosa:incluyó destruir físicamente no sólo a los indígenas sino incluso a los gauchos,incluso al pueblo mestizo que se estaba gestando en la Argentina" (FernándezR., en Marras, 1992: 309).Esta contradicción que es tan patente en el pensamiento, la acción y laspolíticas estatales impulsadas por Sarmiento en la Argentina de la primera
    • 115mitad del siglo XIX, no le son propias solamente a él y a su tiempo. Siguenestando presentes aún en nuestros días, aunque los referentes culturales, losmodelos y los deseos de ser se proyecten en otras direcciones. Es aquellaparte de nuestra identidad que reniega de nosotros mismos, que sigue viendo,siempre, hacia afuera, que piensa que la vida (la real, tal como debe ser) estáen otra parte (generalmente en el Norte). En mayor o menor medida, conmayor o menor nivel de conciencia, hay siempre en cada uno de nosotros -aunque no lo queramos y lo rechacemos, como un pecado original producto denuestro pasado colonial- pedazos, elementos, rastros de esta identidadespuria. Hay en ocasiones en muchos latinoamericanos una actitud chocante,frívola y estridente cuando, dejándose llevar simplemente por la moda, serechazan costumbres propias para adoptar acríticamente las novedades delprimer mundo. Pero también está presente, en algunas ocasiones, en nuestrosescritos de académicos e intelectuales que se sienten disminuidos, faltos delegitimidad y respaldo científico, si no citamos y establecemos referencias(mejor si son constantes y actualizadas) de lo último que se ha pensado enEuropa o en alguna universidad norteamericana. Nada hay de malo en larelación y vínculo con otras culturas, pero hay que tener cuidado con elpequeño Sarmiento que todos podemos llevar dentro.Pero esa es una parte de nuestro yo. La otra, la que se enorgullece de lo quesomos, la que se emociona con nuestra historia, la que busca la forma deentroncar el futuro con las raíces que se hunden en la historia estárepresentada por José Martí. En él florece el orgullo de ser lo que somos:herederos de los mayas pero también de los griegos; es decir, doble,triplemente ricos porque podemos reivindicarnos herederos de la culturaoccidental, ser una expresión particular de ella y, al mismo tiempo,continuación de las culturas ancestrales que poblaron a Nuestra América. Y,más aún, forjadores de una cultura en la que se incrusta poderosamente eltronco africano que le da ritmo, dioses y color.José Martí pide que privilegiemos lo nuestro sin perder de vista que somosparte del género humano: "Injértense en nuestras repúblicas el mundo- dirá-pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas". En Martí esta "pequeña
    • 116humanidad" se yergue ufana de sí misma y se planta frente a quienes quierenpasarle por encima, especialmente "el gigante de siete leguas", los EstadosUnidos de América, que en su tiempo empezaba a erguirse y a abalanzarsesobre América Latina. Con Martí nuestro yo colectivo, nuestra identidadlatinoamericana adquiere conciencia que para ser nosotros no basta convernos en el espejo y querernos a nosotros mismos, sino que hay queprotegernos y diferenciarnos de los que crecen impetuosos en nuestra propiavecindad.Eso quiere decir que, a partir de José Martí, nuestra identidad, para sercompleta, tiene que ser también no sólo afirmación de lo propio sino defensafrente a lo que se nos impone. Esa dimensión de nuestra identidad tendrá unnombre: el anti-imperialismo, dimensión que sabrá crecer y desarrollarse conlos años a través de la acción y el pensamiento de otros. De la acción y elpensamiento de Augusto César Sandino, por ejemplo, quien desde LasSegovias, montañas agrestes del Norte nicaragüense, adquirirá conciencia deque los más consecuentes en la afirmación de esa dimensión de nuestraidentidad serán los obreros y los campesinos, porque "sólo ellos irán hasta elfin".Con Sandino, esa parte de nosotros que se enorgullece de lo que somos serámás que mestizos, indios y negros; será también obreros y campesinos, esdecir, los sectores populares de está América nuestra que guardan en suacervo aquello que la otra parte de nuestro yo rechaza. Acá ganamos unanueva dimensión en la visión de lo que somos: no es sólo el origen étnico loque produce nuestra variedad y riqueza; también nos lo da el lugar queocupemos en la pirámide social: arriba o abajo, en la cúspide de la pirámide oen su ancha base. De ahí que en adelante sabremos que aunque loslatinoamericanos tenemos raíces comunes que nos dan unidad, tambiéntenemos, cada uno, nuestras propias formas de ser y de estar en el mundo apartir de nuestro origen étnico y nuestras condición de clase: unidad en ladiversidad.
    • 117Otros aspectos nos han unido y separado. Por ejemplo, de forma muyimportante, la construcción de las identidades nacionales en el siglo XIX, quefue un proceso liderado por los grupos liberales. Construir las naciones nostrajo nuevos elementos cohesivos por regiones pero también aspectosdiferenciadores entre nosotros. Para construir las naciones latinoamericanasmodernas, a finales del siglo XIX y principios del XX, los liberales "inventaron"(porque privilegiaron unos rasgos nuestros sobre otros) identidades nacionales,es decir, resaltaron unos aspectos (que a ellos les eran útiles y necesarios parasu proyecto político) y omitieron (o borraron, cuando pudieron) otros. Fue asícomo se encargaron de perfilar los rasgos de las identidades "modernas" deAmérica Latina, aquellas que se basan en los ideales positivos del progreso, laconfianza en la ciencia y sus efectos benéficos sobre la producción. Losliberales impulsaron un verdadero proceso civilizatorio que tenía a la ciudadcomo referente central, lugar en donde brotaron las estatuas y los monumentosa los héroes que dieron cohesión al imaginario simbólico de todos los hijos dela patria. A través de este reordenamiento simbólico, los liberales pudieronreorientar el proceso de construcción de la identidad en América Latina,generando identidades nacionales que se sintieron diferentes de la del vecino yque llegaron, a veces, a enfrentarse unas contra otras. Hubo nuevas unidadesreferenciales, las naciones, que movilizaron los sentimientos patrióticos ydieron identidad grupal a los seres humanos de estas latitudes; pero tambiénse quiso borrar o marginar otras identidades que de ahí en adelante semostrarían como folclor, como la cultura de los menos o, cuando mucho,sobrevivencias del pasado que se toleraban por exóticas e interesantes.La cultura de la población mayoritaria sometida empezó a ser llamada culturapopular, y pasó a expresarse en artesanías, bailes típicos o folclóricos, cuentosy leyendas. Se le confinó a actividades especiales, en donde era controladasólo como expresión para turistas. En algunos lugares, en donde no fue posibleconsiderársele expresión cultural de minorías, como en Guatemala, México,Bolivia o Perú, por ejemplo, se le denigró y denostó para hacerla parecer laexpresión de los incultos, y se le combatió -hasta el genocidio- cuando hubooportunidad. Eso pasó de diferentes formas: con políticas integracionistas(como la de muchos institutos indigenistas) o con la fuerza armada (como en
    • 118Guatemala en la década de los ochenta del siglo XX). En la práctica histórica,el mestizaje nos ha desgarrado porque no lo aceptamos como una realidadnueva; encontramos siempre partes de nosotros mismos a las que odiamos yque no queremos ser; tratamos de demoler o cercenar aquello queaborrecemos de nosotros mismos pero que sigue permaneciendo.Cultura, desarrollo e integración: un debate prolongadoNuestra América Latina se encuentra ahora en medio del nuevo vendaval,cuestionándose en donde está su esencia, su unidad, su propia cara, dentro delos procesos de globalización y ante la poderosa injerencia del imperialismocultural norteamericano. Como bien lo señala Manuel Castells, "la oposiciónentre globalización e identidad está dando forma a nuestro mundo y a nuestrasvidas... En el último cuarto de siglo, hemos experimentado una marejada devigorosas expresiones de identidad colectiva que desafían la globalización y elcosmopolitismo en nombre de la singularidad cultural y del control de la gentesobre sus vidas y entornos" (Castells, 2001: 24). De acuerdo a ello, hacentrado uno de los volúmenes de su extraordinario libro titulado La era de lainformación refiriéndolo al Poder de la identidad en las condiciones actuales delmundo moderno."Muchos de los que se inquietan por la desaparición de la identidad nacional -en México y en otros países latinoamericanos - sitúan la esencia de esaidentidad en las tradiciones indígenas y campesinas, o en un folclore nacionalque fija en ellas la definición de lo propio. En algunas regiones tales fuentesclásicas siguen sirviendo como elementos de distinción regional y nacional.Pero dos simples datos estadísticos revelan cómo ha disminuido el peso de lasculturas tradicionales: a) el 70% de las poblaciones en México y en AméricaLatina vive en ciudades; y b) alrededor del 90% de los consumidores, incluidoslos campesinos, se hallan conectados a los medios masivos (por lo menosradio y televisión), cuyos programas son generados en su mayoría fuera de lapropia sociedad y transmiten un imaginario transnacional. Las identidades seforman y se renuevan cada vez menos en relación con las tradiciones locales"(García Canclini, 1996: 23).
    • 119¿Dónde está el espacio de propiamente latinoamericano? Porque necesitamosconstruir un espacio propio en el marco de la globalización salvaje que nospenetra. “Lo latinoamericano no es un destino revelado por la tierra ni por lasangre: fue muchas veces un proyecto frustrado; hoy es una tarearelativamente abierta y problemáticamente posible" (García Canclini, 1999: 43)La identidad cultural latinoamericana es una de las claves fundamentales paraque los procesos de integración en los comienzos del siglo XXI no seconviertan en arreglos y beneficios solamente para las élites sino para lapoblación en general con base en un mejor proyecto de desarrollo.Hay que recordar que, a pesar del gran entusiasmo que llevó a Bolívar a lalucha por la independencia de Hispanoamérica en relación a España, al final desu vida, el pesimismo pareció absorverlo cuando meditaba en el fracaso de lareunión continental de Panamá en 1826 y cuando contemplaba la dispersióndel sueño de la gran patria americana en múltiples repúblicas. En 1830, élmismo confesaba: “No existe ya ningún tipo de buena fe en América comotampoco entre las naciones de América. Los tratados son pedazos de papel;las constituciones sólo papel impreso; las elecciones son batallas; la libertad esuna anarquía; y la vida un tormento” (Bolívar, citado en Haynes, 2000:184).Gabriel García Márquez en su libro sobre Bolívar titulado El General en sulaberinto, ha llegado a expresar el pesimismo de sus últimos díasespecialmente en lo referente al fracaso de la propuesta de unidadlatinoamericana a través de una confederación de naciones.Atrás había quedado el proyecto de Francisco de Miranda sobre los pueblosdel Continente Colombiano; la misma unión de Venezuela, Nueva Granada yQuito, lograda por Simón Bolívar en la constitución de la “Gran Colombia”, sedesintegró en 1830; con la intervención del pirata William Walker enCentroamérica y diversos conflictos bélicos ante la intervención militarnorteamericana, el panameño Justo Arosemena quiso resucitar de nuevo, en1856, el proyecto de la “Gran confederación Colombiana” como una asociaciónde estados independientes, pero también fracasó.
    • 120Lo que quedó, sin embargo, fue un nombre simbólico, el de América Latinaque, aunque nacido de la iniciativa de Alexander Humboldt y de MichelChevalier, se fue imponiendo lentamente como una denominación aceptadahacia dentro y en el exterior de la región. El concepto de América Latina, traídooriginalmente por Michel Chevalier, escritor político francés y que propugnabaun proyecto en América que contrastara con el gobierno anglosajón de losEstados Unidos –prolegómenos que sirvieron de base ideológica a laintervención francesa expansionista en México ocurrida de 1861 a 1867-, fueganando aceptación cultural y empezó a ser difundido por el chileno Franciscode Bilbao en 1856 (“la América latina”), por el colombiano José María TorresCaicedo en 1865 (“Unión Latinoamericana”), y por el puertorriqueño EugenioMaría de Hostós en 1874 (“latinoamericanos”, “América Latina”).De esta manera, en la derrota del proyecto histórico de unión de repúblicas delsiglo XIX encontramos también una aspiración que todavía no ha fenecido sinoresurgido con más fuerza a finales del siglo XX. La expresión simbólica de estaaspiración la encontramos en ese nombre de Latinoamérica, que ha perduradofrente a otras denominaciones, algunas de las cuales como elPanamericanismo han pretendido imponerse por los Estados Unidos conpretensiones hegemónicas. “Hoy, el nombre de América Latina, cuyo uso se haimpuesto casi de manera universal, sirve para designar a los países ubicadosdel río Bravo a la Patagonia –también Brasil, las antiguas colonias francesas ylos grandes conglomerados indígenas-, y por extensión al Caribe de lenguainglesa y holandesa, y es el que se asocia a la aspiración de conformar en elsubcontinente una comunidad económica y política... Es en este sentido queentendemos por integración latinoamericana la ideología y la política dirigidas afortalecer la colaboración entre estos países hermanados del subcontinente,con el propósito de resolver problemas comunes, arreglar por medios pacíficoslos conflictos intestinos que puedan surgir, rechazar en forma mancomunadalas amenazas y pretensiones de las grandes potencias, en particular deEstados Unidos, y promover su activa participación en el escenariointernacional” (Guerra y Maldonado, 2000: 50).
    • 121Tenemos que admitir que los procesos de integración y mundialización definales del siglo XX y principios del XXI son un hecho irreversible; lo queAmérica Latina tiene que plantearse es la manera cómo insertarse, con baseen proyectos propios que partan de los intereses de las mayorías de supoblación. El proceso de la Unión Europea es tal vez el ejemplo más avanzadode integración en donde han llegado a partir del 2002 a la realización de losprocesos de cambio mediante una moneda única; otros procesos mundiales notienen esas características, como es el caso de América Latina. Un valiosotrabajo de recopilación y análisis que culminó en agosto del 2000 bajo elauspicio del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha sidopublicado en el 2001 con este título: "América Latina a principios del siglo XXI:Integración, identidad y globalización"; ahí se menciona respecto de laintegración que los "procesos no son iguales (como no lo son la unión Europeay la Comunidad Andina de Naciones, por ejemplo), pero compartirían unacaracterística importante: en algunos aspectos las fronteras de los nuevosacuerdos de integración regional tienden a reemplazar a las fronteras de lasnaciones que los forman... Lo que estaría ocurriendo no es una simple erosión(o disolución) de las viejas fronteras nacionales, sino más bien su reemplazoparcial por nuevas fronteras geográficamente más abarcadoras que lasanteriores" (PNUD-BID, 2001: 5). Pero ahí mismo se encontró la base de unaunidad cultural latinoamericana en la conciencia de las élites de la región,consideradas éstas entre los políticos, los empresarios y los líderes de opinión:"Casi ocho de cada 10 miembros de las élites latinoamericanas creen queexiste alguna clase de identidad cultural latinoamericana común a todos lospaíses de las Américas de habla hispano-portuguesa... La encuesta cuantificalo que en las entrevistas abiertas es un consenso unánime: hay una identidadcultural latinoamericana forjada a lo largo de cinco siglos" (PNUD-BID, 2001:64-5).A pesar de todo, hay quienes también se muestran pesimistas o recelosos enrelación a las perspectivas futuras de integración de América Latina. Y no faltarazón cuando, por un lado, seguimos viendo las viejas pretensiones delpanamericanismo de los Estados Unidos reflejadas en el proyecto hegemonistade la Alianza para el Libre Comercio de las Américas (ALCA) y más cuando
    • 122llegó en Enero del 2001 a la presidencia de Norteamérica, George Bush hijo,un hombre frente al cual muchos analistas dicen extrañar -irónicamente- el"buen juicio" de Ronald Reagan en los 80s. Pero además, por otro lado, enmuchos casos regionales se reviven las antiguas rivalidades nacionales de lospaíses dejando fácilmente a un lado las posibilidades de una hermandadlatinoamericana.Como se puede ver, en cada punto de análisis hay perspectivas positivas ytambién desalentadoras. Sin embargo, ante la terrible situación económica quevive la región y ante las interminables rivalidades políticas de nuestros países,este escrito se sitúa en un optimismo realista a partir de la fortaleza de nuestraidentidad cultural como un hecho histórico pero que necesita imaginarse elproyecto próximo. El saber qué hemos sido y quiénes somos ahora comolatinoamericanos es lo que nos da la posibilidad objetiva de vislumbrar yconstruir un camino con mejor justicia social para los años venideros. En estesentido, dentro del negro panorama económico general, con las pretensioneshegemonistas de los Estados Unidos que todavía perduran, con las luces ysombras de la transición democrática y las constantes divisiones entre lospaíses de América Latina, es necesario terminar con cantos de vida yesperanza, a la manera como lo hacía el poeta nicaragüense Rubén Darío,reafirmando que la historia que habrá de escribirse sobre Latinoamérica en elsiglo XXI está en nuestras manos.Como bien lo sintetiza Carlos Fuentes, América Latina y el Caribe enfrentan losdesafíos propios de la enorme riqueza cultural de esta región latinoamericana,"cuya creatividad aún no encuentra equivalencia económica, cuya continuidadaún no encuentra correspondencia política" (Fuentes, 1992), pero el caminoestá abierto hacia los proyectos alternativos en el marco necesario de laintegración y la mundialización.En el diario El Araucano, en Santiago de Chile, en 1836, Andrés Bello escribióun artículo sobre la autonomía cultural de las repúblicas hispanoamericanas.Señalaba, entonces, las grandes dificultades de las nacientes nacionesemancipadas de los dominadores españoles, afirmando que “teníamos que
    • 123marchar por una senda erizada de espinas y regada de sangre”, en dondedeterminadas fuerzas “nos han negado hasta la posibilidad de adquirir unaexistencia propia a la sombra de instituciones libres”. Pero él mismo, viendohacia el futuro, expresa su confianza de que “tendremos constitucionesestables, que afiancen la libertad e independencia, al mismo tiempo que elorden y la tranquilidad, a cuya sombra podamos consolidarnos yengrandecernos”. Se trata sin embargo, de un vaticinio –y algunos laconsideran una utopía irrealizable- que todavía no se ha cumplido porquetodavía está en construcción en los inicios del siglo XXI: sin embargo, AndrésBello pensaba el futuro de manera muy positiva: “América desempeñará en elmundo el papel distinguido a que la llaman la grande extensión de su territorio,las preciosas y variadas producciones de su suelo y tantos elementos deprosperidad que encierra”.Parecido había sido el sueño de Simón Bolívar, como lo había expresado en suCarta de Jamaica de 1815, cuando anhelaba que las nacientes nacionespudieran constituirse o en la gran patria americana o en una confederación derepúblicas; los últimos años de su vida, sin embargo, fueron la experiencia delfracaso de este gran objetivo. “Le imbuí tanto a mis generales el deseo deindependencia que ahora quieren ser independientes unos de otros”: sonpalabras que Gabriel García Márquez le atribuye a Bolívar en su novelahistórica “El general en su laberinto”. Esta fue la realidad histórica de estaregión que en el siglo XIX empezó a conocerse con el nombre de AméricaLatina y que, a pesar de los renovados esfuerzos por la integración desdefinales del siglo XX, permanece todavía como un grupo de repúblicas dispersasen una situación que algunos llaman “atraso”, otros “subdesarrollo”, pero queen general se distingue por sus continuas crisis económicas y sus ampliossectores de población en pobreza y pobreza extrema. Gregorio Weinberg, delInstituto de Integración para América Latina y el Caribe (INTAL), expresa lasiguiente interrogante: “Preguntémonos, pues, cuáles fueron las razones quehicieron que la unidad de origen haya conducido a la diversidad de destinos, yque hoy la diversidad de desarrollos reclame una unidad de destinos”
    • 124Podríamos considerar con Andrés Bello, que “en América, el estado dedesasosiego y vacilación… es puramente transitorio”, pero él estaba hablandoen 1836; cuando ya han transcurrido más de 180 años desde entonces hastalos comienzos del siglo XXI, ciertamente podemos sentir bastantepreocupación porque el desasosiego y la vacilación han durado tanto y todavíano vislumbramos una etapa de verdadero desarrollo duradero al comenzar yael siglo XXI. Sin embargo, no podemos negar que, desde mediados del sigloXX, han vuelto a aparecer con más fuerza las ideas y proyectos sobre laintegración latinoamericana, en el marco de un proceso histórico mundial queManuel Castells llama La Era de la Información y que muchos otros –aunquecon múltiples significados- han catalogado ya en las ciencias sociales comoproceso de Globalización. Ya en la década de los 50s del siglo XX, la ComisiónEconómica para América Latina (CEPAL) impulsó los primeros procesosmodernos de integración en el continente, que llegaron a fructificar, porejemplo, en el Mercado Común Centroamericano (MCCA), en la AsociaciónLatinoamericana de Libre Comercio (ALALC), el Grupo Andino, el ParlamentoLatinoamericano, el Sistema Económico Latinoamericano (SELA), el acuerdode integración del Caribe (CARICOM), la Asociación Latinoamericana deIntegración (ALADI), el Grupo de Río, el Mercado Común del Sur(MERCOSUR), etc. De manera formal con un futuro todavía incierto pero muyprometedor en sus intenciones surgió también la Comunidad Sudamericana deNaciones (CSN), constituida en Diciembre del 2004, mediante la unión de laComunidad Andina de Naciones y el MERCOSUR26 y posteriormente laUNASUR y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).En un ámbito más amplio, involucrando a otros actores más allá de AméricaLatina, surgieron también los proyectos del Tratado de Libre Comercio deAmérica del Norte (TLCAN: México, Estados Unidos y Canadá), la Cumbre delas Américas con su proyecto de la Alianza para el Libre Comercio de las26 MCC (Tratado de Managua, 1960); ALALC (Montevideo), 1960, que luego se transformó enALADI en los 80s; Parlamento Latinoamericano (1964); Grupo Andino (Acuerdo de Cartagena,1969); SELA (1975); CARICOM (Tratado de Chaguaramas, 1973); Grupo Contadora (1983);Grupo de los 8 (Apoyo a Contadora, en Lima 1985); Grupo de Río (1986); Grupo de los 3(1990); MERCOSUR (Tratado de Asunción, 1991); Cumbre Iberoamericana (1991); TLCAN(1994); Cumbre de las Américas (Miami, 1994); CSN (Cuzco, 2004); ALCUE (Río de Janeiro,1999); CELAC (México, 2010).
    • 125Américas (ALCA), las cumbres Iberoamericanas, las cumbres entre AméricaLatina y la Unión Europea (ALCUE).El sueño de Bolívar sobre la “patria americana” seguiría siendo una utopíairrealizable de no ser por el nuevo contexto histórico de la globalización definales del siglo XX y por la experiencia evidente de la formación de la UniónEuropea, que está llegando a comprender en el 2005 a 25 naciones de culturase idiomas muy diferentes pero que aspiran a un modelo de confederaciónsupranacional (teniendo además otros países aspirantes como Turquía). Laglobalización, a pesar de la complejidad de sus procesos, está dejando enclaro que, para un mejor desarrollo, los países no pueden caminar de maneraaislada sino que deben aspirar a formar bloques de cooperación más estrechaen ámbitos económicos, políticos y culturales.Para América Latina, ¿podrá ser factible que la diversidad de identidadesnacionales podrá confluir en una unidad de destinos? Si bien el parámetro de laUnión Europea no es un modelo para calcar en otras regiones del planeta,ciertamente podemos encontrar el anhelo de diversos países latinoamericanosa formar bloques regionales que van prefigurando un tipo de cooperación eintegración anteriormente inexistente.Propuestas contemporáneasSe pueden desglosar varias de las propuestas que, en el ámbito de la cultura ylos procesos de integración, se fueron expresando en el 2004, tomandoparticularmente la III Cumbre de la ALCUE realizada en Guadalajara en el mesde mayo, la Cumbre Iberoamericana realizada en Costa Rica en noviembre, yla presentación formal de la Comunidad Sudamericana de Naciones, realizadaen el Cuzco en el 2004 con sus secuelas posteriores en la UNASUR y en laComunidad Latinoamericana de naciones.En todas estas reuniones, hay que llamar la atención sobre la ausencia formaldel gobierno de los Estados Unidos en las instancias de negociación, unelemento que resalta por el hecho de que simbólicamente puede haberempezado una época de mayor autonomía en la región latinoamericana,
    • 126cuando históricamente el gigante del norte ha sido el factor determinante delrumbo del continente, desde la época de James Monroe con su doctrina deAmérica para los americanos, hasta los conceptos de Ronald Reagan sobre elpatio trasero.La ALCUE en GuadalajaraEste proceso se había iniciado en 1999 con la primera cumbre entremandatarios de 48 países de América Latina y el Caribe y la Unión Europea enRío de Janeiro, planteando el concepto de “asociación estratégica birregional” yque significaba un gran avance en el reconocimiento de los paíseslatinoamericanos como región; junto con ello estaba el inicio de unaexperiencia de vínculo y relación con el mejor ejemplo de integración mundial,la Unión Europea. “La UE es hoy el principal ejemplo de un espacio geográficoregional con un grado intenso de organización y, por ende, deinstitucionalización. A diferencia de otros, es un espacio que en muchos planospuede expresarse con una sola voz, reflejo del grado de integración alcanzado.No es, por cierto, el caso del espacio geográfico regional ALC, caracterizadopor una mayor fragmentación de sus esfuerzos de cooperación e integración,que sólo más recientemente se intenta superar con iniciativas que implican, deconcretarse, su institucionalización” (Peña, 2010). Posteriormente se realizó lasegunda cumbre en Madrid, España, en mayo del 2002, con la igual asistenciade 48 dirigentes de países, bajo la consigna”. Con ello se llegó a la III cumbreen la ciudad de Guadalajara, México, reuniendo en esa ocasión a 58mandatarios (33 procedentes de América Latina y el Caribe; 25 de la UniónEuropea). Otras más se realizarían en el 2006 en Viena, en el 2008 en Perú yen el 2010 en Madrid. Reuniones de la ALC-UE I CUMBRE 28-29 JUNIO 1999 RÍO DE JANEIRO II CUMBRE 17 MAYO 2002 MADRID III CUMBRE 27-28 MAYO 2004 GUADALAJARA IV CUMBRE 11-12 MAYO 2006 VIENA, AUSTRIA V CUMBRE 13-17 MAYO 2008 PERÚ VI CUMBRE 15-19 MAYO 2010 MADRID
    • 127A partir del contexto de la guerra de Estados Unidos en Irak, una de lasprioridades establecidas en la III Cumbre fue la opción por el “multilateralismo”,planteando la reorganización de la Organización de Naciones Unidas paraenfrentar los nuevos retos del mundo en el naciente siglo; el enfoquemultilateral de la ONU fue explícitamente ratificado como el mejor medio paramantener el orden internacional, al mismo tiempo que se planteaba su reformay proyectos de revitalización. El segundo tema establecido como prioritario fuela “Cohesión Social”, planteando claramente las opciones por la democracia yla gobernabilidad, a partir de brindar una mayor igualdad de oportunidades einclusión social para la población; se expresaba claramente la responsabilidadde los gobiernos y las organizaciones de la sociedad civil en la labor decombatir los problemas graves de pobreza, desigualdad y exclusión social. Eltercer tema prioritario fue de nuevo la “integración birregional”, estableciendo lanecesidad de profundizar los proyectos al interior de América Latina como elSistema de Integración Centroamericana, la Comunidad Andina de Naciones,el Caribe y el MERCOSUR, enfatizando de manera paralela las negociacionescomo bloque de todos ellos con la Unión Europea. Particularmente se señalabala urgencia de concluir pronto el acuerdo de asociación interregional entre laUE y el MERCOSUR.Más allá del logro del diálogo directo entre los mandatarios –que en sí mismosya tiene un enorme valor- hay que enfatizar la necesidad de promovermecanismos de seguimiento para el cumplimiento de los acuerdos emanadosde las cumbres. La Unión Europea cuenta con tales mecanismos y los haconvertido en instituciones de seguimiento, pero América Latina y el Caribe nocuenta con ellos y suele vivir más con el glamour de las cumbres en sí mismasque con la práctica de las conclusiones de los documentos resolutivos.Las Cumbres IberoamericanasPor el concepto lingüístico que implica el nombre de Iberoamérica, desde unprincipio, con la primera cumbre Iberoamericana en Guadalajara, México, en1991, este tipo de reuniones también excluyó a los Estados Unidos,
    • 128convocando a los países de habla hispana y portuguesa del continenteamericano y estableciendo un vínculo con los dos países de la penínsulaibérica que habían sido poseedores de gran parte de la tierra de esta región enla época colonial: España y Portugal. Los 21 jefes de estado y de gobiernos enestas cumbres han tenido continuidad en su propósito a través de estasreuniones, aunque en algunos años específicos, por problemas políticos ocoyunturales, algunos mandatarios no han podido llegar. Cumbres Iberoamericanas (1991-2010)CUMBRES SEDE TEMAIBEROAMERICANASI CUMBRE GUADALAJARA, MEX VIGENCIA DEL DERECHO 18, 19 JULIO 1991 INTERNACIONAL; EDUCACIÓN Y CULTURAII CUMBRE MADRID, ESPAÑA CONCERTACIÓN POLÍTICA, 23, 24 JULIO 1992 ECONOMÍA Y DESARROLLO SOSTENIBLEIII CUMBRE SALVADOR DE BAHÍA, DESARROLLO SOCIAL BRASIL. 15, 16 JULIO 1993IV CUMBRE CARTAGENA DE INDIAS, COMERCIO E INTEGRACIÓN PARA COLOMBIA. EL DESARROLLO 14, 15 JUNIO 1994V CUMBRE SAN CARLOS DE LAS EDUCACIÓN, FACTOR BARILOCHE, ARGENTINA. ESENCIAL EN EL DESARROLLO 16, 17 OCTUBRE 1995 ECONÓMICO Y SOCIALVI CUMBRE VIÑA DEL MAR, CHILE GOBERNABILIDAD PARA UNA 10, 11 NOVIEMBRE 1996 DEMCORACIA EFICIENTE Y PARTICIPATIVAVII CUMBRE MARGARITA, VENEZUELA LOS VALORES ÉTICOS DE LA 8, 9 NOVIEMBRE 1997 DEMOCRACIAVIII CUMBRE OPORTO, PORTUGAL DESAFIOS DE LA GLOBALIZACIÓN 17, 18 OCTUBRE 1998 Y LA INTEGRACIÓN REGIONALIX CUMBRE LA HABANA, CUBA IBEROAMÉRICA Y LA SITUACIÓN 15, 16 NOVIEMBRE 1999 FINANCIERA INTERNACIONAL EN UNA ECONOMÍA GLOBALIZADAX CUMBRE PANAMA, PANAMA LA NIÑEZ Y LA ADOLESCENCIA, 17, 18 NOVIEMBRE 2000 BASE DE LA JUSTICIA Y LA EQUIDADXI CUMBRE LIMA, PERÚ UNIDOS PARA CONSTRUIR EL 23, 24 NOVIEMBRE 2001 MAÑANAXII CUMBRE BÁVARO, REP. TURISMO Y MEDIO AMBIENTE: SU DOMINICANA. IMPACTO EN LA PRODUCCIÓN 15, 16 NOVIEMBRE 2002XIII CUMBRE SANTA CRUZ DE LA INCLUSIÓN SOCIAL: MOTOR DEL SIERRA, BOLIVIA DESARROLLO 14, 15 NOVIEMBRE 2003XIV CUMBRE SAN JOSÉ, COSTA RICA EDUCAR PARA CONSTRUIR EL 18, 20 NOVIEMBRE 2004 FUTUROXV CUMBRE SALAMANCA, ESPAÑA. 14, IBEROAMÉRICA: EL MAÑANA ES 15 OCTUBRE 2005 HOYXVI CUMBRE MONTEVIDEO, URUGUAY. IBEROAMÉRICA: MIGRACIONES,
    • 129 3, 4 NOVIEMBRE 2006 UN DESAFÍO GLOBALXVII CUMBRE SANTIAGO DE CHILE. 9, 10 IBEROAMÉRICA: DESARROLLO E NOVIEMBRE 2007 INCLUSIÓN SOCIALXVIII CUMBRE SAN SALVADOR, EL JUVENTUD Y DESARROLLO SALVADOR. 29-31 OCTUBRE 2008XIX CUMBRE ESTORIL. 30 NOV.- 1 DIC. INNOVACIÓN Y TECNOLOGÍA 2009XX CUMBRE MAR DEL PLATA, EDUCACIÓN PARA LA INCLUSIÓN ARGENTINA. 3, 4 SOCIAL DICIEMBRE 2010Aunque han tratado numerosos temas de análisis económico y político, estascumbres han dado un énfasis especial a la cultura, remarcando que hay fuerteslazos comunes venidos a través de la historia y que se expresan en ellenguaje, en costumbres, en valores, etc. que pueden ofrecer bases paradiferentes proyectos de integración. Hay que remarcar de manera especial que,paralelo a las cumbres de jefes de estado, se han estado desarrollandodiversas conferencias iberoamericanas de ministros de la cultura, con el objetode formular acuerdos que tengan en cuenta tanto el “espacio cultural común”como “nuestra diversidad cultural”, orientados a mejorar la calidad de vida denuestros pueblos. Dentro del nuevo siglo, por ejemplo, se llevó a cabo la Vconferencia iberoamericana de cultura en Lima, Perú, el 8 y 9 de noviembre del2001; la VI conferencia de este tipo realizada en Santo Domingo, RepúblicaDominicana, el 3 y 4 de octubre del 2002; la VII conferencia iberoamericana decultura realizada en Cochabamba, Bolivia, el 2 y 3 de octubre del 2003, cuandose creó la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB). Con estos preámbulosse llegó a la XIV cumbre iberoamericana en San José de Costa Rica el 21 y 22de octubre del 2004, en donde de manera explícita, los funcionarios de asuntosculturales propusieron la incorporación de diversos párrafos sobre cultura a ladeclaración de San José; el documento que presentaron tenía como título:“Tejiendo la integración iberoamericana; ¿dónde estamos y para dóndevamos?” Teniendo como base este documento, podemos formular lassiguientes aportaciones: 1) En la comunidad iberoamericana de naciones existe una cultura común que es fundamental para el desarrollo sostenible y equitativo de
    • 130 nuestras sociedades, pero también una diversidad cultural que hay que promover y proteger. 2) Los mecanismos de cooperación entre las diversas naciones deben tener en cuenta tanto la identidad común como la riqueza de nuestra diversidad cultural. 3) Compromiso porque en los procesos educativos se formule la construcción del espacio cultural iberoamericano, el diálogo intercultural y el respeto a la diversidad cultural. 4) Propiciar nuevas posibilidades, intercambios y la libre circulación de bienes y servicios culturales. 5) Generar compromisos sobre derechos culturales y sociales comunes. 6) Luchar por el respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales como base principal de la diversidad cultural. 7) Sostener el principio de igualdad de todas las culturas, por cuanto todas las expresiones culturales son parte del patrimonio común de la humanidad. 8) Enfatizar la naturaleza específica de los bienes y servicios culturales, por lo que deben ser objeto de un tratamiento particular y diferenciado del conjunto de las mercancías. 9) Revitalizar la facultad de los poderes públicos de establecer y desarrollar políticas culturales que fomenten y protejan la diversidad cultural. 10) Reafirmar que la diversidad cultural es un factor de empleo, de crecimiento y de desarrollo sostenible. 11) Avanzar hacia un marco de cooperación cultural iberoamericana incluyente que contemple el conjunto de mecanismos, iniciativas y acciones generales para ser aplicadas en las políticas nacionales. 12) Hacer de la cooperación iberoamericana un mecanismo que contribuya a superar las asimetrías entre países en relación con su participación en los procesos regionales de integración, en el acceso a los bienes y servicios culturales y en los beneficios de la sociedad del conocimiento.Por otro lado, posterior a la XIV Cumbre Iberoamericana, se realizó la XIVConferencia Iberoamericana de Educación también en San José Costa Rica,los días 28 y 29 de octubre de 2004, con importantes propuestas para todos los
    • 131países. El elemento central es la concepción de la educación como unaherramienta poderosa para impulsar el desarrollo humano sostenible, en unaperspectiva que se convierta en compromiso de todas las naciones queintegran la cumbre.La declaración final de esta conferencia de educación reconoce que “AméricaLatina es la región más desigual del planeta, cuyos índices de pobrezadificultan el acceso a la generación y a los beneficios del crecimientoeconómico a cerca de 200 millones de personas”; en particular, uno de losdatos más terribles es el que reconoce que, con datos de la UNESCO, “elpromedio de escolaridad de la población es de 6.3 años” en la región. En estesentido, sabiendo que ciertamente la cultura desborda lo que ordinariamenteconcebimos como educación, ésta última, siendo parte integrante de la misma,sin embargo, se convierte tanto en objetivo del desarrollo como en motor deuna sociedad con mejores niveles de bienestar. Una nación desarrollada nopuede concebirse sin una elevación sustantiva de los niveles educativos, y almismo tiempo tiene que plantearse con toda veracidad que “la construcción desociedades democráticas, cohesionadas y en crecimiento, se lograráefectivamente si la educación es ubicada como eje de los proyectos dedesarrollo, de las políticas públicas y de las iniciativas de integración regional,por ser el fundamento de la convivencia pacífica, tolerante y solidaria”.La XX Cumbre Iberoamericana realizada en Mar del Plata, Argentina, el 3 y 4de diciembre de 2010, estuvo dedicada a “la educación como inclusión social”.Y efectivamente, se aprobó un ambicioso proyecto sobre educación, haciendouna declaración especial con referencia fundamental a la defensa a “LaDefensa de la Democracia y el Orden Constitucional en Iberoamérica”,recordando implícitamente los sucesos del golpe de Estado en Honduras del2009. En la declaración final se hace una conmemoración de los bicentenariosde América Latina, señalando lo mucho que falta para “el objetivo común deavanzar en la construcción de sociedades justas, democráticas, participativas ysolidarias en el marco de la cooperación e integración cultural, histórica yeducativa iberoamericanas”.
    • 132La Comunidad Sudamericana de Naciones, UNASUR y CELACDesde las luchas de Simón Bolívar por la independencia de las naciones delsiglo XIX no había surgido un proyecto semejante al de la ComunidadSudamericana de Naciones (CSN). La constitución de este proyecto, haciendoalusión a los ejemplos del propio Simón Bolívar, de Antonio José de Sucre y deJosé de San Martín, ha sido firmada el 8 de diciembre del 2004, en Cuzco,Perú, por los mandatarios de 8 naciones que suman alrededor de 361 millonesde habitantes, con un PIB de un trillón de dólares y con un intercambiocomercial anual de 165 millones de dólares: Perú, Argentina, Bolivia, Brasil,Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Surinam, Uruguay y Venezuela.Este proceso plantea la convergencia de los bloques regionales delMERCOSUR y de la CAN, incluyendo también a Chile, Guyana y Surinam, ypor ello se convierte en un megaproyecto de integración regional que incluye atodos los países de América del Sur. Para este mismo año 2005 se tieneprogramó la primera reunión de jefes de estado de la CSN en Brasil, y luego lasegunda, que se habría de realizar en Bolivia27.La declaración del Cuzco –de donde reproducimos las citas que están acontinuación- quiere retomar las bases del proyecto bolivariano del siglo XIX,señalando la existencia de una historia y cultura común para poderaprovecharla como motor del futuro desarrollo, a través de una identidad queserá también mejor reconocida en la globalidad del planeta. “La historiacompartida y solidaria de nuestras naciones, que desde las gestas de laindependencia han enfrentado desafíos internos y externos comunes,demuestra que nuestros países poseen potencialidades aún no aprovechadastanto para utilizar mejor sus aptitudes regionales como para fortalecer lascapacidades de negociación y proyección internacionales”.27 Hubo gran optimismo ante esta perspectiva sudamericana de integración, particularmente conel arribo de gobiernos catalogados como progresistas o de izquierda como en Venezuela, Brasil,Argentina, aun incluyendo gobiernos que surgieron en un principio con gran apoyo electoralcomo Perú y Ecuador. Se añadía, además, el triunfo de Tavaré Vázquez, el nuevo presidente deUruguay en 2005.
    • 133El énfasis en una cultura común y, al mismo tiempo, en la pluralidad de lasculturas regionales sigue siendo la dialéctica dentro de la cual se inserta elproyecto futuro de integración: “El pensamiento político y filosófico nacido de sutradición, que reconociendo la preeminencia del ser humano, de su dignidad yderechos, la pluralidad de pueblos y culturas, ha consolidado una identidadsudamericana compartida y valores comunes, tales como: la democracia, lasolidaridad, los derechos humanos, la libertad, la justicia social, el respeto a laintegridad territorial, a la diversidad, la no discriminación y la afirmación de suautonomía, la igualdad soberana de los Estados y la solución pacífica decontroversias; la convergencia de sus intereses políticos, económicos, sociales,culturales y de seguridad como un factor potencial de fortalecimiento ydesarrollo de sus capacidades internas para su mejor inserción internacional”.Es ésta la dinámica de lo que Bolívar había expresado como “unaconfederación de repúblicas” al hablar de la gran patria americana.Sin embargo, lo común de toda la región no es solamente la cultura comoexpresión de un idioma o costumbres sino también la cultura como un“proyecto comunitario”, que se podrá expresar en las siguientes modalidades:“su identificación con los valores de la paz y la seguridad internacionales, apartir de la afirmación de la vigencia del derecho internacional y de unmultilateralismo renovado y democrático que integre decididamente y demanera eficaz el desarrollo económico y social en la agenda mundial; la comúnpertenencia a sistemas democráticos de gobierno y a una concepción de lagobernabilidad, sustentada en la participación ciudadana que incremente latransparencia en la conducción de los asuntos públicos y privados, y ejerza elpoder con estricto apego al estado de derecho, conforme a las disposicionesde la Carta Democrática Interamericana, en un marco de lucha contra lacorrupción en todos los ámbitos; su determinación de desarrollar un espaciosudamericano integrado en lo político, social, económico, ambiental y deinfraestructura, que fortalezca la identidad propia de América del Sur y quecontribuya, a partir de una perspectiva subregional y, en articulación con otrasexperiencias de integración regional, al fortalecimiento de América Latina y elCaribe y le otorgue una mayor gravitación y representación en los forosinternacionales”.
    • 134Más allá de la retórica de los acuerdos gubernamentales, parece existir elpropósito de llevar la integración mucho más allá de los tratados puramentecomerciales, puesto que se están buscando proyectos concretos en diversasáreas (energía; comunicaciones; desarrollo rural y agroalimentario;transferencia de tecnología, ciencia, educación y cultura; interacción entreempresas y organismos de la sociedad civil, etc.), a través de acuerdosbilaterales, regionales o subregionales. La mención explícita de los organismosde la sociedad civil es muy importante debido a la pretensión de que laintegración no se reduzca al ámbito gubernamental: “la integraciónsudamericana es y debe ser una integración de los pueblos”El secretario general de la CAN, Allan Wagner, tiene una gran esperanza eneste proyecto, y lo expresó de esta manera: “la comunidad sudamericana seráun proceso de integración con inclusión social que mejorará cualitativamentenuestro desarrollo, brindará sustento real a los procesos de descentralizaciónde nuestros países, fortalecerá la cohesión social y la gobernabilidaddemocrática, y dará calidad a nuestra inserción internacional”.De esta misma idea y como continuidad con la CSN, se originó posteriormentela cumbre de 12 naciones (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador,Guyana Francesa, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela) queparticiparon en la creación de la Unión de Naciones del Sur (UNASUR), enBrasilia, el 23 de mayo del 2008, con la intención de profundizar el proceso deintegración en los ámbitos económico, político y cultural e inclusive en elámbito de la defensa; se activaría el año siguiente 2009 un consejo de defensadel Mercosur para hacer frente a los acuerdos de Colombia que permitían eluso de mayores bases militares a los norteamericanos. Hugo Chávez señalaríaesta organización como un contrapeso a los Estados Unidos.Pero este proceso ha seguido teniendo convergencias mayores cuando enfebrero de 2010, en Playa del Carmen, México, 32 mandatarios de la región(con excepción de Estados Unidos y Canadá, y con el caso particular delgobierno de Honduras, excluido de la OEA por el golpe de Estado del 2009)
    • 135constituyeron la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. Elobjetivo era claro al querer proyectar a la región latinoamericana como bloquede países a nivel de todo el planeta. En la práctica esto resonaba a sucesohistórico al recordar algunos rasgos fundamentales del sueño de SimónBolívar.El caso más claro de culturas e identidades diferentes pero vinculadas con unfuerte proyecto común sigue siendo el de la Unión Europea; se trata de poli-identidades e idiomas diferentes pero que en las últimas décadas del siglo XXhan tenido convergencia de esfuerzos hacia un destino común, para enfrentarde mejor manera la globalización mundial. En contraste, en la regiónlatinoamericana, desde el período de la independencia de sus países en elsiglo XIX, se habló de su común identidad a partir de la historia y de su lengua,pero de manera inmediata la opción resultante fue una multitud de proyectosde nación.La pregunta que formulábamos al principio sigue siendo fundamental: ¿Por quéla unidad de origen condujo a una diversidad de destinos? Tal vez la respuestapuede estar en la concepción de Kant cuando afirmaba la “sociableinsociabilidad” del ser humano. O tal vez otra respuesta más pesimista es la deHobbes en el Leviathan, cuando hace referencia al dicho de Plauto28 paraindicar que el hombre es un lobo para el hombre, siempre dispuesto a hacer laguerra con los que lo rodean.Sin embargo, la respuesta no es filosófica sino sociológica. La historia mismacrea condiciones para nuevos procesos y proyectos; en el siglo XIX no fueposible concretar el propósito bolivariano de la gran patria americana; tampocolo fue a principios del siglo XX cuando Sandino aspiraba a una naciónlatinoamericana. Pero es válido preguntarnos en el siglo XXI: ¿existen nuevascondiciones que propicien ahora la integración de los países latinoamericanos?28 Tito Macio Plauto, comediante romano, vivió del 254 al 184 a.C. y en una de sus obrastitulada Asinaria, escribió esta sentencia: "Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sitnon novit" : “el hombre es un lobo para el hombre; no es un hombre cuando desconoce quién esel otro”.
    • 136La heterogeneidad de los desarrollos (o subdesarrollos) nacionales, ¿reclamaahora una convergencia hacia un proyecto común?Sobre esta última pregunta, nuestra respuesta es afirmativa en el comienzo delnuevo siglo, conforme a los desafíos objetivos impuestos por la globalización,porque nadie podía pensar que en pocos años se planteara también enAmérica Latina una convergencia como la que ha empezado a suceder en laintegración de los actuales bloques regionales.Aunque Andrés Bello pensaba que el tránsito del desasosiego y vacilación conespinas y con sangre era puramente transitorio en el camino hacia una épocade verdadera libertad, independencia y desarrollo, hay que reconocer quedicha etapa de tránsito de una fase a otra no es nada corta (con cerca ya de200 años de historia del surgimiento de las naciones latinoamericanas) ytodavía puede durar mucho tiempo hacia delante. Sin embargo, concordamoscon su proyecto de una autonomía cultural para América Latina, entendiendoque, sobre la base de una identidad común con diversidad de culturas, sepuede llegar a plantear y organizar un proyecto común más esperanzador.América Latina en diálogo con la Unión Europea, las diversas CumbresIberoamericanas y la Comunidad Sudamericana de Naciones son esfuerzoslaudables que hay que revalorar, pero pensando que muchos de sus objetivosplanteados en las declaraciones finales deben llegar a concretarse eninstituciones estables para este nuevo siglo, y esto significa un gran proceso deluchas locales y nacionales.América Latina y el Caribe viven más en la pura retórica verbal al hablar de laintegración, pero el compromiso explícito con estos procesos es un excelentepunto de partida: de la palabra consensada se puede pasar a la acción; elsiguiente paso es el compromiso práctico de gobiernos y organismos de lasociedad civil para ir haciendo realidad las declaraciones oficiales. En la visióndel mundo contemporáneo, hay que recordar cuando Antonio Gramsciafirmaba que el pesimismo es el peor enemigo de las causas populares; elfuturo es esperanzador si hay compromiso en el presente.
    • 137 CAPÍTULO VI IMAGINACIÓN CREADORA Y CAPITAL SIMBÓLICO29 “Las soluciones tienen que salir de la sociedad civil y de su identidad con la cultura. La identidad de sociedad y de cultura es lo que creo que podrá ofrecerle soluciones a nuestros países, desde México a Chile y Argentina en las décadas que vienen” (Fuentes Carlos, en Marras, 1992: 47).La pasión que nos une por lo latinoamericano no desvanece lasparticularidades regionales ni las maneras individuales de pensar desdenuestras localidades, y por ello, en el ámbito de la cultura, tenemos que hablarmucho de lo uno y de lo múltiple, de lo común y de lo diverso, del optimismo ydel pesimismo que a veces nos embarga.La cultura política del continente se debate actualmente entre el pesimismo y laesperanza optimista sobre un desarrollo que nos alcance a todos; encontramosla pesadez de un modelo económico imperante hegemonizado por el imperiodel Norte que, aunque enfocado en sus baterias hacia el petróleo de Irak en elámbito internacional, sigue dirigiendo su proyecto de la Alianza del LibreComercio de las Américas (ALCA) como un destino manifiesto sobreLatinoamérica. Pero Latinoamérica no está envuelta tampoco en una cultura dela muerte; la sociedad civil tiene también esa imaginación creadora que noshace construir nuevas realidades de las posibilidades actuales. Como diceGatson Bachelard en su texto sobre La tierra y los ensueños de la voluntad, lasociedad puede tener la ligereza para construir mundos posibles, no dejándose29 La segunda parte de este capítulo referida al capital simbólico en América Latina fuerealizada en colaboración con Christina Nicole Stolte, a partir de la presentación de unaponencia en un congreso internacional.
    • 138atar a las cadenas de un Prometeo sin salvación: necesitamos una cultura con“ensueños activos que nos invitan a actuar sobre la materia” (Bachelard,1994).No podemos dejarnos atar por la inmovilidad cuando más bien de lo que setrata es de emprender el vuelo de nuestra región latinoamericana haciaestadios posibles e imaginados a partir de lo real. "El vuelo -dice Bachelard-, seemprende contra la gravedad tanto en el mundo de los sueños como en elmundo de la realidad" (Bachelard, 1994). Se puede decir también, en palabrasde Teilhard de Chardin, que "el hombre, lejos de estar dándose contra el techo,como se dice con tanta frecuencia, está al presente en pleno vuelo... No pareceque haya ninguna fuerza física o síquica -sobre el planeta tal como estámontado- capaz de impedir a la humanidad, en varios millones de añostodavía, que busque, invente, cree en todas direcciones" (Chardin, T., 1962:132). Pero para no irnos con la utopía irrealizable de Saint-Simon, Owen yFourier, necesitamos conjugar dialécticamente lo real con lo posible.En la Fenomenología del Espíritu, Hegel nos dice lo siguiente: "La psicologíabasada en la observación tiene necesariamente que llegar por lo menos hastaasombrarse de que en el espíritu puedan juntarse como en un saco tantascosas diversas contingentes y heterogéneas entre si, tanto más cuanto que nose muestran allí como cosas inertes y muertes, sino como movimientos llenosde inquietud". La vida y la historia como movimiento contínuo en esa imagendel cielo y de la tierra, con una dialéctica entre lo ligero y lo pesado, es la clavefundamental de la hipótesis que aquí sostenemos, en un marco general endonde la cultura puede ser determinante: no para fijar leyes de la "normalidad"fija, que nos sujeta y a la que todos nos debemos acoplar y adaptar, sino paraimpulsar precisamente la imaginación creadora como movimiento quedespierta lo contingente y heterogéneo hacia otros horizontes posibles. Acordea los conceptos de Bachelard (1994), necesitamos conjugar la Psicología de laGravedad, que nos ata a la realidad empírica del presente, con la Psicología dela Ligereza, que nos impulsa hacia lo posible, hacia lo que puede y debe ser enla sociedad.
    • 139La herencia de una cultura participativa como proyecto históricoLa cultura la hemos entendido mayoritariamente como las características yrasgos comunes que definen a un grupo de seres humanos viviendo ensociedad. Con la importante definición de Geertz (1973) sobre la cultura comoun “repertorio de pautas de significados”, este concepto lo hemos seguidoentendiendo como el conjunto de creencias, valores, símbolos y modos deactuar de una comunidad; los sujetos sociales que vivimos en comunidadproducimos expresiones de nuestro modo de vivir y llegamos a prácticassociales objetivadas (ritos, imágenes religiosas, obras de arte, etc.); los sujetospodemos tener mucha o poca conciencia de tales expresiones comunes, peroello solamente muestra la fortaleza o debilidad de nuestra propia identidad.Si nos enfocamos al conjunto de lo que hoy llamamos América Latina, unconjunto de países de habla hispana y portuguesa y que en ocasiones loextendemos hasta Haití y Puerto Rico (en su actual complejidad identitariacomo estado libre asociado de Estados Unidos), mucho podríamos discutirsobre la existencia de una cultura latinoamericana que engloba a su vez anumerosas comunidades con culturas diversas provenientes de otras partesdel mundo. Nadie puede negar la diversidad cultural de Latinoamérica sobretodo cuando estamos hablando del más grande mestizaje en la historia delplaneta, que conjuntó raíces provenientes de Iberoamérica, de África y sobretodo de los habitantes indígenas de la propia América; por eso, Carlos Fuentesha querido inventar una palabra compleja con referencia explícita a esas tresraíces: “yo tengo una denominación muy complicada, difícil de pronunciar perocomprensiva por lo pronto, que es llamarnos indo-afro-iberoamérica” (Fuentes,en Marras, 1992: 34). Y en toda esa amplia diversidad de nuestras raícesresalta con gran fuerza lo común latinoamericano, que es la fortaleza denuestra cultura, y que permanece en los actuales procesos de integracióncontemporánea..
    • 140Mario Vargas Llosa expresa esta concepción de una manera muy enfática; laseñala como una especie de vórtice de tradiciones, comportamientos, ideas ymanifestaciones artísticas, etc. que caminan hacia una correspondencia; serefiere a una dinámica que viene sobre todo desde debajo de manera paralelaa un fenómeno intelectual desde arriba; él desea “una integración política yeconómica” y “una disolución de las fronteras.”(Vargas Llosa, en Marras, 1992:100-1). Para el caso latinoamericano, Vargas Llosa no sólo resalta la fortalezade nuestra cultura sino también, dentro de ella, una dinámica de integración delsubcontinente que existe más allá de los tratados formales ente los gobiernos.Por ello, el entendimiento de la cultura en las ciencias sociales no estásolamente enfocado a los rasgos comunes que definen una comunidad; desdeel siglo XVIII, la cultura también empezó a adquirir rasgos proyectivos alenclavarse la discusión en la época de la ilustración, cuando se tenía queluchar ideológicamente contra el estado absolutista. No se trataba solamentede encontrar los modos del ser de las comunidades, sino también de la culturademocrática como objetivo a lograr con tintes políticos emancipatorios; setrataba de una cultura como proyecto ideal a la que había que aspirar y por lacual había que luchar y comprometerse aun con la vida. En este sentido, lacultura también puede ser un ideal comunitario, a partir de una realidad dondese da un antagonismo ideológico y político constante de fuerzas, dondediversos sujetos sociales pueden plantear de hecho y luchar por ciertasconcepciones culturales deseables para el concepto moderno de ser humano.En el caso latinoamericano, el camino hacia la integración es un proyecto por elque hay que luchar pero que está inscrito en nuestras raíces culturales.Esta definición de la cultura con sus diferentes enfoques no es totalmentenovedosa; de alguna manera recordamos anteriormente la Paideia de losantiguos griegos, porque el concepto no sólo significa llevar a los ciudadanos alconocimiento de su historia pasada con aquellos rasgos que definen supresente, sino también un ideal de humanidad, un modelo de sociedad (dondese une el ciudadano, el poeta, el hombre de estado y el sabio), un proyecto quehay que conquistar a partir de la situación presente: “Los griegos vieron porprimera vez que la educación debe ser también un proceso de construcción
    • 141consciente” (Jaeger, 2000: 11). La cultura de la participación y de laintegración, así, tiene un sentido formativo, porque se trata de una realidadinacabada en constante proceso de construcción.Si tomamos los dos aspectos de la cultura antes mencionados, es decir,primero, el reconocimiento continuo de nuestra historia con los rasgoscomunes que nos definen, y segundo, como un proyecto comunitario de tinteemancipatorio, podemos plantear que uno de los primeros retos de AméricaLatina puede estar en su pensamiento; como dice Edgardo Lander, el primerreto "está en uno de los terrenos que hasta ahora han sido más descuidados,el de la cultura, en la contribución al reconocimiento de la subjetividadlatinoamericana, al proceso de reconstitución de la identidad cultural... Se tratade asumir los problemas de la identidad y de la reconstrucción de la propiatradición a partir de la experiencia de la modernidad, experiencia de la cualAmérica Latina es parte desde sus inicios históricos de hace cinco siglos. Setrata de la posibilidad de la distancia crítica respecto de la propia tradición, quepermita recuperar aquellas cosas que valoramos y cuestionar aquello queconsideramos que debemos alterar" (Lander, 1991: 161).De esta manera, quienes se hunden en el pesimismo por tanto desastreeconómico y pobreza en América Latina y por la gran distancia que todavíaexiste entre el juego positivo de la democracia electoral y las terriblescondiciones reales de vida de la población, están contribuyendo a dar el triunfoa la ideología totalitaria del modelo neoliberal. Cuando olvidamos quiénessomos, de dónde venimos; cuando perdemos la esperanza de nuestro ser parael futuro como comunidad latinoamericana de naciones es cuando sufrimosuna castración cultural, que es la verdadera raíz del subdesarrollo. En loscomienzos del siglo XXI, es posible también globalizar la esperanza y dar lospasos para transformar la democracia electoral en democracia social dentro delos procesos de integración.Hay numerosas experiencias significativas en América Latina, en donde hasido posible observar que la población decidió dar un viraje a los modelos dedesarrollo establecidos mediante la elección pacífica de nuevas opciones. Así
    • 142están los casos de Venezuela en 1998, Brasil en el 2002, Argentina en el 2003con Néstor Kirchner, de Ecuador en el mismo año con Lucio Gutiérrez (aunqueéste posteriormente traicionó sus propios objetivos) y posteriormente conRafael Correa en el 2006, en Uruguay en el 2004, en Bolivia en el 2005, en lavuelta al poder de los sandinistas en Nicaragua en el 2006; todas estaselecciones presidenciales nos mostraron lecciones significativas que elcontinente no debe desaprovechar considerándolos meros cambios degobierno sino el inicio de una nueva época latinoamericana hacia etapasalternativas de desarrollo. El cambio de modelo económico neoliberal y elafianzamiento de la integración latinoamericana frente al ALCA se muestrancomo dos aspiraciones fundamentales en varios de estos casos específicos.En algunas ocasiones se ha señalado que la tendencia general en el mundoentero es hacia el abstencionismo dentro de los procesos electorales, debidosobre todo a la crisis de representación de los partidos políticos; esta tendenciaparece ser cierta en los países desarrollados, e incluso la encontramos endiversos casos latinoamericanos; pero ciertas coyunturas políticas nos hacenrecordar lo decisorio de la participación ciudadana en los procesos electorales:Vicente Fox desplazó el modelo autoritario del PRI en México en 2000 con granparticipación electoral de la población; Alejandro Toledo lo hizo en Perú frenteal autoritarismo de Fujimori; y los casos de Brasil y Ecuador reflejaron unaparticipación de más del 70% de los electores para poder definir la opciónganadora de la presidencia. Desde 1998 en adelante se inició una coyunturasignificativa en términos de cultura de participación y de mayor definición haciaun rumbo por una nueva integración latinoamericana, a partir de los nuevosgobiernos provenientes de fuerzas emergentes y electos de forma democrática(con excepción del golpe militar de Honduras en 2009).El triunfo de Lula en BrasilEl candidato a la presidencia de Brasil por el Partido de los Trabajadores (PT),Luiz Inácio “Lula” da Silva había ganado las elecciones del 6 de octubre del2002, pero no le fueron suficientes los votos para hacerlo llegar a más del 50%de la votación, y por ello, acorde a las leyes electorales de ese país, la
    • 143contienda se trasladó al domingo 27 de octubre del mismo año, cuando serealizó la segunda vuelta electoral, solamente entre los dos candidatos quehabían conseguido la mejor votación en la elección presidencial: Lula habíalogrado el 46% de los votos el 6 de octubre, y José Serra, del Partido de laSocial Democracia Brasileña (PSDB), partido al que pertenece también elactual presidente Fernando Hernique Cardoso, había logrado el 23.6%.La victoria contundente de Lula fue ratificada en la segunda vuelta electoral delpasado 26 de octubre cuando logró más de 52 millones de votos (el 61.27% dela votación) frente a José Serra, quien conquistó poco más de 33 millones devotos (el 38.73%). Lula, entonces, será presidente de alrededor de 175millones de brasileños a partir de Enero del 2003 y hasta el 2007.La contienda para la presidencia de Brasil en la primera vuelta se debatió entrevarios candidatos; aparte de Lula y Serra, quienes ocuparon el primero ysegundo lugar respectivamente el 6 de octubre, había participado tambiénAntonhy Garotinho, del Partido Socialista Brasileño, un pastor evangélico quelogró el 16.3% de la votación, ocupando el tercer lugar. El cuarto candidato a lapresidencia había sido Ciro Gómez, del Partido Popular Socialista, quien quedóen último lugar con el 12.4% de la votación general. Hay que tener en cuentaque tanto Ciro Gómez como Antonhy Garotinho, después de los resultados dela primera ronda electoral, le otorgaron públicamente su apoyo político alcandidato del PT, en un intento de parar definitivamente la continuidad delmodelo económico impulsado por Cardoso y que hubiera sido continuadoprevisiblemente por José Serra; aparte del desempeño del presidente Cardosoen sus dos períodos consecutivos, el descrédito del dicho modelo económicose había sentido indudablemente por la terrible crisis del vecino del sur y socioen el MERCOSUR, Argentina, a partir del mes de diciembre del 2001. Ante losojos de los electores, entonces, se empezó a materializar la posibilidad de unaopción diferente, el PT, partido que ya había mostrado victorias parciales enmunicipios y regiones con experiencias políticas innovadoras.Finalmente, con una abstención de solamente un 20.5%, es decir, con unaparticipación del 80% de los electores brasileños (de 115 millones de electores
    • 144registrados, acudieron a las urnas más de 91 millones de habitantes), Lula, asus 57 años, ha sido proclamado triunfador en la contienda presidencial deBrasil y, con ello, marca una coyuntura significativa para el devenir de todaAmérica Latina.Lula da Silva provenía de un estrato pobre en Brasil y se desempeñó comoobrero metalúrgico durante varios años; su actuación entre los trabajadores lollevó a ser secretario general del sindicato; movilizó la organización laboralhasta la huelga en una situación delicada durante el gobierno militar en Brasil;estuvo preso; fue liberado y, junto con otros sectores de la sociedad, fundó en1980 el Partido de los Trabajadores (PT). No ha tenido una educación superior,pero aglutinó a numerosos sectores de la sociedad frente a un modeloeconómico que, aunque ha dado cierta estabilidad y crecimiento económico, haprofundizado los problemas sociales de todo el país con la concentración de lariqueza en pocas manos y el aumento de la pobreza en gran parte de lapoblación. Lula había sido candidato a la presidencia de Brasil en cuatroocasiones; perdió frente a Fernando Collor de Mello en 1990; perdió frente aFernando Henrique Cardoso, en 1994; volvió a perder frente al mismo F.H.Cardoso, en 1998, y finalmente ganó la presidencia en la segunda vuelta del 27de octubre del 2002.Se dice que los grandes enemigos de Lula fueron los mercados, sobre todo porel nerviosismo de algunos voceros norteamericanos queriendo representar lasfinanzas internacionales ante las posiciones novedosas que pueda tomar luegoel nuevo presidente de Brasil. Por lo pronto, Lula ha sido bastante hábil parallegar a donde está: moderó sus posiciones frente a los organismoseconómicos internacionales, prometió seguir pagando la deuda externa y forjóuna alianza electoral múltiple y diversa donde encontraron identidad lossindicalistas, los indígenas, la raza negra, los sin tierra, numerosos grupos deestudiantes y hasta un significativo sector empresarial. En términos prácticos yal mismo tiempo simbólicos, la amplitud de la alianza se expresó en la fórmulade un candidato de origen obrero junto con un empresario del Partido Liberal,José Alencar. Su mayor reto estuvo desde el inicio de su gobierno el primerode enero del 2003, con un país de numerosas subculturas que se encontraba
    • 145en el lugar número 73 en el índice de Desarrollo Humano, y sobre todo con elintento de proseguir la estabilidad y crecimiento económico del país peroafrontando el gran problema de un 20% de la población privilegiada que seapoderaba del 60% de la riqueza nacional mientras que el 20% de loshabitantes solamente accedían a menos del 4% de dicha riqueza.Muchos han tenido múltiples interrogantes sobre la actuación de Lula; sinembargo, se puede tener la seguridad de dos cosas: primero, el gobierno deLula fue diferente al de F. H. Cardoso y por tanto se abrieronn grandesposibilidades de alternativas ante los modelos dominantes de desarrollo; ladecisión de los electores había sido clara al rechazar un modelo económicoque se les había impuesto por varios períodos; los antecedentes históricos deLula y sus aliados naturales, además, fueron un elemento importante parahacer mostrar una nueva cara al gobierno de Brasil, a pesar de que el margende maniobra estructural sea muy estrecho. En segundo lugar, dentro de lasposibilidades de un sistema democrático en donde hay que dejar que loselectores decidan el rumbo de su propio país, ellos mismos ratificaron luego aLula en el gobierno del PT en el 2006 y volvieron a hacerlo cuando eligieron ala sucesora en el gobierno, la candidata del PT, Dilma Roussef, en 2010.En su toma de posesión como Presidente de Brasil, el primero de enero del2003, Lula manifestó su visión sobre esta transición: “La esperanza finalmentevenció al miedo, y la sociedad decidió que era hora de trillar nuevoscaminos...Ante el agotamiento de un modelo que causó estancamiento,desempleo y hambre, la sociedad brasileña decidió cambiar...” Y en loreferente a los procesos de integración, manifestó claramente: “La prioridad dela política externa durante mi gobierno será la construcción de una América delSur próspera y unida”. La continuidad del gobierno de Lula en el 2006 y lacontinuidad de su propio proyecto con la presidente Roussef en el 2010 han idoencontrando la conversión de muchos de estos propósitos al encontrar ahora aBrasil como un país líder en Latinoamérica a partir de la solidez de su proyectoeconómico, la concertación de intereses y, sobre todo, una política social quehace prever la consecución de los fines de la declaración del Milenio en esepaís.
    • 146En su primer discurso como presidente, el 1 de enero del 2002, Lula fue muyclaro: “El tiempo ha llegado para comenzar un nuevo camino... Sí, vamos acambiar cosas, con coraje y con cuidado, con humildad y atrevimiento... No soyel resultado de una elección sino de la historia. Yo estoy trayendo a la vida elsueño de generaciones y generaciones anteriores a mí, que nunca pudieronllegar a realizarlo... Voy a cumplir con mis objetivos si logro que todos losbrasileños pueden tener desayuno, comida y cena, cada día” (LADB, NotiSur,Jan. 10, 2002). Repitió su propósito de fortalecer el MERCOSUR construyendouna estable y unificada Sudamérica pero con una relación madura con losEstados Unidos.En las elecciones presidenciales del 2006 donde fue reelecto, Lula con el PTganó a su contrincante en la primera vuelta con el 48.6% de los votos; hubouna segunda vuelta que fue contundente al triunfar con el voto favorable de60.83% de los electores.Lucio Gutiérrez y Rafael Correa en Ecuador:Ecuador, después de la época de uno de los grandes caudilloslatinoamericanos, José María Velasco Ibarra (fue presidente del país en cincoocasiones) y de varios golpes militares, ha mantenido su sistema democráticopor más de dos décadas, pero con sucesivas convulsiones que lo catalogancomo una democracia inestable dentro del contexto latinoamericano, en dondelas elecciones ya parecen ser en lo general el método pacífico para lassucesiones en el poder pero sin resolver para nada los ingentes problemas dedesigualdad social y corrupción generalizada.Después de las elecciones ocurridas el 20 de octubre del 2002 en Ecuador y,habiendo necesidad de una segunda vuelta electoral al no conquistar ningúncandidato más del 50% de los votos, el coronel Lucio Gutiérrez, de 45 años,derrotó en la segunda vuelta a su contrincante Álvaro Novoa, el 24 denoviembre del 2002, y tomó el poder ejecutivo de Ecuador el 15 de enero del2003; podría haber estado 4 años en la presidencia, pero el entorno de las
    • 147fuerzas políticas no se lo permitió, sobre todo porque traicionó todo lo quehabía prometido a las mayorías. El partido de Gutiérrez, el Partido SociedadPatriótica 21 de Enero, frente al derrotado partido de Noboa, el PartidoRenovador Institucional Acción Nacional, representan, por otro lado,probablemente, el fracaso de los partidos políticos tradicionales, ya que ambosfueron de reciente creación.El derrotado multimillonario Álvaro Noboa, de 52 años, el hombre más rico deEcuador, ha aceptado su derrota, cuando el Tribunal Supremo Electoral le hadado una ventaja a Gutiérrez del 54% de los votos sobre su propia votaciónque llegó al 45%. El mismo presidente de Ecuador, Gustavo Noboa, le hareconocido el triunfo a Gutiérrez.La historia reciente de Ecuador muestra la fragilidad política de ese país decasi 13 millones de habitantes, con altos niveles de pobreza principalmente enla densa población indígena (65% de los ecuatorianos viven en la pobreza,según algunos analistas), y con una deuda externa de 14 mil millones dedólares, de las más altas de América Latina si se considera la relación con lapoblación y el producto interno bruto. Ecuador está considerado por lasNaciones Unidas en 2002 en el lugar 93 (entre 173 países) bajo los criteriosseñalados en los Índices de Desarrollo Humano.En 1979, se logró la transición de las dictaduras militares a los gobiernos civileselectos en procesos electorales cuando Jaime Roldós conquistó la presidencia;pero Roldós murió en 1981 y la presidencia fue ocupada por el vicepresidenteOsvaldo Hurtado para cumplir el período de 4 años hasta 1984. El siguienteperíodo presidencial fue encabezado por León Febres Cordero, quien pudoterminar su cuatrienio en 1988, aunque el país fue acechado por dosrebeliones de militares en esos años. El siguiente presidente, Rodrigo Borja(1988-1992) pudo gobernar con cierta paz. El presidente Sixto Durán Balléntambién cumplió sus 4 años pero el país sufrió las tensiones del conflicto bélicode 1995 con el vecino Perú, gobernado por Alberto Fujimori.
    • 148Posteriormente hizo su aparición el presidente Abdalá Bucaram, elegidodemocráticamente pero que solamente pudo permanecer 6 meses en el poderejecutivo debido a las masivas protestas, con lo cual los legisladoresdesignaron presidente a Fabián Alarcón como mandatario interino. Para 1998,después del año y medio del presidente interino, fue elegido como presidenteJamil Mahuad, pero solamente pudo ejercer un año y medio debido a larebelión generalizada de indígenas y grupos militares que se le opusieron.Bucaram había sido declarado demente por los legisladores en 1997, yMahuad fue derrocado en enero de 2000 por una revuelta indígena-militar quefue encabezada por el hoy declarado presidente a través de las urnas, elentonces coronel Julio Gutiérrez. Una vez caído Mahuad, asumió luego lapresidencia en el año 2000 Gustavo Noboa, quien ha estado en el poderejecutivo hasta el proceso electoral del 2002, que le ha dado el triunfo alexcoronel Julio Gutiérrez en una segunda vuelta.Gutiérrez adquirió notoriedad en ese intento de golpe de estado del 2000:ideología de izquierda, posiciones contra el modelo neoliberal en AméricaLatina, oposición a la dolarización del país decretada en el 2000, oposición alproyecto norteamericano de la Alianza para el Libre Comercio de las Américas(ALCA), oposición al Fondo Monetario Internacional (FMI), vinculación en susdiscursos con los intereses de los indígenas como población mayoritaria enEcuador. Gutiérrez fue encarcelado durante 5 meses después del intento delgolpe de Estado de enero del 2000; desde entonces se lanzó a la lucha políticapor la vía electoral con su nuevo partido político, vinculándose con casi todoslos grupos de izquierda para presentarse como candidato a la presidencia en el2002, en donde, habiendo votado el 71% de los 8.1 millones de electoresinscritos, conquistó el 54% de los votos.El triunfo del excoronel solamente fue posible debido al bloque histórico dealianzas políticas que confluyeron para el proceso electoral del 2002; susimpulsores fueron el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik NuevoPaís y el Partido Sociedad Patriótica 21 de Enero. La figura y la campañaelectoral de Gutiérrez guardan un parecido -aunque por diferentes razones-con Hugo Chávez en Venezuela y con Lula da Silva en Brasil. El antecedente
    • 149golpista de Gutiérrez lo asemejaron a la figura de Chávez; las alianzas con losmovimientos indígenas y populares le dieron un parecido a Lula. Lo común detodos es el rechazo verbal al modelo neoliberal latinoamericano, que no haresuelto ni los problemas del crecimiento económico y mucho menos ladesigual distribución de la riqueza social. Gutiérrez y Lula son dos personajesque no se parecen en su trayectoria histórica personal pero representaban elfuturo inmediato para el año 2003. Si quisiéramos seguir las comparaciones,habría que tener también presente el caso de Alejandro Toledo en Perú, unindígena educado en Estados Unidos, quien, habiendo desafiado a Fujimori,con apoyo de la población, logró la presidencia del país, pero que dilapidódemasiado rápido su capital político para parecerse a tantos presidentes queno han cumplido sus promesas de campaña.Las demandas de los sectores populares para el gobierno de Gutiérrez enEcuador estaban a la vista debido al sinúmero de promesas durante el períodoelectoral: mejor distribución de la riqueza, reconocimiento del caráctermultinacional de Ecuador, reconocimiento de las lenguas indígenas, unaeducación multicultural, mejores sistemas de salud y medicina integrando lossaberes andino y occidental, un presupuesto participativo, compatibilizarlegislación nacional con legislaciones indígenas, etc. En este contexto hay quehacer notar que uno de sus principales aliados son las comunidades indígenasde Ecuador, de las más organizadas en toda América Latina. Sin embargo,Gutiérrez sucumbió a las fuertes demandas del gobierno de los EstadosUnidos, del FMI, de las compañías petroleras, de los grandes empresarios deEcuador, de los grupos de la derecha, del 45% de los votantes que apoyaron aNoboa, y sobre todo de un Congreso cuya mayoría parlamentaria no estaba dellado de Gutiérrez.El presidente triunfante, durante su toma de posesión el 15 de enero del 2003,empezó a moderar su lenguaje: mantener la relación con el FMI, respaldar yfortalecer la dolarización, intensificar el ingreso al ALCA (pero en otrostérminos), gobernar por consenso con todos los sectores de la población,abandonar el traje militar, seguir dejándole a los norteamericanos la base quetienen en el puerto de Manta, etc. Estos pronunciamientos empezaron a alterar
    • 150las relaciones con sus aliados populares, que fueron los que le dieron lavictoria electoral. Gutiérrez tenía el reto de ofrecer una nueva alternativa parael país ante el fracaso de los modelos anteriores, pero su miedo al futuro lehizo traicionar todo el proyecto popular.En el tema de la integración latinoamericana, fue significativa la designaciónque Gutiérrez realizó en el Ministerio de Relaciones Exteriores, poniendo aNina Pacari, una de las dirigentes indígenas más importantes del movimientoPachakutik, que ayudó sobremanera a la victoria electoral del excoronel. Pacariha manifestó lo siguiente: tal como está “el ALCA es un suicidio. Tanto elpresidente Gutiérrez como yo pensamos que en las condiciones en que estáEcuador, el ALCA es una amenaza”. Ello no quiere decir un rechazo al ALCAsino una modificación de la estrategia: primero “mejorar las condicioneseconómicas de la región y lograr un acuerdo común para negociar (la entradaal ALCA) en mejores términos” (Periódico Público. 6-I-2003). Posteriormente,Pacari dejaría el gobierno debido al cambio de postura del propio Gutiérrez enrelación a sus promesas de campaña; paradójicamente, el movimientoindígena ecuatoriano se convirtió en blanco de los ataques del presidente.Cuando sucedió posteriormente la “rebelión de los forajidos” del 13 al 21 deabril del 2005, los pocos diputados de Pachakutik que quedaban en laasamblea también votaron la destitución del presidente Gutiérrez el 20 de abrildel 2005. A diferencia de los levantamientos populares e indígenas queoriginaron la caída de Bucaram y Mahuad, el movimiento del 2005 para tumbaral presidente de Ecuador tuvo una característica pluriclasista en donde elelemento fundamental fueron las clases medias que gritaron “todos somosforajidos”, haciendo mención del calificativo que el mismo Gutiérrez habíautilizado para llamar a los manifestantes que habían ido a protestar en sudomicilio la noche del 13 de abril de ese año.Un año después, después de una primera vuelta incierta donde nadie obtuvomayoría relativa, hubo dos candidatos punteros que tuvieron que enfrentarse el26 de noviembre del 2006, en una intensa campaña donde estaba muy claro elcontraste entre ambos, perfilando dos imaginarios de gobierno totalmente
    • 151distintos para la población. Por un lado, estaba Álvaro Noboa, de 55 años, elhombre más rico de Ecuador con una posición totalmente favorable a losEstados Unidos; por el otro, se encontraba Rafael Correa, de 43 años, uneconomista crítico del modelo neoliberal impuesto por los organismosfinancieros, crítico abierto del gobierno norteamericano de G. Bush30 yadmirador de la figura de Hugo Chávez.El resultado final del 26 de noviembre de 2006 contrastó con las prediccionesde los sondeos pero fue bastante claro, mostrando la ventaja de Correa sobreNoboa con 13% de la votación, que significaban 828,217 votos más que sucontrincante. Aunque Noboa había ganado la primera vuelta electoral, lapoblación votante no quiso darle el poder gubernamental al hombre más ricode Ecuador y que representaba, además, la vieja guardia de los políticos; lapoblación, por el contrario, le dio su confianza a las promesas de cambio deCorrea con el fin de renovar las instituciones del país y remover toda la viejaguardia de políticos tradicionales. A partir de este triunfo, se ha abierto unanueva época para Ecuador con la aprobación posterior de una nuevaconstitución y un gobierno que favorece los procesos de integración perodesde la perspectiva de la Alianza Bolivariana de las Américas (ALBA).Hay que señalar bien claro que debido a que los procesos de integracióndependen en gran parte de las posturas de los gobiernos en turno, esnecesario hacer análisis constantes sobre los procesos electorales de cadaperíodo; el personaje electo en las urnas con sus respectivas posturas cobrauna gran importancia para el rumbo del país, en la perspectiva de lospostulados que haremos en el capítulo nueve, al hablar tanto de la cultura de laintegración como de la desintegración.Son muchos los ejemplos que podemos seguir analizando sobre cómo laparticipación electoral de la población ha determinado un cambio de rumbo30 Correa había declarado que "Bush es un presidente tremendamente torpe que ha hecho muchodaño a su país y al mundo"; sin embargo, hacía muy bien una distinción: "Una cosa es lo quepienso del señor Bush y otra lo que pienso del pueblo norteamericano, al cual quiero mucho ycon el cual viví cuatro años” (El mundo.es internacional. 26-XI-2006), refiriéndose a su etapade estudios de doctorado en economía en la University of Illinois.
    • 152político en la dirección de numerosos países. Casos como el de Bolivia con laelección de Evo Morales como Presidente en diciembre del 2005 también sonmuy significativos, pero la mayoría de estos procesos los hemos analizado yacon detalle en otras publicaciones (Medina, 2009; Medina, 2010); mostrando nosolamente el caso de Bolivia sino también el de Argentina con los espososKirchner, El Salvador con Mauricio Funes, etc. Otros cambios significativos hanseguido ocurriendo como el triunfo de Ollanta Humala en el Perú, en el 2011.Los pueblos de América Latina están buscando nuevas opciones. No hay unacultura de pesimismo y desesperación sino de búsqueda. Y dicha búsqueda sepuede dar no en un contexto de violencia y confrontación bélica sino en elmarco de las mismas democracias electorales. Qué bueno que estemosbuscando dichas alternativas por la vía electoral pacífica, pero habrá que estaral pendiente para analizar cuáles experiencias resultan pasos significativoshacia delante, no sólo en los procesos de democratización sino también ysobre todo en mejores propuestas para resolver los problemas del desarrollolatinoamericano y de las mayorías empobrecidas de la población.Queremos enfatizar finalmente tres aspectos en la discusión sobre la cultura enAmérica Latina. En primer lugar, la comprendemos no sólo como el conjunto derasgos que nos definen de acuerdo a nuestra historia y modo de vivir sinotambién como proyecto a construir en el futuro inmediato; dicho proyectonecesariamente incluye un tipo de democracia que repercuta en una mejordistribución de la riqueza social entre la mayoría de la población. En estesentido, es lo que nos llama la atención de la experiencia iniciada en 2002 enBrasil, en donde la mayoría de la población se volcó de manera clara parapedir un cambio en el rumbo del país.En segundo lugar, hay que llamar la atención sobre la comprensión de lacultura como Paideia, como proceso educativo para la población, debido a quelos acontecimientos nunca definen totalmente la dirección de una situación sinocuando implican precisamente la cultura general de los ciudadanos. Por elloqueremos enfatizar que las elecciones de Venezuela, Brasil, Bolivia y Ecuador,Nicaragua, El Salvador han sido ciertamente esperanzadoras, pero el fiel de labalanza del nuevo proyecto no está decidido totalmente con el simple cambio
    • 153en el poder ejecutivo de las naciones; será necesario que la culturademocrática se convierta en proyecto político y arraigue en la mayoría de lapoblación; solamente así podremos contemplar que la esperanza naciente delos procesos electorales encuentre eco positivo en el futuro inmediato y no seconvierta el devenir del subcontinente en nueva fuente de frustraciones.Finalmente tenemos que volver a enfatizar el tema de la integraciónlatinoamericana en diversos casos: en Brasil y en Ecuador, esta perspectiva haestado presente tanto en el ánimo de los votantes como en las propuestasexpresas de Lula, Correa, Ortega, Morales, etc.. En estas situaciones pesamucho la desconfianza hacia el proyecto del ALCA, tal como está diseñado conla hegemonía de los Estados Unidos, y por ello la estrategia inmediata pareceser, en el caso de Brasil, la reactivación del MERCOSUR dentro de laperspectiva de una América del Sur integrada que pueda participar con mayorfuerza dentro del ALCA; en el caso de Ecuador, la estrategia se centra en elafianzamiento de la Comunidad Andina de Naciones (CAN: Bolivia, Colombia,Ecuador, Perú y Venezuela), con el mismo objetivo de fortalecer unaintegración regional que pueda negociar en mejores condiciones su ingreso alALCA.El desarrollo de numerosos acontecimientos en América Latina durante el año2005 cerró de manera especial con la polémica Cumbre de las Américas enArgentina y con el esperado triunfo de Evo Morales en Bolivia y el de MichelleBachelet en Chile (que luego fue confirmado en la segunda vuelta electoral).Estos hechos, aunados a una tendencia en diversas elecciones presidencialesde los últimos años en América del Sur donde ciertos gobiernos claramentevinculados con la derecha y afines a los intereses norteamericanos han sidodesplazados, han provocado cierto optimismo en diversos analistas sobre elfuturo de los procesos de integración de la región.La tendencia hacia la integración se encuentra en el origen de laindependencia de los países de la América española, sobre todo a través delproyecto de Simón Bolívar sobre la “gran patria americana” en las tres primerasdécadas del siglo XIX. Sin embargo, en la historia real, el sueño bolivariano
    • 154fracasó, lo cual se expresó con claridad en la reunión “continental” de Panamáen 1826 –caracterizada por el contraste entre la grandeza de susplanteamientos y la exigua asistencia de los países convocados-, y sobre todoen la realidad de la proliferación de múltiples naciones independientes (algunasde ellas minúsculas geográficamente, como el caso de la región de AméricaCentral). Por ello, el optimismo que mantenemos en la lucha por la integracióntambién debe tener su buena dosis de realismo.El siglo XIX, a pesar de la dispersión en múltiples repúblicas, tambiénrepresentó la permanencia de la aspiración por una identidad cultural,expresada tanto en la invención del nombre de América Latina para todas lasrepúblicas de habla hispana y portuguesa, como en un imaginario colectivo denacionalidad continental, que de hecho se ha convertido en un capital simbólicotodavía presente frente a la realidad histórica de los hermanos separados porlas fronteras nacionales.La lucha por ese ideal bolivariano todavía continúa. De hecho, pretendemosrelacionar la aspiración de la integración latinoamericana expresada tanto porSimón Bolívar como por el pensador puertorriqueño Eugenio María de Hostóscon los proyectos prácticos que están renaciendo en la transición del siglo XXal XXI en la propuesta de un nuevo tipo de integración; entre estos últimossobresale la propuesta declarativa de la Alianza Bolivariana de las Américas(ALBA), que enfrenta, de manera semejante a lo sucedido en el siglo XIX, elotro proyecto de integración subordinada que viene del Norte, la Alianza para elLibre Comercio de las Américas (ALCA). Se pueden contraponer en estesentido las tendencias del latinoamericanismo con el intento de un proyectopropio con el panamericanismo impulsado por Estados Unidos desde el sigloXIX.En la primera cumbre de las Américas, celebrada en la ciudad de Miami en losEstados Unidos en diciembre de 1994, el presidente Bill Clinton propuso elproyecto de un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), retomando laidea del anterior presidente George Bush sobre su “Iniciativa para lasAméricas”. Este proyecto contempla la gradual reducción de las barreras
    • 155comerciales entre todos los países de América, excluyendo a Cuba, con el finde formar un bloque hemisférico de libre comercio en donde los EstadosUnidos planearon no solamente tener mayor poder de negociación frente a losotros bloques de poder mundial, sino fortalecer también su dominio económicocomercial en América Latina y el Caribe.Como contrapartida a este modelo de integración puramente comercial y dedominación de los Estados Unidos, ha surgido desde 1999 el proyecto de laAlternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), que contempla un deseo decolaboración y complementación política, social y económica entre países deAmérica Latina y el Caribe, queriendo revitalizar las ideas integracionistas delLibertador Simón Bolívar del siglo XIX. Bajo la evocación del ideal históricobolivariano, este proyecto trata de unir a América Latina a fin de formar unaconfederación de naciones latinoamericanas que pueda tener peso propio en elactual proceso de globalización.La unidad latinoamericana en Bolívar y HostósLa idea de crear una confederación latinoamericana estuvo vinculada en suorigen con la lucha por la libertad e independencia de las antiguas coloniasespañolas en el siglo XIX. Simón Bolívar el prócer de la independencia deAmérica del Sur planteó la formación de una confederación latinoamericanapara luchar juntos contra las amenazas comunes. La independencia nosignificó el fin de todos los peligros, puesto que todas las jóvenes e inexpertasrepúblicas enfrentaban la posibilidad de invasiones de reconquista por parte deEspaña -apoyado en la Santa Alianza europea o en la voracidad comercial delimperio británico- y por los intentos de subyugación del vecino del norte deAmérica, los Estados Unidos, a partir de su doctrina Monroe.Para Bolívar era indispensable que las repúblicas latinoamericanas seorganizaran y establecieran una forma de cooperación entre sus pueblos, paraasegurar la no recolonización europea o una nueva colonización por parte delos Estados Unidos (Naím Soto, 2006: 1). En 1813, escribió lo siguiente, en unacarta al patriota colombiano Nariño: “Si unimos todo en una misma masa de
    • 156nación, al paso que extinguimos el fomento de los disturbios, consolidamosmás nuestras fuerzas y facilitamos la mutua cooperación de los pueblos asostener su causa natural. Divididos, seremos más débiles, menos respetadosde enemigos y neutrales. La unión bajo un solo gobierno supremo, haránuestras fuerzas, y nos hará formidables a todos”.Sin embargo, según Bolívar, una confederación latinoamericana debería servirno solamente en contra de las amenazas de afuera sino también parasolucionar las diferencias entre los pueblos mismos. En su Convocatoria delCongreso de Panamá de 1824, Bolívar explicaba su visión: “(…) una asambleade plenipotenciarios de cada Estado que nos sirviese de consejo en grandesconflictos, de punto de contacto en los peligros comunes, de fiel intérprete enlos tratados públicos cuando ocurran dificultades, y de conciliador, en fin, denuestras diferencias”.Otro objetivo importante para la necesaria formación de una unión de lasrepúblicas latinoamericanas era su papel en la política internacional: Lasnuevas repúblicas aspiraban a ser reconocidas y aceptadas por las potenciasmundiales, y Bolívar opinó que esto sería más fácil como “una grande nación”.Por ello, explicaba en un escrito de 1819: “La falta de unidad y condiciones, lafalta de acuerdo y armonía (…), es, repito, la causa verdadera de ningúninterés que han tomado hasta ahora nuestros vecinos y europeos en nuestrasuerte. Secciones, fragmentos que, aunque de gran extensión (…) no podíaninspirar ningún interés ni seguridad a los que deseen establecer relaciones conellos”.Más allá del reconocimiento de las repúblicas, Bolívar soñaba que la granpatria americana podría jugar un papel de primer orden en el mundo ycompetiría con las demás potencias mundiales. En su Carta de Jamaica de1815, manifestaba su sueño: “Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuesepara nosotros lo que el de Corinto para los griegos! Ojala que algún díatengamos la fortuna de instalar allí un augusto congreso de los representantesde las repúblicas, reinos e imperios a tratar y discutir sobre los altos interesesde la paz y de la guerra, con las naciones de las otras partes del mundo”.
    • 157Para el Libertador, la visión de una América Latina unida no implicaba eldesconocimiento de las diferentes repúblicas de la región. En la Carta deJamaica, reconoció que podían nacer 15 ó 17 estados “independientes entresí”, pero expresaba su deseo de que las repúblicas mantuvieran laconformación política total que le había dado la administración colonialespañola. No pensaba en crear un solo estado nacional bajo un solo gobierno,sino quería formar una Alianza que fuera política, económica y militar, sin queesto significara la disolución de los gobiernos y repúblicas que conformaran laconfederación. Por ello, explica en la Carta de Jamaica: “Ya que tiene unorigen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería, por consiguiente,tener un solo gobierno que confederase los diferentes estados que hayan deformase; más no es posible, porque climas remotos, situaciones diversas,intereses opuestos, caracteres desemejantes, dividen a la América”.Para hacer real su gran sueño de la unidad latinoamericana, Bolívar, el 7 dediciembre de 1824, dirigió una convocatoria a los gobiernos de Colombia laGrande, México, el Río La Plata, Chile y Guatemala (América Central) a fin deinstalar una Asamblea de Plenipotenciarios en Panamá. Sobre la naturaleza dela Asamblea expone: “Tan respetable autoridad no puede existir sino en unaasamblea de plenipotenciarios, nombrados por cada una de nuestrasrepúblicas y reunidos bajo los auspicios de la victoria obtenida por nuestrasarmas contra el poder español”.Los objetivos que esperaba salieran de la primera reunión fueron expuestos enunas notas tituladas Un pensamiento sobre el Congreso de Panamá. Queríaque las naciones independientes estuvieran ligadas por una “ley común quefijase sus relaciones externas”; la conservación del orden interno dentro decada estado y entre sí; de que “ninguno sería más débil”, manteniendo un“equilibrio perfecto”; que la fuerza de todos estuviera siempre en auxilio frente aun ataque externo o de “facciones anárquicas”, y que se alcanzaría la “reformasocial” bajo un “régimen de libertad y paz”.
    • 158Bolívar no quiso establecer un solo estado bajo un solo gobierno, sino quequiso formar más bien una alianza entre los estados diferentes en la cualningún estado tendría más poder que los otros. Deseaba que las repúblicasllegaran a un acuerdo para una ley común respecto a sus relaciones externas yque establecieran un congreso general y permanente que fijara el destino de laconfederación. Dicha asamblea general, además, tendría que interpretar yliderar los tratados entre las partes, la defensa colectiva, el arbitraje encontroversias, el mantenimiento de la paz, la preservación de la independencia,así como la lucha contra el colonialismo (Gaviria C., 2006: 2).Bolívar proyectaba una unión política como contrapeso a las grandes potenciaseuropeas y los Estados Unidos. Para defender a este cuerpo político propusocrear una poderosa fuerza militar conjunta de sesenta mil soldados como claraadvertencia a los demás potencias.Aunque en este tiempo el mayor enemigo de las nuevas naciones seguíasiendo España y la Santa Alianza de las potencias europeas que apoyaban a lamonarquía española, Bolívar ya veía una amenaza potencial en los EstadosUnidos que en 1823 habían enunciado las ideas fundamentales de la doctrinaMonroe en su frase emblemática “América para los Americanos”. Bolívarescribió en 1829 lo siguiente, refiriéndose al vecino del Norte, en una carta alembajador inglés: “(…) Estados Unidos que parecen destinados por laProvidencia para plagar la América de miserias a nombre de la libertad.” (NaímSoto, 2006: 3). El gobierno de John Quincy Adams proyectó su plan para evitarla formación de una confederación que limitara los intereses de los EstadosUnidos (Sotillo I., 2006: 4).Los resultados del Congreso Anfictiónico (o Congreso de Panamá) de 1826fueron muy limitados y no cumplieron con las expectativas de Bolívar. Ladeclaración central, lejos de crear una Asamblea continental de ampliospoderes, limitó sus atribuciones a la negociación de convenios mutuos y a unpapel de mediación en caso de conflictos. Las resoluciones de la Asamblea notendrían carácter vinculante sino que sólo serían declarativas y a manera deexhortaciones. Así, en vez de formar una poderosa Asamblea, se privilegió la
    • 159soberanía fragmentada de cada república. Además, en lugar de formar unapoderosa fuerza militar, como Bolívar había planteado, las repúblicas sepusieron de acuerdo en establecer únicamente una cooperación militarlimitada, en la que cada estado preservaría los reglamentos y mandos de susfuerzas militares. Los pobres resultados del Congreso de Panamá no teníanmucho que ver con lo que Bolívar había esperado. Por lo tanto, poco despuésdel Congreso Anfictiónico de 1826, Bolívar concluyó: “Su poder será unasombra y sus decretos, consejos, nada más”.Este fue el fracaso del sueño bolivariano aunque su planteamiento se haconvertido en una herencia intelectual que fue formulada de manerasdiferentes por otros escritores latinoamericanos y que perdura hasta nuestrosdías como un capital simbólico, como UNA fuerza que trabaja en elpensamiento y la cultura latinoamericana en el siglo XIX, XX y XXI.En el mismo siglo XIX vivió otro escritor, Eugenio María de Hostós (1839-1903),que desarrolló labores de político, sociólogo, educador. Pedro Enríquez Ureñadice de Hostós que "vivió en los tiempos duros en que florecían los apóstolesgenuinos en nuestra América", en una etapa en que, habiendo alcanzado laindependencia la mayoría de los hoy países latinoamericanos, Cuba y PuertoRico se encontraban todavía bajo el dominio colonial de España; en LasAntillas, solamente la República Dominicana había alcanzado suindependencia política.Hostós se convirtió en un luchador por la independencia de su país, la isla deBorinquen, pero dentro del proyecto de una Federación Antillana independientey en continua vinculación con el resto de los países latinoamericanos.Habiendo estado en España, viajó a Nueva York y realizó frecuentes viajes aColombia, Perú, Chile, Argentina, Brasil, Venezuela y Cuba, defendiendo elideario antillano en defensa de la libertad de sus pueblos. Durante los últimosaños de su vida (1900-1903) se estableció en Santo Domingo, para estar cercade los procesos de independencia de Cuba y Puerto Rico en relación aEspaña, pero ambas islas cayeron en poder de los Estados Unidos, quienejerció en ellas su poder de intervención política y militar.
    • 160Habiendo nacido en Puerto Rico, su siguiente patria fue el triángulo de las tresgrandes Antillas31 (Puerto Rico, Cuba y República Dominicana), a partir delcual impulsó el proyecto de la alianza de todas las islas del Caribe. Y esteproyecto estaba ciertamente inscrito en el proyecto global de la América Latina,nombre que se propuso difundir tanto como una identidad cultural como unproyecto político. Este concepto lo había adoptado en Nueva York, en 1865, alpublicar su trabajo La América Latina: “El nombre de latinoamericanos lo utilizopara los habitantes del nuevo mundo que proceden de la raza latina y de laibérica… América Latina es para denominar los territorios del Río Bravo a laPatagonia, nombre nacido al calor de los ascendentes antagonismos con elpoderoso vecino del Norte”. Y por ello, para él, hay que reivindicar elaniversario del 12 de octubre porque es el día de América: “La federación erala meta del ideal del Nuevo Mundo; la unión de todas las naciones. Sean todoslos doce de octubre, día de conmemoración de ese ideal”.Pero en el caso específico de la independencia de Cuba y Puerto Rico en1898, en relación a España, la intervención de los Estados Unidos mostró unode los claros efectos de la doctrina Monroe del siglo XIX que, en ese añoprecisamente, también estaba realizando la primera conferencia panamericanaenfatizando un proyecto continental del imperio del norte: Estados Unidos nosolamente intervenía económicamente sino que se daba a sí mismo el permisopara intervenir política y militarmente según lo dictaran los interesesnorteamericanos. Consumada la invasión estadounidense de Puerto Rico,Hostós fundó la “Liga de los Patriotas”, y después de entrevistarsedirectamente con el presidente McKinley, y convencido de que losestadounidenses no pretendían la libertad de su nación sino la subordinación,rechazó enérgicamente las pretensiones de anexión de los norteamericanos.Desde sus últimos años en la República Dominicana, Hostós seguiría luchandopor la independencia pero viendo cómo se incorporaba el destino de Cuba yPuerto Rico en ese momento a los intereses de Estados Unidos. No por ello31 En la novela de Hostós titulada La peregrinación de Bayoán, están claramente representadosestos países con los nombres indígenas Guarionex, Bayoán y Marién, en donde los dos primeroshacen referencia a los indígenas que, por primera vez, dudaron de la inmortalidad de losespañoles.
    • 161dejó de ser el peregrino de un ideal hasta su muerte sino que continuaría enesa lucha anunciando que en algún momento tendríamos que acercarnos a laciudadanía de América.El gran temor de Bolívar sobre una nueva colonización extranjera en caso de ladesunión de Hispanoamérica se realizó: se ha llegado a establecer una nuevadependencia (de tipo económico y aún político-militar) de la región hacia supoderoso vecino norteño. Latinoamérica sólo cambió la dependencia deEspaña por la dependencia de los Estados Unidos, que era lo que Bolívarhabía querido evitar.Resurgimiento del proyecto de integración: capital simbólicoDurante la primera mitad del siglo XX, con la excepción de los planteamientosclaros de Augusto César Sandino en Nicaragua por la integraciónlatinoamericana, el proyecto de la integración no llegó a tomar fuerza: EstadosUnidos llegó a convertirse en potencia mundial; los países latinoamericanos sesumieron en las dictaduras, en el subdesarrollo y en los conflictos internos, apesar de los primeros intentos de modernización industrial. Además, cada unode ellos persistió en el camino de las nacionalidades separadas y aun rivales.En vez de ser algo semejante a los Estados Unidos de América nosconvertimos en los estados desunidos de América del Sur. Pero si durante lasegunda mitad del siglo XX, en el viejo continente pudo nacer históricamente elproyecto de la Unión Europea, en América Latina, el contexto mismo de losprocesos mundiales de la globalización han hecho surgir la formulación y elplanteamiento de tratados y acuerdos regionales en la región. Han llegado aexistir proyectos débiles como el de la ALADI o el parlamento latinoamericano,pero la práctica de los nuevos acuerdos regionales entre paíseslatinoamericanos han levantado de nuevo la discusión sobre el sueñobolivariano, el cual ya no solamente es una simple aspiración y deseo sino unanecesidad. En palabras del presidente venezolano Hugo Chávez: “Ese Bolívarde Jamaica, Percival, sigue gritándonos desde Jamaica y desde todo el Caribey desde toda la América Latina, hoy más que ayer, si ayer era necesaria la
    • 162integración, hoy no sólo es necesaria, es vital, no hay otro camino” (Naím Soto,2005).Con todas sus debilidades y contradicciones internas pero se han presentadoen el escenario internacional modelos de integración como el MERCOSUR, laComunidad Andina de Naciones, el Sistema de Integración Centroamericano y,recientemente, la Comunidad Sudamericana de Naciones, con la formulacióndeclarativa de una Alianza Bolivariana de las Américas (ALBA) –sugerida sobretodo por el gobierno de Hugo Chávez en Venezuela-, que han hecho renacer ladiscusión sobre una integración latinoamericana.De hecho, en la práctica, ganando más como identidad y cierta fuerza denegociación, se siguen realizando dos tipos de cumbres que le dan ciertaconsistencia al mundo latinoamericano: una de ellas es el modelo de lasCumbres Iberoamericanas, desarrolladas año con año desde 1991, conobjetivos que enfatizan más el ámbito cultural y educativo; la otra es el modelode las Cumbres de América Latina y el Caribe con la Unión Europea (ALCUE),con acuerdos que parten de lo económico pero que llegan también adimensiones políticas como la exigencia de funcionamientos democráticos.Estos dos tipos de reuniones, por lo menos, fortalecen cierto sentido delatinoamericanismo al llevarse a cabo sin la presencia directa de los EstadosUnidos.Frente a esta todavía débil tendencia hacia la integración latinoamericana,desde 1991, sin embargo, se ha planteado también desde el gobiernonorteamericano un proyecto que comenzó con el nombre de Iniciativa para lasAméricas y que se ha expresado finalmente en las sucesivas Cumbres de lasAméricas (Miami 1994, Santiago de Chile 1998, Quebec 2001, Argentina 2005)con el nombre del ALCA; ha continuado con otros énfasis en la Cumbre deTrinidad y Tobado en el 2009 ya con el presidente Obama. Ello no es más quela reedición del modelo panamericano de integración subordinada en dondeEstados Unidos siempre jugaría el papel predominante y, por ello, frente a ladeteriorada situación económica de numerosos países en donde la pobreza haaumentado de manera considerable, han surgido resistencias ya no solamente
    • 163de organizaciones populares sino también de nuevos gobernanteslatinoamericanos que enarbolan mayores reivindicaciones para su poblaciónmayoritaria y mejor poder de negociación para sus intereses nacionales. Estanueva tendencia convergente de gobiernos con tendencia de una izquierda demúltiples fascetas (Hugo Chávez, Lula da Silva, Tabaré Vázquez, NéstorKirchner, Evo Morales, Michelet…) ha producido, en la práctica, una crisis en elproyecto norteamericano del ALCA, tal como se mostró en la Cumbre de lasAméricas en Argentina del 2005, en donde, al no haber acuerdo sobre esteproyecto, quedó suspendido en el aire. Este proyecto del ALCA estaba dehecho planeado para entrar en funcionamiento en el 2005, pero la falta deconsenso, tal como se manifestó públicamente, lo ha puesto al garete.Presidentes como Lula da Silva en Brasil, Hugo Chávez en Venezuela yNéstor-Cristina Kirchner en Argentina han sido muy explícitos en su combate almodelo del ALCA. Antes de la confrontación sobre este tema en la cumbre delas Américas en Argentina, el propio Lula da Silva, al inaugurar el XVICongreso de la Organización Regional Interamericana de Trabajadores (ORIT),el 21 de abril del 2005, había dicho: “hace dos años que no se discute más elALCA en Brasil, porque nosotros sacamos el ALCA de la agenda”.En contraposición al ALCA se ha formulado la ALBA, con un énfasis mayor enlo político (Naim Soto, 2005: 3). El ALCA pretende solamente el libre comercioy la competencia como motores fundamentales para el crecimiento, pero ALBAcontempla los principios del complemento y de la solidaridad para compensardeficiencias económicas y aprovechar fortalezas. Así por ejemplo Venezuela yCuba intercambian recursos petroleros y recursos médicos. Se propone,además, la creación de un fondo compensatorio para reducir las asimetrías enlos niveles de desarrollo entre las naciones de la región. De maneradeclarativa, ALBA se presenta como una “alternativa basada en la solidaridad”,explicándolo de la siguiente manera: “Se trata de ayudar a los países másdébiles a superar las desventajas que los separan de los países máspoderosos de hemisferio”. El poryecto incluye los preceptos de soberanía yautodeterminación a fin de evitar la dominación o intervención de algún estado.Por lo tanto, se trata de una unión de estados independientes que colaboran y
    • 164se complementan con el objetivo de ser más fuertes mediante lacomplementariedad y la colaboración.A diferencia del siglo XIX, el mundo global se caracteriza por la conformaciónde bloques económicos regionales (Mercosur, NAFTA, el Caribe, etc.), algunosde ellos bastante avanzados como el de la Unión Europea. En esa tendenciahay que encontrar la idea del ALBA, que encuentra un gran sustento ideológicocultural en los planteamientos heredados de Bolívar y Hostós. Pero, adiferencia del modelo de la Unión Europea, en este momento, la fórmulaplanteada por el ALBA es de una confederación de estados. Así, desde lopolítico, Latinoamérica podría hacer un frente ante los demás bloquesmundiales. Solamente en bloque, los países latinoamericanos tendránsuficiente fuerza para crear un camino propio y ser parte activa del escenariomundial.Hay que reconocer que en el actual contexto internacional, los estadoslatinoamericanos no tienen peso en la coyuntura de fuerzas internacionales ytenemos un significado marginal, y por ello la formación de una Confederaciónnos ayudaría a entrar como actores en el escenario mundial. Hugo Chávez,presidente de Venezuela, en su discurso en el II Cumbre de Presidentes yJefes de Gobierno de la Asociación del Caribe, señalaba lo siguiente: “(…)nosotros tenemos que conformar un polo de fuerza mundial en esta parte delmundo” (Chávez, 1999: 424). A través de la formación de un bloque de poder,se podría romper mejor con la dependencia que hoy tiene América Latina hacialos Estados Unidos. En el ALBA no entran formalmente los Estados Unidosporque ha sido su gobierno quien históricamente ha ejercido la hegemonía depoder en la región.Se ha mencionado también de forma insistente en el proyecto del ALBA elobjetivo de ofrecer alternativas al modelo económico dominante conocido comoel neoliberalismo. Este modelo, caracterizado fundamentalmente por suspostulados del libre comercio y el achicamiento del Estado (ALBA, 2006), se haaplicado en gran parte del mundo de manera unilateral y autoritaria,produciendo en el caso de la región latinoamericana una mayor concentración
    • 165de la riqueza y el aumento de la pobreza (Cfr. Naím Soto, 2006: 6). Lasformulaciones del ALBA pretenden también ofrecer salidas más permanentes alas crisis de los países latinoamericanos. El presidente Chávez señalaba losiguiente: “Desde Caracas decimos que el neoliberalismo es el camino alinfierno, lo decimos cada día con mayor fuerza y cada día con mayor certeza.Tenemos que inventar nuevos caminos ahora que está comenzando el sigloXXI (…) es un encuentro, uno más de esfuerzos conjuntos para retomar, ahorasí con firmeza, el camino aquel que diseñaron los que nos dieron la patria, elcamino de la unidad como única alternativa de sobrevivencia ante este mundoglobalizado, ante las tesis que se pretenden imponer de que no hay másalternativa ante las imposiciones de un mundo que dejó de ser bipolar ypretende ser unipolar (…)” (Chávez, 1999: 445-446).¿Se puede suponer que el ALCA ha sido derrotado, como proyecto delgobierno de los Estados Unidos?En la manera como estaba proyectado, el retraso del ALCA, en la práctica,significa su fracaso como estrategia global, porque existen gobiernoslatinoamericanos que lo apoyan mientras otros abiertamente lo rechazan. LaCumbre de Las Américas de finales de 2005 así lo ha mostrado. Esta es unasituación de autonomía en la región que es novedosa, aunque nonecesariamente todavía exitosa para el proyecto de integración. Los EstadosUnidos, por su parte, de hecho, como vía alternativa al ALCA global, hanestado implementando un ALCA individualizado hacia cada uno de los paísesde la región; de esta manera, poco a poco, numerosos gobiernoslatinoamericanos –algunos con fuerte oposición dentro de su propia población-han ido firmando acuerdos de libre comercio con los Estados Unidos, bajo losmismos términos del ALCA; es decir, el ALCA fracasa en lo global delcontinente pero se implementa de manera efectiva en una relación bilateral deEstados Unidos con todos aquellos gobiernos que lo han estado firmando.La idea de una Alternativa Bolivariana para las Américas no es un proyectonuevo sino que tiene fuertes raíces histórico-culturales en la historia de estecontinente. Por ello afirmamos que, con el pensamiento de Simón Bolívar,
    • 166Eugenio María de Hostós y muchos otros del siglo XIX que aspiraban a unaciudadanía más global que las nacionalidades de los países existentes, elproyecto de la integración se ha convertido en un capital simbólico dentro deLatinoamérica.Cada país, como tradicionalmente se ha reconocido, tiene diversos tipos decapital con el objeto de poder producir su riqueza: el capital natural (loselementos brindados por la geografía donde está enclavado el territorionacional), el capital creado (toda la infraestructura que las generacionesanteriores de pobladores han acumulado para la vida productiva y socialactual), el capital humano (el nivel educativo del conjunto de habitantes de unpaís). Todos ellos nos ayudan a medir la riqueza global de un país, pero en lasúltimas décadas, las ciencias sociales nos han proporcionado el concepto decapital simbólico (Pierre Bourdieu) o de capital social (Putnam), que se refierena otro nivel de riqueza que anteriormente no ha sido considerado en su debidacualidad y magnitud; es lo que Bernardo Kliksberg ha llamado “la cultura, comoclave olvidada del desarrollo”, refiriéndose precisamente a estos conceptos delcapital simbólico o capital social y que abarca todo ese cúmulo de tradicionesculturales en una población determinada, que es capaz de potenciar o deobstaculizar el camino hacia el verdadero desarrollo humano.El capital simbólico, en nuestro caso, se refiere a todas esas ideas que siendoparte de una cultura determinada se pueden convertir en fuerza detonante paraciertos proyectos dentro de las comunidades; en términos de capital social,Putnam señala de manera específica todas aquellas redes formales einformales que tiene una población o una comunidad que la hacen sobrevivirde una manera determinada y de manera particular su nivel de asociatividad.Queremos señalar que la idea de integración, de una confederación derepúblicas, que se remonta hasta los tiempos de Simón Bolívar y EugenioMaría de Hostós en el siglo XIX es precisamente un capital cultural que estátomando fuerza y que hay que seguir apoyando hasta que se transforme enproyectos históricos reales en la nueva etapa que está viviendo América Latina.Los teóricos del capital social también han señalado que éste también puede
    • 167tener su Lado Oscuro, en el sentido de que hay también ideas y tradicionescontrarias; en este caso, desde el mismo siglo XIX, por costumbre hemos sidolos estados desunidos de América del Sur; los hermanos latinoamericanostambién tenemos proclividad cultural hacia la desunión, la dispersión, lamultiplicidad de grupos. Por ello, la idea de la integración, con toda la fuerzasimbólica que tiene en la historia, entra también al debate contemporáneo, muycuestionada por todos aquellos que apelan a los nacionalismos exclusivos y ala fuerza sola de cada país. Afortunadamente, las condiciones de la nuevaetapa de la globalización son ahora más propicias para el surgimiento,crecimiento y fortalecimiento de los bloques regionales, en dondeLatinoamérica está emergiendo con un proyecto propio.
    • 168
    • 169 CAPÍTULO VII CULTURA DE INTEGRACIÓN Y DESINTEGRACIÓN “Desde el fondo de su ser, el hombre puede ser transportado por un impulso hacia las cumbres y entonces participa en la vida aérea de la montaña. Por el contrario, puede vivir una sensación enteramente terrestre de aplastamiento. Se prosterna en cuerpo y alma ante una majestad de la naturaleza” (Bachelard, G., 1994: 298).En México se quiso celebrar el año del 2010 como el “Bicentenario de laIndependencia” y por ello los años de 2008 y 2009 se convirtieron en años depreparación de una gran fiesta de conmemoración. Hay que recordar, sinembargo, que la fiesta no puede tener como motivo el cumplir 200 años de “serindependientes” –como sí los había cumplido Haití hace varios años, que habíaproclamado su independencia en 1804- sino solamente del inicio de unmovimiento de liberación, el cual, para su cumplimiento necesitó de variosaños; por ello, dentro de las identidades nacionales, la fecha de conquista de laindependencia de España se celebra en diferentes momentos: México, porejemplo, en 1821; a Colombia le fue reconocida en 1819; Argentina la recuerdaen 1816; Chile la proclamó en 1818, etc.Simón Bolívar expresó claramente su sueño de una “gran patria americana” ala que llamaba “Hispanoamérica” desde su Carta de Jamaica en 1815: “Yodeseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación delmundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria”.Incluso, cuando la formación de diversas nacionalidades era ya un hechoirreversible, Bolívar siguió insistiendo, por lo menos, en una “Unión deRepúblicas”. El sueño fracasó como lo han reconocido muchos autores; diceEnrique Dussel, por ejemplo: “El sueño bolivariano fue sepultado en el más
    • 170completo olvido” (Dussel, 1984); entonces, en vez de que Hispanoaméricafuera una gran nación o una unión de naciones, el resultado fue la constituciónde múltiples países independientes vinculados por su pasado colonial enhistoria, lenguaje y cultura, pero también enfrentados entre ellos por lasfronteras y rivalidades de los grupos nacionales. De manera contrastantes,frente al norte de América donde quedaron los Estados Unidos en una uniónfederal bajo la coordinación de un presidente único, en la parte de debajo de lageografía americana quedaron los estados desunidos del Sur.Hay que mencionar de manera explícita que, desde el siglo XIX, EstadosUnidos empezó a constituirse en un imperio con la doctrina Monroe,considerando la parte sur del continente como su patio trasero, con unaconcepción del nuevo panamericanismo en donde el Norte era el eje rector,propiciando siempre en beneficio propio, la desunión del Sur.De esta manera, existe simultáneamente en la actual América Latina laherencia de una cultura de integración, basada tanto en la herencia históricadel pasado colonial con la expresión de una lengua común, pero también deuna cultura de la desintegración, basada en las rivalidades económicas ypolíticas de los grupos nacionales, que siempre han estado atizados por losintereses particulares de dominación del país del Norte.Lo anterior nos lleva al concepto de cultura que, en su acepción más amplia;nos remite a las formas y modos de vida que caracterizan la vida de unacomunidad. Pero podemos retomar también la definición de Clifford Geertz, dela siguiente manera: “creyendo como lo hizo Max Weber que el hombre es unanimal que está suspendido en las redes de significación que él mismo hatejido, considero que la cultura son esas redes y, por tanto, el análisis que debehacerse no es el de una ciencia experimental que busca una ley sino unaciencia interpretativa en busca de significado” (Geertz, 1973: 5). Es decir, en lavida diaria de las diferentes sociedades, lo que tenemos es una lucha designificados en donde, en muchas ocasiones, conforme a la ética social, unotiene que buscar los proyectos culturales que sean más conformes a la razón
    • 171colectiva y por los que hay que luchar de tal manera que puedan prevalecersobre otros significados también existentes.De esta manera, el presente latinoamericano se encuentra todavía en estabifurcación de significados dentro de una realidad contradictoria: siguiendo elsueño de Bolívar, estamos los que aspiramos a insertar a América Latina conun proyecto propio como región dentro del mundo global; están tambiénquienes luchan y trabajan porque las naciones latinoamericanas sigan aisladasen sus ámbitos fronterizos en una competitividad y confrontación constanteentre ellas mismas. Y como antes, esta segunda tendencia de significadossigue siendo alentada por los gobiernos norteamericanos, sean éstos extraídosde la tendencia republicana belicosa de los Bush o de la tendencia demócratade Obama con un discurso más conciliador. En ambos caminos, se puedeinsertar también un nuevo concepto de cultura que atiende no solamente a losrasgos comunes que caracterizan de hecho a una población determinada sinotambién lo relativo a un imaginario social deseable, que se convierte en unproyecto por el que hay que luchar; se trata de “la cultura que producedirectamente efectos de mundo”32 (Coelho T., 2000: 122); es el concepto decultura que proponían diversos autores de la ilustración francesa del siglo XVIIIcuando, sin existir la democracia porque se trataba del mundo de la sociedadabsolutista, la proponían en sus escritos como un imaginario deseable con elque había que comprometerse.Cuando actualmente miramos los escenarios latinoamericanos, los vemosentonces dentro de los significados contradictorios propiciados por quienespropagan la integración y por quienes buscan la reducción de la problemáticasocial a las realidades nacionales, lo cual puede manifestarse, por ejemplo, através de diversos métodos de análisis sobre el contenido político queexpresan diferentes líderes de la región. Uno de esos métodos es el análisis32 Como los mismos autores señalan “el origen de esta tendencia remonta al concepto de culturapropuesto por Kant, para quien la finalidad última de la especie humana, por lo tanto, lafinalidad de la naturaleza, es la cultura: escenario de sabiduría suprema porque vuelve a laspersonas susceptibles a las ideas”.
    • 172lexicométrico33 que algunos autores han aplicado a los discursospresidenciales de gobernantes latinoamericanos.Es por ello que los significados de los procesos de integración se han mostradode manera constante e intensa en las propuestas de los presidentespertenecientes o simpatizantes de la Alianza Bolivariana de las Américas(ALBA) como Venezuela, Cuba (Raúl Castro), Bolivia (Evo Morales), Nicaragua(Daniel Ortega), Ecuador (Rafael Correa), Honduras (Manuel Zelaya) e inclusocon gobiernos progresistas como los de Brasil (Lula da Silva) y Argentina(Cristina Fernández de Kirchner) mientras que el ámbito nacional quedasobredimensionado en gobiernos de la derecha como el de Colombia (ÁlvaroUribe).De manera particular, el problema puede ser analizado a partir del ataquemilitar unilateral con bombardeos que realizó el gobierno colombiano de ÁlvaroUribe en contra de un campamento de las Fuerzas Armadas Revolucionariasde Colombia (FARC) ubicado dentro de territorio de Ecuador en la madrugadadel 1 de marzo de 2008. En este hecho, además, se ha comprobado conclaridad la intervención del gobierno de Estados Unidos apoyando política ymilitarmente a Colombia en un supuesto derecho de violar la soberanía deotros estados con el objeto declarado de defenderse del terrorismo. Correa –apoyado por Venezuela- y Uribe ejemplificaron los dos tipos de significados enpugna en América Latina, en donde el último, realizando una agresión expresaen el ámbito militar para defender nacionalismos exacerbados entre paísesvecinos, contó con el apoyo estadounidense34.La relevancia de este hecho para los proyectos de integración en el ámbitocultural puede quedar manifiesta por el hecho de que los diferentes gobiernos33 Este tipo de análisis lexicométrico ha sido aplicado al discurso político por Victor Armony, alque ha llamado “puerta de entrada para estudiar los significados sociales” (Armony, en CortenA., 2006: 117).34 Esta expresa colaboración entre los gobiernos de Colombia y Estados Unidos se siguióexpresando durante el año 2009 cuando Álvaro Uribe autorizó el uso por los norteamericanos demayor número de bases militares dentro de su territorio. Incluso Brasil se ha sentido amenazadopor esta presencia militar y que es vista como una estrategia de cerco sobre sus yacimientospetrolíferos recién descubiertos.
    • 173latinoamericanos involucrados directamente en el conflicto han sido electosmediante procesos electorales. De manera particular, los gobernantes ÁlvaroUribe (Colombia), Rafael Correa (Ecuador), Hugo Chávez (Venezuela), todosgozan de un segundo mandato con un liderazgo y posturas que han sidoratificadas ampliamente por la gran mayoría de la población; en este sentido,las posturas de los gobernantes están reflejando un sentir de sus ciudadanosnacionales en un conflicto bilateral que los lleva a fuertes confrontaciones.Colombia frente a Ecuador y Venezuela en este conflicto originado por elataque del ejército colombiano apoyado por Estados Unidos a un campamentode las FARC en territorio ecuatoriano significa la existencia de dos proyectosdistintos, dos imaginarios diferentes sobre la integración.Esta separación de proyectos ya estaba marcada desde antes con distintosindicadores. Mark Falcoff, por ejemplo, haciendo hincapié en su pregunta sobreTwo Latin Americans?, indicaba en el 2007: “Nosotros estamos atestiguando elinicio de una separación en dos Américas latinas –una corriendo por un ejeirregular desde la Ciudad de México a través de América Central para Chile, yla otra desde la Habana, pasando por Caracas, Brasilia, y posiblemente Quito yBuenos Aires. El primero estará ampliamente asociado a los Estados Unidos,en términos económicos y geoestratégicos; el segundo se definirá por laoposición al Consenso de washington en la economía y las finanzas, al librecomercio hemisférico, y a las agendas estratégicas más amplias de laadministración Bush” (Falcoff, en Ayerbe 2007: 90)Se trata así de una batalla ideológica más allá de las diferencias políticas. Lasdiscusiones están a la orden del día: ¿qué le conviene más a un país?¿defender su identidad nacional pero en base a una alianza con los EstadosUnidos o propiciar acuerdos de integración entre los propios paíseslatinoamericanos? Existen en México, por ejemplo, intelectuales como EnriqueKrauze o Jorge Castañeda que ven la futura prosperidad de México solamentemirando al Norte y olvidando las alianzas con el Sur, pero echan en el olvidotambién que la alianza con el Norte siempre será una relación desubordinación. Lo discutieron públicamente entre el 2002 y 2003 cuandoquerían que México, siendo parte del consejo de Seguridad de las Naciones
    • 174Unidas se plegara dócilmente a la decisión del entonces presidente Bush deinvadir Irak. En el caso de Colombia, ¿cuántos no han defendido el planColombia y las bases militares norteamericanas en ese país con el pretexto dela seguridad nacional, enfrentando con esa política guerrerista a casi todos lospaíses vecinos?La cultura de la integración tiene un gran capital social a partir del sueño deSimón Bolívar, a partir de las propuestas de César Augusto Sandino sobre launidad latinoamericana de naciones y a partir del nuevo pensamientobolivariano que se ha reforzado en la transición del siglo XX al XXI. El conceptode capital social lo entendemos de la manera como Robert Putnam lo concibió,como los “rasgos de la organización social, tales como las redes, las normas yla confianza, que facilitan la acción y la cooperación para el mutuo beneficio...Trabajar juntos es más fácil en una comunidad bendecida con una derramasustancial de capital social” (Putnam, 1993: 67). Se trata de una cultura deredes de confianza entre los grupos sociales en donde la interacción posibilitael logro de numerosos objetivos a través de la participación constante. En estesentido, al acercarse la conmemoración en Mexico del aniversario delcomienzo del movimiento por la independencia, la herencia cultural de dossiglos ha dejado el sello de una cultura común entre los latinoamericanos endonde todavía nos identificamos todos los pueblos que vivimos la época de lacolonia bajo el yugo español.Sin embargo, como también lo señala el mismo Putnam, existe también un ladooscuro del concepto (the dark side of social capital) (Putnam, 2000, chapter22). Eso sucede, por un lado, cuando las mismas redes sociales sonaprovechadas con fines perversos como la delincuencia o el narcotráfico y, porotro lado, cuando las mismas tradiciones de confianza y solidaridad sondestruidas por una nueva cultura de desconfianza y enfrentamiento.Para el caso de México, por ejemplo, la Encuesta Nacional sobre CulturaPolítica del 2008 ofrecía datos que pueden ser aterradores alrededor del temadel capital social: “de acuerdo con la ENCUP 2008, el 84 por ciento de losciudadanos mexicanos opina que si uno no se cuida a sí mismo, la gente se va
    • 175a aprovechar” (ENCUP, 2009: 29). Y existe, además, poco interés de losciudadanos en la participación política, algo que coincide también con losseñalamientos de otras instituciones como el Barómetro de las Américas yLatinobarómetro, cuando lo aplican a la mayoría de los países del continente.De esta manera, parecería que en la batalla permanente entre los valores,quien va ganando es la cultura del exacerbado individualismo y de ladesintegración, sobre todo cuando muchos pueden llegar a pensar que eltrabajo colectivo y de coordinación de grupos y naciones reditúa menos que elesfuerzo de cada quien por su propio beneficio.No es nada extraño hablar acerca de este tipo de tensiones y contradiccionesporque parece ser algo propio del ser humano en general. Así lo refiere, porejemplo, Kant cuando utiliza el concepto de la “insociable sociabilidad” aplicadoa todos los seres humanos en su discusión sobre la posibilidad de construiruna paz perpetua. Existe un antagonismo permanente que todos llevamosdentro: nuestro deseo de paz y nuestra atracción por la guerra; nuestrasociabilidad como destino pero también la realidad de un individualismoegoísta; la gran atracción del amor junto con la fuerza del odio; la razón y lalocura juntas que todos llevamos dentro; la cultura de la integración convivecon la desintegración, etc.En nuestra realidad latinoamericana de principios del siglo XX podemosconstatar ciertamente un auge de los propósitos declarados de integración endiversos gobiernos; la razón esgrimida no solamente es la herencia culturalcomún sino sobre todo la necesidad de enfrentar de mejor manera losprocesos de globalización. Sin embargo, parece ser que pesan más todavía lasrivalidades nacionales que la necesidad de hacer un proyecto común. “AméricaLatina apela a la integración por una razón de subsistencia, sólo la unión deeconomías frágiles puede ganar cierta estabilidad en la lucha por lacompetitividad en el mercado. Sin embargo, y a pesar de ser la integración unaposibilidad planteada en estos estados desde el pasado siglo, su concreciónparece a veces escabrosa y las voluntades de unificación en bloques,ineficaz… En América Latina,… aun estando estrechamente unida por lalengua y por largas y densas tradiciones, la integración económica está
    • 176fracturando la solidaridad regional… Las exigencias de competitividad entre losgrupos comienzan a prevalecer sobre la cooperación y complementariedadregional… En Latinoamérica las necesidades del mercado prevalecen sobre lavoluntad política de los estados, que incorporaron el proceso de integraciónregional latinoamericana en sus respectivos agendas de política exterior desdehace ya cuatro décadas. Voluntad por cierto plagada de mera formalidadporque sus avances, durante estos períodos, han sido casi imperceptibles ymuchas veces inexistentes… Esta es la paradoja de América latina, unaespecie de cultura potencia que se encuentra inerte dentro de los valores de laregión, pero que es inconsistente cuando se trata de concretar acciones deintereses comunes que requieran coordinación y cooperación” (Morales,Rodríguez et al., 1999).Ciertamente desde finales del siglo XX estamos viviendo una nueva época encuanto al florecimiento de la cultura de la integración; la mayor parte de losgobiernos de la región con mayor o menor énfasis la señalan como un objetivo,pero el camino todavía es arduo para lograr que las ideas de integraciónencarnen en la realidad. Los obstáculos están a la vista y no solamente en elcampo económico y político sino en el mismo debate cultural; en ciertosgobiernos y sectores de la sociedad civil convive también la cultura de ladesintegración, por un lado, proveniente de los deseos exacerbados de unnacionalismo enfermo y, por otro, debido a una gran atracción del país delnorte que ejerce su poder para establecer alianzas bilaterales y tratar deimpedir las coordinaciones y proyectos de integración regional de AméricaLatina.Por ello, si hablamos de una lucha ideológica en el campo de la cultura, nopodemos conformarnos solamente con la definición antropológica del conceptoen el sentido de que recogemos simplemente las características del modocomún de los latinoamericanos para solamente expresarlo en el ámbito de lofolclórico; es necesario avanzar hacia esa concepción de la cultura comoproyecto político en donde la integración de la colectividad pese más que losintereses sectoriales. Ni la humanidad en general ni América Latina enparticular pueden caminar de manera mecánica hacia un destino solidario sino
    • 177que, en medio de las contradicciones y el antagonismo de fuerzas, esnecesario impulsar activamente los procesos de integración. Jürgen Habermaslo expresaba de manera clara para el ámbito planetario: “la cuestión principales la siguiente: si en las sociedades civiles y en los espacios públicos degobiernos más extensos puede surgir la conciencia de una solidaridadcosmopolita. Sólo bajo la presión de un cambio efectivo de la conciencia de losciudadanos en la política interior, podrán transformarse los actores capaces deuna acción global, para que se entiendan a sí mismos como miembros de unacomunidad que sólo tiene una alternativa: la cooperación con los otros y laconciliación de sus intereses por contradictorios que sean” (Habermas, 1999).El escenario actual en el caso de América latina ciertamente es deantagonismo entre proyectos nacionales contrapuestos, sobre todo cuando hansurgido gobiernos legítimos de izquierda con base democrática que reclamanretomar con más fuerza el proyecto bolivariano; se están elevando cada vezmás las voces, y debemos propiciar de que sean cada vez más numerosas,dentro de las diferencias nacionales y regionales, para la construcción de unacultura y proyecto de integración.En un capítulo anterior ya mencionábamos la fragilidad propia de los impulsosa la integración bajo la perspectiva de que dependen en gran medida de losgobernantes en turno. Ello nos remite al gran logro que está alcanzandoAmérica Latina en su lucha por consolidar procesos electorales legítimos peroque, en la práctica, pueden llevar al poder ejecutivo a gobernantes de derechao de izquierda, impulsores o detractores de la misma integración. Por ello,podemos sostener las siguientes tesis relacionadas con estos procesos.El más fuerte modelo de integración en el mundo ha sido la Unión Europea. Yeste modelo de integración está en crisis. El euro está en crisis; Grecia está enbancarrota, y tiemblan también las economías de Portugal, España, Irlanda,...Alemania está sobre-endeudada por los programas de apoyo a su propiaeconomía y por las subvenciones a los países en bancarrota como Grecia. LaUE no pudo detener la guerra contra Irak por la contradictoria política exteriorde sus naciones. Inglaterra y Alemania estaban a un lado de Estados Unidos
    • 178junto con la OTAN en la intervención en Afganistán. La misma Bélgica, sede dela UE, podría dividirse en dos naciones. Toda la UE podría unirse a Israel y aEstados Unidos en un conflicto nuclear contra Irán. Para sacar adelante eltratado de Lisboa, muchas naciones han tenido que acudir a las legislaturas,negando el procedimiento de referéndum por temor al NO de los ciudadanos.El gran número de países de la UE (27) y su gran heterogeneidad son unimpedimento para la integración y uno se pregunta hasta dónde se va aextender el concepto de Europa: ¿va a abarcar a Turquía? ¿va a abarcar aotros países más? ¿Hay que sostener el euro a como dé lugar? Derecha eizquierda están divididas: sectores de ambas apoyan y están en contra delproceso de integración. El proceso de la UE ha servido para evitar la guerraentre países europeos y para consolidar la coordinación entre burguesíasnacionales, pero no necesariamente para elevar el nivel de vida todos losciudadanos. El proyecto de la UE tiene ciertamente rasgos de un capitalismomenos salvaje pero la UE ni es anticapitalista ni es antiimperialista.En América Latina, los procesos de integración tienen los antecedentes delMercado Común Centroamericano (y posteriormente el SICA), del PactoAndino (y posteriormente la CAN) y del MERCOSUR como procesos deintegración regional enfocados fundamentalmente al ámbito comercial decooperación económica entre gobiernos y burguesías nacionales.Posteriormente se implementaron los proyectos del ALBA, de la Comunidadde Naciones del Sur de 2004 en el Cusco (UNASUR en el 2008) y de lareciente formulación de la Comunidad de Estados de América Latina y delCaribe (CELAC en 2010) con iniciativas de un planteamiento alternativo deintegración, especialmente con más autonomía respecto del proyectonorteamericano de dominación a través del ALCA. Todo ello, sin embargo,aunque con avances considerables en muchos aspectos, no ha llegado másque a cooperación entre gobiernos y entre poderosos grupos económico de lasélites nacionales sin llegar a formalizar instituciones trasnacionales.Específicamente, al ser la integración un producto de cooperación entregobiernos, ella no depende más que de los gobiernos en turno, que sonrelevados por ideologías semejantes u opuestas en los respectivos períodospresidenciales de 4, 5 o 6 años.
    • 179Existe un hecho novedoso en el siglo XXI con el nacimiento de un nuevoescenario político en los gobiernos latinoamericanos: a través de la democraciaelectoral han surgido nuevos liderazgos gubernamentales con una diferentepolítica social y algunos de ellos aspirando declarativamente a un modelo pos-neoliberal o a un nuevo socialismo. Esta etapa comenzó en 1998 en Venezuelacon Hugo Chávez, quien ha podido consolidar su proyecto a través de lavictoria en múltiples procesos electorales (con excepción del referéndum sobrela propuesta de reforma constitucional del 2007, que después fue revertido enuna nueva consulta); después siguió Lula da Silva en el 2002 en Brasil,ratificado en el 2006 y puesta la continuidad de su proyecto en el 2010 a travésde la candidata del PT, Dilma Roussef (ex-guerrillera, presa y torturada por ladictadura militar), para las elecciones del próximo octubre. Siguió Uruguay enel 2004 con la victoria del Frente Amplio que postuló a Tabaré Vázquez, y en el2009 con la victoria del ex-guerrillero José Mujica, del mismo partido. Vinoluego la victoria de Evo Morales en Bolivia con su partido el MAS en diciembredel 2005, quien ha sido un parte-aguas en la historia política de Bolivia al tenerun presidente de raíces indígenas y vinculado directamente a los movimientossociales y quien ha sido ratificado con el nuevo proyecto aprobado de la nuevaconstitución y el referéndum revocatorio del 2008. En el 2006, se rompiótambién la hegemonía de los partidos políticos tradicionales con el triunfo delnuevo proyecto de Rafael Correa, quien convocó a la creación de una nuevaconstitución nacional, la cual, al ser aprobada en el 2009, lo ha puesto comopresidente hasta el 2013. Vino también en Nicaragua en el mismo año de 2006,el triunfo del FSLN con el actual presidente Daniel Ortega, el mismo que habíasido presidente después de la revolución triunfante de 1979 y que perdió lacandidatura a la presidencia en tres veces consecutivas: 1990, 1996 y 2001.Los casos de Guatemala con el presidente Alvaro Colom en 2007, el deArgentina con Néstor Kirchner en el 2003 y la continuidad de las líneas de sugobierno en el triunfo de Cristina Fernández de Kirchner en el 2007, y el deChile tanto con Ricardo Lagos como con Michelle Bachelet en enero de 2006(ambos del PSCH) pueden todos ser considerados como gobiernosprogresistas de centro izquierda sin tener la radicalidad de otros gobiernosemergentes; incluso el caso de Panamá con el gobierno de Martín Torrijos, del
    • 180PRD, puede ser considerado progresista de centro izquierda al haber derrotadoen el 2004 al derechista Guillermo Endara, quien había sido el presidentemarioneta de los Estados Unidos después de la invasión de 1989. Habría queañadir finalmente, por un lado, el caso de Fernando Lugo, presidente deParaguay desde 2008, quien había sido anteriormente obispo de la iglesiacatólica pregonando la teología de la liberación, y, por otro lado el caso delantiguo movimiento guerrillero de El Salvador, el FMLN, quien logró la victoriaen las elecciones presidenciales de 2009, con su candidato Mauricio Funes.Todo este escenario representa una izquierda muy variada y heterogénea, peroproducto de procesos democráticos y aspirando en muchos casos a proyectosdiferentes del modelo neoliberal.La tendencia hacia los heterogéneos gobiernos de izquierda no es uniforme niascendente; los pueblos eligen también gobiernos de derecha. Si bien haycasos de mucha controversia como el actual gobierno del PAN en México, cuyotriunfo electoral sigue siendo objeto de mucha crítica tanto por la intervenciónmanifiesta del ahora ex presidente Fox en el proceso electoral como por ciertassuposiciones de fraude al haberse negado el conteo voto por voto, esindudable que gran parte de la población en diversos países ha votado por laderecha. Ha sido el caso manifiesto de Álvaro Uribe, en sus dos triunfoselectorales en Colombia, en 2002 y 2006, con la consiguiente elección de JuanManuel Santos (antiguo ministro de Defensa del gobierno de Uribe) quien seráel próximo presidente colombiano a partir del próximo 7 de agosto de 2010.También ha sido el caso del empresario Ricardo Martinelli, ganador de laselecciones presidenciales de 2009 en Panamá, y el caso del tambiénempresario Sebastián Piñera, ganador de la presidencia de Chile en diciembredel 2009, ante la división de la Concertación de Partidos por la Democracia.Todo esto nos indica que izquierda y derecha, aunque tienen múltiplessignificados, siguen enfrentándose en la arena política latinoamericana yninguna de las dos tendencias tiene asegurada su permanencia total; de estamanera, también los procesos de integración dependen de los gobiernos enturno. Sin embargo, si bien es cierto que la izquierda puede reclamar con granfuerza la herencia del sueño de Simón Bolívar por la gran patria americana,hay también gobiernos de la derecha que abrazan el proyecto de integración
    • 181por la oportunidad de negocios que representa para las élites económicasnacionales. En cualquier caso, el tema de la integración deviene enambigüedad: puede servir para consolidar burguesías nacionales ytrasnacionales y tiene también la posibilidad de remota de beneficiar también alas poblaciones nacionales o por lo menos para ser un espacio más autónomodentro la actual hegemonía norteamericana. Hay que entender que laintegración latinoamericana no es un proyecto exclusivo de la izquierda; es unaaspiración de frentes amplios. El proyecto de integración recoge la aspiraciónde Bolívar sobre la gran patria americana, pero puede convertirse solamenteen coordinación de gobiernos y élites nacionales y también puede ser objeto demanipulación ideológica por parte de Norteamérica cuando, por ejemplo,siguiendo la herencia del panamericanismo, George Bush padre, enarbolótambién el nombre de Bolívar para justificar su iniciativa para las América, lacual Clinton convertiría en Cumbre de las Américas con su proyecto del ALCA.La integración latinoamericana y sus proyectos regionales dependen casiexclusivamente de los gobiernos en turno y por ello sufre los vaivenes de losperíodos gubernamentales en cada país.Se creía superada la etapa de los militarismos y golpes de estado, pero el casode Honduras recuerda la presencia del poder de las oligarquías. El golpe militarrealizado el 28 de junio 2009 en Honduras en contra de la presidencia legítimade Manuel Zelaya representan un severo golpe al modelo de las democraciaselectorales propugnadas incluso por el consenso de Washington. ¿Qué seestaba jugando en la nueva política de Zelaya, que ameritó que las éliteseconómicas, militares y políticas de la derecha se unieran en su contrarompiendo las reglas elementales de la Carta Interamericana de la OEA?¿Tanto peligro representaba la nueva política social de Zelaya y la adhesión deHonduras al ALBA, que tuvieron que la derecha y los militares tuvieron queromper el orden constitucional? A pesar de toda la oposición internacional(incluyendo la declaración verbal del presidente Obama sobre la ilegalidad delgolpe), los golpistas pudieron mantenerse y realizar su propio proceso electoralque declaró ganador a Porfirio Lobo, del derechista Partido Nacional, ennoviembre del 2009. Y ahí está la derecha dictatorial gobernando Honduras en2010, todavía con la condena de la mayoría de gobiernos de la OEA pero
    • 182logrando ya el reconocimiento de algunas naciones. Con el actual caso deHonduras e incluso con la agresión militar del gobierno de Uribe contra losguerrilleros de las FARC en territorio ecuatoriano, se pone en serio peligro elproyecto de integración en sus diferentes variables, incluso con los máscercanos vecinos.Los proyectos de integración pueden visualizarse en dos vertientes posibles: oun sistema plural de naciones multilateral con una coordinación entre gobiernosfrente a problemas comunes o el autoritarismo del modelo de G. Orwell con elbig brother, que también es la forma panamericana posible de integración. Hayquien puede visualizar una tercera posibilidad: que los procesos de integracióncontribuyan a elevar el nivel de vida de los pueblos; sin embargo, esta terceraposibilidad, que es la deseable junto con la primera, solamente serán posiblesa partir de la reconstitución de los órdenes nacionales. En muchas ocasiones,al enfatizar tanto los procesos de integración se nos han estado olvidando losactores sociales populares de cada país. Si éstos no existen, no hay posibilidadde integración alternativa.En cada nación ya está la negociación entre los gobiernos con la influencia delas oligarquías económicas, ¿por qué no darnos también prioritariamente a latarea de contribuir a la consolidación de las organizaciones de ciudadanoscomo actores sociales? No es que haya que olvidarnos de la integración, peroésta ya está en marcha sin la participación de los pueblos; para trabajar enserio por la integración, es necesario reconstituir los órdenes nacionalesconsolidando el poder local de los ciudadanos en cada comunidad, en cadaregión.Esta reconstitución de los órdenes nacionales tiene múltiples formas de luchapolítica, pero quiero señalar de manera particular, en contra de aquellasposiciones que desprecian la política real de todos los partidos políticos, que laparticipación electoral es una forma muy importante de lucha en el ámbitolatinoamericano; a través de la democracia electoral es como se ha abierto unnuevo escenario político en esta parte de nuestro continente y, por tanto, lasposiciones de abstencionismo e incluso las de voto en blanco en nada ayudan
    • 183a los procesos de participación cuando se están decidiendo en las urnasdiversos proyectos para un municipio, un estado o todo un país. Reconstituirlos órdenes nacionales también significa que sectores sindicales, campesinos,indígenas, académicos, etc. aprovechemos las ventajas que nos da laglobalización para crear y consolidar redes trasnacionales con la visión de unaintegración alternativa y nos manifestemos públicamente como actores socialesbeligerantes tanto en el ámbito de la protesta como en el de la propuesta.
    • 184
    • 185 CAPÍTULO VIII NUEVOS IMAGINARIOS SOCIALES “En América Latina, se está dando una vuelta de página en su historia. Están surgiendo nuevos imaginarios y es necesario llegar a comprenderlos” (Corten, 2006: 24).En las ciencias sociales latinoamericanas ha tenido gran importancia latradición del materialismo histórico en el siglo XX, enfatizando aquella tesis deMarx en la Ideología alemana en donde se señala que no es la conciencia loque determina el ser sino el ser lo que determina la conciencia. Sin embargo,esta tesis nunca debió verse como un determinismo mecánico sino como unainteracción constante entre el nivel de las cosas materiales y los niveles de lapolítica y la ideología, porque es obvio que el propio Marx enfatizó la direcciónpolítica y la formación ideológica como uno de los caminos de transformaciónde la realidad.Los cambios sociales en la historia nunca han sido producto únicamente de lascondiciones objetivas de las contradicciones sociales; en muchos momentos,ha sido la subjetividad de los individuos o diversos hechos circunstanciales loque fue significativo para modificar el rumbo de acontecimientos importantes.Cuando Víctor Hugo en su novela sobre Los Miserables narra la batalla deNapoleón en Waterloo no nos remite sólo a los condicionamientos macrohistóricos de transición del absolutismo a las sociedades liberales del siglo XIXsino a un detalle que pudiera parecer casi insignificante: la noche anterior a labatalla había llovido profusamente y los cañones que le pudieron haberotorgado la victoria no pudieron subirse a un lugar de ubicación estratégicacontra los ingleses: “si no hubiera llovido la noche del 17 al 18 de junio de1815, el porvenir de Europa hubiera sido otro” (Hugo Víctor, 1974: 311).
    • 186Nuestra primera discusión está sobre el origen de los cambios sociales endonde, dentro de determinado contexto estructural objetivo producto de lahistoria, proponemos que la subjetividad y la cultura de los actores sociales seconvierte en un factor fundamental para impulsar las transformacionessocioeconómicas y políticas que se requieren. Quiero decir que el rumbo decualquier país y del mundo entero no está determinado mecánicamente por lascondiciones objetivas sino que siempre se puede estar a la espera demomentos inesperados en donde el surgimiento de nuevos liderazgos osituaciones puede hacer avanzar un proceso o hacerlo retroceder. Más allá dela siempre necesaria planeación a corto y largo plazo que tienen que hacer losdirigentes políticos para hacer triunfar sus posiciones, habrá que contarconstantemente con ese porcentaje de voluntarismo, de suerte (o de “fortuna”,como lo señala Maquiavelo en el Príncipe35) que ha hecho cambiar coyunturashistóricas importantes.En la historia mundial de fines del siglo XX y sobre todo en la coyuntura de ladebacle del socialismo de Europa del Este y la desaparición de la antiguaURSS, apareció la posición del “pensamiento único36”, que proponía al modeloneoliberal del libre comercio como la única alternativa para la economíamundial. Incluso Francis Fukuyama propuso su famoso Fin de la historia, endonde no se presentaba como deseable más que un solo modelo de sociedad:el capitalismo frente a un socialismo derrotado; él se preguntaba si “al final delsiglo XX tenía sentido hablar de una historia del género humano coherente ydireccional”, y se respondía de una manera afirmativa apelando a “lógica de lamoderna ciencia natural” señalando el fin de la historia como “un efecto de lainterpretación económica del cambio histórico, que no conduce (a diferencia del35 Así lo señalaba Maquiavelo: “No ignoro que muchos creen y que han creído que las cosas delmundo están regidas por la fortuna y por Dios de tal modo que los hombres más prudentes nopueden modificarlas... Sin embargo, y a fin de que no se desvanezca nuestro libre albedrío,acepto por cierto que la fortuna sea juez de la mitad de nuestras acciones, pero que nos dejagobernar la otra mitad, o poco menos” (Maquiavelo, 1999).36 La expresión fue propuesta en 1995 por Ignacio Ramonet, miembro de ATTAC y editor de LeMonde Diplomatique, para criticar las propuestas neoliberales de ciertos gobernantes paraquienes el libre mercado y la desregulación de la economía eran el único camino existente,como lo había mencionado Margaret Thatcher: There is no alternative.
    • 187marxismo) al socialismo sino al capitalismo como su último resultado”(Fukuyama, 1992). Pero la ciencia moderna no se sujeta a los postuladosabsolutos; sujetarse a un pensamiento único es una castración intelectual; poreso, hay que decir no al fin de la historia y comenzar de nuevo a imaginarnoslas siguientes etapas como proyectos a construir.Aquí sostenemos que algo nuevo está naciendo en América Latina durante latransición del siglo XX al XXI. Ciertamente hay nuevas ideas e imaginariossobre el futuro a construir junto con experiencias novedosas de desarrollo locale incluso a nivel de gobiernos surgidos de procesos democráticos. Estosnuevos imaginarios no solamente se expresan en las localidades sino tambiénen el ámbito global de la región latinoamericana con propuestas de nuevasformas de integración, más allá de los puros tratados comerciales.Diversos enfoques sobre la culturaLos países latinoamericanos en el nuevo milenio arrastran todavía una precariasituación económica dentro del proceso de la globalización que nos ponesiempre en la cercanía de la crisis. Sin embargo, dentro de nuestras complejascondiciones económicas, se puede encontrar promisoria transición a lademocracia con nuevos imaginarios sociales, a partir de una sólida y ricatradición de identidad cultural, que bien nos podrá permitir pintar de otro color—como decía Rubén Darío— lo que se encuentra de negro en el continente.De alguna manera, los analistas sobre América Latina —tanto en el norte comoen el sur del continente— nos enfrentamos a una cierta paradoja: por un lado,las esperanzas de que los países puedan tener el gobierno que quieran, apartir de reglas electorales cada vez más definidas, se están cumpliendo, peropor otro lado, “la distribución de la riqueza, del ingreso y de los serviciospermanece muy desigual, comparado con lo que existe en los paísesdesarrollados. Y, además, el imperio de la ley es una rareza, especialmentepara los estamentos inferiores de la sociedad” (Skidmore, en LARR, núm. 1,1998: 115).
    • 188Esta hipótesis sobre el momento en que transitaba América Latina al final delsiglo XX fue expuesta por Carlos Fuentes en su libro conmemorativo de los 500años del descubrimiento de América publicado con el nombre de El espejoenterrado. La situación económica sigue siendo desastrosa, aunque nuestrosmejores ejemplos, a pesar de sus propios problemas, como lo atestigua elíndide de Desarrollo Humano de la ONU, siguen siendo Argentina, Uruguay,Costa Rica y Chile. También hay avances en los procesos democráticos encuanto a las reglas electorales, y existe un camino posible para las nuevasalternativas de política social de los nuevos gobiernos emergentes; losprocesos electorales de Brasil, Bolivia, Ecuador, Venezuela,… muestran que, através de la democracia electoral y pacífica, es posible ensayar nuevasalternativas.Por otro lado, los procesos de integración latinoamericana van madurandolentamente en las últimas décadas para mostrar también que en los ámbitoseconómico, político y cultural existe un nuevo proyecto que, retomandoelementos del ideal bolivariano, puede ofrecer esperanza para Latinoaméricaen el siglo XXI. En este punto podemos retomar la idea de Darcy Ribeiro(UNAM, 1986: 109) sobre la cultura latinoamericana como un motor de unidade integración.La potencialidad de la cultura equivalente a este motor es mencionada ennumerosas reuniones de las élites económicas y políticas de la región. El 13 y14 de julio del 2006 se realizó en Montevideo, Uruguay, por ejemplo, la IXConferencia Iberoamericana de cultura, siguiendo la tradición iniciada a partirde la realización de la primera cumbre iberoamericana de 1991 enGuadalajara, México. Como principio básico se señalaba la relación explícitaque hay en esta parte del continente americano entre la aspiración por laintegración y los rasgos de unidad y diversidad que existen entre los diversospueblos que lo componemos: nuestro “propósito de convergencia se sustentano sólo en un acervo cultural común sino, asimismo, en la riqueza de nuestrosorígenes y de su expresión plural” (Carta cultural iberoamericana, 2006). Almismo documento pertenecen las siguientes afirmaciones: “El ejercicio de lacultura, entendido como una dimensión de la ciudadanía, es un elemento
    • 189básico para la cohesión y la inclusión social y, que general al mismo tiempo,confianza y autoestima no sólo a los individuos, sino también a lascomunidades y naciones a las cuales pertenecen”. Se insiste en destacar “elvalor estratégico que tiene la cultura en la economía y su contribución aldesarrollo económico, social y sustentable de la región”Por su lado, Alejandra Radl, dentro del proyecto del IIRSA (Iniciativa para laIntegración Regional de América del Sur), también lo señala de manera abierta:“La cultura, entonces, constituye un elemento invalorable para potenciar eldesarrollo económico y social” (Radl, 2000).Sin embargo, el concepto de cultura –más que muchos otros en el lenguaje- noes unívoco. Teixeira Coelho (2000), en su Diccionario de política cultural, sepregunta: “cuando se habla de cultura, de política cultural, ¿de qué se estáhablando exactamente?”, y hace alusión a más de 150 definiciones delconcepto que se utilizan de manera cotidiana por la población. Sin embargo, elautor remite a su acepción más amplia: una forma que caracteriza al modo devida de una comunidad en su dimensión global, totalizante (Cohelho T., 2000:120). Pero esta definición nos lanza a todo ese sistema de significaciones orepresentaciones simbólicas que tiene las personas y determinados grupossociales –en la interpretación que le da a la cultura Clifford Geertz (1973)-, quepueden ser diferentes, atendiendo a las localidades territoriales y tambiénatendiendo al tiempo en que se expresan, dado que la cultura también es unproceso histórico cambiante.Es en este sentido que actualmente se puede hablar del capital social de unacomunidad, cuando todo ese conjunto de representaciones simbólicas de ungrupo humano determinado puede favorecer o no los procesos de desarrollo deun país o comunidad determinada.Admitiendo la importancia de la cultura en los procesos de desarrollo eintegración, tenemos que enfrentar, sin embargo, la posición extrema de ciertonúmero de intelectuales que la convierten, entonces, en la causa única deldesarrollo o subdesarrollo de una región determinada. Es el caso, por ejemplo,
    • 190del ya mencionado Lawrence Harrison en el primer capítulo de este libro; elautor concluía que la cultura específica de la región es la causa delsubdesarrollo. La importancia de la cultura –que no hay que minimizar-quisieron convertirla entonces en una nueva arma para ridiculizar lospostulados de la teoría de la dependencia de los 60s y 70s, en donde se ledaba gran énfasis a la actuación de los países imperialistas como causantesdel proceso histórico del subdesarrollo latinoamericano. En este debate, laposición extrema de los conservadores fue defendida abiertamente por DanielPatrick Moynihan: “la verdad central conservadora es que la cultura, no lapolítica, es lo que determina el éxito en una sociedad determinada” (Moynihan,citado en Harrison y Huntigton, 2000: XIV). Sin embargo, en esta mismaperspectiva, es imposible dejar de considerar las prácticas políticas en lasexperiencias de los últimos 50 años en países como Malasia, Corea del Sur,Taiwán, Singapur, etc. En este último país, por ejemplo, fue muy clara lapresencia de Lee Kwan Yew a la cabeza del gobierno en el intento de modificarla cultura y convertirla en instrumento de desarrollo de una nación que hoy estácon mejores indicadores en el desarrollo humano. Y, por ello, los mismosautores Harrison y Huntigton tienen que aceptar en su libro Culture Matters queintentan también ver el proceso de cómo ir modificando la cultura desde lapolítica: “¿cómo la política y la acción social pueden convertir a la cultura enelementos favorables para el progreso? Esa es la pregunta central queesperamos explorar en nuestros estudios” (Harrison y Huntington, 2000: XVI).La relación entre cultura y política no puede verse desde una perspectiva dedeterminismo mecánico. Ambas importan, pero nuestro énfasis está puesto enun aspecto olvidado: ¿cómo la cultura puede llegar a modelar el rumbo de unpaís; de hecho, Harrison y Huntington (2000) también lo señalan: How Valuesshape Human Progress!De esta manera, podemos concluir teóricamente sobre la gran importancia quetiene la cultura para el desarrollo latinoamericano pero que ésta puede tenerdiversas fascetas: modos de vida y de pensar de la población que obstaculizanel crecimiento y la distribución de la riqueza y que favorecen las tendenciashacia el individualismo, y modos de vida y de pensar que favorecen eldesarrollo y la integración de los países. Ambas tradiciones culturales existen
    • 191en América Latina y una de las estrategias centrales actualmente tiene queenfocarse para ver cómo, en el ámbito cultural, se pueden favorecer –sobretodo en el ámbito educativo- las prácticas colectivas que favorecen uncrecimiento económico con justicia social mediante la colaboración continua decomunidades y naciones.Utopías en América latinaCiertos gobiernos e intelectuales que han adoptado la perspectiva delpensamiento único se sorprenden de la emergencia de ciertos gobiernos enAmérica Latina a los que califican de “populismos” o de “extrema izquierda” yarebasada. Pero la realidad es que existen intelectuales y lídereslatinoamericanos que han hecho resurgir nuevos imaginarios que contradicenel fin de la historia, hablando incluso de la construcción del “socialismo del sigloXXI”, cuando éste parecía ser un objetivo desprestigiado.La persistencia de Cuba socialista, a pesar del vendaval de ofensivas de lossucesivos gobiernos norteamericanos; la revolución bolivariana de Venezuelacon el presidente Chávez, ratificado por la vía democrática hasta el 2013; eltriunfo del indígena Evo Morales en diciembre del 2005 como presidente deBolivia; la victoria de Rafael Correa en Ecuador en el 2006 y la vuelta al poderejecutivo en Nicaragua del Frente Sandinista de Liberación Nacional en laselecciones del 2006,… son, en el nacer del siglo XXI, una referencia paraubicar una tendencia dentro de América Latina con propuestas de cambioeconómico y político-social para la región. Estas experiencias, a pesar de susproblemas reales, representan un énfasis mayor en el tema de la utopíalatinoamericana. “En América Latina, la esperanza ha sido siempre superior altemor y a las frustraciones que provoca la dura confrontación con la realidad yse ha traducido en la indiscutible vigencia de la función utópica” (Ramírez R.M., 2007: 93).Hugo Chávez, el presidente de Venezuela, en particular, se ha hecho notar nosolamente por sus improperios sobre el presidente norteamericano GeorgeBush sino sobre todo porque, siguiendo las reglas estrictas de la democracia
    • 192liberal, ha consolidado su liderazgo al interior de su país con la creación de unanueva asamblea constituyente, con la superación del golpe de estado del 2002,con el triunfo del referendum del 2004 y con su reelección como presidente delpaís en el 2006 a través del 60% del voto aprobatorio de la población37. Si bienhay gente que lo odia como los antiguos propietarios de la cadena televisivaCTV, también hay gente que le da la bienvenida, como Hector Okbo Sokma,cacique indio de Saimadoyi: “Este Chávez ha venido a vernos; las cosas hancambiado. Lo queremos mucho” (Monde diplomatique, no 640, 2007: 14).Aunque hay ciertamente diversas tendencias en la llamada izquierdagubernamental latinoamericana, el caso de Chávez es el que más representauna ruptura con el orden establecido y la irrupción de un nuevo imaginariosocial. El caso particular de Venezuela muestra en la segunda parte del sigloXX toda una época de aparente estabilidad después de la caída de PérezJiménez en 1958 y el Pacto de Punto Fijo entre los principales partidospolíticos; esta época terminó con la implantación de un modelo neoliberal queacarreó mayores frustraciones y demandas en un país generador de unainmensa riqueza petrolera. Chávez y su movimiento de la V República llegó aexpresar las aspiraciones de otros imaginarios posibles: “el advenimiento delchavismo en Venezuela puede interpretarse como un caso de desplazamientode fronteras en la escena política con el surgimiento de una fuerza antagónicaque devela la frontera o el carácter contingente de un orden simbólico”(Peñafiel, en Corten, 2006: 142)El caso de Venezuela tiene también un semejante gran valor simbólico para lautopía de la integración latinoamericana porque fue precisamente SimónBolívar quien formuló por primera vez esa aspiración durante el proceso de laindependencia. Lo que está en juego, cerca de 200 años después, es de nuevola autonomía, el desarrollo de los pueblos y los procesos de integración. Paraacrecentar este valor simbólico es por lo que se le dio el nuevo nombre al país:37 Nadie puede dejar de observar también el rechazo –aunque fuera por un mínimo margen devotos- de la población venezolana a finales del 2007 a la propuesta de reformas a la constituciónque el propio presidente Chávez estuvo impulsando. Sin embargo, no es el proyecto el que hasido rechazado sino sólo la posible permanencia indefinida del presidente en el poder ejecutivo,quien ahora solamente podría gobernar hasta el 2013.
    • 193República Bolivariana de Venezuela. Por ello también el presidente Chávez locita tantas veces en su discurso de toma de posesión en enero de 2007,haciendo alusión a la esperanza de los tiempos venideros: “Escribió Bolívar Yoespero mucho del tiempo… Su inmenso vientre contiene más esperanzas quesucesos pasados… Y los acontecimientos futuros han de ser superiores a lospretéritos” (Chávez, 10 enero 2007).De esta manera, América latina en su variada heterogeneidad no está viviendola aparición de nuevas locuras y populismos sino el escenario de contradicciónentre los modelos de pensamiento hegemónico y los nuevos imaginariossociales que buscan ser instituidos y transformarse en instituyentes, deacuerdo a los nuevos valores que se quieren construir: “la utopía que deberíaseducir la mirada hacia América Latina debería ser ante todo democrática,abierta, flexible, tolerante y justa; respetuosa de la dignidad humana y de laslibertades ciudadanas; debería proveer de las herramientas necesarias paradescubrir su propia verdad y no vivir en función de una y única verdadimpuesta desde arriba, debería ser conciliatoria y dialogante y debería, demanera pacífica, velar por el bienestar social” (Ramírez R. M., 2007: 97)Imaginación e imaginarioEn México, el concepto de imaginario social empezó a discutirse con másamplitud en las ciencias sociales de la década de 1970. Fue particularmentesignificativa la contribución de Gilberto Giménez cuando quería revalorizar lautopía, no como algo inalcanzable y alienante sino como fuerza motriz para loscambios sociales. “La utopía no tiene aquí un sentido peyorativo, como loirrealizable, lo puramente imaginario, un sueño imposible, etc. En realidad, deun tiempo a esta parte, estamos asistiendo a un movimiento de rehabilitaciónque se propone recuperar su verdadero sentido y clarificar el aspectoconstructivo de su función especialmente en el plano psicológico-político”(Giménez, 1976); este autor quería rehabilitar el papel de la imaginación comoparte de la ciencia y como elemento innovador y creador. Los datos del mundoempírico son fundamentales como punto de partida del proceso de
    • 194conocimiento, pero, siguiendo la concepción de Gastón Bachelard38, indicabala necesidad de no encadenarse a la realidad presente sino vislumbrar en ellatodas las múltiples alternativas de construcción de lo posible: “Hay también unaforma de imaginación ligada más bien al deseo de liberarse de la tiranía deldato, de trascender la inmediatez de la percepción y de explorar el mundo de loposible, de lo que todavía no es. Es la imaginación como actividad innovadoraque por eso mismo, tiene un carácter esencialmente prospectivo, anticipador ycreador” (Giménez, 1976).En este contexto, la discusión sobre la imaginación y los imaginarios posiblesestá ubicada en el campo epistemológico, contradiciendo la visión clásica de laciencia supeditada solamente al método tradicional del dato empírico y lacomprobación a través de hipótesis. Y no se trata de una problemática sólocontemporánea de los últimos siglos sino que procede desde el comienzo de lafilosofía como ciencia en la época de los griegos, desde la maiéutica deSócrates, el idealismo de Platón y la dialéctica de Aristóteles. Así lo refiereRené Barbier39 en su historia de este concepto: “La historia del concepto deimaginario está ligada a la dinámica de las representaciones intelectualesdicotómicas desde la antigüedad” (Barbier, 2007).La perspectiva de Barbier ubica el concepto de imaginario en una largatrayectoria histórica que comenzaron los griegos con su distinción entre lo realy lo imaginado, que continuó en la época del romanticismo y el surrealismo yfinalmente desembocó en una tercera etapa en el siglo XX con GastónBachelard, para otorgarle a la utopía imaginaria, en ruptura con la realidadestablecida, un papel impulsor del cambio social.38 A Gastón Bachelard también se le ha conocido como el filósofo de la imaginación: hizo unadistinción muy interesante entre las palabras “songe” y “rêverie” para indicar la dialéctica entrelo real y lo imaginado. Varios de sus libros son claves para esta propuesta: L´air et les songes:essai sur l´imagination de la matière (1942); L´air et les songes: essai sur l´imagination dumouvement (1943); La terre et les rêveries de la volonté (1948).39 René Barbier es director del Centre de Recherche sur l´Imaginaire Social et l´Éducation(CRISE), de la Universidad de Paris I, desde 2004. Sobre esta discusión también retomamos losaportes de Gilbert Durand, quien fue fundador del Centre de Recherche sur l´Imaginaire (CRI)en 1966 en Grenoble, Francia, y de Castoriadis en los años 70s.
    • 195Junto al CRISE de Barbier y el CRI actual de Michel Maffesoli, se ha retomadola significación de este concepto tanto con la densidad teórica que le atribuyóLacan como con las grandes aportaciones de Castoriadis que le otorgan alimaginario un carácter instituyente en la sociedad a través de la intervenciónpolítica.El imaginario puede ser el mundo de significados dominante en un grupohumano determinado, lo que también podríamos denominar como ideologíahegemónica y el mundo de la cultura. Sin embargo, Castoriadis nos presentauna distinción fundamental: una cosa es el imaginario instituido, que comofetichismo nos hace adorar el orden imperante real como algo natural eincambiable: “en el uso corriente del término imaginario, se trata de unarepresentación de la realidad que guía o influencia de manera inconscientenuestro comportamiento o el de los otros. Se habla de un imaginario colectivopara justificar una especificidad propia de nuestra comprensión de la realidad”(Corten, 2006: 7). Sin embargo, otra acepción es la del imaginario instituyenteque rompe con lo real y se abre a la alteridad como algo posible a ser creado,como un continuo movimiento de significaciones autoproductoras: “laconcepción que adoptamos aquí sobre el imaginario quiere decirautoproducción. La emancipación es una auto producción. Ella es unimaginario instituyente que se vive como autoproducción” (Corten, 2006: 23);“el imaginario instituyente es fuente de un nuevo sentido” (Idem, 2006: 32).Esta segunda concepción del imaginario es a la que nos vamos a referir eneste escrito: un imaginario que no quiere reproducir lo real sino que locontradice pero que tampoco se separa de él en un movimiento de alienacióncomo utopía irrealizable sino que lo dirige a diversos horizontes deemancipación en donde la acción política, productiva de nuevos escenarios, esel elemento fundamental. Este tipo de imaginario, entonces, tiene esa funciónemancipadora y autoproductora.Es el llamado que puede estar haciendo actualmente el altermundismo, a pesarde sus múltiples y variadas protestas, para hacernos caer en la cuenta de que“otro mundo es posible”, porque no se trata de aceptarlo tal como es: la
    • 196sociedad tal como es no satisface las necesidades y derechos fundamentalesde la mayoría de los ciudadanos y por ello necesita ser modificada.Aquí nos enfrentamos a uno de los puntos fundamentales que han divididodesde hace poco más de dos siglos las posiciones de la derecha y de laizquierda, en relación al modo de producción dominante, el capitalismo. Hayquienes defienden de manera general el statu quo dominante o simplementequieren hacerle diferentes cambios decorativos, y hay quienes quierenrevolucionarlo de manera radical o hacerle reformas profundas que conduzcana un modo de producción diferentes.Los conceptos de Izquierda y Derecha en política han ido diluyendo susfronteras, aunque todavía provocan actualmente numerosos enfrentamientosde ideas, especialmente en tiempos electorales. La discusión seguirá abiertaen el debate mundial, pero también podemos observar la crecienteinconformidad con la dominancia de unos pocos sobre la economía y la políticamundial y nacional, que en realidad sigue afectando gravemente a grancantidad de la población; y estas críticas ya no vienen solamente de sectoresde la izquierda sino también de los defensores de los derechos humanos, dequienes luchan contra la guerra, de quienes quieren defender la ecología delplaneta, de todos los que no soportan que la riqueza se acumule en pocasmanos de manera tan descarada en perjuicio de gran parte de la población.Los cuestionamientos al sistema capitalista y a la forma específica deglobalización salvaje que ha estado imponiéndose en las últimas décadas novienen, entonces, solamente de la autodenominada izquierda: se estáformando un frente amplio que demanda cambios sustanciales y reformasimportantes en la forma de hacer política y en la forma de dirigir las economíasnacionales. Si bien en un tiempo histórico determinado, el modo de produccióncapitalista revolucionó la sociedad feudal con una innegable fuerzatransformadora, después de varios siglos de dominación y crisis, la dinámicade la pura ganancia capitalista se está agotando como cohesionadora de lasociedad contemporánea: “el capitalismo de alguna manera ha perdido suespíritu: las gentes ya no se adhieren a su dinamismo. Y también nos estamos
    • 197refiriendo a los cuadros empresariales, porque ellos mismos están sufriendo dedesmotivación” (Stiegler B., en Nouvel Observateur, 2007: 22).El socialismo del siglo XXI para América LatinaLa tesis de Francis Fukuyama sobre el Fin de la historia en la última década delsiglo XX pretendía poner un epitafio a la experiencia mundial de los intentos desocialismo en numerosos países. El hecho histórico parecía ser contundente: ladebacle del socialismo real de los países de Europa del Este junto al símbolode la caída del muro de Berlín en 1989 y, sobre todo, la desaparición de laantigua Unión Soviética en 1991 a través del desmembramiento en múltiplesestados nacionales.Ciertamente han sobrevivido algunos países que mantuvieron el objetivo de laconstrucción del socialismo como la gigante economía China (aunque conadjetivos añadidos: “socialismo de mercado”), y como los pequeños territoriosde Cuba y Corea del Norte. Sin embargo, el peso ideológico del libre mercadocomo doctrina del capitalismo se dejó sentir como predominante,específicamente señalándolo como la única vía para el desarrollo ysatanizando de múltiples maneras la intervención del estado en la economía.Sin embargo, el sueño socialista no ha muerto aunque sí deben morir susformas totalitarias de imponerlo a la población. Esta es la imaginación creadoraque se revitaliza de manera sorprendente en la experiencia venezolana, endonde su proyecto de desarrollo socialista se articula con el modelodemocrático.En este apartado solamente vamos a poner el ejemplo del discurso delpresidente Chávez en su toma de posesión como presidente el 10 de enero del200740. No es un discurso articulado como lo hacen la mayoría de lospresidentes de las naciones en actos oficiales sino que, a partir del juramentoque el ejecutivo hace sobre la constitución de la república, fue expresando sus40 De este discurso del presidente Hugo Chávez Farias, el 10 de enero del 2007, transcrito porMónica Chalbaud, es de donde están tomadas todas las citas posteriores de este apartado.
    • 198principales ideas sobre los planes para su nuevo gobierno e intercambiando,en ocasiones con diálogo con algunos de los presentes, aportando variadasideas y opiniones sobre los temas que estaba tratando. Las siguientesconsideraciones las hacemos a partir de algunos elementos del análisislexicométrico que propone Víctor Armony41 para analizar el discurso político.En algún momento sale la referencia a personajes como Antonio Gramsci,Pablo Neruda, José Martí (en dos ocasiones), Napoleón, Marx, Troski (en dosocasiones), Einstein, Bertolt Brecht y Jesucristo (en 8 ocasiones), pero no cabeduda que la inspiración fundamental del actual gobierno de Venezuela secentra en el pensamiento de Simón Bolívar y su anhelo por la integración,quien fue citado 62 veces en esa ocasión dentro de un discurso de 6,744palabras.Chávez impulsa a los latinoamericanos a conocer el profundo pensamiento deBolívar enraizado en la historia del origen de las naciones: “¡es esencial elconocimiento de la historia! Y el no olvidar de dónde venimos, cuáles sonnuestras raíces, las causas que generaron los acontecimientos que aquí nostrajeron, a todos nosotros”. Se trata del énfasis por conocer nuestras raícesculturales, especialmente en aquellos personajes como Bolívar que semantienen en el imaginario latinoamericano.Bolívar es el “padre nuestro que estás en la tierra…”. Chávez ratifica eljuramento de Bolívar y se inspira en él para construir la “vía venezolana alsocialismo”, a partir de su postulado fundamental sobre la soberanía nacional ysobre “una igualdad establecida y practicada”. El análisis de Bolívar no está enla realidad empírica de su mundo contemporáneo sino en la construcción delporvenir: “mi imaginación se fija en los siglos futuros” y, por ello, a lasgeneraciones venideras –doscientos años después- les está tocando laconstrucción fáctica del sueño bolivariano: “estamos en la edad a la que serefería bolívar y sus sueños”.41 Los elementos de este método lexicométrico están expuestos en el trabajo de Víctor Armonytitulado “L´analyse lexiconométrique du discours politique: porte d´entrée pour etudier lessignifiants sociaux”, en Corten, 2006: 117-137. Armony se fija precisamente en los discursospresidenciales como objetos de estudio y lo realiza en el caso de Néstor Kirchner.
    • 199El proyecto de Venezuela está basado en estos principios bolivarianos: elprincipio de que los hombres nacen con derechos iguales a todos los bienes dela sociedad; la necesidad de formar un gobierno que proporcione la “mayorsuma de seguridad social”; la necesidad de enfatizar la educación porque,como Bolívar y Martí lo llegaron a afirmar, “por la ignorancia nos han dominadomás que por la fuerza”.Al inicio de su nuevo gobierno, Chávez hace un juramento como el de Bolívar,comprometiéndose con el pueblo, con la justicia, con la igualdad y la libertad.Esto es lo que lo hace diferente a toda la etapa de gobiernos anteriores delpacto de Punto Fijo, que son comparados con toda aquella aristocracia –señalada por Bolívar- de clérigos, doctores, abogados, militares y ricos quehablaban de libertad y garantías pero solamente para ellos y no para el pueblo,el cual debía continuar bajo su operación considerado siempre como siervo:“llegó la hora del fin de los privilegios, del fin de las desigualdades”.Junto a Bolívar, el siguiente referente del discurso presidencial es laconstrucción del nuevo socialismo. Esta palabra o el adjetivo de socialista serepite 26 veces en el mensaje del 10 de enero del 2007 pero también conraíces bolivarianas puesto que se afirma que el libertador se adelantó a Marxen la formulación del contenido de un gobierno socialista. La imagen que sepresenta es el fracaso del modelo capitalista al haber producido tantadesigualdad y corrupción y, en contraste, el reto es “lanzándonos hacia elfuturo, construir la vía venezolana al socialismo”.Esta nueva sociedad donde todos los seres humanos tienen los mismosderechos no se puede lograr en sistema capitalista; “es imposible la igualdaden el capitalismo”. Y por ello surge la necesidad de una nueva sociedad másigualitaria que ya soñaba el libertador: “el pensamiento de Bolívar es un claropensamiento socialista”. Chávez cita el discurso de Angostura de 1819: “quelos hombres nacen todos con derechos iguales a los bienes de la sociedad…, yluego pregunta a todos: “díganme si esto no es socialismo”. Y vuelve a citar allibertador: “la naturaleza hace a los hombres desiguales en genio, en
    • 200temperamento, fuerza y carácter. Las leyes corrigen estas diferencias”.Chávez enfatiza de la misma manera las ideas de libertad, de la necesidad dela educación para combatir la ignorancia, la lucha contra la corrupción, de lanecesidad de transformar nuestra cultura individual hacia el poder de lascomunas, el pilar de la democracia, etc. todo como parte del proyecto delsocialismo. Esta nueva sociedad que Bolívar la imaginaba en el futuro (“ya laveo sentada sobre el trono de la libertad empuñando el cetro de la justicia”) noes una utopía irrealizable sino que se han dado las condiciones en la transicióndel siglo XX al XXI para irla haciendo realidad: en Venezuela actualmente sebusca “un gobierno que haga triunfar bajo el imperio de leyes inexorables laigualdad y la libertad”.Por otro lado, hay que resaltar la inmersión que hace Chávez en la culturareligiosa del pueblo latinoamericano. El imaginario sobre la nueva sociedadfutura para Venezuela está planteada para el tiempo terrenal, de acuerdo a laversión de la misma Biblia: “Llegó la hora. Está escrito en el Eclesiastés. Todolo que va a ocurrir tiene su hora. Llegó la hora del fin de los privilegios, del finde las desigualdades. Llegó la hora”.En un momento determinado del discurso, por ejemplo, el contenido y el tonose asemejan a una homilía, recordando las interpretaciones teológicas ysociales sólidas, que señalan las raíces del socialismo y del comunismo en lamisma tradición bíblica y en especial en el Nuevo Testamento. Por ello, enparticular se detiene ampliamente a comentar dos sucesos narrados en el librode los Hechos de los Apóstoles: la práctica de las primeras comunidadescristianas descritas en el capítulo 2 42, específicamente los versículos 44 y 45, yla muerte de Ananías y Safira, narrada ahí mismo en el capítulo 5, 1-11.El texto original del nuevo testamento dice lo siguiente: “Todos los creyenteseran iguales y tenían todas las cosas en común. Vendían todas sus posesionesy propiedades y las dividían entre todos según la necesidad de cada uno”42 La referencia a la experiencia de la vida en común de las primeros grupos cristianos tambiénes narrada en el capítulo 4, 32-34, de el mismo libro de los Hechos de los Apóstoles.
    • 201(Hechos, 2,44-45)43. El segundo suceso se refiere al engaño que quiso hacer elmatrimonio de Ananías y Safira a la comunidad cristiana cuando, al vender suspropiedades, ocultaron el precio real para quedarse con una parte y solamenteponer la otra en común: “Ananías, junto con su mujer Safira, vendió unapropiedad, pero se quedó con una parte del precio, con conocimiento tambiénde su mujer; y trayendo una parte del precio, la puso a los pies de losapóstoles” (Hechos, 5,1-2). Pero Pedro, el líder de la comunidad, se dio cuentadel fraude, y posteriormente Ananías y su mujer cayeron muertos de formainstantánea como castigo de Dios.El presidente Chávez enfatiza primero la situación de vida de las primerascomunidades cristianas: “y tenían todas las cosas en común… Y nunca decíanser suyo propio nada de lo que poseían sino que era todo de todos. No habíaentre ellos ningún necesitado porque todos los que tenían bienes y casas lasvendían y traían el precio de lo vendido y lo ponían a los pies de los apóstolesy eran repartidas a cada uno según su necesidad”. ¿Qué se puede concluir deeste modo de vida? ¿Son características de una sociedad capitalista en la cuallo que impera es la ganancia a costa del trabajo de otros? Aquí no hay másque señalar un modelo socialista y comunista que se inspira no sólo en idealesutópicos e irreales sino en la experiencia histórica que vivieron las primerascomunidades cristianas en los tres primeros siglos. Y Chávez no pierde laocasión de aludir a la inconsecuencia de algunos obispos a esta enseñanzatradicional de la iglesia católica pero lo que le importa es enfatizar la aspiraciónal modelo del socialismo y a cómo es un tipo de sociedad que históricamentese puede alcanzar.Pero el segundo suceso, el presidente de Venezuela lo presentajustificadamente como un acto impresionante para luchar contra la corrupción.Se trata de bienes que la sociedad ha decidido que sean comunitarios, y quelos mismos involucrados –Ananías y Safira- han aceptado sus reglas; sin43 Esta traducción de los Hechos de los Apóstoles está tomada directamente del texto latinoconocido como “Vulgata” de San Jerónimo, reconocida oficialmente por el papa Sixto V, quegobernó la iglesia católica de 1585 a 1590; esta edición fue publicada oficialmente por el papaClemente VIII en 1598 (Vogels, 1922).
    • 202 44embargo, queriendo hacer un fraude , simularon otro precio de los bienespara quedarse con una parte. El pecado era grave porque el fraude a lacomunidad es una mentira al Espíritu Santo; la muerte súbita de ambos se vecomo consecuencia inmediata y castigo por este intento de acto de corrupción.La aplicación que hace el ejecutivo de Venezuela para la sociedad moderna esclara: “Que expire la corrupción. Por el amor de Dios, les pido, luchemos amuerte contra el morbo de la corrupción. Hagámoslo en todos los niveles!” Enesta perspectiva, no solamente se trata de las acciones del estado contra estetipo de fraudes sino también de una serie de costumbres sociales que hay quecambiar: “Eso tiene que ver con cambio de valores. Bolívar decía regenerar lascostumbres que nos dejó la tiranía, las costumbres que nos dejó la 4ªRepública, el Pacto de Punto Fijo… El honesto era el bobo; es inteligente elque sale con camioneta y hacienda; ése sí es un vivo”. Por ello, el presidentetambién apela a la población para suscitar ese cambio de valores desde abajo,de acuerdo al sentido de las primeras comunidades cristianas… “Regenerar lascostumbres. Salir de los vicios, transformar pues los valores de la sociedad. Heahí la esencia revolucionaria. Transformar todo. Si no se transforma la cultura,habremos perdido todo”.Es particularmente enfático en sus referencias específicas a Cristo a partir desu formación religiosa en tiempos de su infancia y de los consejos de sumadre: “Aprendí a amar a Cristo. Y lo amo. Y Cristo es la imagen suprema delrevolucionario, del que da la vida por amor a los demás. El que va a la cruz porlos más humildes, por los más pobres, por los más desamparados. Cristo elredentor, el atormentado, el vilipendiado. Y Cristo Crucificado y resucitado. ACristo como símbolo revolucionario dedico siempre mis palabras. Inspiracióndel pueblo profundo”.Con la aparición de la modernidad -el homo rationalis-, parecía superarse eloscurantismo, cuando, sobre todo en la época feudal, toda la sociedad estuvodominada por el mundo religioso, que representaba una alienación. “Según el44 La palabra fraude es original del latín de la Vulgata de San Jerónimo: “Ananias… fraudavitde pretio agrii, conscia uxore sua”: estaba haciendo un fraude a la comunidad a través delcambio de precio de la propiedad, siendo cómplice su mujer.
    • 203pensamiento moderno que se expande al abrigo de la ilustración, las relacionesque los humanos tienen con la religión son un hecho maligno perocomprensible en el transcurso de la historia. Pero ésta no espera sino unatoma de conciencia individual y colectiva para que los humanos se revelen y seliberen de una falsa conciencia para poder acceder a la emancipación política”(Carrier Michel, en Corten, 2006: 60). Sin embargo, la ilustración humanista, sibien ha enfrentado en numerosas ocasiones la élite eclesial, no haquebrantado al homo religiosus; éste sigue conviviendo con gran fuerza en elracionalismo de la modernidad tanto en sus manifestaciones cristianas,islámicas, judías u orientales y africanas. Y es que lo religioso y sagrado tieneuna fuerza ambigua y dinámica en relación a lo político: instituida e instituyente.Por ello, “lo sagrado parece ser el medio por el cual los humanos puedenactivar su imaginario radical… lo sagrado está en el corazón mismo de la vidapolítica” (Idem, 2006: 63). Chávez está mostrando que lo religioso –enparticular el pensamiento cristiano- es perfectamente compatible con unproyecto moderno de emancipación política.Por último, dentro de todo el discurso presidencial, hay una referenciaimportante al sustento del pueblo a través de un sistema democrático. Nueveveces repitió la palabra “democracia” en su discurso de toma de posesión,sobre todo en el tema clave de la búsqueda del socialismo del siglo XXI. Lademocracia es “la regla de oro” de todo el proceso porque lo fundamental esque “asumamos la decisión de la mayoría”. Y en ello, el proceso de Venezueladesde 1998 ha dado una pauta irrefutable: apoyo mayoritario para su elección,apoyo mayoritario para la constitución de la república bolivariana deVenezuela, apoyo mayoritario para vencer las fuerzas que apoyaron el golpede estado, apoyo mayoritario su reelección en el 2006: “aquí hay una voluntadmayoritaria que priva, que impone la democracia”. Y esta situación entoncesimpone continuamente una lucha ideológica para hacer prevalecer el proyectogubernamental con el apoyo de la poblaciónChávez compara de hecho los regímenes anteriores del Pacto de Punto Fijocon una dictadura por todas las imposiciones de una minoría de intereses quese impusieron sobre la mayoría de la población: “Dictadura! Y todavía, todavía
    • 204hoy tenemos presente en Venezuela vestigios de esa dictadura que pretenderevertir la democracia revolucionaria, que pretende imponer su voluntad deminoría a una mayoría”. Por eso recuerda los casos del intento de golpe deestado y especialmente las presiones nacionales e internacionales de laderecha para hacer prevalecer una cadena de televisión privada a la que se leacababa la concesión.Pero también en enero del 2007 adelantaba su propuesta de una nuevareforma a la constitución donde entre otras cosas importantes para acelerar loscambios, el punto polémico ya se anunciaba con la posibilidad de reelecciónindefinida del presidente de la República. Y Chávez también adelantaba suposición porque la propuesta de reforma iba a ser consultada a la población engeneral: “lo importante es que es el pueblo el que va a tomar las decisiones…Democracia! No se puede hacer nada si no lo aprueba el pueblo. La propuesta,si es rechazada, yo seré el primero en aplaudirla”. Y en este punto, laspalabras presidenciales fueron proféticas, porque efectivamente durante el2007 se planteó la reforma constitucional y se llevó a un referéndum; ladecisión, por un mínimo margen, fue de rechazo a la propuesta gubernamentalen el mes de diciembre. Con ello, Chávez y todo el gobierno tuvo que acatar ladecisión mayoritaria; su período presidencial terminará entonces en el 2013 ypodremos observar si en manos de otros líderes el camino sigue firme hacia elsocialismo del siglo XXI por la vía democrática.Crisis de la cultura democrática: el caso de HondurasHemos hablado continuamente de una cultura de integración que provienedesde principios del siglo XIX con el sueño de Simón Bolívar de construir la“gran patria americana”, una patria casi continental que tenía como base lospueblos de Hispanoamérica, toda la región que fue controlada por losespañoles como imperio colonial. Y, efectivamente, esa tendencia, a pesar delfracaso del proyecto bolivariano con la formación de los múltiples estadosnacionales que lograron su independencia (¡estamos por conmemorar elbicentenario de todo ese movimiento independentista!), todavía está presente através de los esfuerzos que se están plasmando en los actuales proyectos
    • 205regionales de integración. Hemos hablado también de una transicióndemocrática en América Latina que ha superado ya los tiempos de losmilitarismos y dictaduras del siglo XIX y XX por el hecho de que en la mayoríade los países se desarrollan continuamente procesos electorales para laselección de los gobernantes institucionales. “La crisis de Honduras, lamilitarización de EEUU, Colombia y Venezuela y el auge de la delincuenciasupraestatal promovida por el crimen organizado obligan a repensar el temamilitar y sus derivados –seguridad, armamentismo e instituciones militares–desde perspectivas diferentes. Ya no es posible seguir creyendo que se hansuperado las madrugadas de bayonetas y que han dejado de sonar las tonadasbelicistas” (Romero, 2010: 89)Sin embargo, también está la contraparte de la tendencia integradora que tienesu expresión, por un lado, en la continuación de las repetidas acciones dedominación de los Estados Unidos y, por otro también, en la marcadatendencia de elites latinoamericanas que quieren seguir viviendo en susghettos y espacios regionales de control. Y también está el otro fenómeno delaumento del militarismo, la violencia y el hecho del golpe de Estado enHonduras, que rompen con la tendencia de consolidación de la democracia.Estos son los aspectos alrededor de los cuales procederemos a revisaralgunos sucesos acontecidos en nuestra región durante el año 2009, a partir delo que llamamos una cultura como modo de vida de una comunidad junto consus imaginarios sociales. Los latinoamericanos hemos vivido tanto a la sombrade la violencia y el militarismo como imbuidos también por el anhelo de vivir endemocracia; los dos aspectos son parte fundamental de nuestras tradicionesculturales; aquí, sin embargo, haremos referencia a esa parte de violencia quese impone en ocasiones en nuestro modo de vida para hacer prevalecerintereses oligárquicos; por ello vamos a utilizar un adjetivo al lado del nombrede cultura para hablar de esa imposición que rompe una tendencia queestábamos viviendo hacia la democracia, como lo afirma la Carta DemocráticaInteramericana. Nos referimos entonces a una imposición violenta en nuestromodo de ser que nos recuerda “aquella que, por ejemplo, mediante las armasejercieron los portugueses, españoles, ingleses y franceses junto con la
    • 206doctrina cristiana y la civilización europea sobre las poblaciones indígenas”(Coelho T., 2000: 129). Y nuestra desgracia es que este modo de serimponiendo la violencia en nuestro modo de ser puede estarse convirtiendo enla pauta general de actuación detrás de todas las declaraciones sobredemocracia, paz y derechos humanos: “una cultura es dominante si pordistintas causas se convierte en referencia central” (Idem).Una gran parte de esta cultura dominante de la violencia se expresaba en cadamomento de intervención de la dominación continental de los Estados Unidos;ya no tenemos intervenciones militares directas como la de Panamá en 1989,pero el sentido de la intervención se puede observar en el proyecto deconstrucción de las nuevas bases militares en territorio colombiano,autorizadas por el gobierno de Álvaro Uribe, y las también autorizadas por elgobierno empresarial de Ricardo Martinelli en Panamá durante el año 2009. Enambos casos, se sigue expresando esa cultura de dominación norteamericanasobre el continente que tanto temía Bolívar, en alianza con gobiernos localessometidos, como es el caso de lo ocurrido en Honduras en ese mismo año.Efectivamente, al tomar en consideración las fuerzas internas de un país,tenemos el caso de Honduras y el golpe de Estado perpetrado contra elgobierno legalmente constituido del ex presidente Manuel Zelaya, en donde lasélites militares, empresariales y políticas conservadoras dentro de Honduraslograron derrocarlo el 28 de junio de 2009, lograron imponer un gobiernointerino dirigido por Roberto Micheletti y organizar unas elecciones controladasen el mes de noviembre, de donde salió el nuevo gobierno de Porfirio Lobo,que posteriormente ha sido reconocido por los propios Estados Unidos yalgunos otros gobiernos latinoamericanos.La ilusión de la transición democráticaMucho se ha publicitado sobre el proceso de transición democrática enAmérica Latina a tal punto que el entonces presidente Clinton de los EstadosUnidos convocó en 1994 a la primera Cumbre de las Américas en Miami,donde acudieron todos los representantes de gobiernos latinoamericanos con
    • 207excepción de Cuba, a quien los norteamericanos siguen acusando como elúnico país no democrático de la región latinoamericana. Los datos empíricossobre esta región, ciertamente, mostraban que en casi todos las naciones seempezaban a realizar elecciones con el fin de elegir gobiernos civilessuperando la terrible etapa de dictaduras militares y golpes de estado. Losproblemas severos de redistribución del ingreso y de malas condiciones devida de la población siguieron sin resolverse y por ello, al comenzar el sigloXXI, también ha aparecido una cierta decepción sobre la llamada democraciade los gobiernos civiles y sobre todos los partidos políticos en general; sinembargo, a pesar de todo, tenemos que seguir reafirmando que el campo de lapolítica debe seguir siendo la arena donde se debatan los conflictos y lasposibilidades de cambio social.La transición democrática se ha estado convirtiendo en una ilusión cuando losprocesos electorales no han dado posibilidades de mejorar los niveles de vidade la población; esto lo afirmamos cuando pensamos también en la democraciasocial, un modelo donde la riqueza no está concentrada en pequeños gruposcomo ocurre en el actual capitalismo salvaje del subdesarrollo. Sin embargo, sinos mantenemos en el concepto de la transición democrática pensandoúnicamente en que la gente pueda votar libremente por sus gobernantes, enque su voto sea respetado y en donde los gobernantes electos en las urnascumplan los plazos institucionales en el ejercicio del poder, también estamentalidad mínima sobre la democracia ha sido cuestionada brutalmente apartir del golpe de estado en Honduras ocurrido en junio del 2009: el presidenteManuel Zelaya fue sacado a la fuerza por el Ejército y en su lugar se impuso ungobierno interino para organizar unas elecciones a su modo en el mes denoviembre 2009 y sacar un presidente acorde a su proyecto, Porfirio Lobo, apesar de la oposición de la comunidad internacional y especialmente de laOrganización de Estados Americanos (OEA); Lobo actualmente gobierna elpaís desde enero 2010 y solamente ha sido reconocido por unos pocos países,entre ellos por los Estados Unidos. En la práctica, tenemos que “una crisis localterminó fracturando un conjunto de nobles ideales, que de algún modo nopudieron ocultar el sol con un dedo. Las sombras de lo tradicional aparecieron
    • 208nuevamente, a partir de ese episodio, y rompieron falsas ilusiones” (Romero,2010: 85).América Latina, durante casi todo el siglo XX, estuvo acostumbrada almilitarismo y las dictaduras gubernamentales, pero en el ocaso del mismo sigloempezó a prevalecer la cultura de la democracia, aunque sea en su versiónrestringida en la realización de los puros procesos electorales; se trataba de unmodelo propiciado por los mismos gobiernos norteamericanos, siempre ycuando, obviamente, los resultados electorales recayeran en dirigentesnacionales aliados de los intereses hegemónicos; otros resultados erandesautorizados por más democráticos que hubieran sido45. Sin embargo, engeneral, permanecía el apoyo de Washington al modelo democrático.En esta nueva situación, ¿podía alguien esperar el retorno de las clásicasdictaduras militares en los albores del siglo XXI? Las condiciones no estándadas para un retorno a los clásicos golpes de Estado y, por ello, el mismointento de un grupo de militares por derrocar a Hugo Chávez en el 2002,aunque inicialmente el gobierno norteamericano de George Bush en un primermomento lo quiso señalar como un regreso a la democracia, pudo ser revertidopor las fuerzas políticas locales e internacionales para hacer volver alpresidente que había sido electo democráticamente. Este acontecimiento sesolucionó en el marco de la Carta Democrática Interamericana, un acuerdofirmado por todos los países miembros y que representaba, como decíaHumberto de la Calle, el coordinador editorial de esta publicación, “un hito en lahistoria democrática del hemisferio. En primer término, en lo político implica unserio compromiso de los gobernantes con la democracia, no ya en su versiónminimalista electoral, sino en un concepto amplio que toca todos los aspectosde la dignidad humana como eje central de su concepción… En lo sociológico,la Carta expresa una realidad profunda: los pueblos de América sienten que45 Cuando han ocurrido elecciones que favorecieron, por ejemplo, al movimiento Hamas de lospalestinos de la Franja de Gaza, los primeros en desautorizar el proceso han sido todos losgobiernos occidentales de Europa y Estados Unidos; también ha sido claro como losnorteamericanos han intervenido de manera muy directa en casos como el de Bolivia 2005,Venezuela 2006, Ecuador 2006, Nicaragua 2006, El Salvador 2009, etc. con acciones en contrade dirigentes políticos que no son de su agrado como Evo Morales, Hugo Chávez, RafaelCorrea, Daniel Ortega y el FMLN de Mauricio Funes.
    • 209tienen derecho a la democracia aunque haya quienes piensen que sudemocracia no ha contribuido momentáneamente a resolver los problemas” Porello, está muy claro lo expresado en el artículo 1 de dicha Carta aprobada en elmes de septiembre del 2001: “Los pueblos de América tienen derecho a lademocracia y sus gobiernos la obligación de promoverla y defenderla. Lademocracia es esencial para el desarrollo social, político y económico de lospueblos de las Américas” (OEA, 2003).La tradición de la cultura democrática logró un buen número de años sinasonadas militares hasta el 2009. “Hasta el momento, se pensaba que loscuartelazos eran cosa del pasado, pues en los últimos 15 años ningún intentode asonada militar había tenido éxito en América Latina. Lo sucedido enHonduras rompió con la creencia de que se había superado la apelación a losmilitares para resolver diferendos políticos o crisis de gobernabilidad. Losmilitares fueron la pieza decisiva para derrocar al presidente Zelaya” (BenítezM. R. y Diamint R., 2010: 145-146). Algo grave sucedió en el 2009 enHonduras porque rompió la ilusión de una transición democrática y afectó todala cultura política latinoamericana.La fachada de un golpe constitucionalEn Honduras, sin embargo, ocurre una versión particular del golpe de Estado:no es que se presenten los militares y tomen el poder derrocando al presidenteelecto; ahora se trata de dar un golpe a un gobierno democráticoargumentando acciones de inconstitucionalidad del propio presidentederrocado y uniendo en la decisión del golpe a los militares con representantesdel poder legislativo y del poder judicial, y nombrando como presidente interinoa un miembro del legislativo, sobre la base de una falsa carta de renuncia delpropio presidente Zelaya. Es asombroso cómo los golpistas hondureños fueronayudados por algunos intelectuales de diversos países para querer presentar laruptura del orden constitucional del país como una respuesta “constitucional” ala supuesta ilegalidad del presidente en su intento por hacer una consulta a lapoblación sobre futuros cambios en la propia constitución hondureña o por lainclusión de Honduras en la Alianza Bolivariana de las Américas (ALBA)
    • 210dirigida por Hugo Chávez y que había sido propiciada por Manuel Zelayadurante su presidencia. Al final de cuentas, se puede afirmar con toda claridad:“Si él se lo buscó o si fue sorprendido por tal acontecimiento, no importa. Locierto es que ese movimiento castrense fue una puñalada certera al Estado dederecho” (Romero, 2010: 86). En un sistema democrático, ¿qué tiene quehacer el ejército desalojando con fuerza y violencia al presidente y llevándolo alaeropuerto para expulsarlo del país?Tanto el gobierno de Estados Unidos como la Unión Europea y todos losgobiernos de la OEA junto con la asamblea general de la ONU reafirmaron dospuntos contundentes: primero, que en Honduras había sucedido un golpe deEstado contra la democracia el 28 de junio del 2009 y, segundo, exigían que elderrocado Manuel Zelaya volviera a la presidencia de Honduras, cuyo lapsogubernamental expiraba en enero del 2010. Se puede decir que la comunidadinternacional tuvo un peso homogéneo en los dos meses posteriores al golpe y,sin embargo, ello no fue suficiente para volver el orden constitucional al país.Más allá de las declaraciones, no hubo acciones contundentes de presión,sobre todo de parte del nuevo gobierno de Obama de los Estados Unidos.Al interior del país, a pesar de las acciones masivas del Frente Nacional deResistencia Popular contra el Golpe y de la presión internacional, el Ejércitohondureño mantuvo el orden por la fuerza, queriendo extender la versión deque no había existido golpe alguno y de que estaban al servicio de un gobiernolegitimado por el poder legislativo y el poder judicial, el cual se mantenía en elproyecto de realizar elecciones presidenciales en el mes de noviembre de2009.Las fisuras en la presión internacional comenzaron con la endeble posición delgobierno norteamericano y fueron acompañadas por la también débil posiciónde Oscar Arias, gobernante de Costa Rica, que fue propuesto como mediador;en Centroamérica también entró un nuevo actor, el empresario RobertoMartinelli, de Panamá, quien había tomado posesión como presidente de supaís el primero de julio del 2009 con propuestas que favorecían la realizaciónde las elecciones nacionales para un nuevo gobierno de Honduras. En todo el
    • 211contexto, iba prevaleciendo la concepción del diálogo con el gobierno deMartinelli, que estaba apoyado por el poder legislativo, el judicial y el ejército,dándole un recubrimiento constitucional a lo emanado del golpe de Estado. Deesta manera, aunque Manuel Zelaya pudo regresar clandestinamente a su paíspara refugiarse en la Embajada de Brasil, y aunque se logró un acuerdo inicialpara que retomara la presidencia con el mediador Oscar Arias, todo estuvosujeto a la decisión del poder legislativo hondureño, quien a final de cuentasnunca autorizó su regreso.De esta manera, se llevaron a cabo las elecciones presidenciales en Hondurasel domingo 29 de noviembre del 2009, las cuales, dentro de un clima derepresión y controladas totalmente por los aparatos de gobierno, dieron eltriunfo oficial a Porfirio Lobo (55% de los votos), del Partido Nacional (PNH),derrotando a Elvin Santos (38% de los votos), del Partido Liberal (PLH), elprincipal candidato opositor. El gobierno de Micheletti hablaba de un porcentajede participación del 61% de los electores mientras que las fuerzas del FrenteNacional de Resistencia Popular señalaron solamente un 35% de votantes.Con ello, se cumplió perfectamente el rito de los golpistas: presentarse ante lacomunidad internacional como un gobierno de transición que solamentepretendía el retorno a la democracia, en el mismo modelo bipartidista dedécadas anteriores en donde solamente se repartían el poder las oligarquíasdel PNL y del PLN. De esta manera, sin otorgar ninguna concesión a ManuelZelaya, quien permaneció en el país hasta el día de toma de posesión dePorfirio Lobo, el golpe de Estado en Honduras intentó volver a colocarse unamáscara de democracia para presentarse ante la comunidad internacional.Este es el escenario que prefirió el gobierno de Estados Unidos y por ello sehan querido normalizar las relaciones con Honduras, dando reconocimiento alnuevo gobierno y exigiendo su retorno a la OEA, de la que fue expulsado trasel golpe. Otros gobiernos quisieron retomar también las relaciones como el deColombia, Perú, Costa Rica, Panamá, y en el ámbito más amplio Taiwan eIsrael; sin embargo, Honduras continuó, en el 2009 y hasta su toma deposesión el 27 de enero de 2010, siendo excluido oficialmente de la OEA.
    • 212En un nivel ideológico político, la propuesta de los golpistas avanzó con lamáscara de la democracia electoral del mes de noviembre de 2009, querecordaba la propuesta de los militares argentinos de 1930-43 y su propuestade “fraude patriótico”46. En Honduras, los golpistas justificaban su acciónviolenta con el pretexto de preservar la constitución nacional y para ellotuvieron el apoyo de legisladores y del poder judicial; el momento de laselecciones de noviembre del 2009 que llevó a la victoria a Porfirio Lobo, uno delos que había apoyado el golpe de Estado, se convirtió el más importanteepisodio de la máscara democrática; los nuevos golpes militares del siglo XXItendrán ahora que utilizar el argumento democrático para legitimarse tanto anivel nacional como internacional.En el 2009, la presión de la comunidad internacional no pudo influir en el ordeninterno del país debido sobre todo a la falta de voluntad política del gobierno delos Estados Unidos; tampoco pudo modificar dicho orden interno la oposiciónde sectores y movimientos populares de Honduras; sin embargo, las posturasde la oposición seguían claramente expresadas como lo manifestó, porejemplo, el Movimiento Cristiano Popular (MCP) de Honduras en uncomunicado ante la inminente toma de posesión de Porfirio Lobo comopresidente. Los primeros puntos que mencionaba eran los siguientes: 1. “En Honduras no existe en este momento justicia en favor del pueblo, el sistema judicial se ha puesto al servicio de los ricos y corruptos para que dispongan a su antojo de los recursos nacionales, sin importar el daño que causan a las mayorías del pueblo Hondureño. 2. El próximo 27 de enero lo que se verá en Honduras es una farsa donde un grupúsculo de personas, que dieron un Golpe de Estado dirigidos por el golpista Roberto Micheletti, trasladarán el poder usurpado al pueblo hondureño a otro grupúsculo conducido ahora por el golpista Porfirio Lobo Sosa. Gobierno Norteamericano y Golpistas hondureños son los46 En Argentina se recuerda la llamada “década infame” de los militares que dieron un golpe deestado al presidente Hipólito Yrigoyen en 1930. Con la consigna del “fraude patriótico” y elpretexto de que el pueblo no sabe lo que quiere, los militares se adjudicaban el derecho dedecidir quién debe estar al frente del gobierno.
    • 213 que han planificado la farsa que se realizará el 27 de enero, acto que es una ofensa a la democracia. 3. El gobierno de Estados Unidos ha sido cómplice y responsable directo del Golpe de Estado en Honduras, el cual ha generado hasta la fecha, más de 140 asesinatos y aproximadamente 4 mil violaciones de los DDHH. Tienen las manos manchadas con sangre inocente, que clama a Dios por Justicia. 4. Los pueblos de América y del mundo entero con dignidad democrática y espíritu libertario no deben reconocer un gobierno violador de los Derechos Humanos, surgido de un Golpe de Estado, no se manchen las manos apoyando o reconociendo al producto del Golpe, Porfirio Lobo Sosa; llega al poder formal con las manos teñidas con la sangre de inocentes del pueblo Hondureño en Resistencia” (MCP, 2010).Esta es la postura que prevalece en la visión de amplias capas de la poblaciónhondureña y también la que debería prevalecer en el marco internacional,porque actualmente la democracia electoral ha querido ser utilizada por losgolpistas para justificar la ruptura del estado de derecho y la defensa de unorden establecido a favor de intereses minoritarios.Los hechos ocurridos en Honduras en el 2009 tienen una gran repercusión entoda América Latina. Ciertamente nos encontramos en una crisis de la culturademocrática, en donde la imposición de elecciones y el conteo de votos puedeservir para legitimar intereses mezquinos. La situación hondureña, además,pone en cuestión los procesos de integración: ni al gobierno interino deMicheletti ni al presidente electo Porfirio Lobo les interesa la oposición de lacomunidad internacional, mucho menos el Sistema de IntegraciónCentroamericana (SICA) u otros organismos como la Unión de Naciones delSur (UNASUR) o la Alianza Bolivariana de las Américas (ALBA); a ellos lesbasta con tener el apoyo norteamericano, el cual, dentro de la historia de casi200 años de independencia de las naciones latinoamericanas, ha idocumpliendo la profecía bolivariana: “los Estados Unidos parecen destinados porla providencia para plagar la América de miseria a nombre de la Libertad”(Bolívar, en Almendares, 2008).
    • 214El año 2009 nos deja ese tremendo peso sobre América Latina: en Honduraspudo triunfar un golpe de estado como ruptura del orden democráticoestablecido, y los autores quieren presentarlo, sin embargo, como una fachadade voluntad popular imponiendo con los votos en una situación controlada porellos a Porfirio Lobo como presidente, un personaje que apoyó decididamenteel quiebre de un estado de derecho. Afortunadamente, en contraparte, ha sidotambién un año en que despertaron numerosas organizaciones socialeshondureñas. Continuará la presión de la comunidad internacional sobre elgobierno hondureño del 2010, pero lo más importante se seguirá debatiendo alinterior del país con la revitalización de un nuevo actor social: el FrenteNacional de Resistencia Popular (FNRP) contra el golpe.Los conceptos de izquierda y derecha en el mundo de la política siguen siendoampliamente debatidos tanto por los corrimientos de sus amplios contenidoscomo porque puede existir una gran diferencia entre el postulado teórico de losprincipios y la práctica política concreta en una nación determinada. Sinembargo, la mayoría de los analistas coincide que en América latina hay unascenso de gobiernos en los últimos años que pueden ser calificados como deizquierda radical o moderada. Lo más notable es que han surgido al poderejecutivo de sus respectivos países por la vía electoral, dentro del marco delliberalismo democrático.Esta vinculación entre gobiernos y representatividad mayoritaria electoral es laque da pie a la propuesta de los nuevos imaginarios latinoamericanos. No setrata de gobiernos impuestos o totalitarios sino de nuevas propuestas degobierno que han querido dar un rechazo a modelos anteriores. Nadie podrádecir, entonces, que se trata de una tendencia permanente o de largo plazo,porque dadas las mismas reglas electorales todos los gobiernos tienen quesometerse en los períodos correspondientes en sus respectivas legislaciones aljuicio de las urnas. En este sentido, no solamente contarán las propuestas opromesas sino la percepción que lleguen a tener sus propias poblaciones sobreel quehacer de dichos gobiernos.
    • 215Sin embargo, si nos quedamos en el nivel de las propuestas, nos encontramoscon cierto rechazo que se va generalizando a cierto statu quo, con laformulación de nuevos imaginarios de formas de vida. Las promesas delmodelo neoliberal del libre comercio están agotándose en su efectividad; ladominación norteamericana va manifestándose cada vez más en Américalatina como un proyecto en decadencia y crece la necesidad de las autonomíasnacionales; el crecimiento de la pobreza y la desigualdad frente a las minoríasenriquecidas de manera escandalosa es tal vez el principal cuestionamientoque se le puede hacer al capitalismo vivido por tanto tiempo. La aspiración deun mundo diferente está llegando también a los niveles de la democraciaelectoral con las propuestas de nuevos líderes y nuevos proyectos; faltará versi los nuevos imaginarios sociales de las mayorías gobernantes se cristalizancon un mínimo de efectividad en el sentir de la población para poder ver supermanencia o no en un período de largo plazo.
    • 216
    • 217 CAPÍTULO IX OTRO NOBEL PARA LA LITERATURA LATINOAMERICANA “La literatura es una representación falaz de la vida que, sin embargo, nos ayuda a entenderla mejor, a orientarnos por el laberinto en el que nacimos, transcurrimos y morimos… Las ficciones de la literatura han multiplicado las experiencias humanas, impidiendo que hombres y mujeres sucumbamos al letargo, al ensimismamiento, a la resignación” (Vargas Llosa, 2010b).Si bien el nombre de América Latina es un invento de los franceses47, suidentidad como región se empezó a vincular con este concepto en la segundaparte del siglo XIX y continúa en el siglo XX y XXI, aunque en la práctica sehaya destruido el sueño de Simón Bolívar de una patria continental, al surgirlos múltiples estados desunidos de la América del Sur; los nacionalismosexacerbados destruyeron el proyecto de la patria continental.Sin embargo, esta región latinoamericana fue conocida en todo el mundodurante el siglo XX sobre todo por su literatura (Vogt, W., 1986). Una prueba deello son los seis premios Nobel de literatura que se les han otorgado a autoreslatinoamericanos. Primero fue la chilena Gabriela Mistral (1889-1957), quien lorecibió en 1945; luego fue el guatemalteco Miguel Ángel Asturias (1899-1974),en 1967; posteriormente lo recibió otro chileno en 1971, militante comunista yel más grande poeta del siglo XX, Pablo Neruda (1904-1973); para el año1982, fue el turno del nobel para el colombiano Gabriel García Márquez (1927-)cuya obra ha quedado indisolublemente ligada al realismo mágico de Cien47 Alexander Humboldt sugirió por primera vez, en sus Ensayo Político, la división delcontinente americano en dos partes culturales, la aglosajona especialmente con Estados Unidosy Canadá, y la latina con la colonización del sur a través de españoles y portugueses. Sinembargo, fue Michel Chevalier (1806-1879), escritor político francés, quien en1836 utilizó elnombre de América latina (Lettres sur l´Amérique du Nord) para aplicarlo a la parte sur delcontinente, implicando la alianza con Francia para oponerse al imperio del norte.
    • 218años de soledad; también el mexicano Octavio Paz (1914-1998) recibió estereconocimiento en 1990 especialmente por sus textos poéticos.Finalmente, hasta el momento, le tocó el turno al peruano Mario Vargas Llosa(1936-), con una decisión que fue anunciada el 7 de octubre de 2010. Estemismo autor señala cómo en Paris descubrió lo que era América Latina através de la literatura: “ahí leí a Borges, a Octavio Paz, a Cortázar, GarcíaMárquez, Fuentes, Cabrera Infante, Rulfo, Onetti, Carpentier, Edwards, Donosoy muchos otros… América Latina no era sólo el continente de los golpes deEstado, los caudillos de opereta, los guerrilleros barbudos y las maracas delmambo y el chachachá, sino también ideas, formas artísticas y fantasíasliterarias que trascendían lo pintoresco y hablaban un lenguaje universal”(Vargas Llosa, 2010b). En la concepción de este mismo autor, el proyectolatinoamericano todavía está en pie a pesar de los nacionalismos exacerbadosporque corresponde a una realidad de tipo histórico: “Para mí, América Latinaes fundamentalmente eso: una especie de vórtice de toda clase de tradiciones,corrientes culturales, modos de vida, comportamientos y también de ideas ymanifestaciones artísticas. Es una forma muy diversa, pero que de algunamanera va, está yendo, hacia una correspondencia. De hecho, los fenómenosse han dado mucho más con un carácter continental que con un carácternacional... Hay en América Latina una dinámica que viene de abajo, muchomás que de arriba, aunque arriba también hay un fenómeno intelectual, desdeluego, pero que responde a una realidad étnica, sociológica y a unaproblemática que también se da de una manera mucho más regional quenacional...América Latina puede llegar a ser lo que pienso que sería lo mejorpara ella: un continente que, como está ocurriendo en Europa, vaya hacia unaintegración política y económica y hacia una disolución de las fronteras... Lamala tendencia es el nacionalismo, la buena es la evaporación de las fronteras.Es decir, mientras más rápido se vayan desvaneciendo las fronteras, todas,más pronto América Latina va a poder despegar, va a poder liberarse de losque han sido los grandes factores que han frenado sus posibilidades dedesarrollo y modernización... (Vargas Ll., en Marras, 1992: 100-101). “Suverdadera identidad aparecerá en la medida en que se integre al resto delmundo. La cultura, la tradición, la lengua, una cierta idiosincrasia, una cierta
    • 219ideología que tiene que ver con una historia que es muy antigua y que va acoexistir con la modernidad... Esa es la gran esperanza para América Latina,es lo que habría que intentar” (Idem, 1992: 102).En ese mismo año 2010 con el nobel de literatura anunciado ya públicamente,en el mes de noviembre, apareció la última novela de Vargas Llosa, titulada ElSueño del Celta, en donde, con una referencia clara a lo salvaje delcolonialismo europeo, se narra la historia del irlandés Roger Casement (1864-1916), quien se desempeñó por muchos años como diplomático inglés tanto enel Congo como en la selva amazónica del Perú y quien finalmente fue acusadode traición, condenado y ejecutado por el gobierno de Inglaterra.Las denuncias de Casement retomadas por Vargas Llosa nos presentan conmucha crudeza un siglo XX todavía dominado por una visión en donde ciertossectores de los países industrializados se sienten los amos del mundo yejercen su poder para extraer las materias primas del mundo subdesarrolladocon lujo de violencia. La función estructural de África, América Latina y diversasregiones asiáticas se ha manifestado en esta extracción de materia prima parala producción industrial y, posteriormente con la independencia de las colonias,convirtiendo estas regiones en destinatarias de productos manufacturados eindustriales –en un intercambio desigual, como lo señalara hace variasdécadas Samir Amin- y en reserva de mano de obra barata para las sucursalesde las empresas trasnacionales. Con cierto desprecio, por este tipo de simetría,desde los países industrializados generalizaron el término de paísesbananeros48 –aunque inicialmente se aplicó primero a varios paísescentroamericanos- para todos aquellos que vivían en el mundo delsubdesarrollo.48 El término fue utilizado por el humorista y cuentista norteamericano William Sydney Porter(1862-1910), quien, con seudónimo de O. Henry, escribió en 1904 Cabbages and Kings, queeran cuentos cortos ambientados en Centroamérica. El término lo refería específicamente aHonduras. Posteriormente se aplicó a todos los países centroamericanos y en general a todanación con pura producción agropecuaria y mineral subordinados sus gobiernos a los interesesde las empresas trasnacionales.
    • 220Sin embargo, en el cumplimiento de estas tareas durante el período colonial, lavisión cultural de supremacía del blanco sobre el negro y sobre el indio sigueprevaleciendo en la época pos-colonial, utilizando en la mayoría de los casos ala misma religión católica que acompañaba a los enviados europeos. Son laspalabras referidas por Vargas Llosa, por ejemplo, del colonizador Henry MortonStanley en referencia a los nativos negros del Congo: “Todo esto es por subien, claro que sí. Vendrán misioneros que los sacarán del paganismo y lesenseñarán que un cristiano no debe comerse al prójimo. Médicos que losvacunarán contra las epidemias y los curarán mejor que sus hechiceros.Compañías que les darán trabajo. Escuelas donde aprenderán los idiomascivilizados. Donde les enseñarán a vestirse, a rezar al verdadero Dios, a hablaren cristiano y no en esos dialectos de monos que hablan. Poco a pocoreemplazarán sus costumbres bárbaras por las de seres modernos e instruidos.Si supieran lo que hacemos por ellos, nos besarían los pies. Pero su estadomental está más cerca del cocodrilo y el hipopótamo que de usted o de mí. Poreso, nosotros decidimos por ellos lo que les conviene… Sus hijos y nietos nosdarán las gracias...” (Vargas Llosa, 2010: 43)Y lo mismo pasó también con respecto a los indígenas de América, en dondeno solamente los españoles sino incluso los mestizos consideraban comosubhumanos a los nativos originarios. Los indios de la amazonia peruana eranrepresentados como algo inferior dentro del imaginario de los europeos eincluso de peruanos no indígenas de Iquitos, en el Perú: “para ellos losindígenas amazónicos no eran, propiamente hablando, seres humanos, sinouna forma inferior y despreciable de la existencia, más cerca de los animalesque de los civilizados. Por eso era legítimo explotarlos, azotarlos,secuestrarlos, llevárselos a las caucherías, o si, si se resistían, matarlos comoa un perro que contrae la rabia. Era una visión tan generalizada del indígenaque… nadie se asombraba de que los domésticos de Iquitos fueran niñas yniños robados y vendidos a las familias loretanas por el equivalente de una odos libras esterlinas” (Vargas Llosa, 2010: 209).Podemos ver con claridad que las hazañas de la independencia no cambiaronen lo estructural la situación de las nuevas naciones; cambió la pertenencia del
    • 221territorio con respecto a España a las autonomías nacionales en donde loscriollos fueron los nuevos dominantes, pero la situación del indígena siguiósiendo la misma. Lo reconoce el mismo escritor en su discurso de aceptacióndel premio Nobel: “Al independizarnos de España, hace doscientos años,quienes asumieron el poder en las antiguas colonias, en vez de redimir al indioy hacerle justicia por los antiguos agravios, siguieron explotándolo con tantacodicia y ferocidad como los conquistadores y, en algunos países, diezmándoloy exterminándolo. Digámoslo con toda claridad: desde hace dos siglos laemancipación de los indígenas es una responsabilidad exclusivamente nuestray la hemos incumplido” (Vargas Llosa, 2010b). Estamos en esta perspectivaante una posición valiente y lúcida del nuevo premio nobel de la literatura.El Ensayo Político sobre el reino de la Nueva España de Alexander Humboldtya había mencionado esta concepción cultural a principios del siglo XIX: “Esclaro que en un país gobernado por los blancos, las familias que se cree tienenmenos porción de sangre negra o mulata, son naturalmente las más honradas.En España es una especie de título de nobleza el no descender ni de judíos nide moros; en América, la piel, más o menos blanca, decide el rango que ocupael hombre en la sociedad” (Humboldt, 1978); el color de la piel decidía el lugardel ser humano en la colonia, en donde incluso había notables diferenciasentre los españoles nacidos en España y los españoles nacidos en América.Anteriormente, se había llegado al extremo de las opiniones de Corneille dePauw (1739-1799), holandés del período de la Ilustración y que llegó a serconsiderado el mejor conocedor del subcontinente español y de sus habitantessin haberlo visitado nunca; por ello, al hablar de los nativos, este autor señalalo siguiente: “Pero aun siendo así sus cuerpos, todavía son más imperfectossus almas. Carecen de memoria, al punto que hoy no recuerdan lo que hicieronayer. No saben reflexionar ni ordenar sus ideas, ni son capaces de mejorarlas,ni de pensar, porque en sus cerebros solo circulan humores gruesos y viciosos.Su voluntad es insensible a los estímulos del amor y de cualquier otra pasión.Su pereza los tiene sumergidos en la vida salvaje. Su cobardía se manifestó enla conquista... Sus vicios morales corresponden a estos defectos físicos. Laembriaguez, la mentira y la sodomía son comunes en las islas, México, el Perúy en todo el nuevo continente. Vivían sin leyes. Las pocas artes que conocían
    • 222eran muy groseras. La agricultura estaba entre ellos enteramente abandonada,su arquitectura muy mezquina y más imperfectos todavía sus instrumentos”(Pauw, 1774). Su obra quiere enfatizar la inferioridad natural de los indígenasde la Nueva España, que daba pie y fundamento a una relación asimétrica,recogiendo la tradición que ya Francisco Ginés de Sepúlveda (1490-1573)había dejado en el siglo XVI en su disputa con Bartolomé de las Casas: “losindios son gente de rudo ingenio, servil por naturaleza y, por consiguiente,obligada a someterse a otras gentes de mayor talento, cuales son losespañoles”.La realidad de la explotación colonial en el Congo y en el Putumayo de la selvaamazónica de principios del siglo XX fue presentada en amplios informes algobierno inglés por el personaje histórico de la novela de Vargas Llosa; sinembargo, ya desde siglos atrás, otros autores habían dado cuenta de la Visiónde los Vencidos: “Se nos puso precio. Precio del joven, del sacerdote, del niñoy de la doncella. Basta: de un pobre era el precio sólo dos puñados de maíz,sólo diez tortas de mosco; sólo era nuestro precio veinte tortas de gramasalitrosa” (León P., 2003: 169). También Bartolomé de las Casas lo habíaseñalado con claridad en su Brevísima Relación de la Destrucción de las Indiasal hablar de las injusticias cometidas contra los indios: “Lo cual visto, yentendida la deformidad de la injusticia que a aquellas gentes inocentes sehace, destruyéndolas y despedazándolas sin haber causa ni razón justa paraello, sino por sola la codicia e ambición de los que hacer tan nefarias obraspretenden” (Casas B. de las, 1552: 2). De manera semejante, lo atestiguaBernardino de Sahagún en su Historia general de las cosas de Nueva España:“Esto a la letra ha acontecido a estos indios, con los españoles, pues fuerontan atropellados y destruidos ellos y todas sus cosas, que ninguna aparienciales quedó de lo que eran antes. Así están tenidos por bárbaros y por gente debajísimo quilate” (Sahagún, citado en León P., 2003:19).En este sentido, podemos rescatar la visión de la literatura latinoamericanaexpresada en la última novela de Vargas Llosa en 2010 como una nuevadenuncia contra el colonialismo pero en un período poscolonial que alcanzatambién hasta el siglo XXI, vinculándose también con lo expuesto
    • 223recientemente por Isabel Allende en La isla bajo el mar, con sus historias sobrelos esclavos de Haití y la situación del esclavismo en las zonas del sur de losEstados Unidos. ¿Son los indígenas americanos y los negros africanosconsiderados todavía como menores de edad? Parece que, a pesar del avanceen los derechos humanos y en las leyes, en la visión cultural de numerososgrupos prevalece todavía esta concepción; los ideales de la revoluciónfrancesa (liberté, egalité, fraternité) todavía no se han impregnado bien en lamente de las nuevas generaciones, incluso en el siglo XXI.Ciertamente las razones de la Academia del Nobel se quedan engeneralizaciones al mencionar que otorgaron dicho premio literario "por sucartografía de las estructuras del poder y sus mordaces imágenes de laresistencia individual, la revuelta y la derrota" (Nobelprize.org); sin embargo, ladenuncia literaria llega al interior de las mismas naciones desarrolladas cuandoel propio personaje extiende su posición anticolonial a la resistencia y lucha deIrlanda por su independencia frente a la Inglaterra del siglo XX.Pero en el mismo Vargas Llosa hay que considerar la cita que él mismo poneen el epígrafe de la novela: es una cita de Rodó, en donde se afirma que unhombre puede ser muchos hombres. El personaje de Roger Casement es, eneste sentido, multi-fascético: diplomático por muchos años del gobierno ingléspero acabó siendo considerado un traidor y ejecutado por ello; defensor de losderechos humanos y abiertamente homosexual según su propio diario;defensor de la independencia de Irlanda pero considerado tibio por los mismospromotores de la rebelión de la Pascua en Irlanda en 1916, etc.La misma cita de José Enrique Rodó podemos aplicarla también al propioMario Vargas Llosa quien, a pesar de las denuncias al colonialismo y sudefensa constante de la democracia, ha tenido tantas posiciones políticasdurante su vida para caminar desde la izquierda –como lo recuerda en suHistoria de Mayta- hasta como ha sido considerado en las últimas décadas, unclaro defensor del neoliberalismo y de la ideología de la derecha. Su discursoen la recepción del premio nobel de literatura en Suecia, el 7 de diciembre del2010, muestra, por ejemplo, algunas de sus caras: “En mi juventud, como
    • 224muchos escritores de mi generación, fui marxista y creí que el socialismo seríael remedio para la explotación y las injusticias sociales que arreciaban en mipaís, América Latina y el resto del mundo”. Pero cambió y experimentó –dice-el “tránsito hacia el demócrata y el liberal que soy” (Vargas Llosa, 2010b).¿Quién es Mario Vargas Llosa actualmente?Puede ser uno y muchos, como la América latina variada que conocemos, peroen los últimos años, a pesar de numerosas posiciones progresistas de lademocracia liberal, se ha esforzado mucho por llegar, aparecer y serrepresentante de una extrema derecha recalcitrante y confrontación con losregímenes de Cuba y Venezuela a los que llama “dictaduras” y con losgobiernos de Bolivia y Nicaragua a los que menciona como “seudodemocraciaspopulistas y payasas” (Vargas Llosa, 2010b). Se olvida que en todos estospaíses, sus gobiernos son frutos de la misma democracia liberal en donde lasreglas electorales se han cumplido cabalmente. En el caso de su mismo paísnatal, el Perú, el novelista tendría después una postura errática durante elproceso electoral presidencial del año siguiente al Nobel cuando solamentequedaron para los comicios de la segunda vuelta, Keiko, la hija de su principalenemigo político Alberto Fujimori –a quien no le perdona que le haya ganado,dentro del marco de la misma democracia liberal que él defiende, laselecciones presidenciales de 1990-, y el nacionalismo de izquierda de OllantaHumala: al quedar solamente para los electores la opción entre estos doscandidatos, se refirió a ellos señalando que en el Perú no había opción másque entre estar en estado de coma o tener sida; cambió de postura a últimahora para sumarse al posible ganador.En el mismo discurso del Nobel 2010, llegó a considerar como un gran ejemploa tan diversos países para meterlos en un solo costal: “Brasil, Chile, Uruguay,Perú, Colombia, República Dominicana, México y casi todo Centroamérica”.Desde su punto de vista parece que, con el hecho de que haya elecciones(“mal que mal, la democracia está funcionando” –dice ahí mismo), ello ya essuficiente, aunque esto no lo admite para Venezuela, Bolivia y Nicaragua. En elcaso de Centroamérica, al novelista se le olvidaron los nombres de esas
    • 225pequeñas naciones y también se le olvidó mencionar -¿intencionalmente?-que en Honduras hay un gobierno que es producto de un violento golpe deEstado y que se constituyó en la mayor amenaza política para todas lasdemocracias latinoamericanas: ¿hay alguna postura condenatoria de lademocracia liberal sobre el gobierno de Porfirio Lobo? Parece que en este casose le olvidó su concepción tan profunda expresada en el mismo discurso deque “una dictadura representa el mal absoluto para un país” y de que es “unafuente de brutalidad y corrupción”. Aquí encontramos una de las más grandescontradicciones políticas del nuevo premio nobel de la literaturalatinoamericana: en Venezuela, Bolivia y Nicaragua se cumplen fielmente todaslas reglas de la democracia liberal con procesos electorales supervisadosinternacionalmente pero, para él, son dictaduras o pseudodemocracias; sinembargo, ni siquiera se preocupa por mencionar el intento de golpe de Estadocontra un presidente legítimo como Hugo Chávez en 2002 y, sobre todo, elgolpe de estado de facto del 2009 contra otro presidente electodemocráticamente como Manuel Zelaya en Honduras.Volvamos, sin embargo, a la grandeza de la literatura como creación mágica ycomo expresión de nuestra realidad. El texto del premio Nobel literario en eldiscurso de aceptación en Estocolmo lo titula Elogio de la lectura y la ficción.La admiración por innumerables autores leídos, desde Homero hasta AmadoNervo, Neruda, Orwell, Cervantes, Tolstoi, Camus, etc. lo llevó a descubrir lagran revelación. “Además de revelarme los secretos del oficio de contar, mehicieron explorar los abismos de lo humano, admirar sus hazañas yhorrorizarme con sus desvaríos. Fueron los amigos más serviciales, losanimadores de mi vocación, en cuyos libros descubrí que, aun en las peorescircunstancias, hay esperanzas y que vale la pena vivir, aunque fuera sóloporque sin la vida no podríamos leer ni fantasear historias” (Vargas Llosa,2010).Podemos decir entonces que América Latina se ha representadohistóricamente de una manera maravillosa en la literatura porque ahí se haencontrado una enorme vitalidad relacionada con la ambición por llegar amejores etapas de desarrollo e integración, aunque contrasten tanto con la
    • 226realidad empírica del subdesarrollo que todavía no podemos dejar. Podemos,en este caso, alegrarnos con la recepción de este premio nobel paraLatinoamérica en el 2010, siguiendo esa concepción expresada por el novelistade que “La literatura introduce en nuestros espíritus la inconformidad y larebeldía, que están detrás de todas las hazañas que han contribuido adisminuir la violencia en las relaciones humanas” (Vargas Llosa, 2010b). Sinembargos, tampoco podemos caer en el idealismo optimista de esta visiónporque sabemos perfectamente que el ser humano, como lo mencionaba Kant,tiene bien impregnada la tendencia hacia la sociabilidad pero también le esinherente la insociabilidad; en los tiempos modernos, Edgar Morin ha señaladopor su parte que el ser humano es ciertamente un homo sapiens, pero tambiénsurge de su interior el homo demens que es capaz de salvajismo y destrucciónen la misma época de la modernidad.Por ello, la literatura no solamente es expresión de rebeldía e inconformidadcon el orden establecido; también hay, por un lado, expresiones literariasalienantes y retrógadas y, por otro, hay literatos seguidores y apoyadores delstatu quo. Ahí están las obras de nuestros premios nobel latinoamericanos tandiversas que van desde un Neruda y García Márquez hasta un Octavio Paz yVargas Llosa, aunque haya también coincidencias fundamentales entre todosen algunos puntos. Ahí están las expresiones contrastantes de GuillermoCabrera Infante49 a quien le repatea el concepto de identidad y de integración,y del mismo Vargas Llosa quien es un entusiasmado con el proyecto deintegración de América Latina.De esta manera, coincidimos con el nuevo premio nobel cuando menciona que“un mundo sin literatura sería un mundo sin deseos ni ideales ni desacatos, unmundo de autómatas privados de lo que hace que el ser humano sea de verashumano: la capacidad de salir de sí mismo y mudarse en otro, en otros,modelados con la arcilla de nuestros sueños” (Vargas Llosa, 2010b). A partir deesto, uno de los grandes proyectos en nuestra América Latina no sólo está en49 Como ya lo señalamos anteriormente, Cabrera Infante ha señalado con claridad su posición:“La idea de que yo sea un latinoamericano realmente me revienta el hígado” (Cabrera, enMarras 1992: 76).
    • 227seguir produciendo literatos de alta calidad sino difundirlos para que sean másleídos dentro de una población que –aparte de ciertos niveles existentestodavía de analfabetismo- está poco acostumbrada a leer. Una muestra de estoson las estadísticas para México dadas a conocer por la OCDE y la UNESCO:“el mexicano promedio lee 2.8 libros al año” (Sheridan, 2007). Aquí está uno delos grandes retos culturales que debemos afrontar entre todos. Pero tambiénhay que señalar que la lectura debe ir acompañada de una mínima capacidadcrítica para distinguir las buenas y las malas propuestas de los propios literatos,que son a su vez producto de lo variado de la sociedad civil latinoamericana.Echemos una nueva vista a los seis premios Nobel de literatura que tieneLatinoamérica y, con sus nombres simples y sus historias, sabemosperfectamente que no todos nos ofrecen el mismo imaginario para la región,sobre todo cuando los autores se involucran en posiciones políticas específicasde cada país. De esta manera, podemos distinguir en el discurso de VargasLlosa Elogio de la lectura y la ficción tantas cosas valiosas y otras tantas tandeleznables y vacías, lo que es propio de cualquier ser humano.Quedémonos, sin embargo, de manera simple con la felicidad de que la regiónlatinoamericana se sigue reconociendo mundialmente a través de la literatura.Promovamos su lectura y sobre todo la perspectiva de una imaginacióncreadora que haga surgir de la población mejores actores sociales frente acualquier régimen de gobierno.
    • 228
    • 229 CONCLUSIONES “El mundo me ha derrotado muchas veces; cuántas veces he intentado hacer un bien con mi pluma, con mi palabra, con mis actos, con mi vida. No me he desalentado jamás” (Hostós, Eugenio Ma de, 1873).Después de este recorrido alrededor de los temas del desarrollo, la integracióny la cultura en América Latina, podemos decir que solamente hemos entrado auna muestra de la gran riqueza que tiene esta discusión sobre el momentodinámico que vive nuestra región. Al finalizar este recorrido, solamente nosqueda enfatizar algunas de nuestras posturas que consideramosfundamentales para la elaboración de nuevas y mejores políticas públicas.En primer lugar, es necesario abandonar los criterios economicistas en lanueva concepciòn del desarrollo. La producción y la productividad siguensiendo algo fundamental en cualquier planeación de un estado, pero el guiar lapolítica pública solamente en base a la producción de riqueza es algo queretrasa el bienestar. Por mucho tiempo, se nos ha dicho que primero hay quecrear la riqueza para luego repartirla; sin embargo, el momento de la reparticiónnunca ha llegado a pesar que en esta región se concentran un gran número desupermillonarios o superricos (personas o familas que tienen una fortuna demás de un millón de dólares, según la revista Forbes); a pesar de ciertosavances, “América latina sigue siendo la región más desigual del mundo”(Perry y Steiner, 2011: 2).El concepto de Desarrollo Humano propuesto por la ONU desde 1990 esmucho más completo que el modelo economicista del puro crecimiento. Juntoal indicador del ingreso por habitante mediante el combate efectivo a lapobreza, se pueden medir también los aspectos de educación y salud de lapoblación. Desgraciadamente, estos dos últimos elementos se tomansolamente a partir de los años cursados en la escuela y de los años promedio
    • 230de esperanza de vida. Es necesario avanzar para medir con mayor precisión elaspecto educativo y el aspecto de la salud, llegando incluso al grado de medirla calidad de la democracia con la participación ciudadana, con el combate a lacorrupción, con el respeto a la ley en una vida conforme al estado de derecho.Una de las tesis fundamentales de este escrito es la revaloración del papel dela cultura en los programas públicos de promocion del desarrollo humano.Dentro del gran número de significados de este concepto, hemos querido llevarla discusión al mundo de la imaginación creadora y propositiva –“otro mundo esposible”, han señalado los zapatistas mexicanos en Chiapas desde 1994-, paraque los pueblos no se queden atrapados en el mundo fáctico de ladependencia, la opresión, la explotación, la destrucción de la naturaleza, etc.sino que se atrevan a soñar y luchar por sus proyectos de futuro. Si hay quienha mencionado el tema del fin de la historia y asegurado que no hay alternativamás que la política gubernamental de tipo neoliberal, la cultura se convierte enun grito de protesta y de propuesta, en la elaboración de un mundo contra-fáctico que jala desde la imaginación a la creacion y construcción de nuevosproyectos de mundos alternativos al capitalismo imperante. El peor daño quenos pueden hacer es la castración cultural, si nos sumen en el pesimismo y nosatan al mundo desigual del presente.La cultura también puede ser considerada como el modo particular de vivir dedistintos grupos humanos o comunidades nacionales que se expresan en lalengua, en el modo de vestir, comer, en las costumbres que por largo tiempohan permanecido en determinado lugar. Estas costumbres y sus significadoscrean continuamente redes de supervivencia, solidaridad y colaboración que nose expresan necesariamente en las instituciones formales pero que hacen queel pueblo subsista de una determinada manera y tenga su buen vivir. De estamanera, se forma un particular tejido social al que podemos dar el nombre decapital social y de cuyo impulso pueden nacer los proyectos económicos ypolíticos más duraderos. El estudio de Narayan (2002) promovido por el BancoMundial a partir de más de 40 mil entrevistas en numerosos países pobresseñalaba con claridad la estrategia del fortalecimiento del tejido social comouna de las claves más efectivas del combate a la pobreza y promoción del
    • 231desarrollo. No habría que olvidar, sin embargo, la existencia del dark side delcapital social, como un elemento real en la cultura de cualquier población, quetambién puede ser utilizado para la autodestrucción; ya hablábamosanteriormente de la existencia de una cultura participativa pero también de unacultura militarista y de golpes de estado, de una cultura de la desintegracióntodavía existente en diversos sectoes a la que habría que combatir.Cuando nos referimos a los procesos de integración, siempre hemos creídonecesario insistir en las diferentes corrientes de pensamiento alrededor delconcepto. En América Latina, encontramos las raíces profundas de la vertienteque apoyamos, que viene desde el sueño de Bolívar sobre la unión derepúblicas y que se encuentra expresada en determinados proyectosregionales como el de Centroamérica (SICA), la Comunidad Andina deNaciones (CAN), el Mercosur, la Comunidad Sudamericana de Naciones, laUNAUR, la ALBA y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños.Pero también históriamente se encuentra la vertiente panamericana nacidadesde el siglo XIX con la visión injerencista de los Estados Unidos que hapropiciado las diferentes Cumbres de las Américas y su proyecto del ALCA conuna perspectiva dominante desde el Norte. También existe la visión de unaintegración a partir solamente de la colaboración entre gobiernos y gruposeconomicos de élites frente a los intentos de una integración desde abajo endonde tanto las comunidades indígenas ancestrales como numerosasorganizaciones de la sociedad civil tienen muchas propuestas por hacer paraque los beneficios de la integración puedan recaer en sectores más amplios dela sociedad.Finalmente hay que enfatizar la gran importancia de la educación comoproyecto alternativo. Un pueblo sin educación siempre será presa fácil de susexplotadores. La tragedia latinoamericana la encontramos en el datofundamental de la baja tasa de escolaridad: el promedio de años en la escuelapara los habitantes de esta región se sitúa en alrededor de 7 años. Es un datoaterrador: no se ha podido garantizar hasta ahora ni siquiera la educaciónbásica de primaria y secundaria para toda la población. Pero podemos añadirmás datos que agrandan el problema de manera gigantesca: hay que tener en
    • 232cuenta no solomanente la educación formal sino también la calidad de laeducación. ¿Qué tipo de formación intelectual estamos propiciando cuando losque salen de la escuela, aun con grados de maestro y doctor, se convierten enlos grandes desfalcadores de la economía nacional, en delincuentes de cuelloblanco, en gobernantes sin escrúpulos?Tenía razón la XIV Cumbre Iberoamericana realizada en Costa Rica en el 2004cuando se planteó el tema principal de la reunión: “Educar para construir elfuturo”; tenía razón también la temática de la última Cumbre Iberoamericanarealizada en Argentina en el 2010: “Educación para la inclusión social”.Bastaría como punto de partida que teniendo en la mente –junto con otrasutopías- varios de estos grandes proyectos declarados los empezáramos aponer en operación práctica con la colaboración de distintos gobiernos yorganizaciones de la sociedad civil.El compromiso con lo existente del tiempo presente tiene que ser jaloneado porlas utopías del futuro. “El vuelo –como menciona Bachelard- se emprendecontra la gravedad tanto en el mundo de los sueños como en el mundo de larealidad” (Bachelard, G. 1994: 379); pero nunca hemos querido caer en laperspectiva de los sueños enajenantes de la pura fantasía sino sino que nosposicionamos en el mundo de la sociología real con los seres humanosconcretos de cada nación latinoamericana, en el análisis de los procesoshistóricos reales, como bien lo menciona Weber al referirse a la ciencia: “Escompletamente cierto y así lo prueba la Historia, que en este mundo no seconsigue nunca lo posible si no se intenta lo imposible una y otra vez” (Weber,M., 2002: 179).
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    • 247 TEXTO EN CONTRATAPAAmérica Latina es una región del mundo en el 2010 con una población dealrededor de 584 millones de habitantes, cuyos gobiernos iniciaron desde ladécada de 1960 varios proyectos de integración, pensando acertadamente quela cooperación es una de las mejores estrategias para lograr el desarrollo.Durante el fin del siglo XX y principios del siglo XXI surgieron diferentesproyectos en toda el área: el Sistema de Integración Centroamericano (SICA),la Comunidad Andina de Naciones (CAN), el Mercado Común del Sur(Mercosur), la Unión de Naciones del Sur (UNASUR) y la ComunidadLatinoamericana y Caribeña de Naciones, etc. con muy diferentes resultados.Sin embargo, el desarrollo todavía no se ha alcanzado; la mayoría de lospaíses, siendo tan heterogéneos entre ellos, sigue sumida en el subdesarrollo,si consideramos los aspectos de la estabilidad del crecimiento económico, lainequidad y la magnitud de la pobreza y la pobreza extrema, la fragilidad de lasdemocracias institucionales, etc. Este libro discute el concepto del desarrollodesde múltiples perspectivas: no basta el crecimiento económico; es necesarioincluir los aspectos de la salud, la educación, la democracia y sobre todo lacultura, que tiene que ser revalorada como una clave fundamental.Con ello, nos topamos con la aportación principal del autor: ¿qué significa lacultura dentro de los procesos de integración y desarrollo en América Latina?Durante las últimas décadas, se ha revalorado con justa razón el papel de lacultura, desde donde, con la capacidad creadora de la imaginación y el capitalsimbólico latinoamericano, podemos repensar nuestros proyectos deintegración y desarrollo, acorde no a los designios de una voluntad imperialsino de acuerdo a los grandes lineamientos que dejó Simón Bolívar: una uniónde repúblicas de hombres y mujeres libres en donde la riqueza sea repartidacon mayor equidad. Como mencionaba Roa Bastos, hay que creer en “la granpatria latinoamericana. La utopía bolivariana se va a cumplir; yo trabajo paraque así ocurra”.