RELATO BREVE
ALUMNOS DE F.P.B. I
CURSO 2015-2016
Comunicación y Sociedad
Autores:
Mª Montaña Bachiller González
Juan Carlo...
UNA MAÑANA DE INVIERNO
CAPÍTULO I
UNA MAÑANA CUALQUIERA
La mañana discurría normalmente. Los
alumnos hacían sus tareas de ...
CAPÍTULO II
LA PUERTA OCULTA
- Estoy harto de aguantar a estos frikis –
dijo Juan Carlos entre dientes.
- José Ramón, ¿pue...
Al escuchar el ruido de un cascabel, las
voces callaron. Montaña y Campo
doblaron rápidamente la esquina y se
dieron de br...
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CAPÍTULO III
LAS ESTANCIAS OCULTAS
La puerta daba a unas escaleras que
bajaban a un cuarto oscuro. Desde a...
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CAPÍTULO IV
VUELTA A LAS PROFUNDIDADES
Juan Carlos pasó la noche dándole
vueltas a la cabeza y deseando q...
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CAPÍTULO V
DE SORPRESA EN SORPRESA
Campo se sobresaltó al sentir la vibración
de su móvil. En la pantal...
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Detrás de la siguiente puerta se oyó un
inquietante silbido.
Campo, temblando de miedo, dijo:
-Ese silb...
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-Este instituto está maldito. Vámonos
antes de que nos hagan desaparecer –
dijo la chica con gesto desen...
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En el móvil de la joven se escuchó una
voz metálica que decía:
-El teléfono al que llama está apagado
o fuera de ...
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Desde luego que debe de haber sido
horrible, porque dabas unos gritos
espeluznantes – dijo Montaña.
-Bueno, ahora...
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  1. 1. RELATO BREVE ALUMNOS DE F.P.B. I CURSO 2015-2016 Comunicación y Sociedad Autores: Mª Montaña Bachiller González Juan Carlos Blázquez Montero Sergio Bonilla Guzmán Ángel Carrero Portillo Samuel Cid Serrano Mª del Campo Moreno Carretero Diseño y coordinación: José Ramón Hernández Bermejo Profesor de Comunicación y Sociedad I
  2. 2. UNA MAÑANA DE INVIERNO CAPÍTULO I UNA MAÑANA CUALQUIERA La mañana discurría normalmente. Los alumnos hacían sus tareas de lengua. Juan Carlos, aburrido, se quedó traspuesto mientras el profesor les recordaba las reglas de ortografía. Ángel le dio un codazo a Samuel para que reparara en el compañero dormido. Se echaron a reír, cosa que hacían con frecuencia. -Ya estamos con las risitas- dijo José Ramón. - Estos dos siempre están igual. ¡Qué pesados son! – exclamó Montaña. Mientras tanto, Campo miraba su móvil de forma clandestina. Juan Carlos, ajeno a todo ello, se sumergía en un profundo sueño. Página1 Página2
  3. 3. CAPÍTULO II LA PUERTA OCULTA - Estoy harto de aguantar a estos frikis – dijo Juan Carlos entre dientes. - José Ramón, ¿puedo ir al servicio? - Vale, pero date prisa que tienes que acabar las actividades. Cuando caminaba por el pasillo, vio aparecer al director. Este le dijo: -Juan Carlos, ¿qué haces deambulando por aquí? ¿Ya te han vuelto a expulsar de clase? - No, Enrique. Voy a la biblioteca a buscar un diccionario. - Pues date la vuelta porque ahora está cerrada. En la sala de profesores hay algunos. - Vale, subiré a buscarlo allí. Gracias. Esperó a que el director entrara en su despacho. Cambió el rumbo y se dirigió hacia la puerta principal. Se escondió en la esquina sigilosamente. De repente, aparecieron dos sombras mientras se escuchaban voces que cantaban “Él no te da”, una de las cancioncillas de moda. Página3 Página4
  4. 4. Al escuchar el ruido de un cascabel, las voces callaron. Montaña y Campo doblaron rápidamente la esquina y se dieron de bruces con Juan Carlos. -¿Qué haces aquí? – preguntó Campo. - Estoy intentando librarme de estos pelmazos de profesores. ¿Os queréis venir conmigo? – preguntó el muchacho. - ¡Oh, qué pereza! – dijo Montaña. - ¡Vamos tía, no te rayes! - exclamó Campo mientras tiraba del brazo de su compañera. Jorge, el profesor de educación física, apareció al fondo del pasillo. Los chicos, desconcertados, corrieron y se ocultaron en un hueco de la pared. Se quedaron sorprendidos cuando encontraron una puerta que no habían visto nunca, a pesar de los muchos años que llevaban en el instituto. Página5 Página6
  5. 5. Página7 Página8 CAPÍTULO III LAS ESTANCIAS OCULTAS La puerta daba a unas escaleras que bajaban a un cuarto oscuro. Desde allí escucharon las risitas de Ángel y Samuel. Juan Carlos se asomó y les llamó la atención: - ¡Chicos, venid aquí! ¡Mirad lo que hemos encontrado! Juntos, alumbrados por sus teléfonos móviles, se dirigieron al fondo del cuarto. Allí se encontraron con Sergio tirado en el suelo. - ¡Ay, qué daño me he hecho! - ¿Qué haces aquí, Coqui? – preguntó Montaña. - Solo recuerdo que intentaba fugarme y al saltar la valla me caí por un agujero. Detrás de Sergio vieron un baúl. Campo intentó abrirlo pero no pudo. Ángel, sujetándola por los hombros, le dijo: -Apártate y déjame a mí. -Desde que vas al gimnasio del Lagarto te has convertido en un musculitos – dijo Montaña sarcásticamente. Dentro encontraron un montón de móviles requisados por los profesores. -¡Así que aquí era donde los escondían! – dijo Samuel. - Estos teléfonos son prehistóricos- dijo Ángel mientras sacaba uno de ellos. Entonces se escuchó el timbre. Juan Carlos exclamó: -¡Vámonos, chicos! Tenemos que regresar. No podemos arriesgarnos a que Ana nos descubra. Este será nuestro secreto. No se lo contéis a nadie.
  6. 6. Página9 Página10 CAPÍTULO IV VUELTA A LAS PROFUNDIDADES Juan Carlos pasó la noche dándole vueltas a la cabeza y deseando que llegara el día para volver a las estancias subterráneas del instituto. En el primer recreo volvieron allí pertrechados con linternas. En el cuarto oscuro, una cortina negra cubría la pared. Al descorrerla encontraron una puerta con una inscripción que decía: “Abrid esta puerta para descubrir el enigma” – Esto está más oxidado que el Titanic. ¡No hay manera de abrirla! – exclamó Montaña. -Aparta, que tienes menos fuerza que el tapón de una gaseosa – dijo Ángel haciendo ostentación de su fuerza. Al girar la manilla se quedó con ella en la mano. -Esto se está poniendo feo - dijo Campo. - Mirad, aquí hay un papel arrugado - señaló Juan Carlos. Lo desplegó y leyó en voz alta las palabras escritas en él: “Spectro Patronum” En ese momento, la puerta se abrió dejando al descubierto otra habitación con estanterías llenas de carpetas cubiertas de polvo. -Vamos a echar un vistazo – sugirió Sergio. - ¡Anda, pero si es el expediente académico de mi madre! ¡Qué morro, me está continuamente echando la bronca y resulta que ella también suspendía! – dijo Montaña
  7. 7. Página11 Página 12 CAPÍTULO V DE SORPRESA EN SORPRESA Campo se sobresaltó al sentir la vibración de su móvil. En la pantalla apareció el nombre de su hermano Raúl. - Campo, ¿dónde estás? He estado en tu clase y no te he visto. - Raúl me está buscando. ¿Qué le digo? – preguntó Campo. - Dile que Ana ha faltado y nos han dejado salir antes - dijo Montaña. - Podríais haberme avisado. He hecho el viaje desde Aliseda para nada- contestó Raúl. Ángel seguía husmeando entre las carpetas. Al coger una de ellas, una trampilla se abrió a sus pies. El muchacho desapareció de la vista de sus compañeros. -¿Habéis visto a Ángel? – preguntó Montaña. - No, y no oigo sus risitas. ¡Qué raro! - dijo Samuel. - ¡Vámonos! - dijo Campo. –Tengo miedo. - Ya te dije que no viniéramos – le replicó Montaña. - Mantened la calma. No os va a pasar nada si permanecéis a mi lado – las tranquilizó Juan Carlos. Las linternas se apagaron súbitamente. Cuando regresó la luz, Samuel yacía inmóvil en el suelo. Se oyeron los gritos de terror de Montaña y Campo que corrían despavoridas hacia la puerta. - Siento deciros que no hay vuelta atrás. Debemos seguir adelante – dijo Juan Carlos.
  8. 8. Página13 Página 14 Detrás de la siguiente puerta se oyó un inquietante silbido. Campo, temblando de miedo, dijo: -Ese silbido me suena. ¿Dónde lo he escuchado antes? - ¿No habrá sido tu wasap? – dijo Montaña. - Déjate de bromas que no está el horno para bollos – replicó Campo. Sergio, abriendo la puerta con decisión, exclamó: -¡Ya está bien de tonterías! ¡Salgamos de aquí! Al cruzar la puerta se volvió a oir el silbido y una risita que les era muy familiar. La silueta de Ángel surgió entre las sombras de un rincón. -¡Sorpreesaaa! ¡He vueeltooo! Ja, ja, ja. Los chicos se quedaron petrificados. Sergio se acercó a él y le dijo: - Te creerás muy gracioso. Fueron sus últimas palabras. Ángel lo agarró y se lo llevó hacia la penumbra mientras se iba riendo a carcajadas. -¡Dios mío! ¡Vamos a morir todos! ¡Socorroooo! – gritó Campo. -No te pongas histérica. ¡Venid! Por aquí se ve luz – dijo Juan Carlos tratando de tranquilizar a las chicas. Aparecieron junto al río Pontones, en cuya orilla vieron a Samuel pescando. -Ya está bien ¿qué broma es esta? – exclamó Montaña. -No tiene ni pizca de gracia. Dejad de vacilarnos – dijo Campo. Montaña, enfadada, agarró una piedra y se la tiró a Samuel. Le dio en la cabeza. El muchacho cayó al agua y se hundió en la profundidad del río.
  9. 9. Página15 Página16 -Este instituto está maldito. Vámonos antes de que nos hagan desaparecer – dijo la chica con gesto desencajado. -La fp es la que va a desaparecer. Tras que éramos pocos… Ahora ya solo quedamos tres – dijo Campo. -Bueno, de todas formas, con lo exigentes que son algunos profesores pocos vamos a quedar. Juan Carlos, entre dientes, murmuró: -No saben éstas lo que les espera. Seguidme – dijo con determinación. CAPÍTULO VI LA COSA SE PONE INTERESANTE Regresaron al pasadizo por el que habían salido. -¡Entrad, aquí estaréis seguras! – les dijo Juan Carlos mientras esbozaba una sonrisa siniestra. Las chicas escucharon cómo una puerta se cerraba detrás de ellas. La habitación quedó completamente a oscuras. -¡Juan Carlos! – gritaron las chicas al unísono. Pero su compañero no contestó. Las había dejado encerradas en los sótanos del instituto. -Voy a llamar a mi hermano para que nos saque de aquí- dijo Campo nerviosa.
  10. 10. Página17 En el móvil de la joven se escuchó una voz metálica que decía: -El teléfono al que llama está apagado o fuera de cobertura- Un pitido le anunció que la batería se había agotado. - ¡Maldita sea! ¿Y ahora qué hacemos? – Montaña, desesperada, intentaba encontrar su paquete de tabaco. - Necesito un cigarro ya. Campo, ¿me das fuego? - No creo que debas fumar aquí dentro. Nos vamos a quedar sin oxígeno – le contestó. Montaña, al borde de un ataque de nervios, agarró a su compañera por el cuello. Apretó tan fuerte que la dejó inconsciente. Presa del pánico, siguió hasta el fondo de la habitación. -Por aquí debe haber una salida. A tientas encontró una puerta. Notó que la manilla estaba caliente. Al abrirla, el fogonazo de la caldera de la calefacción la tumbó de espaldas. -Por fin me he librado de todos ellos – dijo Juan Carlos. Desorientado, llegó a una estancia en penumbra en la que encontró un grupo de gente sentada de espaldas. Su rostro palideció cuando vio las caras de sus compañeros. -Por fin has llegado. Te estábamos esperando. Ahora nos las vas a pagar todas juntas – dijeron al unísono. Se abalanzaron sobre él. El muchacho comenzó a dar gritos despavoridos. -¡Juan Carlos, Juan Carlos! ¡Despierta!- dijo Ana, la profesora. -Perdona, Ana. Me he quedado dormido y he tenido una pesadilla horrible – contestó mientras se restregaba los ojos. -Página18
  11. 11. Página19 Desde luego que debe de haber sido horrible, porque dabas unos gritos espeluznantes – dijo Montaña. -Bueno, ahora a trabajar, que ya hemos perdido bastante tiempo. Cuando sonó el timbre del recreo, Juan Carlos fue hasta el rincón junto a la entrada buscando la puerta del sótano. Un escalofrío recorrió su espalda cuando comprobó que realmente estaba allí. FIN SALIR

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