Se está descargando su SlideShare. ×
ColecciónORIENTACIONES BIBLICAS          9
JEAN       DANIELOUTIPOLOGIA BIBLICA           SUS ORIGENESE D I C I O N E S      P A U L I N A S
Título original:        SACRAMENTUM FUTURI - ETUDES SUR LES ORIGINES                 DE LA TYPOLOGIE BIBLIQUE             ...
Se     terminó de imprimir enlos    talleres tipográficos de laPía     Sociedad de San Pablo,Av.    San Martín 4350, Flori...
PROEMIO      No hay cosa que así desconcierte al hombre mo- derno como los comentarios escriturísticos de losPadres de la ...
fico en la investigación, semejantes tentativas nohan conseguido sino complicar el problema con unascategorías artificiale...
de los temas del Hexateuco a la luz de los intérpre-tes del siglo II al IV. En cada uno de esos temashemos creído indispen...
PROLOGO     Sobra de rusticidad, parece, y falta de buenacrianza ponerse a conversar dos personas sin salu-darse primero. ...
tor, sobrado conocido, para caer en la pedanteríade querer presentarlo.     En los cuatro capítulos, que componen el libro...
INTRODUCCION     Sin duda, tendrá alguna utilidad, antes de en-trar en los particulares de nuestro estudio, presentarun br...
et Sion (3); finalmente, el siglo cuarto presenta va-rios Tractatus de Zenón de Verona, dirigidos contralos judíos, partic...
ra la tipología la constituyen las catequesis sacra-mentales. Una de sus características era, efectiva-mente, hacer ver en...
Del siglo cuarto poseemos breves Tractatus de Ze-non de Verona sobre el mismo tema (P. L., XI, 500-508) y sobre otras fies...
polémica antijudía, catequesis litúrgica, iniciación gnóstica, se fundan en la interpretación tipológica del Antiguo Testa...
cero del Tratado de los Principios y el Comentariosobre san Juan (21).     El siglo cuarto dará a estos comentarios de laE...
Cantares (23). La influencia de Orígenes es patente.Poseemos, bajo el nombre de Asterio, una serie deHomilías sobre los Sa...
y contiene gran cantidad de interpretaciones figura-tivas (28).     Si abordamos la exégesis occidental, aparece deinmedia...
dicionales, manifiestan una marcada influencia deFilón, del cual se reduce a veces a hacer transcrip-ciones. De ahí su inf...
LIBRO IADAN   Y    EL       PARAISO
CAPÍTULO   PRIMEROADAN Y CRISTO EN LA SAGRADA ESCRITURA     Para la tradición litúrgica y catequética de laIglesia antigua...
gran misterio", concerniente a Cristo y a la Iglesia(V, 32). Vemos entonces que estamos frente a unadirección del pensamie...
raíso. No se trata, como en las descripciones grie-gas de la Edad de Oro, de nostalgia por un pasadoideal. El pasado no se...
tierro del Paraíso había traído la guerra entre Caín y Abel. En los tiempos mesiánicos se vivirá de nuevo en paz (Miqueas ...
303) (5). Los últimos tópicos derivados de Henoc (XXV, 6), se volverán a encontrar en el Apocalip- sis de san Juan. Las pu...
t e : "Aunque no se diga expresamente que el Rey mesiánico de Isaías y Miqueas es el primer hombre (Urmensch), sin embargo...
Parece, pues, que para los Profetas el Mesías es-perado era un nuevo Adán. ¿Hay algo análogo en laliteratura apocalíptica?...
El Nuevo Testamento no tenía pues por quécrear una tipología del Paraíso y de Adán. Ya exis-tía. El primer Paraíso era la ...
Nuevo Testamento más cargados de alusiones vete-rotestamentarias, el relato de la Tentación, Jesús pa-recería presentado c...
las dificultades recientemente suscitadas por J. T.Campbell (15)— que esta designación preferida deJesús es una alusión al...
verdad el Segundo Adán, el que introducirá de nue-vo a los hombres en el Paraíso que habían perdi-do (17). San Pablo vuelv...
cesivamente de pnoe y de psyjé. Asimilando pnoe apnéuma y cambiando el orden, Pablo ve en esto lafigura de los dos Adanes....
vuestras mujeres como Cristo ha amado a la Igle-sia, entregando por ella su vida para santificarla,habiéndola purificado m...
es la nueva Eva, "ataviada para su Esposo" (XXI, 2).Se ha restablecido el estado paradisíaco: "Dios en-jugará toda lágrima...
CAPITULO     SHjUNDO                      BAUTISMO Y PARAISO     El precedente capítulo nos ha mostrado la exis-tencia de ...
afirmación de que ese Paraíso anunciado para elfin de los tiempos se ha hecho presente con CristoJesús: Hodie mecum eris i...
Haer., V, 35,2; P. G., III, 1220 D). Y continúa: "(Lasprofecías se cumplirán) cuando reinen los justos re-sucitados de ent...
ter material de esta representación. Pero continuarárepresentando el mundo futuro valiéndose de la ti-pología paradisíaca....
la tipología cristiana es cristológica. La afirmaciónde la entrada del hombre en el Paraíso por Cristo,está claramente afi...
I; P. L., III, 28 A). Efectivamente, es digno de no-tarse el hecho de encontrar el vocabulario paradi-síaco aplicado a est...
del Paraíso, es decir de la Iglesia: "Entonces el Pa-raíso abre sus puertas a cada uno y a cada una devosotros" (XXXIII, 3...
pedir la entrada de los hombres, sino que todo seha convertido en alegría para los herederos del pe-cado. El Paraíso, y el...
agua de la Fuente que allí mana y nutrida de savia; cuando, en lugar de las hojas (de higuera), el ger- men de inmortalida...
escala, luego de haber aplastado el dragón quehostilizaba su camino, ve "un jardín inmenso y enmedio un hombre de blanca c...
que has quebrado la espada de fuego y otorgado elParaíso al hombre que estaba contigo crucificado yse había encomendado a ...
CAPITULO   TERCERO      ADAN Y CRISTO EN SAN IRENEO      Con san Ireneo adquiere todo su desarrollo latipología adámica, c...
como la filigrana que acusa la obra de un mismoartífice, como la firma de Dios en su obra y el selloque garantiza la auten...
orden imperfecto que prepara y prefigura un ordenperfecto. Una concepción del mundo como la de Ire- neo, que lo concibe co...
tenga necesidad de nada, sino para dar comuniónconsigo a los que de El tienen necesidad; describien-do, como un arquitecto...
arca, revela a Noé, en quien se ha complacido, laestructura del misterio de la salvación: encontrare-mos este misterio de ...
realidad. Lo genial de Ireneo ha consistido en inven- tar una dimensión nueva del ser para expresar este dato. Y esta noci...
al mundo, no como El podía, sino como nosotrospodíamos verle. Podía venir a nosotros en su gloriainefable, pero nosotros n...
ción. Por otro lado, ellos se arrepintieron en segui-da (III, 23; 963 A-B). La expulsión del Paraíso y lamuerte no son cas...
razonables aquellos que no saben aguardar el tiem-po del progreso y atribuyen a Dios la deficiencia denuestra propia natur...
nombre de recapitulatio (3). La palabra había sidoempleada por san Pablo (Ef 1,10), para significarla reunión de todas las...
manidad. Esto debe entenderse en dos sentidos. Por una parte se trata de la realidad de la Encarnación. Cristo ha sido ver...
perfecto en todo, no solamente en la exposición dela doctrina sino también según la edad" (II, 22;784 A).     De esa forma...
lado todas las naciones dispersas desde Adán, y laraza humana con Adán mismo. Por eso Adán es lla-mado por Pablo la figura...
hemos dicho, consisten en oposiciones. A la manera que por la desobediencia de Adán hemos sido hechospecadores, así somos ...
¿por qué Dios no ha tomado nuevamente un poco depolvo, sino que lo ha hecho nacer de María? Paraque la formación no fuese ...
ella es como un solo día, lo cual significa que Cris-to recapitula la creación y también Adán que es co-mo su símbolo. Por...
teriales de la escena del jardín con los detalles ma-teriales de la escena del Calvario: la corona de es-pinas corresponde...
Esto es lo que nos muestra con toda claridad el pasaje siguiente: "Por eso, recapitulando todas las cosas, ha recapitulado...
vación para sí y para todo el género humano. Poreso es que la Ley llama a aquella que estaba des-posada, mujer de quien la...
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU
Próxima SlideShare
Cargando en...5
×

TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU

4,203

Published on

Published in: Educación
0 comentarios
0 Me gusta
Estadísticas
Notas
  • Sea el primero en comentar

  • Be the first to like this

Sin descargas
reproducciones
reproducciones totales
4,203
En SlideShare
0
De insertados
0
Número de insertados
0
Acciones
Compartido
0
Descargas
111
Comentarios
0
Me gusta
0
Insertados 0
No embeds

No notes for slide

Transcript of "TIPOLOGÍA BÍBLICA- JEAN DANIÉLOU"

  1. 1. ColecciónORIENTACIONES BIBLICAS 9
  2. 2. JEAN DANIELOUTIPOLOGIA BIBLICA SUS ORIGENESE D I C I O N E S P A U L I N A S
  3. 3. Título original: SACRAMENTUM FUTURI - ETUDES SUR LES ORIGINES DE LA TYPOLOGIE BIBLIQUE Beauchesne et ses Fils París, Rue de Rennes, 117 Version del francés P. ELOY RIAÑO NIHIL OBSTAT P. Antonio Tacconi, Rev. Del. Florida, 8 de julio de 1966 IMPRIMATUR Mons. Dr. Antonio M. Aguirre Obispo de San Isidro San Isidro, 13 de julio de 1966 Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723 Todos los derechos reservadosE D I C I O N E S P A U L I N A S Avenida San Martín 4350 — FLORIDA — (Buenos Aires)
  4. 4. Se terminó de imprimir enlos talleres tipográficos de laPía Sociedad de San Pablo,Av. San Martín 4350, Florida,el día 2 de agosto de 1966.
  5. 5. PROEMIO No hay cosa que así desconcierte al hombre mo- derno como los comentarios escriturísticos de losPadres de la Iglesia. Porque, si es verdad que leasombran la plenitud de su teología y la elevación desu ascética, que otorgan a dichas obras riquezaspiadosas no igualadas, también lo es que le deso-rientan ideas totalmente extrañas, que echan por tie-rra sus hábitos mentales. ¿Consecuencia? Una lamen-table mengua del aprecio y estima de la exégesis pa-trística, que con tonos más o menos subidos es fácilencontrar en no pocos de nuestros contemporáneos.A nosotros nos parece que semejante desconfianzanace de hallar en las obras del gran período patrís-tico, en un mismo plano de igualdad, interpretacio-nes de los más diversos orígenes, en que el metalprecioso y la ganga van infortunadamente mezcladosy confundidos. ¿Cómo lograremos orientarnos entan dilatado mundo? Porque si Orígenes hablabaya de la "enmarañada selva de las Escrituras", ¿quéno podremos añadir nosotros ante esa inmensa flo-ración de comentarios que han suscitado las San-tas Escrituras? No han faltado intentos de agrupa-miento y clasificación, pretendiendo encasillar dediferentes maneras los sentidos de la Escritura. Pe-ro, ¿qué ha sucedido? Que, faltas de método cientí- 5
  6. 6. fico en la investigación, semejantes tentativas nohan conseguido sino complicar el problema con unascategorías artificiales, en que más o menos forzada-mente se pretende encuadrar los hechos. Medio único de esclarecer la cuestión sería to-mar los hechos como punto de partida, y escribir lahistoria de la exégesis patrística desde sus comien-zos. Pero hoy por hoy esta historia es imposible es-cribirla. Para ello sería menester un sinnúmero deestudios previos, que por fuerza habrían de ser enun principio monografías sobre los principales au-tores. Ya contamos con algunos trabajos de este gé-nero. La exégesis de Clemente Alejandrino la ha es-tudiado Claudio de Mondésert; la de Orígenes hasido expuesta por el P. de Lubac; de san Juan Cri-sóstomo nos ha presentado un buen trabajo M. Le-comte; sobre Teodoro de Mopsuesta se puede con-sultar a Mons. Devreesse; para el inmenso san Agus-tín se puede acudir a Mauricio Pontet. Estos estudiosresultan indispensables y sumamente provechosos.Claro, que también ofrecen el inconveniente de nopresentar sino el corte transversal del gigantescoedificio de la exégesis patrística, y de no decir pa-labra de su desenvolvimiento y desarrollo. En par-ticular, no siempre es fácil discernir dónde terminala exégesis tradicional, y dónde empieza la interpre-tación personal del autor. Esto nos ha persuadido que serían de no peque-ño provecho otras monografías, en que se estudiara,no un determinado autor, sino un tema especial, quese expusiera a lo largo de su desenvolvimiento. Al-gunos estudios de este género es lo que este libroofrece: presenta la exégesis tipológica de algunos6
  7. 7. de los temas del Hexateuco a la luz de los intérpre-tes del siglo II al IV. En cada uno de esos temashemos creído indispensable que precediera un comobosquejo de su prehistoria en el Antiguo y en elNuevo Testamento, lo mismo que en el judaismo,tanto palestinense como alejandrino. Con esto po-dremos distinguir mejor lo que es patrimonio de latradición eclesiástica y constituye la verdadera ti-pología, y lo que es acarreo de influencias extrañas,en particular de la alegoría de Filón. No nos ha pasado por las mentes agotar nin-guno de los temas estudiados. El campo de nuestrainvestigación no se extiende más allá del griego ydel latín, pues sólo ocasionalmente aludimos a lapatrología siria. Otra cosa: hemos procurado espi-gar en el campo de casi todos los autores del sigloII y III, centro y eje de nuestro trabajo. En cambio,por lo que hace al siglo IV, nos hemos limitado acondensar el pensamiento de algunas obras más re-presentativas. Nuestra investigación termina a finesdel siglo IV. En particular, apenas si hemos segadoalguno que otro manojo del campo de los grandesexégetas del fin del siglo IV y comienzos del V, co-mo san Juan Crisóstomo, san Jerónimo, san Agus-tín, san Cirilo Alejandrino. Si hemos de ser since-ros, hemos de confesar que nuestros propósitos am-bicionaban tender sobre algunos temas un puenteque abrazara la exégesis tipológica del Nuevo Tes-tamento con los grandes doctores del siglo IV, demodo que se echara bien de ver si entre ambos ex-tremos existía continuidad, y sobre qué puntos los trabajos de unos continuaban los esfuerzos de losotros. 7
  8. 8. PROLOGO Sobra de rusticidad, parece, y falta de buenacrianza ponerse a conversar dos personas sin salu-darse primero. Así que, vaya por delante nuestromás cariñoso saludo a todo lector, que tomare estelibro en sus manos. Particularmente queremos saludar a los sacer-dotes, para quienes especialmente está escrita laobra; a los predicadores, a quienes se abre anchocampo por tierras de la Escritura para espigar fun-damentos escriturarios, en orden a sus exposicionessacramentales, eclesiológicas o cristológicas; y alos profesores, a quienes se brinda en concienzu-da síntesis, interminables horas de lectura de lasfuentes de la tipología y de sus más esclarecidosglosadores, dejándoles desbrozado el campo y se-ñalados senderos y peritos guías, si acaso les sobratiempo y les acucian inquietudes de más profundainvestigación. De nuestro trabajo de traductor solo diremosque lo hemos emprendido con todo cariño y que he-mos puesto particular empeño y no pequeño esfuerzoen trasladar a un correcto español, y con toda cla-ridad, todo y solo el pensamiento del esclarecido au- 9
  9. 9. tor, sobrado conocido, para caer en la pedanteríade querer presentarlo. En los cuatro capítulos, que componen el libroprimero, descubrirá el avisado lector inmediatamen-te la mano de un pulido escritor. Sí, es la del R. P.Gustavo Alonso, c . m . f . , imposibilitado por sus res-ponsabilidades de formador de dar a las prensas untrabajo acabado. Quiera Dios, amigo lector, bendecirte a ti y atus afanes de estudioso. EL TRADUCTOR10
  10. 10. INTRODUCCION Sin duda, tendrá alguna utilidad, antes de en-trar en los particulares de nuestro estudio, presentarun breve cuadro de la literatura tipológica en lo queva del siglo segundo al cuarto, que permita situarlas principales obras a que se aludirá en este libro. Constituyen un primer grupo las obras de con-troversia contra los judíos y los gnósticos (1). Efec-tivamente, con ocasión de los conflictos relativos alAntiguo Testamento, los Padres han debido insistiren la tipología, que marca a la vez contra los gnós-ticos la unidad de los dos Testamentos, y contra losjudíos la superioridad del Nuevo. Entre los escritosde controversia antijudía importantes para la tipo-logía, hay que citar en el siglo segundo la Epístoladel Seudo-Bernabé, y el Diálogo con Trifón, de Jus-tino (2); en el siglo tercero el Adversus Judaeos, deTertuliano, los Testimonia ad Quirinum, de san Ci-priano, el De cibis iudaicis, de Novaciano, y un cier-to número de escritos falsamente atribuidos a Ci-priano, entre los que sobresale el De montibus Sina (1) Sobre las relaciones de la exégesis tipológica y la controversiaantijudía, véase M. Simón, Verus Israel, pp. 188-213. (2) Sobre la controversia antijudía en estas dos obras ver Karl Thieme,Kirche und Synagoge, 1947. 11
  11. 11. et Sion (3); finalmente, el siglo cuarto presenta va-rios Tractatus de Zenón de Verona, dirigidos contralos judíos, particularmente uno sobre la circuncisión(I, 13; P. L., XI, 345) y los referentes al Exodo (II,52-69; P. L., XI, 510-522) (4). Hay que señalar tam-bién el ámbito siriaco, en que la controversia f u e es-pecialmente áspera. Dos textos interesan allí: la Di-dascalia de los Apóstoles y las Demostraciones deAfraates (P. O., I). La tipología tiene asimismo un gran lugar en lacontroversia contra los gnósticos. Las principalesobras son el Adversus haereses de san Ireneo, parti-cularmente los libros Tercero al Quinto, y el Adver-sus Marcionem, de Tertuliano (5). Son dos de lasfuentes más importantes para nuestra investigación.La tipología hará también un gran papel en la polé-mica contra el maniqueísmo que va a retomar loserrores gnósticos respecto del Antiguo Testamento.El Contra Faustum Manichoeum de san Agustín ten-drá gran importancia a este respecto. Los gnósticosmismos interpretaban el Antiguo Testamento comosímbolo de las realidades del pleroma. Se encontra-rá esta exégesis gnóstica en los resúmenes que hahecho Ireneo en el Libro Primero del Adversus hae-reses, en los Excerpta ex Theodoto, de Clemente Ale-jandrino (6), y en la Carta a Flora, de Ptolomeo (7). Una segunda categoría de obras importantes pa- (3) C . S . E . L . , III, 3, 104-119. (4) Sobre todos estos escritos cf. B. Blumenkranz, Die J u d c n p r c d i g tAugustins, pp. 9-33. (5) Acerca de la actitud de Marción con respecto al Antiguo Testa-mento, véase E. C. Blackman, Marcion and his influence, 1948, pp. 110ss. (6) Véase la edición de F. M. Sagnard (Sources chrétiennes, 22). (7) Véase la edición de G. Quispel (Sources chrétiennes, 24).12
  12. 12. ra la tipología la constituyen las catequesis sacra-mentales. Una de sus características era, efectiva-mente, hacer ver en los sacramentos el cumplimien-to de las figuras del Antiguo Testamento. Nunca faltaun capítulo sobre este asunto. Así el De baptismo,de Tertuliano, consagra a las figuras del bautismoel capítulo octavo. Los escritos más importantesson aquí los del siglo cuarto, las Catequesis Mista-gógicas, de san Cirilo de Jerusalén, el De mysteriisy De sacramentis, de san Ambrosio, las CatequesisMistagógicas, de Teodoro de Mopsuesta, conservadasen siriaco (8). La tipología bautismal ha sido estu-diada por Per Lundberg (9). A las fuentes escritashay que añadir los monumentos figurados, particu-larmente las pinturas de las catacumbas, en las quese deben reconocer figuras de los sacramentos, co-mo ha demostrado Martimort (10). Son también escritos litúrgicos las Homilíaspronunciadas con ocasión de las fiestas. La más an-tigua entre las conocidas es, sin duda, la Homilíasobre la Pascua de Melitón de Sardes, contemporá-neo de san Ireneo (11), descubierta recientemente.La Homilía pascual publicada entre los Spuria desan Juan Crisóstomo (P. G., LIX, 735ss.), ha sidorestituida a Hipólito Romano por el P. Carlos Mar-tin (12), y contiene en todo caso elementos arcaicos. (8) Traducción inglesa de Mingana, en los Woodbroke Studies, VII.Traducción francesa de R. Tonneau y R. Devreesse, Vaticano, 1949. (9) La typologie baptismale dans lancienne église, Lund, 1942. (10) Liconographie des catacombes et la catéchese antique, Rev.Archéol. Christ., 1949, pp. 1-10. (11) The Homily on the Passion, by Meliton, bishop of Sardes, edi-tada por Campbell Bonner, Studies and documents, Londres, 1940. (12) Un "perí tu pásja" de saint Hippolyte retrouvé, Rech. Se. Rel.,XVI, pp. 148-165. 13
  13. 13. Del siglo cuarto poseemos breves Tractatus de Ze-non de Verona sobre el mismo tema (P. L., XI, 500-508) y sobre otras fiestas litúrgicas. Los Padres Ca-padocios han dejado Homilías litúrgicas que cons-tituyen una fuente de gran importancia para la ti-pología. Hay que citar especialmente la Homilía deGregorio Nacianceno sobre la Pascua (P. G., XXXVI,625-663) y sobre Pentecostés (P. G., XXXVI, 427-452), y la de Gregorio Nysseno sobre Navidad (P.G., XLVI, 1127-1150) y sobre la Epifanía (P. G.,XLVI, 578-600) (13). Los escritos litúrgicos nos dan la tipología co-mún de la Iglesia, tal como formaba parte de la en-señanza elemental. Hay una tipología más sabia enla que se mezclan elementos de alegorismo filonis-ta (14) y anagogismo gnóstico que encontramos enlos escritos destinados a los cristianos más adelan-tados y que constituyen los primeros tratados de es-piritualidad. Tales son en el siglo segundo los Stro-mata de Clemente Alejandrino (15); en el siglo ter-cero el Tratado sobre la Oración, de Orígenes, y Elbanquete de las Doce Vírgenes, de Metodio de Fili-po (16), en el Cuarto, las Centurias gnósticas y elHiera (17) de Evagrio Póntico. Las obras a que hasta aquí nos hemos referido, (13) Acerca de la tipología de estos dos últimos textos véase J. Danic-lou, Le mystère du culte dans les homélies liturgiques de Grégoire deNysse, Festgabe Casel, 1950. (14) Sobre la influencia de Filón véase Heinisch, Der Einfhiss Philosauf die älteste christliche exegese, 1948, pp. 41s. (15) Véase Mondésert, Essai sur Clément dAlexandrie, pp. 80-252. (16) Metodio fue obispo de Olimpo, después de Filipo. Lo designamosen el libro citado con el último nombre. (17) Ver H. Urs von Balthasar, Die Hiera des Evagrius, Zeit. Kath.Theol., 1939, pp. 86ss.; 181ss.14
  14. 14. polémica antijudía, catequesis litúrgica, iniciación gnóstica, se fundan en la interpretación tipológica del Antiguo Testamento, pero no forman un comen- tario corrido de su texto. Solo en el siglo tercero, a imitación de los midrashim rabínicos y de los tra- tados filonistas, los didáscalos cristianos comienzan a comentar las Escrituras en forma corrida, sea en sus Homilías, sea en la enseñanza escolar. HipólitoRomano parece ser el primer autor de obras de estegénero. De su obra conservamos en griego el Co- mentario sobre Daniel y el Tratado sobre las ben-diciones de Jacob (18). El Comentario sobre el Can-tar de los Cantares no es conocido más que en tra-ducciones georgiana, armenia y siriaca (19). Pero es sin duda la obra de Orígenes la que ad-quiere mayor importancia en el período que nos in-teresa. Ella comprende, como se sabe, homilías, co-mentarios y escolios. Nosotros habremos de analizarprincipalmente las Homilías sobre el Génesis, sobreel Exodo (20), sobre el Levítico, sobre los Números,sobre Josué, los Comentarios sobre san Juan, sobresan Mateo y sobre san Lucas. Orígenes es allí testigode la tradición tipológica común, tal como la encon-tramos en los escritos litúrgicos o polémicos y decuya riqueza hace gran despliegue; al mismo tiempoacusa influencias de la exégesis filoniana y gnóstica,sobre todo en las primeras obras, como el libro ter- (18) Este último ha sido editado por C. Diobonoutis, Texte und Unter-such., XXXVIII, 1, (1911). (19) Trad. alemana de Bonwetsch en el Corpus de Berlín, HippolytiisWerke, I, pp. 343ss. y en Texte und Untersuch., XXIII, 2 c (1902). (20) Véase la traducción francesa en Sources chrétiennes con las intro-ducciones de H. de Lubac. 15
  15. 15. cero del Tratado de los Principios y el Comentariosobre san Juan (21). El siglo cuarto dará a estos comentarios de laEscritura un desarrollo considerable. La mayor par-te de esas obras se han perdido o se encuentran solofragmentariamente en las Cadenas, a partir de lascuales los investigadores llegan a reconstruirlos par-cialmente. De ahí que no podamos hacernos más queuna pobre idea de la obra de un Dídimo el Ciego, deun Diodoro de Tarso, de un Teodoro de Mopsuesta.Lo que nos queda permite sin embargo seguir el de-sarrollo de la exégesis figurativa de esta época. Po-seemos de Eusebio de Cesarea algunos fragmentosde un Comentario sobre los Salmos, un Comentariosobre Isaías y un Tratado sobre la Pascua. Las Ca-denas nos han conservado fragmentos del Comenta-rio sobre los Salmos de san Atanasio. De Dídimo elCiego no teníamos más que fragmentos encontradosen las Cadenas; pero se acaba de descubrir en Egip-to un Comentario sobre Job y otro sobre Zacarías,que permitirán hacer mejor juicio de su obra. Dídimo representa a la Escuela Alejandrina. Muypróxima de ésta está la Escuela Capadocia. La obramás considerable en lo que interesa a la exégesis esla de san Gregorio de Nyssa. Y aquí se trata de obrasíntegramente conservadas. Las más importantes sonla Vida de Moisés (22), los Comentarios sobre lostítulos de los Salmos y sobre los Salmos, los Comen-tarios sobre el Eclesiástico y sobre el Cantar de los (21) No insisto sobre estos puntos ya ampliamente desarrollados enmi libro Orígenes, Buenos Aires, 1958, pp. 226-251. (22) He indicado las características de su exégesis en mi introduc-ción a la traducción incluida en Sources chréíiennes.16
  16. 16. Cantares (23). La influencia de Orígenes es patente.Poseemos, bajo el nombre de Asterio, una serie deHomilías sobre los Salmos (P. G., XL, 390-478), muyrica en elementos tipológicos. Hasta hace poco seatribuía a Asterio de Amasea, vinculado a la Escue-la Capadocia, pero Marcelo Richard ha reclamado laatribución de algunas de estas Homilías a Asterio elSofista que pertenece al medio antioqueno anti-guo (24). La Escuela de Antioquía aparece muy tardía-mente. El primer nombre importante es el de Dio-doro de Tarso. El P. Mariés ha reconstruido unaparte de su Comentario sobre los Salmos (25). Po-seíamos tan solo fragmentos de la considerable obrade Teodoro de Mopsuesta. Pero Mons. Devreesse hadescubierto su Comentario sobre los Salmos (26)y ha rehecho importantes partes de otras obras su-yas de acuerdo a las Cadenas (27). Sin embargo, es-tos textos contienen pocos elementos tipológicos, da-do que la exégesis antioquena propendía a reduciren lo posible este aspecto. La obra para nosotrosmás importante en esta Escuela es la de san JuanCrisòstomo que depende más de la tradición común (23) Véase Philonisme et théologie mystique. Essai sur la doctrinespirituelle de saint Grégoire de Nysse, 1944, pp. 185-332. (24) Symb. Osloenses, XXV, pp. 66s. (25) Etudes préliminaires á lédition de Diodore de Tarse sur lesPsaumes, 1933; Extraits du Commentaire de Diodore de Tarse sur les Psau-mes, Rech. Se. Rei., 1919, pp. 79-101. (26) Le Commentaire de Théodore de Mopsueste sur les Psaumes, Ciu-dad del Vaticano, 1939. (27) Essai sur Théodore de Mopsueste, Ciudad del Vaticano, 1948, pp.53-93, que contiene en apéndice los fragmentos sobre san Juan, pp. 305-419. 17
  17. 17. y contiene gran cantidad de interpretaciones figura-tivas (28). Si abordamos la exégesis occidental, aparece deinmediato su dependencia respecto de Orígenes,acentuándose más la exégesis común. Las obras másnotables son ante todo las de san Hilario, particu-larmente su Tratado sobre los misterios (29), pe-queña suma de la tipología del Hexateuco, que em-plearemos con frecuencia. Hace algunos años se hareconstruido parte del legado de Gregorio de Elvira,que contiene dieciocho Tractatus, publicados en 1900por Mons. Batiffol bajo el nombre de Orígenes, yque Dom Wilmart ha restituido a su verdadero au-tor; luego se ha aumentado con una Homilía sobreel arca de Noé (30). A la tradición espiritual de Orí-genes se junta la preocupación por encontrar en elAntiguo Testamento figuras de particulares hechoshistóricos de la vida de Cristo, cosa que se daba yaen Cirilo de Jerusalén y en Hipólito Romano. Pero, antes de san Agustín y san Jerónimo, queestán fuera del alcance de nuestra investigación yque exigirían cada uno un estudio especial, el nom-bre más importante es el de san Ambrosio. Es, poruna parte, valioso testigo de la tradición común, so-bre todo en la Exposición del Evangelio según sanLucas y en sus Enarraciones sobre los Salmos. Pero,por otro lado, sus pequeños tratados sobre el Penta-teuco, el Hexámeron, el De Paradiso, el De Noe etarca, el De Isaac et anima, junto con elementos tra- (28) Leconte, Saint Jean Chrysostome, exégete syrien, Tesis inédita, pp.224-255. (29) Trad. francesa de J. P. Brisson, Sources chrétiennes. (30) Rev. Bened., 1909, pp. 1-12.18
  18. 18. dicionales, manifiestan una marcada influencia deFilón, del cual se reduce a veces a hacer transcrip-ciones. De ahí su influjo un tanto perjudicial sobresan Agustín y sobre los exégetas del Medioevo. Tal es en sus grandes líneas, desde el Seudo-Bernabé hasta san Agustín, el inventario de las obrasimportantes para la exégesis figurativa. Quede bienclaro que no pretende ser exhaustivo. Para eso ha-bría sido necesario hacer un recuento de toda laliteratura patrística, dado que la exégesis tipológicase encuentra en todas partes. El De Trinitate de Dí-dimo tiene pasajes esenciales sobre la tipología delbautismo; el Tratado del Espíritu Santo de san Ba-silio ofrece un notable pasaje sobre el Exodo. De to-dos modos, solo se trataba aquí de marcar los hitosque permitieran situar las obras a las que habremosde referirnos. 19
  19. 19. LIBRO IADAN Y EL PARAISO
  20. 20. CAPÍTULO PRIMEROADAN Y CRISTO EN LA SAGRADA ESCRITURA Para la tradición litúrgica y catequética de laIglesia antigua, la Ley es un texto grávido de mis-terios, de "sacramenta", que anuncian en figura laeconomía del Evangelio y del Reino futuro. En losTractatus Mysteriorum, san Hilario resume esta eco-nomía cuando dice que "Cristo en todo tiempo dela historia del mundo, mediante verdaderas y au-ténticas figuras, engendra la Iglesia, la limpia, lasantifica, la llama, la elige y la rescata: en el sueñode Adán, en el diluvio de Noé, en la bendición deMelquisedec, en la justificación de Abrahán. . . Des-de la creación del mundo se ha venido prefigurandolo que en Cristo se había de cumplir" (I, 1). Todoslos grandes personajes y los acontecimientos im-portantes de la Escritura son al mismo tiempo etapasy esbozos, preparan y figuran el misterio que undía tendrá su cumplimiento en Cristo. El primerode estos "sacramentos", nos dice Hilario, es el "sue-ño de Adán". Y si relacionamos este texto con lo queprecede, comprendemos que el sueño de Adán estáligado a la "generación" de la Iglesia. Recordamosel pasaje de la Epístola a los Efesios en que dice sanPablo que la unión del hombre y la mujer es "un 23
  21. 21. gran misterio", concerniente a Cristo y a la Iglesia(V, 32). Vemos entonces que estamos frente a unadirección del pensamiento que, partiendo de las Es-crituras, tiene su continuación en la tradición de laIglesia. Es el contenido de esta interpretación figura-tiva lo que intentaremos desentrañar a partir de laEscritura. Este texto del Génesis no ha dejado desuscitar, por otra parte, comentarios en medio ju-dío, sea en el cuadro de la tradición palestinensecomo entre los alejandrinos. Sobre la marcha ha-bremos de encontrar estas tradiciones que vienen amezclarse a veces con la tradición de la Iglesia. Latipología adámica, así vista, será particularmenteinstructiva para mostrarnos la oposición existenteentre la concepción paulina y eclesiástica y el alego-rismo filonista y gnóstico. Antes de abordar el estudio de los Padres, quees el objeto de nuestro trabajo, se nos hace nece-sario establecer la prehistoria de nuestro asunto, esdecir, los puntos de partida que le ofrece la Escri-tura. Esta prehistoria entendemos que debe comen-zar en el mismo Antiguo Testamento. La obra enterade los Profetas, que es el quicio del Antiguo Testa-mento, descansa en un doble movimiento. Recuerdalas grandes obras de Dios en el pasado; pero soloen cuanto sirven de fundamento a las grandes obraspor venir. Es indisolublemente memorial y profecíaa la vez. Es una característica que A. G. Hebert hapuesto de relieve y que tiene su valor en todos lostemas que habremos de estudiar, el Diluvio y el Exo-do (1). Igual característica tiene ya el tema del Pa- (1) Hebert, The authority of the Oíd Testament, pp. 150ss.24
  22. 22. raíso. No se trata, como en las descripciones grie-gas de la Edad de Oro, de nostalgia por un pasadoideal. El pasado no se tiene en cuenta sino en cuantofunda la esperanza en un futuro. Así como Dios ha-bía establecido a los hombres en el Paraíso, de esamisma manera debía Israel esperar ser de nuevointroducido en un Nuevo Paraíso. En eso está pre-cisamente lo esencial de la tipología. Consiste endescubrir en sucesos del pasado la figura de acon-tecimientos por venir. No se trata pues de hechospasados referidos por sí mismos. Ni tampoco de unretorno puro y simple de sucesos pasados. Esto, queencontraremos en los rabinos cuando se refieren alretorno de Elias y del árbol de la vida, no respondea la perspectiva bíblica. No estaríamos entonces enun plano tipológico, ya que el antiguo orden seríael mismo que se espera nuevamente. Como acerta-damente lo ha señalado Goppelt, no se trata de unretorno (Wiederkehr), sino de una nueva crea-ción (2). Esto aparece ya en los mismos profetas. Se hahecho notar muchas veces el color paradisíaco quedan a los tiempos mesiánicos (3). El castigo del pe-cado había sido la maldición contra la tierra (Gén3,17). Los tiempos mesiánicos la verán nuevamenteproducir frutos abundantes (Oseas 2,21; Amos 9,13;Ezequiel 34,26). El primer hombre dominaba los ani-males (Gén 2,20). Estos le van a ser sometidos denuevo en los tiempos mesiánicos (Ezequiel 34,28).Y vivirán en paz unos con otros ( I s 11,6). El des- (2) Typos, p. 158. (3) Gressmann, Der Messias, p. 151s. 25
  23. 23. tierro del Paraíso había traído la guerra entre Caín y Abel. En los tiempos mesiánicos se vivirá de nuevo en paz (Miqueas 5,9; Ezequiel 34,28; Is 2,4). Goppelt hace notar, a propósito de estos pasajes, que es pre- cisamente el tema paradisíaco lo que define su con- tenido tipológico (4). Y esta descripción culmina en la evocación que hace Ezequiel de la nueva Jerusa- lén, presentada como un nuevo Paraíso: "Vi que deuna y otra parte había en la ribera muchos árboles;y me dijo: sus hojas no caerán y sus frutos nuncafaltarán. Todos los meses se renovarán sus frutos.Estos serán comestibles; las hojas serán medicina-les" (Ezequiel 47,7-12). Esta tipología de los profetas la encontramosluego desarrollada en la Apocalíptica judía no ca-nónica. Los tiempos mesiánicos se describen allí conlos mismos rasgos paradisíacos que en los profetas.Los animales estarán sometidos al hombre y en pazunos con otros (2 Baruc 73,6). No habrá más guerraentre los hombres ( H e n 52,8; Jub 23,29). Las muje-res darán a luz sin dolor, lo que equivale a suprimirla maldición que pesa sobre la mujer (2 Baruc 73,7).Su fecundidad será grande ( H e n 10,17). La tierraabundará en todo bien (Hen 10,18). Particularmentela vid tendrá insospechada fecundidad (Hen 10,10).Este aspecto se encontrará también en los Presbíte-ros de Ireneo. Moore ha podido escribir: "El por-venir se piensa como una restauración de condicio-nes paradisíacas. Los justos comerán el fruto delárbol de la vida, que les ha de comunicar la felici-dad. Basta de penas y aflicciones" (Judaism 2, p. (4) Typos, p. 44.26
  24. 24. 303) (5). Los últimos tópicos derivados de Henoc (XXV, 6), se volverán a encontrar en el Apocalip- sis de san Juan. Las puertas del Paraíso vol- verán a abrirse, se quitará la espada que no permitía el acceso de Adán, y entonces podrá el hombre sus- tentarse del árbol de la vida (Test. Lev., XVIII, 10). Se habrá notado que en todos estos pasajes se trata del Paraíso, no de Adán. Y hasta cabe pregun-tarse si el Antiguo Testamento y el judaismo hanconocido una tipología adámica. ¿Pensaron en elMesías Rey como en un nuevo Adán? Estamos enun terreno que la exégesis del Antiguo Testamentoestá ahora explorando, y en el cual no puede toda-vía hablarse de resultados definitivos. Sin embargo,una respuesta afirmativa a las preguntas que aca-bamos de hacer nos darían la clave de algunos pasa-jes, los más enigmáticos por cierto de la literaturaprofética y apocalíptica. Hemos anotado hace un mo-mento que las descripciones mesiánicas de Isaías nospresentan los sucesos escatológicos como un nuevoParaíso: la prosperidad, la paz total no pueden alu-dir a un contexto histórico ordinario, sino a la crea-ción de un nuevo universo. Resultaría entonces ex-traño que el personaje que abre esos tiempos mesiá-nicos se presentara como un simple rey temporal. Un estudio riguroso de los textos nos lo muestramás bien con rasgos que recuerdan al primer Adán.Ya Gressmann había llamado la atención sobre estoal denominarle "el rey del Paraíso" (6). Sobre lomismo ha vuelto Aage Bentzen en un estudio recien- (5) Véase también Bousset, Die Religión des Judentums (2» ed.), pp.240-282. (6) Der Vrsprung der israelitisch-judischen Eschatologie, 1905, p. 286. 27
  25. 25. t e : "Aunque no se diga expresamente que el Rey mesiánico de Isaías y Miqueas es el primer hombre (Urmensch), sin embargo eso es lo que se deduce del conjunto de la ideología regia" (7). En un excelente artículo A. Feuillet ha vuelto sobre el asunto, desa-rrollándolo e indicando algunos ejemplos: "En elprincipio se dio a Adán el oficio de poner nombre alos animales (Gén 3,19). Este hecho de dar o cam-biar los nombres tiene también un papel importanteen los vaticinios escatológicos ( I s 1,26; 4,8, etc.). . .El reino mesiánico provoca una conversión moral dela humanidad y también una transformación de losanimales. . . que caracterizan el mundo que sale delas manos de Dios" (8). Lo que principalmente que-da en claro es la profecía de Is 7,14-15 acerca del na-cimiento del niño mesiánico. "La leche y la miel"describen la felicidad paradisíaca (p. 191). "La elec-ción del bien y el rechazo del mal" puede oponerseal "conocimiento del bien y del mal" de Gén 3. ElEmanuel es el "nuevo punto de partida de la huma-nidad, la antítesis del Adán pecador" (p. 195). Fi-nalmente, el misterioso pasaje referente a la Virgen,madre del Emanuel, es mucho más comprensible sino se lo refiere a la madre de un rey cualquiera sinomás bien haciendo cuenta que "el Emanuel es unnuevo primer hombre, y que es la posteridad de lamujer prometida en Gén 3,15. Se puede efectivamen-te suponer que la mujer, futura madre de este Sal-vador escatológico, había sido glorificada por latradición religiosa de Israel" (p. 197). (7) Messias, Moses redivivus, Menschensohn, 1948, p. 38. (8) Le Messianisme du Livre d Isaie, Rech. Se. Relig., abril 1949, pp.186-188.28
  26. 26. Parece, pues, que para los Profetas el Mesías es-perado era un nuevo Adán. ¿Hay algo análogo en laliteratura apocalíptica? La cuestión que aquí se plan-tea es la de las relaciones entre el "Hijo del hombre"de Daniel y Henoc y el primer hombre. El P. Vittihabía descartado, hace tiempo, toda relación entreel Hijo del hombre y el nuevo Adán (9). Hoy, porel contrario, A. Feuillet admite que el "Hijo del hom-bre escatológico es concebido como punto de par-tida y arquetipo de una nueva humanidad" y queallí se encuentra "el auténtico fundamento de la doc-trina paulina acerca de Cristo nuevo Adán" (art. cit.,p. 211). Esa es también la opinión de Aage Bent-zen (10). Es particularmente notable que el Hijo del hom-bre de Daniel sea presentado como triunfador de losanimales que simbolizan los poderes idolátricos(VII). Este rasgo parece evocar al primer Adán y sudominio sobre el mundo animal. El lazo entre elGénesis y Daniel parece encontrarse en el SalmoVIII, que muestra un hijo de hombre que ha de rei-nar sobre la creación, y en particular sobre los ani-males. Es por otra parte conocido el desarrollo queha adquirido la concepción del Hijo del hombre enla literatura apocalíptica extracanónica, particular-mente en el libro de Henoc. Y son bien conocidos loscontactos del Nuevo Testamento con esta literatu-ra (11). (9) Christus-Adam, Biblica, 1926, pp, 121-145, 270-284, 384-401. (10) Messias, Moses redivivas, Menschensohn, p. 39. Véase tambiénFeuillet, art. cit. p. 211. (11) El tema Adán figura de Cristo es también "motivo frecuente dela haggada rabínica" (Schoeps, Theologie und Geschichíe des Judenchris-tentums, p . 103). 29
  27. 27. El Nuevo Testamento no tenía pues por quécrear una tipología del Paraíso y de Adán. Ya exis-tía. El primer Paraíso era la figura del que Dios re-servaba a su pueblo al fin de los tiempos. Lo queel Nuevo Testamento afirma es que este Nuevo Pa-raíso se ha dado ya con Jesús. Esto aparece de ma-nera admirable en el único texto evangélico en quese encuentra la palabra Paraíso, entre las que Jesúsdirige al buen ladrón: "Hoy estarás conmigo en elParaíso". El acento no se pone en el hecho de estaren el Paraíso. Cualquier judío tenía esa esperanza.El acento va en el Hodie. Es este hoy lo que consti-tuye la esencia del cristianismo. Hemos dicho que elParaíso no era para la Biblia una edad de oro termi-nada y dejada atrás; concepción pagana de las co-sas. Pero para el Cristianismo el Paraíso tampocoes, como lo era para el Antiguo Testamento, un fu-turo indeterminado. El Paraíso está aquí; es unapresencia. San Gregorio Nysseno lo expresaba confuerza a los recién bautizados: "Tú nos has arrojadodel Paraíso y tú nos haces volver nuevamente. Túnos has despojado de las hojas de higuera y tú noshas vestido con la túnica de honor. La espada de fue-go ya no estará allí para impedir la entrada al Pa-raíso, que se ha hecho ya accesible al hombre" (P. G.,XLVI, 599 A) (12). El texto de san Lucas no es el único en que seencuentra, si no la palabra, por lo menos el tema delParaíso. Así, por ejemplo, en uno de los pasajes del (12) No utilizo el texto de II Cor., XII, 4 sobre el "Paraíso del tercercielo", que alude a las concepciones judías de un Paraíso celeste pre-existente ( A p o c a l i p s i s de Moisés, XXXVII, 5; Charles, p. 151), no a laperspectiva profética de un Paraíso futuro.30
  28. 28. Nuevo Testamento más cargados de alusiones vete-rotestamentarias, el relato de la Tentación, Jesús pa-recería presentado como el nuevo Adán. La escenade la Tentación hace juego con la de la Tentaciónde Adán. Satanás, que aparecía en forma de serpien-te, se muestra aquí al descubierto. Pero, sobre todo,en el texto de san Marcos, se describe a Jesús des-pués de la tentación, como dominador de las bestiassalvajes y servido por los Angeles (Me 1,13). Ahorabien, hemos visto ya que el primer rasgo era unode los empleados por los Profetas para significar elaspecto paradisíaco de los tiempos mesiánicos. Porsu victoria sobre Satán, Jesús ha restaurado un or-den que Adán en su derrota había perdido. El do-minio sobre los animales quedará en la literaturade los Padres del desierto como uno de los rasgospropios de la restauración del estado paradisíacoentre aquellos que son transformados por el Espí-ritu Santo (13). Por otra parte, Jesús servido por losanimales recuerda, sí ya no el relato del Génesis, almenos el de los midrashim judíos (14). Si las alu-siones al Exodo son, como veremos, más abundantesen este texto que las alusiones al Paraíso, vienen dehecho a mezclarse con éstas —lo mismo que en losProfetas— y a dar al nuevo Exodo un carácter másfuertemente escatológico. Sin embargo, las alusiones explícitas a Adán sonraras en los Evangelios. Pero hay, por el contrario,una figura que ocupa en ellos gran lugar; es el Hijodel hombre. Y resulta hoy incontestable —a pesar de (13) Stolz, Teología de la Mística, (2» ed. española), 1952, pp. lliss. (14) Goppelt, Typos, p. llS; Vie dAdam et Eve, XLVIII, 4. 31
  29. 29. las dificultades recientemente suscitadas por J. T.Campbell (15)— que esta designación preferida deJesús es una alusión al Hijo del hombre de los Apo-calipsis. Por eso, Cristo se presenta como el Adánverdadero que viene a restaurar el Paraíso. Goppeltno duda en ver aquí una tipología adamítica (16).Es cierto —y hay que concedérselo a Campbell— queesta alusión quedaba siempre velada; lo que explicaque a los judíos no les causara extrañeza el empleode esta expresión hecho por Jesús para autodesig-narse. Solo con san Pablo la figura de Adán adquirirátoda su amplitud en la tipología. El texto capitalpara nuestro propósito es el de la Epístola a los Ro-manos en el que san Pablo confronta los dos Adanes,el que ha claudicado y el que ha triunfado sobre-abundantemente. Adán es la figura de aquel que de-be venir, typos méllontos (Rom 5,14). Esta es laafirmación decisiva de su carácter "tipológico". Pero,¿en qué consiste esta figuración?: "Como por el pe-cado de uno solo todos los hombres han muerto, conmayor razón la gracia de Dios y el don gratuito con-sistente en la gracia de un solo hombre, Jesucristo,se difundirá copiosamente sobre todos" (V, 15-16).A la desobediencia de Adán se opone la obedienciade Jesucristo (V, 19). El paralelo es bien claro. Dioshabía una vez en Adán llamado a los hombres a lainmortalidad. La desobediencia de Adán hizo fraca-sar esta primera tentativa. Dios la retoma en Jesu-cristo, pero de manera más eficaz. Por eso, El es de (15) The origin and meaning oi the term Son of Man, Journal Theol.Stud., 1947, p. 145. (16) Typos, pp. llOss.32
  30. 30. verdad el Segundo Adán, el que introducirá de nue-vo a los hombres en el Paraíso que habían perdi-do (17). San Pablo vuelve con el tema en la I Epís-tola a los Corintios: "Como por un hombre vino lamuerte, también por un hombre vino la resurrec-ción de los muertos. Y como en Adán hemos muer-to todos, así también en Cristo seremos todos vivi-ficados" (XV, 20-21). La oposición de los dos Adanes aparece así co-mo la oposición de dos formas de existencia: la quelos hombres han recibido de Adán y que es la vidahumana dejada a su propia debilidad —que san Pa-blo llama "la carne"— y por otra parte la existenciahumana vivificada por las energías divinas, por el"Pneuma". La primera la recibimos de Adán, la se-gunda de Cristo. San Pablo lo explica por una exé-gesis figurativa de otro pasaje del Génesis: "Si hayun cuerpo animal, también lo hay espiritual. Que poreso está escrito: El primer hombre, Adán, fue he-cho alma viviente; el último Adán espíritu vivifican-te. Pero no es lo espiritual lo que se ha hecho pri-mero, sino lo animal; después lo espiritual. El pri-mer hombre fue de la tierra, terreno; el segundo esdel c i e l o . . . Y como hemos llevado la imagen delterreno, llevaremos también la imagen del celestial"(1 Cor 15,45-49). San Pablo se coloca aquí en unasituación de hecho: Adán, habiendo desobedecido,no nos transmite sino la vida animal; solamente elsegundo Adán nos comunica la vida espiritual. Buscala figura de esto en Génesis 2,7, donde se habla su- (17) Véase J. Jeremías, Der Ursprung der Typologie Adam-Christus,Theolog. Wörterbuch zum N. T., I, pp. 142-143. 33
  31. 31. cesivamente de pnoe y de psyjé. Asimilando pnoe apnéuma y cambiando el orden, Pablo ve en esto lafigura de los dos Adanes. Pero lo que tiene más interés para nosotros esque esta interpretación no solo tiene que ver con lapersona de Cristo sino también con la vida cristiana.Esta réplica del "primer Adán" que se ha cumplidosustancialmente en Cristo, se prolonga en cada cris-tiano. Tiene su comienzo en el bautismo, que aparecede esa forma como una nueva creación y un retornoal Paraíso: "Nuestro hombre viejo ha sido crucifi-cado con Cristo (en el bautismo) a fin de que seadestruido el cuerpo del pecado" ( R o m 6,6). Esta-mos ante una tipología en dos planos: por una parteCristo crucificado es una réplica de Adán en el Pa-raíso; y a su vez el cristiano reproduce esta réplica.El Antiguo Testamento presentaba una tipología es-catológica; el Evangelio la mostraba realizada enCristo; san Pablo la presenta continuándose en elcristiano. Comenzada en el bautismo esta réplica secontinúa a lo largo de la vida espiritual: "No os en-gañéis unos a otros, puesto que os habéis despojadodel hombre viejo con sus obras y vestido del nuevoque, renovándose incesantemente a la imagen de sucreador logra el perfecto conocimiento" (Col 3,9-10.Véase Ef 4,24) (18). Con la Epístola a los Efesios, junto a la de Adánaparece la tipología de Eva (19): "Maridos, amad a (18) Goppelt, Typos, p. 158. (19) Goppelt cree que se la puede reconocer ya en Rom., XVI, 20:"El Dios de la paz aplastará pronto a Satanás bajo vuestros pies". Lacomunidad cristiana que aplasta a la serpiente sería el antitipo de Evaque se rinde a sus sugestiones (Typos, p. 157).34
  32. 32. vuestras mujeres como Cristo ha amado a la Igle-sia, entregando por ella su vida para santificarla,habiéndola purificado mediante el agua bautismal,con la p a l a b r a . . . Por eso el hombre dejará a supadre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán unasola carne. Gran misterio es éste, pero entendido deCristo y de la Iglesia" ( E f 5,21-32). La alusión alGénesis queda formalmente expresada por las pala-bras "una sola carne" (Gén 2,24). La unión de Adány Eva figura la de Cristo y la Iglesia. El tema habíasido ya retomado por el Cantar de los Cantares querepresenta la unión de Yavé y de Israel en un cuadroparadisíaco bajo la forma simbólica de la unión delhombre y la mujer. San Pablo presenta este temanupcial realizado en Cristo y la Iglesia. Se notaráen este texto la vinculación del tema nupcial con eldel bautismo. Este es presentado como un baño nup-cial (20). Las bodas de Cristo y la Iglesia se verifi-can así perpetuamente en el bautismo cristiano. Es-tamos en los orígenes de toda una tipología paradi-síaca del bautismo. Si las Epístolas Paulinas insisten sobre todo enla tipología de Adán, en la línea del judaismo ale-jandrino, el Apocalipsis de san Juan presenta el Pa-raíso anunciado por los Profetas, como realizado enla Iglesia. Directamente, encontramos aquí la tra-dición de los profetas y de los Apocalipsis. San Juanusa las imágenes mismas del Antiguo Testamento ylas presenta cumplidas en la Iglesia de Cristo. Cristotriunfa de la "serpiente antigua" (XX, 2), cumplien-do de esa manera la profecía del Génesis. La Iglesia (20) Casel, Le baptcme comme bain nuptial, Dieu vivant, IV, pp. 43ss. 35
  33. 33. es la nueva Eva, "ataviada para su Esposo" (XXI, 2).Se ha restablecido el estado paradisíaco: "Dios en-jugará toda lágrima de sus ojos y no habrá másmuerte, ni habrá más duelo, ni gritos, ni trabajo por-que estas cosas han pasado" (XXI, 4; véase Henoc25,6). Se describe la Jerusalén celeste como un Pa-raíso : "Me mostró un río de agua de vida, que brota-ba del trono de Dios y del Cordero; a un lado y otrodel río, árboles de la vida que daban doce veces sufruto; y cuyas hojas eran saludables a las nacio-nes" (XXII, 1-2). El río de agua de la vida se en-contraba ya en la visión de Ezequiel (XLVII, 1), lomismo que la producción mensual de frutos y la vir-tud curativa de las hojas (XLVII, 7-12). Particular-mente el árbol de vida se encuentra varias veces enel Apocalipsis (II, 7; XII, 14-19). Veremos que estelibro retiene una característica escatológica de latradición del Antiguo Testamento, solo que esta es-catología toma un color cristiano.36
  34. 34. CAPITULO SHjUNDO BAUTISMO Y PARAISO El precedente capítulo nos ha mostrado la exis-tencia de dos líneas de tipología en el Nuevo Tes-tamento. La una prolonga la tipología escatológicadel Paraíso; y es la que nos presentan los Evangeliosy el Apocalipsis de san Juan. Por otra parte, encon-tramos una tipología adámica, desarrollada sobretodo por san Pablo. Volveremos a encontrar estasdos corrientes en los Padres de la Iglesia. Comenzaremos por la tipología del Paraíso. He-mos visto la importancia que ella adquiere ya en eljudaismo. Ezequiel e Isaías han presentado el futuromesiánico con colores de Paraíso. Los apocalipsis ju-díos han tomado y desarrollado esas descripciones.Como lo ha hecho notar Bousset (1), son diversaslas representaciones que dan del Paraíso. Algunas locolocan en la tierrr otras en el tercer cielo. Hay des-cripciones muy materiales, otras más alegóricas. Es-ta diversidad de representación se volverá a encon-trar en los autores cristianos, pues su originalidad noconsiste en la forma de representación sino en la (1) Die Religión des Judentums, 2» edición, p. 282. 37
  35. 35. afirmación de que ese Paraíso anunciado para elfin de los tiempos se ha hecho presente con CristoJesús: Hodie mecum eris in Paradiso. Sin embargo, debemos constatar en el interiordel cristianismo la existencia de una primera corrien-te que continúa literalmente la de la profecía y apo-calíptica judías y que presenta el Paraíso como unarealidad siempre escatológica, es decir que, aun enel cristianismo, se la aguarda para el fin de lostiempos. Volveremos a encontrar una primera formade esta tendencia, caracterizada por la concepción deun futuro Paraíso terrestre, en una línea bien de-terminada, que es la de Papías, del libro V del Ad-versas Haereses de san Ireneo, de Lactancio. Corres-ponde a lo que se ha llamado el milenarismo, y sevincula a los presbíteros de que habla san Ireneo yen los que se refleja el ambiente de los primeros dis-cípulos palestinenses, penetrados del espíritu de losApocalipsis. Un eco suyo lo tenemos en el Apocalip-sis de san Juan. Esta corriente característica volve-remos a encontrarla no pocas veces. Puede decirseque aquí la tipología de los Padres prolonga la delAntiguo Testamento y del Judaismo. Citaremos solamente el testimonio del libro Vde Ireneo. El autor refiere primeramente las profe-cías que ya hemos mencionado, sobre todo de Isaías,que describen los tiempos mesiánicos en términosparadisíacos: paz entre los animales, dominio delos hombres sobre los animales ( I s 11,6 y 65,25). Ci-ta luego el Apocalipsis de Juan (XXI, 1). Se sitúapor tanto en esta tradición. Ahora bien, todo estono "puede ser entendido alegóricamente, sino quetodo esto es sólido, verdadero y sustancial" (Adv.38
  36. 36. Haer., V, 35,2; P. G., III, 1220 D). Y continúa: "(Lasprofecías se cumplirán) cuando reinen los justos re-sucitados de entre los muertos, cuando la creaciónrenovada y liberada produzca abundantemente todoalimento, gracias al rocío del cielo y a la fertilidadde la tierra, según refieren los presbíteros que vie-ron a Juan, el discípulo del Señor, y que dicen ha-berle oído relatar palabras del Señor referentes aestos tiempos : Vendrán días en que crecerán viñasque tendrán diez mil ramas cada una y en cada ramadiez mil cepas y en cada cepa diez mil racimos. Co-mo también la espiga de trigo tendrá diez mil gra-n o s " (V, 33,3; 1213 B-C). Encontramos descripcio-nes paralelas a las que traen los Apocalipsis judíos(Hen 10,17; 2 Bar 29,5). Pero lo que nos interesaes la afirmación clarísima, en la línea de los Pro-fetas, de la creación de un nuevo Paraíso al fin delos tiempos. La verdadera concepción profética noes la de un retorno al Paraíso de Adán que existiríasiempre en la tierra (2). El Libro de Henoc conoceeste Paraíso pero no hace referencia a que los justosvuelvan a él (XXXII, 5). Tampoco se trata de la en-trada en el Paraíso del tercer cielo, morada de losjustos después de la muerte ( H e n 70,3) (3). Sinoque se trata de una renovación total del universo,esperada como un acontecimiento histórico y comouna nueva creación al fin de los tiempos. La tradición cristiana posterior abandonará tan-to el milenarismo que supone Ireneo como el carác- (2) Es la concepción de Dom Stolz en su excelente Teología de laMística, p. 29ss. (3) Véase Vuippens, Le Paradis terrestre au troisième ciel, pp. 98-143.A éste se refiere II Cor., XII, 4. 39
  37. 37. ter material de esta representación. Pero continuarárepresentando el mundo futuro valiéndose de la ti-pología paradisíaca. Afraates (s. IV), describe asíen sus Demostraciones la recompensa que seguiráal juicio: "No tendrán necesidad de construir casas:vivirán en la luz, en las mansiones de los santos. Noprecisarán alimento: se sentarán a Su mesa y se-rán alimentados para siempre. Allí el aire es puro yagradable y la luz brillante y esplendorosa. Allí hayplantados hermosos árboles que dan fruto perpetua-mente y cuyas hojas no caen jamás. Su follaje esencantador, su olor suavísimo, su gusto no cansaráa nadie nunca. No habrá patrimonio divididos, y na-die dirá a otro: esto es mío. . . Nada de pobreza,antes bien plenitud e integridad. Los ancianos nomueren, los jóvenes no envejecen. No se contrae ma-trimonio ni se tienen hijos; el hombre no se dis-tingue de la mujer, sino que todos serán hijos deDios" (Dem., XXII, 12-13; P. S., 1,1016-1017). Se tra-ta del mundo futuro. Pero ahí están los textos para-disíacos de nuestros Apocalipsis, la fecundidad delas plantas y las hojas que no caen nunca. Hasta aquí nos movemos dentro de la tipologíabíblica: nada hay de específicamente cristiano. Laafirmación cristiana será el Hodie del Paraíso. EnCristo este Paraíso está ya presente. Tal es la afir-mación que vamos a encontrar ahora en los Padres,sobre las huellas de san Pablo. Esta afirmación abreun segundo estadio en la tipología, no ya escatoló-gica sino cristológica. Y es precisamente esto loespecífico de la tipología cristiana, su carácter esen-cial y único. Hay una tipología palestinense que esescatológica, una alegoría filoniana que es moral;40
  38. 38. la tipología cristiana es cristológica. La afirmaciónde la entrada del hombre en el Paraíso por Cristo,está claramente afirmada en las Odas de Salomón,en las que indudablemente hay que reconocer unacolección de himnos litúrgicos cristianos de tono untanto gnóstico: "Un agua decidora se ha aproximadoa mis labios, brotada en la fuente del Señor; bebíy he sido embriagado por el agua viva que no muerenunca. Abandoné la locura que se expande sobre latierra, la arranqué y la arrojé lejos de mí. El Señorme renovó con su vestido y me vistió de su luz. Serefrescó mi aliento a la brisa agradable del Señor yme ha llevado a su Paraíso donde están las riquezasde la suavidad del Señor. Adoré al Señor por su glo-ria y dije: Felices los que están plantados en la tie-rra y para quienes hay un lugar en su Paraíso. Mag-nífico es el lugar de tu Paraíso, y nada hay allí inú-til; todo está lleno de frutos. Gloria a Ti, oh Dios,delicia del Paraíso, por toda la eternidad" (4). En-contramos el tema del agua viva, de los árboles. LaIglesia es el Paraíso en que el alma gusta la felicidad. El cristianismo aparece de esta forma como larealización del Paraíso. Cristo es el árbol de la vida(Ambrosio, De Isaac, 5,43), o la fuente del Paraíso(Ambrosio, De Paradiso, 3; 272,10). Pero esta reali-zación del Paraíso se hace en tres planos sucesivos.El bautismo es la entrada al Paraíso (Cirilo de Jeru-salén, Procateq.; P. G., XXXIII, 357 A); la vida mís-tica es una entrada más profunda en el Paraíso (Am-brosio, De Paradiso, I, 1); finalmente la muerte in-troduce a los mártires en el Paraíso (Passio Perpet., (4) X I I ; Rev. Bibl., 1910, p. 493. 41
  39. 39. I; P. L., III, 28 A). Efectivamente, es digno de no-tarse el hecho de encontrar el vocabulario paradi-síaco aplicado a estos tres aspectos de la vida cris-tiana. Que, ante todo, el bautismo sea una entradaen el Paraíso, es uno de los temas elementales de lacatequesis bautismal. Es muy probable que el textoarriba citado de las Odas de Salomón haga alusióna esto cuando habla del agua viva. Los textos litúr-gicos testimonian la antigüedad de esta representa-ción. Como que proponen los ríos del Paraíso entrelas figuras del bautismo (5). En un pasaje referenteal bautismo, Hipólito lo presenta claramente comouna entrada en el Paraíso de la Iglesia: "Los queaman la ciencia deben saber cómo el Paraíso planta-do en el Edén era una figura de la realidad. PorqueEdén es el nombre del nuevo Paraíso de delicias,plantado en Oriente, adornado con dos árboles, quehay que interpretar de la Asamblea de los justos ydel lugar santo en que está plantada la Iglesia" (6). Esta interpretación del Paraíso como figura dela Iglesia, representa toda una tradición. Después deHipólito aparece en Metodio de Filipos ( S y m p . , 9,3;Bonwetsch, 117,15). La encontramos en la cateque-sis ordinaria con Cirilo de Jerusalén. Al enumerar losnombres que se dan en el bautismo cita el de "Pa-raíso de delicias" (P. G., XXXIII, 360 A). Con másprecisión, al describir en la Procatequesis los bienesdel bautismo, señala entre estos el abrir las puertas (5) Lundberg, La typologie baptismale dans V Ancienne Eglise, p. 26. (6) Véase también .1 renco, Adv. Haer., V, 10, 1: "Los hombres que porla fe han progresado y recibido el espíritu de Dios son espirituales comoplantados en el Paraíso"; Tertuliano, Adv. Marc., II, 4: "El hombre estrasladado al Paraíso ya en este mundo, a la Iglesia".42
  40. 40. del Paraíso, es decir de la Iglesia: "Entonces el Pa-raíso abre sus puertas a cada uno y a cada una devosotros" (XXXIII, 357 A). Finalmente en las Ca-tcquesis mistagógicas esto adquiere todavía mayordesarrollo : "Cuando renuncias a Satanás, rompiendode una vez tu alianza con él —esa vieja alianza conel infierno— el Paraíso de Dios se abre para ti, eseParaíso que Dios plantó en el Oriente y del cualfue arrojado nuestro primer padre, a causa de la vio-lación del precepto. Y es una figura de esto el hechomismo de volverte del Occidente al Oriente que essímbolo del sol" (XXXIII, 1073 B). Se notará la re-lación que se establece entre el gesto litúrgico de laoración hacia el Oriente —antigua costumbre cris-tiana que también formaba parte particularmente delos ritos bautismales— y el tema del Paraíso planta-do en el Oriente (Gén 2,8) (7). Volveremos a encontrar esta tipología paradi-síaca del bautismo en Gregorio Nysseno: "Tú, cate-cúmeno, estás fuera del Paraíso, compañero de des-tierro de Adán nuestro primer padre. Ahora la puer-ta se abre; entra al lugar que habías abandonado"(XLVI, 420 C). Hay que carear este texto con otroque se encuentra en un sermón sobre el bautismode Cristo: "Tú nos has arrojado del Paraíso y noshas vuelto a llamar a él; nos has despojado de lashojas de higuera —desventurada vestimenta— y noshas revestido con una túnica preciosa. . . Ahora, alser llamado por Ti, Adán no tendrá por qué avergon-zarse y esconderse bajo los árboles del Paraíso. Yla espada de fuego no custodiará el Paraíso para im- (7) Véase Zenón de Verona, II, 63; P. L„ XI, 519. 43
  41. 41. pedir la entrada de los hombres, sino que todo seha convertido en alegría para los herederos del pe-cado. El Paraíso, y el cielo mismo, se han hecho ac-cesibles al hombre" (XLVI, 600 A). Cabe reconocerotros temas paradisíacos : el vestido de hojas de hi-guera, la espada de fuego que "custodia el Paraíso".Habría que añadir los ríos del Paraíso, figura delbautismo (XLVI, 420 C). El tema del Paraíso plan-tado en el Oriente aparece también en Gregorio :"Cada día, cuando nos volvemos hacia el Oriente,donde Dios ha plantado su Paraíso, y nos acordamosde nuestra caída fuera de los lugares luminosos yorientales de la felicidad, con razón nos vemos impe-lidos a recapacitar" (P. G., XLVI, 1184 C) (8). Este último texto nos introduce en otros aspec-tos de la tipología paradisíaca. Efectivamente, nobasta estar bautizado; si quien está bautizado estáya en el Paraíso, no lo está sin embargo más que enforma rudimentaria, conservando de él cierta nos-talgia. Entrará más adelante por la vida mística. Heaquí el tema paulino del Paraíso en el que se entrapor el éxtasis (2 Cor 12,4). Dom Stolz ha consagradoun libro entero a comentar este texto demostrandoque la vida mística es para los Padres el retorno alParaíso (9). Una vez más, citaré solamente a Gre-gorio de Nisa. Escribe en el Comentario sobre elCantar: "Al principio la naturaleza humana estabaen flor, mientras estaba en el Paraíso, regada por el (8) La representación del Paraíso y de sus cuatro ríos en los anti-guos baptisterios confirma la simbólica bautismal del Paraíso. Véase L.de Bruyne, La décoration des baptistères paléochrétiens, Mélange Mohlberg,I, pp. 200-204. (9) Teología de la Mística, pp. 29ss.44
  42. 42. agua de la Fuente que allí mana y nutrida de savia; cuando, en lugar de las hojas (de higuera), el ger- men de inmortalidad embellecía nuestra naturaleza. Pero el invierno de la desobediencia ha secado la raíz. La flor se ha marchitado y ha caído en tierra,y el hombre ha sido despojado de la hermosura dela inmortalidad. La hierba de la virtud se ha secado,al enfriarse el amor de Dios con la abundancia dela maldad. Mas al venir el restaurador de la prima-vera en nuestras almas y ordenar al viento calmarse,todo ha vuelto efectivamente a la calma y a la sere-nidad y ha comenzado a florecer de nuevo. Y nuestranaturaleza se ha adornado con sus flores, que sonlas virtudes" (XLVI, 872 A). La vida espiritual apa-rece así como una vuelta al Paraíso. Una de las ca-racterísticas de la restauración de la vida paradi-síaca será la vuelta al dominio sobre los animales,que tan frecuentemente se encontrará en los Padresdel desierto, mucho antes de san Francisco de Asís.Es uno de los rasgos que fue anunciado por los Pro-fetas y que se cumple al pie de la letra. Pero la vida mística no es más que un anticipode la vida del Paraíso. Esto solo se realizará plena-mente después de la muerte. Volvemos a nuestroúltimo pasaje escriturístico: "Hoy estarás conmigoen el Paraíso". Según hemos dicho, lo que caracterizaa la tipología cristiana es que esta entrada en el Pa-raíso no es algo reservado al fin de los tiempos, sinorealizado desde ahora en Cristo, o, más exactamente,que el fin de los tiempos está ya presente en Cris-to. Encontramos esta representación de la muer-te como entrada al Paraíso en la visión de Per-petua. Cuando ella ha alcanzado lo alto de la 45
  43. 43. escala, luego de haber aplastado el dragón quehostilizaba su camino, ve "un jardín inmenso y enmedio un hombre de blanca cabellera, sentado, entraje de pastor, grande, ordeñando las ovejas. Levan-tó la cabeza y me dijo: seas bienvenida" (P. L.,III, 28 A). Estamos por cierto ante la visión del Pa-raíso : el jardín inmenso lo encontramos en Henoc.Pero aquí está visto a través, no de la representa-ción de un judío palestinense, sino de una paganaconvertida de Africa. Por eso la imagen de las ove-jas recuerda las pinturas de las catacumbas en quelos primeros cristianos representaban el Paraíso co-mo los jardines para ellos conocidos, con Cristo enmedio, en atuendo de Orfeo. Lo que aquí nos inte-resa es la idea central, que es la del Paraíso bíblico. Junto con éste podrían darse otros muchos ejem-plos. Los frecuentes pasajes en que vemos a los cris-tianos que, al momento de morir, piden ser vueltoshacia Oriente, se relacionan con la esperanza del re-torno al Paraíso que, según el Génesis, "estaba plan-tado en el Oriente" (Vita Pachomii, 33; Gregorio deNisa, Vida de Macrina, P. G„ XLVI, 984 B) (10). Porlo menos, tal es con toda seguridad el simbolismodel gesto en tiempos de Gregorio. Pero Erik Petersonha demostrado que primitivamente estaba ligadomás bien con la espera escatológica del retorno deCristo que ha de venir del Oriente. "Oriens ex al-to" (11). Por otra parte, la esperanza de ingresar enel Paraíso aparece en el mismo relato de Gregoriode Nisa entre las últimas palabras de Macrina: "Tú (10) Véase Dolger, Sol salutis, pp. 72ss. (11) La croce e ¡a preghiera verso lOriente, Ephem. Liturgic., LIX,1945, pp. 52ss.46
  44. 44. que has quebrado la espada de fuego y otorgado elParaíso al hombre que estaba contigo crucificado yse había encomendado a tu misericordia, acuérdatede mí en tu reino" (XLVI, 984 D). Efectivamente,esa es la creencia común: que los mártires y justosentran en seguida en el Paraíso nuevamente abiertopor Cristo. Esto no destruye la creencia escatológi-ca, como se ha dicho a veces, puesto que no se tratade una salida del mundo para entrar en un cielointemporal; es más bien la realización actual de laescatología, la cual constituye el mensaje cristianoy deja en pie por otro lado la espera de la renova-ción cósmica que pertenece al fin de los tiempos. 47
  45. 45. CAPITULO TERCERO ADAN Y CRISTO EN SAN IRENEO Con san Ireneo adquiere todo su desarrollo latipología adámica, cuyos principios había estable-cido san Pablo. Su compleja riqueza está expresadaen el término clave recapitulatio (anakefaláiosis).Cabe recordar que el paralelismo entre Adán y Cris-to presentaba en Pablo un doble carácter: Cristoa la vez completa y repara (Rom) lo que Adán ha-bía hecho. Esto es precisamente lo que significa larecapitulación. Se trata de un nuevo comienzo (ke-falé), que consiste en retomar el primero, sea encuanto se restaura el orden violado (es el aspectode reparación del pecado), sea en cuanto supera elesbozo inicial (aspecto de cumplimiento). La tipolo-gía adámica adquirirá de esta forma la peculiaridadde presentar siempre una oposición a la vez que cier-tas semejanzas. Se advertirá con qué precisión Ire-neo señala uno y otro aspecto. Las semejanzas, queconstituyen el campo propio de la tipología, tienenpor fin poner de relieve la unidad del plan divino,concepción capital para Ireneo en su lucha con losGnósticos, para quienes el Evangelio era radicalmen-te nuevo. La tipología descubre las analogías que son48
  46. 46. como la filigrana que acusa la obra de un mismoartífice, como la firma de Dios en su obra y el selloque garantiza la autenticidad de la Escritura. Estedoble aspecto es propio de la tipología adámica. Lahistoria ulterior pertenece ya a la preparación di-recta de Cristo. Adán, por el contrario, es en ciertosentido el jefe de la humanidad pecadora; pero estahumanidad no es tal que deje de llevar fuertementeimpresa la semejanza de Cristo —y sabemos que lasemejanza de Cristo, en una perspectiva cristiana,es siempre una figura del futuro, un typos méllontosy no el reflejo de un mundo anterior y superior. Serimagen de Dios es estar en relación con un porvenir,estar comprometido en una historia. Indicaciones esparcidas en san Pablo, Ireneolas va a integrar en una visión teológica de conjun-to, precisándolas al mismo tiempo y sistematizándo-las. Estos son los dos puntos que vamos a examinarsucesivamente. Hemos visto que el pensamiento pau-lino era susceptible de un doble desarrollo: la re-lación de Adán a Cristo se la podía concebir en elsentido de una oposición entre el hombre pecadory el hombre justificado, o en el sentido de un pro-greso desde el hombre animal al hombre espi-ritual. Las dos concepciones coexisten en sanPablo, como en todo pensador ortodoxo; pero elacento puede recaer más o menos sobre una uotra. En san Ireneo, cuya meta esencial es eviden-ciar la bondad de la creación, contra los Gnósticos,el acento se carga fuertemente en el segundo aspec-to : el del progreso. Es claro que la tipología no ad-quiere su sentido sino en una teología de este gé-nero. Efectivamente, su gran principio es el de un 49
  47. 47. orden imperfecto que prepara y prefigura un ordenperfecto. Una concepción del mundo como la de Ire- neo, que lo concibe como un plan único hecho de dos grandes etapas sucesivas, es tipológica por esen- cia. Precisamente en razón de la unidad del plan, las dos etapas deberán, permaneciendo sustancialmenteheterogéneas, presentar semejanza y analogía; en locual consiste la tipología: ahí es donde se pone demanifiesto el lazo que une la tipología y la teologíaen san Ireneo. Estudiando sucesivamente la visiónteológica y la interpretación tipológica de Adán enIreneo, seguimos el movimiento mismo de su pen-samiento y damos a la tipología su base doctrinal. El primer aspecto de la teología de Ireneo esla unidad del plan divino. Su pensamiento en cuantoa esto se ha definido frente a la gnosis. Para losgnósticos, todo lo que precede a Cristo, la creación,la humanidad originaria, el pueblo judío, es obra deldios de este mundo, del demiurgo. El Evangelio esla manifestación de otro Dios, totalmente extraño;manifestación absolutamente inesperada y que su-prime todo lo anterior. Tal es la tesis a la que Mar-ción ha dado su forma acabada. Contra ella Ireneoestablece ante todo que es uno mismo el Dios, y másprecisamente uno mismo el Verbo de Dios, cuya ac-ción se ejerce a través de toda la historia del mun-do : "Así, es Dios quien desde el origen ha formadoal hombre por su munificencia, quien ha elegido alos patriarcas con vistas a su salvación, quien for-maba de antemano un pueblo enseñando al indócil elservicio divino, e instituía a los profetas sobre latierra acostumbrando al hombre a llevar el espíritudivino y a tener comunión con Dios, no porque El50
  48. 48. tenga necesidad de nada, sino para dar comuniónconsigo a los que de El tienen necesidad; describien-do, como un arquitecto, la estructura de la salvacióna aquellos en quienes puso su complacencia, dándosea sí mismo como guía a los que en Egipto habitabanen la oscuridad, dando una ley perfectamente ade-cuada a los que erraban por el desierto y una apre-ciable herencia a los que entraron en la tierra pro-metida, sacrificando el ternero cebado por aquellosque se convertían al Padre y cubriéndolos con el ves-tido mejor, ordenando de múltiples maneras el gé-nero humano a la armonía de la salvación. Y el Ver-bo, a través de todo eso, comunicaba sin retaceoscuanto era útil a aquellos que le acogían con sumi-sión, escribiendo una ley adaptada y acorde a todacondición, conduciendo a lo principal por lo secun-dario, a lo celestial por lo terreno" (Contra haer.,IV, 14; P. G„ VII1, 1011 A - 1012 A). Este texto magistral, escogido entre muchosotros, muestra la unidad del plan de Dios en la pers-pectiva de Ireneo. Es un mismo Dios bienhechor quepor su Verbo se esfuerza, desde el principio, por pro-curar la vida a la creatura que El ha hecho para re-cibir sus dones; pero este amor se adapta a la na-turaleza del hombre, lo toma tal como es al prin-cipio; lo hace poco a poco capaz de mejores bienes:es la concepción educativa de la humanidad, tan ca-racterística de Ireneo. Así en los profetas Dios acos-tumbra al hombre a "llevar su espíritu", para poderun día comunicárselo en plenitud. El es —e Ireneoretoma las grandes manifestaciones del Verbo, losgrandes "sacramenta" que estudiaremos en los capí-tulos siguientes— El es quien, en la construcción del 51
  49. 49. arca, revela a Noé, en quien se ha complacido, laestructura del misterio de la salvación: encontrare-mos este misterio de la salvación figurado por elarca en otros pasajes en que Ireneo nos hablará delas misteriosas "mensurae arcae"; El es la columnade luz que conduce a los Israelitas fugitivos en elpaso del Mar Rojo; El es quien da la Ley del Sinaíen el desierto; El quien introduce a Josué en la tie-rra prometida. Ahora bien, todas estas cosas, queson intervenciones de Dios para la salvación de supueblo, son solamente preparaciones y figuras delo que se cumplirá en la plenitud de los tiempos: y,en efecto, el arca de Noé, el paso del Mar Rojo, laLey mosaica, la entrada en la Tierra prometida, sonlas cuatro figuras esenciales del Antiguo Testamen-to, de las cuales el Evangelio será a la vez la pleni-tud y el modelo. Aquí aparece el segundo rasgo del pensamientode Ireneo. Este plan de Dios, siendo uno, presentasin embargo una diversidad muy grande. ¿Cómo ex-plicar esta diversidad? Allí es precisamente dondelos Gnósticos aportan su solución, refiriendo estosmundos diferentes a dioses diferentes. Negar las di-ferencias equivaldría a vaciar la novedad del Evan-gelio. Tal es el reproche que se podría hacer a al-gunos, como el Seudo-Bernabé, y aun Justino, paraquien todo había sido dado ya a los antiguos Patriar-cas. "Si todo estaba anunciado ¿dónde está la nove-dad?" Y, por otra parte, señalar las diferencias ¿noera ya romper la unidad del plan divino? Tal es eldilema en que se veía acorralado el pensamiento cris-tiano. No encontraba en el cuadro del pensamientoantiguo categorías que permitiesen pensar esta nueva52
  50. 50. realidad. Lo genial de Ireneo ha consistido en inven- tar una dimensión nueva del ser para expresar este dato. Y esta noción es la de progreso (1). Si el hom-bre ha sido creado en estado de imperfección, no ha sido porque Dios fuera impotente para crearlo per-fecto, ni a consecuencia de quién sabe qué pecadoanterior o qué caída de un mundo preexistente: sim-plemente es así porque entra en el orden de las cosascreadas que tengan un comienzo, un desarrollo y untérmino. Ireneo respondía así a la más grande di-ficultad que el pensamiento antiguo oponía al cris-tianismo, la de la demora de la Encarnación: "Si al-guno dice: ¿Qué? ¿No podía Dios crear al hombreperfecto desde el principio? Sepa que todo es posiblea Dios, en cuanto El es siempre el mismo. Pero lascosas por El hechas, en cuanto debían tener un co-mienzo en su propia existencia, era necesario quefueran inferiores a quien las ha hecho. Ni cosas re-cientemente creadas podían ser ingénitas. Por elhecho de que no son ingénitas, carecen de perfec-ción. En cuanto son recientes, son también infanti-les; y en cuanto infantiles, no habituadas ni ejerci-tadas en el obrar perfecto. Lo mismo que una ma-dre muy bien puede darle alimento sólido a un niño,estando en éste la incapacidad de recibir un alimentomuy fuerte, así Dios era sin duda capaz de dar alhombre la perfección desde el principio, pero elhombre era incapaz de recibirla porque era niño.Por eso también nuestro Señor en los últimos tiem-pos, recapitulando en Sí todas las cosas, ha venido (1) Véase Prümm, Göttliche Planung und menschlische Entwickelungbei Jrenaeus, Schlaslik, 1938, pp. 206s. 53
  51. 51. al mundo, no como El podía, sino como nosotrospodíamos verle. Podía venir a nosotros en su gloriainefable, pero nosotros no podíamos sobrellevar lagrandeza de esta gloria. Y por eso, aquel que era elpan perfecto del Padre, nos ha ofrecido un poco deleche como a pequeñuelos, a fin de que, como niñosa los pechos, acostumbrados por esta lactación acomer y beber el Verbo de Dios, pudiésemos recibiren nosotros el Espíritu del Padre, que es el pan dela inmortalidad" (IV, 38; P. G. VII, 1105 A - 1106 A). Este texto nos introduce en el corazón del pen-samiento de Ireneo. El plan de Dios, que se con-forma al orden de las cosas según el cual todo debecomenzar por poco y crecer paulatinamente, se dis-tribuye en dos grandes etapas, en el interior de cadauna de las cuales existirá un crecimiento: estas dosetapas son primeramente la creación de Adán, y lue-go la venida de Cristo. Ireneo describe ante todo laprimera. Y esta concepción del estado primitivo delhombre es de verdad notable en él. Dios ha creadola humanidad niña (2), a la cual no exige sino loque ella puede dar, y a la cual acostumbrará pocoa poco a dar más, por medio de una sabia pedagogía.Esta humanidad niña, Ireneo la describe: Adán yEva han sido creados niños (III, 22; 959 A). Su pe-cado ha sido un pecado de negligencia (IV, 40; 1114A). El gran culpable es la serpiente, el enemigo delhombre, que quería esclavizarlo y lo ha engañado.Adán y Eva son más bien víctimas que culpables. Yla redención es una liberación más que una expia- (2) Esto viene de Teófilo de Antioquía, Ad Autolycum, II, 25; edBardy (Sources chrétiennes), p. 161.54
  52. 52. ción. Por otro lado, ellos se arrepintieron en segui-da (III, 23; 963 A-B). La expulsión del Paraíso y lamuerte no son castigos sino medios de salvación:"Dios lo ha arrojado del Paraíso, no para privarlodel árbol de la vida, sino por misericordia, para queno perseverase en su falta, y para que el pecado quehabía en él no fuese inmortal y el mal incurable ysin término. Ha puesto un límite a la transgresiónpor medio de la muerte que hace cesar el pecado porla disolución de la carne" (III, 23; 964 A). Volvere-mos a encontrar estas ideas a través de la gran tra-dición oriental, en san Atanasio y en san GregorioNiseno. Se ve la extremada benevolencia de esta actitud,debida en gran parte a una reacción contra el pesi-mismo de los gnósticos. Se explica sobre todo por lavisión de Ireneo, según la cual era necesario que elhombre comenzase siendo un niño frágil: "Muy bienpodía Dios otorgar la perfección al hombre desde elprincipio, pero éste, recién creado, no podía sobre-llevarla. Por eso, el Hijo de Dios, que era perfecto,se ha hecho niño con el hombre, no por sí mismosino por razón del hombre, para que el hombre lopudiese recibir. . . Según el plan de Dios, el hombrees creado para ser a imagen y semejanza del Diosincreado, consintiéndolo y ordenándolo el Padre,obrando y creando el Hijo, nutriendo y acrecentan-do el Espíritu Santo, y el hombre progresando pocoa poco y alcanzando la perfección. . . Era necesarioque el hombre fuera primeramente creado, luegocreciese y se fortificase, luego se multiplicase, paraser luego vivificado y glorificado; y, una vez glorifi-cado, contemplase a su D i o s . . . Así, son muy poco 55
  53. 53. razonables aquellos que no saben aguardar el tiem-po del progreso y atribuyen a Dios la deficiencia denuestra propia naturaleza. Desconociendo a Dios ya sí mismos, insaciables e ingratos, rehusan ser debuenas a primeras aquello que han sido hechos,hombres pasibles, y, conculcando la ley de la natu-raleza humana, antes de hacerse hombres quierenhacerse semejantes al Dios creador" (IV, 38; 1107B-C). La ley de crecimiento que se aplica a la historiade la humanidad, se aplica también a la de todohombre. Aquí todavía Ireneo combate a los gnósti-cos para quienes la naturaleza es algo malo, de loque pretenden liberarse. Para Ireneo la naturalezaes solo imperfecta, pero, en definitiva, buena: "Diosha hecho las cosas temporales para que, madurando,tuviese el hombre frutos de inmortalidad" (IV,4;983 B). El hombre natural es bueno y solo demandaser superado. En esta visión optimista el pecadomismo es justificado. Dios lo ha permitido para que"por experiencia comprenda el hombre lo que es elmal y se aparte de él" (IV, 39; 1109 C). Por ahícomprenderá su miseria y la grandeza de Dios yamará más a Dios (III, 20; 943 A). Esto mismo loencontraremos también en Orígenes y Gregorio deNisa. Una vez cumplida la educación del hombre ani-mal, del primer Adán —y ella se continúa a travésde todo el Antiguo Testamento— una vez que se hahecho capaz de llevar el Espíritu de Dios, entoncesinterviene la segunda etapa de la historia de la hu-manidad, que es una réplica de la primera en unplano superior. Es esta réplica a la que Ireneo da el56
  54. 54. nombre de recapitulatio (3). La palabra había sidoempleada por san Pablo (Ef 1,10), para significarla reunión de todas las cosas en Cristo en la pleni-tud de los tiempos. Ireneo la retoma pero cargándo-la de nueva riqueza. La palabra expresa ante todoen él el hecho de que Cristo es la cabeza (kefalé), dela nueva (aná) creación: "El creador del mundo esel Verbo de Dios; es Nuestro Señor hecho hombre alfin de los tiempos, viviente en el mundo, que con-tiene según su realidad invisible cuanto ha sido he-cho, y, en cuanto Verbo de Dios, domina sobre to-das las creaturas gobernando y disponiéndolo todo.Por eso es que ha venido a los suyos, se ha encar-nado y sufrido a fin de recapitularlo todo en Sí. Harecibido del Padre poder sobre todas las cosas por-que es el Verbo de Dios y el hombre verdadero, queparticipa en su espíritu de las realidades invisibles yestablece la Ley en el mundo sensible, para quecada cosa esté en su orden, y reina manifiestamentesobre las cosas visibles y humanas" (V, 18; VII2, 1174B). Así, el Verbo, que en cuanto Dios reina ya sobrela creación entera, viene a ser por la Encarnaciónel jefe y cabeza de esta creación en un nuevo sen-tido. Al modo que la primera ha sido la creaciónsegún la carne, cuyo jefe era Adán, así con la venidade Cristo en la carne se instaura un nuevo reino, quees una réplica del antiguo, pero cuya cabeza esCristo. A este primer sentido, próximo al de san Pablo,se añaden otros. Para instaurar efectivamente estereino nuevo, Cristo ha retomado en Sí toda la hu- í s ) Sobre esta noción véase Scharl, Recapitulatio mundi, 1941. 57
  55. 55. manidad. Esto debe entenderse en dos sentidos. Por una parte se trata de la realidad de la Encarnación. Cristo ha sido verdaderamente hombre. Ireneo in- siste en esto contra los Gnósticos: "Los Gnósticos dicen que uno es el Cristo que ha nacido y sufrido, y otro el Demiurgo. Ignoran que el Verbo de Dios, el Hijo único, que está siempre presente en el género humano, unido y mezclado a su creatura y hecho carne por la bondad de Dios, él es, Cristo Jesús, quien ha muerto y resucitado por nosotros. . . Por eso es que hay un solo Dios Padre, como lo hemosexplicado, y un solo Cristo Jesús Señor Nuestro queviene a través de toda la economía y lo recapitulatodo en Sí. Es plenamente hombre, creatura de Diosque recapitula al hombre en Sí, de invisible hechovisible, de incomprensible comprensible, de impasi-ble pasible, y de Verbo hombre, lo recapitula todoen Sí; de suerte que, así como en las cosas celestiales,espirituales e invisibles, el Verbo de Dios ocupa elprimer lugar, así también en las cosas visibles ycorporales tenga El el primado, asumiendo en Símismo la primacía e instituyéndose jefe de la Igle-sia para atraerlo todo a sí al tiempo fijado por Dios"(III, 16; 925 D - 926 A). Debe resumir en sí todo elhombre para establecer el reinado de Dios sobre to-do el hombre. Así deberá recapitular todas las eda-des de la vida h u m a n a : "Ha venido a salvar a todoslos hombres en Sí mismo, todos aquellos —digo—que por El renacen a Dios: bebés, infantes, niños,jóvenes, hombres maduros. Así ha atravesado todaslas edades, hecho niño por los niños, santificandoa los niños; joven con los jóvenes, ofreciéndoles suejemplo; adulto con los adultos para ser el maestro58
  56. 56. perfecto en todo, no solamente en la exposición dela doctrina sino también según la edad" (II, 22;784 A). De esa forma Cristo ha santificado en Sí, reto-mándolos, todos los aspectos de la humanidad; hasido hombre completo para salvar completamenteal hombre. Pero eso no es todo todavía. No tomasolo la humanidad como esencia ideal, sino que juntaen Sí a la humanidad en su totalidad concreta, esdecir que toma a su cargo a la humanidad enteratal como ha existido desde los orígenes, con todossus pecados, para repararla y restaurarla en Sí: "Sereclamará toda sangre justa derramada desde Abel.Esto indica la recapitulación de toda sangre justaderramada desde el comienzo, que debía tener lugaren El, y la justicia de esa sangre que sería reclamadaen El. El Señor no habría recapitulado en Sí estascosas si El mismo no se hubiera hecho carne y san-gre según su creación, salvando finalmente en Símismo lo que había defeccionado al comienzo enAdán" (V, 14; 1161 A-B). Esta recuperación de lahumanidad pecadora tiene su comienzo por Adán.Ireneo vuelve sobre esto varias veces: "Era necesa-rio que Cristo, que venía a salvar la oveja perdida,a hacer la recapitulación de una tal economía y enbusca de su creación, salvase a aquel hombre quehabía sido creado a su imagen y semejanza, es de-cir, a Adán" (III, 23; 960 A-B). En este sentido larecapitulación es la reunión no de todo el hombresino de todos los hombres: "Por eso Lucas exponeque la Genealogía que va del Señor a Adán constade setenta y dos generaciones, uniendo el fin al co-mienzo y significando que es El quien ha recapitu- 59
  57. 57. lado todas las naciones dispersas desde Adán, y laraza humana con Adán mismo. Por eso Adán es lla-mado por Pablo la figura de Aquel que ha de venir,porque el Verbo creador de todas las cosas habíaprefigurado en él la disposición futura de su Encar-nación, formando Dios primeramente el hombre ani-mal para que sea salvado por el espiritual" (III, 22;958 B). Ireneo nos lleva por sí mismo al texto de sanPablo que está en la base de su sistema. Ahora bien,este texto significa dos cosas. Indica ante todo queCristo es el Nuevo Adán que retoma la creación demanera definitiva. La primera había sido carnal, lasegunda es espiritual. De ninguna manera se trata,pues, de un retorno al estado primitivo. Se trata deinstaurar el hombre espiritual, como Adán ha ins-taurado el hombre animal por el que era nece-sario comenzar. Pero al mismo tiempo estas dos ins-tauraciones presentan algunas semejanzas. La pri-mera es el tipo (typos) de la segunda. Aquí es dondeaparece un nuevo sentido de la palabra recapitula-ción, que es la continuación de los otros y no seentiende sino por ellos —en cual por otra parte esel que nos interesa más especialmente porque por élla teología de la recapitulación desemboca en la ti-pología que viene a ser un aspecto suyo. Entre Adán,con las circunstancias que rodean su pecado, y Cris-to, con las circunstancias que rodean la redenciónque repara el pecado, se darán correspondencias quesubrayan en el plan de Dios el hecho de que el se-gundo es precisamente la réplica y recapitulacióndel primero. Tomemos algunos de esos rasgos en queAdán aparece como figura de Cristo. Algunos, como60
  58. 58. hemos dicho, consisten en oposiciones. A la manera que por la desobediencia de Adán hemos sido hechospecadores, así somos salvados por la obediencia de Cristo. "Si no se hubiera hecho carne y si no hu-biera obedecido como carne, sus obras no habrían sido verdaderas". De esa forma era preciso que "re-capitulase la antigua creación" (III, 18,6; 938 B).Esto está ya en san Pablo. Pero el texto contieneun rasgo nuevo. Adán "que fue hecho el primero dela tierra virgen" es comparado a Cristo "que nacióel primero de una virgen". De este modo se da unasemejanza entre el nacimiento de Adán y el de Cristo. Este rasgo le resulta tan importante a Ireneo,que vuelve sobre él más abajo : "Lo mismo que Adán,el primero creado de la tierra inculta y todavía vir-gen, tuvo su sustancia y su formación de la manode Dios, es decir, del Verbo de Dios (todo ha sidohecho por El), y que el Señor tomó un poco de polvode la tierra y formó al hombre, así, recapitulandoen Sí a Adán, el Verbo mismo, tomando su existenciade María que era siempre virgen, tuvo una genera-ción que recapitulaba la de Adán" (III, 21; 955 A).Estamos en el corazón de nuestro asunto: la reca-pitulación es precisamente la reproducción por Cris-to de aquello que había sido la obra de Adán, peroen un plano superior. E Ireneo continúa: "En efecto,si el primer Adán hubiese tenido por padre un hom-bre y hubiese nacido de semilla humana, se diría conjusticia que el segundo Adán ha nacido de José. Pe-ro si Adán ha sido sacado de la tierra y formadopor el Verbo, era preciso que el Verbo mismo, ve-rificando en Sí la recapitulación de Adán, tuviesela semejanza (similitudo), de su generación. Pero, 61
  59. 59. ¿por qué Dios no ha tomado nuevamente un poco depolvo, sino que lo ha hecho nacer de María? Paraque la formación no fuese distinta, ni distinto lo sal-vado, sino que esto mismo fuese recapitulado con-servando la semejanza" (III, 21; 955 B). Aquí todoslos rasgos están reunidos: la recapitulación exigeuna semejanza —y, sin embargo, una diferencia. Elsentido parece ser que Jesús había de tener su vidade la raza de Adán para que esta raza, en El recapi-tulada, fuese salva. Como el nacimiento de Adán figura el nacimien-to de Cristo, así también sucede con su muerte. Estoparece más extraño. Hay que leer el texto de Ireneo:"Murieron el día en que comieron (el fruto prohibi-do), puesto que la creación es como un día. Si, aten-diendo a la secuencia de los días, según la cual hayun primero, un segundo, un tercer día, alguien quie-re precisar en cuál de esos días murió Adán, lo en-contrará según la vida de Cristo. Efectivamente, re-capitulando en Sí todo el hombre, desde el comienzohasta el fin, ha recapitulado también su muerte. Porello es claro que el Señor ha padecido la muerte porobediencia al Padre el día en que Adán murió pordesobedecer a Dios. Por eso el Señor, recapitulandoen Sí ese día, vino a la pasión la víspera del Sábado,que es el sexto día de la creación, aquel en que elhombre fue creado, trayéndole una segunda crea-ción, a partir de la muerte, por su pasión" (V, 23;1185 B-C). Hay como un doble razonamiento en estepasaje. Por una parte la muerte de Cristo corres-ponde a la muerte de Adán porque el sexto día, quees el de la muerte de Cristo, es como la figura delsexto día que es el de creación entera, puesto que62
  60. 60. ella es como un solo día, lo cual significa que Cris-to recapitula la creación y también Adán que es co-mo su símbolo. Por otro lado, de la corresponden-cia entre Adán y Cristo se puede deducir más pre-cisamente que, en sentido literal, Adán ha muerto unviernes, puesto que Cristo debía morir un viernes.El razonamiento parece muy osado, pero su interésestá en constatar a qué particularidades lleva Ireneoel paralelismo de los dos Adanes. Autores cristianos que van a aparecer en se-guida llevarán todavía más lejos esta corresponden-cia entre los detalles de la escena del Paraíso y losdel drama del Calvario. Podemos tomar un ejemplode Cirilo de Jerusalén: "Adán recibió la condena-ción : maldita la tierra en sus obras; te producirá es-pinas y cardos. Por eso Jesús ha tomado las espi-nas para arrancar la maldición; fue sepultado en latierra para que ella, que estaba maldita, recibiesela bendición en lugar de la maldición. Al tiempo delprimer pecado, las hojas de higuera sirvieron devestido; así Jesús ha dado un fin a las higueras enuna higuera. . . Y, ya que hemos tocado la cuestióndel Paraíso, admiro la verdad de las figuras: en unparaíso la caída, en un jardín la salvación; del leñoel pecado, y hasta el leño el pecado; por la tardebuscaron escapar a los ojos del Señor y por la tardeel ladrón es introducido por el Señor en su Paraíso...Una mujer fue origen del pecado, formada del cos-tado, pero habiendo Jesús venido a traer la graciadel perdón lo mismo a los hombres que a las muje-res, le fue abierto el costado, por las mujeres, paraborrar su pecado" (P. G., XXXIII, 796 A-B; 800 A).Nótese el cuidado en hacer coincidir los detalles ma- 63
  61. 61. teriales de la escena del jardín con los detalles ma-teriales de la escena del Calvario: la corona de es-pinas corresponde a las espinas de Gén 3,18 (4); lahiguera maldita a los cinturones de hojas de higuera.Esto, que encontrábamos ya en Ireneo, está muyacusado en Cirilo y parece tener algo que ver consu origen jerosolimitano. Era muy natural que elinterés por la vida exterior de Cristo fuese más vivoen Jerusalén. Es algo que caracteriza tanto a la exé-gesis como a la liturgia de Jerusalén (5). Pero estosexcesos no nos deben hacer olvidar la significaciónteológica de la correspondencia de los dos Adanes.Y el mérito de Ireneo está en haberlo valorado ple-namente. Hemos dejado de lado hasta ahora un aspectode la recapitulación: el que concierne al paralelis-mo entre Eva y María. Ya, antes de Ireneo, apareceen Justino: "Comprendemos que Jesús se ha hechohombre por la Virgen, de suerte que allí donde em-pezó fuese también donde terminase la desobedien-cia. Eva era virgen, intacta; habiendo concebido porla palabra de la serpiente, engendró desobedienciay muerte. Ahora bien, la Virgen María concibió fey gozo cuando el Angel Gabriel le anunció la buenanueva" {Dial., L, 45). El pasaje es interesante paramostrar que el paralelo entre Eva y María es ante-rior a Ireneo y se vincula a la tradición más antiguadel cristianismo. Pero queda en pie que ha sido Ire-neo quien le ha dado todo su desarrollo injertándoloen su perspectiva general de la recapitulación. (4) Este aspecto se vuelve a encontrar en el Seudo-Crisóstomo (¿Hi-pólito?), P. G., LIX, 744. (5) Baumstark, Liturgie comparée, p. 167.64
  62. 62. Esto es lo que nos muestra con toda claridad el pasaje siguiente: "Por eso, recapitulando todas las cosas, ha recapitulado también (esta escena), provo- cando la guerra contra nuestro enemigo y aplastan- do a aquel que al principio nos había hecho cautivos en Adán, tal como el Génesis refiere que le fue di- cho por Dios a la serpiente: "Pondré enemistad en- tre ti y la mujer". Los profetas anunciaron que poraquel que debía nacer de la Virgen sería quebran-tada la cabeza de la serpiente. . . Y, en efecto, el ene-migo no habría sido vencido fácilmente si el hom-bre que lo ha vencido no hubiese nacido de la mu-jer. Por la mujer dominó al hombre en un principio.Por eso el Señor asegura que El mismo es este Hijodel hombre, de quien se ha hecho esta formaciónsegún la mujer, que recapitula en Sí m i s m o . . . El Se-ñor, en efecto, no habría recapitulado en Sí mismoesta antigua y primera enemistad contra la serpiente,cumpliendo la promesa del creador, si hubiese ve-nido de otro Padre" (V, 21; 1179 A-B). Encontramos,a propósito de la victoria sobre la serpiente, el temaya visto del nacimiento virginal, necesario a la per-fecta correspondencia entre Adán y Cristo. El mismoVerbo es el autor de esta humanidad que tomaráde María; no procede de otro padre. Este paralelismo entre Eva y María es precisadopor Ireneo en otro pasaje: "La Virgen María semuestra obediente al decir: He aquí la esclava delSeñor. Hágase en mí según tu palabra. Eva se mues-tra desobediente: en efecto, ella no ha obedecido,siendo todavía virgen. Así como ésta ha sido causade la muerte para sí y para todo el género humano,así María, por su obediencia, ha sido causa de sal- 65
  63. 63. vación para sí y para todo el género humano. Poreso es que la Ley llama a aquella que estaba des-posada, mujer de quien la había elegido, significandola recuperación (recirculatio), de Eva por María,porque lo que había sido atado no podía ser desata-do si la sucesión de nudos no era recorrida en sen-tido inverso, de suerte que la primera unión fueseliberada por la segunda, y que la segunda, a su vez,liberase a la primera" (III, 22; 959 A-B). Así, eranecesario que la recapitulación recorriese de nuevolos caminos que había hecho la primera plasmadopara poderla restaurar y elevar. Es una misma rea-lidad que debía ser retomada —y era preciso queesta semejanza fuese notoria; o mejor, la recupe-ración no habría sido real si no hubieran sido lasmismas cosas las recuperadas, la serpiente vencida,Adán salvado, y la Virgen medio de salvación. Latipología es aquí la expresión misma de la teología:el dogma de Cristo nuevo Adán y la mediación ma-riana descansan sobre la significación tipológica delrelato del Génesis. Rechazar esta tipología sería po-nerse en contra de toda la tradición eclesiástica queha hecho suyos los puntos de vista de Ireneo, quea su vez no son más que el eco de la tradición másantigua. Toda esta doctrina es retomada por Ireneo en laDemostración de la Predicación Apostólica: "Comopor nuestro primer padre Adán todos estábamos en-cerrados y encadenados en la muerte a causa de sudesobediencia, era justo y necesario que el yugo dela muerte fuese quebrantado por la obediencia deaquel que se ha hecho hombre por nosotros. Puestoque la muerte había establecido su imperio sobre el66

×