Suzanne Collins       SINSAJO(Los Juegos del Hambre 3)
PARTE I                LAS CENIZAS.                   Capítulo 1Bajo la mirada hacia mis zapatos, observandomientras una f...
comité evaluando la condición de las minas decarbón. Una cuadrilla de agentes de la pazbuscando refugiados que hayan vuelt...
El mismo lado. Un dolor apuñala mi sienizquierda y presiono mi mano contra ella. Justoen el lugar donde Johanna Mason me g...
juegos de Hambre. Escapé. El Capitolio me odia.Peeta fue tomado prisionero. Se cree que estámuerto. Muy posiblemente esté ...
conmigo hoy. Ni siquiera a él. Algunos paseostienes que hacerlos solo.El verano está siendo abrazadoramente caliente yseco...
apestando en varios estados de descomposición,como carroña para los animales carroñeros, ycubiertos de moscas. Yo te maté,...
arrojan humo blanco en la distancia. Aunque noqueda nadie para que las cuide. Más del noventapor ciento de la población de...
hambre y la opresión interminables, de laspeligrosas minas, del látigo de nuestro últimoagente de la paz en jefe, Romulus ...
a mi madre y a Prim. Él formó el equipo quederribó la cerca (que es ahora sólo una inocuavalla de cadenas, con la electric...
montones de ropa, y tres comidas al día. Loscompartimentos tenían la desventaja de estar bajotierra, la ropa era idéntica,...
distrito 13, porque no parece haber casisuficientes niños por ahí. Pero ¿entonces qué? Noestamos siendo encerrados en corr...
13. Menos de una docena de lo que pasó por elpróspero escape del fuego del Distrito 12. Peetano habría tenido nada por lo ...
alcalde, donde mi amiga Madge vivía. Ni unasola palabra sobre ella o su familia. ¿Fueronevacuados al Capitolio por la posi...
de líderes de distrito. Oficiales del ejército. Perono Alma Coin, la presidenta del 13, quien sóloobserva. Ella tiene cinc...
cambien, me vistan, escriban mis discursos,orquesten mis apariciones, como si eso no sonarahorriblemente familiar, y todo ...
área súper secreta y ahora él sólo apareceocasionalmente para las comidas. Él es muy listoy está muy dispuesto a ayudar a ...
energía permanecer enojada con alguien que lloratanto.Me muevo a través del primer piso con pies decazadora, reacia a hace...
vez que hago un movimiento, resulta ensufrimiento y pérdida de vidas? El anciano al quele dispararon en el Distrito 11 por...
desaparecer en el bosque y nunca mirar atrás.Pero hasta que no lo sepa, estoy atrapada.Giro sobre mis talones ante el soni...
a ninguno de los dos nos gustaba esta nueva,parecíamos estar uniéndonos un poco. Esoclaramente se ha terminado. Él pestañe...
consuelo para mi madre y mi hermana cuando yoestuviera muerta. Gracias a Dios, o sería cenizasahora.El suave cuero se sien...
Cuando empiezo a ahogarme con el hedor,retrocedo y me voy. ¿Cuánto tiempo ha estadoaquí? ¿Un día? ¿Una hora? Los rebeldes ...
¡Él me dejó una rosa! Quiero gritar, pero no esinformación que esté segura debería compartircon alguien como Plutarch mira...
¿Los aviones del Capitolio están apresurándosepara hacernos estallar en el cielo? Mientrasviajamos sobre el Distrito 12, b...
- No podría ser mucho peor -contesto. Lo miro alos ojos y veo mi propia pena reflejada en ellos.Nuestras manos se encuentr...
superficie de la tierra. Ya antes había unaimportante     instalación    subterránea    aquí,desarrollada a través de los ...
sus recursos, a su ardua disciplina, y a unavigilancia constante contra más ataques delCapitolio.Ahora los ciudadanos vive...
madre y mi hermana, se suponía que tenía queseguir con el programa. Aunque, excepto poraparecerme para las comidas, ignoro...
No sé por cuánto tiempo podré salirme con la míacon mi total indiferencia a la precisión derelojería de asistencias requer...
- Dudo que te pidan detalles. Lo vieron arder.Estarán más que nada preocupadas por cómo loestás manejando tú. -Gale me toc...
cómoda suministrada por el gobierno. Cuelgo lachaqueta de mi padre en el respaldo de una silla.Por un momento, el lugar ca...
los movimientos de las tropas en varios distritos,y una mesa rectangular gigante con tableros decontrol que se supone que ...
luego de estar sumergida en el agua, privada deoxígeno hasta llegar a un punto de dolor. Aparto alas personas hacia un lad...
- No era parte de mi plan, eso es seguro -dicePeeta con el ceño fruncido.Caesar se inclina hacia él un poco. -Creo que era...
cuerpo y de su mente. Corre a través de mí comoel morphling que me dieron en el hospital,embotando el dolor de las últimas...
Mi cuerpo estalla en sudor al recordarlo. Mi manose desliza por la pantalla y cuelga sin fuerzas a micostado. Peeta no nec...
Una quietud ha caído el cuarto, y puedo sentircómo se esparce a través de Panem. Una naciónse inclina más cerca de sus pan...
- Cuando permaneciste en el árbol del rayo, y ellay Johanna Mason tomaron el rollo de alambreabajo hacia el agua -dice Cae...
- Bueno. Sólo se ve sospechoso -dice Caesar-.Como si ella formara parte del plan de losrebeldes todo el tiempo.Peeta se po...
Caesar espera un momento, estudiando a Peeta. -¿Qué hay de su mentor, Haymitch Abernathy?La cara de Peeta se endurece. -Yo...
aliviar su transición. Lo han aislado hasta quealcance la sobriedad, considerando que no es aptopara presentarse públicame...
humanos. Nosotros casi nos extinguimos porluchar unos contra otros antes. Ahora somos aúnmenos que entonces. Nuestras cond...
cuarto, así puedo construir otras cien casas denaipes?Caesar se gira hacia la cámara. -Bien. Creo queeso es todo. Entonces...
Detrás de mí, puedo oír las acusaciones contraPeeta elevándose. Las palabras “traidor”,“mentiroso” y “enemigo” rebotan en ...
dice, o por quién lo dice, sólo me importa que aúnes capaz de hablar.Después de un rato, la puerta se abre y alguienentra....
- No, sólo bloqueé la puerta cuando trató deseguirte. Su codo encontró mi nariz -dice Gale.- Ellos probablemente te castig...
darme algo de espacio, o porque sabe que essimplemente demasiado cruel sabiendo que Peetaestá en las manos del Capitolio. ...
permanecer vivos contra todas las probabilidades.Sus primeros años deben haber sido terribles,apiñados en las cámaras subt...
Entonces necesitaban de alguien que pusiera todoen movimiento. Te necesitaban a ti.- Necesitaban a Peeta, también, pero pa...
por los rebeldes. De esta manera, si los Distritospierden, todavía habrá una posibilidad deindulgencia para ti. Si tú le s...
restos regados de cadáveres en lo que solía ser mihogar. ¿Y para qué? ¿Para qué? Mientras misangre comienza a hervir, recu...
- Cualquiera fuera la razón que tuvo Peeta paradecir esas cosas, está equivocado. -Los estúpidospalos no quieren entrar en...
Respiro hondo. Mis brazos suben ligeramente,como si estuvieran recordando las alas en blancoy negro que Cinna me dio, ento...
puntillas por el frío suelo de azulejos hacia lacómoda.El cajón de en medio contiene mi ropa emitidapor el gobierno. Todo ...
adelante y atrás contra mis labios. Por algunarazón, es tranquilizador. Un frío beso del propiodonante.- ¿Katniss? -Susurr...
las tartas heladas en la ventana de la panadería. Eltiempo y la tragedia la habían forzado a crecerdemasiado rápido, al me...
Supongo que soy importante. Tuvieron unmontón de problemas para rescatarme. Mellevaron al Distrito 12. -¿Te refieres… a qu...
- Tendrá que ser público -digo. Buttercup muevesu cola que tomo como acuerdo-. Haré que Coinlo anuncie en frente de toda l...
un tazón de cereales, una taza de leche, y unapequeña cuchara de fruta o verduras. Hoy, puréde nabo. Todo esto viene de la...
dirijo mi atención a doblar con esmero miservilleta, una cucharada de nabos se vierte en mitazón.- Tienes que parar eso -d...
Mientras abarro mi tazón, tengo la inspiración.-Hey, quizás debería poner esa condición de ser elSinsajo.- ¿Que te pueda d...
Gale comprueba su brazo. -Clase de HistoriaNuclear. Donde, por cierto, tu ausencia se hanotado.- Tengo que ir al Comando. ...
que estoy aquí, los toma por sorpresa. Variasmiradas se intercambian. Probablemente tuvieranalgún tipo de sermón extra esp...
La lista. Todavía parece demasiado pequeña.Debería intentar pensar a lo grande, más allá denuestra situación actual donde ...
espalda. Coin permanece tan impasible comonunca, mirándome, sin impresionarse.- Pero tengo algunas condiciones -Aliso la l...
- Quiero cazar. Con Gale. Fuera en los bosques-digo. Esto da que pensar a todos.- No iremos lejos. Usaremos nuestros propi...
- ¿Contigo cómo? ¿Fuera de las cámaras? ¿A tulado todo el tiempo? ¿Lo quieres presentadocomo tu nuevo amante? -pregunta Co...
- No somos primos -decimos Gale y yo juntos.- Cierto, pero probablemente deberíamosmantener las apariencias ante las cámar...
- Ninguna forma de castigo será infringido-continuo. Un nuevo pensamiento se me ocurre-.Lo mismo para los otros tributos c...
Mis palabras se quedan suspendidas en el airedurante un momento.- ¡Esa es ella! -Escucho a Fulvia sisear aPlutarch-. Ahí m...
- Llama a una asamblea de seguridad nacionaldurante la Reflexión hoy -ordena-. Haré elanuncio entonces. ¿Hay algo más en t...
- Excelente. Excelente -Plutarch se deja caer, conlos codos sobre la mesa, frotándose los ojos-.¿Sabes lo que echo de meno...
estamos pidiendo, Katniss. Soy consciente de quetienes sentimientos entremezclados sobreparticipar. Espero que esto ayude....
Paso las páginas lentamente, viendo cada detalledel uniforme. Las capas cuidadosamente amedida del traje de protección cor...
- Nuestro plan es lanzar un Ataque En Antena-dice Plutarch-. Hacer una serie de lo quellamamos “propos”, que es la abrevia...
- Ya tenéis su uniforme -dice Gale.- Sí, pero, ¿está cicatrizada y sangrienta? ¿Estáardiendo con el fuego de la rebelión? ...
Nos subimos a un ascensor, y Plutarchcomprueba sus notas. -Veamos. Es elcompartimento tres-nueve-cero-ocho- Aprieta unbotó...
normales. Cuando me giro, un guardia se hamaterializado de una de las habitaciones al otroextremo del corredor. Una puerta...
- Me temo que tengo que pediros que os vayáisahora. Las discrepancias de asignación se puedendirigir a la Oficina Central ...
Gale se inclina también, intencionalmentegolpeándose las cabezas. -Oh, lo siento -dice conuna ligera risa, cogiendo brazos...
Al verme, Flavius y Octavia retroceden contra lasparedes de azulejos como si estuvierananticipando un ataque, a pesar de q...
- Gente -dice vagamente-. La noche que túescapaste.- Pensamos que podía ser reconfortante para ti eltener a tu equipo norm...
Las cejas de Venia se juntan como si ella todavíaestuviera tratando de encontrar un sentido a esto.-Nadie nos decía nada. ...
No puedo conseguir que Octavia descubra surostro, pero ella lo levanta ligeramente. Losgrilletes en las muñecas se desplaz...
preparación ha sido forzado a las posicionesapretadas del cuerpo durante tanto tiempo queuna vez que le quitan los grillet...
sus lesiones. Me planto en un banco en el pasillofuera de la entrada del hospital, a la espera deescuchar su veredicto. El...
- Castigar a mi equipo de preparación era unaadvertencia -le digo-. No sólo para mí. Sino parati, también. Acerca de quién...
- Por supuesto que sí. Los tributos eran necesariospara los Juegos, también. Hasta que no lo fueron-digo yo-. Y luego nos ...
almorzar, donde nos sirven judías y guiso decebolla, una rodaja gruesa de pan y una taza deagua. Después de la historia de...
de un morral. Aguanto sujetando el rastreador ami tobillo, tratando de simular como si estuvieraescuchando cuando explican...
La falta de lluvia que he visto en el 12 ha dañadolas plantas aquí también, dejando a algunos conhojas secas, construyendo...
Aquí los animales no son tan suficientementedesconfiados. Ese momento extra que tienen paraidentificar nuestro desconocido...
- Es más complicado que eso. Yo los conozco. Noson malos o crueles. No son siquiera inteligentes.Hacerles daño, es como la...
de pan. ¡Tal vez me recuerda mucho de lo que teha pasado con más de un pavo!Aún así, tiene razón. Parece extraño, mi nivel...
renunciar porque no podían dejar de llorar debidoa mi vuelta. Y Venia apenas pudo decirme adiós.- Voy a tratar de mantener...
ocho pulgadas de alto-centrada en la partesuperior de la pared exterior. Hay una pesadaplaca de metal sujeta sobre él, per...
Después de esta mañana, no estoy de humor parasentir pena por el 13.- No más de lo que lo hicimos en el doce -le digo.Veo ...
- Le dije a Coin que sería su Sinsajo. Pero le hiceprometer dar la inmunidad a otros tributos si losrebeldes ganaban -le d...
llevada al Capitolio cuando la arena saltó por losaires.- Oh, la chica loca. Eso no es realmente necesario-dice-. No tenem...
que a los otros vencedores-Peeta, Johanna,Enobaria, y Annie-se les conceda el indulto totalpor hacer cualquier daño a la c...
En otras palabras, salgo de la línea y todosestamos muertos.CAPITULO 5Otra fuerza con la que luchar. Otro jugadorpoderoso ...
tanto no soy de fiar. Ella ha sido la primerapúblicamente en marcarme como una amenaza.Paso los dedos por la gruesa capa d...
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Collins suzanne sinsajo

  1. 1. Suzanne Collins SINSAJO(Los Juegos del Hambre 3)
  2. 2. PARTE I LAS CENIZAS. Capítulo 1Bajo la mirada hacia mis zapatos, observandomientras una fina capa de cenizas se asienta sobreel gastado cuero. Aquí es donde estaba la camaque compartía con mi hermana, Prim. Allí estabala mesa de la cocina. Los ladrillos de la chimeneaque colapsaron en una carbonizada pila, proveenun punto de referencia para el resto de la casa.¿De qué otra manera podría orientarme en estemar gris?No queda casi nada del Distrito 12. Hace un mes,las bombas del Capitolio arrasaron con las pobrescasas de los mineros en la Veta, las tiendas de laciudad, incluso con el Edificio de Justicia. Laúnica zona que escapó de la incineración fue laAldea de los Vencedores. No sé exactamente porqué. Quizá para que quien se vea obligado a veniraquí por asuntos del Capitolio, tenga un lugardecente para quedarse. Los raros reporteros. Un
  3. 3. comité evaluando la condición de las minas decarbón. Una cuadrilla de agentes de la pazbuscando refugiados que hayan vuelto.Pero nadie ha vuelto excepto yo. Y es sólo parauna breve visita. Las autoridades del Distrito 13estaban en contra de mi regreso. Lo veían comoun riesgo costoso y sin sentido, dado que almenos una docena de aerodeslizadores invisiblesestán haciendo círculos arriba para mi protección,y no hay inteligencia alguna por ganar. Sinembargo, tenía que verlo. Tanto, que lo convertíen una condición para cooperar con cualquiera desus planes.Finalmente, Plutarch Heavensbeen, el líderorganizador de los juegos, que había organizado alos rebeldes en contra del Capitolio, alzó susmanos.- Déjenla ir. Más vale desperdiciar un día queotro mes. Quizá un breve recorrido por el 12 esjusto lo que ella necesita para convencerse de queestamos del mismo lado.
  4. 4. El mismo lado. Un dolor apuñala mi sienizquierda y presiono mi mano contra ella. Justoen el lugar donde Johanna Mason me golpeó conel rollo de cable. Los recuerdos giran en espiralmientras trato de separar lo que es cierto y lo quees falso. ¿Qué serie de eventos me guiaron a estarde pie sobre las ruinas de mi ciudad? Esto esdifícil porque los efectos de la concusión que ellame provocó no se han apaciguado y mispensamientos aún tienen una tendencia amezclarse. Además, las drogas que usan paracontrolar mi dolor y mi humor, algunas veces mehacen ver cosas. Supongo. Aún no estoytotalmente convencida de que estaba alucinandola noche en que el piso de mi habitación dehospital se transformó en una alfombra deserpientes retorciéndose.Uso una técnica que uno de los doctores sugirió.Comienzo con las cosas más simples que sé queson ciertas y trabajo hacia las más complicadas.La lista comienza a rodar en mi cabeza…Mi nombre es Katniss Everdeen. Tengo diecisieteaños. Mi hogar es el distrito 12. Estuve en los
  5. 5. juegos de Hambre. Escapé. El Capitolio me odia.Peeta fue tomado prisionero. Se cree que estámuerto. Muy posiblemente esté muerto.Probablemente es mejor si lo está…- Katniss. ¿Debería bajar? -La voz de mi mejoramigo Gale me alcanza a través del auricular quelos rebeldes insistieron en que usara. Él estáarriba en un aerodeslizador, observándomecuidadosamente, listo para abalanzarse si algo vamal. Me doy cuenta que estoy agachada ahora,con los codos sobre mis muslos, y mi cabezaapoyada entre mis manos. Debo verme como alborde de alguna clase de colapso. Esto nosucederá. No cuando finalmente me estánliberando de la medicación.Me enderezo y rechazo su ofrecimiento.- No, estoy bien. -Para reforzar esto, comienzo aalejarme de mi vieja casa y voy hacia el pueblo.Gale pidió ser dejado en el Distrito 12 conmigo,pero no forzó la cuestión cuando rechacé sucompañía. Él entiende que no quiero a nadie
  6. 6. conmigo hoy. Ni siquiera a él. Algunos paseostienes que hacerlos solo.El verano está siendo abrazadoramente caliente yseco como un hueso. No ha habido casi nada delluvia que perturbe las pilas de cenizas dejadasatrás por el ataque. Se mueven aquí y allá, enreacción a mis pasos. Sin brisa que las disperse.Mantengo mis ojos en lo que recuerdo como elcamino, porque cuando aterricé por primera vezen la Pradera, no fui cuidadosa y choqué justocon una roca. Sólo que no era una roca, era elcráneo de alguien. Rodó y rodó y aterrizó bocaarriba, y por un largo rato no pude dejar de mirarlos dientes, preguntándome de quién eran,pensando en cómo los míos probablementelucirían de la misma manera bajo circunstanciassimilares.Me ciño al camino por hábito, pero es una malaelección, porque está lleno de restos de aquellosque trataron de huir. Algunos estáncompletamente incinerados. Pero otros,probablemente derrotados por el humo, escaparonde lo peor de las llamas y ahora están tendidos
  7. 7. apestando en varios estados de descomposición,como carroña para los animales carroñeros, ycubiertos de moscas. Yo te maté, pienso mientraspaso una pila, Y a ti. Y a ti.Porque lo hice. Fue mi flecha, apuntando hacia lagrieta en el campo de fuerza rodeando la arena, loque trajo esta tormenta de fuego como castigo.Eso envió al país entero de Panem al caos.En mi cabeza escucho las palabras del PresidenteSnow, pronunciadas la mañana que yo iba aempezar el Tour de la Victoria. “KatnissEverdeen, la chica en llamas, tú hasproporcionado la chispa que, de quedardesatendida, puede crecer en un infierno quedestruya Panem”. Resulta que él no estabaexagerando o simplemente tratando de asustarme.Él estaba, quizá, genuinamente intentando enlistarmi contribución. Pero yo ya había puesto algo enmovimiento que no tenía la habilidad decontrolar.Quemando. Aún quemando, pienso de maneraentumecida. Las llamas en las minas de carbón
  8. 8. arrojan humo blanco en la distancia. Aunque noqueda nadie para que las cuide. Más del noventapor ciento de la población del distrito está muerta.Los restantes ochocientos o algo así estánrefugiados en el Distrito 13, lo cual, en lo que amí respecta, es lo mismo que estar sin hogar parasiempre.Sé que no debería pensar eso; sé que debería estaragradecida por la manera en que hemos sidorecibidos. Enfermos, heridos, muriéndonos dehambre, y con las manos vacías. Aún así, nuncapuedo superar el hecho de que el Distrito 13 fueuna contribución en la destrucción del 12. Eso nome absuelve de culpa (hay bastante culpa paracircular). Pero sin ellos, yo no habría sido partede un gran complot para derrocar al Capitolio nihubiera tenido los recursos para hacerlo.Los ciudadanos del Distrito 12 no han organizadomovimientos de resistencia por su cuenta. Por nodecir en algo de esto. Ellos sólo tienen elinfortunio de tenerme. Aunque algunossobrevivientes piensan que es buena suerte, estarlibres del Distrito 12 al fin. Haber escapado del
  9. 9. hambre y la opresión interminables, de laspeligrosas minas, del látigo de nuestro últimoagente de la paz en jefe, Romulus Thread. Teneruna nueva casa siquiera es visto como unamaravilla ya que, hasta hace poco tiempo, nisiquiera sabíamos que el Distrito 13 aún existía.El crédito por el escape de los sobrevivientes hacaído firmemente sobre los hombros de Gale,aunque él está reacio a aceptarlo. Tan prontocomo el Quarter Quell había terminado (tanpronto como yo había sido levantada de la arena),la electricidad en el distrito 12 fue cortada, lastelevisiones se pusieron negras, y la Veta sequedó tan silenciosa; la gente podía escuchar loslatidos de los demás. Nadie hizo nada paraprotestar o celebrar lo que había sucedido en laarena. Aunque en los siguientes quince minutos,el cielo estuvo lleno con aerodeslizadores y lasbombas estaban lloviendo.Fue Gale quien pensó en la Pradera, uno de lospocos lugares que no estaba lleno con viejas casasde madera incrustadas con polvo de cenizas. Élreunió a los que pudo en su dirección, incluyendo
  10. 10. a mi madre y a Prim. Él formó el equipo quederribó la cerca (que es ahora sólo una inocuavalla de cadenas, con la electricidad apagada) yguió a las personas dentro del bosque. Los llevóal único lugar en el que pudo pensar, el lago quemi padre me mostró cuando yo era pequeña. Yfue desde allí donde observaron las distantesllamas devorando todo lo que conocían en elmundo.Para el amanecer, los bombarderos se habían idodesde hacía mucho tiempo, las flamas estabanmuriendo, y los rezagados finales estabanacorralados. Mi madre y Prim habían instalado unárea médica para los heridos y estaban intentandotratarlos con lo que fuera que podían conseguirdel bosque. Gale tenía dos juegos de arco yflechas, un cuchillo de caza, una red de pesca, ymás de ochocientas personas aterrorizadas quealimentar. Con la ayuda de aquellos que eranfísicamente capaces, se las arreglaron por tresdías. Y ahí fue cuando el aerodeslizadorinesperadamente llegó para evacuarlos a todos alDistrito 13, donde había más que suficientescompartimentos blancos y limpios para vivir,
  11. 11. montones de ropa, y tres comidas al día. Loscompartimentos tenían la desventaja de estar bajotierra, la ropa era idéntica, y la comida erarelativamente insípida, pero para los refugiadosdel 12, estas eran consideraciones menores. Ellosestaban a salvo. Estaban siendo cuidados. Estabanvivos y siendo ansiosamente recibidos.Este entusiasmo fue interpretado como bondad.Pero un hombre llamado Dalton, un refugiado delDistrito 10 que llegó al 13 a pie hace unoscuantos años, me reveló el verdadero motivo.- Ellos te necesitan. A mí. Nos necesitan a todos.Hace un tiempo, hubo una especie de epidemia devaricela que mató a un montón de ellos y dejóinfértiles a un montón más. Nuevo linaje decrianza. Así es como nos ven.Antes, en el distrito 10, él trabajó en unashaciendas de ganado, manteniendo la diversidadgenética de la manada con la implantación deembriones de vacas congelados desde hacemucho tiempo. Él es muy prometedor justo en el
  12. 12. distrito 13, porque no parece haber casisuficientes niños por ahí. Pero ¿entonces qué? Noestamos siendo encerrados en corrales, estamossiendo entrenados para el trabajo, los niños estánsiendo educados. A aquellos mayores de catorceles han sido dados rangos de principiantes en elejército y están siendo llamados respetuosamentecomo “Soldados”. A cada uno de los refugiadosle fue otorgada la ciudadanía automática por lasautoridades del 13.Aún así, los odio. Pero, por supuesto, yo odio acasi todos ahora. A mí misma más que a nadie.La superficie bajo mis pies se endurece, y bajo laalfombra de cenizas, siento las piedras delpavimento de la plaza. Alrededor del perímetroestá una poco profunda orilla de basura donde lastiendas estaban. Un montón de ennegrecidosescombros han reemplazado el Edificio deJusticia. Camino al sitio aproximado de lapastelería que le pertenecía a la familia de Peeta.No queda mucho excepto un pedazo derretido delhorno. Los padres de Peeta, y sus dos hermanosmayores, ninguno de ellos logró llegar al Distrito
  13. 13. 13. Menos de una docena de lo que pasó por elpróspero escape del fuego del Distrito 12. Peetano habría tenido nada por lo que venir a casa.Excepto a mí…Me alejo retrocediendo de la pastelería y chococontra algo, pierdo el equilibrio, y me encuentro amí misma sentada sobre un trozo de metalcalentado por el sol. Medito lo que podría habersido, el recordar la reciente renovación de la plazahecha por Thread. Los cepos, los postes deazotes, y esto, los restos de las horcas. Malo. Estoes malo. Causan un torrente de imágenes que meatormentan, dormida o despierta. Peeta siendotorturado: ahogado, quemado, lacerado,electrocutado, lisiado golpeado, mientras elCapitolio trata de obtener información sobre larebelión de la que él no sabe. Cierro mis ojos eintento alcanzarlo a través de los cientos y cientosde millas, para enviar mis pensamientos dentro desu mente, para dejarle saber que no está solo.Pero lo está. No puedo ayudarlo.Corro. Lejos de la plaza hacia el lugar que elfuego no destruyó. Paso los restos de la casa del
  14. 14. alcalde, donde mi amiga Madge vivía. Ni unasola palabra sobre ella o su familia. ¿Fueronevacuados al Capitolio por la posición de supadre, o dejados en las llamas? Las cenizas seondulan a mí alrededor, y subo el dobladillo demi camiseta sobre mi boca. No es de extrañar loque inhalo, sino quién, que amenaza consofocarme.El pasto ha sido quemado y la nieve gris cae aquíy allá, pero las doce finas casas de la Aldea de losVencedores están ilesas. Entro a la casa en la queviví durante el último año, cierro la puerta degolpe, y me reclino contra ella. El lugar pareceintacto. Limpio. Espeluznantemente tranquilo.¿Por qué regresé al 12? ¿Cómo puede esta visitaayudarme a responder las preguntas de las que nopuedo escapar?- ¿Qué voy a hacer? -susurro hacia las paredes.Porque realmente no lo sé.Las personas se mantienen hablando, hablando,hablando, hablando. Plutarch Heavensbeen. Sucalculadora asistente, Fulvia Cardew. Un revoltijo
  15. 15. de líderes de distrito. Oficiales del ejército. Perono Alma Coin, la presidenta del 13, quien sóloobserva. Ella tiene cincuenta años o algo así, concabello gris que cae en una ininterrumpida capahacia sus hombros. Estoy de alguna manerafascinada por su cabello, ya que es tan uniforme,sin ningún defecto, mechón, ni siquiera unagrieta. Sus ojos son grises, pero no como los delas personas de la Veta. Los de ella son muypálidos, casi como si todo el color hubiera sidosuccionado de ellos. El color del aguanieve quedeseas que se derrita.Lo que ellos quieren es que yo propiamente tomeel papel que diseñaron para mí. El símbolo de larevolución. El sinsajo. No es suficiente, lo que hehecho en el pasado, desafiando al Capitolio en losJuegos, proporcionando un punto de reunión.Debo ahora convertirme en la líder real, la cara, lavoz, la personificación de la revolución. Lapersona con la que los distritos, la mayoría de loscuales están ahora abiertamente en guerra con elCapitolio, puedan contar para que abra el senderohacia la victoria. No tendré que hacerlo sola.Ellos tienen un equipo entero de personas que me
  16. 16. cambien, me vistan, escriban mis discursos,orquesten mis apariciones, como si eso no sonarahorriblemente familiar, y todo lo que tengo quehacer es interpretar mi parte. Algunas veces, losescucho y algunas veces simplemente observo laperfecta línea del cabello de Coin y trato dedecidir si es una peluca. Eventualmente, dejo lahabitación porque mi cabeza comienza a doler oes tiempo de comer o porque si no subo podríaempezar a gritar. No me molesto en decir nada.Simplemente me levanto y salgo.Ayer en la tarde, mientras la puerta estabacerrándose detrás de mí, escuché a Coin decir:“Te dije que deberíamos haber rescatado al chicoprimero”, refiriéndose a Peeta. No podría estarmás de acuerdo. Él habría sido un excelentevocero.¿Y a quién sacaron ellos de la arena en su lugar?A mí, quien no cooperará. Beetee, un viejoinventor del Distrito 3, a quien raramente veoporque fue puesto en el desarrollo de armas en elmismo minuto en que pudo sentarse erguido.Literalmente, hicieron rodar su cama hasta un
  17. 17. área súper secreta y ahora él sólo apareceocasionalmente para las comidas. Él es muy listoy está muy dispuesto a ayudar a la causa, pero norealmente como material de alboroto. Entoncesestá Finnick Odair, el símbolo sexual del distritode pesca, quien mantuvo a Peeta vivo en la arenacuando yo no pude. Ellos quieren transformar aFinnick en un líder rebelde también, pero primerotendrán que conseguir que permanezca despiertodurante más de cinco minutos. Incluso cuandoestá consciente, tienes que decirle todo tres vecespara llegar a su cerebro. Los doctores dicen quees por el choque eléctrico que recibió en la arena,pero yo sé que es mucho más complicado queeso. Sé que Finnick no puede concentrarse ennada en el distrito 13 porque está tratando conmucha fuerza de ver lo que le está sucediendo enel Capitolio a Annie, la chica loca de su distritoque es la única persona en la tierra a quien élama.A pesar de las serias reservas, tengo que perdonara Finnick por su papel en la conspiración que metrajo aquí. Él, al menos, tiene alguna idea de loque estoy atravesando. Y requiere demasiada
  18. 18. energía permanecer enojada con alguien que lloratanto.Me muevo a través del primer piso con pies decazadora, reacia a hacer algún sonido. Recojounos pocos recuerdos: una fotografía de mispadres el día de su boda, un listón azul con unmechón del cabello de Prim, el libro familiar deplantas medicinales y comestibles. El libro caeabierto en una página con flores amarillas y locierro rápidamente porque fue el pincel de Peetael que las pintó.¿Qué voy a hacer?¿Tiene algún sentido hacer algo en absoluto? Mimadre, mi hermana, y la familia de Gale estánfinalmente a salvo. Mientras para el resto delDistrito 12, las personas están muertas, lo cual esirreversible, o protegidas en el 13. Eso deja a losrebeldes en los distritos. Por supuesto, odio alCapitolio, pero no tengo confianza alguna en queel hecho de que yo sea el Sinsajo beneficiará aaquellos que están tratando de echarlo abajo.¿Cómo puedo ayudar a los distritos cuando cada
  19. 19. vez que hago un movimiento, resulta ensufrimiento y pérdida de vidas? El anciano al quele dispararon en el Distrito 11 por silbar. Lasmedidas represivas en el 12 después de queintervine en los azotes que le estaban dando aGale. Mi estilista, Cinna, siendo arrastrado,sangriento e inconsciente, de la Sala deLanzamiento antes de los juegos. Las fuentes dePlutarch creen que fue asesinado durante elinterrogatorio. El brillante, enigmático, yadorable Cinna está muerto por mi culpa. Alejo elpensamiento porque es demasiadoimposiblemente doloroso insistir sin perder mifrágil agarre de la situación completamente.¿Qué voy a hacer?Convertirme en un Sinsajo… ¿podría algo buenoque yo hiciera posiblemente pesar más que eldaño? ¿En quién puedo confiar para responderesa pregunta? Ciertamente, no esas personas en el13. Juro, ahora que mi familia y la de Gale están asalvo, que yo podría huir. Excepto por una piezasin finalizar del asunto. Peeta. Si yo estuvierasegura que él está muerto, podría sólo
  20. 20. desaparecer en el bosque y nunca mirar atrás.Pero hasta que no lo sepa, estoy atrapada.Giro sobre mis talones ante el sonido de un siseo.En la puerta de la cocina, arqueado hacia atrás,con las orejas achatadas, está el gato más feo delmundo.- Buttercup -digo. Miles de personas estánmuertas, pero él ha sobrevivido e incluso se vebien alimentado. ¿A base de qué? Él puede entrary salir de la casa a través de la ventana quesiempre dejamos entreabierta en la despensa. Éldebe haber estado comiendo ratones de campo.Me niego a considerar la alternativa.Me pongo en cuclillas y extiendo una mano.- Ven aquí, chico.No probablemente. Él está enojado por suabandono. Además, no estoy ofreciendo comida,y mi habilidad de dar sobras siempre ha sido miprincipal cualidad redimible para él. Por untiempo, cuando solíamos ir a la vieja casa porque
  21. 21. a ninguno de los dos nos gustaba esta nueva,parecíamos estar uniéndonos un poco. Esoclaramente se ha terminado. Él pestañea esosdesagradables ojos amarillos.- ¿Quieres ver a Prim? -pregunto. El nombre deella atrapa su atención. Además de su propionombre, es la única palabra que significa algopara él. Da un oxidado maullido y se me acerca.Lo levanto, acariciando su pelaje, luego voy alarmario y saco mi mochila y lo meto en ellabruscamente. No hay otra forma en que puedallevarlo en el aerodeslizador, y él significa elmundo para mi hermana. Su cabra, Lady, unanimal de verdadero valor, desafortunadamenteno ha hecho aparición.En mi auricular, escucho la voz de Galediciéndome que debemos volver. Pero la mochilame ha recordado una cosa más que quiero.Cuelgo la correa de la mochila sobre el respaldode una silla y corro hacia mi habitación. Dentrodel armario, cuelga la chaqueta de caza de mipadre. Antes del Quell, la traje aquí desde la viejacasa, pensando que su presencia podría ser un
  22. 22. consuelo para mi madre y mi hermana cuando yoestuviera muerta. Gracias a Dios, o sería cenizasahora.El suave cuero se siente tranquilizador y por unmomento estoy en calma por los recuerdos de lashoras que pasamos enrollados en ella. Entonces,inexplicablemente, mis palmas comienzan asudar. Una extraña sensación se desliza por minuca. Me giro para enfrentar la habitación y laencuentro vacía. Ordenada. Todo en su lugar. Nohabía sonido alguno para alarmarme. ¿Entoncesqué?Mi nariz se arruga. Es el olor. Empalagoso yartificial. Una pizca de blanco se asoma de unjarrón de flores secas en mi tocador. Meaproximo con cautelosos pasos. Allí, todoexcepto oscurecida por sus conservadas primas,está una fresca rosa blanca. Perfecta. Hasta laúltima espina y pétalo de seda.Y sé inmediatamente quién me la ha enviado.El Presidente Snow.
  23. 23. Cuando empiezo a ahogarme con el hedor,retrocedo y me voy. ¿Cuánto tiempo ha estadoaquí? ¿Un día? ¿Una hora? Los rebeldes hicieronun recorrido de seguridad en la Aldea de losVencedores antes de que yo estuviera lista paravenir aquí, buscando explosivos, micrófonos,algo inusual. Pero quizá la rosa no pareciónotable para ellos. Sólo para mí.Abajo, agarro la mochila de la silla, haciéndolarebotar por el piso hasta que recuerdo que estáocupada. En el césped, hago señas frenéticamenteal aerodeslizador mientras Buttercup se agita. Ledoy un codazo, pero esto sólo lo pone másfurioso. Un aerodeslizador se materializa y unaescalera cae. Pongo un pié en ella y la corrienteme congela hasta que estoy a bordo.Gale me ayuda desde la escalera.- ¿Estás bien?- Sí -digo, limpiado el sudor de mi cara con mimanga.
  24. 24. ¡Él me dejó una rosa! Quiero gritar, pero no esinformación que esté segura debería compartircon alguien como Plutarch mirando. Primero quenada, porque me haría sonar como loca. Como silo hubiera imaginado, lo cual es bastante posible,o que estoy exagerando, lo cual me compraría unviaje de vuelta a la tierra de ensueños inducidapor drogas de la que estoy tratando con tantafuerza de escapar. Nadie lo entendería porcompleto, cómo no es sólo una flor, ni siquierasólo una flor del Presidente Snow, sino unapromesa de venganza, porque nadie más se sentóen el estudio con él cuando me amenazó antes delTour de la Victoria.Colocada sobre mi tocador, esa rosa blanca comola nieve es un mensaje personal para mí. Habla deasuntos inconclusos. Susurra: Puedo encontrarte.Puedo alcanzarte. Quizá te estoy observando justoahora.CAPITULO 2
  25. 25. ¿Los aviones del Capitolio están apresurándosepara hacernos estallar en el cielo? Mientrasviajamos sobre el Distrito 12, busco ansiosamentealguna señal de ataque, pero nada nos sigue.Después de varios minutos, cuando oigo unaconversación entre Plutarch y el pilotoconfirmando que el espacio aéreo está libre,comienzo a relajarme un poco.Gale cabecea hacia los aullidos que vienen de mibolsa de juego. -Ahora sé por qué tuviste quevolver.- Siempre que hubiera incluso una posibilidad derecuperarlo. -Descargo la bolsa en un asiento,donde la repugnante criatura empieza un bajo yprofundo gruñido desde su garganta-. Oh, cállate-le digo a la bolsa mientras me hundo en elasiento almohadillado junto a la ventana frente aella.Gale se sienta junto a mí. -¿Está bastante maloallá abajo?
  26. 26. - No podría ser mucho peor -contesto. Lo miro alos ojos y veo mi propia pena reflejada en ellos.Nuestras manos se encuentran la una a la otra,aferrándonos a una parte del Distrito 12 queSnow de algún modo no ha podido destruir. Nossentamos en silencio durante el resto del viaje al13, que sólo toma aproximadamente cuarenta ycinco minutos. El mero viaje de una semana a pie.Bonnie y Twill, las refugiadas del Distrito 8 conlas que me encontré en el bosque el inviernopasado, no estaban tan alejadas de su destinodespués de todo. Aunque ellas aparentemente nolo lograron. Cuando pregunté por ellas en el 13,nadie pareció saber de quién hablaba. Murieronen el bosque, supongo.Desde el aire, el Distrito 13 se veía casi tan alegrecomo el 12. Los escombros no estaban ardiendo,de la forma en que el Capitolio lo muestra entelevisión, pero casi no hay señales de vida en lasuperficie. En los setenta y cinco años quepasaron desde los Días Oscuros -cuando se dijoque el Distrito 13 había sido arrasado en la guerraentre el Capitolio y los Distritos- casi todas lasnuevas construcciones se han hecho debajo de la
  27. 27. superficie de la tierra. Ya antes había unaimportante instalación subterránea aquí,desarrollada a través de los siglos para ser unrefugio clandestino para los líderes del gobiernoen los tiempos de guerra, o como un últimorecurso para la humanidad si la vida en lasuperficie llegaba a ser imposible. Pero, másimportante que eso para las personas del 13, fueel centro del programa de desarrollo de armasnucleares del Capitolio. Durante los DíasOscuros, los rebeldes del 13 tomaron el control delas fuerzas del gobierno, apuntando sus misilesnucleares hacia el Capitolio, y entoncesnegociaron un trato: El Distrito 13 aparentaríaestar muerto a cambio de que los dejaran solos. ElCapitolio tenía otro arsenal nuclear en el oeste,pero no podría atacar al 13 sin obtener ciertavenganza a cambio. Entonces se vio forzado aaceptar el trato del 13. El Capitolio derribó losrestos visibles del distrito y cortó todos losaccesos del exterior. Quizás los líderes delCapitolio pensaron que, sin ayuda del exterior, elDistrito 13 moriría alejado del mundo. Y casi lohizo durante unas pocas veces, pero siemprelogró salvarse debido a compartir estrictamente
  28. 28. sus recursos, a su ardua disciplina, y a unavigilancia constante contra más ataques delCapitolio.Ahora los ciudadanos viven casi exclusivamenteen las instalaciones subterráneas. Puedes ir afuerapara hacer ejercicio y absorber algo de luz del sol,pero sólo en tiempos muy específicos en tuhorario. No puedes alterar tu horario. Cadamañana, se supone que debes colocar tu brazoderecho en un aparato en la pared, que te tatúadentro del antebrazo con tu horario del día en unatinta enfermamente púrpura. 7:00-Desayuno.7:30-Deberes en la cocina. 8:30-CentroEducacional, Sala 17. Etcétera. La tinta esimborrable hasta las 22:00-Ducha. Entonces escuando lo que sea que la hace resistente al aguadeja de funcionar, y todo el horario se desvanece.El “luces-fuera” de las 22:30 señala que todos losque no estén en el turno nocturno deben estar enla cama.Al principio, cuando estuve tan enferma en elhospital, podía evitar ser impresa. Pero una vezque me cambié al Compartimiento 307 con mi
  29. 29. madre y mi hermana, se suponía que tenía queseguir con el programa. Aunque, excepto poraparecerme para las comidas, ignoro mayormentelas palabras en mi brazo. Sólo vuelvo a nuestrocompartimiento o vago alrededor del 13 o duermoen algún lugar oculto. Un conducto de aireabandonado. Detrás de las tuberías de agua en lasala de lavados. Hay un armario en el CentroEducacional que es genial porque nadie jamásparece necesitar suministros escolares. Son tanfrugales con las cosas aquí, que el desperdicio esprácticamente una actividad criminal.Afortunadamente, las personas del 12 nunca hansido de desperdiciar. Pero una vez vi a FulviaCardew romper una hoja de papel con sólo un parde palabras escritas en ella, y uno pensaría quehabía asesinado a alguien por las miradas querecibió. Su cara se volvió rojo tomate, haciendoque las flores plateadas tatuadas en sus mejillasrellenitas se volvieran aún más visibles. El mismoretrato del exceso. Uno de mis pocos placeres enel 13 es ver al puñado de “rebeldes” mimados delCapitolio retorciéndose en un intento por encajar.
  30. 30. No sé por cuánto tiempo podré salirme con la míacon mi total indiferencia a la precisión derelojería de asistencias requeridas por misanfitriones. En este momento, me dejan hacerlosólo porque estoy clasificada como mentalmentedesorientada -lo dice justo aquí, en mi plásticapulsera médica-, y todos tienen que tolerar mispaseos. Pero eso no puede durar para siempre.Como tampoco lo hará su paciencia con el asuntodel Sinsajo.Desde la pista de aterrizaje, Gale y yo bajamos através de una serie de escaleras hasta elCompartimiento 307. Podríamos tomar elelevador, sólo que me recuerda demasiado al queme elevó hacia la arena. Tengo problemasajustándome a estar tanto bajo la tierra. Perodespués del encuentro surrealista con la rosa, porprimera vez el descender me hace sentir mássegura.Vacilo cuando llego a la puerta 307, anticipandolas preguntas de mi familia. -¿Qué les voy a deciracerca del Distrito 12? -Le pregunto a Gale.
  31. 31. - Dudo que te pidan detalles. Lo vieron arder.Estarán más que nada preocupadas por cómo loestás manejando tú. -Gale me toca la mejilla-.Como yo lo estoy.Presiono mi rostro contra su mano por unmomento. -Sobreviviré.Entonces respiro hondo y abro la puerta. Mimadre y mi hermana están en casa para las 18:00-Reflección, media hora de tiempo de inactividadantes de la cena. Veo la preocupación en suscaras mientras intentan medir mi estadoemocional. Antes de que puedan preguntarmealgo, vacío mi bolsa, y se convierte en 18:00-Adoración del gato. Prim sólo se sienta en el piso,llorando y meciendo a ese horrible de Buttercup,quien interrumpe su ronroneo sólo para dar unsilbido ocasional en mi dirección. Me da unvistazo especialmente engreído cuando Prim atala cinta azul alrededor de su cuello.Mi madre abraza la foto de su bodaapretadamente contra su pecho y entonces lacoloca junto con el libro de plantas, en nuestra
  32. 32. cómoda suministrada por el gobierno. Cuelgo lachaqueta de mi padre en el respaldo de una silla.Por un momento, el lugar casi parece nuestrohogar. Entonces pienso que el viaje al Distrito 12no fue un total desperdicio.Nos dirigimos abajo hacia el comedor para las18:30-Cena cuando el comunicuff de Galecomienza a pitar. Se parece a un reloj demasiadogrande, pero recibe mensajes de texto. Serotorgado con un comunicuff es un privilegioespecial que es reservado para esas personasimportantes a la causa, un estatus que Galealcanzó a través de su rescate de los ciudadanosdel 12. -Nos necesitan a ambos en el Centro deMando -dice.Arrastrando mis pies unos pocos pasos detrás deGale, trato de recomponerme antes de serarrojada a lo que seguro va a ser otra sesiónimplacable del Sinsajo. Permanezco de pie en elumbral del Centro de Mando, el cuarto dereuniones de alta tecnología del Concilio deguerra, completo con paredes computarizadasparlanchinas, mapas electrónicos que muestran
  33. 33. los movimientos de las tropas en varios distritos,y una mesa rectangular gigante con tableros decontrol que se supone que no debo tocar. Peronadie advierte mi presencia, porque estánreunidos ante una pantalla de televisión en elextremo distante del cuarto que muestra latransmisión del Capitolio durante las veinticuatrohoras del día. Pienso que quizás puedoescabullirse cuando Plutarch, cuya amplia espaldahabía estado bloqueando la televisión, me ve yme hace señas rápidamente para que me una aellos. Me acerco de mala gana, tratando deimaginarme cómo podría llegar a interesarme eso.Es siempre lo mismo. Imágenes de la Guerra.Propaganda. Grabaciones del bombardeo alDistrito 12. Un mensaje siniestro del PresidenteSnow. Así que es casi entretenido ver a CaesarFlickerman, el eterno anfitrión de los Juegos delHambre, con su cara pintada y su traje brillante,preparado para dar una entrevista. Hasta que lacámara se hace hacia atrás y veo que su invitadoes Peeta.Un sonido escapa de mi boca. La mismacombinación de boqueada y gemido que viene
  34. 34. luego de estar sumergida en el agua, privada deoxígeno hasta llegar a un punto de dolor. Aparto alas personas hacia un lado hasta que estoy delantede él, con mi mano descansando en la pantalla.Busco en sus ojos cualquier signo de herida,cualquier reflejo de la angustia del tormento. Nohay nada. Peeta parece sano hasta un punto devigor. Su piel resplandece, perfecta, en esa formade pulido-de-cuerpo-completo. Su expresión estácompuesta, seria. Yo no logro conciliar estaimagen con el azotado, sangrante chico queacecha mis sueños.Caesar se sienta más cómodamente en la sillaenfrente de Peeta y le da un vistazo largo. -Asíque… Peeta… bienvenido nuevamente.Peeta sonríe ligeramente. -Le apuesto a que pensóque había hecho su última entrevista conmigo,Caesar.- Confieso que lo pensé -dice Caesar-. La nocheantes del Quarter Quell… bueno, ¿quién hubierapensado que te veríamos otra vez?
  35. 35. - No era parte de mi plan, eso es seguro -dicePeeta con el ceño fruncido.Caesar se inclina hacia él un poco. -Creo que eraclaro para todos nosotros cuál era tu plan.Sacrificarte en la arena para que KatnissEverdeen y su niño pudieran sobrevivir.- Ese era. Claro y simple. -Los dedos de Peetatrazan la pauta del tapizado en el brazo de lasilla-. Pero otras personas también tenían planes.Sí, otras personas tenían planes, pienso. ¿Peeta loaveriguó entonces, cómo los rebeldes nosutilizaron como peones? ¿Cómo mi rescate fuearreglado desde el principio? Y, por último,¿cómo nuestro mentor, Haymitch Abernathy, nostraicionó a ambos por una causa por la cual fingíano tener ningún interés? En el silencio que sigue,advierto las líneas que se han formado entre lascejas de Peeta. Lo averiguó, o alguien se lo hadicho. Pero el Capitolio no lo ha matado, nisiquiera lo ha castigado aún. En este momento,eso excede mis más grandes esperanzas. Mealimento de su integridad, de la firmeza de su
  36. 36. cuerpo y de su mente. Corre a través de mí comoel morphling que me dieron en el hospital,embotando el dolor de las últimas semanas.- ¿Por qué no nos cuentas acerca de esa últimanoche en la arena? -Sugiere Caesar-. Ayúdanos aentender algunas cosas.Peeta asiente pero se toma su tiempo antes dehablar. -Esa noche… para hablarte acerca de esanoche… bueno, ante todo, tienes que imaginartecómo se sintió en la arena. Era como ser uninsecto atrapado debajo de un tazón lleno de airecaliente. Y todo a tu alrededor sólo hay selva…verde y viva, y haciendo tic-tac. Ese reloj gigantecontando los segundos que te quedan de vida.Cada hora promete algún nuevo horror. Tienesque imaginarte que en los pasados dos días,dieciséis personas han muerto, algunos de ellosdefendiéndote. Por la forma en que avanzan lascosas, las últimas ocho estarán muertas por lamañana. Excepto una. El vencedor. Y tu plan esque no serás tú.
  37. 37. Mi cuerpo estalla en sudor al recordarlo. Mi manose desliza por la pantalla y cuelga sin fuerzas a micostado. Peeta no necesita un pincel para pintarimágenes de los Juegos. Funciona así de bien conlas palabras.- Una vez que estás en la arena, el resto delmundo llega a ser muy lejano -continúa-. Todaslas personas y las cosas que amaste o por las quetuviste interés casi dejan de existir. El cielo rosa ylos monstruos en la selva y los tributos quequieren tu sangre se convierten en tu realidad, enlo único que importa. Tan malo como te hacesentir, tendrás que asesinar, porque en la arena, túsólo consigues un deseo. Y es muy costoso.- Te cuesta la vida -dice Caesar.- Oh, no. Te cuesta mucho más que la vida.¿Asesinar a personas inocentes? -Dice Peeta-. Tecuesta todo lo que tú eres.- Todo lo que eres -repite Caesar calladamente.
  38. 38. Una quietud ha caído el cuarto, y puedo sentircómo se esparce a través de Panem. Una naciónse inclina más cerca de sus pantallas. Porquenadie jamás ha hablado de lo que es realmenteestar en la arena.Peeta continúa. -Así que te aferras a tu deseo. Yesa anoche, sí, mi deseo fue salvar a Katniss. Peroaún sin saber acerca de los rebeldes, algo no sesentía bien. Todo era demasiado complicado. Meencontré arrepintiéndome de no haber huido conella más temprano ese día, como ella lo habíasugerido. Pero ya no podíamos irnos en esepunto.- Estabas muy enredado en el plan de Beetee deelectrificar el lago de agua salada -dice Caesar.- Demasiado entretenido jugando a los aliadoscon los otros. ¡Jamás debí haber permitido quenos separaran! -Estalla Peeta-. Ahí fue cuando laperdí.
  39. 39. - Cuando permaneciste en el árbol del rayo, y ellay Johanna Mason tomaron el rollo de alambreabajo hacia el agua -dice Caesar.- ¡Yo no quería hacerlo! -Dije Peeta conagitación-. Pero no podía discutir con Beetee sinindicar que estábamos a punto de romper laalianza. Cuando ese alambre fue cortado, todosimplemente enloqueció. Sólo puedo recordarpartes de lo que sucedió. Recuerdo intentandoencontrarla. Viendo a Brutus asesinar a Chaff.Matar a Brutus yo mismo. Sé que ella gritaba minombre. Entonces el rayo cayó sobre el árbol, y elcampo de fuerza alrededor de la arena… estalló.- Katniss lo hizo estallar, Peeta -dice Caesar-. Túviste las imágenes.- Ella no sabía lo que hacía. Ninguno de nosotrospodría haber seguido el plan de Beetee. Puedesverla intentando resolver qué hacer con esealambre -dice Peeta rápidamente.
  40. 40. - Bueno. Sólo se ve sospechoso -dice Caesar-.Como si ella formara parte del plan de losrebeldes todo el tiempo.Peeta se pone de pie, inclinándose sobre la carade Caesar, con sus manos apoyadas en los brazosde la silla de su entrevistador. -¿De verdad? ¿Yformaba parte de su plan que Johanna casi lamatara? ¿Que esa descarga eléctrica la paralizara?¿Provocar el bombardeo sobre el Distrito 12?-Ahora está gritando-. ¡Ella no lo sabía, Caesar!¡Ninguno de nosotros sabía nada más queteníamos que luchar por mantenernos vivos eluno al otro vivo!Caesar coloca una mano en el pecho de Peeta enun gesto que es tanto auto protector comoconciliatorio. -De acuerdo, Peeta, yo te creo.- Bien. -Peeta se retira de Caesar, echando lasmanos hacia atrás, corriéndolas a través de supelo, desordenando sus cuidadosamenteestilizados rizos rubios. Vuelve a sentarse en susilla, alterado.
  41. 41. Caesar espera un momento, estudiando a Peeta. -¿Qué hay de su mentor, Haymitch Abernathy?La cara de Peeta se endurece. -Yo no sé lo queHaymitch sabía.- ¿Podría haber formado parte de la conspiración?-Pregunta Caesar.- Él nunca lo mencionó -dice Peeta.Caesar lo presiona. -¿Qué te dice tu corazón?- Que no debería haber confiado en él -dicePeeta-. Eso es todo.Yo no he visto Haymitch desde que lo ataqué enel hovercraft, dejándole largas marcas de uñas alo largo de su cara. Sé que ha sido duro para élaquí. El Distrito 13 prohíbe estrictamentecualquier producción o consumo de bebidasintoxicantes, e incluso el alcohol que se usa en elhospital es mantenido bajo candado. Finalmente,Haymitch es forzado hacia la sobriedad, sinningún escondite secreto ni bebidas caseras para
  42. 42. aliviar su transición. Lo han aislado hasta quealcance la sobriedad, considerando que no es aptopara presentarse públicamente. Debe serintolerable, pero perdí toda mi simpatía haciaHaymitch cuando me di cuenta de cómo noshabía engañado. Espero que esté mirando latransmisión del Capitolio ahora, para que puedaver que Peeta lo ha rechazado también.Caesar toca el hombro de Peeta. -Podemos pararahora si lo deseas.- ¿Hay algo más que discutir? -Dice Peeta.- Iba a preguntarte lo que piensas acerca de laguerra, pero si estás muy alterado… -empiezaCaesar.- Oh, no estoy demasiado alterado para contestareso. -Peeta respira hondo y entonces miradirectamente hacia la cámara-. Deseo que todoslos que estén mirando -tanto los del Capitoliocomo los del lado rebelde- se detengan por sóloun momento y piensen acerca de lo que estaguerra podría significar. Para todos los seres
  43. 43. humanos. Nosotros casi nos extinguimos porluchar unos contra otros antes. Ahora somos aúnmenos que entonces. Nuestras condiciones sonmás frágiles. ¿Es esto realmente lo que queremoslograr? ¿Aniquilarnos completamente? En lasesperanzas de… ¿qué? ¿De que alguna especiedecente heredará los restos humeantes de laTierra?- Realmente no… No estoy seguro de que estoysiguiéndote… -dice Caesar.- No podemos luchar los unos contra los otros,Caesar -explica Peeta-. No habrá suficiente denosotros para continuar luego. Si todo el mundono baja sus armas… y me refiero a muy pronto,todo estará acabado, de todos modos.- Así que… ¿estás pidiendo un alto al fuego? -Lepregunta Caesar.- Sí. Llamo a un alto al fuego -dice Peetacansadamente-. Ahora, ¿por qué no llamas a losguardias para que me lleven de regreso a mi
  44. 44. cuarto, así puedo construir otras cien casas denaipes?Caesar se gira hacia la cámara. -Bien. Creo queeso es todo. Entonces regresamos a nuestraprogramación regular.Una música comienza, y entonces hay una mujerque lee una lista de escaseces esperadas en elCapitolio: fruta fresca, baterías solares, jabón. Lamiro con absorción inusitada, porque sé que todosesperarán mi reacción a la entrevista. Pero no hayforma en que pueda procesar todo tanrápidamente: la alegría de ver a Peeta sano ysalvo, su defensa de mi inocencia por colaborarcon los rebeldes, y su complicidad innegable conel Capitolio ahora que ha convocado un alto alfuego. Ah, lo hizo sonar como si estuvieracondenando a ambos lados en la guerra. Pero, eneste momento, con victorias sólo secundarias delos rebeldes, un alto al fuego sólo podría tenercomo resultado un regreso a nuestro estatusanterior. O a uno peor.
  45. 45. Detrás de mí, puedo oír las acusaciones contraPeeta elevándose. Las palabras “traidor”,“mentiroso” y “enemigo” rebotan en las paredes.Ya que no puedo unirme a la atrocidad de losrebeldes ni contradecirla, decido que lo mejor esirme. Cuando llego a la puerta, la voz de Coin seeleva sobre las otras. -No tienes permiso pararetirarte, Soldado Everdeen.Uno de los hombres de Coin coloca una mano enmi brazo. No es un movimiento agresivo, enrealidad, pero después de la arena reaccionodefensivamente a cualquier toque no familiar.Doy un tirón en mi brazo para liberarme y salgocorriendo por los pasillos. Detrás de mí, llegansonidos de una riña, pero no me detengo. Mimente hace un rápido inventario de mis pequeñosescondites, y termino en el armario desuministros, acurrucada contra un cajón de tiza.- Estás vivo -susurro, presionando las palmas demis manos contra mis mejillas, sintiendo unasonrisa tan ancha que debe parecer una mueca.Peeta está vivo. Y es un traidor. Pero en estemomento no me importa. No me importa lo que
  46. 46. dice, o por quién lo dice, sólo me importa que aúnes capaz de hablar.Después de un rato, la puerta se abre y alguienentra. Gale se desliza junto a mí, con su narizgoteando sangre.- ¿Qué sucedió? -Le pregunto.- Me puse en el camino de Boggs -contesta conun encogimiento de hombros. Utilizo mi mangapara limpiar su nariz-. ¡Cuidado!Intento ser más suave. Tocando, no refregando. -¿Y cuál es ese?- Ah, ya sabes. La mano derecha de Coin. El quetrató de detenerte. -Aparta mi mano-. ¡Déjalo! Medesangrarás hasta la muerte.El goteo de sangre se ha transformado en unacorriente constante. Doy por perdidas todas lastentativas de primeros auxilios. -¿Luchaste contraBoggs?
  47. 47. - No, sólo bloqueé la puerta cuando trató deseguirte. Su codo encontró mi nariz -dice Gale.- Ellos probablemente te castigarán -le digo.- Ya lo hicieron. -Sostiene arriba la muñeca. Lamiro fijamente sin entender-. Coin me quitó micomunicuff.Me muerdo el labio, intentando mantenermeseria. Pero suena tan ridículo. -Lo siento, SoldadoGale Hawthorne.- No lo sientas, Soldado Katniss Everdeen.-Sonríe-. Me sentía como un imbécil andando conesa cosa de todos modos. -Ambos comenzamos areír-. Creo que fue toda una degradación.Esta es una de las pocas cosas buenas que tiene elDistrito 13. Tener a Gale nuevamente. Ya sin lapresión del casamiento arreglado por el Capitolioentre Peeta y yo, hemos logrado recuperar nuestraamistad. Él no lo empuja más que eso, intentandobesarme o hablar de amor. O bien porque heestado demasiado enferma, o está dispuesto a
  48. 48. darme algo de espacio, o porque sabe que essimplemente demasiado cruel sabiendo que Peetaestá en las manos del Capitolio. Sea como sea,tengo a alguien a quien contarle mis secretos otravez.- ¿Quiénes son estas personas? -Digo.- Somos nosotros. Si hubiéramos tenido bombasatómicas en vez de unos pocos trozos de carbón-contesta él.- Quiero pensar que el Distrito 12 no habríaabandonado al resto de los rebeldes durante losDías Oscuros -digo.- Quizá lo habríamos hecho. Si fuera eso, larendición, o comenzar una guerra nuclear -diceGale-. De una manera, es notable quesobrevivieran en lo absoluto.Tal vez es porque aún tengo las cenizas de mipropio distrito en mis zapatos, pero por primeravez, le doy a las personas del 13 algo que me henegado a darles hasta ahora: crédito. Por
  49. 49. permanecer vivos contra todas las probabilidades.Sus primeros años deben haber sido terribles,apiñados en las cámaras subterráneas después quesu ciudad fuera bombardeada hasta convertirla enpolvo.Su población diezmó, sin ningún aliado posible alque pedir ayuda. Durante los últimos setenta ycinco años, han aprendido a ser autosuficientes,convirtiendo a sus ciudadanos en un ejército, yconstruyendo una nueva sociedad con la ayuda denadie. Serían aún más poderosos si esa epidemiade viruela no hubiera acabado con su natalidad ylos hubiera vuelto tan desesperados por conseguiruna nueva fuente de genes y criadores. Quizá sonmilitaristas, excesivamente programados, yescasos de sentido del humor. Pero están aquí. Ydispuestos a acabar con el Capitolio.- Aún así, les tomó demasiado tiempo elfinalmente aparecer -digo.- No fue sencillo. Tuvieron que construir una baserebelde en el Capitolio, conseguir algún tipo deorganización secreta en los Distritos -dice-.
  50. 50. Entonces necesitaban de alguien que pusiera todoen movimiento. Te necesitaban a ti.- Necesitaban a Peeta, también, pero parecenhaber olvidado eso -digo.La expresión de Gale se oscurece. -Peeta tal vezhaya causado mucho daño esta noche. La mayorparte de los rebeldes desestimarán lo que dijoinmediatamente, por supuesto. Pero hay distritosen donde la resistencia es más inestable. El alto alfuego es claramente idea del Presidente Snow.Pero suena tan razonable saliendo de la boca dePeeta.Tengo miedo de la respuesta de Gale, peropregunto de todos modos. -¿Por qué crees que lodijo?- Quizás fue torturado. O persuadido. Pero yosupongo que hizo algún tipo de trato paraprotegerte. Presentaría la idea del alto de fuego siSnow le permitiera mostrarte como unaconfundida chica embarazada que no tenía lamenor idea de lo que pasaba cuando fue raptada
  51. 51. por los rebeldes. De esta manera, si los Distritospierden, todavía habrá una posibilidad deindulgencia para ti. Si tú le sigues el juego. -Yoaún debo de lucir desconcertada, porque Galedice su próxima línea muy lentamente-. Katniss…él aún intenta mantenerte con vida.¿Mantenerme con vida? Y entonces locomprendo. Los Juegos aún continúan. Hemosdejado la arena, pero como Peeta y yo no fuimosasesinados, su último deseo de salvar mi vidatodavía se mantiene. Su idea es darme un bajoperfil, manteniéndome segura y encarcelada,mientras los Juegos de Guerra se desarrollanfuera. Entonces, ninguna de las partes tendrárealmente una causa justa para matarme.¿Y Peeta? Si los rebeldes ganan, será desastrosopara él. Si el Capitolio gana, ¿quién sabe? Quizános permitan vivir -si juego mi papel bien- paracontinuar mirando los Juegos desarrollarse…Muchas imágenes destellan en mi mente: la lanzapenetrando el cuerpo de Rue en la arena, Galecolgando inconsciente del poste de azotes, los
  52. 52. restos regados de cadáveres en lo que solía ser mihogar. ¿Y para qué? ¿Para qué? Mientras misangre comienza a hervir, recuerdo otras cosas.Mi primer vislumbre de un levantamiento en elDistrito 8. Los vencedores tomándose de lasmanos la noche antes del Quarter Quell. Y cómono fue un accidente el que yo disparara esa flechaal campo de fuerza en la arena. Cuánto deseabaque se clavara en lo más profundo del corazón demi enemigo.Me pongo de pie, haciendo caer una caja de cienlápices, enviándolas por todas partes en el piso.- ¿Qué sucede? -Pregunta Gale.- No puede haber un alto al fuego. -Me inclinohacia abajo, empujando los palos de grafito grisnuevamente en la caja-. No podemos volver acomo era antes.- Lo sé. -Gale toma un puñado de lápices y losgolpea suavemente contra el piso, alineándolosperfectamente.
  53. 53. - Cualquiera fuera la razón que tuvo Peeta paradecir esas cosas, está equivocado. -Los estúpidospalos no quieren entrar en la caja, y yo rompovarios en mi frustración.- Lo sé. Dame eso. Los vas a hacer pedazos. -Tirala caja de mis manos y la llena con movimientosrápidos y concisos.- Él no sabe lo que le hicieron al Distrito 12. Sipudiera haber visto lo que estaba en el suelo…-comienzo a decir.- Katniss, no discuto contigo. Si yo pudieraapretar un botón y matar a cada alma que trabajapara el Capitolio, lo haría. Sin vacilación.-Desliza el último lápiz en la caja y cierra latapa-. La pregunta es, ¿qué harás tú?Resulta que la pregunta que me ha estadodevorando, sólo tiene una respuesta posible. Peronecesité de la táctica de Peeta para finalmentereconocerlo.¿Qué voy a hacer?
  54. 54. Respiro hondo. Mis brazos suben ligeramente,como si estuvieran recordando las alas en blancoy negro que Cinna me dio, entonces caennuevamente a mis lados.- Seré el Sinsajo.CAPITULO 3Los ojos de Buttercup reflejan el débil brillo de laluz de seguridad sobre la puerta mientras seencuentra tendido en el hueco de los brazos dePrim, de vuelta al trabajo, protegiéndola de lanoche. Está acurrucada cerca de mi madre.Dormidas, se ven justo como lo hacían la mañanade la Cosecha que me llevó a mis primerosJuegos. Yo tengo una cama para mí mismaporque me estoy recuperando y porque nadiepuede dormir conmigo de ninguna forma con laspesadillas y mis piernas agitándose alrededor.Después de sacudirme y dar vueltas durantehoras, finalmente acepto que será una noche envela. Bajo la mirada atenta de Buttercup, voy de
  55. 55. puntillas por el frío suelo de azulejos hacia lacómoda.El cajón de en medio contiene mi ropa emitidapor el gobierno. Todo el mundo viste los mismospantalones grises y camisas, la camisa metida pordentro de la cintura. Por debajo de la ropa,mantengo los pocos artículos que tenía sobre mícuando me sacaron de la arena. Mi alfiler desinsajo. El disco de Peeta, el medallón de oro conlas fotos de mi madre, Prim y Gale dentro. Unparacaídas plateado que tiene un casquillo paraexplotar árboles, y la perla que Peeta me dio unaspocas horas antes de que me echaran del campode fuerza. El Distrito 13 me confiscó mi tubo depomada para la piel para usar en el hospital, y miarco y mis flechas porque sólo los guardias tienenpermiso para llevar armas. Ellos están en custodiade la armonía.Siento alrededor del paracaídas y deslizo misdedos dentro hasta que se cierran alrededor de laperla. Me siento otra vez en mi cama con laspiernas cruzadas y me encuentro a mí mismafrotando la lisa superficie iridiscente de la perla
  56. 56. adelante y atrás contra mis labios. Por algunarazón, es tranquilizador. Un frío beso del propiodonante.- ¿Katniss? -Susurra Prim. Está despierta,mirándome a través de la oscuridad-. ¿Qué pasa?- Nada. Sólo un mal sueño. Vuélvete a dormir -Esautomático. Dejar fuera a Prim y mi madre dealgunas cosas para protegerlas.Con cuidado de no despertar a mi madre, Prim selevanta de la cama, recoge a Buttercup y se sientaa mi lado. Toca la mano que está curvadaalrededor de la perla. -Tienes frío - Cogiendo unamanta libre al pie de la cama, la envuelvealrededor de nosotras 3, envolviéndome en sucalor y el calor peludo de Buttercup también.-Podrías decirme, ya sabes. Soy buena guardandosecretos. Incluso de mamá.Se ha ido de verdad, entonces. La pequeña chicacon la parte de atrás de su camisa sobresaliendocomo una cola de un pato, la que necesitabaayuda alcanzando los platos, y quien rogaba ver
  57. 57. las tartas heladas en la ventana de la panadería. Eltiempo y la tragedia la habían forzado a crecerdemasiado rápido, al menos para mi gusto, en unamujer joven que suturaba heridas sangrantes ysabe que nuestra madre puede oír tanto.- Mañana por la mañana, voy a aceptar ser elSinsajo -le digo.- ¿Porque quieres o porque sientes que estásforzada a ello? -pregunta.Me río un poco. -Ambas, supongo. No, yo quiero.Tengo que hacerlo, si eso ayuda a los rebeldes aderrotar a Snow -Aprieto la perla másfuertemente en mi puño-. Es sólo… Peeta. Metemo que si ganamos, los rebeldes lo ejecutaráncomo un traidor.Prim lo piensa de nuevo -Katniss, no creo queentiendas lo importante que eres para la causa. Lagente importante normalmente consigue lo quequiere. Si quieres mantener a Peeta a salvo de losrebeldes, tú puedes.
  58. 58. Supongo que soy importante. Tuvieron unmontón de problemas para rescatarme. Mellevaron al Distrito 12. -¿Te refieres… a quepodría exigir que le dieran la inmunidad a Peeta?¿Y tendrían que aceptarlo?- Creo que podrías pedir casi cualquier cosa ytendrían que aceptarlo -Prim arruga la frente-.Sólo qué, ¿cómo sabrás que mantendrán supalabra?Recuerdo todas las mentiras que Haymitch noscontó a Peeta y a mí para llevarnos a donde élquería. ¿Qué hay para mantener a los rebeldes deno cumplir el acuerdo? Una promesa verbal traslas puertas cerradas, incluso una declaraciónescrita en papel, podrían ser fácilmente evaporadodespués de la guerra. Su existencia o validezdenegada. Cualquier testigo en el Comando notendrá ningún valor. De hecho, probablementeestrían escribiendo la sentencia de muerte dePeeta. Necesitaré un grupo mayor de testigos.Necesitaré a todo aquel que pueda conseguir.
  59. 59. - Tendrá que ser público -digo. Buttercup muevesu cola que tomo como acuerdo-. Haré que Coinlo anuncie en frente de toda la población delDistrito 13.Prim sonríe. -Oh, eso es bueno. No es unagarantía, pero será mucho más difícil para ellosretirarse de su promesa.Siento el tipo de alivio que sigue a una situaciónreal. -Debería despertarte más a menudo, pequeñopato.- Ojalá lo hicieras -dice Prim. Me da un beso-.Intenta dormirte ahora, ¿de acuerdo? -Y lo hago.Por la mañana, veo ese Comando 7:00 (eldesayuno es seguido directamente a las 7:30), elcual está bien ya que puede que empiece elbalanceo de la bola. En el comedor, mirorápidamente mi agenda, la cual incluye algún tipode número de identificación, en frente de unsensor. Conforme deslizo mi bandeja por laplataforma de metal delante de los toneles decomida, veo que el desayuno es su ser habitual,
  60. 60. un tazón de cereales, una taza de leche, y unapequeña cuchara de fruta o verduras. Hoy, puréde nabo. Todo esto viene de las granjas bajo tierradel Distrito 13. Me siento en la mesa asignada alos Everdeens y los Hawthornes y algunos otrosrefugiados, y saco una cuchara de comida,deseando un segundo, pero nunca hay segundosaquí. Tienen la nutrición por debajo de la ciencia.Te vas con las suficientes calorías para llevarte ala siguiente comida, ni más, ni menos. El tamañode la porción se basa en tu edad, peso, tipo decuerpo, salud, y la cantidad de trabajo físicorequerido por tu horario. La gente del Distrito 12ya está consiguiendo porciones un poco másgrandes que los nativos del 13 en su esfuerzo desubirnos de peso. Supongo que soldadosesqueléticos se fatigan demasiado rápido. Sinembargo, está funcionando. En sólo un mes,estamos empezando a lucir más sanos, enparticular los niños.Gale coloca su bandeja a mi lado e intento nomirar sus nabos demasiado patéticamente, porqueen realidad quiero más, y él es ya demasiadorápido para pasarme su comida. A pesar de que
  61. 61. dirijo mi atención a doblar con esmero miservilleta, una cucharada de nabos se vierte en mitazón.- Tienes que parar eso -digo. Pero ya que estoy yarecogiendo las cosas, no es demasiadoconvincente-. En serio. Probablemente sea ilegalo algo -Tienen reglas muy estrictas sobre lacomida. Por ejemplo, si no te terminas algo y loquieres guardar para más tarde, no lo puedessacar del comedor. Aparentemente, en losprimeros días, hubo algún incidente de provisiónde comida. Para un par de personas como Gale yyo, quienes hemos estado al cargo del suministrode comida de nuestras familias durante años, nosienta bien. Sabemos cómo estar hambrientos,pero no como manejar las provisiones quetenemos. De alguna forma, el Distrito 13 esincluso más controlador que el Capitol.- ¿Qué pueden hacer? Ya tienen mi communicuff-dice Gale.
  62. 62. Mientras abarro mi tazón, tengo la inspiración.-Hey, quizás debería poner esa condición de ser elSinsajo.- ¿Que te pueda dar nabos? -dice.- No, de que podamos cazar -Eso capta suatención-. Tenemos que dar todo a la cocina. Peroaún así, podríamos… -No tengo que terminarporque ya lo sabe. Podríamos estar en lasuperficie. Fuera en el bosque. Podríamos sernosotros mismos de nuevo.- Hazlo -dice-. Ahora es el momento. Podríaspedir la luna y tendrían que encontrar algunaforma de conseguirla.Pero él no sabe que ya estoy pidiendo la lunaexigiendo que perdonen la vida de Peeta. Antesde que pueda decidir si decírselo o no, unacampana señala el final de nuestro cambio paracomer. El pensamiento de enfrentar a Coin solame pone nerviosa. -¿Qué tienes programado?
  63. 63. Gale comprueba su brazo. -Clase de HistoriaNuclear. Donde, por cierto, tu ausencia se hanotado.- Tengo que ir al Comando. ¿Vienes conmigo?-pregunto.- De acuerdo. Pero podían haberme echadodespués de lo de ayer -Mientras vamos a dejarnuestras bandejas, dice-. Ya sabes, más vale quepongas a Buttercup en tu lista de peticionestambién. No creo que el concepto de mascotainútil sea conocido aquí.- Oh, le encontrarán un trabajo. Tatuarlo en lapata cada mañana -digo. Pero hago una notamental de incluirlo por el bien de Prim.En el momento que llegamos al Comando, Coin,Plutarch, y su gente ya se han reunido. La vista deGale levanta algunas cejas, pero nadie lo echa. Minota mental se ha vuelto demasiado confusa, asíque pido un trozo de papel y un lápiz deinmediato. Mi aparente interés en elprocedimiento, el primero que he mostrado desde
  64. 64. que estoy aquí, los toma por sorpresa. Variasmiradas se intercambian. Probablemente tuvieranalgún tipo de sermón extra especial para mí. Peroen su lugar, Coin personalmente me pasa lossuministros, y todo el mundo espera en silenciomientras me siento en la mesa y garabateo milista. Buttercup. La caza. La inmunidad de Peeta.Anunciado en público.Eso es. Probablemente mi única oportunidad denegociar. Piensa. ¿Qué más quieres? Lo siento, depie a mis espaldas. Gale, añado a la lista. No creoque pueda hacer esto sin él.El dolor de cabeza está apareciendo y mispensamientos empiezan a enredarse. Cierro misojos y empiezo a recitar silenciosamente.Mi nombre es Katniss Everdeen. Tengo 17 años.Mi hogar es el Distrito 12. Estuve en los Juegosdel Hambre. Escapé. El Capitol me odia. A Peetalo llevaron prisionero. Está vivo. Es un traidorpero vivo. Tengo que mantenerlo con vida…
  65. 65. La lista. Todavía parece demasiado pequeña.Debería intentar pensar a lo grande, más allá denuestra situación actual donde soy de mayorimportancia, para el futuro donde puede que yono valga la pena. ¿No debería estar pidiendo más?¿Por mi familia? ¿Por el resto de mi gente? Mipiel pica con las cenizas de los muertos. Siento elrepugnante impacto del cráneo contra mi zapato.El olor de la sangre y rosas me pican en la nariz.El lápiz se mueve por la página por sí solo. Abrolos ojos y veo las letras tambaleantes. YO MATOA SNOW. Si es capturado, quiero el privilegio.Plutarch tose discretamente. -¿Sobre lo hechoahí? -Miro hacia arriba y me doy cuenta del reloj.He estado sentada ahí durante veinte minutos.Finnick no es el único con problemas de atención.- Sí -digo. Mi voz suena ronca, así que me aclarola garganta-. Sí, así que este es el trato. Serévuestro Sinsajo.Espero para que puedan hacer sus sonidos dealivio, felicitación, golpeándose unos a otros en la
  66. 66. espalda. Coin permanece tan impasible comonunca, mirándome, sin impresionarse.- Pero tengo algunas condiciones -Aliso la lista ycomienzo-. Mi familia se queda con nuestro gato-Mis más mínimas peticiones ponen en marchauna discusión. Los rebeldes del Capitol no venesto como un tema, por supuesto, puedo mantenermi mascota, mientras aquellos del Distrito 13explican las extremas dificultades que estopresenta. Finalmente se resuelve que seremostrasladados al nivel superior, el cual tiene el lujode una ventana de ocho pulgadas. Buttercuppuede venir e ir a hacer sus necesidades. Se leespera que se alimente por sí mismo. Si elude eltoque de queda, se le encerrará. Si causa algúnproblema de seguridad, se le dispararáinmediatamente.Eso suena bien. No tan diferente de cómo haestado viviendo desde que nos fuimos. Exceptopor la parte de dispararle. Si parece demasiadodelgado, puedo deslizarle unas pocas entrañas,siempre que mi próxima solicitud sea permitida.
  67. 67. - Quiero cazar. Con Gale. Fuera en los bosques-digo. Esto da que pensar a todos.- No iremos lejos. Usaremos nuestros propiosarcos. Podéis tener carne para la cocina -añadeGale.Me apresuro antes de que digan que no. -Essólo… que no puedo respirar encerrada aquícomo… Me haría mejor, más rápida, si… pudieracazar.Plutarch empieza a explicar los inconvenientes deaquí: los peligros, la seguridad extra, el riesgo delesiones, pero Coin los corta. -No. Dejarlos.Dadles 2 horas al día, descontados de su tiempode entrenamiento. Un radio de un cuarto de milla.Con unidades de comunicación y tobilleras conrastreador. ¿Qué es lo siguiente?Le eché una hojeada a la lista. -Gale. Le necesitoconmigo para hacer esto.
  68. 68. - ¿Contigo cómo? ¿Fuera de las cámaras? ¿A tulado todo el tiempo? ¿Lo quieres presentadocomo tu nuevo amante? -pregunta Coin.No había dicho esto con ninguna malicia enparticular, todo lo contrario, sus palabras soncuestiones de hecho. Pero mi boca todavía sigueabierta en shock. -¿Qué?- Creo que deberíamos continuar el romancepresente. Una rápida deserción de Peeta podríacausar que la audiencia perdiera simpatía por ella-dice Plutarch-. Especialmente ya que piensanque está embarazada de su hijo.- Estoy de acuerdo. Así que, en la pantalla, Galepuede ser simplemente descrito como un rebeldecompañero. ¿Está así bien? -dice Coin. Me quedomirándola. Se repite a si mismaimpacientemente-. Para Gale, ¿será esosuficiente?- Siempre podemos trabajar con él como tu primo-dice Fulvia.
  69. 69. - No somos primos -decimos Gale y yo juntos.- Cierto, pero probablemente deberíamosmantener las apariencias ante las cámaras -dicePlutarch-. Fuera de cámara, es todo tuyo. ¿Algomás?Estoy confundida por el giro en la conversación.Las implicaciones que tan fácilmente podíadeshacerme de Peeta, de que estoy enamorada deGale, de que todo el tiempo ha sido unaactuación. Mis mejillas empiezan a quemar. Lanoción de que estoy dedicando cualquierpensamiento a quien quiero presentar como miamante, dadas nuestras circunstancias actuales, esdegradante. Dejo a mi ira me impulsara en mimayor petición. -Cuando la guerra termine, siganamos, Peeta será perdonado.Silencio mortal. Siento el cuerpo de Galetensarse. Supongo que debía habérselo dichoantes, pero no estaba segura de como respondería.No cuando implicaba a Peeta.
  70. 70. - Ninguna forma de castigo será infringido-continuo. Un nuevo pensamiento se me ocurre-.Lo mismo para los otros tributos capturados,Johana y Enobaria -Francamente, no me importaEnobaria, la cruel tributo del Distrito 2. De hecho,no me gusta ella, pero parece una injusticiadejarla.- No -dice Coin categóricamente.- Sí -le devuelvo-. No es culpa suya que losabandonarais en la arena. ¿Quién sabe lo que elCapitol les está haciendo?- Serán juzgados con otros criminales y tratadoscomo el tribunal considere oportuno -dice.- ¡Se les concederá la inmunidad! -me siento a mímisma creciendo en mi silla, mi voz llena yresonante-. Tú personalmente lo prometerásfrente a toda la población del Distrito 13 y elresto del 12. Pronto. Hoy. Será recordado durantelas futuras generaciones. Tú y tus gobiernos osharéis responsables de su seguridad, ¡o te buscasotro Sinsajo!
  71. 71. Mis palabras se quedan suspendidas en el airedurante un momento.- ¡Esa es ella! -Escucho a Fulvia sisear aPlutarch-. Ahí mismo. Con el traje, disparos alfondo, sólo un indicio de humo.- Sí, eso es lo que queremos -dice Plutarch en vozbaja.Quiero mirarlas, pero siento que sería un errordesviar mi atención de Coin. Puedo verlaenumerando el coste de mi ultimátum,ponderándolo contra mi posible valor.- ¿Qué dice, Presidenta? -pregunta Plutarch-.Podría emitir un indulto oficial, dadas lascircunstancias. El chico… ni siquiera tiene laedad.- De acuerdo -dice Coin finalmente-. Pero másvale que interpretes.- Interpretaré cuando hagas el anuncio -digo.
  72. 72. - Llama a una asamblea de seguridad nacionaldurante la Reflexión hoy -ordena-. Haré elanuncio entonces. ¿Hay algo más en tu lista,Katniss?Mi papel está arrugado en una bola en mi puñoderecho. Aplano la hoja contra la mesa y leo lastambaleantes letras. -Sólo una cosa más. Yo matoa Snow.Por primera vez, veo el atisbo de sonrisa en loslabios de la presidenta. -Cuando el momentollegue, te lanzaré a por él.Quizás tiene razón. Ciertamente no tengo la únicareclamación contra la vida de Snow. Y creo quepuedes contar con que termine su trabajo.-Bastante razonable.Los ojos de Coin habían parpadeado hacia subrazo, el reloj. Ella también tiene un horario quecumplir. -La dejo en tus manos entonces, Plutarch-Sale de la sala, seguida de su equipo, dejandosólo a Plutarch, Fulvia, Gale y a mí.
  73. 73. - Excelente. Excelente -Plutarch se deja caer, conlos codos sobre la mesa, frotándose los ojos-.¿Sabes lo que echo de menos? ¿Más que otracosa? El café. Te pregunto, ¿sería tan impensabletener algo más que lavar que gachas y nabos?- No pensamos que sería tan rígido aquí -Fulvianos explica mientras masajea los hombros dePlutarch-. No en los rangos más altos.- O al menos que hubiera la opción de acciónadicional -dice Plutarch-. Es decir, incluso elDistrito 12 tiene un mercado negro, ¿verdad?- Sí, el Quemador -dice Gale-. Es dondecomerciábamos.- Ahí, ¿lo ves? ¡Y mira lo morales que sois!Prácticamente incorruptibles -Plutarch suspira-.Oh, bueno, las guerras no duran para siempre. Asíque, encantado de teneros en el equipo -Saca unamano fuera hacia el lado, donde Fulvia ya estáextendiendo un gran bloc de dibujo encuadernadoen cuero negro-. Sabes en general lo que te
  74. 74. estamos pidiendo, Katniss. Soy consciente de quetienes sentimientos entremezclados sobreparticipar. Espero que esto ayude.Plutarch desliza el bloc hacia mí. Por unmomento, lo miro con recelo. Entonces lacuriosidad saca lo mejor de mí. Abro la tapa paraencontrar una imagen de mí misma, en pie yfuerte, en un uniforme negro. Sólo una personapodía haber diseñado el traje, a primera vistaabsolutamente utilitario, a la segunda, una obra dearte. La arremetida del casco, la curva de lacoraza, la ligera plenitud de las mangas quepermite a los blancos pliegues bajo el brazomostrarse. En sus manos, soy de nuevo unSinsajo.- Cinna -susurro.- Sí. Me hizo prometer no enseñarte este librohasta que hubieras decidido ser el Sinsajo por timisma. Créeme, estaba muy tentado -dicePlutarch-. Sigue. Hojéalo.
  75. 75. Paso las páginas lentamente, viendo cada detalledel uniforme. Las capas cuidadosamente amedida del traje de protección corporal, las armasen las botas y el cinturón, los refuerzos especialessobre el corazón. En la página final, bajo unbosquejo de mi pin del sinsajo, Cinna ha escrito,“Sigo apostando por ti”.- ¿Cuándo… -Mi voz falla.- Veamos. Bueno, después del anuncio delQuarter Quell. ¿Unas pocas semanas antes de losjuegos quizás? No sólo están los bocetos.Tenemos tus uniformes. Oh, y Beetee tiene algomuy especial esperándote abajo en la sala dearmas. No te lo voy a estropear insinuándolo-dice Plutarch.- Vas a ser el rebelde mejor vestido de la historia-dice Gale con una sonrisa. De repente, me doycuenta de que ha estado resistiéndose. ComoCinna, ha querido que tome esta decisión desde elprincipio.
  76. 76. - Nuestro plan es lanzar un Ataque En Antena-dice Plutarch-. Hacer una serie de lo quellamamos “propos”, que es la abreviatura de“spots de propaganda”, contigo, y emitirlas a todala población de Panem.- ¿Cómo? El Capitol tiene el control exclusivo delas emisiones -dice Gale.- Pero tenemos a Beetee. Hace sobre diez años,esencialmente rediseñó la red subterránea quetransmite toda la programación. Él cree que hayuna oportunidad razonable de que pueda hacer.Por supuesto, necesitaremos algo para publicar.Por lo que, Katniss, el estudio te espera -Plutarchse vuelve a su asistente-. ¿Fulvia?- Plutarch y yo hemos estado hablando sobrecómo podremos conseguir esto. Creemos quesería mejor construirte, nuestra líder rebelde,desde fuera a adentro. Es decir, ¡encontremos ellook de Sinsajo más impresionante posible, yluego desarrollemos tu personalidad hasta que lomerezca! -dice alegremente.
  77. 77. - Ya tenéis su uniforme -dice Gale.- Sí, pero, ¿está cicatrizada y sangrienta? ¿Estáardiendo con el fuego de la rebelión? ¿Cuánmugrienta podemos hacerla sin disgustar a lagente? En todo caso, tiene que ser algo. Es decir,obviamente esto… -Fulvia se mueve sobre mírápidamente, enmarcando mi cara con susmanos-, no es aceptable -Tiro mi cabeza haciaatrás reflexivamente pero ella ya está ocupadarecogiendo sus cosas-. Así que, con eso en mente,tenemos otra pequeña sorpresa para ti. Ven, ven.Fulvia nos hace una señal, y Gale y yo laseguimos a ella y Plutarch hacia el pasillo.- Con tan buenas intenciones, y todavía taninsultante -Gale me susurra al oído.- Bienvenido al Capitol -articulo. Pero laspalabras de Fulvia no tienen efecto sobre mí.Envuelvo mis brazos fuertemente alrededor delbloc y me permito a mí misma sentirmeesperanzada. Esto debe ser la decisión correcta. SiCinna lo quería.
  78. 78. Nos subimos a un ascensor, y Plutarchcomprueba sus notas. -Veamos. Es elcompartimento tres-nueve-cero-ocho- Aprieta unbotón marcado como 39, pero nada ocurre.- Debes tener que meter la llave -dice Fulvia.Plutarch saca una llave conectada a una cadenadelgada de debajo de su camisa y la inserta enuna ranura de la que no me había dado cuentaantes. Las puertas se deslizan a cerrarse. -Ah, ahíestamos.El ascensor desciende diez, veinte, treinta nivelesmás, más debajo de lo que sabía que iba elDistrito 13. Se abre en un amplio corredor blancocon puertas rojas, que parece casi decorativocomparado con los grises de las plantassuperiores. Cada una está marcada con unnúmero. 3901, 3902, 3903…Conforme salimos, echo un vistazo detrás de mípara ver el ascensor cerrarse y ver una rejametálica deslizarse en su lugar sobre las puertas
  79. 79. normales. Cuando me giro, un guardia se hamaterializado de una de las habitaciones al otroextremo del corredor. Una puerta se cierrasilenciosamente detrás de él mientras caminahacia nosotros.Plutarch se mueve para encontrarlo, levantandouna mano en señal de saludo, y el resto denosotros lo sigue detrás. Algo se siente muy malaquí abajo. Es más que el reforzar el ascensor, ola claustrofobia de tan lejos bajo tierra, o elcaustico olor de antiséptico. Una mirada a la carade Gale y puedo decir que lo percibe también.- Buenos días, estábamos sólo buscando…-empieza Plutarch.- Estás en la planta equivocada -dice el guardiaabruptamente.- ¿En serio? -Plutarch vuelve a comprobar susnotas-. Tengo 3908 escrito aquí mismo. Mepregunto si pudiera dar una llamada a…
  80. 80. - Me temo que tengo que pediros que os vayáisahora. Las discrepancias de asignación se puedendirigir a la Oficina Central -dice el guardia.Está justo enfrente de nosotros. Compartimento3908. Sólo a unos pasos de distancia. La puerta,de hecho, todas las puertas, parecen incompletas.Sin pomos. Deben oscilar libremente en lasbisagras como el guardia que apareció por ella.- ¿Dónde está eso de nuevo? -pregunta Fulvia.- Encontrarás la Oficina Central en el Nivel Siete-dice el guardia, extendiendo sus brazos paraacorralarnos de nuevo al ascensor.Desde detrás de la puerta 3908 viene un sonido.Sólo un pequeño gemido. Como un perroacobardado haría para evitar ser golpeado, sóloque demasiado humano y familiar. Mis ojosencuentran los de Gale por un momento, pero estiempo suficiente para dos personas que actúan dela forma que lo hacemos. Dejo caer el bloc deCinna a los pies del guardia con un fuerte golpe.Un segundo después se inclina para recogerlo,
  81. 81. Gale se inclina también, intencionalmentegolpeándose las cabezas. -Oh, lo siento -dice conuna ligera risa, cogiendo brazos del guarda comopara no perder el equilibrio, volviéndolo un pocolejos de mí.Esa es mi oportunidad. Me lanzo alrededor deldistraído guardia, empujo la puerta marcada3908, y los encuentro. Medio desnudos,golpeados y encadenados a la pared.Mi equipo de preparación.CAPITULO 4El hedor de cuerpos sucios, orina rancia, einfección sale a través de la nube de antiséptico.Las tres figuras son solo reconocibles por susdemasiado llamativas elecciones de moda: lostatuajes dorados en la cara de Venia. Losanaranjados tirabuzones de Flavius. La suave pielde hoja perenne de Octavia, que ahora cuelgademasiado floja, como si su cuerpo fuera unglobo que se había desinflado poco a poco.
  82. 82. Al verme, Flavius y Octavia retroceden contra lasparedes de azulejos como si estuvierananticipando un ataque, a pesar de que nunca loshabía lastimado. Desagradables pensamientosfueron mi peor ofensa contra ellos, y los guardabapara mí, así que ¿por qué retroceden?El guardia me ordena alejarme, pero por elarrastramiento de pies que lo sigue, sé de algunamanera que Gale lo ha detenido. Para obtenerrespuestas, voy hasta Venia, que siempre fue lamás fuerte. Me agacho y cojo sus manos heladas,las cuales agarro firmemente entre las mías comouna presa.- ¿Que pasó, Venia? -Pregunto-. ¿Qué estáshaciendo aquí?- Nos trajeron. Desde el Capitolio -dice con vozronca.Plutarch entra detrás de mí. -¿Qué diablos estápasando?- ¿Quién te trajo? -Presiono.
  83. 83. - Gente -dice vagamente-. La noche que túescapaste.- Pensamos que podía ser reconfortante para ti eltener a tu equipo normal -dice Plutarch detrás demí-. Cinna lo solicitó.- ¿Cinna solicitó esto? -Le gruño. Porque si hayuna cosa que sé, es que Cinna no hubieraaprobado que abusaran de ellos tres, a los quetrataba con dulzura y paciencia-. ¿Por qué estánsiendo tratados como delincuentes?- Honestamente no lo sé. -Hay algo en su voz quehace que lo crea, y la palidez en el rostro deFulvia lo confirma. Plutarch se vuelve hacia elguardia, el cual aparece por la puerta con Galedirectamente detrás de él-. Yo sólo dije que teníanque ser confinados. ¿Por qué están siendocastigados?- Por robar alimentos. Tuvimos que contenerlosdespués de un altercado por un poco de pan -diceel guardia.
  84. 84. Las cejas de Venia se juntan como si ella todavíaestuviera tratando de encontrar un sentido a esto.-Nadie nos decía nada. Estábamos tanhambrientos. Ella sólo cogió una rebanada.Octavia comienza a llorar, camuflando el sonidoen su andrajosa túnica. Pienso en cómo, laprimera vez que sobreviví a la arena, Octavia mepasó a escondidas un panecillo por debajo de lamesa porque no podía soportar mi hambre. Meacerco a su agitada forma. -¿Octavia? -La toco yella se estremece-. ¿Octavia? Vas a estar bien. Tevoy a sacar de aquí, ¿vale?- Esto parece extremo -dice Plutarch.- ¿Esto es porque tomó una rebanada de pan?-Pregunta Gale.- Hablamos de repetidas infracciones anteriores aeso. Se les advirtió. Aun así se llevaron más pan.-El guardia se detiene un momento, como siestuviera desconcertado por nuestra densidad-.No se puede coger pan.
  85. 85. No puedo conseguir que Octavia descubra surostro, pero ella lo levanta ligeramente. Losgrilletes en las muñecas se desplazarán haciaabajo unos centímetros, revelando llagas abiertaspor debajo de ellos. -Os llevaré con mi madre.-Me dirijo al guardia-. Libéralos.El guardia sacude la cabeza. -No estoyautorizado.- ¡Libéralos! ¡Ya! -Le grito.Esto rompe la calma. Los ciudadanos normalesno se dirigen a él de esta manera. -No tengoórdenes de liberarlos. Y usted no tiene ningunaautoridad para…- Hazlo por mí autoridad -dice Plutarch-. Vinimosa recoger a estos tres de todos modos. Sonnecesarios para la Defensa Especial. Asumo todala responsabilidad.El guardia nos deja para hacer una llamada.Regresa con un juego de llaves. El equipo de
  86. 86. preparación ha sido forzado a las posicionesapretadas del cuerpo durante tanto tiempo queuna vez que le quitan los grilletes, tienenproblemas para caminar. Gale, Plutarch, y yotenemos que ayudarles. El pie de Flavius alcanzauna rejilla de metal sobre una abertura circular enel piso, y mi estómago se contrae cuando piensoen por qué una habitación necesitaría un desagüe.Las manchas de miseria humana deberían habersido eliminadas de estos azulejos blancos…En el hospital, busco a mi madre, la única a la quele confiaría su cuidado. Le toma un minutoidentificar a los tres, dada su condición actual,pero ya tiene una mirada de consternación. Y séque no es un resultado de ver los cuerposmaltratados, porque eran su boleto diario en elDistrito 12, sino la conciencia de que este tipo decosas ocurren también en el 13.Mi madre fue bienvenida en el hospital, pero esvista más como una enfermera que como unmédico, a pesar de toda su vida dedicada a lacuración. Sin embargo, nadie interfiere cuandoella guía al trío a una sala de examen para evaluar
  87. 87. sus lesiones. Me planto en un banco en el pasillofuera de la entrada del hospital, a la espera deescuchar su veredicto. Ella será capaz de leer ensus cuerpos el dolor infligido sobre ellos.Gale se sienta junto a mí, y pone un brazoalrededor de mi hombro. -Ella va a arreglarlo. -Ledoy una inclinación de cabeza, preguntándome siestá pensando en su propia flagelación de laespalda en el 12.Plutarch y Fulvia cogen el banco enfrente denosotros, pero no hacen ningún comentario sobreel estado de mi equipo de preparación. Si notenían conocimiento de los malos tratos, entonces¿qué es lo que hacen ellos en este movimiento porparte de la Presidenta Coin? Decido ayudarlos.- Supongo que todos hemos sido puestos sobreaviso -le digo.- ¿Qué? No. ¿Qué quieres decir? -preguntaFulvia.
  88. 88. - Castigar a mi equipo de preparación era unaadvertencia -le digo-. No sólo para mí. Sino parati, también. Acerca de quién tiene realmente elcontrol y lo que sucede si no es obedecido. Sitenías alguna falsa ilusión sobre quien tenía elpoder, las dejaría ir ahora. Al parecer, un purasangre del Capitolio no tiene protección aquí. Talvez sea incluso un verdadero lastre.- No hay comparación entre Plutarch, el cualplaneó la fuga rebelde, y esos tres esteticistas-dice fríamente Fulvia.Me encojo de hombros. -Si tú lo dices, Fulvia.¿Pero qué pasaría si pasas al lado malo de Coin?Mi equipo de preparación fue secuestrado. Ellospueden por lo menos tener la esperanza de quealgún día volverán al Capitolio. Gale y yopodemos vivir en el bosque. ¿Pero tú? ¿Dóndeiréis los dos?- Tal vez nosotros seamos un poco másnecesarios en esta guerra de lo que tú crees -dicePlutarch, despreocupado.
  89. 89. - Por supuesto que sí. Los tributos eran necesariospara los Juegos, también. Hasta que no lo fueron-digo yo-. Y luego nos convertimos endesechables… ¿verdad, Plutarch?Esto termina la conversación. Esperamos ensilencio hasta que mi madre nos encuentra. -Vana estar bien -informa-. No hay lesiones físicaspermanentes.- Bien. Espléndido -dice Plutarch-. ¿Qué tanpronto se les puede poner a trabajar?- Probablemente mañana -responde ella-. Debesesperar un poco de inestabilidad emocional,después de lo que han pasado. Ellos estánparticularmente mal preparados, procedentes desu vida en el Capitolio.- ¿No lo estamos todos? -dice Plutarch.Ya sea porque mi equipo de preparación estáincapacitado o yo estoy demasiado en el borde,Plutarch me libera de mis deberes como Sinsajopor el resto del día. Gale y yo nos dirigimos a
  90. 90. almorzar, donde nos sirven judías y guiso decebolla, una rodaja gruesa de pan y una taza deagua. Después de la historia de Venia, el panaraña mi garganta, así que deslizo el resto de él enla bandeja de Gale. Ninguno de los dos hablamucho durante el almuerzo, pero cuando nuestrosplatos están limpios, Gale tira de su manga,revelando su horario. -Tengo entrenamientoahora.Subo mi manga y mantengo el brazo a su lado.-Yo también. -Recuerdo que el entrenamiento esigual a la caza ahora.Mi afán de huir a los bosques, aunque sólo seadurante dos horas, anula mis preocupacionesactuales. Una inmersión en la vegetación y la luzsolar sin duda me ayudará a ordenar mispensamientos. Una vez fuera de los corredoresprincipales, Gale y yo corremos como escolareshacia la armería, y para cuando llegamos, estoysin aliento y mareada. Un recordatorio de que noestoy totalmente recuperada. Los guardias nosproporcionan nuestras antiguas armas, así comocuchillos y un saco de arpillera que viene seguido
  91. 91. de un morral. Aguanto sujetando el rastreador ami tobillo, tratando de simular como si estuvieraescuchando cuando explican cómo utilizar elcomunicador de mano. La única cosa que retengoen la cabeza es que tiene un reloj, y tenemos queestar de vuelta en el 13 dentro de la horadesignada o nuestros privilegios de caza seránrevocados. Esta es una regla que creo que voy ahacer un esfuerzo por cumplir.Vamos fuera, a la gran área cercada deentrenamiento cerca de los bosques. Los guardiasabren las puertas bien engrasadas sincomentarios. Tendríamos problemas para superaresta barrera por nosotros mismos-diez metros dealto y siempre zumbando con electricidad,coronada con afilados rizos de acero. Nosmovemos por el bosque hasta que el punto devista de la valla se ha oscurecido. En un pequeñoclaro, hacemos una pausa y ponemos hacia atrásla cabeza para disfrutar del sol. Doy vueltas en uncírculo, con los brazos extendidos a los lados,girando lentamente para no hacer que el mundogire.
  92. 92. La falta de lluvia que he visto en el 12 ha dañadolas plantas aquí también, dejando a algunos conhojas secas, construyendo una alfombra crujientebajo nuestros pies. Nos quitamos los zapatos. Losmíos no se ajustan correctamente de todos modos,ya que por el espíritu del no-desperdicio de laspoco queridas reglas del 13, me dieron un par quealguien había dejado atrás. Al parecer, uno denosotros camina gracioso, porque entran del todomal.Cazamos, como en los viejos tiempos.Silenciosos, sin necesidad de palabras paracomunicarse, porque aquí en el bosque nosmovemos como dos partes de un solo ser.Anticipando los movimientos de cada uno,vigilando nuestras espaldas. ¿Cuánto tiempo hapasado? ¿Ocho meses? ¿Nueve? ¿Cuándo habíatenido esta libertad? No es exactamente la misma,dado todo lo que ha pasado y los rastreadores delos tobillos y el hecho de que tengo que descansara menudo. Pero es lo más cercano a la felicidadcomo creo que actualmente puedo conseguir.
  93. 93. Aquí los animales no son tan suficientementedesconfiados. Ese momento extra que tienen paraidentificar nuestro desconocido olor significa sumuerte. En una hora y media, tenemos un surtidode doce-conejos, ardillas y pavos-y decidimospasar el tiempo que queda cerca de una lagunaque debe de ser alimentada por un manantialsubterráneo, ya que el agua es fresca y dulce.Cuando Gale se ofrece para limpiar las presas, nome opongo. Pego una hoja de menta en milengua, cierro los ojos, y me recuesto contra unaroca, empapándome en los sonidos, dejando queel ardiente sol de la tarde tueste mi piel, casi enpaz hasta que la voz de Gale me interrumpe.-Katniss, ¿por qué te preocupas tanto de tu equipode preparación?Abro los ojos para ver si él está bromeando, peroestá con el ceño fruncido por el conejo que estádesollando. -¿Por qué no habría de estarlo?- Hm. Vamos a ver. ¿Porque han pasado el últimoaño embelleciéndote para la masacre? -sugiere.
  94. 94. - Es más complicado que eso. Yo los conozco. Noson malos o crueles. No son siquiera inteligentes.Hacerles daño, es como lastimar a niños. Ellos noven… quiero decir, no saben… -Me trabo conmis palabras.- ¿No saben qué, Katniss? -dice-. ¿Qué esostributos, los cuales son los niños que estánenvueltos en esto, no tu trío de monstruos, se venobligados a luchar hasta la muerte? ¿Qué fuiste aese escenario para divertir a la gente? ¿Era eso ungran secreto en el Capitolio?- No, pero ellos no lo ven de la forma en quenosotros lo hacemos -le digo-. Ellos se han criadoen eso y…- ¿Verdaderamente los estas defendiendo? -Éldesliza la piel del conejo en un movimientorápido.Eso escuece, porque, de hecho, lo estoy haciendo,y es ridículo. Me esfuerzo por encontrar unaposición lógica. -Creo que estoy defendiendo aalguien que es tratado así por coger una rebanada
  95. 95. de pan. ¡Tal vez me recuerda mucho de lo que teha pasado con más de un pavo!Aún así, tiene razón. Parece extraño, mi nivel depreocupación por el equipo de preparación. Losodio y quiero verlos colgados. Pero están tandesorientados, y pertenecían a Cinna, y él estabade mi lado, ¿no?- No estoy buscando pelea -dice Gale-. Pero nocreo que Coin estuviera enviándote un granmensaje al castigarles por haber infringido lasnormas aquí. Probablemente pensó que lo veríascomo un favor. -Pone el conejo en el saco y selevanta-. Deberíamos irnos, si queremos llegar atiempo.Ignoro la oferta de su mano y me pongo de pietambaleándome.- Bien. -Ninguno de los dos hablamos en elcamino de vuelta, pero una vez que estamosdentro de la puerta, pienso en otra cosa-. Duranteel Quarter Quell, Octavia y Flavius tuvieron que
  96. 96. renunciar porque no podían dejar de llorar debidoa mi vuelta. Y Venia apenas pudo decirme adiós.- Voy a tratar de mantener eso en mente, mientrasellos… realizan tu nueva versión -dice Gale.- Hazlo -le digo.Le damos la carne a Sae la Grasienta en la cocina.A ella le gusta el Distrito 13 lo suficientemente,aunque piensa que los cocineros son algo carentesde imaginación. Pero una mujer que vino con unperro salvaje y un sabroso guiso de ruibarbo estáobligada a sentir como si sus manos estuvieranatadas aquí.Agotada por la caza y mi falta de sueño, mevuelvo a mi compartimiento para encontrarlodesnudo, sólo para recordar que hemos sidotrasladados a causa de Buttercup. Me abro pasohasta el último piso y encuentro elCompartimento E.Se ve exactamente como el Compartimiento 307,con excepción de la ventana-dos pies de ancho,
  97. 97. ocho pulgadas de alto-centrada en la partesuperior de la pared exterior. Hay una pesadaplaca de metal sujeta sobre él, pero ahora estáabierta, y ciertamente no hay un gato por ningúnlado. Me tiendo en mi cama, y un rayo de sol dela tarde juega en mi cara. Lo siguiente que sé, esque mi hermana me despierta a las 18:00-Reflección.Prim me dice que han estado anunciando laasamblea desde el almuerzo. Toda la población,salvo los necesarios para los trabajos esenciales,está obligada a asistir. Seguimos las indicacioneshacia el Colectivo, una sala enorme que acogefácilmente a los miles que se presentan. Podríasdecir que fue construido para una reunión másgrande, y tal vez acogía a una antes de laepidemia de viruela. Prim señala en silencio lasconsecuencias de ese desastre generalizado-lascicatrices de la viruela en el cuerpo de laspersonas, los niños ligeramente desfigurados.- Ellos han sufrido mucho aquí -dice ella.
  98. 98. Después de esta mañana, no estoy de humor parasentir pena por el 13.- No más de lo que lo hicimos en el doce -le digo.Veo a mi madre llevar a un grupo de pacientesmóviles, todavía con sus camisones y batas delhospital. Finnick se encuentra entre ellos,viéndose aturdido, pero magnífico. En sus manossostiene un trozo de cuerda fina, con menos de unpie de largo, demasiado corta para que incluso élhaga un nudo utilizable. Sus dedos se muevenrápidamente, uniéndolo de forma automática ydesenredando los diferentes nudos mientras miraalrededor. Es probable que sea parte de su terapia.Me dirijo a él y digo:- Hola, Finnick. -Él no parece darse cuenta, asíque le empujo para llamar su atención-. ¡Finnick!¿Cómo estás?- Katniss -dice, sujetando mi mano. Aliviado alver una cara familiar, me parece-. ¿Por quéestamos aquí reunidos?
  99. 99. - Le dije a Coin que sería su Sinsajo. Pero le hiceprometer dar la inmunidad a otros tributos si losrebeldes ganaban -le digo-. En público, para quehaya un montón de testigos.- Oh. Bien. Porque me preocupa eso con Annie.Que ella fuera a decir algo que pudierainterpretarse como traidor sin saberlo -diceFinnick.Annie. Uh-oh. La olvidé totalmente. -No tepreocupes, me ocuparé de eso. -Le doy unapretón a la mano de Finnick y voy directa haciael podio en la parte frontal de la habitación. Coin,que está mirando por encima su declaración,levanta las cejas hacia mí-. Necesito que ustedagregue a Annie Cresta a la lista de inmunidad -ledigo.La presidenta frunce el ceño ligeramente. -¿Quiénes esa?- Finnick Odair es su… -¿Qué? No sé realmentecomo llamarlo-. Ella es amiga de Finnick. DelDistrito Cuatro. Otra vencedora. Fue detenida y
  100. 100. llevada al Capitolio cuando la arena saltó por losaires.- Oh, la chica loca. Eso no es realmente necesario-dice-. No tenemos por norma castigar acualquiera que sea frágil.Pienso en la escena por la que pasé esta mañana.De Octavia apiñada contra la pared. De cómoCoin y yo debemos de tener definiciones muydiferentes de la fragilidad. Pero sólo digo:- ¿No? Entonces no debería ser un problemaagregar a Annie.- Está bien -dice la presidenta, escribe el nombrede Annie-. ¿Quieres estar aquí conmigo para elanuncio? -Sacudo la cabeza-. No creía que lohicieras. Mejor date prisa y piérdete entre lamultitud. Estoy a punto de comenzar. -Hago micamino de regreso a Finnick.Las palabras son otra cosa que no se desperdiciaen el 13. Coin pide la atención de la audiencia yles dice que he accedido a ser el Sinsajo, siempre
  101. 101. que a los otros vencedores-Peeta, Johanna,Enobaria, y Annie-se les conceda el indulto totalpor hacer cualquier daño a la causa rebelde. En elestruendo de la multitud, oigo el desacuerdo.Supongo que nadie dudaba que yo quisiera ser elSinsajo. Así que nombrar un precio-uno queperdona a sus posibles enemigos-los enfurece. Mequedo indiferente a las miradas hostiles dirigidasen mi dirección.La presidenta permite unos momentos deinquietud, y luego continúa de manera enérgica.Sólo que ahora las palabras que salen de su bocason una novedad para mí.- Pero a cambio de esta solicitud sin precedentes,el Soldado Everdeen ha prometido dedicarse anuestra causa. De ello se deduce que cualquierdesviación de su misión, ya sea motivada o no,será vista como una ruptura de este acuerdo. Lainmunidad llegaría a su fin y el destino de loscuatro vencedores será determinado por la ley delDistrito Trece. Al igual que el de los suyos.Gracias.
  102. 102. En otras palabras, salgo de la línea y todosestamos muertos.CAPITULO 5Otra fuerza con la que luchar. Otro jugadorpoderoso que ha decidido utilizarme como unapieza en sus juegos, aunque nunca las cosasparecen ir de acuerdo al plan. Primero fueron losjugadores, haciéndome su estrella y luegoluchando para recuperarse de ese puñado debayas venenosas. A continuación, el presidenteSnow, tratando de utilizarme para apagar lasllamas de la rebelión, sólo para que cada pasomío la inflamara. A continuación, los rebeldes meatraparon en la garra de metal que me levantó dela arena, designándome para ser su Sijanjo, yluego tener que recuperarse de la impresión deque yo no quiero las alas. Y ahora Coin, con supuñado de armas nucleares y su preciosa máquinabien engrasada de un distrito, resultando aún másdifícil cepillar un Sijanjo para coger uno. Peroella ha sido la más rápida para determinar quetengo una orden del día de mi cuenta y por lo
  103. 103. tanto no soy de fiar. Ella ha sido la primerapúblicamente en marcarme como una amenaza.Paso los dedos por la gruesa capa de burbujas enla tina. Limpiarme es sólo un paso preliminarpara la determinación de mi nuevo look. Con elcabello dañado por el ácido, la piel quemada porel sol y las feas cicatrices, el equipo depreparación“Rehacer su Belleza Base Cero”, ordenó Flavia loprimero esta mañana. “Vamos a trabajar desdeahí”. Belleza Base Cero resulta ser como unapersona se vería si salió de la cama viéndoseimpecable pero natural. Esto significa que misuñas son de una forma perfecta, aunque nopulidas. Mi cabello suave y brillante, pero sinestilo. Mi piel suave y clara, pero no pintada.Depilar los pelos del cuerpo y borrar las ojeras,pero no hacer ninguna notable mejora. Supongoque Cinna dio las mismas instrucciones el primerdía que llegué como un homenaje en el Capitolio.Sólo que era diferente, ya que era un competidor.Como un rebelde, pensé en llegar a parecermemás a mí misma. Pero parece que televisar a un

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