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Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas14tecnología, andamiaje que naturaliza el mito de la tecnología i...
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Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas16Para empezar, es necesario ubicarnos en el contexto del surgimi...
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Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas19El concepto de sistema sociotécnico de Bryan Pfaffenberger (198...
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Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas21muchos de los cuales presentan un fuerte arraigo indígena. Una ...
Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas22trayectorias tecnológicas de largo alcance, algunas de ellas pa...
Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas23(quinoa y kañiwa); y la naranja y el plátano en el fondo de los...
Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas242000; PIWA, 1992, 1994, 1996, 1999, 2000, 2000b). La Península ...
Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas25Por otro lado, se asumía que los primeros asentamientos asociad...
Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas26preparados para favorecer el predominio de especies comestibles...
Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas27Los campos elevados y su recuperaciónLos campos elevados antigu...
Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas28terraplenes de 2 a 4m de ancho en la parte superior del lomo, c...
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La recuperación de tecnologías andinas

  1. 1. La recuperación de tecnologías indígenas:Una deuda con nuestros pueblosINFORME FINALManuscrito para la discusión, pendiente de aprobaciónFavor no citar sin la autorización expresa del autor.Alexander Herrera∗Jarallpa, 12 de Julio de 2008∗Doctor en Arqueología, Universidad de Cambridge; miembro fundador del centro de investigación andinaPunku y coordinador del Comité de Ética del Congreso Mundial de Arqueología. Actualmente es ProfesorAsociado del Departamento de Antropología de la Universidad de los Andes, Colombia.
  2. 2. Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas2IntroducciónLa admiración por los restos materiales del pasado –las terrazas, los sistemas hidráulicos,los monumentos y las artes de nuestros antecesores indígenas- y la diversidad de papas,maíces y otras docenas de plantas y animales domesticados en Sudamérica a lo largo demás de seis mil años, son una fuente de orgullo e identidad latinoamericanos. La caraopuesta de esta moneda, comúnmente implícita, es la vergüenza por las indignascondiciones de subsistencia que las grandes mayorías en Latinoamérica afrontan, tanto enel campo como en los cinturones de pobreza de las grandes ciudades. Encarar lacontradicción entre la grandeza de un pasado “primitivo” y la pobreza de un presente“civilizado” es un aspecto ineludible del perenne proceso de construcción de identidades,no sólo en los Andes sino en todas aquellas regiones del mundo en las que pueblosoriginarios desarrollaron tecnologías productivas complejas y adecuadas al medio.Superar esta contradicción es una tarea amplia y compleja que implica auscultar la propiahistoria para determinar los orígenes de los retos del presente, a la vez que elaborarpropuestas concretas para afrontarlos.¿Cuáles son los principales retos del presente? La Organización de las Naciones Unidas(ONU) identifica ocho temas clave como Objetivos del Milenio (ODM): (i) la pobrezaextrema; (ii) la educación primaria; (iii) la igualdad entre los géneros; (iv) la mortalidadinfantil; (v) la salud materna; (vi) las enfermedades infecciosas; (vii) la sostenibilidad delmedio ambiente y (viii) el desarrollo (UN, 2005). Aunque el tema del desarrollo esimplícitamente propuesto como la principal vía de solución a los retos anteriores, lahistoria reciente de las políticas de desarrollo en América Latina (por ejemplo Arocena ySenker, 2003) muestra confusiones terminológicas y conceptuales serias que encubrenuna creciente desigualdad. Así, la confusión entre “desarrollo” y “evolución” –cultural,biológica o social- presenta la emergente desigualdad como resultado de un procesoorgánico y natural. Por otro lado, se tiende a confundir procesos sociales, históricamentesituados con promesas y programas políticos y estos, a su vez, con los sueñosindividuales y colectivos de un futuro mejor. El manejo de estas confusionesfrecuentemente forma parte de aquellos procesos políticos de cooptación que subviertenanhelos legítimos.Aclarar los principales conceptos entorno al desarrollo desde una perspectiva histórica delargo alcance ofrece fértiles puntos de partida para indagar sobre la contribución de lasciencias sociales a los procesos de transformación social, tanto para comprenderlos comopara incidir sobre ellos. La arqueología por ejemplo, entiende el desarrollo como la sumade procesos sociales e históricos, enfocando las respuestas culturales ante retos culturalesy climáticos cambiantes. Una amplia gama de complejas tecnologías hidráulicas,arquitectónicas y productivas se hallan imbricadas en milenarios procesos dedomesticación de plantas y animales, así como en una dinámica multiplicidad de paisajesy ecosistemas alterados por la acción humana. En cambio, la transformación intencionalde la sociedad, idea de efectuar “desarrollo” mediante políticas globales, estatales,sectoriales, partidarias o comunales, supone la existencia de doctrinas y proyectos defuturo. A diferencia de los desarrollos sociales del pasado, procesos finitos en busca de
  3. 3. Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas3interpretación, las promesas políticas de desarrollo son apuestas por el poder en uncontexto neoliberal basadas en el credo del stewardship –la delegación de poder enmanos de representantes- como base del contrato social. Desde una perspectiva de largaduración, la ecuación de pobreza con subdesarrollo es un fenómeno reciente, surgido enla época de posguerra, por lo que resulta poco útil –incluso absurda- como herramientaconceptual.Los paisajes culturales andinos atestiguan un notable manejo del agua, del suelo, de lapiedra y de los bosques por parte de sus antiguos pobladores originarios. Los caminos,canales, terrazas y corrales antiguos no son, sin embargo, meros relictos del pasado -talcomo propugna la museización exotizante desplegada en aras del turismo receptivo (verpor ejemplo Silverman, 2002). Las prácticas y tradiciones campesinas vinculadas a lautilización de este patrimonio son puentes vivientes entre el pasado y el presente,frecuentemente idealizados pero pocas veces comprendidos. Esta incomprensión, plagadade preconceptos, es uno de los principales retos que la antropología del desarrollo y laarqueología para el desarrollo deben afrontar, aunque para ello sea necesario cuestionartanto la idealización de “lo andino” y su pasado, como la fe en las tecnologías modernasy las actuales doctrinas del desarrollo.El antiguo complejo ferroviario de Uyuni (Provincia de Oruro, Bolivia), hoy convertidoen impactante cementerio de trenes (Figura 1), es un sitio arqueológico de la eraindustrial que materializa la fe en las modernas tecnologías de transporte que guiaba laspolíticas de desarrollo de fines del siglo XIX. La construcción de la línea férrea a la costa,impulsada por el afán de desarrollo de una emergente clase industrial, implicó ladestrucción de algunos de los bosques más altos del mundo –de Keñwa (Polylepistarapacana)-, no obstante su importancia ecológica y acuífera para las extensas punasáridas y saladas de pajonales y tolares del sur andino, reconocida tanto por losespecialistas como por las poblaciones indígenas del presente y el pasado. En laactualidad los bosques altoandinos de Keñwa, parcialmente protegidos en parquesnacionales como el Parque Nacional Natural Sajama (véase Capítulo 3), abarcan menosdel 8% de su área potencial (Fjeldså y Kessler, 1996). Necesitarán siglos para recuperarsede una miopía política pasajera cuyas secuelas, sin embargo, continúan exacerbando lascausas para la migración del campo a las ciudades.La pérdida de diversidad biótica va de la mano con la pérdida de diversidad cultural, puesrepresenta un otro obstáculo para la reproducción de aquellas maneras de relacionarsecon el entorno, surgidas a lo largo de milenarios procesos de desarrollo cultural. En losAndes centrales antes de la conquista, el acceso al agua era considerado más importanteque el acceso a la tierra. Ciertas montañas, glaciares, lagos y manantiales eran sagrados -y en muchos lugares aún lo son- pues eran los lugares de residencia de deidades,ancestros y espíritus cuyas relaciones de parentesco mítico con los humanos legitimabanlas negociaciones entorno al acceso al líquido vital. La introducción colonial de unrégimen jurídico basado en la propiedad exclusiva y excluyente de la tierra; la drásticareducción demográfica en los siglos XVI y XVII y la reubicación forzosa de la poblaciónindígena en pueblos diseñados según los criterios peninsulares de la época, son hitosclave del desarrollo histórico del minifundio en los Andes. Ante el actual períodoclimático más cálido, inicialmente más húmedo en el entorno de los glaciares recedentes,
  4. 4. Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas4pero más seco a largo plazo, resulta pertinente reconsiderar aquellas tecnologíashidráulicas autóctonas diseñadas para administrar la disponibilidad de agua, siempreirregular y a veces errática, que caracteriza los regimenes climáticos andinos.No es este el lugar para abordar los múltiples vínculos entre la pobreza, la marginación yla pérdida de la diversidad ecológica y la diversidad cultural. La riqueza social que ladiversidad de frutos de la tierra -la agrobiodiversidad- representa, por ejemplo, es difícil oimposible de medir en dinero. Su surgimiento a lo largo de milenios y su rápida erosiónactual, son el resultado de múltiples y entrecruzadas trayectorias históricas y culturales.Sin embargo, una tarea central es comparar las prácticas culturales y formas deorganización social del trabajo en la creación y mantenimiento de las chakras y loscorrales antiguos, con las prácticas actuales, para dilucidar las condiciones necesarias –ambientales y sociales- para el funcionamiento de las tecnologías indígenas. Al estudiarlas tecnologías indígenas del pasado y el presente con el ánimo de alentar su rescate, esnecesario pensar más allá de los aspectos técnicos e incluir lo social y lo cultural en lapropia definición de tecnología.Forjar la “grandeza del pasado” para apuntalar proyectos políticos nacionalistas ha sidoun objetivo histórico de la arqueología desde su primera infancia como disciplinacientífica en el siglo XIX, en las cortes reales de Berlín, Estocolmo, Copenhague yLondres. Es aún una motivación central de las arqueologías nacionales en todo el mundo.Así, al escribir las “prehistorias nacionales” -aquellas narrativas del pasado indígenaanteriores a la colonización europea promovidas y avaladas por las institucionesdesignadas como guardianes del patrimonio cultural en cada nación-estado, ymaterializadas en currículos escolares y guiones de museo- los arqueólogos “forjamosnación”.La visión de los Andes Centrales como una de las contadas regiones del mundo en quesurgieron “civilizaciones prístinas” (Fried, 1967) se basa en buena medida en unavaloración de sus tecnologías, entendidas como la suma de medios técnicos desplegadospor un sistema cultural para capturar la energía de su entorno (White, 1959; Binford,1962). Aunque “La consecuencia más evidente del progreso tecnológico ha sido el hechode que la especie humana es ahora menos dependiente de la naturaleza no humana, delmedio externo” (Childe, 1960: 148), las nociones de progreso y civilizaciónfrecuentemente implican la creencia en el determinismo tecnológico, parte de lateleología evolucionista arraigada en una visión del mundo anclada en la modernidad. Espor ello que la investigación de la tecnología es central, tanto para el estudio de la historiade la humanidad -a través de la cultura material, es decir, para la arqueología- como parala comprensión de las políticas de desarrollo basadas en la aplicación de tecnologías.Los limitados logros de los intentos de recuperación de tecnologías indígenas ytradicionales impulsados por agencias estatales y organizaciones no gubernamentales(ONG) desde la década del ochenta hacen necesario ampliar el espectro de lainvestigación arqueológica tradicional. Si bien ésta ha comenzado a mostrar la diversidadde formas sustentables en que se aprovechó el agua y el suelo en el pasado, es
  5. 5. Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas5indispensable incluir el estudio crítico de estos esfuerzos. Para ello será tambiénnecesario liberar a la arqueología de las políticas y discursos nacionales de turno.El objetivo central de este informe, a diferencia de la gran mayoría de los textosarqueológicos, no es el dar respuestas a preguntas acerca de lo que sucedió en el pasado,sino aprovechar las prácticas tradicionales entorno a la materialidad del pasado, enespecial el uso productivo intensivo y coordinado de microambientes dispersos que tantoasombrara a los primeros europeos, como una fuente de inspiración para abordar losvínculos entre las políticas de desarrollo formuladas a partir de los restos materiales delpasado, la inseguridad alimentaria (cf. FAO, 2005), el pobre manejo del agua, del suelo yde los bosques en los Andes y las identidades campesinas. Para ello, se puntualizaaquellos aspectos y procesos del pasado, que permitan comprender el funcionamiento ydevenir histórico de las tecnologías indígenas, la historia de tres décadas de trabajo sobresu recuperación y los recientes contextos de su apropiación en el ámbito de las políticasde desarrollo rural. Buscamos ante todo, realzar aquellos aspectos sociales, técnicos,ideológicos e históricos que permiten proponer la recuperación de tecnologías indígenascomo una senda para el desarrollo rural digno, autógeno y sustentable.En este trabajo se plantea el estudio de la recuperación de las tecnologías tradicionalescomo parte de estrategias de desarrollo basadas en la valoración del propio legadohistórico. Coincidimos con Arocena y Senker (2003) en que Latinoamérica es pobreporque ha desaprovechado las ventajas tecnológicas existentes, haciendo esfuerzos porimportar tecnologías foráneas antes que construir sobre las bases propias. Sin embargo,entendemos las tecnologías tradicionales como redes complejas de relaciones socialestejidas entre grupos humanos, plantas, animales y el entorno ancladas en la historia, y nocomo objetos externos a la sociedad.La base de este trabajo es el estudio de las tecnologías indígenas en los campos de laagricultura, el pastoreo, la arquitectura y la silvicultura en ocho regiones andinas ubicadasen el ámbito de las actuales repúblicas de Ecuador, Perú, Bolivia y Argentina. Laelección de temáticas y lugares obedece principalmente al afán de ofrecer un panoramaamplio de este campo de estudio. Por ello, incluye zonas en las que actualmente serealizan trabajos de recuperación de tecnologías, como la Península de Santa Elena(Provincia del Guayas, Ecuador), el altiplano del Titicaca (Provincia de Ingavi, Bolivia yRegión Puno, Perú) y el valle del Urubamba o Vilcanota (Región Cusco, Perú); áreas enlas que los trabajos realizados son o fueron incipientes, como el valle alto de Cañete(Región Lima, Perú) y la Cordillera Negra (Región Ancash, Perú); y zonas en las queexiste un notable potencial para la realización de este tipo de proyectos, pero que aún noha sido aún reconocido, como los Valles Calchaquíes (Provincia de Salta, Argentina) y laCordillera Blanca (Región Ancash, Perú).El capítulo dos presenta el marco teórico, basándose en una percepción la tecnología vistacomo un hecho social total. En primer lugar discute la visión de la tecnología, las técnicasy los saberes por parte de campesinos, agrónomos y actores del sector público y ONGdesde una perspectiva antropológica. Seguidamente aborda la evolución del concepto dedesarrollo para puntualizar la falta de claridad teórica y conceptual como un problema
  6. 6. Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas6per se – tanto político como de comunicación intercultural. Por último aborda elemergente campo académico de los estudios de Ciencia y Sociedad para mostrar elmanejo moderno del mito de la tecnología.En los capítulos tres, cuatro y cinco se presentan y discuten las tecnologías agrícolas,pastoriles y agroforestales del pasado a partir de su estudio arqueológico y los esfuerzosdesplegados para su recuperación en las ocho regiones estudiadas en Argentina, Bolivia,Ecuador y Perú. La discusión preliminar de las tres distintas modalidades derecuperación, la vía capitalista, la vía campesina y el desarrollo autogestionado da lugar,en el sexto y ultimo capítulo, ofrece una discusión –incompleta y preliminar- de losproblemas y las propuestas y perspectivas emergentes. Este panorama del potencial parala recuperación de tecnologías indígenas enfoca lo rescatable de los “rescatestecnológicos” contrastándolo con la explotación de “capacidades instaladas” en aras delturismo receptivo.Arqueología, tecnología y desarrolloLa evolución del desarrolloEn las primera páginas de Las Venas Abiertas de América Latina, una aliteración deEduardo Hughes Galeano juega con dos significados opuestos, pero usuales ambos, delconcepto de “desarrollo”. Invierte la noción economicista de “evolución progresiva deuna economía hacia mejores niveles de vida”, anclada en el Diccionario de la RealAcademia Española, desde una postura crítica frente al desenvolvimiento de ladesigualdad como algo preformado e intrínseco al proceso histórico de la modernidad. Eltrasfondo es la inserción colonial, y luego imperial, de América Latina como un espaciosubalterno en el mercado mundial iniciada hace poco más de quinientos años.Las actuales críticas al desarrollo son acaso más duras y más sofisticadas que hace tresdécadas, en cuanto tienden a cuestionar las políticas de desarrollo como parte del procesode globalización en su conjunto, entendido como la expansión del modelo económico eideología del capitalismo de libre mercado (Berman, 1989; Escobar, 1992; Max-Neef,1997; Sen, 2000). Sin embargo, los críticos no han logrado mostrar salidas claras alcentenario entrampamiento. En parte esto se debe a que mantienen la teleología implícitaen la acepción de “desenvolver”, vinculada a una metáfora orgánica, que sugiere laexistencia de algo preformado -envuelto o enrollado- que alguien debe desenrollar paraque así logre crecer y “desarrollarse naturalmente”. Nuestra revisión de estas críticas nopretende ser una “arqueología del desarrollo” (Agrawal, 2002). Deseamos más bien,mostrar los caminos por los que podría perderse una bien intencionada arqueología parael desarrollo, antes de abordar el rescate de tecnologías indígenas como un posiblecamino para profundizar y ampliar las libertades de individuos latinoamericanos,específicamente del campesinado andino. Es decir, mostrar las vicisitudes de undesarrollo en el sentido propugnado por Amartya Sen (2000).Desde la perspectiva económica el desarrollo, concebido inicialmente como crecimientoeconómico puro -el desarrollo de las fuerzas productivas planteado por Karl Marx como
  7. 7. Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas7eje fundamental de la historia humana- ha recibido numerosos calificativos que buscanresponder a las múltiples críticas de índices nacionales de desarrollo basadosexclusivamente en el crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI), la balanza comercialo el nivel de industrialización. El ineludible vínculo entre desarrollo y pobreza trae acolación el complejo problema de la definición. ¿Qué significa, entonces, desarrollo?El blanco ineludible de las más agudas posturas críticas frente al desarrollo es la nociónde subdesarrollo expresada por el presidente norteamericano Harry S. Truman (1884-1972), líder del partido demócrata en 1949. Según Gustavo Esteva (1992: 7) con eldiscurso de toma de mando del veinte de enero de ese año, dos billones de personasdejaron de ser lo que eran para convertirse en un perverso reflejo de la realidad de unapoderosa y homogenizante minoría. Cincuenta años más tarde, el faro del desarrollo,erigido por los vencedores sobre el montón de ruinas legado por la Segunda Guerramundial, continúa mostrando un camino que muchos declaran equivocado porconsiderarlo “el marco de referencia fundamental para aquella mezcla de generosidad,chantaje y opresión que ha caracterizado las políticas hacia el Sur” (Sachs, 1991: 1). Elque se pretenda vender la fumigación en bosques tropicales con glifosato, herbicidas yhongos como ayuda al desarrollo en el marco del Plan Colombia, es un ejemplo quetiende a darle la razón a quienes ven en la estructura de ideas que el “desarrollo”Trumaniano ejemplifica una sofisticada mentira que debemos tirar por la borda; no sólocomo concepto, sino como una manera de pensar la historia que aún no se ha escrito, esdecir, las representaciones del futuro.Dos de las maneras más influyentes de indexar el desarrollo en la actualidad se hallanencapsuladas en los términos desarrollo social y desarrollo sostenible. El desarrollo sociales un término forjado en reportes de la ONU durante la llamada década del desarrollo(1960-1970) en respuesta a la arbitraria separación conceptual de lo social y loeconómico durante la década de 1950. Apunta a la necesidad de armonizar elplaneamiento económico y social, pero ha dado lugar en la práctica a la difundida ideaque el desarrollo social implica, o se reduce a, reinvertir eventuales ganancias de unaprimera fase del desarrollo en ámbitos sociales -salud, educación y seguridad social, porejemplo- en el futuro cercano. El desarrollo sostenible, en cambio, es un términoambiguo, intencionalmente según algunos observadores, con dos acepciones claramentecontrapuestas. Por un lado recoge preocupaciones ecologistas planteadas desde lasdécadas de 1960 y 1970, en tanto implica "satisfacer nuestras necesidades actuales sincomprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas"(Brundtland, 1987), y es en ese sentido que la recoge la Declaración de Río de Janeirosobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de 1992. Por otro lado, sugiere lasustentabilidad del desarrollo per se, es decir, la necesidad que el desarrollo genere másdesarrollo. Esta ambigüedad prevalerte en las acepciones utilizadas, es la que permite losespacios para el lucrativo negocio del desarrollo. Este negocio multimillonario giraalrededor de la compra, venta y financiación de servicios en el mercado capitalista,principalmente “asistencia técnica”. En el participan agentes financieros como el BancoMundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, agentes políticos como los gobiernosnacionales y regionales, organizaciones no gubernamentales de desarrollo (ONGD) eincluso algunas organizaciones indígenas de segunda mano (OSM).
  8. 8. Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas8Múltiples intentos de reformar el desarrollo se han inspirado en el “intento de concebir eldesarrollo como un proceso de expansión de las libertades de que disfrutan losindividuos” de Amartya Sen (2000: 55). Se trata de ejercicios econométricos que integranvalores fundamentales, sin anexarlos o postergarlos como “extras”. Así el Programa delas Naciones Unidas para el Desarrollo elabora desde hace casi dos décadas el Índice deDesarrollo Humano (IDH), una mediada por país que integra la esperanza de vida, lastasas de alfabetización y de matrícula en instituciones educativas (primaria, secundaria ysuperior) y el nivel de vida digno, medido en términos del PBI per cápita en dólaresnorteamericanos. Este último punto es quizás el talón de Aquiles de la influyente posiciónminoritaria y reformista de Sen, así como la montaña de críticas y escasez de propuestas,lo son para los llamados post-desarrollistas.Es imposible desligar el metro de su materialidad. El desarrollo, en sus acepcioneseconómicas, es una medida capitalista, difícilmente aplicable a contextos no capitalistas.En este contexto el desarrollo de las fuerzas productivas ha pasado de ser un instrumentoanalítico, para convertirse en un objetivo en si mismo que navega a la deriva, sin másrumbo que la miope maximización de ganancias, o minimización de riesgos o pérdidas acorto plazo.Todo pareciera indicar que “el desarrollo” debe ser desenmascarado como una extensióndel sistema de explotación que profundiza la brecha entre pobres y ricos. Sin embargo, laONU mantiene muy en alto la noción, no sólo en el prólogo a la Declaración Universalde los Derechos Humanos de 1948 sino en programas en curso y nuevos, incluyendotratados de la talla del Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el CambioClimático de 1997, o el Protocolo de Kyoto (ONU, 1998) a la. El Fondo Internacionalpara el Desarrollo Agrícola de las Naciones Unidas es de particular interés en estesentido, pues especifica entre sus objetivos la recuperación de tecnologías tradicionales.¿Acaso la inversión de miles de millones de dólares anuales para enfrentar la pobrezamediante proyectos que generen desarrollo es contraproducente? Esta pregunta no puedeser abordada de cabalidad en este lugar, y el lector interesado deberá consultar lasreferencias citadas. Pero, de ser así, ¿cómo podemos pensar en la recuperación detecnologías indígenas, no capitalistas por definición, a partir de saberes tradicionales y elconocimiento arqueológico sin caer en una trampa cuyo fin último no es ayudar alprójimo sino extender al ámbito global o globalizar, la explotación capitalista mundial?El camino que exploramos aquí parte de la inconmensurabilidad de las economías desubsistencia, fundamento de la trayectoria histórica de la humanidad, y las economías demercado modernas, capitalistas. La crítica de Karl Polanyi (2003) a los modeloscapitalistas, de mercado y de estado por igual, parte del reconocimiento que los mercados“libres” son un invento reciente y único, históricamente ligado al proyecto de lamodernidad, e impulsado por influyentes sectores de la burguesía mercantil europeadesde fines del siglo XVIII.
  9. 9. Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas9Tecnologías, técnicas y saberesDifícilmente puede hallarse un mejor ejemplo, reciente y andino, de una promesa deprogreso mediada por el mito de la tecnología que el uso de un tractor como símboloelectoral por parte del ingeniero agrónomo y ex-presidente del Perú Alberto FujimoriFujimori. La fuerza del lema electoral "Honradez, Tecnología y Trabajo" se basaba enuna visión determinista de la tecnología acorde con la cosmología de la máquina: lostractores -símbolos de modernidad a la par de los ferrocarriles del siglo XIX-ineluctablemente transformarán la sociedad para bien. Efectivamente, el gobiernofujimorista dio un giro sin precedentes a la historia económica del Perú, conrepercusiones a largo plazo que incluyen una creciente industrialización y mecanizaciónde las labores agrícolas, la concomitante aceleración de los procesos de proletarizacióndel campesinado, el retroceso de los cultivos autóctonos y el abandono del apoyo estatalen pro de las tecnologías tradicionales.En la usanza vernácula actual, moldeada por la propaganda difundida en los medios decomunicación masiva, la palabra tecnología se refiere a un rango limitado de máquinasque a la vez son bienes de consumo y estatus. Ejemplos son los teléfonos celulares,reproductores de música y computadores personales, en el nivel individual; los trenesbala, satélites y misiles balísticos, en el nivel de estados nacionales. Hoy los propulsoresde las llamadas neotecnologías propugnan y alimentan creencias y esperanzas colectivas–entorno a un mayor control y mejor calidad de vida. Un reciente análisis de suimaginario (Cabrera, 2006) muestra, por ejemplo, como sus representaciones giran másalrededor de etéreas promesas de bienestar que entorno a soluciones técnicas reales aproblemas concretos.Desde la antropología la tecnología no es un agente externo a la socialidad humana, sinoun aspecto de la práctica social y cultural enmarcado en redes de relaciones sociales quese extienden a personas a la vez que involucran objetos y paisajes, todos ellos cargadosde significado. No se trata pues de una simple relación entre un hardware tecnológico yun software cultural. Esta definición antropológica de la tecnología permite enfocar losdivergentes saberes y capacidades de individuos, comunidades y agencias de desarrollo, ala vez que “desfetichizar” la noción de tecnología como un conjunto de objetos ytécnicas.El argumento central en este capítulo es que el recurrente fracaso de los múltiplesproyectos de desarrollo enfocados en la recuperación de tecnologías tradicionales yancestrales se debe principalmente a una visión de la tecnología como algo neutral yexterno a la sociedad. Pfaffenberger (1988) ha caracterizado esta actitud como la de unsonámbulo ya que, como aquél que camina dormido, la sociedad avanza de la mano de latecnología pero soñándola, guiándose sin cuestionamientos de aquella visión estándar quecaracteriza el pensamiento moderno de occidente. Entender la tecnología como unconjunto de objetos, máquinas y técnicas evaluados en términos de su eficacia, sinembargo, deja de lado la inserción en sistemas simbólicos, de los procesos mentales quesubyacen y dirigen nuestras acciones sobre el mundo material (Lemmonier, 1993). Niega,en última instancia, las implicancias de la tecnología en las esferas política, económica,legal y religiosa, y el rol estructurante de la práctica tecnológica -las escogencias de
  10. 10. Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas10Lemmonnier (1993). Niega la tecnología como un hecho social total, en el sentido deMarcel Mauss.A lo largo del siglo XX la antropología desarrolló dos enfoques principales para elestudio de la tecnología: el determinismo y el posibilismo (Ingold 1997). El primero,cercanamente asociado al evolucionismo social de teóricos como Lesley White, MarvinHarris y Karl August Wittfogel propone que la tendencia de la evolución tecnológica delo simple a lo complejo –de la punta de piedra, a la flecha, la bala y al misil nuclear- vade la mano con la complejización de las instituciones sociales debido a las demandasimpuestas a la sociedad por los sistemas tecnológicos. Bajo este enfoque, todo cambiosocial trascendente es producto de un cambio tecnológico, medible por la captación deenergía que favorece la adaptación al medio de los sistemas sociales de maneraacumulativa. La invención o adopción de la agricultura de irrigación por gravedad, porejemplo, tendría como consecuencia una jerarquización de la sociedad, llegando inclusoal surgimiento de clases sociales.El posibilismo tecnológico -asociado al relativismo cultural de Franz Boas, AlfredKroeber, Ruth Benedict y Clifford Geertz- en cambio, sostiene que no hay correlaciónnecesaria alguna entre la complejidad tecnológica y social. Las tecnologías sonsimplemente productos de la acción humana que debemos entender en el contextoespecífico de la sociedad que desarrolló cada una en particular. La adopción de tal o cualtecnología por una sociedad determinada facilitará ciertos procesos y actividades -acasoposibilitando el desarrollo de otros procesos y actividades- sin que la evolución social ytecnológica necesariamente vayan juntas en alguna dirección determinada. Así, la culturamaterial de occidente es compleja en su funcionamiento mecánico y por lo general norequiere mayor destreza corporal mientras que su sistema de parentesco es simple. Encambio, los cazadores-recolectores de la Amazonia tienen una cultura material simpleque requiere técnicas corporales muy desarrolladas para su manejo, además de sistemasde parentesco sumamente complejos.El determinismo y posibilismo tecnológicos tienen en común dos supuestos base, sinembargo. En primer lugar, la tecnología se concibe como un sistema de relacionesobjetivo, ubicado fuera del ámbito de lo social, y en segundo lugar, es posible ordenar lastecnologías en una cadena evolutiva de lo simple a lo complejo. La externalización de latecnología se basa en construcciones ideológicas vinculadas al surgimiento delcapitalismo de mercado, lo que Ingold (1997: 107-108, 118-132) ha llamado lacosmología de la máquina (machine theoretical cosmology), noción similar a la “lógicadel industrialismo” de Alf Hornborg (1992) y la “mitología de la tecnología” de BrianPfaffenberger (1988). Al igual que “lo económico”, la categoría de “lo tecnológico” es unproducto conceptual reciente e históricamente situado. Su progresiva separación de lasredes de lazos sociales en que se inserta en sociedades tradicionales es tan solo aparente,pues encubre la transformación de la institucionalidad social a favor de las fuerzas delmercado. En otras palabras, los lazos sociales de la tecnología no se rompen; sino que setransforman en detrimento de las escalas locales de integración social (comunidades ygrupos étnicos) y a favor de instituciones reguladoras de -o reguladas por- el mercado(estados, compañías). La existencia objetiva y externa a la sociedad de algo llamado
  11. 11. Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas11tecnología es altamente dudosa, acaso imposible. Representa más bien, uno de los mitoscentrales de la modernidad (cf. Misa et al., 2003). Este mito, sin embargo, no essolamente un aspecto de la fetichización de mercancías. Su análisis ofrece a la vez clavespara entender las dimensiones políticas, económicas, sociales e incluso religiosasimplícitas en la noción de “aplicar tecnologías” en el contexto de proyectos de desarrollo.Desde la perspectiva antropológica el ordenamiento jerárquico de las tecnologías no esotra cosa que una descripción del proceso mismo de externalización (Ingold, 1997: 107-8). Así, el tractor es superior al arado de tracción y éste, a su vez, superior al arado de pie,sólo en términos de su beneficio económico, es decir, de su mayor cercanía al modelosocial y económico industrial capitalista. En términos de la sostenibilidad a largo plazo dela productividad del suelo para la producción agropecuaria en el altiplano del Titicaca,por ejemplo, la superioridad del arado de pie es demostrable (Canahua et al., 2002). Sinembargo, la narrativa maestra de la modernidad, anclada en la cosmología de la máquina,impone la valoración de las otras tecnologías en sus propios términos.Para trascender la mitología de la visión estándar de la tecnología -aquella que aduce quela necesidad es la madre de la invención, que el significado de un artefacto es unacuestión superficial de estilo; y que la historia de la tecnología es una progresión unilinealde las herramientas a las máquinas-, llegar a comprender la importancia evolutiva de lasactividades tecnológicas y reconocer lo auténticamente humano en las diversasactividades tecnológicas es necesario, según Bryan Pfaffenberger (1988), dejarla de ladoy analizar sistemas sociotécnicos. El concepto de sistema sociotécnico (1988: 508) apuntaa una concepción universal de la actividad tecnológica en la que las estructuras socialescomplejas, los sistemas de actividades no verbales, la comunicación lingüística avanzada,los actores sociales y no sociales, y el uso social de los artefactos, son reconocidos comopartes de un complejo simultáneamente adaptativo y expresivo. Si bien es cierto que elsistema sociotécnico de la “era de las máquinas” difiere de sus predecesorespreindustriales, las diferencias han sido exageradas. No se trata de diferenciassustanciales, sino más bien de diferencias contextuales.Los acercamientos arqueológicos recientes al problema de la tecnología se han centradoen su materialidad, específicamente en los vínculos entre lo material y lo cognitivo; latransformación a través del tiempo de su socialidad. El estudio de técnicas demanufactura de cerámica o herramientas de piedra, por ejemplo, ha trascendido laseparación estricta y metodológica entre forma y función por un lado y estilo ysignificado por el otro (cf. Sackett, 1977; Conkey y Hastorf, 1990). El estudio de lamaterialidad reconoce que no todas las sociedades sostienen la separación conceptualentre sapiens y faber que caracteriza el pensamiento occidental, al menos desdeDescartes. En otras palabras, la separación entre los procesos mentales vinculados a laintencionalidad de un diseño -la teoría abstracta del saber- y su ejecución -el desplieguedel conocimiento práctico- no es universal, es una variable cultural.En el caso de proyectos de recuperación de tecnologías, la separación entre el saber y elhacer se replica en aquella división “estratégica” del trabajo, que sostiene las diferenciassociales. El trabajo intelectual es realizado por académicos y técnicos con formaciónuniversitaria mientras que el trabajo práctico, manual y físico por parte de trabajadores y
  12. 12. Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas12campesinos. La infundada jerarquización de estas labores, producto de esa división socialdel trabajo, conlleva a una situación perniciosa que no sólo reproduce las diferenciassociales, sino que puede profundizarlas. No sorprende que la no adopción de tecnologíasagrícolas complejas en el altiplano pueda llegar a convertirse en una estrategia deresistencia campesina.Si entendemos la separación cartesiana entre el sapiens y el faber como una estrategiaheurística en cambio, podemos explorar el saber hacer campesino como una visiónintegral de conocimiento abstracto, contextual y práctico. El manejo de la variabilidadtemporal de múltiples ciclos estacionales y de la diversidad espacial agroclimáticarequiere una gama de estrategias de previsión del clima, de coordinación táctica yrepresentación simbólica. Desde esta perspectiva, la tecnología no es un cuerpo deconocimiento acerca de objetos o técnicas para hacer algo de manera más rápida oeficiente. Se trata más bien, de los vínculos sociales existentes tejidos alrededor deobjetos, paisajes y prácticas que les dan significado y justifican su configuración cultural.Por ello, es de especial interés para la arqueología entender las tecnologías antiguas ycomparar los lazos sociales surgidos alrededor de técnicas y objetos en el pasado con lasnuevas prácticas y lazos sociales forjados alrededor de la materialidad ancestral en elpresente.La hazaña histórica del efímero estado Inka no fueron las conquistas bélicas, ni losmonumentos, ni el sistema de caminos, ni las terrazas u objetos suntuarios. Pese a lainnegable proeza inherente a la manufactura de ciertos objetos suntuarios de piedra, metaly fibra, las tecnologías andinas generalmente no se caracterizan por su complejidadtecnomecánica. Más bien, se caracterizan por su capacidad de coordinar y sincronizar enel tiempo y el espacio la realización de tareas complementarias muy diversas, labores enlas que participaban cientos, miles y hasta millones de personas a lo largo y ancho de unespacio ecológico megadiverso de decenas de miles de kilómetros cuadrados (Earls,1982, 2005).La irrupción de la conquista trastoca profundamente los sistemas de producción. Elcolapso poblacional, la introducción de nuevos animales y plantas, la reubicación forzosade la población y la introducción de un régimen jurídico occidental hacen imposiblemantener en pie sofisticados sistemas de manejo hidráulico, de selección de semillas yanimales y de transmisión de conocimientos especializados. Son pocos los investigadoresque han estudiado la riqueza de conocimientos remanentes entorno a la previsión delclima (i.e. Antunez de Mayolo, 2004), la microclimatología (i.e. Earls, 1986), lapedología (i.e. Sandor y Furbee, 1996) y las taxonomías botánicas y zoológicastradicionales andinas (i.e. Tapia, 1994).Los sistemas de conocimiento andinos han sido propuestos en diferentes momentos ylugares y por numerosos investigadores como una “alternativa endógena de desarrollo”(Restrepo, 2004: 14). En parte esto se debe al reconocimiento que antes de lacolonización europea, “la producción (agrícola) por unidad de terreno fue mayor que laactual (…), el consumo por cabeza fue mayor y más equitativo, y mucho más eficiente elsistema distributivo” (Earls, 1989: 12). Por otro lado, tras una vida dedicada al estudio dela agricultura andina, Inka y tradicional el mismo John Earls sentencia “Las estrategias de
  13. 13. Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas13desarrollo de acuerdo al modelo neoliberal no son compatibles con la preservación de lascomunidades campesinas andinas, y por eso son incompatibles con una agricultura viableen la cordillera andina tropical.” (1998: 1). Los saberes andinos forman parte de lasestrategias de subsistencia campesina y son inseparables de las formas tradicionales deorganización social y de su concepción del espacio y el tiempo.Numerosos autores han estudiado y comentado la concepción cíclica del tiempo, elaprovechamiento del espacio mediante enclaves de producción discontinuas, losesquemas de estructuración conceptual basados en opuestos complementarios, lossistemas de parentesco y la conceptualización del entorno como un ente viviente en lassociedades andinas. Por ello, no es éste el lugar para disertar sobre conceptos andinosclave como pacha kuti, la verticalidad, el tinku, el ayllu o las waka y apu. La unidadconceptual panandina que autores como Roberto Restrepo (2004) proponen es dudosa yreductiva en el mejor de los casos, o errónea y homogenizante en el peor. Es necesarioentender los marcos de referencia para el actuar campesino actual como producto de unproceso histórico dinámico y complejo.Los estudios de la ciencia, la tecnología y la sociedadLos estudios de la ciencia, la tecnología y la sociedad, también llamados estudios enciencia y tecnología o simplemente STS -por sus siglas en inglés- son un campoemergente, sobre todo en países con economías emergentes, y nace como un componenteinterno, ético y crítico de “ciencias tecnológicas” como el diseño industrial y lasingenierías. Numerosos observatorios, centros de investigación y grupos de trabajoreconocen que la tecnología, entendida a priori como un medio clave para asegurar elbienestar de la humanidad, no siempre impacta en la sociedad de manera benéfica. Es porello que reflexionan críticamente sobre el rol en la sociedad de diferentes tecnologías,sistemas y procesos tecnológicos, a partir del reconocimiento que la tecnología es unaconstrucción social anclada a un contexto humano (cf. Cutcliffe, 1990; NationalAcademy of Engineering, 2004). Sin embargo, pese a tratarse de un ámbito académicopleno de consideraciones éticas que enfoca la distribución de los beneficios y costos dediferentes tecnologías, la valoración de la tecnología como algo benéfico per se aparececomo dictum pre teórico.En este lugar buscamos mostrar las preocupaciones de STS ¿En qué dirección apuntan lascríticas de este campo científico, a la manera en que se maneja la tecnología en elpresente? ¿Cuáles son sus objetivos implícitos y explícitos? ¿Cuáles son las posibilidadesy limitaciones del acercamiento de STS y cuáles son sus implicancias?Queremos considerar la posibilidad que el campo de STS ofrece críticas constructivasque buscan reformar la base industrial del capitalismo de mercado. Su base es elconsenso -incuestionable desde los parámetros del mito- sobre de la tecnologíafetichizada y alienante en el capitalismo, encapsulada en la imagen de la tecnología comouna potente e irremplazable “locomotora del desarrollo”, representación de profundoarraigo decimonónico. El medio para promover las reformas es el manejo de unsofisticado andamiaje mitológico levantado entorno al fetiche de la máquina y de la
  14. 14. Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas14tecnología, andamiaje que naturaliza el mito de la tecnología industrial como salvaciónde la humanidad. Así, las consideraciones éticas entorno a la sustentabilidad ecológica ysocial a largo plazo de sistemas de producción, transporte y telecomunicaciones setransmutan en problemas técnicos para los cuales basta idear una solución tecnológica. Elresultado es la recreación de una tecnología glorificada qua objeto neutral y externo a lasociedad.Una revisión de 17 estudios publicados durante la primera década del presente siglo enScience Technology and Human Values, revista líder en el campo de STS, sugiere laexistencia de una marcada tendencia a reducir el contexto social de la tecnología alcontexto de uso. Asimismo, el estudio de la tecnología como un efecto de redes derelaciones sociales tiende a ser atemporal, es decir, que deja de lado la historia profundade cientos y miles de años a favor de temporalidades cortas. Esto último es quizáscomprensible en vista que el campo de STS en los Estados Unidos cumplirá 40 años en el2009 (Cutcliffe, 1990: 360). Sin embargo, el filtro analítico que preferencia las relacionesentre diseñadores y consumidores –mediadas por el mercado- difícilmente es aplicable asociedades tradicionales y mucho menos a casos prehistóricos. Es decir, no aplica para el99% de la historia de la humanidad.Para el caso de tecnologías agrícolas, por ejemplo, es necesario ir más allá de los objetosy de los sujetos para enfocar la comunidad creadora como una totalidad que abarcasujetos individuales, históricos, políticos y culturales así como lugares y paisajescargados de significados e inmersos en trayectorias históricas específicas. En estecontexto, es útil señalar los trabajos etnográficos modernos que, como Latour hiciera parael difunto proyecto de transporte masivo Aramis (1996), enfocan la labor interactiva ysituada de los inventores, diseñadores, políticos y agentes de prensa como el de unacomunidad. El enfoque en la tecnología como hecho social total es incompatible conmodelos marcados por las doctrinas de libre mercado dado que estos evalúan lacapacidad de agencia de objetos y sujetos en términos de mercancías y relaciones socialesmediadas por el mercado.En este sentido la perspectiva fenomenológica de Verbeek (2006), basada en Heidegger yLatour, es de particular interés como un novedoso acercamiento surgido de los estudiosde ciencia y sociedad para abordar la materialización de la moral. La definición detecnología como los artefactos que median la relación entre los seres humanos y susmundos de vida y experiencia, se vincula a la idea que todo artefacto tiene un guión olibretto inherente, implícito pero significativo que abarca sus aspectos estéticos,simbólicos y –ante todo- morales.Así, un plato descartable de plástico lleva implícito en su guión una decisión moral queprivilegia la comodidad inmediata de un breve -y único- contexto de uso, enmarcado porla compra y el descarte. De este modo se separan y minimizan los procesos previos deproducción y distribución, así como la posterior recolección, transporte y enterramiento oquema del objeto. Este guión de uso es radicalmente distinto a aquél de una vajilla deloza que reclama labores repetitivas, como el lavado, secado y almacenamiento.
  15. 15. Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas15El acercamiento a la socialidad de la tecnología a través del concepto de guión contemplalos aspectos normativos inherentes a la tecnología, de manera similar a algunasaplicaciones del concepto de estilo en arqueología. Se podría comparar a un eslabón en lacadena operativa o chaîne opératoire de la cerámica, o de los comportamientos asociadosa una interfaz material entre subsistemas culturales. Sin embargo, a diferencia de losmodelos antropológicos el concepto de guión se enfoca en el diseñador, quien debe seranticipatorio de la acción social dado que la acción de diseñar prescribe comportamientoscon repercusiones éticas y morales. Pensar en el impacto social de una tecnología desdeSTS implica, entonces, distinguir la finalidad y los efectos sobre la comunidad moral, enotras palabras incluir las “externalidades” –los negativos aspectos ecológicos y sociales-en las consideraciones de diseño.El problema de enfocar el contexto de uso, sin embargo, es que reduce el contexto sociala la producción y el consumo, dejando de lado los contextos sociales de producción,distribución, consumo y descarte, así como la tradición de pensamiento en la que seinscriben, es decir, los significados de los objetos. Los protagonistas de este dramatecnológico (cf. Pfaffenberger, 1992) son los diseñadores y consumidores de latecnología. Esta división, sin embargo, desliga al diseñador del consumidor como si noformaran parte de una misma sociedad, los aliena. Así, la discontinuidad reifica ladivisión del trabajo que característica a las sociedades capitalistas.Desarrollo y arqueologíaEl trasfondo de la preocupación por la recuperación de tecnologías esta marcado por dosgrandes hitos. Los paisajes culturales de los Andes y el gran potencial productivo quealbergan y que actualmente se halla en desuso, conforman el primero. El segundo hito esel rotundo fracaso que ha acompañado la gran mayoría de los esfuerzos desplegados eneste campo a partir del conocimiento arqueológico. Hubo oportunidad de constatar lamagnitud de este fracaso en una reciente visita a los campos experimentales de,camellones o suka kollu que Clark Ericsson y Alan Kolata impulsaran, a lo largo de ladécada de 1980 en Huatta, Perú y la Pampa Khoani, Bolivia, respectivamente, ambos enel altiplano del Titicaca.A partir del redescubrimiento arqueológico de esta tecnología abandonada por siglos,posiblemente antes de la expansión Inka, y la demostración experimental que los SukaKollu permiten triplicar e incluso quintuplicar la producción agrícola, programas estatalesy decenas de ONG han promovido la rehabilitación de cerca de 1.000 ha de Suka Kolluso campos elevados en la cuenca del Titicaca en las décadas de 1980 y 1990 en Bolivia yPerú. De este total en la actualidad funcionan menos de 100 ha.Quizás la pregunta que más salta a la vista es ¿Por qué han fallado estos intentos?Aunque probablemente sea más productivo preguntar ¿Qué podemos aprender de estosfracasos? La hipótesis que planteamos es que los fracasos se deben en gran medida a lafetichización de la tecnología, imbricada en la “ideología de la máquina”, que acompañael desarrollo de la modernidad. Aprovechada con fines políticos por actores estatales y nogubernamentales, esta fetichización ha dado cabida a un asistencialismo estéril.
  16. 16. Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas16Para empezar, es necesario ubicarnos en el contexto del surgimiento de la preocupaciónpor la recuperación de tecnologías como una alternativa de desarrollo en la que laarqueología puede –y debe-participar activamente. ¿Cómo se inserta esta preocupaciónen la autopercepción de la disciplina arqueológica? La respuesta inicial es que hay grandivergencia de opinión al respecto, desde quienes consideran que los arqueólogos noestamos preparados para abordar la temática del desarrollo –por lo que no deberíamosparticipar (ésta fue la opinión vertida por varios colegas en el foro estudiantil sobrearqueología y desarrollo llevado a cabo en la Universidad Nacional Mayor de SanMarcos UNMSM en el año 2005 (Bazán et al., 2008: 283)- hasta quienes vemos en estaarqueología aplicada, un potencial para ampliar el rango de acción de nuestra disciplina yhacerla más relevante para el presente.Para aclarar estas grandes divergencias, es necesario tratar brevemente el gran giroconceptual que la arqueología ha dado en las últimas décadas. Si bien las definicionesmás recurrentes de ¿qué es la arqueología? gravitan entorno a la idea de la arqueologíacomo “la ciencia del pasado”, y el debate –principalmente anglosajón- entre laarqueología procesual científica de línea dura basada en la filosofía positiva de AugusteComte (Lewis Binford, Colin Renfrew y Michael Schiffer, entre otros) y la arqueologíapost-procesual interpretativa o contextual, basada en la teoría filosófica crítica asociadacon la Escuela de Frankfurt (Ian Hodder, Michal Shanks y Cristóbal Gnecco, entre otros).No es necesario ni posible reseñar aquí un debate que aún continúa, pero es importanteseñalar el objetivo y el resultado centrales de la crítica post-procesual. Su objetivoulterior es distanciarse críticamente del legado colonialista inherente al estudio del “otro”-fundamental para el surgimiento de la arqueología y la antropología en el siglo XVIII-reconociéndola como una extensión de la mentalidad colonial europea. Esta preocupaciónha conducido a la exploración de nuevos cánones ontológicos e interpretativos, desde laobra de Michel Foucault, Pierre Bourdieu y Anthony Giddens hasta la hermenéutica deHans-Georg Gadamer y el realismo crítico de Roy Bhaskar.Este vigoroso desarrollo teórico ha llevado a una mayor preocupación por la teoríaarqueológica y cómo ésta puede incidir sobre la teoría social en su conjunto. Por otrolado, ha enfocado los vínculos, imaginarios y dialécticas, entre el pasado y el presente,ampliando la práctica arqueología para incluir preocupaciones en torno al “pasado en elpresente”. En América Latina, la crítica del positivismo en la arqueología y laantropología, sin embargo, antecede en varias décadas a los debates impulsados por losllamados neo-marxistas en el Reino Unido. En 1974 L.G. Lumbreras publica LaArqueología como Ciencia Social, obra clave de la llamada arqueología sociallatinoamericana (ASL) (Lumbreras, 1974, 2005), conjuntamente con los trabajos deManuel Gándara y Luis Felipe Bate, entre otros (véase Patterson 1984; Politis 2003;Aguirre 2005; Tantaleán 2006). Este libro se basa en su lectura de Vere Gordon Childe,José Carlos Mariátegui y Emilio Choy; y combina elementos del marxismo clásico de lasegunda internacional (Heinrich Cunow, Vere Gordon Childe y Karl Wittfogel) con elmarxismo estructural de Louis Althusser, popularizado en América Latina a partir de laobra de su estudiante chilena, Martha Harnecker. La importancia de resaltar sus raícesteóricas radica en el rol central que la ASL –y otras tendencias marxistas- le concede a la
  17. 17. Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas17tecnología como una suerte de marcapasos del progreso de la humanidad. Su inspiraciónes la obra de Childe: “El progreso que la arqueología puede definir confiadamente es elprogreso de la cultura material, del equipo. Gracias al mejoramiento de este último lassociedades humanas han conseguido adaptarse con creciente éxito a sus diversos medios,y posteriormente adaptaron los distintos medios a sus propias y cambiantes necesidades”.(1960: 143).Para Childe, el progreso de la cultura material trae consigo, en última instancia, unacreciente libertad individual. La obtención de alimentos, principal preocupación -supuestamente- de los “salvajes” pre-neolíticos, daría paso a una especialización deoficios y a una gran diversidad de actividades, gracias a la realización de obrastecnológicas que permiten un control más eficaz sobre el medio. “(…) el desarrollo de lacapacidad de hacer y de realizar (…) es un reflejo del desarrollo del conocimiento delmundo. Los procesos técnicos que la arqueología estudia (…) son todos y cada unoaplicaciones de la ciencia, es decir, de un tipo eficiente de conocimiento y experienciasistematizados del mundo exterior.” (Childe, 1960)La introducción de conceptos analíticos del materialismo histórico a la arqueologíalatinoamericana, estuvo enfocada en reintroducir el estudio de los pueblos del pasadocomo un elemento central del marxismo, tal como lo fuera a fines del Siglo XIX. Sinembargo, Lumbreras también sostiene la necesidad de entender la arqueología como unapráctica política en el presente y es precisamente en este punto que los comentaristascontemporáneos hallan inspiración y coincidencias al criticar el imperialismo académico(v.g. Valdieso 2006) y los discursos hegemónicos (v.g. Navarrette 2006).Pese a su éxito como eje articulador de la política cultural del gobierno del generalVelasco Alvarado y a la inspiración que diera a sucesivas generaciones de estudiantes dearqueología, la principal crítica hacia la ASL, sin embargo, se ha centrado en la carenciade propuestas metodológicas concretas para impulsar la transformación social anheladamediante la práctica arqueológica, motivo por el cual hoy se considera una posiciónminoritaria y marginal, incluso en México y en el Perú.Quizás la diferencia fundamental entre las arqueologías latinoamericanas y aquellas deEuropa y Norteamérica, es que las primeras en particular, y aquellas de los países del suren general, conciben su objeto de estudio de manera distinta. En vez de estudiar al otroque se encuentra lejos, estudian prácticas y culturas que forman parte de su propiasociedad. Es en parte por ello que, cuando se habla de recuperación de tecnologías, seentienden cosas muy distintas en Latinoamérica y Europa. En el Reino Unido el términose asocia con la arqueología experimental, el tallado de herramientas de piedra o maderacon técnicas antiguas o la cría de antiguas razas de animales domésticos, por ejemplo. EnLatinoamérica en cambio, se refiere principalmente a tecnologías productivas, como laagricultura, el pastoreo y la silvicultura. Esta divergencia muestra la profundidad delcompromiso social con el presente que la ASL reclama y que –en el Perú- se manifiestaen activos círculos de estudiantes como el Instituto Cultural Runa o la Asociación Supay.
  18. 18. Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas18Para concluir esta discusión sobre como encaja en la autopercepción de la arqueología yla recuperación de tecnologías, y entrar de lleno en el ámbito del desarrollo, es necesarioabordar el rol que la arqueología y la antropología le confieren a la tecnología como unpivote del cambio cultural.Arqueología y tecnologíaLa arqueología -entendida como una disciplina especializada en el estudio de la culturamaterial- ha desarrollado un profundo entendimiento de las diversas tecnologíasdesarrolladas por los seres humanos. Gran parte de los más importantes desarrollos anivel teórico, sin embargo, se han llevado a cabo en el vecino campo de la antropología.Así, la teoría del don como prestación total de Marcel Mauss, incide sustancialmente enel carácter mágico de los objetos, acaso de una manera más elocuente que el análisis de lamercancía de Karl Marx.Lo primero que hay que resaltar es la insuficiencia del tratamiento antropológico de latecnología (Dobres y Hoffmann, 1999; Lemmonier, 1993; Pfaffenberger, 1988, 1992a,1992b; Hornborg, 1992; Ingold, 1997); tendencia que la emergente arqueología cognitivaestá en proceso de revertir. Existen tres tendencias básicas en el tratamientoantropológico de la tecnología. En el determinismo tecnológico se privilegia la idea deque todo cambio social es producto de un cambio tecnológico. Esta tendencia espropugnada por Gordon Childe y la Arqueología Social Latinoamericana. Elsonambulismo tecnológico propone grosso modo que “La tecnología no es buena ni mala,todo depende del uso que se le de”. En tercer lugar esta el "posibilismo" tecnológico, enel cual se considera que la tecnología es un producto de la acción humana.El determinismo y sonambulismo por lo general se entremezclan en la “visión estándar”de la tecnología. Esta forma parte constitutiva del pensamiento occidental sobre eldesarrollo de la tecnología y la economía a partir de la "cosmología de la máquina".Recordemos los recurrentes intentos actuales –de amplia cobertura mediática- por buscaren las maquinas (las neo-tecnologías cibernéticas, la biotecnología, etcétera) respuestas alos problemas mundiales de alimentación, salud e incluso para el cambio climático. Deesta manera, algunos comentaristas han visto una transición global en la visión del futurode la humanidad, articulada, inicialmente, por la fe en Dios (Cristianismo), luego por la feen seres humanos (Marxismo, Liberalismo), la cual estaría siendo reemplazada por la feen la tecnología (Climent, 1999: 62).La diferenciación y relación entre las “acciones materiales” y la “mente en acción” no estrivial. Según la visión estándar, la tecnología antecede a la cultura material, es decir, sebasa en la idea de diseño o –dicho de otro modo- la intención de cambiar lo existentesegún un ideal mental. Esta división entre saber y hacer -sapiens y faber- refleja la ideaoccidental de la relación entre el trabajo intelectual y el trabajo manual: el “saber” ligadoa la teoría abstracta y el “hacer”, vinculado al conocimiento práctico. La superioridad deltrabajo intelectual es un prejuicio etnocéntrico que forma parte del bagaje cultural deoccidente. Por ende, la tecnología es una construcción cultural.
  19. 19. Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas19El concepto de sistema sociotécnico de Bryan Pfaffenberger (1988, 1992) apunta a unaconcepción universal de la actividad tecnológica humana en la que las estructurassociales complejas, los sistemas de actividades no verbales, la comunicación lingüísticaavanzada, los actores sociales y no sociales, y el uso social de los artefactos, sonreconocidos como partes de un complejo simultáneamente adaptativo y expresivo. Elantropólogo debe hacer a un lado la mitología de la "visión estándar", según la cual lanecesidad es la madre de la invención; el significado de un artefacto es una cuestiónsuperficial de estilo; y la "historia de la tecnología es una progresión unilineal de lasherramientas a las máquinas" para comprender la significación evolutiva de la actividadtecnológica, y para reconocer lo auténticamente humano en diversas actividadestecnológicas (Pfaffenberger (1992 passim). La producción de cosas (objetos, materia) y laproducción de significados es simultánea (Lemmonier, 1993). En las palabras de MarcelMauss: “Al crear el hombre se crea a si mismo. Crea los medios necesarios para subsistir,cosas meramente humanas, e inscribe en ellas su pensamiento. He aquí, elaborada, larazón práctica” (1927).Las tecnologías agrícolas andinasIntroducciónLa agricultura se ha constituido en el pilar de la alimentación humana a lo largo de laactual era geológica, y especialmente durante los últimos 10.000 años. La producciónagrícola y la población mundial han crecido muy significativamente, pero la inseguridadalimentaria continúa planteando un reto, incluso en partes del mundo como los Andes, endonde los pueblos originarios desarrollaron tecnologías agrícolas complejas y efectivaspara manejar los riesgos planteados por un medio ambiente diverso y difícilmenteprevisible.A una escala global y de largo alcance temporal, puede afirmarse que la domesticación deplantas y animales, y la creciente transformación de paisajes por parte de los pueblos queadoptaron la agricultura en distintas partes del mundo, dieron lugar a trayectoriassimilares. Entre los 10000 y 5000 años antes del presente, la mayoría de la poblaciónmundial pasó de sustentarse de una economía apropiativa, centrada en la caza, pesca yrecolección, hacia una economía basada en la producción de alimentos. Estageneralización, conocida aún como la transición entre “salvajismo” y “barbarie” -queprecede a la “civilización”- la expresó claramente Friedrich Engels en “El origen de lafamilia, la propiedad privada y el estado según las investigaciones de Lewis H. Morgan”1(Engels, 1884).No es este el lugar para disertar sobre la teleología evolucionista y el eurocentrismoinherentes al modelo adoptado por Engels hace más de cien años; baste resaltar tresargumentos para ubicarnos en el contexto intelectual del siglo XXI. En primer lugar, elpaso de una economía basada en la caza y la recolección a la agricultura y ganadería no1Título original: Der Ursprung der Familie, des Privateigentums und des Staats im Anschluß an Lewis H.Morgans Forschungen.
  20. 20. Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas20ocurre mecánicamente y existe una gran variabilidad cultural entre aquellos lugares delmundo donde ocurrió. La adopción de la agricultura no necesariamente conllevó amejores condiciones de vida. Las zonas particularmente ricas en recursos marinos comola costa oeste y suroeste de Suramérica, permitieron el desarrollo temprano de sociedadespesqueras y marisqueras estables y duraderas como Chinchorro (9000-5000AP) (Arriaza,1995, 2003; Arriaza y Standen, 2002). Más aún, la singular riqueza de recursos marinosen el litoral andino le dio un giro particular a toda la historia de la agricultura en estaregión (ver abajo).En segundo lugar, un sedentarismo marcado –el asentamiento permanente a diferencia dela movilidad de grupos de cazadores- no es una precondición para la agricultura. Lossistemas de agricultura de roza y quema ampliamente difundidos en las zonas tropicaleshúmedas del geotrópico así lo demuestran. La ausencia de agricultura, finalmente,tampoco es una limitante para el desarrollo de sociedades con formas de organizaciónsocial complejas, como puede entreverse de la rica etnohistoria de pueblos como losTlingit, Haida, Tsimshian, Kwakiutl y Nootka de la costa noroeste de Norteamérica. Ladiversidad cultural es una constante en la historia de la humanidad cuyo devenir no hapodido explicarse mediante modelos universales derivados de la evolución lineal, tal ycomo creían pensadores como Herbert Spencer, Edward Taylor y Lewis Morgan.Los avances teóricos y técnicos de la arqueología y antropología a lo largo de los siglosXX y XXI, han mostrado la utilidad heurística de los modelos universalistas para explicarla diversidad cultural del pasado tanto como su insuficiencia empírica. Actualmente,existe una multiplicidad de acercamientos, algunos derivados de la biología –como lateoría moderna darwiniana- y la cibernética -como la teoría de sistemas y la teoría delcaos o de la complejidad-, y otros de las ciencias sociales -como la teoría de la práctica yla estructuración. Por otro lado, la arqueología ha logrado excavar, identificar y fecharevidencias materiales que permiten contrastar las teorías actuales y la cultura materialpretérita, acercándonos así con mejor fundamento al surgimiento de la agricultura en lasdiferentes regiones del planeta. La transformación del paisaje andino y las grandes obrasde infraestructura agrícola en avanzado estado de abandono no son pues restosmoribundos o fósiles de una era pasada; se trata más bien de un patrimonio culturalmaterial, resultado de las trayectorias de desarrollo propias del continente americano,largas y complejas, pero débilmente comprendidas.Los esfuerzos por tecnificar e industrializar la agricultura con fines mercantilesdesplegados a lo largo del siglo XX, no han llevado a un mejor manejo de los suelos y delrecurso hídrico. Más bien han exacerbado la salinización de los campos de cultivo, el usoineficiente de la poca agua disponible, el agotamiento de la fertilidad natural de lossuelos, la erosión de la capa húmica (erosión laminar) (Figura 2), la incisión de ríos yquebradas (cárcavas) y la escasa disponibilidad de agua en el subsuelo (vide Guerrero,2005). Las persistentes y agudas deficiencias nutricionales en el ámbito rural, y elconsiderable –y creciente- volumen de la importación de alimentos básicos ejemplificanla escasa importancia de la agricultura de subsistencia en países como Ecuador, Perú,Bolivia y Argentina. Los principales perjudicados han sido los sectores campesinos,
  21. 21. Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas21muchos de los cuales presentan un fuerte arraigo indígena. Una respuesta recurrente hasido -y sigue siendo- el abandono del campo en busca de trabajo en las ciudades.Materialidades, tecnologías y saberes agrícolasEl estudio arqueológico y antropológico de las tecnologías agrícolas andinas antiguas ytradicionales, surge en la década de 1980 en el contexto de las emergentes críticas a losmodelos de desarrollo agrícola enfocados en el volumen y el valor monetario de laproducción (CEPAL, 1965; UNACAST, 1973: 115-135). Esta búsqueda de alternativasconstituye el foco de investigación más antiguo y dinámico dentro del campo de larecuperación de tecnologías indígenas. Sin embargo, los niveles de inversión en el campode las tecnologías autóctonas permanecen muy por debajo de la inversión institucionalfrente al estudio de la adaptación de técnicas foráneas, como el cultivo de especiesgenéticamente modificadas, el riego por aspersión y la mecanización industrializada. Pesea la participación de grupos indígenas y campesinos en la actual gestación -en Bolivia-del Instituto Nacional de Investigación Agrícola y Forestal (INIAF), es poco probableque este patrón histórico sea revertido a corto plazo. Sin embargo, las prognosis del PanelInternacional de Cambio Climático de la ONU (IPCC, por sus siglas en inglés), sugierenun importante aumento de la presión sobre el recurso agua, en tanto los regímenesclimáticos globales que controlan su disponibilidad a nivel local se verán severamentealterados en las próximas décadas. En vista de lo anterior y, especialmente, de lasustentabilidad y adaptabilidad de las tecnologías agrícolas autóctonas desarrolladas a lolargo de milenios2, consideramos oportuno hacer un balance de los esfuerzos por conocery recuperar estas tecnologías originales. Si bien se trata, en primera línea, de una revisiónhistórica crítica, su objetivo ulterior es fomentar la participación de arqueólogos yantropólogos en la formulación de proyectos de desarrollo sustentable en el ámbito ruralandino y aprender de los errores del pasado. La resiliencia de las tecnologías tradicionalesque nacieron del mestizaje de las tecnologías agrícolas mediterránea y andina sienta lasbases para una recuperación ajena al sonambulismo y el determinismo tecnológico.Actualmente, es posible hallar una gran diversidad de sistemas agrícolas en el áreaandina; desde grandes extensiones de monocultivos mercantiles mecanizados orientadoshacia la venta en el mercado internacional –de caña de azúcar, espárragos, arroz yalcachofas, por ejemplo-, hasta amplios sistemas tradicionales que sincronizan, en eltiempo y el espacio, una diversa producción agrícola orientada en primera línea aasegurar un sustento culturalmente adecuado. Sin embargo, la agricultura de subsistenciay la agricultura mercantil no son caras opuestas de una moneda, aunque pueda parecerlodesde una perspectiva economicista. Más bien, se trata de extremos opuestos de unmismo complejo de prácticas sociales, materialidades y procesos históricos vinculados almanejo de la tierra, el agua y la reproducción de ciertas gamas de especies comestibles.Comúnmente, los trabajos sobre la agricultura americana destacan la importancia de lapapa, el maíz, el tomate y el ají, entre muchos otros, para la alimentación de laspoblaciones de Europa y el mundo. No repetiremos este ejercicio, pero sí resultabeneficioso pensar el desarrollo de la agricultura como un compuesto de múltiples2Las tecnologías de pastoreo se abordan en el Capítulo 4, las agroforestales en el Capítulo 5.
  22. 22. Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas22trayectorias tecnológicas de largo alcance, algunas de ellas paralelas, pero las másinterrelacionadas, cada una de ella compuesta de elementos tanto materiales –las terrazas,canales, muros, herramientas, semillas, abonos y aditivos- como inmateriales –losconocimientos prácticos y culturales adecuados para su manejo. En un momento dadouna trayectoria tecnológica se caracterizará por una combinación específica de elementos.En los Andes hallamos, por un lado los originales sistemas de producción indígenas -agro-pesqueros, agro-pastoriles y agro-forrajeros-, desarrollados a lo largo de milenios enla vertiente occidental y oriental de los Andes, en las hoyas interandinas y a lo largo de lafranja costera -desértica a híper-húmeda- del litoral del Pacífico. Por otro lado, están lossistemas foráneos, los policultivos mediterráneos -de arraigo árabe-, los sistemas demonocultivos -tecnificados a partir del siglo XX- y, más recientemente, los sistemas demonocultivo de alto rendimiento dependientes de agroquímicos y semillas genéticamentemodificadas.El colapso poblacional ocasionado por la conquista y a introducción de plantas, animalesy herramientas europeas en el continente americano a partir del siglo XVI tuvo unprofundo impacto sobre la agricultura autóctona. Entre las imposiciones de mayortrascendencia destacan la reubicación forzosa de la población indígena en reducciones o“pueblos de indios” -decretada por Francisco de Toledo, Virrey del Perú en 1571 (PorrasBarrenechea, 1963), la demanda de tasas (impuestos) en productos agrícolas europeos ylas sucesivas reformas en los regímenes de propiedad y la administración del uso yacceso al agua y la tierra durante las épocas colonial y republicana. Sin embargo, ladistancia, las condiciones del medio y la presencia de desarrolladas tecnologías agrícolassignificaron que sólo algunos selectos elementos del bagaje agrícola europeo fueranintegrados, algunos por voluntad propia, otros por coerción (Gade, 1992). A lo largo delos últimos cinco siglos, las comunidades indígenas y campesinas han reformado laestructura básica de los sistemas agrícolas precoloniales, pero sin llegar a unasuplantación (Golte, 1980).Así, el arado de tracción castellano en la sierra altoandina se integra tempranamente almanejo sincrónico, integrado y flexible de las múltiples zonas de producción del paisajeandino (Murra, 1972, 1978, 1985; cf. Salomon, 1985) –incluso para el cultivo de terrazasde fondo de valle y laderas. Del mismo modo, algunos cultivos europeos -domesticadosen Oriente Medio y traídos mayormente de Centroamérica- fueron adaptados a lascondiciones bióticas de altura. El trigo, considerado fundamental para una vida digna ycivilizada por la población española, prontamente formó parte de la lista de productosrequeridos en tributo. Sin embargo, un Reparto de Tierras de 1595 ya registra su cultivocomo parte de la producción de autoconsumo indígena, lo que le sugiere que fueadoptado intencionalmente, acaso porque su preparación –en mazamorra- es similar a lade los granos andinos (principalmente maíz, quinoa y kañiwa), porque facilitaba paja yrastrojo para los crecientes pastores indígenas de rebaños de animales europeos, y porquesu cultivo no interfería sustancialmente con el calendario del maíz, cuya zona de cultivo(aproximadamente 2500-3500 msnm) comparte (Gade, 1992). La sociedad andinaencontró espacio para adaptar el haba y la cebada a las altas laderas, junto a lostubérculos (papa, oca y mashwa, principalmente), frijoles (tarwi) y granos altoandinos
  23. 23. Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas23(quinoa y kañiwa); y la naranja y el plátano en el fondo de los valles interandinos, dondeaún se cultivan al lado de la batata (camote), del algodón y de la coca (aproximadamente1500-2500 msnm). La caña de azúcar fue un monopolio durante largo tiempo, pues latecnología necesaria no estaba al alcance de los grupos indígenas (Gade, 1992). Si bienconstruyeron trapiches para obtener un fermentado más fuerte que la chicha de maíz -conocido como guarapo- el deseo por azúcar y alcohol fue un aliciente poderoso paraaventurarse en el mercado en metálico controlado por españoles y mestizos.Si bien la colonización europea alteró la trayectoria endógena del desarrollo agrícolaandino, el préstamo bilateral de semillas, técnicas y herramientas no mengua la distinciónentre las tecnologías autóctonas americanas y las tecnologías importadas a lo largo de losúltimos cinco siglos. Así, existe una marcada diferencia en su distribución regional. Lasgrandes extensiones de las fértiles tierras de los valles de la costa peruana, sonmayormente objeto de una explotación mercantil intensa, de propiedad privada y seencuentran mayormente en los valles del litoral del Pacífico y las grandes cuencasinterandinas. Las comunidades tradicionales indígenas y campesinas, tienden a manejarterritorios comunales dispersos en las alturas andinas, ocupando cimas, laderas,quebradas y desiertos marginales, de baja rentabilidad comercial. Sin embargo, al margende los crecientes cultivos arroceros, alcachoferos y esparragueros en el caso del valle deMoche, se mantiene un particular sistema indígena agro-pesquero, tradicional de la costanorperuana, que aprovecha el afloramiento de agua salobre en wachakes (camposhundidos) cavados al lado de la playa para cultivar la totora (Scirpu reparius, Scirpuscalifornicus y Thipha sp; v.g. Muro, 2004) con que los Huanchaqueros awanganan (esdecir unen, “como madre e hijo”) sus famosos caballitos de totora. La recombinación deelementos materiales e inmateriales procedentes de distintas tradiciones, el cultivomecanizado de la kinwa (Chenopodium sp.) o el de la cebolla con chaki taklla (arado depie) en suka kollu por ejemplo, indica que los modos de organización del trabajo son unadistinción significativa. Los derechos de propiedad sobre la tierra, parte de la matrizhistórica sobre la cual se yergue cualquier intento de recuperación, son otro elemento dediferenciación decisivo.En este capítulo, esbozaremos las actuales hipótesis entorno a los orígenes de laagricultura en los Andes como una forma de contextualizar las trayectorias históricas enlas que las tecnologías de riego y manejo del suelo –las presas, represas, canales, terrazasy campos de cultivo tanto cómo la diversidad de plantas y el engranaje de ciclosreproductivos- se hallan insertas. Seguidamente, enfocamos la arqueología y prácticascampesinas tradicionales vinculadas a los campos elevados, las presas y represas y lasterrazas y estudiadas en la costa de Ecuador, la sierra sur, central y norte del Perú, elAltiplano del Titicaca, y el noroeste argentino. Cada sección culmina con una discusióndel estado de la recuperación de la respectiva tecnología y región.La abultada literatura demuestra la notable labor realizada en el altiplano del Tititcaca,donde en la década de 1980 los arqueólogos Clark Erickson y Alan Kolata impulsaran -enPerú y Bolivia, respectivamente- los estudios piloto que demostraran la viabilidad técnicade la recuperación de la tecnología indígena de suka kollu y sorprendieran con altísimosrendimientos en la producción (i.e. Erickson, 1988; Berastain, 1999; Enríquez Salas et al.,
  24. 24. Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas242000; PIWA, 1992, 1994, 1996, 1999, 2000, 2000b). La Península de Santa Elena y lacuenca media del Guayas destacan como otra región en que se han realizado numerososestudios arqueológicos, si bien los intentos de recuperación han sido aún pocos y conresultados mixtos (i.e. Knapp, 1988; Stothert, 1995; Fresco, 2003; Marcos, 2002, 2004).Por lo demás, es notoria la primacía de estudios arqueológicos, antropológicos yetnohistóricos a nivel local y la escasez de trabajos de síntesis en castellano (cf. Denevan,2001).La creciente influencia de la agroecología -movimiento intelectual científico en pro de laagricultura orgánica y la agrodiversidad- es notable desde inicios de la década de 1990,pues ha ayudado a cerrar un poco la brecha existente entre los agrónomos e ingenieros,por un lado, y los antropólogos y arqueólogos por el otro. La inclusión en este diálogo delos actores campesinos es aún incipiente.El surgimiento y desarrollo de la agricultura en los Andes centralesEl estudio de restos botánicos microscópicos -polen, fitolitos y carbón principalmente- halogrado completar algunos de los grandes vacíos de la historia de la agricultura en losAndes. El entendimiento de sus orígenes y desarrollo – la transformación de tecnologíasde subsistencia basadas en la pesca, la caza y la recolección, y la adopción de laproducción de alimentos en jardines así como el surgimiento de la agricultura ytecnologías hidráulicas asociadas- ha dado un giro importante con el advenimiento detécnicas de investigación que permiten investigar el registro arqueobotánico en zonashúmedas, pese a la descomposición de materia orgánica.En su importante libro sobre los orígenes de la domesticación en las tierras bajas deltrópico americano, Doris Piperno y Deborah Pearsall sintetizan el estado del arte,diferenciando tres grandes áreas que dieron lugar a tipos originarios de adaptación queincluyen la agricultura: 1) las zonas bajas, cálidas, húmedas y boscosas; 2) la zonaaltoandina y 3) la zona costera (Piperno y Pearsall, 1998). Las autoras vinculan los iniciosde la domesticación de plantas a la horticultura incipiente practicada por grupos socialespequeños asentados en las tierras bajas y húmedas del geotrópico, entre los 9000 y 7000años antes del presente. Siguiendo un modelo evolucionista, basado en la teoría ecológicade forrajeo óptimo, Piperno y Pearsall ligan los orígenes de la domesticación a loscambios climáticos y ecológicos que marcaron la transición entre el Pleistoceno final –conocido como la última era del hielo – y la actual era geológica, el Holoceno (11000-10000 años AP). A la vez, esclarecen antiguas dudas y resaltan algunas particularidadesdel proceso andino.Así por ejemplo, se asumía con frecuencia que la producción de alimentos representabauna respuesta cultural a condiciones de estrés poblacional y presión demográficaprincipalmente. Sin embargo, los restos humanos de las poblaciones que empezaron asembrar las primeras huertas en las tierras bajas del neotrópico hace alrededor de 10.000años –específicamente en el sitio de Las Vegas, en la península de Santa Elena- nomuestran síntomas de estrés nutricional (Ubelaker, 1984, 1995; citado en Piperno yPearsall, 1998: 198). Por ello, descartan la sobrepoblación y el hambre como factoresdecisivos para la domesticación de plantas y la adopción de la producción de alimentos.
  25. 25. Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas25Por otro lado, se asumía que los primeros asentamientos asociados a la domesticación yla producción de alimentos en los Andes centrales se ubicaban en los valles principales(Smith, 1995; citado en Piperno y Pearsall, 1998: 209). Sin embargo, las investigacionesde Tom Dillehay en el alto valle de Zaña, Perú, indican un patrón de asentamientodescendiente e integrado. Las ocupaciones más tempranas –del Período PrecerámicoMedio (8400-6000AP)- se ubican en las quebradas de la parte alta del valle (alrededor de1000 msnm) (Dillehay et al., 1992, 2005); mientras que las primeras ocupaciones de lasllanuras ribereñas recién se registran en el Período Precerámico Tardío (5000-3800AP)antes del advenimiento del uso de la cerámica. Recientes investigaciones en los valles deSupe, Huaura y Pativilca sugieren que estos no serían casos aislados, observándose losinicios de la complejidad social institucionalizada en estos contextos (Aguilar, 2006).Una de las más discutidas particularidades en el surgimiento del proceso culturaltemprano en los Andes, es la importancia de los recursos marinos (Moseley 1975, 1992).Piperno y Pearsall (1998) encuentran suficiente evidencia para apoyar la hipótesis que elaprovechamiento de recursos terrestres inicialmente complementó una dietafundamentalmente marina a lo largo de la desértica costa oeste de Suramérica, recalcandola reconocida importancia de plantas industriales como el algodón –para cuerdas, redes ytextiles- y el mate – para flotadores y recipientes. Este rol subsidiario recién habríacambiado con el advenimiento del fenómeno de El Niño, alrededor de 7000 a 5000AP(Piperno y Pearsall, 1998: 81-82, 267-280; cf. Sandweiss et al., 1996).Otra particularidad es que más de la mitad de las más de cien especies de plantasdomesticadas que los primeros europeos conocieron en el siglo XVI -casi todasplenamente desarrolladas a inicios de la era cristiana- son probablemente oriundas de lastierras bajas, cálidas y húmedas de Centro- y Suramérica (Piperno y Pearsall, 1998: 1,109-166). Sustentando las ideas expresadas hace décadas por Carl Sauer, Julio C. Tello yDonald Lathrap; Piperno y Pearsall encuentran que las primeras alteracionesmorfológicas en los restos de plantas comestibles –tubérculos principalmente - datan dehace 9000 años e indican un cultivo sistemático en pequeñas huertas o jardines caseros,es decir, horticultura. Las primeras evidencias directas de agricultura -de roza y quema-datan de 7000 años AP, por lo que se puede hablar de las primeras chakras: campos parala propagación y cosecha de plantas seleccionadas. Una implicancia importante de estatemprana introducción de especies es que indica una alta movilidad e interacción entrelos grupos sociales asentados en las tierras bajas tropicales y en los valles costeños einterandinos.Piperno y Pearsall (op. cit.) argumentan la necesidad de segregar conceptualmente losorígenes de la producción de alimentos -posible a través de un manejo de los recursossilvestres que puede o no llevar a alteraciones genéticas en especies como las palmas defrutos comestibles (v.g. Morcote-Ríos et al., 1998)- de los orígenes de la agricultura, puesestos dos procesos no necesariamente se suceden uno a otro. La horticultura, al igual quelos sistemas económicos de corte marítimo mencionados líneas arriba, no es un estadoeconómico inferior o transitorio. La agricultura, entendida como el cultivo en campos
  26. 26. Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas26preparados para favorecer el predominio de especies comestibles, más bien representa unextremo a lo largo de un continuum, con la horticultura al extremo opuesto.Las evidencias obtenidas mediante el análisis de restos botánicos microscópicos apuntanhacia las zonas ecológicamente más benignas, sin heladas y con lluvias estacionalespredecibles como la cuna de la domesticación y la horticultura en Suramérica, alrededorde 10.000 años antes del presente. Procesos similares se suceden poco después, durante laparte final del Período Arcaico (12.000-5.000AP) en los valles interandinos y del litoraldel Pacífico así como en las zonas de vegetación de lomas, lugares en dondeposiblemente se cultivaron tubérculos como papa (Solanum tuberosum), oca (Oxalistuberosa) y olluco (Tropaleum tuberosum), granos cómo la quinua (Chenopodiumquinoa), diferentes especies de leguminosas (Cannavalia Sp., Phaseolus Sp.), entremuchos otros alimentos y plantas medicinales y utilitarias (v.g. resumen y bibliografía enKaulicke, 1994).Hasta el momento, sólo se han identificado campos de cultivo asociados a pequeñoscanales de regadío hacia desde Precerámico Medio (5.000-3.000AP) en el alto Zaña(Dillehay et al., 2005), pero es posible inferir de los restos botánicos recuperados dediferentes sitios arqueológicos con evidencia de cultivos tempranos -Las Vegas y RealAlto en la costa de Ecuador (Stothert, 1988; Marcos, 2005); La Paloma (Quilter, 1992),Los Gavilanes (Bonavía, 1982), Caballete (Haas et al 2004) y Caral (Shady y Leyva2003) en la costa de Perú, y los sitios de Guitarrero (Lynch, 1980), Kotosh (Izumi ySono, 1963) y La Galgada (Grieder et al., 1988) en la sierra, por ejemplo- que lastecnologías desplegadas fueron diversas. Incluyeron la agricultura de secano tanto comoel aprovechamiento de inundaciones estacionales y –posiblemente- el uso de pequeñoscanales o acequias. La agricultura intensiva y de irrigación, probablemente se desarrollóen zonas menos áridas que las tierras bajas húmedas del neotrópico, acaso en los vallesinterandinos de las hoyas del Santa y Marañón, como sospechaban Tello (1923) yMacNeish (1969), y -de forma paralela- en los valles-oasis del litoral del Pacífico. En estesentido, es importante recalcar que la interacción a larga distancia a lo largo de losAndes, entre pisos térmicos y zonas ecológicas similares probablemente fue frecuente,duradera y de gran importancia en épocas tempranas. Las relaciones trasversales y elaprovechamiento de los pisos ecológicos densamente contiguos que caracterizan lasvertientes andinas (cf. Murra, 1972), en cambio, aumentan en importancia con eladvenimiento de sociedades más especializadas –marítimas, agrícolas y pastoriles- apartir del Período Inicial (ca. 4000-2800AP).Sin embargo, la investigación de la irrigación y de las tecnologías hidráulicas complejasen los Andes ha tendido a centrarse en las obras monumentales de las sociedades tardíasde la costa y sierra centroandinas y son aún pocos los estudios entorno a sus inicios (v.g.Zimmerer, 1995; Dillehay et al., 2005). La evidencia disponible sin embargo, indica quela construcción de los primeros canales de contorno para riego por gravedad pudo ocurrirentre 6500 a 5400 años AP (Dillehay et al., 2005). Los sistemas de irrigación quecaracterizan los valles de la árida costa centroandina probablemente estaban plenamentedesarrollados hace 4000 años (Burger, 1992; Haas et al., 2004). Por ello, podemos decirque al momento de la invasión europea la tradición indígena de agricultura intensiva conirrigación tenía cuando menos 3500 años de antigüedad.
  27. 27. Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas27Los campos elevados y su recuperaciónLos campos elevados antiguos, hallados desde la Guyana hasta el oriente Boliviano, hanpermitido identificar una tecnología indígena multifuncional, típica de áreas anegablesque facilita altas tasas de rendimiento agrícola en zonas difícilmente utilizables de otromodo. Como su nombre lo indica se trata de áreas de cultivo elevadas por la mano delhombre, rodeadas por amplios canales. No se trata solamente de sistemas integrados dedrenaje e irrigación, pues además facilitan el enriquecimiento del suelo con nutrientes, ycrean hábitats para animales comestibles y alteran las condiciones agroclimatológicas.Esta cualidad es particularmente importante en zonas de altura, donde las heladasrepresentan un gran riesgo para la agricultura. Sin embargo, la gran diversidadmorfológica existente sólo se explica en parte por las diferencias ambientales. Existendiferencias temporales y regionales, a la vez que preferencias culturales, incluso a nivelmicro-regional. En éste lugar se discuten tres áreas: la sierra norte del Ecuador, la costadel Guayas y el altiplano Peruano-Boliviano, aunque existen campos elevados en otrasregiones del área de estudio -el litoral peruano y los Llanos de Mojos, entre otros.Enfocamos de manera particular los intentos de recuperación en el área circunlacustre delTiticaca, porque los estrepitosos fracasos e inesperados éxitos tras más de 20 años deexperimentación, sugieren lecciones importantes para la recuperación de tecnologíastradicionales a nivel global.Una de las más impresionantes áreas de campos de cultivo en zonas anegables deAmérica del Sur, es la parte central de la cuenca del Guayas, Ecuador. A partir de sudescubrimiento casual en 1965 por Jeffrey Parsons, arqueólogo pionero y gran impulsordel estudio de sistemas de cultivo en los Andes y la Amazonía (Denevan, 2001: 230), elEcuador, conjuntamente con Perú y Bolivia, se ha constituido en uno de los países focalesen términos de la investigación entorno a sistemas agrícolas precoloniales,específicamente los jagüeyes, albarradas o reservorios (detention ponds) de la áridaPenínsula de Santa Elena (Marcos, 2004) y los campos elevados ubicados en la sierranorte, en los alrededores de Guayaquil y en la costa las provincias de El Oro yEsmeraldas.Los campos elevados de Quito y CayambeAunque la existencia de sistemas de campos elevados en la sierra norte del Ecuador eslargamente conocida, su descripción y estudio se inician recién en la década de 1970(Ryder, 1979; Knapp y Ryder, 1983; Batchelor, 1980; Gondard y López, 1983; Knapp yDenevan, 1985; Knapp, 1991). Denevan (2001: 234) calcula que existen 2.000ha decampos registrados, anotando que es muy probable que grandes extensiones esténcubiertas por ceniza volcánica y otros sedimentos. Batchelor (1980) describe lamorfología de los campos y de las construcciones asociadas en la sierra de Cayambe,diferenciando los Campos Lineales Acanalados -que Denevan (1970) considerara comouna forma rudimentaria de drenaje- hallados al oeste del camino entre Cayambe y Ayoray al oeste de la Hacienda San José (Batchelor, 1980: 676) de los campos represados en elvalle del rio Granobles. Un grupo bien conservado de estos terraplenes arqueados seobserva en la Hacienda La Tola (Batchelor, 1980: 678). Se trata principalmente de
  28. 28. Alexander HerreraLa recuperación de tecnologías indígenas28terraplenes de 2 a 4m de ancho en la parte superior del lomo, con 3 a 5m entre los surcos-de aprox. 1m de profundidad- (Denevan, 2001: 234) indica una de amplitud de ondamáxima de 9m) y entre 300 y 900m de longitud, construidos en etapas sucesivas,comenzando desde arriba hacia la porción central de la pendiente (Echevarría, 2004:685).Para las regiones ocupadas en el siglo XVI por los grupos étnicos Carangue, Cayambe yQuitu, Echevarria (2004) propone la construcción de campos elevados a partir del año700 de nuestra era, es decir, unos 1300 años atrás. Estas tecnologías agrícolas se habríandifundido ampliamente entre los años 1000 y 1250 de nuestra era (Echevarria, 2004).Denevan (2001:234) menciona el hallazgo -en el centro de la ciudad de Quito- de camposelevados superpuestos, lo más antiguos y pequeños, acaso temporales, de por lo menos1700 años atrás.Experimentos de rehabilitación conducidos por Knapp (1991: 159) sugieren que elcontrol de heladas fue una función importante de los campos elevados de la sierra nortedel Ecuador, ya que las temperaturas en la superficie de los campos experimentales -ennoches de helada- son hasta 1.3º C superiores a aquellas de las áreas planas circundantes.Los campos arqueados de Cayambe, en cambio, habrían facilitado la retención einfiltración de agua con fines de irrigación en la época seca (Batchelor, 1980: 678-682).La asociación de estos campos elevados con tolas con rampa en sitios como Hacienda LaVega, Paquiestancia, Pinsaqui y Sigsicunga (Echevarria, 2004: 192, véase también:Villaba, 1998; Knapp y Mothes, 1998) sugiere la posibilidad de un cambio radical en elsistema agrícola que Echevarría interpreta en términos de cambios sociales que habríanllevado a un mayor rendimiento en la producción agrícola y a la jerarquización de lasociedad, dando así una muestra de la visión determinista de la tecnología (véaseCapítulo 1). Para el caso de Cayambe, Batchelor (1980) concluye que la actual red dedistribución de agua de riego en el valle no difiere sustancialmente del sistemaprecolonial (Batchelor, 1980: 682), lo que sugiere una alta resiliencia de las prácticasasociadas al uso de tecnologías hidráulicas, incluso frente a cambios socio-políticosradicales como la conquista española y las reformas republicanas. A partir de su revisiónde datos etnohistóricos y topónimos de la sierra de Pichincha, Imbabura y Carchi,Caillavet (2004: 216) sugiere que las voces pixal / pajal así como pifo / pifu / biafo sereferían a la agricultura de humedad, específicamente al cultivo en camellones dediversas formas. El hecho que se trata de voces no quechuas, idioma introducido en estaregión alrededor del siglo XV, subraya la antigüedad de estas tecnologías agrícolas,diseñadas para lidiar con la humedad.La literatura registra pocos intentos de recuperación de estos campos por parte de lapoblación local, Knapp (1988) menciona experimentos en Chillogallo, al sur de Quito; enSan Pablo, al sureste de Otavalo y en Cayambe, pero hay más eferencias a los camposexperimentales –transitorios- construidos por investigadores (i.e. Knapp, 1991). Sinembargo, Denevan (2001, 234) menciona que el cultivo tradicional de papa y maíz en lazona se realiza en wachunkuna, caballones o lomos de tierra, y que los campesinosutilizan zanjas para drenar los campos. Estos “minicamellones” presentan una amplitudde onda muy inferior a la de los campos elevados antiguos- 0.75-1m a diferencia de 3-

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