LA FIAMBRERA  Charo Alcaide Verdés
LA FIAMBRERA      La crónica de la Romería a la Cueva Santa que aparece en los libros yque uno suele contar a sus amigos y...
Y aquí empezó todo, había opiniones para todos los gustos, unosque si un bocadillo es suficiente (ése soy yo porque sé lo ...
azúcar, cervezas con y sin alcohol, llevar vino blanco y uno tinto pero quetenga nombre raro y cueste más de tres euros (e...
huevos y además hay que salir deprisa a coger sitio, y además hay quetener cuidado no pillemos las caravanas de carros y n...
Llegamos a la Cueva y efectivamente nos quedó, no el barranco, sinoel final del camino que da a el barranco, en el fin del...
Nos reímos tentando la suerte pues comimos con los paraguas casidesplegados. Cumplimos el ritual, pero con tanto trajín no...
La fiambrera
Próxima SlideShare
Cargando en…5
×

La fiambrera

797 visualizaciones

Publicado el

relato

Publicado en: Educación
0 comentarios
0 recomendaciones
Estadísticas
Notas
  • Sé el primero en comentar

  • Sé el primero en recomendar esto

Sin descargas
Visualizaciones
Visualizaciones totales
797
En SlideShare
0
De insertados
0
Número de insertados
333
Acciones
Compartido
0
Descargas
1
Comentarios
0
Recomendaciones
0
Insertados 0
No insertados

No hay notas en la diapositiva.

La fiambrera

  1. 1. LA FIAMBRERA Charo Alcaide Verdés
  2. 2. LA FIAMBRERA La crónica de la Romería a la Cueva Santa que aparece en los libros yque uno suele contar a sus amigos y conocidos, no tiene nada, nada quever, con lo que sucede en la realidad, sobretodo si además hay QUINTO-Aen la familia ese año. La historia comienza unos días antes, un par de semanas antes,cuando tu madre, en mitad de la comida familiar del domingo, justo en elmomento en que los hermanos nos estábamos riendo de las anécdotas dela última excursión, dice con un tono de voz un poquito musical eso de: - ¿Qué prepararemos para comer en la Cueeevaa? Aquí se nos cortó la conversación de forma instantánea, nospusimos en alerta y nos miramos con ojos muy abiertos y empezamos adisimular. Intentamos desviar la conversación hacia otros temas, noqueríamos ver lo que se avecinaba. No sirvió de nada. Mi madre, que se hacia la sueca, repitió lafrasecita: - Que digo que qué hacemos de comer para la Cueva.
  3. 3. Y aquí empezó todo, había opiniones para todos los gustos, unosque si un bocadillo es suficiente (ése soy yo porque sé lo que pasa), otroque ese día hay que comer empanadillas y comida de fiambrera y ademásmucho (sobre todo si hay quinto en la casa, no vayan a decir que vaya lamerienda que llevaban estos…). Y después de mucho discutir, se llega a un acuerdo: ¡HABRÁ COMIDA DE FIAMBRERA! ¡Cielos, qué horror!, yo sé que comeré bien pero… eso significa quehay que preparar ¡LAS FIAMBRERAS!, pero eso es lo de menos, lo peor esque además hay que añadir toda la infraestructura. Después de varias discusiones, por fin se decidió el almuerzo;consistiría en primer lugar en unas empanadillas para todos (que a esashoras entran muy bien) y para los que van andando un bocadillosuplementario de jamón y queso, y … el huevo, que hay que comerse elhuevo. Como postre, café y pastas variadas además del tradicionalpanquemado con chocolate (tengas o no tengas hambre). Como bebida se sacarían la mistela y el whisky con el café y punto,ya que no hay mucho tiempo para el almuerzo. Para comer se decidió lo típico: habas, tortilla española, lomo contomate, albóndigas de bacalao, longanizas, más empanadillas, huevosduros, queso, jamón, chorizo y longaniza seca… POR SI ALGUNO SE HABIAQUEDADO CON HAMBRE, YA TE DIGO. Cuando ya tenemos decidida la primera parte, viene lainfraestructura: ¿Qué necesitaremos para pasar un día bueno de romería? Pues estáclaro, ¿no? Los platos, cubiertos (tenedores, cuchillos, cucharas de postre),servilletas, vasos de agua y de vino, mantel de tela para la mesa (porque sino la tía Manolita dirá que vaya desmanotada que es tu madre), la mesa depic-nic y sillas y hamacas para todos, la garrafa del agua y la nevera (queno falte la nevera, por favor, pero con hielo), poner refrescos con y sin
  4. 4. azúcar, cervezas con y sin alcohol, llevar vino blanco y uno tinto pero quetenga nombre raro y cueste más de tres euros (es una ocasión especial y setiene que aprovechar para quedar bien con el resto de familiares). No nos olvidemos de la bebida para los postres, la bebida estrella delas celebraciones: el cava, y por supuesto el whisky, y un poquito demistela, brandy… Y el pan, no se nos vaya a olvidar… ¡Ah! No hay que poner todo en el mismo bolso, el dulce o sea lospasteles de boniato, el panquemado, el chocolate y los rollitos de anís y ellicor, más el café y azúcares (o sacarina, ¡algunos ese día tomansacarina…!), todo en una cesta pero que sea mona, tapadito todo con unmantel a cuadros, no vayan a decir que somos poco aseados. La comida del mediodía tiene que ir en un bolso y algunas cosas ennevera, tienes que llevar lo que se te ocurra, y eso sí, cuanta más comidaen fiambrera, mejor. Mi madre preparó tres grandes y hermosasfiambreras, cada una de un color. Cuando ya tienes la infraestructura controlada, viene el momento desubir la adrenalina al máximo: tienes que cargar el coche. Los bolsos de comida los llevaban encima los pasajeros y el perro sequedó en casa, no cabía un alfiler ni en el maletero, ni dentro del coche. Alfinal dejamos las hamacas. Y empieza el día, suenan las campanas, el chupinazo (hay que ponerla cafetera al fuego), corriendo a la plaza, salen los quintos, corriendo aSanta Bárbara, despedimos a los quintos… Que por cierto salieron zumbados como si vinieran de los tercios deFlandes por lo menos, qué ímpetu y ¡queeé garbo!, eso sí, aplausos,bendiciones y empieza la caminata, doce maravillosos kilómetros para irhaciendo ganita. A todo esto, el día amaneció nublado y las previsiones eran fatales,pero como aquí aunque lluevan ranas la romería dice que sale ¡y sale! ¿eh?,pues nada, todos a los coches y adelante, que a las diez reparten los
  5. 5. huevos y además hay que salir deprisa a coger sitio, y además hay quetener cuidado no pillemos las caravanas de carros y nos tengamos quetragar el olor a boñigo. El almuerzo fue tranquilo, no había mucho coche. Hubo quien fue ala Cueva Santa la noche de antes a coger sitio para la comida (eso es serprevisores, lo demás son tonterías). Nosotros, la verdad, es que una vez conseguimos encontrar el bolsodonde llevábamos el almuerzo, ya la cosa pintó de otra manera porque fríohacía un rato, así que le dimos al chupito de lo primero que pillamos, puesalguien cambió de sitio las botellas de licor y había que sacar el maleteropara buscarlas, así que decidimos no ponernos sibaritas. Terminado el almuerzo, corriendo, corriendo a los coches no sea quelo único que nos quede para aparcar el coche sea el barranco.
  6. 6. Llegamos a la Cueva y efectivamente nos quedó, no el barranco, sinoel final del camino que da a el barranco, en el fin del mundo, pero bueno,ya habíamos llegado, no llovía (todavía) y ya empiezan otra vez las prisas:corriendo para ver el cambio de varas, la llegada de la Virgen, los bailes, lamisa, dar una vuelta por las paraetas, comprar turrón y peladillas, algúnpañuelo, una cerveza en el bar, charlar con fulano y mengano (o sea,dejarse ver, que es lo que hacen la mayoría de los que van a la CuevaSanta, dejarse ver, porque la mayoría ni va andando, ni va a misa, ni comeen la Cueva si me apuras, o sea de romería tiene…el nombre, es mas bienun día de carga y descarga de energía). Cuando ya terminaron los esperados pasodobles, el cielo que hastaentonces estaba de color blanco nuclear, se fue poniendo gris plomizo. La famosa canción-rogativa “que llueva, que llueva, la Virgen de laCueva” me vino a la cabeza pero al revés, había que tomar una decisión:aunque no llovía, el cielo amenazaba y mucho, teníamos que decidir siabrir las fiambreras y comer en el barranco, o por el contrario marcharnosal pueblo y regresar a las cuatro para que el Quinto hiciera el camino devuelta. Gran dilema, se hicieron votaciones, NOS QUEDÁBAMOS, mientrasno cayera el diluvio. Tendríamos los paraguas a mano. Así que, para no perder el ritmo del día, corriendo nos fuimos adesplegar las mesas y sacar los aperitivos, al tiempo que cientos de cochesse batían en retirada hacia el pueblo, incluidos los que habían cogido sitiola noche anterior. En un momento nos quedamos solos en el camino del barranco,todos los coches desaparecieron, las caballerías que estaban en lo alto dela montaña, también. El silencio lo invadió todo. Parecía mentira, hacía un momento todoeran saludos y parabienes y de repente, la nada y… NOSOTROS. Para empezar y ahuyentar los malos pensamientos (marcharnossensatamente), pusimos música festiva en el coche, sacamos las cervezas,los aperitivos y empezamos la fiesta antes de tiempo, por si acaso llovía.
  7. 7. Nos reímos tentando la suerte pues comimos con los paraguas casidesplegados. Cumplimos el ritual, pero con tanto trajín no encontrábamosel bolso con las fiambreras, (hubo quién se apiadó a San Cucufato, luegorectificó y se aclamó a la Virgen de la Cueva), apareció, ya lo creo queapareció, y dimos buena cuenta de ello, y entre bocado y bocado,pasodoble, y mi tío Pepe, que es genial, nos puso esa música de cha-cha–chá, de esa música que cuando suena le cambia la cara, sonríe y mueve lasmanos con los puños cerrados moviéndolos con un ligero vaivén ysiseando la canción. Llegado este momento ya sabes que le digas lo que ledigas te va a decir que sí y entonces llega el momento que dicen ¡SACAR ELCHAMPAN! que empiece la fiesta, el champán no, el cava, pues es igual, loque sea, y los dulces y lo que haga falta, tras la primera botella, toda lafamilia, el quinto, los niños, todos, nos pusimos a bailar y a hacer fotos, erauna sensación extraña, solos en el camino, no se oían ni los pájaros, lasnubes se estaban levantando y … ¡vaya si se levantaron! De repente, cuando ya íbamos a tomar la segunda botella de cava,un estruendo nos avisó de que la fiesta llegaba a su fin, corriendo,corriendo para no desentonar con el día, desmontamos el campamento ypusimos pies en polvorosa porque el lugar donde estábamos era barrancoy se podía convertir en barrizal. Nos refugiamos en el bar y esperamos que los quintos antesemejante granizada decidieran si regresaban andando o si lasinclemencias del tiempo lo impedirían. Tras varias deliberaciones decidieron volver andando y entoncesotra vez corriendo salió la romería, nosotros regresamos en coche,rendidos tuvimos que descargar la intendencia, las sobras y corriendo otravez para ver llegar la romería, la música, el Cristo, la Virgen, los quintos, lasquintas, la gente, total un día agotador, pero eso sí, cumplimos con latradición, lo que pasa que luego, al día siguiente, nos quedaba la sorpresa,cuando llega la hora de comer y dice mi madre: - ¿A que no sabéis lo que vamos a comer hoy? Hasta el próximo año, tierra trágame.

×