Título: El Hombre Rojo.- ¿Realidad o Leyenda? 
Autor: Santiago F. Silva García 
Institución: Grupo Caonao 
Sociedad Espele...
AGRADECIMIENTO: 
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INTRODUCCIÓN 
No pretendemos con este trabajo propiciar la aparición de un cuento folklórico o su continuidad, ni 
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Las Damas. Ámbito geográfico e histórico 
La sierra Las Damas se encuentra ubicada en la llanura aluvial del río Zaza, a 9...
“Una noche fuimos a casa de José Rita y tenía tremenda canturría con una guitarra. El Hombre Rojo 
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Rojo vivía en una cueva, ...
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De los testimonios, tanto de los campesinos de Las Damas como los de Taguasco, pudimos extraer 
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RESULTADOS Y DISCUSIÓN 
La mencionada selección o distinción de las evidencias procedentes de la gruta por grupos de 
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CONCLUSIONES 
A través de un análisis comparativo de los diferentes testimonios obtenidos de los campesinos 
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EVIDENCIAS COLECTADAS (CUEVA HOMBRE 
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La investigación está relacionada con la verificación de la existencia real de un personaje, acerca del cual se había tejido una leyenda -muy difundida en una región de la provincia de Sancti-Spíritus (Cuba- que circuló de manera oral durante muchos años en el siglo XX. De ello trata este trabajo; el que para su culminación requirió de varios años de árdua labor de exploraciones, verificaciones y entrevistas por parte de todos los miembros del Grupo Caonao, hasta que finalmente se logró esclarecer si era una leyenda o dicho personaje era real.

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El Hombre Rojo.- ¿Realidad o Leyenda?

  1. 1. Título: El Hombre Rojo.- ¿Realidad o Leyenda? Autor: Santiago F. Silva García Institución: Grupo Caonao Sociedad Espeleológica de Cuba -15 de enero de 1984-
  2. 2. AGRADECIMIENTO: A los miembros del Grupo CAONAO, que participaron en las exploraciones e investigaciones en la sierra Las Damas y loma Las Burras, de los municipio Cabaiguán y Taguasco, respectivamente; gracias a los cuales ha sido posible la culminación exitosa de este trabajo.
  3. 3. INTRODUCCIÓN No pretendemos con este trabajo propiciar la aparición de un cuento folklórico o su continuidad, ni resulta una tentativa por nuestra parte de incursionar en su tema, al cual algunos sólo se han referido. Cuatro años a penas han sido suficientes para conocer todos los aspectos relacionados con su extraño modo de vida, máxime cuando la mayoría de los testimonios proceden de personas fácilmente sugestionables. Sólo el resultado de las investigaciones afectadas y constatadas con dichos testimonios; han proporcionado la explicación correcta, disipando las tinieblas engendradas por el oscurantismo y la superstición. La existencia del Hombre Rojo, en el transcurso del tiempo, se ha transmitido de abuelos a padres y de padres a hijos, enraizándose y esparciéndose cada vez más; pero sin que se aclaren las causas de los hechos, que en aquella época no tenían fácil explicación racional. El Hombre Rojo o Cañambrú no fue un personaje místico, una leyenda u obra de la fantasía de nuestros campesinos; fue sólo un producto de la propia ignorancia e incultura en que estaban sumidos como clase social. El presente trabajo, para más fácil comprensión se ha dividido en tres partes fundamentales. La primera hace una descripción de los aspectos geográficos e históricos del área de estudio. La segunda parte establece la presentación de los testimonios de aquellos campesinos, que le conocieron personalmente o podían aportar alguna información de interés sobre su persona. Por último se ofrece además, una lista de los objetos descubiertos en una de las cuevas que le sirvieron de escondrijo y que por la naturaleza de éstos y sus usos específicos; contribuyeron en gran medida como apoyo en las conclusiones de este trabajo.
  4. 4. Las Damas. Ámbito geográfico e histórico La sierra Las Damas se encuentra ubicada en la llanura aluvial del río Zaza, a 9 kms. y al N. del poblado de Guayos. Su altitud fluctúa entre los 50 y 161 metros sobre el nivel del mar. Está situada en la Región Central de Cuba, en el extremo oriental de la Sub-región Llanura de Santa Clara y dentro de ella en la parte superior de la cuenca del río Zaza. Sus coordenadas son: X-537545, Y- 646663. La sierra es cortada en dos mitades aproximadamente iguales por el río Zaza; el segundo en longitud del país, con unos 150 kms. En la misma proliferan las cuevas y grutas, cuyo desarrollo longitudinal no rebasa algunas decenas de metros. Próximo a la serranía se detecta el histórico Paso de Las Damas, lugar donde se desató uno de los más cruentos combates por nuestra independencia nacional y donde cayera mortalmente herido el Mayor General Serafín Sánchez Valdivia, en combate desigual. Lo que en un tiempo fue un fascinante bosque semicaducifolio, con una vasta fauna y hermosa historia, es tan sólo hoy una zona poblada de manigua, donde la tala indiscriminada hacen posible la aparición de un paisaje sombrío, merodeado por las escasas aves que logran escapar del embate de los excursionistas que visitan el área en busca de distracción y aventuras. Las Damas estaba dividido en cuatro partes, sirviendo de límites la sierra y sus demarcaciones. Sus propietarios: Francisco Galí, Rafael Colunga, Antonio Herrera y la familia Rionda; hacendados acaudalados, que luego del triunfo de la Revolución en Cuba, decidieron marcharse hacia el extranjero. Los campesinos que habían arrendado algunas parcelas de tierra se convirtieron en propietarios de las mismas. El resto de las tierras, dedicadas al cultivo de la caña de azúcar, pasan a manos del Estado. Muchas familias, que antes de 1959 se encontraban dispersas, comienzan a concentrarse en las proximidades de la vieja grúa empleada para el traslado de la caña de azúcar por ferrocarril hasta el central “La Vega”, hoy CAI “Remberto Abad Alemán”. La leyenda narrada por los propios campesinos -“El Hombre Rojo vino de Islas Canarias con una hermana. Tendría unos cuarenta y pico de años cuando estuvo por los alrededores de Las Damas; esto fue por los años 30, más o menos. Salía por las noches y gustaba de hacer maldades. Yo recuerdo que decían que tan pronto estaba al lado acá del río, como que aparecía del otro lado. Una vez le robó un baúl a un isleño y se lo dejó poco después cerca de la casa, sin faltarle nada. Se llevaba un caballo sin herrar y a los dos o tres días lo devolvía completamente herrado. Te llevaba veinte pesos de debajo de la almohada y te los traía de nuevo. Había un hacendado llamado Malgaro, que siempre estaba detrás de él con los guardias. En una ocasión la guardia le tendió una emboscada por donde pasaba para la sierra. Él estaba escondido al otro lado y le gritó que los estaba viendo, que se fueran, que no los quería matar. Los guardias no le veían; sólo le oían. El Rojo era tremendo poeta. Luis Machín y su hermano Domingo fueron con él a una fiesta a La Larga. El Hombre Rojo tenía buenas monturas y era buen jinete. Cerca de Taguasco, en una cueva, fue que lo mataron. Lo mataron porque se le acabó el agua y sin agua no podía trabajar la magia. Al que buscaban no era a él; sino a Polo Vélez y a Esquijarosa”. .José Rita Blanco, 92 años. Vivió en Las Damas durante 40 años (murió recientemente).
  5. 5. “Una noche fuimos a casa de José Rita y tenía tremenda canturría con una guitarra. El Hombre Rojo la tenía cogida con Malgaro, porque éste era tremendo hablantín y lo perseguía constantemente con la guardia rural. Yo diría que El Rojo no ofendía a nadie. Un día quería ir a Placetas y le cogió el caballo al hijo de Pepe Corrales. Cuando se lo trajo, lo había herrado, bañado, en fin…; una vez el mayoral García se escondió detrás de un seboruco para ver al Hombre Rojo y éste que lo estaba viendo le gritó: -¡Comemierda, te estoy mirando! Entraba en las casas sin abrir las puertas. Comía y le dejaba el dinero que importaba lo que había comido“. .Florentino Blanco, 82 años. Vivió en Las Damas durante mucho Tiempo. “Yo fui mandadero de El Rojo. Era un hombre inteligente, poeta y muy ágil. Tocaba la guitarra muy bien. A veces usaba polainas. Cuando él quería enviarme a algún mandado lo componía con chiflidos: uno largo y dos cortos. En una ocasión me llamó y cuando llegué me preguntó si en Las Damas había algo que sirviera. Yo no estaba seguro y entonces me mandó a Neiva por pan, mortadela, bebida y tabacos buenos. Le gustaba mucho una cerveza que venía en botellas verdes. No le gustaba mucho la bebida dulce. El difunto Malgaro fue quien le puso el nombre de el Hombre Rojo. En realidad él no era rojo; era normal, igual que nosotros. Su estatura era baja, trabado, de piel trigueña y los huesos de la cara un poco botados. El Rojo tendría, cuando aquello, unos cuarenta y pico de años, más o menos. Malgaro era el sitiero más rico que había en aquella zona, éste tenía treinta y pico jornaleros que trabajaban para él y éstos le temían al Hombre Rojo, por lo que la mayoría no querían trabajar en sus tierras y se iban. Por esos motivos, Malgaro le perseguía con la guardia, pero él se escapaba con facilidad utilizando la magia. Una vez lo cogieron preso, pues le dieron un tiro en el muslo y no pudo huir, pero más tarde escapó de la cárcel. Recuerdo que mamita hizo café un día y en lo que ella fue a la sala se lo tomó. Más tarde, desde la loma le cantó una poesía . Que yo sepa, el Hombre Rojo, iba de Las Damas a Taguasco, la loma de Zaza del Medio y otros lugares como Camajuaní. En Las Damas se estuvo viendo por espacio de 5 o 6 años. El Hombre Rojo hacía cosas para alarmar, como : dar candela en un lugar que se viera, entrar en las casas de noche y comer sin despertar a nadie y marcharse; dejando todo como mismito estaba . Cuando cogía huevos de una cesta o caja, dejaba el dinero que importaba. Después que murió Malgaro, él se fue para Las Tunitas; donde se metió con dos bandidos llamados Esquíjarosa y Polo Vélez en una cueva. Allí lo mataron, diciéndole que no le iban a hacer nada, que saliera. Así fue que lo mataron, a traición. Eso fue porque ya no tenía agua y sin agua la magia no trabaja”. .Domingo Álvarez Machín, 70 años. Vivió en Las Damas muy Próximo a la sierra. “Lo conocí cuando yo tenía 11 años, más o menos. Le hice muchos mandados. Era un hombre de una magia tremenda, que entraba en las casas cerradas. Su estatura era más bien baja, pero fuerte como un toro. Usaba unos bigotes de puntas largas y echadas para arriba. Los pómulos de la cara eran un poco botados. Casi siempre andaba con sombrero y polainas. Muchas veces lo ví venir con una pañoleta roja en el pescuezo. Usaba dos revólveres grandes. En cuanto al dinero, no se de donde lo sacaba, pero lo que cogía lo pagaba. El Hombre Rojo iba mucho por La Larga, donde sacaba procesiones. El suegro de Juanito Pino lo vio muchas veces por allá. Una tarde que Martha, mi madre, bajaba leña de la sierra, él quería darle dinero. Se lo colocó envuelto en un pañuelo amarrado a uno de los palos de leña, pero al ver mamita aquel pañuelo amarrado; salió corriendo para la casa y lo dejó a pesar de que El Rojo le gritaba que lo cogiera, que era para ella. Gustaba de hacer maldades. En una oportunidad en que el río estaba crecido y él se encontraba al otro lado, me gritó que pasara yo el río en el caballo para poder brincar él para acá. Yo no me atreví a pasar y le dije que si estaba loco. Cuando miré de nuevo para allá ya no estaba y de pronto me salió por la
  6. 6. parte delantera del caballo. Di un brinco, que me quedé mudo y el caballo se espantó. El Hombre Rojo vivía en una cueva, que está al otro lado del río; más arriba del arenero. Es una cueva chica y además, no es fácil de encontrar. Se conocía las cuevas como la palma de las manos y tenía una linterna, que la luz llegaba como a un kilómetro … ¡cómo alumbraba!. Al principio, la gente en Las Damas, creía -cuando veía la luz- que eran rateros de prendas que venían a robar. Después supieron que era él. A veces se oía su risa y su canto, pero no se veía. Polo Vélez y Esquijarosa, que estaban metidos dentro de una cueva por allá por Taguasco; lo mandaron a buscar para que los sacara con su magia. Al sacarlos de allí se le acabó el agua y por eso lo cogieron. Cuando se entregó, al salir de la cueva, lo mataron a tiro limpio“. Luis Machín, 73 años. Vive cerca de la sierra de Las Damas desde pequeño. “El Hombre Rojo era natural de un pueblo canario llamado Mazo, perteneciente a La Palma. Estuvo en el colegio, en el mismo pupitre con Máximo Bonilla; un isleño que vivió en La Larga. Éste era quien más lo conocía, pero ya murió. El Rojo, en Canaria, era también bandolero y su madre fue brujera. El verdadero nombre de el Hombre Rojo era Teodoro Álvarez San Gil y vino -según me contaba Bonilla- a los 18 años con una hermana a la que mandó nuevamente para allá. Vivió en Cabaiguán; donde nadie lo conocía y luego vivió en las cuevas de la sierra Las Damas. Su estatura era más bien mediana o quizás baja, pero era fuerte y tendría unos 48 o 50 años, más o menos, cuando yo lo vi allá por los años 30. El nombre de El Rojo se lo puso él mismo. Se conocía todas las cuevas de la sierra y cerca del arenal tenía la cueva donde moraba. Esta cueva está bastante oculta. Yo tuve la oportunidad de verlos tres veces y hablé con él en una ocasión cuando fuimos Herminio Castro y yo a buscar varas a la sierra Las Damas, muy cerca del arenal. Fuimos en un sólo caballo y cuando virábamos con las cargas de varas, le habían entiesado las patas al caballo; envolviéndoselas a un algarrobo pequeño. Apareció El Rojo, a cada lado colgaba un revolver calibre 38 y en sus manos traía un Winchester,. Se encontraba como a diez pasos de nosotros. Nos dijo que había sido él quien le había hecho eso al caballo. Se acercó y me preguntó si nos hacía falta dinero. Le respondí que no y él dijo entonces que él tenía dinero y no lo podía disfrutar porque lo perseguían. Me encargó una botella de vino y se la traje. Recuerdo que me enseñó uno de los revólveres y dijo que ese era el asesino de Pedro Bravo, padre de una novia que tuvo. Pedro Bravo se le emboscó al Rojo y lo abracó, pero El Rojo se le deslizó entre los brazos; dándole un tiro en el pie. En otra oportunidad lo vi cuando yo iba para Los Tramojos, al pasar por la tienda de La Horca. La última vez lo vi en la taberna de Abreu. El Hombre Rojo podía moverse con facilidad porque poca gente lo conocía. Venía a las fiestas de La larga y junto a Pepe El Rubio, hacían trastadas por Tres Guanos, Carrabayaná, San Estevan y Pozo Azul. A Antonio Martín, partidario de Juan Pino le azoró los bueyes. Éste le gritó mil barbaridades y El Rojo le puso el cañón del fusil en el pecho. Antonio le cogió un miedo del carajo. Cuando le dieron un tiro en el muslo, le llevaron entonces preso desde Las Damas para Zaza del Medio y de aquí entran hasta Sancti-Spíritus para la cárcel; de donde se fugó desde que pudo caminar. Los paisanos de Las Damas se atemorizaban y hasta lo veían volar, pasar el río crecido sin tocar el agua, montarse a las ancas del caballo y desaparecer, … ¡ah! Y hasta dicen que entraba en las casas de noche para comer, estando las puertas cerradas. Todos sabemos como se cerraban las puertas en el campo: con taburete detrás o con una tranca y dos herraduras. Alguien un poco habilidoso las abre con cierta facilidad. Cuando él tiraba voladores o fuegos artificiales, los campesinos decían: ¡ya está trabajando El Rojo!…y digo esto porque era un inventador de trucos. Un día se marchó de Las Damas, esto se lo había dicho El Rubio a Juan Pino; prometiéndole además, que el Hombre Rojo se había ido para Las Tunitas y que no vendría más por esa zona. Cuando lo mataron, la guardia estaba en persecución de Polo Vélez y Manuel Esquijarosa, dos bandoleros muy conocidos en aquella época. La guardia recibió la información de que en la cueva de la loma Las Burras, en Las Tunitas, cerca del pueblo de Taguasco, estaban estos dos bandoleros; pero allí se encontraba además El Rojo. Los guardias tiraron un cerco a la cueva. El Rojo mató al primer al primer hombre que trató de entrar en la cueva. Más tarde fue cogido por
  7. 7. sorpresa. Además de la falta de agua y alimentos, el mal olor que despedía aquel guardia muerto hizo que éste saliera de la cueva y entonces fue acribillado a balazos. En la cueva no encontraron a nadie más. Al parecer hubo dinero por el medio y dejaron escapar a Polo Vélez y a Esquijarosa. Creo que al Hombre Rojo lo enterraron en el cementerio viejo de Taguasco, según tengo entendido“. Honorio Castillo Martín, 76 años. Ha vivido desde hace muchos años en La Larga. “Aquí era conocido por Cañambrú. Era capaz de meter una empanada entera por el pico de un garrafón de vino. Un día entró en una casa donde le esperaba una pareja de la guardia. Apareció por la madrugada y haciéndose pasar por el dueño de la casa, les dio café . Cuando el verdadero dueño se levantó, les saludó y fue a hacerles café . Ellos dijeron: ¡pero…¿ud. ya no nos había hecho café?. Cañambrú usaba un revólver. Entraba a comer a todas las casas, pero no hacía daño a nadie. Daba unos berridos horrorosos. En su captura participó el Tercio Táctico de Santa Clara y la guardia de Taguasco. Le sacaron vivo de la cueva, engañándole con que iban a darle agua y comida; además le perdonarían la vida. Pero cuando salió lo mataron. Él entró a la cueva a ayudar a unos bandidos. El hombre que sirvió de práctico al ejército fue un tal Luis, el cual murió a los pocos días“. Germán Morera, 60 años. Vive en La Yamagua, Taguasco. “Cañambrú no era alto, era bajito y tal vez tendría unos 50 años. Se dedicaba a asustar a la gente, hacer maldades. Berreaba como un chivo y la gente le caía detrás, pero nunca podían cogerlo. Entraba a las casas sin despertar a nadie y sin que lo vieran . En realidad Cañambrú estuvo aquí por los años 33 y 34. Había un hombre que le ayudaba, llamado José, pero se fue para Venezuela. Cañambrú vino de las Islas Canarias. No robaba a nadie. Anduvo mucho por Pozo Azul y Las Varas. Lo mataron allá por el año 35, en una cueva que está en la loma Las Burras, finca Manaquitas. Su muerte fue por el mes de abril, cerca de la Semana Santa”. Librada Bazo, 70 años, Taguasco.
  8. 8. MATERIALES Y MÉTODOS De los testimonios, tanto de los campesinos de Las Damas como los de Taguasco, pudimos extraer algunos datos, suficientes para trabajar en la búsqueda de indicios o evidencias que demostraran que el Hombre Rojo era un personaje no sólo de leyenda; sino también real. Pero…¿dónde podríamos encontrar alguna evidencia que probase esto? La pregunta tenía una respuesta lógica: en las cuevas. Sabíamos que cualquier objeto abandonado en estas cavidades tendían a conservarse mucho mejor por no estar expuesto a la acción de ciertos factores climáticos, que propician el deterioro de los mismos. En las cuevas y grutas exploradas o estudiadas hasta entonces no se había reportado nada importante, que guardara relación con el Hombre Rojo; por lo que nos dimos a la tarea de dedicar mayor tiempo, dentro de nuestras actividades, a la exploración de la sierra Las Damas, con el objetivo de ubicar nuevas cuevas. Estas exploraciones se convirtieron más bien en operaciones de “rastrillo”, donde no dejamos casi un centímetro de tierra o de vegetación sin observar minuciosamente. Como la sierra estaba dividida en dos partes, producto del cause del río Zaza, debíamos escoger para comenzar una de estas partes. Decidimos explorar primeramente la mitad donde más a menudo solía vérsele u oir su voz, precisamente donde se encontraba el arenero; es decir la mitad oriental de la sierra. Por ahí cerca debía estar la cueva, si en realidad ésta existía, como afirmaban algunos de los entrevistados. Dividimos al grupo CAONAO en tres subgrupos; que tendrían la responsabilidad de abrirse paso entre la enmarañada maleza, con el objetivo de hallar la cueva. A fines de enero de 1982 dimos comienzo a las exploraciones, ejecutando dos salidas al mes. Utilizábamos sólo los fines de semanas para no afectar la actividad laboral o de estudio de nuestros miembros. Cada incursión resultaba un rotundo fracaso. Estábamos a punto de renunciar a nuestra empresa, cuando en el mes de mayo de 1983 se hace un hallazgo por parte de unos de los subgrupos: se detecta una pequeña gruta cuya entrada se encontraba frente a una de las salidas de la cueva La Subida y en la margen opuesta a ésta, no muy lejos del arenero. Le habíamos pasado en varias ocasiones por encima y muy próximo a la única claraboya que posee. La entrada, de forma tabular o cilíndrica, está situada hacia el oeste. La longitud de la gruta es de 12,42 m y el ancho promedio de 2 m. Su altura no rebasa los 0,75 m. La roca que conforma el techo posee un espesor de 3 m, aproximadamente y a través de ésta se abre la claraboya, que permite el acceso a la parte superior de la sierra; desde donde se domina gran parte de la otra porción de la serranía y de la llanura próxima a ésta. De esta manera puede observarse -sin ser visto- un sector considerable de las tierras aledañas. Lo que más nos llamó la atención durante nuestra permanencia en el interior de la gruta fue las condiciones del suelo, pues al movernos de un lugar a otro debíamos hacerlo de rodillas o muy encorvados; por lo que a través de nuestras fosas nasales penetraba un fuerte olor a ceniza húmeda. Pudimos comprobar la existencia de esta en la composición del suelo. Decidimos iniciar una exploración superficial, la cual posibilitó recolectar algunos fragmentos de botellas de cerveza de color verde, fragmentos de un garrafón de los utilizados para envasar o transportar vino; así como la parte trasera de un gran número de cartuchos de caza. Seleccionamos el lugar más idóneo para practicar una excavación de cateo o prueba. Escasamente pudo profundizarse o,20 m, pues a partir de esta profundidad aparecía la capa estéril. Comprendimos con dicha excavación que, casi superficialmente, se encontraba toda una serie de
  9. 9. elementos o evidencias; por lo que era innecesaria una excavación de envergadura. Entre la mezcla de tierra y cenizas se colectaron también una cantidad considerable de evidencias u objetos, los cuales se relacionan en los anexos del presente trabajo o investigación (ver: Tabla # 1). Luego de limpiar cuidadosamente el material colectado en la gruta, éste fue separado de acuerdo al uso o empleo para el cual estaban destinados los mismos.
  10. 10. RESULTADOS Y DISCUSIÓN La mencionada selección o distinción de las evidencias procedentes de la gruta por grupos de acuerdo a su utilidad o empleo. De esta manera, se pudo comprobar la presencia de objetos determinantes en los resultados de la presente investigación; como son aquellos que facilitan una larga estancia en condiciones de vida adversas. Los cartuchos de revólver calibre 38 y los de Winchester pertenecían indudablemente a Teodoro Álvarez San Gil; cuyas armas aparecen cuestionadas en algunos testimonios de los campesinos entrevistados. Por otro lado, los cartuchos de salva tienen un solo uso: intimidar a las personas con las cuales tuvo algún tipo de querella. Faltaba “algo”, que en todo momento nos ilusionaba encontrar y que considerábamos poco probable tener en nuestras manos algún día: el Winchester. En el mes de abril de 1984, al pasar por la casa del haitiano Luis Machín -campesino que vive próximo a la sierra- éste nos llama y nos informa que dos muchachos encontraron una “escopeta larga”, algo parecída a esas que le llaman Winchester. Le pedimos todos los datos posibles para ponernos en contacto con éstos. No resultó fácil, pero al fin lo logramos. Nos dijeron el lugar donde lo habían encontrado, oculto debajo de una manta podrida; en un ranchito abandonado, muy cerca de la sierra. El propietario se había mudado del lugar hacía cerca de 12 años. ”El Winchester, cuando lo hallamos -explicaba uno de los muchachos, que donaron dicha arma a nuestro grupo- aún funcionaba normalmente, pero lo empleamos para jugar“. Esto le ocasionó la rotura del cerrojo y el gatillo; además le faltaba la varilla donde se depositan los cartuchos. El modelo es del 1892 y se destacan biseles exteriores a lo largo del cañón; los cuales -en su conjunto-conforman una sección tranversal de forma octogonal. Dentro del material rescatado se destacan además, objetos pertenecientes a prendas de vestir de hombre y mujer, lo cual hace pensar en la posibilidad de que constituían parte de un botín, siendo estas las de poco valor, sustraído a algún vendedor ambulante de los que proliferaban en aquella época y que fueron quemadas por Teodoro antes de marcharse o por algún individuo que haya penetrado en la gruta y escogiendo las de mayor valor o importancia; prendiera fuego a las baratijas que determinó dejar abandonadas. Comprobar una de estas dos posibilidades resultaba un tanto difícil. No existen dudas en cuanto a la estrecha relación que existe entre los objetos hallados en la gruta o cueva y el Hombre Rojo. Aunque, indudablemente, las condiciones de la cueva no son las mínimas para una permanencia prolongada, pero sí un refugio envidiable para ocultarse ante cualquier eventualidad o emergencia u ocultar cualquier pertenencia personal. Es nuestro criterio y el de uno de los entrevistados que nos lo corroboró, que la cueva o gruta descubierta es la misma que fuera utilizada por Teodoro Álvarez San Gil, alias el Hombre Rojo o Cañambrú, durante su estancia en la sierra Las Damas, como refugio más seguro; por las condiciones que presenta la misma.
  11. 11. CONCLUSIONES A través de un análisis comparativo de los diferentes testimonios obtenidos de los campesinos entrevistados de Las Damas y Taguasco; así como de los objetos descubiertos en la cueva, hemos podido arribar a las siguientes conclusiones: -A finales de los años 20’ y comienzos de la década del 30, Teodoro Álvarez San Gil, un isleño emigrante de la Villa de Maso, La Palma, Islas Canarias; se establece en Las Damas, empleando las cuevas de la sierra de esta localidad como refugio. -Se gana la confianza y admiración de algunos campesinos, mientras que otros llegan a temerle y perseguirle constantemente. Su verdadera identidad no es conocida del todo por los moradores de la zona; por lo que solían llamarle por el seudónimo de El Hombre Rojo, confiriéndole este nombre como atributo a su forma de proceder algo misteriosa e inusual, lo que hace que se le considere como diablo o mago capaz de realizar las cosas más extrañas e inconcebibles. -Los propios campesinos, dando riendas sueltas a su imaginación y sin poderse explicar todo cuanto rodeaba a este individuo, contribuyen con sus relatos y anécdotas cada vez más deformadas e irreales, a que se popularice el personaje. Esta situación confusa es aprovechada por Teodoro para sacar partido y ventaja; reafirmando aún más sus cualidades, por lo que aprovecha las horas de la noche para demostrar a los incautos y sorprendidos campesinos que él, el Hombre Rojo es un conocedor de la magia, puede pasar a través del río crecido, desaparecer de un lugar y aparecer en otro, originar fuegos, disparar y no herir a nadie, hablar y no ser visto y cuantas otras cosas. -Los campesinos, por pertenecer a la clase social más atrazada e inculta de nuestro país eran suceptibles de sugestionarse con facilidad e ignorando una serie de trucos y habilidades, caían en las más disímiles concepciones idealistas y oscurantistas, sin buscar apenas una explicación a tal o más cual fenómeno. -Teodoro, conocedor de múltiples trucos, ágil a pesar de su edad y aprovechando su baja estatura, logra en medio de la oscura noche crear el pánico y el terror de muchos de los habitantes del lugar donde se encontraba. -Rehuyendo el trabajo, elije esta forma de vida poco común y corriente. Penetra de noche en las casas en busca de comida para amortiguar el hambre en muchas ocasiones y en otras para convencer a aquellos campesinos de que él lo podía todo. -Cuidando en todo momento de no robar en su “zona de operaciones” para no encontrarse con la repulsa y persecución de todos, roba y asalta a vendedores ambulantes en otros lugares; donde no es conocido y de esta forma obtiene dinero suficiente para poder vivir. -La situación, no obstante, se le torna cada vez más embarazosa en Las Damas y luego de hacer varios contactos con los bandidos Manuel Esquíjarosa y Polo Vélez, decide irse para Las Tunitas, en el actual municipio Taguasco; donde también hace de las suyas, creándose en los campesinos de dicha zona una imagen similar a la que tanta suerte le había dado en Las Damas, con la diferencia de que aquí fue conocido con el seudónimo de Cañambrú. -Muere en la cueva de la loma Las Burras, finca Las Manaquitas, en el municipio de Taguasco, provincia de Sancti-Spíritus. *Este trabajo partió de un objetivo o propósito fundamental: demostrar que el Hombre Rojo o Cañambrú realmente existió, sin mitos, sin leyenda y además; sin exageraciones.
  12. 12. ANEXOS EVIDENCIAS COLECTADAS (CUEVA HOMBRE ROJO) CANTIDADD CANTIDAD Cartuchos de revolver calibre 38 (vacíos) 4 Cartuchos de Winchester calibre 44 (vacíos) 2 Batería de linterna (fragmento) 1 Baqueta de limpiar revolver 1 Cartuchos de escopeta calibre 16 (vacíos) 62 Cartuchos de salva para revolver 3 Frasco de aceite para engrase de armas (fragmento) 1 Navaja de afeitar (deteriorada) 1 Tijeras (deteriorada) 1 Linterna eléctrica (fragmento) 1 Espejo (fragmento) 1 Piel de montura de cabalgar (fragmento) 1 Cartuchos de escopeta calibre 12 (vacíos) 4 Cartuchos calibre 28 (vacíos) 2 Botones de nácar de prenda de vestir 21 Pendientes de mujer (tipo argollas) 2 Pendientes de mujer (tipo lágrimas) 2 Cuentas de collar (color negro) 9 Broches metálicos 8 Zunchos metálicos de fajas de mujer 1 Puso o esclava (enchapado en oro) de niña 1 Sortija de piedra (enchapada en oro) de mujer 1 Placa de lengüetas aspiradas y sopladas de una armónica 1 Cerradura de cofre pequeño 1 Cejuela de guitarra 1 Cejilla de guitarra 1 Trastes de guitarra 3 Agarradera de cofre o baúl 1 Argolla para cinto de montura de cabalgar 1 Casquillo de lámpara de gasoil (de alumbrado) 1 Tapón de plomo 1 Cartonera o culata de escopeta 1 Llave para abrir lata de conserva 1 Tacones de botas (de goma) 4 Pasador de corbata (con adorno de piedra) 1
  13. 13. EVIDENCIAS COLECTADAS...(CONTINUACIÓN) CANTIDAD Plato de porcelana (fragmentos) 6 Botellas de cerveza color verde (fragmentos) 4 Garrafa grande de vino (fragmentos) 15 Gotero (de vidrio) 1 Goma de borrar (endurecida) 1 Perdigones de plomo para cartuchos de escopeta 3 Yugo de camisa 1 Total de evidencias………………...…117 c/u

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