Acerca de Andrés Barros y sus
otros yoes
Este fue un trabajo hecho para la carrera de Periodismo en la PUCV en el año 2001...
significó llegar primero, sino que, con aquella marca, rompió por primera vez un
récord nacional en atletismo. El título e...
de sus hermanas, Rosita, que le tenía que soplar. A pesar de ser una de las
menores, decía que se aprendió las tablas de p...
Sin embargo, él siempre tuvo una vida nocturna muy licenciosa. En Curicó
le decían el “Potro Cristiano”, pues de día profe...
Estando adentro de la carrera, en la Universidad de Chile, se interesó
bastante por la investigación y la parte extensión,...
“chino” Infante, le llegaron a su casa coronas de caridad y ramos de flores, las que
mandaba donde el Lucho. Hasta el día ...
CAPITULO 3
73 dolores de cabeza
Una vez, Pablo, su hijo mayor, se le acercó para contarle que estaba
aburrido. Llevaba alg...
Quien se dedicaba a revolverlas más, era la hermana pequeña de Nelly,
Lucy, quien estudiaba artes plásticas en Santiago, y...
Sin embargo, como para muchos de esa época, la llegada del 11 de
septiembre de 1973 marcó un alto en esta vida llena de an...
“Lo peor es que me echaban la culpa a mí, como si yo hubiese mandado la
orden. Pero si yo no tenía idea de nada, ahí fue c...
En otra ocasión, recibió unos mensajes anónimos en donde lo culpaban por
los alumnos que habían sido detenidos y posterior...
años, y recién había conseguido que un gringo donara a la facultad, un equipo
ultra moderno”.
Fue durante una clase, cuand...
También, durante algún tiempo, se dedicó a visitar a pacientes a domicilio.
En esa época él tenia un mercedes, y en la mal...
CAPITULO 4
A Valdivia, ida y vuelta
Sin haber aprendido de la experiencia en la universidad, Andrés vuelve a
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La facultad cerró en 1985 bajo extrañas circunstancias. Como Decano
fundador, le pidieron que buscara la forma de auto fin...
mis primas les pasa lo mismo con el tío Jaime, entonces, uno dice, con toda
tranquilidad, es la historia de los Barros”.
C...
Sin embargo, él podría haber muerto mucho antes, pues durante mucho
tiempo estuvo enfermo. En busca de una cura viajó a Eu...
“Mi papá es igual a su abuelo, pero con la mezcla de su madre, y mi tío
Jaime que todavía sigue vivo es igual, siempre apa...
su auto, ve pasar a su hermano vestido con un abrigo, y lo ve entrar a una
panadería justo al frente. Se pregunta que está...
Una vez instalado en el lugar, se dedicó a recorrer la universidad, y en un
pasillo, pegado al lado de la puerta de una sa...
A pesar de lograr poca fama, Andrés encontró gente interesada en el tema.
A la vuelta de Valdivia, se hizo amigo del profe...
después hubiese sido una gran atracción, pero que en este tiempo parecía una
idea descabellada. Sólo duró hasta el 88, es ...
inverosímiles. Las cortinas partían quemándose desde arriba hacia abajo, los
libros se encendían solos desde las hojas en ...
Andrés recuerda con gran pasión aquellos eventos. Y es que a pesar de
haber realizado diferentes actividades a lo largo de...
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Biografia no oficial de Andrés Barros Pérez-Cotapos, parasicólogo chileno, destacado odontólogo, divulgador científico y escritor.

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Biografia no oficial de Andrés Barros Pérez-Cotapos

  1. 1. Acerca de Andrés Barros y sus otros yoes Este fue un trabajo hecho para la carrera de Periodismo en la PUCV en el año 2001. Consistió en hacer un pequeño perfil o biografía de algún personaje de la zona. Llegué a Andrés por una compañera de Universidad, amiga de Isadora Barros. Guardé este trabajo porque fue hecho en forma bastante apurada y poco prolija y siempre pensé que en algún momento iba a darme un tiempo para poder arreglarlo. Así, durante más de 10 años ha estado guardado en las memorias de mis computadores en una carpeta de archivos pendientes. Finalmente nunca lo arreglé, pero hoy que cada día más comprendo la importancia de la historia y las raíces, me animo a enviárselos aun cuando su redacción sea pésima, ja. Agradezco a Andrés Barros y Nelly De la Fuente, quienes me abrieron las puertas de su casa durante una tarde entera y me contaron la mayor cantidad de detalles y anécdotas que pudieron. Paulina Preusser, 25 de marzo 2013 CAPITULO 1 El peso del patrimonio Fue en el Estadio Nacional. En la misma pista de ceniza donde muchos han obtenido su momento de gloria. Andrés se encontraba listo para correr los 80 metros planos. Vestía con el uniforme del colegio Alemán de Santiago, y en su camiseta traía estampado el escudo de los Habsurgo, un águila bicéfala en rojo. Se indicó la partida, nadie recuerda nada, y no es extraño, pues sólo pasaron 10.8 segundos, desde que Andrés partió, hasta que cruzó la meta. Esa pequeña fracción de tiempo, marcó el primer gran paso de su vida; no sólo le
  2. 2. significó llegar primero, sino que, con aquella marca, rompió por primera vez un récord nacional en atletismo. El título en ese tiempo, lo ostentaba un muchacho del Instituto Nacional, con 11.5, es decir, le ganó por casi un segundo. Y nadie más que Andrés puede decir lo que significó en su vida ese segundo, incluso cuando ya han pasado más de 55 años. El mismo reconoce que es su momento más glorioso. Los recuerdos más nítidos que tiene son los relacionados con el deporte. Y es que antes de llegar a hacerse famoso por sus estudios en parasicología, fue un destacado deportista. Desde ese logro escolar pasó a competir con los adultos. A los 17 años batió el récord de 200 metros vallas, representando a Santiago Atlético. Luego, en sus años universitarios compitió por la Universidad de Chile, de la cuál se hizo hincha. Allí junto a su equipo obtuvieron el récord de posta, en 4 por 100, marca que fue imbatible durante los años de universidad. En esa época no corría en ninguna competencia sin sus pantaloncillos negros, debajo de los blancos. Esa era su cábala. Pero antes de la superstición estaba la confianza que tenía en todos los años de práctica que llevaba. Era imposible que no hubiese estado familiarizado con el deporte, si fue forzado desde pequeño a realizar todo tipo de actividad física. Desde el lanzamiento de la bala hasta la natación, su padre, don Ambrosio Barros, lo obligo a él y a sus otros tres hermanos hombres a mantenerse siempre en buen estado. Era tanta la obsesión de su padre, que a los pololos de sus hermanas los sometía a diversas pruebas deportivas antes de aceptarlos en su casa. Incluso, en la gran casona de la calle Compañía, en Santiago, su padre construyó una piscina e instaló una barra para que sus hijos realizaran ejercicios. Y es que su padre, descrito como un latifundista tremendamente conservador, fue un hombre muy estricto. Don Ambrosio sólo por su físico ya inspiraba un profundo respeto, y más que respeto, miedo. Era un hombre maceteado, de una barba grande y motuda, y de bigotes respingados. Sin duda un hombre intimidante- fue campeón de box en sus años mozos- que incluso en sus tiempos de abuelo asustaba a sus nietos, y quien se caracterizó por ser particularmente violento. Andrés nunca olvidó la vez en que su hermano Ambrosio, de 18 años, se fue de la casa: “Mi padre golpeó a mi hermano porque le protestaron un cheque y como ambos tenían el mismo nombre, era el honor de mi padre el que se había agraviado”. Incluso, junto a su hermano Sergio fueron tartamudos durante la infancia por la tensa situación con su padre. Por ejemplo, estaban almorzando, y Don Ambrosio comenzaba a preguntar las tablas de multiplicar. Tanto pánico le producía equivocarse a Sergio, que se volvía tartamudo en la mesa. Contaba una
  3. 3. de sus hermanas, Rosita, que le tenía que soplar. A pesar de ser una de las menores, decía que se aprendió las tablas de puro nervio. Durante su vida en Curicó, la personalidad de Don Ambrosio pasó a ser considerada por muchos un icono del comportamiento del empresario agrícola, aquel señor feudal, terrateniente, que hace respetar su palabra e impone su ley. Es así como inspiró diferentes personajes de la literatura, como es la novela, “El Gran señor y rajadiablos”. Eduardo Barrios, autor del libro, era conocido en la familia y recreó un personaje basándose en Don Ambrosio. También logró un personaje principal en la novela de Isabel Allende “La casa de los espíritus” , que narra la saga familiar de los Trueba, desde comienzos de siglo hasta los primeros años del gobierno militar. En la realidad, lo que se cuenta en el libro es la historia de los Barros, pues Don Ambrosio era hermano de la abuela de Isabel. En esa novela, es descrito como el patriarca familiar, violento y machista, Esteban Trueba. Junto a esta figura tan estereotipada de patrón de campo, también hay que sumarle una condición moralista muy rigurosa. En primer lugar, él perteneció durante muchos años al Partido Conservador, y participó de manera activa en la política. Siempre estuvo presente en las campañas , lo que le hacía cuidar mucho su imagen pública. Incluso, una vez obtuvo un voto en una elección interna para ser candidato a la Presidencia de la República. Su forma de pensar, intolerante y muy estricta lo llevó a tener grandes peleas con sus propios hijos. La pelea más fuerte fue la que mantuvo durante mucho tiempo con su hijo Jaime, quien ingresó al Partido Comunista, y que llegó a ser Senador durante el mandato de Don Eduardo Frei Montalva. También tuvo problemas con su hijo Sergio, quien se casó por segunda vez. Nunca pudo aceptar a su segunda esposa, pues para él el matrimonio era indisoluble, y para toda la vida. Una de las anécdotas que describen la radical forma de pensar del padre de Andrés, sucedió una vez que instalaron unas estatuas en la Plaza Brasil, que quedaba a dos cuadras de su casa. Una de estas esculturas era una mujer que estaba desnuda. Tanto fue la indignación que le produjo esta situación, que decidió hacerla desaparecer, nada más ni nada menos, que con una bomba. Se consiguió un fulminante de dinamita y, en medio de la noche, literalmente, hizo volar la estatua. Todavía recuerdan el ruido que hizo la explosión, se escuchó hasta en su propia casa. Fue su señora, Inés Pérez-Cotapos, quien lo descubrió cuando llegó. Al día siguiente apareció la noticia en los diarios de la época: “Psicópata pone bomba en estatua de Plaza Brasil”.
  4. 4. Sin embargo, él siempre tuvo una vida nocturna muy licenciosa. En Curicó le decían el “Potro Cristiano”, pues de día profesaba la moral, pero de noche hacía de las suyas. En el libro “El Gran Señor y rajadiablos”, que el propio Andrés dice que es ver la figura de su padre, queda bastante claro su pensamiento, y el de la época: "Revisa José Pedro, durante aquel ocio de domingo, su vida sexual. A ella pertenecen esos amoríos o dominaciones de macho en las chinas de la peonada. Son ellas también sexo predominante. El amor actúa en ellas a dictados del celo. Una mirada llégales al corazón por vehículos de la sangre. A su corazón alborotado por la sensualidad. Por eso las ha mantenido él instintivamente a la distancia. Que le guardaran reconocimiento y respeto. Algunas de natural romántico, le adoran. Bien. Pero eso bien analizado es fenómeno de consecuencia posterior a la entrega y algo que participa en la reverencia por el superior y de la ufanía de haber sido elegidas por él. Además, él las quiere: después de poseerlas, viéndolas humildes y felices, le nace una gran ternura. Suele acometerle remordimientos de pecador, y al sentirse dueño de sus esclavas, oblígase de todo corazón a protegerlas. Buenas criaturas. Las que han parido un hijo, en particular, adquieren continente de sometidas al caballero feudal. Este fenómeno le mueve a pensar. ¿De dónde les vendrá esta condición? De España, muy probable, acaso de moros y araucanos. Pero tal es el hecho. Y esa es la costumbre de nuestros campos... hasta que, ¡Dios dirá hasta cuándo lo tiene así permitido ! Tampoco él sólo vive así. Está seguro de que la mayoría de sus antepasados y los de otras familias poderosas han hecho lo mismo. Y si no, ahí están los mestizos de América entera. Chile tiene todavía colonizadores. Basta examinar en toda casa grande, las caras de las chinas en servicio doméstico. Descubren los rasgos de la familia, son huachas. La Totón ha nacido entre Lazúrteguis y sus facciones acusan. En fin adelante..." CAPITULO2 Universidad: entre amor y tiburones Definitivamente, sus años de muchacho estuvieron completamente marcados por el deporte. Incluso, fue la excelencia deportiva la que lo instó a seguir una carrera universitaria, pues sabía que podría encontrar un cupo sin problemas. En esa época era campeón de Chile en 200 metros vallas. “A mí me hubiera gustado mucho ser comunicador social”, confiesa. Sin embargo, un hermano, Sergio le sugirió que ingresara a odontología. De esta manera, él mismo reconoce que no ingresó por vocación, sino que “por casualidad”,
  5. 5. Estando adentro de la carrera, en la Universidad de Chile, se interesó bastante por la investigación y la parte extensión, es decir, difundir y divulgar conocimientos. Así comenzó de igual manera su carrera de comunicador. Años después comenzaría a trabajar en radio, a hacer clases y a escribir en la prensa. Desde que ingresó a la universidad, en 1947, comenzó a competir por ella, y lo hizo por más de diez años. A pesar de que podría haber llegado a las altas competencias internacionales, la aptitud deportiva de Andrés se vio truncada por la vida universitaria, y no precisamente por las tardes de estudios, sino por las noches de jolgorio: “me quemé”, admite sonriente. Y es que eran otros tiempos, existía un ambiente más relajado, donde incluso, vendían cerveza en la misma universidad. En este contexto, se formó el club “Los tiburones”, que eran un grupo de amigos, que se reunían a festejar. Fue allí donde Andrés se “liquidó”, entre bohemia y cervezas: “Me estanqué porque la vida universitaria era muy entretenida”, confiesa animado, “los días viernes, la clase de cirugía terminaba a las ocho, y de ahí los tiburones empezábamos tomando en la misma universidad”. El líder del grupo era un panameño llamado Omar Rodríguez, a quién su familia le enviaba constantemente botellas de ron, y más específicamente, un ron llamado “Carta vieja”. En aquellas oportunidades, aparecían los tiburones en su casa, y desde allí se armaba la fiesta. Una de las experiencias más intensas que vivieron juntos, fue la vez que tuvieron problemas con unos periodistas en el restaurante “El Bosco”, que quedaba cerca del metro Santa Lucía, en la Alameda. Todo comenzó cuando ambos grupos comenzaron a “echarse tallas”. Finalmente, sallieron a la calle, y los tiburones se pusieron de acuerdo para raptarse a uno de los reporteros, que era bastante bajito. Así, entre tres lo agarraron y salieron corriendo. Los demás tiburones se pusieron como muralla para que los periodistas no pudieran ir a rescatarlo. Al otro día apareció escrito en un tabloide santiaguino que unos matones habían golpeado a un grupo de reporteros…Según Andrés eso no es cierto: “al chico lo soltamos unas cuadras más allá”. Las travesuras de los tiburones se agrandaron con el tiempo, incluso una de ellas provocó la renuncia de Luis Pezoa al club. Este pololeaba con una de compañeras, y en unas vacaciones ella lo invitó a su casa en Tocopilla. Durante ese período, el grupo confeccionó unos partes de matrimonio que fingían que ellos dos se habían casado. Se lo mostraron a todas las personas de la universidad, y cuando llegó a clases todo el mundo lo felicitó, los profesores, el decano, el director, etc. Tal fue la ira que le provocó esta broma, que se ensañó con uno de los tiburones, Arturo infante, y publicó su defunción en el diario, lo mató. Durante los días siguientes, al
  6. 6. “chino” Infante, le llegaron a su casa coronas de caridad y ramos de flores, las que mandaba donde el Lucho. Hasta el día de hoy se encuentran peleados. En la universidad no sólo se encontró cara a cara con la vida nocturna, sino que, además, con su compañera de curso Nelly De la fuente, su polola de esos años, y actual esposa. “Yo me enamoré de mi señora en primer año. Yo era porro, y ella era la estrella. Ella no me daba bola, hasta que una amiga hizo de celestina” . Nelly siempre fue la mejor alumna, y desde el primer año hasta el último, ella fue la delegada de curso, destacándose por su responsabilidad y capacidad de organización. Incluso, al egresar obtuvo el premio a la mejor alumna de la universidad. Ella misma se describe como “patológicamente responsable y racionalista”. Durante años fue muy apasionada a su trabajo, y llegó a ser la primera genetista toxicológica del país. Según Andrés, a ella no le dieron el premio nacional de ciencias sólo por ser mujer. “Yo siempre fui un mal alumno, y ella me tiró para arriba, me enseñó a estudiar”, reconoce él. Pololearon durante seis años antes de casarse, y la clave para mantenerse unidos en ese tiempo, fue que ella siempre respetó la faceta atlética y la bohemia de Andrés. “Además que le caía muy bien el panameño”, recalca con humor Andrés. Esta clave fue la que les ha ayudado a mantenerse unidos durante los 49 años que llevan casados. “Cada uno ha respetado mucho la personalidad del otro en su quehacer, así como Andrés ha hecho hartas cosas, yo igual. Incluso he viajado bastante por mi trabajo”, cuenta Nelly. Durante los veranos que pololeaban, Nelly siempre iba a veranear a Constitución. Entonces Andrés, aprovechaba de visitar a un amigo árabe que había sido compañero de ellos durante el primer año en la universidad. Así, veraneaban juntos. Sin embargo, siempre tuvieron que arreglárselas para esquivar a los “chaperones” que acompañaban a Nelly: su hermano y su hermana. Cada vez que iban a la matiné hacían un arreglo, a los hermanos de nelly los hacían entrar a un cine, y ellos se iban a otro…
  7. 7. CAPITULO 3 73 dolores de cabeza Una vez, Pablo, su hijo mayor, se le acercó para contarle que estaba aburrido. Llevaba algunos días en cama, porque estaba enfermo, así que Andrés decidió tomar las riendas del asunto y entretenerlo un poco. Comenzó a contarle la conocida leyenda de Guillermo Tell, el hábil arquero suizo que encabezó la resistencia contra el emperador Alemán. Para darle un poco más de acción, trató de representar la clásica escena donde Guillermo debe cumplir un castigo impuesto por el gobernador: atravesar con su flecha una manzana colocada en la cabeza de su hijo. Para retratar de mejor manera esta escena, Andrés puso una manzana entre el marco de la puerta y la puerta, y para ponerle más énfasis aún, agarró un rifle: - Mira hijo, así estaba Guillermo Tell y….con la tensión de la historia, terminó por apretar el gatillo, dejando un tremendo hoyo en la puerta. Esos fueron sus primeros pasos como padre, en los tiempos en la casa de Traslaviña en Viña del Mar. Llegó a esta ciudad en 1952, luego de casarse, para ingresar como dentista de la marina. En Santiago no había encontrado trabajo fijo. Por su parte, Nelly, ingresó a trabajar en la Facultad de Biología Marina, de la ex Universidad de Chile, donde se dedicó a la investigación. En aquella casa de Traslaviña, Nelly y Andrés vivieron sus primeros años, allí tuvieron a sus tres hijos: Pablo, Lorena y Maite. Su trabajo en la armada durante esos primeros años, lo describe como “muy bonitos”, pues tuvo la oportunidad de embarcarse en diferentes destinos, Antártica, Tahiti, en viajes en la Esmeralda, etc. Durante ese tiempo, Andrés comenzó a realizar innumerables actividades. En su casa embalsamaba animales, y en su escritorio coleccionaba un montón de razas extraordinarias, como si fuera un museo de ciencias naturales. También, en esa época comenzó a tocar el Banjo, y formó un grupo de Jazz que tocaba dixieland. Junto a Carlos Briede, un alumno que conoció cuando comenzó a hacer clases en la universidad, armaron la banda. Ensayaban todos los fines de semana, en el sótano de la casa en Traslaviña. Su hijo Pablo, recuerda haber puesto la oreja en el suelo de la casa para tratar de imaginarse que pasaba allá abajo, porque entre risas y acordes, armaban una buena fiesta.
  8. 8. Quien se dedicaba a revolverlas más, era la hermana pequeña de Nelly, Lucy, quien estudiaba artes plásticas en Santiago, y que viajaba a Viña a ver a su hermana y sobrinos. Ella participaba como animadora del grupo, les diseñó el logo en la batería, y los escuchaba tocar, participando de vez en cuando Se presentaron varias veces, incluyendo en el extinguido club de Jazz en Valparaíso. Nelly rememora con gran alegría las travesuras de su marido: “se subían a la camioneta y pasaban por Pedro Montt tocando con trombón y bombo”. Sin embargo, Lucy todavía recuerda que en aquella época su hermana no se animaba tanto, pues los fines de semana el grupo se quedaba hasta muy tarde metiendo bulla, y Nelly los bajaba a retar. En esas veladas, tocaban guitarra, charango, cantaban Tangos, y se disfrazaban. Lucy recuerda que ella tenía un personaje que hacía mucha gracia, de una señora que pedía limosna en viña, y que era “medio loquita”. Fue junto a Lucy que Andrés logró disfrazar a toda la familia para un año nuevo, y convencerlos de salir a ver los fuegos artificiales, a un mirador de Viña del Mar alto. La faceta por la música todavía la cultiva, y hoy lo hace incentivando a sus nietos. “Mi hermano chico toca guitarra eléctrica, y fue él quien le compró el amplificador, a pesar que sabe que va a tocar pura música tarro”, cuenta su nieto Sebastián, hijo de Pablo. Quizá una de sus ocupaciones más acertadas en aquella época fue la de profesor de prótesis en la facultad de odontología de la ex Universidad de Chile, y actual Universidad de Valparaíso. Sus alumnos no sólo lo recuerdan como un buen docente, sino como una persona amable, y cercana al alumnado. Ema Navarrete, Jefa del Departamento de Virología de la universidad, realizó su tesis con él, y ella lo rememora como “uno de los mejores protesistas que han pasado por la universidad”. Lo mismo piensa Edoardo Piontelli, quien recuerda la cercanía que existía en aquellos tiempos con los profesores, pues ” éramos cursos con muy pocos alumnos”. Lo que más mencionan sus alumnas de él, es que era considerado uno de los profesores más buenos mozos de la universidad. Por su parte, Nelly, quien también era docente, la recuerdan por sus faldas cortas, y sus bonitas piernas. Ambos considerados buenos académicos, siempre tenían alumnos que realizaban tesis con ellos. Maite recuerda que siempre en la casa había estudiantes de sus padres tomando once.
  9. 9. Sin embargo, como para muchos de esa época, la llegada del 11 de septiembre de 1973 marcó un alto en esta vida llena de anécdotas. “Cuando vino el golpe, nos embarcaron a todos los funcionarios, y allí se nos contó una historia que no se cumplió”, cuenta Andrés. Siendo funcionario de la armada se sintió traicionado con la propia institución en la que trabajaba. Entre las cosas que les dijeron, recalcaron que no se iba a perseguir políticamente a las personas, sino que por los hechos. Eso no se cumplió, y Andrés lo comprobó en carne propia, pues su propio hermano, Jaime, quien era médico pediatra en la propia armada, fue detenido. Ese fue el punto de partida para que a Andrés comenzara a dudar del régimen militar. Paralelo a esto, en la ex Universidad de Chile, y actual universidad de Valparaíso, se vivía un período de gran confusión. “Invadieron todas las escuelas, quemaron libros y revolvieron todo, así que decidí hacer algo”, explica Andrés. Siendo profesor del establecimiento, se dirigió donde el Almirante Merino, con quien mantenía una relación bastante cercana: - ¿Qué esta pasando?- le preguntó Andrés- es el colmo que dejen estos líos en la Universidad, si allí no hay nada. - Si quieres- le respondió Merino- puedes encargarte tú mismo de las cosas de la universidad. Te puedes ir como delegado militar. - Yo acepto- dijo Andrés- pero siempre y cuando sea como vicerrector. Es así como el rector de la Universidad de Chile, un general de aviación, quien recién había sido asignado, nombró en el mismo mes de octubre de 1973 a Andrés como vicerrector de la ex Universidad de Chile en Valparaíso. Una de las cosas que más impactantes con las que tuvo que lidiar, fue la desaparición de dos estudiantes de arquitectura, de apellidos Juantoc, y Peñaloza. Ellos eran compañeros de su hijo Pablo, quien en un momento, se le acerca indignado, y le pregunta: - Bueno, y qué pasa con Juantoc. “Yo no supe responderle”, recuerda. A Juantoc, lo habían asesinado. En esos tiempos Pablo, se veía obligado a negar que era pariente de Andrés Barros. En otra ocasión, los problemas sucedieron en la propia oficina de su esposa, Nelly. Cuando ella entró a su oficina, encontró las ventanas quebradas, y los vidrios estaban repartidos por todo el suelo. Habían disparado desde el Hospital Naval que estaba enfrente, y la bala rozó por el objetivo del microscopio que estaba en el escritorio de Nelly.
  10. 10. “Lo peor es que me echaban la culpa a mí, como si yo hubiese mandado la orden. Pero si yo no tenía idea de nada, ahí fue cuando me revelé”, cuenta Andrés. Andrés recuerda que era su chofer, un infante de marina asignado, quien le advertía de las situaciones que podían suceder. Él fue quien en una ocasión le advirtió que había que tener mucho cuidado, pues entre los estudiantes, andaban encubiertos, muchos agentes de la DINA. Los funcionarios que se encontraban en la institución en aquel entonces, recuerdan que hubo algunos problemas, pero que Andrés manejó las cosas con bastante suavidad, con relación a otras universidades. Patricia Carvajal, secretaria hace 31 años en la universidad, recuerda que investigaron a toda la gente, para saber si eran aptas para seguir trabajando. Era un momento de gran tensión. Durante ese tiempo, Andrés comenzó a perder muchos amigos, algunos incluso, que habían sido compañeros de universidad. Tal es el caso de Juan Pinto, quien dice haber roto relación con él desde esa época. Juan Pinto- quien mantenía una relación muy cercana con toda la familia de Andrés, pues las señoras de ambos eran muy amigas- trabajaba en ese tiempo en la universidad, y fue exonerado justo después del golpe. Según Maite, la hija de Andrés, Pinto siempre ha pensado que fue Andrés quien lo echó. Según Andrés, él intentó oponerse a todo lo que no concordaba. Incluso, recuerda que al él le pidieron que renunciara al cargo, porque no estaba de acuerdo con realizar una orden encomendada. Como lo dice el reglamento de las Fuerzas Armadas, pidió que le dieran la misión por escrito. Su superior le contestó: - Pero tú estás loco, nadie te va a firmar una orden así, nadie se va a hacer cargo de ello. Tú eres el único que se tiene que responsabilizar. Andrés no lo hizo, y a las semanas siguientes, lo sacaron del cargo. En total, duró sólo cuatro meses. Muy poco con relación a una vida, pero suficientes para que mucha gente lo recordara como colaborador del régimen militar. Una vez, ya en época de democracia, Andrés, quien era presidente del Comité en Defensa de la Flora y Fauna (CODEF) fue emplazado públicamente durante la celebración del día de la tierra, en la plaza Victoria en Valparaíso. Fue un 22 de Abril, cuando un abogado, que no era de la organización, lo acusó de haber colaborado con el régimen militar. En esa ocasión, su gran amigo, Angel Alberti, lo defendió.
  11. 11. En otra ocasión, recibió unos mensajes anónimos en donde lo culpaban por los alumnos que habían sido detenidos y posteriormente desaparecido durante los meses de su desempeño. Luego de aquella aventura, Andrés intentó mantenerse al margen. Se dedicó a su profesión de odontología y continuó dictando clases en la universidad. Pero, todo esto no bastó para eludir la situación, así que aprovechó su amistad con Merino, y le pidió que le diera una autorización para irse becado a Alemania, por un año. Es así como se fue con Pablo a Alemania durante todo 1977. Su hijo mayor aprovechó la instancia para estudiar dos semestres de arquitectura en la Universidad de Hannover, mientras que él, realizó un post grado en odontología social en Göettingen. Unos meses después llegó Nelly con sus dos hijas. Para gran sorpresa de Andrés, lo primero que le pasó en Alemania, fue conocer la verdadera historia de Chile. Los diarios contaban todo lo que en Chile no se sabía. Además, en ese país habían exiliados, que se encargaron de contarles sus versiones. El problema se gestó cuando reconocieron a Andrés. En un diario de la zona lo acusaron como activista en el régimen militar. Fue el propio Andrés quien tuvo que escribir un desmentido público en otro diario. La familia Barros, finalmente, tuvo que pedir protección de la Policía Alemana. Incluso, su hija Lorena estudiando alemán en el Goethe, tuvo problemas con sus compañeros chilenos. Sin embargo, la complicación mayor vino después, cuando logró obtener, desde Alemania, una visión más acabada de lo que pasó en Chile. “Dejé de ver al gobierno como un proceso de transición”, cuenta. Antes de volver, en una postal, le escribió a un colega unas palabras afectuosas. Pero, Andrés comete un grave error. Al final de la nota escribe: “pobre Chile”. Y esas míseras dos palabras terminan por costarle muy caro. A la vuelta de la beca, lo empiezan a investigar y, finalmente, lo exoneran como profesor de la universidad. “La cantidad de personajes que pasaron por la casa haciéndose pasar por personas interesadas en lo que había hecho en Alemania, y al final eran espías, fueron un montón”, cuenta Maite, y agrega que el teléfono también estuvo intervenido por mucho tiempo. “Con mi hermana agarrábamos el teléfono e insultábamos al de turno. Era una situación de miedo”. Sin duda, para Andrés, el golpe más bajo se lo dieron a su regreso, cuando lo exoneraron como profesor en 1978: “Me dolió porque llevaba trabajando 27
  12. 12. años, y recién había conseguido que un gringo donara a la facultad, un equipo ultra moderno”. Fue durante una clase, cuando lo interrumpieron para entregarle la carta. En ella le exigían su renuncia. Él muy apenado, le informó a sus alumnos que la clase no podía continuar. Todavía recuerda lo que les dijo : En este minuto tengo que irme, pero recuerden una cosa, la libertad en Chile se va a recuperar. Recuerde lo que pasó en Egipto cuando tiraron semillas de trigo, y siglos después fueron trigo; las ideas no se van a acabar, y va a triunfar la democracia. Luego de sus palabras, algunos alumnos hicieron una fila para despedirse. Se pusieron aplaudir, mientras Andrés se iba. “Desde ese momento comencé a tener problemas de presión”, cuenta. “Una vez que lo exoneran de la universidad, mi papá entra en una depresión completamente alarmante”, cuenta Maite. Y ese cambio lo notan sus hijos, pues pasó a ser un padre muy diferente. Antes de su encierro era un papá muy cercano que almorzaba todos los días con ellos, o que iba a buscarlos al colegio. Era una persona muy alegre, que tocaba todas las tardes charango o guitarra, y porque tenía una espontaneidad para hacer una y mil leseras. Su hija recuerda, por ejemplo, que cuando iban a dejarlos al colegio, Andrés manejando, se metía a la plaza México y se ponía dar vueltas. Todos atrás se enojaban muchísimo porque iban a llegar tarde. Cinco, seis vueltas, y después seguía. “Esa primera parte nunca la ha recuperado, desde ese tiempo, él tiene un sentido muy doloroso de la vida”. El 79 también es exonerado como dentista de la Armada, y comienza a dar “Bote”. Había una cruz en el nombre de Andrés Barros en los dos polos chilenos. Por un lado, en la Armada sabían que era opositor al régimen militar, por el otro, lo culpaban por haber sido agregado militar en la universidad. No lo contrataban en ningún lado. Es así como su señora, Nelly, se tiene que hacer cargo de la parte económica, y se queda trabajando en la misma universidad donde echaron a su marido. “Fue difícil, pero yo tenía mi conciencia tranquila, igual Andrés”, explica. Además, juntos siguieron ayudando a gente en la universidad. En su casa escondieron a muchos alumnos que estaban en problemas, ayudantes de cátedras, tesistas. También participaron durante mucho tiempo en tertulias de discusión con un grupo de disidentes, que se realizaban en la casa de un conocido médico de Viña del Mar. Finalmente, Andrés logra ingresar a trabajar en la Caja de Previsión de la Defensa Nacional, Capredena, porque todavía conservaba amigos en ese lugar.
  13. 13. También, durante algún tiempo, se dedicó a visitar a pacientes a domicilio. En esa época él tenia un mercedes, y en la maleta andaba con un equipo de medicina de emergencia. Cada vez que lo llamaban por teléfono, él partía en el auto, y alguna de sus hijas lo acompañaban para ayudarle a bajar las cosas, pero era algo impracticable, porque no le daba ingresos. La odontología la ejerció de manera interrumpida, hasta principio de los noventa, y terminó paradójicamente por la misma causa por la que empezó: por el deporte. Jugando fútbol en la liga de los viejos crak (seniors), en el equipo Los Leones, del Club Alemán, le pisaron la mano. Luego de algunas intervenciones, se dio cuenta que ya no podría volver a ejercer su profesión.
  14. 14. CAPITULO 4 A Valdivia, ida y vuelta Sin haber aprendido de la experiencia en la universidad, Andrés vuelve a encontrarse cara a cara con el régimen militar, en una experiencia que él mismo define como tétrica. En 1984 lo invitaron de la Universidad Austral, para que fuese como decano fundador a armar una facultad de odontología. Para hacerlo, Andrés dejó a su familia en Viña del Mar, y se fue a valdivia. Viajaba los fines de semana. Su hija Lorena se había casado y vivía en España, su hijo Pablo también estaba casado y vivía en Viña del Mar, y su hija Maite recién había dejado de estudiar artes plásticas, porque habían cerrado su escuela. El primer problema fue que la malla curricular que se construyó no tenía relación con el estilo de la universidad, que en ese tiempo se encontraba a cargo de un militar. “Habíamos creado una cátedra totalmente renovada, porque la odontología en Chile es demasiado pirula, los tratamientos son demasiado costosos y no está al acceso de todos”, explica Andrés. Para lograrlo se creó una serie de instancias donde se explicaba sociológica, antropológica y psicológicamente estos problemas. Estas son cátedras que no existían en ningún lado. Evidentemente, que provocó la molestia del rector, quien no la aceptó, porque pensó que detrás había una tendencia socialista. Además, hay que recordar que en esa época las cosas en Valdivia estaban un poco tensas. Se estaba por firmar el tratado de paz y fraternidad entre Chile y Argentina. Andrés, formó en la universidad un movimiento que se llamó “la paz es posible”, inspirado en el pensamiento de Gandhi. Esta iniciativa tomó vuelo, y los estudiantes se contactaron con jóvenes del sur de Argentina y, junto a otros civiles, lograron juntarse en la frontera. “Allí todos nos dimos un abrazo”, recuerda. Por suerte que en esa ocasión no pasó nada, pero era evidente que le trajo problemas, y nuevamente comenzó a ser mal apuntado. Los choques con el rector fueron constantes. Comenzó a trabajar en una radio, donde opinaba de contingencia y de asuntos sobre los que no estaba de acuerdo y que, evidentemente, le producían un rechazo a toda la población militar que se encontraba allí. Es así como el esfuerzo por crear una carrera de odontología en aquella zona, terminó a su segundo año de inicio.
  15. 15. La facultad cerró en 1985 bajo extrañas circunstancias. Como Decano fundador, le pidieron que buscara la forma de auto financiar la creación de la facultad, pues ya los presupuestos no alcanzaban para mantener aquella carrera. Para esto, Andrés le pidió a los credos religiosos que lo ayudaran en la búsqueda de financiamiento. En esa zona, las religiones más fuertes son la Protestante, y la Católica, quienes gustosos decidieron ayudarlo. Así, el Obispo, Monseñor Santos, y el Pastor de la Iglesia Luterana, gestionaron diversas alternativas, hasta que lograron dar con unos fondos alemanes. La corporación que donaba estos fondos tenía una sola condición, y consistía en que ellos serían quienes administrarían el dinero. Esto, por una mala experiencia reciente que habían tenido con el Hospital de Osorno, donde los dineros no habían sido utilizados con el fin entregado, es decir, para dedicarlos a la ayuda social, sino que lo habían destinado a refaccionar la fachada de la institución. Andrés, como decano, aceptó rápidamente, pues los fondos eran necesarios para que la facultad siguiera funcionando. Sin embargo, cuando el traspaso de los fondos ya estaba acordado, el rector se opuso, y exigió que los fondos llegaran directamente a la universidad, y que desde allí se repartieran. Evidentemente, esto causó la molestia de los Alemanes, quienes sólo entregarían el dinero si ellos lo administraban. El resultado de esta disputa fue que no hubo donación. Es así como el esfuerzo de dos años terminó cerrado, clausurado, por un mandato del rector. Y eso que los fondos estaban casi conseguidos... Nadie se atrevió a hacer una demanda a la universidad. Ninguno de los involucrados dijo nada. Es así como, nuevamente, Andrés es expulsado de sus quehaceres. Por segunda vez, se queda sin un lugar donde trabajar, pues en el Chile polarizado de aquel tiempo no tenía cabida en ningún bando. Para ambas tendencias era un tipo que levantaba demasiado recelo. Este estigma no sólo lo marcó a él, sino que también a sus hijos. Sobre todo a su hija Maite, quien era la menor, y que en ese tiempo era alumna en la Universidad Austral, la misma en la que trabajaba su padre. Ella comenzó estudiando licenciatura en artes plásticas en la Universidad Chile, sin embargo, al segundo año de carrera, la facultad fue cerrada. Entonces, su padre, le propuso viajar a Valdivia a estudiar, pues allí existía la carrera. Una vez allá, Maite fue vigilada todo el tiempo. La suma entre ser la hija Andrés Barros, y estudiar arte, la convertían en una persona tremendamente sospechosa para la sociedad de aquella época. Aquel problema dejó de tenerlo cuando, luego de egresada, se fue a España. Volvió recién en 1995. No obstante, es una herencia que aún guarda: “Es complicado, hay que aprender que siempre van a tener alguna opinión de él, y no siempre positiva. Eso es algo de familia, a
  16. 16. mis primas les pasa lo mismo con el tío Jaime, entonces, uno dice, con toda tranquilidad, es la historia de los Barros”. Capítulo 5 Suma de cromosomas Las raíces de Andrés se encuentran entrelazadas con la vida de campo, y las tradiciones casi míticas, propias de las familias hacendadas. Es una dimensión de los Barros Pérez-Cotapos, que no sólo trae en su sangre, sino que en su propio nombre: Andrés Filomeno del niño Jesús. Cuenta la historia, que su madre cuando estaba a punto de dar a luz, se encomendó al fraile Andrés para que su marido, Ambrosio, llegara a tiempo. El se encontraba en la frontera, pasando unos ganados de Argentina a Chile. Este monje había sido muy conocido tiempo atrás por sanar a los niños pequeños a lengüetazos. En una ocasión sanó a una tía abuela de Andrés, quien, durante su niñez, había padecido de un eczema en toda la cara, y que logró eliminar gracias a la ayuda de este franciscano. Le lamió toda la cara, y nunca más tuvo ese problema. Murió cerca de los noventa años con un cutis perfecto. En la manda que le hizo Inés a este fraile, le ofreció bautizar a su hijo con su nombre, si Ambrosio llegaba antes de que naciera. Y así fue. Inés dio a luz el 1 de Enero de 1928, en la compañía de su marido, quien al enterarse de esta situación no sólo inscribió a su hijo con el nombre de pila, Andrés, sino con el nombre completo de este fraile: Andrés Filomeno del niño Jesús... Producto de este incidente, Andrés tuvo que aguantar durante toda su etapa escolar ser el punto fijo de las bromas, sin embargo, esto no fue tan difícil como lidiar durante su vida con la herencia familiar. “Esto de ser una persona extravagante, medio raro, un personaje público, es algo genético”, explica Maite, su hija. Y es que esta mezcla entre ser aguerrido, apasionado y contestatario, es un rasgo que heredó de su abuelo, de su padre y que comparte con varios de sus hermanos. El abuelo de Andrés, Luis Barros Méndez fue el primero en experimentar la vida pública. Abogado de profesión, fue activista del Partido Conservador, y Ministro de Estado en la época de Germán Riesco (1854- 1916), en uno de los 17 cambios de gabinete que realizó durante su mandato. Ninguno de sus nietos lo alcanzó a conocer, pues murió de un infarto, antes de que Ambrosio se casara. Dicen, que él podría haber llegado a ser Presidente de la República si no hubiese muerto tan joven.
  17. 17. Sin embargo, él podría haber muerto mucho antes, pues durante mucho tiempo estuvo enfermo. En busca de una cura viajó a Europa, donde conoció a Juan Bosco1 . Según se recuerda, Don Luis regresó a Chile completamente sano, y diciendo que fue este señor quien lo había salvado. Desde ese momento, mantuvo una relación muy cercana con Juan Bosco, quien por este tipo de milagros fue nombrado Santo, muchos años después de su muerte. Luego del fallecimiento de su padre, Ambrosio, quien sólo tenía 19 años se tiene que hacer cargo de las tierras de su padre en Curico, y cuidar de sus 7 hermanos menores. Ese mismo año contrae matrimonio con doña Inés Pérez Cotazos, quien tenía 17 años. Juntos tuvieron ocho hijos: Jaime, quien tiene 92 años de edad; Sergio; Rosita, a quien le decían “La champito”; Eliana, falleció cuando dio a luz; Ambrosio; Andrés; Mario, que falleció de guagua y María. El mayor, la menor y Andrés son los únicos que quedan con vida. De todos estos hijos varios heredaron aquella personalidad “extravagante” como describe Maite. Pues, la sangre de los Barros es uno sólo de los condimentos, a ella es necesario agregarle la herencia de los Pérez- Cotapos. Esta familia era bastante estrafalaria, y fue la que, según dicen, aportó el rasgo más pasivo en sus hijos, y que logró encauzar la radicalidad violenta de su padre, en una radicalidad más sensible. Inés fue una persona con mucha paciencia, en primer lugar, porque siempre aceptó el carácter de Ambrosio. Andrés, siempre se sintió muy cercano a ella, incluso, una de las cosas que más siente es no haber estado a su lado cuando ella murió. Para él “era una santa mujer, extraordinaria, porque aceptaba todo, y era profundamente católica”. Sin embargo, su hermana Rosario contaba que esa paciencia en realidad siempre fue una ausencia de sí misma, producto de un alzheimer que nunca se diagnosticó. “La champito”,como le decían a Rosario, le confesó a su sobrina Maite que su madre siempre tuvo este problema: Cuando Eliana tuvo a su bebé, fue doña Inés quien la cuidó. No obstante, debido a su estado mental, ella no se dio cuenta que su hija se estaba desangrando. Fue “la Champito” la que, al ingresar a la pieza, se dio cuenta de esta situación. Pero ya era demasiado tarde, Eliana falleció un rato después. 1 (1815-1888) Presbítero, "Padre y maestro de la juventud", patrono de los editores, fundador de los salesianos. Por su gran devoción a María Auxiliadora, conseguía de ella innumerables milagros. El 2 de junio de 1920, fue beatificado, y el día 1 de abril de 1934, fue canonizado por S.S. el Papa Pío XI.
  18. 18. “Mi papá es igual a su abuelo, pero con la mezcla de su madre, y mi tío Jaime que todavía sigue vivo es igual, siempre apasionados con algo”, cuenta su hija. Andrés a veces es tan extremista, que incluso una vez llegó a pararse frente a la casa “Hola” de la calle Valparaíso a recolectar firmas para que no se vendan armas en Navidad. Y Jaime, sin duda, también es un claro ejemplo de esta “mezcla explosiva”. A los 93 años, dejó todo botado para ir a salvar a su Partido (comunista) en Arica, pues iban a sacar a esta sede de la oficialidad porque tenía muy pocos votos. A él la radicalidad lo lleva a no pensar en nada más. Hace unos años, una de sus hijas lo fue a buscar y le armó un lugar para que viviese cerca de ella, sin embargo, él volvió a irse. Actualmente, vive con una señora del partido que lo cuida. Junto a esta afición por participar de actividades públicas, la familia Barros Pérez- Cotazos, también trajo consigo la atracción por lo místico y desconocido. Por ejemplo, fueron muy amigos de don Jaime Galtea, un famoso médium que era abogado constitucionalista de la Universidad de Chile, pero que se dedicaba a curar enfermedades como si fuera un doctor. También, la hermana de don Ambrosio, la abuela de Isabel Allende, tenía contactos con unas hermanas de Santiago de apellido Morlas, con las cuales realizaba sesiones de espiritismo, situación muy bien relatada en “La casa de los espíritus”. Andrés también ha experimentado sucesos paranormales con gente de su familia. Los más impresionantes son los fenómenos sucedidos con sus hermanos Sergio y Ambrosio. Sergio, fue el hermano más cercano que tuvo Andrés, siempre lo apoyó en todo lo que hizo. Era el único de su familia que asistió a todas sus competencias de Atletismo, y fue quien lo instó a ingresar a la carrera de odontología. Cuando Sergio se enfermó, tenía alrededor de 70 años. Andrés, que en ese tiempo vivía en la actual casa de su hijo Pablo se encontraba preocupado por esta situación. Un día se produjo un corte de luz, sonó la ampolleta y quedaron a oscuras. Al acercarse Andrés a los interruptores para arreglar la situación, se dió cuenta que no había ningún corte. La ampolleta estaba en buen estado, y sencillamente los interruptores se habían bajado de alguna manera. En ese instante llaman por teléfono, Sergio había fallecido. En el caso de Ambrosio, la situación fue aún más increíble. El, durante un tiempo, tuvo un cáncer bastante cruel, y Andrés viajaba a Santiago para visitarlo. En ese tiempo, Andrés ya estaba familiarizado con la parasicología, y junto a Ambrosio conversaban mucho acerca de la muerte. En una de estas charlas, Ambrosio le dijo que cuando muriera, él le avisaría. Perfecto, dijo Andrés, y no pensó más en el asunto. En 1986, Andrés tenía una oficina en la calle Valparaíso, en Viña del Mar. Acostumbraba siempre a estacionarse frente a ella. Un día, mientras maniobraba
  19. 19. su auto, ve pasar a su hermano vestido con un abrigo, y lo ve entrar a una panadería justo al frente. Se pregunta que está haciendo en Viña si está tan enfermo, y porqué anda tan abrigado si era verano. Termina de estacionarse, y lo va a buscar a la panadería. En el lugar no encuentra a nadie. La panadería estaba completamente vacía. En ese minuto se percata que su hermano había cumplido su palabra. Sube corriendo las escaleras hasta llegar a su oficina y llama a su hermana. Ella le confirma la información. Su hermano Ambrosio acababa de fallecer. Capitulo 6 Pa-ra-si-co-lo-¿qué? Definitivamente, el mayor golpe que recibió Andrés fue volver de Alemania, y darse cuenta que no cabía en ningún lugar, que ya no tenía siquiera su trabajo. Además, vuelve a Chile completamente desubicado con los tiempos, hablando de una ciencia que estudió en una universidad Alemana, llamada parasicología y que, básicamente, estudia sucesos paranormales como son los fantasmas. Es decir, en 1976, nadie entendía lo que Andrés trataba de decir, pues parecía que vivía en otra historia, y que sólo despertaba de ella cada vez que algún incidente extraño le recordaba que corría peligro. Esa época generó impactos bastante grandes para su familia. Se vivió un proceso de miedo, donde siempre se estaba pensando que en cualquier momento salía y le pegaban un disparo. Aún así, entre “dar bote”, como él mismo denominó esa época, y dedicarse por entero a algo que lo dejó intrigado desde un principio, no había donde perderse. Así, se sumergió en su escritorio a estudiar aquellos materiales recolectados en su paso por España y Alemania, y a mandarse correspondencias con aquellos especialistas del mundo europeo. Insertarse en aquel mundo de sucesos extraños y desconocidos, fue una mera casualidad. Nunca ha tenido algo así como un sexto sentido, y según su mujer, se muere por tenerlos. Tampoco posee dotes de médium, sin embargo, la curiosidad terminó por absorverlo de tal manera, que hoy aparece en televisión cada vez que se presenta algún caso extraño; posee decenas de artículos acerca de diferentes aristas de la materia publicados en diversas revistas de Internet, y fue vice- presidente de la federación mundial de parasicología. Todo comenzó estando en Alemania. Durante la beca de comunicación social, Andrés realizó una tesis de comunicación didáctica, que lo obligó a viajar a la Universidad de Triburgo. Lo anterior, porque entre el grupo de profesores con el que hacía el curso, ninguno se encontraba plenamente capacitado para evaluarla. Es así, como debió elegir otra universidad en donde se la evaluaran. Eligió Triburgo, porque quedaba a pocos kilómetros de donde se encontraba.
  20. 20. Una vez instalado en el lugar, se dedicó a recorrer la universidad, y en un pasillo, pegado al lado de la puerta de una sala había un letrero que decía: CHARLA DE PARASICOLOGÍA DEL DR. BENDER Le extrañó muchísimo que en una universidad como aquella se estudiara algo tan “exótico”. Asistió por curiosidad, y esa curiosidad lo hizo escuchar al Dr. Bender por primera vez. En aquella oportunidad, el psiquiatra alemán, jefe del departamento de ciencias limítrofes de la psicología, lo deslumbró por completo. Fascinado con aquella charla, no dudó en inscribirse en un curso con aquel doctor; curso que logró abismarlo de tal manera, que terminó dedicando el resto de su vida a la investigación de aquellos fenómenos. Al llegar a Chile, intentó hablar de parasicología por todas partes, pero no muchos lo escucharon. Incluso en muchas ocasiones quedó sencillamente como un loco. Por ejemplo, fue Andrés quien defendió al conocido “Miguel Angel” con el caso de la Virgen que lloraba sangre en Villa Alemana. Muy pocos le creyeron, y hasta el día de hoy es un caso que despierta mucho recelo, y sospecha. Cuando llegó a Chile, hablaba de este tema incluso en clases. Antes que lo exoneraran, intentaba animar las clases siempre con algún chascarro o anécdota parasicológica. Una de ellas, que para él es una de las situaciones más impactantes que le ha tocado investigar, sucedió en Valparaíso. Las enfermeras Gloria Salazar y Norma Tompson, acudieron a Andrés impactadas con lo sucedido. Ellas, que trabajaban en el consultorio, al lado del Santa Isabel en Valparaíso, atendieron un llamado de emergencia a domicilio. El paciente se llamaba Amadeo, y era un señor de avanzada edad que se encontraba en una situación clínica delicada. Las enfermeras lo trasladaron directamente al Hospital Van Buren, donde ingresó a la Unidad de Cuidados Intensivos. Las enfermeras, nunca más supieron del estado de salud de don Amadeo, hasta que un día se apareció en la consulta. En el pasillo, tomó a Gloria por el brazo y le dijo: - Vine a dar las gracias. Norma también se encontraba presente. En ese instante, ambas enfermeras tuvieron que entrar a una sala a atender a un paciente, y cuando salieron Don Amadeo ya no estaba. Preocupadas por su desaparición repentina, fueron a verlo a su casa. En ella encontraron a su hija quién les informó la impactante noticia: Don Amadeo había muerto hace dos semanas... Este caso dio la vuelta al mundo. Para investigarlo junto a Andrés, vinieron de Miami, y España, pues es uno de los pocos casos donde el espíritu no sólo se vio, sino que, además, se materializó para tomar el brazo de la enfermera.
  21. 21. A pesar de lograr poca fama, Andrés encontró gente interesada en el tema. A la vuelta de Valdivia, se hizo amigo del profesor y Físico de la Universidad Técnica Federico Santa María, Luis Da Silva, con quien intenta reproducir hechos paranormales en el laboratorio. Sin embargo, todo esto lo hacían sin autorización, por lo que esta iniciativa no progresó. Pero, lo que sí lo hizo, fue la carrera de comunicador social de Andrés. Luego de sus años en la radio del Instituto Profesional de Valdivia, Andrés junto a otro físico, llamado Ricardo Zambrano, realizan en la radio Litoral, en Valparaíso, un programa donde Ricardo hablaba de ciencia ficción, y Andrés de sucesos paranormales. Después de eso, participó con Patricio Varela, en un programa que se llamaba “conversando en la noche”. Andrés hablaba desde Viña del Mar, y Patricio desde Santiago, y así conversaban en la Radio Portales. De este mismo equipo asociación, salió un grupo que fue contratado en Sábados Gigantes, donde hablaban de diferentes casos concretos, y Andrés aportaba con antecedentes más teóricos. Paralelo a esto, empezó a escribir en el diario La Estrella, una columna todos los días sábados. Fue gracias a esta columna que empezó a ser más conocido, sobre todo por el nombre. A principios de los noventa, llega al programa de “Buenos Días a Todos”, cuando animaba Tati penna y Felipe Camiroaga. Allí estuvo durante cinco años. Luego de aquel período, Andrés pasa a trabajar en el matinal del trece, y ultimamente, ha trabajado en los exitosos proyectos televisivos: “Y si fuera cierto”, en asociación con Silvio Caiozzi, y “El día menos pensado” con Carlos Pinto. Paralela a su vida de las comunicaciones, Andrés, siempre se ha dedicado a mantenerse ocupado. Pero el gran problema, ha sido su obstinación en hacer cosas fuera de tiempo. Entre sus actividades figuran, por ejemplo, su cruzada ecológica. A finales de los ochenta, intentó formar el Partido de los Verdes, que no resultó, porque se politizó. Situación que era evidente si se piensa que nadie se iba a preocupar de la ecología en plena época de elecciones entre el sí o el no. Luego con la organización del Comité en Defensa de la Flora y Fauna (CODEF), logró más adeptos. Actualmente, es miembro del Greenpeace. Por otra parte, al regresar a Viña del Mar, luego de cerrar la facultad de odontología en la Universidad Austral, crea un centro de desarrollo personal, en la calle los Castaños. Allí intentó crear un espacio donde se practiquen diferentes disciplinas. En este mismo, lugar empieza a realizar talleres acerca de parasicología, y una escuela de adultos. Es decir, un centro que quince años
  22. 22. después hubiese sido una gran atracción, pero que en este tiempo parecía una idea descabellada. Sólo duró hasta el 88, es decir, alrededor de dos años. Capitulo 7 De fantasmas y otras muertes Hasta que Nelly no experimentó un hecho anormal del tipo parasicológico, también le costó creerle a su marido. Un día, mientras caminaban juntos por la calle Traslaviña en Viña del Mar, vieron al primo de Nelly, Alfonso, ordenando unos tarros de pintura adentro de su oficina. Cuando Nelly lo vio, le dijo a Andrés: - Mira, ahí está Alfonso, pasemos a saludarlo. - Pasemos otro día- le contesto Andrés- pues ya va a hacer la hora de almuerzo. Como buen español, se va a poner a conversar y vamos a salir muy tarde. Tres días después, decidieron pasar a saludarlo. Sin embargo, cuando abre la señora de Alfonso, pregunta un poco desconcertada, si acaso no sabían lo que había pasado. Ella les cuenta, que el primo de Nelly había muerto hace como dos semanas atrás. Desde esa vez, Nelly tomó conciencia que existen cosas que no tienen explicación. Fue un gran paso, sobre todo para una persona con una mentalidad muy racional- como ella misma se autodefine -, y metida siempre en el área de investigación de la ciencia. Sin embargo, esta cualidad ha ayudado a Andrés a no creerse todo lo que le cuentan. Es su señora la que, cada vez que le toca investigar un caso, lo hace reparar en ciertos detalles que ayudan a descifrar si el caso es verídico o no. Y es que Andrés, en la década de los noventa, se dedicó mucho a las salidas de terreno. Como era una persona conocida, que aparecía en la televisión, y casi uno de los pocos que se dedicaba con seriedad a este asunto, lo buscaban cada vez que sucedía algo paranormal. “En esta casa, el 90% de las llamadas telefónicas son porque alguien vio un fantasma”, cuenta Nelly. Así, muchas veces pasó la noche fuera de la casa, tratando de constatar diferentes sucesos, “Cazando fantasmas”, como dice su señora. Uno de los casos más conocidos que tuvo que investigar, fue el de los misteriosos incendios que se producían al interior de una casa en Recreo, que hoy es la actual Escuela de periodismo de la Universidad Viña Del Mar. Jaime Vergara, un Comandante de Bomberos, quien era vecino de Andrés, en su actual residencia en Miraflores, lo contactó porque en aquella casa de Recreo se sucedían diversos incendios, sin causa aparente y de las formas más
  23. 23. inverosímiles. Las cortinas partían quemándose desde arriba hacia abajo, los libros se encendían solos desde las hojas en su interior. Los sillones comenzaban a lanzar fuego desde el medio, e incluso las toallas mojadas de los baños se encendían, sin motivo alguno. Era tan caótica la situación, que tenían bomberos de turno. En total hubo 76 incendios. Para Andrés este fenómeno se trataba de un caso de psicopirosis, que ya había estudiado con anterioridad en Alemania. Esto quiere decir, que era una persona de la casa la que producía a través de energía mental, los incendios. Resultó que en aquella casa, vivía una chica de trece años, quien tenía un desequilibrio emocional muy fuerte. Su madre la tuvo cerca de los 50 años, y entonces su madre era muy estricta con ella y no la dejaba hacer nada. Todo comenzó cuando llegó a vivir allí prima de su misma edad, que era muy liberal. Esto le producía a la niña una rabia contra su madre y contra su prima muy grande que se traducía, de manera inconsciente, en los incendios. Según Andrés, los casos de psicopirosis son más comunes en la etapa de la pubertad, porque es una etapa de desarrollo de la mujer, donde hay mucha energía y emocionalidad involucrada. La madre de la niña nunca pudo entenderlo nunca, y a su hija no le pudieron dar asistencia psiquiátrica. Según alumnos de la Universidad Viña Del Mar, todavía pasan cosas extrañas. Andrés no puede culpar a aquellos de no creer en la parasicología, pues él mismo, antes de adentrarse en este campo, pensaba que los sucesos que él vivió en su casa en Santiago, eran cosas que él mismo se inventaba. Sólo después de estudiar los fenómenos paranormales, Andrés cayó en la cuenta, que él mismo había vivido en una casa embrujada. En la inmensa casona de la calle Compañía en Santiago, pasaban cientos de cosas extrañas. Cuando Andrés pololiaba con Nelly, a ella le daba miedo quedarse sola en esa casa, porque sentía pasos, y pensaba que eran de Andrés. En aquella casa, se encendían y apagaban las luces constantemente, se sentían pisadas y no llegaba nadie. Andrés siempre sentía que alguien se le sentaba en la cama. Con relación a la casa existen algunos sucesos que explican su misterio. En el patio de la casa, existía un nogal hermoso, inmenso. Sin embargo, creció demasiado, al punto que las ramas chocaban con las ventanas del segundo piso. Entonces, el papá de Andrés cortó el nogal y sacó las raíces. Al hacerlo, encontró tres cadáveres de niños. Otra vez, se hizo un arreglo en la casa, y para ello abrió una especie de túnel que había en el patio. Don Ambrosio entró en él, y luego lo tapió. Nunca quiso decir qué había allá dentro. Sobre eso construyó la pieza de las empleadas. Él en aquella oportunidad solo dijo: ustedes no pueden ver esto.
  24. 24. Andrés recuerda con gran pasión aquellos eventos. Y es que a pesar de haber realizado diferentes actividades a lo largo de su vida, nada lo absorbe más que investigar los sucesos paranormales. Por algo es una de las únicas actividades que han sido constantes en su vida. Como si tuviera un botón donde encender su inquietud, cada vez que se nombra este tema, hoy despierta de su retiro. Y de todos los temas de aquella dimensión, sin duda lo que más lo atrae es el tema de la muerte, los sucesos más allá de la vida. Aquel paso a un más allá, que su propio abuelo describió en unos versos que se encuentran grabados, nada más ni nada menos, que en el frontis del Cementerio General en Santiago: “Ancha es la puerta, pasajero avanza, cómo guardan el sueño de la muerte, la fe, la caridad y la esperanza”.

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