GEOGRAFÍA Y CALIDAD DE VIDA
EN ARGENTINA
ANÁLISIS REGIONAL Y DEPARTAMENTAL (2010)
GUILLERMO ANGEL VELÁZQUEZ
(DIRECTOR)
GEO...
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Geografía y calidad de vida en argentina
análisis regional y departamental (2010)
•
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Geografía y calidad de vida en argentina
análisis regional y departamental (2010)
•
Guillermo A. Velázquez
(director)
Un...
Velázquez, Guillermo
Geografía y calidad de vida en la Argentina : análisis regional y
departamental, 2010 / Guillermo Vel...
I. Introducción
1. Propósito del trabajo ·················································································...
En este libro nos proponemos actualizar nuestras
contribuciones anteriores (Velázquez 2001, Veláz-
quez 2008) respecto del...
Los estudios sobre calidad de vida se remontan,
en cierta forma, a los primeros trabajos geográ-
ficos sobre la Argentina,...
10 I • Introducción
•  El país de los argentinos (Chiozza 1975-1977).
Este tratado consta de seis volúmenes y proba-
bleme...
112 • Estudios sobre geografía y calidad de vida en Argentina
sísmica y está situada en sitios con este tipo de
riesgos de...
12 I • Introducción
(Argentina); los Seminarios Internacionales sobre Po-
blación y Sociedad, realizados en Salta (Argenti...
Las condiciones de vida de la población argenti-
na actual resultan, en gran medida, producto de
la particular forma de ac...
14 II • El proceso de diferenciación territorial
vidades en función de esa nueva ruta; y cobraron
importancia las funcione...
153 • Etapas de desarrollo económico
terior. Buena parte de las manufacturas produ-
cidas por las decadentes economías del...
16 II • El proceso de diferenciación territorial
potenciales mercados para la castigada produc-
ción de las economías del ...
173 • Etapas de desarrollo económico
radamente en el país. Luego de la Segunda Gue-
rra Mundial, la fuerza de trabajo asal...
18 II • El proceso de diferenciación territorial
indirectos, garantizando mediante los controles
de precios en el mercado ...
193 • Etapas de desarrollo económico
La caída mundial de la tasa de ganancia, la bús-
queda de nuevos centros de acumulaci...
20 II • El proceso de diferenciación territorial
la producción industrial, desplazando en varias
ramas a las empresas naci...
213 • Etapas de desarrollo económico
nancias y requiriendo permanentemente del flujo
de capitales, llevado a cabo mediante...
22 II • El proceso de diferenciación territorial
modelo, sino que solamente puede comprenderse
y explicarse como un result...
233 • Etapas de desarrollo económico
ta la irrupción de la dictadura de 1976, y puso el
péndulo de la economía en manos de...
24 II • El proceso de diferenciación territorial
públicas, y se apostó a las políticas de apertura fi-
nanciera, privilegi...
253 • Etapas de desarrollo económico
valor de la elasticidad empleo-producto de 0,7,
ocurrido durante el período censal 19...
26 II • El proceso de diferenciación territorial
zando las actividades que tienen alta elasticidad
empleo-producto– y de r...
273 • Etapas de desarrollo económico
con respecto al período 2003-2012, vemos que este
último creció 112,3% en previsión s...
28 II • El proceso de diferenciación territorial
visión internacional del trabajo, desmoronándo-
se las bases de sustentac...
Geografia y Calidad de Vida en Argentina. Análisis Regional y Departamental (2010), 2016. Guillermo Velázquez (Director)
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contribuciones anteriores (Velázquez 2001, Veláz-
quez 2008) respecto del conocimiento de la dife-
renciación social, económica, ambiental y regio-
nal de la calidad de vida de la población Argenti-
na, con el mayor nivel de análisis espacial posible,
para intentar establecer el peso de diferentes fac-
tores explicativos.
En general, estos proyectos de largo aliento son
producto de un equipo integrado por geógrafos,
sociólogos, economistas, demógrafos, especialis-
tas en SIG, ambientalistas, profesionales de la sa-
lud, etc., que contribuyen con sus aportes a gene-
rar resultados cada vez más signifcativos.

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Geografia y Calidad de Vida en Argentina. Análisis Regional y Departamental (2010), 2016. Guillermo Velázquez (Director)

  1. 1. GEOGRAFÍA Y CALIDAD DE VIDA EN ARGENTINA ANÁLISIS REGIONAL Y DEPARTAMENTAL (2010) GUILLERMO ANGEL VELÁZQUEZ (DIRECTOR) GEOGRAFÍAYCALIDADDEVIDAENARGENTINA Análisisregionalydepartamental(2010) GuillermoAngelVelázquez (director) Autores Adela Tisnés Carolina Beceyro Claudia Baxendale Claudia Mikkelsen Fernando Manzano Gerardo de Jong Guillermo Velázquez Gustavo Buzai Hugo Longhi Jorge Morina Jorge Pickenhayn Josefina di Nucci Juan Pablo Celemín Marcos Mare María Alejandra Fantín Matías Gordziejczuk Néstor Gómez Norma Meichtry Pablo Paolasso Ricardo Villavicencio Rosana Castillo Santiago Linares Sofía Ares Sonia Pou
  2. 2. • Geografía y calidad de vida en argentina análisis regional y departamental (2010) •
  3. 3. • Geografía y calidad de vida en argentina análisis regional y departamental (2010) • Guillermo A. Velázquez (director) Universidad Nacional del Centro Tandil · 2016 Adela Tisnés Carolina Beceyro Claudia Baxendale Claudia Mikkelsen Fernando Manzano Gerardo de Jong Guillermo Velázquez Gustavo Buzai Hugo Longhi Jorge Morina Jorge Pickenhayn Josefina di Nucci Juan Pablo Celemín Marcos Mare María Alejandra Fantín Matías Gordziejczuk Néstor Gómez Norma Meichtry Pablo Paolasso Ricardo Villavicencio Rosana Castillo Santiago Linares Sofía Ares Sonia Pou
  4. 4. Velázquez, Guillermo Geografía y calidad de vida en la Argentina : análisis regional y departamental, 2010 / Guillermo Velázquez ; dirigido por Guillermo Velázquez. - 1a ed . - Tandil : Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, 2016. 350 p. ; 28 x 19 cm. ISBN 978-950-658-386-6 1. Geografía. 2. Argentina. 3. Calidad de Vida. I. Velázquez, Guillermo, dir. II. Título. CDD 910 © 2016 - UNCPBA www.unicen.edu.ar 1ª edición: febrero de 2016 Este libro fue sometido a evaluación externa por la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires. Diseño de tapa Cecilia Aimaretti Corrección, diseño interior y maquetación Ramiro Tomé Impreso por Grafikart. Fugl 361, Tandil. Tirada: 200 ejemplares. Hecho el depósito que marca la Ley 11.723. ISBN 978-950-658-386-6
  5. 5. I. Introducción 1. Propósito del trabajo ················································································································ 7 2. Estudios sobre geografía y calidad de vida en Argentina ······························································ 9 II. El proceso de diferenciación territorial 3. Etapas de desarrollo económico ······························································································· 13 4. Evolución y características de la población ················································································ 31 5. Relación entre dinámicas demográfica y económica ·································································· 57 6. Cambios en el sistema urbano ·································································································· 67 7. Dinámica de los espacios rurales ······························································································ 83 III. Calidad de vida en Argentina 8. Introducción: Pobreza, nivel de vida y calidad de vida ······························································ 105 9. La medición del bienestar ········································································································· 107 10. Modificaciones y continuidades en los indicadores del bienestar. Situación general. ················ 113 11. Dimensión socioeconómica ·································································································· 117 12. Dimensión ambiental ··········································································································· 125 13. La integración de dimensiones: El Índice de calidad de vida 2001-2010 ·································· 149 IV. Factores de diferenciación de calidad de vida en Argentina 14. Calidad de vida, dinámica migratoria, centralidad  /accesibilidad, categorías urbanas y producto bruto geográfico ········································································· 157 15. Calidad de vida y enfermedades no transmisibles ·································································· 169 16. Categorías urbanas según regiones ······················································································· 183 V. Análisis regional 17. El Noroeste argentino ··········································································································· 191 18. El Nordeste argentino ·········································································································· 201 19. La región de Cuyo ················································································································ 223 20. La región Pampeana ············································································································ 241 21. La región Metropolitana de Buenos Aires ·············································································· 261 22. La región Patagonia ············································································································· 283 23. Reflexiones finales ················································································································· 323 24. Bibliografía ·························································································································· 325 25. Anexo estadístico ·················································································································· 335 26. Los autores ·························································································································· 349 • Índice •
  6. 6. En este libro nos proponemos actualizar nuestras contribuciones anteriores (Velázquez 2001, Veláz- quez 2008) respecto del conocimiento de la dife- renciación social, económica, ambiental y regio- nal de la calidad de vida de la población Argenti- na, con el mayor nivel de análisis espacial posible, para intentar establecer el peso de diferentes fac- tores explicativos. En general, estos proyectos de largo aliento son producto de un equipo integrado por geógrafos, sociólogos, economistas, demógrafos, especialis- tas en SIG, ambientalistas, profesionales de la sa- lud, etc., que contribuyen con sus aportes a gene- rar resultados cada vez más significativos. Por eso queremos expresar nuestro especial agradecimiento a Fernando Manzano, Adela Tis- nés, Santiago Linares, Josefina di Nucci, Claudia Mikkelsen, Sofía Ares, Matías Gordziejczuk, Juan Pablo Celemín y Sonia Pou por sus aportes espe- cíficos en algunos temas relevantes para intentar comprender esta problemática. Dada la escala espacial y la magnitud del trabajo recurrimos, una vez más, a la valiosa colaboración de reconocidos colegas que residen en cada una de las regiones argentinas. Ellos son Pablo Paolas- so, Fernando Longhi, Norma Meichtry, Alejandra Fantín, Jorge Pickenhayn, Ricardo Villavicencio, Rosana Castillo, Néstor Javier Gómez, Jorge Mo- rina, Gustavo Buzai, Claudia Baxendale, Gerardo De Jong y Marcos Mare, quienes han estado a car- go de los capítulos regionales. Para elaborar el índice de calidad de vida para la Argentina en el año 2010 nos valdremos, nueva- mente, de la última información apropiada, que es la correspondiente a la primera década del nue- vo milenio, particularmente la disponible a partir de la difusión de la principal fuente para el estu- dio de la población argentina: el Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas realizado en octubre de 2010, complementándola con diversas fuentes de información, especialmente estadísti- cas socio-sanitarias, información municipal (am- biental, socioeconómica, recreativa, etc.), infor- mantes clave y relevamientos personales. Los resultados obtenidos muestran que el pro- ceso no ha sido lineal ni mucho menos: hubo im- portantes avances respecto de las situaciones pre- cedentes (2001, 1991, 1980). Los nuevos resultados presentados aquí intenta- rán constituir una referencia de los mapas de cali- dad de vida de los argentinos para la primera y la segunda década del tercer milenio, ya que los in- dicadores utilizados y la forma de diferenciación que utilizamos obedecen a factores estructurales que poseen la “inercia” característica de los proce- sos de conformación y diferenciación social, eco- nómica y regional y que, por ende, no suelen cam- biar rápidamente. Guillermo A. Velázquez Nota: Los capítulos bajo cuyos títulos no consta ningún nombre son de mi autoría. 1 • Propósito de la obra •
  7. 7. Los estudios sobre calidad de vida se remontan, en cierta forma, a los primeros trabajos geográ- ficos sobre la Argentina, ya que, en virtud de la particular perspectiva de nuestra disciplina, to- da descripción de la diferenciación social o re- gional tiene que hacer necesariamente algún ti- po de referencia a las condiciones de vida de la población. Este tema, no obstante, no estuvo presente en forma explícita, sino hasta bien entrados los años ochenta. Así, por ejemplo, en el índice temático de la Bibliografía Geográfica Argentina (Rey Balmaceda 1975) no hay ninguna referencia a trabajos sobre calidad de vida o condiciones de vida de la pobla- ción. En la Segunda Contribución (1983) sólo se cita una carta de lectores publicada en agosto de 1974 en el diario La Nación. Uno de los primeros intentos por publicar una moderna Geografía Argentina de alto nivel científi- co corresponde a la Sociedad Argentina de Estu- dios Geográficos (GÆA). Desde 1946 se editaron ocho volúmenes de esta publicación, que no con- siguió, sin embargo, superar el tradicional con- junto de temas de geografía física y biológica. Este proceso de superación comenzó a lograrse poco después, a partir del surgimiento de nuevos trabajos geográficos. Considerando los aportes de mayor envergadura y siguiendo un orden crono- lógico, podemos mencionar: •  La Argentina. Suma de Geografía (Aparicio y Di- frieri 1958-1963). Esta obra, diseñada por Francisco de Aparicio y concluida por sus discípulos, consta de nueve vo- lúmenes. En esta colección, hay capítulos que nos interesan especialmente, fundamentalmente en los tomos 7 y 8. En el tomo 7, el capítulo 4, “Estructura y movi- mientos de la población”, (Difrieri) relaciona la dinámica demográfica, especialmente los proce- sos migratorios, con los mapas de renta nacio- nal elaborados por Bunge en 1940. El capítulo 6, “Vivienda rural” (Chiozza y de Aparicio), mues- tra cartografía de nivel provincial con variables relevantes tales como: proporción de viviendas tipo rancho y según el material predominan- te (madera, cinc, barro y cinc, adobe), efectuan- do un análisis regional y, en algunos casos, lo- cal muy detallado. También se vincula la vivien- da con la estructura agraria y las condiciones de vida. En el tomo 8, debemos destacar el capítulo 2, ti- tulado “Geografía médica y de la alimentación” (Alcalá Hernández). El autor muestra la impor- tancia de la climatología médica en las condi- ciones de vida de la población, planteando la in- fluencia de diversos factores tales como: atmós- fera, corpúsculos, radiación solar, temperatura, humedad, viento, presión, estado eléctrico, ines- tabilidad y clima urbano. Destaca la importancia del agua como factor ambiental y analiza diver- sas patologías regionales como: arsenicismo, cha- gas, paludismo, hidatidosis, brucelosis, anquilos- tomiasis y bocio. La segunda parte de ese capítulo está referida a la geografía de la alimentación. El autor esta- blece regiones alimentarias, destacando las pe- culiaridades de la dieta en el Noroeste Argentino (NOA), Chaco, Mesopotamia, Cuyo, Región Pam- peana y Patagonia, mostrando las principales ca- rencias. Señala que, incluso en las regiones con mejor situación relativa, como la Pampeana o en las grandes ciudades, se cometen errores alimen- tarios: principalmente exceso de consumo de car- ne y de alimentos refinados (harinas, pastas, azú- cares), déficit de alimentos protectores como fru- tas y verduras crudas y, aunque en menor medida, de leche y huevos. 2 • Estudios sobre geografía y calidad de vida en la argentina •
  8. 8. 10 I • Introducción •  El país de los argentinos (Chiozza 1975-1977). Este tratado consta de seis volúmenes y proba- blemente sea la primera gran obra de geografía Argentina realizada con enfoque regional. En su tomo 1, hay diversos capítulos relaciona- dos con la calidad de vida de la población argenti- na. Así, en el capítulo sobre población (Aranovich y González), hay referencias a diversos indicado- res desagregados a escala provincial como el anal- fabetismo, los factores de diferenciación de la fe- cundidad, la mortalidad y los problemas de la po- breza y la concentración urbana. El capítulo sobre estructura económica (Rofman) considera las dis- tancias entre clases sociales, mostrando indicado- res relevantes tales como distribución del ingreso y del producto bruto geográfico. El artículo sobre estructura ocupacional (Baumeister) establece re- laciones entre esta estructura y las condiciones de vida, mostrando una aproximación de las situa- ciones regionales. Los restantes tomos, dedicados específicamente a las diferentes regiones de la Ar- gentina, también efectúan algunas referencias a las condiciones de vida de la población. •  Atlas total de la República Argentina (Chiozza y Figueira 1981-1983). Esta obra se compone de diversos atlas: físico, político, económico y demográfico. Con posterio- ridad, se elaboraron apéndices sobre otros temas especiales. Los atlas físico y político se ocupan en forma sis- temática de las diferentes provincias y jurisdic- ciones del país, brindando elementos y, en menor medida, haciendo referencias a las condiciones de vida de la población. En el atlas económico, volúmenes 1 y 2, se con- sideran diversos aspectos relacionados con la ca- lidad de vida de la población: fundamentalmen- te la estructura productiva y la accesibilidad, que se combinan para establecer diferentes oportuni- dades económicas para los residentes de cada pro- vincia. En una escala más detallada se establecen “regiones geoeconómicas”, cuyas características y grado de articulación establecen diferencias en las condiciones de vida de la población que en ellas reside. El atlas demográfico es el primer trabajo en el cual se dedica un capítulo específico a calidad de vida de la población. En los capítulos previos, hay referencias al tema, particularmente en los que se ocupan de la población aborigen (Magrassi), pro- cesos de redistribución de la población, y evolu- ción y cambio en las formas de asentamiento (Re- boratti, Sabalain y Corvi). El capítulo “Población y calidad de vida” es, en gran medida, el cierre del atlas demográfico. Los propios autores señalan que: “una rápida visión de la geografía poblacional de nuestro país no estaría completa si no se tratara de analizar, además de cuántos, dónde y quiénes son los argentinos, tam- bién cómo viven” (Reboratti, Sabalain y Corvi). El estudio se basa en una serie de 11 indicado- res de salud (tasa de mortalidad infantil, camas de hospital por cada mil habitantes, médicos por cada mil habitantes), alimentación (porcentaje de población con alimentación deficiente), educa- ción (desgranamiento escolar, población sin ins- trucción, población con estudios secundarios y terciarios), vivienda (porcentaje de ranchos y vi- viendas precarias, hacinamiento), uso de energía (consumo anual de energía familiar per cápita) y comunicaciones (teléfonos por cada mil habitan- tes) con escala de análisis provincial. Los autores construyen un índice al transfor- mar las tasas en rangos. Esto les permite afirmar que la Capital Federal, por su alta concentración de servicios para una población numéricamente estancada, es el área con mayor calidad de vida. En el otro extremo aparecen Formosa, Santiago del Estero y Misiones. Más allá de las limitaciones propias de la esca- la de análisis provincial u otras que se puedan se- ñalar (particularmente en lo que respecta al pobre tratamiento y ponderación de la información), es- te capítulo constituye un muy valioso precedente sobre el tema, al ser el primero en establecer una medida resumen para la calidad de vida. Otros trabajos sobre geografía argentina, Yanes y Liberali (1986-1989), Rofman (1988) y Rocca- tagliata (1993), también tienen aportes específi- cos referidos a las condiciones de vida de la po- blación. Del trabajo de Yanes y Liberali debemos desta- car los capítulos sobre los indicadores de calidad de vida en la Argentina (Liberali y Massa) y el refe- rido a la estructura y distribución del consumo en la Argentina (Liberali). Ambos trabajos son teóricos y resultan relevan- tes para cuestionar el valor de los indicadores eco- nomicistas (tanto de consumo como de produc- ción) para intentar efectuar estudios sobre cali- dad de vida. También se pone en tela de juicio el valor de indicadores de hacinamiento como “per- sonas por vivienda” o “personas por cuarto” sin tener en cuenta además su superficie y los espa- cios verdes disponibles. Por el contrario, las auto- ras consideran que una vivienda que no es anti-
  9. 9. 112 • Estudios sobre geografía y calidad de vida en Argentina sísmica y está situada en sitios con este tipo de riesgos debería considerarse precaria, aunque su apariencia externa y sus características no aparen- ten déficit alguno. También señalan el riesgo de tomar “indicadores promedio” que pueden refle- jar situaciones que no son reales. Las autoras concluyen sus reflexiones poniendo en duda los resultados de estudios que muestran que las mejores condiciones de vida se darían en la ciudad de Buenos Aires, señalando que, en ese contexto, hay mayor delincuencia, porcentaje de suicidios, proporción de divorcios y saldo migra- torio negativo, entre otros problemas. Rofman (1988) retoma los once indicadores propuestos por Reboratti, Sabalain y Corvi en su índice de calidad de vida y los vincula con las des- igualdades regionales en la Argentina. Finalmen- te, en el libro de Roccatagliata (1993), hay un ca- pítulo sobre estructura regional y organización territorial (Lara y Durán) que pone en duda la alta calidad de vida de la ciudad de Buenos Aires, reto- mando los argumentos de Liberali y Massa (1986) respecto de los problemas de delincuencia, suici- dios, tasa de divorcios o tiempo de transporte. El Programa de las Naciones Unidas para el De- sarrollo (PNUD) creó en 1990 el Índice de Desa- rrollo Humano (IDH). Desde entonces, se vienen produciendo en la mayoría de los países informes y “metas” referidos al estado de este índice. Para el caso de la Argen- tina, se elabora anualmente este informe con ni- vel de análisis provincial, basándose en las fuen- tes más confiables en torno de los años censales (1991, 2001, 2010). El índice se compone a par- tir de una combinación de indicadores de tres di- mensiones significativas: salud (esperanza de vida al nacer), educación (2/3 de la tasa de alfabetismo de adultos, 1/3 de los años de escolarización de la población que ya no asiste) e ingresos (PBI per cá- pita ponderado por el poder adquisitivo del lugar en cuestión). Cada indicador se transforma en ín- dice comparando la tasa respectiva con la mejor y peor situación relativa mundial (puntajes ome- ga). Así, si la esperanza de vida del lugar en cues- tión fuera baja, el índice tendería a “1” (máxima privación de longevidad), mientras que, si fuera alta, tendería a “0” (mínima privación de longevi- dad). La combinación de las privaciones de longe- vidad, logro educativo e ingresos restada de 1 da como resultado el índice de desarrollo humano. Índices menores a 0,5 reflejarían las peores situa- ciones, índices entre 0,5 y 0,8 muestran casos in- termedios y los mayores a 0,8 serían altos. Este ín- dice de desarrollo humano fue formulado como reacción (e intento de superación) de las compa- raciones internacionales basadas exclusivamente en el PBI per cápita, pero no constituye, estricta- mente hablando, un índice de calidad de vida, ya que no incluye las cuestiones ambientales. •  Geografía, calidad de vida y fragmentación territo- rial en la Argentina (Velázquez 2001). Es el primer libro que aborda esta problemática en forma integral y con cierto nivel de detalle te- rritorial. En él se propone un índice de calidad de vida a partir de una combinación ponderada de indicadores de educación, salud, vivienda y medio ambiente. Tanto estos indicadores como el índice mismo se desarrollan a escala departamental para la Argentina en 1980 y 1991, considerando la im- portancia de factores de diferenciación tales co- mo crecimiento demográfico, centralidad y acce- sibilidad, divisiones regionales, dinámica migra- toria, PBG y categorías urbanas. Posteriormente, aplicamos este índice para el 2001 y 2010 (Veláz- quez 2008, Velázquez et al. 2014), incluyendo el análisis de otros factores de diferenciación, enri- queciendo el análisis de las variables ambientales e instalando el tema de los “rankings” vinculados con la calidad de vida (Velázquez 2011). •  Población y bienestar en la Argentina y El costo so- cial del ajuste. Ambas obras, compiladas por Torrado (2007 y 2010), contienen aportes vinculados con el estu- dio del bienestar en la Argentina desde una pers- pectiva geográfica. Además de los trabajos desarrollados a escala nacional, también se han efectuado estudios de calidad de vida, referidos a situaciones de regio- nes, provincias, ciudades, áreas rurales o escalas más puntuales. Se destacan, al respecto, los avances producidos en el marco de los Seminarios Latinoamericanos de calidad de vida urbana, celebrados durante las dé- cadas de los noventa y la primera del siglo xxi en Chillán (Chile), Mérida (Venezuela), Tandil (Ar- gentina) y Belo Horizonte (Brasil); las Jornadas Ar- gentinas de Estudios de Población (AEPA), que inclu- yen sesiones específicas sobre calidad de vida des- de 1999; los Seminarios Internacionales de Estudios Urbanos, celebrados a partir de la primera década del XXI en Valdivia (Chile), Tandil (Argentina) y Belo Horizonte (Brasil), los Seminarios Argentinos de Geografía Cuantitativa, llevados a cabo a partir de la primera década del siglo xxi en Buenos Aires
  10. 10. 12 I • Introducción (Argentina); los Seminarios Internacionales sobre Po- blación y Sociedad, realizados en Salta (Argentina) en 2005 y 2010; y los Congresos de Geografía de uni- versidades públicas, que incluyen una sesión sobre calidad de vida desde 2011. Otras instituciones como la Universidad Nacio- nal de Catamarca y la Universidad Nacional de Lomas de Zamora organizan congresos sobre ca- lidad de vida. Esta última universidad contiene diferentes proyectos y realiza periódicamente jor- nadas y seminarios de investigación sobre calidad de vida que convocan a investigadores del país y del exterior. En su última convocatoria (2013), in- corporó una sesión sobre calidad de vida y espa- cios geográficos. La Universidad Nacional de Lo- mas de Zamora edita la revista Hologramática que ha publicado en los últimos años varios traba- jos referidos a geografía y calidad de vida en di- ferentes escalas de análisis en la República Argen- tina (Mikkelsen 2006, Celemín 2007, Lucero et al. 2007, Ares 2008). En síntesis, consideramos que los estudios sobre geografía y calidad de vida en la Argentina se es- tán instalando en forma creciente en nuestra co- munidad científica, ya no sólo desde la geografía misma, sino también desde la sociología, la de- mografía, la estadística, la informática, la antro- pología, la economía y la arquitectura, entre otras disciplinas, que han comprendido la importancia de incorporar la dimensión territorial en este tipo de análisis. También vemos cómo algunos gobier- nos municipales, provinciales y el mismo Estado nacional, en los últimos años, han comprendido la necesidad de implementar este tipo de monito- reos para mejorar la gestión y, por ende, la calidad de vida de la población.
  11. 11. Las condiciones de vida de la población argenti- na actual resultan, en gran medida, producto de la particular forma de acomodamiento de los gru- pos hegemónicos locales y transnacionales que, a través de las diferentes etapas de la historia eco- nómica y social, han logrado imponer gran parte de sus propios intereses al resto de la sociedad en función de diferentes modelos de desarrollo, ge- neralmente liderados desde países centrales. Tam- bién son producto del rol que ha jugado el Estado en cada una de estas etapas, haciendo uso de sus facultades para intervenir de determinada ma- nera en las inequidades que genera el libre movi- miento de la economía mercantil, en términos de desigualdad del ingreso, concentración económi- ca y distribución territorial. Para mostrar las principales características de este proceso, resulta útil una reelaboración de la periodización en etapas propuestas por diferen- tes autores (Giberti 1961; Ferrer 1973; Rofman y Romero 1997), distinguiendo básicamente 6 mo- mentos: 1) la etapa altoperuana, 2) la “argentina criolla”, 3) la etapa agroexportadora, 4) la sustitu- ción de importaciones 5) la economía al servicio del mercado y 6) la actual: el Estado al servicio de la economía o “década ganada”. La etapa altoperuana (siglos XVI-XVII) Durante esta primera etapa, el actual noroeste argentino (NOA) era la región más dinámica y densamente poblada, ya que reunía más de la mi- tad de la población. El NOA tenía fuerte articu- lación con Potosí –desde donde se extraían mine- rales preciosos para el comercio internacional en etapa de mundialización, lo que se prolongaría durante los siguientes doscientos años–. Los paí- ses ibéricos, conforme a la doctrina mercantilis- ta, se apoderaron de la totalidad de las riquezas conocidas imponiendo erradicaciones forzadas, trabajo esclavo, cambio de dieta e intercambio de enfermedades, que hicieron disminuir con- siderablemente la población originaria. El NOA fue, principalmente, proveedor de mulas, carre- tas y tejidos. En contraposición, el resto del país, incluyendo el Litoral, continuaba una economía pre-mercantil y estaba, en gran medida, fuera de este esquema. En este momento, las ciudades tenían como fun- ción primordial intentar el control del territorio y la sociedad indígena. Predominaban las fuerzas urbanas centrípetas, ya que éstas eran la sede de irradiación del poder político y militar español. Como muestra de la precariedad del incipiente sistema urbano, basta señalar que, de las 29 ciu- dades fundadas en el siglo xvi, 5 sufrieron sucesi- vos y numerosos trasladados y 15 desaparecieron. El paulatino languidecimiento de la econo- mía potosina y el surgimiento de nuevos intere- ses vinculados con el creciente contrabando por el puerto de Buenos Aires, que pasó a contar, ade- más, con nuevos productos exportables del Lito- ral, irían cambiando el centro de gravedad de la población argentina hacia el sudeste. Precisamen- te este proceso es el que fue abriendo paso a la se- gunda de las etapas, que se asocia con la creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776, con ca- pital en Buenos Aires. La argentina criolla (siglo XVIII-1880) El surgimiento de la ruta Potosí - Buenos Aires de- terminó un cambio importante en las economías del interior. Las ciudades transformaron sus acti- 3 • etapas de desarrollo económico • Fernando Manzano Guillermo Velázquez
  12. 12. 14 II • El proceso de diferenciación territorial vidades en función de esa nueva ruta; y cobraron importancia las funciones comerciales, de trans- porte y administrativas en detrimento de las pro- ductivas. La apertura legal del puerto de Buenos Aires al tráfico de ultramar (antes el contrabando era muy fuerte) y la incipiente incorporación comercial de productos pecuarios de la región pampeana cons- tituyeron dos elementos claves para la evolución del sistema urbano argentino. En Europa, la era del mercantilismo enfrentaba su decadencia, propiciando el declive de la hege- monía ibérica, y la revolución industrial impul- só la valorización del potencial ganadero (cueros, sebo y tasajo). La región pampeana se transfor- mó en un incentivo para la apropiación, sobre la cual el imperio británico desplegaría su poderío. Si bien la empresa era primitiva (al principio ca- cería de ganado, más adelante crianza rudimenta- ria), sentó las bases de lo que posteriormente sería la economía agroexportadora al vaciar de indíge- nas, otorgar en propiedad privada y valorizar vas- tos espacios en la región pampeana. Desde entonces, la ciudad de Buenos Aires sería el centro de gravedad de la sociedad, la economía y el territorio, e intermediaría entre el país en su conjunto y las estructuras del mercado mundial. Treinta y cuatro años luego de la creación del Vi- rreinato del Río de la Plata, la liberación del yugo español y la consecuente independencia formal pergeñarían, en el seno de la embrionaria confe- deración de provincias1 , una nueva división inter- na del trabajo que implicaría cierta prosperidad para el Litoral, sembrando, en contrapartida, de- cadencia y devastación para las economías del in- terior del país. La hegemonía comercial y portuaria de Buenos Aires surge en relación con la comunidad de inte- reses de las oligarquías porteñas con los capitales británicos, las sucesivas campañas de expansión territorial contra los nativos y la consecuente ex- pansión de la frontera ganadera. Un particular proceso de apropiación de la tie- rra en muy pocas manos2 (principalmente gran- des ganaderos y altos oficiales del ejército) será fundamental para explicar temas característicos 1  En ese contexto, cada provincia era autónoma comer- cialmente, es decir, poseía una política aduanera propia. La unificación del Estado-Nación, tal como lo conocemos hoy, recién se produciría durante la segunda mitad del si- glo xix. 2  Para más detalles sobre el proceso de concentración de tierras durante esta etapa recomendamos el trabajo de Oddone 1975. tanto del fin de esta etapa como del principio de la siguiente: principalmente la concentración de la población, de las inversiones y de la infraestruc- tura en Buenos Aires y la región pampeana y el precoz proceso de urbanización de la Argentina. Merced a la independencia formal de las colo- nias americanas, esos espacios derivados se torna- ron fuentes fundamentales del proceso de expan- sión comercial y financiera del imperio británico. En otras palabras, una vez fracasada la conquista militar, se la sustituyó por la penetración econó- mica (Brailovsky y Foguelman 1993, p. 106). Mientras que, hacia finales del siglo xviii, las ex- plotaciones ganaderas del Litoral languidecían en virtud de las dificultades para el reclutamiento de fuerza de trabajo aborigen y las escasas oportuni- dades de expansión productiva, la avasallante de- manda de cueros y carnes saladas del Reino Uni- do transformó drásticamente ese retrato y puso fin a la libertad de captura del ganado. Por pri- mera vez en la historia del país en su conjunto, los “territorios inútiles” de la pampa eran suscep- tibles de una explotación lucrativa en escala apre- ciable (Ferrer 1973, p. 58). Pero el apogeo del litoral ganadero sólo sería po- sible en detrimento de la prosperidad de las regio- nes del interior, hundidas en la decadencia y el ol- vido. Librecambio y proteccionismo, apertura y monopolio desencadenaron una lucha sin cuar- tel entre el advenimiento y la consolidación de ra- cionalidades modernas y la perduración de lógi- cas más tradicionales y obsoletas legadas por el período colonial. Las crecientes desigualdades regionales y las fe- roces guerras civiles desatadas durante la primera mitad del siglo xix reconocían una misma génesis: la puja ideológica, comercial y militar pergeñada entre el librecambio de inspiración británica rei- nante en Buenos Aires y los relictos del proteccio- nismo monopolista vigente en el interior (legado por el período colonial), luchas que se cristaliza- ban en recurrentes escaramuzas libradas entre el interior del país y el puerto. Hasta poco antes de la independencia formal, el 90% de las exportacio- nes provenían de las producciones artesanales del interior del país. Desde 1810, sólo el 15% de las exportaciones realizadas desde el puerto de Bue- nos Aires reconocía un origen ligado a las econo- mías del interior, correspondiendo el 85% rema- nente a la producción bonaerense de cueros, tasa- jo, sebo y astas. Por otra parte, la primacía del librecambio, en tanto racionalidad dominante e ideología impor- tada desde Inglaterra, asfixió a las regiones del in-
  13. 13. 153 • Etapas de desarrollo económico terior. Buena parte de las manufacturas produ- cidas por las decadentes economías del interior eran importadas por el puerto desde Europa. La mitad de las importaciones de Buenos Aires se ha- llaban constituidas por productos textiles britá- nicos, bebidas, tabaco y azúcar, amenazando la continuidad de esas especializaciones producti- vas en aquellas provincias cuya estructura econó- mica se hallaba ligada a tales manufacturas. Los capitales británicos y su expansión manu- facturera fueron vitales, pues, en la consolidación de esas desigualdades regionales, revelando así la primera fase de decadencia y estancamiento de las economías del interior3 . La modernidad europea se había instalado en Buenos Aires y sus contenidos de raigambre urba- na y portuaria se transformaban en un verdadero enclave en el seno de un territorio que se moder- nizaba mucho más lentamente (Bataillon 1992, p. 735). Ya en 1821, esa ciudad –que otrora no había sido más que una aldea de cuatrocientas casas– contaba con su propia infraestructura portuaria y las primeras líneas de telégrafo, objetivando tem- pranamente las innovaciones técnicas de la época. La argentina agroexportadora (1880-1930) Los cambios en la economía mundial –consolida- ción de Europa Occidental y EEUU como poten- cias industriales– implicaron un mayor flujo de capitales, expansión comercial, incremento de los procesos migratorios e importantes cambios tec- nológicos. Los objetos técnicos modernos plas- mados en el abrumador desarrollo de máquinas animadas por la energía térmica y eléctrica surgie- ron y se expandieron. Esas ventajas técnicas per- mitirían una circulación más fluida de las mer- cancías, la fuerza de trabajo y el capital. La libe- ralización comercial, finalmente, se constituía en una doctrina y una práctica consolidada a escala mundial, obra de las conquistas militares y la pe- netración de la ideología del librecambio. La complejidad creciente de la industria textil y las necesidades de expansión del capital financie- 3 En efecto, durante las dos primeras décadas del siglo xix, los agentes comerciales de Manchester, Glasgow y Li- verpool recorrieron Argentina y copiaron los modelos de los ponchos santiagueños y cordobeses y de los artículos de cuero de Corrientes. De este modo, la industria textil británica, pujante y competitiva, arrasó rápidamente con las regiones del interior, proceso que profundizaría y exa- cerbaría durante el siguiente período, cuando el modelo agroexportador desmantelaría la casi totalidad de los sis- temas productivos de esas economías. ro inglés más allá de sus propias fronteras deman- daban el hallazgo de nuevas fuentes de materias primas y alimentos y exigían, al mismo tiempo, la conquista financiera y comercial de nuevos mer- cados, en pos de mitigar las implicancias más ne- fastas de esas brutales transformaciones internas. En este nuevo contexto, las inversiones de capi- tal extranjero en los países periféricos cumplieron en gran medida el papel de adecuarlos para que puedan cumplir mejor su nueva función: produc- tores de alimentos y materias primas, en función de su renta diferencial a escala internacional.4 Es- to implicaría una inserción de la Argentina mu- cho más fuerte que durante la etapa anterior. Se consolidaría, pues, la naturaleza tributaria, subsi- diaria y subordinada de la sociedad y el territorio argentino con respecto a la industrialización capi- talista europea. El fin de las guerras civiles propició el adveni- miento del Estado-Nación como figura jurídica y normativa clave para el desenvolvimiento del de- nominado “modelo agroexportador”, transfor- mando la Argentina en un espacio unificado apto para la libre circulación de capitales y aseguran- do la valorización y la rentabilidad de las inver- siones radicadas en los centros internos de poder y riqueza. Para dar una idea de este proceso, basta señalar que las exportaciones argentinas (en millones de U$S de 1960) pasaron de 42 en 1850 a 550 en 1900. Como muestra de la importancia de los flujos de capital en este período, digamos que la Argentina recibió en 1889 el 50% de las inversiones del Rei- no Unido en el exterior. Pero esta inversión esta- ba vinculada al proyecto agroexportador. De ese modo, Inglaterra cubría su déficit comercial a tra- vés de cuantiosas inversiones en infraestructura, transporte, comunicaciones, finanzas y comer- cio en aquellos países que la abastecían de mate- rias primas y alimentos, asegurándose de tal mo- do la retroalimentación de la división del traba- jo en el país. El trazado de la red ferroviaria argentina y la aplicación de tarifas diferenciales para las mate- rias primas han tenido un papel fundamental en la configuración espacial. Por su trazado en abani- co, con eje en el puerto de Buenos Aires, las vías fé- rreas implicaron una virtual barrera al comercio entre las regiones. Los puertos y los centros urbanos más pujantes de la pampa húmeda se constituían en los únicos 4  El concepto de renta diferencial a escala internacional (di- námico) nos parece más apropiado que el de ventajas com- parativas (estático).
  14. 14. 16 II • El proceso de diferenciación territorial potenciales mercados para la castigada produc- ción de las economías del interior. Como esos fe- rrocarriles transportaban buena parte de las ma- nufacturas importadas por el puerto de Buenos Aires hacia el interior, arrasaron con esas produc- ciones y abastecieron a diversos centros urbanos de bienes que otrora eran provistos por talleres textiles del norte y del centro del país. Para llevar a cabo el proyecto agroexportador, que implicó la absoluta primacía de los intere- ses de grupos hegemónicos pampeanos, debieron efectuarse concesiones y establecerse alianzas con sectores representativos de economías del interior. Una de las principales concesiones fue la fede- ralización de las rentas del puerto de Buenos Ai- res, que permitió la fundación de colonias agrí- colas en las áreas de la región pampeana que no habían sido especialmente afectadas por la apro- piación ganadera de tierras del período anterior, básicamente en las provincias de Santa Fe, Cór- doba y Entre Ríos. También surgieron colonias en áreas extrapampeanas, principalmente en el nor- deste argentino (NEA) y Patagonia. Las economías del interior elegidas para llevar a cabo cierto modelo de desarrollo, en función de sus vinculaciones con el gobierno central y su ap- titud relativa, fueron la vitivinícola mendocina (región de Cuyo) y la azucarera tucumana (región del Noroeste) que, en un contexto de absoluto au- ge pampeano y decadencia extrapampeana, logra- ron asegurarse, mediante una serie de medidas, una inserción exitosa para sus productos. La crisis del sistema internacional de 1929 fue, a grandes rasgos, la segunda crisis de hiperacumu- lación del modo de producción capitalista a es- cala mundial y precipitó el desmoronamiento de las bases de sustentación del modelo agroexpor- tador. La división internacional del trabajo sufrió una significativa metamorfosis y una intensa re- organización, modificando nuevamente el mapa de producciones y demandas. A las medidas proteccionistas tomadas por los países industrializados (aumento de tarifas, esta- blecimiento de cupos, formación de bloques), se suman: la disminución de la demanda y del precio de productos agropecuarios y primarios en gene- ral, la ocupación total de las mejores tierras culti- vables y el incremento de la población. La respuesta del sector hegemónico fue el golpe militar de 1930, que intentó perpetuar el modelo agroexportador, extendiendo así los costos de es- ta crisis a toda la sociedad. Se promovió una acti- va intervención estatal que incluyó la creación de Juntas reguladoras, el Banco Central de la Repú- blica Argentina, precios sostén, y un trato prefe- rencial para el capital inglés (tratado Roca - Run- ciman), con el objeto de preservar la posición de los grupos hegemónicos. Los efectos espaciales de concentración previos al modelo agroexportador seguirían vigentes en el sistema urbano argentino hasta la década de 1970, por el principio de inercia característico de estos procesos, pero además la etapa siguiente, basada en el desarrollo industrial mano de obra - intensivo y dirigido al mercado interno, continua- ría reforzando esta tendencia. El desarrollo sustitutivo de importaciones (1930-1976) El cambio en las condiciones internacionales a partir del aislamiento generado por los conflic- tos mundiales promovió el desarrollo de un nue- vo modelo productivo que trató de aprovechar las potencialidades del mercado interno sobre la ba- se de un desarrollo industrial sustitutivo de im- portaciones con alta utilización de mano de obra. En el país la principal innovación no fue técni- ca, sino organizacional: la reestructuración del Estado nacional, gracias a la intervención del Es- tado en favor de las mayorías como nuevo régi- men, verdadera ruptura institucional de la diná- mica de acumulación capitalista a escala mundial y nacional. Se llevaron adelante diversos mecanismos de promoción industrial, como la elevación de las tarifas aduaneras, el establecimiento del Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI) y el otorgamiento de créditos “blandos”, entre otros. La participación de la agricultura en el PBI cayó desde el 45% del total en 1930 hasta el 17% en 1970 y las importaciones experimentaron una sensible disminución. Hubo una marcada concentración de inversio- nes y establecimientos industriales en la Región Metropolitana de Buenos Aires. A esto debemos sumar la política del Estado en lo que respecta a créditos habitacionales que, en su mayoría, se di- rigieron a apoyar la construcción de viviendas en esta misma RMBA. Asimismo, la nacionalización de los ferrocarriles y la consiguiente disminución de tarifas posibilitaron el incremento de los movi- mientos internos de población. Como se observa en el gráfico 3.1, entre 1933 y 1942, la economía nacional creció a razón del 1,8% anual y las inversiones extranjeras absorbían en 1949 poco más del 5% del capital fijo. El mo- do de producción capitalista se difundió acele-
  15. 15. 173 • Etapas de desarrollo económico radamente en el país. Luego de la Segunda Gue- rra Mundial, la fuerza de trabajo asalariada como proporción de la PEA alcanzó el 70%, su máximo histórico (Neffa 1998, p. 160). En contrapartida, las normas desarrolladas por el Estado se hallaron a menudo en consonancia con aquellas imperantes en los países centrales; por ejemplo, el surgimiento en el país de ciertos embriones y manifestaciones concretas del deno- minado “Estado de bienestar” europeo y nortea- mericano.5 Entre 1930 y 1950, el Estado nacional desarrolló rápidamente un considerable acervo de normas públicas destinado a preservar la con- tinuidad del proceso de acumulación del capital en el país y asegurar la hegemonía de algunos seg- mentos de las clases dominantes. Se multiplica- ron los controles sobre la moneda, las importa- ciones, los movimientos financieros y las inversio- nes. Este período vería también el apogeo de las grandes empresas estatales, el cual se extendería durante casi medio siglo. El Estado controlaba no sólo la distribución si- no también la producción directa de bienes y ser- vicios públicos, merced a la fundación de grandes firmas industriales, la creación de un sector finan- ciero estatal y ciertas expropiaciones de capitales foráneos, fenómenos que permitieron colocar ba- jo la esfera de los poderes públicos buena parte de 5  Ninguna de las normas imperantes durante las prime- ras décadas del proceso de sustitución de importaciones fue, en modo alguno, el resultado aislado de una inicia- tiva de raigambre estrictamente endógena, sino que, por el contrario, éstas eran meras imitaciones de los mecanis- mos normativos instaurados en los países centrales, reco- nociendo, por lo general, antecedentes históricos tempra- namente objetivados en Francia, Alemania, Suiza y Esta- dos Unidos. los sectores considerados estratégicos por la cos- movisión dominante.6 Las firmas estatales concentraban en 1945 el 40% de la inversión total y el gasto público repre- sentaba un tercio del PBI. La creación del IAPI (Instituto Argentino para la Promoción del Inter- cambio) permitía cooptar una significativa parce- la de la renta agraria y emplearla para subsidiar el crecimiento y la expansión manufacturera. En este contexto, el Estado también se transformaba en benefactor de la clase obrera, retomando la ex- periencia institucional europea. Las nuevas normas laborales favorables a los tra- bajadores asalariados, como pivote de la indus- trialización doméstica, procuraron garantizar condiciones mínimas de empleo e ingreso para sustentar la expansión del mercado interno. En- tre 1946 y 1954, el salario medio nominal se mul- tiplicó por nueve y la masa salarial llegó a concen- trar en 1950 el 55,4% del ingreso nacional total. El Estado procuraba atar la prosperidad de una incipiente burguesía industrial nacional al bien- estar de las masas populares, favoreciendo la fuer- za de trabajo asalariada y a pequeños empresarios y trabajadores independientes. En este contexto, los impuestos a las importaciones y la transferen- cia de la renta agraria permitían asegurar el fun- cionamiento del Estado y efectuar una redistribu- ción del ingreso nacional bajo la forma de salarios 6  En esta fase, el Estado asumió un control prácticamen- te total sobre los hidrocarburos, la siderurgia, la telefonía, el agua y la energía eléctrica, creando, además, su propia flota marítima y aérea, e incursionando en el sector finan- ciero y otros servicios, a través de la provisión de créditos para viviendas e industrias y el desarrollo del ramo de los seguros y las obras sociales. Gráfico 3.1. Evolución del PBI per cápita (millones de dólares de 1990). Períodos 1930-1976. Según gobiernos de facto y constitucionales. Fuente: elaboración personal sobre la base de Proyecto Maddisson. -7,4 1,9 9,1 1,8 2,8 5,6 -4,0 5,8 3,3 -2,3 1,9 -10,0 -8,0 -6,0 -4,0 -2,0 0,0 2,0 4,0 6,0 8,0 10,0 1930-1932 1933-1942 1943-1944 1945-1955 1955-1958 1959-1961 1962-1963 1963-1965 1966-1973 1974-1976 1930-1976 Gobiernos de facto Gobierno constitucional Gobiernos de facto Gobierno constitucional Gobiernos de facto Gobierno constitucional Gobiernos de facto Gobierno constitucional Gobiernos de facto Gobierno constitucional Promedio
  16. 16. 18 II • El proceso de diferenciación territorial indirectos, garantizando mediante los controles de precios en el mercado interno la reproducción a bajo costo de la fuerza de trabajo. También el in- cremento sustancial de la presión tributaria en re- lación con la producción global de bienes y servi- cios generaba nuevos recursos fiscales que eran re- distribuidos en beneficio de los asalariados. Este modelo de desarrollo, con evidentes bene- ficios para la gran mayoría de la población, sufrió transformaciones a partir del cambio de actitud frente a las inversiones extranjeras, siendo el prin- cipal protagonista el capital de EEUU, ya clara- mente hegemónico en Iberoamérica a partir de la década de 1950. En 1955 se produce otro golpe de estado (auto- denominado “Revolución Libertadora”). Justa- mente en este contexto se sancionan la ley de ra- dicación de capitales extranjeros y contratos pe- troleros más permisivos. Las grandes corporaciones transnacionales, que son la base del capitalismo monopolista estadou- nidense, exigieron a los países periféricos una reor- ganización de su economía industrial, procuran- do tornarla tributaria de su expansión planetaria. Se aplicaron inmediatamente medidas de esta- bilización monetaria, restricciones salariales y re- ducción del gasto público, promoviendo el ingre- so de Argentina al Fondo Monetario Internacio- nal y al Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (actual Banco Mundial). La radicación de empresas trasnacionales gene- ró al principio un efecto positivo sobre la balanza de pagos, pero luego esto se revirtió por la impor- tación de insumos, el pago de regalías, la remisión de utilidades y el financiamiento de deuda. La relación tecnología-capital / mano de obra se orientó hacia una mayor “eficiencia” en los pro- cesos productivos, provocando un importante re- emplazo de mano de obra industrial. Así, el Cen- so Industrial de 1954 muestra que en la Argentina había 1,55 millones de obreros manufactureros, en tanto que en el siguiente, en 1964, se registra- ban tan sólo 0,97 millones. Durante este interva- lo, sin embargo, el producto industrial creció 64%. Así, el proceso de genuina industrialización do- méstica sería sepultado. El nuevo subperíodo de la fase se vincularía con las industrias del petró- leo, química y automotriz. La intervención del Estado comenzó a ser me- nos directa y más indicativa en cuanto promotor del proceso de industrialización, reservando a las grandes empresas transnacionales una importan- te y significativa parcela de las decisiones econó- micas y delegando en los capitales hegemónicos la responsabilidad de explotación y desarrollo de los sectores considerados estratégicos. El Estado procuró mitigar el consumo interno y racionali- zar la producción fabril y el transporte, restrin- giendo los salarios y reduciendo el gasto público. Comenzaba, así, el fin del desarrollo fabril inter- no, impulsado además por la merma de la impor- tancia relativa de las grandes empresas públicas. Los gobiernos de Frondizi e Illia sufrieron una debilidad estructural a raíz de la proscripción po- lítica del peronismo y el nuevo golpe de estado de 1966 (autodenominado “Revolución Argenti- na”) continuó y profundizó el plan de ajuste. En un marco de regresividad en la distribución social del ingreso, se promovió la liquidación de econo- mías regionales “ineficientes” como el Tucumán azucarero o el Chaco algodonero. Durante este lapso, se incrementaron significa- tivamente las migraciones internas, fundamental- mente desde el Noroeste y Nordeste hacia el Gran Buenos Aires y la región pampeana. Este proceso de concentración de población por migraciones llevó al sistema urbano argentino al máximo ni- vel de primacía (más de 10 a 1 entre 1960 y 1970) y a un notable incremento de las desigualdades re- gionales, ya que el desarrollo manufacturero del interior, con salarios más bajos, se restringió ca- si exclusivamente a la transformación de produc- tos primarios. Fracasado, una vez más, el gobierno de facto, un breve interregno democrático (1973-1976) en el que se consiguió, al principio, cierta redistribu- ción del ingreso, fue bruscamente interrumpi- do por un último golpe de Estado en 1976 (auto- denominado “Proceso de Reorganización Nacio- nal”) que, mediante el autoritarismo y una brutal represión, dejaría su impronta en todos los aspec- tos de la realidad social y territorial argentina. El golpe cívico-militar se produjo bajo la nueva rees- tructuración de la economía mundial, una suerte de transición hacia un nuevo período de moderni- zación excluyente, creciente fragmentación de la sociedad y del territorio que podemos resumir co- mo “economía al servicio del mercado”. “La economía al servicio del mercado” (1976-2002) Durante la primera mitad de la década del seten- ta, las variables motoras a escala mundial sufrie- ron un agudo proceso de reestructuración ligado fundamentalmente a la crisis de los países centra- les y la expansión de las finanzas en detrimento de la producción manufacturera.
  17. 17. 193 • Etapas de desarrollo económico La caída mundial de la tasa de ganancia, la bús- queda de nuevos centros de acumulación y lugares de producción, la competencia entre los países cen- trales y la conquista de los mercados financieros en las periferias del sistema implicaron, entre otros rasgos, el advenimiento de una nueva fase del sis- tema capitalista, la cual impuso nuevas aceleracio- nes y transformaciones, diseñando un nuevo mapa productivo y engendrando un nuevo orden global acompañado por la emergencia de una suerte de “gobierno mundial” (Silveira 1999, pp. 245-257), plasmado en los capitales financieros concentra- dos, las casas matrices de las grandes corporacio- nes y los organismos multilaterales de crédito. Esa nueva dinámica de acumulación capitalis- ta determinó la eclosión de una crisis de endeu- damiento y especulación financiera. La banca in- ternacional desarrolló –mediante la concesión de créditos con bajísimas o nulas tasas de interés– un nuevo mecanismo de acumulación, valorización y reproducción del capital a escala internacional. La conquista de mercados financieros en la perife- ria posibilitó un retorno a la escasez y, con ella, la revalorización de las divisas. El resultado fue que los países del Tercer Mundo se endeudaron a gran escala y absorbieron el dinero que sobraba en el sistema (Silveira 1999, p. 96). Finalizaba, pues, un período sustentado en la re- producción del capital industrial, inaugurando una fase asociada con la valorización de las finan- zas en tanto variable motora de la época. En este contexto, la política económica instau- rada a partir de la dictadura de 1976, se orientó a modificar el mercado financiero –liberando la ta- sa de interés y estimulando la conexión entre el mercado financiero local y el internacional–. Tam- bién se sumó la apertura al mercado internacional de bienes, por medio de la puesta a punto de un mercado cambiario que incentivó el ingreso ma- sivo de las importaciones. Las consecuencias fue- ron la liquidación de una amplia franja del capi- tal nacional, afectando a numerosas PyMES, pero también a empresas de gran tamaño. La reforma financiera de 1977 –verdadero resul- tado del meticuloso diseño de una compleja in- geniería tendente a subyugar la vida de relaciones del país a la dinámica de los mercados interna- cionales de capitales– desplazó finalmente el eje de la dinámica de acumulación hacia las finanzas y consolidó la hegemonía de incipientes grupos económicos nacionales y firmas transnacionales. Este proceso afectó, en mayor medida, a las ciu- dades más grandes (fundamentalmente Buenos Aires, Rosario y Córdoba), ya que eran las que contaban con mayor número de establecimientos industriales. La manipulación monetaria de la actividad fi- nanciera, cuya hipertrofia se hizo evidente en 1980, dio lugar a intensos flujos de capitales espe- culativos que pasaban alternativamente del mer- cado local al internacional. La apertura financiera con el exterior posibilitó estos movimientos que, en definitiva, configuraron una masiva fuga de capital, cuya contrapartida fue la deuda externa que se multiplicó, fortaleciendo su papel de herra- mienta de presión y subordinación. La deuda se compuso de una parte pública y otra privada. La pública se generó a través de las em- presas del Estado, estimulando su endeudamien- to y subordinación ante la banca extranjera. El propio Estado forzaba a las empresas públicas a contraer créditos en el exterior con el propósito de proveer las divisas que posibilitarían la fuga posterior. La deuda privada contraída por los gru- pos económicos –casi el 50% del total–, fue lue- go estatizada, en la última etapa del “Proceso”. Se licuaron entonces los pasivos empresarios –deu- da privada–, asignándole al Estado la responsabi- lidad de esa deuda, con el consecuente incremen- to de su déficit. Finalmente, la deuda externa argentina se quin- tuplicó (Rofman y Romero 1997, p. 258), proce- so usufructuado por grandes grupos económicos diversificados y firmas subsidiarias de corporacio- nes transnacionales que, de ese modo, se apode- raron de una ingente masa de recursos públicos. Laestructuratributaria,cadavezmásregresiva,de- terminó que la mayor parte de la recaudación pro- viniera de los impuestos a la producción y al consu- mo popular, mientras los gravámenes a las ganan- cias y al capital disminuyeron paulatinamente. También durante la última dictadura, se acele- ró el descenso relativo de la población asalariada, particularmente en el sector industrial. En con- traste, aumentaron el sector de servicios y los tra- bajadores por cuenta propia. Mientras tanto, se volvieron a privatizar unas 120 empresas, la mayoría de las cuales habían si- do adquiridas por el Estado entre 1967 y 1973, a través de regímenes de rehabilitación industrial (Gerber y Yanes 1990). En efecto, el Estado argentino se desprendió ace- leradamente de las principales empresas de servi- cios públicos, so pretexto de recuperar la discipli- na fiscal, sanear las finanzas públicas y reducir la pesada carga de la deuda externa. Ya en 1980, un conjunto de grupos económicos nacionales y extranjeros, concentraba el 63,2% de
  18. 18. 20 II • El proceso de diferenciación territorial la producción industrial, desplazando en varias ramas a las empresas nacionales independientes (Azpiazu, Basualdo y Khavisse 1986). Asimismo, se desmantelaron y desmontaron los mecanismos de intervención pública que regula- ban el proceso de acumulación capitalista en los países latinoamericanos, esa norma se abalanzó sobre las empresas estatales, los numerosos con- troles e intervenciones que pesaban sobre los co- rrespondientes mercados internos, las normas de protección ambiental, la educación y salud pú- blicas y las regulaciones del mercado de trabajo en aquellos países que en el pasado habían alum- brado un mercado interno relativamente amplio y consolidado como Argentina, México o Brasil. La acentuada depresión de los salarios reales y la consecuente restricción del consumo interno fue- ron factores de desestructuración para las econo- mías regionales, articuladas mayoritariamente al mercado nacional. En los primeros años de los ochenta, buena par- te de las divisas para afrontar el servicio de la deu- da externa, se obtuvieron favoreciendo las ex- portaciones agropecuarias pampeanas. Así, deci- siones atadas al pago de compromisos externos, volvían a postergar las deterioradas economías ex- trapampeanas. La restauración democrática a partir de 1983 ge- neró importantes expectativas, aunque la falta de un diagnóstico real de la gravedad de la situación llevó a Alfonsín a malgastar sus primeros años de gobierno. El incremento exponencial de la infla- ción –superior al 400% en 1983 y tendiendo a re- basar el 1.000% en 1985–, llevó a que el gobierno radical pusiera en marcha un plan de ajuste deno- minado Austral. También se llevó adelante el con- gelamiento de los precios de bienes y servicios vi- gentes, congelamiento de salarios, pagos exter- nos, aumento de la recaudación fiscal y reducción del gasto público. A medida que la década del ochenta se acercaba a su final, los conglomerados empresarios que du- rante la dictadura agigantaron su poder sobre la base de pesados eslabones de una larga cadena de prebendas –mediante el mantenimiento de subsi- dios al sector privado y con libertad especulativa en el sector financiero y cambiario–, se mostraron dispuestos a defenderlas. En este contexto, la presión de los mercados lle- vo al Estado a lanzar el plan Austral, al que le se- guirían otros planes con el mismo resultado, que anticiparon el final del gobierno radical. Enreda- do en un golpe de mercado, con niveles inéditos de pobreza, desocupación e hiperinflación, Alfonsín debió entregar el gobierno con cinco meses de an- ticipación, en julio de 1989, dando lugar a las pre- sidencias de Menem. A nivel internacional, en estos tiempos, regía el denominado “Consenso de Washington”, tal co- mo explica Carassai (1995, p. 119), que “sugería” reducir drásticamente el déficit fiscal, liberalizar las tasas de interés, iniciar un proceso de apertu- ra importadora, favorecer la privatización de las empresas estatales y “desregular” todos los mer- cados –especialmente el de trabajo–; en suma, ha- cer descansar la reproducción de la sociedad, la economía y el territorio sobre el ajuste estructural neoliberal. En esta fase, la materialidad del terri- torio se renovaría y modernizaría aceleradamente, mientras que la estructura social sufriría una bru- tal metamorfosis. Así, el “contrato social” que comprometía la ren- tabilidad del capital con el pleno empleo, el con- sumo interno con la distribución progresiva del ingreso y el bienestar social con la intervención es- tatal –fuertemente cuestionado en los países cen- trales– se desmoronaría rápidamente en el con- texto latinoamericano en general y en el caso ar- gentino en particular. Menem, propuso asumir, sin eufemismos, el mundo unipolar de la globalización a partir de las “relaciones carnales” con EEUU. Se abandonó así la clásica política exterior argentina del “no ali- neamiento”. Los grandes conglomerados empresarios reagru- paron fuerzas para capitanear un proyecto carac- terizado por una transnacionalización más pro- funda, basada en la explotación intensiva de los recursos naturales –encabezados por el agro y los hi- drocarburos–. A la industria oligopólica se le asig- nó el papel de sumarse al proceso privatizador y de acentuar la orientación hacia mercados exter- nos. Dentro de este esquema, la población interna fue considerada consumidora marginal y enorme reserva laboral barata. Desde abril de 1991, se llevó adelante otra expe- riencia de los planes de ajuste. El plan de converti- bilidad –que implicaba la renuncia a una política monetaria autónoma–, ha sido identificado como una “terapia de shock”. Entre otras característi- cas incluyó: anclaje nominal de la tasa de cambio, liberalización del comercio exterior, libertad de precios, desindexación de los salarios y políticas presupuestaria y monetaria restrictivas. Se requería no tener déficit fiscal, ejerciendo una política tributaria regresiva, ya que la base tribu- taria era el impuesto al valor agregado (IVA), sien- do irrisorios los impuestos sobre capitales o ga-
  19. 19. 213 • Etapas de desarrollo económico nancias y requiriendo permanentemente del flujo de capitales, llevado a cabo mediante un desgua- ce del Estado (denominado “privatización”) y con ingreso de inmanejables fondos especulativos, que incrementaron más aún la vulnerabilidad de nuestra economía. Procurando objetivar en el país las parcelas más valorizadas de la división internacional del tra- bajo, una nueva normativa pública construyó un marco de “seguridad jurídica” y generosos bene- ficios para la inversión extranjera directa, conso- lidando la subordinación del país con respecto a las estructuras del mercado mundial. En efecto, durante el decenio 1990-2000 arribaron más de 154.000 millones de dólares en concepto de IED.7 Esas inversiones foráneas implicaron una trans- formación de la división interna del trabajo que revelaba un evidente retorno a un modelo prima- rio de producción y exportación provisto de ras- gos eminentemente agropecuarios y extractivos. Por eso, la penetración del nuevo paradigma he- gemónico de modernización se produjo en el país gracias a la reestructuración de las ramas prima- rias o de escaso valor agregado y las nuevas tecno- logías, incluyendo la agricultura, los hidrocarbu- 7  Un puñado de seis países –Estados Unidos, España, Francia, Chile, Italia y Gran Bretaña– era responsable por el 88% de esas inversiones, mientras que sólo dos naciones –Estados Unidos y España– acaparaban el 66% de los flu- jos de IED recibidos por el país durante el citado decenio, representando el 37% y el 29%, respectivamente. ros, minería, telecomunicaciones y determinados segmentos industriales fuertemente automatiza- dos y tecnificados. En efecto, durante la última década, las produc- ciones más valorizadas a escala nacional represen- taban un puñado de especializaciones productivas exportables sustentadas en el sector agropecuario –oleaginosas, aceites y grasas vegetales, otros cul- tivos globalizados–, la minería –plata, oro, cobre–, los hidrocarburos y la industria automotriz.8 El atraso cambiario, la disminución de aranceles de importación y la creciente impunidad de sec- tores de privilegio llevaron a un sostenido incre- mento del déficit de la balanza comercial. La evolución del desempleo de la década de los noventa en la Argentina estuvo indisolublemente asociada con el plan de convertibilidad. Desde co- mienzos de tal década, simultáneamente se inició una etapa de “racionalización” de las plantas de empleados provinciales y se vivieron las primeras consecuencias de las privatizaciones. La triplicación de la tasa de desempleo entre 1991 y 1995 (ver gráfico 3.2) –aunque posterior- mente el desempleo se redujo un par de puntos a costa de la reducción de derechos laborales y la “creación” de puestos de trabajo de peor calidad, tanto en sus condiciones como en su remunera- ción– no puede atribuirse a causas exógenas al 8  Esas ramas explicaban, en su conjunto, casi el 55% de las exportaciones nacionales en 2001. Gráfico 3.2. Tasa de desempleo. Argentina. Período 1990-2013 (en porcentaje de la PEA). 7,4 7,0 11,5 17,4 14,0 17,9 21,4 16,1 11,1 7,5 9,1 7,2 6,8 0 5 10 15 20 25 1990 1992 1994 1996 1998 2000 2002 2003 2005 2007 2009 2011 2013 Tasa de desocupación Fuente: FIEL y EPH, INDEC.
  20. 20. 22 II • El proceso de diferenciación territorial modelo, sino que solamente puede comprenderse y explicarse como un resultado inseparable de és- te. Basado principalmente en las siguientes cues- tiones: la “reforma del Estado” –con ejes en la pri- vatización y desregulación– y la apertura externa indiscriminada, favorecida por el tipo de cambio que alentó las importaciones y las tasas cada vez más altas para los créditos, haciendo más difícil a las PyMES su financiamiento y provocando, en consecuencia, que se debilitaran y desaparecieran numerosas unidades–. Los años de crecimiento del PBI durante la dé- cada del noventa no impidieron el aumento de la desocupación y la subocupación. Mientras el pro- ducto crecía alrededor del 30% entre 1991 y 1994, el empleo se incrementaba en menos del 3%. La mayor agudización de los problemas se advirtió durante el lapso de evolución creciente del PBI. El desmantelamiento de la trama industrial y su redefinición, con secuelas de concentración eco- nómica y extensión de la pobreza, conjugaron una situación que se transformó en una valla in- franqueable para el sostenimiento de algunos cir- cuitos productivos, característicos de regiones no diversificadas. También se produjo un incremento de la con- centración económica, con tendencia a la oligopo- lización de las actividades clave, todo ello con cre- ciente polarización y conflictividad social. A pesar de haber enajenado casi la totalidad de las em- presas estatales, la deuda externa se incrementó a más de 100.000 millones de U$S, comprometien- do seriamente las futuras gestiones de gobierno. En diciembre de 1999, asumió la Alianza UCR - Frepaso; sus primeros pasos se orientaron a la búsqueda del equilibrio fiscal. En ese contex- to, se incrementó la presión tributaria sobre los sectores que ya pagaban9 y se rebajaron sueldos de sectores calificados de lo poco que quedaba del Estado.10 Las consecuencias de un cuarto de siglo de polí- ticas neoliberales, condujeron a la peor crisis po- lítica, económica y social de la historia argentina a fines del año 2001, con el estallido del modelo 9  Sin animarse siquiera a plantear la discusión sobre una reforma tributaria que incremente la progresividad del sistema como: gravámenes adicionales para las empresas de servicios públicos que tuvieron ganancias extraordina- rias, o para las operaciones financieras, o alícuotas dife- renciales para el IVA, por ejemplo. 10  Eldesguacedeorganismoshizoquecuadroscalificados (técnicos, profesionales, científicos) de organismos de indudable relevancia como el INDEC, INTA, INTI, CONICET, CNEA, etc., se desalentaran a tal punto que no podían seguir cumpliendo muchas de sus funciones. de la convertibilidad. Se produjo una devaluación del signo monetario argentino, con el consiguien- te retorno de la inflación. Los depósitos bancarios fueron parcialmente confiscados, proceso que, impulsado por el capital financiero concentrado y rápidamente ejecutado y legitimado por el Estado nacional, desembocó en la pesificación de aquéllos, luego de una caudalosa fuga de capitales hacia el exterior, cuyo inequívoco correlato fue la bru- tal retracción de las reservas de divisas del Banco Central y la consecuente cesación de pagos de los intereses de la deuda externa. El ocaso del régimen de convertibilidad mone- taria y la posterior devaluación impulsaron la pe- sificación –es decir, la licuación– de los pasivos em- presarios de buena parte de la cúpula del capital industrial, que de ese modo se desprendió de con- siderables deudas comprometidas con el sistema bancario nacional, los centros financieros inter- nacionales y las propias casas matrices de las cua- les esas firmas eran subsidiarias o filiales, usufruc- tuando una significativa expansión de su renta- bilidad relativa merced a la revitalización de su capacidad exportadora, la reducción de sus cos- tos laborales, el deterioro del salario real y el in- cremento de los precios relativos de la economía real.11 El Estado al servicio de la economía o “década ganada” (2003-) Luego de superada la fase inicial de recuperación a lo largo del año 2002, a partir del año 2003 el Estado Nacional propuso retomar las facultades sobre el control y la regulación de la economía, en un intento de poder reconvertir la herencia de veinticinco años de políticas económicas neoclá- sicas. Tratando de controlar las tribulaciones de la economía internacional, se adoptaron medidas para llevar adelante un crecimiento con inclusión, basadas en la recuperación del mercado interno, en el mismo sentido que se había avanzado has- 11  Véase, pues, la enorme transferencia de recursos que, mediada por el Estado nacional, fue usufructuada por el capital oligopólico, drenaje que superó, durante el bienio 2002-2003, los 13.132 millones de dólares, correspondién- dole exclusivamente a los grupos económicos nacionales, los conglomerados extranjeros y las empresas transnacio- nales el 79,4% de esa ingente masa de capitales. En contra- partida, casi el 70% de esa sangría financiera fue capita- lizada por las filiales y subsidiarias de las grandes firmas petroleras de raigambre global, grandes grupos económi- cos diversificados, vastas corporaciones agroalimentarias y automotrices, firmas del ramo de las telecomunicacio- nes y empresas.
  21. 21. 233 • Etapas de desarrollo económico ta la irrupción de la dictadura de 1976, y puso el péndulo de la economía en manos del mercado internacional. Con miras a delinear el camino hacia una senda de desarrollo sostenido, se establecieron diversas políticas y se definió el curso de variables clave, ta- les como: política cambiaria que torne competiti- vas las exportaciones –incentivando la sustitución de importaciones–, mantenimiento de superávits gemelos, desendeudamiento externo, renacionali- zación del sistema de jubilaciones, incremento del gasto social, implementación de un sistema tri- butario más progresivo, entre otras medidas. Su efecto se traduciría en más y mejor empleo, reduc- ción de los índices de pobreza e indigencia, incre- mento en la cobertura previsional y garantía de movilidad en los beneficios (MECON 2011). Tomando las riendas de la política económica, el Estadobuscódesincentivarlaspolíticasdeacumu- lación de capital no productivas que reinaron du- rante la época neoliberal, la conexión con el mer- cado financiero internacional y el avance del pro- ceso de transnacionalización, e imponer mediante una amplia gama de políticas de promoción, a pe- sar de las restricciones al financiamiento externo, el desarrollo del sector productivo de la economía a través de un círculo virtuoso, en el cual las polí- ticas y los regímenes de promoción constituyeran la necesaria mediación entre el Estado y el sector productivo de la economía. Mediante la coordina- ción del entramado institucional de fomento por parte del Estado Nacional, se logró poner a dispo- sición instrumentos de incentivos a las produccio- nes agropecuarias, industriales y de innovación, al apoyo de las PyMEs y al desarrollo de conglomera- dos productivos (MECON 2011). El resultado fue que “la industria, ha crecido en forma sostenida y a tasas significativamente ele- vadas (7,5%), poniendo así freno a un proceso, que entre 1976 y hasta la finalización del régimen de convertibilidad, destruyó la industria nacional y provocó un deterioro económico y social sin pre- cedentes en el país. Hoy (2013) tenemos el doble de industria que en 2003, y no sólo eso: tenemos una industria más competitiva, integrada, diversi- ficada y con mayor participación de empresas na- cionales”. “El entramado productivo pyme que re- presenta el 99% de las empresas, el 60% del empleo y el 45% del PBI, se ha renovado con el aporte de nuevos actores, un rol más destacado de jóvenes emprendedores y empresarios, y de la mujer em- presaria, responsables ambos de más de la mitad de las 210 mil pymes creadas desde 2003” (Minis- terio de Industria 2013, p. 11). En cierta manera, en el periodo presidencial de Kirchner, iniciado en el 2003, volvieron a reto- marse en gran medida las estrategias “justicialis- tas” del período 1945-1955, y que continuaron en parte durante la estrategia “desarrollista” de los años 1958-1972, en donde el péndulo de la eco- nomía también estuvo del lado del Estado, llevan- do adelante un modelo de crecimiento económi- co orientado a la inclusión social, buscando dejar atrás el período neoliberal de sobreendeudamien- to, destrucción de la industria nacional, desem- pleo y deterioro económico y social. La consistencia entre las políticas macroeconó- micas, sectoriales y microeconómicas, orientadas a la defensa del mercado interno y de la produc- ción nacional, hizo que el modelo implementado a partir del 2003 sea claramente pro-pymes. “Este entramado pymes, del cual el 66% tiene más de 10 años de antigüedad, destaca a la Argentina en la región. En efecto, nuestro país tiene una propor- ción de empresas pequeñas y medianas superior a la del resto de los países de la región, e incluso de la Unión Europea, donde predominan las mi- croempresas. Esto muestra una estructura pyme más consolidada e integrada a la cadena de valor” (Ministerio de Industria 2013, p. 21). “Las favorables perspectivas que genera la polí- tica pro-pyme se traducen en las 210.000 empre- sas, en su mayoría pymes, que fueron creadas en la última década. De estas, un 60% fueron gene- radas por emprendedores y jóvenes empresarios. Esto demuestra que el emprendedurismo se ha convertido en un factor clave para la sostenibili- dad del sector productivo en nuestro país, lo cual ha sido posible por el rol central que la industria tiene en el modelo productivo”. “Se revierte así el fuerte proceso de desindustrialización que signi- ficó la década del noventa, y vuelve a tomar prota- gonismo la pequeña y mediana empresa. Así, en el período 2003-2012 se generaron cerca de 20.000 nuevas pymes industriales, revirtiendo la tenden- cia del período previo, en el cual se perdieron al- rededor de 14.000 pymes industriales, sólo entre 1998 y 2002”. “El cambio del paradigma de la es- peculación financiera por uno nuevo que privile- gia al trabajo, logró rebatir el argumento de que nuestro país tenía regiones que no eran viables, (Ministerio de Industria 2013 pp. 22- 94). Estos datos muestran las diferencias con el modo de acumulación del período 1976-2002, en el que se promovió la consolidación y la concentración del capital –el sector de empresas transnacionales y los grupos económicos de origen nacional, priva- tizando unas 120 empresas y las grandes empresas
  22. 22. 24 II • El proceso de diferenciación territorial públicas, y se apostó a las políticas de apertura fi- nanciera, privilegiando la extracción de beneficios en actividades no productivas. Al mismo tiempo que se acentuaba la depresión de los salarios rea- les y la consecuente restricción del consumo inter- no, se generaba la desestructuración para las eco- nomías regionales. De esta manera, se deteriora- ban las economías extrapampeanas, mientras se priorizaban los pagos de compromisos externos. Las pymes son un actor central en un proceso de reindustrialización y, por tanto, requieren para su crecimiento de financiamiento de crédito, pe- ro la restricción a la oferta de créditos es una pro- blemática generalizada que afecta a las pymes de cualquier economía, sean de países desarrollados o de países emergentes. Esta situación se explica porque las pymes deben asumir un costo de en- deudamiento superior en relación al que acceden las grandes empresas; además éstas últimas cuen- tan con la ventaja de alcanzar montos de créditos muy superiores. Debido a las características men- cionadas sobre el mercado de crédito, es necesa- rio que los gobiernos recurran a diferentes estra- tegias para acercar formas de acceso al crédito a las pymes, eliminando su principal obstrucción al crecimiento –y también a las nuevas empresas potenciales que puedan crearse–. Por estas razo- nes, el Gobierno Nacional, desde el 2003, “ha in- tervenido decididamente en el mercado de crédi- to, basándose en la convicción de que el rol del Estado es fundamental para que el financiamien- to se oriente al sector productivo”. “La reforma de la Carta Orgánica del Banco Central (Comunica- ción 5319/5380) fue un gran paso para orientar al sistema financiero a una mayor contribución al proceso de industrialización. La posibilidad al BCRA de intervenir en el sistema bancario en esa dirección tiene enormes potencialidades. Con el objetivo de dinamizar al sector productivo local y colaborar en el sostenimiento de la tasa de inver- sión” (Ministerio de Industria 2013, pp. 129-130). Teniendo en cuenta las diferencias en determi- nadas variables económicas claves, vemos que el promedio de crecimiento del PBI del periodo 1976-2002 fue de 1,1% y su variabilidad medida a través del coeficiente de variación presentaba un valor de 522,1%, mientras que el crecimiento pro- medio del periodo 2003-2012 fue de 7,2% y la va- riabilidad fue de tan sólo 41,4%. En lo que respecta al comportamiento del mer- cado de trabajo entre ambas estrategias –la neo- liberal y la mercado-internista–, se observan en el gráfico 3.3 diferencias muy marcadas entre los tres períodos censales –los dos primeros asocia- dos al modelo de acumulación conducido por la lógica del mercado– y el último período intercen- sal que expresa parcialmente los cambios ocurri- dos a partir de que la lógica mercantil se subordi- na a los intereses del Estado que conduce un pro- yecto de crecimiento con inclusión. En la década 1980-1990, la tasa de crecimien- to anual  de la PEA superó a la población ocupa- da en una diferencia poco significativa –24,9‰ y 22,6‰, respectivamente–, mientras que duran- te el período 1990-2000 la tasa de crecimiento anual de la PEA fue de 14,5‰ y la población ocupa- da de -14,9‰. En la variación intercensal 2001-2010, se desta- caba la tendencia opuesta. Se produjo un aumen- to de la tasa de crecimiento medio anual  de la po- blación ocupada a un valor de 59,5‰, mientras que la tasa de crecimiento media anual de la PEA y la población mayor de 14 años crecieron sólo 29,0‰ y 13,9‰, respectivamente. Durante el período 1980-2001, se produjo un fe- nómeno nuevo en la historia del mercado de tra- bajo argentino: el déficit en la demanda de em- pleo, debido a que la tasa de crecimiento anual de la población ocupada fue inferior al de la PEA y, por ende, se produjo un aumento del desempleo. Sin embargo, durante el último periodo inter- censal 2001-2010, se invirtió esta última tenden- cia. La tasa media anual  de la población ocupada prácticamente duplicó a la tasa media anual de la PEA y más que cuadriplicó la tasa media anual de la población mayor de 14 años. Si comparamos la elasticidad empleo-produc- to –que mide la repuesta relativa sobre el nivel de empleo ante un crecimiento del producto– entre ambas estrategias de acumulación, durante el pe- ríodo en que la economía se rigió por las deman- das de los intereses del mercado concentrado, la elasticidad empleo-producto alcanzó un valor promedio en los períodos censales 1980-1991 y 1991-2001 de -2,3% y -0,4%, respectivamente. La década de los noventa se destacó, además, porque a pesar de que se produjo una tasa de cre- cimiento anual medio del PBI del 2,7%, el nivel de empleo se redujo en 1,5%. En cambio, durante la estrategia mercado-inter- nista –si bien este dato estaría subestimado, da- do que el cambio de régimen comienza en el año 2003 y continua después del 2010–, la elasticidad empleo-producto promedio del período 2001- 2010 alcanzó un valor récord de 1,4; esto signi- fica que ante un incremento de 1% en el produc- to se generó un incremento de 1,4% en el empleo. Superando el récord histórico del pasado, de un
  23. 23. 253 • Etapas de desarrollo económico valor de la elasticidad empleo-producto de 0,7, ocurrido durante el período censal 1947-1960, coincidente en gran medida con la estrategia jus- ticialista. En el gráfico 3.4, se observa, durante el perío- do 1976-2002, un continuo avance en la regresivi- dad; mientras que, a partir del año 2003, median- te las políticas de creación de empleos –dinami- Gráfico 3.3. Tasa media anual de la población mayor a 14 años, población ocupada y PEA (en %). Argentina. Períodos seleccionados: 1970-1980; 1980-1991; 1991-2001 y 2001-2010. 16,1 14,1 13,6 13,9 10,6 24,9 14,5 29,0 13,3 22,6 -14,9 59,5 -20,0 -10,0 0,0 10,0 20,0 30,0 40,0 50,0 60,0 70,0 1970-1980 1980-1991 1991-2001 2001-2010 Crec. Población Crec. PEA Crec. Ocupados Fuente: elaboración personal sobre la base de Censos de Población de 1970, 1980, 1991, 2001 y 2010. Gráfico 3.4. Distribución social del ingreso (% del ingreso percibido según sectores). Argentina. Período 1975-2014. 11,4 10,5 10,0 9,7 8,5 8,2 6,8 7,7 7,8 8,6 9,1 22,4 19,2 19,4 19,1 18,0 18,5 17,2 19,6 19,9 20,6 21,0 38,6 37,2 37,3 36,0 36,1 36,6 38,4 39,6 40,4 40,2 40,0 27,6 33,1 33,3 35,2 37,5 36,7 37,5 33,1 31,9 30,6 29,8 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 1975 1980 1985 1990 1995 1998 2003 2006 2009 2012 2014 30% más pobre 30% siguiente 30% siguiente 10% más rico Fuente: Marshall, 1995; EPH INDEC.
  24. 24. 26 II • El proceso de diferenciación territorial zando las actividades que tienen alta elasticidad empleo-producto– y de redistribución secundaria del ingreso, se logró una mejora en términos de equidad de la distribución de la riqueza –básica- mente entre el 10% más rico de la población y el 30% más pobre–. El vínculo con el capital financiero y el creci- miento de la deuda externa, ligados al endeuda- miento en el exterior de los grupos económicos – que extraían beneficios mayoritariamente de ac- tividades no productivas–, para su posterior fuga de capital, revela claramente quiénes eran los be- neficiarios del régimen económico del período 1976-2002. Las secuelas del neoliberalismo y su experimen- to económico de paridad fija peso-dólar –de la época menemista–, no pudo sobrevivir a las gran- des convulsiones especulativas de fines de siglo –crisis mexicana de 1994-1995, crisis asiática de 1997, crisis rusa de 1998 y gran crisis internacio- nal de 2000-2002–. Sin embargo, el golpe final se- ría el retiro del apoyo del Fondo Monetario Inter- nacional, que cortó de raíz la enorme afluencia de recursos externos al país, y llevaría en el año 2000 el nivel de endeudamiento a un valor de 153% del PBI (Dabat 2012). El modelo de acumulación capitalista regulado por el Estado que comenzó en el año 2003, en lo que respecta a su política exterior, llevó adelante una estrategia completamente diferente a la men- cionada anteriormente. Ha buscado mantenerse fuera del FMI y acercarse a los nuevos gobiernos progresistas de América –en contraposición al es- tablishment internacional y nacional que exigía el retorno a los mercados financieros–. Se llevó adelante la renegociación de la deuda ex- terna con los acreedores privados y el FMI, con un resultado muy favorable en el año 2005, que per- mitiría pagar un dólar por cada tres de deuda ori- ginal. En términos de deuda externa (% del PBI), se ha logrado descender a un valor del orden del 39% entre 2006-2010. Otra diferencia significativa entre ambos mo- delos de acumulación se observa en el comporta- miento del gasto público social. Con respecto a la protección social, se encuen- tran notables diferencias entre los modelos de acumulación de capital regulados por el Estado –como ocurre entre el año 1945 y 1972 y luego posteriormente partir del 2003–, en relación al ré- gimen neoliberal, en el que la economía se regu- la mediante el mercado –período 1976 y el 2002–. Hasta la década de los setenta, Argentina tenía un sistema de política social basado en un régi- men universal estratificado formado por tres componentes: la provisión universalista de los sis- temas de educación y salud públicas; las presta- ciones sanitarias y previsionales diferenciadas, es- tratificadas según nivel salarial y rama de activi- dad; y la atención localizada de los problemas de pobreza extrema y falta de vivienda (Lo Vuolo y Barbeito 1992, 1998). Estas políticas sociales se encontraban sobre to- do dirigidas a los trabajadores asalariados. Por otra parte, la prestación de servicios públicos a bajo costo –o en su caso gratuitos, como salud y educación– también formaron parte del esquema de gasto público y social en los años previos a es- te lapso. De esta manera, la característica saliente de los programas de gasto público social cuando la economía estaba en manos del Estado –anterio- res a la etapa neoliberal– fue la universalidad, en un marco de bajo desempleo, altos niveles de inte- gración social, a través del empleo, y reducidos ni- veles de pobreza. Pero el estancamiento económico, el creciente déficit fiscal y el deterioro progresivo del merca- do de trabajo fueron teniendo un impacto regresi- vo sobre los diferentes componentes de la política social. De esta manera, comenzaron a experimen- tarse problemas de financiamiento y de gestión que impulsaron, a partir de mediados de los años ochenta y durante los años noventa, el lanzamien- to de importantes iniciativas orientadas a la rede- finición de la política social. Las reformas neoliberales de los años noven- ta tendieron a reducir el déficit público generado por los gastos universales, introducir la participa- ción del sector privado en el mercado de los servi- cios sociales universales y asistir de manera focali- zada a los grupos vulnerables o grupos de riesgo exclui- dos de la seguridad social tradicional o afectados por situaciones de desempleo y pobreza genera- das por las propias reformas económicas. Estas reformas incrementaron la inequidad en los servicios prestados en forma universal y pro- fundizaron el carácter estratificado de aquellos servicios que ya presentaban esos rasgos (Lo Vuo- lo et al. 1999, Repetto 2002, Grassi 2003, Danani 2003, Repetto y Andrenacci 2005, Falappa y An- drenacci 2008, Danani y Grassi 2008). Con el retorno del modelo de acumulación regu- lado por el Estado, a partir del año 2003, comen- zaron a aplicarse una serie de contrareformas en po- líticas de previsión social, con el objetivo de dar vuelta las políticas neoliberales (ver gráfico 3.5). Si comparamos el promedio del gasto público social per cápita (GPS) de la década del noventa
  25. 25. 273 • Etapas de desarrollo económico con respecto al período 2003-2012, vemos que este último creció 112,3% en previsión social, 38,8% en desarrollo social y 48,9% en políticas universales. Conclusiones En este capítulo hemos realizado una periodiza- ción de la sociedad y el territorio argentino en su conjunto, describiendo, analizando e interpretan- do un proceso de formación socioespacial, que se extiende desde la etapa preexistente a la conquis- ta europea hasta nuestros días. Desde su génesis hasta nuestros días, el país se ha estructurado y transformado al compás de las demandas del mercado mundial, tornándose tri- butario de las exigencias de potencias hegemóni- cas de turno y de los centros de poder y riqueza. Sólo en dos excepcionales períodos de la histo- ria argentina se ha apartado de esta lógica, llevan- do adelante un proceso de división interna de la producción definido por el Estado Nacional con el objetivo de ser inclusivo. Ellos son los períodos 1940-1955 y desde el año 2003 hasta la actuali- dad; en ambas etapas, el Estado intentó definir un crecimiento sostenido basado en la articulación de la producciones regionales locales y apoyado en la creación de un mercado interno con alto po- der de compra, que pueda estimular la oferta ne- cesaria para dar comienzo al círculo virtuoso de un crecimiento endógeno. En suma, durante la etapa alto peruana (si- glos xvi-xvii), sólo el NOA consiguió un pequeño desarrollo desvinculado del resto de las regiones –el resto del país quedaba fuera de este esquema y continuaba transitando una economía pre-mer- cantil–, mediante una fuerte articulación con Po- tosí, donde se extraían minerales para el comercio internacional en etapa de mundialización. Esta si- tuación se prolongaría durante los siguientes dos- cientos años de hegemonía de los países ibéricos. En el nivel internacional, la era del mercantilis- mo de Europa debió enfrentar la decadencia y el declive de la hegemonía ibérica y la revolución in- dustrial inglesa determinó cuál sería la forma de valorización de los productos argentinos. Así sur- gen los intereses vinculados con el puerto de Bue- nos Aires. Mientras se creaba el Virreinato del Río de la Pla- ta en 1776, la región pampeana se transformó en una apropiación del imperio británico para su proyecto de lo que sería la economía agroexporta- dora argentina. Mediante los flujos de capital in- vertidos en la argentina, el Reino Unido se asegu- ró el abastecimiento de las materias primas y los alimentos. En el nivel local, la inserción internacional de Argentina como economía agroexportadora, du- rante el período 1880-1937, resultó asfixiante pa- ra las regiones del interior, en tanto sus produc- ciones manufactureras fueron reemplazadas por importaciones desde Europa. La crisis del sistema internacional de 1929 y el aislamiento posterior entre los países debido a los conflictos mundiales generó cambios en la di- Gráfico 3.5. Gasto público social consolidado per cápita. Gobiernos nacional, provincial y municipal. En pesos de 1993. Argentina. Período 1992-2012. 1349 1412 1530 1482 1465 1541 1608 1665 1607 1574 1233 1296 1385 1583 1776 2104 2334 2704 2717 3063 3431 576 549 599 585 583 583 595 602 594 578 442 444 463 486 548 727 801 926 1003 1153 1378 708 773 831 810 786 844 887 936 896 875 652 673 740 901 1022 1169 1318 1524 1419 1634 1783 65 90 100 87 96 114 126 127 117 121 139 179 182 196 206 208 215 254 295 276 270 0 500 1000 1500 2000 2500 3000 3500 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 Total Desarrollo Social Gasto en politicas Universales Prevision social Fuente: elaboración personal sobre la base de Dirección de Análisis de Gasto Público y Programas Sociales (MECON) e INDEC.
  26. 26. 28 II • El proceso de diferenciación territorial visión internacional del trabajo, desmoronándo- se las bases de sustentación del modelo agroex- portador. Bajo este nuevo contexto, los países industriali- zados comenzaron a tomar medidas proteccionis- tas, incentivaron las potencialidades del mercado interno sobre la base de un desarrollo industrial sustitutivo de importaciones con alta utilización de mano de obra. Entre 1930 y 1950, se generaron las condiciones y se tomó la decisión por parte del Estado nacio- nal de implementar, por primera vez, un modelo de acumulación del capital interno, que asegura- ra la hegemonía de algunos segmentos de las cla- ses dominantes locales. Para estos fines, se llevaron adelante diversos me- canismos de promoción industrial como la eleva- ción de las tarifas aduaneras, el establecimiento del Instituto Argentino de Promoción del Inter- cambio (IAPI), el otorgamiento de créditos blan- dos, la multiplicación de controles sobre la mo- neda, importaciones, movimientos financieros e inversiones, entre otros. Este momento es coinci- dente, en buena medida, con la etapa justicialista. Este período vería también el apogeo de las grandes empresas estatales, el cual se extendería durante casi medio siglo; se incentivaría el creci- miento de la industria, el fortalecimiento del mer- cado interno y se promovería la inclusión de to- das las personas. El Estado procuraba atar la prosperidad de una incipiente burguesía industrial nacional al bien- estar de las masas populares, favoreciendo la fuer- za de trabajo asalariada y a pequeños empresarios y trabajadores independientes. En este contexto, los impuestos a las importaciones y la transferen- cia de la renta agraria permitieron asegurar el fun- cionamiento del Estado y efectuar una redistribu- ción del ingreso nacional bajo la forma de salarios indirectos, garantizando mediante los controles de precios en el mercado interno la reproducción a bajo costo de la fuerza de trabajo. También el in- cremento sustancial de la presión tributaria en re- lación a la producción global de bienes y servicios generaba nuevos recursos fiscales que eran redis- tribuidos en beneficio de los asalariados. Luego, el golpe de Estado de 1955 comenzó in- mediatamente la aplicación de medidas de es- tabilización monetaria, restricciones salariales y reducción del gasto público, promoviendo el ingreso de Argentina al Fondo Monetario Inter- nacional y al Banco Internacional de Reconstruc- ción y Fomento. El modelo de desarrollo indus- trial con inclusión sufrió transformaciones a par- tir del cambio de actitud frente a las inversiones extranjeras, siendo principal protagonista el capi- tal de EEUU, mediante la sanción de ley de radica- ción de capitales extranjeros y contratos petrole- ros mucho más permisivos. Los siguientes golpes de Estado –1966 y 1976– tuvieron los mismos objetivos: llevar adelante un plan de ajuste, generar una regresividad en la dis- tribución social del ingreso y promover la liquida- ción de economías regionales. La última experiencia de un plan de ajuste es el plan de convertibilidad de los años noventa. Al igual que en todos los períodos regidos por el rei- nado del mercado internacional que condiciona- ron siempre la división interna de la producción local, se generó un política de comercio exterior que provocó una avalancha importadora, con el consecuente desmantelamiento de la trama in- dustrial y el desempleo creciente. Otras secuelas fueron la concentración econó- mica y la extensión de la pobreza. Esta estrategia terminó en la crisis económica más grande de la historia argentina. Sin embargo, a partir del año 2003, el Estado Nacional –luego de superada la fase inicial de re- cuperación durante el año 2002–, retomando la experiencia que tuvo lugar entre los años 1940 y 1954, propuso recobrar las facultades sobre el control y la regulación de la economía local, en un intento por reconvertir la herencia de 25 años de políticas económicas neoclásicas, buscando man- tenerse al margen de la imposición de los diferen- tes roles que el capital internacional, mediante la división internacionales del trabajo, ha impuesto históricamente al gobierno argentino. Con miras a delinear el camino hacia una sen- da de desarrollo sostenido, se establecieron di- versas políticas y se definió el curso de variables claves, tales como: política cambiaria que torne competitivas a las exportaciones –incentivando la sustitución de importaciones–, mantenimiento de superávits gemelos, desendeudamiento exter- no, renacionalización del sistema de jubilaciones, incremento del gasto social, implementación de un sistema tributario más progresivo, entre otras medidas. Tomando las riendas de la política económica, el Estado buscó desincentivar las políticas de acu- mulación de capital no productivas que reinaron durante la época neoliberal “la conexión con el mercado financiero internacional y el avance del proceso de transnacionalización” e imponer, me- diante una amplia gama de políticas de promo- ción “a pesar de las restricciones al financiamien-

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