JAI              I r(Diamela Eltith s Ediciones del Ornitorrinco
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1.4 Cuando a1 oscurecer 10s insomnes llegan adornados a1sitio escogido. Ahora que el frio aumenta y el cuerpo se traspasaa...
Es cierto que han encendido una pequeiia fogata en uno de 10scostados del centro de la plaza. Los extremos de la figura co...
contemplindolos con 1perfecci6n de sus pose!sea analizada en sus caracienwcas parucuiares. iarnoieri sub espiu-das curvada...
El lumperio se dispone entre las luces de la plaza.Est5 hipn6tica a1 mirar la enrojecida llama: el calor la adormece,sus o...
felicidad, a la extendida sobre el cement0 frio de la plaza. Ya noess610 ella, sino el rob0 que ha htY asi la quemada le d...
deterioro, haberla empujado a eso por la minusvalia de la mirada10s hace llegar a constituirse en otros.Agrupados en el ce...
El luminoso que va a regir esta nueva identidad, 10s pilidos que laadquieren, ella que se somete, y quemada y palabra como...
Ella misma se rebasa en lo que el dolor deja como hueco y alli laconfundida se entrega. De pura voluntad otra estructura s...
desdeiiosamente evidenciando sus pintas, tal como si buscara otroshorizontes.Ellos no la miraban, porque su quemada no 10s...
M e pregunto: --jcual   es la utilidad de la plaza publica?Yo mire extraiiado a ese hombre que m e hacia una pre-gunta tan...
-jY que hacen 10s viejos sentados en 10s bancos?jcuanto tiempo se quedan?, pregunto el interrogador.-No hacen nada, piensa...
misma actitud que hacia 10s mendigos como si supieranque ninguno les va a hacer datio. No es frecuente queaparezcan, per0 ...
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esta a su cargo a levantarse de su asiiento interrumpien-do la conversacion para separarlos.A 10s niiios les gusta extraor...
mente avergonzado a causa de 10s otros que miran laescena y abraza a la mujer, no por gesto amoroso, sin0para cubrirla ant...
AI reves, debia ser mas sintetico, ahorrar el maximo depalabras siendo certero en lo que queria expresar.-Los mendigos, di...
nota en ellos la conmiseracion mezclada con la ironia y elasombro. Ellos, por su parte, se caracterizan por susdiscursos i...
-No se exactamente, per0 su encendido corresponde alde toda la ciudad. Cuando se ilumina la plaza estan tam-              ...
Se extendian entonces 10s cables para constituir la     escena. Fundidos en uno Daisaie v Dersonaie. escri-     tura y med...
consiguiera y reposara un rat0 hasta aue todo el males-tar desapareciera.Aunque pudiera s8llar y, por lo engorciera la ayu...
Per0 en la noche, en la noche es algo disdicho que el frio no 10s deja permanecer en 10s bancos niapoyados contra 10s arbo...
ISe queja en tonos que cunden la rajadura de su aura.tifien mis bien a1 puncetear de aguemdas ramas susrecepticulos. Se qu...
fuego como propiedades. Encabrittindoseirles coceos. Mas se hiere 10s pies contracuando arranca el pasto: tiembla, produce...
en 10s quejidos, el que la mira sufre de tanto descasca-ro, el que la lee lineal ritual persigue, el que la piensadesea su...
pliblica. M5s insiste cuando est5 bajo el farol, menos     cuando estQcerca de 10s bancod casi 10s roza a estos     empala...
entonces sobre el cCsped, sus patas se levantan como enjugueteo, abre la boca de hocicada forma dirigida haciael faro1 por...
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ellos y que es su mala direccih la que la empuja justoKonaa sus cuerpos cuanao se muestra en tranco parcofrente a sus figu...
XVI     Muge en hospitalario tono buscando asi la otra cerca-     nia, complicitario ruido se confmna y muge con su     el...
asi: su anca perfecta no est5 para soportar sus magrascames, ni su estilo bruto se ha establecido para accederen oscuro tr...
Lumperica de Diamela Eltit
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Lumperica de Diamela Eltit

  1. 1. JAI I r(Diamela Eltith s Ediciones del Ornitorrinco
  2. 2. - -LUMP e Diamela Elt
  3. 3. 1.1 Lo que resta de este anochecer seri un festin para L.Iluminada, esa que se devuelve sobre su propio rostro. incesante-mente recamada, aunque ya no relumbre como antaiio cuando eracontemplada con luz natural.Por eso la luz elCctrica la maquilla fraccionando sus ingulos. esosbordes en que se topa hasta 10s cables que le llevan la luz.IanguideciCndola hasta la acabada de todo el cuerpo: pero el rostroa pedazos. Cualquiera puede constatar su labios entreabiertos y suspiernas extendidas sobre el pasto -cruzindose o abrikndose-ritmicas en el contraluz. En que el anochecer sustenta la plaza en su omamento, para queella adopte en si las poses trinsfugas que la derivan hasta elcansancio, encendida por el aviso aue cae en luz sobre el centro dela plaza, entre 10s irboles y 10s bancos, para llegar hasta el cemento.donde permanece de espaldas.Porque el frio en esta plaza es el tiempo que se ha marcado parasuponerse un nombre propio, donado por el letrero que se encende-r i y se apagari, ritmico y ritual, en el proceso que en definitiva lesdari la vida: su identificaci6n ciudadana.que caiceri pur IUL coil C I I U I I I I I I U ~ U .Asi serin nombrados genericamente pilidos como escalaf6n pro-visorio. Esos que vienen desde 10s puntos mis distances hacia laplaza que prendida por redes elkctricas garantiza una ficcidn en laciudad.Asi estin ellos y sus incontables poses: 10s cables son su punto demira en la paralela del placer de la mirada. Espera ansiosa elluminoso y por eso se remueve entera cuando se siente tocada, conel pecho agitado y 10s ojos hlimedos. El luminoso no se detiene.Sigue tirando la suma de nombres que 10s va a confirmar comoexistencia; ese haz de luz largado sobre el centro del cuadrante queen la literatura produce indices, entre el frio del amanecer, mien-tras 10s otros pilidos se protegen contra 10s irboles en una distribu-ci6n casi bella por el recorte de sus siluetas.L. Iluminada en el centro de la plaza empieza otra vez a convulsio-narse. Los pilidos rotan sus cabezas para tener un mejor ingulo ys610 entonces se dispersan sobre el cCsped. Atentos. fijan susmiradas en el bautizo, mientras el luminoso acomete direct0 en ella
  4. 4. iueve las caderas bajo la luz: sus muslos se o y su cabeza colganlte se golpea por tantas el pavimento. 1 1 I.~eraririca ei nomDre en dos colores paraleios, el iuminoso amptia-do sobre el cuerpo escribe L. Iluminada y ritmicamente va pasandola cantidad posible de apodos: le escribe trinsfuga y la letra caecomo toma filmica. Sin embargo, con nombre tan complejo, ellainicia de nuevo la algarabia y por eso el aviso adquiere una funci6nclisica que se vuelve medieval en su constancia, en lo ortodojo desu forma, en lo helado de su construcci6n. No en balde se acercan al centro justo cuando ella se retira y alli mismo muestran sus cuerpos que no plantean diferencias entre unos y otros: el aviso luminoso 10s encubre de distintas tonalida-des, 10s tiiie y 10s condiciona.Gimen por luz, orgi5sticos en sus (Nadie diria que en Santiago de Chile PIque esos se distiendan como gemas. A J I GJ, LUII I ~ IJ ~ I I uc ~I ~ ~ I Uirboles que les lamen el rostro y ella se frota en su madera por elpur0 placer del especticulo. Sumida en el Cxtasis de perder sucostra personal para renacer lampiiia acompaiiada por ellos que,como productos comerciales, se van a ofertar en ksta desoiadaciudadania. rAsi podria haber estado a pesar del frlo; expuesra en rorma non- I-. _...A ._.-- ~ 1 -zontal despuCs de haber perdido el nombre propio, inmersa, bus-cando la luz con 10s oios desorbitados por la transparencia. Mbspilidos en sus came; cetrinas estrujando el plackr a cualquiercosto, mirindose en la plaza, con las cabezas arrasadas, transpor-tados de electricidad, balbuceantes.A ellos, que pudieron brillar de otra manera, estin aqui lamiendola plaza como mercancias de valor incierto.Por literatura podrian ser comparados a zafiros y a 6palos, acelestes aguas marinas.Para decirlo nuevamente:La luz del luminoso, que est5 instalado sobre el edificio cae en laplaza. Es una proposici6n de insania para recubrir a 10s pilidos deSantiago que se han agrupado en torno a L. Iluminada nada misque como complemento visual para sus formas.Porque este luminoso que se enciende de noche esti construyendoCII mpncaip nara pllnc .CIIIP criln a pea hnra alran7nn c i i nlpnitiid
  5. 5. Por eso el luminoso, en plen:literarios, por ejemplo decidSindalo, mis el impuso muri6 a1 caer sobre su erizada piel en lametamorfosis de tan cDecia volantina pelarl;Destroz6 el impulso dhabia fabricado para ePor eso es que en la y.-.. u1 wv..J..b.. s.yvU u1 w.nb.U.LUYU Jelictricos: por una parte el asignado a1 cuadrante y por otra. el quese desliza del luminoso; esa luz que se vende. Asi por contrapuntosus labios han perdido su obsecuencia y su figura se devuelveengaiiadora bajo 10s rayos que convergen hasta su centro. Per0 noest6 sola alli. Todas sus identidades posibles han aflorado pordesborde +lavando sus puntos anat6micos- sobrepasindola ensus zonas. Regida nada mis que por el horario asignado a la luzelictrica en la plasmaci6n del luminoso que la estria.Los pilidos se han tomado las esquinas dealaplaza y acurrucan allisus cuerpos protegidos unos contra otros. sus cuerpos frotadosque, en el bautizo, intercambian apodos en sus poros famdicos.Ellos se tocan y manoseados ceden.Nombres sobre nombres con las piernas enlazadas se aproximan entraducciones. en fragmentos de palabras. en mezclas de vocablos.en sonidos, en titulos de films. Las palabras se escriben sobre 10scuerpos. Convulsiones con las uiias sobre la piel: el deseo abresurcos.Asi, las esquinas de la plaza adquieren movilidad por 10s cuerposapiiiados que, unos sobre otros, conducen a un exterior. Pero no ensu penetracih, sino en su apariencia que, en el renombre, exudandeleite y reapropiados constituyen el escenario.La piel de 10s pilidos muestra en sus aberturas su proceso y alfundirse en el siguiente demarcan infinitas posibilidades paracualquier mirada. Se arman y desarman en sus lineas. constituyen-do un engaiioso limite a la plaz,a.Per0 el luminoso 10s soporta. Sigue su tintineo con precisa regula-ridad. L. Iluminada en el centro. Suda a pesar del frio y por eso sucame se expone a la luminosidad. M i s que nunca centellea allicontrolando por contorsiones su claroscuro, mientras la luz toca10s bancos de la plaza, 10s irboles y la disposicih fabricada del
  6. 6. tierra se adhieren a su came. Para el que la mira es un espectbculo desolador porque balbucea. Cada uno de sus nombres es desmenti- do por su facha. Pero relumbra, a6n en plena osc Como bautizada se celebra entre ellos, mientras sus propias manos se acarician en profundidad perdiendose entre sus huecos. Partien- do desde la ordinariez mbs profunda para llegar por pose a la extrema delicadeza. Ella deja oir restos de lenguaje, retazos de signos. Socavada por tierra y pasto. Nutrida de savia. Se observa a si misma, como si su nombre le otorgara rasgos diferentes. Se toca la piel en el mismo momento en que se curva mbs a6n sobre el pasto, hasta que la caheza cae sobre la tierra reblandecida. En actitud de descanso. Sin embargo, est6 alerta al aviso luminoso, con la cara ligeramente crispada de jdbilo ante 10s tintineos, mientras desliza su lengua sobre 10s labios, su lengua mojada que 10s humedece. Las piernas estbn abiertas en posici6n descuidada y las balancea cada vez que en el centro de la plaza se recibe la luz. Los pblidos han llegado ahora hasta ese mismo centro y empiezan su particular representaci6n. Amontonan sus cuerpos y se dejan caer sobre el cemento. Asi se van en un ritmo tan dificil de visualizar que s610 el luminoso 10s ordena cuando muestra sus relajos. Con sonidos guturales llenan el espacio en una alfabetizacidn virgen que altera las normas de la experiencia. Y aside vencidos en vencedores se convierten, resaltantes en sus tonos morenos. adqui- riendo en sus carnes una verdadera dimensi6n de la belleza. Porque hasta Cse podria estar comprometido en la disposici6n azarosa de 10s cuerpos. Los mismos que se van preparando para una nueva circulacibn. Aunque no es nada novedoso, el luminoso anuncia que se venden cuerpos . Si, cuerpos se venden en la plaza. A un precio no determinado. Es mbs bien el placer que emanan en lo profundo de su compromiso. Sus palabras caen en el vacio ampliando sus molCculas para petrificar lo eterno de la produc- ci6n. Para quC decir que la ilaman cuando se estructuran sus voces en el espacio. 10
  7. 7. En desgarrador sonido se convierten.Podria ser -tal vez- el Amado por lo masculino de su grosor queal llamarla la asedia para poseerla, a esa vaga que yace tirada en laplaza, evocando con sus indecentes movimientos quizis que sue-fios de entrega.Per0 10s pilidos siguen en el centro frotindose contra el cemento,rodando bajo 10s bancos de madera, frigiles de vestimentas pese alfrio: gimiendo siempre.Per0 ya se ha dicho que no son propiamente gemidos 10s queescapan de sus labios.Un oido no entrenado en sus particularidades podria oir alli unespecticulo de desgarro. Mas no es asi. Es la salvacidn de labautizada.Se celebran en sus identidades. Son sus propios padrinos que sereciben y ella, ella es la que se rebautiza en cada uno.Es una fiesta.El luminoso sigue cayendo dindoles mis posibilidades, ampliin-doles la imagineria.Se ven proyectados hasta 10s bordes de Santiago, ornados deatavios: por robos y excesos accediendo a todos sus lugares. Porpur0 deseo propietarios al venderse a1 luminoso como mercade-rias. Esos son 10s que se esperan con ansias.Por esto, estin reducidos a goce cuando entre 10s haces de luz delluminoso se dejan entrever sus posibilidades. Ya se ha consumadola transaccidn y por eso la felicidad de esos cuerpos imprimegracilidad a sus movimientos.La armonia se ha asentado en la plaza.L. Iluminada tampoco permanece ausente del especticulo. Havaciado su mente de toda memoria y ahora construye y planificas610 con 10s pilidos como referente: plasmados en su futuro.Ella, plenamente teatral por la observacidn de sus movimientos,camina erguida hasta el centro de la plaza para detenerse bajo la luzdel luminoso que la alumbra por intermitencias. Asi se gesta suprimera toma filmica: Ella est6 en el centro de la plaza, mientras sus pies se deslizan. Los cuerpos bullentes de 10s desarrapados que, por efectos de luz de un luminoso que cae desde un edificio cercano, produce en la piel un tinte ligeramente distorsiona- do y fantasmagdrico. Pudieraser quizis una toma orgiistica por la acumulacidn de tanto cuerpo, pero, en el cuadro aparece mis bien la pureza .1 I
  8. 8. UVlIUb cI1 l U 1 1 1 ~ 1 1 VJ la. L1U111111UUU, bull cI11 U11 L l U U U J V C I A ~ b l l I I I b I I L U Isus cuerpos frente a la cimara, llegan a constituir estkticamente enel lapso de tres minutos, una mirada admirativa sobre ellos. Unamirada mediada por la cimara que 10s asedia y en la cual, por lobidimensional de 10s efectos de luz, sometan y se sometan ante 10sinaicaciones para la pnmera escena:Conformar cinematogriificamente algo similar a un mural en laplaza ptiblica, relevando lo marginal de! especticulo. Revirtiendopor ello 10s canones de la identidad a travks de la suma de cuerposque neutralizan a1 miximo 10s rasgos, para provocar colectiva-mente una imagen depurada de 10s que, por desprendimiento, hanductilizado sus materias sometitndose conscientemente a1 deseo.En suma el ofertorio.Asi: Pieles marchitas sin espectacularidad. El goce reflejada en sus rostros. Pese a la iluminaci6n conservar el especticulo noctumo. Dar autonomia y flexibilidad a cada uno en su pose.12
  9. 9. La persistencia del agrupamiento. El Cxtasis del extra que en la -n-*nll- 0- *-n-*--- ---a elemento estructural. Sefialar el vicio de la mirada. I(Insistir en esas mismas caras marchitbar iiiac.iiciiiaa,Gaaa llllalllaacaras’que enfrentadas a la noche, Cse habri visto como su peligrocuando surgen sorprendiendo en las esquinas. Y Cse entonces-sudandc+ apretari las piernas porque su penetraci6n mis quejdbilo seria el tizne blanco. Quizis por eso el terror a esa figurahumana apurm’a sus pasos hasta olvidar esa imagen.Porque Cse intuye las piernas ulceradas y cuyas manos, mientras lanoche avanza, bajan 10s pantalones para recorrerse una a una lasllagas abiertas que ya no responden a ningfin tratamientol venda-das con tiras sucias para evitar la fricci6n con el gCnero que lascubre y por esto, al sentirlas junto a su piel sana, esas mismaspiernas supurantes lo mancharin de nuevo en su limpieza, en elcuidado incesante que cualquiera se prodiga.Per0 en fin, por pantalla, el terror y el deseo de 1sanidad se manifestari como errata y entonces ugiira ir sus pasushacia la plaza pfiblica, elevari sus ojos hacia el luminoso, sealigerari de ropas, abriri sus piernas tendido de espalda en elcemento y de deseos se habrfi consumado en otro, hasta que elmismo cemento, por dolor de la pose, le rompa la piel y Cseentonces se veri en cada una de sus llagas y la piel decorada brillecon la luz del luminoso y s610 asi sepa verdaderamente de algunaclase de vida.Ah, de miserable en sublime la plaza. Alucinada es.Porque la plaza produce desvm’os. Pnr ejemplo: Si 10s pilidos que obtuvieron nuevo nombre ciudadano prescindie- ran de L. Iluminada perderian su soporte, es decir, quizis nadie pregonm’a ese hecho. Es que ella transmitiri la noticia, como predicadora su rostrotransformado, sus mfiltiples facetas, esa absoluta falta de inscrip-ci6n sefialari la veracidad del acontecimiento.Per0 adn no es tiempo, apenas se construye en cada uno de ellos.Todavia &os no se renonen v vuelven a mirar I ~ nniphnc P Wan
  10. 10. Errores de la primera toma:Los cuerpos tensados estaban rigidos, no por necesidad interna,sino por efectos de cimara: como terror.Ella misma no dej6 ver su mejor ingulo. escurri6 la mirada directaa la cimara, volvi6 el rostro ante el zoom. Los tijeretazos de supelo eran demasiado regulares, las ligrimas previstas no afloraron,apenas se humedecieron sus ojos. Se mostr6 mis bien desafianteque serena. movi6 sus labios varias veces. Evit6 el roce con 10spilidos.Por eso descansa en la plaza. Todos coinciden en la dureza deltrabajo. Estin tendidos en el pasto observando 10s parpadeos delluminoso que se imprime con nitidez sobre el suelo. La luz elCctri-ca se intensifica denotando el verde del pasto, 10s bancos. 10sirboles.Alrededor circulan 10s autos con las luces encendidas. Los ruidosllenan la plaza.Ellos saben que en algunas horas deberin asumir unaetapa mis. Sepreparan para ello ejercitando cada una de sus particulas corpora-les. Ahora si, a ciencia cierta afirman que el error no se reiterari.
  11. 11. 1.2 Por eso lo que resta de este nuevo anochecer seri elverdadero reencuentro para L. Iluminada y 10s pilidos que, perdi-dos en el azar de su transcurso, Ilegarin a la plaza para tendersetirados sobre 10s bancos, per0 con el insomnio asomado a suspupilas.Sus ojos que conservan impresos losin descanso por las calles recomencinterior que se les abre, para guaraar esas imagenes que seranrevisadas con precisi6n cuando arriben a1 cuadrante a la hora de laprendida de las luces.Claro que se tienden en 10s bancos y ella 10s mira, asombrada porlo homogCneo del espectkulo. Sus m6sculos estin tensados mien-tras se acomoda en una de las esquinas para obtener un mejor puntode observaci6n. Se puede deducir sin errar que su estado general esprecario, su respiraci6n agitada, ese brillo de sus ojos.Tiende sus manos, se aferra a1 irbol mis cercano y aproxima hastaalli su rostro: esa cara humedecida por las kigrimas, hasta que lasepara de la corteza y aparece entonces una de sus decisiones en laplaza: Estrella su cabeza contra el irbol.Estrella su cabeza contra el irbol una y otra vez hasta que la sangrerebasa su piel, le baiia la sangre su cara, se limpia con las manos,mira sus manos, las lame. Va hacia el centro de la plaza con lafrente daiiada -sus pensamientos- se muestra en el goce de supropia herida, la indaga con sus uiias y si el dolor existe es obvioque su estado conduce al Cxtasis. Se exhibe esperando la caida del luminoso sobre la herida: Si yo misma tuve una herida, per0 hoy tengo y arrastro mipropia cicatriz. Ya no me acuerdo cuinto ni c6mo me dolia, per0por la cicatrjDice -tengcexcedente y sus ropas manchadas se prenden con la caida delluminoso. Se abraza a si misma. se lame las manos nuevamente ya6n sus manos h6medas de saliva frotan sus brazos. Se tuerce enespasmos en el miximo de su energia. Los pilidos estin erguidossobre 10s asientos v en cada uno de ellos se vislumbra la compa- id o que absorbe, manchindo- 15
  12. 12. se, la sangre que todavia le entorpece la mirada. Se vueellos y 10s recorre con su sello particular. Tiene la herida auIGl Lano se vislumbra adn la proporci6n del dafio. Levanta sus manos y aplena conciencia lleva sus dedos a la cara para reabrirse la pielpartida. Su mirada esti difusa y alli en medio de la plaza, s610 para10s pilidos, deja oir un aullido y su voz aguda se expande yprolonga en la oscuridad.Su grit0 10s sorprende y esos desarrapados se levantan y poco apoco empiezan a acercarse a ella. La rodean para mirarla de cerca.Pero no la tocan. sus ojos tambiCn hdmedos/ de compasi6n susojos.-si yo misma vi 10s ojos de Cse empafiarse y dejarse caer sobre mipara cubrirme con sus manos amorosas, las mismas que solicitascuraron mis heridas. Sus manos-Aunque saben que ella necesita ese espacio precis0 para mostrar suespecticulo. Ha adquirido otra identidad: por literatura fue.Asi se reconwe en su propia imagen, la que se reflecta sobre elpiso cuando el luminoso deja caer un nuevo haz de luz. Por eso la sed la socava y su lengua reitera sus gestos sobre 10s labios. Se tiende sobre el pavimento para extraer lo helado. Se regula surespiraci6n y 10s pilidos tambiCn distinguen sus cuerpos y sequedan en el centro de la plaza adn conmovidos por 10s ecos delgrito.Se ha dicho que ellos tienen 10s ojos prendidos a otros paisajes,per0 ella, en la profundidad de su pose, les va borrando esaimagen; por su cara dafiada ella es la que sin duda 10s rige.De pedrerias es su cara, su piel como diamantes.Sin duda se prepara para ellos al asumir en si misma la posibilidadde rehacer la bautizada. Primigenia, se presenta ausente de res-guardo, por voluntad propia esti presta para el control del lumino-so que, en la oscuridad, adquiere su profunda penetraci6n. Todoesti dispuesto, ella alisa sus ropajes, levanta su cara: se ha produci-do un vacio en la plaza.Pero el luminoso no se detiene. Sigue transmitiendo 10s nombrespropios hasta que la plaza no es nada mis que ella y 10s pilidos quecon la mirada fija se reconocen en el relampagueo.Estin esperando su turno, para que el luminoso 10s confirme comoexistencia, es decir, 10s nombre de otra manera: renacen asi eneste transcurso purificante, ya menos empalidecidos, porque seborra su color verificando la pCrdida voluntaria de sus analesciudadanos. Por eso merodean en la plaza que 10s contiene hasta la
  13. 13. luz, remitiindolos hasta la felicidad anti la tecnologia les da vida. iD6nde fuera de la plaza se obtendria Los pdidos, con las cabezas levantadas. y empiezan sus movimientos de caderas perceptibles aun entre sus ropajes: sus muslos se tocan y se levantan del suelo. Pueden verlos adoptando otras identidades que se manitjestan en estertores ana- t6micos. Pasan sobre el cuerpo, primer0 el nombre y luego su gama total de apodos. Mientras ellos continlian con sus manipulaciones mimeticas cerca del pasto hasta enterrar sus cabezas entre las piernas. Los traspasados de insomnio, 10s estereotipados por palidez. 10s relumbrosos . Sintetizando en su nombre singular todos 10s otros que lanza el luminoso hasta recoger para si la identidad fundada en sus diversas apariencias. Y por eso, es ella la primera en comparecer en ese cuadrante, cuando la visibilidad es magra, cuando 10s ojos pueden confundir sus objetivos. El luminoso continda lanzando 10s nombres y apodos. atravesan- dolos, y nadie sera asi arrasado, nadie dejarh caer ldgrimas sobre la piel; lacios y abatidos de nhuseas sobre la concavidad. Esos que han obtenido con naturalidad su nombre propio, no pueden saber nada del vertigo de perderse en distintos residuos hasta dejar el climax de la palidez como linica alternativa, como mera came disponible. Vean la experimentaci6n en la plaza, no solitaria ni buscada: impuesta es/ trama su pose y permanece en ella por un lapso de vida. Asi es como se vuelve a desprender de su antigua costra rugosa. Abandonada a1 ritmo de 10s cambios del luminoso y, ante cada golpe, se toma la cabeza arrastrindose hasta el banco de cement0 con la cara demacrada por 10s movimientos que la consignan hasta el borde .-sigui6 tremula en esos segundos para no desplazarse por seg-mentos porque estaba partida de plenitud al obtener salada mues-tras del escarnio, que no se midi6 en horas en que levantada yexhausta se tendi6 en poros transllicidos--no se replet6 manada entre las piernas para recibir el luminosocontra su pecho toda la noche, hasta que su espalda era la veta de10s &boles que la recibian a cada embate, estragadd era una 17
  14. 14. imagen. Se encendi6 de aprensiones a las uiernas uroducidas uor6rdenes desde su cerebro. Cada apelati1tuaria simplezd vet6 su ritmo en uncando--aprens6 el tronco del irbol para depositar alii el luminoso que yarefrotado as016 su cornea hasta perder la conciencia- -no ~ U V Ootro rostro que como mercancia se pudiera relevar misalto-Adn retumba su grito en la plaza, agudizindose ante la caida delluminoso para volver a producirse nuevamente con la mismaintensidad con que originalmente fuera emitido. Su grito que sevuelve circular hasta que 10s pilidos se tapan 10s oidos pararetomar la normalidad de la plaza. Convergen hacia el centrohuyendo de 10s sonidos. Se le acercan para que ordene terminar; aella que ante esa reproducci6n rehace su propio delirio. Su boca seabre ante cada intenumpida. Copia con su boca, se dobla a simismd 10s irboles, el cCsped, 10s cables, 10s faroles, hasta 10sbancos son atravesados: se ha producido una nueva secuencia.Segunda escena, la producci6n del grito: El lumperio se dispone en 10s bancos que rodean el eje de la plaza. Ella est6 de pie justo a1 centro. El luminoso desde el edificio cercano deja caer sus intermitencias aclarando su imagen. La oscuridad se extiende en esos alrededores. Se filma. La cimara la capta desde el momento en que lentamente se tiende en el suelo boca abajo para permanecer en esa pose algunos segundos. Se establece una toma aCrea que contem- ple la figura de 10s pilidos acunucados sobre 10s bancos, destacindola a ella tirada en el suelo. Simultineamente, la otra cimara la seguiri en un primer plano de su rostro tocando el suelo, con 10s labios ligeramen- te entreabiertos hasta que ella levanta su cara mantenihdola ?rguida por algunos segundos y violentamente la estrella :ontra el suelo, golpeando la zona de su frente que se raja jejando salir la sangre que de inmediato la bafiari. Se sentari :n el suelo con la cabeza entre las piernas y asi permaneceri por unos instances. Se levantari y cuando sea tocada por el luminoso de su boca estallari el grito. Los pilidos se incor- porarin de sus asientos. Serin registrados por tomas aCreas.18
  15. 15. Permanecerln inm6viles cerca. Y entonces volveri a produ- cirse el grito una y La escena se cortai hasta su entrada enPara que ella se siente enboca murmure -tengo SIojeras/Ah, por una pura mirada, porhistoria.Comentario a la segunda escena:Gestar mediante la herida lo que se precisa para la producci6n deun grito. El mismo no va inmediatamente a la herida. sino algunossegundos despds, no es un grito propiamente de dolor en su formaautomltica, sino mls bien una instancia utilitaria para justificarla.Para decirlo de otra manera, no es la herida la que causa el grito,sin0 exactamente a la inversa; para herirse era precis0 el grito, todolo demls es un pretexto.Por eso la reiteraci6n continua del mismo. Volverlo a repetiramplificado hasta el ensordecimiento para que se vaya transfor-mando lentamente -,or tecnologia- desde el timbre femenino adistintos gritos masculinos pero conservando las mismas inflexio-nes: idCntica curva de recorridos.Hasta que despuCs empiecen a superponerse grito sobre grito y seanexe tambiCn la voz de ella hasta la distorsi6n extrema. Mezclln-dose ademis en tono menor otros sonidos -por e j e m p l w ciuda-danos que en forma abrupta cesan. En la imagen el lumperiopresenta rasgos de placidez, por quC no decirlo. mls bien defelicidad.Indicaciones para la segunda escena:Hacer que resalte el privilegio del sonido inmediatamente que seha producido la herida por medio del estatismo de la imagen.Solamente se filmari en planos medios y tomas aCreas. La fuerzade la secuencia es el grito que seri contrastado con el descompro-miso facial. La indiferencia relativa. Por esto la nueva bautizadarevertirl el gemido primigenio. 19
  16. 16. TU1 CSU 105 pdllUUS bt: LCIlUCrdll CI1 IUS UiiIlCUS Ut: la pliiLii CIlrUI1qUC.-cidos por el esfuerzo, abrumados por sus estertores, prepariindosepara las etapas que les procura el luminoso, ofertiindoles la sumade nombres literarios cruzados de tradiciones que 10s convertirin acorto plazo en mercancias omamentales.Acceden a1 grito que 10s salvarii. Para de nuevo ser objetos dedeseo hasta la extrema manipulacidn. Cuando Sean multiples,..:n+nrnn ,, +" A, A, .., .. . y nVIJLUJUJ, G J L I I L U J UG I I U G V U r,;rnlnAnr pc~u; crruw c .. ~ c r r a r a u w a .~ P . . A r& " A n c Pa c r r yuuaa yuc a- n...?nC n,.&espacios habitables por 10s suefios de este territorio.Por literatura serii, para que Cse se engarce otra vez y hasta elluminoso se curve dejando caer el haz sobre su cuerpo. la transpa-rencia. y ent0nc.s salga A n Iln nln-n r n * r n r A n c ; A n y lr oa yraux a ~ r 1- a yraLa UG ILVLIULLIUW 1, nlo-ro e n d rw alinico no ficticio de todc3 este invento. .Porque tambiCn la bautiz,ada conduce a1 desenfreno. VCanlos en la ,.. . .ceremonia con sus caras pallaas y ias pinras en que se orrecen Pcomo la perdida que se vende -a cualquier preci6- solamenteporque la tomen en su oficio; como esta L. Iluminada que nada miisse oferta a la mirada, que se vende a su imagen.Por ejemplo:Si su voz rectora no asolara la plaza entonces la produccidn delgrito se suspenderia en el exterior. Por eso ella inicia a partir de unacontecimiento la posibilidad de producir tambiCn en la gargantade 10s otros la misma trayectoria de su fusi6n.Asi permitiri la expansidn hasta que la plaza -entonces- no seanada mis que una cuerda miximamente estirada por la cual endirtininc rannlpc rnnfliivnn ecnq tnnnq. amidos o haios. v nor
  17. 17. Errores de la segunda toma:Sin duda esta vez se han p e r f c L L l u l l a u u . L;JtuD l l l l J l l l u J iiaiivolado como profesionales, han soltado sus cuerpos, se han some-tido a la admiracidn condicionando sus pintas. En suma, hanaprendido de la exhibicih.Sin embargo, tranca el absoluto del d ecoro de sus voces, estapermanente pacateria. Los que se rajan asCpticos en la gritada nollegan. Si este grito no perfora, no sirve. - -Habria que mejorarlo por laboratorio, con mezcla de voces, elec-trhicamente.Per0 no seri asi.El error en el grito, su recato, seri rehecho en la misma plaza,hasta que ellos se abran de si y la tomen a ella en su miiximo. A Cstaaue Dor la sonada de su voz. nada mis aue Dara ser D r.-*.-..*..A,. L L a u a -- CI uvc cll -1JUIU p i GJU JG J I ~ U G c i i c i a i i u icoherente con el pestaiieo del 1caidas le surge como acompaiiGrito y luminoso se acechadComo enemigos en la noche compiten.Hasta que el acercamiento se vuelva inevitable y se deborde lamisma plaza en el abrazo obsceno en que grito y luminoso seacoplan. Se funden el uno en el otro y por fin - e n plena noche-surge como uno el Sacramento.El Sacramento en la plaza, la borradura del pasado y esos mismos-e1 lumperio de la ciudad- se convulsionan para sumergirse ensu centro, para ser tocados en la testa que se doblega contra elcemento, suplicantes, con la saliva que cae y 10s ojos enrojecidospor el encandilamiento. Estos mismos desarrapados que se llevanlas manos a1 pecho y sienten con dulzura 10s latidos de su coraz6n. Porque no son ejCrcitos en la noche, no son nada en realidad.0 mis bien la puesta en marcha del momento primigenio de labautizada, en que lo natural del agua se suplanta por la tCcnica quede modo mis efectivo penetra y deslumbra.Abren sus ojos, se dilatan las pupilas ante tanta maravilla y todogesto, todo ropaje mostrari las dos caras del Sacramento. Porquerenacer es extraer el momento de la caida, el vicio que posaban ydejarlo es el miximo sacrificio para que la plaza - c o m o lugarsolicit- chupe en si sus impudores y hervida sea el lugar de la 21
  18. 18. memoria, cuando perdidos y desesperados arrastraban sus cabezascontra el pasto antes que el luminoscPor eso la plaza se ilumina en la nociQuk manos encienden la luz elkctricala noche?Pero ella est6 rodeada del lumperio que repasa sus papeles. susroles asignados y el estatismo que 10s somete al aburrimiento.Estas son las tomas, la mera exposici6n de sus cuerpos que de tanpropios se vuelven fastidiosos. Por eso se indagan para sacarse elpartido que corresponde. Hurgan en su memoria filmogrifica y esla ausencia del color, salvo el de la noche, la carencia.Porque no hay colores, huella de matices hay.Aunque esto no es verdaderamente exacto. las tonalidades existen-tes no llegan a sorprender por la estatura de lo cotidiano.Ese es el problema.Pero lo salvan justo a la hora en que deberin descansar en este restode noche. Irin hasta 10s bancos de la plaza, no para dormir, sinopara reimprimirse enlas pupilas in- Salvados y rehechos permanecerin22
  19. 19. 1. Vuelven 10s pilidua a la p a ~ pdld a U C I I I M I I C L C ~ a111 I I W GI cuerpo distendido, apoyados con sus irboles - cCsped - luz elCctrica - cei ramas y cables que trasladan luz a 1 faroles que tambiCn iluminan 10s bancos y mi cara de madona mirando su cara de madona. .pa- --_- --- a- --- --=.---, .W"b" ... ".. Y.---I V .- perfilada la frente - 10s labios - la nariz - perfilados enteros por luz elktrica y mi cara de madona busca su boca de madona y toca interior su lengua profana.3. Porque permanecer tanto tiempo expuesto a1 trio y rigidez hace que el cuerpo se agarrote. diseminados como esculturas 4ntensamente pilidos- en la plaza se estremecen las rodillas - d u e l e n las orejas- escasea el aire en 10s pulmones adoloridas las manos -helado el rostro- cansado el cuerpo y mi lengua de madona moja su lengua de madona tem- blando.4. La oscuridad no es para la plaza. La luz elCctrica denuncia cada vez 10s cuerpos apoyados contra 10s irboles. a una hora determinada -a1 oscurecer- se enciende la luz pfiblica todos Ios faroles relumbran en la plaza cae la luz elCctrica sobre la plaza iluminada en sus costados y mi lengua de madona toca su pecho de madona y lo moja. 23
  20. 20. 5. i N o sera una ramas? boner monocorde la de txtasis y r e de muchos enulcs uc IIIGIILE: CII U I ~ I I L U - UE: L I ~ U ~ J U v mic Inhinc de mndnnn cnrhm cii w r h n AI- marlnnn rnn6. i.Si tuvieran el crane0 aDierto-! i , si ruvieran Sonaas y ~
  21. 21. espalda agarrotada.con estkma de rasgos -marcados de fueg- desmeciados
  22. 22. 1.4 Cuando a1 oscurecer 10s insomnes llegan adornados a1sitio escogido. Ahora que el frio aumenta y el cuerpo se traspasaazuloso. Tanto frio en la plaza que 10s pulmones se inundan y hastala respiraci6n cuesta.Efectivamente, la oscuridad se hace dificil de disimular. Incluso10s focos del encendido pliblico no absorben la penumbra y 10sbancos de la plaza parecieran estar mojados por la helada.Por eso no tendrin descanso. Podrin s610 a instantes dejarse caerafirmados contra un Arb01 para volver a realizar cualquier actividady asi desentumecerse.Aparecen envueltos en extraiios ropajes. Todas las modas seanuncian a retazos, per0 siempre el colorido es tenue, desteiiido.La misma opacidad que se complementa tambiCn con sus caras.M i s bien una suma de trapos 10s envuelve: ropa sobre ropa seabrigan .Porque pasar una noche con ese frio a la intemperie requiere de unadeterminada preparaci6n y es por eso que acuden como comple-mentos a diarios, ramas, desechos; cualquier cosa que por inflama-ci6n 10s caliente.Est6n de pie en una de las esquinas de la plaza. Se frotan las manosy mueven sus pies. De sus bocas se escapan 10s vapores de 10salientos. Sus rostros e s t h borrosos recortados a contraluz.Per0 el luminoso gana con estas situaciones. Su caida sobre elcentro de la plaza lo decanta alin mis en plena oscuridad. Nada lointerfiere en su relumbrar, por eso lo miran a intervalos y Csos seemocionan todavia ante su creciente nitidez.Y ella misma, que ha tornado su lugar, se va lentamente hasta suimagen y se pone bajo C1 para imprimirse.Sus ropas grises reciben 10s tonos del luminoso. L e sirven de telapara su proyecci6n.Porque un grueso vestido de lana gris la cubre. Ropa en ella apenasfuncional, pero que sin embargo la particulariza. Su cabeza pricti-camente rapada brilla bajo las luces del luminoso y no puede evitarel movimiento que le da calor.Estin penetrados de frio que en Santiago, bajo el cielo raso, sevuelve insoportable.Demacrados sus rostros por este efecto. Ella tiembla y ellos enton-ces empiezan a agrupar sus desperdicios: encenderin una fogata.Sin sorpresas para el que 10s mira, porque Cstos abundan en lanoche, calentindose a cualquier precio.26
  23. 23. Es cierto que han encendido una pequeiia fogata en uno de 10scostados del centro de la plaza. Los extremos de la figura construi-da por el luminoso se diluyen, aunque en una apreciaci6n generaladn conserva sus efectos. Se acercan a ella, incluso L. Iluminada,que 10s observaba desde lejos, se retira del centro del haz de luzpara agruparse junto a 10s pilidos.Alimentan el fuego constantemente y sus miradas se hipnotizan enlas llamas que, aunque dCbiles, les dan calor.Tienden sus manos y acercan sus rostros, algunos de ellos tiranmis ramas y papeles para conservar el fuego. Por fin se sientan a sualrededor. Ella permanece de pie aunque sus manos tambiCn selevantan sobre las llamas. Se lleva las manos a1 rostro y se frotacon ellas.Cualquier ruido fuera de la plaza ha concluido, incluso 10s autom6-viles han cesado de circular, por eso cualquier movimiento deCstos se vuelve perceptible. Nada 10s interfiere.Ella se ha alejado algunos pasos del grupo, insiste en volver a1luminoso. Levanta la cabeza hacia la luz, per0 de inmediatocomienza a mover sus pies. Ellos siguen embelesados con elfuego, sus manos contindan tendidas y en sus rostros se ve unasomo de color. Algunos tosen por el humo, pero vuelven aincrementa la hoguera. La dureza del suelo 10s obliga a cambiarde posiciones e incluso algunos se levantan, aunque no se alejandel lugar.En medio de su balance0 10s mira y hay en ella un rictus especial.Los contempla detenidamente mientras abraza su propio cuerpo yse frota con las manos. Desde su ingulo se ve la cercania de 10scuerpos, la silueta recortada de sus brazos alargados, 10s perfilesde esos rostros. Sonrie al mirarlos con un gesto complaciente eincluso admirativo.TambiCn constata que el fuego est6 a punto de extinguirse. Ellamisma comienza a recorrer la plaza y pese a la oscuridad alcanza adistinguir papeles o ramas o cartones. Todo esto se empieza aacumular entre sus brazos. Va hacia ellos y deja caer el precariocombustible. Vuelve a 10s rincones de la plaza y una y otra vezrecoge sus residuos.Pasa el tiempo. Vuelve en el tiltimo viaje, pero de sus manos caenalgunos pocos papeles y una que otra rama.En fin, ella ha limpiado la plaza.Pero todavia la fogata seri alimentada por otro lapso de tiempo.Ellos seguirin protegidos del frio, para que ella pueda seguir 27
  24. 24. contemplindolos con 1perfecci6n de sus pose!sea analizada en sus caracienwcas parucuiares. iarnoieri sub espiu-das curvadas, sus movimientos y hasta el sonido de sus ropas.Por eso cambia de lugar en el centro de la plaza. Se mueve en esteej e como punto de Gbservacidn hasta lograr ver el rostro que F. I < - .C:orrespondia a la espalda, para ver las otras manos tendidas, 10s * .perriies, el gesro que acompana el camoio en la pose. yor eso su .mirada est6 atenta y su rostro anhelante. Ya no importa el frio,perderia el placer de la observaci6n si se confundiera con uno deellos y por eso mismo nadie testificaria la escena: corrigiendo 10sangulos, midiendo la crecida del fuego cada ve z que se imple-menta.Se desplaza con rapidez hasta que el vertigo de la I I I I I ~ U~ ~G I I I I I L Cs610 la observaci6n de fragmentos. Como un travelling su mirada.Pero tambiCn se extendera la otra mirada y ella alli sera consignadacomo la que mira.Poraue si bien esta imagen que han construido es de tristeza, "tambiCn de placer es.Porque el luminoso 10s ordena en una alterada magnitud.Que aunque la calentura de la electricidad es insuficiente producedesvmos. Por eso ella la prefiere y 10s palidos se acercan a su rocepara encenderse.Per0 volvamos, si las llamas 10s mantienen abrigados a ella se lodeben. Per0 no como bondad, ha sido para su propio gusto. Por lasvisiones que les saca en el agrupamiento.Ya de observaci6n se ha repletado. Empieza a seguir ahora 10stonos que el luminoso le deja sobre su ropa. Un rayo le marca susvestidos y la deja iridiscente. De una forma distinta a la luz de lasllamas sobre las siluetas de 10s palidos, como si la tCcnica laembelleciera dejando a 10s otros en la tradici6n fantasmal.Esos parecen opacos y disminuidos, ella en cambio construidaest&Parece imposible que puedan continuar quietos junto al fuego.Empiezan con frecuencia a volver su rostro hacia Csa que se ubicabajo el luminoso y de uno en uno se levantan para acercarse.No han terminado la ceremonia.Le han dejado un hueco para que se acerque a la hoguera evitandoque 10s cuerpos la rocen. Proyecta sus propios rasgos a traves delas llamas, enmarcada por el luminoso que la embellece.Ella toma su lugar.28
  25. 25. El lumperio se dispone entre las luces de la plaza.Est5 hipn6tica a1 mirar la enrojecida llama: el calor la adormece,sus ojos se entornan, su cuerpo se curva sentada s()bre el suelo, suactitud general es de descanso.Per0 vaya si la desafian; esa manera de pararse bajc I**rrncprovochndola: otra identidad 10s corrompe.Para que ella responda la empujan con seiialesextraen fuerzas, la estimulan para llevarla a1 desHa baiado sus oios para no mirarlos. Se resiste a ello, adiura porPiAt;aPlPa!ble que la hostigan, se afiade el vertigo IC: Im-m*-nrn4nAn Iny i u a I U I I I I I I W J W , tuua la ninTnse torna amenazante.Solamente para que ella murmure - .tengo sed- arrimada alfuego, indefensa, tiranizada por su pr(. . estadia . c u a.n d o yo )pia -. I . .misma estupefacta me he sentido llevada de mi a sabiendas de loque me emeraba. sola v encendida (ardiente estaba) v esta cara 1 I 4desencajada me auspici6 una h i c a altemativa-S,olamente para otorgarse nueva identidad acude a la tradici6n yComo una cita, frente a la fogata acerca su mano, adelanta su manoS obre las llamas y la deja caer encima. I _ _ _ _ r * - r - - --.:-->--I--:-Los satisrecnus se - - ~ i ias i _ _ _ _-___-_ caue~as ei tienuen D ~ J U - - i .u ~ e s-, repusan sus --L ---- en ---- __ -1cemento. No la miran.V1 c n n m o n n Qh;avto r n h r m I n c l l o m o r c o m h ; o AP J U i i i a i i w a v i u i c u J W W I C ~ U Ji u i i a c a o ~ U I I I W I U u i b rnlnr I ~ W I W tornhi& ,L U I L L V L ~ . I I cii JUcara se reviene. Mira la mano, las ampollas que se levantan, lacontracci6n de 10s dedos.El nuevo daiio se ha producido y por ella otros daiiados compare-cen. Se ha abierto un nuevo circuit0 en la literatura.Apoya su mano en el cemento frio. Se estremece. Se avecinan paraella convulsiones.Dice -tengo sed- y 10s otros comienzan ahora a mirarla sinperder uno de sus movimientos. Los apodos recaen sobre ellos conpropiedad. Ya no hay rastros de sublevaci6n: Vaya bautizada.esa mirada perdida la conduce al desequilibrio. No ve su mano quela ha alejado de si para dejarla sobre el cemento, su mano caidasobre el suelo.Porque en todo lo que resta de la noche no se acercar5 a &os.Su noche de gloria que de la desesperanza la impulsa a esta 29
  26. 26. felicidad, a la extendida sobre el cement0 frio de la plaza. Ya noess610 ella, sino el rob0 que ha htY asi la quemada le dari nuevavoluntad.Ha quemado su mano en la incipiente pira y su carne ennegrecidale encoge la piel. Descubre su brazo atestiguando la desigualdad decolor. Definitivamente ya no le duele. Y por primera vez 10s mira yahora es ella la provocativa. Ni un grito ha escapado de su boca.Ella es una profesional.Los mira y levanta para ellos su mano. El fuego esti muerto y s610el reflejo del luminoso y 10s faroles permiten la observaci6n de sugesto. Abre sus dedos lentamente. Muestra la palma de su mano.Se cubre la cara con ella.Asi quedaran plasmados para que ellos con el entumecimiento y elfrio se erijan en victimarios como rol asignado. para llegar a ser denuevo en esta funci6n victimarios de su propia indefensibn. Coneste nuevo poder se distienden todavia mas. La noche les haotorgado autonomia.Con la palma de la mano entre sus labios dice -tengo sed- y sonsus mismos labios 10s que la hieren con sus movimientos.Per0 entonces con la boca pegada a su mano comienza el sentidoinverso de su frase. Desconstruye la frase, de palabra en palabra,de sflaba en silaba, de letra en letra, de sonidos.Torciendo su fonttica. Alterando la modulaci6n en extranjeroidioma se convierte. Ya no es reconocible y su gwganta forzadaemite con dificultad las seiias. SeDara su mano de la boca Derdidade la legibilidad del mensaje.capaz de sacar sonido, ni merHa desorganizado el lenguaje.Sus esfuerzos son considerables. r a c b c I I I Q J u I G 1 1 ulla llluua YuF;su necesidad de expresi6n gesticulara abriendo exageradamente suboca, entrecerrando sus ojos y entonces se convirtiera en unespecticulo grotesco para aquel que, sin esfuerzo, y en armonia sedeja oir.Enferma parece.De esos limitados en sus capacidades que insisten en mostrarseante 10s sanos para participar entre ellos.Los desarrapados en el centro de la plaza est6n sorprendidos y lacompasi6n 10s inunda. Muy juntos sus cuerpos sin ambages setocan. Es algo mis que una medida de protecci6n. Contornean suscuerpos s6lidos bajo el luminoso. Mirarla en esa situacidn de30
  27. 27. deterioro, haberla empujado a eso por la minusvalia de la mirada10s hace llegar a constituirse en otros.Agrupados en el centro y sobindose Irebelada por su condici6n.Por este momento, nada mis que por brutaiiaaa, se arma lasiguientTercera _-_ ____. Ella esti tomada desde el minuto en que se acerca a1 fuego. La cimara hace un travelling hasta que se queda a la orilla de la pequeiia fogata. Por corte la escena mostrari el lento agrupamiento de 10s pilidos bajo las luces. Sera tomada en plano medio. Vuelve la cimara a ella que se deja adormilar junto a1 fuego en una actitud relajada, una pose que d cuenta de lo placentero del C calor hasta que ella lentamente vuelva su cabeza hacia el lumperio. Entonces la cimara 10s toma a ellos y muestra la intensidad de sus miradas, el anhelo general, mis bien una perversidad gestual. La cimara la toma en su resistencia. Intenta cerrar sus ojos para no verlos. No puede. Finalmente se vuelve hacia las llamas y muy lentamente acerca hasta alli su mano izquierda para sumergirla. Su cabeza se hunde sobre el pecho y s610 es perceptible el ingulo de inclinaci6n. La c h a r a capta en primer plano la mano consumiCndose en las llamas hasta que se retira. Se toma ahora el lumperio que ya no la observa, ensimismado como est6 con 10s rayos del luminoso. Ella se deja caer sobre el pavimento y separa el brazo del cuerpo hasta reposar la mano sobre el suelo. En primer plano se toma parte de su rostro que modula -tengo sed- y la cimara se aleja y toma en gran angular la plaza. Toma de tres minutos de duraci6n.Porque alguno podria decir que nadie quemaria su propia mano poruna simple miradd ah si td dices eso es que no sabes nada de lavida.Comentario a la tercera escena:Cuatro instantes confluyen a la escena que entre si no son indepen-dientes: 31
  28. 28. El luminoso que va a regir esta nueva identidad, 10s pilidos que laadquieren, ella que se somete, y quemada y palabra como unidad.Por eso rictus, gestos, expresiones se van elaborando. La sutilezaconfirma esta escena en un borde extremo frente al cual el traspasodeberd ser absoluto. Por eso se debe explotar el intercambio de lasituaci6n. Se presenta aqui una escena basada en la seducci6n quecada uno de 10s elementos ejerce sobre 10s demds.Serd vista como eso, la escenificaci6n de la seducida. Desde suresistencia hasta la entrega total. Esta misma humildad de laentrega en ellos que, partidos, se quedan at6nitos ante sus logros.Por eno la disnlircnria P I reratn la nasirin PI tprrnr d~ I n c nue ias la. ,ASnurniiue que anranu. csraran uespruvisrus ue resaoius ueiectuosos.- ". ""","" "" L "" - . . I . . ....Pnr ern Cctnc ectar6n diirtilirradnc .." Y. " I". . . Y.. "U . . " U I I UU nrndiiriqe en c i i tntalidad al y""U.#" U a..ante sus propios ojos el cambio. La sorpresa ante su fragilidad I osempujari a la perfecci6n.Toda sutileza est6 aqui contemplada para que surja y atraviese lacamara, que sera someriaa ae una manera especial, como si ruese 3 - 1 . fde algodbn, como materia frigil serd conducida. De la mismamanera el luminoso. 10s bancos. 10s drboles. 10s cables. 10s faro- . . . . ..
  29. 29. Ella misma se rebasa en lo que el dolor deja como hueco y alli laconfundida se entrega. De pura voluntad otra estructura se cons-truye y ella, ella es la suma de 10s otros que en la agresi6nresplandecen .Y toda palabra sea entonces idCntica a la tulguracion corporal a1rehacerse en otro espacio con la plaza como tel6n. L;1 evocaci6n deeste paisaje construido; el respiradero de la ciudadI. . . .*Luz del luminoso, herida, grito y atentado, se conviertan solo enun eco del lumperio que sufre transformaciones hasta que suspieles se tornen fosforescentes y la imagen de la literatura aborde ycondicione unos cuantos escritos. Encarnados en el brillo que se lesaca a esos cueros marchitos, depreciados. Porque tendidos en laplaza sus mentes serin cuerpos para que L. Iluminada +om0material de observaci6n- reviente en la letra la Desadilla de estasnoches.Si por ejemplo:El luminoso no hubiese caido sobre el centro de la plaza Cstos nohabrian accedido al privilegio de la bautizada. La literatura seconstruye de azares, de la llegada hipotCtica a la plaza de unoscuantos que se sientan en 10s bancos para que 10s otros 10s miren y10s descifren. Y lo que se vende por la irradiaci6n del luminosoinstalado en la altura del edificio cercano. es la eauivalencia a laplusvalia que alguien pudiera sacarle a Imas palabias desplegadassobre el libro.Libro que muestra al luminoso que velide: lenguaje seri.Y esa que llega a duras penas en la noche r-nn a n n nrnr;n ont;r;ndn u l l pLrrlv uIIIIbIpuuv,-- __- - - -- - - - - . ~ .~~deamhula de simo en~ - . simbolo. hasta aue desbordada sea uno de ~~~~~~ ~ ~,esos casos que mis valiera la pena olvidar.Sellar y tambalear lo dicho. Clausurar la escena. Quemar lastomas. Abominar de la cimara.Errores de la tercera secuencia:Mis que nada por agotamiento han llegado a producirse disparida-des. Algunos desatentos no han llegado a la toma en momentosexactos e incluso, la caida del luminoso se presenta como opaci-dad. Estin cansados, hasta ella que se mantenia en linea ha dejadocaer su mano sobre las llamas en forma ripida, sin emociones, enun gesto descuidado. A menudo, en esta toma 10s ha mirado 33
  30. 30. desdeiiosamente evidenciando sus pintas, tal como si buscara otroshorizontes.Ellos no la miraban, porque su quemada no 10s conmovia y ellamisma parecia que recogia 10s residuos de la plaza nada mis quepor llenar su tiempo, es decir, para agilizar su estadia.Pero, sin embargo, estos mismos han logrado, a pesar de todo,mostrar sus mis plugientes miradas. Han roto un par de prejuicios.Se saben imprescindibles en sus modales.Aunque de verdad que lo han repetido: gesto por gesto, paso porpaso para el afuera de la cimara y en esta reiteraci6n han arrastradosus manos por el cement0 frio de la plaza, han reptado por ellacomo animales y en su arrastrada han verificado la absoluta falta debase. Por eso como enajenados la buscan y lamen su cuerpo, seabrazan a1 pavimento, llegan al cCsped. Han rehecho la escena yentonces ella no ha sumido su mano a1 fuego, sino que tranquila yreposada ha dicho -tengo sed- y el lumperio con mano gentil leha procurado el alivio y ella 10s ha ido tocando uno a uno, comouna ciega que quisiera retener las facciones del otro, sus gestosposibles. Todos han sido tocados y cada uno de ellos le ha procura-do calor.Porque si el frio era real; cruzaba 10s huesos, sacaba el alma. Y 10sempalados se han entendido en esas horas fuera de Coda morbidad:como acunados han permanecidSupieron desde siempre que la e:para si tales sufrimientos.Porque de dulzura tambiCn Cstos permanecen y sus actuaciones sontodavia m6s precisas, altamente ticnicas, porque en cada escena seimpide el daiio.Veimosla con su mano extendida en la plaza. Es una de las partesmis bellas de su cuerpo. Su mano que lo coca. La conductora.Si es que ella repitiera en el relato -tengo sed- cualquiera, hastael mds desarranado. le untaria 10s labios Dara deiarla Dlena.34
  31. 31. M e pregunto: --jcual es la utilidad de la plaza publica?Yo mire extraiiado a ese hombre que m e hacia una pre-gunta tan rara y le dije un tanto molesto: -Para quejueguen 10s niiios.Per0 su mirada siguio pegada a la mia y m e dijo: i 6 0 s1para eso?Bueno -le respondi- es un area verde, trae oxigeno alambiente. Per0 cuando ya creia que se iba a ir a otro tema, m e dijo:i D e veras que es solo para eso?, piensa u n poco mas.Entonces empece realmente a esforzarme por recordar las escasas veces que yo habia permanecido alli, lo que habia visto y le conteste: -En verdad es un sitio de recreacion, aunque tambien llegan muchos enamora-dos, ahora que lo pienso, esta tambien llena de enamo- rados.-iY que hacen 10s enamorados en la plaza publica?-Se besan y se abrazan, le dije.-iY que mas hacen alli?, continuo.-A veces he visto que tocan sus cuerpos, conteste.-iQue quieres decir con que tocan sus cuerpos?, insis-ti6 el otro.-Se acarician, dijo el que interrogaban.-iY en que lugar exactamente ocurre eso?, dijo el inte- rrogador.-Generalmente estan sentados en 10s bancos de la pla-za, aunque a veces estan apoyados en 10s arboles per0est0 pasa menos. Ellos se tocan acariciandose sentadossobre 10s bancos.Asi lo hacen. El interrogatorio parecio detenerse, o al menos, el silen-cio lo indicaba asi. Por eso, cuando la voz del otro se levanto de nuevo el interrogado se sobresalto.-iY que mas has visto en la plaza?, pregunto conenerg ia.El interrogado se demoro unos instantes en contestar:-He visto viejos que tambien se sientan en 10s bancos,especialmente con sol hay muchos viejos, dijo. 37
  32. 32. -jY que hacen 10s viejos sentados en 10s bancos?jcuanto tiempo se quedan?, pregunto el interrogador.-No hacen nada, piensan, per0 si alguien se sienta a sulado ellos intentan conversar, por eso tal vez siempreestan solos o bien se sientan de a dos o tres, per0 nuncaconversan entre ellos, solo hablan cuando su vecino debanco no es un anciano, respondio el interrogado.-Per0 no contestaste toda la pregunta, dijo el otro,jcuanto tiempo se quedan alli?-Por muchas horas, contesto.-jQuienes mas acuden a la plaza?, insisti6 CI ~ U IC U interrogabi Se agotabevez mas en su magra observacion de la plaza haSta que una imagen llego a su mente. Por eso le dijo con tono seguro:-Mendigos, se ven algunos mendigos. Eso dijo.-jMendigos?, j y que hacen esos?-Se tienden en el pasto y he visto algunos que lo hacen sobre 10s bancos. Duermen de cara al sol cuando lo hay, o bien si es lnvierno y hace frio se tapan con trapos o con diarios, dijo el que interrogaban.-Y 10s demas j s e molestan por sus presencias?-Nadie se acerca a ellos y si hay nitios cerca, estos son llamados por sus madres. Donde ellos estan se produce un vacio. Creo haber oido alguna vez que esta prohibido dormir en las Dlazas. diio el interroaacnaDer en ia p a r a iueid ue uiius LUdllLU3 que 11ldldIJdlI d i l lsu ocio. Dios mio, quienes mas acudian a ese lugar.Sabia sin embargo que debia responder, mas le valia almenos, por eso dijo:-Algunos desquiciados, llegan algunos locos que estanmuchas horas igual que 10s demas, per0 estos, a diferen-cia de 10s otros, hablan solos e incluso hacen discursosincoherentes -se expresaba ahora mas sueltamente-per0 la gente, si bien tambien se aleja de ellos, no tiene la38
  33. 33. misma actitud que hacia 10s mendigos como si supieranque ninguno les va a hacer datio. No es frecuente queaparezcan, per0 tampoco es tan extrario verlos alli.- i Y como sabes tu que son locos?, dijo el que lo interro-ga ba-Budicerconfunairios. 3 e ve ae inrneaiaro que son emerrnos, quealgo anda desajustado en ellos, estan en otra parte, sumente esta en otra parte.-iRecuerdas a alguno en especial?, inquirio el interro-gador.-No, a ninguno en particular. M e parecen tipificados,como si se constituyeran por suma, dijo, o tal vez essiempre el mismo que se presenta mas desgastado cadavez. No sabia que mas podria venir si seguian en eso. Ya el haber incluido a 10s dementes en la plaza le parecia asombroso, pues en realidad, casi no habia reparado en ellos. Siempre su permanencia en la plaza era mas bien un intermedio entre una cosa y otra y como tal, ese lugar n o llamaba su atencion. Por eso le parecia ahora que era una especie de observacion inconsciente lo que afloraba y que vi0 mucho mas alla de lo que habia imaginado. Asi estaban las cosas. Per0 estaba seguro que las preguntas se-habian agotado. Per0 no. Se alzo la voz para decir: -Esta bien, revisemos todo de nuevo, ahora en forma ordenada y coherente. Describe la plaza, solo eso, descri- bela en forma objetiva. Era absurdo, definitivamente lo era. No iba a proseguir con ese juego, por eso dijo: -No, no lo hare, es algo estupido. El interrogador lo miro y le respondio: -Hazlo. Simplemente eso dijo. -Es un cuadrado - c o n t e s t 0 el que interrogaban- su piso es de cernento, mas especificamente baldosas gri- ses con un disetio en el mismo color. Hay arboles muy altos y antiguos y cesped. A su alrededor se disponen 10s bancos; algunos de piedra y otros de madera. Los ban- cos d e madera estan pintados de verde y entra en con- 39
  34. 34. :on el color del pasto y de las ramas de 10sai uutca. MlrJunos de estos bancos estan deteriorados pocel uso, faltan tablones en 10s respaldos de 10s asientos, obien listones en 10s asientos mismos. Los que se encuen-tran en buen estado son los bancos de piedra, de seguropor su material.-2Y 10s cables de luz electrica y 10s faroles?, dijo el interrogador, jacaso no 10s has visto?-Si, es verdad, respondio el otro, hay cables y faroles.Se divisan 10s cables por entre las ramas de 10s arboles y 10s faroles se disponen alrededor de la plaza. Tambienestan pintados de verde. Per0 n o se prestan para una mayor observacion. Su funcion se evidencia en la nochecuando se enciende la luz.-jY que efectos dan cuando la luz esta encendida?, dijoel que lo interrogaba.-Se ve fantasmagorica la plaza, como algo irreal, dijo. Para ejemdificar Darece un sitio de oDereta o un espacio para Ii entonc-jHas jhas p-No, dijo, nunca he permanecido alii en la noche, solo he pasado cuando he ido en camino a otra parte, per0quedarme, jamas.-Esta bien, dijo el interrogador. Deiaremos este punto por el momento, piero dimgentonces, en el dia: jquienes llegan a la plaza? 9i ""y"" .I I "I -.. _ _ _ "..--"."..l - -. - - - - -_r - - ,UVJV. F- ""I _I*t ____ _Tenia p""l o coniiir P I iiiorin r n PPR Piiiiarinn PI rnrnnnrrn- -1 -- 1- mientc adecuado era no dejarsevencer por la ira ni por elcansaricio. La obeidiencia era lo que correspondia. Por eso calmadamente contesto: .- ,a, - I - --He visto ntnos que juegan alii acompanaaos por sus ~ madres o una empleada que 10s vigila sentadas en 10s bancos de la plaza. Conversan entre ellas mirando de rat0 en rat0 a 10s niiios que n o se alejan mayormente.Algunos pequeiios de corta edad se caen y se golpean enel cernento, entonces, las madres o la persona encarga-da se levanta y 10s consuela hasta que 10s Ilantos cesan.A .,finme
  35. 35. esta a su cargo a levantarse de su asiiento interrumpien-do la conversacion para separarlos.A 10s niiios les gusta extraordinariamente el cesped,ruedan sobre el, lo arrancan y de esa rnanera - _ s wIi-w __ no - Iensucian sus manos, sino que ademas sus ropas. Lasmadres a veces n o 10s ven hasta que 10s niiios se acercany entonces les dirigen palabras de reconvencion. Algu-nas madres tejen e incluso otras bordan y Ilevan en susbolsos alimentos para 10s pequeiios. AI atardecer selevantan despidiendose y se alejan con 10s nihos en 10sbrazos o de la mano. La hora exacta va a depender delclima, per0 salvo en cas0 de lluvia siempre hay nihos enla plaza.Lo dijo d e un tiron, como una leccion bien aprendida, entono suave como se recitaria una buena pieza literaria,asi lo dijo.-Per0 tambien llegan viejos a la plaza, continuo, estansiempre abrigados, sea lnvierno o Verano. Estan solos ybuscan sentarse al lado de alguien para iniciar una con-versacion. El pretext0 siempre son 10s nihos, per0 gene-ralmente la otra persona se cambia de asiento y por elloes frecuente ver dos o tres ancianos compartiendo elm i s m o banco en silencio. Prefieren 10s bancos de made-ra evitando 10s de piedra. Se quedan por varias horas ahicon la mirada que va de u n lado a otro. Las mujerestambien tejen y 10s hombres leen el diario a medias, puessus miradas se distraen ante el pimorama general de laplaza. A menudo se retiran deja1 ndo el diario sobre elasiento cuidadosamente dobladoPenso que debia agregar mucho mas some eiios, poariahacerlo, per0 no lo hizo.-Tambien llegan enamorados, dijo. Parejas que se sien-tan en 10s bancos tornados de la mano. Hablan muydespacio y de cuando en cuando se besan. Aveces estanen-+-Aee a n nl miemn h3n-n n i i a silniin sinpiannaGiiiauua G I I GI I I I I ~ I I I W U ~ I I ~ q W u utyull U ~ Z V ~ U ~ ~ V ~ nl , VI ~ I I Pvisiblemente molesto mira hacia otro lado. Las parejasrien y la mujer acaricia a algun nifio cuando jugandose acerca.Tambien la plaza es a veces escenario del fin de algunahistoria. Conversan largamente y alguna vez la mujer ire entonces se siente visible- 41
  36. 36. mente avergonzado a causa de 10s otros que miran laescena y abraza a la mujer, no por gesto amoroso, sin0para cubrirla ante la mirada de extrahos, como si temieseque 10s demas lo culpasen. En esos instantes la mujerolvida el entorno, per0 el hombre esta pendiente de loque 10s demas pudieran pensar de el. Generalmente elhombre convence a la mujer de irse con rapidez y ellaabandona la plaza Ilorando.Se puede observartambien a otras parejas que se juntanclandestinamente. Se sientan en 10s bancos apartados,miran la hora a menudo y la impaciencia condicionacada uno de sus gestos. Esos siempre parecieran queestan al borde del fin. Uno de 10s dos esta a la fuerza,como requiriendo un lugar mas intimo, per0 paradojica-mente abundan en la plaza, como preambulo para algo.Ellos no se quedan mucho tiempo, per0 siempre tienenun ritmo distinto al resto de la plaza. No se percatan de10s demas, por un presunto terror a ser descubiertos ensu clandestinidad. Bajan el rostro cuando una mirada secruza con la de ellos. En resumen, estan alli a su pesarcomo una manera de diluirse jugando con el azar.Per0 algunos jovenes se acarician sin disimulo. Se dejanIlevar en el umbral de sus sexualidades. Tambien estosse apartan en 10s bancos mas alejados, o se tiendensobre el pasto y sus cuerpos se frotan. Evaden la miradade 10s otros y sus manos se deslizan con sutileza. Per0sus caras 10s denuncian. Uno podria darse cuenta de quela posesion es inminente, que el deseo se tiende en laplaza.Se interrumpio. Con 10s ojos bajos dijo -tengo sed-El que lo interrogaba le respondio:-Mas adelante, concluye primero.-Per0 no solo 10s jovenes tienden_ - _deseo en la *plaza, . # .- I _ _ su _ - * _ _-l--l-- - _ - . . A - A:zsiempre estan presenres ias aiierenres euaues a iraves ~de las distintas intensidades con que exteriorizan su pro-cacidadI.Penso que todavia podia nuevamente agregarA mucho m. 8 . 8 I - A--L-mas, per0 aeciaio guaraar aigunas reservas. H U ~ I I I ~todavia le quedaba mucho que decir de las personas dela plaza y su sed iba en aumento.42
  37. 37. AI reves, debia ser mas sintetico, ahorrar el maximo depalabras siendo certero en lo que queria expresar.-Los mendigos, dijo, llegan a la plaza y permanecen aintervalos en ella. A veces, incluso llegan grupos deellos. La gente les teme y evita que sus hijos se lesacerquen. Son presencias amenazantes, no solo por elpeligro de agresion, sino que por un posible contagio dealguna enfermedad que se pudiera extender por roce ocercania. No piden limosna. lncluso duermen alli tapa-dos con trapos o simplemente con diarios que cubrensus cuerpos en 10s dias helados. No les importa el banco,que puede ser de madera o de piedra. Duermen con la boca abierta y muy profundamente. Otros vuelven al lugar varias veces al dia, como si tuvieran algo que hacery retornaran a la plaza a descansar. Es posible que vayan a algun bar que hubiese cerca. Eso es muy posible, ya que casi todos ellos estan alcoholizados. Se ven dema- crados y envejecidos. Las mujeres apartan a sus hijos y ellos mismos ni siquiera intentan conversar con nadie. Se saben alejados del resto. Pero, sin embargo, estan con la propiedad que les olorga el lugar publico. Tam- bien es notoria su indiferencia para con el resto y su enorme capacidad de desconexion con el entorno. Esfrecuente tambien que empiecen a arreglar la bolsa con cosas que portan e incluso, saquen algunas tiras y ven- den sus piernas que yo he visto ulceradas y heridas. Si estan en eso y un niiio se les acerca, su madre o la persona encargada se 10s lleva rapidamente, repren- diendoles y explicando en voz aha que nunca, per0 nun-ca deben acercarse a ellos, que son peligrosos, que estanenfermos. Sus edades son indeterminadas, en fin, siem- pre estan yendo y viniendo. Deberia agregar a 10s otros que tambien rodeaban la plaza, 10s estudiantes, las personas de paso, per0 seria interminable. A no ser que fuera imprescindible no lo haria. La mirada del otro lo incito a continuar, la impaciencia seasomaba a sus ojos, por eso le dijo:-Algunos locos tambien aparecen y frente a ellos las personas mantienen una actitud distinta que frente a 10s mendigos. No porque se les acerquen, sino mas bien se 43
  38. 38. nota en ellos la conmiseracion mezclada con la ironia y elasombro. Ellos, por su parte, se caracterizan por susdiscursos incoherentes que dejan oir en distintos tonos.Algunos, incluso con virulencia. Estan vestidos de modosimilar al de 10s mendigos, per0 con toques mayores deextravagancia. Tampoco miran al resto. Aunque sus dis-cursos estan cruzados por insultos a un publico quenunca conforma el que 10s escucha. La vida de la plaza nose altera por su Ilegada. Despues de algun tiempo se vany el ruido de sus voces continua despues de sus figuras.-Eso es lo que se de la plaza, nada mas podria agregar.El interronador se levanto de su asiento v lo miro desdelo alt:o, o6ligandolo a levantar su cabeza y le dijo:-Ed :as cansado.-Si, dijo el interrogado. , . . _ . . . .-Ya aescansaras, mas tarae, toaavia aeDes responaeralgunas preguntas. Y subiendo f:I timbre de su voz lepregunto :-2Quienes llegan hasta la plaza publica?-Los nifios, 10s que 10s acompaiian, 10s enamorados, ..10s ancianos, algunos mendigos, ocasionalmente algundesquiciado, contesto el que interrogaban.-Descr ibe la plaza, dijo el interrogador.-Arb01 e9 I hanrnc halrlncac rlo romontn r6cnod r a -bles de It .- d n u--+ aad-Hasta Ii10s farole-jEn qu-En dias de Iluvia, en la noche, en esas situacionesnadie se queda en la plaza, respondio.-Vamos, di la verdad; json tan distintos 10s mendigosde 10s locos?-En realidad no son absolutamente distintos entre si,--"I I ,, , , I ,,,, ,,: ,-*A, L-Ll,,A, , - 1 , 1, , ,A ,- , " IUS IUGUS Slt3lllprt3 t3Sldll IICIUICIIIUU, pdlt3Gt3ll tjlldlUt3-cidos, per0 hay algo en comunI que pasa por sus faccio-nes, por el abandon0 de si q il e presentan, contesto elinterrogado con voz cansadaiEl interrogador guard6 silencio algunos instantes y suvoz se elevo de nuevo:-iA que hora se enciende la luz electrica?44
  39. 39. -No se exactamente, per0 su encendido corresponde alde toda la ciudad. Cuando se ilumina la plaza estan tam- ___ _ _ ~bien iluminandose todas las calles de Szmtiago.Algo en definitiva se habia roto. Las preguintas se triviali.zaban cada vez mas. Per0 n o era cosa de ponerse adiscutir. Hasta donde pudiera iba a responder cualquierasunto que le preguntaran. Porque algo dependia deeso, si n o por que el otro ocuparia ese tono; la impavidezde su mirada, la falta de gestosfaciales, la profesionaliza-cion de esa situacion. Tal vez era humillarlo o el pream- bulo para llegar a algo significativo y entonces el estariatan cansado que diria, suplicaria y pediria agua, porque su sed seria entonces insoportable. Por eso volvio la vista con prontitud cuando el que lo interrogaba dijo:-Yo tambien he estado alli y solo por eso sabras todo lo que est0 podria alargarse para llegar de todas maneras a la inevitable conclusion. Asi es que no dilatemos el asun- to. Dime:-1Que has visto cuando se enciende la luz?-No he visto nada. -LNada? Yo vi las tomas y es mas, las desmonte hasta el momento de desarticularlas, cuadro a cuadro. Fue un tiempo excesivo en que el ray0 de luz m e daba en la cabeza, per0 aun asi estuve hasta que termine con ese tra bajo. Eso era, pens6 el interrogado, de ahi su actitud. Todo se simplificaba si el tip0 6se habia visto las tomas. Eso le permitio decir: -Si, y o te vi y te reconoci desde el primer momento. Cuando la camara t e torno tal vez tu actitud era distinta, Der0 sin duda era un aesto muv tuvo el coDar ese anaulo r - -~ " , . v com pIeto : cuando ella estuvo a punto de caer y se tendio el brazo del hombre que lo impidio. Asi estuvieron hasta que el, que se inclinaba sobre ella, le dijo algunas palabras con el rostro mojado por las lagri- mas y fue una confesion lo que L. lluminada le lanzo en medio de la plaza a ese que la escuchaba, envuel- ta en su traje gris, con la pelada baja y su boca casi en el oido del hombre que s i estaba preparado para ese acontecimiento. 45
  40. 40. Se extendian entonces 10s cables para constituir la escena. Fundidos en uno Daisaie v Dersonaie. escri- tura y medio, error 1 Que diria: Nada de lo que puatera aectr narta tamDaiear IO sostenido y, sin embargo, el mer0 gesto familiar de acercar su boca al oido de un desconocido podria generar en otros la pasion --de ella la desesperan- za- lmaginate decirle algo asi a un perfecto ex- traiio. Exponer ante otro su preferencia. Fue un equivoco constante porque su voz estaba baja y 10s automoviles que seguian pasando tapa- ban las palabras. El escucho a medias y completo con sus pensamientos y con sus deseos lo que que- ria oir. Cambio palabras, suprimio frases enteras, obvio parlamentos importantes por creerlos secundarios. N o pudo extenderse a totalidades. Ni siquiera repa- ro en sus gestos, ansioso como estaba por consu- mirse en 10s contenidos.r e r o tal vez una poaria Tunatrse en la otra y as1 es ethombre (cualquiera) el que estuviera a punto de caer enla plaza y otro hombre (cualquiera) se levantara pronta-mente de su asiento y lo sostuviese para prevenir elgolpe en el cement0 y despues de eso, quizas, el acciden-tad0 le confesara el motivo de su distraccion; que sehubiera debido a unos tragos de mas y el otro pudierapensar que como ayudo a un simple borracho.Per0 si tampoco fuese asi y el hombre ese hubiese esta-do enfermo, realmente enfermo, buscando un lugar don-de descansar y, sin embargo, no alcanzo a llegar hasta elbanco de la plaza y ahora, gracias a la mano salvadora, lo46
  41. 41. consiguiera y reposara un rat0 hasta aue todo el males-tar desapareciera.Aunque pudiera s8llar y, por lo engorciera la ayuda y se 3c1iiai a 311 1 1 1 1 1 ai ai ULI u pal a I C ~ U ICI I Isus energias.Si eso ocurriera, entonces se subvertiria la caida en laplaza y seria a ella tal vez a la que interrogaban y de suboca no habria salido palabra, porque interrogatorioaqui es vocablo sagrado y por camara se habria valoradosolamente su expresion.Si ella interrogara en cambio, de confusos asuntos ha-bria tratado. Por todo est0 seria del todo imposible lasuplantacion de la escena.Aunque se insertara como telon de fondo, escena sobreescena: interrogador e interrogado. De esas palabrassecretas se dispondra. Ya estan catalogadas en cintas magneticas para ser repasadas como posibilidad de dia- logo, como elementos subrepticios.Es verdad, alguien a esa hora estaba siendo interrogado.Quizas hayan tocado someramente el asunto ese de la plaza. Hasta pudo haber dicho todo lo que vi0 ahi: sus manifestaciones, 10s desfiles, el fervor de esas personas. ldentificara algunos rostros por 10s retratos. Habrancambiado. Estaran envejecidos con la palidez que 10scaracteriza y hasta el mismo se reconocera en esas foto-grafias o en las tomas de esos aficionados. Pudiera ser asi, mas bien asi es. Porque en esos casoscada documento es u n indice o una prueba, per0 es imposible no dejar setiales. Es sabido el amor por lafotografia. Alguien ya no estara alli, unos cuantos nom- bres seran borrados del kardex y el kardex destruido y laplaza dejara d e ser importante. Vuelve a ser la decora-cion de la ciudad.Aunque se filma.Con otra tecnica se imprime el rostro en celuloide. Si-guen llegando los fotografos y toman a los nifros, a susmadres y hasta a algun mendigo como telon de fondo. 47
  42. 42. Per0 en la noche, en la noche es algo disdicho que el frio no 10s deja permanecer en 10s bancos niapoyados contra 10s arboles y por eso, en movimiento,levantan sus ojos hasta el luminoso y creen ilusamente
  43. 43. ISe queja en tonos que cunden la rajadura de su aura.tifien mis bien a1 puncetear de aguemdas ramas susrecepticulos. Se queja, pero no por eso se descoyunta.simplemente deja pasar el viento entre el cCsped queidentifica sus mayores vocalizaciones, o quizis fueronlas ramas las que produjeron engaiioso efecto: el audi-tor escuch6 quejidos y maliciosamente crey6 que, su-frid pero de iniciado vuelo se dejaba Ilevar, no era asi.no. Posaba con la voz estirada hasta la plaza paraerosionarla de auditivos toques. Crece el esfuerzo, ade-lanta el cuello, hace impetu -mayor intenso seduc-tor- para el que la observa que se engancha de otramanera, pero dindole que se arrastra a1 sonar, cae y nose levanta o tal vez repta una vez mis: se arrastra y dejasu baba tendida a la par de 10s caminos de la plaza/ * 1Raja su aura de nefasto augurio y todavia mantieneintacta la feroz incidencia de su garganta. Perturba alque la oye en tan sonados trotes o tropelias que secondiciona. La rama aplaza esas vibraciones, el cCspednutre el verde desvaido itransporta acaso el cable suenergia? Muge en verdad como una vaca lo hace, mugey se arrastra como en serie de parto, pero se toma lagarganta y todavia saca mis de su sonido. Algo hapasado que su tono baja, la vaca se recoge en susmarginaciones, la yegua se sosiega, la cosa que hallegado a ser se detiene de pleno, para que la arboledatan ruin en su raleza salte a primeros planosl el irbolque la nutre, su hocico se refriega para alcanzar lasramas, mancha y dirime su hocicada forma. marca aEsta punceteada por las ancas/ rasgunaaa mas men porpropias ufias, huellas rosadas establecen marcas de 51
  44. 44. fuego como propiedades. Encabrittindoseirles coceos. Mas se hiere 10s pies contracuando arranca el pasto: tiembla, produce cmugidos, se aplana, se tiende, reposa su peiammera.La marca se establece en sus escalofrios, el cuero sechamusca -trota de nuevo- se hiere contra el bancode piedra al no medir su trote, la luz elkctrica la petrificay la detiene bajo 10s faroles; se refrota y sus relinchos seamplian cuando se golpea contra ese metal que, sinembargo, sigue en el esperpento de la produccih de sualumbrado pdblicol dona por eso su a n d su hocico/ subaba que se resbala sobre el verde banco. Muge yrelincha copia esos sonidos/ se tapa con sus manos esasquemaduras.La audici6n se entorpece por la mezcla LquC sonidos?iquk bestia? iquC humano puede elaborar sus trinos?pierde mis bien la orientacih del que oye; truca ypermuta su indeleble brtijula al descender a condicihvi1 que la disfruta. Acosada como es en el experiment0cuando se trota o galopa para abastecerse. No ceja en suenvanecimiento al traspasar a otra especie y a otroestado animal. Por el sonido, su cuerpo cambia susmodales/ la plaza entonces se hace peligrosa; ese corralque la transforma en cerca, faroles en estacas, bancosen rejas hasta desollarle las patas que se ven envueltascomo para las galas de una carrera. Marca su anca en lasrasmilladuras, sus pelos dejan ver rosadas formas tal
  45. 45. en 10s quejidos, el que la mira sufre de tanto descasca-ro, el que la lee lineal ritual persigue, el que la piensadesea sus ancadas. Su friso crece, 10s pelos de suspiernas se elevan, se endurecen, raspan y hondan. Seelastica 10s pelos como adornos festineros para probarasi su resistencia, dobla sus patas evidenciando lasmuescas de las pezutias que daiian cisped verde. suruido queda de otro modo en el cemento. El cuero est6oculto por 10s pelos, el frio burla y asi esta estadia en laplaza se vuelve soportable. De animal modo obtiene la ..De animal giro pasea lentamente como si de verdadestuviera ante una oferta, para el lumpen dispuesto semosquea, sus ancas tiemblan para transportarlo; semancha, se enancha, engorda, se robustece para sopor-tar bien esa montada, se acerca 10s relincha, 10s mugeraspa el cemento con esas pezutias/ da trotes/ galopespara enardecerlos, est6 tentindolos con esos asuntos.Pero empalaga esta nueva estampa y antes de eso seecha suavemente cerca de ellos: dobla sus patas hundesu cabeza contra el pavimento, muge de suave tono o esmaullido de seguro, cerca de su ronroneo acude a1 pastocomo contrafondo y suda por su nueva estampd por elfrio anhela fusi6n lumphica, per0 se queda pastandopor codicia; mira de lejos esas otras formas, lame en susnncas la falta de ese neso/ sin la montada su facha es VI1Busca entre 10s deshechos su montura, la plaza empiezaa recorrer de nuevo. Nada le sirve para su dilatadacontextura que la aprisione o la cubra ante 10s espoleosiQuC adorno sobre las ancas seria ineludible? ibajo quicondici6n se enterrarian las espuelas en sus ijares?montarld cabalgarla/ cansarla o tal vez apurarla suave-mente con las puntas de metal a su cadera. No en van0apura el tranco revisando todos 10s huecos de la plaza 53
  46. 46. pliblica. M5s insiste cuando est5 bajo el farol, menos cuando estQcerca de 10s bancod casi 10s roza a estos empalados, pero esconde la vista para sorprenderlos/ hace de modo indiferente este recorrido. Pero sus ojos van clavados hacia el suelo y aunque no deja de exhibir sus ancas. como aue si esto fuese involuntario. sabe Sudor contra sudor penetrm’a, salobre gusto el roce de la came hasta la herida si sus ancas 10s soportara sin montura. Dm’a vueltas para que la enderezaran las espuelas, asi las nalgas de otros serian recogidas en sus ancas propias, para permitir que el lumpen observara la plaza desde privilegiada altura. Lo montara en si mis- ma, lo llevara con las piernas abiertas per0 pegadas con fuerza a su costado, lo detuviera debajo del farol para lograr el brillo de su rostro. Pero eso seria secundario a fin de cuentas: dejaria de acatar las brdenes, torceria el camino amenazando chocar contra 10s Qrboles o bien contra 10s bancos, desobecederia siempre el mando de las otras piernas, para dejar que sus patas marcaran un camino distinto del que la montara. Hasta que por fin ciavaran en sus ijares, SOLOun instante antes acuaienao a lo imperceptible, hacer que la veracidad del hecho se constituyese s610 por procesos reversivos o por que no, desmontajes tecnolbgicos, cine tal vez o sonido puro. Las manos del profesional en el teclado, su entusiasmo ante su descubrimiento -mugi6 y bram6 ensordeci6 con sus relincho- Desecha bruscamente la montura, frena su trote, refuerza el anca, se rep!iega hasta 10s bodes de la plaza. Se echa de nuevo y lame esa pelam- brera para dar lustroso aspect0 a su apariencia. Retoza54
  47. 47. entonces sobre el cCsped, sus patas se levantan como enjugueteo, abre la boca de hocicada forma dirigida haciael faro1 por el brillar fortalecido de sus dientes. Sequeda ahi como matando el tiempo pero en realidadofreciendo su producto/ el animal incita a que lopa, ae apagaao vueio. >e na proauciao un aescenso enSu proyecto: es que necesita de un abrevadero; el sudorCle sus pelos la ha deshidratado. Tanto trote, esfuerzo en -....-,.-.. -...-.- --la galgal~w,iaiiiu c A i i i o i r x , a i suma, la L - aejaao ---l-:l-:--- 1- naJ - ! - J -exhausta. La programacidn de la montada la ha sumidode antemano en extremo agotamiento iD6nde beber enese espacio? el cemento del suelo, el cCsped, asiid6ndegestar su abrevadero? iquC cub0 contendria su agua?Est5 a punto de fallar su empresa, haber llegado a eseespecial estado y no lograr vencer ese vulgar impedi-mento. Negd su-logro G a s i pierde su asunt- volveratris hacia la pelada, sus vellos tenues, sus sumisosmodos, la voz ingrivida que le caracterizaba, su hege-monia entre el lumperio. Per0 se sobrepuso a1 tomarconciencia que hasta 10s mejores animales se revientan. XI ..For eso aeja que pasen 10smomenros nasta que ceaa el ~1sudor, el descanso para su garganta, permite que lahumedezca la saliva, empezar a sentir de nuevo el friode la plaza, arrastrarse entonces sobre el cemento yecharse a rodar entre 10s pastelones. Evitar la luz direc-ta sobre la cabeza, esa luz que a veces produce pordelirio el calor en fria Cpoca. Se tiende entera sobre elsuelo helado, deja que sus pelos se separen rompiendola mezcla que el sudor ha construido sobre su superfi-cie. Mas no se apura en conseguirlo, quiere empezarcon sus sonidos para cuando haya dado cuerda a sugarganta. Siente que la saliva la penetra, esti humede-cida lentamente/ ya tragd el liquid0 la vuelve resbalo- 55
  48. 48. sa, se encuentra en condici6n de emitir ruidos tan necesarios para su escalada. Por eso abre el hocico fugazmente y ensaya su relincho. XI1 Emprende trote nuevo m6s cuidadoso adn, m6s lisonje- ro el sonido peculiar de esos pastelones que ubican sus cascos de mejor manera. Rodea kboles para estimular- se, su cuello se levanta hacia las ramas, su hocico busca con avidez el verde, sus ancas se estremecen entretanta1 para dejar pasar su dura masa. Los trota de manera fina, sin acercarse mas que a cienw L _ _ _ _ _ que C S L ~ I UIS- -1- _ _ _ _ _ _ _ _ _ -.I_ _ -:-A_- oancus --.z- -: 1- I puestos entre 10s faroles mientras 10s p6lidos se encuen- tran a1 extremo. Cuida de permanecer en el centro total de ese cuadrante -la luz elCctrica es ahi m6s cierta- tal vez el linico punto ubicable. De pronto para brusca- mente el trote y en el centro hurga con su pezuiia. Es su seiial llamado m6s que una bdsqueda. Su cuello baja, sus ancas se levantan, sus pelos sufren una suave eriza- da. En previsible modo sus amplias patas inician en el centro mismo de la plaza su desbordante galopada. Esti la yegua suelta y sus pelos brillan de torma peli- grosa, mis que daiiarse, daiio puede hacer contra la plaza si no organiza con raz6n su huella. Los cascos suenan de modo estrepitoso. Su cuerpo extiende al extender sus patas: cruza, perfora, veloz se muestra, tambiCn baqueana a1 vencer obsticulos. Su primer salto sobre el banco de piedra que salda de la mejor manera, su cuerpo largo, impecable, asume ese traslado hasta la otra punta donde el lump6rico estrato se conserva. Resopla y suda aunque todavia se ve brillosa su amplia pelambrera, es agua tenue que no logra quitarle su lozania de animal activo. De largo alcance es su galopa- da que s610 desplaza ese duro obst6culo a la manera de 10s caballares, cuando el apremio la ha obligado a llegar56
  49. 49. ellos y que es su mala direccih la que la empuja justoKonaa sus cuerpos cuanao se muestra en tranco parcofrente a sus figuras, pasea ahora como antes de lacarrera en que 10s apostadores hubiesen aguardado paramedirla, pesarla y apostarla. Quiere sin duda copar suspreferencias y para ellos se arisca en menor grado,muestra su maiia, su oficio en el paseo, levanta el anca,gira el pecho, remueve la cerviz, anuncia el triunfodado por su buena raza y hasta resopla rasguiiando elsuelo con la pericia de su pezuiia que arranca pasto, queremueve tierra. M i s no la siguen, de hecho el lumperiose ha replegado ante su andanada, niegan su efecto, semuestran sordos ante sus sonidos, frotan sus manospara combatir el frio, se alejan de manera obvia hasta ellugar en que su presencia no pueda ser por ellos obser-rero no ceja en sus necesiuaucs, saue quc la pal L I U ~ csdura para quebrar sus anticuados ritos -per0 no ce-de- no porque la ignoren se confunde, sabe que con elpoder del anca, podri llegar a contener en pelo las otraspiernas y sus propios cuerpos quedarin perdidos. Es suactuaci6n la que se pone en juego; esa aptitud de animalexperto que se traslada hasta la plaza pbblica, todo eseespacio que le pertenece en que ha ensayado sus mejo-res poses. Aguarda para dar el golpe, frota su cuellocontra 10s &-boleso se reduce hasta el oscuro espacio.Se queda quieta para el extravio, sabe que ahora la e s t hbuscando. Muge en el pasto de desesperado aspecto,mis lastimero que todo lo logrado; el que la oye fuerade la plaza acusa a1 viento, el lumperio en cambio caeen el engaiio de que quizis sufra a1 mugir y que verda-deramente ha podido llegar hasta el vacuno establo. 57
  50. 50. XVI Muge en hospitalario tono buscando asi la otra cerca- nia, complicitario ruido se confmna y muge con su elevado cuello, con su penoso hocico en el que briznas de pastos llenan huecos. Sube su tono, pregona su alarido, llama y se anuncia en su desespero - c o p i a animal enfermo- tiiie bestia en celo, aunque de verdad su garganta es capaz de llegar hasta el relincho. Ya est6n preparados para su presencia, esthn limadas lus- tres sus costillas, anhela entonces su cabalgadura para entroncarla con la marca a fuego, dueiio tiene de si su propia marca, seiias particulares su trazado. Por eso debe cumplir su rito cuando ha devenido, el pelambrero estado, a ser llamada para dejar el anca cruzada por esois animales arafiazos. XVII Mas., ;auiCn la montara? u 1 ._ . u 1 . _ ._ ;auiCn le clavara esnuelas *? ._ __I --r jquiCn la doliera? jquC lumpen se tomara ese derecho? jquC piernas? jquC ancas se las pusiera sobre las suyas? Esa elecci6n la turba al quebrar bruscamente la cons- tante, si no hay m6s rostros que el de la luz elCctrica que est6 rigiendo la plaza en vela. jY si fuese la luz qui& la gimiera? jsi tan s610 la luz se la montara? De un golpe de energia plena le desollara el ijar y aunque perdiera el brillo de la plateada espuela, el penetrante metal se lo saltara por el corcoveo de ese golpe ektrico, tinicol infalible que le corrigiera hasta el pensamiento por la efectividad de su asolada, que la tirara sobre el pavi- mento en espasm6dicas muestras del encuentro. Si el misterioso cable punceteara su henchida costilla sin otra sefia que la brusca caida que no dejara marca m6s que la quemadura en el costado. XVIII Los deja entonces con la baba suelta, cuando estuvieron m6s cerca del contact0 de subirsele encima, de aumen- tar golpe por el galope que se habia anunciado. No sera58
  51. 51. asi: su anca perfecta no est5 para soportar sus magrascames, ni su estilo bruto se ha establecido para accederen oscuro trote a que un lumpen cualquiera se desbordehasta dejarla exhausta por 10s bancos. Porque a 10sotros jquiCn 10s contendria? deberia pasar la noche enel galope y quiz&, medio ciega en golpeteo, destrozar-se contra esos bancos o cabecear entre 10s faroles,rompiendo mis adn el pasto. Y sus ijares serian eldestrozo rnis grande que el de la plaza ahora, y lo que espeor, la fuerza del relincho se diluyera para superponer-se a 10s motores de 10s autom6viles que al amanecer yacircularan. Asi no seri, nadie la obligarh a elegirliimnonrero jcomo se tienta a la I U Z eiecinca: iuqu qucmecanismo la perturba? si relincha, si muge o brama, sise estira perezosa como gata, si se arrastra como insect0baio 10s hordes del _ . _ _~ si Dia ;lograri efecto? -J _ _ _ _ _ farol. si croa. . ~ ~ _ V "il1x5 ese cable la cabalgue? jintermmpiri la luz queP3r un momento? Porque si la luz se condensara sobreSIreducido aspecto/ Ilegaria enterrando en su mente lalimpieza de la cabalgata. Si el cable la tocara entonces,la oscuridad seria la manera incipiente de la plaza y ellaresurgiria asi de mu1 espectro, sola en el centro comoaviso vivo, como product0 en came iluminada. Ya selas arreglara con las quemaduras por el privilegio de subreve anuncio: se venderia en pleno, abierta entera,todo sonido saldria de sus fauces.i I que S C I l i i Uc c3c ~ U I I ~ I I I U ~ U ; c.aciia LII awillulaa JUpura arquitectura, cables entonces como materia muer-ta, a1 haberle quitado 10s colores. El intercambio de suszonas no arrojari rnis letras, nada seria sin0 un entra-mado absurdo, una indtil f6rmula sobre el edificio.Seria ella el dnico material vendible, el dnico deseo 59

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