LA ESCUELA Y LA FORMACIÓN DE VALORES. ENFOQUES Y EXPERIENCIAS

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Pedagogía 2013

Autores
Dr. C. Pedro Luis Castro Alegret
Dr. Cs. Nancy Chacón Arteaga
Instituto Central de Ciencias Pedagógicas

Dr. C. Lissette Mendoza Portales
Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique Jose Varona
La Habana

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LA ESCUELA Y LA FORMACIÓN DE VALORES. ENFOQUES Y EXPERIENCIAS

  1. 1. LA ESCUELA Y LA FORMACIÓN DE VALORES. ENFOQUES Y EXPERIENCIAS Pedagogía 2013 Curso 1 Autores Dr. C. Pedro Luis Castro Alegret Dr. Cs. Nancy Chacón Arteaga Instituto Central de Ciencias Pedagógicas Dr. C. Lissette Mendoza Portales Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique Jose Varona La Habana
  2. 2. ii Edición: Dr. Cs. Gilberto García Batista Corrección: Lic. José Luis Leyva Labrada. © sobre la presente edición, sello editor Educación Cubana. Ministerio de Educación, 2012. ISBN 978-959-18-0843- 1 Sello Editor EDUCACIÓN CUBANA Dirección de Ciencia y Técnica Avenida 3ra # 1408 esquina a 16. Miramar, Playa. La Habana. Cuba. Teléfono: (53-7) 202-2259
  3. 3. iii Índice El problema de la educación en valores: algunas reflexiones / 1 El enfoque ético, axiológico y humanista como fundamento de la labor educativa. Algunas experiencias y resultados de su aplicación / 23 Los retos actuales a la Profesionalidad Pedagógica en la formación de docentes / 42 Experiencias en la evaluación de la labor educativa para la formación de valores de los estudiantes adolescentes / 50 Conclusiones / 74
  4. 4. iv
  5. 5. v RESUMEN En el curso se hacen reflexiones sobre la educación en valores, así como a la necesidad de la formación cultural e identitaria del profesional de la educación para llevar a cabo el proceso formativo. Se valoran los retos y las perspectivas de la Educación en valores que asume la pedagogía como ciencia, ante la necesidad de una visión más integradora, interdisciplinaria, participativa, de cooperación y dinámica, que exige el proceso formativo de las nuevas generaciones en las condiciones que caracterizan la época en la primera década del siglo XXI. Se plantea el enfoque ético, axiológico y humanista y se plantean algunas experiencias y resultados de la aplicación de este enfoque en la formación de los profesionales de la educación para su accionar en las instituciones educativas.
  6. 6. 1 EL PROBLEMA DE LA EDUCACIÓN EN VALORES: ALGUNAS REFLEXIONES Dra. C. Lissette Mendoza Portales Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona La educación en valores, como un problema que preocupa y ocupa a los educadores latinoamericanos, exige de una comprensión integral de un proceso que deviene complejo, particularmente, atendiendo a las condicionantes epocales y contextuales en las que se inserta y al conjunto de contradicciones que conlleva. Como parte de un proceso más amplio, el de la educación de la personalidad, en la que se involucran etapas esenciales en el desarrollo del ser humano como la infancia, la adolescencia y la juventud- fundamentalmente- exige sabiduría y sensibilidad, inteligencia y sentimiento, a la hora de concebirlo, proyectarlo y llevarlo a cabo. Es por eso que requiere que el profesional de la educación se prepare en diversos saberes, desde una mirada científica, inter y transdiciplinar, pero, sobre todo humanista. De ahí la importancia de examinar las características, contradicciones, regularidades y tendencias de la sociedad contemporánea y de nuestras sociedades en particular, que devienen presupuestos - económicos, políticos, sociales e ideo-culturales- de la educación en valores, sin olvidar la historia y los compromisos del presente-futuro pero, al mismo tiempo considerando en toda su magnitud, la naturaleza misma de un proceso consustancial al ser humano en el que intervienen el intelecto y el sentimiento y que se concreta y expresa en los comportamientos y en la actuación en general. Así, aun cuando exige de un análisis científico, que pasa por el elemento técnico de los métodos y procedimientos propios, se trata de comprender su complejidad atendiendo especialmente al hecho de que refiere la cuestión de la espiritualidad, que alcanza matices diferentes en cada persona dada la importancia de la individualidad y sobre todo, tener en cuenta su carácter multifactorial, ya que no depende de esta o aquella influencia sino que es resultado de un conjunto de influencias
  7. 7. 2 de los llamados agentes socializadores, particularmente de la esencial e insoslayable tríada familia-escuela-comunidad. Por ello, maestros y profesores, educadores todos, debemos afrontar el reto de su enfoque integral e integrador, que deje a un lado los criterios rígidos y formales y asumirlo como el verdadero desafío de nuestra profesión, la razón de ser de todo lo que hacemos, dado el compromiso que encierra con las nuevas generaciones de latinoamericanos que tendrán que participar en el diseño, realización y defensa de proyectos individuales y sociales emancipatorios, expresión de su realización como seres humanos independientes, dignos, laboriosos y solidarios. En esta parte del curso se presentan algunos criterios de partida –para el debate- referidos tanto al contexto como a la naturaleza compleja del proceso de educación en valores así como a la necesidad de la formación cultural e identitaria del profesional de la educación para llevar a cabo el proceso. Incluye asimismo, criterios de docentes – investigadores cubanos y experiencias de su realización en universidades cubanas encargadas de la formación de maestros y profesores. Todo el material está sustentado en resultados de proyectos de investigación y está orientado a servir de base para un debate enriquecedor, para el intercambio de experiencias y la valoración de las fortalezas y debilidades con las que contamos los educadores latinoamericanos en esta hermosa e inmensa tarea. Un acercamiento al problema Un somero análisis del mundo contemporáneo permite apreciar la importancia de comprender el significativo papel que desempeñan los valores hoy, en tanto no hay una sola cuestión de la vida contemporánea que se de al margen de éstos. Y es que no puede olvidarse que los valores son expresión de la cultura componentes de la ideología. De ahí, la esencial relación cultura- ideología- valores, que sin dudas, puede ser abordada por diferentes ciencias y disciplinas, pero dada la polaridad dominación-liberación presente en el mundo de hoy se exige la aplicación de un enfoque histórico–concreto. Especialmente, desde la Cultura cubana y la Ideología de la Revolución Cubana, se pone de manifiesto la conformación de un código de valores humanistas, desde la contribución teórico- práctica de las diversas generaciones, en las que se plasman las ideas más elevadas así como
  8. 8. 3 la creación y las conquistas culturales del pueblo cubano a lo largo de su historia. Sin embargo, dada su complejidad, cualquier aproximación a este problema requiere del planteamiento de un conjunto de interrogantes que conllevan el análisis de cuestiones diversas desde el por qué hasta el para qué, pasando por el qué, el dónde, el quiénes, el cuándo hasta el cómo. Pero, no se trata de responder preguntas comunes sino de descubrir la complejidad y las contradicciones que matizan un proceso en el que intervienen diversos factores y que es consustancial al desarrollo del ser humano y a la formación de la personalidad. Habría que preguntarse entonces, entre otras cuestiones: ¿Qué son los valores y qué lugar y papel desempeñan en el plano individual y social? ¿Cuáles son los planos de análisis de los valores? ¿Cuál es lugar en la educación? ¿En qué consiste la educación en valores? ¿Cuáles son las condiciones, características y contradicciones de la sociedad contemporánea en que se inserta hoy la educación en valores? ¿Cuáles son las condiciones, características y contradicciones de la sociedad cubana actual en qué se inserta hoy la educación en valores? ¿Por qué la educación en valores se convierte en un desafío en las condiciones de desarrollo social contemporáneo y de la sociedad cubana actual? ¿Por qué la educación en valores es un proceso complejo? ¿Cuáles son las contradicciones que la caracterizan? ¿Por qué es un proceso multifactorial? ¿Cuáles son los factores o instituciones que intervienen? ¿Qué papel le corresponde a la escuela como institución educativa fundamental? ¿Por qué el maestro es el factor esencial en la socialización que se produce desde la escuela? ¿Por qué el papel del ejemplo del maestro se convierte en un factor esencial en la educación en valores? ¿Por qué la comunicación se convierte en un factor esencial en la educación en valores? ¿Cuáles son los espacios y actividades con que cuenta la escuela cubana para desarrollar la educación en valores? ¿Con cuáles herramientas cuenta el maestro cubano para desarrollar esta labor? ¿Cuáles son los métodos y
  9. 9. 4 procedimientos más importantes para educar en valores? ¿Cuáles son los métodos y procedimientos más importantes para evaluar lo logrado en esta labor? ¿Qué papel desempeña el rescate de la memoria, las tradiciones históricas y el estudio del pensamiento cubano, en el proceso de educación en valores en nuestro país? ¿Cuáles son los retos que tiene ante sí la escuela y el maestro en las condiciones actuales? El contexto: un enfoque necesario El examen del problema de la educación en valores exige ante todo el análisis de las condiciones histórico-sociales en que se inserta dicho proceso, especialmente si se trata del presente que vivimos. Los graves problemas que afectan hoy, no sólo la existencia humana sino la propia conservación de la vida, exigen una actitud responsable por parte de la Humanidad. De ahí, la importancia que adquiere el desarrollo de la educación, en tanto vía esencial de transmisión de cultura y cauce para la educación en valores.Y es que los valores devienen expresión del desarrollo de la cultura de la humanidad en tanto constituyen realizaciones y al mismo tiempo, incentivos para nuevas realizaciones en el permanente y enriquecedor flujo del accionar humano. Así, se descubre permanentemente el conflicto entre lo que resulta valioso y lo que no lo es, atendiendo a las cambiantes relaciones sociales y a la consecuente pérdida y adquisición de significados. Es por esto, que entre los desafíos que tiene ante sí la humanidad hoy está, sin dudas, su propia existencia, lo cual también pasa por el problema de la cultura y los valores, que acompañan al ser humano en su decurso histórico y le confieren a su vez, la posibilidad de transformar el mundo para hacerlo más humano. Para ello, los hombres del mañana tienen que “forjarse” desde el hoy, como creadores de un mundo nuevo donde la solidaridad, el amor, la dignidad, la justicia... no se conviertan en joyas museables sino que alienten el accionar del hombre como algo tan propio, consustancial a su existencia, como el aire que respiramos.
  10. 10. 5 El enfoque del problema, desde nuestro suelo, en las complejísimas condiciones del desarrollo actual de la sociedad cubana nos advierte de que la tarea consiste en la contribución a la formación de niños y jóvenes. Ellos serán los protagonistas, como seres creadores, de la consolidación de la obra revolucionaria llevada a cabo en este siglo, fundada en los más altos valores alcanzados a lo largo de nuestra historia. Sin embargo, más que una tarea educativa se convierte en un excepcional desafío para todos los que de una forma u otra inciden en dicho proceso. La preocupación y el accionar en torno a los valores han estado presentes a lo largo de nuestra historia. Así, tanto el pensamiento- desde los padres fundadores y especialmente, de José Martí- como la propia práctica revolucionaria y pedagógica, posteriormente llevada a cabo por nuestro pueblo, en el siglo XX - y lo que va del siglo XXI- han puesto en evidencia los valores creados, con la contribución de muchas generaciones de cubanos, en el arduo proceso del decurso de nuestra nación. Y es que, los valores que identifican hoy a nuestro pueblo son expresión de la sustancia misma de la cultura e identidades cubanas y componentes esenciales de la ideología nacida en el fragor del combate y en el cauce de la creación permanentes. De manera particular, el triunfo revolucionario marca una etapa, en la cual se jerarquiza lo relativo a la educación en valores de niños y jóvenes, desde el papel otorgado a la cultura y a la educación, a la relación estudio- trabajo, a la defensa de lo más sagrado para todos, la Patria, a la igualdad, a la justicia social, en fin, a la dignidad humana. Y es que, la Revolución como proceso transformador, no sólo cambió al organismo social, sus instituciones y organización sino a los seres humanos. En su realidad, la obra de la Revolución Cubana es expresión de la defensa de valores como la independencia, la justicia social y la dignificación humana, entre otros muchos, conformados a lo largo de cientos de años de existencia de nuestro pueblo, a partir de la contribución de las diversas generaciones. Desde la Educación, con un necesario enfoque axiológico, insertados en la problemática del desarrollo de la sociedad cubana actual nos planteamos el problema: ¿cómo lograr formar al hombre que requiere nuestra sociedad?, ¿cómo delinear y formar a un ser humano integral
  11. 11. 6 que conjugue dominio científico y tecnológico, habilidades profesionales, plataforma cultural y sensibilidad espiritual?, ¿cómo formar a un hombre preparado, creador y portador de un código de valores humanista? Aparece con toda su crudeza el reto: educar- formar, transmitir, orientar, potenciar, desarrollar, cultivar…- valores que, con un contenido humano universal y a partir de la contribución realizada por las generaciones que conformaron la nación cubana, se inserten en este tiempo y sirvan de “coraza contra los males de la vida” (XXIII: 277) y anticipen, en la actuación, un porvenir mejor. Otra vez sobre la complejidad del proceso Junto a los inmensos desafíos que enfrentan nuestra naciones se coloca el de la educación en valores de las nuevas generaciones, no sólo por las propias condiciones del desarrollo social contemporáneo, a escala universal y particularmente, de nuestras sociedades, sino porque refiere un problema de suma complejidad: el desarrollo de un componente esencial de la personalidad, la espiritualidad en un mundo donde se potencia la cultura del consumo y la violencia, en el que se cuestionan los más sagrados valores creados por la Humanidad y en el que se requiere librar aún grandes batallas en defensa de todo lo valioso forjado en su historia por el ser humano. Es por eso que los maestros y profesores, los profesionales de la educación, los educadores latinoamericanos estamos convocados una vez más a la penetración e interpretación adecuada y permanente de la sustancia misma de un proceso muy complejo, especialmente en un contradictorio presente, en el que las ideas devienen las armas fundamentales en la defensa de nuestras conquistas y en la eliminación de todo lo que atente contra la existencia y el devenir del ser latinoamericano. Se trata de acercarnos desde el punto de vista teórico, metodológico y práctico a dicho problema, lo cual pasa por un acercamiento a su definición. Puede comprenderse entonces la educación en valores como un proceso complejo y contradictorio de transmisión y asunción de valores, como parte de la educación de la personalidad, que se desarrolla en condiciones histórico-sociales determinadas y en el que intervienen diversos factores socializadores, como la familia, la escuela,
  12. 12. 7 la comunidad, los medios de difusión, entre otros. De ahí que se trata de la transmisión y asimilación, de la incorporación o subjetivación, de la asimilación creadora de los valores en tanto significados que adquieren los fenómenos, objetos y procesos de la realidad para los diferentes sujetos (individuos, grupos, clases, naciones…) en el contexto de la actividad práctica, es decir, de los valores. Los valores: en el plano individual constituyen formaciones psicológicas complejas y por tanto actúan como reguladores de conducta mientras que en el plano social son componentes de la ideología y desempeñan el papel de movilizadores sociales. La educación en valores constituye un proceso complejo porque toca de cerca un componente esencial: la espiritualidad; contradictorio, ya que se da matizado por un conjunto de contradicciones entre las que se encuentran lo ideal y lo real, lo social y lo individual, lo universal y lo particular, lo nuevo y lo viejo, la identidad y la diversidad. Asimismo, es multifactorial ya que intervienen diversos factores como la familia – clave, en tanto, aporta formación inicial y decisiva para la vida-, la escuela -que tiene un encargo social-, la comunidad –esencial, en tanto, portadora de la participación social-, los medios de difusión- que forman y educan modelos, gustos, preferencias… Por eso, el examen del proceso de educación en valores exige considerar innumerables factores y aspectos que lo condicionan, intervienen y se manifiestan en su desarrollo. Esto sólo se logra desde un enfoque dialéctico-materialista que lo aborda en su integralidad y carácter multifacético. Así, se desarrolla atendiendo a determinados presupuestos, que de olvidarse se corre el riesgo de comprenderlo de forma abstracta y alejado de las condicionantes que impone la realidad en que se inserta. Estos son los histórico- culturales, los contextuales y los personales. y refieren la cultura a la que se pertenece; las tradiciones, costumbres...Así comprende todo lo que aporta al individuo la identidad nacional y cultural de su país, la ideología en la que se ha educado, la historia de la que ha formado parte, etc. La educación en valores como proceso encierra asimismo un conjunto de interrogantes, a través de los cuales se expresa sus diversas dimensiones, la relación entre lo proyectivo y lo real, su carácter
  13. 13. 8 multifactorial, etc. Tales interrogantes pueden formularse como preguntas comunes desde el ¿por qué? hasta el ¿para qué? Interrogantes que contienen el punto de partida: el hombre y la sociedad reales hoy, actuales, y el punto de llegada: el hombre y la sociedad a que aspiramos, es decir, el proyecto, las metas... Y es que el proceso de educación en valores abarca un conjunto de cuestiones que revelan el espectro de aspectos a considerar en el mismo, expresión de su amplitud, complejidad y carácter contradictorio...Así, las relaciones espacio-temporales se manifiestan a través del ¿dónde? y el ¿cuándo? los que sin dudas constituyen muestras evidentes de lo anteriormente planteado. Porque se trata de comprender que el problema de la formación de valores aún cuando sea un problema de hoy, lo fue de ayer y lo será del mañana, en fin es sin dudas, un problema de ¡siempre! Por otro lado, hablar del cuándo también refiere a las fases diferentes del desarrollo del ser humano: infancia, adolescencia, juventud... En otra dimensión, la espacial, se trata de “fijar” el “donde” se lleva a cabo el proceso, siendo la respuesta entonces que aunque se privilegie el hogar y la escuela; no pueden considerarse como únicos lugares, aunque senos naturales por excelencia, pues el problema se da en la comunidad, en sus relaciones con aquellos, entre otros... De aquí se deriva entonces, la cuestión de los factores que intervienen en le proceso estudiado. Plantearnos el ¿quiénes? exige comprender, de antemano, el papel protagónico de la familia y la escuela, especialísimo papel del maestro y la clase; el lugar inigualable de las organizaciones ...Tales vías de la educación en valores, abordados en su interrelación desde la escuela, manifiestan la complejidad del proceso, en la medida que alguna no cumple su valor u otra asuma el que no le corresponde; o exista la fragmentación en las acciones; no estén claros las funciones de cada una a partir de sus fines; en resumen, no se logre coherencia.... Porque se trata de: ¡la sociedad! entendida como un sistema de influencias y de la escuela como centro coordinador de éstas. La imagen exacta nos la dio Ernesto Guevara hace algunos años cuando dijera “...la sociedad tiene que funcionar como una gigantesca escuela...” (Guevara. 1988,10)
  14. 14. 9 Sin pretender otorgarles este o aquel lugar, habría entonces que considerar otros muchos aspectos que se resumen en dos interrogantes comunes ¿qué? y ¿cómo? pero que por lo que contienen en este caso, adquieren extraordinaria significación. Abordar el “qué” exige determinar el conjunto de valores a formar, para lo cual hay que comprender su lugar como componente de la ideología. En esta medida, se revela todo un espectro de valores propios de la Ideología de la Revolución Cubana, formados históricamente y que en calidad de valores sociales sirven de fundamento para la asunción individual por niños, adolescentes y jóvenes, en el proceso de formación de la personalidad. Ello a su vez obliga a tener en cuenta la cuestión del código a formar, ya que en este se manifiestan en su interrelación valores políticos, jurídicos, éticos, estéticos, patrióticos... como expresión del carácter multifacético de la complejísima actividad humana. Al aproximarnos al proceso de educación en valores, desde la escuela, vale aclararlo una vez más, teniendo en cuenta tales presupuestos y los problemas que encierra, hay que considerar tanto la cuestión de la proyección como de la ejecución. La proyección supone, como ya se ha dicho, comprenderlo en toda su complejidad y contradicción, dado su carácter multifactorial, pero esclareciendo como ya se ha hecho, el papel de la escuela como sistema de interinfluencias, es decir, como centro coordinador de sus diversas acciones... Por tanto, incluye tanto el diseño curricular como extracurricular, es decir, sus diversas dimensiones...Requiere a su vez, tener en cuenta, entre otros aspectos el clima favorable, la comunicación, la coherencia… Si se reconoce entonces la existencia, el lugar y el papel de las diferentes vías y la necesidad de una actuación coherente, es lógico considerar su incidencia en el complejo proceso por lo cual devienen portadores de procedimientos consustanciales a ella, de estrategias y direcciones metodológicas, de aplicación de diferentes técnicas. Junto a esto, no pueden dejar de apuntarse que dicho proceso exige del enfoque multidisciplinario - como relación aplicativa en la que varias disciplinas aportan algunas perspectivas de análisis, así como de la interdisciplinariedad en la que se subraya la relación constitutiva, debiendo contenido sustancial de tales marcos científicos o disciplinarios.
  15. 15. 10 Ello supone comprender que el examen del proceso en su interior requiere tomar en consideración desde la concepción filosófico-general del problema de educación en valores, hasta los enfoques particulares y específicos de la Filosofía de la Educación, la Ética, la Estética, la Sociología, la Sociología de la Educación, la Pedagogía… descubriendo lo que de valioso para su estudio aporta cada una de estas ciencias y disciplinas. Todo esto, si bien no significa que el maestro o profesor se convierta en las ya desaparecidas “mentes enciclopédicas”, nos alerta de que un acercamiento científico al problema exige una perspectiva de análisis, una actitud que capte y refleje la integridad y complejidad, la riqueza y heterogeneidad del proceso. Sobre todo, que se conscientice que todo método, procedimiento, técnica empleada desde una vía especifica, en el contexto de la labor educacional pasa necesariamente por la relación intersubjetiva y especialmente, es asumida en su esencialidad o no, por la individualidad. Así, este o aquel procedimiento puede lograr cierta efectividad en un grupo de niños o adolescentes y en otros no surtir efectos positivos. No puede olvidarse lo que de individual tiene el proceso, en tanto “subjetivación”, en el entorno social al que pertenece. La legitimidad de una influencia favorable, desde cualquiera de las vías abordadas: familia o maestro, se sustenta en la flexibilidad y la comunicación, estos se convierten en “claves” para un real acercamiento al mundo espiritual de nuestros niños y jóvenes, sin perder de vista lo difícil que puede resultar en algunos casos. En esa dirección, cabe señalar que, su aplicación puede llevarse a cabo teniendo en cuenta algunas ideas básicas que nos conduzcan al logro de los objetivos planteados. Así, hay que considerar la necesaria relación teoría-práctica, la dialéctica de lo individual y lo social, la problematización y el desarrollo de la creatividad, la adecuación a necesidades e intereses, la flexibilidad, sistematicidad e integralidad sobre la base de una comunicación, basada en la sensibilidad y el ejemplo. Abordar entonces lo relativo a los métodos, sin caer en esquemas o reducciones, se convierte en un verdadero desafío, pues implica “asumir” lo valioso de las diferentes propuestas, sin caer en la tentación de institucionalizarlas o convertirlas en verdades absolutas. Dada la complejidad de la cuestión, se impone la búsqueda en el amplio
  16. 16. 11 espectro de ideas desarrolladas en diferentes regiones por estudiosos y al mismo tiempo, la conformación de estrategias propias acordes a las necesidades y problemas que nos plantea a diario el aula. De ahí lo útil de conocer y experimentar diversos procedimientos o métodos reconocidos, lo cual siempre debe “pasar” por el tamiz profesional desde el proyecto formativo propio. (Báxter, 2003) Atendiendo a lo anterior cabría preguntarse: ¿cuál es el camino a seguir? Y la respuesta válida siempre será que son muchos, son los caminos de la vida. !!!Desde la educación, desde el maestro, hay múltiples senderos: los de la propia experiencia!!! Finalmente, no puede obviarse la necesidad de hallar las “claves” en las tradiciones pedagógicas latinoamericanas como Simón Rodríguez, Andrés Bello, Jesualdo, Paulo Feyre...) y de forma especial, en la línea de pensamiento y práctica pedagógica cubana, cuya expresión cimera la constituye el pensamiento universal de José Martí. Estudiar las profundas concepciones educacionales y axiológicas de Martí nos permitirá: descubrir el inmenso caudal espiritual del ser humano, advertir la necesidad de reconocer y actuar en correspondencia con las diferentes etapas de su desarrollo evolutivo, comprobar el papel de lo afectivo en el proceso educacional, considerar los sentimientos principales a cultivar en las edades tempranas, profundizar en el problema del método. (Báxter, 2006) Así, el pensamiento martiano nos ha legado un valiosísimo caudal de ideas acerca del camino a seguir. Sobre estas bases puede pensarse y diseñarse un trabajo serio en cuanto al método como parte de un proyecto formativo que tenga en cuenta la complejidad del proceso, atravesado por diversas contradicciones …que lo que se persigue, en realidad, es educar en valores, no inculcar, no trasmitir, no orientar, pues todo ello por separado conlleva a la absolutización y esto solo se logra en la
  17. 17. 12 experiencia individual, desde sus vivencias, su trayectoria... en el marco de lo social. Ello, sin negar el momento de la transmisión y orientación desde las diferentes vías en la dimensión educacional. Y que la naturaleza del valor espiritual como síntesis de lo afectivo y lo cognitivo implica que el proceso supone el desarrollo del intelecto y el cultivo de los sentimientos. Asumir cualquier método, procedimiento, técnica o conjunto de ellos... que fomente la sensibilidad, la creatividad, el enriquecimiento personal... pudiera comprender la necesidad de: - despertar la motivación teniendo en cuenta el papel de la esfera emocional. - Profundizar en el conocimiento, ya que solo en él se logra la verdadera motivación. - despertar la admiración hacia el objeto de valor, como síntesis de lo cognitivo y lo afectivo. - cultivar el amor, como sentimiento más profundo, esencia misma del valor. - lograr el compromiso, que presupone una actitud y una actuación práctica. Solo así se alcanza la identidad entre el pensamiento, el sentimiento y la actuación. Atender a los componentes del proceso permite evadir las recetas o fórmulas que suponen una excesiva formalización de un proceso que por su naturaleza es sumamente delicado, ya que tiene que ver con el mundo espiritual de cada ser humano, es decir, con lo que lo hace un ser irrepetible… II. Formación cultural y de valores de la identidad ¿un reto en la formación universitaria del profesional de la educación? El decurso del ser humano en su tránsito por el planeta Tierra y especialmente, en los inicios del Tercer Milenio, exhibe extraordinarias conquistas, junto a terribles males, que conforman un complejo legado para las actuales y futuras generaciones. Es por ello que la Humanidad debe enfrentar inmensos retos, que conllevan desde la preservación de todo lo mejor creado, hasta la
  18. 18. 13 necesidad de defender su propia existencia. Y es que la cultura de la violencia se ha entronizado de tal modo que hasta la naturaleza, nuestro claustro materno, está en peligro de desaparición. De ahí que sigua colocándose en un primer plano -y las épocas de crisis lo confirman- la problemática del hombre y sus valores, de la formación humana, del desarrollo humano, entendido en su sentido más amplio, que implica desde el bienestar material hasta las más elevadas aspiraciones humanas. José Martí lo sintetizó cuando comprendió que: ¨… La educación, pues, no es más que esto: es la habilitación de los hombres para obtener con desahogo y honradez los medios de vida indispensables en el tiempo en que existen, sin rebajar por eso las aspiraciones delicadas, superiores y espirituales de la mejor parte del ser humano…¨ (Martí, 1975, VIII, 428). De ahí que el modelo de hombre y de mujer al que aspiramos, debe considerar entre otras características, junto a la información y preparación científica a la altura del devenir contemporáneo, el desarrollo de habilidades profesionales para participar en un mundo cada vez más competitivo, la conformación de una plataforma cultural que permita distinguir y disfrutar de las mejores creaciones humanas…el insoslayable cultivo de sensibilidad y la espiritualidad que reafirme su condición humana ante el dolor y por el triunfo de la vida. Así, la Educación y los educadores tiene la misión de formar hombres y mujeres que vivan y actúen en correspondencia con los nuevos tiempos, pero que al mismo tiempo, sientan respeto y admiración, sean capaces de asombrarse y de buscar ¨ la maravilla ¨ y sobre todo de amar y de transformar. Uno de los desafíos esenciales que enfrenta la sociedad cubana hoy está relacionado con la formación de una cultura general integral del pueblo. De ahí, la importancia de la educación en la transmisión y desarrollo de los más altos valores de la historia, la cultura y la identidad del cubano. Particularmente las humanidades como saberes interrelacionados dirigidos a la formación humana desempeñan un importante papel en el desarrollo de una cultura, entendida no solo como acumulación de saberes sino como cultivo de la espiritualidad, tributan a la formación del ser humano, cumplen una función esencial en la modelación de la personalidad, de su sensibilidad, de su cultura.
  19. 19. 14 Se requiere penetrar en las condicionantes que aportan la época y la propia profesión y que plantean serias exigencias en el orden de la preparación de los educadores, especialmente desde la relación cultura- identidad. En este contexto histórico–social se inserta el necesario perfeccionamiento de la labor profesional pedagógica que potencie el desarrollo cabal de la personalidad de los niños y jóvenes. Ello exige la determinación de las carencias que aún existen en el orden de la formación cultural y de valores de los profesionales de la educación en la Cuba de hoy, lo cual puede ser solucionado a partir del desarrollo de una verdadera formación humanística como una vía fundamental que en su nexo con el conocimiento científico ayude a su concreción. Especialmente, si se tiene en cuenta el complejo problema de la educación del educador. Aproximaciones a un problema esencial para la profesión… La nación cubana en la actualidad tiene ante si el inmenso desafío de su propia existencia, lo que supone no solo la defensa de lo conquistado sino la continuidad en la realización de la aspiración de muchas generaciones, una sociedad independiente, justa y donde prevalezca la dignidad del ser humano. Ello, para los cubanos, solo puede lograrse en el sendero del proyecto social socialista. De ahí la batalla por la educación y la cultura como parte del camino asumido. Se impone, entonces, en la búsqueda de nuevos senderos, la penetración en la naturaleza y código de las Humanidades, que en su devenir histórico como saberes interrelacionados tributan a la formación del ser humano, de su sensibilidad, de su cultura. Así, la historia, la filosofía, la literatura, la plástica, la música…como expresiones esenciales de su naturaleza inciden en el desarrollo de una plataforma cultural y en el cultivo de la espiritualidad. Ello exige, a su vez, el examen de los diversos enfoques actuales ante esta problemática, por cuanto las propias tendencias del desarrollo social contemporáneo mutilan el carácter multifacético de la formación humana. Así se plantea la cuestión acerca de la propia significación práctico– educativa al reflejarse en los planes de estudios, a escala universal,
  20. 20. 15 cierta tendencia a la jerarquización de otras especialidades y a la disminución de la presencia de las disciplinas humanísticas. Sobre esa base y atendiendo a las carencias existentes, un grupo de docentes-investigadores nos hemos planteado como problema científico – pedagógico ¿Cómo contribuir a la formación cultural y de valores de la identidad desde la enseñanza–aprendizaje de las Humanidades? atendiendo a diversas dimensiones como el estudio de la historia patria, de figuras históricas, de la historia local, de las historias de vida, del pensamiento martiano, de la filosofía, de la literatura, de la música, de la plástica, entre otras y su tratamiento metodológico para la formación cultural y de valores de la identidad nacional de los profesores. De acuerdo a lo anterior, se formuló como objetivo general del proyecto: diseñar una estrategia metodológica para la enseñanza-aprendizaje de las humanidades que propicie la formación cultural y de valores de la identidad nacional de los profesores en formación. En correspondencia, es propósito de este trabajo reflexionar en torno al papel que desempeñan las Humanidades en el proceso de formación cultural y de valores de la identidad de los profesionales de la educación dadas sus potencialidades educativas y el consiguiente compromiso social en la formación de las presentes y futuras generaciones. Se trata sobre todo de comprender, desde la contradicción existente entre lo real y lo ideal, la necesidad de la transformación de los maestros, profesores, del claustro actuales…en los maestros, profesores, el claustro que se aspira: cultos, sensibles, ejemplares… para poder enfrentar el desafío social de la formación de las nuevas generaciones, de la cultura general integral y de valores humanistas que deberán constituirse en la brújula que oriente sus esfuerzos y acciones en el contexto del desarrollo futuro de la sociedad cubana en el siglo XXI. Ello pasa por el perfeccionamiento de la formación universitaria del personal docente a lo cual tributa, sin dudas, la enseñanza- aprendizaje de las humanidades. La educación cubana, como parte del proyecto social socialista, desde sus finalidades apunta al desarrollo integral del ser humano. En el mismo, se aspira a potenciar el dominio de conocimientos y habilidades a tono con el desarrollo científico –tecnológico y social contemporáneo, a la construcción de una verdadera plataforma cultural, y al cultivo de la sensibilidad y la espiritualidad.
  21. 21. 16 Se asume entonces que cultura no es más que el conjunto de realizaciones materiales y espirituales en las que se objetiva la multifacética actividad humana. Por ello comprende el conjunto de saberes, destrezas, procedimientos, modos de actuación y resultados que se obtienen en el proceso de transformación de la realidad objetiva por el hombre. Pero, a su vez, supone el proceso de creación y apropiación, por lo que conlleva el problema de la herencia, de la continuidad y ruptura, del enriquecimiento y superación, del desarrollo. Y es que, aun cuando la cultura refiere el mundo creado por el hombre – en tanto producto- comprende a su vez, el proceso de su realización. De ahí, su carácter complejo y contradictorio” (Mendoza, 2008, 68) Con ello se subraya la idea de que no constituye solo la acumulación de saberes sino que implica el cultivo de sí mismo, el crecimiento personal, como se ha comprendido en lo mejor de la tradición de pensamiento y práctica revolucionaria cubana. Sobre esta base puede comprenderse lo valioso de penetrar en los nexos de las Humanidades con la cultura, la identidad y los valores, tanto desde el punto de vista de su decurso histórico en el que se aprecia su interrelación como desde el punto de vista de la determinación de criterios teórico- metodológicos e ideológicos. Todo lo anterior permitió determinar lo relativo a la formación cultural y de valores de la identidad. Así, al profundizar en la problemática se definió que formación cultural es “…el proceso de transmisión y asimilación de los aportes esenciales de la cultura universal y patria como expresión de la creación humana, en tanto devienen instrumentos necesarios para el desarrollo de su accionar profesional y humano, en condiciones histórico- concretas determinadas. Ello constituye de hecho, una insoslayable faceta en la preparación del profesional de la educación, en tanto éste deviene un personal especialmente preparado para la modelación de las personalidades de los futuros obreros calificados, técnicos y profesionales que vivirán, trabajarán y participarán en la sociedad del futuro “… (Mendoza, 2005,11) Todo esto se inserta de manera especial en el contexto del desarrollo actual de la nación cubana, en la que la defensa de la cultura y la
  22. 22. 17 identidad devienen armas insustituibles en la irrenunciable tarea de la construcción de una sociedad mejor, más justa y humana. De ahí la Batalla de ideas y la lucha por el logro de la cultura general integral en nuestro pueblo. Es por eso que, resulta esencial para la labor a realizar en la formación del profesional de la educación, asimismo la determinación de lo que representa el proceso de educación de valores de la identidad, que constituye un proceso de transmisión y asimilación creadora de los significados que adquieren aquellos elementos, objetos y procesos para las personas, grupos, comunidades y nación, en tanto los identifican en el orden económico, étnico, lingüístico, sociocultural, y reafirman el sentido de individualidad o pertenencia a nuestra nación, que posee carácter complejo y contradictorio y en el que intervienen diversos factores como son la familia, la escuela, la comunidad y la sociedad, en general. (Mendoza, 2005,) Desde la creación del imprescindible marco conceptual, atendiendo a la relación Humanidades – Cultura – Identidad- Valores, como sustrato teórico para el diseño de una metodología para la enseñanza – aprendizaje de las Humanidades en sus diferentes dimensiones, se proyecta la necesidad del enfoque interdisciplinario, integral e integrador. Es por ello, que uno de las exigencias esenciales en este camino resulta la necesaria penetración en las dimensiones e indicadores de los conceptos de formación cultural y educación en valores de la identidad, que devienen una guía excepcional en el tratamiento de las humanidades y su aprovechamiento en función de la formación de la personalidad. Se requiere comprender ante todo la multidimensionalidad de la cultura y su expresión en la concepción de la formación cultural. Así se proyecta su análisis:
  23. 23. 18 FORMACIFORMACIÓÓNN CULTURALCULTURAL HISTHISTÓÓRICARICA FILOSFILOSÓÓFICAFICA ECONECONÓÓ MICAMICA POLPOLÍÍ TICATICA JURJURÍÍDICADICA ÉÉTICATICA ESTESTÉÉTICOTICO--ARTARTÍÍ STICASTICA CIENTCIENTÍÍFICAFICA TECNOLTECNOLÓÓGICAGICA LINGULINGUÍÍSTICASTICA MEDIOAMBIENTALMEDIOAMBIENTAL LÓGICA De igual forma, se comprende el proceso de formación de valores de la identidad, atendiendo a sus significados y niveles: VALORES DE LA IDENTIDADVALORES DE LA IDENTIDAD ELEMENTOSELEMENTOS NATURALESNATURALES PATRIMONIOPATRIMONIO MATERIALMATERIAL PATRIMONIOPATRIMONIO INMATERIALINMATERIAL INDIVIDUALINDIVIDUAL FAMILIARFAMILIAR LOCALLOCAL NACIONALNACIONAL REGIONALREGIONAL PROFESIONALPROFESIONAL
  24. 24. 19 En correspondencia, es necesario comprender que todo lo que hacemos debe pasar por la proyección de nuestro quehacer y la orientación a nuestros estudiantes desde un enfoque cultural, axiológico e identitario que se expresa en dimensiones e indicadores y de manera general, se concreta en un conjunto de acciones como: Identificar el conocimiento (histórico, filosófico, económico, político, jurídico, ético, estético-artístico, científico, ambiental…) así como los principales elementos naturales, nuestro patrimonio material e inmaterial. Lograr un conocimiento decoroso de las más importantes contribuciones realizadas por el ser humano tanto a escala universal como nacional- desde el acercamiento a los hombres y a la obra que, en las diversas épocas, y cuyo legado recibimos en el presente, así como los elementos naturales, patrimonio material e inmaterial que nos identifican. Cultivar sentimientos de admiración y respeto por los protagonistas y hechos más destacados de la historia y por la creación patria y universal así como por lo que nos identifica como seres humanos, cubanos, latinoamericanos y profesionales de la educación. Utilizar el conocimiento alcanzado (en múltiples dimensiones) para interpretar y actuar en el presente. De lo anterior se deriva: - No están presentes todas las dimensiones e indicadores que potencialmente conlleva el tratamiento del problema de la formación cultural y de la formación de valores de la identidad. Solo los principales, atendiendo a diversas aristas de la cultura y aquellas que formarían parte esencialmente del currículo de las humanidades.1 Tal despliegue conceptual puede convertirse en una guía para comprender lo que no puede faltar en el proceso de diseño, elaboración y ejecución del currículo de las carreras cuyo perfil se orienta a la formación de maestros y profesores…y sobre todo, para asumir lo que nos falta. 1 Teniendo en cuenta la naturaleza y objeto del proyecto citado referido fundamentalmente a las humanidades pero que no excluye las restantes áreas de conocimientos. No olvidar que se trata de cultura…lo que exige evadir todo enfoque reduccionista.
  25. 25. 20 -Este ejercicio no puede conducir al mecanicismo ni a una visión cuantitativa del problema, en la medida de que no se trata de sumar más y más conocimientos sino aprehender la lógica interna que dimana de la sustancia misma de la cultura y los valores de la identidad. Lo más importante radica en descubrir la íntima relación entre conocimiento y sentimiento, si de cultura se trata, entre saberes y valores, entre instrucción y educación, entre acumulación y crecimiento…Ya Martí advertiría hace más de 100 años que “Ser culto es el único modo de ser libre (Martí, 1975, VIII: 289), en lo que la cultura deviene el fundamento de la plenitud, de la realización de la emancipación y del mejoramiento humanos. El estudio realizado y la generalización de los resultados nos alerta acerca del camino a seguir en el orden del tratamiento metodológico y humano. Este viene dado a partir de la relación conocimiento- sentimiento-compromiso. Si bien el conocimiento deviene el fundamento necesario no puede olvidarse que solo el cultivo del sentimiento permite que aquel no se convierta en algo hueco o vacío de significado, y al mismo tiempo, solo se logra el compromiso con lo que se ama. Asimismo, se requiere el aprovechamiento de todos los espacios y todos los sujetos, como los colectivos de asignaturas, los colectivos pedagógicos y el escenario esencial y único que resulta la clase…así como los presidentes de las comisiones, los consejos de dirección, los jefes de colectivo de asignaturas y de año, así como los profesores para llevar a cabo una enseñanza- aprendizaje de las humanidades que tribute a la formación cultural y de valores de la identidad. Los profesores deben estar preparados para diseñar acciones integradoras en el desarrollo de sus funciones docente, orientadora y de investigación con el fin de centrar sus empeños en una mejor preparación del estudiante para su actividad profesional. En el proceso de enseñanza-aprendizaje se desarrolla la contradicción entre la progresiva especialización de los saberes y la imprescindible integración de estos en un conjunto ordenado y coherente. Es por esto que se requiere potenciar la interrelación, mediante la articulación que permite determinar los puntos de encuentro, el enlace de las diferentes disciplinas dentro del proceso de enseñanza, teniendo
  26. 26. 21 en cuenta sus componentes, lo que permite la interacción en la que fluyen estas interrelaciones. Esto constituye una necesidad, sobre todo, si se tiene como finalidad la formación cultural y de valores de identidad en profesores de enseñanza media y superior, con un encargo social bien determinado, en el que sin dudas, la enseñanza–aprendizaje de las humanidades constituye una vía esencial. Todo lo anteriormente explicado permite comprender que la concepción y realización de un proceso de enseñanza-aprendizaje desarrollador de las Humanidades que permita una mejor formación universitaria del personal docente debe considerar, entre otras cuestiones, las siguientes: • Tomar como punto de partida un diagnóstico permanente de los estudiantes: qué conocen, qué saben hacer y cómo son. • Requiere el desarrollo de la motivación, el afán de saber y el cultivo de la admiración por la creación y grandeza humanas, de manera que conformen huellas permanentes en el orden cognoscitivo y de actuación. • Sustentarse en un enfoque personológico, desde un concepción personal y creativa, que estimule la intersubjetividad en el contexto de un rico proceso comunicativo. • Proyectar una adecuada relación entre lo cognitivo y lo afectivo, con el consiguiente papel del factor emocional. • Exige una adecuada base orientadora de la actividad que conlleve la participación activa y consciente del estudiante. • Apoyarse en las propias vivencias y experiencias de los sujetos que intervienen: profesores y estudiantes. • Promover procesos de desarrollo intelectual creativos y actitudes para la comprensión y transformación de los problemas de nuestra sociedad en el contexto del desarrollo social contemporáneo. Potenciar lo mejor del ser humano, desde el cultivo de la sensibilidad, los sentimientos y la creatividad. De ahí, la vigencia de la advertencia
  27. 27. 22 martiana. “…dése obra de espíritu a los pueblos, el verso que enamora, el discurso que atrae, la pintura que deslumbra, el drama que interesa, el paseo que calma, para que la vanidad, que reina en todo, se modere por la virtud de los asuntos que emplea..." (Martí, 1975, XII: 170) Solo así se podrá soslayar la fragmentación, la dogmatización, la incoherencia… y se logrará trabajar en pos de la formación de personalidades integrales, originales, flexibles, creativas, comprometidas…que como aspiración orienta los esfuerzos hacia el mañana. Se puede ir concluyendo que: El problema de la formación del profesional de la educación constituye uno de los grandes desafíos que enfrenta la sociedad cubana en el contexto de la batalla por la educación y la cultura. Ello impacta, a su vez, en todas las esferas del desarrollo social cubano, en la medida que se multiplica en la formación de obreros calificados, técnicos y profesionales de todos los sectores que sustentarán el desarrollo actual y futuro de la nación cubana. La formación cultural y de valores de la identidad de los profesionales de la educación en formación se constituye en un verdadero desafío, por lo cual se requiere la transformación de su formación universitaria, lo que pasa por el diseño curricular, la concepción y ejecución del proceso de enseñanza- aprendizaje y la formación en general. La enseñanza- aprendizaje de las humanidades tributan a la formación cultural y de valores de la identidad en la medida en que se conciba, diseñe y aplique desde una mirada creativa y flexible que revele y proyecte las potencialidades que encierran para la formación de profesionales de la educación con un elevado componente cultural e identitario.
  28. 28. 23 EL ENFOQUE ÉTICO, AXIOLÓGICO Y HUMANISTA COMO FUNDAMENTO DE LA LABOR EDUCATIVA. ALGUNAS EXPERIENCIAS Y RESULTADOS DE SU APLICACIÓN Dra. Cs. Nancy Chacón Arteaga Cátedra de Ética. Universidad Pedagógica Enrique José Varona Investigadora del ICCP Vivimos en un mundo marcado por una dinámica contradictoria entre el avance científico y tecnológico como tendencia de un desarrollo que puede considerarse excluyente a la vez que impactante hacia el propio ser humano, quien debe ser el beneficiario por excelencia de tales progresos, así como el medio ambiente planetario, en una tendencia ascendente de la carrera armamentista y las guerras imperialistas del despojo. La lucha de la humanidad por la necesidad de cambiar el orden económico de desarrollo desigual reinante en el mundo actual, pasa por la necesaria cruzada de la educación y la cultura, que sigue siendo una tarea pendiente a la altura del Tercer Milenio para la humanidad. Hoy existe una marcada tendencia a dejar en blanco o un espacio vacío en el manejo de las relaciones sociales y de la comunicación a aquellos aspectos que tienen que ver con una concepción ética de la vida, en la medida en que los procesos sociales se han complejizado, la violencia, la drogadicción, la corrupción, la demagogia política, la falsa democracia burguesa con toda su hipocresía -que sigue captando adeptos crédulos o indiferentes para votar en las urnas a su favor- condiciones que favorecen las ideas de una moral del todo vale, tratando de reducir estos aspectos solo al ámbito de la religión, pero mermando su credibilidad y estimulando un dogmatismo de la evasión espiritual, alejado de las prácticas sociales comunitarias, solidarias y transformadoras de tales realidades. Pero se podría preguntar. En una sociedad socialista como la nuestra, ¿Qué lugar y papel tienen la Ética, la moral y los valores?, ¿De qué Ética, moral y valores se habla cuando nos referimos a nuestra sociedad, al pueblo cubano y a su historia? , ¿ Nacemos con una moral determinada, la heredamos genéticamente, se forma en el contexto o
  29. 29. 24 tejido social o la construimos nosotros mismos?, ¿La moral y los valores son un fenómeno social externo a nosotros o forman parte de nuestra subjetividad o mundo interior?, ¿Qué relación tienen la Ética y la moral con la Política, el Derecho, la Economía, la Religión, la Ciencia, la Educación?, ¿Existe una escuela cubana de ética?, ¿Qué le aporta la Ética a la Educación y a la Pedagogía? Sin intentar dar respuestas a estas y otras interrogantes que pueden surgir sobre este tema, en este trabajo reflexionamos sobre el enfoque ético, axiológico y humanista como un fundamento de la Pedagogía para la labor educativa, desde algunos resultados teóricos y prácticos que durante más de treinta años de labor docente ha obtenido la autora en investigaciones realizadas. Hoy es muy importante apropiarnos del enfoque que nos aporta la Ética acerca de la moral y su importancia, los valores morales como parte de su contenido y de las potencialidades del ser humano para educarse, por ello consideramos que hoy más que nunca tenemos que seguir hablando de ética, moral y valores humanos, como elementos esenciales de la educación, de la cultura cubana y del mundo actual. La Ética como filosofía de la moral, los valores y el comportamiento humano, desde la comprensión dialéctico materialista de la sociedad, nos aporta un enfoque con un carácter valorativo de esta realidad, que tiene en cuenta cómo desde los intereses personales(determinados por las condiciones materiales de vida), de clases o de la condición social de las personas, la moral y los valores sirven para argumentar los más disímiles puntos de vistas, reacciones, actitudes y contradictorios comportamientos humanos, constatando su esencia ideológica como parte de la subjetividad de los individuos y del mundo espiritual en cada contexto concreto o realidad histórica, a partir de la dialéctica que existe entre el ser moral, concretado en la moralidad practicada en la vida de la sociedad; el deber ser, como representaciones ideales de lo que debe mejorarse y perfeccionarse de esa moralidad y el ideal moral, que es la idealización o modelo moral de los imaginarios culturales de los grupos humanos y las clases en cada época. La tradición cultural histórica cubana, asociada a una profunda concepción de Revolución desde la forja de la nación, ha tenido en sus propias raíces lo mejor del pensamiento ético universal del cristianismo, de la ilustración francesa de los Siglos XVII y XVIII y sus
  30. 30. 25 redimensionamientos a la luz del pensamiento independentista, latinoamericano y caribeño, como en el pensamiento de Bolívar, Hidalgo, San Martín, Morelos, entre otros, que cristalizaron en la conciencia nacional en los valores del sentido de la patria y el patriotismo, las ideas y el amor a la libertad y la soberanía nacional, la justicia social y la unidad nacional, sustentados en la triada moral de la dignidad humana, la intransigencia ante todo tipo de dominación extranjera - antiimperialismo y la solidaridad, como contenidos del deber y la responsabilidad de las generaciones de cubanos que han luchado por hacer realidad tales ideales políticos y morales, desde las gestas nacionales independentistas del S. XIX, en su continuidad histórica y con la articulación con las doctrinas de Marx, Engels y Lenin, hasta las batallas en nuestros días por una sociedad socialista mejor para todos. En Cuba, la Ética cuenta con una plataforma teórico – ideológica y cultural, elaborada sobre la base de los fundamentos de una escuela cubana de Ética, la que se sustenta en los aportes del pensamiento ético cubano de la liberación nacional del S. XIX, al decir del ético cubano Dr. Armando Chávez, representado por Félix Varela, José de la Luz y Caballero, Enrique J. Varona y su máximo exponente José Martí, que expresaron los ideales morales del patriotismo, la independencia, la soberanía nacional, la justicia social, la dignidad humana y la unidad nacional, valores que lideraron las luchas independentistas. La continuidad de este pensamiento durante el S. XX se expresa en la Ética de la Liberación social, en la cual se articulan el pensamiento ético cubano de avanzada, con las ideas marxistas - leninistas, en función de la lucha por la realización de los ideales morales enarbolados en el siglo XIX, dentro de sus exponentes se destacaron entre otros, las figuras de Rubén Martínez Villena, Julio A. Mella, Juan Marinello, Raúl Roa y como máximo exponente dentro de la generación del centenario Fidel Castro, quien surgía como líder indiscutible del proceso revolucionario victorioso en enero de 1959.
  31. 31. 26 Los aportes del Che y Fidel al pensamiento ético cubano, desde la concepción de la construcción de una nueva moral, la socialista, con la perspectiva histórico cultural de país latinoamericano y tercermundista, constituyen rasgos distintivos de la Escuela Cubana de Ética en los finales del S. XX y el desarrollo del S. XXI. Estos fundamentos teóricos y metodológicos, se sintetizan en una Ética de raíces martiana y marxista, en consonancia con la tendencia mundial de búsqueda de una alternativa revolucionaria y humanista a la solución de los problemas globales contemporáneos que afectan a la humanidad, y que encuentran sus particularidades de expresión en las actuales tendencias revolucionarias e integracionistas que reverdecen en los procesos de la región de la América Latina y el Caribe, manifestados en el ALBA, la CELAC y UNASUR. El enfoque ético, axiológico y humanista, su esencia y rasgos principales La Ética aporta un enfoque ético, axiológico y humanista, que con un contenido predominantemente filosófico, asociado a lo sociológico, histórico y psicológico, aplicado a la Pedagogía en su doble condición de ciencia y como un tipo de trabajo específico con los seres humanos, el de su educación integral, permite tener una visión más amplia de su relación con otras ciencias en la comprensión tanto de la realidad social, como de la integralidad de la personalidad para su educación; por lo que nos permite revelar los nexos existentes entre la moral, los valores morales y el ser humano como sujeto activo y su lugar y papel en el proceso educativo, en tres ámbitos esenciales: Formando parte de la epistemología de la pedagogía. Como fundamento teórico y metodológico de la educación moral y en valores. Como fundamento de la ética y profesionalidad pedagógica del docente. La moral es un fenómeno social complejo, que también forma parte importante de la vida práctico-espiritual, ideológica y cultural, de la
  32. 32. 27 escuela en su funcionamiento orgánico, incluyendo a la familia y a la comunidad; así como que la moral es también una parte esencial del mundo interior, subjetivo, de las personas, de sus relaciones, de su comunicación y su trato, así como de su comportamiento, las que como sujetos activos intervienen en el proceso educativo desde diferentes posiciones y roles, pero que confluyen en ese contexto de la escuela y conforman una compleja y contradictoria red de relaciones humanas, individuales y colectivas desde el alumno y su colectivo estudiantil, el profesor y su claustro, la familia, los trabajadores de la escuela o la comunidad, entre otros. Lo antes señalado apunta a la manifestación de una relación particular de la moral de la sociedad con la escuela y hacia el interior de la propia escuela, como parte del ambiente o clima moral escolar; por otro lado la moral forma parte del proceso educativo cuando de forma intencional se dirige el proceso de la educación moral de los estudiantes, así como de la ética y la moral de la profesión del maestro. Es importante saber que la moral tiene una fuerte presencia en las influencias que ejercen las relaciones humanas que se establecen en los diferentes ámbitos y contextos en las vidas de las personas, ejerciendo de forma indirecta la transmisión de costumbres, hábitos, significados de valor, patrones o estereotipos de conductas y puntos de vistas, las que pueden ser positivas (educativas) o negativas (desvirtúan la significación positiva de los valores), esta razón eleva la necesidad de tomar muy en cuenta el aspecto del factor moral en su orientación hacia los valores y en contraposición a los antivalores, en todos los procesos humanos, pero en especial en la labor educativa. El plano axiológico que aporta la ética, nos revela que no podemos concebir la esfera de la moral sin tener en cuenta la manifestación de los valores morales, asociados a los restantes valores de las diferentes expresiones ideológico-cultural de las personas en consonancia con el contexto social, dentro de los cuales los valores morales son la base constitutiva de los sistemas y escalas de valores universales y personales, nos referimos a los valores filosóficos, políticos, patrióticos, cívicos, jurídicos, estéticos-artísticos, científicos, medioambientales, familiares, religiosos, entre otros. En tal sentido la esfera moral en la sociedad y sus representaciones acerca de lo bueno y lo malo, vigentes en el contexto histórico social
  33. 33. 28 concreto (como expresión ideológica, subjetiva, de las condiciones materiales de existencia, objetivas, y de desarrollo de la misma), es quien da una orientación al sistema de valores sociales en las escalas jerárquicas (individuales y social), por ello podemos explicar por qué los valores constitutivos en la forja de la identidad nacional cubana (tales como el sentido de la patria y el patriotismo, el amor a la libertad y soberanía nacional, la justicia social y la unidad nacional, con un carácter ideopolíticos, unidos a la trilogía moral de los valores de la dignidad humana, la intransigencia ante todo tipo de dominación extranjera y la solidaridad, entre otros), ocupen un lugar central en la conciencia nacional, conformando el sistema y las escalas de los valores en la ideología revolucionaria e imaginario emancipatorio de las generaciones de cubanos que protagonizaron las gestas independentistas de nuestra historia patria. Los valores están íntimamente vinculados entre sí en un sistema que en su dialéctica pueden comprenderse en tres planos esenciales, según el filósofo - axiólogo cubano J. R. Fabelo Corzo, en su intervención en la Audiencia Pública de la Asamblea Nacional del Poder Popular celebrada en abril de 1995, en plena crisis económica del “período especial cubano”, donde los cubanos fueron convocados para proyectar la estrategia del trabajo político ideológico con las nuevas generaciones y la sociedad. El primero es el plano objetivo, el carácter social de los valores (emergen de la red o tejido social que se establece en las formas económicas del desarrollo), el segundo son los valores instituidos en el plano ideológico (los valores que responden a los intereses ideológicos del sistema político de la clase en el poder). En este caso en la escuela como institución, se asume el sistema de valores de la Revolución cubana para la educación de los estudiantes, de los profesores, trabajadores de apoyo y la familia, orientados por el Programa Director de Valores del PCC (desde el 2007). El tercer plano es el subjetivo de cada persona (mundo interior, espiritualidad de los individuos), que se manifiestan en las escalas de valores individuales, en las jerarquías y preferencias de unos u otros valores por cada persona, en sus cualidades personales, en su actitudes, acompañadas de sus sentimientos y comportamientos que se
  34. 34. 29 manifiestan entre los estudiantes o el colectivo pedagógico del centro y sus trabajadores. Estos planos de los valores se ponen de manifiesto en las actuaciones, relaciones, comunicaciones, sentimientos, trato, en los conflictos, dilemas, choques de intereses, que caracterizan la vida cotidiana de las personas y que también se producen en la escuela y matizan el propio proceso pedagógico, de ahí la importancia del enfoque ético en el mismo. El fundamento integrador del enfoque ético y axiológico es el humanismo, que expresa una concepción filosófica e ideológica martiana y marxista sobre el ser humano, donde la moral y los valores son configuraciones intrínsecas y dinámicas de las personas, que marcan su individualidad y los hacen seres orgánicos como parte de la sociedad en su conjunto, a la vez que únicos e irrepetibles. La moral y los valores acompañan al ser humano en toda su vida y a la vez son un objeto especial de atención para la educación ya sea en el proceso de su formación inicial o permanente en las personas. Esta concepción ideológica y cultural del humanismo, entiende al ser humano como portador de potencialidades infinitas para transformar el medio con el que interactúa y transformarse a sí mismo, por medio de sus conocimientos y habilidades concretadas en su actividad, en particular en el trabajo honrado, lo que implica conocimientos tanto teóricos como prácticos, buenos sentimientos, independencia, creatividad y mucho optimismo en las fuerzas humanas para crecer y ser cada día y en cada momento histórico de nuestras vidas mejores personas. El enfoque ético, axiológico y humanista, es un elemento esencial del Trabajo Político Ideológico en la sociedad y de su concreción en la labor educativa en la escuela por su contenido educativo y su carácter proyectivo en la relación dialéctica del ser moral (la moralidad de la vida cotidiana, con sus defectos y virtudes), el deber ser (las representaciones ideales o modelos de cómo debe transformarse lo negativo y defectuoso de la realidad moral de la sociedad y de las personas) y los ideales morales (idealización del modelo moral de persona y de la dignificación de las condiciones humanas de existencia), a partir de una actividad transformadora y revolucionaria.
  35. 35. 30 Está en la base del pensamiento y la acción estratégica de la Revolución, por su sentido crítico y autocrítico, como expresión de las exigencias morales y de la insatisfacción permanente ante la injusticia social y lo mal hecho, así como de la necesidad de cambio, perfeccionamiento y mejoramiento de la realidad y del ser humano ante las exigencias de la época. Rasgos del enfoque ético, axiológico y humanista como instrumento de la labor educativa: Aporta el contenido valorativo en el análisis multilateral de las circunstancias y los acontecimientos sociales. Sintetiza la unidad de lo teórico, con lo normativo y la práctica. Unidad de la idea moral y el significado personal - social de los valores y la acción. Se sustenta en la dialéctica del ser moral, el deber ser y el ideal, ser superado. Está en la base del pensamiento y acción estratégicas, con objetividad y asociado a las tendencias del desarrollo. Expresa la insatisfacción permanente ante el perfeccionamiento individual y humano. Toma en cuenta el sentido crítico y autocrítico, como vía en la búsqueda de la solución y respuestas a los problemas. Orienta a la correlación moral entre el fin y los medios desde posiciones ético – morales y de valores. Aporta fundamentos teóricos, metodológicos y normativos al proceso de la educación moral y en valores.
  36. 36. 31 Como construcciones teórico metodológica de este enfoque se han abordado algunos conceptos como parte de los fundamentos de la pedagogía para la educación integral de la personalidad, dentro de estos se encuentran: ¿Qué podemos entender por valor moral? El valor moral es un elemento de la conciencia (social e individual) expresa la significación social positiva, buena, en contraposición al mal, de un fenómeno (hecho, acto de conducta), en forma de principios, normas o representaciones sobre lo bueno o malo, justo, digno etc. que posibilita la valoración, orientación y regulación de la actitud y conducta de los individuos hacia la reafirmación del progreso moral, el crecimiento del humanismo y el perfeccionamiento humano. En este sentido los valores forman parte de la vida espiritual de la sociedad y del mundo subjetivo, interno, de las personas, ellos son expresión de las condiciones materiales de existencia de la sociedad y sus propias contradicciones en cada momento histórico concreto de su desarrollo, así como de su cultura. Los valores existen en unidad con los antivalores en una dinámica ENFOQUE PEDAGÓGICO ÉTICO, AXIOLÓGICO Y HUMANISTA TIENE EN CUENTA LA INTEGRACIÓN Y PRESENCIA DE ESTOS ELEMENTOS EN LA VIDA ESPIRITUAL E IDEOLÓGICA EN TODA ACTIVIDAD HUMANA MORAL VALORES MORALES HUMANISMO EN LAS RELACIONES HUMANAS Y CON EL MEDIO AMBIENTE
  37. 37. 32 ideológica social e individual, que se manifiesta en los sistemas de valores, escalas, jerarquías y preferencias, en las orientaciones valorativas, cualidades, actitudes y comportamientos de las personas en cada circunstancia de la vida, atendiendo al contenido de los conceptos o representaciones más generales de la valoración moral, el bien y el mal; las que como dijera Engels en su obra Anti Diurhing, son ideas que han cambiado tanto de siglo a siglo, de pueblo a pueblo, que no pocas veces se contradicen abiertamente, apuntando a su contenido variable. ¿Qué componentes de la personalidad debe atender el educador en el proceso docente educativo para contribuir a la formación de valores? Los métodos y procedimientos empleados por el docente, vinculados a las formas de organización del proceso de enseñanza–aprendizaje, así como las actividades extra clases, deben atender a la integración de los componentes: cognitivo, afectivo-volitivo, ideológico y actitudinal en lo comportamental, concretado en las experiencias morales acumuladas, en las relaciones humanas, la comunicación y la conducta en la vida cotidiana de la escuela, en el seno familiar y en la comunidad. Este proceso educativo no es exclusivo del maestro y la escuela, por ello siempre debe tenerse en cuenta esta triada del escenario principal de formación de los estudiantes. Educación en valores y la autonomía moral Si se tiene en cuenta la idea martiana de que la educación se inicia desde la cuna y no acaba solo con la muerte, nos acercamos a un debate muy actual sobre la educación continua o permanente, lo cual quiere decir en su sentido más amplio que el momento de los aprendizajes en los seres humanos se da en el transcurso de nuestras vidas, lo cual incluye a los valores. Muchas personas piensan que los valores humanos se forman en un momento específico, la propia idea de la palabra formación da el sentido de algo que se hace de una vez y por todas, como algo que acaba o finaliza, sin embargo cuando se trata de seres humanos y se comprende las potencialidades infinitas que se poseen y que están asociadas al desarrollo como crecimiento personal, entonces, puede entenderse que el momento decisivo de la formación de valores en una persona es algo que está latente.
  38. 38. 33 No obstante, se sabe que la vida de las personas tiene una historia en cuanto al nacimiento y el tránsito por las sucesivas etapas de la infancia, la adolescencia, la juventud, la adultez y sus diversos momentos, por lo que en tan complejo proceso formativo las bases que se cimientan en las tempranas edades juegan un papel con relación a las sucesivas etapas y en cada una se aportan ingredientes fundamentales a lo que se denomina la maduración de la conciencia como personas autorreguladas y autodeterminadas, como expresión en primer lugar de una educación moral y de los valores que caracterizan a las cualidades personales que nos distinguen. En la experiencia humana, la regularidad del proceso de formación de valores como parte esencial de la educación integral de las personas, nos indica que la niñez y la juventud son los momentos más oportunos y fructíferos. Sin embargo, la complejidad de la formación está en que este es un proceso en el que intervienen muchos factores, de los contextos favorables o no, de las interinfluencias positivas o negativas, e incluso, determinados acontecimientos o circunstancias coyunturales que marcan las vidas de las personas. También nos dicen que el mismo no es nada lineal, sino como en una espiral, para que esta espiral siga una trayectoria ascendente y progresiva, se requiere de tres principios esenciales: la coherencia del sistema del proceso formativo (incluyendo los métodos, procedimientos, medios y vías); la sistematicidad en las acciones educativas y su seguimiento y la intencionalidad, en cuanto a la claridad de los objetivos, metas y propósitos deseados. En ello la familia y la escuela tienen que articularse estrechamente teniendo como premisa que la práctica de las buenas acciones en contraposición a las negativas en la vida cotidiana, la vivencia de los buenos sentimientos, el ejemplo y la autoridad moral, entre otros, son influencias significativas si dejan una huella interna en la persona y solo así es que contribuyen a la formación de valores en su internalización por los educandos, asociados a sus motivaciones y condiciones internas para su actuación consciente orientado por los valores y comportamiento autorregulado. Los aprendizajes de los conocimientos y competencias, viéndolo en su
  39. 39. 34 sentido instructivo o técnico, no siempre coinciden con el grado de educación moral que manifiestan tener las personas, como tampoco se tiene un desarrollo moral a partir de las edades en el sentido cronológico y psicológico, sin embargo, todos estos aspectos tienen que ver, convergen y confluyen armónicamente en el proceso de la educación de los individuos. Es decir, son importantes los conocimientos y su concreción en el saber orientarse y hacer en la vida, ya sea por la manifestación de capacidades, hábitos, habilidades o competencias, pero también es necesario tener en cuenta la historia de vida en el crecimiento integral de la persona (que transcurre por una cronología de vida en el transcurso de las edades, su psicología, sus vivencias y experiencias personales en relación con los demás) en su contexto socio histórico concreto, en el ambiente micro social, en esta historia de vida de las personas, sus etapas “cronológicas” de la niñez a la adultez, tiene que ver con el proceso de interacción individuo–sociedad y el proceso educativo y formativo de la cultura asimilada, los conocimientos aprendidos y de la moral y los valores construidos personalmente. Reconocidos autores en el ámbito de la Psicología han estudiado el desarrollo moral de la personalidad, desde diferentes posiciones teóricas los que han reconocido de una u otra manera la existencia de etapas o estadio en el proceso del desarrollo moral de la personalidad, orientado hacia la búsqueda o el logro de llegar a ser personas con autonomía moral, independientes, autodeterminadas, responsables de sus decisiones y sus actos. En tal sentido, los aprendizajes de los conocimientos y sus significados para la vida, así como los aprendizajes que como seres humanos se adquieren simultáneamente en el plano de la moral y los valores, tanto en la escuela como fuera de ésta, tienen una correlación importante en la integración de todos estos contenidos en la visión integral que sobre el propio mundo se va conformando en la vida de las personas, formando parte de su concepción del mundo y de sus sentido de la vida, a lo largo de las sucesivas etapas por las que transita. En este proceso está presente desde las propias vivencias personales y la trasmisión de experiencias humanas en la socialización, la formación de las nociones muy vinculadas a lo afectivo en los niños, desde su nacimiento, la ampliación gradual de estas nociones y su
  40. 40. 35 discernimiento racional y emocional, con el reconocimiento e identificación como significados individuales, personales en relación con los significados sociales, durante la niñez y adolescencia, produciéndose una internalización consciente y asunción interna de los significados socialmente positivos en forma de creencias y convicciones personales durante la juventud, las que son reajustadas en un proceso práctico de formación permanentemente en la adultez y sus diferentes momentos. Algunos problemas de la práctica de la labor educativa y la educación moral, en valores y humanista En las investigaciones en el campo de la Ética aplicada a la educación, en particular, en lo referente a la educación moral, en valores y de la profesionalidad de los docentes, todos los cuales han implicado diagnósticos e introducciones de estrategias educativas transformadoras en escuelas de la capital, en colaboración con el Grupo de Estudios de la Calidad de Educación Provincial (GECA) y en la UCPEJV, hemos podido identificar algunos efectos negativos que han traído como consecuencia el tratamiento inadecuado de “los valores” en la práctica educativa en los últimos años. Entre otros, consideramos que hay un problema en la no continuidad y existencia de una ruptura brusca en el hecho de haber dejado a un lado lo que se había avanzado en la teoría y práctica pedagógica de la educación moral, sus fundamentos y métodos, sin abordar sus relaciones y nexos con el tema de los valores y de su proceso formativo de forma integral. En ocasiones los valores se entienden como si fueran “determinaciones espirituales que designan…” lo que puede interpretarse en un cierto sentido como “entes ideales autónomos o independientes”, como pensara Hegel, el filósofo dialéctico, idealista objetivo alemán del S. XIX en su Filosofía del espíritu. Esta comprensión no deja de forma clara la esencia y naturaleza histórico social, clasista y cambiante, de los valores, como elementos de la conciencia social e individual y de sus formas ideológicas fundamentales de expresión(política, moral, jurídica, filosófica, religiosa, estético-artística, científica, económica), formando parte de la vida espiritual y de la cultura,
  41. 41. 36 la identidad, vinculados al conocimiento científico, a las cosas y fenómenos de la naturaleza y la vida social, a los hechos y actuaciones concretas de cada persona, familia, grupo social o clase, determinados en última instancia por el factor económico que marca los intereses, su dinámica y contradicciones en la vida cotidiana e ideológica de las personas y de la sociedad. La interpretación metafísica y abstracta de los valores y su proceso educativo, se evidencia en el énfasis que a veces se le da a la formación de un valor específico, en tratar de hacer diagnóstico “de valores”, acciones para tratar los valores por turnos de clases, días, semanas, meses, etcétera. El proceso educativo y formativo de los valores, en ocasiones se entiende como sinónimo de Trabajo Político Ideológico, concepto propio del discurso político llevado a la pedagogía y que aún es necesario seguir profundizando para esclarecer las relaciones entre estos conceptos y sus nexos en el trabajo de la escuela, en su relación con la familia y la comunidad. También pueden señalarse como otros aspectos de la labor educativa a seguir trabajando en su sentido teórico y práctico, es la visión poco integradora de los procesos de instrucción y educación, el tratamiento fragmentario a los componentes de la personalidad en su formación (lo cognitivo, con lo afectivo – volitivo, lo ideológico y actitudinal); irregularidades en la relación escuela–familia y comunidad; así como la poca armonía y asistematicidad que en el proceso de enseñanza aprendizaje de las asignaturas, tiene la relación entre los conocimientos, con las habilidades y los valores de la ciencia o de la vida cotidiana a los que se asocian, entre otros. En reiterados encuentros con docentes en preparaciones metodológicas, cursos de postgrados, maestrías y doctorados, se alude a reconocer la poca preparación pedagógica y en particular el desconocimiento de los métodos educativos y su empleo ante las disímiles circunstancias, conflictos y dilemas que se les presentan a los docentes en el trabajo diario, predominando en ocasiones el autoritarismo, la imposición, la coerción, el sermoneo, entre otras prácticas inadecuadas, que
  42. 42. 37 lejos de aportar, enrarecen el clima espiritual del amiente escolar y entorpecen el proceso educativo. Estos entre otros problemas nos dicen de la necesidad de abordar el enfoque ético, axiológico y humanista como un fundamento de la Pedagogía, que contribuye a tener una comprensión y visión más amplia e integradora del complejo proceso de la educación del ser humano en los contextos actuales, que conlleve a una teoría y práctica de la labor educativa consecuentes con los reclamos de la sociedad cubana y de la pertinencia de la educación en todos sus niveles. Sobre los métodos educativos Los métodos educativos pueden concebirse como las formas, los procedimientos o acciones específicas, que asume y realiza el maestro para encauzar el sistema de influencias positivas y orientaciones educativas, en la interacción con el estudiante en formación en un contexto dado. El estilo, unido al empleo de los métodos educativos, se sustentan en los fundamentos filosóficos, éticos, axiológicos, históricos, sociológicos, psicológicos y políticos, de una concepción pedagógica con una cultura humanista y optimista, que ubica en el centro de su atención el respeto a la dignidad humana y no da cabida a ningún tipo de discriminación, favoritismos, estigmatización o esteriotipación de los estudiantes, colegas o persona alguna en este proceso. Los métodos educativos conforman un sistema por la interrelación dialéctica que existe entre ellos, a partir de considerar el nexo indisoluble que existe entre conciencia y conducta. Autores como la pedagoga rusa G. I. Schukina (1978), los ha agrupado en dos grandes grupos (criterio asumido por diferentes autores cubanos: H. Ulloa y N. Chacón 1988, E. Baxter 2008, Guillermo Arias 2010, entre otros), estos son: 1. Métodos que ayudan a formar la conducta moral estable y la experiencia moral en la actividad, está formado por el conjunto de procedimientos mediante los cuales se muestran, practican y vivencian las formas de la conducta social a partir de los principios, normas, valores, costumbres, tradiciones vigentes y aceptadas en la sociedad.
  43. 43. 38 En este grupo se incluyen todas las actividades que organiza el maestro y la escuela, desde la propia clase, hasta las actividades extra - clases, algunas con la participación de la familia y otros agentes socializadores de la comunidad en las que se involucra el estudiante. Estos métodos favorecen y propician la práctica de los modos de actuación, los hábitos de la educación formal en las relaciones humanas, las formas de la comunicación, la comprensión y el trato, las que se vivencian de una forma satisfactoria en las personas, al sentir que se han comportado bien, que han hecho el bien a otros. 2. Métodos de formación de la conciencia moral, sistema de puntos de vista, conceptos, representaciones, valores, y covicciones, como mecanismos internos de la orientación, valoración y autorregulación. Dentro de ellos se destacan, el ejemplo personal del educador, la observación sistemática de las manifestaciones y comportamientos de los estudiantes, la persuasión, la exigencia justa, la compulsión o exhortación reflexiva a la transformación inmediata de lo mal hecho al bien, el estímulo a los logros y la sanción moral en el tiempo oportuno y la forma adecuada, la valoración reflexiva, el ejercicio de la crítica y la autocrítica constructiva, con la autopropuesta de acciones de mejoras, Como puede apreciarse ambos grupos de métodos actúan como un sistema y se integran en su empleo convenientemente seleccionados por el maestro atendiendo a las características de los estudiantes en lo individual y grupal, así como a los objetivos de la estrategia o proyecto educativo diseñado para la labor educativa; de lo que se trata es de que toda actividad en la que están involucrados los estudiantes potencien actuaciones formativas y dejen una huella positiva en sus vivencias, como parte del proceso de internalización o subjetivización interna. Mientras más protagónica sea la participación de los estudiantes, mayor será la contribución a la formación de sus valores y cualidades personales y la huella interna de dicha experiencia participativa. La formación de valores y cualidades morales se da en las redes de un tejido social, en cuya interacción recíproca, el bien y el mal, lo bueno y lo malo, están siempre presentes en la órbita de la moral y de la vida cotidiana, tanto en el seno familiar e incluso en el propio centro escolar, por lo que la labor educativa no se produce en una burbuja de forma aisla-
  44. 44. 39 da, ni abstraída de este hecho objetivo, lo que presupone la contaminación de las influencias negativas de los contextos sociales en los que se desenvuelven los estudiantes y la escuela. Tal y como hemos apuntado, todo proceso educativo pasa por las vivencias y experiencias personales de los estudiantes como resultado de la práctica de acciones orientadas a hacer el bien, pero cuando se actúa mal puede ser el resultado de la premeditación, pero también del desconocimientos de causas, de impulsos, de poca reflexión o falta de experiencia, entre otros factores que subyacen. Cuando se produce la trasgresión de una norma moral, la violación de un valor moral, que se expresa en los llamados errores cometidos, en las faltas, indisciplinas o en los defectos personales, con los consecuentes sinsabores, malos momentos, sentimientos de vergüenza, cargos de con- ciencia, entre otros mecanismos internos que inciden en el proceso de formación gradual y regulación moral de la personalidad del niño, joven o adulto, se lleva a cabo un proceso de confrontación interna, conflicto o dilema, cuya salida o actitud asumida puede conducir a la reafirmación de un valor o a la asimilación de un antivalor. Lo anterior apunta a la importancia que tiene el tratamiento educativo de ciertas actitudes incorrectas en los niños y jóvenes, su seguimiento en cuidadosas observaciones y la comunicación dialógica, de comprensión y sistemática, que permitan la retroalimentación tanto al maestro, como a los padres, en cuanto a los cambios que se producen como resultado de la aplicación de los métodos de la labor educativa, o por el contrario como efectos de otras influencias negativas, para poder a tiempo aplicar una estrategia que ayuden a corregir aspectos de la educación de los estudiantes. En este caso hay que señalar que aunque el trabajo educativo de las nuevas generaciones se orienta por un modelo concretado en los objetivos formativos, a partir de las representaciones del deber ser, los sujetos que se educan son seres humanos diferenciados entre sí por su individualidad concreta e historias de vida, donde lo perfectible tiene un carácter relativo e interactúa como aspiración y metas elevadas en el incesante camino del perfeccionamiento humano, movimiento que caracteriza al proceso educativo y formativo desde las tempranas edades.
  45. 45. 40 Para el desarrollo de la labor educativa con el empleo de un estilo y de los métodos sustentado en el enfoque ético, axiológico y humanista, pueden tenerse en cuenta las exigencias metodológicas que proponemos a continuación: Compenetrarse y conocer a sus estudiantes, quiénes son, qué conocimientos han adquirido, cuáles son sus virtudes y sus carencias educativas, sus potencialidades y sus intereses. Integrar en la dirección del propio proceso de enseñanza – aprendizaje, desde su planeación, el empleo adecuado de los métodos educativos, como parte de las didácticas de las diferentes asignaturas, que deben propiciar el carácter activo y formativo del proceso de aprendizaje, con el papel protagónico de los estudiantes. Empleo del método problémico, técnicas participativas, entre otros, donde los estudiantes se apropien de las formas en que pueden de manera independiente estudiar y asimilar los conocimientos y las habilidades intelectuales o manuales del aprendizaje, en vinculación con su utilidad práctica en la vida y para el desarrollo de la ciencia y la tecnología. Las situaciones de aprendizajes dentro o fuera del aula deben caracterizarse por ser un proceso de interacción de los estudiantes con sus tareas a cumplir y los niveles de ayuda de los docentes, donde los mismos con una base orientadora adecuada puedan participar, hacer de forma individual o en equipos, sentir, constatar y llegar a sus propias conclusiones, con el estímulo a la inteligencia y la dignidad, los sentimientos, el tesón, la seguridad, la creatividad y la independencia, en un clima moral de armonía, solidaridad y receptividad mutua. En este proceso de formación de valores, el tratamiento de la individualidad requiere especial atención, ya que estos valores solo se forman en el mundo interno de cada individuo, por lo que el maestro en su labor debe respetar la dignidad personal de sus estudiantes y en sus relaciones tratarlos con el mayor tacto pedagógico atendiendo a las características personales, y teniendo en cuenta las normas éticas de la relación maestro-alumno y
  46. 46. 41 maestro-familia, este último como elemento que no puede soslayarse en todo este proceso. Esto significa trabajar con la espiritualidad de los niños y jóvenes asociados a los hechos, a los conocimientos, al mundo en que viven, a sus vivencias, a la verdad, la belleza, el bien en contraposición a al mal, hacer brotar los nobles sentimientos, hacerles sentir estos sentimientos y crear los mecanismos para que los puedan expresar libremente y canalizar de diversas formas, oral, escrita, artistícamente, en sus relaciones u actuaciones, entre otras, que la escuela debe propiciar en sus múltiples actividades. En correspondencia con la psicología de las edades y las caracte- rísticas socioeducativas e individuales de los educandos, el maestro debe estimular el desarrollo de la autoconciencia moral, a partir de la autovaloración y la valoración sobre la base de los conocimientos de los hechos, acontecimientos, vivencias, entre otros, que les permite confrontar sus puntos de vistas, se reafirman o no los propios, se contribuye a que los niños y jóvenes vayan adquiriendo seguridad en sí mismos y aprendan a conocer los rasgos que van caracterizando su individualidad, en la medida en que se sienten satisfechos o no con su propia imagen, así como la confrontación permanente de su autovaloración con la valoración que de él tienen las demás personas. Estos son aspectos importantes de la autoestima y dignidad personal. En este proceso educativo influye la formación de determinadas aspiraciones personales tanto presentes como futuras, donde la orientación profesional y la formación laboral desde tempranas edades, con la vinculación del estudio con el trabajo, tienen un papel importante asociado a al sentido moral de la vida, de ser una persona activa, útil y de bien, que contribuye con su trabajo al bienestar y la felicidad personal, de su familia y de la sociedad en que vive. La comprensión del maestro y la familia, para no coartar, imponer esquemas o patrones, limitar inquietudes y necesidades personales, sin enfrentamientos desafiantes ante las discre- pancias, entre otros, son requerimientos de este proceso formativo,
  47. 47. 42 alejado de todo tipo de autoritarismo, paternalismo, relación de subordinación, la violencia física, verbal o gestual, u otras formas que limiten la participación protagónica, la plenitud al actuar o al expresarse de los estudiantes, ante lo que es necesario estimular y facilitar las posibilidades espirituales y de la sensibilidad humana en cada uno de los educandos, es parte del cultivo de la individualidad, de la conformación de su escala propia de valores y de sus cualidades morales personales, en una correlación de los intereses individuales, del colectivo y los intereses sociales. La apertura de espacios de reflexión, de diálogo o de debate, sobre temas diversos intereses, sobre su propia vida personal, coadyuvan a este fin educativo, en el cual el uso de las reglas para el debate o trabajo en grupos, puede ser una vía que contribuya a la formación de la receptividad, la paciencia y la tolerancia necesaria en la comunicación y la convivencia social, en la aceptación mutua y en el respeto hacia las diferencias de individualidades, así como la libre expresión y defensa de los puntos de vistas de forma reflexiva y con sinceridad, todos estos elementos conforman las bases de la solidaridad humana. IV. Los retos actuales a la Profesionalidad Pedagógica en la formación de docentes Para el análisis de los retos actuales que tiene la Profesionalidad de los docentes es necesario partir de la contradicción existente entre: por un lado, del predominio de la tendencia integracionista de los conocimientos científicos y la tecnología, para dar respuesta a los complejos procesos del desarrollo(de la producción, los servicios, medioambientales, entre otros problemas globales que enfrenta la humanidad) a nivel mundial y por otra parte, el predominio de una visión dicotómica en el desempeño de los docentes en el proceso pedagógico, que se manifiesta en los problemas de la educación aún no resueltos en el S. XXI, lo que entre otros factores a considerar, imponen una serie de retos a la Profesionalidad Pedagógica, que exigen de una toma de conciencia ante estos problemas y una mayor preparación para enfrentar tales desafíos.
  48. 48. 43 Polos de la contradicción entre el predominio de tendencia predominio enfoques integracionista del poco integradores conocimiento científico de la pedagogía y tecnológico, para la práctica educativa Solucionar problemas complejos Generan los retos actuales a la profesionalidad pedagógica de los docentes Características de tendencia integracionista Surgimiento de ciencias integradoras Mayor empleo de enfoques multidisciplinares Acercamiento interdisciplinar y transdisciplinar en las ciencias Menores plazos entre los adelantos cientifícos y su introducción a la práctica, su transformación en Fuerza Productiva y tecnología. Acercamiento entre las grandes áreas de las Ciencias Naturales, Exactas y Humanísticas, superándose gradualmente las barreras del positivismo. Crecimiento del papel del enfoque axiológico, ético humanista, en el enfrentamiento de los impactos sociales y medioambientales de la relación Ciencia – Tecnología - Sociedad. Visión poco integradora de la Educación. Problemas de la Educación no resueltos. Dicotomía entre la instrucción en detrimento de la educación. Insuficiente integración en el tratamiento pedagógico de lo cognitivo, con lo afectivo – volitivo, lo ideológico y actitudinal, como dimensiones de la personalidad.
  49. 49. 44 Insuficiente relación de la ciencia y la tecnología, con la cultura humanista, los valores y la ideología, en la enseñanza – aprendizaje. Poca integración Pedagógica de los enfoques filosófico, sociológico, ético, axiológico y estético, en sus aportes a la educación, con predominio del enfoque psicológico. Atomización de las disciplinas en los currículos atendiendo a concepciones academicistas y elitistas. Insuficiente tratamiento multidisciplinar e interdisciplinar en la enseñanza y el aprendizaje de las asignaturas. ¿Qué es la Profesionalidad Pedagógica y qué retos se derivan de la contradicción planteada anteriormente y de los problemas pedagógicos no resueltos? La Profesionalidad pedagógica, expresa la integración de la ideología, los valores y cualidades morales que caracterizan la esencia humanista de la profesión, con los conocimientos pedagógicos, culturales y científico – tecnológicos necesarios para la labor educativa del docente, fraguados y avalados en el trabajo pedagógico, en la experiencia práctica acumulada, los resultados y logros obtenidos en su desempeño y modos de actuación, como concreción y desarrollo de sus competencias profesionales. Dimensiones de la Profesionalidad pedagógica. 1. Conciencia de los deberes pedagógicos que implica el compromiso social de la educación de las nuevas generaciones en las condiciones de la época, a partir del protagonismo como estilo de trabajo pedagógico y como modos de actuación de los estudiantes, lo que presupone una educación en y para la democracia del socialismo cubano, concibiendo como parte del proceso formativo los escenarios de las transformaciones del modelo económico cubano y la lucha ideológica que libra nuestro pueblo por mantener su independencia y soberanía nacional. 2. Concepción pedagógica más integradora, teniendo en cuenta el enfoque axiológico, para el tratamiento adecuado de la instrucción y de la educación, atendiendo a los componentes cognitivo, afectivo – volitivo, ideológico y actitudinal, así como la
  50. 50. 45 relación de la ciencia y tecnología con los valores y la ideología como parte de una cultura humanista, en la enseñanza aprendizaje (intencionalidad ideológica), dominio del contenido y empleo adecuado de la metodología para enseñar y educar. 3. Enfoques pedagógicos multidisciplinar e interdisciplinar de los conocimientos en la enseñanza y aprendizaje, para comprender problemas complejos de la ciencia, la tecnología, el medio ambiente y el mundo globalizado en que vivimos, lo que repercute en nuevos modos de concebir, relacionarse y de actuación en el trabajo pedagógico. 4. La utilización adecuada de los medios y recursos tecnológicos de que se disponen en el país para la labor educativa, los que no sustituyen el papel de la influencia educativa del docente con sus estudiantes, la familia y la comunidad. 5. Desarrollo de una Ética de la cooperación profesional, que supere la barrera de los celos profesionales, de “pocos amigos” o de “cada maestro con su librito”, que impiden, una comunicación franca e intercambio de ideas y experiencias profesionales con fluidez, receptividad y respeto, con el aporte de los diferentes enfoques a la solución de problemas comunes, sin subvalorar las posibilidades que tiene “el otro” para ello, la tolerancia, la amplitud y flexibilidad de pensamiento, entre otros, para practicar la ayuda mutua y la solidaridad en el trabajo. Estos retos se transforman en las dimensiones de la profesionalidad pedagógica del maestro, entendidas como los planos del contenido del trabajo pedagógico expresado en sus componentes internos y la correlación de estos componentes con las necesidades sociales, expresadas en formas de exigencias del desarrollo, la práctica o encargo social. ¿Qué relación guarda el concepto de Profesionalidad Pedagógica con el de Desempeño Profesional del maestro? La Profesionalidad Pedagógica es un concepto más abarcador e integrador de las esferas o planos del trabajo pedagógico en el qué hacer del maestro, en esta definición se personalizan las condiciones más generales e indispensables que requiere el profesional para cumplir su encargo social, educar a las nuevas generaciones.

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