Etimos~1

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Etimos~1

  1. 1. Ramón R. Abarca Fernández Arequipa, 2005
  2. 2. Ramón R. Abarca Fernández CONNTENIDO 1.- Prolegómenos 1.1. Ética, moral y costumbres: definiciones, finalidades, método 1.2. Normatividad, responsabilidad y juicio 1.3. Pluralismo y relatividad moral, ética y libertad de conciencia 1.4. El hecho social es moral?: Respuestas e implicaciones personales y sociales 1.5. Propósito de la ética social y sus instrumentos 2. Dignidad humana 2.1. Vida y dignidad humana: individuo y persona. 2.2. Realidad humana: Derechos, expresiones, características 2.3. Sistemas críticos de los derechos humanos 2.4. Actos que atentan contra la vida y la dignidad?: Tortura, homicidio, genocidio, aborto 3. Persona y sociedad 3.1. Familia y sociedad: ética de la vida y familia 3.2. Individuo y sociedad: ciudadanía, participación y responsabilidad 3.3. Solidaridad y subsidiaridad: decisión política y solución de conflictos 3.4. Libertad y justicia: pena de muerte, cadena perpetua 3.5. Sociedad y comunicación: ética y libertad de expresión 4. Economía y ética 4.1. Actos económicos y sus responsabilidades 4.2. Desarrollo con pobreza?: implicancias y políticas sociales 4.3. Educación y empleo: responsabilidad compartida 5. Ética y cultura 5.1. Diversidad cultural: mimetismo, inculturación, aculturación, interculturalidad 5.2. Ética, arte y estética 2
  3. 3. Ramón R. Abarca Fernández OBJETIVOS 1. Conocer y comprender los rasgos específicos de la moralidad humana en su práctica individual y social, valorando el significado de la dignidad personal, de la libertad y de la autonomía moral en todos los seres humanos. 2. Comprender la génesis individual y social y la historicidad de los valores y de las normas morales, asumiendo críticamente que constituyen una construcción histórica de los seres humanos sujeta a cambios, pero también dotada de cierta capacidad de universalización y de intersubjetividad, como se muestra en la Declaración Universal de Derechos Humanos. 3. Identificar y valorar críticamente el pluralismo cultural y moral de las sociedades modernas, tratando de comprender las razones morales en que se apoyan los distintos planteamientos éticos que conviven en ellas. En concreto, se debe potenciar el estudio del espacio cultural europeo como un espacio de valores morales muy importante en la construcción del futuro de la humanidad. 4. Identificar y analizar los principales conflictos morales del mundo actual en los que se manifiesta tesis antropológicas y éticas diferentes y/o contrapuestas, tales como materialismo y espiritualismo, liberalismo y socialismo, individualismo y comunitarismo, universalismo y contextualismo. 5. Identificar y analizar los principales proyectos éticos contemporáneos, sobre todo los Derechos Humanos, tratando de comprender sus aportaciones originales y las tentativas de solución que proponen sobre los principales problemas morales de nuestra época. 6. Identificar y analizar las diferentes formas de organización política de las sociedades actuales, sobre todo el sistema democrático y el Estado social de derecho, valorando críticamente sus logros, sus deficiencias y su horizonte ético de búsqueda incesante de la justicia. 7. Conocer y valorar las principales aportaciones teóricas de la historia de la ética y sobre todo las que más han contribuido al reconocimiento de los derechos y libertades individuales, sin olvidar las exigencias del deber moral en todas las culturas humanas. 8. Utilizar adecuadamente el procedimiento dialógico y el debate como instrumentos esenciales en el planteamiento de los conflictos y dilemas morales y como medio idóneo para estimular la capacidad argumentativa. 9. Participar de modo racional y constructivo en las actividades de clase, individualmente o en grupo, tratando de comprender y asumir las tesis y las actitudes éticas de los otros en un clima de diálogo y de tolerancia positiva. 10.Iniciar la creación personal de los propios principios y valores morales de modo autónomo, consciente y crítico, adoptando progresivamente hábitos de conducta moral acordes con esos principios, así como estimular una autoimagen positiva y una autoestima adecuada a las capacidades y actitudes de cada alumno/a. 3
  4. 4. Ramón R. Abarca Fernández IDEAS PREVIAS “Si nos preguntamos: el ¿por qué de la moral? debemos retomar las ya célebres dudas de Agustín de Hipona y la muy difundida de Descartes, que, a nuestro modo de entender, vienen a refrendar la fundamental y seria decisión de Sócrates ante sus discípulos que le rogaban fugara y no bebiera la cicuta. Pero Sócrates, impertérrito y muy seguro de sus actos, bebió la cicuta ordenando a sus discípulos que no hicieran nada en contra de las decisiones asumidas por él, en atención al cumplimiento de la sentencia que los jueces dictaron en contra suya. Por qué esta gran decisión? Si Sócrates perfectamente podía huir, por qué no lo hizo? Si la sentencia era injusta, por qué se sometió a ella?. Si Sócrates tenía certeza de poseer la verdad, por qué debió aceptar la sentencia judicial? En qué se basaba Sócrates para estar seguro de poseer la verdad y de no haber incurrido en falta alguna? Y, ¿por qué Russel escribió: "encuentro que ha valido la pena vivirla, y la viviría otra vez con alegría, si se me ofreciera la posibilidad de ello"? (Autobiografía, 1962). O, por qué Wittgenstein, antes de morir, según recuenta N. Malcolm, susurró a la señora Baven: "¡Decidles que he tenido una vida maravillosa!"?... Un razonamiento lógico y secuencial nos induce a considerar los siguientes enunciados: “1° Si el hombre tiene derecho a la felicidad, ésta no pude ser por partes ni por parches, sino total, es decir, el hombre sólo encuentra su felicidad al encontrarse a sí mismo, al descubrir su origen y, consecuentemente, su Fin total que lo va alcanzando grado a grado según su perfeccionamiento; pues la vida moral consiste en desarrollar, hacia el más alto grado, las posibilidades de su naturaleza obrando en toda circunstancia según las exigencias de la razón. 2° Ese encontrarse a sí mismo, permite al hombre descubrir el bien común, el bien de la sociedad y del universo como un todo, porque el ser humano, como actor racional, es tan integrante del universo como de la sociedad; pues, el fundamento de la moral es la misma naturaleza del hombre. El bien moral es todo objeto, toda operación que permita al hombre realizar las virtualidades de su naturaleza y actualizarse según la norma de su esencia, que es la de un ser dotado de razón. 3° La regla objetiva de la moralidad, la ley moral o ley natural, no puede derivarse sino, y exclusivamente, del fin del hombre, y la regla subjetiva de moralidad, esto es, la conciencia del hombre, no puede encontrarse sino en el hombre mismo, que es quien aplica la regla objetiva a sus propios actos individuales, como ser racional y sólo por ser exclusivamente racional. 4° En este contexto, es fácil distinguir el camino que el hombre sigue para alcanzar su fin o bien, esto es, los actos morales, de aquel acto moral defectuoso, o, concretamente, de la falta contra sí o contra los demás; entonces, sí podemos hablar de construcción o destrucción, de virtudes o de vicios. 5° En esta secuencia, es fácil comprender la libre actividad de los hombres como miembros integrantes de la comunidad social, actividad que debe estar ordenada al bien común.”. Los precedentes pensamientos expuestos por el suscrito en el 5º Coloquio Nacional de Filosofía organizado por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en 1996, los ponemos a consideración del alturado lector a fin de que puedan orientar el trabajo académico sobre el ser y hacer de la ética y la moral social. Aquí se hace necesario analizar, reflexionar y actuar con conocimiento de causa y con decisión libre a fin de poder impregnar en nuestros actos la correspondiente responsabilidad. Amigo lector, lee, actúa, evalúa y emite la crítica fundamentada. 4
  5. 5. Ramón R. Abarca Fernández 1. PROLEGÓMENOS El hecho moral se da concretamente y en su darse nos abre a un valor fundamental de la relación social, la solidaridad y su vulnerabilidad mediante acciones específicas que podemos calificar como más o menos correctas. (G. Hoyos) Competencia: Distingue, expresa y valora la diferencia entre ética, moral y costumbres al amparo de las responsabilidades que la libertad de conciencia manifiesta en las acciones personales y grupales. 1.1.ETICA, MORAL Y COSTUMBRES: DEFINICIONES, FINALIDADES, MÉTODO Se entiende por ciencia, la investigación de un determinado sector de la realidad, con método que puede analizarse racionalmente y con vistas al logro de un conocimiento fiable y seguro, estableciendo las bases, lazos y conexiones del respectivo sector de la realidad. Por tanto, se ordenan hacia el concepto de “ciencia” los sistemas de afirmaciones, principios y normas obtenidos a través de un conocimiento metódico y sistemático. Ello nos lleva a designar con el nombre de ciencia el sistema parcial y relativamente autónomo de la sociedad en el que se cultivan la investigación y el estudio (las universidades y las instituciones y seminarios científicos extrauniversitarios). Monserrat Payá, citando a P. Ortega manifiesta que “el desarrollo de la ciencia no puede ser pensado más en función del sólo saber, sino que debe ser contemplado desde su ineludible vertiente de responsabilidad, desde el compromiso ético. La educación en valores, a la vez que la formación de actitudes positivas hacia esos mismos valores, son contenidos irrenunciables en la tarea educativa. Ambos (actitudes y valores) se convierten, de hecho, en el motor del proceso educativo y en aquello que da coherencia y sentido dinamizador a los diversos elementos que configuran dicho proceso” ( Educación en valores, Ed. Desclée De Brouwer, Bilbao, 1997, p. 151) Sin pretender hacer un estudio global sobre la clasificación de las ciencias, por ahora, sólo consideramos la división que más o menos funcionó entre ciencias de la naturaleza, por una parte, y por otra, ciencias del espíritu y ciencias sociales. Estas últimas se ocupan de la discusión ético- científica actual, hecho que responde al estado del problema. Considerando la cantidad de problemas que hoy discute la filosofía de la ciencia, el concepto de ciencia sólo puede entenderse en un sentido analógico; no olvidando que la noción de ciencia conlleva necesariamente un objetivo de estudio y un método, o la forma de estudiar dicho objetivo. En atención a este preámbulo, el vocablo ética, procedente de dos raíces griegas diferentes: ĕϑος (costumbre) y йϑος (hábito, forma habitual de obrar), puede designar el conjunto de convicciones, usos y formas de conducta del hombre individual, que éste lleva consigo como una disposición natural o que ha conseguido mediante el ejercicio, la costumbre y/o la adaptación. Pero ethos puede indicar, asimismo, un tipo de moralidad que se observa en varias personas. Según su etimología, la ética o filosofía moral tiene como objeto aquella tarea del hombre por la que éste llega a conseguir una manera permanente de ser y de actuar, un “carácter”. Esto no es algo que viene dado al ser humano, sino algo que adquiere con la práctica La ética (o ciencia de la costumbres) es la ciencia que trata de las acciones morales del hombre. La ética estudia y enseña las normas generales, conforme a las cuales el hombre debe dirigir sus acciones y omisiones, para que sean moralmente buenas y constructivas. 5 Hábitos Actos Carácter
  6. 6. Ramón R. Abarca Fernández La repetición de actos iguales genera unos hábitos que van conformando nuestro carácter, el cual, una vez adquirido, fomenta la realización de dichos actos. “El adjetivo “moral” tiene dos significados que corresponden a los del sustantivo de moral, a saber: 1) pertinente a la doctrina ética; 2) pertinente a la conducta y, por lo tanto, susceptible de valoración moral positiva. Así, no sólo se habla de actitud moral o de persona moral, para indicar una actitud o persona moralmente valiosa, sino que se entienden, con las mismas expresiones, cosas positivamente favorables, es decir, buenas”. (Nicola Abbagnano, Diccionario de filosofía, Ed. Fondo de cultura económica, México, 1992) De ahí que, en el segundo significado, se habla de moral de recompensa, como cuando Espinosa en su Ética habla de que “la felicidad no es un premio que se otorga a la virtud, sino que es la virtud misma”, o de moral impositiva y tributaria. Etienne Gilson sustenta que “una moral cuyos principios están tan profundamente enraizados en lo real, dependiendo tan estrechamente de la estructura misma del ser al que rigen, no experimenta ninguna dificultad para fundamentarse. El fundamento de la moral es la misma naturaleza humana. El bien moral es todo objeto, toda operación que permita al hombre realizar las virtualidades de su naturaleza y actualizarse según la norma de su esencia, que la de un ser dotado de razón.” (El tomismo: introducción a la filosofía de Santo Tomás de Aquino, Ed. Universidad de Navarra, S. A., Pamplona, 1989, ps. 492-93). Donde existe un grupo humano, encontramos la existencia de unas normas morales en las que creen y a las que se atienen los individuos que lo integran. Este hecho es el que corresponde explicar a la ética, lo que permite concebirla como teoría cuyo objeto es el análisis de esa experiencia humana que llamamos comportamiento moral (conjunto de reacciones y actitudes de una persona ante unas normas morales en las que cree y a las que se atiene y ajusta), considerado en toda su universalidad y variedad. La existencia de normas reguladoras del comportamiento humano es el punto de partida y objeto propio de la ética, que debe proceder en esto como las demás ciencias, tratando de establecer sus principios generales y sometiéndolos a parecidas exigencias de racionalidad, objetividad y sistematización. Juan Luís Lorda manifiesta que “si hubiera que dar una definición sencilla de lo que es la moral, de lo que esta palabra significa cuando se inventó, se podría decir que moral es el arte de vivir. Sin más. Vale la pena explicar un poco los términos de esta breve definición. La moral es un arte como es un arte la pintura, la escritura, saber vender, tocar el piano o tallar la madera. Por arte se entiende el conjunto de conocimientos teóricos y técnicos, las experiencias y las destrezas que son necesarias para desempeñar con maestría una actividad” (La Moral el arte de vivir, p. 17). Montserrat Payá Sánchez, realizando una revisión de los planteamientos de Piaget, manifiesta: “partiendo de la idea de que ‘ninguna realidad moral es completamente innata’, comienza a analizar el origen de las normas para concluir que se encuentra en las relaciones interindividuales. Este es otro punto diferencia respecto a Durkheim: Piaget pone más énfasis en la socialización mediante el grupo de iguales, que en las personas adultas como agentes socializadores, como sí hace Durkheim. Es la influencia de las relaciones interpersonales la que modela la conducta moral, influencia que queda materializada bajo la noción de respeto, punto de partida de las adquisiciones morales: ‘Toda moral consiste en un sistema de reglas y la esencia de cualquier moralidad hay que buscarla en el respeto que el individuo adquiere hacia estas reglas’ (Piaget)”. (Educación en valores para una sociedad abierta y plural: aproximación conceptual, 1997, ps. 116-117) Debemos precisar que la ética no es una ciencia estricta; pues, desde Galileo, las ciencias tratan fenómenos, principalmente fenómenos de la naturaleza: física, química, geología, biología. La historia, la psicología, la economía y la sociología son ciencias a medias o ciencias, tan sólo que se esfuerzan por ser tales. Las matemáticas y la lógica son ciencias de pleno derecho, aunque formales; 6
  7. 7. Ramón R. Abarca Fernández es decir, saberes que se ocupan, no de lo que se piensa, sino de lo que uno piensa correctamente, sin contradecirse, con el propio discurso mental. La moral, no es ciencia, sino, más bien, un código concreto de prescripciones y de prohibiciones. No es una ciencia, sino algo más, objeto de estudio por parte de alguna ciencia, como la sociología o la misma ética. La moral siempre es concreta: moral de los beduinos del desierto, moral de los terroristas, moral de los pueblos europeos durante el medioevo. No se trata de las costumbres de beduinos, terroristas o medioevales, de aquello que hacen o hicieron, sino de lo que consideraban su deber: es cuestión de lo que tenían que hacer según su propia conciencia. La ética es un saber, ciertamente, una reflexión; pero, ¿es ciencia estricta? No. Lo que estudia no son objetos sobre los que pueda afirmarse cosas verificables, como sucede con la química, por ejemplo, la ética trata de objetos o de cosas que valen, es decir, de valores. La ética es el estudio o reflexión que se hace en torno a los hechos morales, sean códigos de conducta o devenir histórico. La ética analiza el lenguaje moral (qué significa, por ejemplo, “Bien”, “Culpa”, “Deber”...), trata de fundamentar los códigos morales en general, busca demostrar que el ser humano posee estructura moral y, finalmente, explicar el origen histórico de las diversas morales. Las éticas no inventan moral, se limitan a reflexionar sobre ella. La costumbre, en general, es la repetición constante de un hecho o de un comportamiento, debido a un mecanismo de cualquier naturaleza, físico, psicológico, biológico, social, etc. En la mayoría de los casos, se admite que tal mecanismo se forma por repetición de los actos o de los comportamientos. Aristóteles afirma, en su Retórica, que “la costumbre es, en cierta forma, semejante a la naturaleza, porque ‘a menudo’ y ‘siempre’ resultan vecinos; lo natural sucede siempre, la costumbre a menudo”. Flores d’Arcais afirma que “la costumbre indica, en su definición más general, un conjunto de reglas de conducta ligadas a un grupo y practicadas por éste. Etnológicamente la historia de la costumbre se relaciona con el estudio de las tradiciones “culturales”; su evolución en el curso de los siglos pasados ha sido muy lenta y gradual, al permanecer en el ámbito de pequeñas agrupaciones relativamente estables.” (Diccionario de las ciencias de la Educación, 394) El vocablo “costumbres” del plural latino mores empleado en sentido moral, es el conjunto de costumbres (usos hábitos y maneras de vivir) vigentes en un grupo social (o sociedad). La ciencia de las costumbres se ocupa de estudiar las prácticas morales que han estado, o están vigentes en las distintas sociedades. El hombre es “quehaceres”: conducta animal y conducta humana. En la primera, sólo se da estímulo respuesta: la conducta del perro. En la segunda, se manifiesta la capacidad de elegir; la vida biográfica es quehacer, y, sobre todo, “quehaceres”. Cada uno es tener que hacerse. 7 EL VALOR Atrae Obliga Autoriza El Deber El derechoEl Bien Amor Obligación Justicia
  8. 8. Ramón R. Abarca Fernández 1.2. NORMATIVIDAD, RESPONSABILIDAD Y JUICIO Las ciencias actúan de tal modo que consiguen su objetivo cuando pueden explicar de forma satisfactoria lo que es una determinada realidad: 1) la zoología nos dice que un gato es un mamífero; 2) las matemáticas definen a una recta como una sucesión indefinida de puntos; 3) la química nos indica que el agua es un compuesto de hidrógeno y oxígeno. La ética añade algo cualitativamente nuevo a las otras ciencias dado que no se interesa tanto por lo que es de hecho una determinada realidad, cuanto por lo que debe ser. Sus juicios no son descriptivos, sino valorativos. No afirma, por ejemplo, que hay “hombres generosos”, sino que nos dice que “el hombre debe ser generoso”. No se contenta con afirmar que “se da el mal”, sino, sostiene que “el hombre debe evitar el mal”. La ética no se limita a exponer los hechos, sino que establece normas, normas a las que debe ajustarse la conducta del hombre. No es un saber descriptivo, sino normativo. La ética se ocupa de la conducta humana, pero no para analizarla, sino para juzgarla en elación con unas normas ideales comúnmente aceptadas. Si la conducta se ajusta a esas normas es definida como buena, si se opone a ellas es definida como mala. La moralidad se caracteriza por comparar y por poner en relación los actos con las normas. Por un lado tenemos actos: 8 Perro Carne 1 Estímulo 1 Respuesta - Juan - - Amigo 1 Estímulo (voz del amigo) hay que elegir ¿Respuesta – 1? ¿Respuesta – 2?
  9. 9. Ramón R. Abarca Fernández - “Ayer Juan robó un libro en una tienda” - “El testigo engañó a la policía para evitarse problemas” - “El alcalde de Yura entregó sus riquezas a los pobres” Por otro, nos encontramos con una serie de normas establecidas: - “No se debe robar” - “No debe mentirse” - “Hay que ser generoso con el prójimo”. Entonces, la moralidad pone en contacto los actos con las normas, y a continuación emite juicios: - “Ayer Juan obró mal” - “El comportamiento del testigo es censurable” - “La conducta del alcalde ha sido buena y ejemplar” Por tanto, la ética estudia los actos humanos no en cuanto simplemente realizados, sino en cuanto referidos a ciertas normas, en virtud de las cuales serán juzgados como buenos o malos. El desarrollo vertiginoso de los actuales medios de comunicación (transportes, prensa, radio, televisión, Internet, etc.) ha puesto en contacto a todas las culturas de la humanidad actual. Hasta hace poco tiempo, las distintas culturas vivían prácticamente encerradas en sí mismas, y las escasas influencias de unas sobre otras tardaban en manifestarse varios años, incluso varias generaciones. Es decir, las condiciones sociales y culturales, y consecuentemente las convicciones morales, cambiaban muy poco de una generación a otra. Esto tenía sus ventajas: el hombre sabía a qué atenerse en sus decisiones. La falta de comunicación entre las distintas comunidades fomentaba la intolerancia, cada grupo estaba convencido de que su código moral era el único verdadero, los demás estaban equivocados. Lo cual justificaba situaciones totalmente inaceptables para la moral actual: las cruzadas, las guerras de religión, los enfrentamientos y las disputas a causa de costumbres distintas, hoy consideradas totalmente indiferentes desde un punto de vista moral. En este contexto ¡Cuántas veces te han pedido cuentas por algo que has dicho o realizado!. El problema de la responsabilidad se halla estrechamente ligado al de la libertad humana, pues sólo 9 CONDUCTA Juicios descriptivos “X miente a Z” “Z no miente a X NOIRMA MORAL Juicio normativo: “No mentirás” relación mutua ACUERDO... DESACUERDO... CONDUCTA BUENA Juicio moral: “Z ha obrado bien” CONDUCTA MALA: Juicio moral: “X ha obrado mal”
  10. 10. Ramón R. Abarca Fernández en el caso de que la persona tenga cierta libertad de opción y decisión, cabe hacerle responsable de sus actos. El vocablo responsabilidad del latín responsum (respuesta) y dare (dar) manifiesta la obligación de responder por lo hecho, de reparar o satisfacer por el daño causado. Se funda en la imputabilidad. La persona debe responder de sus acciones libremente realizadas. Frente a la ética hasta ahora vigente, la conciencia del problema ha de ampliarse en un triple aspecto: 1) A la competencia o campo: no debe atenderse únicamente a la obligación de uno para con el otro, sino también al entramado solidario, especial de las personas jurídicas y de los más diversos representantes de intereses a favor de los desarrollos a escala mundial. 2) Al alcance: habrá de incorporar, por encima de la conservación del “ser humano” (biotecnología, técnica genética), corrigiendo la limitación antropocéntrica hasta ahora en uso, el entorno no humano en el sentido de una macroética planetaria. 3) Al horizonte, no sólo hay que conservar el respectivo actual, sino que han de examinarse los efectos de las propias actuaciones con vistas a su conciliación con las condiciones de un futuro genuinamente humano. Siguiendo el juego de interpelación y respuesta, ese concepto se desarrolla así: a. Una demanda (implícita o expresada con palabras) se experimenta en la conciencia como vinculante, como un deber “verbal”; b. En virtud de esa vinculación personal uno se siente inducido a obrar de acuerdo con la idea de la obligación y a “responder” así existencialmente a la demanda; c. Este proceso culmina y se cierra, cuando a alguien competente para ello se le da cuenta de lo intentado y ocurrido; es decir, uno “se responsabiliza”. Por tanto, debe distinguirse entre “responsabilidad” en el sentido de la competencia vinculante (como una carga) que ha de asumirse de cara a un determinado sector de la actividad o de la vida, así como en el sentido de tener que responder a la autoridad competente, por una parte; y por otra, la “responsabilidad” que apunta sobre todo a la obligación personal que de ello se deriva de dar cuenta de la propia acción u omisión y, si el caso lo requiere, reconocer la propia culpa y llevar a cabo una reparación. Obra con conciencia responsable quien vive en la actitud de dar cuenta y razón de su conducta. Pero, ¿cuál es la estructura inmanente en la situación de poder justificarse? a. El sujeto responsable (el “quién”), la persona capaz de una actuación moral (actus humanus), se encuentra en una relación doble; b. Se enfrenta a una instancia legitimada para el cuestionamiento (“ante quién”); c. Ante la cual debe justificarse por el objeto (“para qué”), tanto en lo que se refiere a las acciones, sus consecuencias y sus efectos secundarios, como a las personas o cosas. Estos tres factores acaban fundiéndose por la obligatoriedad (“de dónde”) que se deriva de la competencia que cada situación marca. 1) En concreto eso significa que, en la concepción actual, sólo puede hablarse de responsabilidad en la medida en que un sujeto actuante (quién) goza de conocimiento y libertad; es decir, en la medida en que ha conseguido una madurez social, que abarca los componentes intelectuales, voluntaristas y emotivos. La “cuestionabilidad” del hombre, así como su obligación de tener que “responsabilizarse”, pueden contemplarse desde esta perspectiva como un dato fundamental del hombre. El hombre se experimenta constantemente así, como deudor, que se enfrenta a exigencias (morales), pues en tanto que ser social (ens sociale) sólo puede realizarse en co-humanidad y solidaridad y frente a una autoridad o instancia. 10
  11. 11. Ramón R. Abarca Fernández 2) Siguiendo la dirección de 1 Cor. 4, 3s para la ética teológica se derivan tres tipos de instancias (ante quién) a las que ha de rendir cuentas: el cristiano se sabe responsable ante sí mismo (o más exactamente, ante su conciencia, como el “lugar” en el que se experimenta y conoce una demanda); en segundo lugar, y en sentido estricto, ante aquellas personas que en su propio nombre o en nombre de una comunidad pueden comisionar o cuestionar; y, finalmente, ante Dios, el único que realmente puede pedir cuentas sin limitación alguna (Rom. 14, 10-12; 2Cor. 5, 10). 3) En el “para qué” (objeto) de la responsabilidad, se trata en un sentido amplio y premoral, y en determinados casos, también de las consecuencias de la misma a largo plazo. Y en el sentido de la “máxima ético-responsable” se está dispuesto a responder de la misma. En un sentido restringido se trata (formalmente) de la bondad moral o de la inmoralidad de una acción o de una omisión, y de si por tanto se puede comparecer ante una instancia. Por lo que toca al contenido, la responsabilidad se refiere a diversos campos de competencia, a saber, al propio carácter y las posibilidades respectivas (Mt. 25, 14-30); luego a las personas que se les ha confiado a uno, o que por sí mismas no pueden (aún) asumir su propia responsabilidad (Mt. 25, 31-46; Lc. 16, 19-31); y, finalmente, aquellos cometidos, que le han sido confiados a un apersona. En un sentido análogo se es responsable de la “causa de Dios”, en cuanto que se está obligado a responsabilizarse y responder de la propia fe (Lc. 12, 8-12; 21, 12-15; He. 22, 1-21; 24, 10.21; 26, 1-23). 4) La obligatoriedad, que mantiene unidos a todos como una abrazadera (de dónde), puede definirse como una “vinculación en libertad”: el estar personalmente obligado puede derivar “de la naturaleza misma de la cosa”, de la ordenanza de una autoridad competente, o puede ser el resultado de una promesa voluntaria y libre. Como quiera que sea, ese estar obligado ha de ir de la mano de la libertad, como supuesto necesario para la imputabilidad. Pero la libertad es también el resultado de un buen descargo, cuando la autoridad competente exonera de algo. Dado que nunca puede valorarse todas las consecuencias de una acción, también el cálculo de los riesgos y de su posible compensación es propio de una persona consciente y responsable. Es preciso oponerse a la presión creciente a escapar a la presión de la responsabilidad o de volver a ponerse bajo la tutela de la obediencia. En el ámbito jurídico, es admitida la “persona moral” (una institución, la Administración del Estado, etc.), a la que se le imputa las consecuencias de sus actos, de la misma manera que ocurre con las personas individuales. Hay también una responsabilidad política, la obligación que incumbe a los integrantes de un Gobierno (y a cada político en general) de rendir cuentas de su actuación ante el órgano público. En todo este contexto, se requieren dos condiciones fundamentales para juzgar a quien es responsable de un acto que ha realizado: 1) Que la persona conozca las circunstancias y las consecuencias de su acción. Por tanto, debemos eximir de responsabilidad moral al que no tiene conciencia de lo que hace; por ejemplo, un enfermo mental profundo no puede ser considerado responsable de haber causado la muerte de una persona; igualmente, si un conductor atropella y mata a un peatón que inesperadamente irrumpe en la calzada sin darle tiempo a frenar, tampoco puede imputársele la responsabilidad del acto cometido. 2) Que la causa de sus actos esté en él mismo, y no en otro agente exterior que le obligó a actuar de cierta forma, al margen de su voluntad. Es decir, que el sujeto que efectúa la acción actúe libremente. Por ejemplo, si a un individuo X se le obliga, pistola en mano, a incendiar la casa del vecino, naturalmente que no se le puede considerar responsable del terrible acto. Algunas veces, la coacción no proviene del exterior, sino del interior del propio sujeto. La coacción interna también exime de responsabilidad. Una actuación responsable es posible en la medida en que un hombre somete a examen los principios o los puntos de vista que rigen su obrar. Actúa de manera responsable y consciente 11
  12. 12. Ramón R. Abarca Fernández cuando no se deja guiar por los criterios de comportamiento tradicionales sino por el conocimiento de lo que es correcto. El hombre de la actual civilización occidental (debido a las nuevas posibilidades de la técnica y de la medicina modernas que se le abren de continuo) se enfrenta una y otra vez con conflictos en los que ya no basta la conciencia moral cotidiana (por ejemplo, la protección del medio ambiente, la fecundación artificial, la manipulación de los genes, etc.). El hombre necesita de ayudas para decidirse en cosas que le remiten no sólo a la ética sino también a las ciencias empíricas. Tales reflexiones muestran que la ética es una ciencia práctica por la fijación de su fin: y su fin no es un saber por saber, sino una praxis más consciente y responsable. Toda reflexión práctica tiene una meta de conocimiento práctico, lo que, dadas las circunstancias, es correcto hacer aquí y ahora. Como ciencia, necesariamente permanece en el campo de lo general. Puede señalar unos principios y dar unos puntos de vista objetivos para el enjuiciamiento de las acciones. Lo que no puede es aplicar lo general al caso concreto. Eso es tarea de la fuerza del juicio práctico, que no se aprende en los libros, sino que en cualquier caso puede ejercerse tras un largo proceso de experiencia práctica. Según Aristóteles, la ética ha de recorrer el camino ascendente: partimos de un juicio moral concreto y nos preguntamos por los principios en que descansa. (Por ello la ética supone una praxis moral.) Empezamos por saber qué determinadas formas de conducta son buenas y qué otras son malas, y nos preguntamos después por la razón o el fundamento de que sean así. El moralista competente no viene definido como tal por la manera en que enjuicia un caso particular ni por los principios que a su vez defiende, sino, única y exclusivamente, por la posesión de ciertas propiedades; por ejemplo, un grado al menos medio de inteligencia y de experiencia de la vida en general, una posición consciente y autocrítica de la vida frente a unos prejuicios y tendencias personales, entre otras. Para el filósofo moral es importante investigar sobre qué principios descansan los juicios emitidos. Sin embargo, la inducción que el moralista competente hace de unos juicios sopesados no es una fundamentación propiamente dicha. Los principios que se obtienen con ella cuentan, en todo caso, con el beneficio de una supuesta validez, pero necesitan de una fundamentación propia. 1.3. PLURALISMO Y RELATIVIDAD MORAL, ÉTICA Y LIBERTAD DE CONCIENCIA El vocablo “pluralismo” tiene doble significado: uno en el ámbito de la filosofía y otro en el de la política. Filosóficamente, es la propuesta según la cual hay más de un tipo de realidad. Es una monadología que se funda en la creencia de que el universo esta compuesto de múltiples sustancias distintas que, en conjunto, forman diversas unidades ontológicas. Dentro de esta concepción, el dualismo sostiene la composición del mundo y del ser humano con dos sustancias fundamentales: materia y espíritu. Este planteamiento lo defiende Rudolph Hermann Lotze (1817-1881), aunque el término fue introducido por el inglés William James (1842-1910) a la filosofía. El pluralismo se contrapone al monismo. Políticamente, el pluralismo es la diversidad de ideas que interactúan libremente en una sociedad democrática y tolerante. Ellas abarcan todos los temas sociales. El pluralismo político significa la concurrencia de diversas ideologías. Montserrat Payá entiende “el pluralismo como característica más sobresaliente del momento social actual, - pluralismo cultural, ideológico, formas diferentes de entender lo que sea ‘la vida buena’ -, no posee la prerrogativa de universalización, aunque sí exige la salvaguarda de tal pluralismo que constituye un derecho legítimo. La ética discursiva puede aportar procedimientos abstractos y formales con pretensiones de universalización que regulen la coexistencia entre culturas diferentes, pero ella misma está marcada por un cierto etnocentrismo, por el cual la consideración del diálogo y la constitución de la comunidad dialógica suponen ya una opción cultural determinada. El principio 12
  13. 13. Ramón R. Abarca Fernández de justicia y la macroética de responsabilidad, en su acepción puramente formal, no parecen suficientes para garantizar esta coexistencia, dado que no incluyen necesariamente la consideración de la perspectiva de la otra persona. A este respecto, el principio de solidaridad podría ser la forma que diera entrada a la comprensión de la postura de la otra persona, y garantizara un auténtico diálogo intercultural, donde el marco fuera la reciprocidad entre culturas”. (Educación en valores para una sociedad abierta y plural: aproximación conceptual, p. 97) Las características de la vida contemporánea muestran que el hombre del siglo XXI ha aprendido a aceptar y respetar códigos morales muy dispares entre sí; algunos prácticamente contarios como son el marxista y el cristiano. Hoy el hombre tiene que ser tolerante, puesto que la intolerancia, el querer imponer un sistema cultural y moral por la fuerza, podría acarrear la destrucción de toda la humanidad, debido al gigantesco poder aniquilador del armamento nuclear actual. Esta actitud del hombre contemporáneo es más angustiosa; al perder vigencia algunos preceptos, el hombre se encuentra más inseguro, más desorientado; pero también sus decisiones son más auténticas cuando su elección se produce después de una reflexión, teniendo al alcance más elementos de juicio; pudiendo de esta suerte comprender el carácter falsamente moral de algunos preceptos que servían para esconder intereses de otro tipo. Así, la burguesía del siglo pasado fomentaba, entre la clase trabajadora explotada, la virtud de la obediencia no por convencimiento, sino para evitar que los obreros que vivían bajo una situación miserable se sublevaran contra sus explotadores. Por tanto, la existencia de varios códigos morales no es un mal, sino algo positivo y estimulante. Gracias a ello se ensancha y amplía el campo de elección. El hombre, bajo estas circunstancias, es libre de escoger entre muchas y diversas formas de vida, de orientar su conducta de acuerdo con normas muy variadas y distintas. Así, en nuestros días, nadie está forzosamente obligado a encauzar su vida dentro de los angostos límites de una normativa moral heredada. Por ello, el hombre de hoy es más libre que nunca. Pero, precisamente debido a esto, también es más responsable que antaño. Es decir, el que no haya una única normativa moral para todos potencia todavía más la dimensión moral del hombre. Debemos reconocer que el pluralismo normativo no conduce al relativismo moral, porque: 1) Los grandes sistemas del pasado convergen respecto al bien y al mal. Pues la coexistencia de varios códigos normativos morales reconocidos y aceptados por la sociedad actual ha llevado a 13
  14. 14. Ramón R. Abarca Fernández algunas personas a concluir, de forma precipitada, que todo es relativo en el terreno de la moral y que, por tanto, cualquier tipo de conducta está justificada y tiene el mismo valor desde un punto de vista ético. La historia de la cultura demuestra que no es cierta tal afirmación, dado que todas las grandes doctrinas morales, en la historia de la humanidad, coinciden en tachar a algunas formas de conducta siempre como malas y a otras siempre como buenas. Las morales de las grandes religiones de la humanidad como el budismo, el judaísmo, el cristianismo o el islamismo, y las de los grandes filósofos humanistas de todos los tiempos empezando por Platón han coincidido plenamente en juzgar como buenas todas aquellas acciones encaminadas a amar al prójimo, a ayudar a los necesitados, a vencer el egoísmo, o a luchar contra las injusticias, etc. 2) La ley moral natural es universal. Pues dicha coincidencia no es ni podría ser casual, y los grandes pensadores atribuyen el hecho a que todos los hombres llevan inscrito en lo más profundo de su naturaleza estas leyes morales. La naturaleza humana da la impresión de tener una sabiduría innata que nos dicta, en todo momento, lo que se debe y lo que no se debe hacer. Así, la ley moral es básica y sustantivamente una ley natural, inscrita en el hombre a través de su razón y de su conciencia. Por ello puede decirse que dicha ley moral es universal, inmutable y evidente en sus principios. 3) Razones de las divergencias occidentales. A pesar de las coincidencias entre las grandes morales, las divergencias posteriores, fundamentalmente surgen por dos razones: a) En el momento de aplicar la ley moral natural a casos y circunstancias concretas de la vida real. Las distintas aplicaciones de la ley moral se deben a varios factores: desarrollo cultural, psicología de los pueblos, nivel económico, etc. b) Cuando se trata de indagar el origen último de esta ley moral inscrita en la naturaleza del hombre. Entonces el cristianismo, por ejemplo, dirá que es Dios quien ha infundido esta ley en el hombre, mientras que, por el contrario, otros moralistas laicos recurrirán a la razón para explicar este hecho. En este contexto, por una parte, la conciencia moral aprueba o condena nuestros actos. La ley moral está inscrita en el sujeto a través de su propia conciencia moral. Desde la conciencia moral se lleva a cabo una valoración y un enjuiciamiento de nuestra conducta conforme a las normas morales que ella conoce y reconoce como obligatorias. La conciencia moral es como una especie de juez interior que condena o aprueba nuestros actos independientemente del juicio de los demás. Todos nosotros hemos experimentado estas luchas internas, secretas; todos hemos experimentado en nuestro interior la fuerza de este veredicto que pronuncio sobre mí a pesar mío; se trata de la conciencia moral. Además, descubrimos que existen dos modalidades de conciencia moral: la anterior y la posterior. La primera reflexiona y valora la bondad o maldad del acto antes de que lo realicemos. Ejecuta las siguientes funciones: 1) Aplica la norma obligatoria moral a las situaciones concretas que se le presentan en la realidad. 2) Toma la decisión que considera adecuada una vez analizada la situación concreta y la norma moral obligatoria. Esta decisión puede consistir en permitir, o bien prohibir, un acto determinado. La segunda, posterior o consecuente, es el juicio que emite la conciencia sobre los actos ya realizados desde la perspectiva de la norma moral. El remordimiento presupone una aceptación de la mala acción efectuada. Implica también un sentimiento de culpabilidad. Además, hay arrepentimiento cuando el sujeto se propone no volver a realizar la falta cometida con anterioridad. 14
  15. 15. Ramón R. Abarca Fernández Por todo lo anterior, suele hablarse de la voz de la conciencia, pretendiendo indicar que es algo que oímos, que nos viene dado. Pues es el acto más propio e interior del hombre. El valor de una vida depende de estos repetidos momentos donde primero se valora lo que hay que hacer y después se decide. Con mucha razón Juan Luís Lorda manifiesta que la “conciencia es una función natural y espontánea de la inteligencia. Comienza a funcionar cuando empieza la inteligencia a abrirse y llega a su madurez cuando la inteligencia llega a su madurez... La conciencia es exquisitamente personal: cada uno debe descubrir personalmente cuál es el modo de obrar en cada instante. Desde fuera nos pueden ayudar, pero no transmitir una solución”. (La moral el arte de vivir, p. 61) Y en páginas anteriores, establece que El hombre es un ser especial, es un ser libre. Libre quiere decir, entre otras cosas, que está mucho menos condicionado por sus instintos; pero, por eso mismo, necesita aprender muchas cosas que los animales saben por instinto, y otras muchas que los animales no conocen de ninguna forma, pues son propias del hombre” (La moral el arte …, p. 18) “El aprecio de la libertad, tan propio de la cultura de nuestros días, declaraban los obispos españoles en 1990, está fundamentalmente en consonancia con el reconocimiento y el respeto de la dignidad humana. Todos nos podemos sentir legítimamente orgullosos de estos avances, entre los que podemos mencionar los siguientes: * la aceptación del derecho a la libertad religiosa y de conciencia, así como el de la libertad de expresión; * la libertad de acción política y sindical; * una mayor conciencia de que hay que respetar la naturaleza; * una participación más rica en el concierto internacional, en especial en Europa; * una estabilidad económica que, si bien con altibajos, está posibilitando un desarrollo sostenido en el marco de la economía de mercado; * y, en general, todos los beneficios del Estado de derecho, cuyas instituciones han ido fortaleciéndose.” Conferencia Episcopal Española, Instr. "La verdad os hará libres" (Jn 8,32), 20-IX-1990, en Boletín Oficial de la Conferencia Episcopal Española (BOCE) 29 (7-I-1991) 1.4. EL HECHO SOCIAL ES MORAL? RESPUESTAS E IMPLICACIONES PERSONALES Y SOCIALES J. Ortega y Gasset afirma que, en unas épocas más que en otras pero en todo momento, a la filosofía le ha preocupado, además de las cuestiones especulativas y teóricas acerca del conocimiento de la realidad o del conocimiento en sí mismo, otras cuestiones relativas a la “praxis humana”. Sobre estas cuestiones han reflexionado los filósofos y se han constituido los sistemas éticos. (Historia como sistema. Obras completas, p. 13) 15 LA CONCIENCIA MORAL EN EL TIEMPO La conciencia moral actúa como testigo del presente: nos damos Presente cuenta de nuestros actos en el momento de realizarlos La conciencia moral es estímulo o freno de la acción al Futuro proyectarse sobre el futuro Respecto al pasado, la conciencia moral actúa como juez que Pasado emite veredicto de aprobación o de reprobación respecto de la conducta anteriormente efectuada.
  16. 16. Ramón R. Abarca Fernández Pero todo ser humano, antes de conocer cualesquiera teorías éticas, tiene ya una actitud ante la vida, adopta habitualmente una manera de comportarse ante los acontecimientos que le afectan personalmente y en sus relaciones con los demás. Tiene de antemano unas convicciones a las que ajusta su conducta. Por esas convicciones puede estar dispuesto a correr riesgos o aceptar consecuencias inmediatas desfavorables. Sin embargo, paradójicamente dice encontrar en ello felicidad, o satisfacción personal. Al mismo tiempo considera que, cuando actúa de acuerdo con esos convencimientos, realiza el más alto ejercicio de su libertad. Pero este alto ejercicio de la libertad, no siempre llevó a defender qué es la ética o la moral y de qué se ocupa. De ahí que trataremos de explicar cómo aparece “lo moral” en el ser humano: si es algo que le viene de fuera, de la sociedad, más concretamente, como afirma el sociologismo moral, o si es algo de dentro, que pertenece a la estructura misma del ser humano, como prefiere entender la visión antropológica de la moral. Según la vertiente sociológica, todo grupo social es transmisor de prescripciones morales. El sujeto humano no nace educado o “socializado”. Esto se lleva a cabo a través de un proceso, el proceso socializador del que habla la sociología. El individuo aprende a desenvolverse en el medio físico-social en el que vive, guiado, en gran medida, por las numerosas y minuciosas recomendaciones e instrucciones que recibe. Estas indicaciones que cada colectivo social trasmite a sus miembros cumplen un primer e importante papel de orientación. Se trata de un conjunto de normas o pautas de conducta de muy distinta índole: reglas de cortesía, recomendaciones de higiene, consejos de sabiduría popular, advertencias ante posibles peligros, creencias religiosas, etc. Esas orientaciones son prescripciones morales; son normas de conducta que se refieren a lo que una sociedad considera “bueno”, “justo”, “que se debe hacer” y, haciéndolo, merecemos calificativos de “buen hijo”, buena hermana”, “buena persona”. La valoración de estas conductas se hace conforme a reglas o principios generales en función de los cuales se establece qué acciones son moralmente correctas y cuáles no lo son. Sólo cuando el sujeto hace suyos esos principios, podemos decir que ha “interiorizado” el código moral de esa sociedad. Existen en cada sociedad otros códigos, como puede ser el de la circulación o el de las normas de cortesía. Pero cumplir las normas de estos códigos no exige estar identificados con ellas ni nos lleva a sentirnos buenos o a esperar tal calificativo de otros. Según la vertiente psicológica, Freud presenta una dicotomía entre lo social y lo no social. El ser humano, cuando nace, no es social y el proceso de socialización que ha de seguir es lo que genera buena parte de su desarrollo psicológico. Por otro lado, la sociedad se entiende como una forma de defenderse de los individuos y no solamente de protegerlos. Este dualismo se extiende a otros planteamientos más vitalistas. “Eros” (έρος) y “tanatos” (ϑάνατος), instintos de autopreservación y autodestrucción respectivamente (Turiel, 1984) son los que se encuentran presentes y actúan a lo largo del ciclo vital del ser humano. En este marco. En el que predominan las luchas por el equilibrio de fuerzas opuestas y dicotómicas, Freud considera como rasgos fundamentales de lo que llama personalidad moral los siguientes: la honestidad y la aceptación de las propias necesidades naturales. En palabras de Peters (1985), “la educación para la realidad y la primacía de la inteligencia”, que son también dos condiciones básicas a respetar en las terapias psicoanalíticas. Así pues, la perspectiva moral que ofrece Freud en su obra se nos revela como racionalizada, presuponiendo, además, la existencia de un código moral racional. (La tesis de Peters consiste en que las teorías de Piaget y Kohlberg por un lado, y de Freud y continuadores, por otro, no son opuestas ni constituyen alternativas diferentes, sino que se pueden complementar, al igual que la teoría de Skinner y de los autores conductistas en general). Además, es necesario tener en cuenta que Freud basa sus explicaciones sobre desarrollo moral en los análisis realizados a sus pacientes, lo que supone realizar el estudio basándose en sus propuestas 16
  17. 17. Ramón R. Abarca Fernández sobre la génesis de trastornos de personalidad. Sobre lo cual es importante subrayar, con Peters (1984), que la propuesta del desarrollo moral freudiana no parte de un enfoque positivo al elaborar las bases evolutivas del desarrollo moral, sino que, por el contrario, adopta un enfoque negativo materializado en las condiciones problemáticas que obstaculizan ese desarrollo. Según E. Turiel, “la formación de la culpa internalizada y las correspondientes normas morales introyectadas representan los logros evolutivos más importantes, pues salvan el dualismo inicial entre lo individual y lo social, entre el interés del sujeto y los propósitos sociales colectivos”. (Citado por Montserrat Payá Sánchez en Educación en valores para una sociedad abierta y plural: aproximación conceptual, p. 102) Por otra parte, J. Aronfreed (1969), primer psicólogo conductista que intentó estudiar de forma científica el fenómeno moral, basando su explicación en la internalización de la conducta como hilo conductor para desarrollar su tesis sobre la conciencia y los hechos morales. Parte del hecho de que una condición fundamental de interiorización o internalización de la conducta es su independencia respecto a los llamados resultados externos, es decir, respecto a las consecuencias de la acción, entendidas en términos casi mercantilistas de premio o de castigo. Analizando las reacciones que la trasgresión de la norma provoca, Aronfreed señala cuatro formas que integran también un continuo entre lo externo y lo interno. Son la confesión (de orientación más bien externa por el componente reductor de angustia), la disculpa (también básicamente externa), la autocrítica (más dependiente de la estructura cognitiva) y la reparación (relacionada con la asunción de responsabilidad). A su vez, H. J. Eysench ubica su planteamiento sobre el tema del fenómeno moral en la explicación de la conducta delictiva o de su antónima, es decir, de la observancia de las leyes sociales por la mayor parte de la sociedad. Según él, hay dos explicaciones posibles, ambas fundamentadas en la ley de efecto que formuló, por primera vez, Thorndike. La primera se basa en una concepción muy primaria del aprendizaje del refuerzo: el organismo que actúa tiende a buscar aquello que le produce un efecto satisfactorio, de la misma manera que tiende a evitar aquello que le produce un efecto negativo o perturbador. Si bien la realización de una conducta puede dar más satisfacción a corto plazo que no realizarla, el sujeto valora qué le sería más gratificante, representando, a largo plazo, las posibles consecuencias negativas o perturbadoras del acto delictivo (la punición o el castigo). La conclusión es obvia: si la consideración de los efectos satisfactorios a corto plazo se prioriza sobre las consecuencias negativas en un futuro, la conducta delictiva se realizará. Si pasara al revés, no. La vertiente antropológica considera que la obligatoriedad moral comienza en el grupo familiar, pero pronto es un asunto del individuo. Este, a medida que vive es capaz de distanciarse, de criticar esas prescripciones recibidas, de sustituirlas, de proponerse conductas y objetivos distintos, incluso asumiendo riesgos personales. El ser humano aparece libremente abierto a la orientación activa de su conducta en el mundo. Este “querer hacer nuestra vida”, que diría Ortega, lo vivimos especialmente si contemplamos nuestra vida desde el punto de vista moral. Es cierto que uno no se hace de golpe ni de repente, sino paso a paso; de ahí que la empresa moral de hacerse uno a sí mismo, es el resultado de hacer cosas en el mundo. En ese sentido somos estructuralmente morales; pero, a la vez, nos “hacemos morales” en la medida en que, eligiendo nuestros actos, nos dirigimos hacia un proyecto, más o menos claro, sobre lo que queremos llegar a ser. Como explica el profesor Aranguren, esa elección está sometida a una exigencia: que sea una elección sobre lo bueno. A partir de esta vertiente, las implicaciones se dan en el carácter personal y grupal. Y la idea de carácter viene confirmada por la etimología del término moral, que procede de la voz latina “mos- moris”, que, en los textos latinos se emplea con el sentido de sentimientos, costumbres y carácter. 1.5. PROPÓSITO DE LA ÉTICA SOCIAL Y SUS INSTRUMENTOS 17
  18. 18. Ramón R. Abarca Fernández En atención a lo abordado hasta aquí, debemos distinguir la ética social de una ética personal e interhumana, pues los problemas estructurales sociales no pueden resolverse con medidas interhumanas (como podrían ser las tutelares), dado que en ciertas circunstancias con la ayuda, a corto plazo, pueden incluso afianzarse algunas injusticias sociales. Sabemos que no se remediaron las necesidades de los obreros de la industria o de los proletarios con ayuda caritativa, sino sólo mediante una legislación social y laboral adecuada. Pues toda conducta, por ser humana, debe estar acorde con su fin, debe ser moralmente buena; por consiguiente, está sujeta toda ella a los preceptos y exigencias de la ley moral. La ética social tiene dos cometidos: a. Decir a cada hombre qué derechos y deberes tiene respecto a sus semejantes, qué debe a los demás y qué le deben ellos a él b. Indicar a las distintas sociedades humanas qué fines y valores pueden y deben perseguir, qué orden deben conservar o realizar, en qué medida tienen poder para mandar a los hombres y hasta qué punto están obligadas a socorrerlos. La ética social, como ciencia normativa, se distingue esencialmente de la sociología, ciencia puramente descriptiva de la sociedad. Pero la sociología no tiene autoridad ni competencia para dar a conocer el ideal auténtico, el modelo de orden obligatorio, las normas morales de la vida social; no constituye un fundamento apropiado de la ética social, pues una exposición e investigación puramente positiva no lleva a la esencia de la cosa, del hombre y de la sociedad. Los verdaderos principios de la acción moral solamente pueden deducirse de la revelación o de la esencia misma del hombre y de su obrar. Además, no todas las normas concretas de la acción moral son universalmente reconocidas y obligatorias, de modo que puedan ser aplicadas siempre y en todas partes en igual forma y amplitud; el tiempo y el espacio, el carácter de los hombres y la evolución económicosocial desempeñan aquí un papel muy importante. Por ello, la ética también debe atender a las conclusiones de la sociología, pues la sociología puede dar directrices para la aplicación de los principios y leyes morales. La ética social, como parte de la ética general, recibe de la ciencia moral aquellos principios primeros y normas supremas que se refieren principalmente a la acción moral del hombre. Así, por ejemplo, los siguientes: El hombre tiene obligación de buscar el bien y evitar el mal; para que alguien pueda responder de su acción, ésta debe ser buena en todos sus aspectos, por su objeto, su fin y sus circunstancias; los bienes espirituales son superiores a los materiales; ningún bien creado puede ser fin último de la vida humana; la conciencia propia es norma próxima y obligatoria de la acción humana. Sin embargo, el objeto de la ética social no se limita a aplicar estos y otros principios de la ética general a los problemas y relaciones de la vida social; más bien, debe estudiar la vida social en sus fines, en sus leyes y en sus derechos y deberes propios. Con la ética social no deben confundirse los conceptos siguientes: La cuestión social, la política y reforma sociales, la política social, la reforma social. La ética aporta las normas y motivos morales conforme a los cuales hay que solucionar la cuestión social y orientar las políticas y reformas sociales. Aspectos técnicos Aspectos morales Cómo ha de sembrar el campesino, arar y trillar; cómo ha de confeccionar un traje de sastre; cómo debe mezclar y aplicar los colores el pintor; cómo ha de hacer una operación un médico. Si el comprador es explotado (precios e intereses usurarios); si un negocio ha de ser considerado como honrado o injusto (mercado negro); si un cuadro, con todo su valor artístico, viola los sentimientos de decencia y del decoro; cuándo una 18
  19. 19. Ramón R. Abarca Fernández operación quirúrgica es lícita. Cuál debe ser el capital y las reservas para asegurar la existencia de una empresa; qué procedimientos son los más convenientes y rentables; dónde y cómo han de construirse y mantenerse minas productivas, altos hornos y carreteras; si una determinada forma de salarios es la más adecuada a la naturaleza de una empresa. Qué jornal base se ha de pagar, o al menos se debe aspirar a hacerlo, conforme a las exigencias de la justicia; qué trabajo se puede exigir al hombre; qué relación ha de haber entre las ganancias de la empresa y el salario del obrero; si se puede permitir el libre juego de las fuerzas del trabajo con sus tristes consecuencias; si está permitida la producción de una determinada clase o cantidad de mercancías (pornografía, anticonceptivos, artículos de lujo, etc.) Qué forma de gobierno ha de elegir un pueblo; con qué naciones vecinas ha de mantener relaciones amistosas; en qué forma hay que otorgar subvención a la familia; qué nivel de formación han de alcanzar las distintas escuelas; si es necesario y conveniente un arancel proteccionista. Qué fines y misiones son propios y fundamentales del Estado; si una constitución y gobierno (por ejemplo, el totalitarismo) deja suficiente margen para el cumplimiento de los deberes generales del hombre; qué leyes deben considerarse injustas en sí mismas; si el derecho de los padres está suficientemente reconocido y garantizado; si la política familiar corresponde a las exigencias de la naturaleza; si es lícita la intervención del Estado en la economía y en la cultura. Si bien, en su origen, la ética no fue una disciplina autónoma, sino subordinada a la política (en el sentido griego de polis). De modo que lo importante era el bien de la comunidad (“bien común”), referente último del actuar individual, pues así lo entendieron Platón y Aristóteles frente al individualismo sofista, la ética de la persona ha de abrirse, necesariamente, a la ética social, sin caer en el sociologismo o afirmación de que “lo social” sea fuente de la moral. Los instrumentos de la ética social son todas aquellas herramientas que nos permiten caminar hacia el bien común y desarrollar cada una de nuestras capacidades. Ello significa que, en el ámbito ético, servirse del “otro”, utilizarlo para fines y provecho propio, es instrumentalizarlo, “cosificarlo”, convertirlo en instrumento. Por tanto, los instrumentos o herramientas de la ética social estarán centrados en el quehacer del hombre, de cada hombre, como persona, con su integridad, que en unión con cada uno de los demás busca realizarse cultivando y practicando los valores, defendiendo y ejerciendo los derechos humanos. Pues las características de la ética social están en ser: a. Realista: fiel a la realidad b. Teleológica: ordenada al fin c. Teística: de Dios y para Dios d. Cristocéntrica: de Cristo y para Cristo. La ética social se mantiene fiel al realismo, porque afirma la realidad del mundo y del hombre, y reconoce la experiencia como fuente del saber natural. Es falso e injusto el reproche, bastante frecuente, de que la ética social católica es irreal, “extravagante”, porque presenta ideales extraños u hostiles al mundo. La ética social católica piensa con orientación finalista, porque está convencida del principio inmutable del cual parte: “Todas las cosas creadas obran siempre en orden a un fin, y a un fin último” (Tomás de Aquino, en la S. T. I-II, q. 1, art. 1.), y porque, para ella, lo que es bueno o valioso posee condición de fin apetecible y obligante. El pensamiento finalista debe enlazarse con el llamado pensamiento causal (es, en realidad, previo y superior a éste). 19
  20. 20. Ramón R. Abarca Fernández Se llama causal aquel pensamiento que sólo atiende a las conexiones de causas y efectos percibidos por nosotros (fuego-humo; golpe-herida). Es indudable que los hombres ejecutan acciones e interacciones mutuas, y que de esas acciones se siguen estos o aquellos efectos; pero esta sucesión de actividades y de efectos no basta para explicar la vida social; los hombres se mueven por ideas e intenciones, se proponen fines y proyectan planes, aspiran a un orden que aún no se ha establecido; es decir, obran con vistas a un fin, y todo el problema se reduce a que persiguen y realizan fines rectos. 20
  21. 21. Ramón R. Abarca Fernández 2. DIGNIDAD HUMANA El verdadero objetivo de la educación, como de cualquier otra disciplina moral, es engendrar felicidad. W. M. Godwing Competencia: Identifica, ejercita y defiende el desarrollo de su vida con dignidad practicando los derechos humanos que, a pesar de las situaciones críticas, soluciona los problemas que podrían conducir a la tortura, homicidio, genocidio o aborto. Mounier defiende que “llamamos personalista a toda doctrina y a toda civilización que afirma el primado de la persona humana sobre las necesidades materiales y sobre los mecanismos colectivos que sustentan su desarrollo.... Pensamos (y con ello quizá nos acerquemos al marxismo) que una espiritualidad encarnada, cuando es amenazada en su carne, tiene como primer deber liberarse y liberar a los hombres de una civilización opresiva, en lugar de refugiarse en los temores, en las lamentaciones o en las exhortaciones. Pero, contra el marxismo, afirmamos que no existe ninguna civilización ni cultura humana más que metafísicamente orientadas”. 2.1. VIDA Y DIGNIDAD HUMANA: INDIVIDUO Y PERSONA Giuseppe Flores manifiesta que la vida “es uno de los temas más frecuentes en la iconografía popular”. (Diccionario de ciencias de la educación, 1990, p. 1804). Y Nicola Abbagnano anota que “desde la antigüedad los fenómenos de la vida se han caracterizado a partir de su capacidad de autogeneración, es decir, a partir de la espontaneidad por la cual los seres vivientes se mueven, se nutren, crecen, se reproducen y mueren, de modo, por lo menos aparente y relativamente, independiente de las cosas externas”. (Diccionario de filosofía, 1986, p. 1188). Los filósofos han conceptuado la vida de diferentes formas: Platón (427-347 a.C.) identificó vida y alma. Aristóteles entendió por vida “la nutrición, el crecimiento y la destrucción que se originan por sí mismos”. Plotino (205-270) sostuvo que “toda vida es pensamiento” Para Tomás de Aquino (1225-1274) es “la sustancia a la que conviene por su naturaleza moverse por sí misma, de cualquier modo, a la operación”. Pero ¿qué es la vida? “Con la cuestión del origen de la vida, en primera fila de la investigación biológica y bioquímica, la definición de la vida es objeto actualmente de especial examen. No intentamos presentar un completo análisis de las investigaciones contemporáneas sobre esta cuestión... La vida es el resultado de la actividad del protoplasma (materia viva), cuyas propiedades (características únicas) son: organización celular, una composición química especial, metabolismo (en el que se comprenden las facultades de mantenimiento, reparación y reproducción); irritabilidad, de la que resulta la capacidad de adaptación (LL. Woodruff y G. A., Foundation of biology, The Macmillan Co., Nueva York 1951, p. 25). Vida, para el biólogo, denota la totalidad de las organizaciones metabólicas autorreproductoras de materia y energía comprendidas en el concepto de “organismo” (EAD III, p. 107). Un ser vivo es un organismo o unidad organizada que presenta las actividades de mantenimiento, desarrollo y reproducción dirigidas por el proceso vital a la realización del ciclo de vida normal. Esta actividad directiva de los organismos individuales es lo que distingue a los seres vivos de los objetos inanimados (E.S. Russell, The Directiveness of Organic Activities, Cambridg University Press, Londres 1946, p. 6) Estas tres definiciones, que difieren entre sí por el aspecto que más destacan, significan básicamente lo mismo. Un ser vivo es un sistema molecular peculiar que produce “orden a partir de orden”, 21
  22. 22. Ramón R. Abarca Fernández como dice Schrödinger (What is Life?). Dbe considerarse el organismo viviente como un todo, como unidad natural primaria, irreductible, constituida por partes subordinadas. Esta heterogeneidad organizada es única por su propiedad de producir orden a partir de orden en su intercambio con el medio. Esta característica única es común a todos los seres vivos y les confiere una similitud funcional básica. Para realizar su firme progreso hacia la plenitud de su ciclo vital específico, todos los seres vivos crecen y se multiplican “. (Raymond J. Nogar, La evolución y la filosofía cristiana, Ed. Herder, Barcelona, 1967, p. 126). Es sabido que la base física de la herencia se halla predominantemente en los cromosomas. Cuando ha sido posible analizar la química de los cromosomas, se ha hallado que en todo el mundo viviente los cromosomas están constituidos por las mismas proteínas básicas combinadas con el ácido nucleico. La diferenciación no es aparente hasta fases de desarrollo más avanzadas, cuya progresión es también semejante en animales estrechamente relacionados. K. E. Von Baer (1792-1876) fue el primero en formular los principios por los que se rige el desarrollo embrionario, en las siguientes reglas empíricas, plenamente confirmadas por los hechos: 1) las características generales aparecen en el desarrollo del individuo antes que las características especiales; 2) entre las características generales, aparecen primeramente las más generales y después las que lo son menos; 3) en el curso del desarrollo, un animal se separa progresivamente de la forma de otros animales; 4) las primeras fases embrionarias de un animal son semejantes a las fases embrionarias de animales inferiores, pero no se parecen a las formas adultas de estos últimos animales.. En el orden práctico, individuo se dice de una entidad autónoma e independiente, que sitúa la libertad personal como pilar básico del existir y de la organización social. En cada individuo humano hay que distinguir dos aspectos: el primero manifiesta que está consagrado a la comunidad política, a la conservación de su ser y a la realización de sus fines; el Estado tiene sobre él derechos más o menos amplios según las circunstancias de tiempo y de lugar. Según el segundo aspecto, el individuo está fuera de la comunidad política y de su gobierno. 22
  23. 23. Ramón R. Abarca Fernández Bajo los dos aspectos el hombre solamente puede obrar según su conciencia, que es la responsable ante él y ante Dios; pero en el primer caso, esta conciencia está ligada por una responsabilidad especial ante la comunidad política. La comunidad puede reclamar la colaboración y la limitación del ser dado por ella al individuo cuando lo exijan sus interese. En efecto, el individuo está obligado incluso a exponer su vida en defensa de la comunidad, cuando su existencia corre peligro. Negarse radicalmente a colaborar en cualquier forma a la defensa de la comunidad en caso de peligro es contrario al derecho natural y consecuentemente a la ética. J. Maritain contrapone el individuo a la persona, pues “el hombre como individuo es un ente material singularizado dentro de la especie, es una parte del cuerpo social y está ordenado al bien común. En cambio, el hombre como persona es una realidad que, subsistiendo espiritualmente, constituye un universo aparte y un todo independiente (con independencia relativa) en el gran todo del universo”. (La persona y el bien común, 1947) La mayor parte de los científicos que han estudiado la evolución reconocen que el problema del origen presenta, en la especie homo sapiens, dos aspectos, de los que uno se refiere al origen de las facultades corporales y otro correspondiente al origen de las facultades psicosociales. Consecuentemente, en virtud de su naturaleza, el hombre está ordenado a: 1) conservar y proteger su vida; 2) propagar esa vida humana; 3) afirmarse y perfeccionarse en el orden intelectual y moral, como ser individual y social. Entonces, la persona humana (tu, yo y el otro, por consiguiente) es valiosa?, o por el contrario, ¿es un pedazo de cosa con el que se puede hacer no importa qué? El tema es central. O el ser humano es nuclearmente digno y valioso o de lo contrario, carece de sentido hablar de villanías y de atropellos, por torturas y malas jugadas que se realicen. Si el hombre no fuera digno en cuanto hombre, carecería de sentido referirse a actos degradantes perpetrados contra Juan (una opaliza) o contra Carmen (una violación). Si la paliza y la violación son incorrectas, se debe a que somos dignos y valiosos. La bondad y la maldad de las acciones de unos sujetos humanos sobre otros, o del mismo sujeto consigo mismo, proceden, como mínimo, de la aceptación de la dignidad y del valor de cada persona humana. Sin tal presupuesto, las torturas, los homicidios (aunque los realicen terroristas), las explotaciones socioeconómicas, los colonialismos, la censura de la prensa, etc., etc., dejan de ser acusaciones perversas, convirtiéndose en simplemente a-morales: ni buenas ni males. Si prescindimos de la dignidad de la persona humana, nuestras mutuas relaciones sólo tendrían que venir regidas por la ley del más fuerte, por la ley espontánea del más poderoso, sea en poder corporal, económico, político, cultural. No parece muy sensato. Es lo menos que podemos afirmar. 23
  24. 24. Ramón R. Abarca Fernández Los hombres son tratados indignamente. Difícilmente encontrarás un tipo que niegue la dignidad humana. Sin embargo, no pocos de quienes publican dicha dignidad, en la práctica la burlan y la pisotean. Disimularán todo lo que puedan, pero con los hechos actúan como si el ser humano no pasara de ser un animal enjaulado: dignidad en la teoría, menosprecio en la práctica. El Premio Nóbel de la Paz, en 1980, fue Adolfo Pérez Esquivel, porque defendió la dignidad del hombre hasta con sufrimientos personales; luchó contra las injusticias y la violencia institucionalizada en algunos países latinoamericanos sobre todo. Otros muchos militaron y militan para hacer triunfar la dignidad del hombre; entre ellos el obispo Romero de El Salvador. En plena plaza de Mayo de Buenos aires las esposas y madres exigían noticias de sus esposos e hijos desaparecidos. Escándalo a causa del ultraje perpetrado contra el ser humano. Descubrimos la tragedia porque el hombre es digno; de no serlo, estas barbaridades dejarían de ser tales, y la tragedia habría desaparecido. Es el hombre quien confiere sentido (razón de ser) a las cosas. Llaman a tu puerta y tú respondes ¿quién es? Y según de quién se trate, respondes: “adelante”. Los hombres somos unos organismos vivos peculiares, programados por la herencia y reprogramados por la sociedad. Más de uno exige ser alguien, ser persona. Zubiri manifiesta que una cosa es lo que yo soy, y otra muy distinta es aquel que yo soy; lo primero es mi qué (mi naturaleza) y lo segundo es mi quién (mi “persona”). Mi cerebro, mi corazón, mi moto, mis ideas, mis emociones ... es lo tenido por mí. Mi persona es la que tiene todo esto. “Como ser moral, afirma Le Tourneau, el hombre es una persona. Una de las más profundas definiciones de esta palabra es la dada por Boecio (fallecido el 524), igual si ella no expresa su profundidad (y aún cuando en realidad la dio meditando sobre el misterio de Dios): “una sustancia individual de naturaleza racional” (substantia individualis naturae rationis). Cada término de esta fórmula tiene un rico contenido. Sustancia: la persona es una realidad en ella misma, y está encarnada en su cuerpo que la constituye (pues uno no puede disociarla). Individual: la persona es un ser único, considerándose como “un yo”, teniendo un fin en sí y un fin propio (muy diferente a las cosas). Libre y responsable, estando todo integrado en una comunidad; además, el hombre no es un ejemplar de una especie (un simple individuo), como puede ser un caballo o un perro: él es una totalidad, que tiene un carácter universal, de suerte que él contiene toda la humanidad. Racional: a diferencia de los animales y de otras cosas, la persona está dotada de razón, por su naturaleza específica (recibe el espíritu), que dirige sus pensamientos y organiza sus acciones. Además, cada cual no existe sino en relación con otro, de dos maneras: por la alteridad, que nos estructura, desde la infancia y toda nuestra vida: hay un “yo”, un “tú”, un “él”, etc.; y porque nosotros estamos atados los unos a los otros (los miembros del cuerpo social son interdependientes y complementarios). Y nosotros entendemos que somos reconocidos y respetados, como nos debemos reconocer y respetar el uno al otro. De 24
  25. 25. Ramón R. Abarca Fernández allí que es inadmisible considerar que alguno sea un medio o un instrumento (nosotros veremos que existen empleadores que olvidan este principio de base), asimismo reducir un ser a su posición social o a su profesión y, a fortiori, operar por sí mismo esta identificación (en el momento en que ella existe ella explica el drama que constituye la ruptura de esta identidad artificial, por el paro forzoso [independientemente de su aspecto económico], la jubilación, los exámenes, el divorcio, etc.).” (L’Ethique des affaires et du management au XXI siécle, Ed. Dalloz, Toulouse, 2000, p. 16) Antes de concluir con este ítem, debemos indicar que la expresión “dignidad humana” se debe, sobre todo, a Immanuel Kant, quien distingue ente “precio” y “dignidad”: “lo que tiene un precio puede ser sustituido por alguna otra cosa, como su equivalente; por el contrario, lo que está por encima de cualquier precio, y por lo mismo no permite equivalente alguno, tiene una dignidad”. Entendemos por dignidad aquí, un valor al que el hombre está incondicionalmente obligado y que no puede intercambiarse con ninguna otra cosa, que no se puede contrapesar. “El hombre, sostiene le Tourneau, considerado él mismo, es la primera y última referencia en moral. Su diferencia es resplandeciente ante el resto de la creación (G. Martelet, 1998), por su libertad, su carácter único en tanto que persona singular y su ausencia de determinismo, como el hecho que él sea sólo un “palo pensante”, capaz de meditación y de reflexión. Es esto por lo cual es digno, por su naturaleza. Un consenso mínimo está de acuerdo sobre esta concepción. El respeto de la dignidad del hombre es el primer principio moral, el alfa y omega de toda moral y de toda la moral, cristiana o pagana, como el pedestal del humanismo (T. De Koninck, 1995). Esta mirada no es reciente: ella de Sócrates. Ella concentra a todos los humanistas, cualquiera que sea su religión y sus tendencias filosóficas.” (L’Etique des affaires et du management au XXE siécle, Ed. Dalloz, Toulouse, 2000, p. 75) 2.2. REALIDAD HUMANA: DERECHOS, EXPRESIONES Y CARACTERÍSTICAS La dignidad aparece en tu ser persona, pues tus actos de dirigir, correr, memorizar, estar enamorado, leer..., son actos naturales y son actos tuyos. Son naturaleza porque brotan de una naturaleza humana, y son tuyos porque eres persona. La persona es aquel punto de tu biografía en que hacen aparición los valores morales. Eres valioso y digno porque eres persona; de no ser así, de ser únicamente un pedazo de naturaleza más complicado que otros pedazos, no tendrías ningún motivo para sostener tu dignidad por encima del resto de al naturaleza. Porque eres persona, descubres el “deber-ser”, el cual apunta a dos metas: al logro de ti mismo y al desarrollo de la sociedad. 25
  26. 26. Ramón R. Abarca Fernández La persona no es una cosa como lo son el hígado o el corazón; la persona es el quehacer que obliga a remontarse constantemente de la cotidianidad, siempre imperfecta, hacia la perfección ideal. Con razón Philippe le Tourneau sostiene que “la dignidad del hombre es el origen de los derechos que son reconocidos en el hombre: “Ella es el principio matriz por excelencia” (B. Mathieu). Así, ella se encuentra en la base de los “derechos” del hombre, pues legítimamente han adquirido una importancia muy grande, sobre todo después del fin de la Segunda Guerra Mundial (al menos en los discursos y en los textos; la realidad es otra: el número de países que ridiculiza ostensiblemente los derechos del hombre es considerable; y la pobreza, tan extendida sobre el planeta, incluida en los países ricos, es una violación de los derechos del hombre, sin duda la más difundida T. Lemaresquier, 1998), pero con la cual nosotros no nos hemos habituado). De todas maneras, se encuentra autores que impugnan los derechos del hombre, en su formulación actual, como que es “un producto filosófico, conceptual, jurídico y político, institucional y ético de Occidente” (J. Yacoub).” (L’Ethique..., p. 78) Es en este contexto que podemos afirmar que, sin derechos, no habría dignidad. Por ello en la Asamblea de la UNESCO de 1980, el representante de Afganistán gritaba reclamando que no había derecho a que los soviéticos se hubieran apoderado de su país. Exigía la inmediata retirada de las tropas invasoras. Sin duda que tú has reclamado en más de una ocasión algún derecho: “tengo derecho a elegir al delegado de mi curso y a que no me lo imponga la dirección del Instituto”. Los obispos españoles decían: “El clima de libertad creado en nuestro país con el paso a la democracia ha tenido muchos aspectos positivos. El aprecio de la libertad, tan propio de la cultura de nuestros días, está fundamentalmente en consonancia con el reconocimiento y el respeto de la dignidad humana. Todos nos podemos sentir legítimamente orgullosos de estos avances, entre los que podemos mencionar los siguientes: • la aceptación del derecho a la libertad religiosa y de conciencia, así como el de la libertad de expresión; • la libertad de acción política y sindical; • una mayor conciencia de que hay que respetar la naturaleza; • una participación más rica en el concierto internacional, en especial en Europa; • una estabilidad económica que, si bien con altibajos, está posibilitando un desarrollo sostenido en el marco de la economía de mercado; • y, en general, todos los beneficios del Estado de derecho, cuyas instituciones han ido fortaleciéndose.” ( LXV ASAMBLEA PLENARIA DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL: MORAL Y SOCIEDAD DEMOCRÁTICA, Madrid, 14 de febrero de 1996, n. 7) Pero, ¿qué es el derecho? Aquella parte del orden moral que regula autoritariamente las relaciones del hombre con quienes le rodean, en cuanto afectan a lo mío y lo tuyo, en orden a la consecución plena del bien común social. De ahí por qué la Real Academia de la lengua lo define como “el conjunto de principios, preceptos y reglas a que están sometidas las relaciones humanas en toda sociedad, y a cuya observancia pueden ser compelidos los individuos por la fuerza”. Por eso decimos que la dignidad del hombre se traduce en derechos. Por poco que hayas reflexionado en tu vida, te habrás percatado que no te resulta posible avanzar hacia delante con ella sin bienes (comida, vestido, libros, medicinas...) y sin prójimos (médicos, albañiles, amigos, inventores, campesinos, profesores, barrenderos, sastres, conductores de trenes o pilotes de aviación...) Tus derechos siempre apuntan o a bienes o a prójimos, o a uno y otro a la vez. Y una forma de exigir que se respeten los derechos de las personas o de mostrar al público que tales derechos se pasan por alto es la manifestación callejera. 26
  27. 27. Ramón R. Abarca Fernández “La dignidad se traduce en el sector social y político bajo el aspecto de la exigencia de respeto; ese que conduce a combatir todas las formas de humillación del hombre, por todo el universo, a enderezar los rastrillos contra los dominios del mal que desfiguran la vida, cuya letanía es inmensa y terrible: la violencia, el odio, la corrupción, las discriminaciones, el proxenetismo, la esclavitud, la servidumbre o la trata” (le Tourneau, L’Ethique..., p. 81). Pues cuando uno exclama “tengo derecho a una vivienda digna”, está refiriéndose a algo interior a él que le permite exigir derechos. En tal caso se habla de derecho subjetivo. Este derecho reside en tu conciencia y en la conciencia de quien te lo reconozca. La fuerza física no es fuente de tal derecho; al contrario, no pocas veces la fuerza (policía) va en contra de los derechos subjetivos. También se habla de derecho penal, de derecho internacional, de derechos humanos..., aquí ”derecho” se refiere a derecho objetivo, a las leyes mismas o a un listado de derechos que se exponen en alguna declaración pública. Si un ciudadano exclama: “Tengo derecho a que no me maten”, se refiere a una norma jurídico- moral que obliga en conciencia y que, además, protege la legislación de todos los Estados. Algunos 27 Jurídicas: Exigibles por coacción. NORMAS DE Morales: Obligan en conciencia. CONDUCTA Jurídico-morales: Ambas cosas.
  28. 28. Ramón R. Abarca Fernández Estados manipulan la mentalidad de los súbditos para que no formen sus conciencias en conformidad con el derecho objetivo allí imperante. La norma moral (por ejemplo el derecho a educar religiosamente a los hijos) puede chocar con la norma jurídica del Estado. Pero, de dónde salen los derechos objetivos? Es oportuno que nos pronunciemos acerca de las fuentes del derecho objetivo. ¿De dónde salen los derechos vigentes de un país? Significa que de la igual dignidad humana se sigue el igual derecho al bienestar. Y puesto que los hombres, en lo tocante a su bienestar, frecuentemente se hallan en una concurrencia de hecho (dada la limitación de los recursos y de las capacidades humanas), no se imponen incondicionalmente las correspondientes exigencias y a menudo se requiere una ponderación comparada de los bienes. De la dignidad de la persona humana son cada día más conscientes los hombres en nuestra época y crece el número de los que exigen que los hombres puedan actuar siguiendo su propio criterio y disfruten de la libertad responsable, sin sentirse perturbados por coacción alguna, teniendo por guía la conciencia del deber. Rodrigo Borja recuerda que las “primeras tablas de derechos (el Bill of Rights inglés de 1689, la Declaración de Independencia norteamericana de 1776 y la Declaración de los derechos del Hombre y del Ciudadano de Francia en 1789) se fundaron en la doctrina de los derechos naturales, o sea en la afirmación de que hay unos derechos que nacen con los hombres y que son anteriores y superiores al Estado, ya que éste no los crea sino que simplemente los reconoce” (Enciclopedia de la Política, p. 249) Y Montserrat Payá, citando a P. Fermoso, reitera que “el hombre no nació ni bueno ni malo; nace amoral, aunque con capacidad para llegar a ser el autor responsable de su destino. El hombre se moraliza, pues al personalizarse, construye “la persona moral”, constituida por todas las responsabilidades individuales contraídas en las acciones libremente ejecutadas”. (Educación en valores..., p. 169). El hombre, por su nacimiento, está obligado a: a. Observar, examinar y analizar cuidadosamente la naturaleza, para descubrir qué es lo que les permite y exige. b. Reconocer y observar los derechos naturales. Pueden, por propia autoridad, declarar estos derechos, pero esta declaración no significa más que un simple reconocimiento y aceptación; no tiene el carácter de una determinación original que por primera vez sancione un derecho. c. Aplicar rectamente los derechos naturales a las situaciones variables, o a cambiar la situación para que los derechos naturales puedan tener vigencia. Las características de los derechos son: a. Naturales: están fundados en la naturaleza misma del individuo, independientemente de toda concesión del Estado,. y previamente, a cualquier reconocimiento por parte del Estado. 28 FUENTES DEL DERECHO OBJETIVO Leyes Costumbres Jurisprudencia Derechos concretos
  29. 29. Ramón R. Abarca Fernández b. Universales: existen en beneficio de todos los individuos dentro del Estado, sin excepción ni categoría de ninguna clase; a pesar de la diversidad de sexo, de clase, de raza, de religión, de partido, el hombre siempre es hombre. La igualdad entre los hombres no impide que determinados derechos naturales, de irradiación social, estén reservados en su plenitud a los ciudadanos; a la vez que su uso queda sometido a ciertas condiciones, más o menos estrictas, tratándose de extranjeros, como la libertad de enseñanza o la libertad de asociación. c. Innatos: se dan, una vez reunidas las condiciones requeridas para su existencia en el nacimiento, como derechos que se refieren a la misma persona individual y al ejercicio de sus potencias. Pero no se actualizan sino por un hecho personal del titular o por sobrevenir un título de adquisición, eficiente o instrumental, como el derecho de propiedad que es innato, pero el de poseer tales bienes es adquirido. d. La libertad física y el deber moral: el individuo, al ejercer sus derechos, no es absolutamente libre más que en un sentido físico, es decir, que puede materialmente hacer mal uso de su libertad. Pero moralmente el individuo tiene la obligación de hacer uso bueno de ellos, conforme a la ley natural y a la razón; de lo contrario, es responsable de su falta. e. El Estado es juez del bien público: la competencia del Estado se limita al bien público; por consiguiente, el uso que uno pueda hacer de su libertad no interesa al Estado más que en la medida en que afecte en bien o en mal al bien público. 2.3. SISTEMAS CRÍTICOS DE LOS DERECHOS HUMANOS El término sistema procede del griego σΰστημα (reunión, conjunto ordenado de reglas), es decir, entidad compleja cuyas partes componentes se relacionan entre sí de forma unitaria y no como un mero agregado de elementos. Por tanto, puede definirse como el conjunto de elementos (entidad, cosas, conceptos, términos, enunciados) relacionados entre sí de manera coherente y funcional, de manera que ninguno de ellos quede aislado, sino que todos han de ser interdependientes. Según el tipo de elementos de que se trate, se hablará de un sistema nervioso, solar, fonológico, lingüístico, filosófico, político, económico, social, ético, etc. En lo ético, el individualismo exagera los derechos del individuo al considerar que el individuo es un fin en sí mismo; es decir, la entidad básica en toda sociedad (incluso la única en las relaciones sociales) es el sujeto individual; y toda agrupación no es otra cosa que un conjunto de individuos. Estos serían como átomos sociales aislados y totalmente egoístas, entre los que habría una competencia feroz. Las vertientes individualistas exaltan siempre lo individual sobre lo social, en confrontación con toda forma de colectivismo. En ética, se llama individualismo a la actitud espiritual básica, que hace del individuo la medida del pensamiento. Los fines originariamente positivos del individualismo son la mejor sensibilidad hacia la persona y el tomar en serio al hombre individual. Sin embargo, en la práctica, el individualismo degenera en egoísmo, que también en el obrar prefiere el propio yo al de los demás. El individualismo puede manifestarse también en unas necesidades de aislamiento, en el consumismo y en una tendencia hacia actitudes insociables y apolíticas, que se olvidan de los semejantes. Por su parte, el colectivismo defiende la absolutización de la colectividad. En concreto, es el sistema económico propuesto por los socialistas utópicos (Proudhon, Bakunin) en el Congreso de Basilea (1869), como respuesta al individualismo feroz del primer capitalismo. Este sistema defiende que los instrumentos de producción han de ser de propiedad colectiva. Tales utópicos fomentaron las cooperativas, sindicatos y corporaciones. El término “colectivo” tiene un significado peyorativo, sinónimo de masa y masificación; así lo entiende Ortega en su libro La rebelión de las masas. Al margen de esta connotación peyorativa, hay momentos en la historia de los pueblos en que la colectividad se siente dueña de su destino: así 29
  30. 30. Ramón R. Abarca Fernández la Declaración de Independencia (1776) de las colonias de América del Norte, la Revolución Francesa (1789), la comuna de París (1871), la revolución Rusa (1917) y el mayo francés de 1968, por citar algunos ejemplos. Debemos recordar que el colectivismo sólo existió en la comunidad primitiva, en la que cada uno aportó a la sociedad según sus capacidades y recibió según sus necesidades, no hubo propiedad privada, no existió lo “tuyo” ni lo “mío”; todo era de todos y cada quien usó de los bienes de acuerdo con sus necesidades. Según el líder francés Jean Jaurès (1859-1914), el colectivismo es la sustitución de los individuos por la colectividad social en la propiedad de los elementos de la producción y de sus consecuencias. Frente a estos dos sistemas contrapuestos, sostenemos que llamamos declaración de derechos a los textos escritos y promulgados en los que se definen y reconocen a favor de una comunidad un conjunto básico de derechos públicos objetivos, que tienen como finalidad planificar la convivencia y la libertad de una comunidad. Los textos que en secuencia histórica se ha dado, sobre los derechos humanos, son: - Carta Magna inglesa de 1215, - Petition of Rights de 1689, - Bill of Rights 1689 - Habeas Hábeas de 1678 (la formalización de las garantías para la seguridad individual) - Act of Settlement de 1701 - Declaración de Filadelfia de 1774 - Declaración del buen pueblo de Virginia de 1776 y asumida en la Independencia de EE.UU. - Los Derechos del Hombre y del Ciudadano 1789 - Parliament Act de 1911 (consagró la definidita supremacía de la Cámara de los comunes sobre la de los Lores) - Declaración de los catorce puntos de Wilson en 1918 - Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 - Declaración Americana sobre Derechos de los Pueblos Indígenas 18 de septiembre de 1995 En la teología moral católica, los sistemas morales son aquellos procesos didácticos con los que (en una duda fundada de conciencia) se pude conseguir, mediante unas reglas de vida generales o principios reflejos, un juicio práctico de conciencia seguro sobre la licitud o ilicitud de la acción correcta. Al referirnos a los sistemas críticos de los derechos humanos, mostraremos una visión general de estos para luego ver su defensa y aplicación que no siempre ha sido la mejor en cada uno de los Estados y en cada uno de los integrantes de la sociedad. La historia de los derechos humanos muestra que los pueblos antiguos no siempre han considerado como poseedores de derechos a todos los hombres. Así, el Imperio Romano excluía, por ejemplo, de tales derechos, a los esclavos. No sólo se han dado diferencias en lo tocante a la clase social que disfruta de derechos; además, la lista o publicación de los mismos ha ido variando a lo largo de la historia. Una de las colecciones de derechos más antigua es el Código de Hammurabi, la del siglo XVIII antes de Cristo. No es todavía un verdadero código de leyes o de derechos objetivo-positivos; pero nos sirve como punto de referencia alejadísimo. La piedra en que está escrito se halla actualmente en el museo de Louvre de París; se defiende, en él, la ley del talión; pero también se describen los derechos de la esposa, introduciendo una equidad individual. Rudimentario, pero significativo. Los romanos utilizaron diversas colecciones sucesivas de derechos. Desde el año 710, antes de Cristo, existió el código Civil. En el año 201, antes de Cristo, aparece el Derecho de gentes que dura hasta el año 235 después de Cristo. 30
  31. 31. Ramón R. Abarca Fernández La historia de los derechos es vasta e incluso complicada, por ello preferimos contentarnos con estas dos sencillas muestras para saltar a las redacciones más recientes que nos permiten hacernos cargo de las actuales especificaciones de los derechos del hombre. Al finalizar la Segunda Guerra mundial (1939-1945) se fundó en San Francisco (EE.UU.) la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Fue el 26 de junio de l945 cuando se firmó la carta fundacional. El 24 de octubre del mismo año entró en funcionamiento la Organización. En 1948, la Asamblea General de la ONU realizada en París, proclamó una solemne Declaración de los Derechos del Hombre. La Declaración de la ONU se inspiró en la tradición anglosajona y en la tradición europea de la Revolución Francesa. La Declaración Universal de los Derechos Humanos se fundamenta en el valor y dignidad de la persona humana; parte de la idea de que los derechos humano fundamentales tienen su raíz en la dignidad y el valor de la persona humana. Así consta en los ítems 1º y 5º del Preámbulo a los Derechos Humanos que establecen lo siguiente: Apartado 1º del Preámbulo: Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana. Apartado 5º del Preámbulo: Considerando que los pueblos de las Naciones Unidas han reafirmado en la Carta su fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana y en la igualdad de los derechos de hombres y mujeres; El artículo Primero vuelve a incidir sobre la base del valor y dignidad de todos los hombres, considerada plataforma común para fundamentar el resto del articulado de que consta el documento. La clasificación de los derechos humanos, atendiendo a la naturaleza del bien protegido por los 30 artículos de la Declaración de los Derechos Humanos, se acostumbra a clasificar los derechos proclamados en los diferentes textos del siguiente modo: 1º Derechos civiles: Protegen la vida personal individual: derecho a la vida, derecho a la intimidad personal, derechos de seguridad personal, derechos de seguridad económica, derechos de libertad económica. 2º Derechos públicos: Libertades de reunión, de expresión, de pensamiento, de información y de libre asociación política y cultural. 3º Derechos políticos: Son derechos de participación en la vida pública. 4º Derechos sociales: Derechos del desarrollo personal, como el derecho a la educación, a constituir una familia, a la práctica del culto religioso; y derechos sociales estrictos: derecho a la propiedad personal y familiar, al trabajo, al salario justo, a la asociación laboral, a los seguros sociales. 31 DECLARACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS 1776 Declaración de la Independencia de los EE.UU. 1789 1793 Revolución Francesa 1795 1948 Asamblea General de la ONU 1950 Consejo de Europa 1963 Encíclica de Juan XXIII 1966 Pactos Internacionales de Derechos Humanos
  32. 32. Ramón R. Abarca Fernández Oír su condición de fundamentales, los derechos humanos ostentan unas notas específicas que los privilegian: Son inalienables, inviolables, imprescriptibles y universales. La Declaración más reciente de Derechos Humanos se la debemos al Papa Juan XXIII, y se halla en la Encíclica Paz en la Tierra, publicada el 11 de abril de 1963: Debemos precisar que para reforzar la Declaración de los Derechos Humanos y conseguir para ellos una mayor fuerza vinculante, la Comisión de Derechos Humanos quedó encargada de elaborar una definición ulterior. El resultado final, de estos trabajos, se recoge en dos convenios titulados Los Pactos Internacionales de Derechos Humanos aparecidos en 1966. Los pactos recogen los derechos enumerados en la Declaración, pero introducen importantes matices y alguna innovación. Uno y otro enuncian el derecho de autodeterminación de los pueblos y, de cada pueblo, a disponer de sus riquezas naturales, respondiendo primordialmente, de este modo, a la más actual preocupación por los países del “Tercer Mundo” y a su temor ante formas de neocolonialismo económico. Además, contiene las siguientes innovaciones: a. Añaden el derecho de huelga b. Protegen a las minorías étnicas, religiosas o lingüísticas c. La prohibición de toda propaganda a favor de la guerra d. La prohibición de toda defensa de odio nacional, racial o religioso que constituya una incitación a la discriminación, la hostilidad o la violencia. e. Falta, en cambio, una disposición encaminada a la protección de la propiedad como ya existía en la Declaración. f. A diferencia de la Declaración, ambos convenios prevén mecanismos tendentes a asegurar la realización práctica de los derechos que enumeran, aun cuando no se ha llegado a un auténtico control supranacional, dependiendo por tanto la decisión y las eventuales medidas correctoras del Estado que haya aceptado los Pactos. 32 DERECHOS DEL HOMBRE SEGÚN “PAZ EN LA TIERRA” A la vida Derechos físicos o corporales A la integridad física A condiciones de existencia decente A la información objetiva A profesar una religión según dictamen de Derechos morales o de la dignidad la conciencia A escoger el estado de vida A modificar la residencia A la emigración De acceso a la cultura Derechos culturales A la educación De los padres sobre la educación de sus hijos Al trabajo A condiciones humanas dignas en el trabajo Derechos sociales Al salario justo A la propiedad De asociación De reunión A participar en la vida pública y política Derechos políticos A una eficaz protección judicial A expresar la propia opinión De las minorías nacionales a una existencia justa dentro del Estado

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