" D E L AT R A N Q U I L I D A D D E LÁ N I M O "S É N E C A
D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O3A SERENOI. SERENO: Cuando me examinaba a mí mis-mo, ¡oh Séneca!, aparecían...
S E N E C A4un estado que, no siendo el peor, es el más lamen-table y molesto, porque ni estoy del todo enfermo,ni sano. Y...
D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O5tormentos para obligarle a que resplandezca, sinoque sea casero y común y ...
S E N E C A6acompaña a los patrimonios que se despilfarran.¿Qué diré de esas aguas, relucientes hasta el fondo,que rodean ...
D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O7cosas que no son de estimar, me vuelvo a mi ocio ycomo los animales fatiga...
S E N E C A8tación; menor trabajo necesitan los que estudianpara el día". Pero en cuanto el ánimo se levantó denuevo con l...
D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O9alaban y lisonjean, no se elogia él mismo muchomás? Te suplico, pues, que ...
S E N E C A10necesidad de aquellos remedios más duros, por losque ya hemos pasado, como resistirte a tí mismo,irritarte co...
D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O11sieres. Mientras tanto, ha de ponerse por delante ybien visible todo el v...
S E N E C A12Nace esto de la destemplanza del ánimo y de la ti-midez y poco resultado de los deseos, que o no seatreven a ...
D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O13la soledad, las paredes, y contra su voluntad se vedejado a sí mismo.De a...
S E N E C A14excite y le distraiga le es grata, y más grata aun paralos nacidos con peor índole que gustosamente sedejan c...
D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O15que los ojos lascivos se alivien de la continua feal-dad de los lugares h...
S E N E C A16el mismo mundo y les salió aquello de los cansadosde las delicias: "¿Hasta cuándo las mismas cosas?III. Me pr...
D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O17ánimo; ni se enfreta el ímpetu de los leones y de lasfieras en sus guarid...
S E N E C A18do a tu obligación. Porque no solamente lucha elque está en el ejército y defiende el lado derecho oel izquie...
D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O19dar razón de él, otros sin dejar ninguna reliquia deél, que es de todo lo...
S E N E C A20en los espectáculos, en los convites, de buen com-pañero, de amigo fiel, de templado comensal. ¿Per-dió sus d...
D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O21permanece firme y ayuda con tus voces, si alguien teaprieta la garganta, ...
S E N E C A22los mejores, y no por eso ponían un término a sucrueldad, que se excitaba aun más a sí misma. En laciudad en ...
D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O23y es feliz, reinan en ella la petulancia, la envidia yotros mil vicios de...
S E N E C A24Ante todo es necesario que nos tanteemos a no-sotros mismos, porque nos parece que podemossoportar más de lo ...
D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O25aquellos otros que puede uno acabar o esperar concerteza su fin, dejando ...
S E N E C A26trabajo que se hace con repugnancia de la naturale-za.Nada hay que tanto deleite el ánimo como unaamistad fie...
D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O27entre los Platones, los Jenofontes y aquella prove-chosa descendencia de ...
S E N E C A28lo es de menores daños. Porque te equivocas sipiensas que los ricos sufren más animosamente laspérdidas; en l...
D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O29extranjero, ni grandes rentas en el foro. ¿No teavergúenzas tú que con la...
S E N E C A30negar! Pero puesto que no tenemos tanta fuerza,han de estrecharse ciertamente los patrimonios paraque estemos...
D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O31mirar con buenos ojos la pobreza, a cultivar la fru-galidad, aunque averg...
S E N E C A32Los mismos gastos para los estudios, que sonlos mejor empleados, son tanto más racionalescuando más moderados...
D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O33de volúmenes bosteza complaciéndose solamenteen sus apariencias y en sus ...
S E N E C A34que nacíamos, un alivio a las calamidades en la cos-tumbre, convirtiendo pronto en familiares las máspesadas....
D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O35Además, no han de enviarse muy lejos los de-seos, sino que les hemos de p...
S E N E C A36arbitrio de la fortuna, pues los ejemplos de los otrosnos exhortan a nosotros mismos a pararnos muchomás acá....
D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O37que así lo mandas, te los doy y devuelvo agradecidoy de buen grado. Si aú...
S E N E C A38por un hombre vivo. Pero quien sabe que estoquedó establecido en el instante mismo de ser con-cebido, vive co...
D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O39de un mal autor. Publilio, más vehemente que losingenios trágicos y cómic...
S E N E C A40uno está separado de lo otro por grandes intervalos,sino que en el espacio de una hora se pasa del tronoa est...
D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O41de Africa, y a Mitrídates, de Armenia, los hemosvisto entre los guardas d...
S E N E C A42se propusieron hacer, sino en los que casualmentecayeron. Su carrera es sin consejo y vana, como lade las hor...
D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O43uno de esos que salen a aumentar la turba, lo traen ylos llevan por la ci...
S E N E C A44derá el negocio, si no se interpone nada". Por estodecimos que nada le sucede al sabio contra su opi-nión; lo...
D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O45e interprete con dignidad aun las cosas adversas.Cuando se le anunció a n...
S E N E C A46que era bien conocida la fidelidad de Calígula a talesórdenes. ¿Crees acaso que pasó sin ningún cuidadolos di...
D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O47bía de volver a los amigos e indicarles cuál era lacondición de las almas...
S E N E C A48aprovecha tener, nacen como tinieblas. Debemos,pues, doblegarnos a que nos parezcan todos los vi-cios del vul...
D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O49ni en la risa ni en las lágrimas, porque atormentarsepor los males ajenos...
S E N E C A50¿Qué ha de esperar cada uno para sí viendo las co-sas tan malas que han padecido los mejores? Pero¿qué es est...
D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O51gero tiempo la manera de hacerse eternos y murien-do alcanzaron inmortali...
S E N E C A52diferencia entre vivir con sencillez y vivir con negli-gencia.Hay que recluirse mucho en sí mismo, porque elt...
D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O53se les ha de exigir excesivamente -porque pronto losagotaría una fertilid...
S E N E C A54mitad y dejaron las horas de la tarde para para losnegocios de menor cuidado. También nuestros ma-yores prohi...
D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O55Catón se le reprochó la embriaguez; pero sea quienfuera quien se lo imput...
S E N E C A56Pero has de saber que ninguno de ellos es bastantefuerte para conservar cosa tan frágil si un intenso yasiduo...
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Seneca: De la tranquilidad de animo

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I. SERENO: Cuando me examinaba a mí mismo, ¡oh Séneca!, aparecían en mí algunos vicios, puestos tan al descubierto que podía cogerlos con la mano; otros más obscuros y apartados, otros no continuos, sino que vuelven de cuando en cuando, de los cuales estoy por decir que son los más molestos, como esos enemigos escondidos que asaltan en las ocasiones, con los cuales ni se puede estar
preparado como en la guerra, ni seguro como en la paz.
Sin embargo, el estado en que principalmente me encuentro (¿por qué no he de confesarte la verdad como a un médico?) es el de ni estar liberado por completo de aquellas cosas que temía y odiaba, ni totalmente sometido a ellas; así estoy colocado en un estado que, no siendo el peor, es el más lamentable y molesto, porque ni estoy del todo enfermo, ni sano. Y no me digas que son tiernos los principios de todas las virtudes, que con el tiempo adquieren dureza y fuerza. Tampoco ignoro que en las cosas en que se trabaja por la estimación -me refiero a las dignidades, a la fama de elocuencia y a cuanto proviene del voto ajeno-, todo se consolida con el tiempo; y que así las que comunican verdaderas fuerzas como las que para agradar se revisten de falsas apariencias, han de esperar años hasta que poco a poco la duración les dé color; pero temo que la costumbre, que da consistencia a las cosas, no fije más profundamente en mí este vicio. La larga familiaridad, tanto de lo malo como lo de bueno, engendra cariño.

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  2. 2. D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O3A SERENOI. SERENO: Cuando me examinaba a mí mis-mo, ¡oh Séneca!, aparecían en mí algunos vicios,puestos tan al descubierto que podía cogerlos con lamano; otros más obscuros y apartados, otros nocontinuos, sino que vuelven de cuando en cuando,de los cuales estoy por decir que son los más mo-lestos, como esos enemigos escondidos que asaltanen las ocasiones, con los cuales ni se puede estarpreparado como en la guerra, ni seguro como en lapaz.Sin embargo, el estado en que principalmenteme encuentro (¿por qué no he de confesarte la ver-dad como a un médico?) es el de ni estar liberadopor completo de aquellas cosas que temía y odiaba,ni totalmente sometido a ellas; así estoy colocado en
  3. 3. S E N E C A4un estado que, no siendo el peor, es el más lamen-table y molesto, porque ni estoy del todo enfermo,ni sano. Y no me digas que son tiernos los princi-pios de todas las virtudes, que con el tiempo adquie-ren dureza y fuerza. Tampoco ignoro que en lascosas en que se trabaja por la estimación -me refie-ro a las dignidades, a la fama de elocuencia y acuanto proviene del voto ajeno-, todo se consolidacon el tiempo; y que así las que comunican verdade-ras fuerzas como las que para agradar se revisten defalsas apariencias, han de esperar años hasta quepoco a poco la duración les dé color; pero temo quela costumbre, que da consistencia a las cosas, no fijemás profundamente en mí este vicio. La larga fa-miliaridad, tanto de lo malo como lo de bueno, en-gendra cariño.Esta flaqueza del ánimo, que permanece dudosaentre lo uno y lo otro y ni se inclina fuertemente alo recto ni a lo depravado, no te la puedo exponerde una vez, sino que he de ir por partes; yo te con-taré lo que me pasa y tú encontrarás un nombre pa-ra esta enfermedad. Confieso que siento un granamor por la templanza: me gusta una cama noadornada ambiciosamente, y vestido que no hayasido sacado del arca y planchado con pesos y mil
  4. 4. D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O5tormentos para obligarle a que resplandezca, sinoque sea casero y común y que ni haya de ser guar-dado ni puesto con solicitud; me gusta una comidaque ni hayan tenido que prepararla todos los de lacasa, ni admire a los convidados, ni tenga que serordenada con muchos días de anticipación, ni servi-da por las manos de muchos, sino la corriente y fá-cil, que no tenga nada de rebuscada ni de preciosa,que se encuentre por todas partes, que no sea pesa-da ni al patrimonio ni al cuerpo, ni haya de salir pordonde ha entrado; me gusta el criado inculto y elesclavo tosco, la pesada plata de mi rústico padresin el nombre del artífice, y una mesa no vistosapor la variedad de colores, ni conocida en la ciudadpor haber pasado por muchos dueños elegantes,sino la que baste para el uso y no retenga voluptuo-samente los ojos de ningún convidado, ni enciendasu envidia. Pero gustándome mucho todo esto, meaprieta el ánimo el aparato de algún pedagogo, esosesclavos vestidos con una mayor diligencia y conmás oro que para una procesión, ese ejército desiervos resplandecientes; la casa en que se pisanpreciosas alfombras, en que las riquezas están dise-minadas por todos los rincones, los techos son re-fulgentes y hay siempre esa muchedumbre que
  5. 5. S E N E C A6acompaña a los patrimonios que se despilfarran.¿Qué diré de esas aguas, relucientes hasta el fondo,que rodean a los convidados, y de los banquetesdignos de este escenario? Lo que sí digo es que, alvenir de la lejana frugalidad, me cercó con sus res-plandores el lujo que por todas partes resuena a mialrededor. Mi vista vacila un poco y más fácilmenteseparo de él el ánimo que los ojos. Así me retiro nopeor, pero sí más triste, y entre mis deslucidas cosasno me encuentro ya satisfecho y me acomete unsordo remordimiento y la duda de si serán mejoresestas otras cosas. Ninguna de ellas me cambia, perotodas me combaten.Me gusta seguir los mandatos de los maestros ylanzarme a la política; me gusta alcanzar los honoresy haces, no por andar vestido de púrpura y rodeadode varas, sino para estar más dispuesto y ser más útila los amigos, a los parientes, a todos los ciudadanosy a todos los mortales. Más concretamente, sigo aZenón, a Cleantes y a Crispo, de los cuales ningunose metió en política y ninguno dejó de enviar a ella asus discípulos. Cuando algo hiere mi ánimo noacotumbrado a ser combatido, cuando sucede algoindigno, como hay tantas cosas en la vida humana,o no fácil de resolver, o me piden mucho tiempo
  6. 6. D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O7cosas que no son de estimar, me vuelvo a mi ocio ycomo los animales fatigados regreso a casa a pasomás ligero. Me agrada encerrar mi vida entre susparedes: "Que nadie me quite un solo día, pues nadaha de compensarme de tal dispendio, que estribe elánimo en sí mismo, que se cultive, que no haga na-da ajeno, nada en que intervenga el juicio ajeno,que, libre de cuidados privados y públicos, ame sutranquilidad". Pero en cuanto que una lectura másfuerte levanto el ánimo y le espolearon los noblesejemplos, me gusta lanzarme al foro, dar mi elo-cuencia al uno, mi trabajo al otro, y aunque no sir-van de nada, intentar sin embargo que aprovechen,y enfrentar en el foro la soberbia de alguno mala-mente engreído por su prosperidad.En los estudios a fe mía que pienso que lo mejores contemplar a las mismas cosas y hablar movidopor ellas, dando palabras a las cosas de modo que, adonde ellas lleven, les siga el discurso con esponta-neidad, "¿Qué necesidad hay de escribir libros queduren siglos? ¿Quieres tú no dejar de hacerlo paraque la posteridad no calle tu nombre? Has nacidopara morir y es menos molesto un funeral silencio-so. Pues entonces escribe por ocupar el tiempo ypara tu provecho con estilo sencillo y no con afec-
  7. 7. S E N E C A8tación; menor trabajo necesitan los que estudianpara el día". Pero en cuanto el ánimo se levantó denuevo con la grandeza de los pensamientos, luegose hace altivo en las palabras y ambiciona que asícomo aspira a cosas altas, su lenguaje también seaprofundo y que el discurso esté a la altura delasunto; olvidado de la ley y del juicio ajustado medejo llevar a lo alto y hablo con una boca que ya noes la mía.Para no detenerme más en cada cosa, en todasme sigue esta flaqueza de una inteligencia que esbuena. Temo que no vaya yo cayendo poco a pocoo, lo que aun es más de preocupar, que no estétambaleándome siempre como el que va a caer yque esto sea quizá más de lo que yo mismo preveo;porque miramos con benignidad las cosas propias yel favor siempre daña al juicio. Pienso que muchospudieron llegar a la sabiduría, si no se hubieran figu-rado que ya habían llegado a ella, si no hubiesendisimulado en sí mismos ciertas cosas, si no hubiesepasado por otras con los ojos tapados. Porque nohay ninguna razón para que juzgues que es más da-ñina la adulación ajena que la propia nuestra.¿Quién se atreve a decirse a sí mismo la verdad?¿Quién hay que, metido en la turba de los que les
  8. 8. D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O9alaban y lisonjean, no se elogia él mismo muchomás? Te suplico, pues, que si tienes algún remediocon el que detengas esta vacilación mía, me conside-res digno de que te deba mi tranquilidad. Sé que noson peligrosos estos movimientos del ánimo, ni meacarrean inquietud alguna; para expresar con unverdadero símil esto de que me quejo, te diré que nome fatiga la tempestad, sino la náusea. Líbrame delo que esto tenga de malo y socorre al náufrago queya está a la vista de la tierra.II. SÉNECA: A fe mía, oh Sereno, que ya hacetiempo que ando buscando en silencio a qué se pa-rece este estado de ánimo y no encuentro ejemploque más se le acerque que el de aquellos que ha-biendo salido de una larga y grave enfermedad, seven todavía molestados con pequeños movimientosy ligeros accidentes y aún después de haber echadode sí las reliquias de la enfermedad, les inquieta laaprensión y, ya curados, hacen que los médicos lestomen el pulso interpretando mal toda la tempera-tura de sus cuerpos. El cuerpo de éstos, oh Sereno,está sano, aunque no esté acostumbrado a la salud,como el mar, ya tranquilo, tiene una cierta agitación,cuando ya ha pasado la tormenta. No hay, pues
  9. 9. S E N E C A10necesidad de aquellos remedios más duros, por losque ya hemos pasado, como resistirte a tí mismo,irritarte contigo, apremiarte insistentemente, sino deaquel otro que se emplea el último, a saber, que ten-gas confianza en tí mismo y creas que vas por elcamino derecho, sin dejarte llamar por las huellastransversales de muchos que van de un lado paraotro, de los cuales algunos se extravían junto almismo camino. Lo que deseas es grande, sumo ypróximo a Dios: no ser conmovido.A este asiento firme del ánimo los griegos lellamaban eutymia o estabilidad y sobre ella hay unbello volumen de Demócrito; yo la llamo tranquili-dad. Porque no es necesario imitar y traducir laspalabras según su forma: la cosa misma de que setrata ha de expresarse con algún nombre, que ha detener la fuerza y no la cara de su designación griega.Tratamos de determinar, por consiguiente, cómopodrá el ánimo ir siempre con paso igual y próspe-ro, estar en paz consigo mismo y mirar alegría suscosas sin que este gozo se interrumpa, sino perma-neciendo en su estado de placidez sin levantarsenunca ni deprimirse. Esto es la tranquilidad. Bus-quemos, pues, en general como puede llegarse a ellay tú tomarás de este universal remedio cuanto qui-
  10. 10. D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O11sieres. Mientras tanto, ha de ponerse por delante ybien visible todo el vicio para que cada uno reco-nozca la parte que de él tiene; a la vez entenderáscuánto menos embarazo tienes tú con el fastidio detí mismo que todos esos que, consagrados a bri-llantes profesionales y abrumados con grandes títu-los, los mantiene en su simulación más la vergüenzaque la voluntad.Todos están en la misma situación, tanto los queestán vejados por su propia liviandad, por el tedio ypor la continua mudanza de propósitos, pues lesagrada siempre más lo que dejaron, como esos otrosque hechos unos holgazanes se pasan la vida boste-zando. Añade a éstos los que andan mudándose deun lado a otro, como los que tienen el sueño difícil,hasta que a fuerza de cansados encuentran la quie-tud. Tratando siempre de reformar el estado de suvida permanecen por último en aquel en que lossorprendió no el odio a los cambios, sino la vejezperezosa para todo lo nuevo. Añade también a és-tos los que son poco livianos, no por ser constantesen el vicio, sino por herencia, y viven no comoquieren, sino como empezaron a vivir. Son innu-merables las propiedades del vicio, pero su efecto essiempre único: el de descontentarse a sí mismo.
  11. 11. S E N E C A12Nace esto de la destemplanza del ánimo y de la ti-midez y poco resultado de los deseos, que o no seatreven a tanto como apetecen o no lo consiguen yse levantan tan sólo en esperanza; siempre soninestables y movedizos, lo que por fuerza ha de su-ceder a los que penden de algo. Por todos los ca-minos tratan de realizar sus deseos y se adoctrinan yobligan en cosas honestas y difíciles, pero cuandosus trabajos no tienen resultados, los atormenta sudeshonra infructuosa y no se arrepienten de haberquerido el mal, sino de haberlo querido en vano.Entonces se arrepienten de haber empezado y te-men volver a empezar y les invade aquella agitacióndel ánimo que no encuentra salida, porque no puedeni refrenar ni servir a sus deseos, y la indecisión deuna vida que se desarrolla poco, y el entorpeci-miento del ánimo ante sus sueños fracasados. Todolo cual se hace aun más grave cuando, por odio a sutrabajosa infelicidad, se refugian en el ocio, en losestudios solitarios, a los que no puede soportar unánimo levantado a las cosas civiles, deseoso de ac-ción y por naturaleza inquieto, esto es, que encuen-tra en sí mismo poco consuelo; por esto, privado delos deleites que las mismas ocupaciones proporcio-nan a los que andan entre ellas, no aguanta la casa,
  12. 12. D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O13la soledad, las paredes, y contra su voluntad se vedejado a sí mismo.De aquí ese hastío y descontento de sí mismo,ese desasosiego de un ánimo nunca asentado, y esatriste y agria paciencia con que soportan su propiaociosidad; pues cuando da vergüenza confesar lascausas y el pudor mantiene dentro de los tormentos,los deseos, encerrados en esta estrechura sin salida,se estrangulan a sí mismos. De aquí la tristeza y lalanguidez y las mil fluctuaciones de una mente in-cierta a quien las esperanzas empezadas mantienensuspensa, y triste, las fracasadas; de aquí tambiénaquel afecto de los que detestan su ocio y se quejande que ellos no tienen nada que hacer, y aquella en-vidia, tan enemiga de los crecimientos ajenos. Por-que alimenta la envidia la desgraciada pereza ydesean que todos se arruinen porque ellos no pu-dieron adelantar; de esta aversión a los progresosajenos y de la desesperación por los fracasos pro-pios nace después un ánimo irritado contra la fortu-na, quejoso de los tiempos, que se esconde en losrincones y está siempre absorbido por su propiapena, mientras tiene hastío y vergüenza de sí mis-mo. Porque por su naturaleza el ánimo humano eságil y pronto al movimiento. Toda materia que le
  13. 13. S E N E C A14excite y le distraiga le es grata, y más grata aun paralos nacidos con peor índole que gustosamente sedejan consumir por las ocupaciones. Como ciertasúlceras apetecen las manos que las dañan y gozancon que se las toque y así como a la sucia sarna delos cuerpos les deleita lo que la exaspera; así tam-bién digo de estas mentes, en las que han brotadolos deseos como malas úlceras, que tienen como unplacer el trabajo y las molestias. Porque hay ciertascosas que también con algún dolor deleitan a nues-tro cuerpo, como volverse y cambiar el costado nocansado todavía y refrescarse con una y otra postu-ra, como aquel Aquiles de Homero, ya boca abajo,ya boca arriba, mudándose en varias posturas pueslo propio del enfermo es no soportar nada muchotiempo y usar de los cambios como si fueran reme-dios.De aquí el emprender vagas peregrinaciones y elnavegar por mares desconocidos y tanto en la tierracomo en el mar hacer experiencias de esta liviandadtan enemiga de lo presente. "Ahora vayamos a laCampania". Pronto nos fastidian aquellos camposdeleitosos. "Veamos los incultos, recorramos losbosques de los Abruzos y de la Leucania". Y sinembargo, en los desiertos se busca algo ameno en
  14. 14. D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O15que los ojos lascivos se alivien de la continua feal-dad de los lugares hórridos. "Vayamos a Tarento ya su celebrado puerto y a los inviernos de clima sua-ve y a la región bastante provista para su antiguaturba". Demasiado tiempo descansaron nuestrosoídos de los aplausos, ya nos gusta de nuevo delderramiento de la sangre humana. "Volvamos a laciudad". Tan pronto como termina un viaje se em-prende otro y los espectáculos se cambian por otrosespectáculos. Como dice Lucrecio.De este modo cada uno huye siempre de sí mismoPero ¿qué le aprovecha si realmente no huye?Se sigue a sí mismo y le molesta el más pesado delos compañeros. Y así debemos saber que la mo-lestia que padecemos no proviene de los lugares,sino de nosotros mismos; flacos somos para so-portarlo todo y no tenemos aguante para sufrir mu-cho tiempo ni el trabajo, ni el placer, ni a nosotrosmismos, ni a ninguna cosa. A muchos llevó a lamuerte el que, cambiando frecuentemente de pro-pósito, volvían siempre a lo mismo y no dejabanlugar a la novedad, Comenzó a fastidiarles la vida y
  15. 15. S E N E C A16el mismo mundo y les salió aquello de los cansadosde las delicias: "¿Hasta cuándo las mismas cosas?III. Me preguntas de qué remedio pienso yo quehas de usar contra ese hastío. Según la opinión deAtenodoro, el mejor sería ocuparse en las cosas dela República, en su administración y en los oficiosciviles. Pues así como algunos se pasan el día al soly ejercitando a sus cuerpos, y es utilísimo a los atle-tas consagrar la mayor parte de su tiempo a fortale-cer sus músculos y su fuerza para lo único a que sededican, así para vosotros que os preparáis para lasluchas civiles será muy hermoso que estéis siempreen el mismo trabajo. Pues el que tiene el propósitode hacerse útil a sus conciudadanos y a todos losmortales, se ejercita y a la vez se aprovecha si se de-dica a sus deberes propios, administrando según susfacultades las cosas comunes y las privadas. "Pero-dice- es tan loca la ambición de los hombres y sontantos los calumniadores que retuercen en el peorsentido las cosas más rectas, que es poco segura lasencillez, y puesto que han de ser más los obstácu-los que las ayudas, mejor es retirarse del foro y delos cargos públicos, que también hay en las cosasprivadas donde se desarrolle ampliamente un gran
  16. 16. D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O17ánimo; ni se enfreta el ímpetu de los leones y de lasfieras en sus guaridas, ni tampoco el de los hombrescuyas acciones más grandes son las que hacen en elapartamiento. Sin embargo, ha ocultarse de maneraque dondequiera que esconda su ocio, quiera servira todos y a cada uno con su ingenio, con su voz ycon su consejo. Pues no solamente aprovecha a laRepublica quien apadrina a los candidatos y defien-de a los reos y da su opinión en las cosas de la paz yde la guerra, sino también el que exhorta a la ju-ventud, el que en tanta escasez de buenos precepto-res inculca la virtud en los ánimos, el que detiene oretrae a los que corrían a precipitarse en las riquezaso en la lujuria, y si no lo consigue del todo, por lomenos los retarda; quien hace esto, aun en privado,está haciendo una función pública. ¿Es que acasoaprovecha más el pretor que entre los extranjeros ylos ciudadanos, si es urbano, entre los asistentes,pronuncia las sentencias del asesor, que quien ense-ña qué es la justicia, qué la piedad, qué la paciencia,qué la fortaleza, qué el desprecio de la muerte, quéel conocimiento de los Dioses, qué bien tan seguroy tan gratuito es la buena conciencia? Luego sitransfieres a los estudios el tiempo que has hurtadoa los cargos públicos, ni has desertado, ni has falta-
  17. 17. S E N E C A18do a tu obligación. Porque no solamente lucha elque está en el ejército y defiende el lado derecho oel izquierdo, sino también el que defiende las puer-tas y desempeña su misión en puesto de menor pe-ligro, pero también de trabajo, haciendo decentinela y guardando las armas, pues estos ministe-rios, aunque sean incruentos, se cuentan tambiéncomo servicios militares. Si te retiras a los estudios,huirás de todo el fastidio de tu vida y ya no desearáspor odio a la luz que se haga de noche, ni te cansa-rás de tí mismo, ni serás inútil a los otros; muchosbuscarán tu amistad y los mejores vendrán a tí.Porque la virtud, aunque obscura, nunca se esconde,y da señales de sí, y todo el que fuera digno de ellala encontrará por sus huellas. Pues si prescindimosde toda convivencia y renunciamos al trato de loshombres y vivimos vueltos exclusivamente a noso-tros, seguirá a esta soledad, desprovista de todo de-seo, una escasez completa de ocupaciones.Empezaremos a construir unos edificios, a derribarotros, a remover el mar, a conducir las aguas contrala dificultad de los lugares, y a malgastar el tiempoque la naturaleza nos dio para consumirlo bien.Unos lo empleamos parcamente, pródigamenteotros; unos lo invertimos de modo que podamos
  18. 18. D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O19dar razón de él, otros sin dejar ninguna reliquia deél, que es de todo lo más vergonzoso. Con frecuen-cia un viejo de muchos años no tiene ningún otroargumento con el que pruebe que ha vivido muchoque su misma edad".IV.A mí me parece, mi muy querido Sereno, queAtenedoro se sometió demasiado a las circunstan-cias y que huyó demasiado pronto. Pues no niegoque alguna vez hay que ceder, pero poco a poco, apaso lento, salvando las banderas y el honor militar;son más sagrados para los enemigos y están másseguros los que se rinden con las armas en la mano.Pienso que esto es lo que ha de hacer la virud y elaficionado a ella. Si prevalece la fortuna y le corta lafacultad de obrar, no huya luego volviendo la espal-da desarmado y buscando dónde esconderse, comosi hubiese algún lugar en el que no le pudiera perse-guir la fortuna, sino mézclese más parcamente a loscargos públicos y busque con discernimiento algoen que sea útil a la ciudad. ¿No se puede entrar enla milicia? Busque los cargos civiles. ¿Ha de viviren privado? Hágase orador. ¿Se le impone silencio?Ayude a los ciudadanos de manera callada. ¿Es pe-ligroso para él entrar en el foro? Haga en las casa,
  19. 19. S E N E C A20en los espectáculos, en los convites, de buen com-pañero, de amigo fiel, de templado comensal. ¿Per-dió sus deberes y derechos de ciudadano? Cumplalos de hombre. Por eso con verdadera grandeza deánimo no nos hemos recluído en las murallas deuna ciudad, sino que hemos establecido comunica-ción con todo el orbe y hemos profesado que nues-tra patria es el mundo, para que pudiéramos dar másancho campo a la virtud. ¿Se te cierra el tribunal yno te dejan hablar en la tribuna o en los comicios?Mira detrás de tí cuántas amplísimas regiones ycuántos pueblos te están abiertos. Nunca se te ce-rrará una parte tan grande que no te quede otra aúnmayor. Pero mira bien no vaya a ser todo esto cul-pa tuya por no querer servir a la República sino co-mo cónsul o pritano o cerice o sufeta. ¿Es que paraser militar, no quieres sino ser general o tribuno?Aunque otros estén en primera fila y la suerte tehaya colocado en la retaguardia, pelea desde allá conla voz, con la exhortación, con el ejemplo, con elánimo: aun con las manos cortadas encuentra lamanera de ayudar en el combate a sus partidariosquien permanece en pie y anima a los otros con susgritos. Así has de hacer tú también. Si la fortuna tesepara de los primeros puestos de la República,
  20. 20. D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O21permanece firme y ayuda con tus voces, si alguien teaprieta la garganta, permanece en pie y ayuda con tusilencio. Nunca es inútil el trabajo de un buen ciu-dadano; está aprovechando con que se le oiga y se levea, con el rostro y con el gesto, con su obstinacióncallada y hasta con sus mismo pasos. Como ciertasmedicinas que, sin tomarlas ni tocarlas, aprovechansólo con olerlas, así la virtud difunde su utilidad aundesde lejos y oculta. Ya venga holgura y use de suderecho, ya sean precarias sus salidas y venga obli-gada a recoger sus velas, ya esté ociosa y muda yrecluída en estrecheces, ya esté en público, cualquie-ra que sea su situación, sirve de provecho. ¿Por quépiensas que es de poca utilidad el ejemplo del queretirado vive bien? Con gran diferencia lo mejor detodo es mezclar el ocio con los negocios siempreque la vida activa está impedida o por obstáculosnaturales o por las condiciones de la República;porque nunca se cierran tan por completo todas lascosas que no quede lugar para una acción honesta.V. ¿Puedes acaso encontrar una ciudad más des-graciada que lo fué la de los atenienses cuando ladespedazaban aquellos treinta tiranos? Habían dadomuerte a mil trescientos ciudadanos, todos ellos de
  21. 21. S E N E C A22los mejores, y no por eso ponían un término a sucrueldad, que se excitaba aun más a sí misma. En laciudad en que había un Areópago, el más sagradode los tribunales, en la que había un Senado y unpueblo semejante al Senado, se reunía diariamente eltriste conciliábulo de verdugos y la desgraciada curiaera estrecha para tantos tiranos.¿Podía tener descan-so una ciudad en la que había tantos tiranos comosoldados? Ni podía ofrecerse a los ánimos ningunaesperanza de recobrar la libertad ni aparecía lugar aningún remedio contra tan gran fuerza del infortu-nio. Porque ¿de dónde para una ciudad tan desgra-ciada como Harmodios? Sin embargo, Sócratesestaba en medio y consolaba a los pobres que llora-ban, y exhortaba a los que desesperaban de la Re-pública, y reprobaba a los ricos que tenían por susriquezas la tardía penitencia de su peligrosa avaricia,y a los que quisieran imitarlo les ofrecía el granejemplo que les daba andando libre entre treintatiranos. Sin embargo, la misma Atenas le diomuerte en la cárcel y el que había insultado impu-nemente a todo un ejército de tiranos murió porquela libertad no toleró la que él tenía. Así comprende-rás que en una República afligida tiene un varónsabio ocasión de manifestarse y que, cuando florece
  22. 22. D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O23y es feliz, reinan en ella la petulancia, la envidia yotros mil vicios de la inactividad. Según se presentela República y nos permita la fortuna, nos desenvol-veremos más o habremos de encogernos, perosiempre hemos de movernos sin dejarnos entorpe-cer por las ataduras del miedo. Más aun, un hom-bre de verdad es que rodeado de peligros por todaspartes y oyendo cerca el estrépito de las armas y delas cadenas, no quiebra la virtud, ni la esconde; por-que guardarse no es enterrarse. Con verdad, segúnpienso, decía Curio Dentanto que prefería sermuerto a vivir muerto; el último de los males es salirdel número de los vivos antes de morir. Pero si hascaído en un tiempo menos oportuno para los nego-cios de la República, lo que has de hacer es consa-grarte más al ocio y a las letras, no de otro modoque en una navegación peligrosa te refugias en elpuerto, y no dejes que los negocios te dejen, sinoque tú mismo te separes de ellos.VI. Ante todo debemos examinarnos a nosotrosmismos; después, los negocios que vamos a em-prender; finalmente, aquellos por los que o con loscuales los emprendemos.
  23. 23. S E N E C A24Ante todo es necesario que nos tanteemos a no-sotros mismos, porque nos parece que podemossoportar más de lo que realmente podemos. Uno,confiado en su elocuencia, se despeña; otro exige desu patrimonio más de lo que puede soportar; otrooprime su enfermizo cuerpo con un trabajoso car-go; a unos su vergüenza los hace poco idóneos paralos cargos públicos, que requieren una frente osada;a otros su tenacidad no los hace aptos para la curia;éstos no dominan su ira y cualquiera indignación loslanza a palabras temerarias; aquéllos no saben con-tener su donaire, ni abstenerse de peligrosas choca-rrerías. Para todos éstos es más útil el ocio que elnegocio; un natural altivo y mal sufrido ha de evitarlas excitaciones que dañen a la libertad.Después se han pesar las obras mismas que em-prendemos y comparar nuestras fuerzas con las quevamos a intentar, porque siempre deben ser más lasdel que trabaja que las de la obra: por fuerza ha deoprimir la carga que es más pesada que quien la lle-va. Hay además otros negocios que no son tangrandes como fecundos y traen consigo otros mu-chos. Ha de huirse de éstos de los que nace nueva ymúltiple ocupación, ni acercarse allí de donde no sepueda salir libremente; se ha de poner mano en
  24. 24. D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O25aquellos otros que puede uno acabar o esperar concerteza su fin, dejando los que se extienden más amedida que más se trabaja en ellos, ni acaban dondeuno se propuso.VII. Hemos de seleccionar también a los hom-bres, para ver si son dignos de que les consagremosparte de nuestra vida o si les sirve de algo la pérdidade nuestro tiempo, porque algunos nos imputancomo obligación lo que voluntariamente les conce-demos. Atenodoro dice que no iría ni a cenar conel que no pensase que le debía algo por esto. Piensoque entiendes que mucho menos iría con los queigualan una invitación a comer con los deberes de laamistad, contando por dádivas los platos, como sisu falta de templanza fuera un honor a los invitados:quítales los testigos y los espectadores y no tendrángusto en un banquete secreto.Has de considerar si tu naturaleza es más aptapara la acción que para el estudio ocioso y la con-templación, e inclinarte a donde te lleve las fuerzade tu ingenio. Sócrates sacó del foro a Eforo, lle-vándoselo de la mano porque pensaba que era másútil componiendo monumentos históricos; cuandose obliga a los ingenios responden mal, y es vano el
  25. 25. S E N E C A26trabajo que se hace con repugnancia de la naturale-za.Nada hay que tanto deleite el ánimo como unaamistad fiel y dulce. ¡Qué bueno es que los pechosestén dispuestos para que con seguridad se depositeen ellos todo secreto, confiando más en la concien-cia de los demás que en la misma tuya, cuando suspalabras alivian tu preocupación, sus consejos hacenmás expedita la decisión, su alegría disipa la tristezay hasta su misma presencia deleita! A los amigoshemos de elegirlos vacíos, en cuanto fuere posible,de deseos; porque los vicios entran solapados yasaltan al que está cerca y lo dañan con su contacto.Así como en una epidemia hay que tener cuidado deno acercarse a cuerpos ya atacados y ardiendo en laenfermedad, porque atraemos el peligro y con lamisma respiración nos exponemos al contagio, delmismo modo al elegir los amigos hemos de cuidarde tomar a los menos manchados; el principio de laenfermedad es mezclar a los sanos con los enfer-mos. No es que yo te mande que no sigas ni teatraigas más que al sabio. Porque ¿dónde encontra-rías al que hace tantos siglos que buscamos? Hacede mejor el que es menos malo. Apenas tendríasfacultad de hacer una selección más feliz si buscaras
  26. 26. D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O27entre los Platones, los Jenofontes y aquella prove-chosa descendencia de Sócrates, o si pudieras ha-certe de la época de Catón, en la que hubo muchosdignos de nacer en su tiempo, así como muchospeores que los mayores criminales de todos lostiempos: de las dos clases se necesitaba para queCatón pudiese ser comprendido; debió tener tanto ahombres buenos que le aprobaran como a maloscon los que experimentase su fuerza. Pero ahora,con tanta escasez de hombres buenos, la elección sehace menos fastidiosa. Principalmente han de evi-tarse los tristes y los que lo deploran todo y para losque todo es motivo de queja. Aunque éstos tenganfe y amor, es contrario a la tranquilidad el compañe-ro inquieto y que gime por todo.VIII. Pasemos a la hacienda, materia la másgrande de las desdichas humanas; pues si comparastodas las otras cosas que nos angustian: las muertes,las enfermedades, los miedos, los deseos, tener quesufrir dolores y trabajos, con las que nos acarreanuestra mala riqueza, la parte de ésta pesará muchomás. Y así se ha de pensar que es más liviano dolorno tenerla que perderla; con esto entenderemos quela pobreza es ocasión de menores tormentos porque
  27. 27. S E N E C A28lo es de menores daños. Porque te equivocas sipiensas que los ricos sufren más animosamente laspérdidas; en los cuerpos más grandes y en los máspequeños es igual el dolor de las heridas. Gracio-samente dijo Bión que no es menos molesto a uncalvo que a un cabelludo que le arranquen algúnpelo. Esto mismo has de entender de los pobres yde los ricos: para ellos el tormento es igual, pues aunos y a otros se les pega su dinero y no se les pue-de quitar sin que lo sientan. Pero, como ya dijimos,es más llevadero no adquirirlo que perderlo y poresto verás más alegres a los que nunca miró la for-tuna que a los que abandonó. Lo vió esto Dióge-nes, varón de gran ánimo, e hizo de forma que nadase le pudiera quitar. Tú llamas a esto pobreza, esca-sez, necesidad; pon a esta seguridad el nombre ig-nominioso que quieras. Pensaré que éste no es felizsi me encuentras algún otro que no pueda perdernada. O yo me engaño o es tener todo un reinoestar entre avaros, timadores, ladrones y plagiariossiendo el único a quien no se puede dañar. Si al-guién duda de la felicidad de Diógenes, tambiénpuede dudar del estado de los dioses inmortales y deque vivan felizmente, porque no tienen predios, nihuertos,ni campos hermosos cultivados por colono
  28. 28. D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O29extranjero, ni grandes rentas en el foro. ¿No teavergúenzas tú que con las riquezas te embobas?Mira ahora al mundo: verás desnudos a los dioses,que lo dan todo y nada tienen. ¿Qué piensas: qué esun pobre o que es semejante a los dioses quien sedespojó de todos los bienes fortuitos? ¿Dices túque es más feliz Demetrio, el esclavo de Pompeyo,que no se avergonzó de ser más rico que Pompeyo?Cada día se le daba cuenta, como al general de unejército, del número de esclavos, a él para quien po-co antes debió ser la riqueza un par de sustitutos yuna celda un poco más ancha. En cambio el únicosiervo de Diógenes huyó y no pensó, cuando se ledescubrió, que valiese la pena hacerlo volver. De-cía: "Es una vergüenza que Manen pueda vivir sinDiógenes y Diógenes no pueda vivir sin Manen"Parece que me dijo: "Haz tu negocio, oh fortuna:nada de Diógenes es tuyo. Me huyó mi siervo, omejor, yo mismo quedé libre". Pídenme de comer yde vestir mis criados familiares, hay que satisfacertantos vientres de voracísimos animales, comprarlesvestidos y custodiar sus muy rapaces manos y utili-zar los servicios de los que están llorando y rene-gando. ¡Cuánto más feliz el que a nadie debe nada,sino a sí mismo, a quien tan fácilmente se lo puede
  29. 29. S E N E C A30negar! Pero puesto que no tenemos tanta fuerza,han de estrecharse ciertamente los patrimonios paraque estemos menos expuestos a las injurias de lafortuna. En la guerra están más seguros los cuerposque pueden contraerse a la medida de los escudosque los que los desbordan y su grandeza los descu-bre por todas partes a las heridas. El mejor límitede la riqueza es el que ni cae en la pobreza, ni seaparta mucho de ella.IX. Nos agradaría esta medida si previamentenos hubiese agradado la parsimonia sin la cual nin-guna riqueza es suficiente, ni ninguna bastanteabierta, sobre todo teniendo el remedio tan cerca ypudiendo convertirse la misma pobreza en riquezacon sólo llamar a la frugalidad. Acostumbrémonosa apartar de nosotros el lujo y a apreciar las cosaspor su utilidad y no por lo que adornen. La comidaaplaque el hambre; la bebida, la sed: el placer fluyapor donde es necesario; aprendamos a apoyarnos ennuestros mismos miembros, ajustemos nuestro co-mer y vestir no a los nuevos ejemplos, sino comonos enseñan las costumbres de nuestros mayores:aprendamos a aumentar la continencia, a refrenar lalujuria, a mitigar el ansia de gloria, a suavizar la ira, a
  30. 30. D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O31mirar con buenos ojos la pobreza, a cultivar la fru-galidad, aunque avergüence a muchos, empleandoremedios cada vez menos costosos para los deseosnaturales, teniendo refrenadas las esperanzas y co-mo atado el ánimo que tiende hacia lo futuro yobrando de manera que nos vengan las riquezas denosotros mismos y no de la fortuna. Nunca puedetanta variedad e iniquidad de sucesos ser repelidasin que se levanten grandes tormentas a estos quehan lanzado a la mar tantos navíos. Hay que estre-char las cosas para que las flechas caigan en vano ypor esto a veces los destierros y las calamadidadesson un remedio y con ligeras incomodidades se cu-ran otras más pesadas. Cuando el ánimo se cuidapoco de los preceptos y no puede curarse más sua-vemente, ¿no será quizá para su bien que se le pres-criba la pobreza, la infamia y la ruina, oponiendo unmal a otro mal? Acostumbrémonos, pues a cenarsin convidados y a servirnos de pocos esclavos y aemplear los vestidos en aquello para que se inventa-ron y a vivir en casas menos amplias. No sólo en lascarreras y en las luchas del circo, sino también enestos combates de la vida hemos de replegarnoshacia el interior.
  31. 31. S E N E C A32Los mismos gastos para los estudios, que sonlos mejor empleados, son tanto más racionalescuando más moderados. ¿A qué innumerables li-bros y bibliotecas, cuyo dueño apenas si en toda lavida lee los índices? Su multitud no instruye, sinoque abruma al que quiere aprender y aprovecha mu-cho más entregarse a pocos autores que andar cu-rioseando por muchos. Cuarenta mil librosardieron en Alejandría: que este hermosísimo testi-monio de la magnificencia de los reyes lo alabe otro,como Tito Livio, que dice que fué una obra egregiade la elegancia y diligencia de los reyes. Pero no fuéni buen gusto ni diligencia, sino una estudiosa de-masía, o mejor dicho, no fué estudiosa porque losreunieron para los estudios, sino para sola vista,como para muchos que ignoran hasta las primerasletras, los libros no son instrumentos de estudios,sino ornatos de los comedores. Reúnanse, pues, loslibros que sean suficientes y ninguno por ostenta-ción. Dices: "Es más honesto gastar en esto queno en vasos de Corinto y en tablas pintadas".Siempre es vicioso lo que es demasiado. ¿Qué ra-zón tienes para perdonar al hombre que se hace ar-marios de limonero y de marfil y busca libros deautores desconocidos o malos y entre tantos miles
  32. 32. D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O33de volúmenes bosteza complaciéndose solamenteen sus apariencias y en sus títulos? Verás, pues, enlas casas de los más desidiosos todos cuantos librosse han escrito de oratoria y de historia, teniendo losestantes llenos hasta los techos; poque ya aun en losbaños y en las termas también la biblioteca es unornamento necesario de la casa. Lo perdonaría porcompleto, si el error fuera por un excesivo afán desaber. Pero ahora estas tan buscadas obras de losingenios consagrados, copiadas con sus retratos, secompran para adorno y gala de las paredes.X. Pero has caído en un género difícil de vida ysin saberlo tú la fortuna, o pública o privada, te ten-dió un lazo que no puedes ni desatar ni romper.Considera que los presos al principio soportan mallos pesos y cadenas que impiden sus pasos, perocuando se proponen no indignarse contra ellos, sinosoportarlos, la necesidad les enseña a llevarlos confortaleza y la costumbre con facilidad. En cualquiergénero de vida encuentras placeres, compensacionesy deleites, si quieres pensar que los males son levesmejor que hacerlos insoportables. Por ningún títulose nos hizo tan acreedora la naturaleza como porhaber encontrado, sabiendo las desgracias para las
  33. 33. S E N E C A34que nacíamos, un alivio a las calamidades en la cos-tumbre, convirtiendo pronto en familiares las máspesadas. Nadie resistiría si las cosas adversas tuvie-ran la misma fuerza al hacerse asiduas que en elprimer choque. Todos estamos atados a la fortuna,Unos con cadena dorada y floja, otros con estrechay fea, pero ¿qué más da? En la misma cárcel esta-mos todos y también son presos los mismos queaprisionaron, a no ser que pienses que es más livia-na la cadena en la mano izquierda. A unos atan loshonores; a otros las riquezas; a unos agobia la noto-riedad, a otros, la bajeza; unos doblegan la cabeza ala tiranía ajena; otros a la propia; a unos los detieneen un lugar el destierro, a otros el sacerdocio. Todala vida es servidumbre. Hay que acostumbrarse, porlo tanto, a la condición propia y, sin quejarse de ellalo más mínimo, aprovechar la comodidad que setenga alrededor; nada hay tan acerbo en que no en-cuentre consuelo un ánimo ecuánime. Muchas ve-ces áreas pequeñas quedaron abiertas para muchosusos por el arte del arquitecto y aunque el lugar seaangosto, lo hace habitable una buena disposición.Usa de tu razón en las dificultades; pueden suavizar-se las cosas duras y ampliarse las estrechas y abru-mar menos las pesadas, si se saben llevar.
  34. 34. D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O35Además, no han de enviarse muy lejos los de-seos, sino que les hemos de permitir que sólo salgana lo cercano, porque ser encerrados del todo no loconsienten. Dejando lo que no puede hacerse o tansólo muy difícilmente, sigamos las cosas próximasque alimentan la esperanza, pero sabiendo muy bienque todas son igualmente livianas y aunque tenganpor fuera diversas caras, por dentro son igualmentevanas. Ni hemos de envidiar a los que estén másarriba; pues lo que parece altura es despeñadero.Aun aquellos a quienes una suerte inicua pusoen una encrucijada, estarán más seguros quitándolessoberbia a las cosas de suyo altivas y llevando sufortuna a lo llano tanto cuanto puedan. Hay mu-chos que necesitan seguir encaramados en la cum-bre, de la que no pueden descender sino cayendo,pero atestiguan que ésta es su mayor carga por elhecho de que están obligados a ser gravosos a otros,y más bien están clavados que elevados. Con justi-cia, mansedumbre, humanidad y mano generosa ybenigna han de prepararse para los cambios de for-tuna muchas ayudas con las que su esperanza estémás segura. Pero nada puede defendernos tan biende estas fluctuaciones del ánimo que el fijar siempreun límite a los crecimientos, ni dejar que acaben al
  35. 35. S E N E C A36arbitrio de la fortuna, pues los ejemplos de los otrosnos exhortan a nosotros mismos a pararnos muchomás acá. Así aunque algunos deseos acucien elánimo, limitándolos, no se extenderán ni a lo in-menso, ni a lo incierto.XI. Estas mis palabras son pertinentes para losimperfectos, los mediocres y los malsanos y no parael sabio. Éste no ha de andar ni con timidez, ni pa-so a paso, porque tiene tanta confianza en sí mismoque no duda en salir al encuentro de la fortuna, ninunca le cede el lugar. Ni tiene por qué temerla,porque no sólo los esclavos, las posesiones y la dig-nidad, sino también su cuerpo y sus ojos y sus ma-nos y todo cuanto hace más grata la vida al hombrey hasta a él mismo lo cuenta entre las cosas preca-rias, y vive como de prestado, y cuando se lo pidentodo lo devuelve sin tristeza. Y no lo desestima porsaber que no es suyo, sino que lo hace todo contanta diligencia y circunspección como el hombrereligioso y santo suele guardar lo que se confía a sufe. Y cuando se le mande devolverlo, no se quejaráde la fortuna, sino que dirá: "Te estoy agradecidopor el tiempo que lo poseí y lo tuve. Cultivé cier-tamente tus bienes con gran esfuerzo, pero puesto
  36. 36. D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O37que así lo mandas, te los doy y devuelvo agradecidoy de buen grado. Si aún quieres que tenga algo tu-yo, lo guardaré, pero si te agrada lo contrario, laplata labrada, la acuñada, mi casa y mi familia te ladevuelvo y restituyo". Si llamare la naturaleza, queprimero se confió a nosotros, le diremos: "Recibeun ánimo mejor que el que me diste. Ni ando consutilezas, ni busco evasivas: aquí tienes preparadopor quien sabe y quiere, lo que diste al que no teníaconciencia: tómalo". ¿Qué molestia es volver alláde donde viniste? Mal vive quien no sabe morirbien. A esto es, pues, a lo primero que hay que re-bajar de precio, y hay que contar al aliento entre lascosas viles. Odiamos a los gladiadores, como diceCicerón, que a toda costa desean conservar la vida,y los aplaudimos si hacen bien claro que la despre-cian. Entérate, que lo mismo nos sucede a noso-tros, porque con frecuencia la causa de morir es elmiedo a la muerte. La fortuna que está jugando di-ce: "¿Para qué te he de conservar, animal malo ycobarde? Serás más herido y traspasado si no sabespresentar el cuello. Pero tú vivirás más tiempo ymorirás más expeditamente si recibes el cuchillo sinapartar la cabeza, ni oponer las manos, sino amisto-samente". El que teme la muerte nunca hará nada
  37. 37. S E N E C A38por un hombre vivo. Pero quien sabe que estoquedó establecido en el instante mismo de ser con-cebido, vive con arreglo a lo estipulado y a la vezprocurará con la misma fortaleza de ánimo que na-da de lo que le suceda sea imprevisto. Porque pre-viendo que ha de suceder todo cuanto puede venir,suavizará el ímpetu de todos los males, que no traennada nuevo a los que están preparados y esperán-dolos y no se hacen pesados más que a los que secreen seguros y esperan solamente la felicidad.Existen la enfermedad, el cautiverio, la ruina, el fue-go; ninguna de estas cosas es repentina: ya sabía yoen qué revoltoso hospedaje me encerró la naturale-za. Tantas veces se ha llorado en mi vecindad; tan-tas veces ante mi puerta haces y cirios precedieronentierros prematuros; con tanta frecuencia sonó elestrépito de un edificio que se derrumba: a muchosde aquellos que el foro, la curia, la conversaciónunieron conmigo, se los llevó la noche, y las manosque estaban unidas por la amistad, la sepultura lasseparó. ¿Y me he de admirar que alguna vez se meacerquen los peligros que siempre anduvieron dan-do vueltas en torno de mí? La mayoría de los hom-bres no piensan en la tempestad cuando van aembarcarse. Nunca me avergonzará una cita buena
  38. 38. D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O39de un mal autor. Publilio, más vehemente que losingenios trágicos y cómicos, siempre que dejó lasnecedades mímicas y las palabras destinadas al vul-go, entre otras muchas cosas más fuertes que el co-turno y no solamente el sipario, dice esto:A cada cual puede suceder lo que puede suceder aalguno.(Publilio Liro)El que se penetrase de esto hasta la medula yconsiderase que todos los males ajenos, cuya abun-dancia todos los días es tan copiosa, tienen tan libreel camino a los demás como a sí mismo, estará ar-mado mucho antes de que le ataquen; es tardío queel ánimo se prepare a sufrir los peligros después quehayan llegado. "No pensé que esto había de suce-der" o "¿Hubieras tú creído que esto jamás había depasar? ¿Pero por qué no? ¿Qué riquezas hay que nolleven a sus espaldas la necesidad, el hambre y lamendicidad? ¿Qué dignidad hay a cuyas insignias,bastón augural y calzado patricio, no acompañen lassuciedades, el descrédito, mil manchas, y, por últi-mo, el desprecio? ¿Qué reino no tiene preparada laruina, la degradación, el tirano y el verdugo? Ni lo
  39. 39. S E N E C A40uno está separado de lo otro por grandes intervalos,sino que en el espacio de una hora se pasa del tronoa estar postrado ante rodillas ajenas. Ten, pues, porsabido que todo estado es mudable y que lo que hacaído sobre otro a tí también te puede sobrevenir.Eres rico, pero ¿acaso más que Pompeyo? Al cual,cuando Gayo, su antiguo pariente y huésped nuevo,le abrió la casa del César para que cerrara la suya, lefaltó el pan y el agua. Y el que poseía tantos ríosque nacían y morían en sus dominios, tuvo quemendigar agua llovediza. Pereció de hambre y seden el palacio de su pariente, mientras su heredero lecosteaba a él, que padeció hambre, funerales públi-cos. Has gozado de los mayores honores, pero¿acaso más grandes, tan inesperados, tan universalescomo los de Seyano? Pues el mismo día que leacompañó el Senado, lo depedazó el pueblo y deaquel a quien los Dioses y los hombres habían con-cedido cuanto puede reunirse, no quedó nada quepudiera recoger el verdugo. Eres rey: no te enviaréa Creso, que encendió y vió extinguirse sin perder lavida su propia hoguera y sobrevivió no tan sólo a sureino, sino también a su muerte; ni a Yugurta, aquien en el transcurso de un mismo año el puebloromano temió y contempló cautivo; a Ptolomeo, rey
  40. 40. D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O41de Africa, y a Mitrídates, de Armenia, los hemosvisto entre los guardas de Gayo: el uno fue enviadoal destierro y el otro deseaba que lo enviasen conmayor seguridad. Si en tan gran vaivén de cosasque suben y bajan de continuo,no tienes por futurocuanto puede suceder, das fuerzas contra tí a lasadversidades, a las que sólo quebranta quien lasprevé.XII. Lo que a esto se sigue es que no trabajemosen cosas inútiles o por motivos inútiles, esto es, queno deseemos lo que no podemos conseguir, o si lohemos alcanzado que no comprendamos tarde ycon vergüenza la vanidad de nuestros deseos. Estoes, que no sea el trabajo vano y sin efecto, o elefecto indigno del trabajo, porque la vergüenza vie-ne casi siempre o de que no hay éxito o de que eléxito avergüence. Hay que acabar con los paseos deesa gran mayoría de hombres que vagabundean porcasas, teatros y foros; se ofrecen a los negocios aje-nos remedando a los que siempre están haciendoalgo. Si preguntas a alguno de éstos al salir de casa:"¿Adónde vas? ¿En qué piensas?, te responderá: "Afe mía, que no lo sé, pero veré a algunos, haré algo".Vagan sin propósito buscando los negocios no que
  41. 41. S E N E C A42se propusieron hacer, sino en los que casualmentecayeron. Su carrera es sin consejo y vana, como lade las hormigas que trepan por los árboles y des-pués de subir a la rama más alta bajan a la tierra va-cías; una vida semejante a la de ellas llevan muchos,de los que no sin razón se diría que es la suya in-quieta pereza. Te compadecerás de muchos que co-rren como si fueran a apagar un incendio, hasta talpunto empujan a los que encuentran y se precipitansobre los demás, cuando en realidad corren a salu-dar a alguno que no han de volver a ver, o a seguirel entierro de un difunto desconocido, o a un juiciodel que se pasa la vida litigando, o a las bodas delque siempre se está casando, siguiendo la litera yaun llevándola en muchos lugares. Después, cuan-do vuelven a su casa con un cansancio inútil, juranque ellos no saben a qué salieron ni dónde estuvie-ron, para andar errando por los mismos pasos al díasiguiente. Que todo trabajo se refiera a algo y mirea algo. No es la industria quien mueve a los in-quietos, sino que, como a los locos, los agitan lasfalsas imágenes de las cosas. Pues ni siquiera éstos,los locos, se mueven sin alguna esperanza; les cos-quillea la apariencia de alguna cosa cuya vanidad nocomprende su demencia. Del mismo modo, a cada
  42. 42. D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O43uno de esos que salen a aumentar la turba, lo traen ylos llevan por la ciudad motivos vanos y leves: aun-que no tienen nada en que trabajar, en cuanto quesale el sol, se echan a la calle y después de habersufrido mil encontrones para llegar a saludar a mu-chos y de que muchos no los han recibido, a ningu-no hallan más dificultosos en casa que a sí mismos.De este mal se origina el feísimo vicio de andarsiempre escuchando e investigando los secretos dela República y enterándose de muchas cosas que nicon seguridad se cuentan, ni con seguridad se oyen.XIII. Pienso que Demócrito seguía esta doctrinacuando comenzó: "Quien quiera vivir tranquilo, nohaga muchas cosas ni en privado, ni en público",refiriéndose, claro es, a las innecesarias. Pues si sonnecesarias, privada y públicamente no sólo hay quehacer muchas, sino innumerables; pero cuando nin-gún deber solemne nos reclama, hemos de inhibir-nos. Pues el que hace muchas cosas, da confrecuencia a la fortuna poder sobre sí mismo, cuan-do lo más seguro es que experimentarla raramente,pensar siempre en ella y no prometerse nada de sufidelidad. "Me embarcaré, si no sucede nada", o"Seré pretor, si nada me lo impide", o "Me respon-
  43. 43. S E N E C A44derá el negocio, si no se interpone nada". Por estodecimos que nada le sucede al sabio contra su opi-nión; lo exceptuamos no de la suerte de los hom-bres, sino de sus errores; ni le sucede todo comoquiso, sino como pensó, y lo primero que pensó fueque algo podía oponerse a sus propósitos. Porfuerza ha de ser más leve el dolor que viene al áni-mo por no realizarse un deseo suyo, si nunca contócon que se realizara.XIV. Debemos también hacernos fáciles o fle-xibles y sin entregarnos demasiado a los asuntos quenos hemos propuesto, pasar a aquellos a que la ca-sualidad nos lleve, sin tener miedo a cambiar o ladeterminación o la condición, mientras no caigamosen la ligereza, el vicio más enemigo de la quietud.Por fuerza la contumacia es angustiosa y miserable,pues con frecuencia la fortuna le quita algo, pero laligereza, que nunca se contiene a sí misma, es mu-cho más grave. Estorba a la tranquilidad tanto nopoder mudar nada como no poder sufrir nada.Ciertamente el ánimo ha de ser retraído a sí mismode todas las cosas externas. Confíe en sí, gócese ensí mismo, estime lo suyo, apártese cuanto pueda delo ajeno, dedíquese a sí mismo, no sienta los daños
  44. 44. D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O45e interprete con dignidad aun las cosas adversas.Cuando se le anunció a nuestro Zenón el naufragioen que perdió todo lo suyo, dijo: "La fortuna memanda filosofar más expeditamente". Cuando eltirano amenazaba a Teodoro con matarlo y dejarloinsepulto, le dijo: "Tienes con qué complacerte por-que mi sangre está bajo tu poder, pero en lo querefiere a la sepultura, eres un necio si piensas queme preocupa pudrirme encima o debajo de la tie-rra". A Cano Julio, un hombre verdaderamentegrande, a cuya admiración no ha de obstar el quehaya nacido en nuestro siglo, después de haber dis-cutido mucho con Calígula, al irse le dijo aquel Fala-ris: "Para que no te lisonjees con una vanaesperanza, he mandado que te lleven al suplicio"."Te doy las gracias -respondió- , óptimo príncipe".Qué sentía, no lo sé, pues se me ocurren muchasinterpretaciones. ¿Quiso injuriarle manifestándolecuánta era su crueldad que la misma muerte era unbeneficio? ¿Le echó en cara su continua demencia(porque le daban las gracias los mismos cuyos hijoshabía matado o cuyos bienes había robado) o reci-bía gustosamente la muerte como si fuera la liber-tad?. Dirá alguno: "Pero después de esto pudoCalígula ordenar que viviera? No lo temió Cano,
  45. 45. S E N E C A46que era bien conocida la fidelidad de Calígula a talesórdenes. ¿Crees acaso que pasó sin ningún cuidadolos diez días que mediaron hasta el suplicio? Noparece verosímil lo que aquel varón dijo, lo que hi-zo, la tranquilidad que tuvo. Estaba jugando al aje-drez, cuando el centurión que traía la caterva de loscondenados, mandó que también le sacasen a él.Cuando lo llamaron, contó los dados y dijo a sucompañero: "Cuidado que no vayas a mentir des-pués de mi muerte diciendo que has ganado"; en-tonces, haciendo una seña al centurión, le dijo: "Túserás testigo de que le llevo un tanto". ¿Piensas túque Cano estaba jugando en el tablero? Estaba ha-ciendo mofa del tirano. A los amigos que estabantristes por perder a tal hombre les dijo: "¿Por qué osentristecéis? Vosotros investigáis si las almas soninmortales, yo lo sabré ahora". No dejó de escrudri-ñar la verdad en su mismo fin y de su misma muertese hizo un problema. Le seguía su filósofo y nolejos del túmulo en que se hacía el sacrificio diario anuestro Dios, el César, le dijo: "¿En qué piensas,Cano? ¿Qué tienes en la mente?" "Me he pro-puesto -respondió Cano- observar si en aquel ve-locísimo momento de la muerte ha de sentir elánimo salir", y prometió que si averiguaba algo ha-
  46. 46. D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O47bía de volver a los amigos e indicarles cuál era lacondición de las almas. He ahí la tranquilidad enmedio de la tempestad, he ahí un ánimo digno de laeternidad, que hace de su misma fatalidad medio debuscar la verdad, que en el momento de dar el últi-mo paso interroga al alma que va a salir y aprendeno ya hasta la muerte, sino de la muerte misma.Nadie ha filosofado más tiempo. Tan gran varónno se olvidará rápidamente y de él se hablará conestimación. Te conservaremos en la memoria detodos, oh clarísima cabeza, porción grande, tú solo,en las matanzas de Calígula.XV. Pero de nada aprovecha desechar las causasde la tristeza privada, porque a veces nos posee elaborrecimiento del género humano. Cuando pien-sas en lo rara que es la sencillez, cuán desconocidala inocencia, cómo apenas si existe la fe, a no serque tenga cuenta, y le sale a uno al encuentro la tur-ba de los criminales que son felices y los provechosy daños, igualmente aborrecibles de la sensualidad, yuna ambición que hasta tal punto no se contiene ensus términos que se jacta hasta de la abyección, en-tra el ánimo en la noche y de este derrumbamientosde las virtudes, en las que ni se puede esperar ni
  47. 47. S E N E C A48aprovecha tener, nacen como tinieblas. Debemos,pues, doblegarnos a que nos parezcan todos los vi-cios del vulgo no como odiosos, sino como ridícu-los y más bien hemos de imitar a Demócrito que aHeráclito. Porque éste, siempre que salía en públi-co, lloraba; aquel reía: todo cuanto hacemos, al unole parecían desgracias; al otro necedades. Han dealigerarse, pues, todas las cosas y soportarlas conánimo fácil; es más humano mofarse de la vida quellorarla. Además, merece mejor del género humanoquien se ríe de él que quien lo llora, porque aquél ledeja una buena esperanza, pero éste llora necia-mente lo que no espera que pueda corregirse. Yquien contempla todo el universo muestra mayoránimo si no contiene las risas que si llora, a no serque le conmueva una suavísima emoción y pienseque no hay nada más grande, nada severo, nadadesgraciado en tanto aparato. Que cada cual exa-mine cada una de las cosas por las que estamostristes o alegres y encontrará que es verdad lo queDión dijo: que todos los negocios de los hombresson muy semejantes en sus principios, ni su vida esmás santa o severa que la idea de que nacidos de lanada han de volver a la nada. Pero ya es bastantetomar plácidamente las costumbres públicas sin caer
  48. 48. D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O49ni en la risa ni en las lágrimas, porque atormentarsepor los males ajenos es una eterna miseria y gozarsede ellos un placer inhumano, como esa ínútil huma-nidad de llorar y arrugar la frente porque alguienentierra a su hijo. En los propios males convieneconducirse de manera que des al dolor lo que pidela naturaleza y no la costumbre; porque hay muchosque lloran para que los vean y se les secan los ojosen cuanto que no tienen espectadores, pensandoque es una vergüenza no llorar cuando todos lo ha-cen. Tan profundamente se ha arraigado este malde estar pendiente de la opinión ajena, que ha veni-do a simularse hasta una cosa tan sencilla como eldolor.XVI. Síguese tras esto una parte que no sin ra-zón suele contristar y poner en cuidado. Cuandolos finales de los buenos son malos, cuando se leobliga a Sócrates a morir en la cárcel, a Rutilio a vi-vir en el destierro, a Pompeyo y a Cicerón a entre-gar su cabeza a sus clientes, a aquel Catón, vivaimagen de la virtud, a echarse sobre la espalda ha-ciendo manifiesto que a la vez se acababa con él ycon la República, por fuerza ha de atormentar quela fortuna distribuya los premios tan inicuamente.
  49. 49. S E N E C A50¿Qué ha de esperar cada uno para sí viendo las co-sas tan malas que han padecido los mejores? Pero¿qué es esto? Fíjate cómo cada uno de ellos lo so-portó y si fueron fuertes, desea tú su fortaleza, y siperecieron como mujerzuelas cobardemente, nadase perdió: o fueron dignos de que su virtud te agra-de o indignos de que eches de menos su cobardía.Porque ¿qué sería tan vergonzoso como que loshombres más grandes, por haber muerto con forta-leza, hicieran tímidos a los demás? Alabemos una yotra vez al digno de alabanza y digamos: "Cuantomás entero, tanto más feliz, Escapaste ya de loshumanos azares, de la envidia, de la enfermedad;saliste ya de la prisión, no le pareciste a los Diosesdigno del infortunio, sino indigno de que la fortunapudiese algo contra tí". Pero a los que tratan deescaparse y en la misma muerte se revuelven a lavida, hay que obligarles echándoles las manos. Nohe de llorar a ninguno que esté alegre, ni a ningunoque llore; el primero enjugó él mismo mis lágrimas,el segundo con las suyas ha hecho que no sea dignode ninguna. ¿He de llorar a Hércules porque fuéquemado vivo, o a Régulo, que fué traspasado portantos clavos, o a Catón, que hirió a sus mismas he-ridas? Todos estos encontraron al precio de un li-
  50. 50. D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O51gero tiempo la manera de hacerse eternos y murien-do alcanzaron inmortalidad.XVII. También es materia no pequeña de preo-cupación el tenerla grande de componerte sin que temanifiestes a nadie con sencillez, como es la vida demuchos; fingida y ordenada a la ostentación. Ator-menta, en efecto, la continua observación de unomismo y el temor de ser sorprendido de otro modoque como de costumbre. Nunca nos libraremos dela preocupación si pensamos que han de hacer apre-cio de nosotros cada vez que nos vean, pues ocu-rren muchos incidentes que contra nuestra voluntadnos desnudan y, aunque resulte bien tanta diligencia,no es agradable ni segura la vida de los que vivensiempre con una máscara. En cambio, ¡qué placerel de una sencillez sincera, sin otro adorno que ellamisma, que no oculta nada de sus costumbres! Co-rre, sin embargo, esta vida peligro de ser desprecia-da, si todo ella está patente a todos, pues hay aquienes enoja lo que ven de más cerca. Pero no haypeligro de que la virtud se envilezca por acercarse alos ojos y mejor es ser despreciado por la sencillezque ser atormentado por una perpetua simulación.Usemos, sin embargo, de moderación: hay mucha
  51. 51. S E N E C A52diferencia entre vivir con sencillez y vivir con negli-gencia.Hay que recluirse mucho en sí mismo, porque eltrato con los que no son semejantes descomponetodo lo no bien compuesto, renueva los afectos yulcera cuanto en el ánimo hay flaco y mal curado.Hay que mezclar y alternar la soledad y la comuni-cación. Aquélla nos hará desear a los hombres, ésta,a nosotros; y así la una será el remedio de la otra; lasoledad nos curará del aborrecimiento de la multi-tud, y la multitud, del fastidio de la soledad.Ni se ha de tener la mente siempre en la mismaintención o tensión, sino que ha de ser llevada a losentretenimientos. Sócrates no se avergonzaba dejugar con los niños; y Catón rebajaba con vino suánimo fatigado de los cuidados públicos; y Escipióndanzaba con aquel su cuerpo triunfante y militar,pero no doblándose suavemente, como hoy acos-tumbran los que aun andando dejan atrás la moliciefemenina, sino como aquellos antiguos varonesacostumbraban, en los juegos y en las fiestas, a bai-lar varonilmente, sin desacreditarse por ello aunquefueran vistos por sus mismos enemigos. Hay quedar resposo a los ánimos; de él se levantan mejoresy más valientes. Así como a los campos fértiles no
  52. 52. D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O53se les ha de exigir excesivamente -porque pronto losagotaría una fertilidad nunca interrumpida-, así elcontinuo trabajo quebranta el ímpetu de los ánimos,que recobrarían las fuerzas con un poco de descan-so y de distracción; de la continuidad de los trabajosnace cierto embotamiento y flojera de los ánimos.No tendería a esto con tanta fuerza el deseo delos hombres si el juego y la distracción no tuvierancierto natural deleite, cuyo uso, si es frecuente, quitaa los ánimos todo peso y toda fuerza; pues hasta elmismo sueño, que es tan necesario para el descanso,si lo continúas de día y de noche, sería la muerte.Hay mucha diferencias entre que aflojes algo y losueltes. Los legisladores instituyeron días de fiestaspara obligar públicamente a los hombres al regocijo,interponiendo a los trabajos una templanza comonecesaria, y, como ya he dicho, los grandes hombresse tomaban todos los meses vacaciones por algunosdías, y otros los repartían todos entre el ocio y eltrabajo. Así, lo recordamos de Asinio Polio, ungran orador, al que ningún asunto retuvo más alláde la hora décima; después de esta hora no leía nisiquiera una carta, para no tener nuevas preocupa-ciones; pero en aquellas dos horas reparaba el can-sancio de todo el día. Otros partieron el día por la
  53. 53. S E N E C A54mitad y dejaron las horas de la tarde para para losnegocios de menor cuidado. También nuestros ma-yores prohibían que se hiciera en el Senado ningunanueva delibaración después de la hora décima. Lossoldados se reparten las guardias de la noche y deella quedan libres los que vuelven de una expedi-ción. Hay que ser condescendiente con el ánimo ydarle algún ocio, que sea como su alimento y vigori-zación.Ha de hacerse el paseo por espacios abiertos pa-ra que el ánimo se fortifique y levante al cielo libre ya pleno aire; algunas veces un paseo en carruaje, elcamino y el cambio de la región dan fuerzas, comoun convite y una bebida un poco más copiosa. Al-gunas veces hay que llegar hasta la embriaguez demodo que no nos hunda, sino que nos divierta,porque disuelve los cuidados, conmueve hasta lomás profundo del ánimo y le cura de la tristeza co-mo de otras enfermedades; y Liber fué llamado elinventor del vino no porque desate la lengua, sinoporque libra al ánimo de la servidumbre de los cui-dados y lo fortalece y hace más vigoroso y audazpara todos los intentos. Pero como en libertadtambién en el vino es saludable la moderación. Sedice que Solón y Arcesilao fueron dados al vino; a
  54. 54. D E L A T R A N Q U I L I D A D D E L A N I M O55Catón se le reprochó la embriaguez; pero sea quienfuera quien se lo imputara, más fácilmente haráCatón honesto al crimen que éste deshonesto aCatón. Pero no ha de hacerse con frecuencia, paraque el ánimo no contraiga la mala costumbre y tansólo de vez en cuando se le ha de llevar a la alegría ya la libertad removiendo un poco la triste sobriedad.Pues si hemos de creer al poeta griego, "alguna vezda alegría el enloquecerse", y si a Platón, "en vanollama a las puertas de la poesía el que es dueño desí" y si a Aristóteles "nunca hubo un gran ingeniosin alguna mezcla de locura", porque no puede ha-blar cosas grandes y superiores a las demás, sino lamente excitada. Cuando desprecia lo vulgar yacostumbrado y se levanta a lo alto por un instintosagrado, entonces canta por fin algo grande con bo-ca mortal. Mientras una persona esté en sí, no pue-de alcanzar algo verdaderamente sublime y arduo; esmenester que se aparte de los acostumbrado, y hade elevarse tascando el freno, y arrebatando a sujinete lo ha de llevar allí donde por sí solo no seatrevería a subir.Con esto tienes, oh carísimo Sereno, los mediosque pueden defender la tranquilidad o restituirla oresistir a los vicios que quieren deslizarse en el alma.
  55. 55. S E N E C A56Pero has de saber que ninguno de ellos es bastantefuerte para conservar cosa tan frágil si un intenso yasiduo cuidado no cerca como una valla al ánimoresbaladizo.

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