BERLIN VS BERLIN
Texto y fotografía: Conny Beyreuther

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Madres coraje.
Helene Weigel, actriz y directora de teatro,
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  1. 1. BERLIN VS BERLIN Texto y fotografía: Conny Beyreuther zazpika 27 zazpika zazpika 2
  2. 2. oviembre; el viento parece proceder directamente de las planicies de Siberia. La dependienta china del “Späti” (Spätverkauf) acorta las largas horas de espera entre cliente y cliente cantando canciones de su lejana patria en el karaoke, con un pequeño micrófono casero y un ordenador, envuelta en varias capas de chaquetas. Las Spätverkauf son tiendas nocturnas de primera necesidad. En Bernauer Strasse, Mitte, hay una tienda cada cien metros, imagínense cuánta necesidad. En la calle, temperaturas solo para valientes. Las mismas que hicieron aquel 4 de noviembre de 1989, hace 23 años, cuando medio Berlín del Este se manifestó, casi incrédulo de su propia valentía, por sus derechos de libertad N Espacio fantasma En este espacio vacío, hoy lugar de ocio de los berlineses, se alzaba, hasta su derribo en 2008, el Palast der Republik, parlamento popular de la RDA. En el mismo lugar estaba el Palacio prusiano bombardeado durante la II Guerra Mundial y demolido en 1950. nacionales. Anunciaba que todas las leyes para viajar al extranjero eran derogadas con efecto inmediato (en lugar de «a partir del próximo día, previa solicitud…», como rezaba la segunda página del documento que debía leer). Para entonces, la frontera entre Austria y Hungría ya no era casi tal tras una ley de permisos de viaje igualmente confusa. Todo ello llevó a miles de personas al Muro, para ver si ya estaba abierto; los guardias fronterizos cedieron a la presión popular, a las 22.30 cayó el muro en Bornholmer Strasse y, a medianoche, el Checkpoint Charlie era una fiesta como si no hubiera mañana. El resto de la historia ya la conocen –o quizás no, ya que también en este caso fue escrita por los ganadores no ganó, sino que sencillamente restó. La ambigua relación del Oeste con el Este se refleja incluso en la creación del término “Ostalgie”, interpretado como la nostalgia del Este y/o como la del sueño de un occidente que no se cumplió, entre otras cosas porque el sistema capitalista cambió por falta de competencia socialista, que es lo que de algún modo parecía otorgarle parte de su inspiración y quizás legitimación. En la antigua RDA millones perdieron su trabajo, su casa, su tejido social. De hecho, la producción industrial y el abastecimiento en los «nuevos Länder» todavía no ha remontado hasta los niveles de los últimos años de la República Democrática Alemana. Vino el cambio, regalando libertad y cuentas de vidrio mien- otra vez en todas partes», constataba, por su parte, el sociólogo Andrej Holm. Aún hoy es preciso buscar con lupa a directivos de grandes empresas o rectores de las universidades que procedan del Este. Eso sí, la canciller, Angela Merkel, y el presidente, Joachim Gauck, una persona elitista y sin empatía alguna por los movimientos sociales que le hicieron famoso, son la excepción a la regla. ¿Si todavía se nota la diferencia entre Este y Oeste? Sí. Es más, la brecha se va ensanchando y en 2050 volverá a estar al mismo nivel que al principio de 1989. Los sueldos siguen estando más bajos y, por consiguiente, también las pensiones. El paro es más alto, la esperanza de vida más baja. de prensa, opinión y reunión. Fue la primera manifestación autorizada y transmitida en directo por la televisión estatal que, según las palabras de Stefan Heym (escritor y antifascista que chocó no pocas veces con Erich Honecker pero quien, tras la reunificación, criticó la discriminación contra los alemanes del este y luchó por un socialismo alternativo al capitalismo de la Alemania reunificada), fue como abrir una ventana de golpe. Unos días más tarde, el jueves 9 de noviembre, a Günter Schabowski, miembro del Politbüro del SED (Sozialistische Einheitspartei Deutschlands o Partido Socialista Unificado de Alemania), se le trababa la lengua en una rueda de prensa ante medios inter- de la precipitada unificación de los dos Alemanias y los cuatro sectores repartidos de Berlín–. Cuenta Daniela Dahn, escritora y periodista, que «en el periodo de transición (Wende) en el otoño de 1989 y los meses posteriores, hubo en el Este un despertar político sin precedentes, una prudente autocrítica y apertura. Se inspiró en la idea de que no solo el revoltoso Este sino también la consolidada República Federal tenían deseo de cambio, y que se crearía un tercer ente, algo nuevo. En cambio, Occidente insistía únicamente en la idea de ganar, y Alemania Oriental fue obligada a verse a sí misma como perdedora». En su libro “Sin Este no hay Oeste”, Dahn sostiene que el capitalismo tras Die Treuhand (la institución creada para administrar y privatizar las empresas de propiedad popular de la RDA) se dedicaba a liquidar todo un país. Vendió las industrias nacionales de la República Democrática Alemana, en muchos casos por precios simbólicos de medio euro, a la competencia occidental, que se apresuró a cerrar fábricas, editoriales… y extender así su radio de exportación. Todo bajo el lema de que los Ossis eran unos vagos y unos incompetentes. (¿Les suena de algo? ¿Qué se dice hoy de los griegos?) «Las posiciones de poder y control fueron ocupadas por las fuerzas occidentales. Es una tendencia en el ámbito económico, político... La encontramos una y Puzzle. Berlín, mencionada por primera vez hace 775 años, no viene de los osos, sino de la palabra eslava Berl, ciénaga. Desde luego, hay mucha agua, más puentes que en Venecia e incluso playas y chiringuitos en verano. Nunca nada fue fácil en esta ciudad: hace más de cien años decía Karl Scheffler que «Berlín es una ciudad condenada a no ser, a estar siempre en proceso de devenir». Y desde entonces ha seguido viviendo su historia a bandazos. Ni tan siquiera aquel 9 de noviembre fue el único 9 de noviembre: tal día de 1918 se ponía fin a la monarquía y comunistas (Liebknecht) y socialdemócratas (Scheidemann) anunciaban la república cada uno por su lado, desde dos balcones si- Tempelhof. Ocio, deporte y diversión en las antiguas pistas del aeropuerto de Tempelhof. zazpika 9
  3. 3. Marx y Engels. Al otro lado del río, a la espalda de ambos, se encontraba el Palast der Republik. El palacio fue derribado (tenía amianto, pero su demolición fue utilizada como una especie de símbolo de la “victoria” del Oeste sobre el Este). Hoy, el monumento a Karl Marx y Friedrich Engels sigue concitando el interés de muchas de las personas que visitan Berlín. Marx sentado, Engels de pie, ambos construidos en bronce. A la derecha, homenaje a los pioneros de la RDA. tuados en puntos opuestos de la ciudad; y el 9 noviembre de 1939 se conoce como “la noche de los cristales rotos”, la serie de pogromos y ataques cometidos contra los judíos por los “camisas pardas”, las tropas de asalto del partido de Adolf Hitler. Queda, por supuesto, el mito, un puzzle de tiempos pasados: ciudad prusiana, capital de la república de Weimar, de los nazis, una metrópoli destruida y partida, la construcción del Muro y su caída. Y es el Berlín de Rosa Luxemburg, Käthe Kollwitz, Helene Weigel y Christa Wolf. Una revolucionaria, una escultora, una actriz y una escritora. Todas ellas “madres coraje” deslumbrantes que dejaron su trazo apasionado en esta ciudad, y más allá. Es, sobre todo, una urbe viva, de huertos urbanos y apicultura en los tejados; un lugar donde se organiza de todo, hasta conferencias de la cerveza como la que tiene lugar todos los años en Neukölln, donde se puede discutir de cuestiones tales como la importancia de los bares de la esquina como lugar de reunión en el movimiento obrero de Berlín (incluso hay una fracción abstemia y también un taller para elaborar tu propia cerveza en una máquina de café). Berlín es una capital joven, poco más de veinte años en su actual formato, «pobre pero sexy» según su alcalde, Klaus Wowereit (SPD), aunque, realmente, nunca ha sido pobre. 3,5 millones de habitantes repartidos en una enorme superficie (890 km²), con dos centros urbanísticos que se fueron expandiendo en sentidos opuestos ya antes de la Segunda Guerra Mundial. Con la construcción del Muro, su parte histórica quedó despoblada, lo que llevó a una verdadera bonanza (de construcción, sobre todo) tras la unificación. Primero en Friedrichstrasse, con templos del consumo; luego le tocó al descampado del Potsdamer Platz, «la mayor obra de Europa», y eso a pesar de que un grupo de jóvenes de una recién estrenada organización juvenil acampamos allí en la primavera de 1990, en medio de la vasta «franja de la muerte», en un campo de minas ya limpio, según nos aseguraron, con mirada curiosa, los militares (grenztruppe) de la RDA. Precisamente allí, entre los todavía dos países, pretendíamos reunirnos con nuestros «nuevos hermanos», los jóvenes del Oeste, para manifestarnos contra la reconstrucción del Potsdamer Platz (centro de mando de Hitler)… pero no vinieron, cambiaron de planes sin acordarse de avisar a los jóvenes de la RDA que ya estábamos allí alrededor de una buena hoguera, cerca de las ruinas del hotel Esplanade (quizás lo recuerden de “El cielo sobre Berlín”, de Wim Wenders), mientras el metro seguía pasando sin detenerse en la estación fantasma bajo nuestros pies. No nos hicieron caso, claro, y allí queda el nuevo barrio: Daimler City, en la parte sur; el Sony-Center, en su zona intermedia, y el Beisheim-Center. Capítulo cerrado. Hay que añadir que queda bien una vez al año, en febrero, cuando se cubre con la alfombra roja de la Berlinale. Berlín sigue cambiando a un ritmo vertiginoso, y así seguirá mientras haya un hueco que llenar. Podríamos seguramente decir que está de moda precisamente porque es tan beta como los tiempos que corren: líquido, inestable, volátil, variable. How long is now? ¿Cuánto dura ahora? pregunta en letras gigantes el grafiti pintado en la pared del edificio Tacheles que da hacia Oranienburger Strasse, la milla turística por antonomasia. Lo que durante los últimos veintidós años fue un símbolo de la ciudad, ruinoso pero muy colorido, era desalojado a principios de setiembre de 2012. Quizás sea este un buen momento para traer a colación la película “Goodbye Lenin”, la misma en la que dos hijos mantienen a su enferma madre en el engaño con un noticiario tan falso como espléndido, cuando el improvisado locutor afirma que son los ciudadanos de Berlín Occidental quienes vienen al paraíso comunista, el cual, como buen y solidario hermano, les permite la entrada. En esta película, el protagonista (Daniel Brühl) y la enfermera rusa (Chulpan Khamatova) acuden a una inmensa casa ocupada en su primera cita y terminan sentados en la cornisa de un edificio medio derruido, con los pies colgando en el vacío, compartiendo un canuto y dos botellas de Becks. Esa escena fue rodada precisamente en el Tacheles. Pero para el Tacheles se ha acabado por ahora el presente. Construido como gran almacén con cúpula de cemento en el corazón del barrio judío de Berlín, fue convertido en cuartel de las SS y en cárcel para prisioneros franceses. En tiempos de la RDA, el malherido edificio albergó varios talleres y un cine, hasta que se decidió empezar con el derribo del precario inmueble con la voladura de la cúpula y la parte que daba a Friedrichsstrasse (para construir una calle). Quedó poco más que la fachada, cortada a cuchillo en su parte poszazpika 11
  4. 4. Madres coraje. Helene Weigel, actriz y directora de teatro, madre del teatro Berliner Ensemble, compañera y continuadora del trabajo de Bertolt Brecht. Christa Wolf, autora de “Kassandra”, “El cielo dividido” o “Un día del año”. Käthe Kollwitz, escultora y dibujante de trazo apasionado, una de las figuras más destacadas del realismo crítico a finales del siglo XIX y principios del XX, cuya obra “Madre e hijo muerto”, conocida como “La Pietá de Kollwitz”, ocupa el homenaje a los caídos en el Neue Wache de Berlín. Rosa Luxemburg, deslumbrante, revolucionaria ejecutada por las tropas de Gustav Noske tras el levantamiento espartaquista de enero de 1919. «La libertad siempre ha sido y es la libertad para aquellos que piensen diferente», proclamó. Tomó parte en la frustrada revolución de 1919 en Berlín, aun cuando este levantamiento tuvo lugar en contra de sus consejos. La revuelta fue sofocada con la intervención del ejército y la actuación de los freikorps (grupos de excombatientes nacionalistas). A su término, cientos de personas, entre ellas Rosa Luxemburg, fueron encarceladas, torturadas y asesinadas. terior, y un solar enorme. En el caos tras la caída del Muro, la “casa del arte” fue ocupada con ayuda de un camión de bomberos y así salvada del derribo planificado. Tacheles es un término que viene del yiddish: hablar sin rodeos. Pero la clandestinidad «pura» se fue perdiendo, domesticándose, los veteranos se cansaron de las interminables luchas internas de poder, la comuna se volvió institución. Fue vendido en los noventa, pero alquilado, a precio simbólico, por diez años, hasta que la empresa que la compró acabó en bancarrota y el banco (también intervenido) decidió vender el terreno (sin inquilinos). Los ocupas del café “Zapata” decidieron abandonar el edificio a cambio de un millón de euros. Y los artistas no opusieron resistencia. Al final, tenían más incondicionales internacionales que locales; para los berlineses era un lugar de un tiempo pasado ya hace mucho, una atracción turística más en una zona de prostitución callejera, restaurantes caros y vigilancia constante en la Sinagoga Nueva, protegida como un puesto fronterizo, con bloques de cemento y alguna tanqueta ocasional. Ulrich Gutmair contaba en el diario “TAZ” que lo especial del Tacheles radicaba en el hecho de ser una especie de herida que permanecía abierta, donde se podía intuir lo que significaba perder una guerra; una historia no representada, sino presente. Pero no se trata solo del Tacheles. A unos cien metros de este edificio se acaba también el tiempo para la galería de fotografía más importante de la ciudad, C/O-Berlin, al menos en su actual forma en el edificio de la antigua Dirección de Correos (Postfuhramt). Es un imponente edificio de ladrillos de color ocre, que en sus mejores tiempos llegó a albergar a doscientos caballos al servicio de la compañía de correos, con establos en el primer piso (los animales eran subidos mediante cintas y poleas). La galería de fotos, con sus muy interesantes programas para fomentar la fotografía entre los jovenes, se va a trasladar al viejo Oeste, al antiguo centro comercial de Berlín Occidental, cerca de la estación del Zoológico, en la casa de las Américas, donde ya esperan con los brazos abiertos. Y es que, mientras el Este sufre una verdadera fiebre del oro y una actividad de construcción casi frenética, en el Oeste apenas ha habido ni se ha creado nada nuevo, o casi. El director de la galería C/O-Berlin, Stephan Erfurt, se refería recientemente a la «venta» de Mitte como «lugar para reinventarse». Pero ya veremos qué pasa con el edificio de correos y qué queda de esa «reinvención» más allá de las viviendas de lujo, fabulosas oficinas, varios estudios de yoga y alguna que otra galería chic de arte. Tiburones en el Spree. Quedan, por lo tanto, el mito, los recuerdos y las referencias populares, recogidos de un modo u otro, por ejemplo, en obras como “Tiburones en el Spree”, que arranca con los planes de una empresa inmobiliaria para construir edificios de oficinas junto al río Spree ante la feroz resistencia ciudadana, o el anticapitalista musical “Dreigroschenoper” (La ópera de los tres peniques), de Bertolt Brecht, y su Mäckie Messer (Mackie Navaja). Pero, ¿qué queda del Berlín de los años veinte? ¿Qué queda de los cabarets dadaístas? Busquen en las colinas hechas de escombros con más de cien metros de altura y hoy cubiertas de frondosos bosques, como el Teufelsberg, la montaña del diablo, en las afueras de Berlín, fruto del ingente trabajo de las mujeres escombreras que movieron casi cien millones de toneladas de ruinas en toda la ciudad en los años posteriores al fin de la Segunda Guerra Mundial. Pasado y presente se entrelazan, viven y mueren; el Guggenheim Berlin, por ejemplo. Ubicado en la sede central del Deutsche Bank en Unter den Linden, está a punto de cerrar sus puertas. Se acaba así una simbiosis entre banco y museo que impulsó interesantes exposiciones del arte más innovador, al tiempo, desde luego, que servía de escaparate para muchas compras provechosas para el banco, que hoy posee una de las mejores colecciones del mundo. Esa unión entre arte y comercio, o cómo construir un imperio pasando los costes a otros quedándose las ganancias, pierde el patrocinio del banco, con lo que uno de los más avanzados centros de arte contemporáneo de Alemania se quedará como «Espacio de diálogo entre economía y política», símbolo no sólo de las prioridades actuales sino también de que, a la larga, la subvención pública puede garantizar más continuidad. Este verano iba a encontrar cobijo en un descampado de la calle Cuvry, en la orilla del Spree en Kreuzberg, el Guggenheim Lab, en la segunda etapa de su gira mundial, pero el barrio decidió no dejarle entrar por estar patrocinado por BMW y tuvo que buscarse un hueco en Prenzlauer Berg; en su lugar siguen acampados los sin techo, hasta ahora tolerados por el propietario del terreno (quizás porque recogen la basura de los turistas y reciclan la opulencia de los vecinos). Moritzplatz. A la izquierda, los jardines del Moritzplatz, agricultura urbana y conciencia social y ecológica en Kreuzberg. Sobre estas líneas, dos clientes en una carnicería para animales y el «campamento» de Cuvrystrasse, en Kreuzberg. zazpika 13
  5. 5. Estampas de la ciudad. Arriba, lo que queda de la fachada de la estación Anhalter Bahnhof. Muchos judíos cruzaron ese pórtico para tomar el tren del exilio cuando aún era posible. En el espacio de los antiguos andenes hay una zona deportiva, y ahí sigue todavía el Tempodrom, un clásico de la escena musical berlinesa. A la derecha, el Reinhardstrasse, un bunker de tres mil metros cuadrados, protegido de los ataques aéreos por paredes de 1,9 metros de grosor (de 3,10 metros en el techo), capaz de dar cobijo a tres mil personas, cerca de la estación de Friedrichstrasse. Un millonario publicista, Christian Boros, lo compró y convirtió en galería de su colección privada de arte y también en vivienda. A la izquierda, la prueba de fachada para la reconstrucción (algún día, quizás) del Palacio Real de Berlín. Arriba, el monumento al holocausto, cerca de Brandenburger Tor. Y una cometa en Tempelhof. zazpika 15
  6. 6. Tacheles En el Tacheles, arriba, todavía se puede visitar lo que queda del parque de esculturas, separado del edificio por pasillos de verjas. A la derecha, el mural en la pared que da hacia Oranienburg Strasse. Al lado, la entrada del C/O Berlin Internationales Forum für Fotografie. Aeropuertos. El último gran fiasco: el nuevo aeropuerto Berlín-Brandenburg (en Schönefeld), que iba a ser inaugurado este pasado verano, se ha convertido en una máquina de tragar millones de euros (muchísimos más de los previstos, por supuesto), debido a los graves errores de planificación, localización (demasiado cerca de la ciudad en una elección marcada por la presión política), impacto medioambiental y social, y construcción. Dos pueblos derruidos para una previsión de 26 millones de pasajeros anuales. La nueva fecha de apertura es octubre de 2013. BerlínBrandenburg reemplazará a Tegel, el amable aeropuerto en forma de hexágono con salida directa a la calle en cada puerta, y a Tempelhof, un templo de la aviación en medio de la ciudad, que vio por última vez retirarse a los aviones hacia su inmenso hangar semicircular en 2008. Hasta la creación del Pentágono, la terminal de Tempelhof era el mayor edificio del mundo («la madre de todos los aeropuertos», en palabras de Norman Foster); fue el preferido de Hitler y allí levantaron los nazis un campo de concentración para comunistas y socialistas (y luego también para homosexuales); fue la base del puente aéreo y del Plan Marshall de EEUU para Berlín; hasta 1993 permaneció en manos del US Airforce y ahora es propiedad de la ciudad. Hoy es un parque gigantesco (380 hectáreas), con huertas, campos de fútbol, aves protegidas y mucho espacio para practicar patinaje, kite surf y otros deportes sobre el asfalto de las antiguas pistas. Entre las propuestas más descabelladas que se formularon para Tempelhof figura la de construir allí un monte de 1.071 metros de altitud, aunque, en realidad, se presentó en protesta por la falta de ideas de las autoridades. El Gobierno de la ciudad se ha dado cuenta ahora del chollo que supone tener un vasto terreno sin colonizar en pleno centro de la ciudad y ya tiene planes para edificar allí casas de gama alta (es decir, para vender terrenos a precios astronómicos), crear puestos de trabajo y construir la nueva biblioteca de la ciudad. Los vecinos han reaccionado ante tales planes, especialmente los inmigrantes, que temen que vayan a subir más los alquileres. Aunque es posible que la mera existencia del superparque dispare también los precios. Pero hay quien se plantea si realmente necesita otro gran parque Berlín, una ciudad que no ha construido casi viviendas (mucho menos viviendas sociales) en los últimos años y que se ahoga por la creciente demanda. Según un reciente estudio, se prevé que su población aumente en 250.000 habitantes en los próximos años, un barrio entero más. Silicon Valley. Comparado con el resto del país, el paro es elevado en esta ciudad (un 11,7 %). En general, Alemania está capeando la crisis mucho mejor que el resto de socios europeos gracias a su potencia exportadora, pero Berlín no es esa “Alemania general”, entre otras cosas porque Berlín Occidental siempre fue una reserva mantenida por la RFA y porque las fábricas del Este fueron cerradas hace 20 años. El empleador mayor de Berlín es la política, con el turismo y las empresas puntocom (la clase creativa metida en internet que pulula en esta urbe) pisándole los talones. De hecho, ya están vendiéndola como el nuevo Silicon Valley. Según un estudio de la consultora McKinsey, tiene mucho potencial para atraer no solo la atención sino también la financiación internacional como laboratorio de nuevas empresas tecnológicas y es especialmente pujante en desarrolladores de aplicaciones para teléfonos y otras plataformas: Soundcloud (música), Wooga (social game developer) o Mozilla ya están instaladas aquí y otros están dando sus primeros pasos en ese camino. Berlín es creativa, llena de talentos, y sigue siendo relativamente barata para vivir, lo que atrae a mucha gente de fuera. Sin embargo, y esto marca otra diferencia entre California y Berlín, faltan figuras femeninas destacadas en las nuevas empresas tecnológicas, de ahí que se hayan juntado las frikis de la informática (Berlin Geekettes) para ayudarse y promocionarse mutuamente: «Un grupo de mujeres emprendedoras que comparten la creencia de que, mediante la organización, el intercambio de historias y experiencias y la construcción de una comunidad basada en la confianza, se puede crear algo importante». Aunque, en general, nueve de cada diez startups (empresas asociadas generalmente a la innovación, desarrollo de tecnologías, diseño y desarrollo web…) no prosperan. Surgen y cierran, y se abren otras. El director, escritor y artista conceptual Sebastian Orlac relata perfectamente todo esto en el “Show del fracaso”, una iniciativa satírica que impulsó hace diez años con el grupo Kulturmassnahmen y que, básicamente, celebra la belleza de las ideas, por muy descabelladas que estas sean. En cada sesión o show, aderezada con alegre música en directo, tres referentes elegidos entre el público cuentan su historia personal y un experto, el filosofo polaco Wiktor Winogradzky, analiza la «calidad» del fracaso; al final, cada uno declara solemnemente si va a seguir con el proyecto fracasado o si lo entierra definitivamente. Dice Sebastian Orlac que lo interesante del fracaso es que hayas arriesgado algo: «A veces el atrevimiento es mayor cuando pagas poco alquiler. En Berlín hay más espacios para probar cosas y, por consiguiente, mejores condiciones para fracasar». «Hoy –añade Orlac– cuentan la eficacia y el marketing. El anárquico momento del fracaso es reprimido. Si se piensa en todo lo que se intentaba y que fracasaba en tiempos del Wende (el periodo de transición) se percibe un gran momento de libertad». Un fracaso suele ser una historia interesante que contar, si sobrevives para contarlo. zazpika 17
  7. 7. Hay muchas historias e iniciativas interesantes, como la que desarrollaron los empleados de la oficina berlinesa de la empresa dotcom Futurice (con sede en Finlandia), que publicaron un anuncio en los principales periódicos de la ciudad con un «se busca abuela o abuelo para nuestra oficina de Berlín», un «alma buena» ajena al mundo-twitter para cocinar una vez al mes (Soup Friday) y cohesionar el equipo y facilitar la comunicación intergeneracional e intercultural. Aunque mejor que sepa inglés para poder entenderse con un equipo tan cosmopolita. Berlín sigue siendo la capital de los advenedizos, de los solitarios (un tercio de los hogares son singles). Piratas. La historia política de Berlín es, obviamente, intensa, incluida la más reciente. SPD y CDU acabaron mal en el último periodo de «gran coalición» y eso ofreció una oportunidad a Die Linke (la izquierda) en la coalición rosa-roja (con los socialdemócratas del SPD). Después, en los comicios de 2011 irrumpieron los piratas, quienes de la nada llegaron a 15 escaños en el Parlamento de Berlín. Prometen un update para la democracia, una actualización; han movilizado a gente harta de la política. Quieren promover transpa- rencia y participación, mediante la democracia líquida, la participación de base y la unión del Agora griego con los recursos tecnológicos del siglo XXI. Todo fluye, esa es su esperanza. También en Berlín, donde la exigencia de hacer las cosas de otro modo se hunde no pocas veces en las turbias aguas de la lógica de la política partidista y de los medios. La Realpolitik. Los Verdes atravesaron ese rubicón y el nuevo Linkspartei está luchando por no cruzarlo: ahora son los piratas quienes se asoman a esa línea; cruzarla significa no ser percibido ya como algo distinto. En este punto, el partido pirata podría ser espejo de nuevos conflictos sociales, expresión del creciente deseo de cambiar las formas de producción y de sacar otros temas al escenario político (aunque, en su caso, quizás también reflejo de una creciente individualización). A este respecto, los Piratas han resultado ser atractivos para los votantes a pesar de no contar con un programa (orgullosos de su «agujero» programático, no tienen por qué saber la respuesta a todo, al menos hasta las elecciones de otoño de 2013). Sebastian Nerz responde que tampoco los partidos establecidos tienen las respuestas, aunque no lo admitan. Aprenden sobre la marcha, apuntan, y ven las cosas con cierta frescura. «Y si no funciona no pasa nada –añade Martin Delius–, es un experimento, vamos a ver hasta dónde llegamos; si no funciona nos disolvemos y a casa». Retorno a la comunidad. Si en algún lugar reside la nueva energía de Berlín es en sus ciudadanos: la mera amenaza de pedir un referéndum en febrero sobre la recomunitarización de las redes energéticas parece estar logrando sus objetivos, la política berlinesa ha aprendido que un referéndum puede ocupar la agenda y a los medios durante meses. La meta es conformar una plataforma abierta, una alianza local (Mesa de la Energía de Berlín) para refundar con criterios ecológicos y democráticos la compañía municipal en base a energías renovables y descentralizadas, ya que a finales de 2013 se renuevan las concesiones con las multinacionales EON, Vattenfall y gdf Suez. El objetivo es que el dinero se quede en la comunidad. Ya en 2011, una iniciativa popular forzó y ganó un referéndum que exigía la publicación de los contratos de venta del servicio de agua de Berlín, hasta entonces secretos, y desde entonces continúa la batalla por recomunitarizar este servicio, aunque los políticos están alargando el tema y la alianza popular poco a poco se va deshaciendo. En 2012 se fundó, por si acaso, una cooperativa abierta (Energía Ciudadana Berlín) para comprar redes energéticas. Sin embargo, otro proyecto, la cooperativa “Vivienda justa”, formada por inquilinos de miles de pisos puestos en venta por el Treuhand (recuerden, la institución creada para administrar y privatizar bienes y empresas de propiedad popular de la RDA) fue eliminada sin más explicaciones, en una decisión abiertamente ideológica, del concurso que finalmente ganó una inmobiliaria de Hamburgo. Y otra de las más recientes propuestas es la petición de referéndum de la iniciativa “100% campo de Tempelhof”, en contra de la edificación de un tercio de las 380 hectáreas del antiguo aeropuerto. Se acercan las elecciones al Bundestag de setiembre de 2013, una fecha idónea para consultas populares. Gentrificación o el juego del Berlinopoly. Este año se habrá superado un récord: 10 millones de turistas y 25 millones de pernoctaciones en Berlín. No solo vienen turistas, sino sobre todo gente joven para vivir y estudiar: 4 universidades, 4 academias de arte, 6 academias especializadas (algo similar a MondragonUnibertsitatea) y 19 academias privadas. En reconstrucción. Berlín sigue siendo una ciudad en reconstrucción. Aún guarda marcas de los impactos de bala y de los destrozos causados por las bombas en sus edificios, o los nombres de las víctimas judías en aceras y fachadas. Y en algunas partes se ven las tuberías que quedan a la vista (no había profundidad suficiente para poder hacerlas subterráneas), como en Alexanderplatz, Unter den Linden, la isla de los museos… zazpika 19
  8. 8. East Side Gallery. Es una galería de arte al aire libre con más de cien grafitis y pinturas situada sobre una sección de 1.316 metros en la cara este del Muro, que se salvó del derribo y hoy es icono turístico. También aquí hubo polémica. La ciudad fue acusada por ignorar los derechos de autor y por pretender abusar de la historia al tratar de reemplazar o reelaborar los estropeados y mal conservados originales tras veinte años a la intemperie. Algunos se negaron, pero muchos autores aceptaron repintar sus propios murales, como hizo el ruso Valeri Vrubel con la famosa pintura que muestra a Breshnev y a Honecker dándose un fraternal beso en la boca. El resultado es una reproducción del arte del Muro digna de Disney, diseñada para satisfacer la curiosidad de los turistas. Lo cierto es que esa sección no fue propiamente muro, ya que allí la separación la constituía el río y, de hecho, nunca estuvo pintado en el lado oriental. Además, siempre fue una reproducción, ya que el muro de 155 kilómetros de longitud, «franja de la muerte» o «muro de protección antiimperialista», desapareció de la faz de aquella tierra de nadie casi sin dejar rastro, dejando tras sí una brecha entre las distintas arquitecturas de las dos partes antes antagonistas, vendido en trozos grandes o pequeños a todo el mundo (si desean ver un trozo auténtico del Muro de Berlín deténganse un momento en el área de servicio de la AP-15 entre Iruñea e Irurtzun). Lo cierto es que, para muchos, ya no queda muy claro por dónde iba el Muro; algunos incluso incluyen Kreuzberg en la parte socialista. De vez en cuanto una se topa en esta ciudad con turistas desorientados que preguntan en qué lado están, este u oeste. zazpika 21
  9. 9. Esta avalancha tiene consecuencias y causa, también, rechazo o hartazgo. Campañas o actos como el de “Berlín no te quiere” (pegatina con el corazón tachado), ataques que tienen en su punto de mira a coches de lujo, hoteles y bares nuevos no son ya una novedad. Hace cinco años era detenido (junto a otras seis personas) el profesor de la universidad de Humboldt Andrej Holm, acusado de «complicidad intelectual con un grupo terrorista» (Militante Gruppe) al que se acusó de varios incendios en Berlín. La acusación se basaba solo en la coincidencia de ciertos términos usados por dicho grupo en sus comunicados con los recogidos en un estudio que llevaba a cabo Holm. El sociólogo investiga cuestiones tales como la gentrificación (aburguesamiento de zonas urbanas pobres) y la precarización. Andrej Holm fue puesto en libertad, pero este caso trajo a primer plano lo que estaba (y sigue) ocurriendo en Berlín. Primero fueron Prenzlauer Berg y Mitte, luego Friedrichshain y Kreuzberg y ahora le toca a Neukölln, mientras el Wedding espera su turno. Se trata de un proceso habitual en muchas ciudades: gente joven, artistas e inmigrantes se instalan en un barrio en busca de alquileres bajos, crean una subcultura o una marca que atrae a más gente, se convierten en reclamo turístico y pronto todos quieren vivir en el barrio de moda; y empiezan a subir los alquileres. En Neukölln, por ejemplo, han su- bido un 30% en los últimos años, en un barrio en el que la mitad de su habitantes lleva ahí menos de cinco años. Esto provoca que «los de siempre» ya no puedan pagar los nuevos alquileres y no tengan otro remedio que irse a la periferia, un camino que estudiantes y artistas no tardarán mucho en seguir, ya que ellos tampoco podrán soportar más subidas. La así llamada «mezcla berlinesa» (la social, al menos) no se va a mantener, no en el centro. Dice ahora el jefe de la Cámara de Comercio de Berlín que hay que tener en cuenta esta «mezcla berlinesa» como «incentivo principal» del desarrollo económico, mientras Die Linke y los Verdes comienzan a pedir «zonas de protección», que impidan que las casas de alquiler pasen a ser de propiedad, algo difícil si se venden bloques enteros de viviendas. Donde antes hubo mezcla puede que solo quede un ghetto trendy o de pijos. Este proceso va especialmente rápido en Berlín porque es una ciudad de inquilinos con mucha movilidad: el 85% de los habitantes viven de alquiler, solo un 15% en propiedad. No es la capital económica de Alemania, pero su atractivo es muy alto y, además, se ha convertido en una especie de capital política europea. Esto ha provocado que muchos inversores extranjeros vean ahora negocio en Berlín, el boomtown inmobiliario, y estén comprando casas (con inquilinos). Además, personas del sur de Europa con dinero y «necesidad» de buscar un puerto seguro para sus ahorros o negocios en tiempos de crisis han puesto también sus ojos en esta ciudad, aprovechándose, por ejemplo, de los puentes aéreos con Barcelona o Madrid (están entrando demasiados “modernillos”, advierten ya los “locales” en algunos barrios berlineses). En Berlín había muchos pisos vacíos y mucho potencial para espacios de creatividad, pero eso está cambiando. Es el capitalismo real imperante sin muro de contención. Una alternativa extraordinariamente útil, tal y como sostiene el sociólogo Andrej Holm, sería que los “nuevos” se dieran cuenta de su propio rol y que la «clase creativa», que encarna un capital social y cultural relativamente fuerte, «participe en la formación de los intereses vecinales e incluso en los movimientos de protesta». Este pasado verano, por ejemplo, los organizadores de una acampada en contra de las subidas de alquileres invitaron a los turistas a participar como bloque en una manifestación. No hay Latte macchiato. Matthias Merkle, berlinés desde los 90 y propietario del bar Neukölln Libre, se dedicó a contar cuántas veces le pedían un Latte macchiato. Nunca ocurría al principio, y de repente no escuchaba otra cosa. «Pero jamás nos ha gustado el café en vaso, no hay y punto». Merkle puso el bar hace siete años para poder tomar una cerveza en condiciones sin tener que cruzar el canal hasta Kreuzberg. «Sí, era un pionero de la gentrificación, y es un dilema, pero lo que pasa ahora es enervante, esta aceleración artificial para sacar ganancias cuanto antes hace crujir a la ciudad». Es consciente de que todos están dentro de ese proceso, hasta cuando coloca un graffiti de “¡Gentrifica esto!” en una persiana, convirtiéndola así en arte callejero, pero darse cuenta de ello ayuda a comportarse de modo diferente. Su alquiler, por supuesto, también sube; es más, debería abrir una segunda o tercera dependencia del bar para poder pagarlo, y eso le pone de los nervios. «No estoy en contra de los turistas –subraya–, ni de los cambios. Que vengan todos, a mí también me parece guay Berlín. Pero antes me gustaba más el bar; si te recomiendan en las guías te inundan de tal manera que los fines de semana ya no hay sitio en la barra para los habituales del barrio, y eso me entristece». “Entrada prohibida a modernetes”, pone en una tienda de esta misma calle en Neukölln. Obviamente, no todos coinciden con Merkle. Desde la organización Hipster Antifa, Jannek Korsky cuenta que no apoyan la gentrificación, que quieren pararlo y que hacen falta leyes nuevas para controlar los alquileres y ayudar a los pobres. Pero, a continuación, recuerda que «Neukölln siempre ha estado marcada Vida cotidiana. Un tranquilo local y una tienda de bicicletas, dos estampas típicas y cotidianas de Berlín, un lugar ideal para andar en bicicleta y tomarse un café y un delicioso pan, bollo o dulce. zazpika 23
  10. 10. Trazado del Muro de Berlín por la pobreza y la miseria. La pregunta es si hay que conservar esto. Por supuesto, puedo entender que la gente diga que se sienten como en un zoológico por el turismo de masas, pero, ¿dónde está la justificación para solicitar un ‘biotopo’? Creo que hemos idealizado demasiado algunas cosas». Lo cierto es que algunos barrios pasan enseguida a ser exclusivos –y excluyentes–, mientras que otros conservan cierta mezcla social durante largo tiempo. La distinta suerte que puede correr una zona depende de numerosos elementos, tales como el tipo de propiedad de los inmuebles, la legislación y regulación vigentes, la estructura de clase y la cohesión social, la oposición vecinal, las iniciativas empresariales… Otro ejemplo: Kreuzberg. Al otro lado del “fronterizo” Oberbaumbrücke, el puente rojo de líneas góticas y dos torreones pintorescos que salva el río Spree y «une» ahora los barrios de Friedrichshain y Kreuzberg, el mismo que recorre la pelirroja Lola (Franka Potente) en la película “Corre Lola Corre”, de Tom Tykwers, para salvar a su novio; el mismo sobre el que los Ossis de Friedrichshain y los Wessis de Kreuzberg se citan en un batalla anual de agua (cañones de agua incluidos), harina, verduras, huevos y lo que tengan a mano –por cierto, en revancha de su derrota del año pasado, este año ganaron los Ossis al empujarlos con facilidad al lado oeste, y les habrían llevado mucho más allá si el campo de batalla no hubiera sido delimitado y limitado por la Policía–. Desde finales de los ochenta, la privilegiada situación de Kreuzberg, barrio turco de Berlín y principal sede del movimiento ocupa de la ciudad, lo ha convertido en blanco de todo tipo de operaciones especulativas, a las que activistas, vecinos u oportunistas de todo tipo se han opuesto de muy diversas maneras: desde volcar cubos de basura y arrojar mierda dentro de los nuevos restaurantes de moda a la hora de la cena, hasta el ataque a coches e incluso la colocación de pequeños artefactos, en acciones atribuidas a distintos grupos por la Policía. Recientemente, los activistas se han volcado en contra de la remodelación de la ribera del Spree, que denuncian como una privatización del espacio público de las orillas del río. La iniciativa “Mediaspree versenken” a favor de una orilla del Spree para todos y no solo para los rascacielos, y otras como la de los jubilados okupas de Pankow, llevan a preguntarnos a quién pertenece, o debería pertenecer, esta ciudad. Hay varias tendencias relacionadas de algún modo con esta cuestión. Zwischennutzung. Uso temporal para usuarios temporales. Para parcelas todavía no vendidas o en propiedad de alguien sin idea o capital para hacer algo con ella. Se alquilan mediante contrato temporal, a veces a precio simbólico. Berlín como agujero tempo- ral, un espacio de libertad pasajero, un paraíso siempre provisional. Este concepto ha sido aplicado a centros de ocio o cultura como Tacheles, Prinzessinnengärten, Kater Holzig o YAAM (Young African Arts Market, el Berlín jamaicano fundado hace 18 años que ya se ha tenido que mudar seis veces y que debe reinventarse de nuevo, porque la inmobiliaria española Urnova les ha cancelado el contrato). Hace poco más de un mes, el Senado de Berlín acordó no solo mirar la rentabilidad puramente económica de una empresa sino también su contribución al desarrollo social, económico y ecológico de la comunidad, el denominado “Rédito ciudadano” al vender bienes inmuebles. Es decir, importa también el concepto, no sólo el capital. De momento, es solo una teoría; puede que los primeros que se aprovechen de este concepto sean los Prinzessinnengärten, los jardines urbanos del Moritzplatz en Kreuzberg, hasta ahora de uso temporal, pero si logran parar el proceso de venta a quien más dinero ponga sobre la mesa es posible que los nómadas urbanos echen finalmente raíces. En el camino, sin embargo, puede perderse el encanto de lo provisional cuando lo temporal se vuelve fijo. Hay muchos que echan de menos el espíritu juguetón de los noventa, sin compromiso, sin ánimo de profesionalizarse sino, simplemente, de pasarlo bien. En Berlín, como en otros sitios, ya no quedan muchos espacios de libertad. No hace mucho, buscabas un agujero en una cuasi ruina y ponías allí tu música (Martin Eberle, “temporary spaces”); ahora cada vez cuesta más mudarse, de ahí que sea positivo que la política empiece a ver que tiene que reservar espacios para los creativos que hicieron de la ciudad lo que hoy es. Recientemente, la cooperativa Holzmarkt ha ganado un concurso sobre un terreno (en derecho de superficie) en la orilla del río Spree. Algunos de sus integrantes ya habían experimentado en otros dos proyectos de uso temporal que se hicieron muy famosos (el Bar 54 y el Kater Holzig) hasta que expiraron los contratos pero, ahora, la cooperativa planifica para este terreno la construcción de un edificio de once pisos para un centro de empresas IT, una residencia para estudiantes, un restaurante y club, luego un hotel y hasta un pueblo urbano (con mercado, panadero, vinoteca, peluquero, guardería, artistas y un parque). Se trata de un proyecto cambiante, creciente y vivo para al menos diez años. Un proyecto, según algunos, que pretende ser una mezcla interesante entre lo temporal y unas infraestructuras más establecidas. Christian Schönigh, uno de los arquitectos de este proyecto, apunta que el desafío será no convertirse en su propio museo. Berlín es Babel, beta, una ciudad donde oscurece pronto, pero donde las horas de luz son muy intensas. La capital alemana todavía tiene algo de indómito; mantiene un sano e innato desinterés por domesticar cada palmo cuadrado de su territorio. El tiempo dirá quién vive y perdura más, si el Holzmarkt o los Prinzessinnengärten u otros proyectos que, de momento, siguen siendo nómadas, como ese YAAM que tendrá que reinventarse por séptima vez y conquistar un nuevo lugar que todavía no figura en ningún reportaje de ningún dominical. • Reinickendorf Pankow Lichtenberg Spandau Aeropuerto de Tegel Mitte Checkpoint Charlie -Kreuzberg CharlottenburgWilmersdorf Marzahn Hellersdorf Friedrichshain- Oberbaumbrücke Tempelhof TempelhofSchöneberg Steglitz-Zehlendorf Neukölln Treptow-Köpenick Aeropuerto de Schönefeld Berlín es, además de capital, un estado autónomo dentro de la organización federal. Situada a 70 km de Polonia, es la más poblada de Alemania y la quinta aglomeración urbana de la UE. Está divida en doce distritos, que a su vez contienen diferentes barrios. La mayoría de estos distritos se crearon a partir de la Fusión de 2001. Hasta ese momento, se subdividía en distritos más pequeños, que el mapa, sin mostrarlos, refleja de modo sutil (Prenzlauer Berg, Wedding, Tiergarten, Weißensee…). El mapa muestra y nombra los doce, pero refleja también cómo fue «repartido» tras la guerra lo que hoy es Mitte y Friedrichshain-Kreuzberg. Además, las distintas tonalidades sugieren las cuatro porciones de la «tarta» berlinesa tras 1945: al Oeste, la francesa en tono azulado; rosado el británico y verdoso el de EEUU; al este de la antigua línea del Muro, la soviética que, con la fundación de la RDA el 7 de octubre de 1949, se convirtió en su capital. Superficie: 892 km² Distritos: 12 Uso de la tierra en % (a dic. de 2011): Edificios y solares: 41,4 % Áreas de recreo: 11,9 % Carreteras: 14,9 % Terreno agrícola: 4,2 % Bosque: 18,3 % Superficie de agua: 6,7 % Lago principal: Müggelsee, 743,3 ha Río más largo: Spree, 45,1 km Canal más largo: Teltowkanal, 29,1 km Punto más alto: Müggelberge, 115 m Edificio más alto: Fernsehturm, 368 m Población (a diciembre de 2012): 3.513.026 Población masculina: 1.676.434 Población femenina: 1.750.680 Extranjeros en 2011: 478.212 PIB en 2011: 97.700 millones de euros Renta mensual media (2008): 1.475 euros Presupuesto (2011): 21.948 mill. de euros Nacimientos en 2011: 33.100 Desempleo (agosto 2012): 214.796 = 12,2 % Vías de tren, tranvía y bus: 1.710 km Vehículos de motor (2011): 1.327.015 Árboles en las calles: 435.680 Perros en 2010: 109.488 Jardines en 2010: 74.094 Parques infantiles en 2010: 1.842 Hospitales en 2010: 79 Turistas en 2011: 9.866.000 Pernoctaciones en 2011: 22.359.000 Representaciones teatrales (09/10): 9.645 Museos: 157 Cines (en 2010): 247 Escuelas públicas y privadas (en el curso 2011/12): 777 Alumnos (en el curso 2012/13): 317.830 Universidades y academias: 39 zazpika 23

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