Esposa intocable barbara cartland

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Esposa intocable barbara cartland

  1. 1. Esposa Intocable (Pure and untouched) A los treinta y cuatro años, el Duque de Ravenstock se enamora pero sufre un desengaño al descubrir, poco antes de la boda, que su futura esposa mantiene un apasionado romance con un amigo de él. El duque planea una cruel venganza y viaja a París para pedir a su hermana mayor, que es Madre Superiora en un convento, que le presente a una novicia pura e inocente para que la despose. Y así el duque conoce a Anoushka, quien presa de un extraño y misterioso pasado que guardó en secreto desde que, a los ocho años, la dejaron abandonada en la puerta del convento, no sabe nada del mundo exterior. Cómo accede ella a casarse con el duque y cómo él consigue su venganza, es lo que relata esta apasionante novela de Barbara Cartland.
  2. 2. Barbara Cartland Esposa Intocable ~2~ CCaappííttuulloo 11 SSe abrió la puerta de la biblioteca y el señor Matthews, secretario privado y contralor del Duque de Ravenstock, cruzó en silencio la habitación hacia un escritorio junto a la ventana, donde su jefe escribía. Se quedó de pie esperando con respeto a que el duque notara su presencia y, algunos segundos después, éste levantó la cabeza para preguntar con impaciencia: – ¿Qué desea, Matthews? – Pensé que debía informarle, su señoría, que acaba de llegar un regalo procedente de la Casa Marlborough; lo envían sus Altezas Reales, el Príncipe y la Princesa de Gales. Por un momento, el duque pareció interesado. – ¿Y qué es? – Un jarrón para rosas, su señoría. El duque lanzó un gruñido. – ¿Otro más? – – Es un ejemplar muy fino de plata, de estilo georgiano, señor. – Eso significa otra carta más que tendré que escribir personalmente. – – Me temo que sí, su señoría. – Bueno, auméntala a la lista y procura que sea breve. No es mi intención pasar mi luna de miel escribiendo cartas. – Estoy seguro, su señoría, de que los que tengan que esperar sus cartas de agradecimiento comprenderán la razón de la tardanza. El duque sonrió, lo que provocó una expresión tan atractiva en su rostro que el señor Matthews pensó que era comprensible que tantas mujeres lo consideraran irresistible. Alto, de hombros anchos y sumamente apuesto, no era sólo el hombre más atractivo de Londres, sino también el más discutido. Sus hazañas en el hipódromo, los relatos de sus escapadas, que cuando llegaban a oídos de la reina, recluida en el Castillo de Windsor, causaban su indignación, y más que nada las murmuraciones sobre sus innumerables aventuras amorosas, eran la comidilla de los periódicos más escandalosos, así como tema de conversaciones susurradas con voz baja, tanto en los elegantes salones de Mayfair como en las salas de estar de los suburbios.
  3. 3. Barbara Cartland Esposa Intocable ~3~ No había duda de que al duque lo divertía su notoriedad y no prestaba atención a sus críticos, aprovechando su propio nombre para hacer del negro el color predominante de sus carruajes y de sus caballos de carreras. En todos los eventos que participaba algún caballo del duque, siempre era el favorito. Y cuando galopaba hacia la meta, se escuchaban los gritos de: "¡Raven negro!", o sea "cuervo negro", como un eco que sacudía las tribunas. Se le conocía como seductor de mujeres, las que estaban más que deseosas de ser seducidas por él. Y esto era sólo parte de lo que sus detractores llamaban "escandalosa maldad", pero que sus amigos consideraban "irresistible fascinación". Ahora, por fin, cuando ya todos aquellos que lo querían, incluyendo a su familia, habían abandonado la esperanza de que algún día sentara cabeza y se casara, se había enamorado. Durante años todos habían esperado que su esposa fuera una de las pocas bellezas disponibles en el exclusivo círculo donde él se movía. Las candidatas más probables eran, invariablemente, viudas, ya que a los treinta y cuatro años no era factible que el duque se interesara en las jovencitas, por la simple razón de que no conocía a ninguna. El Príncipe de Gales había impuesto la muestra de conducta con sus romances, entre los que se incluían la bella Lily Langtry y, por ahora, se sabía que estaba enamorado con locura de la fascinante Lady Brooke. Los romances del duque cubrían una amplia gama, que iba desde las actrices más espectaculares hasta las damas de compañía de la reina, y cada nueva relación aventajaba a la anterior en el número de cejas levantadas por la indignación y las exclamaciones escandalizadas. Sin embargo, el duque navegaba con serenidad por la vida y cada vez se aburría más rápidamente de las mujeres que se rendían con tanta facilidad; en cuanto a aquellas que lo asediaban, además de frustrarlas, las hacía muy infelices. "Me gusta ser el cazador", se dijo, pero había muy pocas mujeres que, después de verlo, estuvieran dispuestas a dejarlo pasar sin darle caza. Le bastaba dirigirles esa expresión de inquisitivo interés para que extendieran sus blancas manos hacia él y, casi antes de saber sus nombres, ya las tenía a sus pies. – ¿Qué diablos tienes, Ravenstock – le preguntó en una ocasión el Príncipe de Gales – que yo no tenga?  Raven, en inglés, significa "cuervo" (NdT)
  4. 4. Barbara Cartland Esposa Intocable ~4~ – ¡Impertinencia, señor! – contestó el duque. El príncipe se rió mucho ante esa afirmación. – ¡Creo que ésa es la respuesta adecuada! – dijo riendo de buena gana. Aun así, cuando las aventuras amorosas del duque comenzaron a ser cada vez más breves y las líneas de su rostro denotaban mayor cinismo, aquellos amigos que le tenían un afecto genuino se preguntaron qué podía hacerse. La respuesta a su inquietud parecía ser Lady Cleodel Wick. El duque la conoció por casualidad cuando formaba parte de un grupo, encabezado por el Príncipe de Gales, que se hospedaba en el Castillo de Warwick, cercano al castillo propiedad del Conde de Sedgewick. El conde, la condesa y su hija, Lady Cleodel, llegaron a cenar y el duque, a quien le tocó sentarse junto a la joven de diecinueve años, quedó fascinado por su belleza, con una intensidad que no experimentaba desde hacía muchos años. El luto evitó que Lady Cleodel fuera presentada al mundo social, así que era un año mayor que las otras debutantes con las que sería presentada a la corte a principios de abril. El duque sabía que si hubiera visto a esa belleza de cabellera dorada y ojos azules entre la multitud del Salón del Trono, en el Palacio de Buckingham, no la habría podido olvidar. Al observarla a la luz de los candelabros de plata que estaban sobre la mesa, pensó que sería imposible que hubiera otra mujer más adorable. Como su cabellera era de reluciente tono dorado, resultaba notable que sus ojos azules estuvieran enmarcados por pestañas oscuras. Al escuchar los cumplidos del duque, ella explicó que lo debía a un ancestro irlandés. Hablaba con voz suave y algo temblorosa, que le hubiera parecido seductora en extremo si no se hubiera dado cuenta de que Lady Cleodel era muy joven y pura. Charló con ella durante la cena, ante el notorio disgusto de la dama que se encontraba sentada a su izquierda, y cuando los caballeros se reunieron con las damas en el salón de visitas, se dirigió directamente hacia Lady Cleodel para decirle que la visitaría al día siguiente. La joven no se había mostrado tan contenta y agradecida como lo harían otras mujeres en su lugar. En cambio, le dijo: – Debo preguntar a mi madre si estaremos en casa. Tenemos muchos compromisos por la tarde, aunque vivamos en la campiña.
  5. 5. Barbara Cartland Esposa Intocable ~5~ El duque se aseguró de que la condesa lo recibiría y tan pronto volvió a Londres acudió a la Casa Sedgewick donde, para su sorpresa, encontró que Lady Cleodel no siempre estaba disponible. En varias ocasiones, a pesar de saber que él iría, salía de la casa. Bailó con ella en todas las fiestas a las que ambos habían asistido; pero el duque, por primera vez en su vida, tenía que esperar su turno para ser pareja dé Lady Cleodel y una noche, para su asombro, no le fue posible obtener un solo baile porque ella tenía todo su programa cubierto. Cuando dos semanas más tarde le propuso matrimonio y fue aceptado, le pareció que, incluso en esa ocasión, ella se mostraba elusiva. Todas las mujeres parecían anhelantes por besarlo, incluso antes que él se lo pidiera; pero algunas veces le parecía que ella, si bien no rehusaba del todo sus besos, sin duda trataba de evitarlos. El duque buscaba cualquier oportunidad para estar a solas con su prometida, pero ella siempre lo mantenía a distancia. – No, no, no, no debes tocarme – le decía cuando intentaba tomarla en sus brazos – Sabes que mi madre no aprobaría que estuviéramos solos, si lo supiera. – ¿Por qué iba a saberlo? – Si mi cabello estuviera un poco revuelto y en mis labios se notara que me han... besado... se enfadaría conmigo. – Pero deseo besarte – insistía él. – Yo también – respondía Cleodel con voz suave, levantando hacia él los ojos bajo sus oscuras pestañas – pero mamá podría disgustarse y nos impediría que estuviéramos solos de nuevo. Eso era algo nuevo entre las experiencias del duque y tenía que conformarse, aunque en su interior se burlaba de su propio autocontrol cuando besaba los dedos de Cleodel en lugar de sus labios. Se dijo que como era muy joven debía tenerle paciencia y ser comprensivo con ella. Al mismo tiempo, la gracia con que se movía, las cosas que decía con su voz suave y que le indicaban lo mucho que tenía que enseñarle acerca de la vida y del amor, lo hacían sentirse más enamorado. Los Sedgewick no ocultaban su alegría ante la perspectiva de tener un yerno tan distinguido y rico. Aunque el conde poseía una extensa propiedad, no era un hombre rico, y siempre había esperado que, por su belleza, su hija hiciera un buen matrimonio.
  6. 6. Barbara Cartland Esposa Intocable ~6~ Lo que él y su esposa no habían previsto era que Cleodel subyugara al soltero más codiciado en todo el país, un noble cuya posición social sólo estaba un grado más abajo que la del príncipe real. Y si ellos estaban sorprendidos, su sorpresa no era nada comparada con el asombro de los demás. Y fue sólo el amigo más íntimo del duque, Harry Carrington, quien tuvo el valor suficiente para hablar claro con el futuro novio. Acababa de volver de Escocia, donde había pasado una temporada dedicado a la pesca del salmón, y al principio creyó que se trataba de una broma. – Siempre me dijiste que seguirías soltero hasta que las piernas ya no te sostuvieran – le dijo cuando lo encontró solo en la Casa Ravenstock. – Esa era mi intención – contestó el duque – hasta que conocí a Cleodel. – Ya me han dicho que es muy bella, pero... ¿cómo va a ponerse a tu nivel si sólo tiene diecinueve años? – No necesita hacerlo. Advirtió la sonrisa de incredulidad en el rostro de su amigo. – Sé que dije que no me casaría y si lo hice fue no sólo porque pensaba que no podría encontrar ninguna mujer que no me aburriera al poco tiempo, sino también porque no tenía intenciones de tener una esposa que besara a mi mejor amigo en cuanto yo volviera la espalda. – ¿Intentas insultarme? – No, sólo mencionaba hechos. Las esposas de mis mejores amigos siempre han estado dispuestas a que yo las enamorara y, aunque no suelo rehusar los favores que se presentan en mi camino, no voy a pretender ante ti que pienso que ésa es una manera deseable de vivir. Harry lo miró como si hubiera perdido la razón. – Querido Raven – dijo al fin – No tenía idea de que esos fueran tus sentimientos. – Para serte franco, no fue algo que me preocupara demasiado, hasta que conocí a Cleodel. – ¿Preocuparte? – exclamó Harry – Lo que yo pienso de esas encantadoras criaturas es que... El duque levantó la mano. – Por favor, ahórrame los recuerdos, ya que como sabes, jamás hablo de mis aventuras románticas. – Eso está muy bien. Pero dime en qué es diferente Lady Cleodel.
  7. 7. Barbara Cartland Esposa Intocable ~7~ – Lo verás por ti mismo – fue la evasiva respuesta del duque. Cuando Harry conoció a Cleodel ese mismo día, comprendió. Además de ser bella, su rostro tenía lo que él percibió como una apariencia de pureza que, sin duda, era muy diferente a la de las mujeres superficiales y experimentadas con las que el duque se había relacionado en el pasado. Observándolos juntos, se dijo que el duque se mantendría alerta para protegerla de los requerimientos de otros hombres como él, y sería, por lo tanto, un cazador furtivo que se convierte en guardián. Ello evitaría que le hicieran daño, pensó Harry con satisfación, y como en realidad tenía un profundo afecto por su amigo, estaba encantado de que hubiera encontrado la felicidad. Debido a que no había ninguna razón para un compromiso largo y los Sedgewick estaban aterrados ante la idea de perder al duque, la fecha de la boda se fijó para fines de junio, antes que terminara la temporada social. Debía llevarse a cabo después de la carrera real de Ascot, pues en ella participaban varios caballos del duque, y como sería muy incómodo que la boda se realizara en el campo durante la temporada, se decidió que la ceremonia se efectuaría en la iglesia de San Jorge, en la Plaza Hannover. Cleodel estaba tan ocupada en la compra de su ajuar nupcial, que al duque le resultaba muy difícil verla, y en ocasiones se quejaba de que lo descuidaba demasiado. – No deseo hacer nada tan... incorrecto – le aseguró Cleodel – pero necesito vestidos con los cuales verme bella para... ti. – ¿En realidad los compras para mí? – ¡Por supuesto! Todos me han dicho lo exigente que eres y siento un gran temor... de defraudarte. – Eres perfecta tal como eres y todo lo que deseo es que ya estemos casados para poder estar lejos y a solas contigo y decirte lo adorable que eres. – Eso me parece... muy emocionante. – Te haré emocionarte. ¡Y será para mí lo más maravilloso que he hecho en mi vida! Hablaba con tal sinceridad que se sorprendió a sí mismo. Entonces rodeó a Cleodel con sus brazos y la besó con suavidad, porque sabía que si se mostraba aunque fuera un poco apasionado, ella se asustaría. En una ocasión lo había alejado diciéndole: – Por favor... por favor.
  8. 8. Barbara Cartland Esposa Intocable ~8~ – No es mi intención asustarte, mi amor – se apresuró a decir el duque. – No es que en realidad me asustes; pero como nunca me habían besado, siento como si me convirtieras en tu cautiva y que ya no soy yo misma. – Soy yo quien está cautivo. Perdóname, mi adorada, no volveré a ser brusco contigo. Le besó las manos y las volvió para besarla en las suaves y rosadas palmas; al hacerlo pensó que ninguna mujer podía ser más atractiva y, al mismo tiempo, más difícil de capturar. Las mujeres que lo habían amado en el pasado, consideraban su comportamiento incomprensible y también irritante. – Raven es el diablo más fascinador que jamás habitara en Londres – dijo una de ellas – pero disfrazado de santo me parece deprimente. – Estoy de acuerdo contigo – comentó otra de las ex amantes del duque – aunque no dudo que esa pollita recién salida del cascarón lo habrá perdido antes de Navidad. – Estoy dispuesta a apostar que ni siquiera durará tanto. Por extraño que pareciera, la única persona que no admiraba a Cleodel era Harry; pero tenía demasiado tacto como para decírselo al duque o a sus amigos mutuos, quienes, estaba seguro, repetirían cualquier crítica que él hiciera a la futura duquesa. En su interior, Harry pensaba que había algo en ella que no era del todo natural. No sabía con exactitud qué era, sólo que su inocencia era demasiado buena para ser verdad. El duque, sin embargo, volaba en alas del embeleso y contaba las horas en que vería a su futura esposa de nuevo, como un chiquillo con su primer amor. Como la Casa Ravenstock en Park Lane era más grande que la que el conde poseía en la calle Green, se decidió que la recepción se realizaría en la primera, y el duque, con su acostumbrada pasión por la perfección, la organizaba con todo detalle. Se recibiría a los invitados en el salón de baile, que se abría al jardín. Los regalos se exhibirían en la galería de pinturas y el duque planeaba que toda la casa se decorara con flores traídas de sus propiedades en la campiña y arregladas por sus propios jardineros. Sería imposible recibir a todos los trabajadores de sus propiedades, a sus inquilinos y granjeros en Londres, así que dio órdenes de que asistiera sólo un representante de cada departamento. En la campiña se levantaría una gran tienda, para que todos los demás iniciaran la celebración a media tarde.
  9. 9. Barbara Cartland Esposa Intocable ~9~ Ello significaba que si el duque y su esposa, después de la recepción de Park Lane viajaban directo hacia Ravenstock en su tren privado, llegarían a tiempo para recibir sus felicitaciones y buenos deseos. El diría un breve discurso para agradecer sus atenciones y después habría un enorme despliegue de fuegos pirotécnicos. La pareja debería pasar la primera noche de su luna de miel en Ravenstock; pero al duque eso le parecía muy adecuado, ya que la primera noche de casados llevaría a su esposa al hogar de sus ancestros. Nunca le había inquietado no tener heredero, en cambio ahora se decía que nada podía ser mejor o más perfecto que el hecho de que su hijo naciera de dos seres que se amaban tanto como él y Cleodel. – Dime que me amas le había pedido con insistencia la tarde anterior, mientras estaban sentados en el jardín de una mansión en Devonshire, en la cual asistían a un baile. – Te he... dado... mi corazón – le contestó Cleodel. – ¡Y es algo que atesoraré para siempre! Incluso había pensado escribirle un poema, pero decidió que sería mejor enviarle a su casa una carta en la que alababa todas sus perfecciones, junto con un enorme ramo de azucenas. Pensó que esa flor era la que mejor la identificaba, por su delicadeza y aroma, y porque había algo muy juvenil en ella, ya que nunca florecía del todo, como la rosa. Acababa de terminar la carta cuando apareció el señor Matthews. – ¿De qué se trata ahora, Matthews? – preguntó el duque. – Lamento molestarlo de nuevo, su señoría, pero la Condesa viuda de Glastonbury acaba de llegar y sé que querrá verla. El duque se levantó enseguida del escritorio. – ¡Por supuesto! No tenía idea de que mi abuela venía a Londres. Dejó la carta y se encaminó hacia el salón de visitas, donde su abuela materna lo esperaba. A sus ochenta años, la condesa viuda se mantenía erguida como una vara y era imposible no percatarse de que en su juventud debió haber sido una gran belleza. Su cabellera ya era blanca y tenía el rostro surcado de arrugas; pero sus facciones clásicas no habían cambiado. Cuando el duque apareció, alargó los brazos hacia él y lanzó una exclamación de gusto.
  10. 10. Barbara Cartland Esposa Intocable ~10~ – ¡Abuela! No tenía idea de que estuvieras tan bien como para venir a Londres. ¿Por qué no me avisaste? – No me decidí hasta el último momento – contestó la condesa viuda – Pero cuando recibí una invitación de la reina para quedarme en Windsor durante las carreras de Ascot, no pude resistir y acepté. El duque la besó en la mejilla y retuvo su mano mientras se sentaba a su lado. La miró con ojos sonrientes al decir: – Esa es una excusa muy débil, abuela. Tengo la sensación de que la verdadera razón de que hayas venido a Londres es para conocer a mi futura esposa. – ¡Confieso que es verdad! No podía creer que una jovencita hubiera logrado al fin pescar a "Casanova" después de que él se libró, por años, de los múltiples cebos y señuelos que le tendieron. – Fui una presa muy dispuesta. – ¡Eso es lo que me parece imposible de creer! – Permíteme decirte, abuela, lo encantado que estoy por tu presencia y, por supuesto, te quedarás conmigo. – ¡Por supuesto! No conozco a nadie que tenga una casa más cómoda que ésta, ni una servidumbre más atenta y eficiente. – Me siento honrado por tus halagos. La condesa viuda lo miró con ojos penetrantes. – ¿Es verdad que has entregado tu corazón? El duque sonrió. – Espera a que conozcas a Cleodel y lo entenderás. – Lo dudo. Y creo que, como todas las demás mujeres que has amado, voy a echar de menos al bucanero invencible y al pirata que siempre capturaba su presa. El duque soltó la risa. – ¡Abuela, eres un tesoro! Nadie me habla como tú, con ese lenguaje tan divertido. Pero este pirata ha arriado su bandera y ahora va a sentar cabeza. – ¡Pamplinas! Y, sin duda, tendrás que buscar algo que tome el lugar de las mujeres en tu vida. – Eso lo hará Cleodel. La condesa viuda no contestó porque en ese momento entraban los sirvientes con el servicio de té.
  11. 11. Barbara Cartland Esposa Intocable ~11~ Cuando ya habían puesto la mesa con el servicio de plata y toda clase de delicias para comer, el duque hablaba de los regalos que habían recibido y de los lugares que visitarían en su luna de miel. Su abuela lo escuchaba atenta en tanto pensaba, tal como Harry lo había hecho, que parecía increíble que después de todas las hermosas y brillantes mujeres que habían atraído al duque, sucumbiera al fin a la fascinación de una jovencita, que por adorable que fuera, no tenía mucho que ofrecerle, excepto su juventud. Si hubiera sido un hombre mayor, se dijo la condesa viuda, habría podido opinar de él que "no hay mayor tonto que un viejo tonto". Sin embargo, el duque todavía era joven, excepto, tal vez, si se lo comparaba con la muchacha con quien iba a casarse. Después se dijo que lo único que importaba era que fuera feliz. Ella siempre había amado a "Raven", como lo llamaba desde que era pequeño, más que a sus otros nietos. Era por la picardía que mostraba casi desde que estaba en la cuna y que tanto la divertía, ya que ella, educada durante el periodo de la Regencia, sentía que la solemnidad de los victorianos era muy aburrida. Siempre había pensado que el duque se habría sentido más a sus anchas con Jorge IV, y cuando oía que lo criticaban, lo excusaba porque otorgaba diversión y algo de aventura a una época no sólo puritana, sino también hipócrita. Otro de sus nietos le había comentado que estaba escandalizado por la forma de vida de su primo y sus innumerables romances, pero la condesa lo miró de arriba abajo y contestó con desprecio: – Lo que pasa es que tienes celos. Si tuvieras la apostura o el valor suficientes, te comportarías como Raven, ¡te lo aseguro! En cambio, te limitas a crujir los dientes y a desear estar en sus zapatos. Como el duque tenía tantas cosas de qué hablar con su abuela, no la dejó hasta que ella se retiró a sus habitaciones, por lo que ahora debía darse prisa para vestirse. Esa noche cenaba en la Casa Marlborough, y cuando bajaba la escalera, resplandeciente en su ropa de etiqueta cuajada de condecoraciones, recordó que no había firmado la carta para Cleodel. La había dejado en la biblioteca, junto con el ramo de azucenas que deseaba enviarle. Se dirigió con rapidez a su escritorio, añadió una frase de amor y la puso en un sobre. Y en el momento que tomaba el ramo que el cochero, según él había decidido pedirle, entregaría a Cleodel después de dejarlo a él en la casa Marlborough, se le ocurrió una idea. Esta hizo aparecer una sonrisa en sus labios y se preguntó cómo no había pensado en ello antes.
  12. 12. Barbara Cartland Esposa Intocable ~12~ CCon las azucenas en las manos, mientras el carruaje lo conducía a la casa Marlborough, el duque pensaba en Cleodel y en que le había sido imposible verla en todo el día. El día anterior se habían reunido para dar un breve paseo por el parque y después se vieron de nuevo en un baile, mas en ninguna de esas ocasiones había podido besarla. Descubrió que anhelaba verla con una intensidad que lo sorprendió. Había besado a muchas mujeres y siempre sintió que un beso era muy semejante a los demás; pero con Cleodel era diferente. Pensó que quizá se debía a que era tan joven e inocente que nunca se rendía por completo a él. Como aún no despertaba a la vida y tal vez era un poco tímida, siempre levantaba una barrera entre los dos. Y era una barrera que tenía toda la intención de derribar en cuanto se casaran. Pensó de nuevo en lo emocionante que resultaría despertarla al amor y convertirla en toda una mujer. "¡La deseo! ¡Dios sabe que la deseo!", se dijo. Y cuando llegó a la Casa Marlborough continuaba pensando en ella. Al apearse, le indicó a su palafrenero: – Dejé unas flores y una carta dentro del carruaje. No las toquen y regresen dentro de tres horas. – Muy bien, su señoría. Al duque lo recibió el Príncipe de Gales y varios de sus amigos, así como varias mujeres bellas que en el pasado habían despertado su interés durante un breve tiempo. Como siempre, el grupo de la Casa Marlborough era divertido y la conversación en extremo amena. Durante la cena, el duque estuvo sentado junto a una de sus antiguas enamoradas, quien en cuanto sirvieron la comida, le preguntó: – ¿Es verdad, Raven, que te has reformado? – ¿Te sorprendería si te contesto que sí? – ¿Y qué tiene de especial esa criatura con la que estás comprometido, que nosotras, las que te hemos amado durante años, no tenemos? – Cleodel es la persona más adorable que he conocido. Kitty lanzó un gemido.
  13. 13. Barbara Cartland Esposa Intocable ~13~ – Eso no es un consuelo, cuando otra mujer ha tenido éxito donde yo fracasé. Discutieron hasta que la cena terminó y como la Princesa de Gales estaba presente, no hubo juegos de azar y antes de medianoche los invitados comenzaron a retirarse. – ¿Vas a ganar la Copa de Oro, Raven? – preguntó el príncipe cuando el duque se despedía. – Así lo espero, señor. – ¡Demonios! Eso quiere decir que mi caballo no tiene ninguna oportunidad – refunfuñó el príncipe. – Siempre es cuestión de suerte. – La tuya nunca te ha fallado hasta ahora, así que si lo que buscas es consolarme, no vale la pena que te escuche. Como el Príncipe de Gales sentía mucho afecto por el duque, le puso la mano sobre el hombro al acompañarlo a la puerta. Tan pronto el duque subió a su carruaje, indicó a su cochero que lo llevara hacia la calle Green. Al detenerse el vehículo, se bajó rápidamente con las flores y la carta para Cleodel en las manos. – Vete a casa – indicó al cochero – Yo regresaré caminando. El aludido se sorprendió primero, y después lo consideró divertido. Debido a sus muchos años de entrenamiento no demostró sus sentimientos y pudo mantener el rostro inexpresivo. El duque esperó hasta que el vehículo estuviera fuera de su vista y después caminó por las caballerizas que desembocaban en la parte trasera de la Casa Sedgewick. Sabía que detrás de las casas de la calle Green había un jardín, en el que solía sentarse con frecuencia cuando asistía a los bailes y besaba a sus parejas bajo los discretos arbustos o a la sombra de un árbol frondoso. Una puerta de los jardines daba a las caballerizas, pero siempre se mantenía cerrada con llave. Como el duque era un excelente atleta que mantenía su buena condición física con equitación, esgrima y boxeo, a pesar de lo ceñido de su ropa de etiqueta saltó con facilidad sobre el muro para caer dentro del jardín. Con satisfacción pensó al hacerlo, que ni siquiera se habían arrugado sus medias de seda, y ahora se movía a través de los arbustos que ocultaban esa parte del jardín hacia la casa Sedgewick .
  14. 14. Barbara Cartland Esposa Intocable ~14~ Era la última casa de la calle y bastante diferente de las otras porque era más antigua. En la planta baja estaba el comedor, un atractivo salón de visitas con tres ventanas francesas que se abrían hacia el jardín, y junto a él había una pequeña sala donde a veces le habían permitido estar a solas con Cleodel. Arriba de esa sala estaba su dormitorio, con un balcón igual al que, en el otro extremo de la casa, tenía el de su madre. El duque bromeó una vez con ella acerca del balcón, diciéndole que una noche Romeo le cantaría una serenata desde el jardín. Cleodel lo había mirado temerosa. – Si lo... hicieras, mi madre podría oírte y pensaría que es... una forma muy incorrecta... de comportarte. – Tal vez, pero muy romántica, mi amor, y así es como me haces sentir. – Me agrada que seas romántico, como un caballero de cuento de hadas que se enfrenta al dragón por mí. – Por supuesto, y sabes que derrotaría a todos los dragones, por feroces que fueran. – Así es como quiero que sientas. El duque pensó entonces que a Cleodel le parecería muy romántico encontrar al día siguiente, el ramo de azucenas y la carta en su balcón. Por la forma en que estaba construida la casa, él sabía que no le sería difícil escalar el muro hasta el balcón para dejar las flores donde quería. Pensó que cualquier mujer apreciaría el trabajo que se tomaba para complacerla y sabía que si hubiera hecho algo semejante en el pasado, la dama en cuestión no sólo se hubiera enternecido por su hazaña, sino que lo habría invitado a entrar. Luego se preguntó qué sucedería si, al llegar al balcón, llamaba a Cleodel y la despertaba. Estaba seguro de que era absurdo el temor que ella sentía de que su madre los escuchara. La condesa era bastante sorda y todo el centro de la casa separaba ambos dormitorios, así que aunque le gritara a Cleodel, era poco probable que su madre lo escuchara. El duque caminó entre los arbustos con el ramo en las manos y, bajo la luz de las estrellas y de una luna creciente, vio la casa con toda claridad. Entonces se detuvo. Durante un momento pensó que debía tratarse de una ilusión de óptica.
  15. 15. Barbara Cartland Esposa Intocable ~15~ Pero pronto confirmó, sin sombra de duda, que un hombre subía por una escalera que estaba apoyada en un lado del balcón. El extremo de la misma llegaba justo a la orilla de la balaustrada de piedra que rodeaba el balcón. Debido al lugar donde se encontraba, el hombre estaba protegido por las sombras. El duque pensó que se trataría de un ladrón que intentaba asaltar a Cleodel y sintió que era una gran fortuna haber llegado en el momento preciso para evitarlo. Así tendría la oportunidad de probar que en realidad era un caballero que protegía a la mujer que amaba de los desagradables dragones. Mientras se acercaba en silencio, pudo ver que el ladrón vestía de etiqueta, lo que le pareció extraño, y cuando el hombre llegó al extremo de la escalera y se impulsó sobre la balaustrada, el duque logró ver su rostro. Una vez más se detuvo en seco, incapaz de creer lo que veía. El hombre a quien creía un ladrón era, en realidad, un amigo, un miembro de su club, y apenas la noche anterior, cuando bebían juntos, Jimmy Hudson había levantado su vaso al decir: – ¡Buena suerte, Raven, y que siempre tengas tanto éxito! El duque se lo había agradecido y ahora, al observar a Jimmy levantar la pierna por sobre el balcón, sintió que debía estar soñando. En aquel momento, en la ventana del dormitorio apareció alguien de blanco. Sin duda era Cleodel, y el duque estaba seguro de que se escandalizaría y asustaría por la presencia de Jimmy. Esperó a que ella gritara, pero entonces decidió que debía aparecer y decirle a Jimmy lo que pensaba de él, para que se arrepintiera de haber intentado algo tan ultrajante. Cuando se disponía a subir por la escalera para enfrentarse a Jimmy, a menos que éste se retirara ante la furia de Cleodel, observó que, inesperadamente, ambos se habían lanzado uno en brazos del otro. El rostro de Cleodel estaba unido al de Jimmy y se besaban con una pasión que a él no le había permitido mostrar, con sus protestas, y porque temía asustarla. Fue un beso largo, que el duque observó inmóvil, petrifica. do, casi incapaz de respirar. Entonces Cleodel, casi renuente, le pareció al duque, se separó de Jimmy Y lo tomó de la mano para conducirlo hacia la oscuridad de su dormitorio.
  16. 16. Barbara Cartland Esposa Intocable ~16~ Al hacerlo sonreía, y la luz de la luna iluminó su rostro con un súbito resplandor, que la hizo aparecer más bella de lo que nunca la había visto. Luego el balcón quedó vacío, con la escalera apoyada sobre él, lo que fue suficiente para que el duque se sintiera seguro de lo que había visto y de lo que ella había hecho.
  17. 17. Barbara Cartland Esposa Intocable ~17~ CCaappiittuulloo 22 DDurante lo que le pareció un largo rato, aunque pudieron ser sólo unos minutos, el duque permaneció contemplando el balcón vacío y, mientras lo hacía, como un rompecabezas que tomara forma, comprendió cómo lo habían engañado y atrapado. No sólo era muy inteligente, también tenía una excelente memoria. Le había sido muy útil tanto en Eton como en Oxford, ya que con poco trabajo lograba premios y trofeos. Ahora, al ver desfilar su pasado ante sus ojos como si tuviera ante sí una linterna mágica, apareció Jimmy Hudson, cuando eran huéspedes en el Castillo Warwick, diciéndole que el conde de Sedgewick tenía muy buenos caballos y que él iba a pedir uno prestado para competir en la carrera de obstáculos de la localidad. – Sé un buen amigo y no entres, Raven – le suplicó – lo quiero ganar. El duque había sonreído. – ¿Cuál es el premio? – preguntó. – Mil libras esterlinas, una copa de plata y un palpitante corazón joven – contestó Jimmy con animación. El duque rió y aceptó no participar en la carrera, puesto que sabía que aunque el "palpitante corazón joven" podía resultar tentador, para Jimmy eran mucho más importantes las mil libras esterlinas. Jimmy Hudson, con quien había estudiado en Eton, era hijo de un noble que tenía una propiedad muy pequeña. Al dejar la escuela, cuando el duque se fue a Oxford, Jimmy sirvió durante cuatro años en la Brigada de Guardias, pero entonces comprendió que no tenía suficiente dinero para permanecer en el regimiento, y que eso no le permitiría lograr nada. Decidió que para llevar la vida que deseaba, lo único que podía hacer era casarse con una heredera. Logró que lo presentaran a una de las anfitrionas más renombradas de Londres, que tenía dos hijas bastante feas, pero muy ricas. Sólo que James Hudson no previó lo que lograría atraer. Era sumamente atractivo y cuando combinaba su encanto con sus buenos modales, las mujeres lo encontraban irresistible.
  18. 18. Barbara Cartland Esposa Intocable ~18~ Sin embargo, en esa casa en particular, no fueron las hijas quienes sucumbieron a su encanto, ¡sino la madre! Después de escoltarla de fiesta en fiesta, como era invitada a las reuniones más exclusivas en las que entre los invitados se encontraba el Príncipe de Gales, Jimmy logró un lugar en la sociedad que ni en sus más atrevidos sueños hubiera imaginado. Decidido a hacerse agradable no sólo a las damas hermosas sino a todos y además era un buen jugador de cartas, un excelente jinete y un divertido narrador de sobremesa, se convirtió en parte del grupo de la Casa Marlborough. Sus ganancias en el juego le permitían pagar algunas de las cuentas de su sastre y dar propinas a los sirvientes de las casas en que se hospedaba como invitado. Pero todo lo demás que deseaba lo conseguía gratis. Las damas que encontraban en él a un ardiente amante lo surtían de mancuernillas de oro y otros muchos pequeños lujos que jamás podría obtener de su escasa cuenta de banco. Al igual que el duque antes de conocer a Cleodel, Jimmy no tenía ninguna intención de convertirse en un hombre casado. Limitarse a una sola mujer, cuando era bien recibido en los brazos de muchas bellezas, sería un error ahora que se encontraba en la cresta de la ola social, para asombro tanto de sus amigos como de sí mismo. Al pensar en retrospectiva, el duque comprendió que debió haber sido antes de solicitar los caballos del conde de Sedgewick para competir en la carrera de obstáculos, que Jimmy, había conocido a Cleodel. No habría sido usual para él interesarse en alguien tan joven, pero Cleodel, como bien sabía el duque, era diferente, y el año que había pasado de luto debió haberla hecho sentirse ansiosa de emociones. Pudo haber sido Jimmy, pensó furioso, quien la instruyera en la forma de atraer y capturar al partido de más brillo social en el país. Muchas veces habían discutido sobre la forma en que las mujeres facilitaban los romances que ambos tenían con tanta frecuencia y cómo, al hacerlo así, eliminaban toda la emoción de la conquista, y la excitación de ser el triunfador en una hazaña difícil. El duque jamás mencionaba el nombre de ninguna mujer, ni indicaba que se refería a alguien en quien estuviera o había estado interesado, sino que generalizaba al decirle a Jimmy: – ¡Vamos, desearía que me lo pusieran más difícil! Ambos se habían reído de buena gana. Ahora acudían a su memoria otras conversaciones semejantes entre ambos.
  19. 19. Barbara Cartland Esposa Intocable ~19~ Comprendía que Jimmy había entendido con exactitud lo que él deseaba y lo que le resultaría fascinante por ser una experiencia nueva. En el momento que Cleodel contuvo sus avances, cuando se mostró poco ansiosa de verlo, las ocasiones en que se sintió frustrado por su indiferencia y su negativa a bailar con él... todo había resultado un reto que encontró irresistible. Debió haber sido Jimmy, pensó, quien le dijo que aunque comprometieran lo mantuviera siempre a distancia; por supuesto, ahora sospechaba que como estaba enamorada de Jimmy no tenía deseos de estar cerca de ningún otro hombre. El hecho de que lo hubieran humillado y hecho pasar por tonto, hizo que el duque sintiera deseos de subir por la escalera y enfrentarse a Cleodel y a Jimmy de tal manera que los hiciera sentir avergonzados. Luego se dijo que ésa sería una venganza demasiado sencilla. Además, daría lugar a un escándalo mayúsculo y, como no quería que el mundo se enterara de que había sido burlado por uno de sus mejores amigos, todo parecía indicar que debía seguir adelante con la boda y convertir a Cleodel en su esposa. De pronto su boca se hizo una mueca de desprecio y se dijo que jamás se casaría con una mujer que actuara como Cleodel lo hacía en esos momentos. El solo hecho de pensarlo lo hizo sentir tan furioso, que le pareció ver toda la casa, y especialmente el balcón, teñidos de sangre. Decidió que debía ser más sutil y lastimar a Cleodel y a Jimmy como ellos lo habían hecho. Forjó un plan en su mente y se volvió con lentitud hacia la puerta del jardín que daba a la calle. Tal como lo esperaba, era posible abrirla desde el interior, así que salió y comenzó a caminar por el camino desierto. Se dio cuenta de que todavía llevaba en las manos el ramo y la carta. Aplastó las flores hasta deshacerlas, rompió en mil pedazos la carta y arrojó ambas cosas a la basura. Al reiniciar su caminata, en su rostro se marcaban nuevas líneas duras, que lo hacían aparecer mayor de lo que era. AA la mañana siguiente, el duque cruzó el canal en su yate, que siempre estaba listo para zarpar en el muelle de Dover. La eficiencia que esperaba de sus empleados y que resultaba en una organización casi perfecta de sus casas y propiedades, fue puesta a prueba cuando, al volver a la Casa Ravenstock después de medianoche, envió a buscar al señor Matthews.
  20. 20. Barbara Cartland Esposa Intocable ~20~ El lacayo que estaba de servicio durante la noche se apresuró a subir a avisarle y, en menos de diez minutos, el señor Matthews se reunió con su amo en la biblioteca. Las órdenes que dio de forma breve y cortante ocasionaron que se despertara a un buen número de sirvientes que pasaron la noche haciendo maletas, que un mensajero saliera hacia Dover al amanecer y que el vagón privado del duque se enganchara a uno de los primeros trenes que salieran hacia Dover. Después de dar sus órdenes como un general que se prepara para la batalla, el duque se retiró a sus habitaciones. Al día siguiente bajó a desayunar vestido con elegancia; pero con una expresión en el rostro que sus sirvientes no le habían visto desde que se enamorara. Cuando el señor Matthews le entregó su pasaporte y una importante suma de dinero, le preguntó: – ¿Puedo preguntarle, su señoría, qué debo decir a los que me pregunten por su paradero? – Después de que envíe la noticia al "Gazette", al "Times" y al "Morning Post", como le indiqué, de que mi boda con Lady Cleodel se ha pospuesto, no tiene más que decir. – ¿Nada, su señoría? – preguntó nervioso el señor Matthews. – ¡Nada! – Si Lady Cleodel y el conde... – comenzó a decir el secretario. – ¡Ya escuchó lo que dije, Matthews! – lo interrumpió el duque. – Muy bien, su señoría, cumpliré sus órdenes y veré que todo el personal de la casa lo haga también. El duque no contestó. Se limitó a dirigirse hacia el carruaje cerrado que lo esperaba para conducirlo a la estación. Después de cruzar el canal, varios altos oficiales del ferrocarril lo escoltaron hasta su vagón privado, que se hallaba enganchado al expreso de París. Su casa de los Campos Elíseos estaba lista para recibirlo y a la mañana siguiente, un carruaje tirado por cuatro finos caballos lo condujo fuera de París, por un camino en dirección de Versalles. Su destino final no era la residencia de antiguos reyes. Sus caballos se detuvieron en una pequeña villa, frente al convento del Sagrado Corazón. A cualquiera que conociera al duque le hubiese parecido un extraño lugar para que él lo visitara. Sin embargo, otra vez lo esperaban y una sonriente monja abrió la pesada reja de hierro y lo condujo a través de los pasadizos del claustro hasta una habitación con vista al jardín.
  21. 21. Barbara Cartland Esposa Intocable ~21~ – Su señoría, el duque, Reverenda Madre – anunció la monja al abrir la puerta. Una mujer vestida de blanco, que escribía en el escritorio junto a la ventana, se puso de pie y lanzó un pequeño grito de alegría. Le ofreció ambas manos al duque y, al tomarlas entre las suyas, él se inclinó para besarla en la mejilla. – ¿Cómo estás, Marguerite? – Estoy encantada de verte, Raven, pero es una gran sorpresa. Pensé que estarías demasiado ocupado en Londres para visitar París, a menos que lo hicieras en luna de miel. Al hablar notó que los ojos de su hermano se ensombrecían y que una mueca distorsionaba su atractivo rostro. Perceptiva, como había sido siempre, Lady Marguerite se apresuró a preguntar: – ¿Qué problema tienes? ¿Qué ha sucedido? – Es de lo que vengo a hablar contigo. ¿Nos sentamos? – Por supuesto. Ordené para ti vino y algunos de los panecillos que, como recordarás, son una de las especialidades de mi convento. El duque sonrió aunque no tuvo oportunidad de contestar porque en ese momento entraba en la habitación una monja con una bandeja que contenía el vino y los panecillos. La colocó a un lado del sofá, hizo una respetuosa reverencia y se retiró. El duque miró a su hermana. jAunque era quince años mayor que él, todavía parecía una mujer joven y aún conservaba la belleza que la había convertido en un éxito social cuando hizo su debut. El finado Duque de Ravenstock y su esposa tenían absoluta confianza que su única hija, Marguerite, hiciera un brillante matrimonio. Al baile ofrecido en la Casa Ravenstock no sólo habían asistido todos los solteros aristócratas elegibles, sino también varios hijos jóvenes de monarcas reinantes y príncipes extranjeros. El hecho de que Lady Marguerite se enamorara del hijo mayor de Lord Lansdown no era lo que ellos habían esperado, pero sí aceptable. Era un poco más grande que ella y había logrado renombre en el ejército. Tenía un carácter serio, era bastante reservado y poco sociable. Su nombre jamás se había relacionado con ninguna mujer y se sabía que se dedicaba por entero a su regimiento. En el momento que vio a Marguerite, comprendió que sería la única mujer a quien podría amar y le entregó su corazón sin reservas.
  22. 22. Barbara Cartland Esposa Intocable ~22~ El duque y la duquesa accedieron a la boda y se arregló que tuviera lugar seis meses después. Marguerite, que sentía que caminaba en las nubes y vivía en el paraíso, estaba dispuesta a aceptar todo con tal de que le permitieran casarse con el hombre que amaba. Pasaban juntos todos los momentos que Arthur Lansdown podía alejarse de sus deberes en el regimiento. Entonces, dos meses antes de la boda, lo enviaron al extranjero a una misión especial en Sudán, lugar donde corrían rumores de revuelta entre las tribus. Como las hostilidades no se habían iniciado, no existía ni la más ligera probabilidad de peligro. Desgraciadamente, fue asesinado por el puñal de un loco que buscaba vengarse de algo que sólo existía en su imaginación. Para Marguerite, el mundo terminó. No escuchaba a nadie, ni aceptaba ningún tipo de consuelo que se le ofreciera. Como no soportaba permanecer en ningún lugar donde antes hubiera estado con Arthur, abandonó Inglaterra y, a pesar de todas las protestas, ingresó en un convento en Francia. Fue aceptada en la Iglesia Católica y, pese a que sus padres le rogaron casi de rodillas que se diera tiempo para reponerse de su pena, no quiso escucharlos. Antes de cumplir los veintitrés años tomó los votos irrevocables. Debido a que poseía una inteligencia fuera de lo común, y era también muy rica, a medida que los años pasaron ascendió, de novicia, a superiora de un convento en las afueras de París. Lo ocupaban monjas que provenían de familias de importancia similar a la de su padre, así como novicias que según la iglesia debían pensar y meditar antes de tomar los votos definitivos y renunciar a su libertad para dedicar su vida a la oración y la castidad. Lady Marguerite logró, además de la aprobación y admiración de su Cardenal en Francia, la del Papa y de otros dignatarios del Vaticano. El duque sabía que ella brindaba, a su manera, un servicio único en la iglesia, al dar a quienes eran inteligentes y bien nacidas como ella, la oportunidad de servir a Dios sin desperdiciar sus habilidades. Algunas de las monjas del convento de su hermana habían escrito libros que despertaban la admiración del mundo exterior. Lo mismo sucedía con los bordados y el encaje que se hacían en el convento. Cada vez que visitaba a su hermana, el duque comprendía que a pesar de que el mundo social pensaba que había desperdiciado su vida, Marguerite, en realidad, era una mujer muy feliz y por completo autosuficiente.
  23. 23. Barbara Cartland Esposa Intocable ~23~ Y su vocación le había otorgado un poder de comprensión que lo hacía sentir que era posible acudir a ella en cualquier emergencia; por eso ahora estaba allí. Lady Marguerite le sirvió vino y después se sentó a su lado para preguntarle con ternura: – ¿Qué ha sucedido, Raven? – No deseo hablar de ello. Lo que quiero es que me encuentres una esposa que sea pura e inmaculada. Si su propósito había sido desconcertar a su hermana, lo logró. Lady Marguerite no lanzó ninguna exclamación. Sólo lo miró con una expresión de sorpresa en sus ojos azules, que después se convirtió en piedad. – ¿Por qué has acudido a mí, Raven? – Porque sé que sólo aquí, entre las jóvenes que te rodean y que meditan acerca de su vocación, podré encontrar alguna que no esté contaminada por el mundo. ¿O debo decir por otros hombres? La amargura de su voz le reveló a Lady Marguerite, sin necesidad de explicaciones, lo que había sucedido. Dejó caer las manos sobre su regazo y desvió la vista antes de decir: – Si alguna vez dudé de la eficacia de la oración, ahora me convences de que siempre recibe respuesta. El duque guardó silencio. Esperó que su hermana continuara. – He orado durante algún tiempo para resolver cierto problema y, cuando menos lo esperaba y sentía que la solución se encontraba en otra dirección, llegas tú. – ¿Puedes darme lo que pido? Su hermana lazó un suspiro. – Podría. Pero al mismo tiempo, tengo miedo. No sé si deba hacerlo. – ¿Por qué no me explicas lo que piensas y la razón de tus ,raciones? Como si se perturbara su habitual serenidad, Lady Marguerite se puso de pie y se dirigió hacia la ventana. El duque esperó y un poco después, como si ya hubiera tomado una decisión, su hermana volvió junto a él. – Hace diez años – comenzó a decir volviendo a sentarse – dejaron a una criatura en las puertas del convento. La trajeron en un carruaje, pero en cuanto tocaron la campana, se alejaron. Una monja abrió la puerta y me la trajo. En su mano llevaba un sobre que contenía cinco mil libras esterlinas y una cuantas palabras escritas en un pedazo de papel.
  24. 24. Barbara Cartland Esposa Intocable ~24~ – ¿Cinco mil libras esterlinas? – exclamó el duque. – Era una gran cantidad de dinero y la carta, que te mostraré, decía: Su nombre es Anoushka. Su padre es inglés y desea que ustedes la eduquen. Sin embargo, no deberá tomar el velo hasta que tenga veintiún años y sólo si así lo desea. Se proporcionará el dinero para que tenga los mejores profesores. Marguerite calló y el duque preguntó: – ¿Eso era todo? ¿No tenía firma? – No, nada. La letra correspondía a una persona educada y creo que la escribió un inglés. El duque levantó la ceja y su hermana no pudo evitar reír. – Es sólo una suposición. Lo he pensado durante todos estos años, sin llegar a ninguna conclusión. – ¿Cuántos años? – Anoushka tiene casi dieciocho años y mi problema ha sido qué hacer con ella. – ¿No tienes intenciones de conservarla hasta que cumpla veintiún años para que se convierta en monja? – No. – ¿Por qué? – Por dos razones. Primero, porque no creo que la vida de claustro sea para ella. Posee una brillante inteligencia; es muy talentosa y tiene un carácter extraño que me resulta difícil de entender. Lady Marguerite hizo una pausa y el duque preguntó: – – ¿Y cuál es la otra razón? – – Hace dos años recibí la suma de setenta mil libras esterlinas. Desde entonces no ha llegado nada más. – ¿Habías recibido otras sumas antes? – Sí, cada dos años, desde que llegó, recibí cinco mil libras. Por supuesto, no todo se ha gastado; además, con las setenta mil libras, Anoushka es una joven de cuantiosa fortuna. – ¿Y qué intentas hacer con ella?
  25. 25. Barbara Cartland Esposa Intocable ~25~ – Ese era mi problema y pensaba seriamente en solicitar a alguna de nuestras familiares que la presentara en sociedad, para que conociera el mundo que existe fuera de los muros de este convento. Lady Marguerite dirigió a su hermano una mirada no exenta de súplica. – He orado y orado en busca de lo correcto, y ahora apareces tú. – Todo parece indicar que soy la solución a tu problema y la respuesta a tus oraciones. Lady Marguerite permaneció en silencio. – Pero te inquieta mi reputación – prosiguió el duque – y, por supuesto el hecho de que recientemente haya anunciado mi boda con otra mujer. Permíteme poner en claro que ese compromiso ya no existe. Al no recibir comentario alguno de Lady Marguerite, el duque siguió hablando: – En cuanto a mi reputación, la familia, como sabes, tiene años suplicándome que tenga un heredero. Esa es ahora mi intención; pero mi esposa debe ser, como dije antes, pura e incólume. No toleraré que ninguna mujer que no lo sea lleve mi nombre. Nuevamente, la voz del conde hizo que su hermana comprendiera con claridad lo que había sucedido. – No puedo imaginarme a Anoushka casada con alguien como tú – comentó después de un momento – Tenía la esperanza de que encontrara un hombre que la amara y a quien ella amara, sin olvidar que una de las dificultades sería que no tiene apellido. El duque levantó los hombros. –¿Qué importa eso? – En sociedad ése es un problema que puede causar inconvenientes. – Quienquiera que sea ella, creo que habría poca gente con el suficiente valor para indagar acerca de los antecedentes de mi esposa, si yo no quiero que se hable de ellos. Lady Marguerite sabía que eso era verdad. – También tenemos que pensar en la familia, Raven. Aunque estoy absolutamente convencida de que Anoushka es una aristócrata en el más amplio sentido de la palabra y de que su sangre es tan azul como la nuestra, debemos encarar el hecho de que puede ser bastarda. – Hay un buen número de bastardos que son orgullo de la historia, en especial en Francia. Lady Marguerite lanzó un breve suspiro.
  26. 26. Barbara Cartland Esposa Intocable ~26~ – Siento como si se tratara de resolver un problema que es demasiado grande para mí. ¿Cómo podía imaginar, mientras oraba por el futuro de Anoushka, que se encadenaría al tuyo? Miró suplicante a su hermano al decirle: – ¿Hago lo correcto, Raven? ¿O me he dejado llevar por tus palabras? Tal vez me equivoco al pensar en una vida para ella fuera de estos muros. Al mismo tiempo, mi experiencia me ha enseñado a saber si la vida del claustro es adecuada para una joven o si debe vivir de manera diferente y, sobre todo, conocer la felicidad de tener un esposo y... niños. Un ligero temblor recorrió a Lady Marguerite cuando pronunció la última palabra, lo cual indicó al duque que, si bien él no se había percatado antes de ello, continuaba fiel al recuerdo del hombre con quien había estado comprometida. Por haber conocido lo que parecía un amor completo y perfecto, nunca lo olvidaría. – Creo, Marguerite, que contestaste tus propias preguntas y que en lo que se refiere a la joven puedes confiar en tu instinto, que con frecuencia brinda mejor guía que la lógica que nos ofrece nuestro propio cerebro. Lady Marguerite sonrió. – Gracias, Raven. Es un cumplido y me agrada pensar que tienes razón. Mi instinto me indica que Anoushka pertenece a un mundo más amplio que el que puedo ofrecerle. Al mismo tiempo, debes darte cuenta de que ella no sabe nada de la vida que llevas y a la cual la conducirás. De pronto, Lady Marguerite se levantó de la silla y agregó: – Ahora hablamos como si todo estuviera decidido entre nosotros. Me concentré en lo que me pedías y no razono como es debido. ¿Cómo es posible pensar en que te cases con una muchacha a la que jamás has visto y que no te conoce? – Ahora escuchas a tu razón y no a tu instinto. Sabes tan bien como yo que en muchos países orientales los novios no se conocen hasta el día de la boda. Pero aunque la conociera, dudo de que la joven, y quienes la tuvieron a su cargo, tú en este caso, rehusaran la oportunidad de que se convierta en duquesa. – Eso es cinismo, Raven. – Y también un punto de vista práctico. – Todavía no puedo explicarme cómo, después de que llegaste con una petición tan absurda, nos hayamos sentado a discutirla como si se tratara de algo usual y frecuente. – Puede ser algo extraño, pero no es ridículo. Y resulta que yo acudo a ti en busca de ayuda y tú tienes precisamente lo que necesito.
  27. 27. Barbara Cartland Esposa Intocable ~27~ – ¡Espera! Vas demasiado rápido. Primero debes conocer a Anoushka. Después debes decidir si puedes casarte con una joven que no tiene apellido sin que la familia haga un escándalo porque no se la consultó. – Pongamos las cosas en claro. ¡No pienso consultar a nadie en lo que se refiere a mi matrimonio! Y no me importa la familia ni nadie más. Mi intención es casarme de inmediato. No voy a explicarle mis razones, a ti ni a nadie. Sóló diré que es algo que voy a hacer y nadie podrá impedirlo. Había algo tan imperioso en la voz del duque y cierta inflexión que hicieron que Lady Marguerite lo mirara con aprensión. Por primera vez, le pareció que su hermano se mostraba implacable y cruel. Sus ojos tenían una expresión que jamás le había visto y que la hizo comentar: – Sin importar qué te haya lastimado, Raven, no permitas que te amargue la vida. Hiciste muchas cosas que es imposible no desaprobar; pero siempre fuiste amable y generoso y, como has sido feliz, brindaste felicidad a los demás. Puso la mano sobre el brazo de su hermano. – Sé que sufres – continuó con suavidad – pero los que son inocentes de lo que te lastimó, no deben sufrir por ello. – No sé a qué te refieres – respondió el duque a la defensiva. – Creo que sí lo sabes. Y recuerda, el odio es un boomerang que siempre, con el tiempo, vuelve para lastimarnos. – No he aceptado odiar a nadie. Sólo intento vengar un insulto de una manera que me parece muy efectiva. – ¿Provocarás la infelicidad de alguien? – Con toda sinceridad, así lo espero. – Tú no eres así, y quizá porque has sido tan afortunado en la vida, llegó el momento en que debes pagar, como todos, por lo que has recibido. – Has olvidado lo que dice tu Biblia – dijo el duque, burlón – : "Ojo por ojo y diente por diente". ¡Eso es justicia! – Si lees unos cuantos versículos más, encontrarás que dice que debes perdonar a tus enemigos. – Tal vez lo haga, pero sólo después de que reciban su castigo. Lady Marguerite suspiró. – Tengo la sensación, Raven, de que juegas el papel de juez y verdugo, lo cual es un error.
  28. 28. Barbara Cartland Esposa Intocable ~28~ – ¿Cómo puedes estar segura? Ahora lo único que deseo es conocer a Anoushka. Al hablar comprendió que Lady Marguerite lamentaba haberle hablado de ella; que incluso se arrepentía de las oraciones que había elevado en busca de una solución para su problema. El duque tomó entre las suyas una de las manos de su hermana. – Deja de preocuparte, Marguerite. Como dices, he cometido muchos actos reprobables en mi vida y me he ganado una reputación que, sin duda, ha escandalizado a los miembros mayores de la familia. Pero nunca, hasta donde recuerdo, he hecho nada sucio ni me he comportado de una forma deshonrosa con una mujer que me brindara su confianza. La inflexión de profunda sinceridad que contenía la voz del duque hizo que su hermana lo mirara con atención. Entonces sonrió. – Sé que es verdad lo que dices, Raven, así que confiaré en ti. Por supuesto, eres tú quien debe decidir si deseas casarte con Anoushka, si ella es la persona adecuada para ti. – ¡Así es! – exclamó el duque. Su hermana se puso nuevamente de pie. – Iré a buscarla. Si no es lo que esperas o lo que deseas, tendrás que buscar en otro lugar. El duque no contestó y cuando su hermana salió de la habitación se sirvió otra copa de vino y fue hacia la ventana. No veía el sol brillante, ni a las monjas que, con sus ligeros hábitos blancos, parecían flores en el bien cuidado jardín. En cambio, le parecía tener frente a sus ojos el rostro de Cleodel a la luz de la luna sonriéndole a Jimmy mientras lo conducía desde el balcón a su dormitorio. Los dedos del duque se cerraron con fuerza sobre el tallo de su copa, y sólo cuando escuchó un leve crujido se dio cuenta de que lo había roto. Y mientras intentaba evitar que se derramara el vino sintió deseos de tener entre sus manos el cuello de Cleodel, para estrangularla. Por primera vez en su vida se sentía capaz de asesinar a alguien y comprendió que lo que deseaba era, sin duda, "ojo por ojo", como pago del asesinato de sus ideales. Porque eso era lo que Cleodel había matado: los ideales que con su juventud y belleza había resucitado en su interior, después de que los perdiera con su vida disipada y aventurera.
  29. 29. Barbara Cartland Esposa Intocable ~29~ Porque ella se había mostrado poseedora de todo lo que él buscaba como ideal en una mujer, la había colocado en un pedestal dentro de su corazón, que siempre había estado vacío. Pero lo había defraudado y la odiaba con una violencia superior a cualquier emoción que hubiera sentido antes. El día anterior, en el vagón que lo llevaba a París, imaginó la satisfacción que hubiera sentido si hubiese seguido su primer impulso y saltado al balcón para entrar en el dormitorio de Cleodel. Hubiera golpeado a Jimmy y a ella la hubiese aterrorizado hasta que le pidieran piedad de rodillas. No obstante, se daba cuenta de que esa forma primitiva de venganza quizá lo hubiera rebajado al mismo nivel de ellos. Lo que planeaba era mucho más sutil, mucho más inteligente y mucho más doloroso. Estaba seguro de que Cleodel ya se encontraría desconcertada y preocupada por no saber qué había pasado y por qué no se había comunicado con ella. Más tarde, esa misma mañana, su padre habría abierto las páginas de alguno de los periódicos más importantes y visto el anuncio de que el matrimonio se posponía. Al duque le hubiera gustado ver su reacción de asombro y su consternación. Ya imaginaba las preguntas, las suposiciones, las explicaciones que el conde y Cleodel tratarían de dar. Después enviarían una carta a la Casa Ravenstock y el conde iría con la exigencia de verlo y de recibir una explicación. El duque estaba seguro de que el señor Matthews seguiría sus instrucciones al pie de la letra. Los Sedgewick no podrían hacer otra cosa que esperar y tratar de encontrar respuesta a todas las preguntas que deseaban hacer, mientras los regalos de boda continuaban llegando. El duque lanzó una carcajada. Pero no fue un sonido agradable. Sí, la venganza que había planeado era mucho más inteligente y con ella lograría mucho más que con la violencia física, y cuando diera el siguiente paso de su plan, entonces sí surgirían la consternación y las especulaciones hasta convertirse en un torbellino que envolvería a Mayfair. Cleodel, que se encontraría en el centro de ese torbellino, adivinaría, con el tiempo, la razón de la desaparición de su prometido. La sonrisa se extendió sobre los labios del duque. Escuchó que la puerta se abría a su espalda y se volvió.
  30. 30. Barbara Cartland Esposa Intocable ~30~ Como había estado mirando hacia la luz del sol, por un momento le resultó difícil ver con claridad hacia el interior, pero oyó la voz de su hermana que decía: – Aquí está Anoushka.
  31. 31. Barbara Cartland Esposa Intocable ~31~ CCaappiittuulloo 33 LLady Marguerite caminó hacia su hermano y al llegar a su lado, seguida por la joven, le dijo: – Anoushka, te presento a mi hermano, el Duque de Ravenstock. Anoushka hizo una reverencia. Como el sol le daba en el rostro, el duque podía verla ahora con toda claridad y no era como esperaba. Se había sentido tan fascinado con Cleodel que suponía que cualquier joven con la que decidiera casarse sería, de alguna manera, una réplica de ella: rostro juvenil, cabello claro, ojos azules con ese aire de inocencia. Pero Anoushka era muy diferente. Era esbelta, más alta que lo común y su rostro, enmarcado por el transparente velo de novicia, era tan especial que no recordaba haber conocido a ninguna mujer que se le pareciera. Era preciosa de una manera diferente y, aunque él sabía que era muy joven, no lo parecía. Tenía una especie de belleza sin edad, de esas que sólo pueden encontrarse en una estatua griega o tal vez en los murales de las tumbas egipcias. En su rostro predominaban los grandes ojos, que parecían algo misteriosos y que no hubiera imaginado en alguien tan joven. Al observarla se dio cuenta de que su nariz recta y clásica y sus labios, podían haber sido esculpidos por un artista de la antigua Roma. Lo que no esperaba, y le resultaba muy sorprendente, era que parecía vibrar con una personalidad que sólo había visto en personas de gran distinción dentro de un ambiente muy exclusivo. Se percató de que de ella emanaban una fuerza y un poder que eran imposibles de traducir en palabras; pero cuya presencia era innegable. A la primera mirada comprendió por qué constituía un problema para su hermana y por qué no se la debería confinar dentro de los muros de un convento. El duque tuvo la extraña sensación de que era un pájaro exótico preso en una jaula demasiado pequeña para él.
  32. 32. Barbara Cartland Esposa Intocable ~32~ Entonces se dijo que era una idea tonta. Todo lo que había pedido era una joven pura e inmaculada y eso era lo que le ofrecían. Como sabía que se esperaba que hablara, dijo: – Mi hermana me ha dicho que ha vivido aquí desde hace diez años. – – Así es, monseñor. Notó que le daba el título reservado a los príncipes de la Iglesia y comprendió que era un cumplido, aunque no estaba seguro de si iba dirigido a él o a su hermana. – ¿Y ha sido feliz aquí? – Muy feliz, monseñor. – Tal vez el ambiente le pareció extraño, después de la vida que había llevado anteriormente. Anoushka no contestó y el duque comprendió que no titubeaba o que no encontraba palabras para responder, sino que mantenía silencio con toda deliberación. El duque miró a su hermana y Lady Marguerite dijo: – Cuando Anoushka llegó aquí me informó que había recibido instrucciones de no decir jamás de dónde venía y las ha cumplido al pie de la letra. El duque deseó preguntar por qué tenía que ser tan misteriosa y entonces pensó que ésa era la palabra para describirla. Era misteriosa, un enigma que intrigaba, aunque podía ser en extremo irritante. Después de un momento, observó: – Me pregunto, Marguerite, si sería posible que charlara a solas con Anoushka. Creo que te gustaría explicarle la razón de mi presencia aquí, pero es algo que prefiero hacer yo mismo. Su solicitud la sorprendió, por lo que Lady Marguerite lo miró, confusa, antes de preguntar: – ¿Crees que es... adecuado... hacerlo... tan pronto? – No veo razón para esperar, además, no tengo mucho tiempo. Los ojos de su hermano escudriñaron su rostro. Sabía que estaba preocupada, casi angustiada. Pero al mismo tiempo, como era el jefe de la familia y a pesar de todo lo respetaba, le era difícil rehusarse. – Puedes confiar en mí – le aseguró el duque con una sonrisa – no haré nada que moleste a Anoushka, ni a ti. Lady Marguerite contuvo el aliento.
  33. 33. Barbara Cartland Esposa Intocable ~33~ – Es, como bien sabes, poco convencional, pero los dejaré a solas diez minutos. Se dirigió hacia la puerta, pero antes que el duque pudiera moverse, Anoushka se apresuró, la abrió y le hizo una reverencia mientras la Madre Superiora la cruzaba. Después cerró la puerta con suavidad y se volvió para mirar al duque. Mantuvo sus ojos, que eran oscuros, fijos en su rostro. Le dio la sensación de que no lo contemplaba como un hombre apuesto y ello lo sorprendió, ya que seguramente no había visto muchos de ellos, y menos como él. Era como si su mirada penetrara más allá de la superficie, casi como si escudriñara su alma. – ¿Nos sentamos? – – preguntó el duque. Se acercó a él con una gracia que le hizo recordar a algunas mujeres orientales a las que había visto caminar sosteniendo jarras de agua sobre la cabeza y que, sin embargo, se movían como reinas. Con la mano le indicó el sofá y cuando Anoushka se sentó, con la espalda recta y los ojos fijos en él, tomó un sillón frente a ella. Se dio cuenta de que la joven tenía esa misma calma y serenidad que siempre había admirado en su hermana. Después de un momento, le dijo: – Mi hermana me ha contado su extraña historia y dice que ha decidido que ahora que ya tiene usted dieciocho años, debería salir del convento y ver algo del mundo exterior. – Me gustaría mucho. – ¿No desea tomar los votos y convertirse en monja? – Es algo en lo que he pensado; pero es difícil emitir un juicio correcto sin haber visto ese mundo, del cual conozco muy poco. – Es comprensible, y como mi hermana estaba preocupada y oraba por encontrar lo mejor para usted, creo tener la respuesta a sus oraciones y a su problema. Esperó que Anoushka le preguntara cuál era, pero ella permaneció callada, mientras lo miraba escrutadora como si, pensó él, sopesara cada palabra que decía. Como deseaba sorprenderla y tal vez asombrarla, declaró de súbito: – ¡Lo que sugiero es que se case conmigo! Era indudable la incredulidad que expresaban sus extraños ojos y sólo después de un largo silencio, preguntó: – ¿Me pide, monseñor, que sea su esposa?
  34. 34. Barbara Cartland Esposa Intocable ~34~ – Espero poder hacerla feliz y, en caso de que no lo comprenda, su posición como mi esposa, la duquesa, será una de las más importantes en Inglaterra. – ¿Y considera que soy adecuada para esa posición? – Por supuesto, tendrá mucho que aprender; pero estaré con usted para enseñarle y evitar que cometa errores. Mientras hablaba, pensó que lo había propuesto como si se tratara de un negocio, de forma demasiado seca y directa para ir dirigida a una jovencita. Pero tenía la sensación de que Anoushka prefería escuchar la verdad de modo directo, más que adornada con bellas frases, aun cuando no podía entender qué le había producido esa idea. Esperó su respuesta, en tanto pensaba con cinismo que la mayoría de las mujeres se habrían sentido embelesadas si él intentara convertir a alguna de ellas en su esposa. – Jamás pensé en casarme – respondió Anoushka con voz suave. – Si no está ansiosa por convertirse en monja, entonces el matrimonio es su mejor alternativa cuando abandone el convento. – Es una materia que no se encuentra entre mis estudios. – En ese caso, espero que lo medite. Deseo casarme enseguida por razones que no le explicaré, y como estamos en París puedo proporcionarle con facilidad un guardarropa nupcial que a cualquier mujer joven le encantaría, después de usar el hábito que ahora lleva. Pensó que ésa era una tentación a la cual no podría resistirse ninguna de las mujeres que conocía. París era el centro de la moda, y los vestidos de Frederick Worth que el duque había comprado para muchas de sus amantes, significaban tanto para ellas como las joyas que lucían en el cuello y en los lóbulos de las orejas. Sin embargo, en los ojos de Anoushka no apareció la emoción que él buscaba. – Dijo – señaló con su suave y clara voz – que me enseñará cómo ser su esposa. Pero suponga que fracaso y usted se desilusiona. El duque comprendió que lo consideraba como a uno de los maestros que, según le contara su hermana, habían contratado en especial para ella, porque había dinero con qué pagarlos. – Me han dicho lo excepcionalmente inteligente que es usted. Así que no creo que le resulte difícil aprender lo que a ambos nos parecerá interesante y divertido, y le aseguro que tengo una gran experiencia en las materias que estudiaremos juntos.
  35. 35. Barbara Cartland Esposa Intocable ~35~ Sonrió al hablar porque le parecía una manera ridícula de describir la unión entre un hombre y una mujer. Pero entonces se dio cuenta de que para Anoushka todo lo que le decía era muy en serio y que ella razonaba sobre eso. Y de pronto comprendió que, debido a la educación que había recibido, todas sus emociones estaban sometidas a su intelecto, por lo que se preguntó cuánto tiempo sería necesario para que le respondiera no como a un maestro, sino como a un hombre. Se hizo evidente que Anoushka meditaba sobre lo que le había dicho, cuando le preguntó: – ¿Tengo la opción de decidir o ya ha decidido la Reverenda Madre que deje el convento y me vaya con usted, lo quiera o no? El duque se asombró. – Estoy seguro de que mi hermana jamás la obligaría a hacer algo que no deseara – le respondió – También debo decirle que lo que le ofrezco es algo que la mayoría de las mujeres se mostraría ansiosa por aceptar. – Tengo la sensación de que cualquier otra mujer a quien usted le pidiera que fuera su esposa, monseñor, no sería tan ignorante e inexperta como yo. Por lo tanto, le sería mucho más sencillo cumplir con lo que usted necesitara de ella. – Ya le he dicho que yo evitaré que cometa errores. Y como no volveremos a Inglaterra durante un largo tiempo después de casados, tendremos oportunidad de conocernos mejor, lo que hará todo más sencillo de lo que sería en otras circunstancias. De nuevo se hizo el silencio. Al fin, Anoushka lo rompió: – ¿Puedo tomarme un poco de tiempo, monseñor, para pensarlo? – Por supuesto, pero creo que lo que quiere decir en realidad es que desea rezar. Anoushka le dirigió una ligera sonrisa. – Aquí, en el convento, ambas cosas son lo mismo, y es más fácil pensar en la capilla. El duque se puso de pie. – Muy bien. Entonces sugiero que vaya a la capilla. Yo esperaré aquí hasta que esté lista para darme una respuesta. Sintió que la presionaba. Pero era lo que necesitaba para cumplir su propósito, que era llevar a cabo lo más pronto posible su venganza contra Cleodel. – Trataré de no tomar más tiempo del necesario – respondió Anoushka con su voz suave y tranquila.
  36. 36. Barbara Cartland Esposa Intocable ~36~ Lo miró directamente a los ojos mientras hablaba, hacía una reverencia y se dirigía a la puerta. El duque no se la abrió, se quedó inmóvil observándola alejarse, porque pensaba que jamás había tenido una conversación tan extraña con ninguna otra mujer. Después se dirigió hacia la ventana, que estaba abierta, como si necesitara aire. Una vez más, a medida que planeaba su siguiente paso, que resultaría sumamente desagradable para Cleodel, aparecía en su rostro una expresión implacable. Antes de cinco minutos, volvió Lady Marguerite. – Encontré a Anoushka que se dirigía a la capilla. Me dijo que iba a pensar acerca de la proposición que le hiciste. El duque dirigió una cínica sonrisa a su hermana. – En verdad es poco usual que una mujer quiera rezar por una proposición que yo le hago. – Anoushka es diferente, como te dije antes. Y yo también lo he pensado. – ¡Y, por supuesto, has rezado! Su hermana ignoró el comentario y prosiguió: – Si Anoushka decide casarse contigo, aunque siempre existe la posibilidad de que se rehúse... – ¿En serio, Marguerite – la interrumpió el duque – sugieres que una joven de dieciocho años pueda negarse a convertirse en Duquesa de Ravenstock? – Tú y yo sabemos lo que eso significa; para Anoushka es sólo un nombre. Recuerda, Raven, que ella no sabe nada del mundo, excepto lo que ha aprendido en los libros y te aseguro que los que entran en este lugar se seleccionan con mucho cuidado. El duque no contestó y ella continuó: – Para Anoushka será como llegar de un planeta lejano, donde no se sabe nada de las cosas ordinarias que conforman tu vida diaria, como las carreras de caballos, los naipes, los bailes, las cenas y el teatro. Hizo una pausa antes de seguir. – Tú y yo sabemos lo que es eso y cuando hablo de ello vienen a mi memoria los recuerdos de lo que hemos visto y hecho. ¡Pero para Anoushka no son más que palabras de dos o más sílabas! Lady Marguerite se interrumpió para ver si su hermano le prestaba atención, antes de terminar:
  37. 37. Barbara Cartland Esposa Intocable ~37~ – No puede, por mucha imaginación que tenga, hacerse una idea de lo que son esas actividades o de la gente que participa en ellas. Su hermano no contestó, así que prosiguió: – Ahora que he tenido más tiempo para pensarlo, la idea me parece absurda. Vete, Raven, y encuentra a otra joven que haya sido educada como lo fuimos nosotros. Su voz se suavizó al añadir: – Sé que algo te ha lastimado; pero no creo que el casarte con Anoushka te haga sentir más feliz ni le brinde a ella la felicidad que merece. – Mi intención es casarme con ella. Había una entonación inflexible en su voz, que le indicó a su hermana que sería difícil convencerlo de lo contrario. – No debí haberte mencionado ese asunto. Si se va de aquí, deseo que encuentre la felicidad. – Y pareces muy convencida de que yo no se la podría brindar. – Permíteme que te lo diga de otra manera. Deseo que encuentre el amor, el amor que yo conocí con Arthur, el amor que es tan glorioso cuando un hombre y una mujer descubren que lo han recibido como regalo de Dios. El duque se movió inquieto por la habitación. – ¿Y si ella no encuentra ese amor ideal que, como sabes, sólo llega a unos cuantos seres? ¿No sentirás que la has privado de ocupar su sitio por el cual la mayoría de las mujeres estarían dispuestas a dar sus ojos? – Entiendo lo que dices y así es, por supuesto. Al mismo tiempo, Raven, tengo miedo. Por primera vez en muchos años me siento confusa y no sé qué es bueno y qué es malo. Me haces perder la confianza en mí misma. – Escúchame, Marguerite. Vine a pedirte ayuda y me has proporcionado la que deseaba. Lady Marguerite desafió al duque con la mirada, y luego, como si no pudiera combatirlo más, cedió. – Muy bien, Raven, te permitiré que te cases con Anoushka, si ella está de acuerdo, con una condición. – ¿Cuál? – Debido a que eres un hombre de mucha experiencia, mundano y con bien ganada reputación, quiero que me des tu palabra de honor, que sé no romperás, de que te casarás
  38. 38. Barbara Cartland Esposa Intocable ~38~ con Anoushka sólo de nombre y que ella permanecerá durante tres meses, según tus propias palabras, pura e inmaculada, antes de hacerla tu esposa. – ¿Te parece que es una medida acertada? Yo siempre pensé que para que un matrimonio tenga oportunidad de ser un éxito, debe iniciarse como es debido. – El matrimonio que pretendes no es normal desde un principio. No es normal que llegues aquí y exijas una esposa que ha sido educada como novicia. Su voz se agudizó al proseguir diciendo: – Tampoco es normal que una persona en nuestra posición se case con alguien que no es de su clase o, si lo prefieres, de su círculo social y, sin duda, no es nada común que encuentres esperándote, como por obra del destino, a una chica como Anoushka. Como el duque no respondió, Lady Marguerite insistió: – Prométemelo, Raven, por favor, prométemelo. Así harás que la paz vuelva a mí y creo que, con el tiempo, eso los ayudará a ti y a Anoushka a lograr un mejor entendimiento mutuo. Su voz se quebró al añadir: – Porque te quiero, siempre he deseado que encuentres la felicidad de una manera muy diferente a como lo has hecho hasta ahora. – No es sabio pedir demasiado. – Bueno, pero ni tú ni yo nos conformaríamos con algo menos que lo mejor. – Es verdad – contestó el duque. Y pensó que eso había estado a punto de aceptar con Cleodel: algo menos que lo mejor, aunque bien disfrazado para engañarlo. Recordó lo cerca que había estado de convertirla en su esposa y lo que habría sentido más tarde, cuando descubriera que lo habían traicionado y no pudiera hacer nada. Sintió que debía estar más agradecido que furioso. – ¿Necesitas dinero, Marguerite? – preguntó de pronto – Supongo que debo expresarte mi gratitud, como siempre. Lady Marguerite negó con la cabeza. – Todavía soy una mujer muy rica, Raven, que es una de las razones por las que me permiten manejar el convento casi a mi total arbitrio. Pero me puedes agradecer con tu promesa, que todavía no me das. – Muy bien, lo prometo. – Y puedes romperla sólo si Anoushka te lo pide. – Gracias – respondió el duque, con sarcasmo.
  39. 39. Barbara Cartland Esposa Intocable ~39~ Y pensaba que jamás había conocido a una mujer que no lo invitara, con cada palabra que le decía, con cada mirada y cada movimiento de sus labios, a besarla y algo más. Se preguntó cuánto tiempo pasaría antes que Anoushka siguiera el ejemplo de todas sus predecesoras, con excepción, por supuesto, de Cleodel. ¡Pero ella tenía a Jimmy! El debió enamorarla mientras le pedía prestados sus caballos a su padre. Y quizá todas las noches que habían pasado en Londres había utilizado la escalera para subir a su balcón y compartir su cama. Una vez más, el duque vio todo rojo y sintió que la rabia hacía presa de él. Entonces oyó que llamaban a la puerta. – ¡Adelante! – ordenó Lady Marguerite. Era Anoushka. Entró en la habitación, cerró la puerta y caminó, sin apresurarse, hacia donde se encontraba Lady Marguerite. Hizo una pequeña reverencia y se quedó de pie, derecha y tranquila, esperando recibir permiso para hablar. Lady Marguerite la miró. – ¿Has encontrado la respuesta que buscabas, Anoushka? – Sí, Reverenda Madre. – ¿Quieres decirme cuál es? – He decidido que me gustaría aceptar la proposición de monseñor, pero sólo si usted, Reverenda Madre, me considera capaz de cumplir los requisitos necesarios para ocupar la posición de su esposa. – Estoy segura de que lo harías de forma muy adecuada, querida. Lady Marguerite miró a su hermano, quien se sentía como si tomara parte en una obra de teatro, en la cual no estaba seguro de si su papel era el de héroe o el de villano. El duque se acercó a ellas, tomó la mano de Anoushka y se la llevó a los labios, con respeto. – Me siento muy honrado de que me haya aceptado como esposo y haré todo lo que esté en mis manos por hacerla feliz. AAl volver a su casa en los Campos Elíseos, el duque envió a buscar a su secretario, el señor Jacques Tellier, quien manejaba todas sus posesiones francesas, y le hizo saber lo que requería.
  40. 40. Barbara Cartland Esposa Intocable ~40~ Cuando escuchó que el duque deseaba casarse a la mañana siguiente, el señor Tellier se sorprendió mucho, pero no dijo nada. – Felicitaciones, señor duque – fue su cortés respuesta – Enseguida haré los arreglos para la ceremonia civil. – Después habrá una sencilla ceremonia en la capilla del convento del Sagrado Corazón. Recordó que antes de dejar el convento, había comentado a su hermana: – Supongo que Anoushka es católica. – Asiste a nuestros servicios y recibió instrucción del padre que oficia en el convento. – ¿Qué quieres decir? – preguntó el duque, para quien la respuesta resultaba evasiva. – Siempre tuve la impresión de que antes de venir aquí, a Anoushka la educaron dentro de la iglesia ortodoxa rusa. – Su nombre es ruso, así que su madre pudo haber sido rusa. Pero ella te habrá dicho algo. Lady Marguerite suspiró. – Como ya te dije, aunque Anoushka tenía sólo ocho años cuando llegó aquí, había recibido instrucciones de no hablar nunca de la vida que había abandonado, y debido a que es tan diferente a las demás criaturas, lo ha cumplido. – ¿No te ha dicho nada? – Nada, ni de su religión, ni de dónde vivía, ni quiénes eran sus padres... ¡nada! – ¡No puedo creerlo! – Es increíble. Primero pensé que como aún sufría por la separación, no debía presionarla para que me dijera nada, porque todo surgiría con el paso del tiempo. – Pero no fue así. – Jamás ha dicho una palabra, ni mostró señal de reconocer nada, ni de saber algo más de lo que aprendió aquí. – Me es difícil creerlo. – También a mí, pero como te he dicho, es diferente a todos los niños que he conocido. – Así que tú crees que su religión es la ortodoxa rusa. – Sólo lo supongo. – En realidad es muy extraño. Supongo que no se opondrá a casarse en la iglesia católica con un protestante. – Se lo preguntaré, aunque no creo que se oponga. Sin duda ya sabe que no eres de esta fe, porque aquí todos están enterados de que yo cambié de religión cuando llegué a Francia. Sonrió antes de añadir:
  41. 41. Barbara Cartland Esposa Intocable ~41~ – Como comprenderás, las novicias jóvenes siempre están muy interesadas en saber cómo fue mi vida cuando tenía su edad. – ¿Y se lo dices? – Les digo lo que es bueno que sepan – contestó Lady Marguerite y él se rió. Al dejar el convento, el duque envió a un lacayo a uno de los más exclusivos talleres de confección de París. No valía la pena pedirle al señor Worth un vestido, pues él diseñaba modelos originales para cada una de sus clientes. Eso, decidió el duque, lo harán después. Por lo pronto deseaba que cuando Anoushka dejara el convento abandonara el hábito de novicia y se convirtiera, aunque fuera superficialmente, en una joven de mundo y llevara el tradicional vestido de novia. "Será el comienzo de su nueva vida", pensó, "y así deseo que continúe". La presencia de Anoushka no era indispensable para la ceremonia civil, así que el duque asistió a ella con su secretario como representante de la novia. Cuando los documentos quedaron listos y sellados, el oficial le estrechó la mano calurosamente y le deseó una larga vida y muchos hijos. El duque se preguntó lo que opinaría el francés si supiera que había prometido que su esposa se conservaría pura e inmaculada durante los tres primeros meses de matrimonio, tal como había salido del convento. Esa noche, cuando se retiró a dormir, se dijo que, en un sentido, era una buena idea. No deseaba tener relaciones con nadie por el momento y pensó que incluso besar los labios de Anoushka le haría recordar a Cleodel y la pasión que había sentido por ella. "¿Cómo podré olvidarla?", se preguntó, y sintió que lo perseguiría como un fantasma durante el resto de su vida. Cuando bajó a desayunar envió por el señor Tellier y le dio instrucciones para enviar una nota a los periódicos franceses con la solicitud de que se telegrafiara la noticia a Londres. Era el momento que esperaba y el punto principal de su venganza. Había escrito la nota con mucho cuidado. Su señoría, el Duque de Ravenstock, se casó ayer en una sencilla ceremonia en París. El duque y la duquesa, después de pasar unos días en la capital francesa, continuarán su viaje de bodas por el sur de Francia, hacia Niza.
  42. 42. Barbara Cartland Esposa Intocable ~42~ El duque la había escrito con su puño y letra, después la leyó y releyó para asegurarse de que era lo que deseaba. Lo único que hubiera querido era ver y escuchar la consternación que el anuncio produciría cuando se publicara en los periódicos ingleses. Al principio, pensó, sus amigos no lo creerían. Después se darían cuenta de que había algo extraño, ya que estaba muy reciente la noticia de que su boda con Cleodel se había pospuesto. No tardarían en descubrir que la novia no era la hija del Conde de Sedgewick. Entonces los rumores se esparcirían en Mayfair como la pólvora. ¿Qué pudo haber sucedido?" ¿Quién pudo ser ella?" "¿Por qué no se le dio ninguna explicación a los Sedgewick?" "¿Cómo pudo el duque, por voluble que sea, tratar así a Lady Cleodel?" Ni siquiera sus amigos más cercanos, corno Harry, sabrían la verdadera respuesta; quizá sólo Jimmy sospecharía la razón de su desaparición de Londres y su rápido matrimonio con otra mujer. Estaba seguro de que las mujeres que se habían sentido celosas de Cleodel por obtener éxito donde ellas habían fracasado y a quienes ella disgustaba porque era joven y bonita, empezarían poco a poco a adivinar lo que había sucedido. ¿Por qué habría él de huir, si eso era contrario a su manera de ser, a menos que hubiera tenido una buena razón para hacerlo? La respuesta sólo podía estar en la mujer que abandonaba. Era una venganza sumamente cruel y dolorosa porque Cleodel no podría decir ni hacer nada. Todo había sucedido con demasiada rapidez, para que pudiera fingir que había sido ella quien cambiara de parecer en el último momento; ni siquiera podría alegar que ella y el duque habían reñido. Al principio estaría demasiado aturdida para que ella, o sus padres, pudieran encontrar una excusa creíble al súbito cambio de planes y el duque no dudaba de que lo único que podrían hacer era salir de Londres y retirarse al campo. Eso significaría que, de nuevo, Cleodel no asistiría a los bailes en los cuales había sido una brillante figura. Tampoco podría asistir a las demás actividades que eran parte de la temporada social. Por supuesto, tenía a Jimmy.
  43. 43. Barbara Cartland Esposa Intocable ~43~ Pero el duque, con cinismo, suponía que Jimmy tendría graves sospechas sobre la razón de su ausencia y no haría ningún esfuerzo por consolar a la joven, a la que tan hábilmente había adiestrado. Era una venganza, se felicitó a sí mismo, que pocos hombres hubieran tenido la inteligencia de preparar, y aun menos la audacia de llevar a cabo. Para asegurarse de que nada saliera mal, envió a su secretario de regreso a Londres para que le confirmara que los periódicos habían publicado el anuncio, tal como él lo había redactado. Después de pasar dos días en la Casa Ravenstock, debía regresar para rendirle un informe de lo ocurrido. – ¿Y si alguno de los amigos de su señoría desea visitarlo en París, qué les digo, señor? – preguntó el secretario. – Dígales que estoy de viaje de bodas y no necesito la compañía de nadie más que de mi esposa – indicó el duque – Y no conteste ninguna pregunta que le hagan acerca de ella, por mucho que lo presionen. Como quería asegurarse de que no tendría, en efecto, nada que decir, lo hizo salir de París antes de la ceremonia y se preguntó en qué forma lo abordaría el conde, vacilante entre la furia y el soborno, con el objeto de obtener la información que deseaba. En el rostro del duque apareció una expresión que su hermana habría calificado de cruel, cuando, resplandeciente en su ropa de etiqueta para la boda, su carruaje lo conducía por los Campos Elíseos. Como estaba decidido a comenzar su matrimonio con Anoushka con lo que consideraba "el pie derecho", lucía la Orden de la Jarretera sobre el hombro. La jarretera también brillaba bajo su rodilla y, cuando se vio en el espejo antes de salir, pensó que era una lástima que Cleodel no pudiera verlo y darse cuenta de lo que se había perdido. Ahora comprendía que, bajo su suave y tierna apariencia, no era más que una ambiciosa oportunista decidida a llegar hasta el punto más alto de la escala social, que tantas otras habían deseado sin lograr alcanzar. ¡Y ella casi lo había conseguido! Eso era lo que enfurecía más al duque: saber que él, que siempre se había enorgullecido de su cerebro, de su intuición y casi infalible percepción cuando se trataba de fingimientos, hipocresía y engaños, hubiera caído en una de las trampas más viejas del mundo.
  44. 44. Barbara Cartland Esposa Intocable ~44~ No había hombre que no se sintiera protector y caballero con una muchacha joven e inocente; no había hombre que no se soñara un paladín de brillante armadura, preparado para combatir y matar al dragón que atemorizaba a la virginal doncella. El duque se escarnecía a sí mismo por haber sido tan ingenuo; pero Cleodel, en realidad, había interpretado su papel con mucha inteligencia y, por supuesto, Jimmy había sido un excelente maestro. "¡Malditos! ¡Malditos!", hubiera querido gritar pensando con qué cuidado debieron planear cada paso de un juego en el cual él era el premio a ganar. Sin embargo, sabía que ahora que había logrado ser el último en reír, su venganza marcaría a Cleodel tanto como si los puritanos le hubieran puesto la "A" de adúltera a fuego sobre su blanca piel. Podía verla de nuevo, con la luz en los ojos y una radiante sonrisa en los labios, al mirar a Jimmy en el balcón y comprendió que, hasta ese momento, su venganza no le había ayudado a olvidar.
  45. 45. Barbara Cartland Esposa Intocable ~45~ CCaappííttuulloo 44 EEl duque esperó en el elegante salón de su residencia a que Anoushka bajara a cenar. Una vez más lucía la elegante ropa de etiqueta con la que se había casado, aunque sin las condecoraciones, ni la Orden de la Jarretera. Mientras bebía una copa de champaña pensó que era indudable que su boda había sido bastante extraña y del todo diferente a como siempre pensó. La boda que había planeado con Cleodel habría sido uno de los principales acontecimientos sociales de la temporada; la iglesia de San Jorge hubiera estado repleta de la gente más distinguida del país y a la cabeza de los invitados estarían el Príncipe y la Princesa de Gales. La reina habría enviado su representante y numerosos miembros de varias familias reales europeas estarían presentes, lo que significaría que tan distinguida ocasión se comentara durante largo tiempo. La recepción en la Casa Ravenstock habría llenado el salón de baile y, como algunos de sus invitados preferirían pasear por el jardín, hacía meses que sus jardineros trabajaban sin descanso para conservarlo perfecto. En cambio ahora, los únicos testigos de su boda con Anoushka fueron su hermana Marguerite y una anciana monja que tocó el órgano con notable habilidad. Había pensado que las demás monjas del convento estarían presentes. Más tarde se dio cuenta de que ello las distraería de una vida tranquila y quizá haría surgir ideas inquietantes en el espíritu de las novicias. Así que al llegar al convento una monja lo condujo directamente a la capilla, donde su hermana lo esperaba. – Creo que te gustará saber, Raven, que el arzobispo de París ha venido especialmente para casarte. Lo ayudarán nuestro sacerdote y dos acólitos. Por lo demás, sólo nosotros estaremos en la capilla. El duque sonrió. – Una ceremonia sencilla, Marguerite, tal como la deseo. – Entra, yo iré a buscar a Anoushka.
  46. 46. Barbara Cartland Esposa Intocable ~46~ El duque fue hacia el interior de la capilla, que le dio la sensación de estar perfumada por la fe de los que acudían a ella a rezar. El arzobispo y el otro sacerdote vestían casullas exquisitamente bordadas, seguramente por las monjas del convento, el altar estaba cubierto de flores. El órgano tocaba suavemente y cuando sólo llevaba unos minutos esperando, su hermana avanzó por el pasillo con Anoushka a su lado. El duque se volvió para mirarlas y comprendió que, al lucir el traje de novia que le había enviado, Anoushka usaba, por primera vez desde que tenía ocho años, ropa que no fuera de novicia. El vestido tenía suaves drapeados al frente, que en la parte de atrás se unían a las capas de gasa que formaban tanto el polisón como la cauda. También había ordenado un fino velo de encaje que cubría su rostro y en la cabeza lucía una corona de azahares. No llevaba el ramo que le había enviado sino un libro de oraciones con cubierta de madreperla que, el duque sospechó, pertenecía a su hermana. Notó que Anoushka caminaba orgullosa, con la cabeza erguida, y sus ojos no miraban al suelo, como era lo usual en las novias que se acercaban al altar y al novio. En cambio, a través del velo, podía notar que lo observaba, y se preguntó qué pensaría. La ceremonia se inició y, como era una boda de religiones mezcladas, fue muy breve. El arzobispo los bendijo con tanta sinceridad que avergonzó al duque. Su matrimonio se llevaba a cabo por un acto de venganza y no podía olvidar las palabras de su hermana sobre sus deseos de que Anoushka encontrara el amor, como el que ella había conocido con Arthur Lansdown. "Seré gentil con ella y le daré todo lo que desee", prometió el duque, pero al mismo tiempo sabía que hacía algo en extremo deshonesto. Cuando la boda terminó y el duque salió de la capilla con Anoushka de su brazo, comprendió que su hermana esperaba que se marcharan enseguida. – El carruaje espera, Raven, y sólo puedo ofrecerles mis mejores deseos y rezar porque ambos sean muy felices. Miró al duque mientras hablaba y él entendió el mensaje silencioso. La besó primero en la mejilla y después en la mano. – Gracias, Marguerite.
  47. 47. Barbara Cartland Esposa Intocable ~47~ Ayudó a Anoushka a entrar en el carruaje cerrado que los esperaba y tan pronto iniciaron la marcha se volvió para mirar a su esposa, pensando que hasta ese momento no había tenido oportunidad de hacerlo. Tenía el velo echado hacia atrás, así que podía ver su cabello por primera vez. Le pareció que era oscuro, pero observó que tenía un tono indefinido, y difícilmente podía clasificarlo. Tal vez, pensó, era el resultado de que sus padres fueran de diferentes nacionalidades. Parecía tener rayos plateados contra un tono que no era ni oscuro ni claro y le hacía pensar en las cenizas de un fuego apagado. Una vez más comprendió lo diferente que era su belleza de la de todas las mujeres que había conocido. Mientras la observaba, sus ojos se encontraron y ella preguntó ansiosa: – ¿Me... veo... bien? Me siento... muy extraña, y cuando vi el vestido por primera vez, sentí deseos... de reír. – ¿De reír? Le sonrió como nunca la había visto hacerlo y de pronto su rostro pareció iluminarse y transformarse. – Me pareció gracioso que un vestido tuviera tantos adornos atrás y tan pocos al frente – le explicó. – Así es el estilo impuesto por el señor Worth, quien es el actual rey de la moda. Se dio cuenta de que Anoushka lo miraba como si no hablara en serio. – ¿Quiere decir que un hombre confeccionó este traje? – Lo diseñó – la corrigió el duque – pero tiene más de cien personas que trabajan para él. Anoushka se rió y a él le pareció un sonido muy hermoso, claro y espontáneo, por completo, diferente a la risa afectada de las otras mujeres que conocía. – No me puedo imaginar a un hombre diseñando vestidos para mujeres; pensé que era una ocupación decididamente femenina. Fue el duque quien rió ahora y ella agregó: – Anoche pensaba en que tengo muchas cosas que aprender, pero si todas van a ser como mi vestido, me resultarán muy divertidas. Era verdad, pensó el duque, y si Anoushka se sorprendería de lo que veía y oía, él estaba asombrado por sus reacciones ante el nuevo mundo, ya que, como decía su hermana, era como si llegara de otro planeta.
  48. 48. Barbara Cartland Esposa Intocable ~48~ La primera vez que hablaron estaba vestida de novicia y se comportaba con gran seriedad ante la disyuntiva de casarse o no con él. Por lo tanto, había supuesto que tendría esa misma actitud ante todo lo que fuera descubriendo, como si fuera una atenta alumna recibiendo una importante lección. Sin embargo, había tantas cosas que parecían divertirla que pronto el duque se unió a sus risas y la tarde pasó de una manera muy diferente a lo que había esperado. Descubrió que, cuando estaba animada, en especial cuando reía, su rostro adquiría una nueva belleza que lo intrigaba, mientras que el brillo de sus ojos nublaba por momentos el misterio que se adivinaba en ellos. Pero más que nada, le encantaba el sonido de su risa. A media tarde, de pronto recordó que Cleodel casi no reía y, cuando lo hacía, su risa era sólo un titubeante y bajo sonido, como si lo obligara a salir de sus labios, del mismo modo que fingía una voz tímida, juvenil y un tanto nerviosa. Al pensar en ella, el duque frunció el ceño y sus labios se comprimieron. Anoushka, que en ese momento estaba admirando las pinturas que había en la casa, se volvió para hacerle una pregunta acerca de una en especial, sobre la cual habían discutido, pero las palabras murieron .en sus labios. – ¿Qué... dije... de malo? – preguntó. – No escuché lo que me preguntabas – confesó el duque. – Pero... estás molesto. – No contigo – le contestó con rapidez – Fue sólo por algo que pensé. Trató de cambiar su expresión y trató de sonreír, pero se dio cuenta de que Anoushka lo miraba de la misma forma en que lo había hecho en el convento, sintió que penetraba en su mente y ahondaba en su alma. Como no podía evitar sentir curiosidad, le preguntó: – ¿Qué piensas? Ella no le respondió y volvió la cabeza para mirar el cuadro. – Te hice una pregunta, Anoushka. – No... no deseo... responderla... porque puede ser... algo que no quieras escuchar. – Creo que ahora y para siempre debemos establecer que, ya que estamos casados, sería un error no ser sinceros el uno con el otro. Me has pedido que te enseñe, así que tendré que decirte con franqueza si dices o haces algo mal y espero que ello no te ofenda. – No, por supuesto que no.

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