La moralidad del acto humano 38 BOSCH, Hieronymus El carro de heno (panel central) 1500-02 Monasterio de San Lorenzo, El E...
Compendio del catecismo <ul><li>368. ¿Cuándo un acto es moralmente bueno? </li></ul><ul><li>1755-1756 1759-1760 </li></ul>...
Introducción <ul><li>La categoría singular del hombre radica en que está dotado de inteligencia y voluntad -creado a image...
Ideas principales
1. Fuentes de la moralidad <ul><li>En la experiencia más elemental del ser humano se produce un fenómeno que conviene seña...
2. Moralidad de las pasiones <ul><li>En el ser humano anidan impulsos, tendencias, afectos y sentimientos, que se conocen ...
3. Actuar siempre de cara a Dios <ul><li>No es fácil dominar las pasiones; pero es necesario, si queremos vivir con la dig...
Propósitos de vida cristiana
Un propósito para avanzar <ul><li>En la duda de si estás obrando bien, pregúntate si el objeto, fin y circunstancias son b...
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  • La categoría singular del hombre -que le distingue y eleva por encima de los otros seres de la creación visible- radica en que está dotado de inteligencia y voluntad -creado a imagen y semejanza de Dios-, con libertad para tomar decisiones. Pero, siendo criatura, su libertad debe estar armonizada con la de Dios y con la de sus semejantes. Esto es lo que hacen los mandamientos, que son caminos de la libertad, poniendo orden en el ejercicio de la libertad criatural de modo que sea verdadera libertad, armonizada y concertada con la libertad de los demás. En consecuencia, si hay un mandamiento legítimo el hombre tiene la obligación de cumplirlo y no es moralmente libre, aunque tendrá libertad psicológica y física; si no existe mandamiento, es muy libre de tomar la decisión que quiera. Así, el hombre tiene que educar su libertad para utilizarla correctamente; es decir, tiene que obrar como hombre ejercitando la inteligencia y la voluntad, pero referidas a una norma objetiva y trascendente que dirige y regula su conducta. La moralidad, pues, es una cualidad del acto humano libremente ejercido; y será positiva -buena- si se ajusta a la norma que lo ordena como ser racional; será negativa -mala-, si actúa irracionalmente en contra de la norma.
  • En la experiencia más elemental del ser humano se produce un fenómeno que conviene señalar: sabe que obra bien o que obra mal, que sus acciones son buenas o malas. ¿Cómo lo sabe? Se lo dice la conciencia, esa voz interior que avisa: Hay que hacer el bien y evitar el mal. Pero la conciencia no hace más que traducir la convicción previa de que tenemos grabada en lo profundo una ley, a la que debemos someternos; de modo que, si obramos de acuerdo con ella, obramos bien; y si la contradecimos, obramos mal. Con el fin de tener a mano un criterio claro y sencillo, los autores consideran que la moralidad depende del objeto, el fin y las circunstancias: a) El objeto elegido , que es aquel bien hacia el que tiende la voluntad, pudiendo decirse que es la materia del acto humano. Y es que hay cosas que son buenas por sí mismas y cosas que son malas de suyo, es decir, siempre. Por ejemplo, quitar la vida a un inocente siempre será un crimen, aunque se quiera disimular con eufemismos hipócritas; por el contrario, adorar a Dios es un acto bueno en sí mismo. b) El fin o la intención del acto puede modificar la moralidad, porque la acción buena en sí pero realizada con mala intención, pervierte aquella acción y la convierte en mala, como sentencia el principio que dice: &amp;quot;El fin no justifica los medios&amp;quot;. c) Las circunstancias , por último, también influyen en la moralidad agravando o disminuyendo la cualidad buena o mala de un acto; y afirmando con claridad que lo que es malo no puede volverse bueno, sean cuales sean las circunstancias. Por tanto, para que un acto sea moralmente bueno es preciso que sea bueno el objeto, el fin y las circunstancias; si es mala alguna de estas tres cosas, el acto es malo. Erraría, pues, quien juzgase de la moralidad de los actos humanos considerando sólo la intención que los inspira , o las circunstancias (ambiente, presión social, coacción o necesidad de obrar, etc.). Hay actos que -por sí y en sí, independientemente de las circunstancias y de la intención- son gravemente ilícitos por razón de su objeto; por eso la moral afirma rotundamente que nunca está permitido hacer el mal para obtener un bien.
  • En el ser humano anida una serie de impulsos, tendencias, afectos y sentimientos, que se conocen con el término &amp;quot;pasiones&amp;quot;, reconocidas como fuerzas que Dios ha puesto en la naturaleza y que nos mueven a obrar. Consiguientemente al pecado esas fuerzas están desordenadas y provocan tensión en el hombre, pero es indudable su utilidad si se logra controlarlas. Son como el agua embalsada: represada y encauzada es fuente de vida y de energía; si se rompe la presa, provoca la catástrofe. El amor y el odio, el deseo y el temor, la alegría, la tristeza y la ira, son las pasiones principales. Las pasiones de por sí no son buenas ni malas, pero lo son en la medida en que dependen de la razón y de la voluntad e impulsan a obrar el bien o el mal. Luego las pasiones son moralmente buenas cuando contribuyen a una acción buena, y son moralmente malas si empujan a obrar mal. Las pasiones pueden ser asumidas en las virtudes o pervertidas en los vicios .
  • No es fácil dominar las pasiones sometiéndolas a la razón con una libertad fuerte y ordenada pero es necesario, si queremos vivir con la dignidad que comporta la condición humana y sobre todo la dignidad de cristianos, que se saben hijos de Dios. Hace falta querer y luchar, y se necesita ante todo la gracia de Dios, que el Espíritu Santo proporciona en abundancia a los que la piden. Así es posible conseguir que nuestro comportamiento -los actos todos- sean bueno porque el objeto, el fin y las circunstancias sean buenos, a pesar de las pasiones; o mejor, dominando las pasiones, y no dejándonos arrastrar por ellas. Una recomendación de San Agustín -recogida en el Concilio de Trento- nos puede alentar en la lucha contra las pasiones para aprovecharlas en la dirección de la Providencia: &amp;quot;Dios no manda cosas imposibles sino que, cuando manda algo, te advierte que hagas lo que puedas, que pidas lo que no puedas, y te ayudará para que puedas&amp;quot;. Entonces el Espíritu Santo ayuda para que todo nuestro ser -incluidos dolores, temores y tristezas, como aparece en la agonía y pasión de Cristo- sean para Dios. Cuando se vive en Cristo, los sentimientos humanos pueden alcanzar su consumación en la caridad.
  • Cateq Es 38

    1. 1. La moralidad del acto humano 38 BOSCH, Hieronymus El carro de heno (panel central) 1500-02 Monasterio de San Lorenzo, El Escorial
    2. 2. Compendio del catecismo <ul><li>368. ¿Cuándo un acto es moralmente bueno? </li></ul><ul><li>1755-1756 1759-1760 </li></ul><ul><li>El acto es moralmente bueno cuando supone, al mismo tiempo, la bondad del objeto, del fin y de las circunstancias. El objeto elegido puede por sí solo viciar una acción, aunque la intención sea buena. No es lícito hacer el mal para conseguir un bien. Un fin malo puede corromper la acción, aunque su objeto sea en sí mismo bueno; asimismo, un fin bueno no hace buena una acción que de suyo sea en sí misma mala, porque el fin no justifica los medios. Las circunstancias pueden atenuar o incrementar la responsabilidad de quien actúa, pero no puede modificar la calidad moral de los actos mismos, porque no convierten nunca en buena una acción mala en sí misma. </li></ul>
    3. 3. Introducción <ul><li>La categoría singular del hombre radica en que está dotado de inteligencia y voluntad -creado a imagen y semejanza de Dios-, con libertad para tomar decisiones. Pero, siendo criatura, su libertad debe estar armonizada con la de Dios y con la de sus semejantes. Esto es lo que hacen los mandamientos, que son caminos de la libertad. </li></ul><ul><li>La moralidad es una cualidad del acto humano libremente ejercido; y será positiva -buena- si se ajusta a la norma que lo ordena como ser racional; será negativa -mala-, si actúa irracionalmente en contra de la norma </li></ul>DI PAOLO, Giovanni (1420-1482) La creación y la expulsión del paraíso 1445 Metropolitan Museum of Art, Manhattan
    4. 4. Ideas principales
    5. 5. 1. Fuentes de la moralidad <ul><li>En la experiencia más elemental del ser humano se produce un fenómeno que conviene señalar: sabe que obra bien o que obra mal, que sus acciones son buenas o malas. ¿Cómo lo sabe? Se lo dice la conciencia. </li></ul><ul><li>Con el fin de tener a mano un criterio claro y sencillo, los autores consideran que la moralidad depende del objeto, el fin y las circunstancias: </li></ul><ul><ul><li>El objeto elegido , que es aquel bien hacia el que tiende la voluntad. Por ejemplo, quitar la vida a un inocente siempre será un crimen. </li></ul></ul><ul><ul><li>El fin o la intención del acto. El fin no justifica los medios. </li></ul></ul><ul><ul><li>Las circunstancias, agravando o disminuyendo la cualidad buena o mala de un acto. </li></ul></ul>BROUWER, Adriaen Pelea de campesinos 1631-35 Alte Pinakothek, Munich
    6. 6. 2. Moralidad de las pasiones <ul><li>En el ser humano anidan impulsos, tendencias, afectos y sentimientos, que se conocen con el término &quot;pasiones“. Son fuerzas que Dios ha puesto en la naturaleza y que nos mueven a obrar. Por el pecado, esas fuerzas están desordenadas y provocan tensión en el hombre, pero es indudable su utilidad si se logra controlarlas. </li></ul><ul><li>Las pasiones son moralmente buenas cuando contribuyen a una acción buena, y son moralmente malas si empujan a obrar mal. Las pasiones pueden ser asumidas en las virtudes o pervertidas en los vicios . </li></ul>BOSCH, Hieronymus Alegoría de la gula y la lujuria Yale University Art Gallery, New Haven
    7. 7. 3. Actuar siempre de cara a Dios <ul><li>No es fácil dominar las pasiones; pero es necesario, si queremos vivir con la dignidad que comporta la condición humana y sobre todo la dignidad de cristianos, que se saben hijos de Dios. </li></ul><ul><li>&quot;Dios no manda cosas imposibles sino que, cuando manda algo, te advierte que hagas lo que puedas, que pidas lo que no puedas, y te ayudará para que puedas“ </li></ul><ul><ul><ul><li>(San Agustín) </li></ul></ul></ul>PRUD'HON, Pierre-Paul La justicia y la venganza divinas persiguiendo el crimen 1808 Musée du Louvre, Paris
    8. 8. Propósitos de vida cristiana
    9. 9. Un propósito para avanzar <ul><li>En la duda de si estás obrando bien, pregúntate si el objeto, fin y circunstancias son buenos. </li></ul><ul><li>En ocasiones hay que ser heroicos para actuar bien, sin dejarnos llevar por las circunstancias y el ambiente, que nunca justifican una conducta inmoral. </li></ul>

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