Una Historia De Invierno
Mi primera novia fue por allá del año 2009, por curioso que sea ella no estaba en mi colegio,
asi...
Para algunas personas la suegra es una segunda madre, cuando uno es un adolescente no
hay mucho que adivinar. Mis primeros...
Teníamos sobre su ropero una alcancía hecha con una caja de tenis Adidas. Ahí poníamos
algunas moneditas y billetes regula...
Ojalá nunca nos veamos de nuevo me dijo. Cualquier mujer estaría orgullosa de toparse y
chocar en el camino con un hombre ...
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Una historia de invierno, relata el amorio de dos jóvenes adolescentes..

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Una Historia De Invierno

  1. 1. Una Historia De Invierno Mi primera novia fue por allá del año 2009, por curioso que sea ella no estaba en mi colegio, asistía a uno del centro de Heredia en un ambiente mucho más tranquilo y de más categoría comparado al frío y desconfiado ambiente que se vivía y al que ya me había acostumbrado en San José. Yo era un joven un año menor, un poco delgado por aquel entonces, impulsivo algunas veces, terco como ninguno y depresivo, en mí persona no había nada que no delatara que me gustaba mucho correr y sentirme libre, que jugaba al fútbol casi todos los días con mis compañeros, que era un chico pobre de clase media, con el pelo despeinado, de rostro sobresalido y que no era de allí. La primera vez que nos vimos ella jugaba con su iPod tratando de sacárselo de su suéter blanco de gorro. Recuerdo que las líneas de su cara eran suaves y delicadas, sus ojos del color del cielo, con mirada de amor y anhelo, podían derretir un corazón de hielo, y su cabello negro sedoso y tan largo, que se enredaba en su cuello, era como ver una rosa blanca rodeada de velo negro. Nos miramos una vez y sincronizados volteamos a ver si no fue accidental, ella miró sobre su hombro izquierdo, yo sobre mi hombro derecho, una vez nos presentaron ya sabíamos todo del otro o al menos eso imaginábamos... Pero la verdad es que la realidad era diferente a como yo la había imaginado. Ella vivía con su madre y su tía, en una casa con ventanas grandes, donde nos refugiábamos de los malos días para comer pan con mermelada de piña y tomar café. La tercera vez que la visité ella estaba en una hamaca, mi amigo me dejo ahí y se fue a su casa, claramente él ya sabía lo que sucedía. Ella me sonrió y vi sus dientes que delataban que aún era tan niña, con esas caderas de porcelana y esas chispillas que le salían de los ojos en cada mirada me terminaron de convencer de que tenía un diamante en mis manos. Incluso hasta hace unos tantos años al tomar el autobús siento el aroma que las horas le daban a su uniforme, que reemplazaba cualquier perfume empalagoso que se pusiera con esa esencia natural que solo una mujer así tiene. Nos besamos dos semanas después en la Plaza De La Cultura un 22 de Abril. Pasaron dos años que comíamos más pan cuadrado con mermelada. De fresa esta vez y café con menos azúcar, besándonos. De fondo sonaba la canción del cantante Eros Ramazzotti - “Gracias Por Existir”. De vez en cuando hablábamos del futuro, de lo que bien sabíamos cada quien haría por su lado cuando fuéramos grandes, cuando trabajáramos, si ella no tuvo pasado pues visualizaba mucho futuro, su loca tía no entendía que nuestros planes no eran tener hijos, ni siquiera ir a la universidad, ni siquiera seguir juntos quizás..
  2. 2. Para algunas personas la suegra es una segunda madre, cuando uno es un adolescente no hay mucho que adivinar. Mis primeros recuerdos en esa casa era ver a esa dulce señora secándose las manos y poniendo el revés de su mano en mi frente para diagnosticar o descartar una gripe con calentura. Su tía loca no era menos atenta, varios fines de semana al llegar a su casa la encontré alisando o tiñendo el cabello a esa, a la que yo quería, terminada la tarea frente al espejo en un improvisado salón personal, le envolvía la cabeza con las manos blancas y grandes y le daba un beso en la frente: “Preciosa Mi Princesa"- replicaba. Arrollaba el cable de la secadora y le dejaba irse confiada en que ese día al menos seriamos felices como nadie más. La casa de cuatro cuartos y dos baños se hacía chica, en esa casa no había más que amor, el amor entraba y entraba hasta ocupar el espacio del cielo raso, inundar la mesa del comedor, y desbordarse por las ventanas grandes, no había espacio para secadora de ropa, ni juegos de video. Pero nunca nos faltó espacio...ni mermelada! La conocí cuando aún había sol, la conocí mejor cuando a medio año nadie se salva del agua, y las gotas de agua fría tamborileaban en el techo y provoca más sueño que un violín, y en esa pequeñísima cama caíamos dormidos en las tardes de semana santa con ella en mis brazos oliendo su cabello, la puerta se cerrara o quedara abierta su mama y su tía entraban a cobijarnos. Puede haber un noviazgo más orgánico y bucólico que cuando se es adolescente y estás enamorado así sin más? La conocí más allá cuando se entibia el agua de los techos y cuando el ruido de la lluvia cesaba y el viento de Diciembre azotaba las latas de esa casa. Trescientos sesenta y cinco días más después de eso fueron pocos para que entre peluches y cobijas y cuadernos sucediera lo que sucede con las parejas que se gustan mucho, sonando "A medio vivir" en la grabadora. Mi corazón como un volcán en un planeta deshabitado retumbaba en silencio, sudor de nervios y con la cabeza a punto de estallar, desnudos muertos de frío entre sábanas que olían a diarios de papel con esencia.  Tú cabello no es negro?  Mmmm no, es teñido.  Entonces de qué color es.  Rubio, claro...no se jajajaja. Tú te lo tiñes?  Por supuesto que no, porque me lo iba a teñir?  Mmmm es que está muy negro, de lejos pareces mujer jajaja.  Jummm  Estoy vacilando.  Espero que no estés arrepentida de lo que acaba de pasar.  No lo estoy, y tú?  Menos  Quiero un cigarro  Yo también. Y ambos soltábamos a carcajadas.
  3. 3. Teníamos sobre su ropero una alcancía hecha con una caja de tenis Adidas. Ahí poníamos algunas moneditas y billetes regularmente. Incluso su tía y su mama "secretamente" nos daban una "anónima" colaboración. No teníamos planes para ese dinero, no teníamos planes de nada. Al contrario de cómo lo imaginé, solamente dos veces salieron de esa caja los pasajes a mi casa, y un taxi desde la Sabana. Parecía que siempre supimos que no iba para largo menos cuando se fue con sus abuelos más allá de San José y yo empecé a volverme tristón y distraído por el mundo real. Ella quería estudiar francés o música, yo quería terminar el colegio, ella quería salir por un trago con nuevas amigas y amigos, yo quería salir disparado a Narnia, no volver jamás, y olvidar que la vida real empezaba. El último día que la vi fue un 29 de Diciembre. La fastidiosa época comercial calentaba hierros en el sol rojo del atardecer con la palabra nostalgia y me marcaba la espalda: "Propiedad De La Ironía Y Los Recuerdos Dolorosos" decía la cicatriz que dejo el fierro. Nos citamos en la Plaza De La Cultura, había poco que decir y mucho que callar.  Hola  Hola  Te ves diferente con el pelo corto.  Me veo como un adulto? No quiero ser adulto nunca.  Como un músico más bien jajaja. Su voz cambio y se tornó nerviosa.  Dice mi madre que no importa que pase, cuando sea, aunque yo esté ahí, que siempre que necesites un lugar donde esperar mientras llueve que vayas a la casa. Que sepas que es tu hogar.  Dile que nunca podrá agradecerle lo suficiente y que la quiero mucho.  Mi tía dice que si yo ya no, entonces que ella si se casa con vos.  Jajaja, que bueno saberlo, nunca se sabe. Habían pasado tres años, tres veces nos dijimos feliz cumpleaños, tres veces feliz navidad, tres veces feliz año, tres veces nos hablamos por teléfono a la entrada de clases, tres años y algunas idas al salón de patines, miles de canciones juntos, millones de dibujos en cuadernos, miles de temores superados, centenares de viajes en bus riendo como si fuéramos únicos. Metió la mano suave y delicada a una bolsa y saco aquella caja-alcancía, yo estaba inflando mis pulmones para decirle que ella necesitaba ese dinero, pero no me dejo decir nada, me pidió: "No seas terco y apresúrate a abrirlo!” Así que abrí la caja y tenía adentro las tenis que tanto veía hace un tiempo atrás en una ventana. Atinadamente me metí la mano en la bolsa y saque el regalo extra que le había comprado con el ahorro que tenía en un cerdito de barro; una cadena con una clave de sol de oro. Ella amaba la música y la verdad es que su música era su risa.
  4. 4. Ojalá nunca nos veamos de nuevo me dijo. Cualquier mujer estaría orgullosa de toparse y chocar en el camino con un hombre como vos. Así como sucedió entre nosotros! Vos vas a hacer feliz a otra algún día y bebía de un jugo de manzana para no quebrarse en partes mientras disimulaba el nudo en la garganta con su bufanda. Yo sereno había aceptado que ambos éramos incapaces de preguntarnos: que paso? O que se supone que debía pasar? Y así felizmente hasta el día de hoy, no sé qué es de ella, aunque no hay herida que los días no hagan grano, los meses cicatricen y los años aparejen en color, al final todo queda en una niñería, que es bonito recordar en retro visión 3D, con palomitas sabor agridulce. Porque algunas cosas es mejor dejarlas en el pasado, y así, y así nada más. Porque es mejor preguntarse si el diablo es innoble y traidor como lo pinta la biblia y quedarse con la duda, que bajar al infierno a preguntarle y descubrir que así es. No lo crees? mi querido lector. Después del último abrazo yo camine hacia el hotel Costa Rica hacia La Merced a tomar mi autobús, y ella hacia el teatro caminando con destino a su casa. Cuando subí las gradas de esa esquina sin saber porque; miré sobre mi hombro como lo había hecho hace tres años para verla, pero esta vez por sobre mi hombro izquierdo, nos miramos directo a los ojos sin ninguna expresión, ella ya me miraba sobre su hombro derecho...con una mirada imposible de descifrar, una mirada que no tenía ningún significado y al mismo tiempo encerraba todos los sentimientos de la mujer más hermosa que conocía, fueron los segundos más largos del mundo, no hubo sonrisas ni gestos...solo eso...una larga y profunda mirada. El Teatro Nacional nos bloqueó la vista a ambos y estoy seguro de que giramos la cabeza nuevamente, al mismo tiempo para ver hacia al frente, lo que sucede había sucedido, no había nada esa tarde, en esa mirada, en esa caja de tenis, en ese dije de clave de sol que nos dijera lo contrario, que ese día ella y yo nos habíamos dicho adiós para siempre... FIN Por Robert Torres.

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