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Moldes procedentes de salamanca para fundir maravedís de alfonso viii

  1. 1. Moldes procedentes de Salamanca para fundir maravedís de Alfonso VIII Por María Paz García-Bellido U n iv e rsid ad de S alam anca u a tro años atrá s aparecieron en Espino de la Orbada. pueblecito <lel este de laC provincia de Salamanca, un conjunto de once matrices en piedra, <le las cuales ocho estaban grabadas y las otras habían recibido sólo la forma y las gráfilas paraalojar la leyenda. Cinco piezas del conjunto eran matrices de sellos eclesiásticosy tres eran valvas para obtener por fundición maravedís alfonsíes. A estas últimasnos vam os a referir aqui. El hallazgo se produjo al abrir una zanja para m eter el agua en una viviendasita al este y a unos 20 m etros de la iglesia del pueblo, edificio de amplias propor­ciones y catalogado por Gómez Moreno como del siglo X I I , al que en el transcursode los años se le han ido añadiendo o reparando paños murales, lo que origina quehoy la prim itiva fábrica quede totalm ente oculta. Al m om ento de la construcciónde la iglesia pertenecen tam bién las matrices encontradas. Espino es protagonistavarias veces en los documentos catedralicios de Salamanca en el último tercio delsiglo X I I . Ocho de las once matrices que estudiamos fueron ofrecidas por el propio des­cubridor a don Angel Rodríguez Sainz (», quien las compró por un precio asequibley las guardó d u ran te algún tiempo. Al saber que el conjunto podía tener granvalor histórico, don Angel se puso otra vez en comunicación con el descubridor, (1) Don A n^el, v ice d ire c to r de la (laja de A horros de S alam anca, se las enseñó al d o cto r V íctor G arciade la C oncha, c a te d rá tic o de L ite ra tu ra E sp añ o la de n u e stra U n iv ersid ad , y am bos me ofrecieron su p u b li­cación. H eltcro desde aquí mi sincero a g rad e cim ie n to : a don An|?el p o r su c o rd ialid ad y to ta l colaboracióny al profesor G arcía de la C oncha p o r su in ju stifica d a confianza en mi persona p a ra la p u blicación delm ate ria l. — 227
  2. 2. M A R Í A P A Z G A R C Í A - B E L L I D O quien todavía conservaba dos piezas más que pudimos añ a d ir al trabajo, siendo una de ellas el área II del molde monetal que nos ocupa. El estudio completo está en preparación, pero podemos adelantar que todo ello pertenece a finales del siglo X II o comienzos del X I I I , y que probablemente estemos a nte el m aterial de un artesano, quizás itinerante. Me extiendo en estos pormenores para poder descartar la posibilidad de que nos encontremos ante falsificaciones m odernas: 1.° El hecho de que haya en el pueblo testigos del hallazgo material. 2.° El precio al que se vendió, que no implicaba fines lucrativos. 3.° El no haber vendido todas las piezas en un principio, regalando dos de ellas a unos niños que las han utilizado para jugar. 4.° La perfecta coherencia cronológica que presentan todos los objetos del hallazgo, incluidos los moldes de fundición que nos ocupan. 5.° Coherencia tam bién histórica puesto que los personajes cuyos nombres constan en las matrices son coetáneos y rubrican ju n to s como eoíirmantes en muchos de los documentos de la época. 6.° El hecho de que precisamente en los siglos X I I y X I I I el pueblo de Espino de la O rbada aparezca en los docum entos con frecuencia y su iglesia se erigiera en esas fechas, haciendo pensar que debieron ser tiempos de apogeo para ese pequeño pueblo actual. Todas las matrices, grabadas en intaglio y n a turalm ente en negativo, son depiedra, lo que representa una gran novedad, puesto que las grandes colecciones,como la del Archivo Histórico Xacional y la del Instituto Valencia de Don J u a n ,no poseen nada similar; las que allí se conservan son metálicas y en su m ayoríade bronce. Sin embargo, en la Real Academia de la Historia el doctor Vázquez deParga 0) me enseñó una matriz, tam bién eclesiástica, hecha en pizarra y de carac­terísticas similares a las nuestras. La rareza del material empleado nos coloca antela posibilidad de que estemos frente a falsificaciones de época y ello tendría unajustificación histórica que debemos perseguir. En cuanto a la fabricación de unosmoldes para falsificar m oneda, es m uy clara su utilidad sobre todo en m omentosde un gran vacuum monetal como el del reinado de Alfonso V III. De la posiblefalsificación de las matrices de sellos tratarem os en otro lugar. Sin embargo, veo que con frecuencia a nte las novedades de tipo arqueológicoexiste una tendencia defensiva a considerarlas falsas. Las técnicas y sus variantes,sobre todo en tiempos pasados en que no existía la uniformidad actual, fueronmás flexibles y amoldables a las necesidades de cada m om ento y de cada lugar (1) A quien doy ta m b ié n las gracias p o r su am a b le acogida y por h a b erm e facilitad o el conocim ientode doña P ilar H exares, g ra n e x p e rta en sigilografía, quien se to m ó el tr a b a jo de hacer en escayola losp ositivos de to d a s las piezas y qu ien fue conm igo de una a m a b ilid ad in m erecida.228 —
  3. 3. MOLDES PROCEDENTES DE SA LA M A N C A P A R A F U N D IR M A R A VEDÍSy m uchas veces efecto de la improvisación. Por todo ello debo reconocer que yomisma no me decido con firmeza por una u otra opción; de todas formas el hallazgoes de un gran interés histórico tan to se tra te de sellos y moldes legales, como siestam os a n te utensilios de falsario. DE SC R IPC IO N A nte la posibilidad de que un análisis pétreo pudiera indicar una procedenciageográfica restringida, lo que hubiera sido de gran interés para determ inar rela­ciones entre el artesano, los sellos y la cantera, llevé las piezas al D ep artam en tode Petrología O). Los resultados son: la piedra, la misma en los tres ejemplares,resulta ser una argillita color siena con laminación paralela; se t ra ta de roca degrano m u y fino, con cantos blandos (material éste extraño a la roca) y de granomás grueso rodeados de una película de óxidos de hierro que ha provocado unaoxidación superficial en las zonas colindantes. Presenta además clastos de cuarzode tam a ñ o de arena. Es un tipo de roca que se halla en toda la cuenca meseteñadel Duero. La roca es m uy dura y resiste tem peraturas superiores a los 300°, cosaque no ocurriría de haberse empleado la piedra — m arga— utilizada en los sellosdel conjunto. La cantera puede así situarse en cualquier punto de la cuenca del Duero, sinque sea posible precisar una localización m ás restringida. Las tres valvas se grabaron para fundir m aravedís de oro de Alfonso V III < > 2,las 1 y 3 son del área I y la 2 del área II. Las valvas 1 y 2 forman pareja — tig. 4—y, por lo tanto, encajan una en otra siempre que se hagan coincidir los cuatro ori­ficios supuestos para alojar unos vástagos de cobre o bronce, cuyos residuos quedantodavía visibles en ambos moldes. No parece que los moldes se hayan utilizado nunca, porque en dos de ellos,1 y 3, no queda ningún resto de metal en los intersticios, sin embargo, en el 2 havab u n d a n te s vestigios de óxido de cobre en el área m onetai y se podría pensar quese había fundido en él moneda de bronce, pero tam bién se puede in te rp re ta r— me dicen en Petrologia— como restos de la disolución del vástago de cobreinferior derecho, que casi ha desaparecido y que ha teñido la zona colindante, e (1) A gradezco al profesor F iguerola, del D e p a rta m e n to de P etrología de n u e stra U n iv ersid ad y a susc o la b o rad o re s, los an álisis y la inform ación que m e h a n proporcionado. (2) L a bibliografía esencial sobre el tem a es: A . H e iss, M onedas H ispano-crislianas, I, M adrid, 1805,p á g in a s 28 y ss., L. 4, 5 ; C o d f r a , Trillado de X u m ism á tica Arábiqo-EsfM ñola, M adrid, 1879, pp. 213 ysig u ien te s, 1.. 21, 19; A . V iv e s, M onedas de las dinastías arábigo-españolas, M adrid, 1893, p p . L X X V I II ysig u ien te s, núm s. 2.(122-2.041; Idem , «1.a m oneda c a s te lla n a , Discurso de Ingreso en la lieal A cadem ia dela H istoria, M adrid, 1901, p p . 14 y ss.; N . S e n t e n a c i i , *EI m ara v ed í. Su grandeza y decadencia«, H A B M ,1905, p p . 195 y ss., I.. 16, 2 ; C. S á n c h e z A lb o r n o z , *La p rim itiv a o rg anización m o n eta ria de L eón yC astilla», A nales de H istoria del Derecho E spañol. V, 1928, pp. 334 y s s .; P. U e ltr A n , «Dos tesorillos devellones ocultos en el re in a d o de A lfonso X», M adrid, 1961, Obras Completas, Z aragoza, 1972, pp. 651 ysig u ien te s; E . C o l e a n t e s , »Las m onedas de A lfonso V I I I y sus problem as>, A cia S u m ism á tic a , I I I , 1973,p á g in a s 113-136. L os d o cu m en to s los c ita n com o: m itcalcs o m izcales alfonsíes, d in are s alfonsíes, m o rab e tin e s, m arav ed ís,m ara v ed ise s y lo q u e sería su p lu ral co rrecto castellan o , m aravedíes. 229
  4. 4. M A R Í A P A Z G A R C Í A - B E L L I D Oincluso podría haber penetrado en el área monetal cercana dejando esos rastrosque comentamos. Efectivam ente, el área m onetal opuesta a dicho vástago nopresenta rastros de cobre y adem ás su valva pareja, la 1, no tiene el m enor vestigiode metal, lo que si ocurriría de haberse utilizado conjuntam ente con la 2, form andoel molde completo. Valva 1 — ligs. 1 y 4 A— , de forma trapezoidal, correspondiente al área I deVives, núm . 2.022. Medidas: base menor, 5,22 cm.; liase mayor, 5,44 cm .; altura,6,14 cm. L a superficie del área monetal está ligerísimamente rebajada respecto alplano restante de la valva. La profundidad del grabado monetal debe ser de 1 mm.E n el centro de la base m enor existe un canalillo para el vertido del m etal líquido,que entraría por la zona inferior del área monetal, estando esta cara, pues, endirección j — fig. * A— . En tres de sus cuatro vértices existen orificios con restos 1de vastagos de cobre; sin embargo, el orificio superior izquierdo no existió nunca.Los dos orificios de la izquierda traspasan hasta la cara posterior — íig. 4 A— , elde la derecha no taladra — fig. 4 C— . La cara posterior de la valva se m uestrarebajada en canal a media a ltu ra — fig. 4 C— quizá para facilitar el atado de unavalva a la otra, o para alojar un dedo que firmemente y sin resbalar, permitiesetener am bas valvas ju n ta s d u ran te la operación de vertido que se efectuaría conla otra mano. La traducción de la leyenda, de estar ésta en árabe, seria:A r e a I. E l príncipe de los católicos Alfonso, hijo de Sancho anúdele Dios y protéjale M arginal: Se acuño este diñar en la ciudad de Toledo año ? de la era de Safar. Valva 2 — figs. 2 y 4— de forma cuadrangular correspondiente al área II deVives, núm . 2.022, tiene las cuatro esquinas cortadas. Medidas: base mayor,5,59 cm.; base menor, 5,04 cm.; altura, 6,07 cm. La superficie del área monetaligualmente rebajada que en el núm . 1. Aquí el canalillo para el vertido del metalentra perpendicular a la izquierda del área monetal, lo que produciría monedascon dirección de «cuños» En sus cuatro vértices hay canalillos, que traspasanhasta la cara posterior, para alojar los vástagos de metal de la valva 1; tres deellos tienen todavía el m etal adherido, el superior izquierdo no fue utilizado,recuérdese que su orificio parejo de la valva 1 no existió — íig. 4 B y C— . Losvástagos metálicos que unirían las dos valvas iban alojados en orificios en la 1,pero en la 2 entrarían por las guias de sección semicircular y exteriores y paraque éstas quedasen abiertas han sido cortadas las esquinas de la valva 2 — fig. 2— . La Leyenda de esta valva se traduciría, de ser árabe, asi:230 —
  5. 5. M O L D E S P R O C E D E N T E S I)E S A L A M A N C A P A R A F U N D I R M A R A V E D ISA r e a II. E l Im án de la Iglesia cristiana, el P apa de Roma la M ayor Marginal: En el nombre del Padre, del H ijo y del E spíritu Sanio : el que creay sea bautizado, se saluará. Las valvas 1 y 2 forman pareja y se unirían como m uestra la íig. 4 B. Por elorificio central se introduciría el metal liquido — fig. 5— . Valva 3 — fig. 3— , de forma trapezoidal, correspondiente a Vives, núm. 2.022.Medidas: base mayor, 5,15 cm .; base menor, 3,14 cm.; altura, 6,37 cm.; grosor enla zona media, 3,32 cm. La superficie del área monetal está igualmente rebajadaque en las valvas anteriores. El canalillo para el vertido del metal en posiciónsem ejante al del núm. 1. Los orificios para alojar los vástagos de sujeción son sólodos y situados en los vértices opuestos, al igual que en el molde de Acre — fig. 6— .La valva, sin pareja, no tiene rastros de h a ber sido usada y ni siquiera ha tenidolos vástagos colocados pues no h a y la m enor m uestra metálica. La leyenda igual que en valva núm. 1. CO M ENTA RIO TECNICO El hecho de que queden rastros de vástagos en am bas valvas nos obliga a haceralgunas consideraciones: 1.°) si, como parece, no se llegó a utilizar el molde parafundir m oneda, si debió probarse su acoplamiento, rompiéndose de forma accidentallos vástagos que dejaron sus restos en am bas valvas; 2.°) se escondieron acopladosy el tiempo ha corroído el cobre dejando parte en los orificios y m anchando lazona colindante del área monetal — fig. 2— , o 3.°) se utilizaron para fundir monedade cobre cuyos vestigios quedaron sólo en la valva 2, y hubo que partir los vástagosde unión para separar las valvas, pues es posible que el calor se transmitiese por lapiedra y los fundiera. E s ta última posibilidad es poco probable, pues, como dije,hubiese quedado vestigio de m etal en am bas caras. De ser así, se fundió monedade cobre que quizá luego se pensaba b a ñar en oro, m étodo éste poco eficaz, puesdado el bajo relieve de los m aravedís se hubiese notado fácilmente la superchería.P or otra parte, no conocemos monedas de cobre de este tam año y no es fácil quehayan existido. Los ponderales de bronce — fig. 7 — con esta tipología reproducensólo el área central del m aravedí (D y no se pudieron fundir en moldes ta n grandescomo el que nos ocupa. (1) E sta s escasas piezas son consideradas com o m onedas de cobre, (eluses, por V i v e s , M onedas arábigo...,p á g in a 342, n ú m . 2.042 y p o r E . C o l l a n t e s , op. c it., n ú m . 29; sin em bargo, o tro s a u to re s las tien en p o rp o n d e rales de los m a ra v e d ís: la presencia de la p a la b ra «justo* en á rab e q u e in d ic a rla peso ju sto y elhecho de te n e r el m ism o peso, leyenda c en tra l y fa ltarle s p recisam en te la orla que es donde se indica laceca y fecha, serian d a to s a favor. Cfr. M a t e u y L l o p i s , Ponderales del M useo Arqueológico N ocional,M adrid, 11*34, p. 2 6 ; H e i s s , op. cit., p. 33. — 231
  6. 6. M A R Í A P A Z G A R C I A - B E L L I D O Ante el interés inmenso que estos moldes aparecidos en el reino leonés, pero para moneda castellana, presentaban, y puesto que debia constar en su leyenda la fecha y el lugar de emisión, acudí a diversos especialistas de árabe y por último a don Manuel Ocaña U) quien me ha comunicado que lo grabado en los moldes no es escritura, sino simples garabatos que simulan la leyenda árabe y que, porlo tanto, no hay fecha ni ceca consignadas. Me insiste adem ás que debe tratarse de una falsificación. Y sin embargo en el MAN y en el IY D J (2) he podido estudiar 18 maravedísde oro de Alfonso V III y sus leyendas son fácilmente catalogables en dos tipos,uno de letra árabe clásica, similar a la reproducida por Codera o por Vives, y otrade trazos angulosos, verticales y horizontales que se parece a la grabada en nuestrosmoldes. De los 14 ejemplares del MAN, sobre todo el núm. 106-616 es de caracteresiguales a los nuestros. Los dos del IV D J son tam bién de trazos rectilíneos, seme­jantes al que nos ocupa. Su semejanza se extiende no sólo al tam a ñ o de las piezas,sino incluso al hecho de que la m ayoría de los m aravedís estudiados presentanla dirección de «cuños» perpendicular entre si al igual que lo liarían las monedasfundidas en nuestros moldes. Y sin embargo estos m aravedís del M AN y del IV D Jse tienen por auténticos — íig. 8— . Otra cuestión im portante y que quizá corrobore la hipótesis de que estemosa nte moldes de falsarios es el hecho de que se tra te de una técnica de fundicióny no de acuñación; sabemos que aquélla ha sido casi siempre el sistema elegidopor falsificadores y sin embargo creo poder asegurar que algunos de los maravedísconsultados en el MAN y IV D J se obtuvieron por fundición: una superficie gra-nulienta, contornos poco nítidos me hacen pensar que en algunos casos estaspiezas se fundieron. ¿E ra ésta una técnica habitual en el m undo árabe? Quizá no habitual pero sí frecuente, como vio nuestro gran num ísm ata Codera (3)y como lo dem uestran el molde para fundir moneda de cruzados procedente deAcre (Jerusalem) — fig. 6— (4) y tam bién los ab u n d a n te s moldes procedentes de laPenínsula que se utilizaban para obtener placas metálicas decorativas o de carácterprofiláctico, pero cuya técnica es la misma que la de fundición de moneda, sobretodo cuando se tr a t a de amonedación árabe que es de cospel tan fino (5). A pesar de todo lo dicho debo insistir en que la m ayoría del utillaje que cono­cemos para fabricar m oneda islámica son cuños y no moldes. P. Balog <> recoge <)en 1955 siete pares de cuños conocidos —seis de bronce y uno de hierro— peroen ningún m om ento cita moldes de fundición y, sin embargo, hoy sabemos queexistieron y no es ello de e x tra ñ a r si se piensa que en Egipto había una añeja y (1) Mi sincero a g rad e cim ie n to al m ejor conocedor de n u e stra e p igrafía á ra b e , q u ien acogió m i peticiónde a y u d a con g ra n a m a b ilid ad e in te rés. (2) C onste mi d e u d a con la d irec to ra del IV D J y los co n serv ad o res del MAN de quienes no he recibidosino facilid ad es p a ra e stu d ia r el m ate ria l que allí se g u a rd a.. (3) F . C o d e r a : «Cecas arábigo-españolas«, M adrid, 1874, p. 35. P u b lica d o com o an ejo en la reediciónde Tratado de N u m ism á tic a A rábigo-Española hecha por C ayón. (4) T o m ad o de Y. M e s h o r e r : The production of coins in the A n cien l World, .Jerusalem , 1970, flg. 14. (5) B. R tiz G o n z á l e z : «Molde m u su lm án de fundición h allad o en Málaga«, II C N N , N vm ism a, 1976,donde se hace referencia a los c onservados en el M AN. (6) «Notes on a n c ie n t a n d m edieval m in tin g technique«, AC, 1955, p p . 195-202.232 —
  7. 7. MOLDES PROCEDENTES DE SALA M AN C A PARA FU N D IR M A R A VED lSex tendida tradición de fundir moneda romana hasta tiempos de Constantino.Yo no veo inconveniente en adm itir que am bas técnicas pudieron convivir en unam biente islamizado, sobre todo en momentos en que existió la moneda conce­sionaria o forera, como ocurrió en Castilla y León en los siglos X I I y X I I I . El tra b a jo de P. Balog, interesante por demás, nos deja, sin embargo, en situa­ción desesperada. Su tesis es la siguiente: dada la dificultad de g ra b a r en cuños debronce o acero leyendas tan sinuosas como las árabes, se hacía previam ente unpatrón en material blando y fácilmente corregible, en plomo por ejemplo, paracuya verosimilitud aporta un testimonio (D; este negativo se imprimía en barrocerámico blando que tras su cochura servia de molde positivo para fundir allí elauténtico cuño, es decir, que la imagen del cuño se obtenía por fundición, presen­tan d o éste, y na tu ra lm e n te las monedas emitidas por él, todas las característicasespecificas de moneda fundida, aun cuando hubieran sido acuñadas (2). P. Balogconcluye que, por lo tanto, muchas de las monedas que calificamos como fundidas,han sido sin embargo acuñadas. Puesto que sabemos que am bas técnicas coexis­tieron, ¿cómo distinguir unas piezas de otras? A pesar del testim onio que Balogpresenta, su tesis no ha sido m uy com partida por la complejidad que implicaríael proceso y sobre todo porque, de ser así, la inmensa mayoría de m onedas ennuestros museos parecerían fundidas y en la realidad éstas forman sólo una pequeñaminoría. Si adem ás pensamos que la acuñación se implantó en todas las culturas,en gran parte para evitar la facilidad con que las monedas fundidas eran falsificadas,sería absurdo a c ep tar que se adoptó el método más complejo de acuñación perocon todos los inconvenientes del de fundición. Sacar de todo ello una conclusión fidedigna es, como vemos, imposible. Existenmás argum entos técnicos para pensar que los moldes sean obra de falsario: lafalsa escritura y el que se tra te de utillaje de fundición. Sin embargo, para amboshechos hemos encontrado paralelos en piezas que se tienen por auténticas. E ncualquier caso antes de cerrar este estudio debemos replantear el hallazgo en elcuadro histórico general, más allá de los aspectos puram ente técnicos. COM ENTA RIO H IST O R IC O A unque los moldes no debieron llegar a ser utilizados, es indudable que sefabricaron para emitir maravedís alfonsies, cuya única ceca conocida hasta ahoraes Toledo, a los que vemos citados frecuentemente en documentos de finales delsiglo X I I y comienzos del X I I I . La acuñación dé estas monedas, según Vives ytodos los especialistas que con posterioridad han tra ta d o el tem a (3), se iniciócomo respuesta al vacio monetal creado en Castilla al interrum pirse las parias (1 ) N o t a a n t e r i o r , l á m . 1 4 , 1. (2) V id. discusión por e xtenso en M a h í a - P a z G a r c ía - B e l l i d o . "P roblem as técnicos de acu ñ ació n enla A n tig ü ed a d !, P o n e n c ia s al V C N N , N v m is m a , 174-176, 1982, pp. 11 y ss. ( 3 ) A. V i v e s : M onedas de las d i n a s t í a s . p. L X X IX . Incluso Sánchez A lbornoz, q u e re b a te to d a latesis de V ives sobre los inicios de la m oneda caste lla n a, a c e p ta gustoso é sta. — 233
  8. 8. M A R I A P A Z G A R C I A - B E L L I D Oanuales que el rey de Murcia pagaba al castellano, un año antes de su total sumisiónal poderío alm ohade en el 1171. «Apenas se sintió en Castilla la falta de numerario...se acudió a rem ediar la necesidad por medio de una acuñación propia, y queriendoconservar el tipo acreditado... se hizo una copia de los diñares alm orávides ta nservil como podía permitirlo la diferencia de religión. No sólo se conservó la ley,el peso y la disposición de las piezas, sino que se pusieron en árabe las leyendascon el mismo sentido que las anteriores» O). Pío Beltrán recoge dos documentos que testim onian la rapidez con que el d iñarsaadi —el alm orávide— es sustituido por el cristiano: uno de 1172 en que se vendeuna yugada de labor en la jurisdicción de Toledo «por precio a número y cabalde doce mizcales de oro bayesi y saadi» y otro del año siguiente, de la misma Toledo,en que se vende un mesón por «treinta mizcales de oro alfonsi, bueno de peso ycuño» (2 ), m anteniéndose esta referencia a los mizcales alfonsies en los documentosde los años sucesivos. Estos mizcales alfonsies son, como ya vio Vives (3), de dos tipos: el m ás antiguoy más apegado al mizcal saadi, donde todavía no aparecen las iniciales latinasde ALF(onsus), y el más moderno que parece iniciarse en el 11X1 y prolongarsehasta 1217 en que ya reinaba Enrique 1, pero que siguen acuñándose a nom brede ALF(onsus). A este último tipo corresponden nuestros moldes; por lo tanto,deben fecharse con posterioridad al 1181 (■ E sta moneda, aunque pronto dejará »).de ser de oro, se convierte en unidad base monetal cristiana; estamos asistiendoal nacim iento de la moneda propia castellano-leonesa (5). La circulación m onetaria de la A lta E d a d Media en Castilla y León se habiaabastecido de moneda e x tra ñ a : sólidos áureos, sólidos argénteos, tremises godos,dirhemes y diñares árabes y la cuestionable moneda «sueldos gallicanos» que sóloaparecen citados en documentos gallegos y nunca en castellano-leoneses, aunquesin embargo, no debamos creer que existió una moneda gallega propia en estasfechas aun a pesar de la coletilla de m uchas de las citas, «usui terre nostre», o quizáprecisam ente por ella < que indica que se tra ta de moneda im portada. 6> Nos consta que estas monedas de sistemas varios, a la hora del trueque, solíanser pesadas, «pondere pesatos coram multitudine», lo que implica que se utilizabanmás como dinero que como moneda. Estas dificultades para una economía m onetalfluida ocasionaron, en casos, que el numerario, que adem ás escaseaba mucho,fuese sustituido por un sistema más simple y quizá nunca abandonado en economíascerradas: el pago en especie. Testimonio de este tipo de mercado son las referencias (1) V j v f .s : «Moneda casi...« , p. 10. (2 ) P ío B f. lt k An , op. cil., p . 652. (3) M onedas arábigo..., p. I.X X IX . (4) V i v e s : M onedas arábigo..., pp. 340 y ss., c ita m o n ed as del 1219, es decir, del 1181 de la era, fechaa ce p ta d a p o r E . C o l l a n t e s , op. cil., p p . 119 y 125; sin em bargo, P . B e ltrá n considera que este segundotip o no se inicia h a sta el 1184, op. cil., p. 052. (5) La ausencia de u n sistem a m o n etal único, con u n a m oneda base ta n to de c u e n ta com o efectivaera en el siglo X I I , en que la e x p an sió n c ristia n a h a b ia llegado y a al T a jo y el com ercio e sta b a e x p e ri­m en ta n d o un g ran crecim iento, un problem a económ ico serio. P o r eso, ta n p ro n to com o se a c u ñ a n piezasde oro castellan as que p u e d an su s titu ir las e x tra ñ a s , se a d o p ta n com o m oneda base del sistem a. (6 ) V id. V i v e s ; « M o n e d a c a s t . .. » , p p . 9-10; d is c u s ió n e n S á n c h e z A l b o k n o z , op. cil., p p . 309 y ss.234 —
  9. 9. MOLDES PROCEDENTES DE SALA M AN C A P AR A FU N D IR M A R A VED ÍS de valor agrarias o ganaderas y el que se emplease como unidad de cambio, en muchos casos, el modio de trigo o la oveja. E n otros se m antiene el concepto monetal pero sólo como valor de referencia, como moneda de cuenta aun cuando en realidad se pagase en especie. Asi lo atestiguan numerosos docum entos de Celanova y Sahagún (D «et accepimus de te pretium quod nobis bene complacuit X X V solidos gallicenses in pannos vel argento et bues». Es decir, que a mediados del siglo X I se está evolucionando hacia una economía prem onetal en la que todavía existen valores de referencia monetales e incluso dinero, pero no moneda,citándose en la m ayoría de los casos como moneda de cuenta el solidus que enestas fechas era m uy probablemente, como vio Vives, el solidus bizantino equi­parado con el diñar árabe (2). H a y , sin embargo, otro área colindante con Castilla y León, la dom inada porlos árabes, que estuvo en estos siglos a b u n d antem ente alim entada de m oneda yd entro de una economía exclusivamente monetal. Su amonedación viene a ocupar,como es ley habitual, el vacio monetario de los reinos castellano-leoneses (3).E s por ello probable que cuando Alfonso VI tom a Toledo se vea obligado a noin te rru m p ir las acuñaciones y m antener así el status quo económico, sin introducirmás novedad respecto a las monedas de Alkadir que suprim ir su nombre, convir­tiendo la acuñación en anónima con ceca en Toledo y fecha del 1085. Que seanm onedas reales, como quiere Sánchez Albornoz, o concesionarias, como opinanVives y Pió B eltrán, es difícil de dirimir. Que el derecho de acuñación lo tenia elrey es evidente, pero que este derecho se cedió a veces e incluso se vendió, estam bién claro. ¿Qué nombre se puede dar a la moneda jacobina de Gelmirez cuyaconcesión consta en los documentos de Alfonso VI y Alfonso V III ? < », y éste es ■un caso extrem o en que se concedía cam biar incluso de cuños, pero ¿qué otracosa, sino concesionaria, es la moneda vendida por los reyes a sus súbditos, cuyoprim er testimonio escrito son las actas de la curia de B enavente del 1202, dondeconsta la v e n ta por siete años? La periodización de estas concesiones ha sidoestudiada con excelentes resultados por Pío Beltrán (5). Dentro de esta misma concepción, pero con ciertos matices, debemos plan­tearnos las nuevas acuñaciones de oro alfonsíes. Es m uy probable que fuese monedaconcedida a Toledo para su libre acuñación; con esta posibilidad jugó Vives yalegó, con gran lógica, que ésta sería la causa de que los m aravedís sigan anom bre de Alfonso V III todavía en el reinado de Enrique I, hasta 1217, puesto (1) T . C e l a n o v a , fol. 42; vid. S á n c h e z A in o itx o z , op. cil., p p . 310 y s s. (2) »Moneda casi...*, p . X. (3) l ’na e s tru c tu ra económ ica a la que le fa lta la m oneda suele re te n e r la a je n a, de to d o tip o si lam o n ed a en circulación es escasa, como la de C astilla y L eón en la A lta E d ad Media, y exclusiva de unaceca si é sta es su ficien tem en te a b u n d a n te com o, p o r ejem plo, las m onedas de C orinto en Sicilia a m ediadosdel siglo IV a. de C., cuya a b u n d a n c ia es tal que en el siglo XV11I se pensó que e ra m oneda de u n a cecasiciliana. H o y sabem os que su presencia se debe a h a b er sido tra n s p o rta d a p o r colonizadores griegos enla expedición de T im oleón a Sicilia, donde no se a cu ñ a b a hacia m uchos años. La p o blación re tien e y ateso rael n u m era rio c o rin tio h a sta que años después las acuñaciones sicilianas se re a n u d a n , y las m onedas co rin tiasd e ja n de a p a re c e r en los a te so ra m ie n to s re p en tin a m en te . V id. C. K h a a y , Coins und Ilisto ry, L ondres, 1969,p á g in a s 53 y ss. (4) S á n c h e z A l b o r n o z , op. cil., pp. 234 y ss. (5) Op. cil., p p . (¡50 y ss. — 235
  10. 10. M A R I A P A Z G A R C Í A - B E L L I D Oque era habitual m antener las características externas de las m onedas conce­sionarias. Pero es tam bién evidente, como el mismo Vives arguye, que esta moneda veníaa cubrir el vacio dejado en Castilla y León por los dinares almorávides. Difícilmentepodía cumplir ese cometido una moneda m arginal y probablem ente escasa, comoes de im aginar una amonedación ciudadana. Lógicamente deberíamos esperar quesu escasez, dado que era de oro. fuese m ayor que la de los bronces que Alfonso VIconcedió el siglo anterior a la misma ciudad; la realidad es la contraria. Vives hace la crítica de su propia argum entación y com enta: «Pero sería singularque cuando el mismo Alfonso V III se esforzaba por restituir a la corona el derechode am onedar el vellón, siguiendo el m ovim iento centralizador de los demás reyescristianos, fuese a contradecir su política precisamente en lo más apreciado deaquel derecho, en lo concerniente a la moneda de oro» O). H ay otro argum ento para pensar que quizá fuese m oneda real o, si concesionaria,que debió tener cierta participación real: su rapidísima adopción, no sólo comom oneda efectiva, sino sobre todo como moneda de cuenta, que se generaliza hastael punto de convertirse en base de un nuevo sistema m onetal para los reinoscastellano-leoneses. E n m uy pocos años vemos cómo la m ayoría de las referenciasdocumentales no se hacen ya a los diferentes dinares y sólidos, sino a los m ora-belines o maravedís. Es evidente, pues, que si una amonedación nueva invadetan repentinam ente una estructura norm alm ente tan tradicional como la mone­taria, es porque se ha encontrado con un gran vacío, con una falta no sólo demoneda efectiva, sino de una moneda de cuenta válida y cómoda, y porque lamoneda que llega nace con crédito y éste viene dado, primero, por ser continuaciónde los dinares almorávides, pero tam bién por venir respaldado por la autoridadreal. Nace tam bién con abundancia y éste no sería el caso si las piezas fuerenexclusivam ente municipales, ni tampoco hubieran podido llenar el mercado y pasara los documentos legales como moneda de cuenta en tan poco tiempo. Ya en 1178aparecen las citas de maravedís, es decir, sólo seis años después de su primeraemisión (2); las referencias se m antienen constantes y sólo en un caso, en 1181, sevalora una compra en áureos, pero en el mismo docum ento se citan morabetines.U na acogida tal parece indicar que se tra te de m oneda real y no sujeta a conce­siones temporales. La moneda adquiere tal crédito que es rápidam ente a d o ptadapor los reyes vecinos, Fernando II de León y Sancho I de Portugal. P lanteado así el problema seria lógico concluir que estos moldes son la res­puesta na tu ra l de una población que necesita un tipo de moneda de gran crédito,que, aunque existe, es escasa y entonces se deciden por su obtención aunque seafalsificándola, o sin más, que es la acción con fines lucrativos de cualquier individuo. Pero planteem os el problema desde un ángulo diferente: esa necesidad demoneda se extiende tam bién a las esferas oficiales y son ellas las que deciden una (1) «Moneda cast...», p . 18. (2) T om o, sólo a guisa de ejem plo, los Documentos de los Archivos Catedralicio y Diocesano de Salam anca(Siglos X I J - X 1 I 1 ) , ed itad o s bajo la dirección de Jo sé-L u is M a rtin , S a lam a n ca , 1977.236 —
  11. 11. MOLDES PROCEDENTES DE SA LA M A N C A PARA F U N D IR M A R A VEDIS acuñación oficiosa —si así denominamos la emisión que no se acuña en la ceca que consta en la leyenda m onetal— la historia num ism ática presenta casos pa ra ­ lelos. Dentro de la Península el ejemplo más similar nos lo ofrecen las dracm as de imitación a m p u rita n a : los iberos de la zona catalana copian lo más exactam ente posible las dracm as de Ampurias, incluso su leyenda que a veces aparece congrandes errores; otras utilizan formas de escritura iberizante con signos erróneosy acaban por no disimular que es copia, escribiendo letras ibéricas sin sentidoconcreto, leyendas totalm ente indescifrables. Estas monedas son legales, pero el nom bre de la ceca no corresponde al lugar que las está emitiendo. Si por azar hubiésemos encontrado cuños para estas piezas, o si éstas hubieran sido m uyescasas por tra tarse de un periodo corlo de emisión ¿no hubiéramos, sin más,calificado unos y otras de productos de falsarios? ¿Qué diferencia existe entreestas monedas y las obtenidas con nuestros moldes? E n el siglo III d. de C. una economía profundam ente monetizada se encuentracon que la ceca central no le abastece de suficiente numerario, entonces su reacciónes obtenerlo falsificándolo. La moneda que escasea es la rom ana y las provinciasque reaccionan al unisono son Britania, Gallia, Germania, Dacia y Egipto, esdecir, prácticam ente todo el Imperio romano del oeste, porque al del e s te — exceptoa E gipto— no le faltó nunca numerario. Este fenómeno se conoce desde el siglo X V IIy natu ra lm e n te entonces fue calificado como producción de falsarios. Ya Babelona principios de siglo se planteaba la duda de si no se trataría de una moneda oficiosa.La crítica actual está prácticam ente de acuerdo en considerar todo el fenómenocomo una reacción oficiosa de los gobiernos locales, o incluso de pequeños centrosoficiales O) frente a la carencia de numerario. ¿No serán estos moldes nuestros parte de esas concesiones que la Corona haciaa la Iglesia bien como moneda concesionaria —sin permiso a cam biar los cuños— ,bien como donativo de una parte de la moneda ciudadana? (2). Como vemos es difícil con un solo hallazgo de este tipo, sin más paralelos en elespacio peninsular ni en el tiempo alto medieval, decidirse por un calificativopreciso para los moldes. Pero insisto en que no deben, sin más, debido a su leyendaque no es árabe y a su técnica que no es la acuñación, tenerse por falsos. Másanacronism os y errores están presentes en las monedas a las que me refería antesy sin em bargo son oficiales. Debemos tener en m ente la existencia de estos moldes y esta r dispuestos, sinprejuicios, a sacar conclusiones tan pronto como se presenten más paralelos odispongamos de más datos. (1 ) V id. u n a r e v is ió n del problem a e n M a r í a - I ’az G a r c ía - B e l l i d o , op. cit., p p . 13 y s s . (2) Com o u n o d e los vario s ejem plos posibles, valgu la concesión que en 118(> hace F e rn a n d o I I deL eón al episcopado sa lm a n tin o de ia terc e ra p a rte de la m oneda de oro de S alam an ca, al igual que y a ten íala de p la ta . V id . Docum entos... de Salam anca, op. cil., año 1186- No conocem os n in g u n a de las dos m onedasa las q u e hace referencia el docum ento. 237
  12. 12. M A R I A P A Z G A R C 1 A - lì E L L I I) 0 Figura 2238 —
  13. 13. MOLDES PROCEDENTES DE SALAM AN CA PARA FU N D IR M A R A YED ÍS t ------- V" C Figura 4 — 239
  14. 14. M A R I A P A Z G A R C I A - B E L L I D O Figura 8.— Arriba: nuestro molde positivado. Abajo: un ejemplar del IV D J240 —

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