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Índice
JOSÉ MARÍA PARRA CEBALLOS.........................................................................................
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DUENDE ...........................................................................................................
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¡OTRA CACERÍA!.......................................................................................................
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UN VIAJE INOLVIDABLE..............................................................................................
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JOSÉ MARÍA PARRA CEBALLOS
MIS APUNTES
COMPENDIO DE HISTORIA FAMILIAR
Autor: José María Parra Ceballos
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AGRADECIMIENTOS
En la construcción de una obra cualquiera que sea, siempre necesitamos del apoyo y colaboración
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INTRODUCCIÒN
No es fácil para una persona de mi nivel cultural y social, sin ninguna formación académica, de
tan limit...
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PRIMERA ETAPA
VIAJE Y ESTADÍA EN EL VALLE DEL CAUCA
La primera etapa de mi vida, la niñez, me tocó pasarla tal ve...
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LA FAMILIA PARRA
Jesús mi padre ( de los viejos solo sobrevivía el) a la derecha mi madre y en medio mi hija
Beatriz.
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otra cara de la moneda, muy mencionados en la violencia de mil novecientos cincuenta (1950),
sobretodo el ultim...
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FAMILIA PARRA CEBALLOS
De izquierda a derecha: Belarmina, Oliva, Ana, Sofía, Indaliria, Berta, José, Rosa Seguro (
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PERMANENCIA EN EL CAÑÓN DEL RÍO TULUA
Por averiguaciones o informaciones obtenidas con algunos colonos que tení...
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que tenían que cuidarse mucho de los Guardas de Rentas que aunque tenían quien les avisara,
para que escondieran el ...
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trataba de contratos o compromisos preestablecidos, solo les quedaba a ellos cobrar los sábados o
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creyeron encontrarlo con vida, ya que fueron ciento cincuenta metros aproximadamente la
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para sacar la madera e hicieron sus primeros sembrados, empezaron a producir y construyeron
un rancho para vivi...
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Fiesta de Las Misiones, Vda. Aguacatillo---casa de la tía Inés( Ilda María, hija)
Los habitantes de esta vereda, uno...
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lápiz, la “pizarra” el cuaderno y el libro por la formación ruda, del azadón, el hacha y el machete,
mi padre m...
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caminos internos por debajo como túneles y por allí arrastrábamos los palos hasta llevarlos a la
escuela.
Como todo ...
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sobre el fogón de leña y a una altura proporcional para que las moscas no pusieran allí sus huevos
“no le cagar...
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quien venderle y nosotros decididamente nos embarcamos dando por terminada una aventura,
pero dejando impresa una hi...
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“panocha de chocolo”. Ya cuando estaba más duro las hacían en la “callana” o envuelto en hojas
de plátano o de ...
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atractiva, me hacía sentir importante, así mí padre se bajaba para tierra caliente Aguacatillo o
Calabacera a prepar...
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carta que me envió precisamente con Eladio en la que me informaba de la decisión que había
tomado de internarse...
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más, el caso era no tener que volver. Con lo poco realizado en el negocio, mi padre compró una
novilla que se la dej...
Mis apuntes
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Mis apuntes

  1. 1. I I Índice JOSÉ MARÍA PARRA CEBALLOS................................................................................................................. 5 AGRADECIMIENTOS ............................................................................................................................................ 6 INTRODUCCIÒN................................................................................................................................................... 7 PRIMERA ETAPA.................................................................................................................................................. 8 VIAJE Y ESTADÍA EN EL VALLE DEL CAUCA.................................................................................................................8 LA FAMILIA PARRA.............................................................................................................................................. 9 LA FAMILIA CEBALLOS....................................................................................................................................... 10 FAMILIA PARRA CEBALLOS ................................................................................................................................ 11 LA AVENTURA ..........................................................................................................................................................11 PERMANENCIA EN EL CAÑÓN DEL RÍO TULUA.................................................................................................... 12 LA CARBONERA (Anécdota)............................................................................................................................... 15 EL PASEO A ANTIOQUIA .................................................................................................................................... 16 LAS MONTAÑAS DE SANTA LUCIA...................................................................................................................... 18 LA AGITACIÓN POLITICA.................................................................................................................................... 19 INICIO DE LA PERSECUSIÓN POLÍTICA ................................................................................................................ 20 LA EMIGRACIÓN.......................................................................................................................................................20 LA ADOLESCENCIA............................................................................................................................................. 21 EL CAMBIO QUE SI SE DIO........................................................................................................................................21 LA RALLADORA ................................................................................................................................................. 22 HACIENDA MIRAFLORES................................................................................................................................... 25 PASAJES DE HISTORIA ....................................................................................................................................... 27 ENRIQUE RUIZ- ENRIQUE SANCHEZ E INÉS CEBALLOS.............................................................................................27 LUIS EMILIO SEGURO......................................................................................................................................... 28 ALTAMIRA................................................................................................................................................................28 ¡PERO HABLEMOS DE ALGUNAS VEREDAS!........................................................................................................ 30 EL ALTAR DE SAN ISIDRO .................................................................................................................................. 34 LA HISTORIA LOS RECUERDA ............................................................................................................................. 35 EL ARRIERO ANTIOQUEÑO ................................................................................................................................ 36 LA CEDRO.......................................................................................................................................................... 38 LA VIOLENCIA POLITICA..................................................................................................................................... 38 EL APLANCHAMIENTO....................................................................................................................................... 39 TOMA DE ALTAMIRA POR LA GUERRILLA........................................................................................................... 40 LA CASA DE LA TIA INÈS..................................................................................................................................... 42 LOS LLAMADOS MITOS “LAS BRUJAS” ............................................................................................................... 44 DE HYDESVILLE LOS MISTERIOSOS (F.CHAIJ) ...................................................................................................... 44
  2. 2. II pág. II DUENDE ............................................................................................................................................................46 OTRAS CREENCIAS O SECRETOS..........................................................................................................................46 NO SIEMPRE TODO PASADO FUE MEJOR............................................................................................................48 LA VIDA EN EL CAMPO.......................................................................................................................................49 LA CAZA.............................................................................................................................................................50 EL DEPORTE EN EL CAMPO.................................................................................................................................53 LOS CONTADORES DE CUENTOS O (CUENTEROS)................................................................................................53 LAS FIESTAS CAMPESINAS..................................................................................................................................61 ANÉCDOTAS. DE MI MADRE...............................................................................................................................68 EL REZO DEL SANTO ROSARIO............................................................................................................................69 OTRAS ANECDOTAS (FIDEL CANO).......................................................................................................................... 69 GUSTAVO MONTOYA.........................................................................................................................................70 FAMILIA ITINERANTE .........................................................................................................................................71 LA GUAQUERÌA..................................................................................................................................................72 TRABAJO ASOCIATIVO .......................................................................................................................................73 LA MINA DE LA CALERA......................................................................................................................................74 EL CULTIVO DEL TABACO....................................................................................................................................75 EL VIAJE A DABEIBA ...........................................................................................................................................75 EL PRETENDIDO PARAISO DE OCCIDENTE ...........................................................................................................76 LA VEREDA “BARRANCAS” .................................................................................................................................83 LA FINCA “EL MANGO” ......................................................................................................................................83 LA CACERÍA DE UN VENADO...............................................................................................................................85 EL ALLANAMIENTO A LA CASA POR PARTE DEL EJÉRCITO Y LA DETENCIÓN COMO BANDOLEROS........................86 LA VEREDA “EL CAUNCE” ...................................................................................................................................89 COSECHA DE CAFÉ EN SAN JOSÉ DE URAMA .......................................................................................................... 90 LA ENCALICHADA...............................................................................................................................................94 LLEGA LA FAMILIA LONDOÑO VILLADA ..............................................................................................................95 SE OFICIALIZA EL NOVIAZGO ..............................................................................................................................96 MI VIAJE A LA CEJA ............................................................................................................................................97 EL MATRIMONIO ...............................................................................................................................................99 JUNTAS DE NUTIBARA ..................................................................................................................................... 102 CAMBIO DE UNA “PERRA” POR MEDIO ALMUD DE MAIZ..................................................................................104 MATRIMONIO DE BERTA Y SOFÍA..................................................................................................................... 105 ¡INDEPENDENCIA EN APUROS!......................................................................................................................... 105 ¡LOS PRÓDIGOS YA ÉRAMOS MÁS! ..................................................................................................................106 FINCA LA RALLADORA...................................................................................................................................... 107 ACOPLAMIENTO .............................................................................................................................................. 108
  3. 3. III III ¡OTRA CACERÍA!.............................................................................................................................................. 109 COSECHA DE NIETOS ....................................................................................................................................... 110 ANÉCDOTA...................................................................................................................................................... 111 LA COSECHA DE CAFÉ ...................................................................................................................................... 111 SEGUNDA PARTE (VIAJE A MEDELLÍN).............................................................................................................. 113 EL COCODRILO ................................................................................................................................................ 115 LA FINCA BUENA VISTA (LADRILLERA).............................................................................................................. 116 MI PRIMERA INTERVENCIÓN EN POLITICA. ...................................................................................................... 119 INICIO DE OTRA EXPERIENCIA.......................................................................................................................... 120 OTRA EXPERIENCIA, COMO “ANÉCDOTA”........................................................................................................ 122 FINCA LA “BELLA JULIA.................................................................................................................................... 123 LA INVASIÓN................................................................................................................................................... 124 CREACIÓN DEL BARRIO “EL PARAISO”.............................................................................................................. 125 COMUNICADO. ............................................................................................................................................... 129 RESUELVE........................................................................................................................................................ 129 CAMBIO DE FUNCIONES .................................................................................................................................. 136 CAMBIO DE ACTITUD.............................................................................................................................................137 MI ORIENTACIÓN POLÍTICA ............................................................................................................................. 138 ORIGENES DEL PARTIDO CONSERVADOR COLOMBIANO .................................................................................. 138 ORIGENES DEL PARTIDO LIBERAL COLOMBIANO.............................................................................................. 139 MIS PRIMEROS ACTOS EN LA POLÍTICA Y MI VINCULACIÓN AL C. A. S. D. (CENTRO AUXILIAR DE SERVICIOS DOCENTES)........................................................................................................................................................139 GRUPO “LAS HERMANAS PARRA”................................................................................................................... 142 COMPOSICIONES....................................................................................................................................................143 MI PASO POR EL SINDICALISMO ...................................................................................................................... 149 BREVE HISTORIA FAMILIAR.............................................................................................................................. 149 MI PADRE: ...................................................................................................................................................... 150 OTRA ANÉCDOTA...................................................................................................................................................151 MI MADRE: ..................................................................................................................................................... 152 MIS HERMANOS.............................................................................................................................................. 152 LA MUJER, LA ESPOSA Y LA MADRE.................................................................................................................156 Familia Parra Londoño con el abuelo Francisco................................................................................................ 160 TRANSICIÓN EVOLUTIVA ................................................................................................................................. 160 MI ACTIVIDAD DESPUÉS DE PENSIONADO............................................................................................................161 MI ACTIVIDAD POLÍTICA:...................................................................................................................................162 EN LO SOCIAL Y COMUNITARIO. ............................................................................................................................163 FAMILIA Y CONVIVENCIA................................................................................................................................. 169 DETALLES DE LA TOMA A ALTAMIRA (El viaje) ................................................................................................. 171 EL REGRESO ...........................................................................................................................................................173 ÉPOCAS Y FECHAS MEMORABLES .................................................................................................................... 174
  4. 4. IV pág. IV UN VIAJE INOLVIDABLE.................................................................................................................................... 176 BODAS DE ORO MATRIMONIALES (Enero 16 de 1960—Enero 16 de 2010) ........................................................183 DE LOS ÚLTIMOS QUEDAMOS POCOS. .............................................................................................................189 RETROSPECTIVA ............................................................................................................................................... 190 CITAS BIBLIOGRAFICAS .................................................................................................................................... 191 VOCABULARIO................................................................................................................................................. 192 AUTO BIOGRAFÍA ............................................................................................................................................ 193
  5. 5. 5 5 JOSÉ MARÍA PARRA CEBALLOS MIS APUNTES COMPENDIO DE HISTORIA FAMILIAR Autor: José María Parra Ceballos
  6. 6. 6 pág. 6 AGRADECIMIENTOS En la construcción de una obra cualquiera que sea, siempre necesitamos del apoyo y colaboración de otros; y tratándose de una obra literaria así sea la mas sencilla, requerimos del aporte de otras experiencias y conocimientos. En el corto prologo que hago al principio de ésta, señalo el escaso nivel cultural que poseo, el conocimiento empírico de las normas ortográficas a pesar que en la actualidad la tecnología nos permite hacer las correcciones sobre el texto en esta no, porque se perdería la esencia de la misma por tratarse de una obra costumbrista. En esto le debo reconocimiento y gratitud a mi hijo Ariel Gonzalo quien me dio ánimo, valoró mi esfuerzo y creyó en lo que yo estaba haciendo, se dio a la tarea de leerla, analizándola minuciosamente, hizo las correcciones a que había lugar; no exenta de errores pero si presentable a aquellos a quienes va dirigida, “mi familia y amigos especiales”.
  7. 7. 7 7 INTRODUCCIÒN No es fácil para una persona de mi nivel cultural y social, sin ninguna formación académica, de tan limitados conocimientos literarios y culturales, resolverse, atreverse a escribir siquiera el bosquejo de una historia familiar sin caer en una infinidad de errores, por lo que pido disculpas a aquellos y aquellas que por curiosidad o por casualidad caiga en sus manos estas humildes notas. No pretendo con este escrito darle siquiera apariencia literaria, porque carezco totalmente de esas cualidades y calidades, solo aspiro a dejar unas notas, expresando las vivencias mías con relación a mi familia, del entorno en que crecí, de los que crecieron conmigo, de mis padres y de sus formas de abocar las circunstancias. Por eso mi estilo (si así puede decirse) o mi forma de contar las cosas, en un dialecto que es tan “pegajoso”, que no lo hemos podido erradicar de nuestras costumbres, por eso es que las cuento tal y como las vivimos y la percepción de los hechos como los vi, los sentí, los padecí y en un lenguaje típico de nuestro tiempo y nuestra cultura, resaltando entre paréntesis, aquellas que eran de grande arraigo, novedosas pero costumbristas de aquellos sitios o regiones que en nuestro devenir pude apreciar y observar…. Y también compartir por aquello…. ¡A la tierra que fueres, usar lo que vieres!, pero que hoy nos parecen tan novedosas que recordarlas es como transportarnos a ese pasado.
  8. 8. 8 pág. 8 PRIMERA ETAPA VIAJE Y ESTADÍA EN EL VALLE DEL CAUCA La primera etapa de mi vida, la niñez, me tocó pasarla tal vez en una de las peores circunstancias que a mis padres les haya tocado vivir y sortear en tierra extraña; en el Zarzal y el Dovio (Departamento del Valle del Cauca), según contaban ellos, por la indolencia de muchos que no gustaban de los paisas, negándoles favores y servicios, tratando de cerrarles el paso en su deseo de aclimatarse en la región; pero gracias al apoyo recibido de otros paisanos que habían llegado antes pudieron resistir. También tenía mucho que ver el momento crítico que se pasaba en el país por la recesión económica de los años 30, igualmente por ser la primera experiencia vivida fuera de su tierra natal, lo que también marcaría diferencia y tradición de familia errante, que en su itinerario de por lo menos 25 años, no encontraría estabilidad en toda su historia. ¿HASTA QUE EDAD LLEGA LA NIÑEZ? ¿Hasta que edad llega la niñez? ¡Hasta que la persona adquiere o tiene uso de razón!, eso dice el diccionario. En mi caso y el de muchos niños del campo ayer y todavía hoy; ¡hasta que son productivos!, que pueden aportar para el sostenimiento del hogar; se les enseña empuñar una herramienta; ¿qué no pueden con ella? Las hay que se adaptan a su edad. Nací un 20 de abril de 1935 del hogar conformado por Jesús María Parra Restrepo, y María Esther Ceballos González, en la finca o vereda Aguacatillo, corregimiento Altamira del municipio de Betulia; Departamento de Antioquia; fuimos nueve hermanos felizmente vivos al momento de escribir estas notas año 2006; de mayor a menor: José María, Abel Antonio, María Belarmina, Berta Inés, María Sofía, María Oliva, María Inda liria, Ana de Jesús, y Eleazar de Jesús. Mis abuelos paternos fueron Abel Antonio y Carmen Rosa Restrepo; maternos: Francisco Ceballos y Ana Sofía Gonzales La vereda Aguacatillo está situada en la vía que conduce de Altamira a Cangrejo, entre las veredas o fincas Cañaveral y Calabacera. Esta finca era propiedad de don Antonio Ruiz, familia residente en la ciudad de Medellín; dedicada a la agricultura, ganadería de engorde y lechería; la mayoría o casa principal estaba situada en el sitio llamado Mira flores, en los limites con la finca Calabacera, y cerca a la quebrada la Purco; el mayordomo de la finca era mi abuelo Francisco Ceballos.
  9. 9. 9 9 LA FAMILIA PARRA Jesús mi padre ( de los viejos solo sobrevivía el) a la derecha mi madre y en medio mi hija Beatriz. La familia Parra es oriunda del municipio de Anzá, veredas la Cueva, Patio Bonito, la Quiebra, corregimiento de Guintar (antes Guayabal); pero éstos a pesar de quedarles mas cerca cualquiera de estos sitios para sus mercados, estaban mas familiarizados con Altamira; era allí donde salían a mercar, asistían a Misa, realizaban sus negocios, vendían sus productos. Mi padre contaba de Altamira, que antes fue llamado la Boca del Monte, tal vez por su cercanía a la montaña que por un camino de herradura conducía a Urrao. Fue un pequeño caserío de ranchos de paja, situado en jurisdicción del municipio de Betulia; inicialmente un poco mas arriba del sitio llamado la Cortada. Comentaba de Altamira, ya en el sitio que ocupa actualmente, que la familia Parra, sobre todo sus tíos, de los que solo conocí tres (3) Elías, Eliseo y Vespasiano, (actualmente vivo). Todos ellos eran gente muy trabajadora y honrada pero tan peleadores que era muy común los domingos días de mercado, después de tomarse los aguardientes y ya calientitos, por cualquier causa; y si no la había se la buscaban para formar sus trifulcas, a machete “voliao”, rastrillándolos en el empedrado y disque apenas volaba el “chispero” desafiando al que quisiera enfréntaseles; hacían encerrar a los pocos policías municipales que habían; solo con la colaboración del pueblo lograban dominarlos encerrarlos y llevarlos al “cepo” los soltaban el lunes por la mañana para que se fueran a trabajar. Otra característica de los Parra, sin ser exclusivo, era el “carate” una especie de mancha en la piel que bien podía ser “blanca, roja o morado; lo que desmejoraba mucho la presencia de la persona; muchas veces por insulto les decían (caratejo) otras cariñosamente, mis tíos casi por no decir todos, lo padecían. De mis hermanos quizás fui el único que lo padeció; pero en esa época con la llegada de la “penicilina” creo que inconsultamente, y basado únicamente en lo que había leído, me hice aplicar tres inyecciones de penicilina sodica, se me quitaron las manchas y no me volvieron a aparecer. Mis tíos eran: Teresa; casada con un señor de apellido Vargas, a quien no conocí y no se porqué razón no era muy mencionado; sus hijos fueron: Placido, Luís y Arturo, Vargas- Parra, pero estos siempre fueron mas conocidos por el apellido Parra, Laura; casada con Antonio José Chaverra, de ellos hubo solo una hija, Cándida Rosa casada con Antonio Palacio. Margarita; esta no fue casada, tubo tres hijos: Miguel, Joaquín y Rosaura. José, y Antonio José, ambos casados pero no tuvieron familia. Mi abuelo Abel Antonio como se dijo antes, estaba casado con Carmen Rosa Restrepo, una familia muy respetable de la vereda San José, muy cercana a Urrao; tuve el honor o la ocasión de conocer muy bien a un tío de mi padre de nombre Joaquín Restrepo, muy querido y apreciado en toda la región; respetable y respetado, de muy sanos principios morales. Igualmente conocí a unos primos hermanos de mi padre de apellido Navarro Restrepo, Mariano y Luís (hermanos); la
  10. 10. 10 pág. 10 otra cara de la moneda, muy mencionados en la violencia de mil novecientos cincuenta (1950), sobretodo el ultimo por su crueldad, del cual decían que cogía los niños hijos de liberales los tiraba para arriba y los aparaba en un puñal, practica que se hizo muy frecuente en ese tiempo de persecución política para atemorizar, causar pánico y demostrar poderío . LA FAMILIA CEBALLOS La familia Ceballos es oriunda de Santo Domingo Antioquia, los padres de mi abuelo eran Julio Ceballos y Josefa Betancur el abuelo contaba que a la edad de 12 años se había volado de la casa porque lo iban a castigar; viajó a Medellín, allí se enroló con unos arrieros como “sangrero” y fue a dar al Suroeste, al parecer a Urrao, porque fue en Altamira en una de esas acampadas que se encontró con don Antonio Ruiz, dueño de la finca Aguacatillo, quien conoció su historia, su talento y su capacidad, se interesó en él, le hizo propuesta y pronto empezó a trabajar en la finca destacándose por su eficiencia y responsabilidad. Inés y Ester Ceballos (centro, María hija de Inés) siguiente: centro; Ernesto Ceballos con tres de sus hijos: María Teresa, Maruja e Iván. Muy joven se casó con Sofía González Hinestroza de la vereda Purco, familia muy reconocida en el sector, muy pronto por su destreza y conocimiento en el manejo de ganado ascendió a mayordomo y fue en adelante el “hombre de confianza” de don Antonio Ruiz y en sí de la familia Ruiz Restrepo. La finca Miraflores era el sitio preferido para la familia del patrón pasar vacaciones de mitad de año y fin de año para los estudiantes de esa época. Gabriel, Enrique, Jaime y Antonio entre otros, todos disfrutaban de las atenciones que allí les ofrecían, puesto que eran los hijos de los patrones, la familia o amigos invitados por estos y había que ser muy atentos y diligentes con ellos, ensillándoles las bestias y acompañándolos en sus recorridos, tratando de satisfacerlos en todos sus caprichos y a veces necedades, pero el deber era atenderlos muy bien a pesar de las limitaciones y las incomodidades muy propias del campo y sobretodo en ese tiempo; empezando por las instalaciones de la casa de la hacienda, los desplazamientos a pié por trochas o en bestia por caminos que por ser demasiado angostos eran peligrosos.
  11. 11. 11 11 FAMILIA PARRA CEBALLOS De izquierda a derecha: Belarmina, Oliva, Ana, Sofía, Indaliria, Berta, José, Rosa Seguro ( madrastra de mi madre) Ester Ceballos, Abel, Eleazar, Evelio Chaverra ( hijo de mi padre en otra señora). En esa época los hijos habidos fuera del matrimonio no podían llevar el apellido del papá así fueran reconocidos. LA AVENTURA El Antioqueño siempre se ha distinguido por su espíritu innovador y aventurero, fue en mil ochocientos ochenta y seis (1886) cuando un grupo de colonizadores Antioqueños provenientes de Sonson, Titiribí y Fredonia, fortalecidos por las normas de titulación de baldíos, y alentados por la siembra y explotación del café; ocuparon las tierras del viejo Caldas lo que hoy son los Departamentos de Caldas, Risaralda, y Quindío, norte del Tolima y norte del Valle del Cauca, el éxito alcanzado por estos siguió motivando y arrastrando a muchos que organizados en pequeños grupos seguían los pasos de sus antecesores en busca de mejores oportunidades. Otros menos arriesgados, decían que se iban para el Valle, arreglaban maletas, la familia en medio de lagrimas y sollozos los despedían encomendándolos a Dios y deseándoles la mejor suerte, en medio de bendiciones los veían alejarse quien sabe hasta cuando…llegaban a Cangrejo tomaban el tren con tiquete a Bolombolo o a la Pintada, allí contactaban algún finquero y conseguían trabajo, otros resultaban cogiendo café en Fredonia o Concordia, se quedaban un mes o dos hasta terminar la cosecha, luego regresaban a sus casas especulando con que habían estado en varios pueblos del Valle pero que no se amañaron y que habían decidido regresar. ¡Que recibimiento que les hacían, que fiesta! Con matada de pavo o de gallinas, baile y “tapetusa” el problema era sostener ese “cañazo”. Pero el caso que nos ocupa si lo planearon muy bien: fue así como en septiembre de 1935 cuando yo tenia aproximadamente cinco meses, mis padres como buenos Antioqueños, decidieron salir aprobar suerte en busca de mejores horizontes con otros conformaron un grupo y viajaron rumbo al Valle del Cauca. Contaban que llegaron al municipio del Dovio, a una vereda de nombre Frazadas y allí se unieron a otros paisanos que habían llegado antes y les facilitaron los medios para que se instalaran provisionalmente mientras exploraban otros sitios. Mi madre contaba las penurias por las que tuvieron que pasar, la pobreza, la intolerancia de los residentes, la tristeza por el recuerdo de los seres queridos dejados en su tierra de origen, el deseo de regresar al sentirse como parias en un medio que no conocían. A pesar de la situación desesperante en que se encontraban en este municipio, la unidad del grupo se mantuvo y se continúo en la búsqueda de un sitio donde pudiesen establecerse definitivamente, la Marina, Sta. Lucia, Sevilla y el cañón del río Tulúa, en este último se dieron cuenta de la existencia de una finca de grandes proporciones, inexplorada, fértil, de laderas empinadas, muy similares a las que estaban acostumbradas a trasegar en su natal Antioquia.
  12. 12. 12 pág. 12 PERMANENCIA EN EL CAÑÓN DEL RÍO TULUA Por averiguaciones o informaciones obtenidas con algunos colonos que tenían unas pequeñas posesiones o parcelas; pudieron enterarse que esta enorme finca pertenecía a una familia de apellido Soto, de la cual solo se conocía al señor Guillermo Soto y que raras veces se veía por allí, que tampoco los molestaba para nada; situación que aprovecharon nuestros personajes para situarse en la rivera del río, cerca al camino Real entre las quebradas San Marcos y la Arenosa. Este camino Real era muy trajinado, salía de Sta. Lucia, (zona de explotación maderera y hortalizas) por la margen izquierda del río, veinticinco kilómetros (5 leguas) aproximadamente para llegar a Tuluá, la arriería era el motor que movía la economía de los pueblos en esa época, en este caso de La Marina, Santa Lucía, San Pedro y Buenos Aires, de donde entraban y sacaban sus productos desde sus montañas y veredas, por estos caminos y por este medio, la madera aserrada y carga redonda, las recuas eran numerosas, los arrieros se repartían de a cinco o hasta diez bestias según fuera la recua, adelante iba un guía o sangrero cabestreando una y casi siempre era un niño, los bueyes por ser mas lentos formaban recua aparte pero eran muy apreciados por su mansedumbre y resistencia y además no los tenían que herrar, regularmente acampaban en el Descanso sitio de convergencia de los caminos de las distintas localidades; esto era una hacienda, tienda (fonda), Posada de Arrieros, potreros y pesebrera. Allí los arrieros descansaban o formaban sus tertulias, bailes, juegos de dados y cartas; al otro día madrugaban a recoger la mulada, cargar de nuevo para llegar temprano al pueblo, y regresarse el mismo día. No dejaba de causar grandes impresiones en las personas ajenas a estas actividades y más a niños de corta edad el tratamiento inhumano que se les daba a los pobres animales, parecía creerse que el cansancio era exclusivo de los humanos y la respuesta al primer síntoma de debilitamiento y cansancio era el zurriago, el garrote o la espuela, tenía que caerse y no pararse aunque la mataran para hacer notar que no podía más, ya le retiraban la carga se la pasaban a otra bestia y la dejaban en algún sitio en recuperación pero, en el peor de los casos si se caía, rodaba y se fracturaba, la alternativa o solución era un tiro de escopeta o de revolver para que no penara, si no se tenía ninguno de estos, la solución era degollarla. Hay que destacar que estas acciones inhumanas no eran propias del arriero de este departamento, en Antioquia se daba esto con mayor crueldad por su topografía montañosa, y las distancias para llegar a los pueblos o a la ciudad de Medellín. Es bueno recordar que el grupo de aventureros que conocí lo conformaban: Germán González y Nina Ceballos, (tía) Toño chaverra y Laura Parra (tía), Cándida, (hija), José, Antonio y Teresa Parra (tíos), Placido, Luís y Arturo Vargas hijos de Teresa, Margarita (Margara) Parra (tía), Miguel, Joaquín y Rosaura (hijos), María Chaverra, Arturo, Rosa Antonia, Evelio y Celina (hijos), los dos últimos hijos naturales de mi padre, (aunque él no reconocía sino a Evelio), Sixto González, tío de mi mamá, no se quienes llegaron antes ni cuales después, pero estos fueron quienes escribieron historia de unidad y de superación en el cañón del rió Tulúa. En este sector construyeron una casa grande de bareque techada con “Iraca” y se instalaron provisionalmente: Toño Chaverra, Laura Parra, y Cándida Rosa (hija), Toño Parra, Margarita (Margara) Parra, Miguel, Joaquín y Rosaura (hijos), Jesús y Esther mis padres. Empezaron a tumbar monte y rastrojo y a preparar sus arados, a sembrar maíz, fríjol, yuca, plátano, café, y tabaco . Con este último, conformaron una pequeña empresa familiar, desde la preparación de almácigos, sembrado, recolección, almacenamiento, secado, selección y terminado del producto, construyeron un Caney inicialmente, que consistía en una edificación grande, alta sin paredes para proporcionar buena ventilación al secado de la hoja, en canastos se recogía la hoja del tabaco, se llevaba al caney con alambre liso y delgado, se elaboraban las “ sartas” con la macana de una palma se hacían unas agujas largas que en uno de los extremos se perforaba, se pegaba el alambre, y en la otra punta se le elaboraba una pequeña lanza muy punzante, con ella se perforaban la vena de la hoja que iban formando las sartas de hasta seis metros de largo y las colgaban en decenas de hileras que iban llenando el Caney. Le daban más o menos quince días de secado, luego venia ya el trabajo de las mujeres, entre ellas: Laura, Cándida, Margarita, (Margara) Maria Chaverra, Esther mi madre entre otras, empezaban por el planchado, tomando hoja por hoja la ponían sobre la pierna, la alisaban bien y de paso seleccionaban la calidad, unas para la plancha y otras para ripio. Para el de la plancha venia el desvenado, le quitaban la vena principal quedando en dos partes, el material para ripio lo secaban muy bien, lo pulverizaban y con éste rellenaban el tabaco y seguía la elaboración y distribución de este en paquetes de cincuenta tabacos a la clientela que ya era considerable. Este trabajo era considerado delito, puesto que la elaboración, y distribución de este era exclusivo de la Colombiana de Tabaco, lo que estaban haciendo era clandestino y además “contrabando”; así
  13. 13. 13 13 que tenían que cuidarse mucho de los Guardas de Rentas que aunque tenían quien les avisara, para que escondieran el material a veces cuando menos pensaban les caían teniendo que utilizar variados subterfugios y maromas, que para eso era muy hábil la tía Laura que en varias ocasiones se vio obligada a sacar a relucir su malicia, por ejemplo regándolo en la cama acostándose sobre él, fingiendo estar tan enferma que no podía levantarse, no obstante, en cierta ocasión la pillaron con buena cantidad de material, la detuvieron en la cárcel de San Pedro donde permaneció por veinte días, al cabo de los cuales por otra salida ingeniosa logró su libertad. En ese tiempo en el pueblo como en todos se utilizaba mucho la leña como combustible, se compraron unas bestias y empezaron a explotar este medio financiero, el cual les ayudó mucho para levantar sus familias y disponer de pequeños ahorros, lo que les permitió comprar algunas posesiones o mejoras a otros que tenían mas tiempo de vivir allí; recuerdo que mi padre le compró una parcela con casa a un señor Publio Noreña, la cual tenia sembrados de café y plátano y arados listos para otros sembrados. Para comercializar la leña, hacían tumbas de arboles, los cortaban en trozas, con el hacha la rajaban en astillas, y para empacar la leña hacían argollas de alambre o bejuco grueso, se hacían los bultos y a cada bestia se le montaban dos bultos si eran grandes o cuatro pequeños; los aparejos eran enjalmas o angarillas, estas eran mas seguras y menos complicadas; los hombres se cuidaban de amarrar muy bien las cargas, puesto que los arrieros éramos niños con edades entre ocho y doce años y el recorrido o distancia para llegar a Tulúa era de aproximadamente quince kilómetros. Afortunadamente el terreno en su gran mayoría era muy plano; sin embargo fueron muchas las dificultades que nos tocaba sortear cuando se nos ladeaba una carga, el sufrimiento de la bestia hasta que encontráramos a alguien que nos ayudara a enderezarla. Toda actividad en el campo está rodeada de peligros, y a mi papá le tocó vivir una de esas situaciones; en cierta ocasión después de almorzar, tomó el hacha y se fue a un sitio cercano en la quebrada la Arenosa con el propósito de tumbar unos árboles, trozarlos y rajarlos para leña; picó varios y se dispuso a echarles el “arriero” este caía sobre los otros y así todos de una vez; con tan mala suerte que se enredó en uno bejucos, uno de los palos lo golpeó y cayó, sin sentido; cuando volvió en sí, no pudo pararse; el brazo izquierdo le quedó aprisionado entre dos troncos. Solo, ensangrentado, sin quien le prestara auxilio; si gritaba estaba seguro que nadie le iba a escuchar, en medio del dolor muchas ideas le surgían pero solo una podía salvarlo, un milagro de Dios; así que haciendo un esfuerzo sobrehumano sintiendo que el brazo se le desgarraba pudo irlo sacando poco a poco hasta liberarse, como pudo llegó a la casa, distante un kilometro aproximadamente; la confusión de los que estaban allí fue grande; ya casi de noche salieron con el para Tulúa a que le hicieran las curaciones del caso; el brazo y la clavícula estaban fracturados, como consecuencia ,el brazo izquierdo le quedó un poco encogido. El regreso de nosotros los arrieros casi siempre era de alegría, ya montados en las bestias apostando carreras o como siempre íbamos provistos de caucheras; apostando quien mataba mas pájaros (que pesar), recogiendo chumbimbas para jugarlas al pipo y cuarta, a las casitas o al arroyuelo; a veces nos demorábamos mas de la cuenta y el castigo era seguro a pesar que nos consentían mucho por la labor que desempeñábamos. Luego que llegábamos le dábamos de beber a las bestias, les picábamos caña; ya por la tarde montábamos nuevamente en ellas en pelo, y las llevábamos a los potreros. Empezaron también a explotar el carbón de leña; cuyo proceso empieza con la excavación en un terreno de mediana pendiente de tres por cuatro metros mas o menos, al termino del cual la pared quedaba con dos metros o dos y medio de altura; la madera se cortaba en trozas de esas dimensiones, luego se encarraba encama hasta llenar el hueco procurando dejar un espacio de veinte centímetros de la leña a la pared que ellos llamaban respiradero, el que se tapaba con rastrojo y una capa gruesa de tierra, se pisaba muy bien para que no se rompiera. Luego por el frente o compuerta utilizando leña seca, se prendía por abajo, cuando tomaba un poco de fuerza se cerraba la compuerta con una empalizada y yaraguá, entonces empezaba a funcionar el respiradero, ya había que cuidar que no se rompiera porque si esto ocurría la madera se volvía ceniza, no salía carbón se perdía todo el material y todo el trabajo. La vigilancia tenía que ser casi permanente, el humo tenía que ser de color azul, cuando salía de color blanco era señal que estaba en peligro de romperse, entonces había que echarle tierra y pisarla nuevamente; cuando ya salía poco humo, era señal que la madera por dentro estaba en brasa se tapaba el respiradero y así empezaba la etapa de apagado, a las veinticuatro horas mas o menos se destapa la compuerta, se deja airear varias horas y se empieza a sacar el carbón a enfriarlo y empacarlo en costales “arroceros” grandes o “salineros” más pequeños, de su distribución se encargaban los niños igual que la leña, pues solo había que entregarla, ya que se
  14. 14. 14 pág. 14 trataba de contratos o compromisos preestablecidos, solo les quedaba a ellos cobrar los sábados o los domingos que salían a mercar. No se cuanto tiempo vivieron mis padres en el Dovio antes de trasladarse al cañón del río Tulúa, solo sé que yo le llevo cuatro años a Abel que es el segundo y que me sentaban o me obligaban a sentarme en una banqueta que así le llamaban a cargarlo, que él tendría entre cuatro o cinco meses. En esa época era novedoso que a los niños y a las niñas hasta cierta edad nos vestían de la misma forma con unas “chamarras” que eran unas batas largas, no nos distinguíamos los unos de las otras, no sé si por lo de usanza antigua o la situación económica no daba para más. Todo esto ocurría estando en el cañón del río Tuluá y en la casa de Toño y Laura, esta era una casa grande y además tenía un zarzo donde dormían los niños más grandes y los mayores que no tenían pareja o en el suelo en esteras que también fabricaban las mujeres con la vena de la Iraca. En un costado de la casa tenían una pequeña tienda, donde además de víveres vendían licor y a propósito del licor ellos también eran prácticos en la elaboración de aguardiente “tapetusa”. Tenían varios “alambiques” en los que lo producían y que luego lo expendían en las fiestas y bailes que hacían en las veredas o que ellos mismos organizaban con ese fin. Aunque igual que el carbón, la leña y el tabaco se constituyó en otro medio de finanzas para la familia, no dejó de acarrear muchos problemas por las riñas o peleas que se formaban en estos bailes y de las cuales casi siempre era protagonista Antonio (Toño) Parra, que además era un diestro en el manejo de la peinilla o machete, puesto que sabia el juego de armas o esgrima y se había granjeado el respeto y hasta el miedo en casi todo el sector, razón por la que no dejaba de estar en la mira de la gran mayoría como objetivo a vencer, esto involucró en no pocas ocasiones a otros miembros de la familia sobre todo cuando le hacían gavilla o pandilla que afortunadamente para ellos, más no para los otros, los casos no dejaron de ser leves. Cuando Toño Parra entraba en disputa con alguien o quería formar problema, lo primero que hacía era lanzar un grito, y decía; “arriba Anita que hasta la tierra tiembla” sacaba la peinilla de veinte pulgadas que no le podía faltar, más un palo con manilla en forma de zurriago pero con la correa envuelta en el mismo palo que tomaba con la mano izquierda, rastrillaba esta en la pared o en el piso, si era dentro, de un planazo apagaba la luz o la lámpara, que en ese tiempo se trataba de una botella con tapa, la que se perforaba, se le ponía una mecha y se llenaba de petróleo o” kerosén”, se prendía y esa era la lámpara, también se utilizaba velas de cebo. La gente salía corriendo unos con miedo otros con rabia los familiares y amigos tratando de calmarlo, unas veces lo conseguían, otras se complicaba tanto que terminaba en riña con heridos o en duelos mano a mano con él que confiado en su destreza era lo que mas le gustaba, máxime cuando se trataba de alguien que fuese petulante o se creyese más hombre o hubiese humillado a alguien, el tenía un slogan que decía “no hay hombre sin hombre”. Transcurrido un tiempo llegó al sector un señor de mediana estatura de origen Tolimense y solo, le dieron trabajo en una de las fincas, era parrandero y le gustaba el baile, el trago y las mujeres, pronto entró en disgusto con Toño, aunque era muy calmado en varias ocasiones estuvieron a punto de trenzarse en riña lo que evitaron los amigos y familiares; hasta que un día se citaron a un paraje que llamaban el llano, solos a dirimir sus diferencias y no faltaron los curiosos que se acercaron a ver el espectáculo y la sorpresa al ver que Toño en medio del tilín tilín de las peinillas llevaba la peor parte, afortunadamente no se daban filo se daban plan, porque los hombres bravos no se matan, se vencen, también decía y Toño fue mucho el que recibió, y aceptó, pues se dio por vencido “ no hay hombre sin hombre” pero le dijo: esta la ganaste vos “ hijueputa” pero nos vemos mas adelante, el Tolimense no se volvió a ver. En esa época el rió Tulúa era grande, tenia buen pescado sobre todo Sabaleta, Bocachico redondo y Capitán, se pescaba con anzuelo o atarraya, hasta por distracción lo hacían las mujeres y los niños mayorcitos, había épocas en que se escaseaba mucho, entonces lo hacían por la noche que dizque era mas productivo. Pero para el tío José como que no había día o tiempo malo para pescar, siempre sacaba poco o mucho, comentaban que sabía el secreto, que lo veían arrodillarse y orar antes de tirar el anzuelo y a propósito del tío José, este sufría ataques epilépticos, a nosotros los que estábamos niños nos daba miedo cuando esto le ocurría, por las convulsiones que tenía durante el ataque, para luego quedar sonámbulo, esto nos impresionaba. Fueron muchos los accidentes que sufrió por esta causa. Recuerdo un doloroso caso con él, estando cogiendo maíz cerca de mi casa en un sitio de alta pendiente y yo lo acompañaba, el tenia un canasto grande, yo estaba un poco retirado de él, cuando lo vi que cayó, salió rodando y dando saltos caía sobre el canasto, rebotaba y volvía a caer sucesivamente, hasta dar un salto y caer en un montículo, yo salí corriendo y llorando a dar aviso, las personas que salieron a auxiliarlo no
  15. 15. 15 15 creyeron encontrarlo con vida, ya que fueron ciento cincuenta metros aproximadamente la distancia a donde cayó, quedó muy desfigurado y al decir de la gente, después de Dios, el canasto lo salvó y su recuperación fue muy lenta pero volvió a trabajar y a pescar. Su señora esposa de nombre Rosa, era mucho lo que sufría, siempre le insistía en que no saliera solo, pero él era muy obstinado, ella lo acompañaba cuando podía porque además de no tener hijos vivían solos. En cierta ocasión salió como acostumbraba hacerlo de madrugada entre las cuatro o cinco de la mañana, regularmente en un charco en el desemboque de la quebrada San Marcos al río, era grande y hacía remolino, allí se cogía mucho pescado o por lo menos tenía fama, a las siete de la mañana más o menos, preocupados porque no llegaba, salieron a buscarlo y no lo encontraron, se dio la voz de alarma y todos la familia y amigos salieron a buscarlo a lo largo de diez kilómetros río abajo con la creencia que la corriente lo habría arrastrado. Esta labor empezó como a las ocho de la mañana, a eso de las tres de la tarde alguien fue nuevamente con una vara a registrar el charco donde supuestamente estaba pescando y de pronto con la punta de la vara levantó un canto de la ruana, rápidamente con la colaboración de otras personas fue sacado y se dio aviso a todos los que participaban en esta misión de rescate, fue un golpe duro para la familia, pero era algo que estaba pronosticado. LA CARBONERA (Anécdota) En mi niñez fueron varias las anécdotas o pasajes vividos, una de ellas fue cuando tenía seis años y medio o siete, tenía que recorrer cuatro o cinco kilómetros para ir por la leche donde una señora doña Corrnelia para la niña que era Sofía, la cuarta de mis hermanos. Un camino muy trajinado sobre todo por la arriería, y transcurría por la rivera del río Tuluá, un paraje muy despoblado, en todo ese trayecto no había sino cuatro viviendas, algunas carboneras al lado del camino y entre ellas estaba la de mi padre cerca al charco llamado el Guendica. Como todo niño que hace lo que ve hacer, yo observaba a mi padre y le oía decir que cuando la carbonera estaba caponeada o agrietada era porque se iba a romper, entonces había que pisarla muy bien y echarle más tierra, yo me subí a ésta y me puse a observarla e intuyendo que estaba en peligro de romperse me atreví a pisarla con tan mala suerte que esta se abrió, se me fue el pié derecho y salió una llamarada, di una voltereta y logré salirme pero no impidió que me quemara la pierna hasta un poco mas arriba de la rodilla. Viéndome la pierna negra y desollada en partes y con ese ardor tan terrible no pensé más que en meterme al río, mientras estaba en el agua se me calmaba el ardor pero al salir no lo podía resistir, el llanto y las lagrimas no las podía contener y saber que no estaba ni a mitad del camino, no podía devolverme por miedo o temor a un castigo, entonces opté por seguir el camino llorando duro; cual no sería el ardor ya que tenía toda una pierna ampollada, cuando la sola quemadura de un dedo nos pone a brincar. Si me iba a encontrar con alguien contenía a más no poder el llanto y cuando calculaba que no me escuchaban seguía llorando hasta llegar a lo que llamaban casa del Cafetal. Allí a orilla del camino me encontré a Sixto González tío de mi madre, él estaba cogiendo café y lo llamé llorando, me preguntó que me había pasado y le conté y le mostré, el se asustó muchísimo y me montó a la espalda y me llevó a la casa de la patrona y se fue a traer la leche. Mientras tanto la señora me acostó en una cama, cogió cebolla Junca la machacó y la mezcló con un aceite, preparó un emplasto y me lo colocó en toda la pierna; luego vino Sixto con la leche, ya el ardor se me había calmado, me cargó a la espalda y me llevó a la casa, el susto de mi madre fue grandísimo, asustada y llorando preguntaba que me había sucedido, al conocer los hechos le dio gracias a Dios por haberme salvado de perecer convertido en cenizas dentro de esa Carbonera y que posiblemente ni se hubieran dado cuenta. Después de pasar la convalecencia que fue rápida, me matricularon en la escuela de la Vereda Naranjal distante más o menos cuatro kilómetros, mi madre me despachaba con almuerzo, iba solo y tenía que hacerle tres cruces a la quebrada San Marcos a pié, cuando esta crecía tenía que esperar a que rebajara y que alguien me pasara o amanecer en casas de amigos de la familia. En la escuela se estudiaba día de por medio que equivalía a máximo tres días a la semana, la profesora o maestra que la recuerdo mucho se llamaba Lilia Cancino, estudie un año, al cabo del cual aprendí a leer y escribir y un poco de Matemáticas. En ese lapso de tiempo mi padre en compañía de Alberto, compañero de la tía Margara se embarcaron en otro proyecto, la “abertura” de un baldío en las montañas de Santa Lucia cerca a un sitio llamado el Retiro, tierra fría y montañosa, habían animales de muchas especies, se internaban quince días al mes a tumbar montaña y a aserrar madera, afortunadamente tenían cerca unos amigos que ya estaban instalados en ese sitio, en el cual tenían sembrados de hortalizas, potreros con ganado de leche y bestias; les colaboraron mucho mientras ellos abrieron caminos
  16. 16. 16 pág. 16 para sacar la madera e hicieron sus primeros sembrados, empezaron a producir y construyeron un rancho para vivienda. Cuando esto se dio, Alberto, Margara y dos de sus hijos se instalaron allí provisionalmente y mi padre les enviaba víveres cada quince días para que ellos pudieran continuar abriendo montaña. EL PASEO A ANTIOQUIA En esos días mis padres organizaron un paseo a Antioquia, para visitar a sus familiares y llevaron a Sofía que era la niña y a mí el mayorcito, salimos a Tuluá y tomamos el Ferrocarril del Pacifico proveniente de Cali con tiquetes a la estación Tulio Ospina, la alegría era grande sobre todo de mi madre que después de varios años venia a encontrarse con su familia, su padre que estaba muy enfermo a causa de un cáncer que padecía en una pierna, mi abuela, igual que mis abuelos paternos ya habían muerto, la expectativa y los deseos de llegar lo más pronto posible eran visibles, pero el destino nos tenia sorpresas, antes de la estación Pacora en el departamento de Caldas, se varó el tren en un sitio montañoso y despoblado, nos bajamos todos los pasajeros y tuvimos que caminar brincando polines no sé cuantos kilómetros ni cuantas horas con morrales a la espalda, con niños pequeños de brazos como mi madre, cruzamos el túnel de Irra a oscuras hasta llegar a la estación del mismo nombre, allí cogimos otro tren a la estación Tulio Ospina, nos bajamos y cruzamos el río Cauca en una Barca y tomamos un trencito que llamaban la Cucaracha, que hacía el recorrido del Tulio Ospina hasta Anzá. Antes de la estación Moritos el tren paró, se bajaron unas personas entre ellas el maquinista y algunos “fogoneros”, mi padre y yo detrás de ellos a coger mangos que estaban en cosecha, unas racimeras de un colorido que provocaban, para mi era una novedad, nos entusiasmamos tanto que no observamos que el maquinista y sus compañeros recogieron del suelo lo que pudieron y rápidamente regresaron, pusieron en movimiento la maquina y por mas que les gritáramos no nos quisieron esperar. Fueron más de cuatro kilómetros que con otras personas nos tocó caminar para llegar a la estación Cangrejo, donde nos estaban esperando los familiares que fueron a nuestro encuentro con bestias para tomar el camino que nos llevaría a la vereda Aguacatillo. Cuando nosotros llegamos a la estación, hacia horas que nos estaban esperando y hacían comentarios, unos nos consideraban por lo cansados que debíamos estar, otros se burlaban de mi padre que por coger unos mangos le había tocado caminar cinco kilómetros, pero lo más censurable fue la actitud del maquinista que no le importó dejar botados en la carrilera un grupo de personas de pronto sin dinero para comprar comida o pagar otro pasaje. Sin demora, ya cogidos de la noche montamos en las bestias y seguimos hacia abajo hasta cruzar la quebrada San Mateo, allí empezamos a subir la loma de Calabacera, dos horas y media para llegar a Aguacatillo (años después le escucharía a un viajero “una hijueputa” loma como ésta no la conocía ni de lejos) y al fin llegamos a Aguacatillo a la casa de Libardo Ceballos donde el recibimiento fue de mucha alegría tanto de familiares como de amigos. Al otro día ya descansados, al menos yo, podía observar la diferencia panorámica de las llanuras del Valle del Cauca y de las montañas de Antioquia, todo para mí era nuevo, el contacto con otros niños, el verme en medio de tanto ganado, el bramido de las vacas y los terneros, ver ordeñar tantas vacas, poder tomar la leche que quisiera, comer el quesito que me provocara, observar la elaboración del mismo, todo para mí fue maravilloso. AGUACATILLO
  17. 17. 17 17 Fiesta de Las Misiones, Vda. Aguacatillo---casa de la tía Inés( Ilda María, hija) Los habitantes de esta vereda, unos veinte en total más o menos, eran agregados o trabajadores de la finca, allí como en las otras operaba un sistema de “compromiso obligatorio” que consistía en trabajarle como mínimo dos días a la finca, además de los productos que se cultivara, en este caso maíz y fríjol, se debía pagar al dueño de la finca una cuarta parte de lo cosechado o el equivalente de cuatro cargas de ocho almudes cada una por un almud sembrado (cuatro cuartillas) una cuartilla (cuatro puchas) una pucha equivale a un kilo más o menos. Aunque nuestra estadía fue de solo quince días, fue lo suficiente para admirar y conocer tantas cosas, la familia de mi madre, el abuelo que fue casado dos veces, los tíos del primer matrimonio eran: Francisco (kico), Ernesto, Esther, Manuel (lito), Inés, José, Libardo y Nina la mayor de todos, esta ultima la conocí en el Valle del Cauca junto con su esposo Roberto, no tenían hijos de élla no conocí su nombre de pila ni de el su apellido, solo sé que hacían parte del grupo de aventureros, pero que muy pronto tomaron otro rumbo y nunca jamás se volvió a saber de ellos. Mi abuelo fue casado por segunda vez con Rosa Seguro hija de Anastasio y Matilde Piedrahita, familia muy humilde y digna procedente de las montañas del municipio de Urrao, solo se de ellos que mencionaban mucho el corregimiento la Encarnación y una vereda llamada Mandé. Los hijos de este matrimonio que son tíos igualmente fueron: Juan Bautista (Tista), Belarmina, Eladio y Miguel. Casa finca La Aguada. Conocí sitios como la hacienda Mira flores, Cañaveral, el alto de Quintero, Purco, el chagualo, la Cortada, la Quiebra y el pueblito Altamira con sus calles empinadas y empedradas, su plaza, que igual que sus calles era empedrada con un kiosco en el centro, surcada de toldos donde se ofrecían distintos productos sobre todo carnicerías, una de ellas del tío kico Ceballos. En el centro habían tendidos de cacharrería, productos agrícolas, plátanos, yuca, hortalizas, el maíz y el fríjol se vendía por puchas o cuartillas, (cuatro puchas), no faltaba el “culebrero” vendiendo su pomada “sanalotodo” o el ilusionista con su sombrero mágico haciendo desaparecer las monedas y muchos trucos más. Llamaba la atención el tamaño de su Iglesia que por grande contrastaba con la pequeñez del pueblo, estaba en obra negra, la casa cural igualmente grande, su párroco el presbítero Aureliano Morales Suarez, (del que nos ocuparemos mas adelante) tenía fama de ser muy bravo, pero el pueblo lo quería mucho porque era muy progresista. EL REGRESO A TULUA Sin problemas como los vividos en el viaje de ida transcurrió el viaje de retorno, todos teníamos motivos para estar contentos por las experiencias vividas, pero pasajes como esos no queríamos volver a experimentar, el recuerdo de esas caminadas por una carrilera brincando polines, cansados, con hambre bajo el clima ardiente de la orilla del río Cauca no era para querer repetir, pero bueno, ya terminado el año escolar y de nuevo en casa, todo volvió a la normalidad y empezaron las labores habituales, a mí se me cambió la escuela de formación académica, la del
  18. 18. 18 pág. 18 lápiz, la “pizarra” el cuaderno y el libro por la formación ruda, del azadón, el hacha y el machete, mi padre me llevaba al corte para que me picaran los moscos y aprendiera a ser hombre, fue así como desde los ocho años aprendí todas las labores del campo, siembra y recolección de maíz, fríjol, yuca, tabaco, selección y empacado de los mismos, limpieza, rocería, con todo esto que hacíamos, ya mi padre no se alquilaba por días sino que contrataba para aprovechar mi trabajo. LAS MONTAÑAS DE SANTA LUCIA En adelante ya era a mí a quien mandaban a la montaña a llevar el mercado o bastimento a Alberto y a la tía Margara, lo que se constituía en una verdadera odisea por la distancia y los peligros a que se sometía uno al internarse en una montaña inhóspita durante horas donde solo se escuchaba el ruido de animales que corrían, que por la espesura del monte casi nunca se podían ver, la presencia y el vuelo de aves desconocidas, las manadas de micos y monos que en algarabía parecían volar de palo en palo, el temor y el miedo siempre eran los compañeros, porque el peligro rondaba. El itinerario empezaba a las siete de la mañana cuando mi madre me entregaba una mochila (lichigo) con el fiambre y mi padre me tenía lista la “yegua colorada” cargada con el mercado el “joto” (carga ligera en la que uno podía montarse encima) me ayudaba a montarme, me echaban la bendición y me encomendaban a Dios y salía en compañía de “káiser” un perrito que no me abandonaba; cogía río arriba y cruzaba la quebrada San Marcos, pasaba por el “Descanso” que era una hacienda, allí había fonda, pesebreras y posada de arrieros, llegaba a la quebrada la Esmeralda, por ésta hacia arriba para luego tomar la loma de la Pradera que es una de las más largas que he conocido, llegaba a la hacienda del mismo nombre entre las once o once y media de la mañana, éste era el sitio de almorzadero porque ya empezaba la gran montaña. Al iniciar nuevamente el camino y al entrar al monte me bajaba y cogía un bejuco (tripa de perro) amarraba a “káiser” para que no se me fuera persiguiendo los animales y se me perdiera, me adentraba en la montaña teniendo en cuenta que éste no era un camino común y corriente, era una trocha que conducía a un solo rancho, al que se entraba o salía muy pocas veces que en bestia tardaba no menos de tres horas en llegar, por la cual se pasaba únicamente cada ocho o quince días entrando o sacando la madera aserrada, la hora de llegada era a las dos y media o tres de la tarde. En cierta ocasión me encontré un árbol caído y atravesado en el camino que me impidió el paso, no tenía más que hacer, amarré la bestia y seguí a pie cabestreando el perro con mucho miedo, rezando y pidiéndole a Dios que no me fuera a encontrar el oso que era a lo que más le temía, al fin llegué y conté lo sucedido, Alberto salió rápidamente con un hacha para destrozar el árbol y como a las dos horas regresó con la yegua y el mercado. En esta parcela, la principal actividad que se ejercía y que aportaba al sustento de las familias era el aserrío, luego la tumba de montaña para sembrar pasto, maíz, fríjol cargamanto, repollo y demás hortalizas. La recolección del fríjol “ petaco” que era casi silvestre, el problema era que los animales del monte dejaban muy poco de las cosechas, pero gracias a Dios no faltaba la comida. Recién llegados del viaje por Antioquia, a mi padre le dio por llevarnos a toda la familia para esa tierra fría, con el argumento o esperanza de montar una finca grande, dedicándole más tiempo a la abertura de la montaña, así que se amplió el “ rancho” y nos instalamos allí las dos familias. A mí nuevamente junto con mis dos primos Joaquín y Rosaura, nos entraron a una escuelita que había en la vereda el Retiro a una hora de camino, todo por monte, el camino igualmente eran trochas, nos despachaban con almuerzo a las siete de la mañana para llegar a las ocho, estudiábamos igualmente día por medio, los viernes nos daban clases hasta medio día y por la tarde nos mandaban a todos los niños a buscar leña para la profesora cocinar durante toda la semana. En estas tareas, nos internábamos por un paraje que antes había sido quemado, donde había mucha madera seca y ahora estaba cubierto por unos helechales altos, nosotros hicimos unos
  19. 19. 19 19 caminos internos por debajo como túneles y por allí arrastrábamos los palos hasta llevarlos a la escuela. Como todo campesino nosotros también usábamos sombrero para guardarnos un poco del sol y de la lluvia, una tarde bajando por uno de esos túneles arrastrando un palo, sentí que el sombrero se quedaba en el aire, miré y observé que una culebra grande de color verde lo tenía suspendido con la boca, salí corriendo asustado y no observé que había un palo atravesado y tropecé en el, me repelé la espinilla y al observar que eso estaba blanco y empezaba a salir sangre me desmayé, al poco rato volví en sí, conté lo ocurrido y entonces salimos corriendo arrastrando lo que pudimos llegamos a la escuela y el sombrerito se perdió porque jamás volvimos a pasar por esos lados. Fueron solo tres meces los que estuvimos en esa montaña, esa aventura si fue un total fracaso, habiendo no obstante buenas perspectivas, pero ocurrió que mi madre que era supremamente nerviosa, la soledad de esa selva la afectó muchísimo y para completar, en esos días recibió una carta anunciándole que el papá había fallecido. Esto fue un impacto terrible sobre todo para ella, que además del aburrimiento se enfermó y a los tres meses tuvimos que regresar a tierra caliente. Retirado de la escuela, lo único que me quedaba era practicar las pocas nociones de matemáticas, lectura y escritura que había aprendido y a decir verdad, me desempeñaba más o menos bien, me compraron unos libros entre ellos la Historia de Colombia, las Mil y Una Noches y Los Doce Pares de Francia, mis padres me ponían a que les leyera todos esos cuentos e historias, a ellos les encantaba y disfrutaban de todo esto, quizás sin saberlo me estimulaban. LA AGITACIÓN POLITICA En (1945) empezó una agitación política o campaña muy importante para elegir presidente a la Republica de Colombia, se veían grandes caballerías portando banderas y pañuelos rojos amarrados al cuello, gritando vivas al partido liberal y particularmente a Jorge Eliécer Gaitán y a Gabriel Turbay, otros llevaban banderas azules gritando vivas al partido conservador y particularmente a Mariano Ospina Pérez, era como una fiesta llena de colorido y alegría, más que una confrontación de colores o de partidos, era un acto cívico en el que la gran mayoría de los hombres participaba, puesto que en ese tiempo no había voto femenino; claro que por el alto consumo de licor no faltaban las diferencias, los disgustos, las peleas con heridos a veces, pero al menos en esa ocasión no oí hablar de muertos. La familia nuestra era toda liberal y participaba muy activamente en estas actividades políticas; llegaron las elecciones y desde el sábado dejaron previstos todos los aparejos, monturas, alforjas, espuelas, látigos, pañuelos, banderas y las botellas de aguardiente “tape tusa”. Las bestias amanecieron en la pesebrera, a las cinco de la mañana estaban ensillando muy animados en la casa de la tía Laura, este era el sitio mas indicado para reunirse porque además de estar al borde de calle, tenía un patio grandísimo, allí se citaron todos para salir la caballería en caravana y en verdad salieron en gran tropel con la esperanza y la fe en Dios en que su candidato sería el triunfador. El resultado de esas elecciones fue el triunfo del Doctor Mariano Ospina Pérez, la división del partido liberal con el Doctor Jorge Eliécer Gaitán, el Doctor Gabriel Turbay y el doctor Darío Echandía, (contaban en esa época), le facilitaron al candidato conservador ser el presidente de la Republica de Colombia para el periodo (1946 – 1950). Terminadas las elecciones presidenciales, siguieron las labores habituales, no se pensaba más que en trabajar, en el caso mío, acompañaba a mi padre en todas las actividades, las labores agrícolas en nuestras parcelas, en los contratos que él se comprometía y en algunos casos o en algunas partes nos suministraban la alimentación. Recuerdo a una señora que tenía un poco de solvencia económica, le decían doña María la del puente (nunca le supe el apellido) le decían así porque allí había un puente para cruzar el río, era un puente cubierto y amplío, muy bien construido y paso obligado de arrieros y transeúntes; allí a un lado estaba la casa de doña María, había tienda y ella mantenía o alimentaba trabajadores. Mi padre contrataba con ella suministrándonos la alimentación, que en ocasiones era de pésima calidad lo mismo que en aseo. Recuerdo los sancochos que nos daban de hueso de cadera o cadero y también de carne curada, como no había refrigeración, la carne y el hueso se salaba y se colgaba al humo, en una vara
  20. 20. 20 pág. 20 sobre el fogón de leña y a una altura proporcional para que las moscas no pusieran allí sus huevos “no le cagaran queresas decían” y le nacieran gusanos que en ocasiones no valía los cuidados y se presentaban situaciones muy molestas de desaseo o descuido. Regularmente a los trabajadores les mandaban el almuerzo (sancocho) en una olla grande, a nosotros nos lo mandaban o yo iba por el. aparte en una olla más pequeña, que por ser contratistas estábamos en otro frente; cuando la destapábamos con esa ansia por el hambre tan tenaz que a esa hora del medio día se sentía, con lo primero que nos encontrábamos era con gusanos nadando en el caldo, mi padre que era de una paciencia reconocida decía: “malhaya sea” (en vez de maldita sea), esto no lo come nadie y se quedaba sin almorzar, a mí el hambre me dominaba, con la cuchara retiraba los gusanos, con asco y todo seguía comiendo, el hambre podía más que los escrúpulos. Mi padre tenía ocasiones que no me podía llevar con él al trabajo, entonces me asignaba tareas que casi siempre realizaba cumplidamente solo o de pronto con un compañero que me ayudaba y así me quedaba más tiempo para jugar. INICIO DE LA PERSECUSIÓN POLÍTICA Posesionado el nuevo presidente (7 agosto de 1946), hubo un tiempo de relativa calma, realizando las tareas habituales sin preocuparse de más nada, ya que cualquier noticia en el campo siempre llegaba tarde, solo por medio de informaciones recogidas en el pueblo y transmitidas verbalmente o de pronto alguien se atrevía a comprar un periódico, lo que era difícil, puesto que la gente del campo no era aficionada a la lectura o no sabía leer. Los periódicos no llegaban a estos sitios, como no había energía, no había radios, las noticias llegaban tarde o no llegaban. Pasado un tiempo se empezó a sentir temor, se veía tropa de la policía montada recorriendo los caminos de arriba hacia abajo y viceversa, algo que no era normal, se empezó a sentir miedo para ir al pueblo por los comentarios en que se estaba desatando una persecución política contra los liberales y en verdad a los pocos días a un señor Jesús Sánchez persona muy liberal, una turba de conservadores lo persiguieron y lo hicieron volar del pueblo, afortunadamente el montaba un caballo muy veloz, recuerdo que era un caballo moro alto, cola corta, galopero y de raza Árabe decían, no había otro igual en esos sectores, esto fue una campanada de alerta para los liberales, así que ya se abstenían mucho de salir a no ser que fuera muy necesario. No pasó mucho tiempo para que fuera atacado el tío Toño en su propia casa, acción ejecutada por un compadre suyo de nombre Luís Martínez, éste en compañía de otros que eran contrarios políticos, portando armas de fuego, llegaron tarde de la noche, lo llamó y al reconocerle la voz se confió y abrió la puerta, en ese momento le hicieron varios disparos, el dio la vuelta y regresó a la cama, empuñó la peinilla pero sin aliento, cayó de rodillas recostado a la cama y allí murió con su peinilla en la mano. Ya la intranquilidad y el temor eran manifiestos en todas las familias y empezaron a emigrar a otros sitios, en la madrugada del 10 de abril de 1948, me tocó acompañar al primo Luís Eduardo Vargas a Tulúa para embarcarse hacia Sevilla, cuando entramos al pueblo notamos que estaba muy solo y en muchas partes los muros y casas estaban cubiertos con carteles que en letra roja decía “liberales en guerra, “asesinado Jorge Eliécer Gaitán”, otros decían, “ asesinado Jorge Eliécer Gaitán, liberales a la carga” como Luís no sabía leer, le conté lo que pasaba, se asustó mucho y a las primeras personas que se encontró les preguntó y estos le contaron lo sucedido. De todas maneras nos dirigimos a la flota, en todos se observaba inquietud y nerviosismo, sin embargo pudo viajar y yo un poco asustado tomé el camino de regreso a mi casa. De allí en adelante nada pudo ser igual, la tristeza, el aburrimiento y el miedo fue calando en la mente de todos, la tenacidad, la resistencia y el orgullo del paisa se fue desmoronando, ya no se pensaba más sino en emigrar a otros sitios. LA EMIGRACIÓN En esas circunstancias de inseguridad y violencia, mi padre no pensó más que en salvarse y salvarnos, ya otros habían salido, así que en Diciembre 1948 empacamos maletas, dejando la casa, animales, sembrados y dos parcelas y con lo poco que pudimos alzar emprendimos el viaje de regreso a Antioquia, quedaron unas personas recomendadas para que cuidaran y buscaran a
  21. 21. 21 21 quien venderle y nosotros decididamente nos embarcamos dando por terminada una aventura, pero dejando impresa una historia más en tierras Vallunas, del empuje y la verraquera Paisa. En esta ocasión, el viaje fue sin contratiempos, cuando llegamos a Cangrejo, ya nos estaban esperando con las bestias suficientes para llevarnos con todo y equipaje a nuestro nuevo lugar de destino, llegamos directamente a la casa de Libardo Ceballos hermano menor de mi madre, ésta era una de las mas grandes de la vereda pero solo tenía dos piezas grandes, una sala grande, una cocina amplia en un costado de la misma, una pieza que ocupaba Libardo y su esposa Marta Cartagena que entre otras cosas estaban recién casados, la otra la ocupamos nosotros, el equipaje lo acomodamos en la sala, a diferencia de las otras que eran de techo de paja, esta era de teja de madera y embarrada rústicamente, el piso en tierra como todas las de la vereda o de esa época. A pesar de la nostalgia de haber tenido que dejarlo todo, lo que había sido construido durante años, mis padres se sentían muy contentos, primero por la tranquilidad y la paz que se respiraba, después de las experiencias vividas y segundo por la alegría de estar rodeados de toda su familia y amigos, de recibir apoyo y solidaridad sin limites hacía que nos sintiéramos realmente en casa. LA ADOLESCENCIA Esta transición de la niñez a la adolescencia es la más desconocida en el “campesino” y sobre todo en mi época, no se era niño pero tampoco se era hombre, pues lo primero es un concepto, lo segundo era una norma, porque si por rendimiento era a mí a los 12 años ya se me pagaba el jornal completo de un mayor; si era por desarrollo físico yo no hubiese conseguido ese reconocimiento a esa edad, todo porque mi contextura era delgada y mi estatura tampoco me ayudaba. . Otro concepto de hombría que se tenía era el que fuera mas agresivo con las “mujeres” (en el mejor sentido de la palabra) más enamoradizo, yo fui un joven muy recatado, discreto, reservado, desembocando en la timidez. Mis andanzas o aventuras las hacía muy sigilosamente bajo otros pretextos, hasta el punto que mis padres estaban dudando, pero un día cualquiera Antonio Palacio (Toño) me “confesó” con esa habilidad que lo caracterizaba; sin yo saberlo primero me ofreció en venta un reloj de pulso se lo compré por 10 pesos, (el primero que me puse en mi vida), me indagó preguntándome y contándome muchas cosas de su vida, de mujeres, de novias, luego me preguntó por las mías, con la confianza que le tenía y la que me inspiró en ese momento pues era el primero que me hablaba de esos temas siendo una persona mayor. Fui sincero con el y una a una le fui contando todo o casi todo, al final me dijo: Haaaaaa, ¡El muy vivito las tenía todas guardadas! Y Susito (como el le decía) pensando otra cosa… y me contó las inquietudes de él, porque no me oía hablar de novias o de mujeres, que yo… no había despertado o que cuando iba a despertar. EL CAMBIO QUE SI SE DIO En la época en que llegamos del Valle a Antioquia (Aguacatillo), estaban en recolección de fríjol de árbol, había chocolo (choclo), en una palabra estaban en cosecha, abundaba la comida, mi madre como casi todas, del chocolo más tierno o (blandito) hacía unas arepas en la sartén, proceso que empezaba primero con la cogida del chócolo, seleccionando de entre las matas el más maduro, utilizando una estrategia que por la experiencia que se tenía daba buenos resultados y consistía en tocarle la punta a la mazorca, si estaba dócil y doblaba fácilmente se podía coger pues el grano debía estar bien formado y se podía desgranar, de lo contrario no lo coja porque debe estar muy blandito (en agüita decíamos), en ese caso había que “rasparlo” con un cuchillo bien afilado, después de desgranado, se armaba la maquina de moler, al hacer esta operación, por un lado de ésta destilaba un poco de “leche” liquido que se recogía en un recipiente, y a la hora de preparar la masa se le agregaba ésta, pero no podía demorarse mucho porque se ponía “amarga”, para prevenir esto se tenía lista la “paila” o la “callana” bien caliente, a la que se le untaba aceite, manteca o preferiblemente mantequilla, vaciaban la masa del chocolo en ésta que debía ser tan grande, como se quisiera que fuera la “arepa”; valiéndose de una lata y leña menuda le prendían fuego por debajo y por encima, se cuidaba de que no se quemara, esta era la famosa
  22. 22. 22 pág. 22 “panocha de chocolo”. Ya cuando estaba más duro las hacían en la “callana” o envuelto en hojas de plátano o de viao la metían al “fogón”, lo tapaban con el “rescoldo” de la leña y le alimentaban el fuego hasta que se asaba. A la semana siguiente nos tocó ayudar a arrancar fríjol, hacíamos manojos, regularmente lo que nos cabía en las dos manos, lo amarrábamos con guasca del cogollo de la Iraca, yo le pasaba a mi padre para que él amarrara, esto se llamaba una escoba de fríjol. Esa primera semana la terminamos empradizando en los potreros con los “calabozos” herramienta que apenas conocía, para mí era extraña, pero muy practica, a mí me dejaban rozar con machete mientras me familiarizaba con el calabozo, pues tenía menos posibilidades de cortarme, permitía cortar más a ras por lo pedregoso de los terrenos y se desgastaba menos. El salario que devengaba un trabajador era de dos con cincuenta o tres pesos, la moneda estaba fraccionada en billetes de uno, dos pesos, cinco y diez, después hubo billetes de cincuenta pesos y les decían “Lleritas” porque habían salido a circulación en el mandato del Dr. Alberto Lleras Camargo, las monedas eran de uno, dos, cinco, diez y cincuenta centavos. Ese domingo salimos a oír misa y a mercar, cuando Enrique Sánchez el mayordomo de la finca Aguacatillo, cuñado de mi madre y esposo de la tía Inés le fue a pagar los jornales a mi padre, lo sorprendió al decirle que al hijo (José) le iba a pagar el jornal completo y todo porque le había parecido muy verraco. Esa semana nos ganamos entre los dos treinta pesos, en ese tiempo no se pagaban dominicales, únicamente lo que se trabajara, ese día mi padre me llevó a almorzar al hotel de Doña Merenciana y me dio veinte centavos para que mecateara, me alegré mucho y en adelante seguí trabajando muy animado, esforzándome más por emular a los mayores. Había llegado el tiempo o época de adolescencia, doce a trece años, ya empezamos a sentirnos importantes, a marcar diferencia, entre el niño y el hombre y ese fue el cambio que si se dio; algo que nos mortificaba a los muchachos en esa época era la picadura de los moscos sobre todo a los que trabajábamos, porque teníamos que usar el pantalón corto, en ese tiempo la edad de alargarse el pantalón era a los 21años, hacerlo antes era madurarse “viche” en esto eran muy estrictos, además trabajando no nos podíamos detener a espantarlos o rascarnos porque eso era cobardía, nos reclamaban y teníamos que soportarlos lo más que pudiéramos y esperar ansiosos cumplir la mayoría de edad para “bajarnos los pantalones”. LA RALLADORA El tiempo que estuvimos en Aguacatillo fue de un mes y todo porque Enrique Sánchez tenía una finca pequeña de café cerca de Altamira que llamaban la Ralladora, esta finca producía entre cien y ciento veinte arrobas de café (diez o doce cargas) y se la dio a mi padre para que la administrara en compañía, allí además de café se cultivaba yuca y plátano en pequeña escala, nos trasladamos a principios de febrero y como tenía potrero además nos dieron una vaca produciendo leche, dos cerdos pequeños para que los levantáramos en compañía, al final nos instalaron bien y empezamos a limpiar cafetales y a organizar todo. Como llegamos a principio de año, a los tres mayores nos entraron a la escuela, en el caso mío ya había cursado el año primero y hacía cuatro años que no estudiaba y estaba para cumplir 14 años, me realizaron un examen para observar si podía con el segundo año de primaria, lo que gané sobradamente. Allí si se estudiaba el día completo de 8 am a 12 am. y de 1 p.m. a 4 p.m. de lunes a viernes; como de la casa a la escuela eran quince minutos más o menos, bajábamos corriendo a almorzar muy rápido para llegar con tiempo a la clase de la tarde, otras veces mi madre nos despachaba con almuerzo. Ese año lo gané con sobrados meritos, pero fue también mi último año de estudio porque en adelante fue trabajo, se necesitaba de mi aporte en la casa. Pasado algún tiempo ya él (mi padre) delegaba en mí responsabilidades, el cuidado de la casa y de uno o dos trabajadores, de las “chapoleras” especialmente Inés Cañola con los hijos; Rosita, Genoveva y Ramón que eran trabajadores casi permanentes, misión que ya de por sí para mí era
  23. 23. 23 23 atractiva, me hacía sentir importante, así mí padre se bajaba para tierra caliente Aguacatillo o Calabacera a preparar arados para sembrar maíz y fríjol. La tarea que yo desempeñaba era proveer de canastos, costales, asignar el tajo y la de revisar que no dejaran café maduro en los árboles o regado en el suelo, ayudarles a recoger, llevarlo a la despulpadora, medirles cuando estaban al contrato y el despulpe lo hacia un trabajador. Como ya empezaba a gustarme las mujeres, mi principal interés era Rosita, ella era una niña muy bonita, atractiva, madura y muy apreciada en el pueblo a pesar de ser muy pobre. En los pueblos el cura Párroco acostumbraba realizar una (cantarilla), se trataba de una rifa de un articulo cada ocho días y para esto se valían de una o dos niñas de las más despiertas y bonitas como atractivo, en una bandeja o charol, exhibían el articulo y en un cuaderno anotaban los nombres de las personas que compraban la rifa y a los ocho días en la misa decían el nombre de quien se lo había ganado e inmediatamente sacaban la otra. Mis pretensiones sentimentales con Rosita no tuvieron eco, no pasaron de una bonita amistad, porque ella tenia novio del cual parecía estar muy enamorada, sin embargo el aprecio y el trato preferente hacia pensar algo especial, por una parte la familiaridad pues nos teníamos como tales por parte de mi papá, por otra la relación laboral existente, además pasó una temporada con nosotros en tierra caliente, esa apreciación la tenían muchos incluso Enrique Sánchez, que no dudo de la estimación que me tenía, también pensaba que la cuestión era en serio, y alguna vez me dijo: José, ponga mucho cuidado al elegir novia, no se base en caras bonitas y elija una muchacha digna y de buena familia, eso haciendo alusión a que ella Rosita, igual que sus hermanos eran hijos naturales y en esa época la sociedad denigraba mucho de la mujer que tenia hijos fuera de matrimonio, no tenían los derechos de un hijo legitimo, eran estigmatizados, con el mismo padre Aureliano Morales párroco del pueblo tenían que discutir mucho para que les bautizara un hijo natural, eran llamados hijos del pecado. Lo que no sabía Enrique y creo que menos la tía Inés era que Argemira ( María) y yo también éramos disque “novios” pero tal vez más en broma que en serio, puesto que ella tenía un novio en San Antonio de Prado y en vacaciones de mitad de año o en diciembre iba a pasar temporada también allí, era natural que ella debía atenderlo preferencialmente porque aparte de ser su pretendiente era un visitante a la familia, pero yo me sentía desplazado o relegado a un segundo plano en una palabra “celoso”. Eladio riéndose siempre me decía: José, no le creas a Argemira (María) que esa no quiere a nadie, pero con la habilidad del género que las caracteriza, se las ingeniaba para tenernos a ambos contentos. Igual, ella también sabía que yo tenía novia en el pueblo o que visitaba a Blanca Velásquez, además le simpatizaba a otra prima Leonisa Seguro, hecho que se hizo más notorio en un diciembre, que esta fue pasar vacaciones en compañía de su hermana Evangelina, ambas trabajaban con la familia Ruiz Restrepo en la ciudad de Medellín, aunque no era de mis afectos, si trataba de que me viera con ella disque para generarle “celos” pensaba yo, lo cierto es que esta fue la ocasión que se me presentó para viajar a Medellín o a conocerlo, recuerdo que vivía disque en Cuba con Venezuela, allí llegué con Eladio Ceballos, fuimos recibidos por Leonisa quien se mostró muy complacida de tener la visita de dos primos entre ellos “el novio”. Esa noche después que ella hubo repartido comida, salimos a dar un paseo, bajamos como tres cuadras al parque de Bolívar, nos sentamos en una banca los tres a charlar y a repasar pasajes de una historia que por nuestra juventud era reciente pero siempre el pasado frente a un futuro lleno de expectativas e ilusiones pero realmente mi atención no estaba centrada en ningún sentimiento amoroso, sino en apreciar el lugar en que me encontraba que para mí era novedoso, los edificios que a pesar de que en esa época (1954) aproximadamente no había construcciones muy altas, ya una de más de tres pisos causaba admiración, en mi pueblo la construcción más alta era de dos pisos. El ruido de los carros me distraía pero lo que más hermoso me parecía era el alumbrado público, el centelleo de los avisos luminosos del comercio vistos por primera vez lo dejaban a uno maravillado y con razón, a Medellín en ese tiempo se le llamaba la ciudad de las luces (la París Colombiana). Esa noche amanecimos donde Leonisa, al día siguiente pasamos a la Floresta a la casa de don Gabriel Ruiz y valga destacar que me impresionó la formalidad y amabilidad de su señora esposa doña Carola y sus hijos. A los tres años después de este paseo, a principios de 1957 se presentó el viaje de la familia al municipio de Dabeiba, no tuve la ocasión de despedirme de ninguna de ellas, Rosita en Altamira, Blanca Velásquez y su familia estaban en Caucasia, de la que tenía más información y eso por medio de Eladio era de Argemira (María). Pero a decir verdad fue en ese tiempo que me di cuenta que la estaba queriendo tal vez más de lo que me imaginaba, quizás al sentirme como solo en una tierra extraña y en medio de montañas, aburrido y sin amigos, para colmo en esos días recibí una
  24. 24. 24 pág. 24 carta que me envió precisamente con Eladio en la que me informaba de la decisión que había tomado de internarse en el Convento de la Madre Laura en Belencito y además me esgrimía algunas razones que tenía para hacerlo, entre otras sentimentales que me hacían sentir un poco culpable como para completar mi tormento, inmediatamente le mande otra que no se si la recibiría en la que casi le imploraba que si era posible desistiera de ello, no se, no recuerdo que promesas le haría, lo que si sé es que a los pocos días me llegó otra en la que se me invitaba a la ceremonia en que haría lo votos y recibiría el habito. A pesar de la estreches económica por la que estaba pasando en ese pueblo, con Eladio que era mi amigo, mi compañero, mi confidente (fue a él a quien y no sé porque le entregué una bolsa que contenía algo tan intimo mío como fueron las cartas de amor que tan celosamente conservaba), mi Tío medio Eladio haciendo un grande esfuerzo pudimos hacernos presentes en dicho acto. La ceremonia empezó con una misa muy solemne, el templo estaba lleno, pues eran muchas las que hacían votos ese día, cuando salió con todas las novicias, la verdad que a mí no me dio alegría como se notaba en las caras de muchos de los miembros de las familias que allí se congregaron, no niego que sentía como que algo se me iba, pero en mi mente resonaba una voz… ¡No le hagas caso que ella no te quiere, ella es muy “pata”!, confieso que ese día me sentí muy mal máxime cuando no pudimos acercarnos a ella y mucho menos hablarle. El regreso a casa en Dabeiba transcurrió muy silenciosamente lleno de incógnitas, de interrogantes; si no se había distinguido precisamente por la piedad o religiosidad, (sin ser mala); ¿porqué esa decisión? Tan inesperada para mí ¿tendría yo algo que ver en ello como me lo había insinuado? pero sentía la voz y la risa de Eladio, ¡Ella no te quiere, esa es muy “pata” Argemira (María) no quiere a nadie! Tiempo después me daría cuenta que la habían asignado junto a otras para una misión evangelizadora en un país Centroamericano creo que en Honduras. Los impactos emocionales generados en tan corto tiempo siempre marcaron huella; el ser joven, nuevo en la región (afuereño decían) y además músico, ya que con Luis Parra conformamos lo que hoy sería un “dueto”, interpretábamos música popular y parrandera, esto le daba a uno cierto privilegio en la región y en el pueblo sobretodo en las muchachas. Aunque pasó mucho tiempo en el que no me animaba a oficializar novia si era consiente que no podía quedarme rememorando, las Marías, las Rosas y las Blancas pertenecían al pasado. El trabajo o administración de una finca de café (hablo de la Rayadora) es muy complejo y dispendioso y más cuando no se dispone de medios técnicos o por lo menos prácticos, que faciliten la labor, allí el agua era muy poca, la despulpadora quedaba como a dos cuadras de la secadora bajando por un desfiladero y por un camino en zigzag por lo pendiente, a esta le llegaba el agua por una acequia, en partes había que pasarla por canoas elaboradas en guadua (de allí se colige que no debía ser mucha) cada momento y por diferentes causas estas se caían lo que obligaba a una revisión constante. El despulpe se hacía manualmente en una maquinita pequeña lo que implicaba tener un trabajador días enteros en esta labor, a veces hasta avanzadas horas de la noche, alumbrados por una lámpara de petróleo sobretodo cuando había buena producción. Esta despulpadora consistía en un rancho de paja y zinc cerca de la quebrada la Purco, allí estaban los cajones donde se depositaba el café despulpado, se dejaba vinagrar hasta el otro día y a veces se le echaba un poco de sal para que acelerara este proceso sobre todo cuando se terminaba muy tarde. El lavado se hacía en los mismos cajones pasándolo de uno a otro para que escurriera un poco el agua y luego ser cargado a la espalda en canastos loma arriba para llegar a la secadora, que consistía en un tren de cinco carros construidos en madera igual que los rieles y las poleas, en cosecha había que reforzar con tendidos de encerados, esteras y costales en ocasiones había que guardarlo a medio secar, esto hacía que muchas veces se mareara, perdiera calidad y por supuesto precio. La forma rudimentaria en que se trabajaba, unida a otros factores como la necesaria renovación de los cafetales y la falta de créditos, obligaba al productor a vender por adelantado parte de la cosecha a mitad de precio o menos, lo que no hacía rentable el manejo de una finca en compañía, solo era negocio para el dueño que recibía la mitad de lo producido completamente libre de gastos, esto se pudo comprobar en la primera cosecha. Pasado un tiempo mi padre viajó a Tulúa a tratar de vender lo que habíamos dejado allí, dos posesiones dedicadas a la agricultura y algunos animales, fue un completo fracaso, porque las ofertas fueron pocas y sobretodo lo querían fiado, lo que implicaba otros viajes que no estaba dispuesto a realizar por varias razones: una por seguridad y otra porque al no tener títulos de propiedad era poco lo que ofrecían, además la ocasión no la iban a desaprovechar o se vendía barato o se dejaba, en esas circunstancias le tocó dejar todo por lo poco que le ofrecieron y no
  25. 25. 25 25 más, el caso era no tener que volver. Con lo poco realizado en el negocio, mi padre compró una novilla que se la dejaron tener en Aguacatillo y un caballo, este era pequeño y de color mantequilla, muy manso y muy guapo, ya no teníamos que terciarnos unos canastos para arrimar la comida a la casa o molestar a alguien que nos llevara el mercado del pueblo, sin lugar a dudas eso nos trajo mucho alivio y bienestar, también compro algunas cosas para la casa, y contrató algunos trabajadores para terminar la preparación de arados, siembra de maíz y fríjol en tierra caliente. HACIENDA MIRAFLORES Era la casa de la hacienda que yo conocí y que no cambió en mucho tiempo, una construcción grande construida en “bareque” y con madera redonda rustica y otros materiales como caña brava, embarrada, emboñigada y blanqueada en partes, de techo de paja de Iraca, India y otros, pisos en tierra y distribuida en varios compartimientos, unos destinados a dormitorios, con camas ancladas en el piso en cuatro estacas con tendidos de caña brava, contaba con zarzos que servían de dormitorio que como dice el dicho: no había cama para tanta gente, a pesar que disponía de varias piezas, una sala amplia, una cocina grande bien dotada con alacenas y esclusas para guardar los quesitos que consistía en una cama colgada del techo con alambre para preservarlos de los gatos y de otros roedores que pudieran dañarlos, claro que no faltaban otros gatos que aprovechaban la oportunidad para trastearse uno que otro quesito para comérselo en la pieza o en el zarzo, pero mas por ociosidad que por hambre. En otras se guardaban los utensilios de cocina, el mercado, las ollas grandes donde se depositaba la leche ordeñada y se cuajaba para sacar el quesito, en otro sitio estaba también el granero, construido con tablas, con dos o tres compartimientos o cajones cada uno con capacidad para dos o tres bultos de maíz o frijol y con tapas con bisagras bien ajustadas para preservarlos de los ratones. En otra parte de la casa se guardaban los “aperos” enjalmas, monturas o sillas, las alforjas, los zamarros, los Galápagos (montura especial para mujeres con un estribo y un cacho por encima que les permitía cruzar la pierna por encima de éste y montarse de lado), en ese tiempo era mal visto y hasta deshonesto que una mujer montara como los hombres. Las sogas de vaquería y los demás rejos para amarrar como “sobrecargas” “lías” jaquimas, cabrestos (cabestros) había que mantenerlos muy dóciles, se les untaba cebo de res, así que para preservarlos de los ratones, se colgaban de “garabatos” especie de horquetas que amarradas con alambre doble, rejo o laso pendían del techo, a este se le hacía un nudo en la mitad, se cogía una totuma, se le hacía un agujero por la mitad, se introducía la punta del rejo o laso, se bajaba hasta el nudo; esto era para evitar que los ratones se bajaran por el y dañaran los rejos, luego se colgaba de una viga o del techo de la casa o pieza destinada para ello. Las gallinas igual que todas las demás aves de corral, dormían en los árboles cercanos a la hacienda, a éstos con clavos se les pegaba una lata en la mitad del tronco que lo abarcara completamente para evitar que las “chuchas o el tigrillo” se subieran y mataran una o varias como es el caso del tigrillo, también se les ponía una vara para que pudieran subirse pero luego se les retiraba para que no le sirviera de puente a los otros animales. En la hacienda había un rancho aparte con nidos para que las gallinas pusieran sus huevos o echadas con sus nidadas para sacar pollitos, lo mismo pasaba con los otros animales como: las pavas, las patas y las gallinetas. Estos animales muchas veces ponían sus huevos en el monte y entonces había que cazarlas, para esto tenían que cogerlas por la mañana en el momento de darle el desayuno que a la voz del cutu, cutu, cutu, todas acudían en veloz carrera en una escena bastante singular que igual que en un hermoso jardín, con la sola diferencia de la algarabía, adornaba de variados colores el espacioso patio y con los primeros puñados de maíz arrojados lo mas cerca posible para que la elegida estuviera a nuestro alcance y con rapidez se cogía y se tentaba para asegurarnos que tenían huevo para ese día, esta era una tarea que era muy propio de las mujeres pues no era muy bien visto un hombre tentando una gallina. Si al introducir el dedo se sentía que estaba muy cerca, no había que darle mucho tiempo, si lo palpaba lejos denotaba que era por la tarde, de todas maneras había que amarrarlas y calcular la hora en que se podía soltar para seguirla muy cautelosamente sin asustarla y de pronto hasta sin ser visto, hasta que a esta le diera la gana y lo llevara a uno donde tenía su nidada. Los marranos “cerdos” igual que las aves se levantaban con toda libertad, andando por los potreros y metiendo el hocico en todas partes “osando” bañándose en los pantanos, en las horas de comida había que llamarlos chino…chino…chino……hasta que todos iban llegando y no había que contarlos, por el color o el nombre se distinguían, igual que las gallinas y las vacas con

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