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Tradiciones en la formación docente

  1. 1. Provincia De Buenos AiresDirección General De Cultura Y EducaciónDirección De Educación SuperiorEscuela Normal Superior Domingo Alberto TeruggiInstituto De Formación Docente Y Técnica Nº 165CARRERA: PROFESORADO DE EDUCACIÓN PRIMARIAAÑO: 2doTRADICIONES EN LA FORMACIÓN DOCENTEMateria: Teoría Sociopolítica Y EducaciónProfesor: Peirano ClaudiaAlumnas: Rodríguez Dulcinea Rodríguez Evelyn Valenzuela, NataliaMails: dulchy_9005@hotmail.com eve_lu_ro@hotmail.com 1
  2. 2. Tradiciones en la formación docente:Los debates y las propuestas en torno a la formación de los docentes y su perfeccionamientotienden a emerger con fuerza en los momentos más críticos, sea por la insatisfacciónrespecto de los logros de la escuela, sea por procesos de cambio político. En algún momentolos docentes han participado activamente de estos movimientos.Comprender estas tradiciones, sus conflictos y sus reformulaciones permitiría adoptarcriterios más claros y distintos. Se trata de comprender el presente a través de un rastreo delpasado.Entendemos por tradiciones en la formación docente a las configuraciones de pensamiento yde acción que, construidas históricamente, se mantienen a lo largo del tiempo, en cuantoestán institucionalizadas, incorporadas a las prácticas y a la conciencia de los sujetos.Sobreviven actualmente en la organización, en las prácticas, en el curriculum.Reflexionar sobre estas tradiciones es un ejercicio útil para comprender donde estamossituados e identificar nuestras propias argumentaciones y nuestros propios compromisos.A lo largo de la historia de la formación docente se sucedieron las siguientes tradiciones: • Tradición normalizadora-disciplinadora • Tradición académica • Tradición eficientistaA continuación detallaremos la tradición normalizadora-disciplinadora:La organización de la escuela de masa requirió de la preparación de personal idóneo quecondujese la acción escolar.Al principio se trató de una enseñanza lancasteriana, con un sistema con monitores-instructores que enseñaban a los gritos, ya que el ruido de las maquinarias dentro de lasfábricas dificultaba el diálogo. 2
  3. 3. Posteriormente apareció la figura del “buen maestro”, como ejemplo moral, quien cumplíaun papel normalizador y moralizador, al difundir un mensaje de vida basado en normas yprincipios seculares, el maestro “moralizador” debía ser en la escuela ejemplo de conducta,modelo a imitar: “recordando que el ejemplo enseña mas que el precepto…lo que sedemanda al institutor es menos el saber que el talento de comunicar”. Y que “entre serbuenos y sabios, lo primero es más importante” (Andrea Allaud, Los maestros y su historia).El maestro moralizador debía aportar en su persona aquellos atributos que se consideraban“legítimos” y que, por tanto, debían internalizar los destinatarios de la escuela pública. Y,como difusor de la cultura, bajo la “tarea formal” de alfabetización, el maestro de escueladebía desempeñar la “tarea real” de difundir un nuevo orden cultural que se estabaconformando. Precisamente, a través del desarrollo de esta actividad, destinada a lasmayorías “incultas”, se buscaba lograr una especie de “regeneración” social. En el proyectoeducativo dominante transformar a la población suponía formar individuos predispuestos areconocer y respetar “la cultura”. Sólo era cultura legítima la que transmitía la escuela. Todolo que se diferenciaba no merecía una denominación tal. Sin embargo, la apropiación de lacultura “escolarizada” (por la cual el analfabeto dejaba de ser un “inculto”) no significabaacceder a los saberes o conocimientos relevantes, implicaba más que nada moralización. Deallí que “culturalizar” a la población, tarea especifica del maestro de instrucción primaria,tenia menos que ver con la transmisión de conocimientos que con la difusión de ciertasnormas, valores y principios que el ciudadano ideal debía aportar. Culto era, en este sentido,el que poseía una estructura personal, un conjunto de esquemas ideales, un estilo “útil”, parala concepción, valoración y tratamiento del mundo. La cultura era definida como lainculcación de las formas de comportamiento y conocimientos básicos. No se buscabaprofesionales de alta formación científico-técnico, sino de conformar una “legión demaestros patrioteros”, con profundo autoestima, y valoración social. Ser maestro implicabareconocer la cultura dominante, la “alta cultura”, y saber sólo lo que no era posible ignorarpara merecer ser denominado como tal. Saber “para” enseñar y nunca saber por saber.Enseñanza que no consistía en la formación de hombres sabios. Saber, entonces yfundamentalmente, para moralizar de manera efectiva: “hacer adquirir hábitos buenos yreprimir los malos debiera ser el primer trabajo del maestro de escuela…, crear en ellos (losalumnos) hábitos virtuosos y modalidades propias de una persona bien educada” (Andrea 3
  4. 4. Allaud, Los maestros y su historia). La docencia adoptó una actitud de entrega personal, quenadie mejor que las mujeres para poder hacerlo. La presencia del hombre se hizo sentir enlos últimos años de la escuela primaria, ocupando el cargo de la dirección escolar, dejandotodo el resto de las actividades a la mujer.El maestro era el encargado de impulsar y concretar en la comunidad las campañas de saludpública y diversas acciones de control social.La enseñanza se orientaba mucho más al disciplinamiento de la conducta y lahomogenización ideológica, que a la formación de habilidades o del desarrollo delpensamiento o conocimiento. El disciplinamiento se realizaba a través del premio-castigo.De este modo, la tarea de la escuela y de sus maestros de grado se identifica con “enderezar”conductas, maneras, actitudes, hábitos y costumbres. Para lograr el orden interno, en laescuela, el maestro utilizaba técnicas de “vigilancia” (la observación atenta y constante),sanciones “correctivas” y fundamentalmente su persona como “ejemplo”A continuación se explicitaran citas que permiten apreciar las modalidades dedisciplinamiento que se concretaba en las escuelas: “una enumeración de los correctivos, allado de la lista de las faltas, puede ver mejor su carácter general: mandar al niño a su casa atraer los útiles olvidados o lavarse; hacer cumplir en clase un deber no cumplido, hacer quelo cumplan en la escuela y fuera de clase, hacer que el portero le lave la cara o le lustre losbotines; aconsejarlo paternalmente, hacerle comprender que intencionalmente el maestroguarda silencio en vez de reprender, amonestarlo, despedirlo de clase, privarle de asiento ode recreo; reiterar con intención el mandato, anunciar el castigo, suspenderlo, expulsarlo…” 4

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