CONFESIÓN Y ARREPENTIMIENTO: CONDICIONES PARA EL REAVIVAMIENTO
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CONFESIÓN Y ARREPENTIMIENTO: CONDICIONES PARA EL REAVIVAMIENTO CONFESIÓN Y ARREPENTIMIENTO: CONDICIONES PARA EL REAVIVAMIENTO Presentation Transcript

  • Lección 6 para el 10 de agosto de 2013
  • “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?” (Romanos 2:4) Nuestra naturaleza carnal se opone al arrepentimiento, se niega a aceptar que podemos hacer algo mal. Dios es el que nos “guía”, nos lleva al arrepentimiento. Por ello, el arrepentimiento es un don de Dios. El Espíritu Santo es el que produce en nosotros la convicción de pecado para que acudamos a Jesús, la fuente del perdón.
  • El arrepentimiento es un sentimiento de pesar por algo que se ha hecho y que, por algún motivo, desearíamos no haberlo hecho. El motivo que produce nuestro arrepentimiento define si éste es verdadero o falso; si es “la tristeza que proviene de Dios”, o es “la tristeza del mundo”. “La tristeza que proviene de Dios produce el arrepentimiento que lleva a la salvación, de la cual no hay que arrepentirse, mientras que la tristeza del mundo produce la muerte” (2ª de Corintios 7:10 NVI)
  • En la conversión de Pablo vemos los ingredientes de un verdadero arrepentimiento: 1. Existe una firme decisión de abandonar el pecado y cambiar de conducta. 2. El recuerdo de nuestros pecados perdonados no produce un sentimiento depresivo, sino un deseo de alabar a Dios por su amor, y nos lleva a dar testimonio ante los demás del poder perdonador de Jesús. “Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial, sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento” (Hechos 26:19-20)
  • “Los ejemplos de arrepentimiento y humillación genuinos que da la Palabra de Dios revelan un espíritu de confesión que no busca excusas por el pecado ni intenta su justificación propia. El apóstol Pablo no procuraba defenderse, sino que pintaba su pecado con sus colores más obscuros y no intentaba atenuar su culpa… Sin vacilar declaró: “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores; de los cuales yo soy el primero.” (1ª de Timoteo 1:5)” E.G.W. (El camino a Cristo, cp. 4, pg. 41)
  • Esaú (Hebreos 12:17) Faraón (Éxodo 12:29-32) Balaam (Números 22:32-35) Judas (Mateo 27:4-5) ¿Qué elementos comunes ves en el arrepentimiento de los siguientes personajes bíblicos? Ninguno de ellos sintió pesar por sus pecados, sino por las consecuencias de ellos.
  • Arrepentimiento verdadero Tristeza por haber pecado contra Dios. Confesión clara del pecado cometido. No se presentan excusas, sino que se asume la culpa. Decisión de alejarnos del pecado. Arrepentimiento falso Tristeza por las consecuencias del pecado. Confesión vaga de culpabilidad. Se presentan excusas y se buscan otros culpables. Volvería a hacer lo mismo, si supiese que no tendría las mismas consecuencias.
  • La confesión es el acto que da validez a nuestro arrepentimiento. “La confesión no es aceptable para Dios si no va acompañada por un arrepentimiento sincero y una reforma. Debe haber cambios decididos en la vida; todo lo que ofenda a Dios debe dejarse. Tal será el resultado de una verdadera tristeza por el pecado” E.G.W. (El camino a Cristo, cp. 4, pg. 39) El Espíritu Santo no da sentimientos vagos de culpa, nos convence de nuestras faltas específicas. La confesión ha de ser concreta: “Señor, he hecho esto mal, he pecado y quiero que me perdones este pecado”. La confesión sincera debe ir más allá de las meras palabras.
  • En el Salmo 32, David refleja los sentimientos que le invadieron (e incluso los cambios físicos que se produjeron en él) antes y después de confesar su pecado. Mientras guardé silencio, mis huesos se fueron consumiendo por mi gemir de todo el día. Mi fuerza se fue debilitando como al calor del verano, porque día y noche tu mano pesaba sobre mí” (Salmos 32:3-4 NVI) “Por eso los fieles te invocan en momentos de angustia; caudalosas aguas podrán desbordarse, pero a ellos no los alcanzarán. Tú eres mi refugio; tú me protegerás del peligro y me rodearás con cánticos de liberación… ¡Alegraos, vosotros los justos; regocijaos en el Señor! ¡cantad todos vosotros, los rectos de corazón!” (Salmos 32:6-7, 11 NVI) “Pero te confesé mi pecado, y no te oculté mi maldad. Me dije: «Voy a confesar mis transgresiones al Señor», y tú perdonaste mi maldad y mi pecado” (Salmos 32:5 NVI)
  • “El amor que Cristo infunde en todo nuestro ser es un poder vivificante. Da salud a cada una de las partes vitales: el cerebro, el corazón y los nervios. Por su medio las energías más potentes de nuestro ser despiertan y entran en actividad. Libra al alma de culpa y tristeza, de la ansiedad y congoja que agotan las fuerzas de la vida. Con él vienen la serenidad y la calma. Implanta en el alma un gozo que nada en la tierra puede destruir: el gozo que hay en el Espíritu Santo, un gozo que da salud y vida” E.G.W. (El ministerio de curación, pg. 78)