HACIA UN CAMBIO DE PARADIGMA EN LA POLITICA
Mgter. Johanna Lastra
Gestión Pública Universidad Complutense de Madrid
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social “tal cual” esta estructurado.
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sus mentores sin principios, encubriendo cada triunfo tartufiano
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Crear y gestionar confianza y credibilidad ciudadana en el
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  1. 1. HACIA UN CAMBIO DE PARADIGMA EN LA POLITICA Mgter. Johanna Lastra Gestión Pública Universidad Complutense de Madrid Abogada El concepto paradigma tiene su génesis en la palabra griega paradeigma, que significa modelo o ejemplo a seguir. La concepción psicológica del término hace referencia a los pensamientos, ideas, creencias que han sido incorporadas en distintas etapas de nuestra vida y que se han aceptado como verdaderas o falsas sin someterla siquiera a la duda razonable. Con posterioridad el físico y filósofo estadounidense, Thomas Kuhn (1922-1996), le otorgo una nueva interpretación a la palabra para referirse al conjunto de prácticas que definen una disciplina científica durante un período específico de tiempo y acuñó el término "cambio de paradigma" (paradigm shift) en su libro "La estructura de las revoluciones científicas" (The Structure of Scientific Revolutions - 1962), en donde para referirse a las ciencias señalo: "las sucesivas transiciones de un paradigma a otro vía alguna revolución, es el patrón de desarrollo usual de la ciencia madura". Dicha idea fue sumamente revolucionaria en su momento y provoco toda una serie de cambios de visión tanto en las ciencias como en lo social. La existencia de paradigmas y el replanteamiento o cambio de los mismos es tan antiguo como la vida misma. Incluso, antes de su determinación conceptual existieron, existen y existirán como producto psicológico y social del individuo. Su función entre otras es la de prolongar el orden establecido, la “normalidad social” y por qué no decirlo el establishment con todo lo que éste implica. Un cambio de paradigma normalmente ocurre por una situación o evento que hace que confrontemos los modelos o cuerpo de reglas, valores y creencias hasta el momento innegables e incontrovertibles, sustentadas por nuestra percepción, representación, racionalización y perpetuados a través del tiempo por nuestros procesos de socialización; educación, costumbres, experiencias, conocimientos, cuya existencia nos ayuda a vivir en sociedad, adaptarnos a la “normalidad” y encajar en el cuerpo
  2. 2. social “tal cual” esta estructurado. Ahora bien, tanto el paradigma en positivo, es decir como guía, en la medida en que nos permite confrontar situaciones en base a un formato a seguir y el paradigma como guión al constituirse en limitante para el cambio de formulas cuando estas ya no nos dan resultados, motivan la necesidad de entender el fenómeno paradigmático del que se trate y los componentes que en él intervienen. Seguramente nuestros apreciados lectores se preguntarán, qué tiene todo esto que ver con la política y qué pretendemos demostrar al vincular un concepto asociado a las ciencias empresariales con la forma de hacer política y la gestión pública. Para realizar un acercamiento al tema sugiero un ejercicio mental. Enumeremos 3 de los sectores que gozan de menor credibilidad a nivel del engranaje social. Pensemos en 3 grupos de poder en donde los antivalores, entiéndase falsedad, corrupción, hipocresía, deslealtad, falta de honradez, etc. sean no solo constitutivas del grupo, sino además, requisitos de utilidad para ser considerado dentro del grupo. No me atrevo a garantizar dos de las respuestas, pero estoy casi segura de que una de las constantes ha sido: el grupo de “los políticos”. De igual forma, la mayoría de los lectores coincidirá conmigo en que la imagen de los políticos es quizás una de las más desprestigiadas a la hora de analizar la credibilidad de los actores que intervienen en la construcción de la realidad social y política de nuestros países. La idea de los políticos como estirpe de cínicos, corruptos, sinvergüenzas, embusteros, descriteriados, oportunistas, aprovechadores, utilitaristas y demás apelativos peyorativos, mas allá de disminuir, se ha enquistado en la opinión pública. Lo anterior ha motivado a su vez que estos personajes de la vida pública diariamente cuestionados por lo que hacen o dejan de hacer hayan permeado su dermis al punto de no incomodarse por esta opinión extendida que la ciudadanía tiene de ellos. Y lo que es peor aún, ha logrado un efecto dominó en la generación de políticos emergentes, que ya con veinti tantos años algunos hacen su debut en la vida pública, emulando las argucias y artimañas de
  3. 3. sus mentores sin principios, encubriendo cada triunfo tartufiano con la verborrea inicua de que lo que hacen es en beneficio de los mas necesitados. En el caso de la dinámica político-partidista y el perfil de nuestros políticos tradicionalistas, se debe tener claro que existe un paradigma o un conjunto de paradigmas que motivan el accionar de ese político en un momento determinado. Los paradigmas norte de nuestros políticos, se fundamentan en creencias como: “aquí no importa la gente, importan los votos” y el político que triunfa es el que tiene capacidad para traducir personas en votos, la capacidad del político se mide en su éxito para gestionar partidas que permitan garantizar su triunfo y el de su partido en las próximas elecciones, en política hay que convencer, en política no hay que ser, sino parecer; y así un sin fin de máximas que dejarían ruborizado al mismo Cardenal Mazarino. Existiendo estas premisas que constituyen el o los paradigmas de los políticos, existirá de igual forma “El efecto paradigma” que es lo que hace tan difícil el cambio en las estructuras de pensamiento de los mismos. Dicho efecto evita que se encuentren opciones en la forma de gestionar la política y lo público o lo que es peor, puede provocar que se limite el acceso a quienes pensamos de manera distinta y deseamos incursionar en la vida política con una nueva propuesta para legitimar lo político y lo público por medio del servicio y el conocimiento científico de lo social. Anteriormente señalamos que todo cambio de paradigma implica una necesidad y un reconocimiento sustentado en hechos y eventos de cambiar la formula en que se han venido haciendo las cosas. Hoy por hoy se necesita un cambio de paradigma por parte de nuestros políticos, dado los retos y responsabilidades que presenta el contexto social, administrativo y económico. Entre los retos que instan a un cambio de paradigma por parte de los políticos tenemos: Administrar y gestionar recursos públicos en momentos en que hasta las economías aparentemente mas estables sucumben ante las deficiencias del mercado.
  4. 4. Crear y gestionar confianza y credibilidad ciudadana en el contexto de una sociedad globalizada, informada e informatizada, que cada día se conforma menos con las propuestas populistas que otrora encandilaban las pupilas del elector. Necesidad de legitimar decisiones políticas no perdiendo de vista decisiones publicas que pueden o no oponerse en un momento determinado. Capacidad, conocimiento multidisciplinario y habilidades para dirigir procesos, movimientos, instituciones y manejarse en la vida política con las complejidades propias del nuevo siglo, caracterizado por una mayor participación y evaluación ciudadana. La insuficiencia del discurso político frente a las nuevas relaciones con la sociedad civil. Necesidad apremiante de profesionalización del político para hacer frente a entornos gubernamentales multinivel. Modernización y cambios institucionales que implica calibrar las propuestas políticas en función de programas y políticas de estado. Sin lugar a dudas, los breviarios políticos que en su momento marcaron una época y una forma de hacer política deben reconocer su desgaste y dar paso a la renovación del cuadro o perfil político en base a un cambio de paradigma que será definido o ira definiéndose en base a los criterios de cientificidad, capacidad de respuesta y ética, que el ciudadano de a pie demanda de sus políticos.

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