I
PLATAFORMA TEÓRICO METODOLÓGICA PARA
EL ESTUDIO DE SIMÓN BOLÍVAR
COMO EDUCADOR SOCIAL
Pedagogía 2013
Curso 33
Autores
Dr...
II
Edición: Dr. Cs. Gilberto García Batista
Corrección: Lic. José Luis Leyva Labrada.
© sobre la presente edición, sello e...
III
Índice
Introducción / 1
José Martí, paradigma de educador social para la integración de América Latina / 6
Camino segu...
IV
V
RESUMEN
El estudio de la historia de la educación en Cuba y Latinoamérica conduce a valorar la vida y
obra de figuras co...
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INTRODUCCIÓN
El Centro de Estudios Martianos acogió el primer trabajo del Profesor Rolando Buenavilla
Recio acerca del c...
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Lo que Bolívar dejó por hacer, la revolución bolivariana junto a los pueblos del Alba los están
haciendo hoy.
El estudio...
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obtención, a través de una epistemología contextualizante o de la “contextualidad”. De lo que
se trata es de esclarecer ...
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campo está el estudio del papel formativo que ejercen los procesos económicos, políticos,
ideológicos, culturales, juríd...
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Justamente la aplicación de este método permitió la determinación y formulación del
concepto educador social. Gaspar J. ...
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JOSÉ MARTÍ PARADIGMA DE EDUCADOR SOCIAL PARA LOS PUEBLOS DE AMÉRICA
“Por toda nuestra América empieza a mostrarse el des...
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Tratamos de enfocarlo desde una perspectiva más amplia, desde una visión holística,
integradora de todas sus facetas, ya...
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José Martí, valorándose lo abordado por él en su artículo “Escuela de electricidad“ (1883) y
que refiere una idea medula...
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Según plantea la Psicología, el hombre no nace personalidad, sino que esta se va formando
en su relación con el medio.
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despertar conciencias, formar ideas, dotar de conocimientos y educar en valores morales.
Ya se debatía desde adolescent...
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4. Necesidad de comunicación, tanto de forma oral como escrita.
5. Distinción entre el bien y el mal (eticidad).
6. Dis...
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3. Realidad norteamericana manifestada en:
Desarrollo del capitalismo premonopolista y surgimiento del imperialismo en
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Con apenas diecisiete años es sentenciado a seis años de prisión junto con Eusebio y
Fermín Valdés Domínguez y aunque s...
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Normal, lo responsabiliza con las clases de Historia de la Filosofía, Literatura y Ejercicios de
Composición.
En su art...
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iba a la estatua de Bolívar.”24
El ejemplo que le inspiraba Bolívar era el ejemplo que él
inspiraba a su paso forjando ...
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El arduo quehacer político que en este sentido desarrolló, unido a su oralidad y a su
escritura, a su fe en los hombres...
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una clase, una reunión, mediante una carta, un artículo o una poesía. Y espías españoles
que penetran en la intimidad d...
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2. Abordar y ejemplificar las dimensiones trabajadas en los mensajes expresados
mediante esas vías.
3. Destacar la repe...
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 “El orador necesita un conocimiento general de la Historia que prueba, de la Literatura
que ameniza, de las artes que...
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belleza que en el empleo de estos dio a su verbo la grandeza y el esplendor del hombre que
cuando hablaba, quedaba perp...
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CAMINO SEGUIDO PARA EL ESTUDIO DE JULIO ANTONIO MELLA
COMO EDUCADOR SOCIAL
Dr .C. Edmundo de Jesús de la Torre Blanco
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explican el carácter históricamente necesario de su surgimiento y actuación y que permiten
caracterizarlo como una pers...
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quiere tropieza con la resistencia que le opone el otro y lo que resulta es algo que nadie ha
querido. A partir del raz...
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Sin embargo, sólo aquellos individuos que poseen capacidades excepcionales pueden ser
considerados socialmente individu...
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Por tanto, la personalidad se forma y se desarrolla como un reflejo individual del conjunto de
las relaciones sociales,...
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No deben confundirse los términos personalidad histórica y gran personalidad histórica.
Porque en el curso de la histor...
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Libertador murió “…del desacuerdo entre su espíritu previsor… y la época de distancias
enemigas y de civilizaciones hos...
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Constituyen también el elemento determinante de las transformaciones socio políticas, la
fuerza motriz principal de las...
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pueblo. La primera y más importante cosa es tener un afecto y respeto genuinos por el
pueblo (…) Lo importante es la id...
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interacción y aprendizaje mutuos, en el que se desempeña eficazmente como orientador y
movilizador de conciencias, el a...
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prostitución y otros, como los existentes en la educación, caracterizada entonces por
problemáticas como la pobreza de ...
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estudiantado latinoamericano y la Gran Revolución Socialista de Octubre (1917),
acontecimiento trascendental en la hist...
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Pedagogía 2013

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Dr. C. Ana Sánchez Collazo
cem@josemarti.co.cu
Centro de Estudios Martianos

Dr. C. Rolando Buenavilla Recio
rolandobr@ucpejv.rimed.cu
Centro de Desarrollo Científico Pedagógico
Universidad de Ciencias Pedagógicas “Enrique José Varona”

Dr. C. María del Carmen Fernández Morales
mariafm@ucpejv.rimed.cu
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Dr. C. Edmundo de Jesús de la Torre Blanco
Edmundoit54@yahoo.com
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  1. 1. I PLATAFORMA TEÓRICO METODOLÓGICA PARA EL ESTUDIO DE SIMÓN BOLÍVAR COMO EDUCADOR SOCIAL Pedagogía 2013 Curso 33 Autores Dr. C. Ana Sánchez Collazo cem@josemarti.co.cu Centro de Estudios Martianos Dr. C. Rolando Buenavilla Recio rolandobr@ucpejv.rimed.cu Centro de Desarrollo Científico Pedagógico Universidad de Ciencias Pedagógicas “Enrique José Varona” Dr. C. María del Carmen Fernández Morales mariafm@ucpejv.rimed.cu Centro de Desarrollo Científico Pedagógico Universidad de Ciencias Pedagógicas “Enrique José Varona” Dr. C. Edmundo de Jesús de la Torre Blanco Edmundoit54@yahoo.com Departamento de Marxismo Leninismo e Historia Universidad de Ciencias Pedagógicas “Enrique José Varona”
  2. 2. II Edición: Dr. Cs. Gilberto García Batista Corrección: Lic. José Luis Leyva Labrada. © sobre la presente edición, sello editor Educación Cubana. Ministerio de Educación, 2012. ISBN 978-959-18-0871- 4 Sello Editor EDUCACIÓN CUBANA Dirección de Ciencia y Técnica Avenida 3ra # 1408 esquina a 16. Miramar, Playa. La Habana. Cuba. Teléfono: (53-7) 202-2259
  3. 3. III Índice Introducción / 1 José Martí, paradigma de educador social para la integración de América Latina / 6 Camino seguido para el estudio de Julio Antonio Mella como educador social / 21 Análisis de la obra de Luis Beltrán Prieto Figueroa, “El Magisterio Americano de Bolívar”, en función del concepto de educador social / 38 Conclusiones / 45
  4. 4. IV
  5. 5. V RESUMEN El estudio de la historia de la educación en Cuba y Latinoamérica conduce a valorar la vida y obra de figuras como Simón Rodríguez, Félix Varela, José de la Luz Caballero y Paulo Freire, entre otros, que se destacaron por su labor docente e influencia educativa en el desarrollo socio-político de sus países, pero también a estudiar otras personalidades históricas, que ejercieron influencia en su pueblos por medio de su labor no específicamente docente, sino insertados en las luchas patrióticas, económicas, políticas y sociales de sus países, tales como Simón Bolívar, José Martí, Carlos Mariátegui, Ernesto Che Guevara, Fidel Castro. El curso que se presenta muestra las claves y orientaciones para acometer el estudio de Simón Bolívar como educador social. Constituye una aspiración de los profesores cubanos motivar a todos los educadores e investigadores que se mueven en el campo de las ciencias de la educación y que participan en este evento para que se propongan abordar el estudio de aquellas personalidades de sus propios países que reúnen las condiciones de educador social, resultados que pueden concretarse en un ensayo, un trabajo de maestría, una tesis de doctorado o un libro. Este sería el mejor homenaje a la vida y obra de esos hombres magníficos que conforman nuestra cultura, a la vez que contribuimos a enriquecer el contenido de la pedagogía de la emancipación latinoamericana.
  6. 6. 1 INTRODUCCIÓN El Centro de Estudios Martianos acogió el primer trabajo del Profesor Rolando Buenavilla Recio acerca del concepto educador social: José Martí, educador social, ponencia que con el mismo título se presentó en el evento de Pedagogía 1997. De igual modo, la tesis en opción al grado de doctor en ciencias pedagógicas de la Lic. María del Carmen Fernández Morales, José Martí, paradigma de educador social para la integración de América Latina, tuvo entre sus oponentes al DrC Pedro Pablo Rodríguez, destacado miembro de este Centro, quien a la vez prologó este trabajo en el momento de su publicación. El presente Curso incluye esos trabajos iniciadores y los que les han seguido como el de Edmundo de la Torre Blanco, La obra político-educativa de Julio A. Mella, y uno del DrC Rolando Buenavilla Recio, Análisis de la obra de Luis Beltrán Prieto Figueroa, “El Magisterio americano de Simón Bolívar”, en función del concepto de educador social, análisis que resulta imprescindible no solo para conocer la obra educativa y la originalidad de su pensamiento educativo, sino también para confirmar que en Bolívar están presentes todos los rasgos que conforman el concepto educador social, y que su obra es tan fructífera que analizada desde esta perspectiva puede aportar nuevos atributos a tal concepto. Con estos sustentos ha sido posible conformar una Plataforma Teórica Metodológica Para El Estudio De Simón Bolívar Como Educador Social, que sienta las bases para identificar los rasgos del educador social que están presentes en la vida y obra de Simón Bolívar; establece algunas previsiones acerca de la biografía intelectual que ayudará al investigador a privilegiar, como objeto de estudio, aquellos estudios biográficos de Simón Bolívar que rebasen los esquemas tradicionales presentes en varias biografías del Libertador e indica cuál es la concepción general y el método asumido a la hora de abordar el estudio de figuras de la cultura nacional que sin provenir específicamente del campo de la educación ostentan un pensamiento pedagógico. En Cuba, los niños cogidos de la mano de José Martí desde la escuela primaria, aprendimos a conocer quién era Simón Bolívar. Su relato Tres Héroes, primer escrito de la obra para los niños de América, La Edad de Oro, comienza así: “Cuentan que un viajero llegó un día a Caracas al anochecer, y sin sacudirse el polvo del camino, no preguntó dónde se comía ni se dormía, sino cómo se iba a donde estaba la estatua de Bolívar. Y cuentan que el viajero, sólo con los árboles altos y olorosos de la plaza, lloraba frente a la estatua, que parecía que se movía, como un padre cuando se le acerca un hijo. El viajero hizo bien, porque todos los americanos deben querer a Bolívar como a un padre…”1 La palabra de José Martí, desde finales del siglo XIX, al referirse a Simón Bolívar siempre fue justiciera y anticipativa. Apoyado en su prosa elocuente y su oratoria fecunda, divulgó a todos los vientos el sueño bolivariano: unir a los pueblos como un manojo de rosas que se ata para apresar la frescura de sus valles y el ingenio de sus hijos, pero esconde las espinas filosas de su tallo para herir la mano opresora que intenta apoderarse de los destinos de América; hacer vigente su programa de lucha: la acción una y compacta de sus repúblicas.
  7. 7. 2 Lo que Bolívar dejó por hacer, la revolución bolivariana junto a los pueblos del Alba los están haciendo hoy. El estudio de las mejores biografías de esta célebre personalidad histórica es el primer paso que todo investigador debe acometer para penetrar en los destellos significativos de su corta pero intensa vida, 1783-1830, cuarenta y siete años, como figura púbica venezolana. La selección que se haga debe privilegiar aquellas obras que brinden un amplio panorama del mundo social, cultural y político, el escenario histórico donde Simón Bolívar desenvolvió su vida y su lucha. Para valorar su obra como la de un educador social es imprescindible ver cómo despliega su modo de actuación ante diferentes circunstancias y contextos, de los cuales no es posible aislar su personalidad sin que resulte menguado tal estudio, pero siempre teniendo en cuenta que ha de ocupar una posición de guía e interlocutor entre seres de diferentes estratos, procedencia, profesión, ocupación y nivel escolar, lo que permitirá valorar su condición de educador. El verdadero educador, en cualquier circunstancia, siempre es tal: sus dichos o hechos, reflexiones, críticas y sugerencias, son el alma de su función educativa. Existen numerosas biografías y estudios biográficos de Simón Bolívar. Pero el investigador mexicano C. A. Aguirre Rojas nos alerta que ya no es posible tratar de abordar el tema de la biografía con los mismos criterios y patrones con los que era estudiado hace cincuenta o cien años, en los que se privilegiaba la reconstrucción lineal y erudita de hechos, únicos e irrepetibles de la vida de grandes personales históricos. En el caso que nos ocupa no se trata de una biografía personal sino de una biografía intelectual, es decir, lo que interesa es destacar la ruta intelectual del personaje escogido. ¿Qué es una biografía intelectual? Cuando el investigador se concentra más en la obra intelectual del personaje, que en su vida individual, es decir cuando la ruta intelectual del personaje pasa de la vida del individuo hacia su obra, una obra que se despliega fundamentalmente en el ámbito de la realidades y dimensiones culturales de una sociedad; una óptica que por su objeto particular -la obra y los aportes de un gran intelectual- parece conducir de manera más directa hacia la reconstrucción biográfico-intelectual2 y reclama analizar el personaje histórico en el contexto, y el contexto a través del individuo, es decir “al personaje en tanto expresión de esos múltiples contextos interconectados y a esos diversos contextos como realidades complejas, dinámicas y movibles, siempre influidas, en mayor o menor medida, por ese personaje, y por todos los demás individuos de sus diversos entornos o de redes de sociabilidad específicas”.3 El filósofo cubano Pedro Luis Sotolongo Codina aclara que cada vez es más evidente en nuestra contemporaneidad que solo se puede indagar a la sociedad y a los seres humanos que la conforman, mediante su inserción dentro de la propia sociedad por uno de esos seres humanos, concretos y reales que la componen. Por lo que se va conformando una tercera vía para la fundamentación del saber verdadero: “la vía contextual”. Es decir el camino hacia el saber a través de la contextualización histórico-social, ética, cotidiana, de su búsqueda y
  8. 8. 3 obtención, a través de una epistemología contextualizante o de la “contextualidad”. De lo que se trata es de esclarecer el contexto, el cúmulo de circunstancias (volitivas, cognitivas y valorativas) a partir de las cuales el indagador conforma su visión acerca de lo indagado4 . Ese mundo complejo de circunstancias y los diferentes modos de actuación de un personaje singular, como Bolívar, situado a veces, por la correlación de fuerzas, al margen de los hechos que se precipitan, o ubicado en otras ocasiones en el vórtice de acontecimientos que lo proyectan como un héroe, un general victorioso, un estratega consumado, un hacedor de pueblos liberados o un congresista creador de nuevos parlamentos y promulgador de constituciones revolucionarias; ese mundo y esa figura no pueden ser presentados por medio de una biografía cronológica lineal, rebosante en detalles pero carente de los variados estados anímicos, donde no se reflejan los momentos diferentes y las atmósferas diferentes, que permiten evaluar las capacidades de un hombre que fue guía, líder, conductor, educador, gobernante y combatiente a la vez. Existe en este contexto, tal vez, un eje articulador en la vida y obra de Simón Bolívar, la necesidad de formar a los individuos que le rodeaban para presentar un haz unido frente a las fuerzas superiores que se oponían; la necesidad de educar a las masas para hacerlas transitar por el camino de la civilidad; la necesidad de crear instituciones para construir una nueva sociedad; la necesidad de forjar un sentimiento de dignidad para que quedara en la historia como un sello de identidad americana. Eso es lo que hay que buscar en las biografías y estudios biográficos. La antropología, la historia, la narrativa, la poesía, el cine, se han adelantado a la pedagogía a la hora de interpretar y proyectar una nueva visión del hombre y la sociedad americana. Aferrada aún a los cánones positivista, le cuesta trabajo romper los límites de la educación escolar para penetrar de lleno en el complejo mundo de la educación como fenómeno social. Para ponerla a la altura de los cambios socioeconómicos y políticos que se están generando en Nuestra América, que demanda sustentar una pedagogía de la emancipación que propicie la transformación no solo de nuestros sistemas de enseñanza sino de estudiar y concebir la educación e instituciones educativas que han de prevalecer en esta región, deben introducirse nuevos conceptos, métodos, temas, principios y fines, que den respuesta a los procesos emergentes, las necesidades y aspiraciones del hombre actual, a los movimientos sociales de diferente naturaleza, al desarrollo impetuoso de la tecnología, a la par de ser capaz de valorar con justeza el papel de las personalidades históricas, sus proyectos y acciones y su influencia educativa en los grandes acontecimientos del devenir histórico de Latinoamérica. Es posible acometer el estudio de personalidades como Simón Bolívar, si se parte de considerar a la Pedagogía como una ciencia social de amplio alcance, que tiene como objeto de estudio los procesos formativos de las nuevas generaciones, que se vale de diferentes formas, vías, métodos y medios para cumplir su objetivos y fines; que utiliza conscientemente desde la propia personalidad del educador –en su sentido más general- hasta las instituciones educativas y los diferentes agentes sociales. Se destaca que en su
  9. 9. 4 campo está el estudio del papel formativo que ejercen los procesos económicos, políticos, ideológicos, culturales, jurídicos, tecnológicos, organizacionales y otros, en los individuos y en los diferentes grupos y clases sociales. Esta posición rompe con la concepción reduccionista de considerar a la Pedagogía como una disciplina solo escolar, que la identifica con la reflexión exclusiva de aquellos cuya actividad teórica y práctica está destinada profesionalmente al trabajo con la enseñanza, la educación, la escuela y el educando y desconoce el contenido pedagógico en el pensamiento de destacadas personalidades políticas, científicas y culturales, que sin haber tenido una formación específicamente pedagógica, han ejercido una enorme influencia educativa en la formación de la conciencia social del pueblo. Posición que abre el camino para incorporar en los estudios pedagógicos no solo a brillantes maestros y pedagogos profesionales sino también a personalidades de la cultura artística, como poetas, compositores, novelistas, dramaturgos, personalidades de la danza, de la plástica y la arquitectura, así como destacados integrantes de las ciencias médicas y la jurisprudencia, el periodismo y la comunicación. La dialéctica materialista abre caminos inexplorados si se concibe como método de la reproducción espiritual e intelectual de la realidad, como método del desarrollo y explicación de los fenómenos sociales que parten de la actividad teórico práctica y objetiva del hombre histórico; si se trata de develar esas relaciones ocultas que se encuentran en la praxis histórica, viendo lo que hay para explicarlo y comprenderlo; si se estudian las acciones del hombre como ser social que busca su emancipación, la organización de los grupos sociales y su acción participativa; si destaca el alcance de los niveles de conciencia generados en diferentes momentos históricos. En fin, si el investigador se apropia del método científico que tiene un carácter consciente y orientado a un fin, que favorece la integración de la ciencia en su desarrollo, que es autocorrectivo y progresivo y supone una actitud reflexiva, crítica, culta y ética, y que integra lo cognitivo, valorativo y práctico transformador. El método científico comienza precisamente a partir de categorías elaboradas previamente como conceptos más simples, para obtener, mediante la síntesis teórica, un sistema de determinaciones que expresen lo concreto pensado, es decir, la diversidad organizada5 Esta concepción permite comprender e interpretar los hechos históricos y sociales como realidades vivas y en devenir, a la vez que constituyen elementos de procesos dinámicos y dialécticos en los que el resultado está siempre abierto y en redefinición constante, a partir de las contradicciones latentes que se encuentran tanto en esos mismos procesos, como en el conjunto de los propios hechos6 . Con firmeza el investigador puede romper con esa lineal continuidad del acaecer histórico defendida por el positivismo y hacer “saltar al personaje” – Bolívar- de manera electiva, observarlo, examinarlo, para que su personalidad nos revele cuanto aprehendió de su contexto y cuanto proyectó con su modo de actuación en interrelación con los diversos procesos que tuvo que enfrentar. Este camino rompe esquemas y permite tener una mejor comprensión –lo que implica una mejor exposición- del complejo mundo social donde conviven las personalidades históricas.
  10. 10. 5 Justamente la aplicación de este método permitió la determinación y formulación del concepto educador social. Gaspar J. García Galló da una cabal interpretación a este concepto cuando afirma “los grandes conductores de pueblos son por razón de su liderazgo educadores de ámbito universal y de todos los tiempos, porque su influencia rebasa ambas fronteras”7 , tales argumentos señalan la posibilidad de estudiar a Simón Bolívar como educador social. Pero, ¿qué es un educador social?: “es una personalidad de conducta social ejemplar, de firmes convicciones y férrea voluntad, portador de elevados principios y valores espirituales, cuyas ideas y actos se corresponden con los intereses y aspiraciones de las grandes mayorías y devienen significativas enseñanzas para estas; posee excelentes dotes como comunicador y tiene la capacidad de ejercer influencia educativa sobre los individuos y la sociedad mediante una labor sistemática de concientización que lo convierte en movilizador educativo del pueblo; su obra trasciende su tiempo histórico” (reordenamiento de E. de la Torre a partir de la definición original de R. Buenavilla) Dr. C. Ana Sánchez Collazo Centro de Estudios Martianos
  11. 11. 6 JOSÉ MARTÍ PARADIGMA DE EDUCADOR SOCIAL PARA LOS PUEBLOS DE AMÉRICA “Por toda nuestra América empieza a mostrarse el deseo –como si hubiese comenzado a cuajar el alama continental- de conocer, por sus raíces y desarrollo, la composición de los pueblos americanos”, 8 José Martí Dr. C. María del Carmen Fernández Morales Ante los desafíos imprevisibles del desarrollo histórico social, los pueblos se enfrascan en la lucha por hallar alternativas superiores que combatan la desideologización y la desvalorización que traen consigo el pensamiento posmodernista y las corrientes neoliberales. Es por esto, que el estudio de la figura de José Martí, constituye premisa evidente para el desarrollo de la cultura de los pueblos latinoamericanos, como presupuesto básico de la justicia y la libertad y como respuesta emancipadora a la cultura unipolar que pretende imponer al mundo la globalización económica como fuente inagotable de exclusión social, que aparta a la gran parte de la sociedad del proceso de participación en la vida socio- económica y cultural. Síntesis de las ideas de José Martí sobre la educación a que se aspira como vía para la integración en el continente y que se destacan en este trabajo, lo constituye la referida en su artículo “Maestros ambulantes” –“Ser culto es el único modo de ser libre”1 , y la que plantea: “La educación ha de ir adonde va la vida. Es insensato que la educación ocupe el poco tiempo de preparación que tiene el hombre, en no prepararlo. La educación ha de dar los medios de resolver los problemas que la vida ha de presentar. Los grandes problemas humanos son: la conservación de la existencia, -y el logro de hacerla grata y pacífica”. 9 Un elemento fundamental al estudiar a José Martí es el hecho de que su vida y su obra están inmersas en el proceso socio-político de Cuba y América, como guía y conductor de masas y como gestor, de un pensamiento educativo genuinamente latinoamericano, que ha trascendido y que se evidencia además, en las aspiraciones de construir sociedades justas, a pesar de haber muerto hace más de un siglo. Es nuestro propósito, profundizar en el estudio de su personalidad para presentarlo en una nueva faceta donde se integren todos sus atributos como educador social.
  12. 12. 7 Tratamos de enfocarlo desde una perspectiva más amplia, desde una visión holística, integradora de todas sus facetas, ya que siendo poeta, orador, periodista, patriota, educó. Desde cada una de las labores que desempeñó a través de su corta vida, influyó en generaciones de hombres y trascendió por su pensamiento y su acción, sembrando una semilla irrepetible en la historia latinoamericana y universal y en la historia de la educación de Nuestra América, como él mismo sentenciaría. ¿Qué nos acerca a la definición de educador social? ¿Por qué pensamos en ella? El antecedente fundamental que analizamos fue el estudio de figuras en el desarrollo de la Historia de la Educación en Cuba y América Latina. Un rasgo distintivo surgía del análisis de las mismas, que se manifestaba en su trascendencia a partir de la influencia educativa que ejercían en el conglomerado social mediante su lucha tenaz por la justicia social y el desarrollo de la cultura de la Región. Se destacaban entre ellas personalidades como las de José de la Luz y Caballero, Félix Varela, Enrique José Varona, José Martí, Simón Rodríguez, Paulo Freire, Simón Bolívar, Ernesto Guevara, Julio Antonio Mella y Fidel Castro, entre otros. En la búsqueda de un término que sintetizara la misión fundamental de estos hombres en la sociedad, consideramos oportuno llamarles educadores sociales, sobre todo cuando el ejercicio de nuestra profesión nos hacía presentarles a los alumnos una visión integral de los mismos. El educador social emerge de los procesos educativos que pueden gestarse indistintamente en una reunión familiar, en una tribuna, en una movilización, mediante comunicaciones escritas u orales, en una escuela, en la comunidad, mediante un ejemplo, o sea, en una institución familiar, escolar o social. La relación sujeto-sujeto, que constituye núcleo de dichos procesos, se evidencia en el educador social a través de las influencias que se ejercen entre los hombres a partir de sus contactos, de sus acciones, de sus relaciones, que como principio y a diferencia de otro tipo de contactos, estos deben ser educativos. Se diferencia del maestro, del pedagogo, en que este se define como un educador profesional y su cometido queda bien determinado como el agente socializador que posee la calificación profesional para ejercer esa función y, por tanto, el que recibe esa misión social por la que se le exige y evalúa, por su institución y por la sociedad. Sin embargo, el maestro no queda excluido de poder llegar a ser un educador social si su misión trasciende y quedan bien determinadas en él las premisas antes expuestas. No son excluyentes estas categorías, por el contrario pueden coexistir y concatenarse como se aprecia en la personalidad que se estudia. El educador social es un producto socio histórico que parte de la realidad objetiva en correspondencia con el contexto y contribuye al desarrollo multifactorial y multidimensional del individuo. Las raíces de esta concepción, ha seguido los supuestos de pedagogos, registrados en la Historia de la Educación en Cuba y en América Latina. Se tiene como referente principal a
  13. 13. 8 José Martí, valorándose lo abordado por él en su artículo “Escuela de electricidad“ (1883) y que refiere una idea medular: “Educar es depositar en cada hombre toda la obra humana que le ha antecedido: es hacer a cada hombre resumen del mundo viviente, hasta el día en que vive: es ponerlo a nivel de su tiempo, para que flote sobre él, y no dejarlo debajo de su tiempo con lo que no podría salir a flote; es preparar al hombre para la vida”. 10 Si se valoran esto supuestos a la luz de las realidades educativas de los países de América Latina, vemos que constituye un reto que se traduce en imperativo necesario de toda la comunidad educativa y los estados de nuestros países por lograr una sociedad culta en correspondencia con el desarrollo de la Ciencia y la Tecnología, donde se manifiesta la relación entre la instrucción del pensamiento y la dirección de los sentimientos. El propio José Martí lo define en varias ocasiones en sus artículos periodísticos, y especifica en uno de sus Apuntes personales: “Instrucción no es lo mismo que educación, aquella se refiere al pensamiento y esta principalmente a los sentimientos. Sin embargo no hay una buena educación sin instrucción. Las cualidades morales suben de precio cuando están realzadas por las cualidades inteligentes”11 ¿Cómo deberá ser el proceso educativo para determinar una verdadera influencia desde la sociedad si tomamos como referente la identidad y autoctonía que caracteriza a nuestros pueblos? Debe fomentar el compromiso, la participación colectiva de los hombres, la masividad e ir despertando conciencias y voluntades. Su aprendizaje ha de estar erigido, si lo analizamos desde la contemporaneidad, sobre los cuatro pilares fundamentales: Aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a ser y aprender a convivir. Su método: el ejercicio de la política como forma práctica de desarrollar los conocimientos y sentimientos. Su contenido: la eticidad. Su fin: formar a la sociedad desde la sociedad. Cuando se logran estas premisas, ya la educación emana desde la sociedad misma y esta es quien la institucionaliza –esa es la misión de los educadores sociales– propiciar una educación desde todos y para todos, desde el pueblo y para la vida. ¿Cómo definir entonces al educador social partiendo de estas premisas? El educador social es el sujeto, que partir de las cualidades de su personalidad, ejerce influencia desde la sociedad sobre los individuos y su comportamiento social, contribuye con su labor y su actuación a la adquisición de sus conocimientos y habilidades, a la formación de sus convicciones y valores y a la consolidación de la sociedad educativa. Su capacidad de comunicación le permite además trascender a las masas propiciando la universalización de la educación, la justicia social y el desarrollo de la cultura. El Maestro, como artífice de la educación social sentenció en su artículo Fiestas de Tlaplán, escrito en México para la Revista Universal: “...la educación de los hombres es la forma futura de los pueblos”12 y también dijo en agosto del 86 hablando de la muerte del político norteamericano Tilden: “...hombres haga quien quiera hacer pueblos“13 . Caracterización general del proceso de formación de José Martí como educador social
  14. 14. 9 Según plantea la Psicología, el hombre no nace personalidad, sino que esta se va formando en su relación con el medio. En Martí se va formando un conjunto de rasgos, cuyo contenido distingue su personalidad que se manifiesta en consecuencia con el contexto histórico concreto en que se desarrolló y acorde con las relaciones sociales que se fueron gestando a su alrededor. Sus actos devinieron respuesta contundente y rotunda a las complejas situaciones que tuvo que enfrentar. Ha de analizarse en el Apóstol el proceso realidad –individuo, visto mediante su vínculo con la sociedad en los momentos determinantes de su formación como educador de pueblos, al proyectar una actitud consecuente con los intereses que preconizó. ¿Cómo se formó la personalidad de José Martí como educador social? ¿Qué compromisos fue asumiendo consigo mismo y con su pueblo? ¿Qué intereses representó en su momento histórico que lo hicieron latinoamericano y universal? La óptica con que se abordarán estas interrogantes en el trabajo responde al análisis concreto acerca del papel determinante del hombre en la sociedad. En la configuración de la personalidad, lo social deviene en lo histórico, en tanto el hombre es portador vivo y activo de su historia individual. En este proceso se van conformando las potencialidades sistémicas y conscientes de regulación psicológica que se expresan en la personalidad y le permiten al sujeto fijar un sistema de información personal comprometida emocionalmente que expresa su continuidad histórica en su interrelación con el medio. La naturaleza cognitivo-afectiva de los elementos que integran las funciones de la personalidad regulan las esferas del comportamiento del hombre. Fue esa naturaleza y el reflejo de la realidad de la segunda mitad del siglo XIX en la personalidad de José Martí lo que evidencia sus valores, intereses, convicciones y conocimientos, formados acorde con intereses sociales, de lucha por la independencia de su patria. La necesidad de formar en los hombres estos intereses y sentimientos, lo llevó a desbordar esa personalidad, a entregarse a los hombres y sentir la urgencia de que sus ideas dejaran de ser suyas y fueran aprehendidas por todo un pueblo y un continente, ello daba paso a su paso, al educador social. La formación de José Martí como educador social se erige sobre la contradicción fundamental en que se debatió: la sociedad doliente, entendida como la sociedad cubana de la segunda mitad del siglo XIX, explotada y colonizada, y la sociedad educativa a la que aspiró como presupuesto básico para el desarrollo de la cultura de los pueblos y de ahí su concientización para la lucha por la independencia. Es evidente el contexto histórico concreto de dependencia y explotación de la patria cubana, así como de otras realidades donde creció y se desenvolvió el joven Martí. En su lucha interna por transformar ese medio se revela la subordinación de lo individual a lo colectivo y se aprecia desde el punto de vista filosófico, la dialéctica entre lo externo (sociedad) y lo interno (personalidad). Su ideal de lucha era ver a su patria libre para lo cual fue necesario
  15. 15. 10 despertar conciencias, formar ideas, dotar de conocimientos y educar en valores morales. Ya se debatía desde adolescente entre Yara o Madrid, la familia o la patria, dilemas constantes de su vida, ante los que sus decisiones fueron marcando ejemplo para generaciones de hombres. Determinantes subjetivas internas y circunstancias objetivas externas de José Martí como educador social. La América en Martí El estudio de las determinantes subjetivas internas de la personalidad de José Martí y las condiciones objetivas externas que interactuaron en su desarrollo permiten el conocimiento progresivo de su proceso de formación como educador social, teniendo en cuenta las características que su pensamiento y sentimientos revelan en función de los hombres, así como su actuación y manifestación acorde con la contextualización epocal y su forma de enfrentarla. Sus apuntes personales dan fe de ello también en cuanto al conocimiento de su individualidad subjetiva se refiere, decía: “Yo: esto es: Una personalidad briosa e impotente, libérrima y esclava, nobilísima y miserable, divina y humanísima, delicada y grosera, noche y luz. Esto soy yo... para entrar en mí tengo que entrar por mí mismo”. Su voluntad de formarse a sí mismo se definía – y agregaba: “Es preciso que yo puesto en mí, me vea a mí mismo... que funde yo mi propio conocimiento”.14 En su artículo Revolución en la Enseñanza clarifica la formación que devino de su yo interno cuando decía que era más saludable y fecundo lo que se aprende por sí propio y se preguntaba: “¿y de qué me sirve toda esta miseria que me han enseñado...? Me han hecho un imbécil. No hay orden ni verdad en lo que me han enseñado. Tengo que empezar a enseñarme a mí mismo”15 El interés de conocer y explicarse acerca del mundo vivo de afuera, de conocer su utilidad práctica, era necesidad en la formación de Martí y aunque expone que estuvo ante esa disyuntiva cuando tenía doce años, lo refiere y exterioriza, supuestamente en 1884. Ya había madurado en su autoformación, se desarrolló también como maestro de sí mismo. Ya desde antes, el 31 de marzo de 1872 escribía: “No basta nacer, es preciso hacerse”16 Él se propuso formarse, ser su maestro, ser el fundador de su propio intelecto, y lo logró, lo que no se propuso y dicho conocimiento le permitió, fue formar, educar a generaciones presentes y futuras. Las determinantes subjetivas internas que se sintetizan en el proceso de formación de José Martí como educador social son: 1. Amor sin límites hacia los hombres, que se manifestaba en su lucha por los humildes, por la justicia social y por la igualdad de la raza humana. 2. Convicción de luchar por la independencia y el decoro de su patria y por la redención del hombre. 3. Filiación a los más altos valores morales y espirituales
  16. 16. 11 4. Necesidad de comunicación, tanto de forma oral como escrita. 5. Distinción entre el bien y el mal (eticidad). 6. Distinción entre lo bello y lo feo (estética), como categorías inherentes a los hombres. 7. Preocupación constante por la elevación y crecimiento del hombre mediante la educación y la cultura. 8. Confianza en los hombres y en el alcance de un ideal justo en su concepción acerca de la perfectibilidad. No fue sólo la subjetividad lo que determinó este proceso, fue el dolor de su patria oprimida, de su sociedad doliente lo que, en estrecho vínculo con esta condicionó su desempeño ante la sociedad, su afán por educarla, por salvarla y salvarse. “El que levanta a su país se levanta a sí mismo”17 escribía a Justo Castillo en l889. La subjetividad de la personalidad de Martí en su proceso de formación como educador social nace por tanto de su contexto histórico concreto y de sus relaciones para con el medio, lo que se sintetiza, en las circunstancias externas que lo condicionaron. Las circunstancias objetivas externas determinantes en la formación de Martí como educador social son: 1. Condiciones histórico concretas de su tierra natal evidenciadas en: Patria oprimida por el colonialismo español. Conspiraciones sociales promovidas por patriotas cubanos. Desarrollo de un pensamiento nacionalista y revolucionario en algunos sectores de la población, por ejemplo entre la burguesía criolla. La esclavitud como forma de explotación a los hombres. Consideraciones de esclavistas criollos y españoles sobre la anexión a EEUU. Presencia del autonomismo en la Isla. Contradicciones entre los propios luchadores cubanos. Lucha contra el regionalismo y el racismo. Toma de conciencia de que de España no podría lograrse nada. 2. Realidad latinoamericana revelada en: Regímenes dictatoriales imperantes. Drama existencial del indio. Autoctonía de esta región. Espacios socioeducativos y culturales.
  17. 17. 12 3. Realidad norteamericana manifestada en: Desarrollo del capitalismo premonopolista y surgimiento del imperialismo en EEUU. Intenciones codiciosas de EEUU con relación a la Isla y a América Latina. Sociedad norteamericana. 4. Continuidad del pensamiento educativo cubano vinculado a las conquistas sociales. Se deriva de este análisis que en el proceso de formación de José Martí como educador social intervienen en vínculo estrecho lo subjetivo de su personalidad con lo objetivo de su contexto socio-histórico para definir la esencia de este hombre que devino educación para el conglomerado humano. La revelación de las determinantes subjetivas y las circunstancias externas aparece como reflejo de la personalidad de Martí, en los hitos significativos donde se fueron gestando sus rasgos como educador social. Hitos significativos presentes en la formación de José Martí como educador social. Las huellas de su presencia para América Latina En la formación de José Martí como educador social se evidencian importantes hitos, que ponen de manifiesto, el desarrollo de una personalidad signada para educar al conglomerado humano, lo cual se aprecia mediante hechos y ejemplos, en los que interviene tanto la educación como otros factores. Los hitos determinados fueron: ◘ El ejemplo de su maestro Rafael María de Mendive. Fue Mendive para Martí, maestro, padre, amigo, ejemplo. Con él se va formando como patriota revolucionario y se va identificando con su forma de pensar y actuar. Madura como adolescente en las aulas del maestro y en las tertulias familiares de los Mendive, donde escucha con atención a numerosos intelectuales criollos que debaten sobre los problemas de la colonia. Con solo trece años se había leído la mitad de la biblioteca del maestro, imitándolo y bebiendo de su cultura. Mendive, en premio a la conducta, aplicación e inteligencia del joven discípulo, le costearía sus estudios secundarios y guió con amor paternal su quehacer en su andar por vida. Con solo doce años también porta un brazalete negro en solidaridad y luto por la muerte de Abraham Lincoln. Apoya y protege a su maestro inmerso en conspiraciones revolucionarias y le escribe: “Yo no sé que un padre generoso tenga que recordar, a un hijo que le adora, sus deberes... cuando a cada instante daría por Ud. mi vida, que es de Ud., y solo de Ud. y otras mil si tuviera”18 ◘ Los días de la cárcel
  18. 18. 13 Con apenas diecisiete años es sentenciado a seis años de prisión junto con Eusebio y Fermín Valdés Domínguez y aunque solo permanece seis meses en las canteras del Presidio Departamental de la Cárcel Nacional para después ser trasladado a Isla de Pinos, esta estancia es suficiente para marcar su salud de por vida (sarcocele), producido por la carga del grillete. Su sufrimiento al presenciar y sentir los crímenes y atropellos del presidio, afianzaron más su total convicción de la necesidad de luchar por la independencia de Cuba. ◘ Formación política y profesional en España de 1871 a 1874. En la configuración de rasgos que determinan a Martí como educador de hombres, se destacaron en esta etapa sus dotes como comunicador social. Publica interesantes artículos periodísticos entre los que se encuentran: “A mis hermanos muertos el 27 de Noviembre”, “Las reformas”, El drama “Adúltera” y otros. Se reúne con exiliados cubanos y desde ahí continúa proyectándose como patriota cubano lo que manifiesta a través de su actuación, oratoria y escritura. Ya es reconocido entre ellos por la locuacidad de una palabra ardiente, comprometida, identificado por la preocupación sobre el destino de su país. Allí se desempeñó por primera vez como maestro particular para poder sustentarse y aliviar su situación económica que era bastante precaria. Aún así, su amor al prójimo y al desvalido crecía; siempre al lado de los humildes, con el escaso dinero que tenía compraba melindres y los llevaba por las noches a la escuela de niños pobres sostenida por la logia, les daba libros y les contaba cuentos. Un ejemplo de humanidad y sencillez dejaba este hombre a su paso por estas tierras. Obtiene el grado de Derecho Civil y Canónigo y en Filosofía y Letras en la Universidad de Zaragoza. Fue España cuna para afianzar su intelecto y su cultura Estancia en México (1875-76) Llega Martí a este país, entabla amistad con Manuel Mercado, con él mantiene una permanente comunicación hasta el día antes de morir. Se vincula, gracias a Mercado, con editores de revistas y periódicos y tiene una amplia producción intelectual donde se reconoce al patriota cubano y latinoamericano y empieza a esbozar, desde entonces, la concepción sobre lo que él consideraba como Nuestra América. Sus artículos aparecen en el periódico El Federalista y en La Revista Universal. Refiriéndose a Manuel Mercado, decía en una carta escrita el 28 de julio de 1832: “Sólo hay una cosa comparable al placer de hallar un amigo: el dolor de perderlo.”19 Su filiación a los valores morales y confianza en los hombres, su actuación honesta y condenatoria ante las injusticias, siguen sentando pautas en su formación como educador de hombres. ◘ Guatemala: germina el educador social. Llega Martí a este país, ávido por seguir conociendo la patria grande: América, pero también necesitado de trabajar para su sustento. José María Izaguirre, Director de la Escuela
  19. 19. 14 Normal, lo responsabiliza con las clases de Historia de la Filosofía, Literatura y Ejercicios de Composición. En su artículo “Guatemala” escribiría: “Yo llegué meses hace a un pueblo hermoso: llegué pobre, desconocido, fiero y triste. Sin perturbar mi decoro, sin doblegar mi fiereza, el pueblo aquel, sincero y generoso, ha dado abrigo al peregrino humilde. Lo hizo maestro que es hacerlo creador”20 Es nombrado también catedrático de la Universidad de Guatemala. Impartiría clases gratuitas de Composición en la Academia de niñas de Centroamérica. Publica su artículo “Los Códigos nuevos” donde apuntaba: “Llegará el tiempo de las afirmaciones incontestables, pero nosotros seremos siempre los que enseñamos, con la manera de certificar la de afirmar. No dudes hombre joven. No niegues hombre terco. Estudia y luego cree”21 En carta escrita a Joaquín Macal, Ministro de Relaciones Exteriores de ese país le decía: “... nunca turbaré con actos ni palabras, ni escritos míos la paz del pueblo que me acoja. Vengo a comunicar lo poco que sé y a aprender mucho que no sé todavía. Vengo a ahogar mi dolor por no estar luchando en los campos de mi patria, en los consuelos de un trabajo honrado y en las preparaciones para un combate vigoroso... Hay una gran política universal, y esta sí es la mía, y la haré: la de las nuevas doctrinas”22 Liberar a su patria, unir a la América, enseñar a los hombres lo justo y lo injusto, lo bueno y lo malo y lo bello y lo feo, como resumen de lo ético, lo estético y la justicia social, he ahí lo que serían para él las doctrinas nuevas de su vida. ◘ Primera Estancia en Nueva York. José Martí ya se caracterizaba por su radicalismo político, social y moral. Era el dolor de su patria oprimida. Aquí vive en la casa de la familia Mantilla, a cuyos hijos se entregó como un padre. Contribuyó a su educación desde cerca y desde lejos. Las cartas a María, Carmita y Carmen Mantilla, constituyen un legado de educación y ternura de gran valor didáctico y literario. Véase solo un ejemplo: “¿Piensa en el trabajo libre y virtuoso, para que la deseen los hombres buenos, para que la respeten los malos y para no tener que vender la libertad de su corazón y su hermosura por la mesa y el vestido? (...) Conocerás el mundo antes de darte a él (…) Este Petit Français es claro y útil. Léelo y luego enseñarás. Enseñar es crecer...”23 . Fue maestro desde cerca y desde lejos y educador de todo el que a esos mensajes se acercara. ◘ En la patria de Bolívar. Posiblemente el conocimiento de dos dictadores, Porfirio Díaz en México y Justo Rufino Barrios en Guatemala llevaran a Martí a esta tierra americana y el afán por conocer un pueblo donde el libertador de América libró la gran batalla contra el colonialismo español y se proyectó por la unificación de la patria grande, lo que referiría en su cuento “Los tres héroes” de La Edad de Oro: “Cuentan que un viajero llegó un día a Caracas al anochecer, y sin sacudirse el polvo del camino, no preguntó dónde se comía ni se dormía, si no cómo se
  20. 20. 15 iba a la estatua de Bolívar.”24 El ejemplo que le inspiraba Bolívar era el ejemplo que él inspiraba a su paso forjando ideales y despertando al bien y a la justicia. Durante esta estancia en Caracas, imparte clases de Gramática Francesa y Literatura en el Colegio de Santa María y en el Colegio Villegas respectivamente. Publica la Revista Venezolana que dirige, cuyo primer número de treinta y dos páginas, fue escrito por él. La estancia en Venezuela define su dirección americanista desde entonces. Ya no es solo Cuba, es América, es Humanidad y en sus artículos y mensajes proyecta esta dirección.”Aquí estamos para observar y anunciar todo lo que pueda ser de interés en los países hispanoamericanos. Mientras no haya una escuela en cada aldea, o maestros que vayan enseñando con la escuela en sí de aldea en aldea, no está la República segura”,25 apuntaba en su artículo “Revolución en la enseñanza”. ◘ De nuevo en Nueva York: consolidación del educador social. Con veintiocho años llega nuevamente José Martí a Nueva York (1881) y permanece allá hasta 1895. Es esta indiscutiblemente, su etapa de mayor madurez política y patriótica, de más amplia producción intelectual y de una formación antiimperialista manifiesta. Esta estancia le permitió, con el conocimiento previo de la realidad americana, adentrarse en las entrañas de la sociedad norteamericana. Su cultura se enriquece con el acercamiento a hombres de esa nación como Walt Whitman, Amos Bronson Alcott, Ralph W. Emerson y Peter Cooper, entre otros, que contribuyeron a la consolidación de su formación humanista y como educador social porque le sirvieron de ejemplo dada la plena identificación que logró para con sus obras y sus actos. De Whitman, su poesía; de Emerson, su filosofía, su humanismo, su literatura; de Bronson Alcott, su obra educativa de espiritualidad y de eticidad máximas y de Peter Cooper, su humildad en su riqueza. El conocer profundamente el sistema de enseñanza norteamericano le permite proyectarse mejor como educador social. Ofreció clases a cubanos y caribeños trabajadores inmigrantes en “La Liga”, de N. York, donde su verbo imantaba y sus ojos envolvían, disertación llena de exaltaciones morales y por supuesto, de edificación política. Todos los alumnos le llamaban “El Maestro”. Es en EU donde se radicaliza su pensamiento antiimperialista, educativo y humanista. Nacen ahí artículos como “Maestros Ambulantes”,”Revolución en la enseñanza”, el ensayo “Nuestra América”. Nace “La Edad de Oro” (Revista para los niños de América), el periódico “Patria”, se consolida su Epistolario y emerge el compendio educativo de las cartas a María, Carmen y Carmita Mantilla. Aquí unifica hombres para luchar por la libertad de Cuba y se constituye como el estratega político de la Guerra del 95, ¿cómo lo logró? Por su labor y por su condición de educador social, pudo trazar esa estrategia porque sabía cómo llegar a la sensibilidad de los hombres y sabía cómo educarlos para enfrentar la vida.
  21. 21. 16 El arduo quehacer político que en este sentido desarrolló, unido a su oralidad y a su escritura, a su fe en los hombres y a su conducta social ejemplar, permitieron que su pensamiento trascendiera como un hombre que aportó muchísimo a la cultura occidental, y ¿quién con tales atributos no ha de considerarse un educador social? Era Bolívar en Martí, era el sufrimiento de su país oprimido el que le pesaba en el corazón y no lo dejaba vivir en paz. Esta fue la causa mayor de sus desvelos, angustias y pesares. Por liberar a su país dio hasta su propia vida, para lograr su propósito de inmediato y para el futuro. Ese futuro que hoy se construye con él porque comprendió como pocos la importancia de la subjetividad en los procesos históricos y el papel activo del hombre como determinante de la historia. Rasgos de J. Martí como educador social. Su obra en función de la integración latinoamericana El acercarnos a la vida y la obra de este gran hombre nos permitió redescubrir, mediante los hitos significativos analizados, los rasgos fundamentales de su personalidad que lo destacan como un educador social. Primer rasgo: Personalidad ejemplar: actitud consecuente con las ideas que promueve; está orientado por el amor a los valores espirituales y morales. Segundo rasgo: Comunicador social competente que tiene posibilidades de utilizar diferentes vía para propagar sus ideas; su mensaje puede ser de carácter social, político, ideológico, ético, estético; su mensaje repercute en su momento histórico y se proyecta al futuro con anticipaciones que demuestran la tendencia hacia el desarrollo. Tercer rasgo: Movilizador educativo: Manifiesta la educación como un proceso de movilización y participación de masas. Propicia un despertar de conciencias que permite elevar el nivel de participación, comprensión y actuación honesta de la comunidad. Personalidad ejemplar En el proceso político que desplegó J. Martí, preparando a los hombres para la guerra necesaria, fue consecuente con las ideas que proclamó y hasta en los momentos más difíciles se creció ante enfermedades y tristezas, ante obstáculos de orden político y social, ante incomprensiones y vilezas, actuó a favor de la causa que defendía, a veces con todos a su lado, a veces con una minoría, pero mantenido siempre una conducta acorde con los principios morales que conducían su pensamiento. Su personalidad atraía, imantaba, poseía un carisma particularmente subyugante del cual no podía nadie desprenderse fácilmente después que se le conocía en una tribuna, una tertulia,
  22. 22. 17 una clase, una reunión, mediante una carta, un artículo o una poesía. Y espías españoles que penetran en la intimidad de su mesa Su vida está llena de retos y hechos ejemplarizantes. Su valor personal se crece ante enjuiciamientos y espías españoles que penetran en la intimidad de su mesa. Intentan envenenarle en La Florida, en uno de sus viajes de proselitismo, y se le reta públicamente para probar su hombría, a lo que responde con dignidad y firmeza. Si algo caracterizó la personalidad de Martí fue su apego a los valores morales y espirituales, manifestado en su amor ilimitado al prójimo, en su lucha por la justicia social y en su arraigo a los humildes. En ello radica su esencia ética. La excelsitud de Martí está en que viviendo en una época de explotación para su país y conociendo las tiranías de algunos países de A. Latina, así como las entrañas del monstruo del Norte, supo distinguir la bondad de la maldad, el odio del amor, lo justo de lo injusto, lo íntimo de lo colectivo, así como orientarse y orientar en función del mejoramiento y la redención del hombre. La conducta ejemplar del Apóstol se revela en la forma en que reguló y autorreguló la misma en beneficio de la humanidad, anteponiendo esta a los intereses personales o familiares. Si se tiene en cuenta que la actividad moral es la que posibilita la interrelación con cada uno de esos componentes, se puede apreciar concretamente la influencia ejercida por la personalidad de J. Martí en el contexto social de sus contemporáneos y de las generaciones que le sucedieron. El componente cognitivo se aprecia en la vasta cultura que poseía. El componente afectivo- volitivo se manifiesta en la espiritualidad que desplegó en cada acto de su vida: esa fue la base de sus acciones y todo cuanto hizo fue en pos del mejoramiento humano. La orientación ideológica comienza a identificarse en Martí desde que apenas tenía 10 años: se avergüenza como ser humano al ver como azotaban a un negro esclavo; siendo estudiante, cuando porta un brazalete de luto por la muerte de Abraham Lincoln, y más tarde con solo 16 años, cuando ingresa condenado a prisión por sus ideales patrióticos y su lucha en contra del gobierno colonial. Su condición de hombre político, su ejercicio de la política como la forma práctica de llevar a cabo sus propósitos, dan fe de su independentismo, patriotismo, de su preocupación y acción por la justicia social y la libertad. Comunicador social competente ¿Cómo definir a un comunicador social competente? Es el sujeto que pone su lenguaje tanto oral como escrito, en función de los intereses y metas que beneficia la sociedad. Posibilita el logro de las aspiraciones colectivas proyectando sus mensajes mediante diversas formas y posibilitando la formación ética, política y cultural de la comunidad. Ha de trascender por su aprehensión en las masas y por el dominio de las competencias comunicativas. Caracteriza a Martí como comunicador social competente permitirá: 1. Determinar las vías que utilizó para propagar sus ideas.
  23. 23. 18 2. Abordar y ejemplificar las dimensiones trabajadas en los mensajes expresados mediante esas vías. 3. Destacar la repercusión de este rasgo de su personalidad. Analizando lo expuesto anteriormente, tenemos que: Las vías que esencialmente utilizó para propagar sus ideas fueron: Oratoria, Epistolario (sus cartas), Periodismo, Poesía. Sus mensajes abordan fundamentalmente las siguientes dimensiones: lo político y lo social: lo ético y lo estético: lo educativo y lo cultural. En aras de no hacer muy extenso este material escrito, solo se verá el tratamiento de las dimensiones en la oratoria de José Martí. Oratoria En Martí se revela magistralmente el don de la palabra oral desde los días del destierro en España, cuando en los círculos de exiliados cubanos se debatía en su afanada lucha entre Yara o Madrid. Ya desde entonces su voz despertaba inquietudes y reclutaba hombres por la elocuencia de su discurso, la consecuencia de sus palabras, la firmeza de sus ideales y la coherencia de sus mensajes. Debe destacarse que los discursos solo constituyen piezas oratorias cuando logran trasmitir ideas que por su hondura son capaces de acaparar la atención del auditorio y cuando, además, la precisión y belleza de su lenguaje, conmueven y convencen, como ocurría cuando discursaba “nuestro hombre”. El buen desempeño de la oratoria con un objetivo preciso previamente establecido en consecuencia con la realidad objetiva y los fines a conquistar, constituye una vía importante para educar multitudes y pueblos, pues ejerce un efecto multiplicador y movilizativo capaz de transformar el pensamiento colectivo de los ciudadanos de una sociedad. De esa forma ello posibilita, en un plazo determinado, lograr propósitos educativos de gran magnitud. En discursos como “Los Pinos Nuevos” y “Con todos y para el bien de todos”, alcanza la cúspide de su cubanidad y americanismo y se sintetiza un pensamiento radical de confianza y virtud e su afán de juntar hombres para la causa heroica en toda su oratoria. Encontramos en su obra definiciones muy concretas y atinadas acera de la oratoria y del buen orador, que constituyen pautas a seguir para el desempeño de de esa función en la sociedad:  La Oratoria es la forma exaltada y convincente del pensamiento. Siéntase, pues, y piénsese. Séase bueno y séase instruido (…)” J. Martí, Obras Completas, t.19, p.449.  Orador sin instrucción es palmera sin aire (…) ¿de qué sirve la fluidez al orador si no tiene nutrición en el intelecto que corresponda a las posibilidades de los labios? J. Martí, OC, t. 19, p. 449.
  24. 24. 19  “El orador necesita un conocimiento general de la Historia que prueba, de la Literatura que ameniza, de las artes que embellecen, de las ciencias políticas que fundan” J. Martí, OC, t. 19, p. 449.  “El lenguaje ha de ser matemático, geométrico, escultórico. La idea ha de encajar exactamente en la frase, tan exactamente que no pueda quitarse nada de la frase sin quitar eso mismo de la idea” J. Martí, OC, t. 21, p. 255. Además de desempeñarse como un excelente orador, disfrutaba, cada vez que discursaba, exponiendo su amor a la oratoria. Era premisa básica para él, la correcta utilización del lenguaje para una buena comunicación y precisaba en su discurso del 10 de octubre de 1890: “Las palabras deshonran cuando no llevan detrás un corazón limpio y entero. Las palabras están de más, cuando no fundan, cuando no esclarecen, cuando no atraen, cuando no añaden” J. Martí, OC, t. 4, p. 248. Tratamiento de las dimensiones en su oratoria Dimensión político-social Esta dimensión se evidencia en el método práctico mediante el cual Martí analizaba los problemas acuciantes que se debían enfrentar en las diferentes sociedades en las que vivió, lucho y padeció. Sus análisis filosóficos se reflejan también por medio de su política en vínculo estrecho con la sociedad. En la oratoria aparece reflejada esta dimensión con muchísima fuerza. Su verbo ardiente y locuaz, los giros idiomáticos de perfecta sintaxis empleados, unidos a la carga poética que en forma peculiar expresaban de conjunto sus ideas, dan a sus discursos la perpetuidad de los hombres que inculcan en sociedades una ideología identificada con las causas más nobles y justas. Tomaremos una muestra representativa, “Los pinos nuevos”, pronunciada el 27 de noviembre de 1891 en el Liceo Cubano, en Tampa. “Otros lamenten la muerte necesaria: su creo en ella como la almohada, y la levadura, y el triunfo de la vida […] “Cesen ya […] las lamentaciones que solo han de acompañar a los muertos inútiles. Los pueblos viven de la levadura heroica. El mucho heroísmo ha de sanear el mucho crimen”, OC, t. 4, pp. 283-286. En la forma de manifestar una idea relacionándola con su ideología, su filosofía y su ética se aprecia la relación que utilizó para desarrollar lo educativo mediante lo político y lo ético, como aparece en el mensaje anterior donde aporta el justo significado de lo heroico. Dimensión ética y estética Esta dimensión es la que le imprime el magnetismo a su oratoria, ella forma y encanta, inculca valores y recrea con formas bellas de la expresión oral en la gama de recursos estilísticos de la lengua como los epítetos, los símiles y las metáforas que utilizó. Aunque el propósito no es hacer análisis literario de sus mensajes, es oportuno que se recoja por la
  25. 25. 20 belleza que en el empleo de estos dio a su verbo la grandeza y el esplendor del hombre que cuando hablaba, quedaba perpetuado en las mentes y los corazones de quienes le escuchan. Martí confirió al arte un importantísimo lugar en la vida de los pueblos que se manifiesta en dos pilares esenciales: La unidad del arte con el reflejo de los hombres fuertes y leales, son oportunos todos los momentos, para lo cual le imprime el carácter dialéctico a su concepción La fusión del arte con la moral, lo que le da el fundamento ético y que se evidencia en el análisis que se está desarrollando. La formación de valores es pilar del discurso martiano, se presenta el fomento a los valores en asociación continúa de cada palabra que pronuncia: “Para rendir tributo, ninguna voz es débil; para ensalzar a la patria, entre hombres fuertes y leales, son oportunos todos momentos; para honrar al que nos honra, ningún vino hierve en las copas con más energía que la decisión y el entusiasmo (…)”, decía l 21 de abril de 1879 en El Louvre, en La Habana. Aquí se ve como induce hacia el patriotismo y a la honradez. Relaciones esenciales de la formación de J. Martí como educador social En estas relaciones se evidencia la dialéctica entre lo externo y lo interno, entre lo individual y lo social y entre la actividad y la comunicación, presentes en el proceso de formación de José Martí como educador social, que devino una personalidad destacada por reflejar con mayor su entorno social, luchar por la justicia del hombre y su condición irrepetible en la historia de la humanidad. p. 65. Vigencia y contribución del pensamiento martiano como educador social para el desarrollo de la cultura de la sociedad educativa cubana y latinoamericana. Fue la confianza en la educación, la cultura y la fe en el hombre, que tuvo Martí, lo que mantienen viva la imagen del Apóstol, que se redimensiona en este trabajo al presentar al poeta, al orador, al periodista, al escritor, al político, que se sintetiza en la figura de José Martí, educando a un pueblo y desarrollando su cultura mediante disímiles formas, al presentarlo como modelo de educador social para integración de América Latina. p. 69.
  26. 26. 21 CAMINO SEGUIDO PARA EL ESTUDIO DE JULIO ANTONIO MELLA COMO EDUCADOR SOCIAL Dr .C. Edmundo de Jesús de la Torre Blanco La multifacética personalidad de Julio Antonio Mella (1903-1929) ha sido objeto de análisis y valoración por diversos autores, tanto cubanos como algunos extranjeros, que han destacado la significación de su obra como líder político de proyección nacional y continental. Una importante compilación publicada en el año 2007 por la Universidad Bolivariana de Venezuela, incluye a Julio Antonio Mella como uno de los representantes del pensamiento pedagógico emancipador latinoamericano, asociándolo a la construcción y devenir de la educación y la cultura como proceso crítico en el contexto de las contradicciones históricas entre el coloniaje y la emancipación, la dominación y la resistencia.26 Sin embargo, no ha sido suficientemente investigado el contenido y alcance de esta significativa arista o faceta de Mella como personalidad histórica. A ella se refirió explícitamente Alfonso Bernal del Riesgo (1902-1975), psicólogo y profesor de la Universidad de La Habana, quien fuera íntimo amigo del líder, en una conferencia titulada “Las ideas pedagógicas de Mella”, (¿1966?), en la que destacó la preocupación de Mella por la educación, por el aumento masivo de ésta y de su calidad como uno de sus méritos mayores, argumentando la tesis de que omitiendo su nombre no se podría escribir la historia de la pedagogía revolucionaria cubana. El autor comparte esa tesis y al hacerlo asume también el criterio del Dr. C. Rolando Buenavilla Recio quien ha criticado la posición limitante y reduccionista que identifica a la Pedagogía con la reflexión exclusiva de aquellos cuya actividad teórica y práctica está destinada profesionalmente al trabajo con la enseñanza, la educación, la escuela y el educando. Con justeza ha señalado que esa posición desconoce el contenido pedagógico presente en el pensamiento de destacadas personalidades políticas, científicas y culturales, que sin haber tenido una formación específicamente pedagógica han ejercido una enorme influencia en la formación de la conciencia social del pueblo cubano. Entre esas personalidades se ubica Julio Antonio Mella, hombre de conducta social ejemplar, cuyas ideas, acciones y enseñanzas se correspondieron con las demandas sociales de su tiempo histórico y con los intereses y aspiraciones de las grandes mayorías, que sobresalió entre sus contemporáneos por la capacidad de liderazgo y, en consecuencia, por la incuestionable influencia que ejerció sobre las masas, a lo que también contribuyeron sus excelentes dotes como comunicador, la elevada eticidad de su labor y otras cualidades que lo distinguieron como educador social. En tanto, se trata de una figura que tributó a la educación cubana desde y a través de su liderazgo revolucionario, es necesario partir de los fundamentos teórico-metodológicos que
  27. 27. 22 explican el carácter históricamente necesario de su surgimiento y actuación y que permiten caracterizarlo como una personalidad histórica relevante. Es necesario, asimismo, tener en cuenta el contexto en el que surge y desarrolla su actividad, presupuesto metodológico al que se asocia la asunción por el autor de la metodología elaborada por el Dr. Rolando Buenavilla Recio para el estudio de personalidades que sin ser pedagogos de profesión, han sobresalido como educadores sociales. El conocimiento profundo del contexto en que se insertan esas figuras es garantía para destacar su aporte o contribución al desarrollo de la educación o del pensamiento pedagógico. Se debe prestar especial atención a la realidad educacional existente en esos años, lo que en el caso de Mella es condición indispensable para una valoración justa y objetiva de la significación de su obra político-educativa. Por otra parte, sería científicamente incorrecto abordar esta importante faceta de Julio Antonio Mella desconociendo los factores que en ese contexto incidieron en la formación y desarrollo de su personalidad. Esos factores contribuyeron a su rápida evolución ideológica y en los años veinte del pasado siglo condicionaron su conversión, igualmente rápida, en líder político de proyección nacional y continental, con una sobresaliente labor como educador social. Referentes teórico-metodológicos para la caracterización de Julio Antonio Mella como personalidad, líder político y educador social La concepción materialista de la historia y sobre la base de esta, el análisis sistémico del concepto hombre, aportan los fundamentos filosóficos esenciales para el enfoque científico del papel del individuo en el proceso histórico. Federico Engels, en su conocida carta a José Bloch, escrita en septiembre de 1890, expuso los aspectos fundamentales de esa concepción, al señalar que somos nosotros mismos quienes hacemos nuestra historia, pero con arreglo a premisas y condiciones muy concretas, entre las cuales son las económicas las que deciden en última instancia, lo que no niega el papel que también desempeñan- aunque no decisivo, pero no pocas veces subvalorado- las condiciones políticas y hasta la tradición, “que merodea como un duende en las cabezas de los hombres.”27 Con razón afirmaba que la situación económica es la base, pero los diversos factores de la superestructura que sobre ella se levanta ejercen también su influencia sobre el curso de las luchas históricas y determinan en muchos casos su forma. En la propia carta Federico Engels explicaba cómo se hace la historia, destacando que el resultado final siempre deriva “…de los conflictos entre muchas voluntades individuales, cada una de las cuales, a su vez, es lo que es por efecto de una multitud de condiciones especiales de vida…”. 28 Y añadía que se trata de un grupo infinito de paralelogramos de fuerzas, es decir, de innumerables fuerzas que se entrecruzan, de las que surge como resultante el acontecimiento histórico. Pero este, a su vez, puede considerarse resultado de una fuerza única que, como un todo, actúa sin conciencia y voluntad, porque lo que uno
  28. 28. 23 quiere tropieza con la resistencia que le opone el otro y lo que resulta es algo que nadie ha querido. A partir del razonamiento anterior, precisa que la historia discurre como un proceso natural, sometida también, sustancialmente, a las mismas leyes dinámicas. O sea, la identifica como un proceso que- como ocurre en la naturaleza- está regido por leyes objetivas, leyes que se manifiestan a través de la actividad humana. Sin embargo, aclara que del hecho de que las distintas voluntades individuales no alcancen lo que desean, sino que se fundan todas en una media total, en una resultante común, no debe inferirse que estas voluntades sean igual a cero. Todas contribuyen a la resultante y se hallan incluidas en esta. En consecuencia, no puede ser desconocido el papel del individuo en la historia. Ello explica la recurrencia del autor al análisis sistémico del concepto hombre como individuo, personalidad e individualidad. En tanto especie, el hombre se concreta en seres singulares, en individuos. De ahí que el nivel singular o individual en el análisis del concepto se identifique con el individuo como unidad del género humano. Este nivel abarca las condiciones físicas individuales de la persona, pero no excluye la condición del hombre como ser social. Por tanto, el individuo es el “…hombre concreto, específico, que siente, actúa y piensa, que tiene características propias y es portador de determinadas relaciones sociales”. 29 Lo individual específico de cada hombre y los rasgos humanos generales que definen al sujeto de la actividad se sintetizan en el nivel particular del análisis del concepto, que al decir de las profesoras Lissete Mendoza Portales y Olga Santos Hedman, penetra en la esencia social del hombre en su manifestación histórico- concreta. A este nivel se refiere la definición del hombre como personalidad, designándolo en la unidad de sus cualidades naturales y sociales, revelándolo como sistema autónomo y- en su concreción histórica- como el hombre real, que pertenece a una clase, a un grupo social y mantiene una actitud ante el mundo en correspondencia con su posición socio- clasista. La personalidad es resultado de las circunstancias sociales en que vive el hombre. Son estas las que determinan la configuración de su personalidad, en la que se combinan factores biológicos, psicológicos y sociales para dar lugar a un ser único e irrepetible. Las autoras mencionadas se refieren igualmente al nivel universal en el análisis del concepto hombre con un enfoque sistémico. Con razón afirman que en ese nivel el sujeto de la actividad lo constituye también la humanidad en su conjunto, identificando el proceso de aprehensión de la esencia genérica del hombre en el conjunto de las relaciones esenciales. Pero destacan que en este nivel el concepto se relaciona con el de individualidad, entendida como “…la unidad de lo diverso eternamente desarrollado como integridad”. 30 Y es precisamente la integridad lo que marca la diferencia entre individualidad y personalidad. Todo individuo, en tanto ser individual e irrepetible, que de cierta forma concreta en sí toda la experiencia anterior, puede ser considerado una individualidad.
  29. 29. 24 Sin embargo, sólo aquellos individuos que poseen capacidades excepcionales pueden ser considerados socialmente individualidades. De modo que individualidades son aquellos “que poseen la capacidad de concentrar en sí todo el desarrollo de la humanidad en un esfera dada, resumiendo el conocimiento filosófico que refleja el nivel logrado por la sociedad a través de toda su práctica. Así entendida, la actividad individual puede considerarse, según Marx, trabajo universal que sirve como ideal normativo de una época”. 31 Dicho de otra forma, las individualidades pueden ser identificadas como grandes personalidades o personalidades destacadas, que lo son precisamente porque reflejan con mayor profundidad su entorno social, la necesidad histórica, las demandas esenciales de su época y son capaces de actuar en consecuencia para contribuir al progreso de la sociedad. A ese tipo de individualidades se refirió explícitamente el pensador y político ruso Jorge V. Plejanov (1856- 1918) en su conocida obra “El papel del individuo en la historia”, en la que con sólidos argumentos criticó las posiciones extremas en el análisis de los factores incidentes en el movimiento histórico, rechazando tanto a quienes desde una posición subjetivista hiperbolizaban el papel del individuo y negaban el movimiento histórico de la humanidad como un proceso regido por leyes, como a los fatalistas que tratando de recalcar el carácter regular de ese movimiento, olvidaban que la historia la hacen los hombres y que, por lo tanto, la actividad de los individuos no puede dejar de tener su importancia en ella. El Dr. Antonio Blanco Pérez destaca que la Sociología marxista utiliza también los conceptos individuo, personalidad e individualidad para establecer las diferencias en los niveles de articulación hombre- sociedad. A partir de la posición filosófica que asume, identifica la personalidad con un tipo social particular, resultado de la asimilación de contenidos sociales, es decir, de la socialización del individuo, que pertenece a una clase o grupo social determinado. Precisamente como representante de esa clase o grupo social, de un pueblo o nación, el individuo devenido personalidad asume como suyos los intereses y aspiraciones de tales colectivos en determinado momento y contexto histórico. Sin embargo, cuando define individualidad el Dr. Antonio Blanco Pérez lo hace solo desde el punto de vista descriptivo, al señalar que este concepto se refiere a la combinación única de disposiciones de comportamiento de un individuo, como estructura única e irrepetible condicionada por los factores biológicos y sociales que lo hacen exclusivo. El análisis sistémico del concepto hombre constituye también un referente importante para la comprensión de la personalidad desde el enfoque de la ciencia psicológica marxista. A la luz de ese análisis es posible comprender que los individuos no nacen con una personalidad, que solo mediante un proceso de desarrollo condicionado histórico- socialmente, a través de la actividad y en el proceso de comunicación con los demás, deviene personalidad.
  30. 30. 25 Por tanto, la personalidad se forma y se desarrolla como un reflejo individual del conjunto de las relaciones sociales, de las condiciones histórico sociales de vida, como resultado de la interacción de los individuos con el medio, en la medida que asimilan esas condiciones (incluyendo las asociadas a la influencia de la comunidad, la familia y la educación institucionalizada), la ciencia y la cultura desarrolladas por la sociedad, es decir, en la medida que asimilan las conquistas culturales de la humanidad y se destaquen como unidades irrepetibles. El desarrollo de la personalidad supone, no solo la adaptación al medio, sino la influencia activa sobre este, transformándolo y transformándose a sí mismo. Supone igualmente haber aprendido a actuar, a conducirse respecto a las personas y objetos circundantes de una manera apropiada al desarrollo histórico social alcanzado por la humanidad. Ello significa, desde el punto de vista psicológico, la configuración de procesos y propiedades que se van dando durante toda la vida y permiten que el sujeto pueda autorregular su comportamiento y actuación. La personalidad constituye un sistema integral, cuyas características generales (individualidad, integridad, estabilidad, función reguladora y estructura) no se manifiestan aisladamente. Solo es posible separarlas mediante el análisis y la abstracción para destacar sus especificidades. La individualidad expresa lo distintivo, lo que diferencia a una personalidad de las demás. Se refiere, por tanto, a lo que es individual e irrepetible. Indica no solo que determinadas características psicológicas de la personalidad son inconfundibles y únicas, sino que también lo son sus combinaciones en un sujeto determinado. Aunque la caracterización psicológica de Julio Antonio Mella no constituye el centro de atención del autor, el estudio de la personalidad desde el enfoque de la psicología marxista es un referente importante para comprender algunos de los más significativos rasgos que lo distinguieron. Se trata en este caso de una figura, que en tanto personalidad relevante, puede ser identificada socialmente como individualidad. Pero la relevancia de una personalidad depende de la esfera de actuación, es decir, de la esfera o campo en la que desarrolla su actividad, así como de la magnitud, significación y trascendencia de sus aportes, y en consecuencia, de su contribución al progreso social. Las grandes personalidades históricas son individualidades que sobresalen por su significación positiva en la historia, entendida como proceso. El trabajo ya citado de Jorge V. Plejanov, constituye un referente teórico- metodológico de gran valor para identificar y caracterizar a una individualidad como gran personalidad histórica, para abordar con enfoque científico el análisis y valoración de las personalidades más significativas de los diferentes períodos y etapas del proceso histórico, tanto a escala universal como regional, nacional y local.
  31. 31. 26 No deben confundirse los términos personalidad histórica y gran personalidad histórica. Porque en el curso de la historia de la humanidad han existido personalidades o figuras que han desempeñado un papel reaccionario, contrario a las demandas sociales de su tiempo histórico, que han ejercido una influencia negativa en el curso de los acontecimientos y han actuado como representantes de fuerzas sociales y políticas conservadoras o retrógradas, opuestas al progreso humano. No pueden ser identificadas, por tanto, como grandes personalidades. A la luz de acertadas ideas expresadas por Plejanov, puede afirmarse que un individuo es una gran personalidad histórica, cuando está dotado de particularidades que lo hacen el más capaz de servir a las grandes necesidades de su época. Es un gran hombre porque: - Ve más lejos que otros y desea más fuertemente que otros. - Resuelve los problemas científicos planteados por el curso anterior del desarrollo intelectual de la sociedad. - Señala las nuevas necesidades sociales, creadas por el anterior desarrollo de las relaciones sociales. - Toma la iniciativa de satisfacer esas necesidades. La influencia de las grandes personalidades históricas en la vida social, en el curso de los acontecimientos, en el destino de la sociedad, puede llegar a ser considerable, puede ser extraordinaria en determinadas circunstancias. Pero la posibilidad y proporciones de esa influencia están condicionadas por esas mismas circunstancias, por la organización de la sociedad, por su estructura interna, por la correlación de las fuerzas que en ella actúan, por su relación con otras sociedades. La posición de Plejánov concuerda con la concepción materialista de la historia, que asume claramente cuando destaca que la influencia social de los individuos no contradice la idea del desarrollo de la sociedad conforme a leyes determinadas. Por el contrario, esa influencia constituye para él una de las ilustraciones más brillantes de tal idea. La concordancia se expresa igualmente cuando señala que cualesquiera que sean las particularidades de un determinado individuo, este no puede eliminar unas determinadas relaciones económicas cuando estas corresponden a un determinado estado de las fuerzas productivas, cuyo desarrollo- condicionante de los cambios sucesivos en las relaciones sociales de los hombres- reconoce como la causa determinante y más general del movimiento histórico de la humanidad. En consecuencia, ningún individuo, por mucho talento que posea, por extraordinario que sea su papel en la sociedad, puede hacer la historia a su capricho, detener o acelerar a su antojo la marcha del desarrollo social. Desde la peculiaridad y genialidad de su pensamiento, el cubano José Martí Pérez (1853- 1895) había arribado en su tiempo a un criterio similar. De ahí que, refiriéndose a Simón Bolívar en un discurso en homenaje a Venezuela, pronunciado en 1892, expresara que el
  32. 32. 27 Libertador murió “…del desacuerdo entre su espíritu previsor… y la época de distancias enemigas y de civilizaciones hostiles, o incompletas o ajenas, o aborígenes y degradadas, que juntó él mismo a vivir…”. 32 Y en 1893, en otro hermoso discurso, dedicado precisamente a Bolívar, al que veneraba como hombre extraordinario, destacaba: “Acaso, en su sueño de gloria, para la América y para sí, no vio que la unidad de espíritu, indispensable a la salvación y dicha de nuestros pueblos americanos, padecía, más que se ayudaba, con su unión en formas teóricas y artificiales que no se acomodaban sobre el seguro de la realidad…” 33 Las grandes personalidades no son resultado de una simple casualidad, son producto de la propia historia, surgen en virtud de una necesidad histórica cuando maduran para ello las condiciones objetivas y subjetivas correspondientes. La historia evidencia que cuando existe la necesidad objetiva de que aparezcan personalidades insignes, esa necesidad estimula su aparición. Y en tanto respuesta a esa necesidad, su actividad consciente y libre, orientada precisamente a la satisfacción de las demandas del desarrollo social de su tiempo, a partir de su concientización y de la comprensión de los modos y vías de satisfacerlas, se distingue y sobresale por un elevado nivel de consagración al empeño de lograr los propósitos que se ha planteado. Consagración que frecuentemente se expresa en virtudes y cualidades como el altruismo, el espíritu de sacrificio y otras que contribuyen a realzar el valor de esa actividad. Es válido, por tanto, el término héroe utilizado por Plejánov para designar a las grandes personalidades históricas. No porque lo haya destacado él, sino porque la historia misma es muy rica en ejemplos ilustrativos de esa condición en numerosas personalidades. En la lucha de clases, en los movimientos de masas y otros procesos históricos de cada época concreta, siempre ha surgido la necesidad de hombres que formulen las tareas de las clases, dirijan su lucha y sean líderes de unos u otros movimientos. Tales hombres surgen merced a sus cualidades, se destacan entre las masas e influyen en la actuación de éstas, a partir de la comprensión de sus necesidades, intereses y aspiraciones. El papel de esas personalidades no puede examinarse al margen de su interrelación con el accionar de las masas populares, cuestión que prácticamente no se aborda en la obra del pensador ruso. A esa interrelación, necesaria e indispensable, se refirió también José Martí. De ello es ejemplo su conocido texto “Tres Héroes”, incluido en la revista “La Edad de Oro”, en el que al destacar la grandeza de próceres como Bolívar, Hidalgo y San Martín, expresó: “(…) En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana. Esos hombres son sagrados.” 34 Y añadía más adelante: “Un hombre solo no vale más que un pueblo entero.”. Las masas populares son las auténticas creadoras de la historia, la fuerza decisiva del desarrollo histórico- social, en tanto constituyen la fuerza motriz fundamental del progreso de la producción material y representan la fuerza productiva y creadora más importante.
  33. 33. 28 Constituyen también el elemento determinante de las transformaciones socio políticas, la fuerza motriz principal de las revoluciones sociales, así como la fuente principal del progreso espiritual de la humanidad, del desarrollo de la ciencia, el arte y otras esferas. De modo, que el indiscutible papel que desempeñan las grandes personalidades históricas se realiza mediante el vínculo de estas con las masas populares, de cuyo seno surgen, a través de la influencia y de la capacidad movilizativa que puedan tener sobre el pueblo, que es el sujeto real de la historia, de las transformaciones que se producen en la sociedad y condicionan su desarrollo. Ese vínculo tiene especial significado cuando se trata de personalidades como Julio Antonio Mella, que sobresalen como líderes políticos revolucionarios.35 El autor centra la atención en este tipo de líder. Porque han existido también líderes de otro tipo, como los líderes religiosos o espirituales, que han ejercido una influencia extraordinaria sobre grandes multitudes. En entrevista concedida al legislador Mervin Dymally y al académico Jeffrey Elliot en marzo de 1985, Fidel Castro señala como ejemplos de tales líderes a Mahoma y a Cristo. Se refiere igualmente a la existencia de hombres que tienen la capacidad de dirigir procesos regresivos en la historia, idea que ilustra con Hitler, señalando que técnicamente era un líder, que reunía determinadas características de un líder, pero fascista, reaccionario. Se comunicaba con las masas, pero manipulándolas, hurgando en las pasiones de la gente, en el resentimiento, en el odio, apelando a los bajos instintos en el hombre y utilizando la demagogia. Así logró arrastrar multitudes, para utilizarlas como instrumento en función de los nefastos fines del nazi fascismo. Pero moralmente no era un líder, en tanto su actividad era representativa de intereses diametralmente opuestos al progreso social. 36 El necesario vínculo del líder político revolucionario con el pueblo supone admiración, respeto, confianza y afecto genuino hacia este, identificación con sus sentimientos y aspiraciones, y el establecimiento de una relación dialógica y solidaria. Por ello el Che, en su conocido texto “El Socialismo y el Hombre en Cuba” (1965), al manifestar su intención de explicar el papel que juega la personalidad en la Revolución Cubana, la identifica con el hombre como individuo de las masas que hacen la historia. A partir de su experiencia vivencial como protagonista y testigo de los primeros años de esa revolución, destaca la creciente intensidad del diálogo establecido entre Fidel y el pueblo y, sobre esa base, la estrecha unidad dialéctica entre el individuo y la masa. En ese texto, escrito en forma de carta, señalaba entre las conclusiones expresadas a su destinatario, Carlos Quijano: “La personalidad juega el papel de movilización y dirección en cuanto que encarna las más altas virtudes y aspiraciones del pueblo y no se separa de la ruta.” 37 Un gran valor tienen las reflexiones de Fidel Castro en torno a este asunto, en tanto son resultado de sus profundos conocimientos y de una rica experiencia vivencial como líder, acumulada durante más de seis décadas. Así, por ejemplo, en una entrevista concedida en La Habana a Lee Lockwood, periodista de la revista Play Boy, el 11 de enero de 1967, expresaba:“Hay una influencia mutua del pueblo sobre los líderes y de los líderes sobre el
  34. 34. 29 pueblo. La primera y más importante cosa es tener un afecto y respeto genuinos por el pueblo (…) Lo importante es la identificación de los líderes con las aspiraciones y emociones del pueblo.” 38 Valiosas son igualmente las reflexiones del eminente pedagogo brasileño Paulo Freire (1921- 1997), que reiteradamente destacó la necesidad e importancia de la práctica de una “pedagogía liberadora” basada en el establecimiento de una relación permanentemente dialógica, en la que liderazgo y masas- tal como debe ocurrir entre educadores y educandos en el acto gnoseológico- “… cointencionados hacia la realidad, se encuentran en una tarea en que ambos son sujetos en el acto, no sólo de descubrirla y así conocerla críticamente, sino también en el acto de recrear este conocimiento.” 39 De ese modo, según Freire, se logra que la presencia de los oprimidos en la búsqueda de su liberación sea lo que realmente debe ser: compromiso y no seudo participación. Especial significado tienen las ideas contenidas en su trabajo “La Antidialogicidad y Dialogicidad como matrices de teorías de acción cultural antagónicas”. Al fundamentar la necesidad de un liderazgo revolucionario dialógico con las masas como exigencia radical de toda revolución verdadera, destaca que ese liderazgo no puede pensar sin las masas, ni para ellas, sino con ellas. Porque la revolución verdadera no es hecha por el liderazgo para el pueblo, ni por el pueblo para el liderazgo, sino por ambos en una solidaridad inquebrantable que “… solo nace del testimonio que el liderazgo de al pueblo, en el encuentro humilde, amoroso y valeroso con él” 40 Fidel Castro abordó nuevamente esta cuestión en la entrevista concedida a Mervin Dymally y Jeffrey Elliot. Al destacar que las cualidades de los líderes y lo que se requiere de estos dependen de las circunstancias y necesidades prevalecientes en una u otra época, estableció una distinción entre lo que llamó líderes serios y demagogos, identificando a los primeros como hombres capaces de “… generar ideas, de despertar confianza, de conducir un proceso, de conducir al pueblo en momentos difíciles…” Y agregaba, refiriéndose al líder revolucionario: “(…) Pienso que hace falta una gran dosis de convicción, de pasión en lo que se está haciendo; yo creo que hace falta también una gran confianza en el pueblo; me parece que hace falta tenacidad; hace falta serenidad también, incluso un sentido de responsabilidad (…) Yo creo que se necesita igualmente un poco de preparación, de ideas claras” 41 Las cualidades distintivas de las grandes personalidades que sobresalen como líderes políticos revolucionarios reflejan la significación ética de su labor, sustentada en el amor a los valores espirituales. La relevancia de esa labor, a la que el líder consagra su vida como eficaz conductor de masas en la lucha por el mejoramiento humano y el progreso social, sacrificando todo lo personal en aras de la causa que defiende, permite identificarlo como un héroe que deja la impronta de su individualidad en la marcha de los acontecimientos históricos. De ahí que la utilidad de su obra no desaparezca con su muerte física. De igual modo, en tanto el vínculo con los intereses, necesidades y aspiraciones de las masas se traduce en la organización y conducción de estas en un proceso de constante
  35. 35. 30 interacción y aprendizaje mutuos, en el que se desempeña eficazmente como orientador y movilizador de conciencias, el auténtico líder puede ser identificado también, por la significación y trascendencia de la influencia educativa que ejerce, como educador social. Al respecto, el Dr. Gaspar Jorge García Galló expresó: “Los grandes conductores de pueblos son, por razón de su liderazgo, educadores de ámbito universal y de todos los tiempos, porque su influencia rebasa ambas fronteras.” 42 Con razón se afirma que la influencia que penetra más profundamente y llega a formar parte del sistema de ideas y creencias de una persona, “… es la que se busca y asimila conscientemente, cuando el individuo dueño de su voluntad se orienta en dirección de ese polo irradiador que es el educador.” 43 La orientación de los individuos hacia el educador social ocurre precisamente cuando estos lo reconocen como defensor de sus intereses, aspiraciones y necesidades. Movilizar a las masas educándolas. Esa es la esencia de un educador social, cuya obra- por su magnitud y significación- no sólo repercute en su momento histórico, sino que trasciende proyectándose hacia el futuro, porque la comprensión de las principales demandas del desarrollo social le permite anticiparse y prever la tendencia de ese desarrollo en determinadas condiciones. Por supuesto, el alcance de la influencia de un educador social depende de las peculiaridades de la esfera o esferas en la que este desarrolla su actividad e igualmente de las características que lo distinguen como personalidad. Existen lógicas diferencias entre una personalidad destacada de la ciencia, del arte, de la religión u otro campo y una personalidad política sobresaliente caracterizada por la integralidad de su cultura, cuyo accionar se dirige a la movilización de las masas para la lucha revolucionaria. Fue precisamente la política la esfera fundamental en la que Julio Antonio Mella desplegó su quehacer. Como en José Martí, pero en un tiempo mucho más breve, lo trascendental en su vida fue la intensa actividad política que desarrolló. Esa esfera constituyó, por tanto, el centro de su corta, dinámica y fructífera vida, en el curso de la cual dejó la impronta de su individualidad como personalidad más relevante de la historia nacional en su tiempo histórico. Contexto histórico-social en el que se inserta la personalidad de Julio Antonio Mella La personalidad de Julio Antonio Mella se inserta en las primeras décadas de la república neocolonial inaugurada en 1902 bajo el signo ignominioso de la Enmienda Platt, durante las cuales se consolidan las bases de la dominación impuesta a Cuba por el imperialismo norteamericano. El desarrollo de relaciones capitalistas de producción en condiciones de subordinación y dependencia condujo a un crecimiento de las fuerzas productivas, pero significó también la acentuación del subdesarrollo y la proliferación de los males sociales asociados a este: pésimas condiciones sanitarias, desempleo crónico, discriminación racial, mendicidad,
  36. 36. 31 prostitución y otros, como los existentes en la educación, caracterizada entonces por problemáticas como la pobreza de los presupuestos destinados a esta esfera; la extensión al sistema educativo de la corrupción prevaleciente en otras esferas de la vida del país; un creciente analfabetismo; limitado número y deplorable estado de las escuelas públicas; la utilización de textos escolares oficiales orientados a la despolitización de las primeras generaciones republicanas y al desarrollo de valores y actitudes compatibles con los intereses norteamericanos; la grave situación existente en la enseñanza secundaria y en el bachillerato; la ausencia del estudio de la historia patria en los institutos de segunda enseñanza; la presencia de instituciones educacionales religiosas, orientadas también a la disgregación ideológica y despolitización de las nuevas generaciones; la no concreción y adulteración del Plan Varona para la reforma de los estudios universitarios, el predominio del formalismo, la retórica, el verbalismo, las prácticas memoristas y el finalismo, así como de profesores tradicionales, de mentalidad autoritaria y colonialista, tanto en los institutos de segunda enseñanza como en las cátedras universitarias; limitadas posibilidades de acceso de jóvenes humildes a la enseñanza superior; la desvinculación entre esta y el progreso económico y social de la nación; y la decadencia de la Universidad de La Habana en los planos material, científico, pedagógico y moral. Desde los comienzos de la dominación yanqui hubo manifestaciones de repulsa y voces patrióticas en defensa del interés nacional y popular. Los años iniciales de la República fueron escenario de las primeras acciones de la clase obrera, todavía débil organizativa e ideológicamente y de manifestaciones de lucha contra la cada vez más ostensible discriminación racial, hechos demostrativos de las contradicciones que ya afloraban. Pero no es hasta los años iniciales de la década del 20 que comienza a manifestarse un proceso de concientización sobre la necesidad de enfrentar activamente y dar solución a los problemas de la república. Protagonistas principales de ese proceso- al que los autores denominan “despertar” o “resurgir” de la conciencia nacional- fueron los elementos más esclarecidos de la pequeña burguesía urbana, la intelectualidad, el estudiantado y la clase obrera, cuya conciencia evolucionó progresivamente hacia la comprensión de que la causa fundamental de los males existentes estaba en la dominación imperialista que padecía nuestro pueblo. Esto no ocurrió por generación espontánea. Fue resultado, en primer lugar, de la incidencia de un conjunto de factores internos, entre los cuales sobresalió por su importancia el agravamiento de la situación económica y social, derivado de la crisis económica de 1920- 1921, a cuyos negativos efectos se sumaron la incapacidad, la corrupción y el entreguismo de los gobiernos de turno, así como la creciente ingerencia imperialista en la vida nacional, claras evidencias de la frustración del ideal de república que había concebido José Martí. Al proceso de desarrollo de una nueva conciencia nacional, patriótica y antimperialista, contribuyeron también factores externos, referidos a importantes hechos y acontecimientos del ámbito internacional. Tales fueron, por ejemplo: la Revolución Mejicana de 1910- 1917, cuyas proyecciones agrarias y antiimperialistas repercutieron en toda Latinoamérica; el Movimiento Estudiantil pro Reforma Universitaria, que iniciado en Argentina (1918) se extendió a otros países de la región e influyó notablemente en la concientización del
  37. 37. 32 estudiantado latinoamericano y la Gran Revolución Socialista de Octubre (1917), acontecimiento trascendental en la historia de la humanidad que se hizo sentir con su ejemplo e influencia en todo el mundo. La conjugación de estos factores se reveló en las luchas políticas y sociales protagonizadas por diversas fuerzas y sectores de la sociedad, que con independencia de sus matices y diferencias, expresaban una respuesta a la grave situación que padecía el país y evidenciaban la crisis que comenzaba a manifestarse en el modelo impuesto. En ese contexto desarrolló Mella su intensa actividad política revolucionaria que coincidió principalmente con los mandatos presidenciales de Alfredo Zayas (1921-1925) y de su sucesor, el General Gerardo Machado y Morales, que sería a partir de 1925 el instrumento escogido por imperialismo y la oligarquía dominante para enfrentar y tratar de dar solución a la crisis mediante un gobierno dictatorial. La formación de la personalidad de Julio Antonio Mella: líder político y educador social Para el estudio de Mella como personalidad histórica tienen especial importancia las obras de carácter biográfico escritas por Erasmo Dumpierre, que fue su primer biógrafo; la profesora e investigadora alemana Christine Hatzky, autora del título “Julio Antonio Mella. Una biografía”, publicado en el año 2008; y los investigadores e historiadores Adys M. Cupull Reyes y L. Froilán González García, autores de la más reciente biografía del líder, publicada en el año 2010, antecedida en el 2003 por “ASÍ MI CORAZÓN. Apuntes biográficos sobre Julio Antonio Mella”. De igual modo, los diversos trabajos (artículos, ensayos, conferencias y otros textos históricos) escritos no solo por este binomio autoral sino también por otros investigadores. Pueden citarse al respecto nombres como Raúl Roa García, Carlos Rafael Rodríguez Rodríguez, Fernando Martínez Heredia, Ladislao González Carvajal, Nelio Contrera, Ana Cairo Ballester, Francisca López Civeira, Alina Perera Robbio, Felipe Pérez Cruz, Rolando Buenavilla Recio y otros autores. Las biografías y demás trabajos referidos a la vida y obra de Mella constituyen, por la información valiosa y útil que aportan, referentes indispensables para profundizar en el conocimiento de tan recia figura y, en consecuencia, para su caracterización como líder político y educador social. De ahí que hayan sido fuentes de obligada consulta y pormenorizado estudio por el autor. Sobre la base de ese estudio fue posible precisar los factores que incidieron significativamente en el proceso de formación y desarrollo de la personalidad de Mella, que en opinión del autor son los siguientes: La positiva influencia que durante los primeros años de su infancia ejerció Longina O’Farril, joven empleada negra contratada por su padre, en la formación de su carácter, hábitos y costumbres; las negativas experiencias vividas en los años de su tránsito a la adolescencia como resultado de la condición de “hijo natural”, principalmente el rechazo e injusto tratamiento recibido de una de sus medio hermanas (Josefina) y el que recibió en colegios donde él y su hermano Cecilio eran discriminados y objeto de burlas, condicionantes de un temprano espíritu de rebeldía contra las injusticias y

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