Conflicto historia

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Conflicto historia

  1. 1. a. Primera Historia: Una mañana iba la hormiga Pequeña por un camino cuando se encontró una miga de pan. - ¡Qué bien! –pensó. Me la llevaré al nido para comer pan este invierno.Cuando ya la tenía cogida, oyó que alguien le gritaba. - ¡Deja ese pan que es mío! ¡Yo lo he visto primero!Era una hormiga de otro hormiguero que también agarró el pan y comenzó a estirar en la otra dirección. Una estiraba hacia aquí, la otra hacia allá, y, claro está, el pan ni se movía. Por fin dejaron el pan y comenzaron a darse bofetadas. -¡Es mío! - ¡No, es mío! Y no paraban de pelearse. Cuando ya se habían repartido unas cuantas bofetadas, llegó una tercera hormiga, vio la miga de pan y quiso cogerla, pero las otras dos la vieron y le dijeron: - ¡Alto ahí! Deja ese pan que es nuestro –dijo una. - Eso es, y si quieres pan, tendrás que pelearte con nosotras –dijo otra. - ¿Pelearme yo? –exclamó la tercera hormiga. No tengo ningunas ganas de pelearme. Yo lo único que quiero es comer. ¿Por qué no nos partimos el pan entre las tres? - ¿Partirnos el pan? Pero si era para mí sola. . –dijo la primera hormiga. - No es verdad, era para mí –dijo la segunda hormiga. - ¿Lo veis? Así no habrá forma de entenderse – exclamó la tercera hormiga. Más vale que nos lo partamos ahora que sólo somos tres y no que esperamos a que venga otra hormiga. - Mira, en eso tienes razón –dijeron las dos primeras de acuerdo. Así que se partieron el pan y sacaron un poco de queso que llevaban y hasta un porrón de vino.Y suerte que decidieron comérselo, si no, a estas horas todavía estarían discutiendo. Es fácil y muy interesante teatralizar la historia al modo de teatro leído. BIBLIOGRAFÍA: Larreula, Enric: Las tres hormigas. Editorial Teide. Barcelona. 2003b. Segunda Historia: ¿Sabéis lo que es un sauce? Supongo que nunca habéis visto un sauce. Antes había muchos aquí pero ahora hay muy pocos. Los sauces son árboles grandes y sus hojas son muy verdes por la parte de arriba y muy blancas por la parte de abajo. Os contaré una historia que es real: “Dos pájaros estaban muy felices sobre el mismo árbol, que era un sauce. Uno de ellos se apoyaba en una rama en la punta más alta del sauce; el otro estaba más abajo, donde comenzaban a separarse las ramas. Después de un rato, el pájaro que estaba en lo alto dijo para romper el hielo: -¡Oh, qué bonitas son estas hojas tan verdes! El pájaro que estaba abajo lo tomó como una provocación y le contestó cortante: -¿Pero estás cegato? ¿No ves que son blancas? Y el de arriba, molesto, contestó: -¡Tú eres el que está cegato! ¡Son verdes!. Y el otro, desde abajo, con el pico hacia arriba, respondió: -¡Te apuesto las plumas de la cola a que son blancas. Tú no entiendes nada! El pájaro de arriba notaba que se iba enfadando, y sin pensarlo dos veces, se precipitó sobre su adversario para darle una lección. El otro no se movió. Cuando estuvieron cercanos, uno frente a otro, con las plumas de punta por la ira, tuvieron la lealtad de mirar los dos hacia la misma dirección antes de comenzar el enfrentamiento. El pájaro que había venido de arriba se sorprendió: ¡Oh, qué extraño!. ¡Fíjate que las hojas son blancas! E invitó a su amigo: -Ven hasta arriba adonde yo estaba antes. Volaron hacia la rama más alta del sauce y esta vez dijeron los dos a coro: -¡Fíjate que las hojas son verdes!
  2. 2. c. Tercera Historia: EL CORDERO LEONCIO.: En la primavera de hace unos años las ovejas de mi abuelo estaban pariendo corderos y corderas. Cada día que amanecía, el rebaño tenía alguna corderita más. Un día apareció un corderito algo diferente. Era más amarillito y tenía mucho pelo en la cabeza. La oveja que estaba a su lado se quedó extrañada pero era tanto el cariño que demostraban las ovejas y carneros a sus bebés que ella comenzó a comportarse como una auténtica mamá oveja. Al bebé cordero lo llamaron Leoncio. Era suave y cariñoso. A ves sus compañeras se reían de él porque tenía otro color. Además no sabía decir Bée … Solamente decía Aag … Salía a jugar con las demás corderitas y corderitos. Rodaban por el prado. Corrían. Saltaban … Todo el rebaño pensaba que Leoncio no era un corderito auténtico, que parecía más bien un cachorro de león. A Leoncio a veces le apetecía estirarse. Entonces se ponía algo tenso y parece como si fuera a rugir pero él se controlaba y cantaba: ¡Ay! Lara leiro. Pero Leoncio se sentía muy a gusto jugando con sus hermanas y hermanos corderos. Comía hierba y vegetales. La pastora que pasaba le regalaba algunas veces tomates para el almuerzo … Cuando pasaron unos meses, los corderitos ya eran ovejas y Leoncio ya tenía la figura y el tamaño de un selvático león. Sin embargo él se encontraba muy contento en esa comunidad de animales. Las ovejas y los carneros eran muy cariñosos y se divertían sin hacerse daño. Un día en que todo el rebaño estaba pastando en un prado lejano, escucharon un aullido muy extraño. ¡Auh! … - Era la loba Pepa. No estaban acostumbrados a escuchar ese aullido, por lo que empezaron a temblar de miedo. Las ovejas y los carneros dejaron de correr. Dejaron de saltar, de rodar . . . Y se escondieron detrás de los árboles. La mamá oveja cogió un martillo y fue corriendo a golpear a la loba. Pero realmente tenía tanto miedo que se volvió de nuevo al árbol donde estaba escondida. Estaba anocheciendo y la loba se acercó más. ¡Auh!- gritó de nuevo. Ningún animal del bosque se atrevía a decir a Pepa que se fuera y les dejase en paz. Pero Leoncio se estiró hacia arriba. Se fortaleció. Miró a un lado y al otro. Respiró muy lentamente. Estaba dispuesto a enfrentarse a la loba. Los demás animales le miraban y con la mirada le animaban a que fuese donde estaba Pepa. Leoncio comenzó a correr. A saltar . . . Sus saltos parecían gigantescos. Se plantó delante de la loba en un santiamén. Cuando estaba ante Pepa, estiró sus zarpas y mostró toda su dentadura. Parecía que iba a rugir y dar zarpazos. En ese momento es cuando Leoncio cantó de nuevo su: ¡Ay! Lara leiro. La loba quedó muy sorprendida. Se quedó mirando al león cordero y sonrió. Pasito a pasito se acercó a Leoncio y le dijo: Estoy sola. No tengo amigas y tengo hambre. Leoncio la escuchó y le propuso formar parte de su familia. Compartir la vida en el rebaño de ovejas y salir a correr, saltar, rodar por el campo, . . . compartir el desayuno y la comida, . . A Pepa ese plan le gustó y convirtió toda su fiereza en amabilidad para que todos los habitantes del bosque pudieran disfrutar de las maravillas de la naturaleza que les rodeaba. Entonces todos los animales del bosque se pusieron alrededor de Leoncio. Se sintieron muy contentos y le dieron las gracias diciendo: Bée …Bée …a. Primera historia: Un anciano fallece. En las puertas del cielo se encuentra con San Pedro que le dice: “Te has portado muy bien en la vida, así que como premio puedes pedir lo que más te apetezca, el deseo que más te gustaría colmar”. El anciano se toma un tiempo y responde que le encantaría hacerle una pregunta a Dios. “Y qué quieres preguntarle”, inquiere San Pedro. “Quiero preguntarle si algún día se acabarán los conflictos entre los hombres”. Se le concede el deseo y se presenta ante Dios. Le lanza la interrogación que tanto le espolea. Dios le responde: “Tengo buenas y malas noticias para esa pregunta. ¿Por cuál quieres que empiece?”. El anciano le invita a empezar por la buena. Dios le comenta con voz concluyente: “La buena noticia es que algún día se acabarán los conflictos. La mala es que no será durante mi existencia”.
  3. 3. b. Segunda historia: Un matrimonio judío se está peleando continuamente. Para poner remedio a la situación deciden visitar al rabino y conocer su justa opinión. Le radiografían el problema. “Estamos todo el día peleando, si uno hace una cosa el otro le parece mal, nunca nos ponemos de acuerdo, siempre estamos criticándonos”. El rabino le pregunta a la mujer cuál es exactamente el problema. La mujer le esboza la situación de disputa permanente. Cuando termina, el rabino mueve la cabeza en un gesto de aseveración y le asegura a la mujer que tiene razón en todo lo que le ha dicho. Luego llama al marido y le propone lo mismo. “Por favor, cuénteme en qué consiste su malestar”. El hombre se lo expone. Al acabar la exposición el rabino vuelve a mover la cabeza afirmativamente y le dice al marido que tiene razón en todo lo que le ha confesado. Entonces la mujer se rebela y le espeta al rabino con tono apremiante que eso no puede ser. “La razón o la tengo yo o la tiene él, pero ambos no”. El rabino la mira con ojos comprensivos y remata la conversación: “¿Sabe lo que le digo, señora? Que también tiene usted razónc. Tercera historia: Un mendigo harapiento y famélico va por la calle. De repente pasa por delante de un restaurante de lujo. De su interior sale un olor delicioso que hace imaginar que allí dentro se va a celebrar un banquete exquisito y opíparo. Se sienta a un lado de la puerta de la calle y se dice a sí mismo que eso que no puede comer al menos lo podrá oler. Al rato sale el jefe del restaurante a reprocharle que esté ahí sentando oliendo la comida. Le espeta: “Me tiene que pagar porque usted ha olido mi comida”, “Pero si no tengo dinero”, “Entonces tendremos que ir al juez a ver qué dictamina”. Le exponen el problema al juez. El juez le pregunta al mendigo si tiene dinero. “¿Yo?, pero si lo único que hacía era oler. Además soy pobre”. “¿Tiene usted dinero?”, insiste el juez. Al final el mendigo admite poseer tres monedas. El juez se las pide ante la protesta del mendigo. “Señor juez, esto es lo único que tengo, no puede arrebatármelo”. Al final se las da. El juez coge las monedas con la mano, cierra el puño y se acerca al jefe del restaurante. Hace tintinear las monedas a la altura de sus oídos. Y le dice: “Ya está usted pagado. Sonido por olor”

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