Democracia

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Democracia

  1. 1. Material de estudio LA DEMOCRACIA Y SUS EXIGENCIAS Luis Armando González ConstruyendoCulturaPolíticaDemocrática
  2. 2. La Democracia y sus Exigencias Material de estudio Editado por: Iniciativa Social para la Democracia Revisión: Ramón Villalta, Director Ejecutivo Contenido: Luis Armando González* Diseño y Diagramación: Aurora Cubías Esta publicación ha sido posible Gracias al apoyo de Actión Solidarité Tiers Monde ASTM de Luxemburgo En el marco del Proyecto “Democracia, Transparencia y Participación Ciudadana en la Asociación de Municipios Los Nonualcos”. 1ª Edición Septiembre 2009 Se imprimieron 1200 ejemplares. * Investigador, Colaborador de ISD
  3. 3. 1 Presentación I. Democracia II. Cultura Política Democrática III. Estado democrático de derecho IV. Gobernabilidad democrática y sociedad civil Contenido
  4. 4. 2
  5. 5. 3 Hablar de democracia en nuestro tiempo no es una tarea fácil, sobre todo cuando la población cree que un sistema como ese no le beneficia y cuando una cultura autoritaria, dominante en nuestro medio desde hace décadas, se niega a desaparecer y por el contrario se fortalece a través de prácticas de exclusión e intolerancia que tanto los/as gobernantes como los/as gobernados/as reproducen en el diario actuar. ISD tiene como horizonte de trabajo la construcción de una sociedad en donde prevalezca la cultura política de la democracia, una sociedad en donde los/as gobernantes ejerzan un “buen gobierno” y los/as gobernados/as sean “buenos/as ciudadanos/as”, en donde los/as representantes o servidores/as públicos/as administren con eficiencia y eficacia a las instituciones y los recursos, llevando servicios y beneficios a la colectividad, trabajando por el bien común. En ese marco, su esfuerzo fundamental es el de formar a los/as líderes y lideresas para que rompan con el esquema de que la política es un espacio exclusivo de los políticos, que es algo “sucio” y lo mejor es estar alejado/a, que lo “normal” lo constituyen aquellas prácticas autoritarias en el ejercicio del poder en donde el nepotismo, la corrupción, la imposición y la exclusión es lo que se debe esperar de todo/a aquel o aquella que pasa de candidato/a a gobernante. Por esta razón, promueve procesos de análisis, fomenta el debate y la formación política sobre la democracia como sistema de gobierno, como forma de vida y sobre todo como cultura política, acompañándola con material en versión popular para que sea comprensible y accesible para todo/a aquel o aquella que desee adquirir más conocimiento sobre este tema. En esta ocasión presenta un material para el estudio y aunque no parece tener diseño popular es socialmente más enriquecedor y representa el reto de profundizar en una concepción distinta de la democracia, haciendo que todos/as, aún con menores niveles de formación académica, tengan la oportunidad de aprender y entonces definir hacia dónde se encuentra su horizonte de trabajo. Pretende apoyar el desarrollo del conocimiento en especial para los excluidos y autoexcluidos de la política y de la vida pública (la ciudadanía), pero también para aquellos y aquellas que habiendo llegado al ejercicio de gobierno requieran ser servidores/as públicos/as con vocación democrática. Agradecemos a Luis Armando González, colaborador de ISD y hombre comprometido con el desarrollo de la cultura política democrática al igual que nosotros, por el desarrollo del contenido del presente material y a Actión Solidarité Tiers Monde de Luxemburgo por el apoyo financiero para el impulso de nuestros programas de educación y en particular de este material. Lic. Ramón Villalta Director Ejecutivo ISD Presentación
  6. 6. 4
  7. 7. 5 1.- La democracia como forma de gobierno ha evolucionado y se ha transformado desde su primera concreción en la antigua Grecia hasta sus concreciones actuales. Lo mismo ha sucedido con las teorías y las ideas democráticas. Ni qué decir tiene que ni como forma de gobierno ni como teoría política la democracia ha sido un fenómeno permanente en la historia de occidente, desde la antigüedad helénica hasta nuestros días. Ver F. Rodríguez Adrados, Historia de la democracia. De Solón a nuestros días. Madrid, Teorema, 1997; F. Requejo Coll, Las democracias. Democracia antigua, democracia liberal y Estado de bienestar. Barcelona, Ariel, 1994; A. Touraine, ¿Qué es la democracia? Madrid, Teorema, 1994 Mis apuntes aquí:I. Democracia De la democracia se ha hablado y escrito mucho. De forma resumida, recogeremos a continuación diferentes aspectos relacionados con la misma, centrándonos en sus orígenes, definición, el significado de la democratización, para terminar con una valoración crítica de la democracia. 1. Orígenes La palabra “democracia” es una palabra ciertamente antigua: fue usada por los griegos en el siglo V antes de Cristo y proviene de las dos raíces demos que significa “pueblo” y kratos que significa “poder”. Es decir, democracia quiere decir “poder del pueblo” o “poder de la mayoría”. Para los griegos, lo opuesto a la democracia es, por un lado, la aristocracia (“poder de unos pocos”) y, por otro lado, la monarquía (“poder de uno solo”). Junto con la palabra, los griegos inventaron también un tipo particular de práctica democrática: las Asambleas, en las cuales un consejo de ciudadanos griegos (hombres) tomaba las decisiones más importantes de la polis o ciudad; por ejemplo, decisiones judiciales, de tributación y militares. Esas decisiones eran tomadas por decisión de la mayoría, una vez discutidos y debatidos los argumentos en pro y en contra de las mismas. Se puede decir con toda propiedad que la democracia es un invento griego1. Sin embargo, desde los griegos del siglo V antes de Cristo y el momento actual hay un enorme lapso de tiempo en el cual han pasado muchas cosas en la historia de la humanidad. En buena parte de ese lapso de tiempo –prácticamente, desde la caída del imperio romano (siglos VI y VII después de Cristo) hasta el declive de la Edad Media (siglos XV-XVI después de Cristo) la democracia desapareció del horizonte del ejercicio político. Sólo comenzó a resurgir con los inicios de la edad moderna (siglos XVII-XVIII) y poco a poco se
  8. 8. 6 Mis apuntes aquí: príncipes (contra las monarquías), para terminar por convertirse en un régimen político, a partir del siglo XIX. El siglo XX fue el siglo de la democracia, no tanto por su éxito generalizado sino porque fue el régimen que se contrapuso como la gran alternativa a otros que se consideraban desacreditados. Fue en la primera mitad del siglo XX que el líder británico Winston Churchill dijo que la democracia era el régimen político menos malo de todos los existentes; pensaba en el fascismo, en el nazismo y el totalitarismo. Ya más cerca de nosotros –a finales de los años ochenta—la democracia cobró una fuerza inusitada. Se convirtió en la meta de una gran mayoría de sociedades en el mundo. Junto con ello, se dedicaron muchas energías para entender no sólo su evolución, sino también sus dimensiones y requisitos. A la par de ello, se avanzó en la comprensión teórica de la democracia, sobre la cual se han elaborado importantes definiciones que se han convertido en un requisito imprescindible para su conocimiento y promoción. 2. Definición Así, en un primer momento, la democracia puede definirse como un modo de organizar y dirigir la sociedad desde el Estado, que se caracteriza no sólo por el recambio periódico de unos gobernantes que representan a los gobernados —mediante elecciones—, sino por la defensa de los intereses de las mayorías, el respeto por las minorías, la tolerancia, el pluralismo ideológico y político, y la resistencia al despotismo. La democracia es, pues, un régimen político donde los ciudadanos no sólo participan voluntariamente de su gobierno, sino que ejercen algún tipo de control sobre las acciones del poder político; ello quiere decir que la autoridad pública es limitada y que se reconoce un área relativamente amplia de libertad privada. En la esfera privada, amplios espacios de la vida personal se dejan a la elección de cada cual; en la esfera pública, la ciudadanía —directa o indirectamente— determina las políticas de gobierno. Juan Linz lo expresa de este modo: "nuestro criterio para definir una democracia puede resumirse diciendo que es la libertad legal para formular y proponer alternativas políticas con derechos concomitantes de libertad de asociación, libertad de expresión y otras libertades básicas de la persona;
  9. 9. 7 Mis apuntes aquí: competencia libre y no violenta entre líderes con una revalidación periódica de su derecho para gobernar; inclusión de todos los cargos políticos efectivos en el proceso democrático, y medidas para la participación de todos los miembros de la comunidad política, cualquiera que fueran las preferencias políticas. Prácticamente esto significa libertad para crear partidos políticos y para realizar elecciones libres y honestas a intervalos regulares, sin excluir ningún cargo político efectivo de la responsabilidad directa o indirecta ante el electorado"2. Por su parte, Ramón Folch lo dice de esta manera: “la democracia garantiza la prevalencia de los criterios frente a oligocracias y al despotismo, pero también asegura el derecho a la discrepancia minoritaria, porque dista tanto de someterse al totalitarismo como de reducirse a una grosera y simple dictadura de la mayoría. La democracia es el respeto hacia los demás, correspondido por el respeto que recibe uno de los demás3.”. A su vez, Folch apunta algo importante y que con frecuencia se pierde de vista: que la democracia es un modo posible que tienen los seres humanos, todos ellos con potencialidades de que ameritan igual respeto, de organizar su vida, puesto que en ella se asume que los individuos poseen facultades morales y racionales, libertad y derechos, poder y capacidad de compartir la gobernabilidad equitativamente. Es decir, la democracia es una forma de vida que, en cuanto tal, trata de conciliar, como quiere Fernando Savater, libertad y seguridad: "libertad para emprenderlo todo, pues el individuo es supremo y no reconoce otro límite para sus ambiciones más que el de su fuerza o capacidad; pero seguridad que garantice algunas de las ventajas protectoras que aseguraba el viejo Padre muerto y mitigue un tanto el permanente temor en el que su desaparición ha instalado para siempre a los hombres libres" 4. La democracia, en este sentido, es primordialmente un procedimiento, un método. ¿Para qué? Para evitar que el poder estatal se concentre en pocas manos y sea usado despóticamente. Pero no es sólo un procedimiento, pues también pretende alentar la participación ciudadana en los 2.- J. J. Linz, La quiebra de las democracias. Madrid, Alianza, 1993, p. 17 3.- R. Folch. Diccionario de socioecología. Barcelona, Planeta 1999 pp94-95. 4.- F. Savater, "Libertad y seguridad en una sociedad democrática". En Perdonadme, ortodoxos. Madrid, Alianza, 1986, pp. 218-219
  10. 10. 8 Mis apuntes aquí: asuntos públicos. Distintas formas de democracia participativa, (en la cual las decisiones se toman a partir de la discusión y acuerdo entre todos los afectados) se derivan de esta dimensión de la democracia. También se derivan de ella distintas formas de democracia directa (en la cual la ejecución de las decisiones tomadas involucra a todos los afectados). Sin embargo, ni la democracia directa ni la democracia participativa pueden reemplazar a la democracia como procedimiento ni pueden reemplazar el carácter representativo de la misma. Y ello en virtud de la dificultad de hacerlas operativas en sociedades nacionales o transnacionales. Si todos y todas participaran directamente en todo estas sociedades se paralizarían. No obstante lo anterior, no se quiere decir aquí que la democracia sea ajena a la participación directa de los ciudadanos y ciudadanas. Al contrario, la democracia exige, a medida que se desarrolla y se arraiga en las sociedades, mayores niveles de participación social. Por eso cuando se habla de democracia no se dice “Democracia participativa”: la participación es una exigencia intrínseca de la democracia –al igual que lo son la deliberación, el debate, el disenso y la representación-. Todo ello está englobado en el termino democracia. Y es eso lo que trasluce en estas palabras de Alain Touraine, cuando escribe, en su libro ¿Qué es la democracia?, que “las reglas de procedimiento no son más que medios al servicio de fines nunca alcanzados, pero que deben dar su sentido a las actividades políticas: impedir la arbitrariedad y el secreto, responder a las demandas de la mayoría, garantizar la participación de la mayor cantidad posible de personas en la vida pública… No podemos contentarnos con una democracia de deliberación; necesitamos una democracia de liberación”5.. 3. Democratización Ningún país alcanza la democracia plena. A los que más se acercan al ideal democrático se les llama poliarquía, es decir, regímenes políticos que cumplen con los requisitos básicos de la democracia: a) cargos electivos para el control de las decisiones políticas; b) elecciones libres, periódicas e imparciales; c) sufragio inclusivo; 5.- A. Touraine, ¿Qué es la democracia? México, FCE, 2006, p. 19-20.
  11. 11. 9 Mis apuntes aquí: d) derecho a ocupar cargos públicos en el gobierno; e) libertad de expresión; f) existencia y protección por ley de variedad de fuentes de información; y g) derecho a constituir asociaciones u organizaciones autónomas, partidos políticos y grupos de intereses. Ahora bien, dicho lo anterior, hay que preguntarse cómo es que una sociedad llega a convertirse en una poliarquía cuando está lejos de serlo. Según los especialistas, se llega a este estadio mediante la democratización. Esta última constituye un proceso de transformación política, mediante el cual se crean ordenamientos democráticos en sociedades en donde éstos no habían echado raíces o donde habían sido abolidos por la fuerza. La democratización consiste, entonces, en el proceso de transición de un régimen no democrático a otro que sí lo es, ya sea por la vía de recuperar instituciones y prácticas democráticas que habían existido previamente o por la creación de algo nuevo. Tales ordenamientos democráticos no pueden ser construidos de una vez e inmediatamente; se trata de un proceso de largo aliento, en cuyo avance se debe pasar por distintas etapas. Para el caso de la democratización latinoamericana los especialistas establecieron como un primer paso en la democratización la transición democrática que, consiste en lo fundamental, según Guillermo O´Donnell, en un “intervalo que se extiende entre un régimen político y otro”, siendo delimitada por un lado por el inicio del proceso de disolución del viejo régimen –esto es, el régimen autoritario—, a través de la implantación de un ejercicio democrático básico: elecciones competitivas, el pluralismo partidario y separación de poderes, etc. (liberalización) como por el establecimiento, en este caso, de alguna forma de democracia. Una vez agotada la transición –obtenidas las garantías democráticas básicas y establecido su sostén institucional mínimo (afianzamiento del mecanismo electoral, pluralismo ideológico y político, libertad de expresión, asociación y reunión)— se estaría en condiciones de pasar a la siguiente etapa: la consolidación democrática, es decir, el ejercicio pleno de los derechos civiles y políticos de los ciudadanos, sostenido por un sólido tejido institucional y una cultura política anclada en valores democráticos.
  12. 12. 10 Mis apuntes aquí: Ciertamente, no se trata de un proceso lineal e inexorable, en tanto que las amenazas de “reversión autoritaria” siempre están presentes, incluso en la etapa de la consolidación. Como señala Rita Giacalone, siguiendo a Adam Przeworski, “aunque en la transición hacia la democracia se creen instituciones nuevas o se reactualicen otras existentes, dotadas de nuevo contenido, se trata, sin embargo, de una transacción contingente y no de un compromiso sustantivo (…). No existen garantías de que el proceso no pueda revertirse más adelante, aunque resulta obvio que cuando la nueva configuración institucional alcanza el nivel más alto –el de la constitución— la garantía para impedir que ciertos intereses entren a la palestra política, o para que los que controlaban este escenario previamente queden relegados, es mayor”6. En la misma línea, Giacalone trae a cuenta dos de las más significativas conclusiones a las que llegó en su momento Przeworski: “1) la caída de un régimen autoritario no garantiza que el que le siga sea más democrático y 2) la transición hacia la democracia puede hacerse a costa de mantener intactas las relaciones económicas existentes”7. La discusión anterior se inspiró en los procesos de democratización en los cuales no había una situación de enfrentamiento militar abierto, es decir, donde los regímenes autoritarios gozaban de un clima de relativa estabilidad. A Centroamérica llegó el desafío de la democratización en el marco de una aguda conflictividad militar. El desafío de la transición democrática se hizo presente con su exigencia de implantar los mecanismos básicos de la democracia para superar el legado autoritario, pero para que esos mecanismos fueran en verdad expresión de una democratización real había que terminar por la vía negociada con la conflictividad militar, la cual tenía una dimensión regional y otra local. Es decir, la pacificación se convirtió en una condición imprescindible para la democratización. En Centroamérica, la primera fase de la democratización –la transición— fue simultánea con la pacificación; más aún, dependió fuertemente de ella, al punto que sólo se pudo avanzar en ella cuando la paz fue conquistada. Dicho de otra 6.- Giacalone, R., “Transición política y constitución: una revisión de América Latina”. En Mariñez Navarro, F., Ciencia política: nuevos contextos, nuevos desafíos. México, Noriega, 2001, p. 121 7.- Ibid., p. 121
  13. 13. 11 Mis apuntes aquí: manera, en Centroamérica, la pacificación fue la condición esencial para la transición –que sólo se pudo completar cuando finalizaron los conflictos armados que se suscitaron desde finales de los años setenta y a lo largo de la década de los ochenta. 4. Valoración critica Hay que decir que la democracia no lo es todo en la vida de los seres humanos. Un poeta, el mexicano Octavio Paz, hace una importante crítica a la democracia que no hay que dejar de lado. Paz reflexiona sobre el fundamento de la democracia, sobre su razón de ser. Para él, ese fundamento es "la creencia en la capacidad de los ciudadanos para decidir, con libertad y responsabilidad, sobre los asuntos públicos"8. La libertad y la responsabilidad de los ciudadanos son el requisito básico no sólo para enriquecer la discusión de los asuntos públicos, sino también para que aquéllos ejerzan y defiendan sus derechos políticos fundamentales. Obviamente, cuando la libertad y la responsabilidad ciudadanas desfallecen, la democracia se ve fuertemente socavada. Precisamente, algo de eso vislumbra el poeta mexicano en las democracias modernas, en las cuales la política tiende a convertirse en una "rama de la industria del entretenimiento" y la libertad de expresión amenaza con convertirse en "un instrumento de domesticación intelectual, moral y política"9. En su opinión, la expresión más palpable de este desfallecimiento de la democracia moderna es la transformación del debate público en "una ceremonia y un espectáculo"10, así como la "masificación" de los ciudadanos, es decir, "el conformismo, la vulgaridad de sus pasiones, la uniformidad de sus gustos, ideas y convicciones"11. Según Paz, "la masificación (...) de los ciudadanos y la transformación del debate público en espectáculo son rasgos que degradan a las democracias modernas. Denunciar esos males es defender a la verdadera democracia"12. 8.- O. Paz Ibíd., p. 61 9.- Ibid., p. 62 10.- Ibíd 11.- Ibíd 12.- Ibíd
  14. 14. 12 Mis apuntes aquí: A. Giddens, La tercera vía…, pp. 90-120 A. Touraine.Producción de la sociedad....p 175 I. Cultura política democrática Cada vez cobra más fuerza la idea de que para que la democracia se consolide no basta con que los ciudadanos y las ciudadanas asistan regularmente a las urnas o que las instituciones funcionen como es debido, sino que se requiere un componente “subjetivo”, que tiene que ver con las creencias, los valores, las preferencias y los hábitos de los miembros de una sociedad. Este componente subjetivo es moldeado por la cultura en general, pero también de manera particular –cuando tiene que ver con valores, creencias y hábitos políticos— por la cultura política. Hay distintos tipos de cultura política (monárquica, fascista, nazista, totalitaria), pero la que es clave para la democracia es la cultura política democrática. En su libro La tercera vía13, Anthony Giddens sugiere diferentes requisitos que debería tener un sistema político para amparar una cultura política democrática. 1. Requisitos político-institucionales para una cultura política democrática a) Un proceso de descentralización del Estado, en el que se devuelva poder hacia abajo y se atribuya poder hacia arriba. Aquí es pertinente traer a cuenta la tesis de Alain Touraine acerca de doble papel del Estado, que por un lado unifica las sociedad de arriba hacia abajo, encuadrando la organización social en el sistema político; y, por otro, asegura el ascenso de los problemas y los conflictos de la organización social hacia el sistema político. "El Estado es el recurso, no el amo"14. b) Además, el Estado debería elevar su eficiencia administrativa para conservar o recobrar legitimidad, lo cual pasa necesariamente por el fortalecimiento del entramado institucional que lo sostiene. El gobierno podría establecer un contacto más directo con los ciudadanos, y éstos con el gobierno, mediante “los experimentos de democracia”:
  15. 15. 13 Mis apuntes aquí: democracia local directa, jurados ciudadanos, por ejemplo, los cuales no sustituirían a los mecanismos de voto normales en el poder local y central, pero se podrían convertir en un complemento perdurable de ellos. De lo que se trata es de combinar creativamente participación con representación, lo cual, por lo general, es siempre problemático. Según Dahl, se está ante un dilema democrático fundamental; él lo formula así: "cuando menor sea una unidad democrática, tanto mayor será el potencial de la participación ciudadana y tanto menor la necesidad de que los ciudadanos deleguen las decisiones políticas en representantes. Cuanto mayor sea la unidad, tanto mayor será la capacidad de éstos para lidiar con los problemas importantes de los ciudadanos y tanto mayor será la necesidad de que los ciudadanos deleguen decisiones a sus representantes"15. c) Otro de los requisitos es la promoción de la sociedad civil. Ésta y el Estado deberían actuar asociados, cada uno para ayudar, pero también para controlar, la acción del otro. Lo cual no significa que el Estado deba estar en todas partes, puesto que de ello se seguirían no sólo un crecimiento desproporcionado de la burocracia estatal —con los costos económicos que ello supone para la sociedad—, sino también el riesgo de que los burócratas quieran controlarlo todo, imponiendo la racionalidad que rige en el ámbito estatal en otras esferas de la vida humana regidas por una racionalidad distinta. En su momento, Jürgen Habermas llamó la atención sobre los peligros de lo que él percibió como un proceso de "colonización" del mundo de la vida por la "racionalidad instrumental" o "estratégica"16. d) Por último, y puesto que la familia es una institución básica de la sociedad, la democratización de la familia es un requisito clave para lograr una cultura política democrática. La familia se debería democratizar en formas que sugirieran la pauta de los procesos de democracia pública. La democracia en la esfera pública implica igualdad formal, derechos individuales, la discusión pública de cuestiones sin violencia y una autoridad más apoyada en la negociación que asentada en la tradición. Por su parte, la familia democratizada –en el horizonte de una 15.-R. Dahl, Democracia. Una guía para los ciudadanos. Madrid, Taurus, 1999, p. 128 16.-Ver J. Habermas, Conocimiento e interés. Madrid, Taurus, 1982; J. Habermas, Problemas de legitimación el capitalismo tardío. Buenos Aires, Amorrortu, 1991
  16. 16. 14 cultura política democrática- implicaría equidad, respeto mutuo, autonomía, toma de decisiones mediante la comunicación y ausencia de violencia. Democratizar la familia supone hacerse cargo de lo que Giddens llama su "cara oculta": los abusos sexuales de tipo incestuoso y la violencia doméstica17. El siguiente paso consiste en "hallar un equilibrio entre las libertades individuales que todos valoramos en nuestra vida individual y la necesidad de establecer relaciones estables y duraderas con otras personas"18. Así pues, teniendo como trasfondo los requisitos apuntados —que no agotan ni mucho menos lo que se requiere para construir un ordenamiento político democrático—, se puede decir que un régimen democrático no descansa en el poder irrevocable de un Jefe ni en el poder de un líder o una coalición civil-militar ni el poder absoluto de una institución. En cambio, un régimen democrático exige tanto la participación ciudadana como la discusión y la crítica públicas. Es decir, la democracia supone la presencia ciudadana en el espacio público19: el espacio donde se examinan, se valoran y critican los problemas socio- políticos y donde se proponen alternativas razonables de solución a los mismos, que sean aceptables para la mayoría, pero que tomen en consideración los intereses de la minoría. ¿Qué es lo que anima a los ciudadanos a participar en la discusión y solución de los asuntos públicos? ¿Qué es lo que permite que los ciudadanos acepten los mecanismos democráticos para la resolución de sus problemas? Como hemos apuntado al principio de este artículo, la respuesta a esta interrogante es doble: por un lado, la confianza en las instituciones; y, por otro, el rechazo a las soluciones de fuerza para resolver los problemas de la sociedad. Ambos aspectos, la confianza institucional y el rechazo de la fuerza, se nutren de un conjunto de valores, normas y prácticas sociales que son favorables a la democracia como forma de vida. En su conjunto, esos valores, normas y prácticas constituyen los ingredientes necesarios para construir una cultura política democrática. ¿Cuáles son sus rasgos básicos? 17.-A. Giddens, Sociología. Madrid, Alianza, 1999, p. 215 18.- Ibíd., p. 225 19.- Ver H. R. Solís Gadea, "Cultura política y expansión del espacio público en una época de transición". En C. Barba Solano et. al, Transiciones a la democracia… pp. 59-74. Mis apuntes aquí:
  17. 17. 15 2. Componentes básicos de una cultura política democrática a) Confianza en las instituciones, en el entendido de que en las mismas se limita la discrecionalidad individual y grupal, y que sus funciones son ejecutadas por quienes tienen la obligación de responder ante la sociedad por sus aciertos y errores. La contrapartida negativa de ello es la desconfianza institucional, origen de los más variados rechazos ciudadanos a los procedimientos democráticos. Ahora bien, las instituciones generan confianza en la medida que responden con eficacia y transparencia a las demandas ciudadanas. Allí donde faltan esa eficacia y transparencia no sólo es presumible detectar serias debilidades en el entramado institucional, sino también un malestar social bien arraigado, predispuesto a explotar públicamente. b) Valoración positiva de la crítica pública, lo cual descansa en la convicción de que los humanos propenden a equivocarse —sobre todos quienes ocupan cargos públicos—, siendo necesidades imperiosas la vigilancia permanentemente de su desempeño y el examen crítico de sus decisiones. En una sociedad democrática el individuo debe tener la mayor libertad posible de hablar, actuar y decidir. Esta libertad permite que una sociedad sea más inventiva, productiva, moral e interesante que otra en la que la conciencia, el discurso y la acción son ordenadas por una autoridad superior. Por otra parte, la libertad se basa en las limitaciones y las capacidades de las personas; parte del reconocimiento de que todos se pueden equivocar y que, por tanto, no hay nada en su discurso que pueda ser tomado como una verdad definitiva, es decir, indiscutible y no sujeto a revisión. Asimismo, ningún individuo o grupo puede considerarse (o ser considerado) como poseedor de la verdad, sabiduría o habilidad plenas para mandar y hacerse obedecer irrestrictamente. c) Disposición a participar en los asuntos públicos, bajo el supuesto de que la buena marcha de la sociedad es algo que compete a cada uno de los ciudadanos. Esto se sostiene en la idea de que últimamente el poder político reside en todos y cada uno de los ciudadanos —soberanía popular. Dicho de otro modo: los humanos no nacen sujetos a ninguna autoridad humana superior, sino que nacen con la capacidad y el poder Mis apuntes aquí:
  18. 18. 16 Mis apuntes aquí: para participar y ejercitar su autoridad final en las decisiones políticas. Obviamente, allí donde no se ha interiorizado esa convicción, las resistencias ciudadanas a participar en los asuntos públicos serán mayores, con lo cual la democracia, aunque haya cristalizado en su dimensión de ordenamiento político, verá sensiblemente disminuidos sus alcances como forma de vida. Como dice Jürgen Habermas, los espacios públicos liberales "hacen valer la autoridad de un público que toma postura ante las cuestiones que fuere… quienes actúan en el escenario deben su influencia al asentimiento de una galería acostumbrada a criticar y ejercitada en la crítica" 20. d) Respeto a las leyes, pues se reconoce que éstas son la mejor garantía contra la prepotencia y la arbitrariedad. Un ciudadano ideal en una democracia también ideal acepta el imperio de la ley no porque ésta exprese lo mejor de sus intereses y aspiraciones como individuo, sino porque, aun con sus limitaciones intrínsecas, es uno de los mejores instrumentos para normar las complejas relaciones humanas. Y una de las ventajas de la ley proviene justamente de que por su universalidad puede ser ampliamente compartida (y entendida) por todos. La ley es, pues, un rasero; una medida a la cual todos los ciudadanos, si quieren vivir en relativa paz y tranquilidad, deben sujetarse. Los ciudadanos deben saberla limitada, pero también perfectible, es decir, modificable por procedimientos también regidos por la ley. Deben saberla manipulable, por intereses económicos y políticos, y con fallas en su interpretación y aplicación. Sin embargo, deben tener la convicción de que es mejor la existencia de una mala ley a la ausencia de cualquier criterio normativo de la convivencia social, que pondría a cada uno a expensas del vecino. En fin, UN CIUDADANO EN UNA DEMOCRACIA, SI HA INTERIORIZADO LA IMPORTANCIA DE LA LEY, NO DEBERÍA PROCLAMAR QUE LA LEY ESTÁ HECHA PARA VIOLARSE, SINO TODO LO CONTRARIO, PUESTO QUE SABE DE LAS CONSECUENCIAS PRÁCTICAS QUE SE SEGUIRÍAN DEL IMPERIO DE TAL PREDISPOSICIÓN: ver violentados sus derechos 20.-J. Habermas, Más allá del Estado nacional.., pp. 155-156
  19. 19. 17 21.-Por lo demás, aun en el ordenamiento jurídico más perfecto, siempre habría alguien (o varios) que no sentiría plenamente representados sus intereses. La razón es simple: la ley iguala a desiguales no sólo en bienes materiales, sino en inteligencia, habilidades y talento. De modo que quienes piensan que la ley está hecha para violarse, siempre encontrarán alguna justificación para ello, por anodina que sea 22.-F. Savater, Sobre vivir. Barcelona, Ariel, 1994, p. 80 23.- F. Salmerón, "La filosofía y la tolerancia". En A. Sánchez Vázquez (Ed.), El mundo de la violencia…, p. 210 24.- F. Savater, Misterios gozosos. Madrid, Espasa Calpe, 1995, p. 31 permanentemente por quienes consideran que tal o cual ley en particular —o el conjunto del orden legal— no expresa sus intereses y aspiraciones 21 . De paso, aceptar el imperio de las leyes, así como su perfectibilidad, supone aceptar que no hay una democracia acabada, es decir, que la democracia también es mejorable, "que tiene mecanismos autocorrectivos —no todos ellos codificados legalmente— que pueden irla purificando de sus abusos"22. e) Rechazo de la violencia estatal y privada. Esta actitud no sólo favorece la resolución pacífica de los conflictos, sino que es una salvaguarda contra las pretensiones autocráticas de quienes llegan a controlar una parte del poder político. Se rechaza la violencia estatal porque no se quiere ser víctima de los abusos a los que puede conducir la misma, una vez que se haya desencadenado. Eso no quiere decir que no se reconozca al Estado como monopolizador de la fuerza ni que no se acepte que, bajo determinadas circunstancias, esa fuerza deba ser utilizada. Pero un ciudadano que ha asumido los valores democráticos no aplaude el uso de la fuerza por el Estado ni ve con buenos ojos el monopolio que de aquélla hace este último. Se rechaza la violencia privada porque nada es más peligroso para la convivencia social que el que haya individuos o grupos disponiendo de la vida y los bienes de otros a su libre voluntad. f) Tolerancia: "virtud pública [que] no forma parte de las reglas del juego político, sino de su trasfondo cultural… Distinta de las reglas del juego real de la política, la tolerancia puede considerarse como un principio que alimenta los ideales colectivos de la vida democrática, y, a su vez, crece en el ejercicio de las prácticas de este forma vida" 23. La tolerancia supone la aceptación de las ideas y preferencias —ideológicas, artísticas, religiosas, sexuales, etc. — de los otros, no como una concesión, sino como una aceptación de lo relativo de las propias opciones y valores. Fernando Savater, en su libro Misterios Gozosos, lo dice en forma radical: "la tolerancia es el reconocimiento del derecho a no creer: a no creer en la religión establecida, en la Mis apuntes aquí:
  20. 20. 18 Mis apuntes aquí: O en otra formulación: "vivir en una democracia moderna quiere decir convivir con costumbres y comportamientos que uno desaprueba" 25. Por su parte, la tolerancia democrática arranca del pluralismo social e ideológico, y en él debe ejercerse, puesto que, como señala Savater en otro de sus escritos, vivir en democracia “equivale a coexistir con lo que no nos gusta, con lo que consideramos erróneo o mezquino, con lo que nos repugna o no conseguimos entender… Lo característico de vivir en democracia es sentir impaciencia y desasosiego; encontrar en lo común un amparo genérico, pero poco consuelo gregario para las inquietudes privadas. De modo que la tentación de identificarse con algo simple y vigoroso, que expulse las incertidumbres y disidencias, es constante… En tal situación la tolerancia no es una edificante aspiración personal sino una actitud política que debe ser convenientemente instituida" 26. Para Fernando Salmerón, la tolerancia tiene su anclaje en una "disposición para la persuasión", que supone, "frente a las posibilidades de la coacción o de la mera aceptación pasiva de una situación que se piensa pasajera, un acto permanente de confianza en la razón para dirimir las controversias entre los hombres" 27. g) Espíritu de moderación que lleva a evitar —incluso a sentir pavor por— las posiciones extremas a nivel ideológico y político, lo cual no quiere decir que no se acepten tanto la diversidad y el conflicto como algo inevitable en la sociedad. El hecho de que los seres humanos sean únicos, individuales y libres, crea una multiplicidad y un desacuerdo de ideas e intereses, puesto que las personas tratan de traducir sus fines en políticas públicas y sus ambiciones en dominación. Pero eso no quiere decir que deban buscarse siempre las soluciones extremas o que esas soluciones sean las mejores. Sólo ese espíritu de moderación puede permitir la conciliación de las opiniones y opciones que se ventilan tanto en tanto en la esfera pública como en la privada; sólo ese espíritu de moderación puede ayudar a ese estilo de convivencia civilizada soñado por la democracia, en el cual la mayoría respeta a la minoría, que esta última acepte las decisiones de la primera, habida cuenta de que lo que está en juego son los derechos inalienables de los individuos. Dicho de otra forma, el espíritu de moderación supone una cierta templanza hedonista, 25.- F. Savater, Política para Amador. Barcelona, Ariel, 1991, p. 211 [subrayado del autor] 26.- F. Savater, Libre mente. Madrid, Espasa Calpe, 1995, pp. 28-29 [subrayado del autor] 27.- F. Salmerón, "La filosofía y la tolerancia". En A. Sánchez Vázquez (Ed.), El mundo de la violencia…, p. 202
  21. 21. 19 Mis apuntes aquí: alimentada de dos fuentes: "gustos sencillos y una mente compleja. Lo contrario de lo que vemos a nuestro alrededor, donde abundan las personas sumamente sofisticadas en cuanto a sus caprichos, que todo lo quieren más abundante, más duradero, más frío, más caliente o con más prestaciones electrónicas, y de una simplicidad casi reptiliana en lo tocante a sus ideas: bueno/malo, amigo/enemigo, blanco/negro… Se trastoca el lugar donde debe exigirse la robusta sensibilidad y el de la sensibilidad matizada" 28. h) Aceptación de la libertad como un bien irrenunciable, aun con sus riesgos e incertidumbres, por encima de cualquier despotismo, por más seguridades que ofrezca. La cultura política democrática es inconcebible sin la idea de que la gente puede regular sus vidas, compartir la gobernabilidad, discutir racionalmente, elegir sabiamente y disfrutar y mejorar la condición humana. No se trata de cualquier libertad sino de aquella que, por un lado, permite al individuo ser dueño de sí mismo ("libertad positiva") y, por otro, no permite que otros hombres impidan al individuo tomar sus propias decisiones ("libertad negativa"). Sobre la primera, Isaiah Berlin dice lo siguiente: "el sentido 'positivo' de la palabra 'libertad' se deriva del deseo por parte del individuo de ser su propio dueño… Quiero ser alguien, no nadie; quiero actuar, decidir, no que decidan por mí; dirigirme a mí mismo y no ser dirigido por la naturaleza o por otros hombres como si fuera una cosa, un animal o un esclavo incapaz de representar un papel humano; es decir, concebir fines y medios propios y ser capaz de realizarlos"29. Mientras que, para Berlin, libertad negativa "quiere decir para mí que otros no se interpongan en mi actividad. Cuanto más extenso sea el ámbito de esta ausencia de interposición, más amplia es mi libertad"30. i) Convencimiento de los ciudadanos de ser, como individuos, sujetos con derechos inalienables, es decir, de derechos que nadie —líder, partido o autoridad— puede violentar. Este convencimiento se nutre no sólo de una tradición de pensamiento político, que se remonta a autores como Benjamin Constant, Alexis de Tocqueville o John Stuart Mill y a la tradición liberal a la que pertenecen, sino del acervo cultural de la modernidad. Casi nadie se atreve a poner en cuestión dos Ver F. Savater, "Templanza". En F. Savater, Diccionario filosófico. Barcelona, Planeta, 1995, p. 391 I. Berlin, Cuatro ensayos sobre la libertad. Madrid, Alianza, 1996, p. 201 Ibíd., p. 193
  22. 22. 20 Mis apuntes aquí: de los mejores legados de la tradición liberal: "primero, que solamente los derechos y no el poder, pueden ser considerados como absolutos, de manera que todos los hombres, cualquiera que sea el poder que les gobierne, tienen el derecho absoluto de negarse a comportarse de una manera que no es humana, y segundo, que hay fronteras, no trazadas artificialmente, dentro de las cuales los hombres deben ser inviolables". En la medida que los ciudadanos caen en la cuenta de la existencia de esas fronteras y están dispuestos a defenderlas ante las embestidas del poder, en esa medida la cultura política democrática logra que uno de sus pilares fundamentales eche raíces. Como dice Pedro Schwartz en sus nuevos ensayos liberales, "una sociedad liberal debe organizarse de tal manera que la intimidad de los individuos, sus personales derechos de propiedad y los contratos que voluntariamente suscriban con otros no puedan ser invadidos o anulados por la violencia"31. j) Decisión por elección. En el marco de una cultura política democrática, debe aceptarse que las últimas decisiones para resolver conflictos políticos, se den por medio de elecciones. Si el poder político reside en última instancia en cada persona, igualmente libre que otra, entonces debe aceptarse que la decisión preferida por el mayor número posible de ciudadanos sea implementada. Ello no obsta para que no se reconozcan ciertos límites de lo que la mayoría puede hacer. No puede oprimir a la minoría, no puede expropiar sus propiedades, reducir su ciudadanía o impedirle que pueda convertirse, a su vez, en mayoría. Está claro que hay derechos de la minoría que no sólo deben ser escuchados, sino también ser garantizados institucionalmente. Dicho de otro modo: la mayoría tiene la obligación de respetar y asegurar los derechos de la minoría, pero la minoría tiene la obligación de respetar el derecho de la mayoría a gobernar. k) Desconfianza ante cualquier propuesta redentora social o política, pues se tiene la certeza de que los salvadores —líderes individuales o partidos—, amparados en su cruzada redentora, pueden terminar por someter a su voluntad los derechos fundamentales de los ciudadanos. Esa desconfianza, más que de formulaciones teóricas, se alimenta de experiencias socio- políticas concretas: movimientos 31.- P. Schwartz, Nuevos ensayos liberales. Madrid, Espasa Calpe, 1998, pp. 18-19
  23. 23. 21 insurgentes de izquierda, dictaduras militares de derecha, regímenes totalitarios…. Todas esas experiencias socio-políticas fueron legitimadas por propuestas de salvación histórica. Todas ellas se tradujeron en muerte y destrucción: campos de concentración, deportaciones masivas, cámaras de gas, purgas, ajusticiamientos. Ninguna trajo la salvación prometida. Así pues, hay motivos más que suficientes para esa desconfianza, la cual es más que saludable: es imprescindible para no depositar en manos de nadie el destino de cada uno, en cuya forja todos debemos participar. En resumen, la cultura política democrática se nutre de, al menos, los siguientes elementos: confianza en las instituciones, valoración positiva de la crítica pública, disposición a participar, rechazo de la violencia estatal y privada, tolerancia, un espíritu de moderación, aceptación de la libertad, convencimiento de los ciudadanos de ser, como individuos, sujetos con derechos inalienables, decisión por elección y desconfianza ante cualquier propuesta redentora social o política. En palabras de Robert Dahl, "las perspectivas de una democracia estable en un país se ven potenciadas si sus ciudadanos y sus líderes defienden con fuerza las ideas, valores y prácticas democráticas. El apoyo más fiable se produce cuando esos valores y predisposiciones están arraigados en la cultura de un país y se transmiten, en gran parte, de una generación otra. En otras palabras, si el país posee una cultura política democrática"32. Lo cual quiere decir que es difícil que haya una democracia sin demócratas: ciudadanos educados en la palabra pública y en la conciencia de su valor. 32.- Dahl, La democracia. Una guía para los ciudadanos. Madrid, Taurus, 1999, p. 178 Mis apuntes aquí:
  24. 24. 22 I. Estado democrático de derecho Ya hemos discutido el tema de la democracia. Ahora abordaremos el tema: Estado democrático de derecho. Y para ello hay que preguntarse ¿qué se entiende por Estado y por derecho? Esto será desarrollado a continuación, para luego tocar el asunto de la relación entre Estado, democracia y derecho. 1. Estado de derecho En una aproximación muy general, por Estado se puede entender al sistema de instituciones desde las que se organiza, dirige y controla a una sociedad determinada. En esta perspectiva, Estado no es igual a gobierno, en tanto que este último sería la concreción de una forma específica de administrar las instituciones estatales. Por su parte, el derecho hace referencia a un sistema de normas jurídicas que regula las relaciones entre los individuos en cuanto a sus deberes (obligaciones) y privilegios: es decir, regula las relaciones jurídicas entre individuos sujetos de derecho. ¿De dónde deriva el deber?, se pregunta Norberto Bobbio, y responde: "no puede derivar sino de una norma, que ordena o prohíbe. En esencia, el derecho no es sino el reflejo subjetivo de una norma imperativa (positiva o negativa). La relación jurídica, como relación de derecho- deber, presupone siempre dos reglas de conducta de las cuales la primera atribuye un poder y la segunda un deber"33. Asimismo, ambos términos —Estado y derecho— se vinculan estrechamente en lo que se conoce como "Estado de derecho". ¿Cómo es que se articulan ambos aspectos en el Estado de derecho? Dicho de otro modo, ¿qué, pues, es el Estado de derecho? Las modernas concepciones del Estado de derecho —a la manera de los planteamientos de autores como Noberto Bobbio, Nicola Matteucci y Gianfranco Pasquino— consideran N. Bobbio, Teoría general del derecho. Madrid, Debate, 1991, p. 30. Mis apuntes aquí:
  25. 25. 23 Mis apuntes aquí: que el Estado sólo puede ser de derecho cuando está fundado en un ordenamiento jurídico que garantiza un ejercicio del poder que atiende a principios de carácter universal, sin consideraciones ni concesiones particulares de ninguna naturaleza. Asimismo, en un Estado de derecho, la universalidad de las leyes —en su concepción y aplicación— corre pareja con una separación de poderes garantizada por la ley y concretada en una institucionalidad determinada en la que aquélla toma cuerpo. Los autores citados, en su Diccionario de política34., sistematizan de este modo la estructura del Estado de derecho: “1) Estructura formal del sistema jurídico, o sea garantía de las libertades fundamentales a través de la ley general abstracta aplicada por jueces independientes. 2) Estructura material del sistema jurídico: libertad de competencia en el mercado, reconocida en el intercambio entre sujetos propietarios. 3) Estructura social del sistema jurídico: la cuestión social y las políticas reformistas de integración de la clase trabajadora. 4) Estructura política del sistema jurídico: separación y distribución del poder" 35.. Un Estado de derecho —articulado a partir de un sistema de normas jurídicas en las que establecen los derechos y obligaciones de los ciudadanos y donde se sanciona la separación de poderes— está concebido para evitar la arbitrariedad, la discrecionalidad y el abuso del poder, antes que nadie por el mismo Estado. En palabras de Spinoza: "si el Estado no estuviese sujeto a alguna de las leyes o reglas gracias a las cuales es lo que es, no sería realidad natural, sino una quimera"36. O, como dice Norberto Bobbio, "en cuanto los gobernadores abusan menos de su poder gobiernan dentro de los límites de la razón y así pueden contar con el consenso de sus súbditos" 37. 34.-N. Bobbio, N. Matteucci y G. Pasquino, Diccionario de política. México, Siglo XXI, 1998. 35.- N. Bobbio, N. Matteucci y G. Pasquino, Diccionario de política. México, Siglo XXI, 1998. 36.- B. Spinoza, Tractatus politicus, cap. IV, p. 206. 37.- N. Bobbio, M. Bovero, Sociedad y Estado en la filosofía moderna. México, FCE, 1986, p. 98.
  26. 26. 24 Mis apuntes aquí: Así pues, un Estado de derecho es un Estado que hace leyes y se rige por leyes; ante el Estado, los individuos no son más que sujetos de derecho, es decir, sujetos iguales ante la ley, con los mismos privilegios y obligaciones jurídicas. Su principal fuente de legimitimidad estriba en que, fundado en el derecho natural —en la lex naturalis—, se ha dotado de un cuerpo jurídico positivo, en el que se superan las limitaciones del primero y se responde a las variadas circunstancias humanas y sociales. Su principal opuesto es el Estado de facto, es decir, el Estado fundado en la fuerza, la arbitrariedad y el abuso del poder, que en cuanto tal se acerca más a la situación de violencia y de guerra de todos contra todos en que vivió el hombre antes del contrato social que a la civilización en la que debe imponerse la razón, cuya mejor expresión —en la tradición del derecho natural— es la ley. 2. El Estado democrático de derecho: su fundamento en los derechos humanos ¿Cómo se avanza hacia un Estado democrático de derecho? ¿Qué papel deben jugar en el mismo los derechos humanos? Primero hay que recordar lo que ya se dijo sobre la democracia: es una forma de gobierno —un régimen político— que se caracteriza por la separación de poderes, el pluralismo ideológico y político, la competencia electoral y la participación ciudadana en los asuntos públicos. Obviamente, no todos los países que inscriben en el marco de democracia cumplen a cabalidad con los requisitos señalados; más aún, hay autores que sostienen que esos requisitos son algo ideal y que las sociedades concretas sólo pueden aproximarse a ese ideal: son las llamadas poliarquías, es decir, las democracias representativas modernas con sufragio universal 38. Como quiera que sea, la democracia puede ser vista como un conjunto de procedimientos cuyo objetivo es evitar la concentración abusiva del poder en una o pocas manos, el despotismo y la arbitrariedad en la toma de decisiones políticas. La democracia, en este sentido, es coherente con un Estado de derecho, es decir, con un Estado que no sólo está regulado por la ley, sino que es un defensor irrestricto de la Cfr. R. Dahl, La democracia. Una guía para los ciudadanos. Madrid, Taurus, 1999, pp. 99 y ss.
  27. 27. 25 misma. La formulación más estricta de la unidad de ambos aspectos es, precisamente, "Estado democrático de derecho". ¿Van siempre unidos la democracia y el Estado de derecho? No necesariamente. Por ejemplo, en la ex URSS había una especie de Estado de derecho, pero con una ausencia casi total de democracia en el sentido que se ha definido antes. Es decir, puede haber Estado de derecho sin democracia. Lo contrario es más difícil en la práctica: las democracias modernas más consolidadas están sostenidas por unos sólidos Estados de derecho sin los cuales serían sumamente endebles. En otras palabras, aunque Estado de derecho y democracia no son lo mismo, la complementariedad y fortalecimiento recíproco entre ambos no deja lugar a dudas. Ahora bien, ¿qué se puede decir de los derechos humanos en el marco de lo que se ha discutido hasta ahora? Antes que nada, que la democracia como conjunto de procedimientos regulados por la ley para evitar el despotismo y el abuso del poder deja de lado aspectos cruciales de la vida humana que están más allá del campo específicamente político: la dignidad propia y ajena, las limitaciones económicas, la supervivencia material, las limitaciones para acceder a lo mínimo para llevar una vida decente y decorosa.... Es decir, deja de lado ese ámbito de la realidad social que se identifica como el ámbito de los "derechos humanos". No es fácil dar una definición de derechos humanos, pero no cabe duda que el término se refiere al conjunto de atribuciones —materiales, sociales, culturales, económicas y políticas— de las que los hombres deben gozar en razón de su humanidad. Los derechos humanos apuntan a lo que se le debe al hombre por su humanidad: eso que se le debe al hombre por humano es su "derecho humano": el derecho a la vida, a la seguridad, al bienestar, al respeto y a la dignidad. Hasta hace muy poco, se consideraba que esos derechos humanos eran algo extrínseco a la democracia, esto es, que ésta tenía poco que ver con la marginación económica, la dignidad y la integridad de los ciudadanos. Poco a poco, se ha ido aceptando que la democracia no se sostiene ni mucho menos se legitima ahí donde los derechos humanos no son garantizados positivamente o, peor aun, donde son violentados por ordenamientos socio-económicos excluyentes e injustos. Dicho de otra forma, lentamente se ha caído en la cuenta de Mis apuntes aquí:
  28. 28. 26 que no basta con garantizar los derechos civiles y políticos —algo que hasta hace poco le bastó a la democracia—, puesto que hay otros derechos —por ejemplo los derechos económicos y sociales— que también deben serlo, si lo que se pretende es edificar sociedades estables, prósperas y justas. De algún modo, Robert Dahl se hace cargo de esta problemática cuando señala que si bien es cierto que "la relación entre la democracia moderna y las economías de mercado tiene ventajas para ambas, no podemos ignorar un coste importante que la economía de mercado impone a la democracia. Al crear desigualdades, la economía de mercado puede disminuir también las posibilidades de alcanzar una igualdad política plena entre los ciudadanos de un país democrático" Cfr. R. Dahl, La democracia. Una guía para los ciudadanos. Madrid, Taurus, 1999, pp. 99 y ss.. El reto, entonces, es articular democracia y derechos humanos, de forma tal que surja una forma de gobierno que no sólo se cuide del despotismo y de los abusos de poder, sino del bienestar y de la dignidad de sus ciudadanos, considerando ese bienestar y esa dignidad como derechos inalienables suyos. Hasta el día de hoy, unas pocas sociedades han ensayado ese camino; las más —sociedades tercermundistas en su mayoría—, siguen insertas en un esquema que separa a la democracia de los derechos humanos, es decir, en un esquema en el cual la primera es un asunto de los políticos (y de los ciudadanos como electores) y los segundos un asunto del mercado (que hará valer los derechos de aquellos que tengan algo que vender o algo que comprar). Cfr. R. Dahl, La democracia. Una guía para los ciudadanos. Madrid, Taurus, 1999, pp. 99 y ss. Mis apuntes aquí:
  29. 29. 27 IV. Gobernabilidad democrática y sociedad civil Finalizamos este documento abordando –a modo de conclusión—dos temas centrales en la discusión sobre la democracia: el de la gobernabilidad democrática y el de los desafíos de la sociedad civil en un proceso de democratización. Nuestro marco de referencia es, indudablemente, El Salvador. El tema de la "gobernalidad" no es tan nuevo como parecieran creer quienes desde los años noventa han insistido una y otra vez en una inminente "crisis de gobernabilidad" en América Latina. Como recuerdan Diego Achard y Manuel Flores, el problema de la gobernabilidad surgió, en la década de los años setenta, como un problema de "sobrecarga" de demandas que afectaba a Estados Unidos, Europa y Japón. "Sea porque no se atiende el cúmulo de demandas o porque se atienden artificialmente en un principio hasta que lo permiten la falta de competitividad, el endeudamiento y la inflación—, lo cierto es que la limitación estatal para resolver el problema determina una pérdida de confianza pública en la capacidad del Estado; una eventual y consecuente crisis de legitimidad del mismo, que en situaciones extremas se sostenía que podía derivar en una crisis de democracia (en 1975) y, desde ya, en una crisis política manifestada en el desencanto, la apatía y la malaise --el Estado de malestar-- ciudadanas respecto de los actores políticos y el propio Estado. El argumento anterior no sugiere… que la democracia genere en sí misma la ingobernabilidad, sino simplemente que ella estimula demandas por encima del nivel que puede absorber el tamaño del excedente económico y que, en consecuencia, la propia democracia debe producir mecanismos de gobernabilidad para manejar el problema".40 Así pues, el problema de la gobernabilidad tiene que ver, en sus orígenes, con la capacidad de los Estados europeos, de Estados Unidos y Japón gestionar unas demandas sociales estimuladas por la democracia y que excedían las posibilidades económicas 40.- Achard, D., Flores, M., Gobernabilidad: un reportaje de América Latina. México, FCE, 1997, p. 29. Mis apuntes aquí:
  30. 30. 28 Mis apuntes aquí: de esas sociedades. Cuando no se pueden gestionar esas demandas se desemboca en la ingobernabilidad. En los años setenta y ochenta, la discusión gobernabilidad- ingobernabilidad se hace presente en América Latina. Obviamente, se trataba de un contexto social, económico y político distinto al que había visto nacer aquel debate. "Al trasladarse al espacio latinoamericano sostienen Achard y Flores, el problema es bien diferente, y ya no se puede hablar de una crisis de la democracia por exceso de la misma, sino que debemos situarnos en un proceso de construcción democrática. No se trata de una sobredemanda que ponga en peligro la democracia, sino de una subdemanda que apuesta a la democracia para poder crecer, lo que hace mucho más dramáticos los pendientes por satisfacer"41. Las transiciones a la democracia, a finales de los años ochenta, y después las consolidaciones democráticas, a lo largo de los años noventa, hicieron que el tema de la gobernabilidad- ingobernabilidad pasara al primer plano de la discusión socio- política. De este modo, en la América Latina de los años noventa "el problema de pronosticar la ingobernabilidad las catástrofes por venir se transformó, en cierto modo, en el problema de explicar y domeñar la gobernabilidad"42. En Salvador también se ha hecho presente el debate en torno a la gobernabilidad y la ingobernabilidad. Incluso en la actualidad, cuando son tan graves los problemas sociales y económicos en el país, diversos analistas se preguntan insistentemente si no se estará arribando a una situación de ingobernabilidad. Haciendo eco de esa preocupación, a continuación se proponen once tesis acerca de la gobernabilidad en El Salvador, con la finalidad de dar pistas para la comprensión del proceso político salvadoreño en la actualidad. 41.- Ibíd., p. 30. 42.- Ibíd., p. 31.
  31. 31. 29 TESIS MIS APUNTES En el tema de la gobernabilidad, lo que se juega es la capacidad del sistema institucional de una sociedad para procesar las demandas de los ciudadanos, de modo que éstas se expresen y canalicen al interior del sistema de instituciones vigente, y no al margen del mismo. Una sociedad es gobernable cuando las demandas sociales —en toda la diversidad que las caracteriza— encuentran cauce en las instituciones vigentes. Es decir, cuando éstas hacen eco de aquellas demandas, las asimilan y les dan una respuesta oportuna. La gobernabilidad democrática se sostiene en tres ejes: las instituciones del Estado, el sistema político y la sociedad civil organizada. En esta tríada de instancias, el sistema político tiene como una de sus principales funciones el ser intermediario entre las demandas sociales y las instancias estatales encargadas de darles respuesta. Cuando el sistema político falla en su función de intermediación y las instituciones del Estado se muestran incapaces de atender las demandas de la sociedad, esta última busca cauces ajenos a la institucionalidad vigente para hallarles respuesta. Cuando la sociedad se sitúa al borde de la legalidad para expresar sus demandas, se está a las puertas de la ingobernabilidad. Sociológicamente, una situación de ingobernabilidad se genera cuando la sociedad desborda, con sus demandas, la capacidad estatal para atenderlas y darles respuesta. Los síntomas de que una situación de esta naturaleza se ha generado son, por un lado, las movilizaciones sociales violentas, la anarquía y el desorden social; por otro, la paralización gubernamental, la improvisación y las medidas de hecho. En una situación de ingobernabilidad se genera una pérdida de confianza pública en la capacidad del Estado para resolver los problemas sociales, así como una crisis de legitimidad del mismo, en tanto que deja de cumplir sus tareas fundamentales de cara a mantener el orden social y garantizar la seguridad y bienestar ciudadanos. 1 2 3 4 5 6
  32. 32. 30 TESIS MIS APUNTES 7 8 9 10 El Salvador vivió una intensa crisis de gobernabilidad a lo largo de la década de los años setenta, la cual se volvió más dramática a finales de esa década. En aquellos años, la violencia, el caos y el desorden marcaron el carácter de la vida política social y económica. Después de la firma de los Acuerdos de Paz, en 1992, se logró una importante estabilidad política. Sin embargo, la amenaza de una situación de ingobernabilidad ha estado presente desde el fin de la guerra civil. La amenaza de la ingobernabilidad tiene que ver, por un lado, con la indiscutible fragilidad institucional que impide al Estado responder a demandas sociales urgentes, en materia de seguridad social, empleo, salud, vivienda y educación. Por otro lado, con la creciente desconfianza ciudadana en el desempeño político y con la apuesta de muchos salvadoreños por mecanismos extra legales y extra institucionales para resolver sus necesidades más urgentes. Decir que El Salvador vive en la actualidad una amenaza de gobernabilidad es algo sobre lo que se tiene que debatir más a fondo. Sin embargo, ello no obsta para reconocer que los temores de una situación de ingobernabilidad son reales y que no asumir esos temores con toda seriedad puede impedir tomar las decisiones pertinentes para evitar una situación de crisis de gobernabilidad. Hoy por hoy, un país puede ser gobernable de una forma democrática o de una forma autoritaria. En El Salvador debe trabajarse por una gobernabilidad democrática, es decir, por una gobernabilidad en la que el sistema político sea un intermediario efectivo entre el Estado y la sociedad, y en la que tengan una plena vigencia la separación de poderes y el respeto irrestricto a las leyes, a la dignidad humana y a la justicia. 11 En definitiva, en El Salvador, como en el resto de países latinoamericanos, el problema de la gobernabilidad se inserta en un contexto más amplio, caracterizado por la exclusión social, la pobreza y el deterioro de las condiciones de vida de la mayor parte de la población. No es fácil gobernar democráticamente unas sociedades en las que las mayorías están fuera de los circuitos de producción y consumo; tampoco es fácil crear unas instituciones sólidas ahí donde las urgencias de la sociedad están orientadas hacia la sobrevivencia.
  33. 33. 31 Mis apuntes aquí: Sobran quienes sostienen que, mientras persistan la pobreza y la marginalidad, las sociedades latinoamericanas ni van a ser gobernables democráticamente ni van a poder contar con entramados institucionales firmes. Es posible que quienes opinan de esta forma estén en lo cierto. Pero, de todos modos, no es del todo descabellado pensar que unas instituciones débiles y unos gobiernos autoritarios, lejos de aligerar la carga de la pobreza y la exclusión, la hacen más pesada para las víctimas de siempre. De lo que se trata, entonces, es de construir una sociedad más justa y equitativa, pero también una sociedad en la que no tengan cabida los abusos de poder y la exclusión política. Una lucha es complemento de la otra. La conquista de una gobernabilidad democrática es sólo el primer paso en la ardua tarea por construir una sociedad más justa y solidaria, en la que las lacerantes desigualdades socioeconómicas prevalecientes en la actualidad sean superadas. Ya es tiempo que en El Salvador los responsables de tomar las decisiones políticas más relevantes entiendan que, como señala el sociólogo boliviano Fernando Calderón, “si no hay capacidad política para procesar conflictos, no hay gobernabilidad democrática. Si no hay capacidad de gerencia política, no hay gobernabilidad probable. Si no hay democracia, si no hay manejo de medios, si no hay inteligencia, eficacia, si no hay estructura de alianzas, no hay gobernabilidad”. Por supuesto que para asegurar una gobernabilidad democrática se requiere la participación de los ciudadanos y ciudadanas. O dicho de otro modo, ¿cuáles son los desafíos de la sociedad civil salvadoreña de cara al fortalecimiento de la gobernabilidad democrática? Pues bien, la capacidad que pueda tener la sociedad civil en El Salvador para sumarse a la gobernabilidad democrática depende, indudablemente, de su fortaleza organizativa, pero también depende del modo como se haya determinado y asumido la propia identidad. Y en esto parece que falta mucho camino por recorrer, sobre todo porque muchos de los nexos establecidos entre las dirigencias políticas y las dirigencias de las organizaciones de la sociedad civil son más duros de lo que, a primera vista, pudiera parecer.
  34. 34. 32 En el fortalecimiento de la sociedad civil –y en el protagonismo que esta pueda o no tener— ha jugado siempre un papel importante la clase media del país. La clase media ha sido uno de los sectores desde el que se han articulado proyectos políticos y sociales importantes para la configuración sociopolítica de El Salvador. Ahora bien, este sector es uno de los que, en estos momentos, parece relegado a esferas privadas de socialización sin tener una presencia fuerte en los distintos movimientos sociales. Al contrario, la tendencia es que la clase media –una de las más afectadas por la situación económica actual busca otros espacios para satisfacer sus necesidades. Esos otros espacios pueden ser desde la búsqueda de otros horizontes saliendo del país43 hasta el retiro de la esfera pública abandonando proyectos colectivos para realizar proyectos individuales desde el ámbito privado. Así, la sociedad civil salvadoreña, en los últimos 20 años, se ha conformado por procesos inacabados de democracia. A nivel teórico, la vigencia de un orden democrático supone la subordinación de la sociedad política a la civil. La coyuntura de transición que vive actualmente el país es propicia para que la sociedad civil vaya ganando los espacios y el protagonismo que en el futuro le permitan ser el eje fundamental del orden democrático en El Salvador. Este proceso exige que cada actor social y político vaya a lo suyo, sin pretender manipular ni subordinar o ser manipulado y subordinado por otro. Aquí cabe señalar la enorme responsabilidad a los actores de izquierda, cuya pretensión de hacerse siempre de aliados orgánicos y subordinados sin importar la desnaturalización de las funciones de los mismos tiene que ser superada de una vez por todas. A partir de lo dicho, se presentan diez recomendaciones para posibilitar un proyecto plausible de sociedad civil, necesaria para dar forma a la consolidación democrática que a nivel de discurso se ha buscado pero no ha sido posible concretar: Un hecho significativo al respecto fue la situación de los salvadoreños que viajaron a Suecia con supuestas promesas de residencia. Este tema ha sido reflexionado en González, L.A. "Clase media y cambio social". ECA, No. 639-640, enero-febrero de 2002, p. 114-118. Mis apuntes aquí:
  35. 35. 33 MIS APUNTESRECOMENDACIONES En primer lugar se propone elevar sus niveles de organización, de modo que los diversos grupos sociales puedan expresar sus demandas y necesidades. No sólo la organización. En segundo lugar se debería procurar elevar sus niveles de participación, de modo que la defensa de los derechos de los diversos grupos sociales sea algo activa y no pasiva. Un tercer elemento sería fortalecer sus liderazgos, de forma que aquellos más capaces, comprometidos y honestos asuman las tareas de dirección de las organizaciones. Como cuarto elemento se debería diseñar mecanismos de renovación de los liderazgos, de forma que los viejos líderes no se enquisten en sus cargos. Un quinto elemento es el establecimiento de mecanismos de capacitación permanente de líderes y miembros de base, con el objetivo de no desfasarse y de estar al día con los nuevos conocimientos que van surgiendo. Como sexto elemento se propone establecer vínculos (puentes) entre las diversas organizaciones de la sociedad civil,de modo que se puedan realizar tareas conjuntas. Una séptima recomendación sería la defensa de su autonomía, es decir, no subordinar a las organizaciones de la sociedad civil a proyectos políticos o ideológicos, pues ello iría en contra de su naturaleza. Un octavo elemento sería fomentar al interior de cada organización la tolerancia y el respeto entre sus miembros. Como noveno elemento se plantea el rechazar de la corrupción y los malos manejos de los recursos y bienes de la organización. Como décima y última recomendación se propone asumir como bandera la profundización de la democracia,para lo cual es necesaria la organización y participación de la sociedad civil.
  36. 36. 34 Glosario Por orden de aparición, algunas se han descrito según el diccionario, otras de acuerdo al contexto en que el autor ha dado uso de la palabra. Sistema político por el que se rige una nación No usado, desacostumbrado Abuso de superioridad, poder o fuerza en el trato con las demás personas Espacio en el que todo es visto por todos/as Espacio en el que todo es visto por uno/a solo/a, por la familia. Que es particular. Derechos que se tienen y que se complementan con otros En este caso quiere decir que garantiza se prioricen los criterios, que valgan Poder de las oligarquías No ajustarse al sentir o parecer de alguien. No estar de acuerdo Gobierno de muchos En este caso se refiere al desaparecimiento o que se empieza a deshacer el antiguo régimen Establecer y poner en ejecución nuevas doctrinas, instituciones, prácticas o costumbres Que no se puede evitar Que puede suceder o no Importante, fundamental, esencial Que desgastan, que rebajan Que se apega al fascismo, una doctrina irracional, con racismo extremo, antihumanista y totalitarista Las principales características del régimen nazi fueron: - Régimen totalitario: Se suprimieron derechos y libertades individuales. Se pusieron a merced del las empresas y los sindicatos obreros. Todas las actividades de los ciudadanos eran vigiladas y coordinadas por la policía, al tiempo que toda oposición era oprimida. - Militarización del país: En Alemania esto se vivió con gran regocijo por parte de una gran mayoría de la población, dado que los hombres mas viejos habían participado en la Primera Guerra Mundial y a los mas jóvenes se les había inculcado un profundo sentimiento de venganza y revanchismo hacia quienes los habían humillado luego de perder la guerra. - Racismo: Se sostenía que la raza aria o indoeuropea era la única raza superior por proceder de antiguos griegos, romanos y germanos y que era de total urgencia limpiarla de toda sangre no aria, en especial de la de los judíos. - Imperialismo: Los nazis ordenaron armar a la población, establecieron el servicio militar obligatorio, anexaron al territorio alemán toda la cuenca del Ruhr (que había sido cedida al control de Francia) y los territorios nacionales de Austria y Checoslovaquia. Cuando Alemania continuó con su plan de anexiones al invadir Polonia, se desató la Segunda Guerra Mundial, el primero de septiembre de 1939 Palabra Régimen Inusitada Despotismo Esfera pública Esfera privada Derechos concomitantes Prevalencia Oligocracias Disenso Poliarquías Disolución Implantación Inexorable Contingente Sustantivo Degradar Fascista Nazista Significado e interpretación
  37. 37. 35 Palabra Significado e interpretación Que se apega al totalitarismo que es un régimen político en el que se ejerce fuerte intervención en todos los órdenes de la vida nacional, concentrando la totalidad de los poderes estatales en manos de un grupo o partido que no permite la actuación de otros partidos. En este caso se refiere a respaldo ciudadano Problema que puede resolverse mediante dos soluciones Influencia excesiva de los funcionarios en los asuntos públicos. Capacidad humana que permite pensar, evaluar y actuar de acuerdo a ciertos principios de optimidad y , para satisfacer algún objetivo o finalidad. Usando la , el ser humano intenta elegir para conseguir los mayores beneficios, de forma "", desde las variadas limitaciones del , y las limitaciones de acción sobre el entorno Visión amplia, de futuro, de largo plazo. Aquello que está o parece estar más allá del fondo visible de una cosa o detrás de la apariencia o intención de una acción humana Que toma decisiones bajo procedimientos que no siempre están reglamentados porque su autoridad así lo permite Que se presume, que se espera Convencimiento, algo en lo que se cree profundamente Se inclinan por naturaleza, por afición o por otro motivo, hacia algo en particular. Incorporar a la propia manera de ser, de pensar y de sentir, ideas o acciones ajenas. Llevar al interior de uno. Aceptación de algo En este caso se refiere a propias, parte de su esencia Herramienta que sirve para rasar medidas, medir con rigurosa igualdad Disponer el ánimo hacia algo a hacia una persona de forma anticipada Que aplica la autocracia, es decir, que aplica un sistema de gobierno en el cual la voluntad de una sola persona es la suprema ley Que acapara algo de forma exclusiva. Falta de sosiego, de tranquilidad. Común, general a todos En el texto significaría el consuelo de un grupo de personas que se asocian y trabajan juntos por un objetivo común Fuerza o violencia que se hace a alguien para obligarlo a que diga o ejecute algo Definir, llegar a acuerdos entre opiniones contrapuestas entre personas o grupos Temor mayor, espanto Ponerse de acuerdo entre varios, entre personas que tienen diferentes opiniones Totalitaria Legitimidad Dilema Burocracia Racionalidad Estratégica Trasfondo Discrecionalidad Presumible Convicción Propenden Interiorizar Asentimiento Intrínseca Rasero Predisposición Autocrática Monopolizador Desasosiego Genérico Gregario Coacción "Dirimir las controversias" Pavor Conciliación
  38. 38. 36 Palabra Palabra Que no se puede trasladar o transmitir a alguien Se refiere a una moderación que provee de placer como si ese fuera el fin último de la vida, como una moderación exagerada En este caso hace referencia a muy cercana al suelo, muy bajo Perturbar, afectar en lo profundo Que no se puede comprender o aceptar de ninguna forma Que se interpone, en este caso se refiere a lo que se ubica entre lo que se desea y la persona que lo desea. Conjunto de bienes morales o culturales acumulados por tradición o herencia En este caso quiere decir "si el poder político está establecido en cada persona" Impedir, oponerse, contradecir Sublevado, levantado Concretar, realizar Que impera, exigente Algo que puede presentarse como posible o verdadero pero no lo es Ilimitado Débil, flojo, que tiene poca resistencia Externo Dentro, introducido Que amenaza o está por suceder pronto Sobrante Opinión que se fundamenta en razonamientos de alguien sobre algo, Quiere decir: tomando en cuenta la estructura y el funcionamiento de la sociedad Ausencia del poder público, desorden En este caso se refiere a redes institucionales, conjunto de instituciones que se cruzan entre sí. Que produce intenso sufrimiento En el texto hace referencia a que los líderes no se apeguen a su cargo, a que no crean que deben estar siempre en él. Inalienable Templanza hedonista Reptiliana Trastocar Inconcebible Interposición Acervo Reside Obsta Insurgente Concreción Imperativa Quimera Irrestricto Endeble Extrínseco Insertas Inminente Excedente Tesis Sociológicamente Anarquía Entramado Enquistar Lacerante
  39. 39. 37 Personajes Citados (En orden de aparición) (1874-1965), político y escritor británico, primer ministro (1940-1945; 1951-1955) y premio Nóbel de Literatura, una de las figuras más importantes del siglo XX, no sólo en su país, conocido principalmente por el valor transmitido en su primer mandato gubernamental durante la II Guerra Mundial. (1926- ), sociólogo español de origen alemán, estudió la política española contemporánea. Profesor de ciencia política en la Universidad de Yale. Sus trabajos más conocidos tratan de los regímenes totalitarios y autoritarios, la quiebra de las democracias las transiciones a regímenes democráticos (1946- ), Es doctor en y titular de la Cátedra de Metatecnia Ambiental y Socioecología del ', así como profesor de botánica en la . También ha dirigido los servicios ambientales de la Diputación de Barcelona y la . Ha participado de diferentes acciones con la , entre las cuales ha sido consultor en gestión ambiental. (1947- ), filósofo y escritor español. Nació en San Sebastián y desde muy temprana edad manifestó su inquietud en el ámbito de las letras y el pensamiento. Es catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid. Se le concedió el Premio Fernando Abril Martorell por su defensa y difusión de la libertad, la tolerancia y los derechos humanos. (1925-) sociólogo francés. Es famoso por desarrollar el término . Su trabajo se basa en la sociología de «acción» y cree que la sociedad forma su futuro a través de mecanismos estructurales y de sus propias luchas sociales. Ha estado interesado a lo largo de su carrera en los , estudiando y escribiendo sobre muchos, especialmente en y (donde observó el nacimiento de , por lo que publicó Solidaridad: Análisis de un movimiento social ()). (1936- ) destacado politólogo argentino. Entres su aportes a la ciencia política se destacan sus trabajos sobre el Estado burocrático-autoritario y sobre la teoría de la democracia y las características de los procesos de transición a la democracia, a través del desarrollo de conceptos como rendición de cuentas horizontal, democracia micro y democracia delegativa. Profesora titular de Historia Económica de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Los Andes (Mérida, Venezuela). Autora, entre otras publicaciones, de Los empresarios frente al Grupo de Los Tres (Nueva Sociedad, 1999) (1940- ) Profesor de ciencia política de la Universidad de Nueva York y miembro del consejo científico del Centro de Estudios Avanzados en Ciencias Sociales del Instituto Juan March. (1938- ) sociólogo británico, reconocido `por su teoría de la estructuración y su mirada holística (integración total) de las sociedades modernas. Adquirió gran reconocimiento por su intento de renovación de la socialdemocracia a través de su teoría de la TERCERA VIA. (1915- ), profesor emérito de ciencia política en la universidad de YALE. En la actualidad es uno de los politólogos norteamericanos más destacados. (1929- ), filósofo y teórico social alemán. Desde 1981 su análisis se ha orientado hacia la fundamentación de la ética discursiva, la defensa de la democracia deliberativa y de los principios del Estado de derecho. (1925-1997) filósofo mexicano. En su obra se revela un interés por la filosofía analítica, cuyos métodos aplica a la ética y a la filosofía de la educación. Salmerón señalaba la importancia de la función crítica de la filosofía, expresada adecuadamente en algunos métodos de análisis de la tradición analítica, pero, asimismo, destaca la relevancia del concepto de sabiduría en la tradición filosófica (1909-1997), filósofo británico, destacado por sus estudios acerca de la historia del pensamiento. Filósofo británico, destacado por sus estudios acerca de la historia del pensamiento Personaje Personaje Winston Churchil Juan Linz Ramón Folch Fernando Savater Alain Touraine Rita Giacalone Adam Przeworski Anthony Giddens Robert Dahl Jürgen Habermas Fernando Salmerón Isaiah Berlin
  40. 40. 38 Palabra Palabra Que no se puede trasladar o transmitir a alguien Se refiere a una moderación que provee de placer como si ese fuera el fin último de la vida, como una moderación exagerada En este caso hace referencia a muy cercana al suelo, muy bajo Perturbar, afectar en lo profundo Que no se puede comprender o aceptar de ninguna forma Que se interpone, en este caso se refiere a lo que se ubica entre lo que se desea y la persona que lo desea. Conjunto de bienes morales o culturales acumulados por tradición o herencia En este caso quiere decir "si el poder político está establecido en cada persona" Impedir, oponerse, contradecir Sublevado, levantado Concretar, realizar Que impera, exigente Algo que puede presentarse como posible o verdadero pero no lo es Ilimitado Débil, flojo, que tiene poca resistencia Externo Dentro, introducido Que amenaza o está por suceder pronto Sobrante Opinión que se fundamenta en razonamientos de alguien sobre algo, Quiere decir: tomando en cuenta la estructura y el funcionamiento de la sociedad Ausencia del poder público, desorden En este caso se refiere a redes institucionales, conjunto de instituciones que se cruzan entre sí. Que produce intenso sufrimiento En el texto hace referencia a que los líderes no se apeguen a su cargo, a que no crean que deben estar siempre en él. Inalienable Templanza hedonista Reptiliana Trastocar Inconcebible Interposición Acervo Reside Obsta Insurgente Concreción Imperativa Quimera Irrestricto Endeble Extrínseco Insertas Inminente Excedente Tesis Sociológicamente Anarquía Entramado Enquistar Lacerante
  41. 41. 29 Personajes Citados (En orden de aparición) (1874-1965), político y escritor británico, primer ministro (1940-1945; 1951-1955) y premio Nóbel de Literatura, una de las figuras más importantes del siglo XX, no sólo en su país, conocido principalmente por el valor transmitido en su primer mandato gubernamental durante la II Guerra Mundial. (1926- ), sociólogo español de origen alemán, estudió la política española contemporánea. Profesor de ciencia política en la Universidad de Yale. Sus trabajos más conocidos tratan de los regímenes totalitarios y autoritarios, la quiebra de las democracias las transiciones a regímenes democráticos (1946- ), Es doctor en y titular de la Cátedra de Metatecnia Ambiental y Socioecología del ', así como profesor de botánica en la . También ha dirigido los servicios ambientales de la Diputación de Barcelona y la . Ha participado de diferentes acciones con la , entre las cuales ha sido consultor en gestión ambiental. (1947- ), filósofo y escritor español. Nació en San Sebastián y desde muy temprana edad manifestó su inquietud en el ámbito de las letras y el pensamiento. Es catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid. Se le concedió el Premio Fernando Abril Martorell por su defensa y difusión de la libertad, la tolerancia y los derechos humanos. (1925-) sociólogo francés. Es famoso por desarrollar el término . Su trabajo se basa en la sociología de «acción» y cree que la sociedad forma su futuro a través de mecanismos estructurales y de sus propias luchas sociales. Ha estado interesado a lo largo de su carrera en los , estudiando y escribiendo sobre muchos, especialmente en y (donde observó el nacimiento de , por lo que publicó Solidaridad: Análisis de un movimiento social ()). (1936- ) destacado politólogo argentino. Entres su aportes a la ciencia política se destacan sus trabajos sobre el Estado burocrático-autoritario y sobre la teoría de la democracia y las características de los procesos de transición a la democracia, a través del desarrollo de conceptos como rendición de cuentas horizontal, democracia micro y democracia delegativa. Profesora titular de Historia Económica de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Los Andes (Mérida, Venezuela). Autora, entre otras publicaciones, de Los empresarios frente al Grupo de Los Tres (Nueva Sociedad, 1999) (1940- ) Profesor de ciencia política de la Universidad de Nueva York y miembro del consejo científico del Centro de Estudios Avanzados en Ciencias Sociales del Instituto Juan March. (1938- ) sociólogo británico, reconocido `por su teoría de la estructuración y su mirada holística (integración total) de las sociedades modernas. Adquirió gran reconocimiento por su intento de renovación de la socialdemocracia a través de su teoría de la TERCERA VIA. (1915- ), profesor emérito de ciencia política en la universidad de YALE. En la actualidad es uno de los politólogos norteamericanos más destacados. (1929- ), filósofo y teórico social alemán. Desde 1981 su análisis se ha orientado hacia la fundamentación de la ética discursiva, la defensa de la democracia deliberativa y de los principios del Estado de derecho. (1925-1997) filósofo mexicano. En su obra se revela un interés por la filosofía analítica, cuyos métodos aplica a la ética y a la filosofía de la educación. Salmerón señalaba la importancia de la función crítica de la filosofía, expresada adecuadamente en algunos métodos de análisis de la tradición analítica, pero, asimismo, destaca la relevancia del concepto de sabiduría en la tradición filosófica (1909-1997), filósofo británico, destacado por sus estudios acerca de la historia del pensamiento. Filósofo británico, destacado por sus estudios acerca de la historia del pensamiento Personaje Personaje Winston Churchil Juan Linz Ramón Folch Fernando Savater Alain Touraine Rita Giacalone Adam Przeworski Anthony Giddens Robert Dahl Jürgen Habermas Fernando Salmerón Isaiah Berlin
  42. 42. 30 Personaje Personaje (1767-1830), escritor y figura política francesa, que contribuyó al desarrollo del romanticismo y al de la novela psicológica. (1802-1859) pensador, jurista, político e historiador francés, uno de los más importantes ideólogos del liberalismo. Consideraba como un hecho fundamental y trascendente la tendencia de las sociedades modernas hacia la igualdad de condiciones entre las personas. (1806-1873), filósofo y economista británico; su obra causó gran impacto en el pensamiento británico del siglo XIX, no sólo en filosofía y economía sino también en las áreas de ciencia política, lógica y ética. En economía política, Mill defendió aquellas prácticas que creía más acordes con la libertad individual, y recalcó que la libertad podía estar amenazada tanto por la desigualdad social como por la tiranía política Pedro Schwartz, economista, politólogo, consultor de empresas, formador de opinión, tiene una larga trayectoria de defensor de la libertad individual, la democracia política, y la libre competencia económica (1909-2004), filósofo y jurista italiano. Tanto en sus enseñanzas como en sus muchas obras, tales como Política y cultura (Política y cultura, 1955), Da Hobbes a Marx (De Hobbes a Marx, 1965) y ¿Qué socialismo? (1977), Bobbio analizó las ventajas y desventajas del liberalismo y del socialismo, tratando de mostrar que quienes defienden ambas ideologías basan sus actividades en el respeto al orden constitucional y en el rechazo a los métodos antidemocráticos, incluyendo, como es obvio, el análisis y la crítica de la corrupción que ha caracterizado la vida política italiana de las últimas décadas, así como del terrorismo, al que se opuso con energía durante las décadas de 1960 y 1970. (1926-2006) Politólogo italiano, fundador de la revista Il Mulino y de la editorial homónima y del Instituto Carlo Cattaneo. Es uno de los mayores teóricos del constitucionalismo en . Ha sido profesor ordinario de Filosofía moral en la . Fue un notorio investigador de la historia, la ciencia y la filosofía política, materias sobre las que publicó múltiples artículos y obras. Dirigió, junto con del Diccionario de política (1982). (1942- ) . Actualmente es profesor titular de la y profesor adjunto en el "Bologna Center" de la de . Estudió Ciencia Política en la , donde fue alumno de , y se especializó en bajo la guía de en la . Baruch Spinoza (1632-1677), filósofo y teólogo holandés, considerado como el exponente más completo del panteísmo (doctrina que identifica el universo con Dios) durante la edad moderna. Nació en Montevideo en 1951. Estudió derecho en Uruguay y ciencias políticas en México y Argentina. Nació en Montevideo en 1950. Se graduó como profesor de Letras en 1979 y fue profesor de literatura española moderna en la Universidad Católica. (1809-1845), escritor mexicano, cultivó el drama y la poesía romántica, estilo que ayudó a difundir en su país. Nació en Guadalajara, Jalisco. Estudió Derecho y Humanidades en la universidad de esa ciudad. Sus inquietudes políticas lo llevaron a combatir al dictador Antonio López de Santa Anna y a sufrir persecuciones. Ocupó numerosos cargos públicos. Benjamin Constant Alexis de Tocqueville John Stuart Mill Pedro Schwartz Norberto Bobbio Nicola Matteucci Gianfranco Pasquino Spinoza Diego Achard Manuel Flores Fernando Calderón
  43. 43. Iniciativa Social para la Democracia Urbanización Satélite, Pje. Venus, Casa No. 23 San Salvador. Tel: 2284-9726 Fax: 2274-6182 Web: www.isd.org.sv Correo Electrónico: sd@isd.org.sv Luis Armando González LA DEMOCRACIA Y SUS EXIGENCIAS Este material ha sido elaborado gracias al apoyo de Acción de Solidaridad con el Tercer Mundo ASTM de Luxemburgo

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