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Equipo de liturgia. los ministerios

  1. 1. Los MinisteriosEL EQUIPO DE LITURGIAAntes no había la necesidad de un equipo de liturgia: bastaba que el sacerdote y elsacristán se cuidaran de prepararlo todo. En todo caso se agradecía la buena voluntad deunas señoras que mantenían limpia la iglesia o preparaban con gusto las flores. Ahora cadavez más es un grupo el que asume la tarea de preparar cada celebración y revisar susorientaciones también a largo plazo.Un grupo de liturgia puede llegar a ser un auténtico fermento y un motor de lacelebración de la comunidad. Y eso, no sólo porque ahora hay menos sacerdotes o porqueel párroco no llega a todo, o porque es moda la participación de la bases, sino por motivostambién teológicos: la imagen de Iglesia que se comprende a sí misma como máscorresponsable de la propia vida y animación, basándose en la dignidad de todos los laicos,en razón de su sacerdocio bautismal.El equipo que se ocupa de esta tarea de la preparación y animación de las celebracioneses idealmente un grupo variado, rico, representativo de lo que es la comunidad: debería deagrupar a los ministros ordenados (los que van a presidir las celebraciones), religiosos yreligiosas, y sobre todo laicos, mayores y jóvenes, casados y solteros.Además de la preparación de las celebraciones, el grupo de liturgia debería tener unavista larga. Ante todo debería revisar las anteriores. Una reflexión sincera y lúcida puededescubrir aspectos que van bien y otras más deficitarios. El grupo litúrgico debería teneruna sensibilidad especial para captar las mejoras que está pidiendo la celebración.Un grupo de liturgia que se reúne y que prepara la celebración, no es para “hacerbonito”, ni para lucirse, ni para dar salida más o menos psicológica a las energías ycapacidades de los laicos o de los que saben música. La razón es más profunda, la que debedar sentido a todas las demás, es el deseo de servir. de ayudar a la comunidad a que puedarezar mejor y celebrar más consciente y profundamente su Eucaristía dominical o las otrascelebraciones que se organicen.EL LECTORUno de los ministerios litúrgicos más importantes que se puede ejercitar en lacelebración es el de proclamar las lecturas. Junto con el salmista y el predicador de lahomilía, el lector ayuda a la comunidad cristiana a escuchar en las mejores condicionesposibles la Palabra de Dios y acogerla como dicha hoy y aquí para cada uno de loscreyentes.No es fácil leer. Leer bien es re-crear, dar vida a un texto, dar voz a un autor. Estransmitir a la comunidad de los fieles lo que Dios les quiere decir hoy, aunque el textopertenezca a los libros antiguos. Leer es pronunciar palabras, pero sobre todo decir unmensaje vivo.Más que “leer”, se trata de “proclamar” expresivamente la Palabra. Pro-clamar espronunciar, promulgar delante de la asamblea que escucha. No es mera lectura personal, o
  2. 2. información, o clase. Es un ministerio que se realiza dentro de una celebración, y elmismo hecho de leer en público para esta comunidad de creyentes es todo un gesto deculto, un servicio litúrgico, realizado con fe y desde la fe.Una de las primeras condiciones de un buen lector es que recuerde que en esteministerio él es simplemente -y nada menos- un mediador entre el Dios que dirige suPalabra y la comunidad cristiana que la escucha y la hace suya.. Lo que él trasmite a sushermanos no es palabra suya ni tampoco de la Iglesia, sino de Dios.CONSEJOS GENERALESEl acceso al lugar del ambón debe ser digno, sereno, no poniéndose en movimientohasta que el sacerdote no ha terminado la oración, en el caso de la primera lectura, o hastaque el salmo responsorial no se haya concluido, para la segunda.La postura corporal también cuenta: la persona misma es un signo. Puede indicaratención y respeto, o por el contrario superficialidad o dejadez. la actitud del lector debeevitar tanto la afectación y el teatro exagerado, como la excesiva timidez y encogimiento.La asamblea “oye” al lector, pero también le “ve”.No es indiferente desde dónde se proclama una lectura y de qué libro. El ambón es unlugar digno, visible, más o menos estable reservado para la proclamación de las lecturasbíblicas. El libro también debe manifestar su formato y uso que su contenido es apreciadopor la comunidad que lo escucha y por el ministro que lo proclama. Es “válido” leer unahoja dominical, pero no es significativo ni simbólicamente expresivo. Además, un librobien impreso, con la letra suficientemente grande y, sobre todo con una buena presentacióny disposición sintáctica de las frases favorece una mejor lectura.No se debe empezar a leer sin que haya silencio en la asamblea: sobre todo en laprimera lectura de las lecturas, cuando todavía la gente puede estar sentándose. Desde laquietud y el silencio es desde donde se inicia la lectura o la monición previa a la misma.El lector no tiene que decir “primera lectura” ni tampoco pronunciar la frase resumenque en letra roja precede al texto. Lo que sí debe proclamar claramente es el título del librobíblico del que toma la lectura, haciendo una breve pausa a continuación antes de empezarel texto.REGLAS PARA BIEN LEERa) Hay que leer despacio. La precipitación es uno de los defectos más comunes de losque proclaman las lecturas. Haya que leer a un ritmo que permita a todos ir captando elsentido de lo que se dice, que la palabra vaya calando y resonando en la comunidad.b) Con el tono justo de voz. Ni gritar demasiado, de modo que quede aturdida laasamblea. Ni hablar en voz tan baja que la gente tenga que hacer esfuerzos para captar loque se dice.Leer bien en público es “proclamar”, pero no se debería caer en el defecto de una“declamación” teatral. hay que leer con un tono de voz comunicativo, agradable, sinaristas, ni áspero, ni melifluo, sin agresividad y a la vez sin empalago.2
  3. 3. c) La diversas lecturas requieren diversa expresividad en la voz. Por eso hay queprepararse con cuidado cada vez que uno actúa para la comunidad. No se lee igual undiálogo que un relato. No requiere el mismo tono una página poética que una dramática.d) Hay que vocalizar bien. O sea, hay que pronunciar claramente todos los sonidos.e) Un buen lector sabe dar ritmo a su lectura con breves y expresivos silencios, que sonlo que dan vida al pensamiento. Las frases están construidas de palabras y de silencios. Setratan de breves respiros, que ayudan a destacar la dinámica de un pensamiento. Porejemplo, al final de la lectura, antes de decir “Palabra de Dios”, convendrá unos instantesde pausa (dos segundos), permitiendo que el último pensamiento tenga tiempo de calar yreposar en el oído de todos, antes de invitarles a la aclamación conclusiva.La persona que lee para la comunidad no es un cartero que transmite mensajes de losque se entera. Ella misma es la primera que queda afectada por la Palabra que dice. Se haleído antes. Se ha dejado convencer y llenar de ella. La ha entendido, la ha aceptado. Yluego, sólo luego, se atreve a proclamarla a los hermanos.MONICIÓN, MONITOR“Monición” viene del latín “monere”, exhortar, advertir. Fuera del uso litúrgico lapalabra tiene un cierto tono peyorativo: “amonestar” es dar un aviso a modo de represión.En la liturgia se llama “monición” a las palabras que se dirigen, no a Dios (eso son“oraciones”), sino a la comunidad, a modo de explicaciones o invitaciones.Hay moniciones de tipo indicativo, que señalan las posturas o dan normas paraorganizar una procesión. Hay otras explicativas, como cuando antes de la lectura se sitúaen su contexto para que se entienda mejor, Otras son exhortativas, invitando a hacer algo(un canto, una canción, la comunión) desde una actitud espiritual determinada.Este es un ministerio litúrgico muy antiguo, que normalmente asumía el diácono,actuando de intermediario entre el presidente de la asamblea y la asamblea, y ayudaba aparticipar en la celebración con las convenientes actitudes interiores y exteriores.El monitor o comentarista no actúa desde el ambón, sino desde otro lugar diferente o unmicrófono lateral. El ambón se reserva para la proclamación de la Palabra.Las cualidades de una buena monición: se insiste pues que sean breves. Todos tenemosla experiencia de cómo unas intervenciones largas dan al conjunto de la celebración untono pesado, escolástico y farragoso.Que sean sencillas, diáfanas. Se trata de ayudar a captar mejor el contenido de los ritoso de las lecturas. Que sean fieles al texto. La monición debe ayudar a escuchar la lecturadesde la actitud justa (sin manipular su interpretación, dejándola abierta) y realizar el gestosimbólico (por ejemplo, el gesto de paz) exactamente dentro de su identidad y finalidad.Que sean discretas: discretas en número (no hace falta que se hagan las posibles, sinolas que parezcan más convenientes, y no siempre las mismas).Las moniciones se espera que sean pedagógicas, o sea que produzcan con sus palabras ysugerencias el efecto deseado: despertar el interés por la lectura, o suscitar la actitudinterna desde la que cantar un canto o realizar o gesto.3

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