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Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado      En cierto modo tenía razón. La carre...
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Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperadoconseguía, incluso dormida, despertar en é...
Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado     Los dedos de Ben descendieron hasta s...
Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado        —De todos modos haré que te guarde...
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Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado    —No va a entrar; ya le he dicho que el...
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Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado      Se levantó, y para su sorpresa cuand...
Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado      —Sé que desconfía de Tess, pero quer...
Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado      —¿Puedo irme ya?      —Puede irse. Y...
Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado     Ben puso los ojos en blanco. ¿Qué ten...
Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado     —¡Oh, vaya!, ¡me has comprado un móvi...
Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperadoProbablemente ni siquiera fuese consciente...
Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado     —Esto en cambio no parece nuevo —come...
Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperadorebeldes sin causa, y en cierto modo inclu...
Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado        —El almuerzo está listo —dijo la m...
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  1. 1. Un problema inesperado Michelle Celmer 3º Serie Ricos y solitarios Un problema inesperado (27.12.2006) Título Original: The Millionaire’s Pregnant Mistress (2006) Serie: 3º Ricos y solitarios Editorial: Harlequín Ibérica Sello / Colección: Deseo 1495 Género: Contemporáneo Protagonistas: Ben Adams y Tess MacDonald Argumento: Una noche le había cambiado la vida para siempre… Aquella sola noche de pasión le había afectado tanto, que Tess MacDonald habíahuido para escapar del irresistible desconocido que le había hecho el amor. Pero habíacosas de las que nadie podía huir, por eso Tess decidió volver a decirle a aquel hombreque estaba a punto de ser padre… Tess no sabía qué esperar de Ben Adams, pero desde luego no imaginaba que elmillonario le pidiera que se quedara en su increíble mansión hasta que naciera el bebé. Ymucho menos que desearía que aquella noche inolvidable durara toda la vida…
  2. 2. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado Capítulo Uno En sus veinticuatro años de vida Tess MacDonald había cometido unos cuantoserrores, pero aquél superaba a los anteriores con creces. Tanto decirse que a ella no lepasaría como a su madre… para al final haber caído en lo mismo que ella. Quizáfuera su sino, o simplemente mala suerte. Levantó la vista hacia la fachada de mármol y granito del enorme caserón quese alzaba frente a ella, e inspiró profundamente antes de subir los escalones de laentrada. «Vamos; has venido hasta aquí. Ahora no puedes echarte atrás», se dijoobligándose a llamar al timbre. Sin embargo los segundos pasaron y estaba ya a punto de girarse sobre lostalones y marcharse cuando la puerta se abrió. Había esperado que fuera una criada o un mayordomo quien le abriera, perofue al propio Ben a quien se encontró ante ella. Tenía el mismo aire misterioso y fascinante que la noche en que se habíanconocido en aquel bar. Había sentido una mirada fija en ella, y al alzar la vista susojos se habían encontrado. Entonces él se había levantado, había ido hasta la barra,donde ella estaba sentada, y sin decir una palabra le había tendido la mano en unamuda invitación. Ella la había tomado y la había conducido a la pista de baile, donde la habíaatraído hacia sí, rodeándole la cintura con los brazos, había inclinado la cabeza, y lahabía besado. Claro que había besos… y besos. Aquel beso la había hecho sentirse como sifuesen dos piezas de un puzzle que encajasen a la perfección. Se le habían puesto laspiernas temblorosas y hasta se había olvidado por un instante de respirar. En ese instante había sabido que pasaría la noche con él si se lo pidiera. Nisiquiera había sido una decisión consciente; algo en su interior le había dicho queaquello era casi algo predestinado a ocurrir. Y desde el principio había sabido que aquello sería sólo algo de una noche. Él selo había dejado muy claro con el «no busco una relación» que había murmuradoentre beso y beso en el ascensor, camino de su habitación. De hecho no habíaesperado volver a verlo. Ya juzgar por la expresión en su rostro, parecía que éltampoco. Sabía que debería decir algo, pero era como si sus labios se negasen a cooperar,y simplemente se quedó allí mirándolo como una tonta, preguntándose si sabríaquién era; si la recordaría siquiera. Si la recordaba quizá estuviese preguntándose cómo había logrado averiguardónde vivía. Nunca había leído la prensa del corazón, así que habían pasado varias semanasdespués de aquella noche antes de que se enterase por sus compañeras de trabajo dequién era.Escaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 2-97
  3. 3. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado Ben Adams se cruzó de brazos, apoyó un hombro en el marco de la puerta, y lamiró de arriba abajo. —Y yo que creía que te habían abducido los extra-terrestres… —murmurófinalmente con esa voz aterciopelada que la había cautivado aquella noche en el bar. Parecía que después de todo sí se acordaba de ella, aunque el tono que habíaempleado le hizo gracia. ¿No iría a fingir que estaba molesto por que se hubiesemarchado cuando se había dormido? Quedarse a pasar la noche con él únicamentehabría retrasado lo inevitable, que a la mañana siguiente la despidiese con la típicafrasecita de «me ha encantado conocerte; espero que todo te vaya bien» quereservaban para esas ocasiones los hombres como él. —Tú mismo dijiste que no estabas interesado en iniciar una relación —lerecordó. Ben entornó los ojos. —Y sigo sin estarlo. —Sólo he venido para que hablemos. ¿Puedo pasar? Él pareció vacilar un instante, pero luego se hizo a un lado y sostuvo la puertapara que entrara. Las suelas de goma de los zapatos de Tess chirriaron cuando pisó el suelo demármol del amplio vestíbulo, y su visión tardó un momento en hacerse a lapenumbra que reinaba en el interior de la vivienda. El ruido de la puerta al cerrarse tras ella resonó en la sala, haciéndole dar unrespingo, y cuando se giró vio a Ben allí de pie, los brazos cruzados de nuevo y surostro oculto en sombras. El aire que tenía de héroe romántico del siglo XIX era en parte lo que la habíaatraído aquella noche. Sabía que los hombres callados y misteriosos sólo traíanproblemas, pero no había podido resistirse. Además, en el bar se había mostrado reservado y algo brusco, pero bajo lassábanas había resultado ser el hombre más excitante, atento, e imaginativo que Tesshabía conocido jamás. La había hecho sentirse tan viva… Lo que Ben no sabía era que le había hecho un regalo aquella noche, algo quesiempre había ansiado. Por primera vez su vida tenía un propósito y ya nunca másestaría sola. El momento no podía haber sido peor y por supuesto estaba un pocoasustada porque aquello lo cambiaría todo, pero se sentía feliz. En un primer momento había considerado la posibilidad de no decirle nada. Alfin y al cabo sería difícil que se enterase porque los círculos en que se movían eranmuy distintos. Además, después de enterarse de la tragedia que había sufrido el añoanterior había pensado que sería mejor ocultárselo, pero finalmente se había rendidoa la evidencia de que no podía hacer frente a aquello ella sola. Necesitaba su ayuda, y puesto que no había una forma suave de darle la noticiadecidió que lo mejor sería no andarse con rodeos.Escaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 3-97
  4. 4. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado Inspiró profundamente, alzó la barbilla, y le dijo: —Creía que deberías saber que estoy embarazada y que tú eres el padre. Aquellas palabras dejaron a Ben sin aliento, como si hubiera recibido unpuñetazo en el estómago. Durante meses había considerado volver a aquel bar con laesperanza de encontrarla de nuevo allí porque esa noche con ella había hecho quealgo cambiase dentro de él. Se había sentido vivo de nuevo. Aquello sin embargo no se lo había esperado. Esa noche ella había actuadocomo si no supiera quién era, pero en ese momento Ben tuvo la impresión de que lehabía tendido una trampa y había caído en ella. ¿Cómo podía haber sido tan idiota? Lo cierto era que sabía muy bien cuál era la razón por la cual se había dejadoengañar tan fácilmente. Había sido la primera mujer con la que había sentido quehabía conectado después del fatídico accidente; la única que le había hecho olvidar eldolor durante unas horas. Hasta ese momento había estado convencido de que su capacidad de sentirhabía muerto con su esposa y su hijo, pero esa noche le había hecho pensar que quizáno fuera así. ¡Y pensar que aquella joven le había parecido dulce e inocente…! ¡Qué ironía! No debería haber salido esa noche, pero la idea de pasar las Navidades solo lohabía empujado a reservar una habitación en aquel hotel. Debería haberse imaginadolo que aquella chica había estado tramando cuando se despertó a la mañana siguientey ella ya no estaba. Se preguntó a cuántos hombres más habría engatusado en aquel bar, a cuántosmás habría utilizado, y por qué lo habría escogido a él. ¿Porque era vulnerable… oquizá por su dinero? —No me dijiste que trabajabas en el hotel —le dijo. La verdad era que apenas le había contado nada acerca de ella, aunque tampocoél le había preguntado. Esa noche no había buscado conversación, sino sólo uncuerpo cálido y suave que lo ayudara a olvidarse de todo por unas horas. Había sidopara él algo así como un regalo de Navidad que se había hecho a sí mismo, pero nohabía esperado encontrarse de pronto deseando algo más que una noche de pasión…del mismo modo que no había esperado encontrarse solo al despertar. —Bueno, no pasamos juntos tanto tiempo como para conocernos a ese nivel —le contestó ella alzando la barbilla. —Pues yo diría que nos conocimos a un nivel muy… íntimo. Las mejillas de la joven se sonrojaron ligeramente, y Ben se dijo que le habríaparecido encantador si no estuviese seguro de que ese azoramiento era fingido. —Quizá no lo recuerdes, pero usamos preservativos —le dijo, esperando que lecontestase algo tan creativo como que alguno debía de haberse roto. —Créeme, a mí esto me ha sorprendido tanto como a ti, y desde luego no esalgo que hubiese planeado.Escaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 4-97
  5. 5. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado —Está bien; digamos que ese niño de verdad fuera mío —concedió Ben—. ¿Quéquieres de mí? Como si no lo supiera. Probablemente tendría una larga lista de exigencias.¿Esperaría que se casase con ella, para convertirse en la señora Adams y vivir en unagran casa?, ¿o quizá querría que la ayudase a convertirse en actriz? No sería laprimera. La joven bajó la vista al suelo, con un aire de humildad que lo dejó pasmado.Desde luego se merecía un Osear. —Necesito que me ayudes. Creía que podría con esto yo sola, pero entre losgastos médicos y todas las cosas que el bebé necesitará… Justo lo que había imaginado. —Quiero una prueba de paternidad —la interrumpió—. Antes de darte un solocentavo necesito saber si ese bebé de verdad es mío. Tess asintió, aliviada de que no fuera a hacerle suplicar. —Lo suponía, así que ya he hablado con mi ginecóloga de ello. Me ha dicho quepuede hacerla la semana que viene, cuando vaya a hacerme la primera ecografía. —Bien. Entonces te pondré en contacto con mi abogado. —Si quieres puedes venir —le dijo Tess, pensando que ofrecerle la posibilidadera lo menos que podía hacer. Al fin y al cabo el bebé era tan suyo como de ella. Quizá incluso pudieran seramigos, y que él fuese a ver al niño de vez en cuando. —¿Ir adonde? —inquirió él. —Pues a mi cita con la ginecóloga… ya sabes, para ver al bebé en la ecografía. El rostro de él se ensombreció de repente, y antes de que Tess pudierareaccionar, dio un paso hacia ella con los ojos relampagueándole de ira. —Vamos a dejar algo claro —le dijo—. Si de verdad ese niño es mío me ocuparéde que no le falte de nada, pero no voy a formar parte de su vida. Tess dio un paso atrás y su espalda dio contra la puerta al tiempo que él dabaotro paso hacia ella, acorralándola. Si estaba tratando de intimidarla estabafuncionando. Y era obvio que él lo sabía. —¿Por qué estás tan nerviosa? —le preguntó apoyando las manos en la madera,a ambos lados de su cabeza—. Aquella noche no pareció que mi proximidad teincomodara en la cama… de hecho me dio la impresión de que disfrutaste bastante. Tess alzó la barbilla y lo miró irritada, decidida a no dejarse acobardar. Aun asíno pudo evitar admirarse de lo atractivas que eran sus facciones al tener su rostro tancerca. Claro que no podría haber sido de otro modo siendo como eran sus padres dosactores guapísimos.Escaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 5-97
  6. 6. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado Y para colmo también tenía un físico increíble y olía de maravilla. No habíaolvidado el olor de su colonia, ni ese calor tan masculino que parecía irradiar. Dios, ¿estaba excitándose con esas tonterías del prototipo de hombre queexudaba virilidad por los cuatro costados? Debía de ser culpa del embarazo, quetenía revolucionadas a sus hormonas. Después de aquella noche se había jurado a sí misma que nunca volvería adejarse seducir por ningún otro hombre como él en lo que le quedara de vida. Sebuscaría a un hombre tranquilo y aburrido, nada de tipos misteriosos y excitantes. —Debes de tener un concepto muy elevado de ti mismo si crees que quierotener una relación contigo —le espetó clavándole repetidamente el índice en elpecho—. Échame la culpa si eso te hace sentir mejor, pero esto es tantoresponsabilidad tuya como mía. No he concebido yo sola a este bebé, y si norecuerdo mal, yo diría que tú también disfrutaste bastante. Por no mencionar quefuiste tú quien se puso los preservativos. ¿Cómo sé que no rompiste alguno apropósito? A lo mejor es que eres un tipo retorcido al que le produce placer irdejando embarazadas a las mujeres con las que se acuesta. Tal vez incluso tienes unmontón de hijos ilegítimos por ahí. La expresión irritada de él se transformó de pronto, como si sus palabras lohubiesen… herido. ¿Sería posible que después de todo tuviese sentimientos?, sepreguntó Tess. Ben dejó caer las manos y dio un paso atrás con gesto sombrío. Parecía tan tristeque Tess sintió una punzada de culpabilidad por haber sido tan brusca. —Será mejor que te quites la chaqueta y te pongas cómoda —le dijo—. Tenemosmucho de qué hablar. Ben se sentó a su mesa y rasgó con un abrecartas el sobre que su abogado lehabía mandado a través de un servicio de mensajería. Con expresión seria leyó losresultados de la prueba de paternidad que Tess se había hecho la semana anterior.Las heridas que habían comenzado a cicatrizar en su alma tras la muerte de suesposa y su hijo volvieron a abrirse en ese momento, y el dolor le revolvió lasentrañas. La joven había dicho la verdad; el bebé era suyo. Si hubiera convencido a Jeanette para que no hiciera aquel viaje a Tahoe su hijoy ella aún seguirían con vida. Incluso el médico le había dicho que en su avanzadoestado de gestación no debía volar, y él debería haber insistido para que cancelaraese viaje, pero cuando a Jeanette se le metía algo en la cabeza era difícil sacárselo. Nunca se perdonaría aquello, pero precisamente por eso se ocuparía de que aaquel bebé no le faltase de nada. Lo haría por ese hijo que no había llegado a nacer. —Por la expresión de su rostro imagino que no son los resultados que esperaba. Ben alzó la vista y se encontró con Mildred Smith, su ama de llaves,observándolo de pie desde la puerta de su despacho. Habría despedido a cualquierotro empleado por entrometerse de esa manera en sus asuntos, pero la señora Smithllevaba trabajando para su familia desde que él había nacido.Escaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 6-97
  7. 7. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado Por eso la había contratado cuando sus padres se habían ido a vivir a Europatres años atrás. La señora Smith había estado a su lado durante los terribles meses después delaccidente de avión que había quitado la vida a su esposa Jeanette y a su hijo, y paraél era parte de la familia. De hecho había sido para él como una madre, sobre todoteniendo en cuenta lo poco que se había preocupado su madre de él. —Sí, el niño es mío —le dijo. —¿Y qué piensa hacer ahora? —inquirió ella. Lo único que podía hacer. —Me aseguraré de que al bebé y a ella no les falte de nada. Haré que se venga avivir aquí hasta que nazca el niño. —Pero si no sabe nada de esa chica, señorito Ben —le dijo la señora Smith entono de reproche. —Precisamente por eso, porque no la conozco, quiero vigilarla de cerca. Es mihijo al que lleva en su vientre. Lo que no comprendía, lo que no tenía para él sentido alguno, era por qué Tesshabía esperado tanto tiempo para decírselo. Según la fecha en la que salía de cuentasestaba embarazada de dieciséis semanas. Debería haberlo sabido con seguridad hacíaya al menos un par de meses. Tomó el papel donde la joven le había anotado su número de teléfono. Llevabadías allí, sobre su escritorio, y no lo había pasado aún a su listín de teléfonos porquehasta ese momento había conservado la esperanza de que aquello fuese sólo un error. Desde ese día en que había ido a verlo toda comunicación entre ellos se habíahecho a través de su abogado, pero había llegado el momento de exponerle suscondiciones y tendría que hacerlo cara a cara. —¿Y si no quiere venirse a vivir aquí? —le preguntó la señora Smith. Ben se quedó mirándola con las cejas enarcadas, como dándole a entender queno le parecía que eso fuese a ser un problema. —¿De verdad crees que una chica como ésa, con un trabajo de doncella en unhotel, va a rechazar la oportunidad de vivir rodeada de toda clase de lujos? Conozcoa las mujeres de su clase; aceptará lo que le proponga sin pensárselo dos veces.Escaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 7-97
  8. 8. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado Capítulo Dos —¡Ni hablar! No voy a venirme a vivir contigo. Si Ben creía que iba a poder darle órdenes como si fuese su ama de llaves estabamuy equivocado. —Tengo un apartamento —le dijo—. No necesito ni quiero vivir aquí contigo. —Tampoco yo quería ni necesitaba tener un hijo —replicó él. —Y te recuerdo que yo no me he quedado embarazada por obra del EspírituSanto —le recordó ella—. Además, ¿qué tiene que ver eso con lo que estamosdiscutiendo? —El barrio en el que vives es muy inseguro. —¿Y qué quieres? no puedo pagarme nada mejor —le espetó ella ofendida. No todo el mundo tenía la suerte de haberse criado entre algodones como él.Tess estaba segura de que Ben no tenía ni idea de lo que era tener que matarse atrabajar para ganarse la vida, ni sobrevivir a base de espaguetis en lata hasta recibirla siguiente paga. —Si tanto te preocupa dónde viva, podemos llegar a un acuerdo —le propuso—. Si tú me ayudas económicamente yo buscaré un apartamento en otro barrio que teparezca más seguro y todos contentos. —No, tienes que venirte a vivir aquí. —Pero es que yo ya te he dicho que no quiero vivir aquí —le insistió ellairritada. —¿Necesitas que envíe a alguien para que te ayude a empacar? —le preguntóBen, ignorándola por completo. Tess se consideraba una persona paciente, pero Ben estaba empezando aenfadarla de verdad. —¿Estás sordo? Te he dicho que no voy a venirme a vivir aquí. Ben siguió hablando como si en efecto no la hubiese oído. —También he estado pensando que lo mejor sería que dejaras tu trabajo. Siendocomo eres doncella en un hotel tendrás que trabajar con productos de la limpieza quepodrían ser malos para tu embarazo, e imagino que también tendrás que agachartepara hacer las camas y cosas así. Parecía que alguien tenía cierto afán de controlarlo todo, pensó Tess. ¿Deverdad pensaba que iba a abandonar su trabajo y a depender completamente de él? Se había independizado a los dieciséis años y si había sido capaz de cuidar de símisma durante todo ese tiempo también sería capaz de cuidar de su bebé. Lo únicoque necesitaba era una pequeña ayuda económica. Con unos doscientos dólares almes bastaría para cubrir los gastos extras que tendría con el embarazo.Escaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 8-97
  9. 9. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado Posó la vista en la licorera de cristal que había sobre su mesa, llena de unlíquido ambarino que parecía brandy, y una alarma se disparó en su cabeza. Habíaoído rumorear a los otros empleados del hotel que tras la muerte de su esposa sehabía recluido en la casa y que se había convertido en un alcohólico. Lo de que se había vuelto un ermitaño se lo creía; lo de su dependencia delalcohol… en fin, esperaba que no fuera verdad. —No pienso dejar mi trabajo. Si quieres que te mande semanalmente uninforme de mi médico para que te quedes más tranquilo lo haré, pero nada más. —Eso me recuerda que me he tomado la libertad de escoger a un ginecólogo alque me gustaría que vieras. Es el mejor en su especialidad. ¿También quería escoger un médico por ella? Sólo faltaba que le dijera cómotenía que vestirse y qué tenía que comer. —Ya tengo un ginecólogo que paga mi seguro y estoy contenta con él, gracias. —El dinero no es problema. —Para mí sí lo es porque soy yo quien lo está pagando. Ben se cruzó de brazos y se echó hacia atrás en el asiento. Su rostro estabaparcialmente oculto en sombras, pero Tess estaba segura de que si pudiera verlo suexpresión sería de enfado. Estaba tan oscuro allí dentro… —¿Qué eres, un vampiro? ¿No podríamos descorrer un poco las cortinas?, ¿oencender una luz? Ben descruzó los brazos, se inclinó hacia delante, encendió la lamparita quehabía sobre su escritorio, y sí, parecía enfadado. —Estás decidida a hacer esto más difícil de lo que ya es, ¿verdad? —lepreguntó. ¿Estaba de guasa o qué? —¿Que yo…? Perdona, pero no es a ti a quien le va a cambiar la vidadrásticamente. No tendrás náuseas por las mañanas, ni ganarás peso, ni te saldránestrías —le dijo—. Por no hablar de las hemorroides, de la acidez de estómago, y delos dolores del parto. El día que los hombres podáis pasar por todo eso en nuestrolugar te dejaré que me impongas todas las condiciones que quieras, pero hastaentonces estamos hablando de mi cuerpo y de mi bebé, así que iré al médico que yoelija y viviré donde me dé la gana. ¿Estamos? —Si no estás dispuesta a cooperar podría demandarte para quitarte la custodia,y creo que no hace falta que te diga que con el dinero que tengo puedo permitirme alos mejores abogados. A ese juego podían jugar dos, se dijo Tess. —Para tu información no me pillas desprevenida: tengo el número de mediadocena de abogados que estarían dispuestos a defenderme sin cobrarme nada, ytambién son de los mejores. Ben la miró divertido.Escaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 9-97
  10. 10. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado —¿Estás segura de que querrías pasar por eso? Si aceptas mis condiciones, nosólo te cederé la custodia del niño, sino que te ayudaré económicamente para quepuedas vivir con toda clase de lujos durante el resto de tu vida. Tess inspiró profundamente. —Me parece que no estás entendiéndome. No quiero vivir rodeada de lujos; loúnico que quiero es un poco de ayuda; un poco. ¿Lo captas? El se quedó mirándola y sus labios se arquearon en una sonrisa burlona. —No veo qué es lo que te hace tanta gracia —le dijo Tess irritada, poniendo losbrazos en jarras. Ben se echó hacia atrás. —Nada, es sólo que estaba pensando en la noche que pasamos juntos en elhotel. Estupendo. ¿Iba a imponerle también como condición practicar sexo con ella? —Ahora ya sé por qué me gustaste. Tess frunció el entrecejo y sacudió la cabeza. —Eres la persona más cabezota y egocéntrica que he conocido en mi vida, ysinceramente cada vez estoy más confundida. La sonrisa de Ben adquirió un matiz travieso. Tess nunca hubiera imaginadoque un hombre que parecía tan serio pudiera resultar tan… adorable. ¿Adorable?,¿en qué diablos estaba pensando? No era adorable; era odioso. —¿Sabes qué? Olvida que he venido; no necesito que me ayudes. Francamenteno me merece la pena. El bebé y yo nos las arreglaremos sin ti. Se dio la vuelta y se dirigía ya a la puerta cuando lo oyó llamarla. —Tess, espera. Se giró de nuevo a regañadientes. —Estoy seguro de que debe haber algún modo de hacer que esto funcione. —Pues a menos que estés dispuesto a ser razonable no veo cómo. —Al menos puedo intentarlo —le dijo él—. Siéntate. Por favor —añadióseñalando con un ademán la silla frente a su escritorio. Tess se sentó, pero sólo porque había dicho «por favor». —Dime cuáles serían tus condiciones e intentaremos llegar a un acuerdo —ledijo Ben. —¿Hablas en serio? —Por supuesto. —Está bien. Pues… antes de nada me gustaría conocer el motivo de esterepentino cambio en tu conducta; por qué hace cinco minutos estabas comportándotecomo un ogro y ahora quieres que dialoguemos.Escaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 10-97
  11. 11. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado Ben no se mostró ofendido por sus palabras; todo lo contrario; de hecho inclusosonrió. —Porque hace cinco minutos creía saber qué clase de persona eres. —¿Y ahora? —Ahora me doy cuenta de que te había juzgado mal. Tess rezó en silencio, como hacía cada mañana cuando subía con su viejo cochela empinada carretera que llevaba al aparcamiento de los empleados, detrás delhotel. Se le había calado dos veces de camino allí, y le había costado varios intentosponerlo de nuevo en marcha, granjeándose unos cuantos bocinazos impacientes delos conductores que iban detrás. El carburador funcionaba fatal, pero aún tendrían que pasar tres o cuatro mesesantes de que tuviese ahorrado el dinero suficiente para cambiarlo. Y eso si lo hacíaella misma, porque en un taller le cobrarían mucho más. El mes anterior se había gastado todos sus ahorros en gasolina y en unosneumáticos nuevos y no podía permitírselo. Además lo malo de vivir en una ciudad que se nutría del turismo era lo caroque resultaba todo. Tal vez si ese domingo no compraba las verduras que habíapensado comprar pudiese ahorrar algo, pero el médico le había dicho que estaba unpoco preocupado porque no estaba ganando suficiente peso. Lo cierto era que se había pasado los últimos días pensando en la oferta de Ben.Al menos se había dado cuenta de que le estaba diciendo la verdad, que no estabadetrás de su dinero, pero no comprendía esa exigencia suya de que tenía que vivircon él durante el embarazo. Aunque Ben había hecho bastantes concesiones seguía insistiendo en que dejarasu trabajo. En su adolescencia Tess había hecho de canguro, había repartido periódicos,había trabajado como reponedora en varios supermercados… cualquier cosa con talde ganarse unos dólares para poder ahorrar y marcharse del infierno que había sidopara ella la casa de su padrastro. Si dejaba de trabajar, ¿qué haría cuando diese a luz y tuviese que volver aarreglárselas por su cuenta? Bastante incómoda se sentía ya con la idea de aceptardinero de Ben como para depender por completo de él. La idea la asustaba. ¿Y si dejaba su trabajo y de pronto un día descubría que eraun loco o un depravado? ¿Y quién querría contratar a una embarazada? Le había pedido que le diera unos días para pensarlo, pero todavía no estabasegura de qué hacer. Por fin había llegado al aparcamiento. Estacionó su vehículo, y al ver en su relojde pulsera la hora que era maldijo entre dientes. Diez minutos tarde. Se bajó del coche y se dirigió a toda prisa a la entrada trasera del hotel. OliviaMontgomery, la gerente, era una auténtica tirana. No toleraba la impuntualidad, yEscaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 11-97
  12. 12. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperadoTess, por culpa del caprichoso carburador de su vehículo, era la tercera vez quellegaba tarde en dos semanas. Entró en el edificio, e iba camino de los vestuarios del personal, tras las cocinas,cuando al torcer una esquina se encontró al supervisor del turno de mañanaesperándola de pie junto a su taquilla y con los brazos cruzados. —Siento llegar tarde —se excusó Tess—. He tenido problemas con el coche. El supervisor la miró con una expresión más agria que de costumbre. Tessestaba empezando a convencerse de que aquel tipo desayunaba vinagre en vez decafé. —Eso díselo a la señora Montgomery; te espera en su despacho. Genial; una reprimenda de su jefa. El día no podía haber empezado mejor. Se quitó la chaqueta y el bolso y después de meterlos en su taquilla se dirigió ala oficina de la gerente. En la antesala su secretaria la saludó con una sonrisa comprensiva. —Pasa —le dijo— está esperándote. Cuando Tess entró su jefa estaba hablando por teléfono pero le hizo un gestopara que se sentara en la silla frente a su escritorio. Tess había aprendido que lo mejor en esas situaciones era guardarse el orgulloen un bolsillo y responsabilizarse de sus actos, así que cuando la gerente colgó elteléfono y se volvió hacia ella le dijo: —Siento muchísimo llegar tarde. Sé que es inadmisible, pero le doy mi palabrade que no volverá a ocurrir. Su jefa entrelazó las manos calmadamente sobre la mesa. —Es la tercera vez en dos semanas, Tess. —Lo sé, y lo siento. —Muy bien. En ese caso para compensar harás unos cuantos turnos extra estasemana —le dijo en un tono condescendiente de «yo soy Dios y tú sólo unaempleada»—. Tenemos a varias personas de baja por la gripe. Tess había trabajado cincuenta horas la semana anterior y de pasar tanto tiempode pie le dolía la espalda y tenía hinchados los tobillos. Además últimamente, por muchas horas que durmiese, siempre se sentíacansada. Debía de ser por el embarazo. Sin embargo también sabía que si se negaba a hacer esas horas extra le estaríadando a la señora Montgomery un motivo para despedirla. La gerente sabía queestaba embarazada y que al cabo de unos meses tendría que darle la baja pormaternidad. De hecho era obvio que había estado buscando un motivo paradeshacerse de ella. El temor a que lo hiciera era lo que había llevado a Tess, pese a que detestabaaquel empleo y a lo poco que pagaban, a matarse a trabajar desde el momento en queEscaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 12-97
  13. 13. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperadohabía descubierto que estaba embarazada. No podía permitirse que la despidieranantes de que se cumpliera el tiempo necesario para que pudiera tomarse la baja y leguardaran el puesto. Además, ¿acaso no se merecía un descanso?, ¿no se lo había ganado? Pensó en la enorme casa de Ben y en cómo sería vivir allí, no tener quelevantarse a las cinco de la mañana para ir a trabajar, poder quedarse levantada hastatarde viendo una película y comiendo palomitas, poder dormir hasta mediodía…relajarse y disfrutar de su embarazo. —¿Y bien? —le preguntó la señora Montgomery en un tono impaciente. —No —le respondió Tess—; me temo que no puedo hacer eso. Su jefa entornó los ojos. —Y yo me temo que no tienes elección. Se equivocaba. Por primera vez en su vida Tess podía elegir. En el fondo la cuestión era que debía hacer lo que fuera mejor para el bebé. Siaceptaba la oferta de Ben a su hijo nunca le faltaría de nada. Podría ir a buenoscolegios, estudiar en la universidad… podría tener todas las oportunidades que ellano había tenido. No estaba completamente segura de poder confiar en Ben, pero estaba harta detrabajar como una mula de carga por un sueldo miserable. Quizá debiera darle a Benuna oportunidad, igual que él había hecho con ella. Le dirigió una sonrisa a su jefa con la convicción de que estaba haciendo locorrecto y le dijo: —Sí que la tengo, señora Montgomery. Y elijo dejar este empleo.Escaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 13-97
  14. 14. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado Capítulo Tres —Señorito Benjamín, siento interrumpirlo, pero hay una persona que quiereverlo. Ben alzó la vista de la pantalla del ordenador y se encontró a la señora Smith depie ante la puerta abierta de su despacho. Se hizo a un lado y entró Tess. Sus mejillasestaban sonrosadas por el frío, y el suéter de angora que llevaba puesto dejabaentrever su embarazo. Ben se puso de pie. —Has vuelto —le dijo. La joven asintió y esbozó una sonrisa vacilante. —He vuelto. La señora Smith cruzó con Ben una mirada de reproche antes de salir y cerrar lapuerta, una mirada que decía que todo aquello era un error. —Imagino que tu visita de hoy significa que has tomado una decisión —le dijoa Tess. Ella asintió. —Sí, he dejado mi trabajo esta mañana, mis maletas están abajo… y en fin, aquíestoy para quedarme hasta que salga de cuentas. El oír aquellas palabras hizo que a Ben lo invadiera un profundo alivio. Al finlas cosas estaban bajo control y podría velar por la seguridad del bebé y la de ella. —Con tu permiso voy a sentarme —le dijo ella señalando la silla frente a suescritorio—. Se me ha quedado el coche parado a medio kilómetro de aquí y hetenido que hacer el resto del trayecto a pie tirando de las maletas. —Vaya, qué faena. Tess se encogió de hombros. —El carburador estaba en fase terminal. ¿Podrías prestarme dinero paracambiarlo por uno nuevo? Te lo devolveré en cuanto pueda. —No te preocupes; yo me haré cargo. Podría haberlo preocupado que fuese un ardid para sacarle dinero, pero en losúltimos días había averiguado lo suficiente sobre ella como para convencerse de locontrario. Había contratado a un detective privado para que la investigara, y éste nohabía encontrado ningún antecedente delictivo en su pasado ni nada que indicaseque estaba intentando engañarlo. De hecho había resultado que Tess era exactamente lo que aparentaba ser: unamujer trabajadora que hacía lo que podía para salir adelante. Era evidente que nohabía mentido cuando le había dicho que sólo necesitaba de él una pequeña ayudaeconómica.Escaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 14-97
  15. 15. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado —Bueno, ¿y cuáles van a ser las reglas del juego? —le preguntó Tess. —Las mismas que acordamos el otro día —respondió él—. Te quedarás aquíhasta que nazca el niño, y luego os compraré un apartamento y te asignaré unapensión. Los ojos ambarinos de Tess escrutaron su rostro, como si la joven estuvieraintentando adivinar qué pensamientos estaban pasando por su cabeza en esemomento. La noche en que se conocieron le parecieron a Ben unos ojos inusuales porsu color, y lo había fascinado el brillo de curiosidad que relumbraba en ellos. De hecho había estado observándola durante un buen rato antes de acercarse aella, atraído por su belleza singular, por sus cálidas y sinceras sonrisas mientrascharlaba con el camarero. Luego, cuando se había vuelto y sus ojos se habíanencontrado fue como si saltasen chispas entre ellos; chispas capaces de derretir uniceberg entero. —Parece demasiado bonito para ser cierto —dijo Tess. —¿Qué quieres decir? —Bueno, no es que piense que eres una mala persona, pero… —Pero no te fías de mí —adivinó él. Tess se encogió de hombros incómoda—.No pasa nada; no me has ofendido. Si yo estuviera en tu lugar me pasaría lo mismo. —Vaya, pues es un alivio, porque como te digo pareces un tipo decente… unpoco controlador, quizá, pero en fin… —añadió con una media sonrisa—. El caso esque necesito cubrirme las espaldas porque arriesgo mucho aceptando venirme a viviraquí sin saber nada de ti. Ben asintió. —Lo entiendo, y ya he hablado con mi abogado para que redacte un contrato. Tess entornó los ojos. —¿Y se supone que tengo que fiarme de ese abogado? —Bueno, eres libre de llevarle los papeles al que tú consideres oportuno antesde firmar nada. Y por supuesto yo correré con los gastos. —Eso parece justo. —Y hablando de contratos, mi abogado me ha insistido en la conveniencia deincluir una cláusula de confidencialidad. —¿De confidencialidad? —repitió ella perpleja—. ¿Crees que voy a darexclusivas a la prensa o algo así? —La finalidad de esa cláusula es protegeros tanto a ti y al bebé como a mí. Fueespantoso ver cómo los medios explotaron la muerte de mi esposa. Meses después deque falleciera siguieron haciendo de mi vida un infierno. Incluso se escribió unabiografía no autorizada de su vida e hicieron una película para la televisión. Y porsupuesto no sólo no la retrataban de un modo precisamente halagüeño, sino queademás faltaban a la verdad. Créeme cuando te digo que no te gustaría pasar por eso.Escaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 15-97
  16. 16. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado Tess se quedó callada un momento. —Cuando descubrí por mis compañeras de trabajo quién eras fui a la bibliotecade la ciudad y estuve indagando un poco. —¿Sobre qué? —Estuve buscando artículos sobre ti en periódicos y revistas viejas, y tambiénestuve mirando en Internet. En otras circunstancias Ben se habría sentido indignado, pero no podía culparlacuando él había hecho lo mismo. —¿Y qué conclusiones sacaste? —Me quedé espantada con lo que esa gente de la prensa puede llegar a hacer,justo como tú has dicho, así que entiendo tu preocupación. —Ahora las cosas se han calmado un poco y me gustaría que siguieran comoestán —le dijo Ben—. Cuantas menos personas estén al corriente de esto, mejor —añadió. No quería alarmarla, pero creía que era justo ponerla sobre aviso respectoadonde se estaba metiendo—. No quiero decir que tengas que dejar de ver a tusamistades, sólo que… —No tengo amigos —lo interrumpió ella. Esbozó una sonrisa y añadió—: Notienes que sentir lástima de mí; no lo he dicho por eso. Lo que pasa es que llevo pocotiempo viviendo aquí así que no he tenido la posibilidad de hacer muchas amistadesaún. Pero tampoco tienes que preocuparte por eso; tendré cuidado. —Bien, entonces supongo que eso es todo —dijo Ben. —Em… todo no —replicó ella—. Hay un par de cosas más que me gustaría quehablásemos. —Está bien. —Bueno, pues… la verdad es que no sé cómo decirte esto. No voy a vivir conun alcohólico, así que quiero que dejes la bebida. Aquello era lo último que Ben había esperado que le dijese. ¿Acaso le habíadado la impresión de que tenía problemas con el alcohol? ¿Habría leído quizá enalgún periódico que se había dado a la bebida tras la muerte de su esposa? Habíanescrito tantas mentiras sobre él que llegado un punto había decidido ignorar porcompleto a aquella gentuza. Abrió la boca para negar que fuera alcohólico, pero cayó de pronto en la cuentade que eso exactamente sería lo que haría alguien que tuviera problemas con labebida. —¿Y si me niego? —le preguntó para ver cuál sería su reacción. —Entonces no hay trato. Bueno, dado que no era alcohólico no supondría un sacrificio para él. —De acuerdo; no volveré a tomar ninguna bebida con alcohol —le dijo. Tess lo miró con desconfianza.Escaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 16-97
  17. 17. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado —¿Así de fácil? —Así de fácil —repitió él. De vez en cuando le gustaba tomar un trago, pero noera algo sin lo que no pudiera pasar. Tess entornó los ojos, como si siguiera sin estar segura de que podía confiar enél a ese respecto. —¿Lo incluirás en el contrato? —Hecho. ¿Alguna cosa más? Tess asintió. —Cuando nazca el bebé querría que me prestaras dinero para volver a estudiar.Me gustaría ir a la universidad para poder encontrar un empleo mejor. —Con la asignación mensual que te daré no te hará falta estudiar. —Supongo que en tu círculo social a las mujeres les gustará sentarse a tomarbombones y embadurnarse de cremas antiarrugas, pero yo quiero hacer algo con mivida. Quiero poder echar la vista atrás y sentirme orgullosa de mí misma. —Ya veo. Bueno, no es que yo tenga nada en contra de las madres trabajadoras—dijo él—, pero sí pienso que un hijo debe ser criado por sus padres, no por unaniñera. Tess se preguntó si su esposa, que había sido estrella de cine, habría planeadoabandonar su carrera cuando su hijo hubiese nacido. Lo dudaba. —Bueno, en eso estamos de acuerdo —respondió ella—. Siempre pensé que sime casaba y tenía un hijo dejaría de trabajar hasta que el niño tuviese edad de ir alcolegio. Claro que la situación es un poco distinta porque voy a ser madre soltera, asíque me temo que tendrás que esperar bastante para que pueda devolverte el dinero. —No quiero que me lo devuelvas. —Me da igual; te lo devolveré de todos modos. Por un momento Tess tuvo la impresión de que Ben iba a replicar de nuevo,pero en vez de eso dejó escapar un suspiro y sacudió la cabeza, como si hubieseconcluido que era inútil intentar convencerla. —¿Alguna cosa más? —El otro día dijiste que podré seguir con mi médico —apuntó Tess. —Si es lo que quieres… —Bien, pues entonces creo que tenemos un trato. Los labios de Ben se curvaron en una sonrisa, y Tess sintió que le flaqueaban laspiernas, como si fuese una colegiala. —En ese caso llamaré a mi abogado y le pediré que redacte el contrato —le dijoBen. Ella asintió pero se quedó mirándolo con curiosidad, como si quisierapreguntarle algo y no se atreviera.Escaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 17-97
  18. 18. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado —¿Qué? —Pues que… si no quieres el bebé… ¿por qué haces todo esto? Ben se quedó callado un momento, y cuando la miró había una tristeza inmensaen sus ojos. —Nunca rehuyo la responsabilidad de mis actos. Tess sacudió la cabeza. —No creo que ése sea el motivo. A mí me parece que este niño sí te importa —le dijo poniendo una mano sobre su vientre—. Te habría sido mucho más fácilfirmarme un cheque y desentenderte. —Yo nunca he dicho que no me importara. Y si le importaba… ¿por qué no podía ser parte de su vida? Y entonces depronto Tess comprendió; de pronto supo por qué había insistido en que se fuera avivir allí con él hasta que diera a luz. No entendía cómo no había caído en la cuentaantes. Ben se culpaba por la muerte de su esposa y de su hijo, y parecía que creía queal tenerla allí con él podría asegurarse de que no les ocurriría nada ni al bebé ni a ella. —Ben, si estás haciendo todo esto porque temes que pueda pasarnos algo albebé o a mí… no tienes por qué preocuparte, de verdad —le dijo—. Estoyacostumbrada a cuidarme sola. Él le lanzó una mirada tan llena de angustia y de dolor que Tess sintió que se leencogía el corazón. —No fui capaz de proteger a mi esposa y a mi hijo y por eso ahora ya no están—respondió—, y ése es un error que no voy a cometer de nuevo. Cuando la señora Smith condujo a Tess a la habitación de invitados, lo primeroen lo que se fijó la joven fue en lo enorme que era. Sin embargo las cortinas estabancorridas casi por completo y la penumbra le daba a la estancia un aire sombrío ydeprimente. —¿Aquí no encienden nunca las luces? —le preguntó al ama de llaves mientrasbuscaba un interruptor con la mirada. La mujer le lanzó una mirada irritada antes de ir hasta el ventanal y descorrerlas pesadas cortinas. La luz del sol invadió a raudales la habitación, transformándolapor completo. Si hubiera tenido todas las habitaciones del mundo para escoger, habríaescogido aquélla. —Es preciosa… —murmuró extasiada—. Y todo parece tan nuevo… —Pues sí; y procure que así se mantenga —le dijo la señora Smith en un tonoinsolente—. Si necesita alguna cosa hágamelo saber. El señorito Benjamín me hapedido que me asegure de que todo está a su gusto.Escaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 18-97
  19. 19. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado Instrucciones que sin duda seguiría, se dijo Tess, pero no de buen grado. Ellasin embargo no quería problemas, y estaba decidida a ser correcta con el ama dellaves aun cuando tenía la sensación de que iba a tener unos cuantos encontronazoscon ella en los cinco meses que iba a estar allí. —Gracias. —Me he tomado la libertad de retirar los objetos de valor —añadió la señoraSmith. Por el desdén con que la miraba parecía como si para ella fuese un chicle que sele hubiese pegado a la suela del zapato y no una invitada, pensó Tess. ObviamenteBen no le había dado instrucciones de que fuese amable con ella. Pues no iba a darle a aquella vieja bruja la satisfacción de saber que la habíaherido en su orgullo. —Vaya por Dios. En fin, a lo mejor consigo sacar algo con ese cuadro en elmercado negro —ironizó señalando una acuarela de un paisaje que hay sobre lacabecera de la cama. Al ama de llaves su broma al parecer no le hizo gracia. —Después de todo por lo que ha pasado el señorito Benjamin no se merece esto;no dejaré que le haga daño —le espetó como una osa protegiendo feroz a suscachorros. Tess estuvo a punto de recordarle que Ben era tan responsable como ella deaquella situación, pero se dijo que probablemente no sirviera de nada. Sin dudaaquella mujer ya la había juzgado y condenado. Lo más seguro era que pensase quese había quedado embarazada a propósito para cazar a Ben o quedarse con su dinero. —La cena se sirve a las siete en el comedor —le dijo el ama de llaves conaspereza. Luego se giró sobre los talones y salió de la habitación cerrando detrás de ella. Tess exhaló un suspiro cansado. Lo mejor sería que deshiciese las maletas,decidió. Sin embargo, no pudo resistir la tentación de curiosear un poco. Recorrió la habitación fijándose en cada detalle, y al llegar a las puertas delbalcón las abrió de par en par. Inspiró profundamente para llenarse los pulmonescon el aire fresco, y observó embelesada la hermosa vista de los jardines, llenos deflores multicolores, que se extendían hasta donde llegaba la vista. Vaya. A aquello desde luego no le costaría nada acostumbrarse. Se dio la vueltay fue hasta los pies de la enorme cama, donde habían dejado sus maletas, pero al verla puerta del cuarto de baño entreabierta se olvidó de ellas y se acercó para verlo.Había una bañera redonda tan grande que podría bañarse en ella una familia entera.Seguramente fuera un jacuzzi, pensó. Aquello era más impresionante que la suite presidencial del hotel en el quetrabajaba.Escaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 19-97
  20. 20. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado Se frotó la dolorida espalda y volvió a posar con ansia la vista en la bañera, perose dijo que sería mejor que primero deshiciese las maletas. Sin embargo, cuando hubo terminado de colocar la ropa en el armario estabatan cansada que lo único que quería hacer era echarse y descansar. «Una siesta de quince minutos», se dijo. Luego iría a explorar el resto de la casa. Se desnudó, apartó la colcha, se metió en la mullida cama, y al cabo de un ratose quedó dormida. A Jeanette le habría encantado ver los jardines en aquella época del año; llenosde flores, en todo su esplendor, se dijo Ben mientras miraba por la ventana de sudespacho. Si cerraba los ojos era capaz de imaginarla allí fuera, jugando con su hijo.Ya tendría un año, y quizá habría empezado a andar y a decir sus primeras palabras. En su imaginación aquel pequeño siempre tenía el pelo castaño, como él, losojos grises de su madre, y una sonrisa radiante. Siempre estaba feliz; siempre estabariendo. La puerta se abrió en ese momento, y al volverse vio a la señora Smith. —Ya la he llevado a su habitación —le dijo. —Gracias. —¿Quiere alguna cosa más, señorito? —No, nada más. No… espere, señora Smith. Sí hay una cosa que quiero quehaga. Por favor deshágase de todas las bebidas alcohólicas que haya en la casa. El ama de llaves frunció el entrecejo. —¿Para qué? —Una de las condiciones que ha puesto Tess para quedarse es que dejara labebida —le explicó él con una media sonrisa—. Cree que soy alcohólico. —¿Y usted no le ha dicho que no lo es? —No me importa lo que piense; lo que quiero es que se sienta cómoda, así quepor favor haga lo que le he pedido. La señora Smith frunció los labios pero no discutió. —Como quiera, aunque permita que le diga una vez más que esto me parece unerror. —Lo sé —murmuró él. También le había parecido un error que se casase con Jeanette, pero las doshabían aprendido a convivir. La verdad era que la señora Smith era tan protectoracon él que Ben estaba seguro de que ninguna mujer le habría parecido adecuada. —Sé que aún te sientes culpable por lo que pasó, Ben, pero no fue culpa tuya. La señora Smith nunca se lo había dicho claramente, pero Ben sabía que en suopinión la única culpable de la muerte de su hijo había sido Jeanette. Siempre habíadicho que era demasiado egoísta y que le consentía demasiadas cosas.Escaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 20-97
  21. 21. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado En cierto modo tenía razón. La carrera de Jeanette apenas había empezado adespegar cuando había descubierto que estaba embarazada. Más que sentirseilusionada aquello le había provocado cierto fastidio por las limitaciones quesupondría para su trabajo. De hecho, preocupada de que pudiese significar un retroceso en su carrera, porno hablar de las estrías, había dicho incluso que quizá debería considerar la opciónde abortar, pero por fortuna él había logrado convencerla para que no lo hiciera. Estaba seguro de que con el tiempo habría disfrutado de la experiencia y quehabría sido una buena madre, o al menos eso era lo que había querido pensar. Ya nada de eso importaba. —¿Ha llamado a sus padres? —le preguntó la señora Smith. Sus padres… Tener que explicarles aquello suponía otro problema. Nuncahabían sido unos padres agobiantes o controladores; todo lo contrario; y de hecho nolos había visto ni había sabido de ellos desde el Día de Acción de Gracias, pero sabíaque no iba a ser fácil hablar con ellos de aquello. —No, todavía no. —¿Y no cree que debería hacerlo? —¿Por qué? No tiene sentido que haga que se ilusionen con un nieto al quenunca van a ver.Escaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 21-97
  22. 22. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado Capítulo Cuatro Extrañado de que Tess no hubiera bajado a la hora de la cena, Ben subió paraver si le había ocurrido algo. Hacía ya tres horas desde que había llegado, y desdeentonces no había salido de la habitación. Además la señora Smith le había dicho quesólo tenía un par de maletas, así que no podía estar todavía deshaciendo el equipaje.¿Se encontraría mal quizá? Llamó a la puerta y aguardó un rato, pero no hubo contestación, así que volvióa golpear la puerta con los nudillos y la llamó: —Tess, ¿estás ahí? Aunque sabía que probablemente no debiera hacerlo, giró el pomo y vio que lapuerta estaba abierta. Las cortinas de la antesala estaban descorridas, y la suave luzdel atardecer bañaba cada rincón. Siempre le habían gustado los tonos en que estabadecorada la habitación de invitados, y por alguna razón se le antojaba apropiado queTess fuese a dormir en ella. Tenía algo de su carácter, fresco y alegre, y también eracálida y acogedora. Ésa era la sensación que había tenido la noche que había pasadocon ella en el hotel; había sido como llegar a casa. Se quedó escuchando en silencio, pero no oía movimiento alguno. —¿Tess? —volvió a llamar, esperando que le respondiera irritada desde eldormitorio. Sin embargo de nuevo no hubo respuesta, y el miedo se apoderó de él, haciendoque le costara respirar. ¿Y si se había resbalado en la ducha y se había golpeado en lacabeza? Sin perder un momento empujó la puerta entreabierta del dormitorio y elcorazón le dio un vuelco en el pecho. Las cortinas también estaban descorridas, perono veía a Tess por ninguna parte. Fue al cuarto de baño pero lo encontró vacío. ¿Adonde podía haber ido? ¿Se habría marchado sin que nadie del servicio laviera? ¿Habría sido quizá una broma de mal gusto decirle que sí, que iba a vivir allíhasta que naciera el bebé, para luego marcharse y burlarse así de él? Regresó aldormitorio debatiéndose entre la ira y el pánico, pero en ese momento escuchó unruido suave, como un ronquido. Sólo entonces se dio cuenta de que en la cama, bajola colcha, había un bulto. El alivio que lo invadió fue tal que le flaquearon las rodillas. Se la habíaimaginado tirada en el suelo, inconsciente y desangrándose, pero sólo estabaechándose una siesta. Se pasó una mano por el cabello y sacudió la cabeza. Tenía que tranquilizarse oantes de que acabasen aquellos cinco meses le daría un infarto. Sí, tenía que dejar depensar siempre lo peor. Tess estaba bien y el bebé también. Además, si continuabacon ese comportamiento paranoico terminaría consiguiendo que Tess huyese de allí.No era su prisionera sino su huésped.Escaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 22-97
  23. 23. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado Se preguntó si no debería despertarla para ver si quería cenar algo, pero decidióque sería mejor dejarla dormir. Parecía que necesitaba más descansar que comer. Fue hasta el balcón para correr un poco las cortinas, y aunque una vocecilla ensu cabeza le dijo que debería marcharse ya, no pudo evitar acercarse hasta la cama. No podía fallarle, se dijo mientras observaba su rostro angelical. Era casi comosi le estuviesen dando una segunda oportunidad. Cuidaría de Tess y del bebé; eransu responsabilidad. Tess estaba acurrucada sobre el costado y parecía tan frágil y pequeña enaquella enorme cama como una ninfa de los bosques. Su frente estaba perlada ensudor y tenía un mechón pegado a la frente. Hacía demasiado calor allí, se dijo Ben. Con mucho cuidado retiró hacia abajo lacolcha, y sólo al ver que la sábana estaba pegada a su piel húmeda, resaltando cadacurva de su figura, se dio cuenta de que estaba desnuda. Una ráfaga de deseo lo sacudió de pronto. «No la toques y sal de aquí ahoramismo», le ordenó la voz de su conciencia. Debería haberle hecho caso, pero Tessestaba tan pálida… ¿Y si estaba enferma y tenía fiebre? —¿Tess? —la llamó suavemente, no queriendo sobresaltarla. La joven murmuróalgo incoherente y se revolvió en la cama—. Tess, despierta. «No lo hagas; no la toques», le advirtió su conciencia. Sin embargo parecía que su cuerpo no estaba escuchándola, porque sin podercontenerse alargó el brazo y puso la palma de la mano sobre su frente para ver sitenía fiebre. No, parecía que no; no estaba caliente. Debería haber retirado la manoinmediatamente, pero no pudo resistir la tentación de rozar la suave piel de sumejilla con los dedos. Tess parecía tan vulnerable así dormida, y tenía unos labios tansensuales… La noche que habían pasado juntos se había vuelto adicto a sus besos, yaun después de todo lo que había ocurrido seguía encontrándola irresistible. Buena parte de las mujeres del mundo al que Ben pertenecía eran vanidosas ysuperficiales, mientras que Tess en cambio le había parecido tan… auténtica. Con ellase había sentido vivo, y quería volver a sentirse así. Claro que dadas las circunstancias debería dejarse de anhelos y comportarse deun modo racional. Aunque se sintieran atraídos el uno por el otro, Tess estabaembarazada, y él no quería volver a implicarse emocionalmente y arriesgarse aacabar sufriendo otra vez. No, el bebé y ella se merecían a alguien que no tuviesemiedo a amar. ¿Por qué entonces seguía acariciando su rostro? Como si tuviera voluntadpropia su pulgar se deslizó hasta el labio inferior de Tess y su boca se entreabrióligeramente, dejando escapar un soplido de su cálido aliento. Un cosquilleo eléctrico ascendió por su mano y su brazo hasta llegar al pecho, yel corazón empezó a latirle como un loco. No sabía por qué, pero de algún modo TessEscaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 23-97
  24. 24. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperadoconseguía, incluso dormida, despertar en él sensaciones que había creído que nuncavolvería a experimentar después de la muerte de su esposa y su hijo. El cosquilleo descendió por su abdomen, y se asentó finalmente en la zona justodebajo de su cinturón, y de repente lo invadió un deseo casi irresistible de inclinarsey besarla. En ese momento los ojos de Tess se abrieron y Ben apartó la mano como si supiel quemase. La joven alzó la vista, y cuando sus ojos se encontraron con los de élesbozó una sonrisa soñolienta. —Vaya, hola. Dios, ¿por qué tenía que ser tan bonita? Tess miró a su alrededor, como si en ese momento no supiese muy bien dóndeestaba. —¿Estás en mi habitación? —le preguntó. No parecía enfadada, aunque tendría todo el derecho a estarlo, y Ben no pudocontenerse y alargó una mano para apartar el mechón húmedo de su frente. ¿Quétenía aquella joven que hacía que le costase tanto mantener las manos quietas? —Como no has bajado a cenar estaba preocupado, así que subí a ver si estabasbien, y cuando llamé a la puerta y no contestabas temí que te hubiera ocurrido algo. Tess parpadeó, todavía adormilada. —¿Como qué? Buena pregunta. Era obvio que su reacción había sido desproporcionada. —No lo sé, supongo que simplemente quería asegurarme de que estabas bien,pero te pido disculpas por haber entrado sin permiso. No debería haberlo hecho. No, no debería haberlo hecho, pero aun así Tess se sentía incapaz de enfadarsecon él. Podía ver en su rostro esa expresión angustiada por el dolor que sin dudasentía aún por la pérdida de su mujer y su hijo. ¿Por qué no era sincero?, ¿por qué nole decía simplemente que estaba asustado? Porque era un hombre, se recordó a sí misma, y los hombres no solían hablar desus sentimientos. Igual que muy pocos hombres eran capaces de admitir sus temores;pensaban que eso los haría parecer débiles. —Pues no tienes por qué preocuparte, estoy bien —le dijo—. Sólo un pococansada. Ben le remetió un mechón por detrás de la oreja y comenzó a acariciarlesuavemente la mejilla con el dorso de la mano. Tess no pudo evitar sentirseenternecida por aquel gesto tan dulce. —Aquella noche en el hotel también hiciste eso —le dijo cerrando los ojos paraconcentrarse en la agradable sensación. —¿Lo hice? —murmuró él.Escaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 24-97
  25. 25. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado Los dedos de Ben descendieron hasta su garganta, y Tess sintió deseos de alzarlos brazos, rodearle el cuello con ellos y atraerlo hacia sí para besarlo, pero secontuvo. —Creíste que estaba dormida —respondió abriendo los ojos—, pero sólo estabafingiendo. —¿Por qué? Tess se encogió de hombros. —Supongo que temía que si abría los ojos me dirías que me fuese y no queríairme todavía. Cuando Ben dejó de acariciarle la mejilla Tess alzó la mirada y le pareció ver ensus ojos una expresión casi… triste. —¿Por qué te marchaste? —le preguntó. —¿Qué motivo tenía para quedarme? Imagina que me hubiese quedado, quenos hubiésemos enamorado, y que un mes más tarde te hubiese dado la noticia deque estaba embarazada. ¿Te habrías alegrado?, ¿querrías este bebé que no quieresahora? Tess sabía que no. —No es que no lo quiera —replicó Ben—. Es sólo que… no puedo. Había tanto dolor en su mirada… Antes o después tendría que aprender aperdonarse a sí mismo, se dijo Tess. No podía vivir así. Se incorporó, y se quedó sentada con la sábana agarrada bajo los brazos. —Las desgracias no son culpa de nadie, Ben; son algo que escapa a nuestrocontrol. —No, no es verdad; hay cosas que sí están bajo nuestro control; cosas que sonresponsabilidad nuestra. Tess detestaba verlo tan triste y no saber qué decir para hacerlo sentirse mejor.Sólo el tiempo podía curar las heridas, pero la pregunta era… ¿cuánto tiempo tendríaque pasar aún para que se cerrasen las heridas de Ben? ¿Un año?, ¿diez? Quizáincluso jamás fuese capaz de superarlo y se llevase aquel sentimiento de culpa a latumba. —¿Tienes hambre? —le preguntó Ben—. Podría decirle a la cocinera que tecaliente alguna cosa. Parecía que no quería hablar más del tema. Tess se preguntó si sería así comoiban a ser las cosas durante los cinco meses que iba a estar allí, si cada vez que Benempezase a abrirse un poco a ella de pronto la apartaría de un empujón. Tess volvió a tumbarse. —No, gracias. Creo que voy a seguir durmiendo. Ben asintió.Escaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 25-97
  26. 26. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado —De todos modos haré que te guarden algo en la nevera, por si cambias deidea. —Gracias. —Ven mañana por la mañana a mi despacho y te enseñaré la casa. —De acuerdo. —Buenas noches, Tess, que duermas bien. —Gracias. Tú también. Ben se detuvo al llegar a la puerta y se volvió un momento, como si fuera adecir algo, pero se giró de nuevo, salió, y poco después Tess oyó la puerta de laantesala cerrarse. Se quedó despierta un buen rato, pensando en Ben. Si se descuidaba acabaríahaciendo algo estúpido, como enamorarse de él. A la mañana siguiente cuando se despertó Tess no tenía ganas de levantarse.Había dormido como nunca… y más de quince horas. A pesar de sus dudas estaba empezando a convencerse de que había hecho locorrecto al aceptar la oferta de Ben, y no sólo por el bebé, sino por ella también. El saber que ya no tendría que matarse a trabajar para pagar las facturas lehabía quitado un enorme peso de encima, y sentía una paz interior que no habíasentido en mucho tiempo. El futuro se presentaba aún algo incierto, pero al menos tenía el presentimientode que estaba yendo en el rumbo adecuado. Puso una mano sobre su vientre. Estaba deseando sentir a su bebé moverse, yhasta estaba deseando empezar a engordar, aunque eso significase que le saliesenestrías. Aquélla era una experiencia tan emocionante y hermosa… Lo único que echaba en falta en esos momentos era tener alguien con quienpoder compartirla. Claro que siendo práctica eso era lo que menos debíapreocuparla. Pronto tendría que pensar en comprarse ropa de premamá y no teníamucho dinero. Quizá si la comprase en una tienda de segunda mano… No se le caerían losanillos por eso; ya lo había hecho en alguna otra ocasión. También podía pedirle prestado el dinero a Ben, por supuesto. No tenía lamenor duda de que él accedería. Cuando un hombre se sentía culpable era capaz dedarle a una mujer todo lo que quisiera, y de haber sido una desalmada se habríaaprovechado de las circunstancias, pero por suerte para él sería incapaz de hacer algoasí. De todos modos Ben ya había hecho tanto por ella. No, no podía pedirle másdinero. Sólo Dios sabía cuándo podría devolvérselo. En ese momento oyó abrirse la puerta de la antesala. ¿Quién podría ser?Escaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 26-97
  27. 27. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado ¿Sería Ben que había ido a despertarla para enseñarle la casa como le habíadicho? Quizá estuviese de nuevo preocupado por ella, porque aún no se habíalevantado. Se incorporó, tapándose el torso con la sábana, pero justo en ese momento oyóque la puerta se cerraba de nuevo. Fuera quien fuera no se había quedado muchotiempo. Un delicioso olor a beicon llegó hasta ella. Se bajó de la cama, se puso la bata, ysalió a la antesala. O bien la cocinera había pensado que estaría hambrienta, o bien no estabasegura de qué le gustaría, porque en la bandeja sobre la mesa había huevos revueltos,huevos duros, tortitas, un cruasán, tostadas, tres tarrinas pequeñas de mermelada,margarina, y mantequilla, salchichas, beicon, zumo de naranja, leche, y té. Con la lástima que le daba que se tirase la comida probablemente acabaríacomiendo más de lo que debía. Tendría que pedirle a Ben que le dijera a la cocineraque no le pusiese unos desayunos tan abundantes o acabaría poniéndose como unaballena. Sus ojos se posaron entonces en un sobre blanco que había a un lado, junto a labandeja. Lo tomó, y al abrirlo se encontró con las llaves de un coche, una tarjeta Visacon su nombre, y una nota que decía: Para todo lo que el bebé y tú podáis necesitar. B. Dios. Debería haberse imaginado que se le ocurriría algo así, pero aquellosgestos de generosidad no dejaban de sorprenderla. Ben tenía una habilidad algoinquietante para anticiparse a cada una de sus necesidades. No podía aceptar aquello, pero al menos debía darle las gracias. Tras desayunar se duchó, se vistió, y bajó para ir a buscar a Ben a su despacho,pero cuando llamó a la puerta no recibió contestación alguna, y a la segunda vezocurrió igual. ¿Sería incorrecto que pasase aunque no le hubiese dado permiso? Bueno, lanoche anterior él había entrado en su habitación sin que ella se lo diese. Claro que lohabía hecho porque lo preocupaba que se encontrase mal. En fin, de todos modos lehabía dicho que fuera a verlo para enseñarle la casa, y después de todo aquél era sudespacho, no su dormitorio. Justo estaba alargando la mano hacia el pomo cuando una voz áspera detrás deella la increpó: —¿Qué está haciendo? Tess dio un respingo del susto y al girarse se encontró con la señora Smith. —Vaya susto me ha dado —masculló con el corazón desbocado. La señora Smith se quedó mirándola con esa expresión suspicaz que parecíareservar para ella. —¿Qué hace merodeando por aquí?Escaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 27-97
  28. 28. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado Aquella vieja bruja la hacía sentirse como una delincuente aunque no hubierahecho nada malo. —No estaba merodeando; quería hablar con Ben. —No está en su despacho. Tess exhaló un suspiro irritado. —¿Y dónde puedo encontrarlo? —Ha dado instrucciones de que no lo molesten. —Vaya, pues es que resulta que me ha enviado algo esta mañana con eldesayuno y necesito hablar con él sobre eso. —Si se trata del coche está en el garaje; es un Mercedes azul oscuro. ¿Un Mercedes? Tess en su vida había conducido un Mercedes. Bueno, de hechonunca había conducido otra cosa que no fuera su viejo utilitario. —Yo… no creo que me sienta cómoda conduciendo su coche. —No es del señorito Benjamín; es para usted. Lo han traído esta mismamañana. —¿Que lo han traído esta mañana? —repitió Tess. —Sí, del concesionario. —¿Del concesionario? El ama de llaves la miró exasperada, y como si estuviese hablando con la tontadel pueblo le dijo: —Sí, de un concesionario; ese sitio donde venden coches. ¿Sabe al menos lo quees un coche? Decidiendo que lo mejor sería ignorar sus insultos, Tess le preguntó: —¿Y lo ha alquilado hasta que arreglen el mío?, ¿es eso? —No, no lo ha alquilado; lo ha comprado. —¿Me está diciendo que me ha comprado un Mercedes? —exclamó Tess conincredulidad. Pero si le había dicho que se encargaría de que le cambiaran el carburador a sucoche… —El señorito Benjamín es un hombre muy generoso —le dijo el ama de llaves—. Demasiado, diría yo —añadió mirándola con desdén. En ese momento Tess oyó el ruido de un teléfono sonando tras la puerta, perosólo sonó una vez, como si hubiesen contestado de inmediato. Miró a la señoraSmith, y supo de inmediato que le había mentido, que Ben sí estaba en su despacho. Alargó la mano para alcanzar el pomo, pero el ama de llaves se interpuso entrela puerta y ella.Escaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 28-97
  29. 29. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado —No va a entrar; ya le he dicho que el señorito Benjamín no quiere que lomolesten.Escaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 29-97
  30. 30. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado Capítulo Cinco —Pero, Benji… ¡hace tanto que no nos vemos…! Ben suspiró y sacudió la cabeza. Dios, cómo odiaba que su madre lo llamara así.A los diez años aquel diminutivo había empezado a parecerle odioso; en suadolescencia le había resultaba de lo más embarazoso; y estaba convencido de que sumadre seguía llamándolo de ese modo sólo para fastidiarle. —Lo siento, mamá, pero es que no es un buen momento para que vengas devisita. Ni lo sería hasta que Tess diese a luz y se fuese. ¿Por qué sería que no habíatenido noticias de sus padres desde hacía meses y de repente tenía que llamarlo sumadre, diciéndole que quería ir a verlo? Decididamente el problema entre su madre y él era que siempre iban adestiempo. No había estado a su lado en ninguno de los momentos que para élhabían sido importantes porque siempre estaba ocupada con el rodaje de algunapelícula, y a veces se decía que si hubiese podido pagar a otra mujer para que diese aluz por ella, lo habría hecho. —Te prometo que no me entrometeré en tus cosas. Ni siquiera notarás mipresencia. —Mamá, no puede ser, de verdad —le dijo Ben una vez más—. Tengo tantotrabajo que no creo que pudiera pasar mucho tiempo contigo, y además lo másprobable es que tenga que pasar una temporada en Los Ángeles —por supuesto eramentira; no tenía ninguna intención de salir de la ciudad… ni de la casa, de hecho—,y ya sabes cómo detestas Los Angeles. Cuando oyó a su madre suspirar decepcionada se sintió mal consigo mismo, yeso lo irritó. ¿Por qué tendría que sentirse mal cuando a ella no le había importadodejarlo atrás para irse fuera durante varias semanas por un rodaje, o para acudir aalgún estreno en distintas ciudades del mundo? No, no tenía ningún derecho a esperar nada de él… pero aun así se sentíaculpable por haberle dicho que no podía ir a verlo. De pronto oyó voces en el pasillo. Dios, ¿ya estaban discutiendo otra vez laseñora Smith y la cocinera? —Mamá, tengo que dejarte. —Pero, Benji… —Lo siento, en serio; es que ha surgido algo de repente. Te llamaré más tarde,te lo prometo. «Sí, unos cinco meses más tarde», se dijo colgando el aparato antes de que sumadre siguiera insistiéndole.Escaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 30-97
  31. 31. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado Se levantó, y para su sorpresa cuando abrió la puerta se encontró a la señoraSmith de espaldas a él con los brazos extendidos como si estuviese haciendo guardiafrente a su despacho. ¿Qué diablos…? Tess estaba al otro lado del pasillo, frente a ella, con las mejillas encendidas depura irritación y los puños apretados. —Le he dicho que no quiere que lo molesten —le estaba diciendo la señoraSmith a Tess con aspereza—. ¿Por qué insiste en ponerle las cosas aún más difíciles alseñorito Benjamín? Va a darle una vida decente a ese niño bastardo que lleva en suvientre. ¿Acaso no es suficiente con eso? Tess abrió la boca para responder, y fue entonces cuando se percató de supresencia. Por la expresión de su rostro Ben supo exactamente lo que estabapensando: estaba preguntándose si habría oído lo que la señora Smith había dicho de«ese niño bastardo». —¿Qué está pasando aquí? La señora Smith dejó escapar un gemido de sorpresa y se volvió hacia él con elrostro pálido. —Yo… le estaba diciendo que no le gusta que lo molesten cuando estátrabajando. La pillé merodeando por aquí. —No estaba merodeando —replicó Tess mirándola irritada. —Le dije a Tess que viniera a verme cuando se levantase —le dijo Ben a laseñora Smith—. Le prometí que le enseñaría la casa. El ama de llaves esbozó una sonrisa forzada. —Si lo único que quería era que viera la casa podía habérmelo dicho, señorito,yo se la habría enseñado con mucho gusto. Ben se apoyó en el marco de la puerta y suspiró. —Tess, ¿nos disculpas un momento? Necesito tener una pequeña charla enprivado con la señora Smith. Tess asintió, pero le lanzó al ama de llaves una mirada jactanciosa cuando pasópor delante de ella, y Ben tuvo que reprimir una sonrisa. —Será sólo unos minutos —le dijo a Tess antes de entrar tras la señora Smith ycerrar la puerta. Una vez a solas en su despacho se sentó tras su escritorio y alzó la vista hacia elama de llaves. —Siéntese —le dijo. —Prefiero quedarme de pie. —Mildred… por favor. La señora Smith por fin dio su brazo a torcer y tomó asiento en la silla que habíafrente a su mesa.Escaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 31-97
  32. 32. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado —Sé que desconfía de Tess, pero querría que dejase de entrometerse. —Sólo quiero lo mejor para usted, señorito —le dijo la mujer, como si esojustificara su comportamiento. —En cualquier caso quiero que ponga fin a esto. Ni siquiera conoce a Tess. —Ni usted tampoco. —Cierto, pero ese «niño bastardo» que lleva en su vientre es hijo mío. Avergonzada, la señora Smith bajó la vista a su regazo. —¿Acaso ha olvidado que mis padres no estaban casados cuando me tuvieron?—apuntó Ben. —Lo siento, señorito Ben, me dejé llevar por la ira. —Mire, Mildred, para mí usted es casi de la familia, y le tengo muchísimoaprecio, pero aunque entiendo que sólo quiere protegerme no es necesario, y querríaque dejara de tener estas riñas absurdas con Tess —le dijo él—. Sé que aún culpa aJeanette por lo que ocurrió. La señora Smith alzó la vista. —¿Y es eso peor que el que usted se culpe a sí mismo, señorito Ben? Ben dejó escapar un suspiro. —Supongo que la conclusión que los dos deberíamos sacar es que querer buscarculpables no nos ha llevado a ninguna parte, ¿no cree? —le dijo—. Sé que Jeanette nole caía bien, y no voy a negar que tenía sus defectos, pero… ¿quién no los tiene? Apesar de sus faltas era mi esposa y yo la quería. —Sí, pero no sabe nada de esa joven —apuntó la señora Smith. —¿Qué ha hecho Tess para que le tenga esa manía? Creo que ha dejadobastante claro que no quiere nada de mí. —Eso dice… por ahora. —En cualquier caso, como Tess me recordó, no concibió a ese bebé sola. Yo soytan responsable como ella —le dijo Ben—. Intenta hacerse la dura, pero estoy segurode que esto es tan difícil para ella como lo es para mí, y creo que si le da usted tiempoal tiempo acabará cayéndole bien. La señora Smith permaneció callada. —¿Me promete entonces que dejará de entrometerse? La mujer asintió. —Quiero oírselo decir. El ama de llaves puso los ojos en blanco. —Le prometo que no me entrometeré más —masculló irritada. Ben esbozó una sonrisa maliciosa. —¿Lo ve?, no era tan difícil.Escaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 32-97
  33. 33. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado —¿Puedo irme ya? —Puede irse. Y por favor, cuando salga dígale a Tess que pase. La señora Smith se levantó, y cuando fue a salir Tess casi se cayó encima deella… como si hubiera estado con la oreja pegada a la puerta, intentando escuchar suconversación. —Vaya. Lo… lo siento —balbució la joven azorada—. Es que estaba… um…apoyada en la puerta. La señora Smith frunció los labios y salió del despacho moviendo la cabeza deun lado a otro. Ben simplemente se cruzó de brazos y miró divertido a Tess. —No estaba escuchando, lo juro —le aseguró ella poniendo cara de no haberroto un plato en su vida. —Las paredes y las puertas de esta casa están insonorizadas —le dijo él. Tess resopló. —Eso explica que no oyese nada —murmuró entre dientes. Ben enarcó una ceja. —De acuerdo, sí, estaba escuchando, pero es que esa mujer no me da unrespiro. —Lo he hablado con ella y me ha dado su palabra de que no volverá aentrometerse. —Ya, seguro —contestó ella resoplando de nuevo—. Lo creeré cuando lo vea. —¿Qué tal tu primera noche aquí? ¿Has dormido bien? —inquirió él cambiandode tema. —Como un bebé. —¿Y el desayuno estaba a tu gusto? —Estaba todo buenísimo, aunque la cocinera se pasó un poco. Parecía que fueraa desayunar un regimiento entero. —Lo siento, eso ha sido culpa mía. Me preguntó qué querrías tomar y como noestaba seguro le dije que te pusiera un poco de todo —respondió él—. Bueno, ¿listapara ver el resto de la casa? —Hay algo que me gustaría que habláramos antes —le dijo Tess—. No puedoaceptar esto —añadió tendiéndole la tarjeta de crédito—. Aprecio el gesto, de verdad,pero es demasiado. —Venga, Tess, digo yo que te hará falta comprar alguna cosa. Quédatela. —No soy una pobretona; tengo dinero, ¿sabes? —Y no es que yo quiera quedar por encima, pero yo diría que tengo mucho másdinero que tú. Además tengo una responsabilidad para con el bebé y para contigo. —No, para conmigo no. No necesito que nadie cuide de mí.Escaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 33-97
  34. 34. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado Ben puso los ojos en blanco. ¿Qué tenía que atraía como un imán a las mujerescabezotas a su vida? Tess era tan orgullosa que lo irritaba y lo admiraba a partesiguales. —Y toma esto también —añadió ella dándole las llaves del coche—. También telo agradezco, pero me sentiría incómoda conduciendo un coche tan caro. Oh—oh… —Vaya, pues me temo que eso supone un pequeño problema. Tess entornó los ojos. —¿Por qué? —Porque tu coche… en fin, se lo han llevado. —¿A arreglar? —Em… no, simplemente se lo han llevado. —¿Adonde? Ben carraspeó. —Al cielo al que van los coches viejos. Tess lo miró con los ojos muy abiertos. —¿Qué? Obviamente estaba perdiendo la paciencia, y lo cierto era que Ben no podíareprochárselo. A él tampoco le haría gracia que alguien le dijese que habíanmandado su coche al desguace. Claro que su coche no era una trampa mortal sobreruedas. —Hice que un mecánico le echase un vistazo, pero me dijo que costaría másrepararlo de lo que valía el coche en sí. Además, no era seguro. —Ben, me dijiste que me conseguirías un carburador nuevo. —Y es lo que he hecho; el Mercedes que hay en el garaje tiene un carburadorcompletamente nuevo. Para su sorpresa Tess no se puso hecha un basilisco, sino que resopló, y secruzó de brazos. —Muy gracioso. —Es una buena inversión, y además es un coche muy seguro —le dijo él—:tiene airbags, GPS, y la caja de cambios es… —¿No te preocupa que vaya a ir por ahí conduciendo un coche que no esautomático? —lo interrumpió ella para fastidiarle—. O a lo mejor un día pillo unatasco en algún sitio y tardo en volver. No sé, podría darte un ataque de ansiedad. —No… porque ya he pensado en eso —le respondió él. Abrió un cajón de suescritorio y sacó de él un teléfono móvil—: También te he comprado esto.Escaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 34-97
  35. 35. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado —¡Oh, vaya!, ¡me has comprado un móvil! ¿No se te olvida nada? ¿No mehabrás comprado también un poni por casualidad? —¿Quieres un poni? Tess abrió la boca y lo miró entre incrédula e irritada. —¿Serías capaz de hacerlo, verdad? Serías capaz de comprarme un poni sólopara fastidiarme. De hecho estoy segura de que serías capaz hasta de hacer queconstruyeran un establo, y contratarías a un profesor de hípica. Sí, la verdad es que sí que sería capaz, se dijo Ben reprimiendo una sonrisilla. —Vamos, Tess, no seas así. Necesitas un coche y yo ya tengo uno. Si no utilizasese Mercedes no va a hacerlo nadie. Y estaría feo que dejases que gaste mi dineropara nada. Tess resopló hastiada. —Está bien, me rindo. Me quedo con el coche —le dijo extendiendo la mano. Ben sonrió, le devolvió las llaves, y le dio también el teléfono móvil. Tess se metió ambas cosas en el bolsillo de los vaqueros, y Ben se fijó en queparecía que le quedaban un poco estrechos. De hecho tenía la sospecha de que sillevaba la blusa por fuera era para ocultar el hecho de que llevaba la cinturilladesabrochada. Era obvio que necesitaba ropa nueva, y pronto tendría que empezar acomprar también cosas para el bebé, pero con lo cabezota que era sería mejor intentarconvencerla otro día de que aceptara la tarjeta de crédito. Ya era toda una proeza quehubiese accedido a quedarse con el coche. —Bien. ¿Estás lista ahora para ver el resto de la casa? —le preguntó. —Cuando quieras. Para cuando concluyó la visita al resto de la casa, Tess había llegado a laconclusión de que Ben tenía demasiado dinero. La vivienda tenía nada menos que cuatro plantas contando con el sótano, ochodormitorios, seis cuartos de baño, las dependencias del servicio, la cocina, unadespensa con suficiente comida como para no tener que salir de la casa en un año… También había una biblioteca con estanterías que iban del suelo al techo, unasala de proyecciones, y junto a ésta otra sala con toda una serie de sofisticadasmáquinas que Tess imaginó que tendrían que ver con el trabajo de Ben comoproductor. Pero eso no era todo; luego estaba el gimnasio, equipado con aparatos que sinduda debían de haberle costado una fortuna, y una sala de recreo, donde terminó lavisita. Allí tampoco faltaba un detalle: una diana para jugar a los dardos, un futbolín,una mesa de billar… Sin embargo, aunque la visita le resultó interesante, lo que teníaverdaderamente cautivada a Tess era su anfitrión. La fascinaban su manera decaminar, sus ademanes, su forma de hablar… Daba la impresión de tener muchaconfianza en sí mismo, pero no era de esas personas que avasallaban a los demás.Escaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 35-97
  36. 36. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperadoProbablemente ni siquiera fuese consciente de lo guapo que era, se dijo; o si lo eradesde luego parecía que le daba igual, cosa que lo hacía aún más atractivo. Además, a pesar de haber crecido rodeado de lujos y de que seguramentehabría estudiado en centros de lo más elitistas, no era un engreído, sino una personagenerosa y amable. Por las experiencias que había tenido, Tess era de la opinión de que con lamayoría de los hombres la convivencia resultaba cuando menos difícil, pero con Bense sentía muy cómoda… dejando a un lado esos hábitos algo recalcitrantes que tenía,como el de hacer y deshacer sin consultarle. Todavía no podía creerse que hubiesemandado su coche al desguace y le hubiese comprado un Mercedes. Pero sí, dejando esos pequeños detalles aparte, se sentía a gusto con él. Tal vezfuera porque era un hombre maduro. Y no maduro en el sentido de que fuera mayorque ella. Había salido con hombres con los que se llevaba varios años pero en cambiotenían una mentalidad equivalente a la de un adolescente. Siempre decían queestaban preparados para pasar al siguiente nivel de la relación, y luego les entraba elpánico cuando veían su cepillo de dientes al lado del suyo en el cuarto de baño. Para Ben, en cambio, era obvio que el vivir juntos bajo el mismo techo no lesuponía un problema. De hecho hasta el momento no lo había oído quejarse de nada. Si no se andaba con cuidado acabaría enamorándose de él sin siquiera darsecuenta. —Bueno, ¿qué te parece la casa? —le preguntó Ben. —Es muy bonita —respondió ella—. Aunque por alguna razón no te imaginabaviviendo en una casa tan enorme. No es que me parezca que tener una casa grandesea algo pretencioso; es sólo que… no sé, no va con tu carácter. —En realidad la idea de comprar esta casa fue de mi esposa Jeanette. Habíacrecido en un pequeño pueblo y soñaba con tener una gran casa para poder presumirde todo lo que había conseguido —le explicó con una sonrisa triste—. Irónicamente,no llegó a estrenarla. Cuando murió las reformas aún no estaban terminadas. —Eso explica que todo parezca tan nuevo —comentó Tess. —Sí, estuvo discutiendo cada detalle con el decorador durante meses. Estabamuy orgullosa de cómo estaba quedando la casa. En los ojos de Ben se leía el cariño que había sentido por su difunta esposa, perohabía en ellos algo más. ¿Arrepentimiento quizá? —Debes de echarla mucho de menos. —Bueno, hay cosas que sí, y cosas que no —respondió él—. Ningúnmatrimonio es perfecto —matizó ante la mirada curiosa que le dirigió Tess. ¿Significaba eso que habían tenido problemas en su matrimonio?, se preguntóTess. No podía negar que sentía curiosidad, pero no era una chismosa. Si Ben queríahablarle de ello algún día, dejaría que lo hiciese por voluntad propia.Escaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 36-97
  37. 37. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado —Esto en cambio no parece nuevo —comentó acercándose a la mesa de billar ypasando la mano por la gastada felpa verde. —No, he tenido esa mesa desde que era un chiquillo —respondió él,siguiéndola con la mirada, esa mirada tan intensa que la hacía estremecerse pordentro. —¿Y juegas mucho? —Sobre todo cuando no puedo dormir. Me ayuda a despejar la cabeza depensamientos —contestó él—. ¿Sabes jugar? —La verdad es que me va más el ping-pong, aunque tengo buenos recuerdosde cierta mesa de billar. —¿De veras? —inquirió él. Por la sonrisilla maliciosa que se había dibujado en sus labios, Tess supoexactamente lo que estaba pensando; lo mismo que pensaría cualquier hombre al oíreso. —No te imagines cosas que no son —le dijo ella sin poder evitar sonreírtambién—. Lo decía porque me dieron mi primer beso sentada sobre el borde de unamesa de billar. —Vaya, eso suena muy romántico —la picó él. —Lo fue —asintió ella con un suspiro melancólico. Nunca olvidaría loemocionante que había sido ese primer beso—. Me lo dio el hermano mayor de unaamiga. Yo tenía quince años y él dieciocho. —Hmm… así que era mayor que tú… —murmuró Ben divertido, sentándose enel borde de la mesa y cruzándose de brazos—. ¿Y cómo ocurrió? Tess se sentó junto a él. —Pues… mi amiga estaba arriba, ayudando a su madre con la cena, y yo estabaen el sótano con su hermano Noah, viéndolo jugar al billar. Estábamos charlando, yno recuerdo cómo en un momento dado me preguntó si tenía novio. Cuando lerespondí que no me dijo que no podía creerse que una chica tan bonita como yo noestuviese saliendo con nadie. Luego quiso saber si me habían besado alguna vez, yyo, claro, me puse roja como un tomate. —¿Y qué le dijiste? —La verdad; que nunca me habían besado. —¿Y él te tumbó sobre la mesa y te dio un beso apasionado? Tess se rió. —No, fue muy tierno. Yo estaba sentada en el borde de la mesa, con las piernasabiertas, igual que tú, y él estaba delante de mí; así —le explicó levantándose yponiéndose frente a él. Ben descruzó los brazos, apoyó las manos en la madera, y por un instante aTess le recordó a Noah. Los dos tenían el cabello castaño, el mismo aspecto deEscaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 37-97
  38. 38. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperadorebeldes sin causa, y en cierto modo incluso en la personalidad Ben le recordaba aNoah. Igual que él podía ser muy tierno cuando quería, y otras veces era igual deobstinado. Quizá por eso se sintiera tan atraída hacia él, porque le recordaba alprimer chico que le había gustado de verdad. —Bueno, ¿y qué pasó luego? —la instó Ben para que continuara. —Pues me tomó de las manos y me atrajo hacia él. —¿Así? —inquirió Ben tomándola de ambas manos y atrayéndola hacia sí. Cuando sus piernas rozaron las de él el corazón de Tess palpitó con fuerza antela inesperada proximidad. —Sí —murmuró. El recuerdo de lo nerviosa que se había sentido años atrás con Noah regresó asu memoria con la fuerza de una ola. Recordó exactamente el cosquilleo que le habíarecorrido la espalda, la suavidad y calidez de sus labios cuando habían rozado los deella, lo dulce que había sido el beso en un principio y lo extraño pero tambiénexcitante que había sido cuando la lengua de Noah se había introducido en su boca…Había sido un beso con un sabor prohibido, una mezcla de tabaco, coca-cola, y deseo. Los ojos de Ben escrutaron su rostro. Estaban tan cerca el uno del otro que Tesspodía sentir el calor de su cuerpo aun a través de la ropa, y luego sintió la caricia desu aliento sobre sus labios cuando le preguntó: —¿Y que hizo después? Tess sabía que si se lo decía Ben la besaría. ¿Y quién sabía que pasaría entonces?Ella ya no era la chica inocente de quince años que había sido, aquella chica a la queel miedo la habría ayudado a echar el freno antes de que la situación escapara a sucontrol. Ella en cambio, había perdido aquel miedo hacía tiempo, y no estaba segurade que fuese a ser capaz de parar, así que, a pesar de lo mucho que quería que Ben labesase en ese momento, sabía que no debía dejar que lo hiciese. —Pues después de salir conmigo durante un par de semanas, dejó embarazadaa una chica del instituto, Tracy Fay Bejarski, y sus padres los obligaron a casarse. Ben captó la indirecta y cuando le soltó las manos Tess dio un paso atrás. —Vaya, no es una historia con un final muy feliz. —Yo me quedé hecha polvo —dijo ella—. Unos cuantos besos y ya estabaconvencida de que era el amor de mi vida. Claro que yo no estaba a gusto en casa,con mi madre y mi padrastro, y supongo que por eso empecé a fantasear con que undía nos escaparíamos juntos. Y lo cierto es que debería sentirme agradecida de que lonuestro no acabara en nada, porque luego me enteré de que se divorciaron despuésdel cuarto hijo, de que él está trabajando en una gasolinera por las noches, y de quese pasa buena parte del día bebiendo en un bar. —Señorito Benjamín… Tess se volvió al oír la voz del ama de llaves, y al verla en el umbral de la puertase preguntó cuánto rato llevaría allí, y cuánto habría oído.Escaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 38-97
  39. 39. Michelle Celmer – Serie Multiautor Ricos y solitarios 3 – Un problema inesperado —El almuerzo está listo —dijo la mujer. —Gracias, Mildred. Subiremos enseguida —respondió Ben. La señora Smith los miró con cierta suspicacia, pero luego se dio media vuelta yse marchó. —Yo creo que no voy a comer —le dijo Tess a Ben—. Todavía estoy algo llenadel desayuno. Iré a dar un paseo por los jardines. —Como quieras; le diré a la cocinera que te guarde algo por si luego cambias deidea. —Gracias. Ben se levantó y se dirigió hacia la puerta, pero al llegar a ella se giró. —¿Sabes?, sobre lo que has dicho antes… yo también creo que fue una suerteque no acabaras con el hermano de esa amiga tuya; te mereces algo mejor. Quizá tuviera razón, pensó Tess, pero con el paso del tiempo ella habíaaprendido que cuanto menos esperase de la vida menos decepciones se llevaría.Escaneado por Mariquiña y corregido por Laila Nº Paginas 39-97

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