El cuerpo como delito
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El cuerpo como delito

  1. 1. El cuerpo como delito En el año 1967, Routtenberg y Kuznesof, trabajando con ratas, les permitían acceder libremente a un cilindro giratorio al tiempo que solo les administraban alimento durante 60 min. una vez al día. En tales circunstancias los animales incrementaban su caminar por el cilindro y, este aumento de actividad se acompañaba de un descenso dramático de la ingestión alimentaria. La inanición progresiva acababa con la muerte de todos ellos. Las ratas controles, sometidas al mismo régimen de comida pero sin acceso al cilindro de actividad, estabilizaban su peso corporal y sobrevivían a la experiencia. Todos los resultados apuntan en la misma dirección: Los animales sometidos a un programa de alimentación restringida disminuyen el consumo de alimentos si tienen oportunidad de practicar una actividad locomotora (Epling et al., 1983). Se supone que los niveles altos de endorfinas que acompañan al trastorno anoréxico en primera instancia disminuyen el apetito y solo posteriormente, al avanzar la inanición, se asociarían a su supresión. La actividad física incrementa o potencia algunas de las difusiones neurohormonales propias de la anorexia nerviosa, con el siguiente riesgo de empeoramiento del cuadro psicobiológico general. Puede suceder que el deporte en general o un deporte concreto atraiga a personas que ya padecen un trastorno del comportamiento alimentario o estén en trance de padecerlo. Las actividades deportivas como carreras de fondo o la gimnasia rítmica pueden resultar especialmente atractivas para personas anoréxicas. Dedicándose a ellas, su delgadez puede quedar camuflada o incluso legitimada a ojos de los demás. También puede suceder que la práctica deportiva cause el trastorno del comportamiento alimentario. Existe la posibilidad de que la actividad física provoque anorexia si coincide con algún género de restricción alimentaria. Los trastornos del comportamiento alimentario parecen darse con mayor frecuencia en la práctica de deportes individuales que en deportes de equipo, más en deportistas de élite o que pretenden serlo que en practicantes corrientes; más en mujeres que en varones, más en mujeres blancas que en las de color y más en adolescentes que en adultos. Todo indica que a los factores específicos de la práctica deportiva se suman otros propios de las distintas edades y sexos de los practicantes. Las niñas gimnastas son admiradas, aplaudidas y premiadas. Su aspecto infantil despierta ternura y multiplica la admiración suscitada por sus proezas psicomotoras. Esos cuerpos triunfadores, se constituyen en un poderoso modelo a imitar. Niñas y adolescentes envidian tales cuerpos. Es probable que su difusión admirada haya contribuido en alguna medida a la instauración colectiva del ideal de delgadez en las adolescentes. Las gimnastas presentan la tasa mas elevada de anorexia nerviosa hallada entre practicantes de cualquier modalidad deportiva. Una campeona británica, Lisa Elliot solo tenía un 5,3% de grasa corporal. La mayor parte de las gimnastas sitúan su tejido graso alrededor del 8-9 %, siendo que el índice de grasa corporal normal en mujeres es del 20-22%.

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