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8especialistas quienes gobiernen pues son ellos los únicos capacitadospara resolver los problemas a los que se tienen que ...
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10     Nótese que las afirmaciones de Macaulay son correctas, perotambién que una estructura social con tanto poder estar ...
11        El novelista Milan Kundera discute en su ensayo La desprestigiadaherencia de Descartes el papel de la literatura...
12para que así ocurra, en lo que hay una cierta contradicción. Un personajetan importante como Albert Einstein tenía una v...
13estableciendo entre los países y las culturas. Si bien su título esciertamente ominoso, el libro no es catastrofista en ...
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Utopias y ciencia

  1. 1. 1 Las utopías y las ciencias Antonio Fernández-Rañada Universidad Complutense (Conferencia en el ciclo “En tierra de nadie: Conversaciones sobre ciencias y letras”, organizado por la Fundación Ciencias de la Salud, Residencia de Estudiantes, Madrid, 11 noviembre 2008) 1. Introducción 2. Plus Ultra! Utopías del conocimiento y la felicidad 3. El derrumbe de las utopías científicas del XIX 4. ¿Por qué fallaron las utopías científicas? 5. ¿Dónde estamos ahora? Breve epílogo sobre el siglo XXI _____________________________________________1. IntroducciónComo es bien sabido, “Utopía”, es el nombre de un país ideal, una islacon un sistema político y social perfecto cuyos habitantes eran justos,sabios y prósperos, descrito en un libro titulado precisamente Utopía,inspirado en La República de Platón y escrito en 1516 por Thomas More,o Tomás Moro dicho a la española. En el lenguaje común, la palabra“utopía” se refiere a cualquier cosa intensamente deseable pero muydifícil o imposible de conseguir. De manera especial a proyectos socialescuyo objetivo es lograr una estructura ideal donde reine la justicia o apaíses imaginarios descritos en la literatura que ya lo han conseguido. Demodo peyorativo se usa a veces para designar a planes ambiciosos quese supone fracasarán por su falta de realismo. Se suele considerar a las utopías como motores de evolución socialy de la historia, como guías hacia donde se debe y se quiere ir, comoejemplos de algo cuyo cumplimiento es deseable. Los datos históricossobre el libro de Moro y sobre otros similares son bien conocidos y no nosinteresan ahora. Se me ha encargado otra cosa, considerar el papeldesempeñado la ciencia y la tecnología en los proyectos o lasrealizaciones utópicas. Una de las más conocidas es la descrita por Aldous Huxley en sunovela “Un mundo feliz”1 de 1931, donde una sociedad basada en laciencia llega a un desasosegante grado de deshumanización. Aunque ellibro se ha sido muy leído en muchos idiomas y es bien conocido,conviene recordar, pues se menciona poco, una cita al filósofo rusoNicolai Berdiáiev (1977-1948) que encabeza el libro diciendo1 El título original en inglés, Brave new world está tomado de unos versos de La Tempestad deShakespeare, How many goodly creatures are there here ! / How beauteous mankind is ! O brave newworld ! / That has such people in’t !
  2. 2. 2 “La utopías parecen hoy más realizables de lo que se creía. Nos encontramos actualmente ante una angustiosa pregunta: ¿Cómo evitar su realización definitiva? [...] Quizás en este nuevo siglo los intelectuales y las clases cultivadas soñarán en los medios para evitar las utopías y volver a una sociedad no utópica, menos “perfecta” y más libre.” Berdiáiev escribió estas palabras en la segunda decena delsiglo XX. Cabe añadir que fue coherente con este comentario:buscó una sociedad más libre y eso le costó ser desterrado a unazona helada del norte de Rusia por la policía zarista en 1898 y serexpulsado de la Unión Soviética en 1922. Su opinión subraya unaidea inquietante: aunque las utopías son probablementenecesarias, hay que tener mucho cuidado con ellas pues puedenllegar a ser verdaderos desastres. La ciencia interviene en las utopías de dos manerascorrespondientes a los dos ámbitos en que operan la ciencia y latecnología: las ideas y las cosas. Lo hace en el primero cuandointenta entender mejor como son y cómo se comportan las cosasque hay en el mundo, átomos, virus, estrellas, plantas o animales,etc., haciéndolo por pura curiosidad intelectual, para aumentar elacervo de los conocimientos humanos. Se califica entonces deciencia básica o fundamental. En el segundo ámbito, la cienciabusca aplicaciones de esos conocimientos ya adquiridos paramejorar la vida de los hombres, como nuevos fármacos o métodosde diagnóstico, instrumentos que potencian nuestros sentidos oque hacen más llevaderos los trabajos de cada día. En ese caso sehabla de ciencia aplicada o de tecnología. Por eso hay dos clases de utopías científicas. Unas postulanel aumento de la sabiduría humana para llegar acercarse alconocimiento absoluto y total. En otras, la ciencia y la tecnologíasirven de base para la mejora de la vida y el aumento de lafelicidad de los habitantes de un país. A menudo se combinanestos dos aspectos. La búsqueda del conocimiento es incitada por la curiosidadhumana, pues todos nosotros queremos saber, como afirma Aristóteles alempezar su Metafísica. Lo podemos ver ya en la historia bíblica del Árbolde la Ciencia del Bien y del Mal, cuyo fruto haría que quienes lo comieranfuesen luego como dioses, conocedores de todo. La historia acabó malpara Adán y Eva y, como consecuencia, para toda la humanidad. Algoparecido se puede ver en la narración de Hesiodo del episodio en quePrometeo roba el fuego a Zeus. Se suele entender esta historia comouna glorificación de la lucha humana contra los propios límites,
  3. 3. 3interpretando el fuego como la ciencia, la imaginación o el lenguaje,todos ellos tan ligados a la idea de conocimiento. Pero, hay algo más,pues Zeus se venga enviando a Pandora con una caja de la que salieronel dolor, el sufrimiento y las demás desgracias humanas. Por ello lanarración de Hesiodo parece afirmar que, si bien deseamos elconocimiento, los males del mundo están asociados a su posesión. Elansia por el conocimiento es una característica humana que ha llegado aser llamada libido sciendi pues, según decía Hobbes, “por perseverar enlos deleites de la generación continua e infatigable del conocimientoexcede a la breve vehemencia del placer carnal”. Las utopías basadas en las aplicaciones de la ciencia suelenestar situadas en el futuro, cuando gracias a ella la humanidadserá necesariamente feliz pues se habrá eliminado el sufrimiento,las guerras e incluso a veces la muerte. Veamos ahora como estasdos fuerzas, el ansia de conocimiento y la lucha por superar laslimitaciones humanas gracias a la ciencia, se han desarrollado a lolargo de la historia. 2. Plus ultra! Utopías del conocimiento absoluto y lafelicidad total Francis Bacon (1561-1626) fue probablemente uno de lospensadores que más influyó en el establecimiento del métodoexperimental y, por tanto, en el nacimiento de la ciencia moderna. Fue elprimero en comprender que la ésta no era sólo una cuestión deconocimiento puro, buscado únicamente por curiosidad intelectual, alcontrario vio con claridad que llegaría a dar mucho poder a quienconsiguiese dominarla. Y así sucede, de modo cada vez más intenso,desde el siglo XVII por mucho que el conocimiento sea conseguido “fuerade todo interés práctico” por decirlo en palabras del filósofo EdmundHusserl que consideraré más adelante. En la portada de su libro Novum Organun, la primera parte de sumagno proyecto The Great Instauration, con el que pretendía dar unfundamento sólido al conocimiento científico, aparece un grabado querepresenta una nave atravesando el estrecho de Gibraltar entre lascolumnas de Hércules. Debajo de ellas una inscripción latina proclama“Muchos pasarán y el conocimiento crecerá”. Para los filósofos naturales,certero nombre de los científicos de entonces, el símbolo era claro. Sesuponía que las columnas de Hércules tenían la inscripción “Non PlusUltra” para indicar que no había ninguna tierra más allá. Tras eldescubrimiento de América, la frase fue cambiada a “Plus Ultra” por losReyes Católicos, expresando así el orgullo de su monarquía de queEspaña fuese el final del nuevo mundo, pero también la puerta deentrada al nuevo. Bacon propone en su libro que estas palabras latinas,
  4. 4. 4“Plus Ultra”, sean la divisa de la ciencia, pues ésta abre constantementela puerta a nuevos mundos de verdades sobre la naturaleza. Ello haceinevitable una pregunta ¿seguirá siempre la ciencia “Plus Ultra” o podríallegar, quizás pronto, a un límite infranqueable, un “Non plus ultra”?Dicho de otro modo, ¿se podría acabar la ciencia? o ¿llegaremos algunavez a la sabiduría total? Eso podría ocurrir de dos maneras. Primera, porllegar un momento en que ya se hayan descubierto todas las leyes de lanaturaleza, por lo que la ciencia moriría de éxito, punto de vistadefendido por el físico norteamericano Steven Weinberg. Segunda,porque la dificultad de las nuevas teorías aumente progresivamente y losexperimentos necesarios sean cada vez más complejos y costosos, demodo que la sociedad no quiera financiarlos, como defiende el escritorcientífico norteamericano John Horgan en un libro de gran difusión2. Bacon es también autor de la primera utopía científica, TheNew Atlantis, publicada póstumamente en 1627, ciento once añosdespués de la Utopía de Moro (aunque los utopianos de esteúltimo eran ya expertos astrónomos e inventores de instrumentosy herramientas). Se refiere a un país imaginario, Bensalem,descubierto por un barco que se había perdido en el Pacífico trassalir del Perú. Según Bacon las cualidades de los ciudadanos deBensalem eran “la generosidad y la iluminación, la dignidad y elesplendor, la piedad y el sentido de lo público”. Era una sociedaddedicada intensamente a la búsqueda de nuevos conocimientos.Los ciudadanos mejor dotados asistían a una especie deuniversidad, llamada La Casa de Salomón, en la que aprendían ahacer experimentos en unos laboratorios científicos. Es notableque Bacon haya prefigurado en su utopía los grandes laboratoriosde investigación de estos tiempos. Algo más tarde, Isaac Newton, por cierto más próximo a laalquimia y a la cábala de lo que se suele suponer (escribió más de unmillón de palabras sobre temas alquímicos y en su biblioteca de unos1750 libros había 170 sobre magia natural), se sintió impresionado porel éxito de su propia teoría al aplicarla a los movimientos celestes. Asídice en el prefacio de los Principia 3 "Ojalá que fuera posible deducir los demás fenómenos de la naturaleza a partir de principios mecánicos {...} pues muchas cosas me mueven a sospechar que puedan depender todas ellas de ciertas fuerzas con las que las partículas de los cuerpos, por causas aún desconocidas, bien se atraen unas a otras formando figuras regulares, bien huyen y se separan…2 S. Weinberg, Sueños de una teoría final, Crítica, Barcelona, 1996; J. Horgan, El fin de la ciencia. Loslímites del conocimiento en el crepúsculo de la era científica, Debate, 1998.3 I. Newton, Principios matemáticos de la filosofía natural, edición de Eloy Rada, Alianza Editorial,Madrid, 1987, prefacio a la primera edición, pp. 98-99.
  5. 5. 5 Espero, sin embargo, que con este modo de filosofar o con otro mejor, los principios aquí enunciados añadan alguna luz". Nótese que, Newton parece sugerir o insinuar en este párrafo que suteoría del movimiento podría aplicarse a “los demás fenómenos de lanaturaleza”, o sea a todos los fenómenos que quedan una vez resuelta lacuestión de la gravedad. Así fue interpretado por muchos como unallamada al conocimiento total del mundo. Sin embargo no creo que a él legustasen las consecuencias que podría tener ese tipo de sabiduría. Lo podemos ver en que, si bien el sistema newtoniano esdeterminista, él comprendió bien que el determinismo matemático noasegura la predicción arbitrariamente exacta de los movimientos celestespara largos periodos de tiempo. Más concretamente, se dio cuenta deque el resultado de incluir en los cálculos las fuerzas de unos planetassobre otros, además de la del Sol sobre cada planeta, podría llevar alsistema a una enorme complejidad. El movimiento podría hacerse tancomplicado e inestable que incluso se pusiese en juego la estructura delsistema solar, sin que se puedan descartar colisiones entre dos planetas ola expulsión de algunos de ellos, desenlace desastroso en el caso de laTierra4. A Newton no le gustaba esa idea, por lo que llegó a suponer queDios interviene de vez en cuando para empujar con su dedo divino a losplanetas cuando se salgan de su camino justo. O sea que Newton, elinventor del determinismo, no quiso aceptar sus consecuencias radicales,suponiendo a Dios en guardia permanente al cuidado del mundo paraevitar que se deshiciese su obra. De ese modo, el cosmos no seríacompletamente predecible para los humanos, por lo que se puedeconsiderar a Newton como el descubridor tanto del movimientodeterminista como del caótico. En un trabajo breve en el que avanza losresultados de su gran teoría, dos años antes de los Principia, dice quedebido a las fuerzas interplanetarias, las órbitas no pueden se elipsesexactas y lo explica así5 “Cada vez que un planeta da una vuelta traza una nueva órbita, como ocurre también con el movimiento de la Luna, y cada órbita depende de los movimientos combinados de todos los planetas y de las acciones de los unos sobre los otros. A no ser que yo esté muy equivocado, excedería a la fuerza de la inteligencia humana el considerar tantas causas de movimiento a la vez, y definir los movimientos mediante leyes exactas.”4 Este temor de Newton estaba justificado. Hoy sabemos que eso ocurrirá muy probablemente,empezando por Plutón y Mercurio, si bien no antes de muchos millones de años. Este es el famosoproblema de la estabilidad del sistema solar.5 I. Newton, MS 3965, De motu corporum, in A. R. Hall and M. B. Hall (eds), Unpubliseh Scientificpaper of Isaac Newton, Cambridge University Press, Cambridge, 1962, p. 281.
  6. 6. 6 Pero esta limitación sólo opera al cabo de largos periodos detiempo. De hecho, la teoría de Newton se transformó a lo largo del XVIIIy principios de XX en un poderoso método de cálculo de los movimientosde los cuerpos celestes gracias a varios grandes matemáticos como Euler,Lagrange, Laplace y Gauss. Un episodio muy expresivo a este respectofue el descubrimiento del pequeño planeta o asteroide Ceres. Unastrónomo y monje teatino italiano, Giuseppe Piazzi (1846-1926), habíalogrado instalar un observatorio astronómico muy bien dotado enPalermo, desde el que descubrió a Ceres la noche del 1 de enero de1801. Tras observarlo durante 19 noches entre 41 sin nubes, se le perdióel 11 de febrero. La noticia del descubrimiento se extendió por todaEuropa causando mucha impresión en los medios astronómicos, puesmuchos supusieron de inmediato que se trataba del planeta que sesuponía debía existir entre Marte y Júpiter. Una vez perdido, nadie sabíapor donde andaba pero, tras publicarse las observaciones de Piazzi enjunio, el joven matemático alemán Karl Friedrich Gauss (1777-1855)desarrolló, con sólo 24 años, un método para calcular la trayectoria deCeres a partir de los datos de Piazzi sobre su situación en la esferaceleste en enero. Parece que eso le llevó unas 100 horas de trabajo. Alfinal del año, entre el 25 y el 31 de diciembre, varios astrónomosobservaron a Ceres: estaba justo donde Gauss había previsto con sucálculo de la trayectoria. El descubrimiento tuvo un gran impacto,reforzando la confianza en el poder de la razón humana que se habíainstalado en el pensamiento durante la Ilustración del siglo XVIII. Lo ocurrido después confirmó esa confianza en la razón, en muybuena parte gracias la figura singular de Pierre Simon de Laplace (1749-1827) quien, al transformar a la astronomía en mecánica celeste, la habíadotado de de una enorme capacidad de cálculo. Creyó haber demostradoen su Mecánica celeste (5 volúmenes publicados entre 1799 y 1825),obra que culmina la de Newton, que los temores de Newton eraninfundados pues, si bien las fuerzas interplanetarias empezaban a sacar alos planetas de sus órbitas los volvían más tarde a ellas, de manera quetodo se reducía a una muy pequeña oscilación entorno a las elipseskeplerianas. En otras palabras, excepto por pequeñas correcciones casiinapreciables en el momento, se restauraba el orden del sistema. Por esose arriesgó a una extrapolación radical en 1814 diciendo6 “Una inteligencia que en un instante determinado conociera todas las fuerzas que animan la naturaleza, así como la situación respectiva de todos los seres que la componen, si además fuese los suficientemente vasta como para someter al análisis matemático tales datos, podría abarcar en una sola fórmula los movimientos de los cuerpos más grandes del universo y los del átomo más ligero; nada le resultaría incierto y6 P.S. de Laplace, Ensayo filosófico sobre las probabilidades, Alianza, Madrid, 1985, p. 25.
  7. 7. 7 tanto el futuro como el pasado estarían presentes ante sus ojos”. (énfasis mío) Se trata de una afirmación muy extremada, pero que pronto setomó como divisa de la filosofía mecanicista, tan característica del sigloXIX, bautizándose a tal inteligencia como el demonio de Laplace, quepodría conocerlo todo y tener el futuro y el pasado ante sus ojos, como sihubiera comido del árbol de la ciencia del bien y el mal en el Jardín delEdén. Hoy sabemos que Laplace soñó un imposible, pues su demonio seestrellaría vanamente contra la ubicua inestabilidad del movimiento y elinevitable aumento de los errores con el tiempo, que acaba por borrar losdetalles de toda predicción ⎯ sin contar con que "los átomos másligeros" de su famosa frase obedecen leyes esencialmente indeterministascomo él no podía ni sospechar entonces, pues la física cuántica era uncapítulo de la ciencia completamente insospechado durante su vida ⎯.Irónicamente, el obstáculo no previsto por Laplace se encontró mediosiglo tras su muerte en el problema de los tres cuerpos, cuyo estudio,especialmente el caso Sol-Júpiter-Saturno, había sido su principal fuentede inspiración. En su honor se debe decir que aconseja cautela al lector,advirtiendo inmediatamente después de explicar cómo podría su demonioconocer el futuro y el pasado: "El espíritu humano ofrece, en la perfección que ha sabido dar a la astronomía, un débil esbozo de esta inteligencia {...} pero de la que siempre permanecerá infinitamente alejado". Laplace grita ¡cuidado!, pero suele ocurrir que los discípulos sonmás radicales que sus maestros y así muchos físicos del XIX, y sobre todomuchos pensadores no científicos, sentían ya el conocimiento total alalcance de sus dedos. Como consecuencia de tan deslumbrantes éxitos de la astronomía,y de los que se iban consiguiendo en otras ciencias, surgió lo que sesuele llamar cientifismo punto de vista que concede una primacíaabsoluta a la ciencia y está basado en la afirmación de que el únicoconocimiento verdadero es el de la ciencia. Ésta consiste en todos losenunciados que o bien están apoyados por experimentos confirmados porla comunidad de los científicos o bien se inscriben en teoría científicascomprobadas repetidamente como, por mencionar algunos ejemplos, elelectromagnetismo, la teoría del enlace atómico o la teoría celular Enversiones más radicales se acepta una segunda afirmación: No hayningún problema que no pueda llegar a ser resuelto por los métodospropios de la ciencia; si eso no es posible ahora, llegará a serlo en elfuturo. Además, a veces se sigue de ello un corolario: deben ser los
  8. 8. 8especialistas quienes gobiernen pues son ellos los únicos capacitadospara resolver los problemas a los que se tienen que enfrentar losgobernantes. O sea, que el cientismo tiende a la tiranía de los expertos.Nótese que, desde el punto de vista cientifista radical, la filosofía, laliteratura, el arte o la religión carecen de fundamento o sólo lo tienen encuanto estén confirmados por la ciencia. La expresión más simple y contundente de esta idea es la debida alfilósofo francés August Comte (1798-1857), inventor de la palabrasociología y fundador del sistema filosófico llamado positivismo. Comtepensaba que la evolución de la historia estaba dominada por una leyanáloga a la de la gravitación Universal de Newton y tan deterministacomo ella. Influyó mucho en sus ideas la teoría de la formación delsistema solar elaborada por Laplace, a partir de una idea de Kant segúnla cual había al principio una nube de materia en forma gaseosaalrededor del Sol7. Desde la admiración por Newton y Laplace, formulócomo ley fundamental de la historia que todas las sociedades pasaninevitablemente en su progreso por tres estadios sucesivos: el teológico,el metafísico y el positivo, este último basado en una ciencia que sóloadmite hechos comprobables y en el principio de que "La única máximaabsoluta que hay es que no existe nada absoluto." Sería, en suma, unareligión de la ciencia. En la tercera fase, las sociedades serían prósperas ylos hombres sabios y felices pues, gracias a la ciencia estarían cubiertastodas sus necesidades. La propuesta de Comte es pues una utopíacientífica. Aunque hoy día su obra no goza de mucho prestigio, fue muyinfluyente en su época. Otra utopía fue el Marxismo, que también consideraba unanecesidad histórica, no muy distinta del determinismo newtoniano, laevolución hacia el socialismo, fase ideal en que también estaríanresueltas todas las necesidades sociales. Curiosamente, a pesar de esanecesidad histórica, sería necesario el esfuerzo de los ciudadanos paraconseguir el objetivo, lo que supone una cierta contradicción. Cabemencionar aquí la demoledora crítica que hace Karl Popper de loshistoricismos8, cómo él denomina a las doctrinas que postulan lacreencia en el determinismo de la evolución social, algunas de ellas perono todas siguiendo el modelo de la física. Popper analiza en su Miseria delhistoricismo cómo el historicismo es un movimiento con raíces muyantiguas, pero presentado durante el siglo XIX como una gran novedad.Concluye que “Todas las versiones del historicismo son expresiones deuna sensación de estar siendo arrastrados hacia el futuro por fuerzasirresistibles” con un gran atractivo emocional pero con muy pocofundamento.7 P. S. de Laplace, Exposición del sistema del Mundo (1796)8 K. R. Popper, La miseria del historicismo, Alianza Editorial, 1981; La sociedad abierta y sus enemigos,Piados, Buenos Aires, 1961.
  9. 9. 9 Marcelin Berthelot (1827-1907), uno de los químicos másimportantes del siglo XIX, lo decía explícitamente “La cienciareclama actualmente la dirección material, intelectual y moral de lassociedades”. Su opinión es doblemente significativa porque, habiendosido ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes y de AsuntosExteriores de Francia, representa muy bien la alianza de la ciencia y elpoder. Se ha llegado a decir: "La palabra verdad no se puede usar fuerade la ciencia sin abusar del lenguaje". Muchos filósofos se sientenhechizados por el cientificismo, como muestra la siguiente opinión de1930 del alemán nacionalizado norteamericano Rudolf Carnap (1891-1970): "Cuando afirmamos que el conocimiento científico es ilimitado,queremos decir que no hay ninguna pregunta cuya respuesta sea enprincipio inalcanzable por la ciencia" (Pero cambió de opinión más tarde,diciendo en 1958 “las matemáticas y la física tienen en común laimposibilidad de la certeza absoluta”). Los políticos, en especial los deltercer mundo, acuciados por los graves problemas de sus países, sesienten a menudo inclinados a confiar ciegamente en las solucionestécnicas dirigidas por expertos que saben, como cuando el primerministro de la India, Jawaharlal Nehru, decía en 1950: "Es sólo la cienciaquien puede resolver los problemas del hambre y la pobreza, de lainsalubridad y el analfabetismo ". Es una afirmación extremada puesparece claro que hacen falta también cosas no científicas como sentidode la solidaridad, gobernantes justos o mejores sistemas políticos. La confianza decimonónica en la ciencia no era arbitraria pues sebasaba en datos reales, pero cayó en la desmesura por las promesasexcesivas que muchos personajes destacados hacían en nombre de laciencia. Conviene subrayar, sin embargo, que abundaban entre ellosquienes no eran científicos. Un texto representativo de ese entusiasmofue escrito en 1837 por el historiador inglés Thomas B. Macaulay en unensayo sobre Bacon. Se trata de un largo y apasionado elogio a laciencia, expresando una fe ilimitada en su capacidad de regir la historiadel futuro. “prolonga la vida; mitiga el dolor; extingue las enfermedades; da seguridad al marino; ilumina la noche; anula las distancias; .. ......................... estos son sólo ... sus primeros frutos, pues la ciencia es una filosofía que nunca pasa, nunca llega a su fin, nunca es perfecta. Su ley es el progreso”.
  10. 10. 10 Nótese que las afirmaciones de Macaulay son correctas, perotambién que una estructura social con tanto poder estar sometidaa la crítica. En resumen, durante el siglo XIX se desarrolló un pensamientoutópico basado en una enorme confianza en la ciencia, tal que serefuerzan mutuamente sus dos aspectos, la esperanza en un aumentoimparable del conocimiento sobre el mundo y la convicción de que lasaplicaciones harían felices a los hombres al liberarlos de sus penalidades.En ello se basa optimismo decimonónico, en parte justificado y en partesorprendente. La sociedad europea sentía que caminaba a lo largo de uncamino ascendente hacia un estado superior en el cual los hombresserían más sabios, más justos y más prósperos gracias a la ciencia. O seamás felices. Hoy nos parece muy claro que esas promesas desmedidashechas en nombre de la ciencia resultarían imposibles de cumplir. Dehecho, se trataba de una utopía imposible. 3. El derrumbe de las utopías decimonónicas Así fue, pues llegó el siglo XX y las cosas empezaron a ir peor.La terrible eficacia de las armas basadas en los nuevos desarrollostecnológicos durante la Primera Guerra Mundial fue una llamada deatención. La cosa estaba clara: organizar de modo razonable laconvivencia de las personas, los países y las culturas resultaba sermucho más difícil de lo que se había supuesto. Los acontecimientosposteriores fueron confirmando trágicamente que algo fallaba,pensemos en la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto, Hiroshima yNagasaki o en las consecuencias de la locura de personajes comoHitler, Stalin o Pol Pot. Hubo reacciones contra el cientificismo, entre las que quieroseñalar dos que me parecen, a la vez, expresivas y oportunas. En 1935,el filósofo E. Husserl dio una famosa conferencia en Viena sobre la crisisdel mundo europeo9. Para él, Europa era el ámbito espiritual creado en laantigua Grecia por una nueva actitud que describe así: “se apoderóentonces de los hombres la pasión por el conocimiento del mundo, fuerade todo interés práctico”. Husserl intenta entender las causas de esacrisis manifiesta en la Primera Guerra Mundial y en los atisbos de quellegaba una segunda. La atribuye a “un racionalismo extraviado tras lailustración” y al “fatal error de creer que es la ciencia lo que hace sabios alos hombres”. Él reacciona contra lo que ve como un carácter unilateral yexcluyente de la ciencia moderna y ante “el enseñoreamiento científicode la esfera del espíritu” que conduce sin remedio “al olvido del sujeto”.9 E. Husserl, La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental, Ediciones Crítica,Barcelona, 1991, pp. 323-358.
  11. 11. 11 El novelista Milan Kundera discute en su ensayo La desprestigiadaherencia de Descartes el papel de la literatura en el mundo de hoy,contraponiendo las figuras de Cervantes y Descartes como cofundadoresde la Edad Moderna10. Reclama la herencia del primero, no la delsegundo, proclamando que “en esta época de degradación y progreso”,hay que reivindicar los conocimientos no científicos cuya existencia seconoce mal por el dominio de la ciencia. Hay cosas que sólo la novelapuede descubrir, pues “el conocimiento es la única razón de ser de lanovela, surgida siempre de una pregunta sobre la sociedad humana” quesolo se puede responder comprendiendo el mundo como ambigüedad.Habla luego de la “paradoja terminal”: “la Edad Moderna destruyó todoslos valores heredados de la Edad Media pero, tras el triunfo final de larazón, es lo irracional lo que se apodera del mundo, sin que ningúnsistema de valores pueda oponerse”. Creo que los científicos no debemos ver en estas dos opiniones,entre otras muchas parecidas, dos ataques a la ciencia sino dos críticascon fundamento a una manera de concebirla. 4. ¿Por qué fallaron las utopías científicas? Podría pensarse que la utopía científica surgida en el siglo XIX estodavía salvable y así lo piensa mucha gente. Quizás sea así pero sólo sesalvará si los humanos usamos el pesimismo de la inteligencia para dirigirel optimismo de la voluntad. Sólo de esa forma podremos enfrentarnos alos problemas del mundo tras haberlos entendido primero. Por eso, esmuy necesario que consideremos por un momento cuales son esosproblemas y por qué nos impiden salir a mar abierto, para salvar laesperanza que puede generar el pensamiento utópico. ¿Por qué fallaron esas utopías? Conviene mucho considerar estapregunta e intentar contestarla. Nos va mucho en ella. Apunto acontinuación dos razones. El papel tan grande que jugaba en su baseconceptual el determinismo newtoniano y la hipótesis implícita de quenos estábamos acercando al único conocimiento verdadero. La primera es que las utopías científicas del XIX eran muydeterministas. En palabras de Comte se basaban “en una necesidadimposible de variar”. Ello hizo que esa base ideológica empezara a perdersentido cuando el mecanicismo del XIX entró en declive debido aldesarrollo de la física estadística, de la mecánica cuántica y, más tarde,del descubrimiento del movimiento caótico. En la antinomia de Demócritoazar-necesidad o también Heráclito-Parménides, eso corresponde alredescubrimiento del azar y de Heráclito. Por ejemplo, el marxismoaseguraba que el estadio socialista del mundo debe llegar por necesidadhistórica, si bien los buenos comunistas deben esforzarse en trabajar10 M. Kundera, “La desprestigiada herencia de Cervantes”, en El arte de la novela, Tusquets, Barcelona,1987.
  12. 12. 12para que así ocurra, en lo que hay una cierta contradicción. Un personajetan importante como Albert Einstein tenía una visión muy determinista,que le llevó a aceptar fácilmente la filosofía de Espinosa porque coincidíamucho con lo que él había llegado a pensar a partir de la física del XIX.Eso le hizo negar el tiempo como una ilusión y muestra que había en éluna cierta contradicción pues daba mucha importancia a la ética, pero¿qué sentido tiene la ética si lo que ocurre lo hace por necesidad? Sea como fuere, ese determinismo implícito hizo olvidar que parallegar a esa sociedad más justa es necesario seguir una ascesis personaly también colectiva, algo muy claro en Moro, y no parece que el mundode hoy esté dispuesto a seguirla. La segunda razón es que la separación en las dos culturas de C. P. 11Snow , hizo que muchos científicos, y también gentes de otros ámbitos,se alejasen de aspectos de la cultura que son necesarios para entendertodas las caras del mundo. De hecho, los grandes problemas de lahumanidad tienen, a la vez, aspectos que son científicos y otros que no loson, de tal modo que será muy difícil de resolver si no se atacan desdepuntos de vista distintos12. Tomemos como ejemplo el problema del hambre en el tercermundo, sin duda uno de los peores males del planeta. Es evidente quetiene dos caras muy distintas: mejorar la productividad agrícola, que esuna cuestión científico-técnica, y conseguir una estructura social másjusta, que no lo es. La primera requiere avances en genética, química,bioquímica y otras ciencias. La segunda, una revisión de los valores querigen las relaciones sociales, tanto a nivel local como internacional. Algo parecido podría decirse de muchos de los demás grandesproblemas de la humanidad, la contaminación, el calentamiento global, elagujero de ozono, las grandes enfermedades, etc. Una conclusiónimportante de estas reflexiones es que muchos de los graves problemas de la humanidad no podrán resolverse nunca ni sólo con ciencia ni sin ciencia. 5. ¿Dónde estamos ahora? Epílogo sobre el siglo XXI Al enfrentarnos al siglo XXI, estamos en una mala situación cuyopeligro se intensifica progresivamente. El cosmólogo británico MartínRees ha publicado recientemente un libro de los que hacen pensar13,titulado Nuestro siglo final. ¿Sobrevivirá la raza humana al siglo XXI?, enel que examina los nuevos peligros derivados del espectacular desarrollotecnológico de las últimas décadas y al que se puede prever en el futuropróximo, teniendo en cuenta, además, la creciente tensión que se está11 C. P. Snow, Las dos culturas y un segundo enfoque, El libro de bolsillo, Alianza, Madrid, 1964.12 A. F. Rañada, Los muchos rostros de la ciencia, Ediciones Nobel, Oviedo, 1995; edición mexicanaFondo de cultura económica, colección La Ciencia para Todos, México, 2003.13 M. Rees, Our final Century. Will the human race survive the Twenty-first Century?, WilliamHeineman, London, 2003; edición española Nuestra hora final, Drakontos, Madrid, 2004.
  13. 13. 13estableciendo entre los países y las culturas. Si bien su título esciertamente ominoso, el libro no es catastrofista en modo alguno sino,muy al contrario, una reflexión bien fundada sobre la vulnerabilidad deuna sociedad cuando llega a ser, a la vez, planetaria y altamentetecnológica. De modo más concreto, se trata de una meditación sobre loque Rees llama “el lado oscuro de la ciencia”, que hace ya probable quese puedan provocar cataclismos a causa de negligencias culpables oerrores inocentes o, peor aún, que individuos o grupos organizados seancapaces de cometer actos de terrorismo nuclear o biológico, contandocon el apoyo de algunos estados. Su análisis me parece adecuado, si biencreo que sería más exacto hablar del “lado oscuro del hombre” antes quede la ciencia. Según Rees, lo que ocurre es que hemos atravesado ya elumbral, a partir del cual “Una sociedad altamente tecnológica y planetaria se hace más vulnerable, pues los avances técnicos la hacen menos segura, no más”. Rees hace dos afirmaciones: i) que antes del año 2025 un ataqueterrorista con armas químicas, bacteriológicas o nucleares o bien unaimprudencia, como el escape de un virus letal producido por ingenieríagenética en un laboratorio o un virus informático que desbarate lascomunicaciones en una región de la Tierra, causará más de un millón demuertes; (ii) La probabilidad de que nuestra civilización sobreviva al sigloXXI no es mayor que el 50 %. La primera no es absurda en ningún modo. De hecho, suposibilidad ha sido confirmada en experimentos reales (es decir, novirtuales), por ejemplo soltando aerosoles desde pequeños aviones yestudiando cómo caen al suelo. Si los granos de polvo estuviesencargados con algún virus letal, el resultado sería horroroso. Dos estudioshan considerado en detalle dos casos ilustrativos: i) en julio de 2001, elejercicio “Invierno oscuro” simuló en EEUU un ataque biológico terrorista.El supuesto era que alguien lanzaba nubes de aerosol, simultáneamenteen tres zonas comerciales de tres estados distintos. La conclusión fue quesi el aerosol se hubiese cargado con virus de viruela habría habido almenos tres millones de infectados, de los que un tercio habrían muerto.ii) la Organización Mundial de la Salud estimó ya en 1970 que una sueltade 50 kg de esporas de ántrax desde un pequeño avión a barlovento deuna ciudad podría causar cien mil muertos. Tampoco la segunda es un dislate. La sociedad planetaria podríacolapsar dejando viva a mucha gente, a causa de un supevirusinformático que produjese un derrumbe económico o de una pandemiadebida a un supervirus letal o de un conflicto nuclear a mediados del sigloque ahora no podemos ni sospechar. Me temo que la advertencia de Rees merece consideración:atravesar el siglo XX será probablemente una prueba difícil para la
  14. 14. 14humanidad. Aporto dos datos expresivos: (i) cualquiera de los 40 o 50submarinos nucleares existentes lleva una carga explosiva total superior ala totalidad de la usada por la humanidad en todas sus guerra hasta hoy,incluyendo la Segunda Mundial y las de Corea, Vietnam, el Golfo e Irak;(ii) si los aproximadamente 13.000 megatones de potencia nuclear quehabía al principio de los noventa (no ha cambiado mucho esa cifra, pordesgracia) se distribuyesen por todo el mundo de manera uniforme, enproporción a la extensión de cada país, a España le corresponderían elequivalente de más de 3000 bombas como la de Hiroshima, o sea más de60 bombas nucleares por provincia. Cada dos o tres municipios podríancompartir una. Estos tremendos datos nos dice que es una necesidad acucianteentender de modo efectivo que hay distintas modos de pensamientos, elde la ciencia y el de la literatura por ejemplo, distintas culturas, distintasreligiones y que debemos entendernos todos. La ciencia será siemprenecesaria para atacar los problemas de la humanidad, algunos de ellosmuy difíciles, pero debemos resistir la tentación de usarla de una maneraexclusiva y examinar con cuidado en qué valores se basa cada desarrollo.Los argumentos anteriores muestran que no se trata de un debateacadémico, por el contrario podría ser una cuestión de supervivencia.

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