CosmocápsulaRevista Colombiana de Ciencia-Ficción
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Dixon Acosta
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de vida? Co...
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A Patricia, artista y compañera.
Al igual que el pecado original, la cienci...
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sueño de ser escritores.
En nuestro idioma castellano, la lista de autoras
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En el caso de “Cosmocápsula” hay claros
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“He discutido con su autor los pormenores
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alejándolo del mundo y de su vitalidad. Así son las
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Colombia ha sido mencionada en múltiples
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dibujante y caricaturista argentino, Daniel Rabanal,
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DIXON ACOSTA (1967)
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Burdeles conocí de todo tipo y en cuanto
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Con los datos mencionados, y una vez asegurada la
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instrucción que, mal resumida, decía algo así como
que no se permitía el u...
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Llevaba su cabello negro recogido en una moña y
su sonrisa era muy suave. ...
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aquí a Arum 7. Tan pronto descendí en el planeta,
me alojé en el hotel de ...
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Aún no se ha esclarecido si la iniciativa
procedió de los simpatizantes de...
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del laboratorio y la mejor contribución al partido.
Hubo al interior varia...
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características de la empresa. Heinrich contaba con
las peculiaridades de ...
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Heinrich había navegado el mediterráneo en su
juventud, todavía guardaba e...
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El interrogatorio de Heinrich no arrojó mejores
resultados. La senilidad, ...
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El sol se levanta y se pone dia con
dia…mientras mi lapiz 4B, cada vez más...
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El Padre George reunía a su pueblo al menos
dos veces al año, una al llega...
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y la luna se hizo en el cielo redonda, grande,
blanca, casi transparente.
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La esclusa presurizada emitió un acongojado
sonido sibilante mientras se c...
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Espacio. Tras casi diez años de esfuerzo
compartido y una ingente riada de...
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los pelos. Míralo así: hace cincuenta años todo el
mundo estaba convencido...
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Cápsulas Literarias
y más allá de su achaparrada silueta aún podían ver
al...
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Cápsulas Literarias
luminosa que ahora pisaba seguía estando allí, en
el c...
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Cápsulas Literarias
la vida.
Todavía permanecieron un par en minutos, sin
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Cuadernos rayados. De hojas amarillas. La
escuela o el colegio. Las aventu...
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  1. 1. CosmocápsulaRevista Colombiana de Ciencia-Ficción FFeebbrreerroo -- AAbbrriill.. 22001100 NNºº 22 www.cosmocapsula.com
  2. 2. Fundadores/Editores: Antonio Mora Vélez, Dixon Acosta, David Pérez. Comité editorial para este número: Juan Diego Gómez Vélez, Antonio Mora Vélez, Dixon Acosta, David Pérez Marulanda. Agradecimientos especiales: Corporación Universitaria del Caribe CECAR Diego Darío López Mera Diseño y diagramación: David Pérez Marulanda. Ilustración de portada: "Silencio" por Nela Marín CosmocápsulaRevista Colombiana de Ciencia-Ficción FFeebbrreerroo -- AAbbrriill.. 22001100 NNºº 22 www. cosmocapsula.com Colombia. 2010 Nota importante: COSMOCÁPSULA no se responsabiliza de las opiniones emitidas en esta publicación. Lo expresado en cada texto o imagen es responsabilidad única de su respectivo autor. El logotipo de Cosmocápsula es de © David Pérez. Se permite la redistribución de esta revista siempre y cuando se haga de forma íntegra, sin modificar su contenido, manteniéndose el archivo pdf como unidad sin extraer los textos individuales, y no se obtenga beneficio económico alguno.
  3. 3. Editorial "La ciencia-ficción escrita por mujeres" Dixon Acosta ¿Es razonable tomar la ficción como una opción de vida? Comentario acerca de "La invención de Morel" de Adolfo Bioy Casares Yesid Henao Pérez Colombia en el Cómic Dixon Acosta Tu mejor recuerdo Campo Ricardo Burgos El Único Hijo de Adolfo Casares Fernando Galindo Gordillo Ilustradora Invitada: Nela Marín El Gran Macizo Carmen Frontera Quiroga Un Paseo Sobre la Luna Óscar Bastante Godina Star Wars en el cuaderno Óscar Fabián Triana Méndez N18 Juan Manuel Ortiz Taberna Salmo Penitencial Pablo Martínez Burkett Instantáneas de una escritura tetracefálica: "Los idiotas de la calle 13" Federico Cuartas Aristizábal Juan Ignacio Muñoz Zapata Nicolás Uribe Pantoja Philippe “Luna solar roja” Edwards 4 7 9 14 19 24 25 27 33 37 39 41 Índice Desilusión Cósmica Antonio Mora Vélez Instantes J. Javier Arnau Moreno Ñorñoritos Claudio Guillermo del Castillo Pérez Fundamentos matemáticos del amor Juan Carlos Garrido del Pozo Portal 23 José Ángel Muriel Gonzalez El Ente Javier Fernández Bilbao ¡Por Fin! Pablo Navarro Valero Y éste fue el principio... Carlos Enrique Saldivar Los cálculos nunca son exactos Yonnier Torres Rodríguez Cuadro Familiar Juan Manuel Valitutti Buenas noches, amor Carlos alberto Morales Duendes Ramiro Sanchiz Novedades Editoriales 46 49 51 53 55 62 64 67 70 76 78 83 89 Ir Ir Ir Ir Ir Ir Ir Ir Ir Ir Ir Ir Ir Ir Ir Ir Ir Ir Ir Ir Ir Ir Ir Ir Ir
  4. 4. 4 Cosmocápsula Número 2. Febrero - Abril. 2010 A Patricia, artista y compañera. Al igual que el pecado original, la ciencia- ficción moderna fue iniciada por una mujer. La escritora Mary Shelley con su novela “Frankenstein o el Moderno Prometeo” (1818), inauguró un género capaz de imaginar situaciones extraordinarias, pero con un fundamento científico racional. El monstruo creado por el enfermizo genio de Frankenstein no es producto de la magia, no se trata de un milagro ni de la fantasía inexplicable, sino de un experimento científico, sobre el cual la autora no sólo describe su realización sino que reflexiona sobre sus consecuencias e impacto social, adelantándose a todo el debate ético que la clonación y la manipulación genética han provocado en esta época turbulenta. Pero si aún existieran dudas de la importancia de Mary Shelley en este particular género literario, estas se disiparían al descubrir que ella es autora de la novela “El último hombre” (1826), un relato apocalíptico cuyo argumento es una sociedad futurista de finales del siglo XXI, en donde una plaga ha asolado el mundo, hasta dejar al último sobreviviente. Como se observará, la señora Shelley resultaría ser pionera del subgénero apocalíptico que ha sido recreado en diversas variantes por otros novelistas y directores cinematográficos contemporáneos. Escritoras destacadas del género han sido la socióloga y feminista estadounidense Charlotte Perkins Gilman quien es autora de “Herland” traducida en algunas ediciones como “Dellas, un mundo femenino” (1915), con un argumento que muchos hemos asumido en algún relato perdido, una sociedad conformada sólo por mujeres, así mismo Andre Norton la “Gran Dama de la Ciencia- Ficción y la Fantasía”, con una prolífica obra de más de cien novelas. De igual forma Thea Von Harbou, guionista y escritora alemana cuyo genio se vio nublado por su militancia en el nazismo, fue la creadora de “Metrópolis” (1926), obra que fue llevada al cine por su esposo, Fritz Lang, la novela plantea en un escenario de alienación, la dicotomía femenina en el imaginario masculino, el pecado y la redención, la maldad y la nobleza. Se han dado casos de vocaciones tardías como Miriam Allen deFord, quien a los sesenta y dos años escribió su primer cuento y continuó escribiendo hasta los ochenta y seis ó Margaret St. Clair. En la dilatada historia del género han brillado nombres como los de Ursula K. Le Guin con novelas como “La mano izquierda de la oscuridad” (1969) ó “Los desposeídos”. No puede olvidarse que la premio Nobel de Literatura 2007, Doris Lessing, dentro de su vasta obra ha escrito varios títulos de ciencia-ficción como los cinco volúmenes de “Canopus en Argos” (escritos entre 1979 y 1983), en donde plantea la divergencia entre los conceptos de hombre y mujer, así como la reciente novela “The Cleft” (La Grieta, 2007). En el mundo literario anglosajón, aparecen nombres como Kate Wilhem, Joanna Russ, Marion Zimmer Bradley, Joan Vinge, Vonda McIntyre, Judith Merrill, Alice Bradley Sheldon, quien escribió durante mucho tiempo con el sobrenombre masculino de James Tiptree, Octavia Butler, escritora afroamericana, Pat Cadigan llamada la “Reina del Cyberpunk” y muchas más. Dentro de la relación de mujeres autoras de ciencia-ficción, no incluyo a la popular escritora británica J. K. Rowling, creadora de la serie “Harry Potter”, obra de fantasía mágica, pero su historia personal debe ser inspiradora no sólo para las mujeres, sino para todos aquellos que tienen el Editorial La ciencia-ficción escrita por mujeres Dixon Acosta Editorial
  5. 5. 5 Cosmocápsula Número 2. Febrero - Abril. 2010 sueño de ser escritores. En nuestro idioma castellano, la lista de autoras dedicadas a la ciencia-ficción se reduce bastante. Algunos han insinuado que Sor Juana Inés de la Cruz inició el género con un poema especulativo llamado “El Primero Sueño”. En España, actualmente Elia Barceló, filóloga y profesora es la escritora más destacada del género con novelas como “El mundo de Yarek”, “El vuelo del hipogrifo”, con la presencia de autoras y divulgadoras del género como Lola Robles y Pily B.; se dio el caso de María Guera quien junto a su hijo Arturo Mengotti, escribieron ocho relatos en la legendaria revista “Nueva Dimensión” para luego desaparecer. En nuestro continente la argentina Angélica Gorodisher está a la cabeza de cualquier selección con títulos como “Kalpa Imperial” y el libro de relatos “Trafalgar”. En México, Marcela del Río Reyes sobrina-nieta del gran Alfonso Reyes, es responsable de la novela “Proceso a Faubitten” con prólogo de Ray Bradbury. Más recientemente el caso de la novelista cubana Daína Chaviano, exiliada en Estados Unidos, quien ha logrado reconocimiento por su obra, así como la escritora peruana Tanya Tynjälä. Recién me entero que en Costa Rica hay una interesante producción femenina, durante el año 2009 se editó en ese país “Posibles Futuros, Cuentos de Ciencia Ficción”, en la cual se encuentran cuentos de seis autores costarricenses de los cuales tres son mujeres, Laura Casaca Núñez, Jessica Clark y Laura Quijano Vincenzi quien ha publicado al menos cuatro libros entre novela y relatos de ciencia-ficción, iniciando en 1995 cuando publicó la novela “Una sombra en el hielo”. En el caso de Colombia, la primera obra de ciencia-ficción también fue fruto de la imaginación femenina, la extraordinaria Soledad Acosta de Samper y el relato “Bogotá en el año 2000” (1905), en el cual crítica lo que ella percibía como ciertas costumbres demasiado liberales para su gusto, aunque empleara el recurso onírico para explicar su especulación futurista. No puede olvidarse a María Castello y su cuento “La tragedia del hombre que oía pensar” (1935) incluido en la única antología de ciencia-ficción colombiana, “Contemporáneos del Porvenir”. Entonces viene la pregunta, por qué aparentemente existe la convicción que las mujeres no escriben ciencia-ficción, si al menos los ilustres antecedentes afirmarían lo contrario. La verdad es que actualmente los argumentos que se esgrimieron en el pasado, sobre las limitaciones para las mujeres en materia de creación literaria, no tendrían el mismo peso específico, es decir, el difícil acceso de las mujeres a la educación (en el caso colombiano la mayor parte de la población universitaria colombiana es femenina), ó la censura de la sociedad a las mujeres escritoras. La duda se vuelve apremiante en el caso de Colombia. No aparece una escritora contemporánea que se dedique de lleno al género, de hecho nunca la hemos tenido, sólo apariciones espontáneas, siendo más visitada la fantasía, género que considero emparentado (pariente lejano en realidad) con la ciencia-ficción pero que en el imaginario colectivo tiende a confundirse. Es más frecuente encontrar relatos femeninos fantásticos como en el caso de la gran Laura Restrepo ó de la escritora y crítica Carolina Sanín, y no puede olvidarse esa variante romántica del realismo- mágico que ha explorado Ángela Becerra. Pero en materia de ciencia-ficción no parece haber mucho interés por parte de nuestras escritoras. Buscar explicaciones a esta circunstancia, no resulta fácil, porque podríamos caer en la tendencia facilista (y machista) de expresar que las mujeres no gustan de la ciencia, ni de los argumentos racionales para explicar una situación extraordinaria y simplemente se decantan por lo facilista. Personalmente me atrevo a suponer que en su afán de ganar reconocimiento y respetabilidad a nuestras escritoras (al igual que a muchos autores hombres) no les interesa ser relacionadas con un género considerado menor, que ha sido identificado como “no realista” en el sentido de inmaduro, infantil e incluso absurdo. Editorial
  6. 6. 6 Cosmocápsula Número 2. Febrero - Abril. 2010 En el caso de “Cosmocápsula” hay claros ejemplos del interés femenino por el género de ciencia-ficción. En el primer número de la revista tuvimos en el Consejo Editorial a la escritora y divulgadora Tamara Gutiérrez, uno de los mejores relatos de esa edición fue coautoría de la escritora argentina Laura Ponce. En el actual número, incluimos un relato de la escritora española Carmen Frontera, aunque discutible si corresponde o no al género, motiva interesante reflexión. De igual forma, la imagen que ilustra y presenta esta segunda edición es obra de Nela Marín, extraordinaria artista e ilustradora costarricense, quien dentro de su maravilloso trabajo se ha decantado por las obras de corte infantil y juvenil. Antes de terminar debo aclarar que la primera línea del presente texto sólo pretendía ser un anzuelo provocador. No creo en la culpabilidad del pecado original por parte de una mujer, esa idea que sustenta el relato bíblico, tiende a ser una de las tantas proyecciones masculinas de su propia frustración, miedo e incomprensión ante lo femenino, al igual que un justificante político de los regímenes de los hombres. Está más que comprobado que la mayoría de “pecados” como la guerra y la corrupción política son en su mayoría acciones masculinas, la naturaleza de la mujer es la creación, no la destrucción. Como aspiración personal, espero que el presente texto sirva de acicate, de estímulo, a todas aquellas mujeres que gustan de la ciencia-ficción, especialmente en Colombia, para que se animen a escribir relatos y los envíen a esta revista, pues afortunadamente Internet ofrece una alternativa frente a la otra tradicional limitante, el difícil acceso a editoriales ó revistas de papel especializadas en el género. En nuestro caso, “Cosmocápsula” siempre tiene la puerta abierta a quienes sueñan los futuros posibles, si consideramos que los imposibles no existen. Dixon Acosta. Editorial
  7. 7. 7 Cosmocápsula Número 2. Febrero - Abril. 2010 “He discutido con su autor los pormenores de su trama, la he releído; no me parece una imprecisión o una hipérbole calificarla de perfecta.”1 Jorge Luis Borges Uno podría decir que esta novela abunda en elementos interesantísimos, todos dignos de inspirar otros escritos: un hombre condenado a cadena perpetua que se hace prófugo y que adquiere un semblante melancólico, una piltrafa humana inmersa en la hostilidad del tiempo acompañada por el sinsabor de días tediosos, un ser habituado a una libertad hostil que le recuerda las comodidades del pasado, pero también la injusticia de los hombres, un no sé qué, que saca fuerzas de las ruinas de su cuerpo y que se enamora, pese al hambre que lastima su estómago. Dicho hombre convirtió la adversidad de una isla en su libertad, convirtió la imagen de una mujer en su más sublime esperanza, convirtió la virtualidad de su entorno en algo soportable, luego en algo familiar, al final decidió hacer parte de aquel artificio; cambiando su miserable vida por una semana eterna de felicidad virtual. Sabia decisión para los idealistas, no para los profanos, pues estos últimos consideran siniestro abandonar lo orgánico, cambiar lo tangible por lo ilusorio, traicionar la vida con ensueños, desear con ansia lo eterno. ¡Ja! Un momento de felicidad eterna ¿tiene ello sentido? Sí lo tiene, pero sólo si no es eterno. A muchos individuos les gustaría tener la máquina de Morel, para así prolongar momentos especiales, momentos felices, para dejar en el abandono los instantes amargos, para olvidar todas sus penas, pero ¡qué tontos son! No saben que es más grato para el cuerpo conmemorar los momentos amargos, hacerlos parte de uno y carcajearse con ellos. ¿Por qué no saben ellos esto? Ya sé, no tienen capacidad... no tienen capacidad de percibir, apreciar y valorar sabores... no saben del valor que tiene lo amargo, lo simple, lo agrio, lo oscuro, lo doloroso... no saben que los verdaderos hombres están hechos de estas delicias, no tienen paladar exquisito. ¿Cómo saber de felicidad cuando hay ausencia total de dolor, cuando se olvida lo que nos hace tomar tierra, cuando nos sustraemos del tiempo? Es bien sabido que aquellas cosas con pretensiones eternas son un insulto a lo mortal, a la naturaleza, al tiempo, al cambio, pues petrifican lo que tocan 1. Tomado de: La Invención De Morel, Editorial Norma, Santafé de Bogotá, 1994, Pág. 12. ¿Es razonable tomar la ficción como una opción de vida? Comentario acerca de "La invención de Morel" de Adolfo Bioy Casares Yesid Henao Pérez Licenciado en filosofía y letras - Universidad de Caldas gunsandnorcans[arroba]hotmail.com "La invención de Morel es una novela escrita en 1940 por el argentino Adolfo Bioy Casares. Se trata probablemente de su obra más famosa, constituyendo un ejemplo clásico de la literatura fantástica en idioma español." Tomado de Wikipedia.org Artículos
  8. 8. 8 Cosmocápsula Número 2. Febrero - Abril. 2010 alejándolo del mundo y de su vitalidad. Así son las imágenes de Morel, por ello ignoraron lo único valioso de esa isla, a saber: aquel desgarrado hombre. ¡Qué va! Él traicionó la tierra y también se hizo quimera. “No tuve necesidad de ver a Faustine. Me creía seguro: ya no me importaba que estuviera o no estuviera. Comprendí que era cierto lo que había dicho, horas antes Morel (pero es posible que no lo hubiera dicho por primera vez, horas antes, sino algunos años atrás; lo repetía porque estaba en la semana, en el disco eterno). Sentí repudio, casi asco, por esa gente y su incansable actividad repetida. Aparecieron muchas veces, arriba, en los bordes. Estar en una isla habitada por fantasmas artificiales era la más insoportable de las pesadillas; estar enamorado de una de esas imágenes era peor que estar enamorado de un fantasma (tal vez siempre hemos querido que la persona amada tenga una existencia de fantasma). ”2 Algunos dicen que es posible lo eterno mientras no haya conciencia ¿cómo es eso? Respuesta: Como las imágenes no conocen su naturaleza, son cual fantasmas: viven con la gente, duermen con ella, disfrutan el mundo, pero no saben su estatus ontológico, no saben que de ficción está hecho su ser. Ello justifica su felicidad, y la falta de conciencia hace que desaparezca el hastío por lo eterno. ¡Así también es la gente! similar a estas ficciones, viven felices en el engaño. Ahora bien ¿por qué privarles de la felicidad? ¿Por qué preferir el dolor? Nada tiene más sentido que sonreír en el mundo, ver las cosas positivamente, ser un tonto feliz e ignorar la realidad, evitar el dolor, hacer de la indiferencia el mejor aliado, negar un gran porcentaje de la vida, pues lo amargo, lo ácido y lo simple son nada si se comparan con lo dulce. ¡Qué ignorancia tan grande! Se les olvidó cuán desagradable es el dulce después de un rato, el empalago que produce, el ardor en la garganta, el agudo dolor de cabeza... Imagínense una eternidad así de azucarada. “!qué felicidad!”. Las imágenes de Morel en su mundo artificial no serán conscientes de tan monótono destino, pues habrán capturado un instante del tiempo, que si bien se repite un millón de veces, para sus huéspedes siempre será algo nuevo, pero ¿cómo se ven las cosas desde afuera? Cuando aquel fugitivo se percató del engaño sintió repudio, pero sólo fue momentáneo, ya que se acostumbró a la idea rápidamente; tan rápido que fue absorbido por ella sin darse cuenta. Así aquel individuo se dejó seducir por aquella invención y decidió compartir estatus ontológico con los demás artificios, y más con el de hechizo femenino (Faustine). Dándole otro sentido a la historia ¿qué pasaría si aquel prófugo tuviese el mismo tipo de falsa ontología, siendo reproducido o tomado por la máquina después de darse cuenta que sus compañeros de isla eran una ilusión, sólo que sin poder remediarlo, sin poder evadir tal pensamiento? ¿Pensaría él que es una invención de otro tipo sólo por el hecho de ser consciente de su estado? ¿Sería una ficción que juzga otras ficciones, o sería una ficción que se cree conciente de sí, pero que en el fondo no lo es? Desde afuera aquellos personajes no dejarán de ser más que mecanismos, artefactos repetidores. Por ello aquel fugitivo debió morir ahogado, o podrido en el frío suelo de una cárcel, pero no debió hacer parte de aquel ensueño. ¿Qué de extraordinario tiene una novela que termina en un final tan repetitivo? No he discutido con su autor los pormenores de su trama, no la he releído, me parece una imprecisión o una hipérbole calificarla de perfecta. ¡Sin duda es imperfecta! 2. Confrontar, BIOY CASARES, Adolfo. (1994) La Invención De Morel, Santafé de Bogotá, Colombia: Editorial Norma. Pág. 79. Artículos
  9. 9. 9 Cosmocápsula Número 2. Febrero - Abril. 2010 Colombia ha sido mencionada en múltiples manifestaciones literarias y cinematográficas1, pero resulta interesante constatar que también ha aparecido en el cómic internacional, de la mano de alguna referencia geográfica e incluso de personajes colombianos. Como acicate a investigadores más avezados (y con mayor tiempo), dejo esta preliminar relación de obras en donde aparece “dibujado” nuestro país. El presente texto no se trata de una historia de la historieta en Colombia, ni se refiere a autores colombianos, aunque siempre rondan en la memoria personajes como “Mojicón” de Adolfo Samper, “Copetín” de Ernesto Franco, “Tucano” de Jorge Peña o más recientemente “Magola” de Nani (Adriana Mosquera). La idea es destacar a los autores extranjeros que por alguna u otra razón se han fijado en nuestro país para desarrollar su trabajo creativo. Tal vez uno de los personajes más interesantes y más desconocidos entre nosotros sea Lola Bogota (no Bogotá), cuyo origen tiene que ver con actividades delictivas, pero luego se redime y presta servicios a diversas organizaciones secretas. Los autores Fréderic Brrémaud y Philippe Chanoinat (1973), narran las aventuras de esta curiosa colombiana en tres tomos. “Notre Dame de Colombie”, “JFK” y “Le Camp des Siciliens”. Esta joven, gracias a su pasado criminal, es reclutada por organismos de seguridad secretos, los cuales le encargan peligrosas misiones. Para dar una idea, en el segundo tomo de la historieta, el presidente estadounidense John F. Kennedy le pide a Lola que recupere unas fotos comprometedoras que lo involucran en algún escandaloso romance. Como se observa, Lola Bogota, es una joven trigueña de ojos verdes (imaginamos verde esmeralda, para darle una mayor connotación colombiana), bien alimentada y versada en el uso de todo tipo de armas, antiheroína que se mantiene en el filo de lo legal e ilegal. Entre nosotros hace varios años reside un Colombia en el Cómic Dixon Acosta Artículos Lola Bogota por Fréderic Brrémaud y Philippe Chanoinat 1. Sobre el tema de las referencias cinematográficas de Colombia, existe un libro inédito titulado “Colombia en el Cine Universal” de mi autoría, con más de 200 menciones de nuestro país en películas extranjeras, por si algún inteligente editor se encuentra interesado.
  10. 10. 10 Cosmocápsula Número 2. Febrero - Abril. 2010 dibujante y caricaturista argentino, Daniel Rabanal, quien creó un personaje salido de las entrañas del barrio bogotano de La Candelaria, “Las aventuras de Gato” (1996), en las cuales un joven se enfrentaba a misterios criollos, el arte gráfico recordaba a “Tintín”, la célebre historieta del belga Georges Remi (Hergé). En cierta ocasión. como recuerda Daniel Samper Pizano en su libro “Dejémonos de Vainas”, la contraparte femenina de James Bond, la famosa “Modesty Blaise”, viajó a Colombia protagonizando una aventura en nuestro país, en la cual se apreciaron sitios como el Hotel Tequendama. Don Daniel en el mismo texto rememora que hubo una historieta de Disney, concretamente del ratón Mickey y su amigo Tribilín (al menos así le decíamos en mi época a Goofy), titulada “El tesoro de El Dorado”, en la cual viajaban a Colombia y llegaban hasta la misma laguna de Guatavita (descrita como Guata-Vita), en donde encuentran el tesoro, pero prometen no revelar su secreto para proteger a los indígenas que lo resguardan. Uno de los personajes más famosos en la historia del cómic es sin duda “Corto Maltés” del italiano Hugo Pratt. Corto cuenta dentro de sus amigos con uno llamado “Lévi Colombia”, quien invita al aventurero a buscar el continente perdido de Mù y descubrir el origen de la humanidad. Lévi Colombia es un anticuario que vive en Maracaibo. Considerando que la mitad de la población del estado Zulia en Venezuela es colombiana, nada raro el parentesco del personaje con nuestra patria. En el año 2005 en Argentina se editó un libro de cómics titulado “Colombia”, adaptación de un guión cinematográfico de Fabio Zurita y Emilio Gorini, con dibujos de Gustavo Ceveze. El libro se presenta como una “historia de almas perdidas y de sexos perdidos que se mienten mientras mueren”. Por alguna razón, la protagonista de la historia se llama “Colombia”, una mujer obesa y atormentada, víctima de frustraciones sentimentales, quien se encuentra enamorada de un homosexual. Dentro de las compañías productoras de cómics Artículos “Las aventuras de Gato” (1996) por Daniel Rabanal "Modesty Blaise" por Peter O'Donnell y Jim Holdaway Mickey Mouse y Goofy, de Disney "Corto Maltés" pot Hugo Pratt
  11. 11. 11 Cosmocápsula Número 2. Febrero - Abril. 2010 en Estados Unidos, aparte de Marvel y DC, aparece “Valiant Comics”, fundada por Jim Shooter, antiguo editor de Marvel Comics, con énfasis en historias de ciencia-ficción, como “Eternal Warrior”. El protagonista de “Eternal Warrior”, es Gilad Anni-Padda, personaje inmortal quien en una de sus travesías debe luchar contra la última reencarnación de su archienemigo (El Enemigo Inmortal) quien ahora es un mafioso colombiano llamado Juan Javier Caldone. Otra producción de “Valiant Comics” es “Turok” protagonista de una saga titulada “Dinosaur Hunter” (Cazador de Dinosaurios). El amigo Turok en una de sus andanzas por el tiempo y el espacio, va a parar a las “junglas colombianas”, es posible que se haya encontrado con varios dinosaurios de los que integran ciertas fuerzas seudo guerrilleras y paramilitares. Una de las más conocidas historietas de ciencia- ficción, el Juez Dredd, sobre un particular funcionario público que debe impartir justicia en el futuro, menciona dentro de los peligrosos lugares que ha visitado este personaje “Ciudad Barranquilla”. Se supone que es una ciudad imaginaria, ubicada entre Sur y Centroamérica, de todas formas el solo nombre ya nos ubica en el escenario, así los autores digan que no queda muy distante de la jungla amazónica. El Juez Dredd es creación de John Wagner (estadounidense afincado en el Reino Unido) y del artista español Carlos Sánchez Ezquerra, la historieta fue publicada en la famosa British Science Fiction Anthology 2000 AD. Quisiera referirme a dos tiras cómicas de habitual aparición en los periódicos de Estados Unidos, que han tenido una polémica relación con Colombia. En primer lugar “Dilbert”, creación de Scott Adams. Dilbert es un ingeniero que trabaja en una gran compañía, escenario que aprovecha el autor para referirse con ironía sobre la burocracia y los ambientes laborales. Hace un tiempo, los directivos de la empresa, en medio de la crisis económica, le propusieron a Dilbert viajar a Colombia para traer de regreso un “paquete”, sin usar sus manos. Mike Peters es un laureado historietista de Estados Unidos, reconocido por su trabajo titulado “Mother Goose and Grimm”, hace algunos meses generó una gran controversia al relacionar al personaje de Juan Valdez con la Gilad Anni-Pada Juan Javier Caldone "Mother Goose" por Mike Peters "Dilbert" por Scott Adams Artículos
  12. 12. 12 Cosmocápsula Número 2. Febrero - Abril. 2010 referencia de los crímenes en el país, algo que produjo el anuncio de demanda por parte de la Federación Nacional de Cafeteros. Uno de los más grandes superhéroes de la empresa Marvel Comics, también ha tenido oportunidad de visitarnos. El famoso “Wolverine”, conocido como “Logan” uno de los personajes más reconocidos de los X- Men de Stan Lee, en una colección titulada “Weapon X”, visita las “selvas” de Colombia, en donde varios campesinos han sido asesinados por un grupo misterioso de mercenarios, una especie de “súper soldados”, producto de un experimento de una malévola empresa que Wolverine deberá destruir. Deseo terminar con otra verdadera sorpresa. Colombia cuenta con un súper- héroe y no lo sabíamos. Dentro del universo de personajes de Marvel en una colección titulada los “Dioses Juveniles”, aparece un personaje de origen colombiano con superpoderes. El nombre de nuestro superhéroe es “Highnote” (algo así como “Nota Alta”, por la referencia musical), se trata de Raúl (aparece como Raoul) Hernández, un colombiano del siglo XIX, bailarín de profesión, quien por esas cosas del destino es reclutado dentro del grupo de héroes superpoderosos, ya que además de ser inmortal (gran ventaja en nuestro medio), cuenta con la habilidad de descargar energía sónica, mediante su poderosa voz. De igual forma al entonar ciertas canciones, puede tele transportarse, así como mover objetos a voluntad. Highnote apareció por primera vez en el número 300 de la edición de “Thor”, la adaptación que hizo Marvel Comics del dios nórdico, mezclando historias de mitología y ciencia-ficción. En la siguiente imagen se apreciará a este súper héroe colombiano, quien curiosamente no apela a las armas, ni a la fuerza física, sino a las notas musicales, lo que corresponde a nuestra gran diversidad musical, lo cual no debería extrañar si tenemos en cuenta que los colombianos más reconocidos en este momento son cantantes. Con esta alta nota, convertida en agradable sorpresa, termina la relación de referencias colombianas en el cómic internacional. Posiblemente no sea la definitiva ni total, pero resulta interesante constatar que nuestro país también existe en el universo del llamado noveno arte. Dixon Acosta Artículos
  13. 13. 13 Cosmocápsula Número 2. Febrero - Abril. 2010 DIXON ACOSTA (1967) Bogotano, felizmente casado con Patricia. Sociólogo (Universidad Nacional de Colombia) y Diplomático de Carrera (Academia Diplomática de San Carlos). Integrante del Taller de Escritores de la Universidad Central (TEUC). Finalista en varios concursos internacionales de poesía, cuento y ensayo. Artículos, ensayos, poesías y cuentos publicados en libros colectivos, periódicos y revistas. Colaborador de publicaciones virtuales especializadas en ciencia-ficción. Artículos
  14. 14. 14 Cosmocápsula Número 2. Febrero - Abril. 2010 Burdeles conocí de todo tipo y en cuanto planeta, asteroide o fragmento flotante de roca estuviera al alcance de las empresas de viajes. Digamos que ésa fue y aún es una vieja adicción. Cuando empecé en esto del comercio, labor a la cual todavía me dedico, siempre que concluía mis negocios en alguna ciudad de algún mundo, de inmediato iba a visitar algún prostíbulo y a tener un rato de juerga. Así fue como tuve relaciones sexuales con diversas hembras de diversas especies: Con las huesudas colonizadoras de Venus, con las hechiceras de cabellos negrísimos de los polos de Marte, con las curiosas nómadas rojas de los desiertos tritonianos, con las sofisticadísimas damas sin esqueleto de 16 Cygni (hacer el amor con ellas era como sumirse en un tarro de arequipe infinito). En fin. El hecho es que cuando arribé por primera vez a este planeta, no me desvié un milímetro de la rutina acostumbrada; tan pronto concluí mis transacciones con los lugareños, comencé a husmear por las zonas subterráneas de esta ciudad y entonces me topé con este sitio en el cual nos encontramos. Al entrar, el camarero que me atendió me ofreció una bebida, me hizo sentarme alrededor de una mesa y de inmediato me conectó a una terminal de computador. Allí ingresé al impresionante catálogo de hembras que estaban disponibles. Había de todo: Sidereanas de repulsivo aspecto para un humano como yo, que sin embargo podían hundirte en éxtasis insospechados; heliconianas cuyos turbadores ojos –cual si fueran basiliscos- podían matarte si les sostenías la mirada más allá de unos segundos; ursonianas cuya desnudez te dejaba ciego; mujeres de Iota Serpens, vedadas a los humanos porque su temperatura era tan alta que, si alguno de nuestra especie las tocaba, de modo irremediable sufría quemaduras. Alelado contemplé ejemplares del sexo femenino de incontables estirpes cuya apariencia a veces movía a risa, a veces al miedo, la mayoría de ocasiones a la lujuria más descontrolada. A instancias del programa de presentación del catálogo, reduje mi búsqueda sólo a hembras de apariencia humana de distintos planetas y aquí sí que quedé aún más boquiabierto: La belleza de estas mujeres superaba cualquier intento de descripción. Se me ofrecían diosas y semidiosas altas y bajas, blancas y negras, rubias o morenas, delgaduchas o de redondeces aturdidoras, de sangre azul o plebeyas, de rostros salaces en extremo o de inocencia irredimible. Si escogiera a la menos atractiva de todas –rótulo éste que me parecía imposible aplicar dadas las suntuosas carnes de las criaturas que veía- se me garantizaría un deleite más allá de cualquier cota imaginable. En esas me encontraba cuando, casualmente (si es que las criaturas podemos usar esta palabra) en un extremo de la pantalla noté un link muy particular que rezaba Tu mejor recuerdo. Intrigado, pulsé allí y entonces se me apareció otra página web. Allí se me explicaba que, si estaba interesado, no tenía que escoger a ninguna de las espléndidas hembras del innumerable catálogo y que, en vez de ello, podría hacer el amor con “La mujer de mis recuerdos”. El programa se denominaba CZ3 (sigla que significa algo en esa enmarañada lengua que hablan aquí, pero cuyo exacto sentido en este momento no recuerdo) y garantizaba que, al conectarse a él, de inmediato la persona recibía una serie de estimulaciones al cerebro que volvían a llevarla y a revivir de manera idéntica, aquella relación sexual que uno mismo consideraba la mejor que hubiera tenido en su vida. Para ello, la única información que el programa solicitaba era el nombre de la mujer con quien el usuario consideraba que había tenido el episodio sexual más memorable de su vida y uno que otro detalle adicional que se deseara señalar (por ejemplo, el nombre de la ciudad donde ocurrió el encuentro, el perfume que se recordaba de la mujer, la estatura de ella, el año del suceso, etc.). Tu Mejor Recuerdo Campo Ricardo Burgos López Cápsulas Literarias
  15. 15. 15 Cosmocápsula Número 2. Febrero - Abril. 2010 Con los datos mencionados, y una vez asegurada la conexión a ciertos sensores del aparato, CZ3 rastreaba por unos minutos el cerebro de quien se lo solicitaba y luego –aseguraba la página web- la realidad en que se encontraba el usuario era sustituida por otra donde, hasta en el menor detalle, el cliente podía tener por segunda vez ese encuentro sexual que él pensaba que la historia se había tragado y que ya nunca más sucedería. En aquel momento, la posibilidad planteada por CZ3 me puso a hacer memoria de mi vida y no lo dudé ni un segundo. El episodio sexual más memorable de toda mi existencia había acaecido con mi primera novia, quien se llamaba Olga. Yo tendría como veinte años de edad y Olga tal vez veintiuno, y en ese entonces nuestro noviazgo ya llevaba varios meses. Cierto día yo la visitaba en su apartamento en el norte de Bogotá (una ciudad del planeta Tierra) y en algún momento, la hermana con la cual ella vivía tuvo que salir del lugar y Olga y yo quedamos solos. Sin perder un segundo comenzamos a besarnos y antes de que lo percibiéramos estábamos despojándonos ansiosos de nuestras ropas. Cuando la vi desnuda me quedé estupefacto, jamás había contemplado un ser tan bello durante todo el tiempo que llevaba en aquel mundo. Olga era muy delgaducha y sus senitos apenas si semejaban dos manzanitas, pero en aquel momento sentí que asistía a una epifanía. Cuando sus manitas tenues se posaron en mi espalda, estuve a punto de desmayarme de placer; cuando su lengua rozó la mía, no podía creer que se pudiera ser tan feliz… En fin. El hecho es que yo recordaba aquellas dos o tres horas de hace tantas décadas como el momento más mágico de mi vida. Después de aquella ocasión, Olga y yo hicimos el amor unas cuantas veces más, pero en las otras oportunidades nunca experimenté la beatitud y la maravilla que la tarde referida me habían poseído. Tras un año o algo así, y por razones que hoy en día me parecen triviales, Olga y yo terminamos nuestra relación. Yo me alejé de ella y nunca más volví a verla. Encuentros sexuales posteriores tuve incontables y de modo especial en burdeles como estos. No obstante, jamás volví a sentir lo que sentí esa tarde. Cientos o miles de mujeres me regalaron cuanto placer pueden deparar la carne y los sentidos y, sin embargo, la sensación de celestialidad que Olga una vez me obsequió, nunca volví a experimentarla. Así pues, cuando la primera vez que vine aquí, cuando CZ3 me hizo su ofrecimiento, casi no tuve que pensar para escribir en él dos datos: “Olga” y “senitos de manzana”. Nada más. De inmediato me enlacé al sistema siguiendo sus instrucciones y al cabo de unos minutos ocurrió. Por un segundo me sentí un tanto mareado, pero luego, inexplicablemente, volví a tener veinte años. Me encontraba en el antiguo departamento de Olga en la lejana Bogotá, y frente a mí se hallaba ella con su apariencia de ratoncito dulce. Yo no entendía nada, pero el hecho era que Olga lucía exactamente igual que la tarde que más había añorado en mi vida, que me estaba tomando de la mano igual a como lo había hecho aquella vez y que, en cierto instante, la hermana de Olga apareció en el umbral de la habitación donde nos encontrábamos, para anunciarnos –igual que la primera vez- que debía adelantar una diligencia y que por ello debía dejarnos solos en la vivienda. Un milisegundo después que la hermana de Olga cerró la puerta y salió al pasillo de aquel piso, Olga y yo nos arrojamos uno en brazos del otro. Otra vez Olga y yo nos aligeramos de ropa y otra vez - ¡Sí! ¡Otra vez!- mis tripas sintieron la misma arrasadora ola de emoción que yo creí que la vida me había negado para siempre por una segunda vez. Cuando, tras dos o tres horas, la hermana de Olga volvió al apartamento, inexplicablemente me desvanecí y unos minutos después sentí que el mesero de este lugar me tocaba el hombro para despertarme. Yo estaba feliz y, cosa que no comprendí, muy, muy exhausto. Me parecía que mis piernas pesaban más de lo normal y sentía como si hubiera corrido descalzo una maratón. Cansado como me hallaba, le pedí al mesero un vaso de agua y luego otro vaso y luego otro. Una vez alcanzada la saciedad, me reconecté a la máquina para volver al paraíso en que había estado, pero en ese instante el mesero me lo impidió. Cuando yo protesté por su intromisión, él puso cara de Santo Job y se limitó a mostrarme un link en el extremo inferior de la pantalla. Una vez le obedecí y pulsé el vínculo, apareció una Cápsulas Literarias
  16. 16. 16 Cosmocápsula Número 2. Febrero - Abril. 2010 instrucción que, mal resumida, decía algo así como que no se permitía el uso del programa más de una ocasión cada día, por cuanto el escaneo que el aparato llevaba a cabo al interior de los entresijos de un cerebro, podía generar efectos letales sobre la salud. Así pues, disgustado por la imposibilidad de repetir mi experiencia, pero feliz por haber estado en el cielo hacía apenas unos minutos, abandoné entonces este lugar. En la noche, una vez metido en la cama de mi cuarto de hotel, casi no pude dormirme por la vividez de las sensaciones que me asediaban. Otra vez había sentido el sabor de los pezoncitos de Olga, de nuevo había dejado mi semilla dentro de ella, otra vez su mirada tierna y asombrosa había devuelto mis miradas. A la mañana siguiente, tan pronto desayuné, vine de nuevo a este burdel y me conecté afanoso a CZ3. De nuevo la máquina me sumergió en su hechizo y Olga y sus veintiún años de edad otra vez volvieron a mi encuentro. Al día siguiente de esta segunda cita con Olga en tan corto lapso, debía abandonar el planeta, pero no lo hice. Aun cuando no viajar al siguiente mundo de mi itinerario me ocasionaría una gran pérdida de dinero, eso no me importó. Durante una semana completa me quedé aquí en Arum 7 y de modo religioso, todos los días, vine aquí a encontrarme con Olga. Tras una semana, por desdicha, hube de abandonar el planeta, pues asuntos urgentísimos de mi compañía me requerían en otro mundo. Pero bueno, para abreviar el relato digamos que, a partir de mi descubrimiento de CZ3, me volví adicto a él. En cualquier viaje y con el menor pretexto, siempre encontraba la forma de desviar mi trayecto hasta aquí y volver a este lugar. Retornar a este sitio era recuperar una y otra vez la tarde erótica más memorable de mi errática existencia. Así el tiempo transcurrió y el hábito de visitar Arum 7 se instaló en mí. No obstante, una tarde en que había acabado de revivir a Olga por enésima vez, se me ocurrió algo obvio: ¿Qué habría sido de la Olga de verdad? ¿Dónde estaría ahora la Olga flaquita y de deliciosos huesitos, que me entregó tanta felicidad hacía tantas décadas? ¿No sería mejor buscarla a ella en persona que contentarse con algo como el CZ3 que, al fin y al cabo, sólo era un sucedáneo? A partir de ese momento, fui víctima de una nueva obsesión: Debía reencontrar a Olga estuviera donde estuviera; debía volver a hablar con ella; debía –quién sabe- volver a hacer el amor con ella. Por varios años me dediqué a esta fatigante empresa. Regresé a la Tierra –donde ya no vivo- y también a esa Bogotá donde transcurrieron algunos de mis despistados años juveniles. Allí contacté a algún viejo amigo de infancia y juventud y a partir de él comencé a rastrear direcciones, números telefónicos, correos electrónicos, cualquier dato que pudiera aproximarme a mi objetivo. En algún momento de esa búsqueda me desesperé, pues mis pesquisas no daban resultados pero al fin –tras tres años, ocho meses y veintitrés días- un día planté mis pies frente a la puerta de una gran mansión ubicada en los alrededores de la decadente Medellín. Una vez timbré a la puerta, aguardé por unos segundos y una criada abrió. Cuando le pregunté por Olga Rodríguez, la mujer me confirmó que sí se encontraba y me preguntó mi nombre. “Antonio Vélez”, le contesté, y entonces ella me pidió que esperara un momento y cerró de nuevo la puerta. Tras unos minutos en que estuve de pie ante la entrada, la criada reapareció y me hizo entrar. Por dentro, y quien sabe debido a qué ignota ilusión óptica, la casa lucía incluso más gigantesca que por fuera. Pasillos larguísimos, salas desmedidas, aposentos de corte catedralicio. Tras un momento arribamos a un salón y la mujer que me guiaba me pidió que me sentara y desapareció un momento. Durante el instante que estuve solo, curioseé un tanto y lo cierto es que me sorprendió el toque desolado del recinto. No sabría expresarlo, pero los sillones, alfombras, cuadros y chimeneas, tan solo transmitían la sensación de una suerte de ocaso interior. Era inexplicable. El hecho fue que al rato de aguardar, Olga Rodríguez apareció ¿Cómo podría describirla? ¡Al fin y al cabo no la veía hacía como veinticinco años! Era una mujer de unos cuarenta y seis años (eso era seguro, por cuanto yo andaba por los cuarenta y cinco). Tal como en la época de Bogotá, lucía delgadísima y tenue. Su semblante era muy blanco y algunas arrugas nada discretas se exhibían alrededor de la boca y los ojos. Su mirada, y no entendí la razón, era entre implorante y cansada. Cápsulas Literarias
  17. 17. 17 Cosmocápsula Número 2. Febrero - Abril. 2010 Llevaba su cabello negro recogido en una moña y su sonrisa era muy suave. Tan pronto me vio, Olga se quedó estática un segundo, pero luego corrió hacia mí y me abrazó. Aquel día lo empleamos por completo relatándonos qué había sido de la vida de cada uno en todo el tiempo en que habíamos dejado de vernos. Para mi sorpresa, Olga nunca se había casado. Había culminado una carrera como abogada, había sostenido varios noviazgos, había viajado por varios lugares de la Tierra, había tenido éxito en su profesión y finalmente se había radicado cerca a Medellín. En la época en que la reencontré, Olga vivía del alquiler de ciertas propiedades heredadas y ocasionalmente asumía algún caso que fuera interesante representar. Nada más. La mayoría del tiempo, como ella misma decía, se le iba en recordar el pasado, imaginar metáforas para describir el presente, y observar horas y horas los paisajes que podían advertirse desde alguno de los patios de la casona. Teniendo el dinero para hacerlo, cosa que me pareció extraña, Olga nunca viajaba. Teniendo la oportunidad, dada su posición social, de frecuentar el orbe de las élites de su país, ella nunca asistía a fiestas o reuniones. Por lo que pude ver en las dos o tres semanas que me alojé en su mansión, Olga nunca leía, nunca veía televisión, muy difícilmente salía de compras o al teatro. Varias tardes, ella me llevó a sentarme en un banquito desde donde se atisbaba el magnífico espectáculo de un valle que no había sido afeado por construcciones humanas (o que, si alguna vez tuvo construcciones humanas, ahora ya no las tenía). En aquellas oportunidades, ella y yo nos sentábamos por horas enteras a contemplar la naturaleza y muy rara vez cruzar alguna palabra. Yo, debo decirlo, al comienzo estaba fascinado con ella. Es cierto que Olga lucía mucho más lánguida y con unas arrugas que no coincidían con mi recuerdo de su rostro, pero lo cierto es que el encanto de su mirada y sus gestos continuaban hipnotizándome como antaño. Una noche terminamos hablando de aquél que para mí había sido el encuentro más maravilloso de mi vida con una mujer en la ya distante Bogotá, y cuando precisábamos detalles, sin darnos cuenta acabamos besándonos, abrazándonos y haciendo el amor. Allí, curiosamente, ocurrió un quiebre. El acto fue delicioso y, sin embargo, yo me quedé con la sensación de que no era eso lo que yo esperaba. Olga había sido dulce y amable y, no obstante, esa dulzura y esa amabilidad no bastaban para salvar el momento. Había sido sin discusión un momento placentero, pero de ningún modo el éxtasis y la suspensión de los sentidos a la manera de un santo en trance místico que yo recordaba. Extrañado, durante los días siguientes hice el amor varias veces con Olga a ver si El Cielo reaparecía . Lo hicimos en su dormitorio, en los patios, en la cocina, en la terraza, en los salones. En la mayoría de ocasiones fueron encuentros agradables y divertidos, pero ni el mejor de ellos se comparaba con esa sensación de estar haciendo el amor con Dios que había tenido con Olga a mis veinte años de edad. Mientras la Olga de veintiún años que yo recordaba, alguna vez me había sumido en la dicha que, según las Escrituras, Dios depara a los bienaventurados, esta Olga de cuarenta y seis apenas si deparaba la calidez del roce de un terciopelo. Creo, incluso, que Olga quedó molesta y desilusionada conmigo cuando al cabo de las dos o tres semanas referidas, de modo harto evidente yo inventé cualquier pretexto para abandonarla en su mansión. No puedo olvidar -lo reconozco- el asombro doloroso que advertí en su mirada el día que me despedí de ella. Mientras abordaba la nave que me sacaría de la Tierra, una y otra vez trataba de entender cómo era posible que resultara mucho más extático y celestial revivir, a partir de un programa de computador, mi encuentro sexual con la Olga de hacía más de veinticinco años, que tener sexo con la Olga actual de carne y hueso que, si yo hubiera querido, me habría podido dar, literalmente, una segunda oportunidad sobre la Tierra. ¿Cómo era posible que el recuerdo superara tanto en felicidad al hecho real? ¿Cómo es que una experiencia sucedánea podía ser mejor que la experiencia original? ¿Cómo podía ser preferible la incompleta Olga de mis recuerdos a la Olga entera de carne y hueso que por segunda vez me había abierto las puertas de su vida? ¿Qué clase de sujeto era yo? Esas cavilaciones y muchas otras me atormentaron mientras una nave me trajo de nuevo Cápsulas Literarias
  18. 18. 18 Cosmocápsula Número 2. Febrero - Abril. 2010 aquí a Arum 7. Tan pronto descendí en el planeta, me alojé en el hotel de siempre y corrí a este lugar. Tan pronto me vio franquear la entrada, el mesero de siempre sonrió como si supiera todo lo que me había ocurrido y, tal como la primera vez que ingresé a este sitio, me acercó una silla frente al terminal de CZ3. Tal como la primera vez, ingresé los datos “Olga” y “senitos de manzana” y de nuevo este aparato me transportó al Paraíso. ¿Qué más puedo decirle? Mañana y pasado mañana y después de pasado mañana, vendré aquí a revivir el acto sexual más inefable de mi vida. Vendré también la otra semana y dentro de dos semanas y dentro de tres semanas. Vendré en un mes, en dos meses, en tres meses. Probablemente la muerte me encuentre ocupando esta plaza frente al CZ3. Este programa no ocasiona que yo rememore un hecho, sino que lo viva exactamente igual que la primera vez. Este programa es la auténtica máquina del tiempo. Entre la Olga de cuarenta y tantos años que hoy existe en algún lugar del planeta Tierra y la Olga de veintiún años que CZ3 me permite sentir, escojo la segunda. Entre la decepcionante realidad y la reviviscencia perfecta, me quedo con la segunda. Gracias a CZ3 he entendido que aquí está la Olga original, la de carne y hueso sólo es la copia imperfecta. La Olga que vive en algún lugar del espaciotiempo solo ha devenido clon de la original que reside en mi cerebro y que CZ3 jamás me permitirá olvidar. Bogotá. Mayo de 2008 CAMPO RICARDO BURGOS LÓPEZ Psicólogo de la Universidad Nacional de Colombia y magíster en literatura de la Pontificia Universidad Javeriana. En 1993 obtuvo el Premio Nacional de Poesía- Colcultura con la obra Libro que Contiene Tres Miradas y desde entonces ha figurado en distintas antologías de la poesía colombiana. Relatos suyos han aparecido en Cuentos de Ciencia Ficción (edición del IDCT, 1998) y Contemporáneos del Porvenir, Primera Antología de la Ciencia Ficción Colombiana (2000). Su ensayo “La narrativa de ciencia ficción en Colombia” (primer estudio sistemático del género en el país) fue publicado en Literatura y Cultura – Narrativa Colombiana del Siglo XX (2000). Su novela José Antonio Ramírez y un zapato apareció en el año 2003. En la actualidad es profesor del departamento de Gramática en la Escuela de Filosofía y Humanidades de la Universidad Sergio Arboleda. "Tu mejor recuerdo" Fue publicado originalmente en la revista argentina Nueva Dimensión en el año 2009 Cápsulas Literarias
  19. 19. 19 Cosmocápsula Número 2. Febrero - Abril. 2010 Aún no se ha esclarecido si la iniciativa procedió de los simpatizantes del Tercer Reich en Suramérica o del Reich mismo. La primera noticia la encontramos en las memorias de una asamblea política que se realizó a mediados de los treinta. Para muchos suramericanos levantar un centro de investigaciones alemán era un sinónimo de progreso, otros vieron en la iniciativa una fuente de empleo y dado el escenario internacional una plataforma política. El centro se construyó según los diseños de uno de los arquitectos nazis más reconocidos en Europa. Los obreros y la mayor parte del material fueron de extracción local. Mientras se cerraba la construcción los nazis guarnecieron cada una de las salas con una variedad casi ilimitada de instrumentos. Dos años antes de que estallara la gran guerra, los laboratorios ya funcionaban. El pueblo miraba con respeto y discreción las investigaciones. Se comentaba en la plaza que todos los científicos no eran sino un tipo especial de médicos. El curso de la guerra recortó de forma drástica el presupuesto del laboratorio. Los científicos recibieron con muy poca alegría las noticias de las victorias alemanas en Francia. Con el transcurso de los años, cuando las tropas aliadas comenzaron a recuperar territorios en distintos frentes, el laboratorio quedó como un proyecto inconcluso para los alemanes, cuyos exiguos resultados no ameritaban destinar recursos cuando los necesitaban otros sectores. De inmediato estos científicos cambiaron su condición de asalariados por la de proscritos. El 8 de mayo de 1945 quedaron a la deriva. Como sucedió en muchas partes del globo, las persecuciones y los juicios hicieron del nazi un perseguido más de la historia. Los científicos comenzaron a dispersarse por el país, trataron de ocultarse en pueblos y veredas, cambiaron sus nombres, aprendieron el español y creyeron disimular su estatura y sus rasgos prominentes contrayendo matrimonio con campesinas. En lugar de alemanes decidieron adoptar otra nacionalidad, para quien preguntara sencillamente eran europeos. La quema de documentos en Berlín ocasionó que las pesquisas internacionales pasaran por alto la existencia del centro. A las afueras de un pueblo, en medio del valle, en una tierra que se tenía por estéril desde hace años, quedó una suerte de oasis tecnológico, un conjunto de laboratorios totalmente equipados, una construcción que exhibía sus vigas y sus marcos desnudos en un tono gris, resplandeciente, metálico. Para la gente del pueblo el tiempo le arrebató el encanto al laboratorio y pronto ganó un lugar en el olvido. Suponemos que más de un saqueador ensayó entrar a las instalaciones, quién sabe qué extrañas maravillas anhelaba, cuán profunda hubiera sido la desilusión ante las jeringas hechas de acero, las mangueras amarillentas, los enormes recipientes de cristal, los químicos en polvo, las bolsas de papel. El laboratorio sin embargo permaneció infranqueable. Después de la partida de los científicos una persona lo cuidó, Adolfo Casares. Adolfo Casares no era europeo. Los científicos requirieron durante años la ayuda de varios locales y en él encontraron al principio un colaborador entusiasta y, con el paso de los años, un colega riguroso. Dueño de un alemán rudimentario, Adolfo se enteró de las distintas investigaciones y participó en la mayoría. Las vivisecciones a distintas especias arrojaron resultados maravillosos. Los instrumentos más recientes sirvieron para mejorar el muestreo de datos en aras de un tipo muy prematuro de ingeniera genética. El descubrimiento de los componentes elementales que constituían un “ario” sería la piedra de toque El Único Hijo de Adolfo Casares Fernando Galindo Gordillo Cápsulas Literarias
  20. 20. 20 Cosmocápsula Número 2. Febrero - Abril. 2010 del laboratorio y la mejor contribución al partido. Hubo al interior varias reticencias, disputas y finalmente desacuerdos. Algunos científicos creían que la palabra “raza” no era más que una superstición empleada por algunos académicos que en aras de explicar la similitud de algunas lenguas, inventaron un pueblo imaginario, “El Ario”. Otros consideraban que sólo la ignorancia podría buscar rasgos puros cuando el viejo continente había sido asolado por mil y una invasiones dejando a la población “elemental”, si la hubo, maltrecha, dispersa y mestiza. Durante los años de la guerra, Adolfo siguió la estela de un proyecto paralelo que había surgido en el viejo continente, la idea que alimentaban algunas novelas de terror: fabricar humanos. La soledad y la dedicación hicieron de Alfonso un ermitaño. Los primeros testimonios señalan que su comportamiento en el pueblo era ordinario, aun cuando mostraba una insistencia casi enfermiza por encontrar un diccionario técnico alemán-español. La variedad de la biblioteca, las bitácoras de las investigaciones y los archivos le estaban parcialmente vedados. Su conocimiento del idioma no era suficiente, en especial de la terminología técnica. Andar a tientas entre varias habitaciones, escatimar cada una de las sustancias, velar porque la planta eléctrica no se averiara, empeñar cosa por cosa, lámpara tras lámpara, debió constituir una fuente de aflicción muy profunda. Después de examinar los resultados que había conseguido, decidió encaminar sus esfuerzos en la elaboración de tres seres humanos, cuyas características habían sido objeto de estudio por parte del grueso de investigadores: el supuesto “Ario”… Las dudas debieron convertirse en apuestas. No debía permitir que pasara más tiempo, temía que llegara el momento en que la falta de materiales mandara todo a la deriva. El patrón del desarrollo celular seguiría las pautas establecidas de manera unánime por el grupo de investigadores. Los dispositivos que lo controlaban habían pasado numerosas pruebas y, a pesar del desgaste, el laboratorio todavía contaba con los recursos necesarios. Construir el Ario albergaba innumerables dudas. Como el jugador de ajedrez, Adolfo había establecido varios escenarios según la opción que tomara, y aunque sus conocimientos ofrecían menos respuestas que paradojas decidió llevar a cabo el experimento. De acuerdo con la bitácora, en un principio el crecimiento del nuevo organismo tardaría tanto como el desarrollo embrionario del humano común. Después de una semana todo parecía marchar conforme con lo planeado y decidió iniciar el segundo y el tercero experimento. No había modo de desandar el camino, ahora estaba a punto de descubrir si el trabajo había rendido fruto. Una mañana miró a través del recipiente de cristal el primer resultado: un viejo. Por un momento sintió el peso de la derrota sobre sus hombros, los planes para ensamblar un ario se habían transformado en una jugarreta del destino. Los músculos de unas cuantas horas de este viejo tenían los días contados. Sin embargo aun cuando Adolfo lucía mucho menor que él, sintió un cariño parecido al paternal. No importaba cuánto vivieran, no importaba que hubiera construido un duplicador de viejos, haría de estas, sus únicas horas, -algo-… con esta timidez lo registra en la bitácora. Lo primero era bautizarlos, al primero lo llamó Heinrich. Heinrich lucía como un anciano de setenta años. La luz solar manchó sus manos al cabo de unas cuantas horas. Los primeros gestos que hizo surcaron en la piel las primeras arrugas en la comisura de los ojos y alrededor de los labios. Los párpados se rindieron ante la gravedad y dejaron entornados los ojos. La espalda también cedió dejando una figura encorvada. Las encías nacieron casi secas. El desarrollo muscular alcanzó la fuerza suficiente para caminar, pero no para dar pasos firmes. Adolfo consignó en su bitácora el paso siguiente: la educación de Heinrich. La amable prosa de William James y el rudimentario alemán le ayudaron a descifrar algunos pasajes de la versión germana de Los Principios de la Psicología. Adolfo comprendió las Cápsulas Literarias
  21. 21. 21 Cosmocápsula Número 2. Febrero - Abril. 2010 características de la empresa. Heinrich contaba con las peculiaridades de un viejo, excepto por la experiencia; contaba con la psicología de un niño, salvo la facilidad para aprender. Optó por la repetición constante. En lugar de buscar un entendimiento, pensó que ganaría mucho si Heinrich adoptaba hábitos regulares, expuestos en términos claros que se repitieran en un medio que no presentaba mayores cambios. A veces sospechaba que las variaciones y los trastornos del procedimiento habían afectado de manera irremediable el entendimiento de Heinrich, y quizá debería sentirse afortunado porque su criatura pudiera brindarse alguna asistencia en el inodoro y repetir algunas expresiones. Cuando nació Bertolt, los progresos de Heinrich ya eran notables. Sin embargo Adolfo sentía que ni Bertolt ni Heinrich podían pensar. El Ario parecía un autómata. Los trabajos y los días de Adolfo se vieron nublados por esfuerzos descomunales, ensayos y repeticiones. De científico sus tareas lo transformaron en profesor, médico y la mayor parte enfermero. El parecido entre los viejos era similar al parecido de tres hermanos; sobre los tres recayó en cuestión de minutos el peso de la vejez. Sus talentos para el aprendizaje eran parejos; su rostro presentaba un deterioro casi simultáneo. Adolfo los vistió a la usanza alemana de los científicos y ensayó algunas modificaciones: A Thomas, el tercero, lo peinaba dejando la carrera en el medio. A Heinrich le dejó crecer una barba entre rojiza y ámbar. Bertolt se ganó el bigote y el cabello le quedó cortado a la manera de un cepillo. Pareciera que los investigadores alemanes hubieran regresado después de tanto tiempo. Cuando el dinero comenzó a escasear Adolfo no tuvo inconveniente en desguarnecer el laboratorio. Sus años de científico habían terminado. Dedicó sus empeños a formar de cada uno de los viejos una persona. Llevaba consigo los suficientes recuerdos para abastecer la débil memoria de tres ancianos. Optó por recordar las anécdotas de los científicos, contarles sus sueños, sus gestas imaginarias como europeo, como pensador, como militar. Mientras los viejos descansaban en la tarde, Adolfo anotaba en un diario el modo y la manera de ensamblar una personalidad verosímil. Anhelaba que algún día surgiera la forma, pero sabía bien que debía concentrar sus empeños en el contenido. Fijó tardes para cada uno y a lo largo de dos años intentó una tarea acaso más ardua que la fabricación de tres arios. Pero los cerebros de Bertolt y los demás nacieron cansados. Podían repetir, incluso contar con alguna gracia algunas historias, pero no podían pensar. Esta derrota espoleaba aún más los esfuerzos de Adolfo. En las bitácoras las hipótesis le dieron paso al registro pormenorizado de ensayos. Pareciera que las reflexiones en torno al experimento hubieran quedado marginadas por completo: ¿Tuvo éxito construyendo el Ario? ¿Qué había causado el acelerado envejecimiento de las criaturas? ¿Dónde terminaron los errores y cuál fue el margen de los éxitos? Todas estas preguntas no despertaron el interés de Adolfo, quizá hubieran sido importantes para alumbrar el entendimiento de las criaturas, pero según sus capacidades resolverlas a cabalidad parecía imposible. La inmensa cantidad de registros en los cuadernos y en las bitácoras nos deja entrever cuánto añoraba llevar a cabo sus propósitos. En la totalidad de la documentación rara vez se encuentran referencias de índole personal, existe sin embargo una que quizá contribuya a comprender. Adolfo tuvo un sueño recurrente: Bertolt, Heinrich y Thomas no eran sino gigantescas figuras hechas de barro que permanecían encerradas en una habitación completamente oscura. Afuera, Adolfo intentaba entrar desesperadamente, necesitaba meterles una hoja de papel en la boca para que cobraran vida… Un registro posterior nos muestra el nuevo camino que tomó Adolfo, quizá el papel enrollado que añoraba meterles en la boca no era más que un tipo de historia particular, no tanto la serie de anécdotas y sueños que tenía en su memoria como un pasado que les perteneciera verdaderamente, una supuesta identidad para que despertara en ellos el sentido de identidad y así el pensamiento. El primer paso fue dotarla con una lengua, el alemán; el segundo, mostrarle un pasado. Cápsulas Literarias
  22. 22. 22 Cosmocápsula Número 2. Febrero - Abril. 2010 Heinrich había navegado el mediterráneo en su juventud, todavía guardaba en su memoria algunos versos de su poeta favorito, Novalis. Bertolt había militado en la política desde muy temprano y participó como soldado raso en la primera guerra mundial, tenía varias anécdotas sobre sus camaradas y los enfrentamientos, el entierro de varios de sus amigos, todo muy parecido a la famosa novela de Erich Maria Remarque, Sin novedad en el frente. Thomas procedía de una familia de burgueses y había sido un admirador de los descubrimientos más recientes de la ciencia, desde el año milagroso de la física en 1905, hasta los asombrosos descubrimientos de los veinte sobre partículas. Heinrich perdió a su esposa después de la segunda guerra; Bertolt no quería saber del destino de su familia y Thomas guardaba un respetuoso silencio sobre su vida emocional. Heinrich adoraba las salchichas y los encurtidos, y Thomas y Bertolt dejaron de ser vegetarianos cuando llegaron a nuestras fronteras. Adolfo obró como un artesano primerizo. Con el tiempo advirtió que les había dado a los viejos no una identidad sino una dispensadora de recuerdos y memorias deshilvanadas que derrotarían la paciencia de cualquiera. El último recurso fue procurar a cada uno un prontuario de las enfermedades que los aquejaban. Los tres sufrían de diversos males y podrían discurrir durante horas al respecto, intercalando repeticiones, énfasis, señalando con el dedo, haciendo pausas… que el dedo, que el ojo, que los mareos, que el escozor en el cuello, que no escucho, que el zumbido, que el reflujo, que los pálpitos. A juicio de Adolfo esto era lo más cercano que habían hecho los tres a pensar. Para los demás los tres viejos pasarían por seniles. El centro de investigaciones se convirtió en un remedo de lo que una vez fue. Las vigas metálicas ya estaban cubiertas de óxido y la humedad había rezumado las paredes. Por doquier había grietas, bombillos rotos, zócalos desprendidos. A pesar de tener todavía algo de dinero sentía que era el momento indicado para abandonar las instalaciones y devolverse al pueblo. Quizá el contacto con más personas liberaría al entendimiento de repetir. Acaso suministrando más estímulos los tres arios, quizá los únicos y auténticos arios que haya habido, podrían despertar. Cuando leemos entre líneas la bitácora de Adolfo entrevemos una esperanza constante: el naipe final, el pensamiento, el pensamiento en toda su expresión; sólo así sentiría ganada la partida. Antes de partir del laboratorio, Adolfo quiso pulir las historias de los tres. Suponemos que el peso de tanto tiempo en la soledad causó un extraño giro en los encuentros con Bertolt, la información de los cuadernos y las bitácoras no nos ayuda a esclarecer este evento. Adolfo decidió confesarle todo cuanto había ocurrido. Con Heinrich las últimas veces recitaron el final de Enrique de Ofterdingen; con Thomas repasaron algunas observaciones sobre la obra del científico Paul Dirac; pero a Bertolt, Adolfo le narró su historia: la suerte del laboratorio nazi, los científicos exiliados y ocultos, la creación de tres viejos en una suerte de duplicador, él, Bertolt, como una creación suya: el pasado que Adolfo le había dado no era más que un plan de evasión. Le contó del sueño, ese sueño que procede de una tradición judía. Al final, los tres, Heinrich, Thomas y Bertolt, solamente repitieron. Cuando el grupo de investigación internacional irrumpió en el laboratorio, sólo Adolfo se sorprendió. La persecución a los nazis había empezado de manera sigilosa. Se caracterizó por un método frío y un ánimo templado en las desgracias y a la espera de cualquier tipo de redención. Hubo capturas en las costas de Argentina y Chile. Alrededor del mundo fueron delatados y se descubrieron refugios que albergaban desde soldados rasos hasta jerarcas de las SS. El laboratorio fue una de las últimas piezas. Los investigadores tacharon unos cuantos nombres en los registros liberando su empresa de tres pesos más. Los arios pasaron finalmente por arios y se decretó tanto la captura como el juicio, tanto la detención como la condena. Adolfo debió compadecer por complicidad. Su testimonio no alcanzó a enriquecer la investigación. A las dos semanas falleció inexplicablemente. Cápsulas Literarias
  23. 23. 23 Cosmocápsula Número 2. Febrero - Abril. 2010 El interrogatorio de Heinrich no arrojó mejores resultados. La senilidad, sentenciaron, había arroyado su entendimiento por completo. Balbuceaba tanto el alemán como el español y las frases entrecortadas versaban sobre zumbidos, poesías y enfermedades. Kinder und verlebte Greise / Sitzen hier in einem Kreise. La identidad de Thomas quedó cotejada sin mayores exigencias cuando un par de nazis septuagenarios y casi seniles lo reconocieron como un especialista en biología y física de partículas. La suerte de Bertolt fue distinta. Bertolt llevaba consigo innumerables contradicciones, historias que se superponían unas con otras en una suerte de palimpsesto maltratado por varios amanuenses y desde luego por el tiempo. Las preguntas, las referencias, todo vapuleó su entendimiento para que de la pléyade de paradojas y mentiras, de la confusión más absoluta, construyera un cuerpo más firme y fuerte. Y en el interrogatorio Bertolt pensó. Sus respuestas anduvieron a tientas en medio de las referencias equivocadas, las mentiras, las verdades. En la tercera sesión su testimonio contó la historia de un científico extraviado, ajeno a los compromisos políticos, que decidió continuar con una empresa incierta e inconclusa, errática. Un científico que triunfó. Al final la sentencia no fue diferente. Heinrich y Thomas, seniles; Bertolt, loco; todos, sin falta, culpables. Los tres registros liberaron la investigación de perseguir a tres nazis más en el continente. Heinrich y Thomas murieron como muñecos de plastilina repitiendo algunos versos y algunas cifras. Bertolt despertó de su letargo en una suerte de infierno, en el mismo juicio final. Su aprendizaje pudo quedar truncado por los fármacos. Su memoria quedó sepultada. ¿Qué extrañas ideas habrá tenido mirando un mundo novedoso a través de un cuerpo pobre y desgastado? ¿Se atrevió a pensar en el futuro? ¿Se consideró humano? ¿Consideró desdichados a Heinrich y a Thomas? ¿Qué extraño matiz tenían sus recuerdos antes de que funcionara a cabalidad su entendimiento? Como Ario nació para expiar la idea detrás de su invención, como persona para liberar el registro de un nazi que quizá deambulaba por el continente, como viejo para andar a tientas por un camino donde la luz nació casi muerta. La fortuna le dio dos suertes: el tímido recuerdo de un padre y la certeza final de ser un hijo, nada más. Por casualidad los estudios y bitácoras de Adolfo Casares comenzaron a estudiarse aquí en Suramérica justo cuando Bertolt falleció. FERNANDO GALINDO (1978) (Colombia) Trabajé dictando un taller de escritura de ciencia ficción en la Universidad Nacional de Colombia. Actualmente dicto conferencias sobre literatura y escribo reseñas en una revista. Cápsulas Literarias
  24. 24. 24 Cosmocápsula Número 2. Febrero - Abril. 2010 El sol se levanta y se pone dia con dia…mientras mi lapiz 4B, cada vez más gastado y apretado entre los dedos, no ha dejado de bailar… de acariciar el papel con su intenso tango… son las 2 de la mañana… pero qué difícil será apagar la luz de mi taller, porque cuando se ama profundamente aquello que haces el tiempo nunca es suficiente…. Nela Marín _________________ Con 22 años de experiencia y más de 50 libros ilustrados total o parcialmente, la artista Nela Marín, a sus 39 años, se reconoce totalmente fascinada por la ilustración. Graduada de la facultad de Bellas Artes de Ia Universidad de Costa Rica como Diseñadora Gráfica, ha participado en exposiciones con la Asociación de Humoristas Costarricenses La Zarigüeya y principalmente con el FORO de ilustradores Costarricenses GAMA, del cual es miembro fundador. También cuenta con exposiciones individuales. Participó como ilustradora en el 2003 para el equipo de Crianças Criativas como miembro del equipo gráfico en el proyecto: Familia Brasileira Fortalecida, UNICEF realizado en Petropolis- Brasil. Cuenta con una amplia experiencia en el campo de la ilustración editorial, sus ilustraciones también forman parte de la gráfica de diferentes salas del Museo de los Niños y las Niñas (Costa Rica) Realiza ilustraciones freelance para importantes editoriales y empresas Nacionales, entre ellas la editorial FARBEN en donde ilustró "El Círculo de Fuego Blanco" de Lara Ríos, así como "La Mujer que se sabía todos los cuentos" de Carlos Rubio entre otros libros. Recientemente ilustró el libro: El Niño Radio y Otros Cuentos para la Editorial Libros para Niños Nicaragua. Actualmente ilustra para la empresa BirdTales los libros de la colección BirdWatching de la autora María Lorena López, entre otros proyectos. Correo electrónico genelamarin[arroba]yahoo.com.mx Ilustradora invitada: Nela Marín Ilustradora Invitada
  25. 25. 25 Cosmocápsula Número 2. Febrero - Abril. 2010 El Padre George reunía a su pueblo al menos dos veces al año, una al llegar la primavera y otra antes de que empezaran las nieves, allá por el otoño, y juntos emprendían el camino hacia el Gran Macizo. Todos sabían que era el peregrinaje que tenían que hacer para que su dios y los ángeles protectores les ayudaran ante los fríos de los inviernos y les proporcionaran buenas cosechas en veranos sin plagas. Los más ancianos caminaban despacio, temiendo cansarse nada más empezar, sabían que el camino era largo, los más pequeños comenzaban correteando antes de acabar pidiendo los brazos de sus madres. Todos tenían miedo, sabían que habría algunos que no regresarían. Éstos serían los malos de espíritu y los perversos de corazón. Los dioses y los ángeles les impusieron esta prueba a cambio de su salvación. Ellos habían sido un pueblo cauteloso que bajo el mando del Padre George se había mantenido sumiso y fiel a sagrados principios. Hubo un día en que las colinas que subían y las mesetas que atravesaban hasta alcanzar el macizo central estaban llenas de pueblos, era fácil obtener comida y numerosos arroyos calmaban la sed. Todos aquellos pueblos fueron apresados por los ángeles protectores y entregados al gran Ángel Guerrero, porque la avaricia que surgió entre ellos, la lujuria, la sed de sangre les llevó a su maldad y su perversidad. El Ángel Guerrero les introdujo en el interior del Gran Macizo sellando éste con una gran losa en la que quedaron grabados sus enormes pies. El Padre George tenía que planificar cautelosamente la visita al Gran Macizo, santuario a la intemperie donde el único refugio eran las protuberancias de los gigantescos pies del Ángel Guerrero. El camino transcurría en tierras inhóspitas donde la tierra estaba calcinada y las pocas aguas que ondulaban en pequeños riachuelos estaban envenenadas. Además, debían llegar al Gran Macizo antes de que apareciera la luna llena. Con la atracción de ésta, se decía que las criaturas malditas salían del Gran Macizo a través de las ranuras existentes entre los dedos de los pies que el Ángel Guerrero dejó grabados en la losa de tan gigantesca sepultura. La luna llena aparecería cuando ellos durmieran entre las protuberancias del pie del Ángel y el Guerrero, se pasearía entre ellos vigilando sus sueños y atraparía a los que tuvieran Lujuria | Gula | Avaricia | Pereza | Ira | Envidia | Soberbia Quedando apresados con los demás perversos en el interior del Gran Macizo. Cuando el Padre George gritaba los siete pecados contra los que tenía que luchar el mundo, en todos desaparecía el fervor del peregrinaje para encontrarse ante el miedo. Aquel día entraron, ya, por las protuberancias del talón de uno de los grandes pies que cubría la losa del gran macizo, cuando el cielo se hizo rojizo El Gran Macizo Carmen Frontera Quiroga Cápsulas Literarias
  26. 26. 26 Cosmocápsula Número 2. Febrero - Abril. 2010 y la luna se hizo en el cielo redonda, grande, blanca, casi transparente. Nadie escuchó los gritos del padre George para apaciguar a sus criaturas. Los victoriosos corrieron hacia la luna donde vieron reflejadas sus grandes alas negras y sus afilados colmillos bañados en la sangre de los suyos. Era la primera vez que habían podido acercarse a la luna y encontrarse con el espejo de su suerte. Todos supieron que fueron ellos mismos los que en las noches de luna llena habían ido acabando con los pobladores de los valles y las mesetas, capaces de envenenar hasta sus aguas y tierras para evitar el paso de tan siniestras criaturas. Todos supieron que eran asesinos encubiertos de sus propios amigos, padres, esposos o hijos. Todos supieron que deberían matar al padre George, para que no devolviera a ninguno de los suyos al mundo, antes de entrar por las ranuras de los dedos de los pies del Ángel Guerrero grabadas en la gran losa que cubría el Gran Macizo y sepultarse para siempre. CARMEN FRONTERA QUIROGA (España) http://carmen-frontera.blogspot.com/ Últimos concursos en los que resultó ganadora o finalista: «I Concurso de Relatos cortos Katharsis 2008»: PREMIO FINALISTA AL RELATO “LA GATA ISIS ES SU PEPITO GRILLO”. 26/06/2009 Publicado En el Blog Quimicamente Impuro el relato : La mujer de la Estación del Tren 14 de julio 2009. El relato “El Charlatán” quedó entre los finalistas del Concurso Ficciones Breves Axxón 2009 y fue publicado en la revista Axxón nº 200 (magazine electrónico) Septiembre 2009. Ganadora del Primer Premio del I CONCURSO BUCARO DE POESÍA Y MICRORRELATO en su modalidad de MICRORRELATO. 26-oct-2009 "La mujer la pared". Cápsulas Literarias
  27. 27. 27 Cosmocápsula Número 2. Febrero - Abril. 2010 La esclusa presurizada emitió un acongojado sonido sibilante mientras se cerraba, dejando a sus espaldas el sinuoso entramado del complejo destinado a ser el primer enclave humano permanente en la Luna. Su interior había sido inundado apenas horas antes con la misma mezcla de gases que componía la atmósfera de la Tierra. Oxígeno, nitrógeno, un poco de argón, trazas de hidrógeno y dióxido de carbono, cantidades levemente apreciables de helio, xenón y criptón… Gagas Estron inhaló de nuevo, con toda la fuerza que todavía le quedaba a sus viejos pulmones. Imaginó que un ave se sentiría feliz en aquella atmósfera químicamente pura, una auténtica reproducción del pasado, un viaje en el tiempo a través de los gases que traía al presente la combinación de elementos sobre la que se asentó la vida terrestre hacía cientos de millones de años. La combinación de esa atmósfera era exactamente la misma que tenía el aire que surcaron las primeras aves en el periodo Cretácico, cuando criaturas que ya poseían plumas sobre su cuerpo pero aún conservaban huesos sólidos y cola de lagarto evolucionaron hasta dejar de moverse entre las lagunas pantanosas y decidieron conquistar el aire. Hoy podrían volar sobre la Luna. Gagas inspiró unas cuantas veces más. A su lado, su esposa Hispen hizo lo mismo. Ambos estaban de pie, entre la esclusa interior y la exterior de uno de los garajes del complejo, comprobando que todo funcionara correctamente en el primer asentamiento autosuficiente del satélite vecino, a la espera de que el primer contingente de científicos, astrónomos y técnicos de más de una docena de especialidades se instalara de forma definitiva, por primera vez, en la superficie de otro cuerpo celeste que no fuera la Tierra. - ¿Lista, cariño? - preguntó Gagas. Hispen le miró con sus ojos azules rodeados de finas arrugas. Como siempre, pensó Gagas, chispeaban. Tras más de cuarenta años de matrimonio, él todavía seguía buceando incansable en ese azul, buscando profundidades y matices que todavía le sorprendían y abrumaban por su belleza. Ella asintió con la cabeza, moviendo sus cortos cabellos blancos. Su experiencia en el campo de la química había sido imprescindible para apuntalar los conocimientos sobre ingeniería y domótica de Gagas. Juntos, con la ayuda de media docena más de científicos e ingenieros y diez astronautas, habían logrado diseñar y construir la primera ciudad lunar de la historia. Tras varias semanas de deliberaciones, la división espacial de Naciones Unidas la había bautizado como Selene, un complejo de más de cien mil metros cuadrados de superficie compuesto por cúpulas geodésicas, laboratorios, depósitos de agua, alimentos y combustible, viviendas, torres de refrigeración y una pequeña central nuclear, todo ello semienterrado bajo una colina desmochada y desprovista de aristas emplazada en el sector oriental del Mare Nectaris, cerca de los montes Pirineos lunares. Gagas e Hispen comprobaron sus trajes de paseo y el rover lunar biplaza con el que pretendían dar un pequeño paseo antes de la hora del almuerzo. Querían ver el complejo desde el exterior quizá por última vez antes de que fuera abordado y habitado por las cerca de trescientas personas que la semana siguiente viajarían desde Cabo Kennedy a bordo de la superlanzadera Marco Polo, la gigantesca nave de transporte construida consorciadamente por Estados Unidos, Rusia, China, Japón, India y la Agencia Europea del Un Paseo Sobre la Luna Óscar Bastante Godina Cápsulas Literarias
  28. 28. 28 Cosmocápsula Número 2. Febrero - Abril. 2010 Espacio. Tras casi diez años de esfuerzo compartido y una ingente riada de dinero invertido, la Marco Polo estaba lista para efectuar su primer vuelo no simulado y esparcir por la superficie de la Luna el primer puñado de las semillas que harían germinar buena parte del futuro de la Humanidad. - Bueno - dijo Gagas, con el casco puesto y hablando por el circuito de comunicación interno de su traje -, grábate bien esta fecha. Tres de febrero de 2034. Nuestro último paseo por una Luna deshabitada. Se sentaron en el rover y esperaron a que la esclusa exterior se abriera antes de arrancar el pequeño motor solar del vehículo. Ya fuera de la protección del garaje, Gagas condujo el rover hacia el norte, en dirección al cráter Bohnenberger, en paralelo a la pista de aterrizaje de cinco kilómetros de largo que aguardaba impaciente a los primeros colonos lunares. Las gruesas y dentadas ruedas del rover trazaban toscas y amplias huellas en el regolito que formaba la capa más externa del suelo del satélite. Ambos sabían que esas huellas no serían borradas, pues no había viento ni erosión que se encargara de ello. Perdurarían, inmutables, durante eones, a menos que fueran pisadas o excavadas. O pulverizadas por algún meteorito aún lejano en el tiempo que se estrellaría en la superficie para crear un nuevo cráter. Viajaban a unos veinte kilómetros por hora, a través de una llanura ligeramente sinuosa. No era una zona donde proliferaran especialmente los cráteres ni los accidentes geográficos, circunscritos a la cadena montañosa que tenían a su derecha y a los rugosos farallones que muy al norte delimitaban las zonas de Daguerre y Gutenberg, más allá del alcance de su visión. Cuando llevaban media hora de camino, Gagas hizo girar el rover en dirección suroeste y lo detuvo. En silencio, escuchando sus sordas e intermitentes respiraciones a través de los auriculares de sus cascos transparentes, observaron el paisaje. Los montes Pirineos lunares quedaban muy lejos, detrás del círculo casi perfecto del cráter Bohnenberger; enfrente, a unos noventa kilómetros, se alzaba el cráter Rosse, solitario en medio de la cuenca del Mare Nectaris. Todo lo que podían ver era de color gris, más oscuro y estático a nivel del suelo, más hiriente y brillante en las crestas y quebradas que los rodeaban. El nítido y afilado horizonte lunar se recortaba contra la infinita negrura del espacio. Más allá de ese horizonte, a 380.000 kilómetros de distancia, el disco banco azulado de la Tierra refulgía como una piedra semipreciosa en medio de la noche eterna del espacio. - Todo saldrá bien, ¿verdad? - preguntó Hispen tras unos instantes. - ¿Te refieres al viaje de la semana próxima? - Sí. Bueno, también… al futuro, en general. Quiero decir que espero que esto lo sepamos hacer bien. - Yo también espero que sí. Ha sido un camino muy largo, y nosotros hemos tenido nuestra cuota de responsabilidad. Pero no podemos saber nada de ese futuro, sólo cruzar los dedos y desear que todo esto termine bien. O mejor aún, que no termine. Que sea el comienzo de una época de exploración, de descubrimientos, de avance científico… - Ya hemos hecho una pequeña parte de ese camino. - Sí, y no nos ha ido mal. Ha habido peleas, por supuesto, pero también cooperación, voluntad… Lo normal, supongo - dijo, riendo -. Creo que es lo que hay que esperar del futuro. Tres pasos hacia delante, dos hacia atrás, discusiones, acuerdos, negociaciones… Vamos, las típicas tonterías de los seres humanos. - Esas tonterías casi nos cuestan el planeta que nos vio nacer, Gagas. - Cierto. Y supongo que volveremos a las andadas más de una vez. Somos expertos en caminar sobre el filo de un cuchillo y salvarnos por Cápsulas Literarias
  29. 29. 29 Cosmocápsula Número 2. Febrero - Abril. 2010 los pelos. Míralo así: hace cincuenta años todo el mundo estaba convencido de que la Humanidad se iría al infierno gracias a alguna guerra o una catástrofe nuclear. Hoy estamos a punto de abandonar nuestro planeta natal y comenzar a navegar por el espacio. - ¿Y no te da vértigo todo eso? - Un poco. Pero no hay otra opción. Somos aventureros, descubridores, curiosos, inquisitivos… Está en nuestros genes. - Ya lo sé, y sé también que si no fuésemos así ni siquiera hubiésemos descubierto que la Tierra era redonda y no plana. Pero a veces tengo miedo de lo que somos capaces de estropear. Oh, no lo digo por la Luna, que lleva muerta millones de años. Pero un día llegaremos a mundos vivos, mundos hermosos, diferentes al nuestro, y temo que no sepamos qué hacer con ellos, y que los estropeemos como hemos ido estropeando la Tierra durante los últimos siglos. - Es posible que eso suceda, no digo que no. Pero nosotros no podemos hacer nada, Hispen. No estaremos allí para verlo, y preocuparnos por ello no va ayudar a los que tengan que tomar decisiones dentro de cien o doscientos años. Sólo podemos confiar en que la razón acabe triunfando, y en que el espíritu aventurero de los hombres adquiera templanza y sabiduría con el paso del tiempo. - ¿De veras crees que ocurrirá así? - No puedo estar seguro, cariño - y sonrió de nuevo -, pero como solía decir mi abuela refiriéndose a mí, creo que de alguna manera la humanidad tiene una flor en el culo1. Es verdad que muchas veces nos comportamos como monos estúpidos, con muy poca inteligencia y nula empatía con el resto de los seres vivos. Pero espero que eso cambie, y en todo caso estos días que estamos viviendo pueden ser el comienzo de una era diferente. Ella le devolvió la sonrisa y le cogió del brazo, apretándoselo con ternura. Luego dijo: - Oye, ¿por qué no damos un paseo a pie? - ¿Un paseo? No sé, falta poco para el almuerzo, y estoy un poco cansado. - Gagas, esto es la Luna. Aquí no pesamos más de doce kilos cada uno. No me digas que no puedes con eso. Mira, podemos ir hasta aquel promontorio de allí delante. No nos llevará más de tres o cuatro minutos. Él asintió, y ambos salieron del rover, cogidos de la mano. Lo que hacían no era exactamente caminar; daban saltos apoyándose en ambas piernas, flexionadas, como si fuesen muelles de carne que en cada salto les transportaban en volandas unos cinco o seis metros. Llegaron al promontorio y subieron por él arrastrando los pies sobre el suelo. El fino polvo de lava basáltica que cubría la superficie del Mare Nectaris se adhería a sus pesadas botas como si fuese limo en suspensión. No era cierto que la Luna no tuviese atmósfera; era casi insignificante debido a la escasa gravedad que no permitía al satélite retener moléculas de gas. Pero el planetoide emitía gases que provenían de su interior, sobre todo helio, argón, sodio y potasio. Aunque increíblemente tenue y efímera, la atmósfera de la Luna permitía que el polvo que levantaban los pies de Gagas e Hispen dibujara ligeros arabescos en el aire antes de volverse a posar en el suelo. Cuando llegaron a la cima de la pequeña elevación, Gagas respiraba con cierta dificultad. Todavía cogidos de la mano, observaron el paisaje que se abría ante sus ojos. El rover estaba situado a su espalda, a unos cuatrocientos metros de distancia, Cápsulas Literarias 1. Flor en el culo: Expresión que se utiliza en España para denotar buena suerte.
  30. 30. 30 Cosmocápsula Número 2. Febrero - Abril. 2010 Cápsulas Literarias y más allá de su achaparrada silueta aún podían ver algunas de las torres y cúpulas de Selene, la única nota de color (verde, azul, naranja) en el desolado espectáculo que les ofrecía la compañera de viaje de la Tierra. Ante ellos se extendía la superficie del color de la ceniza del Mare Nectaris, una cuenca de casi trescientos cincuenta kilómetros de diámetro situada en el hemisferio sur lunar. La vieja lava oscura formaba una capa casi uniforme ante sus ojos, rota a lo lejos, allá en el oeste, por los impresionantes farallones de Fracastorius, un imponente cráter de ciento doce kilómetros de diámetro. - Es hermosa, ¿verdad? - preguntó de repente Hispen. - Sí - contestó su marido -, lo es. A su manera, claro, pero tienes razón. Es hermosa, solitaria, tranquila… Gagas interrumpió la frase a medio camino. Cada vez le costaba más respirar y comenzaba a notar unas hirientes punzadas en su costado izquierdo. Un sudor frío y seco le corría por la frente y las sienes, que latían con fuerza creciente en medio de un silencio que tan sólo rasgaba el sonido de sus respiraciones. -¡Gagas! - gritó Hispen, alarmada - ¿Qué te ocurre? Él abrió la boca, buscando más aire que enviar a sus pulmones. Con dedos temblorosos tanteó los mandos que regulaban el nivel de los gases de su traje, insuflando más oxígeno a la mezcla. Respiró lenta y pausadamente durante unos instantes y luego mostró las palmas de sus manos a su esposa, pidiendo calma y tiempo a la vez que se sentaba en el suelo y se cogía las rodillas con los antebrazos. - ¿Estás bien, cariño? - preguntó Hispen. - Sí… sí… - contestó él con dificultad -, sólo necesito… descansar un momento. - ¿Seguro? ¿No quieres que llame a la base para que vengan a recogernos? - No, no… Estaré bien en un minuto. Me hago viejo, Hispen, eso es todo. Se miraron a los ojos a través de sus cascos. Luego Gagas volvió a sonreír con la pícara mueca que Hispen le había visto practicar miles de veces. Su respiración se fue volviendo más regular, y el dolor en el costado y el sudor frío fueron desapareciendo poco a poco. De nuevo el silencio les envolvió, omnipotente, definitivo. Hispen seguía mirando de soslayo a Gagas, pero éste parecía ahora estar sumido en sus propios pensamientos, en una introspección abisal a cuyas profundidades ella no podía acceder. Le dejó hacer, como había hecho tantas otras veces durante su vida en común. Gagas se había sumergido en un bucle de pensamiento. Y viajaba hasta el pasado. Primero hasta la Grecia clásica, y a las teorías del filósofo Anaxágoras, que ya por aquel entonces aseguraba que tanto la Tierra como la Luna eran cuerpos densos, rocosos y esféricos, y que la luz emitida por el satélite era la que el astro reflejaba de la que recibía del Sol. También recordó a Selene la diosa, que los griegos asociaban a la Luna, y cuyo nombre dio origen al término selenita, “el que mora en la Luna”. Dentro de unos pocos días existirían los selenitas. Y sería así ya para siempre. Gagas se preguntó si ellos mismos no eran ya, en cierto modo, selenitas. Pero no… Habían vivido demasiados años en la Tierra, más de setenta, y todos sus instintos, todos los órganos de su cuerpo y todos sus sentidos todavía rendían pleitesía a la joya azul y blanca que lucía gloriosa en el negro firmamento, allí cerca, casi a un tiro de piedra… No podía acostumbrarse del todo. Durante toda su vida había levantado la vista hacia el cielo y había comprobado que aquella roca gris y
  31. 31. 31 Cosmocápsula Número 2. Febrero - Abril. 2010 Cápsulas Literarias luminosa que ahora pisaba seguía estando allí, en el cielo, oteando y riéndose de las pequeñas trifulcas y miserias de los humanos. Mas cerca o más lejos, más o menos brillante, en una fase o en otra, la Luna colgaba allí, serena, silenciosa, quieta, majestuosa. Observar Australia o Alaska desde 380.000 kilómetros de distancia, posado en un promontorio de lava enclavado en medio de una llanura sombría y polvorienta de un planetoide muerto hacía miles de millones de años seguía siendo para él una experiencia extravagante e insólita. Algo en su interior se quejaba y protestaba por esa inaudita perspectiva. Durante milenios, el Hombre había dotado a la Luna de un halo de misterio, de mil enigmas y secretos, de simbologías y representaciones diversas. Había sido la Diosa Madre, la representación de la resurrección y el renacimiento, el Ave Fénix del sistema solar. También había sido cuna de presagios, inesperada luz en medio de la oscuridad, reina del cielo, diosa egipcia del amor, rostro eterno de la burla del universo ante las desventuras de los hombres. Gagas suspiró y miró a su mujer, que le sujetaba firmemente el brazo izquierdo. Su casco reposaba en el imperfecto ángulo que trazaban su cuello y su hombro. - Hispen - dijo -, dentro de un par de generaciones la gente que vivirá aquí ya no se llamarán a sí mismos terrestres. Ella levantó la cabeza y enfrentó su mirada líquida y abstraída. - ¿Ah, no? - preguntó - ¿Y cómo se llamarán a sí mismos? - Selenitas. O algo parecido. - ¿Y eso será bueno o malo? - Hummmmm… No lo sé. Será. Las consecuencias que ello acarree no se sabrán hasta después de mucho tiempo. - ¿Quieres decir que la Humanidad se irá dividiendo a medida que conquiste el espacio? ¿Que nos llevaremos con nosotros a las estrellas la tendencia hacia la fragmentación, el particularismo, el ensalzamiento de la diferencia? - Eso es imposible de evitar. Somos así, lo llevamos en nuestros genes. La tribu, el clan, la familia… Simplemente tendremos que ingeniar nuevas maneras de gestionarlo. Pero eso no será lo único. También nos llevaremos todo lo bueno y todo lo malo que tenemos. Envidia, celos, odio, intolerancia, dominación, injusticia… Pero también heroísmo, y amistad, y generosidad, y grandeza. - ¿Y sobrevivirá la galaxia a una infección de este tipo? - preguntó ella en tono irónico. - Espero que sí… Sí, lo hará. Hemos llegado hasta aquí y tampoco nos ha ido tan mal, en líneas generales. Oh, seguro que cometeremos errores, somos especialistas en ello. Pero a la larga sobreviviremos. Cambiaremos algunas cosas, para bien y para mal, pero creo que el conjunto estará equilibrado, en última instancia. - Bueno - dijo ella suspirando -, espero que tengas razón. No me gustaría reencarnarme en una fétida charca de un planeta situado a quinientos años luz para maldecir el día en que los humanos decidieron que en ese punto de la galaxia construirían una estación para que sus naves repostaran y limpiasen sus motores de toda la mierda acumulada durante su viaje espacial. Ambos rieron, con calma, relajadamente. El momento de miedo había pasado. El de la introspección también. A pesar de todo, estaban contentos de estar allí, de ser parte de la Historia, de haber contribuido con su granito de arena a que la raza humana diera el paso que estaba a punto de realizar y salir de una vez por todas, de forma irremisible, del planeta que les vio nacer y les dio
  32. 32. 32 Cosmocápsula Número 2. Febrero - Abril. 2010 Cápsulas Literarias la vida. Todavía permanecieron un par en minutos, sin decir nada, envueltos por el halo mágico y misterioso de las recortadas aristas de las rocas y el sorprendentemente cercano horizonte. Luego, en un tenue susurro, Hispen dijo por fin: - ¿Qué, nos vamos? Comienzo a tener hambre. Gagas sonrió con alegría. Echó un último vistazo a la quieta extensión del Mare Nectaris y volvió sus castaños y opacos ojos hacia su esposa. - Sí, vámonos. Creo que yo también necesito comer algo, y después echarme una buena siesta. Se levantaron con torpeza, sin prisas. Y, cogidos de nuevo de la mano, descendieron lentamente el promontorio y luego atravesaron la llanura cubierta de polvo oscuro hasta el lugar donde tenía aparcado el vehículo que les conduciría de vuelta hasta el primer complejo humano habitado en la Luna. Hasta Selene. Hasta su nuevo hogar. ÓSCAR BASTANTE GODINA Nacionalidad: Epañola Periodista de profesión, director de la emisora Radio Rubí en Barcelona (España), autor de diversos relatos publicados. Autor del relato "Hijo de dos mundos", seleccionado para la antología Libro Andrómeda 2008. Accésit y mención especial del jurado del I Premio de Novela Corta de la revista literaria Katharsis por la novela "El Guardián del Puente del Arco Iris". Mención especial del jurado en el I Concurso de Relato Breve Fantástico de la Asociación Cultural Forjadores de Amorebieta por el relato "Los Hombres de Schrödinger". Tercer premio del Concurso de Cuentos Augusto Monterroso, de la editorial Voces de Hoy, por el relato "Punto de Partida". Blog personal (literario): http://fantasiasyquimeras.blogspot.com Correo electrónico: oscarbastante[arroba]yahoo.com
  33. 33. 33 Cosmocápsula Número 2. Febrero - Abril. 2010 Cuadernos rayados. De hojas amarillas. La escuela o el colegio. Las aventuras y los héroes. Sin permiso de la ciencia, nos ponen a viajar en el tiempo. Y ese fue la principal excusa para realizar este proyecto. ¿Qué fue de esos momentos donde todo era posible? La idea Desde el campo del diseño, y en los últimos años, he estado interesado en el tema de la niñez, cómo los niños ven, sienten y representan el mundo. Hay características que nos hacen únicos cuando somos niños y que al parecer se pierden con el paso de los años: la espontaneidad, la recursividad y la ingenuidad con que abordamos la vida. Pero sobre todo la forma en que nos comunicamos, cómo contamos una historia en aquellos años. ¿Y qué tiene que ver esto con “La Guerra de las galaxias”? Star Wars Fan Movie Challenge Anualmente Lucasfilm, la misma productora de la legendaria saga de películas, en asocio con el portal de videos Atom Films, organiza un concurso de cortometrajes llamado “Star Wars Fan Movie Challenge”, abierto a aficionados y profesionales de todo el mundo. En 8 ediciones, el tema siempre ha sido el mismo: Star Wars, en corto y preferiblemente comedia. Pero lo que se estimula, o al menos esa fue mi apuesta, es el dar un punto de vista particular usando como pretexto ese universo, comunicando una idea o sentimiento. Pueden existir ideas similares, pero el tratamiento de cada autor las hace únicas. El Corto Usando la misma filosofía de la niñez, la producción no tuvo nada de “espectacular” o ambicioso, la idea era usar al máximo los recursos Star Wars en el Cuaderno Óscar Fabián Triana Méndez Cada año la compañía productora de la saga de Star Wars, Lucasfilm, en conjunto con Atomfilms organiza el concurso Star Wars Fan Movie Challenge en el que compiten representaciones de Star Wars en formato cortometraje. En la edición 2009, el colombiano Óscar Fabián Triana Méndez fue el primer latinoamericano en ganar el concurso en la categoría de mejor filme animado. En este artículo nos cuenta su experiencia. Artículos

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