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6. REGLA DE LA MAYORÍAEl pueblo soberano elige/selecciona a sus representantes en comicios libres yuniversales, mediante l...
7. ESTADO DE DERECHOPara evitar arbitrariedades y garantizar la convivencia en libertad e igualdad, laDemocracia presupone...
siquiera ser leído, menos debatido, para luego ser modificado por un grupúsculoclandestino que introdujo modificaciones es...
patrimonialista del Estado y la visión microscópica sobre la Democracia. El objetivo: elcontrol total del poder, a la usan...
del caudillo es su talante despótico e intolerante, a medio paso entre el paternalismo yel garrote; de ahí que sea difícil...
Sumisión demostrada. Para ser considerado miembro del círculo estrecho del caudillo,los cortesanos deben cumplir un doble ...
defensa de intereses generales, es decir, políticos, hecho que lo enfrenta a los poderespúblicos.Su particularidad más imp...
d. Partidos políticosLos partidos políticos son agrupaciones estables y permanentes de ciudadanos entorno a un determinado...
alternancia en el gobierno. Desde el llano, y al encarnar un curso de acción distinto aldel gobierno, su misión no sólo re...
Sin embargo, como en el resto de los principios democráticos, éste es también un bienescaso. En general y desde siempre –c...
gobiernos anteriores y el presente, es que los primeros medraron al amparo de laDemocracia deformada, mientras que en mano...
En esa perspectiva, antes que definir o buscar un “caudillo bueno” que termine con lapesadilla actual, los sectores oposit...
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Breve ensayo sobre la Democracia en Bolivia y su destino. La idea central: "Para que la Democracia levante vuelo, primero tiene que echar raíces".

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Bolivia: El Ocaso de la Democracia Cortesana

  1. 1. BOLIVIA: EL OCASO DE LA DEMOCRACIA CORTESANA-“Para que la Democracia levante vuelo, primero tiene que echar raíces”-Ramiro Calasich G.ramiro.calasich@gmail.comhttp://ramiro-calasich.blogspot.com@RCalasich¿De dónde viene este caudillo, arrogante y carismático, con el verbo dudoso yenardecido, con su prédica tóxica, sus amenazas apocalípticas y sus promesasinfringidas? ¿De dónde viene aquel de la conspiración oscura, de la trampa y laemboscada, de la exaltación de la virtud de la intriga? ¿De dónde viene el opositor,armado de crítica áspera y de ambición encendida, esperanzado en su turno de medrardel mismo poder, bajo nuevas banderas raídas? ¿De dónde venimos todos, soberanosde una Democracia que no conocemos y a la que sólo recurrimos para saciar algúnapetito roñoso? ¿De dónde? ¡Del pasado! _________________A diferencia de la liturgia oficial, ruidosa en pompa y discurso, en Bolivia no asistimos aningún proceso de cambio que abra las puertas al esquivo progreso; todo lo contrario.El régimen político actual, expresado en el gobierno y la oposición, concentra todos losvicios de una cultura política pseudo-democrática, cuyas raíces se hunden enpolvorientas prácticas coloniales, y que nos persigue, como fantasma penitente, desde1825.Convertido en extravagante máquina del tiempo, el gobierno de Evo Morales haenfilado rumbo seguro; su norte, el pasado. En sus manos, las más abyectas y vetustasprácticas políticas se persiguen, remiendan y reproducen, acompasadas por ideologíasesotéricas y despiadadas. La oposición, conservadora y estéril, se muestra melancólica,mascullando el ensueño de la restauración. El saldo provoca desaliento: el presenteparece ser sólo una tradición que continuar, jamás un futuro a realizar.Antes que revivir el pasado, por interés timador o por afán depravado, hay que tenerla entereza de asimilarlo, con sus luces y sombras, pues es la única manera detrascenderlo, de una vez.
  2. 2. LA DEMOCRACIA CORTESANADel seno de la Real Audiencia de Charcas, Bolivia nació a la vida independiente comoun Estado republicano, asentado en los pilares de la Democracia Representativa. Sinembargo, si en apariencia Bolivia daba sus primeros pasos a la sombra de postuladosliberales, su consolidación estaba lejos de realizarse.Al nacer, la economía se caracterizaba por la coexistencia de dos formas deproducción, una precapitalisla –la más importante-, expresada en el latifundio, lacomunidad campesino-indígena y los talleres artesanales; y otra capitalista,hondamente embrionaria, vinculada a la producción minera y a los talleres textiles(obrajes). Luego de 16 años de cruenta guerra, esta economía, de rostro combinado,mostraba señas de extenuación y abatimiento.En el plano social, si bien indígenas, mestizos y criollos rebeldes habían sido activosprotagonistas en el desmoronamiento del régimen colonial, no lo fueron en el procesode fundación de la nueva República. Contrariamente, el nacimiento del nuevo Estadofue iniciativa, tenaz y sombría, de la aristocracia terrateniente, la cual migró al bandopatriota ante la inminente derrota de las huestes realistas, a cuya sombra habíaexistido.Mientras los libertadores se afanaban por conducir a tientas a la nueva República porsenderos liberales, incluso hacia la formación de una gran confederación de lasnaciones recién libertadas, la aristocracia terrateniente, erigida como clase dominante,era ajena a estas aspiraciones, debido a que afincada sus intereses en el latifundio y laservidumbre; el régimen democrático le era tan ajeno como los sueños continentalesde Bolívar.De esta forma, la ausencia de una clase social que materializara el sueño liberal delEstado Nacional (la burguesía), abrió las puertas a una contradicción que marcaría afuego la historia de Bolivia: la existencia de un régimen democrático formal y lapresencia de una clase dominante extraña a todo principios democrático, la cualapelaría a la Democracia sólo para legitimar su control abierto o embozado del poder.
  3. 3. Pronto, la negativa de la aristocracia terrateniente de participar del sueño liberal setransformaría en conspiración y luego en levantamiento explícito. Al final, loslibertadores terminarían expulsados; la aristocracia criolla se afianzaría en el poder,dando origen a un régimen excluyente, caracterizado por la lucha de facciones y laacomodación del régimen democrático a sus propios intereses.El hecho trascendental fue que, al nacer y en los primeros años, en Bolivia se moldeóuna cultura política que combinó particularidades de la práctica política liberal,importada por los libertadores, y de la práctica política colonial, dándose origen a unacultura política liberal-colonial, expresada en una Democracia deformada, usada desdeentonces para legitimar intereses de los poderosos de turno: la Democracia Cortesana.La conclusión inevitable es que, desde siempre –y hasta hoy-, en el país se haconspirado contra cada uno de los principios que perfilan un verdadero régimendemocrático, hasta convertir a la Democracia en espectáculo pueril, una deslucidaficción, un espejismo maltrecho. La diferencia con el presente es que ahora estaprofanación se practica con sigilosa pulcritud y con ostentosa alevosía.¿Cuáles son estos principios, vilipendiados por tradición, y ahora envilecidos porconvicción? La respuesta no sólo intenta describir cómo cada uno de ellos ha sido y espervertido por gobernantes y gobernados, busca además desmenuzar las bases de laDemocracia, las mismas que deberían servir como adhesivo para la formación de unverdadero movimiento de unidad democrática que ponga un alto al inveteradodesgobierno y nos conduzca por sendas de libertad y progreso.Abordar los pormenores de la Democracia, no es empeño fácil, acechan los sesgosideológicos y las imprecisiones, pero es algo que se debe encarar con el apremio de loineludible; así que es preferible asumir el riesgo del aporte, aunque sea a vuelo depluma, pero con rectitud e independencia.1. EL PUEBLO SOBERANOLa Democracia es un sistema de gobierno y de organización del Estado en el que lasoberanía reside en el pueblo. Es decir, y valga la redundancia, en Democracia elpueblo es el soberano.
  4. 4. Este principio implica un hecho que habitualmente pasa desapercibido. Para ejercer sucondición soberana, el pueblo tiene primero que asumir consciencia de que es elsoberano y luego desarrollar ciertas competencias que le permitan desempeñarsecomo tal. Sin duda, este proceso no se desarrolla por generación espontánea, sino quees, o debe serlo, consecuencia de una cuidadosa y planificada labor educativa. No espara menos, una Democracia asentada en un soberano ignorante de su rol estádestinada al desvarío.Debido a que el ejercicio de la soberanía requiere de cierto criterio y capacidad,quienes ejercen la soberanía son aquellos individuos mayores de edad, depositarios decompetencias, responsabilidades y derechos, y a quienes se conoce como ciudadanos.Así, la constitución de la ciudadanía implicaría la existencia de dos escenarios: 1. Laformación de la “Ciudadanía En Sí”, o la conversión del individuo en ciudadano formala partir de alcanzar la mayoría de edad. 2. La formación de la “Ciudadanía Para Sí”, o eldesarrollo de consciencia de ciudadanía -de ser el soberano en ejercicio- y de lasresponsabilidades y derechos que ello implica (otra vez: fenómeno que sólo puede serresultado de la educación del individuo).En una sociedad marcada por el atraso y por el cultivo de la Democracia con finesutilitarios, la formación de ciudadanos “para sí” fue y es una tarea ausente. Elresultado es pavoroso: un régimen democrático formado únicamente por ciudadanosformales (en sí), lejos de toda acción consciente sobre deberes y derechos (para sí). Deeste hecho se desprende una pregunta temeraria: si en la Democracia la soberaníarecae en el pueblo, ¿cómo puede existir un régimen democrático si el ciudadano notiene idea de que es el soberano? La respuesta estremece: sólo existe como simulacro.La ausencia de una “Ciudadanía Para Sí” –de un soberano que se sabe y valora comotal- dio nacimiento a dos fenómenos igualmente infaustos: 1. El uso de la ciudadaníaformal (“en sí”) para la legitimación del poder, incluso contra sus propios intereses, alamparo de su exigua formación sobre su condición soberana que la empuja a habilitargobiernos espurios a través del voto estimulado, carente de información/formación. 2.La formación de una ciudadanía deformada, caracterizada por la vocación acreedora yrentista; dueña exclusiva de exigencias –que no son lo mismo que derechos-, es
  5. 5. renuente a asumir responsabilidad con el conjunto de la sociedad y con cada uno desus sectores.2. LIBERTAD E IGUALDADEl pueblo soberano se halla constituido por individuos libres e iguales.En sociedades premodernas, la sociedad se caracterizaba por la subordinación de laindividualidad a toda clase de expresiones corporativas: estamentos, gremios, órdenesreligiosas, comunidades, etc.; la vida civil sólo era posible a condición de pertenecer aalgún tipo de comunidad o de ser súbdito de algún señor o del propio monarca; estarelación de pertenencia implicaba ausencia de libertad individual y sumisión ante laarbitrariedad.El tránsito a la modernidad se asentó, principalmente, en la reivindicación de laindividualidad, basada en la subordinación y la igualdad ante la Ley, a fin de garantizarlos derechos mínimos y la realización plena del individuo (proceso conocido comoindividuación).Al nacer Bolivia, y ante la presencia de una economía combinada -en la que coexistenun pequeño núcleo de modernidad y una amplia base de atraso-, el paso hacia laindividuación o autodeterminación individual, se produjo a medidas, incluso engrandes sectores de la sociedad, aquellos asentados en prácticas económicaspremodernas, el ser humano sigue definiéndose en base exclusiva a su pertenencia auna determinada comunidad.Así, incapaz de erigirse sobre su propia individualidad, angustiado por una realidadborrosa, inestable y conflictiva, carente de una institucionalidad democrática que leotorgase seguridad y confianza, al nacer Bolivia el pueblo prematuramente abdicó desu potestad soberana, para abandonarse en los brazos de un ser aparentementeesclarecido, capaz de dar luz allá donde reinaba la oscuridad: el caudillo (populista oelitista), a cambio de que éste le confiscase el espíritu y la libertad. Desde entonces, ydebido al persistente atraso, este hecho se mantiene inalterable, no sólo porque laacción política se la entiende como el perenne exhibicionismo del caudillo, sinotambién por la obstinada búsqueda ciudadana del padre protector.
  6. 6. Si en la base de todo el sistema democrático se halla el pueblo soberano, es decir, lacomunidad de individuos libres -titular del poder-, y que de sus acciones depende laconstitución y estabilidad del Estado y de sus poderes, queda claro que la piedraangular de la Democracia es –o debería serlo- la existencia de individuos no sólo libressino competentes para asumir su papel y luego para desempeñarlo.De ello se desprende que la libertad, aquella capacidad de autodeterminación que noscobija y que da vida a la soberanía popular, se asienta en tres dimensiones esenciales:Libertad de pensamiento. Capacidad para pensar con autonomía, sin ningún tipo deinfluencia externa que impida la incubación de pensamientos propios. Aunque resultaobvio, generalmente se pasa por alto que para actuar, en cualquier sentido y decualquier forma (votar, comprar, opinar, protestar, etc.), el individuo experimentaprimero, generalmente de forma inconsciente, un complejo proceso neurofisiológico alque llamamos pensar. Aunque resulte doblemente obvio, el proceso de pensamiento,en el que finalmente se asienta la libertad, es un fenómeno exclusivamente individual:no existe pensamiento que emane de colectivo alguno, menos del griterío de lamuchedumbre, hecho que no niega que el pensamiento individual se nutre en lainteracción. La libertad de pensamiento supone, además, el derecho a cambiar deopinión; ahí radica, por ejemplo, el derecho a dejar de pensar como la mayoría, paraasumir como propia la opinión de la minoría, o viceversa.Libertad de expresión. Es la continuación natural de la anterior. Es el derecho aexpresar los pensamientos propios, sin restricción alguna (sólo aquella contempladapor la ley), libre de todo intento de manipulación o intimidación.Libertad de acción. Nace de la secuencia de las dos anteriores. Se trata del derecho aactuar en concordancia con los pensamientos concebidos y expresados, siempre alamparo del Estado de Derecho. Actuar libremente significa actuar por uno mismo, nopor coacción externa. Participar es moverse por sí solo, por convicción, no seracarreado ni movilizado por otros. En tiempos en los que se exalta las virtudes de laparticipación ciudadana, entendida como proceso que puede iniciarse en la expresióny prolongarse en las acciones de hecho, debe recordarse que si no se halla precedidapor el ejercicio consciente de la libertad de pensamiento (información/formación),
  7. 7. ésta se reduce a meras acciones errabundas, generalmente manipuladas, fachadaestéril de la que se alimenta todo manipulador.En síntesis, la presencia de la libertad se expresaría en la existencia de personas conpensamientos propios, expresión libre y actuar consecuente. Sin embargo, la realidaddista en mucho de alcanzar este postulado. No se puede esconder que, la mayor partede las veces, los ciudadanos actuamos con una incultura sobrecogedora en lo referentea los asuntos públicos, sembrada desde afuera y/o cultivada desde adentro. No otracosa expresa el hecho que, de espaldas a toda noción de libertad, lejos de nuestropapel de titulares del poder, con asombrosa frecuencia nosotros, el pueblo soberano,nos entregamos sin decoro a caudillos de temporada, de los más dispares ydisparatados pelambres ideológicos, quienes asoman su ambición en momentos dedesesperanza, para mostrarse como los redentores largamente esperados.3. CONSENTIMIENTOEn esencia, la Democracia es un régimen de consentimiento: el pueblo soberano“consiente” ejercer su soberanía a través de representantes y de mecanismos departicipación (directos e indirectos).Este “consentir” implica la existencia de consciencia de que se es el soberano, primero,y que para ejercer ese rol vital debe elegir a representantes idóneos y/o participar deforma razonada.Sin embargo, desde su nacimiento, la Democracia –deformada por la pervivencia delatraso- mantuvo lejos de toda participación competente (consciente), y en silencio, asus propios ciudadanos. Con una Democracia coja y una ciudadanía muda, las clasesdominantes que se fueron alternando, hasta nuestros días, apelaron a fabricar elconsentimiento ciudadano mediante el uso de una herramienta tan inefable comoefectiva: la demagogia, práctica política destinada a inducir a la acción (votar, marchar,matar, morir, etc.) a través de la manipulación emocional (persuasión) y del bloqueode toda acción racional (desinformación); verdadera arma de distracción masiva, tanletal como las otras. El objetivo final del demagogo, de ayer y de hoy, es simple yladino: fabricar una realidad a imagen y semejanza de las aspiraciones ciudadanas.
  8. 8. Si en los primeros años de la República para la fabricación del consentimiento seapelaba a la arenga y al libelo (era suficiente, debido a que quienes votaban eranapenas unos pocos), a partir de la segunda mitad del siglo XX se hizo mucho másefectiva, debido al uso de los medios de comunicación. Este fenómeno llegó a sumáximo grado de perversión en los gobiernos neoliberales, los cuales trasladaron lalógica del mercado a la arena política: la ciudadanía devino en “mercado político” alque debe sondearse –no consultarse- a fin de conocer sus aspiraciones -no susopiniones-, información usada luego para fabricar y presentar programas y candidatosque ilusoriamente respondan a esta “demanda”, aunque luego se haga o se deshagaen sentido contrario.Pese a sus arrebatos antineoliberales, el actual régimen usa exclusivamente, y confrenesí, las más refinadas estrategias del marketing político, estimulando en laciudadanía, una y otra vez, toda la gama de emociones -principalmente el miedo- paramantener viva la desesperanza, y por tanto el apego al caudillo, y el temor de pensarcon alguna independencia.Esta práctica de “neoliberalismo político”, se halla sazonada con verdaderas e inefablesprácticas coloniales. La más conspicua: hoy más que nunca la política deviene enespectáculo, en pompa y dramatización pública, hechos característicos del mundocolonial. La base de la gestión pública no es la eficiencia, sino más bien el manoteoextremo del simbolismo, de la ceremonia y del rito.Pero el gobierno actual no sólo echa mano de estas armas, sino que las supera. Comonunca antes, con aséptica felonía, se ponen en escena complejos espectáculosdramáticos en forma de spots y concentraciones masivas, con el objetivo de aborregaral individuo, negándosele el derecho a la individualidad. Así, el lenguaje discursivo yvisual convierte a la acción política en simulación y dramaturgia, cuyos protagonistassólo pueden existir en uno de dos destinos: la santidad o la infamia.Al final, el resultado ha sido –y es- una ciudadanía que no consiente delegar susoberanía, sino que es forzada, con sinuoso disimulo, a comulgar en el altar delsimulacro político.
  9. 9. El hastío frente a este hecho explicaría las frecuentes explosiones ciudadanas queestremecen al país –incluso a diferentes regiones del mundo- y que, al serinconscientes y no tener destino cierto, son rápidamente embaucadas por grupos ycaudillos que las embozan y adormecen, hasta el siguiente estallido.El hecho que despierta mayor preocupación es que sectores de la oposición, ferocesen el discurso contra el actual gobierno y a favor de la Democracia (si es sincero, esmuy reciente), apelan a las mismas herramientas –lo hicieron antes cuando florecíanen el poder-, mostrándose que también habitan en el pasado. De ahí que no sea casualque unos y otros prioricen la propaganda como vehículo de relacionamiento con laciudadanía, dejando a un lado todo contacto e interacción.4. ELECCIÓN/SELECCIÓNEn los procesos electorales, el pueblo delega su soberanía a representantes a quieneselige mediante el voto.Este principio explica que toda elección implica un proceso de descarte: se escoge auno y se descarta a otro u otros. Este hecho supone que el ciudadano escoge, es decir,selecciona a una de las opciones contendientes. Para realizar esta selección, elrequisito indispensable es contar con la información suficiente, y la formación básica,para que el votante pueda identificar las diferencias entre unos y otros.Sin embargo, la realidad dista en mucho del ideal. Con la Democracia reducida a juegosimbólico, en el que cada partido se esmera por posicionar, emocionalmente, a sucaudillo a través de hábiles campañas propagandísticas, el ciudadano rinde suraciocinio ante la abrumadora aplanadora mediática, plagada de simplismo ysensiblería, y concluye votando por quien, “en apariencia”, responde a susaspiraciones. No selecciona: ello supondría un ejercicio racional que le permitiríacomparar y contrastar las opciones en juego; al no contar con los insumos para tanimportante labor, sólo vota, y a ciegas.Este hecho plantearía que la legitimidad que emana de las urnas puede ser trucada, ycon facilidad. Basta conocer que el cerebro de todo individuo funciona por defecto enmodo emocional –no racional-, y que el raciocinio disminuye aún más en presencia de
  10. 10. la propaganda o de la efervescente masa, para luego echar mano a las devastadorasarmas de la demagogia (persuasión y desinformación) a fin de presentarse como larespuesta esperada.5. PARTICIPACIÓN CIUDADANALa participación ciudadana tiene el objetivo de influir en los asuntos públicos, a travésde mecanismos directos, como las asambleas o las acciones de protesta, o demecanismos indirectos, como el referendo. Para cumplir tan delicada labor, lapoblación requiere de la información/formación necesaria para actuar de maneraconsciente.Si bien la participación directa es efectiva en ámbitos reducidos, como una asamblea,no lo es en condiciones mucho más amplias, por dos razones: 1. Mientras la cantidadde personas aumenta, la individualidad tiende a declinar, limitándose la posibilidad dela acción racional, propia y exclusiva de los individuos. 2. El proceso de masificacióndirecta es el escenario ideal, y favorito, del demagogo, quien congrega a su rebaño condos objetivos: aborregar al individuo, impidiendo su discernimiento individual al calorde sentir una aspiración compartida, y bañar de legitimidad sus arbitrarias odescarriadas acciones. Si a ello se suma la ausencia de información sobre los temas atratar, algo que también se planifica con incivil insolencia, la conclusión es funesta: lamasa, negación de la individualidad, se constituye en cómplice de su propiosometimiento.Con relación a la participación indirecta, principalmente a través del referendo o laconsulta, ocurre lo mismo que con las concentraciones masivas: se la presenta comoun avance en la Democracia –sin duda que lo es-, al tiempo que se la apuñala por laespalda al arrebatarle su condición esencial: información imparcial, oportuna y veraz.Sin ésta, es imposible que la ciudadanía pueda expresar su opinión, por la obvia razónde que no la tiene, por lo menos una opinión racional formada a través del análisis delas opciones a dirimir, no por la atroz acción manipulativa de los hacedores de laficción política.
  11. 11. 6. REGLA DE LA MAYORÍAEl pueblo soberano elige/selecciona a sus representantes en comicios libres yuniversales, mediante la Regla de la Mayoría: gana la mayoría, se respeta a la minoría yse gobierna para todos.Bajo este principio, los partidos ponen a consideración de la ciudadanía sus programasy los candidatos capaces de materializarlos (en ese orden). En un proceso deconvencimiento racional, las tendencias existentes al interior de la ciudadanía seinclinan en favor de determinadas opciones. El gobierno que se erige del votomayoritario asume el poder político como gobierno de todos, respetando la vozdisidente.La regla es simple, como es simple quebrantarla. Basta con asentarse en la tendenciamayoritaria ciudadana y aparentar que se la representa, incluso puede que se larepresente sin disimulos ni estafas. Al final, no importa si la inclinación mayoritaria seao no ecuánime, lo que vale, para ganar, es decir lo que la gente quiere escuchar. Es elcinismo puesto al servicio de la toma del poder.El paso siguiente es igualmente perverso: ostentar haber nacido del seno de lamayoría, para desoír, peor aún, para acallar a la minoría derrotada. El resultado: ungobierno que sólo apela a la mayoría, mediante la acción de una ruinosa maquinariapropagandística, para legitimar la persecución de todo clamor que desentone con ellibreto oficial; de mejorar sus condiciones de vida, nada. Lo peor: confirmando sufamélica formación democrática, quienes se reclaman de la mayoría, aplauden dócilesla supresión del “enemigo” (sin embargo, el ensueño cortesano toca a su fin cuando seosa pensar con alguna autonomía: sobreviene la pérdida de mercedes y dádivas,cuando no de la propia dignidad a través del ominoso y festivo linchamientomediático).No es todo. Invariablemente, detrás del escenario prefabricado de unos contra otros,los gobiernos antidemocráticos esconden un secreto incivil: claman encarnar a lamayoría, cuando en realidad responden a intereses taimados.
  12. 12. 7. ESTADO DE DERECHOPara evitar arbitrariedades y garantizar la convivencia en libertad e igualdad, laDemocracia presupone la existencia de un Estado de Derecho –regido por laConstitución y las leyes-, al que se hallan subordinados, en igualdad de condiciones,tanto gobernantes como gobernados.Durante la colonia, y al amparo de la angurria de poder y riqueza, cobró rango deinstitución el axioma “la ley se acata pero no se cumple”, abriéndose las puertas amayores iniquidades. Con el advenimiento de la República, y tomando en cuenta laexistencia de una Democracia deformada e instrumentalizada, el respeto a la Ley semantuvo condicionado por los intereses de los poderosos de turno. Aquel axiomacobró carta de ciudadanía. Así, y desde entonces, el Estado de Derecho es o norespetado según las conveniencias de temporada.El manoseo estructural del Estado de Derecho tuvo su origen en los gobiernos militaresque sembraron de iniquidades los primeros años de la República. El modus operandifrecuente consistía en legalizar cruentas asonadas golpistas, o impíos procesoselectorales, con nuevas cartas magnas que arropaban de legalidad la asunciónindecorosa al gobierno. Una vez en el poder, y con un Congreso amansado, se procedíaa promulgar normas rígidas e inexorables pero de aplicación arbitraria.Con el gobierno actual, la irreverencia frente al Estado de Derecho, además decontinuar, adquiere formas extremas: no sólo que no se lo respeta, a la usanzacolonial, sino que se lo desmantela ante el aplauso popular.El primer eslabón de este pavoroso proceso fue convocar a una AsambleaConstituyente con el objetivo modificar las bases esenciales del Estado de Derecho,para abrir las puertas a un régimen autoritario de apariencia democrática. AquellaAsamblea Constituyente, mancillada por un sinnúmero de ilegalidades, se entregó delleno a transcribir un texto constitucional que llegó desde afuera y por la ventana (decónclave soberano, nada). El hecho emblemático fue que la nueva Carta Magna fueesbozada en un recinto militar, ante el asedio popular cruentamente abatido, procesoque fue seguido luego en otra ciudad, casi a escondidas, donde fue aprobado sin
  13. 13. siquiera ser leído, menos debatido, para luego ser modificado por un grupúsculoclandestino que introdujo modificaciones esenciales a la sombra de la ilegalidad.Finalmente, el documento fue puesto a consideración del pueblo, el cual, guiado poruna ignorancia imbatible –avivada por un manoseo inaudito-, lo aprobó con mayoríaabrumadora. De esta forma, fue ultimado el principio democrático que establece quetoda Constitución debería expresar la voluntad general, no el deseo inducido yarbitrario de la mayoría ofuscada.A la aprobación de la espuria Carta Magna, le siguió, y le sigue, la promulgación denormas destinadas a facilitar la concentración del poder y la persecución de opositoresy críticos al gobierno. Es decir, la deformación del Estado de Derecho abre las puertas ala conculcación de libertades y garantías ciudadanas, dentro de un régimen de trazademocrática. El resultado: la justicia indistinguible de la revancha. Estremecedorfenómeno: gobiernos democráticos devorando desde adentro, cual cáncer terminal, laDemocracia y la libertad que la alimenta, acción punible que goza de la venia desectores del propio soberano.8. INSTITUCIONALIDAD DEMOCRÁTICAPara suprimir toda tentación autocrática, la Democracia prevé la separación de éste envarias competencias (poderes) y ámbitos geográficos, estableciéndose ademássistemas de control, contrapesos y un andamiaje institucional vigoroso y eficiente.Sin embargo, la inveterada Democracia Cortesana se asienta, invariablemente, en lasupresión de este principio o en su existencia meramente formal, lo que a la largaviene a ser lo mismo, hecho que puede confirmarse a través de cuatro acciones(además de muchísimas otras): vulneración de la independencia de poderes,sometimiento de las FFAA y de la Policía, pérdida de la independencia sindical yreducción de los partidos políticos a séquitos electorales.a. Independencia de PoderesCasi sin alteraciones, los gobiernos que se han sucedido en el país han buscado, contodo éxito, el control de los poderes públicos, las más de las veces a través de acuerdospartidarios que han loteado los cargos públicos, expresión de la concepción
  14. 14. patrimonialista del Estado y la visión microscópica sobre la Democracia. El objetivo: elcontrol total del poder, a la usanza premoderna (colonial) o, más cerca, dictatorial,pero siempre arropado por la apariencia democrática.El gobierno actual no es la excepción, todo lo contrario. Con premeditación y asépticacirugía, se ha avanzado en la captura de cada uno de los poderes del Estado, unasveces ha bastado sólo la sumisión de sus propios miembros y otras se ha apelado a laparticipación desinformada y manipulada de la ciudadanía, la cual se ha vistoestimulada a actuar sin tener idea alguna de lo que realmente estaba haciendo.Pero la herida a la Democracia es más profunda y doliente. Si los poderes del Estadohan quedado desde siempre a merced del gobierno, éste se ha visto sometido a lavoluntad omnímoda del líder providencial, elitista o populista: el caudillo, secundadopor sus fieles cortesanos.Recordemos que la estructura política monárquica y colonial se basaba en una relaciónde reciprocidad entre el rey y sus vasallos. Mientras el primero tenía facultad deotorgar y quitar, los segundos, reunidos en la Corte, exhibían sumisión a condición demantener ciertos privilegios.Esta relación monarca-corte pasó a la nueva República, casi sin alteraciones, en larelación caudillo-corte, constituyéndose en la base de la Democracia Cortesana, quehasta hoy sufrimos, en sustitución de la institucionalidad democrática.Queda claro que en la Democracia Cortesana, el caudillo no sólo envilece y suplanta lasinstituciones propias de la Democracia, sino que expresa una escalofriante regresiónde la sociedad a tiempos premodernos, en los que primaban la arbitrariedad, ladesesperanza y la sumisión.El hecho sorprendente es que, cual museo viviente, las expresiones de la relacióncaudillo-corte pueden ser estudiadas aún hoy en día, incluso con mayor nitidez, debidoa la orientación arcaica del actual régimen; curiosamente, también se muestran,menos estridentes, en los partidos opositores.Despotismo. Debido a que se sabe por encima de las desesperanzas del ciudadanocomún, y que se halla arropado por el servilismo propio del vasallo, un rasgo particular
  15. 15. del caudillo es su talante despótico e intolerante, a medio paso entre el paternalismo yel garrote; de ahí que sea difícil creer que acciones importantes de su régimen notengan su venia: nada importante ocurre sin la aquiescencia del caudillo.Esta tendencia atrabiliaria es una de las características del ejercicio del poder que nosha acompañado desde siempre. Su expresión más atroz: la confrontación entreadversarios políticos es entendida como una misión guerrera; al adversario,considerado el enemigo, le quedan sólo dos alternativas: rendirse o pagar su osadía(persecución, encierro, descrédito e incluso la muerte). La acción política reducida auna cruzada de beatos contra réprobos.Patrimonialismo. Como en añejos tiempos coloniales, el caudillo concibe al Estadocomo una prolongación, casi natural, de sus posesiones, cuando no de sus ambiciones,de manera que dispone de todo, y de todos, de forma arbitraria, festiva y manirrota.Las arcas nacionales son sucursales legítimas de sus bolsillos, y de sus apetitos. Dueñodel poder, el caudillo –erigido en patrón-, dispone del Estado a su arbitrio, a fuerza decompadrazgos, redes clientelares, alianzas familiares o de estrechas relacionespersonales.Clientelismo y Prebendalismo. La concepción patrimonialista del Estado se asienta enla existencia de fuertes lazos de reciprocidad entre el caudillo y su corte: protección alos segundos, mientras ostenten sumisión y fidelidad –siempre volátil-, a cambio deseguridad, dineros y posesiones. Sobre la fidelidad cortesana, no cabe duda que setrata de una vía segura de promoción, ascenso personal y seguridad laboral. Engeneral, el clientelismo y el prebendalismo han estado vinculados a sectores vitalespara la mantención del poder: valiosos cortesanos, altos mandos militares y policiales,dirigentes sindicales, líderes opositores, comunicadores, personajes influyentes, etc.Equilibrio de tensiones. Debido a que detrás de la fidelidad al caudillo se encuentra elapetito personal de cortesanos/as, no el apego a principios ni a programas pues éstosestán ausentes, la forma habitual en la que el caudillo mantiene su estatus es a travésde la promoción de pugnas por privilegios y prebendas al interior de su propia Corte,hecho que impide la aparición de tendencias o figuras que cuestionen o disputen suomnímoda presencia.
  16. 16. Sumisión demostrada. Para ser considerado miembro del círculo estrecho del caudillo,los cortesanos deben cumplir un doble rol: primero, deben demostrar, de palabra yhecho, sumisión al caudillo, sin importante si su propia dignidad queda en entredicho;segundo, como “representar implica actuar en nombre del otro”, el cortesanoimpenitente debe reproducir la relación de humillación con quienes se hallan pordebajo en su rango de jerarquía, de ahí que en toda repartición o estructura menoraparezcan pequeños caudillos, quienes actúan con igual o mayor despotismo que elcaudillo al que emulan.b. FFAA y PolicíaCon relación a las FFAA y a la Policía, la cosa es seria. Al ser instituciones que detentancapacidad de fuego, su poder queda fuera de dudas. De ahí la importancia que leotorgan los caudillos al sutil arte de amansarlas, a través del control de sus altosmandos a fuerza de dádivas y dudosas promociones. Incautadas, antes que cumplir lasmisiones conferidas por la Constitución, estas instituciones se han visto rebajadas acumplir el indigno rol de guardia pretoriana al servicio del caudillo.El envilecimiento de ambas instituciones se expresaría en dos fenómenos que avanzanen franca purulencia: FFAA sin norte, ignorantes sobre su papel y sus acciones bajo unrégimen democrático, moldeadas únicamente para reprimir con feroz eficiencia todaasonada popular o para prestarse a embustes que avivan sentimientos patrioteros ychovinistas, tan arcaicos como la figura del propio caudillo; y una Policía viciada yviciosa, eficiente para arremeter –abiertamente o a través de comandos de sangre-contra opositores y manifestantes, pero incapaz de enfrentar la criminalidad que crecey escala envalentonada ante la ausencia de policías que apelen a la ciencia antes que algarrote inquisidor.c. Independencia SindicalLos sindicatos son agrupaciones de trabajadores destinadas a la defensa y promociónde los intereses de sus afiliados. Su objetivo se reduce, esencialmente, al resguardo deaspiraciones particulares y concretas. Sólo en casos extremos, el sindicato asume la
  17. 17. defensa de intereses generales, es decir, políticos, hecho que lo enfrenta a los poderespúblicos.Su particularidad más importante es la independencia frente al empleador y al poderpolítico, sin la cual sería imposible defender el interés de sus agremiados o de otrossectores agredidos por el poder público.Desde sus inicios, primero guiados por posturas anarquistas y más tarde marxistas, lossindicatos concibieron como pilar vital de su existencia su independencia. Sin embargo,con la caída del mundo estalinista y el consiguiente desmoronamiento de los partidosde izquierda que les otorgaban orientación y destino, los sindicatos iniciaron un andarerrático, siendo fácilmente capturados por ideologías amorfas que fueron minando suimportancia y efectividad en la canalización de sus demandas, viéndose superados poracciones espontáneas que desembocaron en estallidos populares sin norte niconducción.Sin duda, el más importante estallido popular espontáneo y caótico ocurrió el 2003,cuando la efervescencia popular, avivada por un hastío centenario, acabó con elgobierno de entonces, para luego ser rápidamente ensillado por una ideología faroleray disforme que unía, sin pudor intelectual, posiciones indigenistas, nacionalistas yestalinistas, dándose vida al régimen actual.Rápidamente, al tiempo que se procedía a desmontar la institucionalidad democrática,los sindicatos se vieron cooptados al amparo de mercedes y de la estrechez intelectuale ideológica de las nuevas dirigencias. Pronto, y con el aplauso de bases y dirigentes, laindependencia sindical fue abolida de hecho, mientras los sindicatos se diluían en unabolsa amorfa y dúctil a la que se vino a llamar “movimientos sociales”. Así, más de unsiglo de heroica y trascendental lucha sindical quedó sepultada por la sumisión indignaal nuevo desgobierno, reeditándose la inefable práctica del cacicazgo colonial, por lacual el cacique se constituía en vehículo directo para el sometimiento de lascomunidades indígenas.
  18. 18. d. Partidos políticosLos partidos políticos son agrupaciones estables y permanentes de ciudadanos entorno a un determinado proyecto político. Tienen dos objetivos esenciales. 1.Garantizar el ejercicio de la soberanía popular a través de la gestión del poder político(gobierno). 2. Garantizar la participación formada y orientada de la ciudadanía,mediante su actuación permanente desde el poder o desde la oposición.Invariablemente, los partidos políticos democráticos se forjan alrededor de unprograma, el cual da vida a particulares estructuras orgánicas democráticas en las queel militante (ciudadano políticamente organizado) juega un papel protagónico, y aliderazgos alternantes. Sin embargo, el atraso terminó por devorar estos principios.Desde siempre, y hoy más que nunca, los partidos se han convertido en instrumentosal servicio de caudillos autocráticos, debido a su carisma o a su poder pecuniario,mientras el militante deviene en cortesano, súbdito al servicio del jefe.Envilecidos, los partidos se lanzan al ruedo político enarbolando la imagen del caudillo,erigida a dimensiones sacras. Los programas no importan, y si existen es muy difícilencontrar diferencias de fondo entre unos y otros; lo que importa es la toma del poderpor el caudillo y su corte, concebidos, por obra y gracia de la demagogia, en soluciónprovidencial a todos los males.Este hecho explicaría por qué los partidos sólo operan en períodos electorales –abandonando su acción permanente, sobre todo los opositores-, dejando a laciudadanía sin orientación, menos organización, a merced de la arbitrariedad de lospoderosos. Al sólo servir de herramientas electorales, los partidos políticos sonincapaces de cumplir con su función representativa, debido a que incumplen su rolesencial: contribuir a la formación de la voluntad política, base del consentimiento delsoberano. Al mismo tiempo, al servir de escalera para la ascensión del caudillo alpoder, los partidos políticos impiden la formación de nuevos liderazgos que permitanno sólo conducciones nuevas sino una acción más efectiva sobre la ciudadanía.En este escenario, los partidos opositores deberían entender que de su actuaciónpermanente depende además la existencia de otro principio democrático: la
  19. 19. alternancia en el gobierno. Desde el llano, y al encarnar un curso de acción distinto aldel gobierno, su misión no sólo reside en cuestionar errores o apoyar aquello quebeneficie a todos, sino en ganar a la ciudadanía a su particular visión del país.Si el partido opositor sólo actúa en períodos electorales, en los que manda lapropaganda antes que la educación ciudadana, embarga el pensamiento y la acciónconsciente de la ciudadanía en torno a los asuntos públicos, impidiendo así que elpueblo pueda consentir la delegación de su soberanía por voluntad propia.Más aún. Si se trata de enfrentar a regímenes autoritarios como el actual, invernarentre campaña y campaña, no sólo deja a la ciudadanía a merced de la acciónatrabiliaria del gobierno, sino que favorece y refuerza toda iniquidad.9. MÉTODOS DE LUCHAEn la lucha por el poder, contra el poder -cuando éste vulnera derechos y/o desoyeaspiraciones del soberano- o entre sectores de la propia sociedad, la Democraciaestablece métodos de acción o lucha que se asientan en el respeto a los derechoshumanos y que se conocen como No Violencia.La No Violencia implica que en Democracia los conflictos entre la sociedad y el Estado,o entre los propios ciudadanos, deben resolverse de forma humanizada, evitándosecausar daño, de palabra, obra u omisión, a todo ser humano.La acción no violenta opera en dos escenarios: 1. Aborda la solución de todo conflictosin vulnerar los derechos de ninguna de las personas involucradas, menos de terceros,buscando la solución más aceptable para las partes en pugna, generalmente a travésde acuerdos que importen ceder en la aspiración del bien común; el diálogo de buenafe es el insumo esencial, la mediación imparcial su herramienta más importante. 2.Cuando la sociedad se enfrenta a tendencias autoritarias que apelan a la imposición y ala violencia, usa métodos no violentos que afecten al desempeño normal del poder(huelgas, desobediencia civil, no colaboración, movilizaciones, boicots, etc.), sin que seprovoque daño alguno a ninguna de las personas de los sectores enfrentados, filosofíay acciones que fortalecen la legitimidad de la lucha y que debilitan moral y socialmentea las tendencias afianzadas en la arbitrariedad y la violencia.
  20. 20. Sin embargo, como en el resto de los principios democráticos, éste es también un bienescaso. En general y desde siempre –con mayor o menor disimulo-, desde el Estado(sometido al poder político), se apela a la violencia, básicamente para acallar la vozdisidente, bajo diferentes recursos que muestran los múltiples rostros que adquiere elenvilecimiento de la institucionalidad democrática: judicialización de la política,politización de la justicia, persecuciones ilegales, ejecuciones sumarias, detencionesinjustas, acciones represivas, etc.No se puede dejar de señalar que el uso de la imposición y de la violencia comoinstrumentos para la resolución de conflictos es propio también de sectoresciudadanos. No son pocos los ejemplos de grupos soliviantados que ganan las callesvulnerando el derecho al libre tránsito o a la seguridad de quienes son ajenos alconflicto o de las propias fuerzas del orden, inspirados por visiones tambiénautoritarias que buscan imponer sus apetencias.Bajo el régimen actual, no sólo que la violencia se mantiene, sino que se perfecciona.Superando incluso a épocas dictatoriales, en las que se debía caminar “con eltestamento bajo el brazo”, la sociedad es testigo de feroces masacres yenfrentamientos encarnizados, siempre impunes, rodeados por la brutal duda de sifueron o no fríamente planificados, que muestran que ante cualquier conflicto, laúnica acción posible es el golpe de mano, precedido por el diálogo simulado y artero.Siguiendo la orientación de mantener la ficción democrática, antes de toda acciónrepresiva, el actual régimen ha protagonizado apasionadas apologías del diálogo, yasea con sectores opositores, disidentes o independientes. Empero, y en todos loscasos, el diálogo terminó en emboscada: quienes terciaron como interlocutores,además de aparecer en la foto y el spot, terminaron perseguidos, encarcelados, o conla dignidad en entredicho.EPÍLOGOEn este instante, la existencia en Bolivia de una pseudo-democracia no esconsecuencia de la presencia de un régimen autoritario; es a la inversa: existe unrégimen autoritario porque vivimos en una pseudo-democracia. La diferencia entre los
  21. 21. gobiernos anteriores y el presente, es que los primeros medraron al amparo de laDemocracia deformada, mientras que en manos del segundo, la Democracia seextingue sin siquiera haber vivido. De ahí que no resulte exagerado señalar que elllamado Proceso de Cambio, bandera del gobierno autoritario, ha demostrado ser,además de un experimento costoso en vidas y pobre en resultados, aciago para lalibertad y la Democracia.Sin duda alguna, la causa del perenne desgobierno se encuentra en el atraso que haalimentado la vocación autoritaria de las clases dominantes que se han alternado en elpoder, las cuales han cabalgado, según convenía, en la apariencia democrática o en laferoz opresión. Sin embargo, esta afición autoritaria también ha sido y es compartidapor la ciudadanía, la misma que ha demostrado una inclinación incivil a apoyarregímenes pseudo-democráticos de todos los matices ideológicos, inclusodictatoriales, a cambio de obtener algún tipo de beneficio: de la tranquilidad mezquinaal rédito económico.En esta situación, la visión meramente electoral de la oposición favorece a la acciónatrabiliaria del régimen autoritario: no sólo que refleja el mismo apetito de ascender alpoder sobre los hombros de una ciudadanía enceguecida por la ignorancia de su rolsoberano, sino también por efecto del manoseo emocional de la propaganda electoral.No me queda duda que la derrota del régimen autoritario, guiada por los principios dela Democracia, no puede tener otra tarea central que la toma de conciencia delciudadano sobre su condición de soberano. Toda acción que se impulse en esaperspectiva, debe tener como objetivo despertar la “Conciencia Para Sí” de laciudadanía, de manera que su incultura en torno a su papel en Democracia no de vidaa una una nueva ficción de gobierno democrático o, peor aún, no permita que el actualgobierno haga realidad el sueño del prorroguismo: el destino seguro sería elendurecimiento del régimen autoritario, próximo a la autocracia. Dicho de otramanera: “Para que la Democracia levante vuelo, primero tiene que echar raíces”. De locontrario, sería un banal intento de edificar en medio de un pantano. Más claro: nirestauración ni continuismo: ¡Democracia!
  22. 22. En esa perspectiva, antes que definir o buscar un “caudillo bueno” que termine con lapesadilla actual, los sectores opositores, reunidos en partidos o desde la ciudadanía,tienen la tarea de forjar un movimiento unitario en torno a los principios que dan vidaa la Democracia, sin concesiones. En estos instantes, cuando el autoritarismo arrecia,tener como norte la erección de una alianza electoral, reduce la defensa de laDemocracia a una simple sumatoria de sombras y fantasmas. No debe olvidarse que alfrente no se tiene un opositor democrático que tercia por ganar la representación delsoberano, sino una tendencia autoritaria que busca acabar con la Democracia, demanera que el maquillaje y el exhibicionismo electoral, salen sobrando.Además de asentarse en el compromiso por y con la Democracia –sin poses niengañifas-, tal movimiento debería concertar un programa de transición que permitasentar las bases para el desarrollo, por fin, de un régimen democrático vigoroso eindeleble; esbozar un programa político que siente las bases para avanzar hacia elesquivo progreso; y poner en pie una estructura que permita la acción creativa yactiva, con y desde la ciudadanía, a fin que sea la acción no violenta la que permita,ahora, frenar al autoritarismo, y luego sellar su derrota en las urnas, a las que por finasistiremos con la conciencia de que somos el soberano, nunca más indignos y ciegosvasallos.No es momento para la mezquindad o la ceguera. Llega la hora de entender que laDemocracia no es una promesa o simple apariencia, la Democracia es destino; y siBolivia quiere ser, de verdad, tendrá que ser democrática.

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