PRIMERAS SOCIEDADES 
DE LA ALTA AMAZONíA 
LA CULTURA MAYO CHINCHIPE - MARAÑÓN 
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Rafael Correa Delgado 
Presidente Constitucional de la República del Ecuador 
Guillaume Long 
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Las investigaciones arqueológicas en la Amazonía ecuato-riana, 
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Medallón de amazonita, depositado 
como ofrenda en hoguera central del 
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La Amazonía ecuatoriana 
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La competencia por la luz produce una simbiosis 
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de selva o de montaña. A...
La definición del paisaje no sólo depende de la 
cobertura vegetal, sino que depende de varios 
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pendientes son más agudas y los valles estrechos 
están entrecortados por su...
En la zona baja, denominada periandina, corres-ponde 
al piedemonte formado por varias capas de-tríticas 
pleistocénicas, ...
CAPITULO II 
Historia temprana de 
las sociedades amazónicas 
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La historia hu...
Empero, evidencias encontradas en los últimos 
años en varios sitios de la Amazonía demuestran 
que el hombre ocupó la par...
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sitio denominado Guagua Canoayacu (OIVB1-07). 
El antiguo paradero se encuen...
las Culturas de Selva Tropical fueron el desarrollo 
de varias actividades que con el tiempo y la espe-cialización 
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presente en la Hoya del Santiago (jíbara), en la re-gión 
de Quijos (Panzale...
sedentarismo y produjo, en cambio, una mezcolan-za 
de lenguas y de otros elementos culturales que 
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hará un breve recuento de la información con la que se 
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Lo que más llamó la atención fueron los abundan-tes 
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afluente del Napo, a 600 msnm. A esta fase se asocian 
muchas rocas con petroglifos. Porras estimaba que la 
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de la parte final del periodo Formativo. Los materiales 
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CAPITULO III 
Cultura 
Mayo Chinchipe - Marañón 
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Los últimos diez años han v...
registro de más de 300 conjuntos arqueológicos 
socialmente significativos en esta parte de la alta 
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Alfarería de la tradición Corrugada atribuida a 
los Bracamoros (proto-Shuaras) 
Primeras Sociedades de la Alta Amazonía |...
La primera tradición se presentó de manera más 
discreta, con materiales cerámicos delgados, ca-racterizados 
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LA CULTURA MAYO CHINCHIPE - MARAÑÓN

Francisco Valdez

COLABORACIÓN
Alexandra Yépez y Julio Hurtado

Instituto Nacional de Patrimonio Cultural - INPC
Institut de Recherche pour le Développement - IRD

Impresora Flores
ISBN 978-9942-955-02-9
Quito, septiembre 2013

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  1. 1. PRIMERAS SOCIEDADES DE LA ALTA AMAZONíA LA CULTURA MAYO CHINCHIPE - MARAÑÓN Primeras Sociedades de la Alta Amazonía | 1 Francisco Valdez C O L A B O R A C I Ó N Alexandra Yépez y Julio Hurtado
  2. 2. Rafael Correa Delgado Presidente Constitucional de la República del Ecuador Guillaume Long Ministro Coordinador de Conocimiento y Talento Humano Francisco Velasco Andrade Ministro de Cultura y Patrimonio Lucía Chiriboga Vega Directora Ejecutiva del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural Directorio del INPC Francisco Velasco Andrade Presidente del Directorio del INPC Dr. Aníbal Trujillo Delegado del Ministerio de Defensa Nacional Dra. Marianela Navas Delegada del Ministerio del Interior Soc. María Inés Rivadeneira Delegada del Consejo de Educación Superior, Ciencia y Tecnología Lcda. Patricia Noriega Delegada del Presidente de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Padre Richard García Delegado de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana Institut de Recherche pour le Développement - IRD Texto Francisco Valdez Gráficos Laurence Billaut y Francisco Valdez Fotografía Francisco Valdez, Alexandra Yépez, Julio Hurtado Equipo de Investigación Francisco Valdez Jean Guffroy Julio Hurtado Alexandra Yépez Geoffroy de Saulieu Gaëtan Julliard Catherine Lara 2 | Primeras Sociedades de la Alta Amazonía Coordinación editorial Ernesto Trujillo, Director de Comunicación Social INPC Diseño y diagramación Mujica TMP <www.mujica-tmp.com> Impresión Impresora Flores ISBN 978-9942-955-02-9 1000 ejemplares Quito, septiembre 2013
  3. 3. Primeras Sociedades de la Alta Amazonía | 3 Las investigaciones arqueológicas en la Amazonía ecuato-riana, lamentablemente, han sido escasas. Por esta razón, el presente trabajo, realizado por el arqueólogo ecuatoria-no Francisco Valdez, adquiere una dimensión importante. “Primeras Sociedades de la Alta Amazonía”, recoge los re-sultados de la investigación efectuada durante doce años, en la provincia de Zamora Chinchipe, por el Instituto de In-vestigación para el Desarrollo (IRD de Francia), con el apo-yo del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC) y el entonces Ministerio Coordinador de Patrimonio. Esta publicación, sin duda, es un aporte muy significativo, ya que nos revela datos inéditos de la cultura prehispánica denominada Mayo Chinchipe-Marañón, que surgió hacia el 5500 antes del presente y que se extendió a lo largo de la cuenca hidrográfica del mismo nombre, floreciendo con distintas manifestaciones socioculturales durante casi 3000 años. En la obra se descubre, por primera vez, el medio físico de la alta Amazonía, que fue el escenario del desarrollo de las primeras sociedades agro-alfareras que supieron adaptar-se y sacar provecho de los recursos naturales presentes en la naturaleza. Se muestran las principales evidencias que informan sobre los antiguos modos de vida en una aldea emblemática situada cerca de la actual población de Pa-landa. Se presenta el trazo arquitectónico del sitio Santa Ana - La Florida y se explica la dinámica que éste tuvo con la región circundante. Este tipo de investigaciones nos permiten conocer y pro-fundizar la forma de vida de los pueblos que habitaron el territorio ecuatoriano. Pueblos de una sabiduría incalcula-ble que merece ser estudiada y recuperada para adaptarla, en la medida de lo posible, a la vida actual. Esta sabiduría ancestral nos llevará al anhelado Buen Vivir en el que esta-mos trabajando con ahínco. Para el Gobierno de la Revolución Ciudadana, y de modo particular para el Presidente Rafael Correa, la investiga-ción científica y social es prioritaria. Por ello, se ejecutan varios proyectos, como el Yachay, el centro académico de investigación más grande de América Latina. Y en la Ama-zonía tenemos la Universidad Regional Amazónica Ikian, donde se trabajará para profundizar en la investigación de los pueblos milenarios que habitaron esta parte vital del territorio ecuatoriano. El Ministerio de Cultura y Patrimonio continuará brin-dando todo el apoyo necesario a los temas de investiga-ción, de tal forma que nos permitan conocer de mejor manera nuestras culturas y nuestros saberes ancestrales, pues solo así podremos construir una sociedad más justa, inclusiva y equitativa. Francisco Velasco Andrade Ministro de Cultura y Patrimonio Presentación
  4. 4. Medallón de amazonita, depositado como ofrenda en hoguera central del templo en espiral. 4 | Primeras Sociedades de la Alta Amazonía
  5. 5. Primeras Sociedades de la Alta Amazonía | 5 Esta publicación no solo es el resultado de doce años de cooperación internacional en el campo de la investigación arqueológica efectuada en la Alta Amazonía ecuatoriana; es el intento riguroso de colocar las bases sobre las cuales puede partir una lectura fidedigna de esta región. El trabajo realizado por un equipo franco-ecuatoriano en la provincia de Zamora Chinchipe ha revelado las evidencias de una sociedad compleja, fechada en más de 5500 años. Esta cultura se desarrolló a lo largo de la cuenca hidrográfica Mayo- Chinchipe ubicada en el actual territorio fronterizo entre Ecuador y Perú. Este relato científico, enriquecido por evidencias palpables, demuestra la presencia de la ocupación humana en la Alta Amazonía, cuyas estrategias de adaptación supieron interpretar las condiciones particulares del medio ambiente y construir con ellas un continuo cultural y económico. La investigación conjunta ha demostrado que la Amazonía, no sólo es una reserva de naturaleza pri-migenia, sino que además tiene una rica historia cultural, donde la interacción de los pueblos nutrió el surgimiento de una cosmología compleja que contribuyó al origen de la civilización Andina; una aproximación histórica ineludible al momento de construir una visión múltiple de un espacio vivo y vivificante, mirado con frecuencia a través de frag-mentos arbitrariamente manipulados, que hablan más de nuestras limitaciones de percepción y aís-lan los hechos sin las suturas necesarias: pueblos no contactados, impactos de la colonización, explo-tación de recursos naturales, formas de resistencia, ficciones milenarias. Manifestaciones que aisladas de un contexto, conducen a versiones inconexas o nostálgicas en torno a la Amazonía. La investigación realizada es una muestra ejemplar de lo que debe ser el trabajo en cooperación internacional. A la dedicación de los investigadores, se unió el respal-do institucional que abrió las puertas a la interdiscipli-nariedad y la posibilidad de poner en evidencia distin-tos aspectos de una cultura que ha sobrevivido siglos. El Instituto de Investigación para el Desarrollo IRD (Francia) realiza en el Ecuador investigación cientí-fica en cooperación desde hace cuarenta años; en la última década ha dedicado una buena parte de sus esfuerzos a la investigación arqueológica en la pro-vincia de Zamora Chinchipe, una región periférica que por su difícil acceso y ubicación geográfica ha estado al margen de toda atención y desarrollo. Esta publicación marca la pauta de la trasforma-ción del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural hacia lo que será el instituto de investigación en un futuro cercano. El cambio de la visión sobre la ges-tión del patrimonio implica profundizar en los cam-pos de la historia para la construcción de un nuevo discurso sobre la ancestralidad, no solo desde mira-das académicas sino de la posibilidad real de poner el conocimiento al servicio de la sociedad. Lucía Chiriboga Vega Directora Ejecutiva Instituto Nacional de Patrimonio Cultural INPC Presentación
  6. 6. 6 | Primeras Sociedades de la Alta Amazonía Contexto arqueológico de la botella efigie de asa de estribo, vista en la portada. Representacion de hombre que emerge de la bivalva Spondylus princeps.
  7. 7. Primeras Sociedades de la Alta Amazonía | 7 El propósito de esta obra es presentar al público el contexto natural y cultural de la alta Amazonía, subrayando el apor-te que los antiguos pueblos de esta comarca hicieron a la construcción de lo que hoy se ha dado en llamar la Civiliza-ción Andina. En este recuento se hace una síntesis de los distintos medios y paisajes que caracterizan a esta región intermediaria entre las altas tierras andinas y las tierras bajas de la cuenca amazónica. Se hace una recapitulación de lo que se ha tomado, hasta la presente fecha, como las primeras evidencias arqueológicas de la antigua historia de los pueblos selváticos. Esta revisión es más bien breve por cuanto hay muy poca información publicada sobre lo que se pudiera considerar como las huellas de la primera ocupación humana en las distintas partes del territorio amazónico que hoy constituye la República del Ecuador. Hay que reconocer que la investigación científica sobre los primeros habitantes de esta inmensa región arrancó relativamente tarde (mediados de la década de los años 1940) y que luego despertó muy poco interés en la comuni-dad, hasta la década de los sesentas, en que un entusiasta sacerdote incursionó como pionero solitario en la selva. Él dedicó buena parte de su vida al estudio de los “tiestos y cacharros del oriente”. A pesar de que la ciencia arqueoló-gica en el Ecuador tomó un nuevo impulso desde los 70s, con los programas ejecutados por los Museos del Banco Central, la investigación en la Amazonía siguió siendo una prioridad postergada. Para cuando el mecenazgo de la institución bancaria se apaga a inicios de los 90s, se des-pierta una llama de esperanza con los estudios de impacto ambiental, que por ley deben emprender las compañías pe-troleras que exploran los campos en la baja amazonía. De pronto hay recursos y facilidades para entrar a la selva, lo que atrae a una nueva generación de técnicos en la disci-plina a fijar sus miras en la arqueología contractual. Cien-tos de contratos se generan pero muy poca información se publica y escasos son los resultados que han contribuido a acrecentar el conocimiento de la primera historia de los pueblos amazónicos. Introducción
  8. 8. No obstante, esta historia existe y debe ser expuesta, no como un manual de tecnicismos que describe las particu-laridades de la cerámica maltrecha que generalmente se encuentra en los pozos de sondeo, sino como el reflejo que deja la evidencia arqueológica de los antiguos modos de vida, de las técnicas empleadas para transformar la selva en un dominio culto, donde el hombre encontró el susten-to y trabajo las materias para forjarse una vida en socie-dad. El presente libro tratará entonces sobre las primeras sociedades de la alta amazonía, de cómo éstas se organi-zaron en comunidades interdependientes y rompieron el aislamiento que el bosque tupido les brindaba. Se discuten para ello los resultados de la investigación efectuada en la provincia de Zamora Chinchipe y más concretamente en la región de Palanda, donde los estudios efectuados en el sitio Santa Ana-La Florida han contribuido a brindar una imagen bastante clara de cómo estos pueblos produjeron una alta cultura desde hace 5500 años antes del presente. La investigación ha sido efectuada, en el marco de un con-venio de asistencia técnica y cooperación científica entre el Instituto de Investigación para el Desarrollo (IRD de Francia) y el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC). Los trabajos conjuntos han permitido recuperar, en el transcurso de los últimos 12 años, una serie muy am-plia de evidencias materiales que hoy se discuten para in-tentar reconstruir una parte de la primera historia de los habitantes de la cuenca hidrográfica del río Chinchipe (un importante afluente del río Marañón). Por sus particularidades geográficas, el estudio de esta cuenca, permite comprender las interacciones sociales que se dieron a través del tiempo entre los pueblos que habitaron las tierras bajas de la región amazónica, los de la zona de transición, conocida como ceja de selva, los de las altas tierras del corredor interandino, los de las tierras bajas de la vertiente occidental de los Andes y los pueblos asentados en las costas del océano Pacífico. Las evidencias encontradas en el sitio Santa Ana-La Florida atestiguan de una larga serie de contactos (directos o por interme-diarios) entre los pueblos que vivieron a los dos lados de la cordillera andina. La presencia física de conchas mari-nas, procedentes de los mares cálidos de la zona del golfo de Guayaquil, en los contextos de la alta amazonía es una prueba irrefutable de la relación que tuvieron los antiguos habitantes de esta parte de la América precolombina. 8 | Primeras Sociedades de la Alta Amazonía Sin embargo, existen muchos otros tipos de evidencias, a primera vista no tan claras, que hablan de las relaciones que mantenían los pueblos de ambos lados del circuito. A veces éstas tienen un carácter microscópico, pero son las evidencias que han dejado sus huellas en el paisaje natural y cultural. Así por ejemplo, está el caso de muchas plantas hoy ampliamente difundidas a los dos lados de la cordille-ra, pero que originalmente tuvieron su punto de origen en la vertiente oriental. Plantas como el maní, la yuca, la coca son todas originarias de la Amazonía, sin embargo entra-ron muy tempranamente en la dieta y en las costumbres culturales de los pueblos de la costa del Pacífico. Eviden-temente estas plantas no trasmontaron los Andes por la gracia divina, o por la acción de algún ave migratoria que desplazó sus semillas a localidades tan distantes. La acción humana es responsable de estas y muchas otras interacciones regionales, y aunque las motivaciones direc-tas no son por ahora del todo conocidas, sus efectos están palpables por doquier. Como se verá en el transcurso de esta narración, muchas de las plantas, usos y costumbres que hoy caracterizan a la Civilización Andina tuvieron su origen en la Ama-zonía y es por ello que hoy conviene reconocer la im-portancia que tuvo esta región en el surgimiento de la cosmología que sustenta el pensamiento andino. La in-teracción regional es probablemente una de las principa-les características que define a los pueblos de esta parte de la América meridional. Estudios como los que ahora se presentan contradicen la noción tradicional que se tenía de que los pueblos amazónicos vivían sin cultura, en un estado de completo aislamiento con respecto a los otros pueblos. Esta noción teórica justificó durante dé-cadas el aparente retraso sociocultural que caracteriza a los pueblos del bosque tropical. En la práctica esta situa-ción está muy alejada de la realidad, la interacción que el hombre amazónico tuvo con su medio fue decisiva en el surgimiento de las culturas selváticas y de cómo estas se proyectaron más allá de su marco natural, pero siem-pre propagando la ideología profunda y misteriosa que el bosque cerrado les inspiró, pero que los pueblos con su acción social supieron transformar. La historia de los pueblos amazónicos es una dialéctica entre naturaleza y cultura y cómo se verá de ella surgen los primeros rasgos de la civilización. Esta historia es un relato de diálogos y saberes inéditos, pero milenarios.
  9. 9. La Amazonía ecuatoriana una multiplicidad de paisajes Primeras Sociedades de la Alta Amazonía | 9 La Amazonía ecuatoriana se compone de un mosaico de nichos ecológicos que se caracteri-zan por estar siempre dotados de un bosque hú-medo tupido, que varia en especies de acuerdo a la altura en que se encuentra. Misael Acosta- Solís, el principal ecólogo ecuatoriano (geobo-tánico) del siglo pasado, clasificó las forma-ciones vegetales o forestales que conforman el país en 18 tipos, con los que armó el perfil y el mapa forestal del Ecuador1. Las cuatro últimas categorías corresponden a los paisajes vege-tales de la Amazonía, los nombres que les dio corresponden a las características propias de las cotas altitudinales que los delimitan. Por la importancia que los distintos pisos ecológicos de la amazonía tienen y tuvieron a través de la historia es necesario diferenciarlos clara-mente. Por ello conviene parafrasear el trabajo citado de Acosta Solís y presentar brevemente los cuatro tipos de formaciones vegetales de la amazonía, comenzando desde las cumbres de la vertiente oriental de la cordillera hasta la planicie de la cuenca baja. Se menciona esto en detalle para comprender mejor las caracte-rísticas de cada tipo de paisaje natural y ver con ello como el medio ambiental pudo haber influenciado la naturaleza de los asentamien-tos humanos en la época precolombina. Páramo Oriental o Cramintum Microtérmico (XIV) Se ubica sobre el lomo de la cordillera oriental, su al-titud varía de 3300 a 4500 metros sobre el nivel del mar (msnm); tiene una pluviosidad sobre los 1800 a 2800 mm, y presenta una humedad ambiental del 85 al 95%. La temperatura varía entre menos de 0 y los 8° C. Acosta-Solís identificó como propias del medio, calificado como páramo las siguientes espe-cies vegetales: “Festuca, Stipa, Deyeuxia y Calama-grostis, Leñosas principales: Casha-puhin (Osteme-les glabrata), fical (Gynoxys halii) chilca (Baccharis plyphylla), quinua (Polylepis coriacea) panga-pujin (Hesperomeles lanuginosa) Senecio acuadorensis, Hypericum struthlaefolium, Diplostephium antisa-nense”. Incluye además las formaciones especiales de la Hidrofilila de las lagunas y las plantas de al-mohadón andinas. Ceja Andina oriental: Hidrofílica o Hidrofitia subtérmica andina (XV) La capa altitudinal siguiente tiene una amplitud longitudinal de entre 3300 msnm; al norte del país y a algo menos de 2800 al sur, en Loja. La tempe-ratura promedio varia entre 12 a 13 ° C y la pluvio-sidad es mayor a los 3000 mm, con una humedad ambiental del 95%. CAPITULO I La Amazonía ecuatoriana de paisajes
  10. 10. Como ejemplo de las especies propias de la ceja iden-tificó en la provincia del Chimborazo las siguientes: “quishuar” (Buddleia incana), “quinua” (Polylepis incana), “samal” (Rapanea andina), “panga-pujin” (Hesperomeles lanuginosa), “casha-pujin” (Osteme-les glabata), “putzo” (Escallonia myrtilloides), “gui-zho” o “sacha-capuli” (Vallea stipularis), “catzno” (Gynoxis laurafolia), “shanshi” (Coraria thymifolia) y una barrera de surales (Chusquea spc.). Acosta Solís sostiene que en este medio dominan los carri-zos llamados surales (Lignograminetum). Selva Andina: Oriental Subtérmica y Mesotérmica (XVI) Se localiza a lo largo de la faja boscosa exterior de la cordillera, entre los 2800 y los 1800 msnm. La pluviosidad es superior a los 3000 mm, con una húmeda 96 al 100 %. Las temperaturas van de 12 a 17 °C. El submestérmico oriental tiene una eco-logía diferente a la de la cordillera occidental por la influencia de los vientos de la Hylea amazónica. Los representantes botánicos son: “Cascarilla (Cin-chona pubescens y spc) y muchas Rubiaceas de los géneros: Paliocurea,Landenbergia, Golzalagunia, Faramea, Phsychotria, etc. Malastomaaceas de los géneros Miconia, Monochaetum; Blakea, Axinae, Meranea, Tibouchina, etc. “pacarcar” (Persea seri-cea) “cerrae” (Miconia scabra, Miconia capitellata) “joyata” (Psammsia graegnerina) “pururuj” ‘Saura-nia aff, pseudoscabra), “guayusa cari”(Hedyoismun bonplandiamun), “Cascarilla picante” (Drymys gra-nadensis variedad grandiflora), “duco” (Clusia ala-ta), “urcu-cedro” (Trychulia resinosa), “galuay” (Em-botrium mucronatum). Los surales de Chusquea seandens y spc.son bien desarrollados”. Selva Pluvial Submacrotérmica Flanco Andino Oriental (XVII) Esta formación aparece desde los 1800 de los 800 msnm, cubre las estribaciones externas e inferiores de la cordillera oriental. La pluviosidad constante está sobre los 3000 y los 2800 mm. La humedad varía según su ubicación entre 96 y el 100 por cien-to; la temperatura promedio anual es de 20 a 24° C. Desde esta cota la selva es nublada y se pierde in- 10 | Primeras Sociedades de la Alta Amazonía Bosque cerrado de altura, Podocarpus y otras especies. Bosque tupido de ceja de selva.
  11. 11. Primeras Sociedades de la Alta Amazonía | 11 sensiblemente en la Hylea amazónica. Acosta-Solís propone estas especies como características de la ceja de montaña: “Ocotea puberula, Picrammia polychobotrya, Chrysoclamys dependens, Caseria fasiciulata, Tetrathylacium mutans, Miconia lon-girmosa, Miconia dielsii, Condaminea corymbosa, Palicourea guianensis, Eupatorium hitchcookii, Inga spc, Saurauia pastasana, etc. Muchas palmas, pero principalmente Euterpe ensiformis”. Selva Pluvial Macrotérmica de la Región Oriental o Hylea Amazónica (XVIII) Este horizonte de selva siempre verde y siempre húmeda fue denominado por Alexander von Hum-boldt como Hylea. Acosta-Solís sostiene que la sel-va se confunde en el piso superior de la faja pluvial mesotérmica oriental. La temperatura promedio va-ría entre 24 y 26° C, con una pluviosidad sobre los 3500 mm y una humedad ambiental constante de 96 a 100%. Los componentes botánicos pertenecen a una diversidad de familias tropicales: “Lauraceas, Moraceas, Melastomateceas, Rubiaceas, Bignonia-ceas, Sapotaceas, Meliaceas, Gutiferas, Esterculia-ceas, Bombaceas, Bureceraceas, Muristicaceas, etc.” (Acosta-Solís 1977: 352-354) En los cuatro pisos altitudinales se distinguen dos características básicas: la humedad constante y las temperaturas estables que se mantienen constantes a lo largo del año. A medida en que las cotas de altura descienden, la temperatura tiene un promedio más alto, manteniéndose entre 18 y 25° C en las partes al-tas y entre 25 y 28 ° C en la parte baja. Estos factores favorecen el crecimiento de una vegetación exube-rante y tupida que se eleva compitiendo siempre por la luz solar. De hecho, en la selva se forman varios niveles o capas de vegetación. Erwin Patzelt, otro destacado botánico y experto en el medio selvático, distingue las siguientes capas: “en el sotobosque la vegetación herbácea, luego el piso arbustivo con co-pas que alcanzan los 4-6 metros, luego los árboles, también con diferentes alturas, desde 8 a 40 metros, sobre cuya capa se distinguen algunas palmeras. Dentro del bosque higrófilo luchan las epífitas y lia-nas buscando siempre la luz. ” (Patzelt 1985:114). Bosque de selva lianas y arbustos.
  12. 12. Meandros de agua y arena cortan la selva en el bajo Nangaritza. La competencia por la luz produce una simbiosis dramática en la que varias plantas trepadoras se apoyan sobre las especies vecinas para subir y cre-cer en altura. Muy a menudo estas plantas huéspe-des se nutren del tronco o del follaje que les sustenta y se convierten en parásitos activos que terminan matando al anfitrión involuntario. Quien camina en la selva se enfrenta a una oscura enredadera de lianas y raíces que bajan desde la altura y se mez-clan con los arbustos y troncos que pueblan la zona baja cortando el paso a cada instante. La biodiver-sidad en la selva varía también según su altura y la naturaleza de sus suelos (húmedos o secos). Empe-ro las tasas de mayor riqueza biótica se encuentran en las zonas transicionales de la llamadas “cejas” de monte o de selva, donde las distintas alturas guar-dan una infinidad de especies propias a cada franja (endemismo). Conforme a la división paisajística de las forma-ciones vegetales de Acosta-Solís se puede decir que el oriente ecuatoriano se divide en dos gran-des categorías: la Alta Amazonía y la Baja Amazo-nía, cada una de las cuales tiene marcadas diferen-cias en sus especies de flora y fauna, pero también 12 | Primeras Sociedades de la Alta Amazonía en el desarrollo sociocultural de los pueblos que allí se asentaron tempranamente. La alta amazonía es más amplia a lo largo del actual territorio ecuatoriano, pues por el hecho de estar adosada a la vertiente oriental de la cordillera de los Andes su extensión recorre todo el país de nor-te a sur (unos 68 000 de km2). En cambio, la baja Amazonía se encuentra restringida a la parte norte y centro del país, bajando desde los 700 m hasta los 250 msnm únicamente en la parte extrema de las provincias de Sucumbíos, Orellana, Napo, Pastaza, Morona Santiago y Zamora Chinchipe. La alta amazonía es una formación vegetal parti-cular, comprende el flanco externo de la cordillera oriental que desciende desde la ceja andina hasta la franja tropical de los pisos inferiores a los 1200 msnm. La vertiente oriental de los Andes está com-pletamente poblada de selva pluvial, cubierta por una capa de nubes casi permanente. Los ecólogos la denominan como una faja higrofilia mesotérmi-ca y submacrotérmica. La selva subandina viene desde el norte de Bolivia y pasa por Perú, Ecuador, Colombia y avanza hasta Venezuela. En los Andes
  13. 13. Primeras Sociedades de la Alta Amazonía | 13 centrales y septentrionales se la conoce como ceja de selva o de montaña. A medida en que la cota al-titudinal baja la selva de altura va cambiando pau-latinamente y se convierte en lo que en el antiguo Tahuantinsuyo se conocía como yunga. Sourdat y Winkel califican a la alta amazonía como el subsector periférico de la cuenca amazónica más cercana a la línea equinoccial, adosado al segmento más volcánico de los Andes (1997: 321)2. Estos au-tores afirman que el paisaje natural de la amazonía esta ordenado con lógica desde las vertientes de los Andes hasta las llanuras pantanosas del nivel de la base fluvial. Resaltan que en la franja Subandina hay una zona de pie de monte particularmente de-sarrollada y notable que califican de “periandino”, pues los paisajes de la Amazonía ecuatoriana están marcados por la proximidad de los Andes, tanto en su geología como en el tipo de suelos que allí se han formado. Las potencialidades y limitaciones de cada paisaje están relacionados con el clima, el relieve, el suelo y su drenaje (ídem: 323). En este sentido la llamada ceja de montaña es un ecosistema muy particular caracterizado por su inclinación, su vegetación húmeda siempre verde, una capa de suelo orgáni-co poco profunda, con drenajes muy hondos y la exposición constante de las capas minerales andi-nas, por efecto de la erosión y los deslaves. Esto se debe en gran parte a la deforestación inducida por el hombre. La ceja de montaña es una zona de tran-sición muy rica en biodiversidad, donde el descen-so paulatino hacia la planicie amazónica está mar-cada por capas altitudinales donde se desarrollan determinadas especies que normalmente pueblan sólo la franja a la que pertenecen, este fenómeno es conocido como endemismo. La variedad de espe-cies dentro de cada capa no es muy amplia, pero la sucesión de distintas especies dentro de un rango vertical relativamente corto da cuenta de una tasa elevada de biodiversidad. La selva baja está cubierta por un espeso manto de bosque húmedo (pluvisilva tropical) que abarca unos 50 500 de kilómetros cuadrados. Acosta-Solís afirma que se diferencia de la anterior solamente por la mayor temperatura y por una constancia en la igualdad de la planicie (1977: 221-222). Este botánico calificó a la Hylea amazónica como “un maremágnum de árboles, arbustos, lianas, epifitas, saprofitas, y parasitas; dentro de la selva, el estrato de las copas no permite la entrada de los rayos sola-res, pero se puede distinguir la forma de los troncos y la clase de corteza de los mismos. La mayor parte de los árboles tienen bases muy disformes (triangu-lares o anguladas) y con raíces gigantes que serpen-tean en el suelo, pero principalmente las Moraceas y Euforbiaceas”(idem: 222) La cuenca amazónica cuenta con la más grande variedad de especies, géneros y familias botáni-cas del mundo. Se destacan las palmeras de los géneros Mauritia, Cocos, Euterpe e Iriartea. Los guarumos del género Cecropia y los ceibos de los géneros Ceiba y Eriodendron son las especies fre-cuentes. El caucho Hevea es frecuente a lo largo de las planicies secas o en las tierras altas que rodean a las llanuras inundables. El látex proce-dente de estos árboles fue una de las principales causas de la intrusión del “hombre blanco” en la amazonía desde los mediados del siglo XIX. El comercio del caucho procedente de la Hevea bra-silensis, conformó verdaderos imperios, sin dios ni ley, que saquearon el medio ambiente y esclavi-zaron a miles de nativos de varias etnias a lo lar-go de Colombia, Ecuador, Perú y Brasil. Luego del decaimiento de este jugoso negocio a inicios del siglo XX, las especies maderables finas y comu-nes han sido el blanco del comercio internacional. Acosta-Solís menciona “árboles de la familia de las Lauraceas, los canelos (Persea) varios del gé-nero Berthotelletia y de Hymenea spc, y muchos conocidos localmente como : copal, aguamo, sapo-tillo, mindal, manzano, cedrillo, batea-caspi, huito, doncel, moral, ajua, palo maria, aguacatillo, sisín, mataplao,guayacan, etc”. Dice además que en la selva descrita existen muchas “maderables de bue-na calidad como el copal, aguano, sapotillo, cane-lo, mindal, manzano, cedrillo, batea- caspi, huito, doncel, moral, ajua, palo María, aguacatilio, sisin, mata palo, guayacán, etc.…” (Ídem 222)
  14. 14. La definición del paisaje no sólo depende de la cobertura vegetal, sino que depende de varios elementos como la base geológica, la topografía, el clima actual y el balance de la evolución cli-mática pasada, los escurrimientos y el drenaje natural, así como los distintos componentes del suelo. Custode y Sourdat, expertos en este tema, consideran que el paisaje natural es un sistema interactivo, en el que interactúan varios ele-mentos como la vegetación, la estructura geo-lógica, la topografía, el clima, los escurrimien-tos, el drenaje y el suelo. No obstante, la acción humana también ha sido decisiva a través de la historia, dando lugar a la creación de paisa-jes culturales. Los estudios morfo-edafológicos realizados por PRONAREG-ORSTOM entre 1976 y 1985, dieron una primera aproximación sisté-mica que permitió la delimitación de los princi-pales paisajes y los suelos que corresponden a la amazonía. Para describir el paisaje, Custode y Sourdat utilizaron los distintos elementos in-teractivos y establecieron 15 tipos de paisajes principales y caracterizaron 9 tipos de suelos predominantes (1986). Una breve síntesis de sus trabajos permite com-prender como el medio natural se conforma en categorías analíticas. Los paisajes se definen en función de la altitud y de los relieves topográfi-cos. 14 | Primeras Sociedades de la Alta Amazonía La vertiente oriental de los Andes se extiende entre los 6000 y los 1000 m de altura. El drenaje de las aguas a través de las agudas pendientes ha ido formando una serie de quebradas profundas que modifican regularmente la topografía en las alturas superiores. Entre los 3000 y los 600 m, los declives son menos marcados y los relieves incli-nados van formando valles a lo largo de los causes fluviales. A partir de los 600 m se dan las llama-das formaciones periandinas, donde hay una serie de lomas, gradas o planicies más o menos diseca-das en colinas o en terrazas poco inclinadas. En-tre los 600 y los 200 m de altura, la topografía es más constante, con inclinaciones moderadas que paulatinamente se van convirtiendo en la llanura amazónica baja. Las zonas bajas, con un drenaje menos inclinado, están sujetas a inundaciones es-tacionales; por lo que a menudo hay una alternan-cia entre áreas firmes y pantanos someros. En la baja amazonía las zonas inundables son más fre-cuentes y son conocidas como várzeas. Como se puede ver la topografía de la amazonía ecuatoriana es variada, desde la vertiente oriental de los Andes el terreno desciende abruptamente, formando valles moderados o profundos entre los cauces nacientes de los distintos ríos. En el norte del país los declives son progresivos, dejando per-files escalonados de cierta amplitud. En el sur, las Paisaje natural y cultural
  15. 15. Primeras Sociedades de la Alta Amazonía | 15 pendientes son más agudas y los valles estrechos están entrecortados por sub-cordilleras, formadas en el antiguo plegamiento de los Andes. Sourdat y Winkel afirman que los paisajes corres-ponden a los levantamientos de una estructura anticlinal, con la formación de corredores, depre-siones y estribaciones adyacentes. Los autores ex-plican que anticlinal subandino está constituido por sedimentos secundarios (marinos) y terciarios (continentales). La disimetría del plegamiento de las fallas y de la erosión se refleja la disposición de los afloramientos y en la repartición de los pai-sajes. Señalan que “El eje anticlinal está marcado por dos levantamientos alineados, con orientación submeridiana, separados por una ensillada. Al norte, entre los ríos San Miguel y Anzú está el “Le-vantamiento Napo”. Al Sur entre los ríos Pastaza y Chinchipe está el “Levantamiento Cutucú” (1997: 324). A partir de ese punto se forma luego la Cor-dillera del Cóndor que es el último bastión de la región Subandina. El clima y las temperaturas están también ligados a la altitud. En la alta amazonía las temperaturas pueden variar entre 8 y 22° C entre las cotas de 2800 y 800 m de altura. En la baja amazonía las temperaturas estabilizan entre los 25 y los 28°. Como ya se ha dicho, los vientos procedentes de la cuenca amazónica traen una fuerte húmeda que al chocar contra la barrera andina se condensa y trae precipitaciones que varían entre los 2000 y dos 5000 mm. En estas condiciones es natural que predomine el bosque tropical denso a lo largo de todos los pisos altitudinales. Suelos Los paisajes definidos por Custode y Sourdat (1986) para la Amazonía ecuatoriana comprenden tres sectores: la Amazonía Andina compuesta por las altas crestas de la cordillera, desde la línea de nieves perpetúas hasta la cota de los 2500 msnm. Se caracteriza por las formaciones volcánicas, los paramos y las altas vertientes disectadas del sur del país. La segunda denominada Amazonía Su-bandina desciende hasta los 500 msnm, con relie-ves estructurales donde abundan las quebradas, las mesas, las pendientes, los chevrones en fran-jas, las colinas y los relieves disectados. La tercera conocida como la Amazonía Períandina baja has-ta los 200 msnm con el piedemonte propiamente dicho, compuesto por mesetas, relieves derivados, llanuras, terrazas, colinas y la cuenca amazónica con el complejo fluvial caracterizado por terrazas y pantanos (1986:326-327). Cada paisaje se carac-teriza por tener varios tipos de perfiles de suelos a los que corresponde una cobertura edáfica. En las secciones más altas predominan los suelos minerales poco evolucionados, dominados por el volcanismo, la erosión de los glaciares y la disec-ción de rocas cuarzosas, el resultante es un poten-cial productivo muy pobre. El piedemonte sobre los 3000 msnm se caracteriza por los suelos de coloración beige, formados sobre cenizas volcáni-cas. Se trata de andosoles per-hidratados, a menu-do cubiertos por una espesa capa de cenizas. Se componen por minerales primarios alterados de rocas meteorizadas, sujetas a una fuerte erosión ligada a una topografía con pendientes marcadas. La fertilidad de los suelos es muy baja. En algunos sectores de las vertientes altas hay suelos amari-llos o rojos, formados sobre rocas metamórficas, graníticas, areniscas o coluviones de las rocas. Son suelos ferralíticos desaturados, algunos son ricos en horizontes orgánicos espesos de colora-ción negro/amarillo/rojo. La fertilidad de estos suelos es muy baja y su estabilidad es relativa por las fuertes pendientes de ciertas zonas. La sección Subandina tiene suelos muy similares a los anteriores, pero en zonas muy amplias la base geológica de rocas sedimentarias estratificadas, con areniscas y conglomerados de mioceno da una cobertura edafológica de suelos rojos arcillosos. El drenaje ayuda a la retención de arcillas donde se pueden fijar horizontes orgánicos superficiales. La fertilidad sigue siendo baja, pero en las zonas de co-linas redondeadas se pueden formar suelos más es-tables. En la parte septentrional los suelos son más ricos por el aporte de las cenizas volcánicas que los nutren.
  16. 16. En la zona baja, denominada periandina, corres-ponde al piedemonte formado por varias capas de-tríticas pleistocénicas, constituidas de areniscas, piedras y arenas de origen volcánico. Los compo-nentes principales son minerales arcillosos (mont-morillonita) y vidrios volcánicos. Los suelos son depósitos estratificados areno-limosos y arcillo-limosos de color pardo. La naturaleza de los drenajes puede influir en la re-tención estacional de grandes volúmenes de agua que producen pantanos o várzeas. En estos casos, lo suelos hidromórficos tienen una capa superficial orgánica fibrosa depositada sobre horizontes arci-llo- limosos muy ácidos. La fertilidad se incrementa con un buen manejo del drenaje. En una parte de la alta amazonía y el la mayoría de la cuenca baja los suelos se han formado sobre alu-viones compuestos por materiales diversos trans-portados por el agua. Estos suelos suelen ser ricos y de cultivo fácil con una topografía poco acentuada. Investigadores del Orstom (hoy IRD) que estudia-ron los suelos en la región amazónica dicen que los depósitos aluviales no siempre son constantes en el terreno por la gran cantidad de pendientes que caracterizan a la vertiente oriental de los Andes, y señalan además que esto es notable en los pequeños valles que se forma entre las cordilleras que marcan los distintos relieves de la alta amazonía (Huttel et al: 8). Por otro lado, los expertos indican que en determinados casos, los suelos aluviales pueden presentar características desfavorables, como una textura arenosa excesiva, o la existencia de piedras que dificultan la actividad agrícola. La presencia demasiado fuerte de arcillas también puede ser per-judicial ya que la textura casi impermeable de algu-nas dificulta el drenaje y produce inundaciones o 16 | Primeras Sociedades de la Alta Amazonía pantanos. Esto es comuna en las zonas bajas, donde la presencia excesiva de agua puede causar suelos hidroamorfos y el cultivo se hace imposible sin una tecnología adecuada para drenar los suelos. En general, los suelos de aluvión suelen ser fértiles por la presencia de los materiales volcánicos finos que transportan: fósforo, potasio y calcio son nu-trientes que enriquecen los depósitos en las zonas húmedas, donde los suelos son fácilmente lixivia-dos de sus los elementos minerales. Huttel et al, mencionan otro tipo de suelos que ca-racterizan las regiones más húmedas de la amazo-nía, son los suelos ferralíticos, arcillosos desatura-dos, que son relativamente ricos en nutrientes, pero que tienen un pH bajo que provoca una toxicidad alumínica para los cultivos. Los suelos ferralíticos rojos y amarillos se localizan en las colinas de la alta amazonía. Los suelos pardos ferralíticos son característicos de las mesas-volcánico sedimen-tarias disectadas del Amazonía, mientras que los suelos ferralíticos y seudo ferralíticos, cubren to-das las colinas sedimentarias de la parte oriental de esa región y presenta una toxicidad alumínica particularmente elevada. Finalmente los suelos fe-rralíticos rejuvenecidos son suelos erosionados, co-luvionados, ubicados en las pendientes abruptas de la región suroccidental de la Amazonía. El análisis de los agrónomos establece que los sue-los aluviales y aquellos derivados de cenizas volcáni-cas son los más favorables para la agricultura; pero los suelos, aluviales con problemas de hidromorfia y los ferralíticos, con sus deficiencias químicas, presentan graves limitaciones para la agricultura y hacen de la Amazonía un medio particularmente frágil (Huttel et al.1999: 13).
  17. 17. CAPITULO II Historia temprana de las sociedades amazónicas Primeras Sociedades de la Alta Amazonía | 17 La historia humana en la Amazonía es muy antigua y en lo que se refiere a la parte correspondiente a lo que es hoy la república del Ecuador tiene raíces que co-mienzan a comprenderse en su verdadera dimensión. Todo estudio histórico debe necesariamente comen-zar preguntando ¿dónde y cuándo comienza la presen-cia del hombre en un determinado territorio?, para el caso de la amazonía ecuatoriana esta pregunta parte del poblamiento mismo del continente americano y más concretamente de América del Sur. El poblamien-to inicial del Amazonía es tan antiguo como el que se realizó en el altiplano andino o en la costa del Pacífico, pero la densidad del bosque tropical, la inclinación de los suelos o los terrenos a menudo inundados hacen que sus evidencias materiales se encuentren ocultas en la naturaleza. No obstante, trabajos realizados en otras partes del Amazonía demuestran ocupaciones humanas desde hace aproximadamente 35,000 años. Varias teorías han sido esbozadas para explicar el poblamiento del continente americano, entre los cuales ha reinado el paradigma conocido como el “Consenso de Clovis”, que aboga por el poblamiento tardío de Sudamérica con una ocupación humana posterior a los 11,500 años antes del presente (AP). Esta teoría reposa sobre la suposición de la presen-cia inicial del hombre en América, mediante una migración desde Siberia hacia Beringia (un puente terrestre creado durante la glaciación, en el cual el nivel del mar baja y se forma un pasadizo de hielo y tierra entre el continente asiático y Norteamérica). A partir de la entrada del hombre, a través de lo que es hoy Alaska, el continente se fue poblando pau-latinamente de norte a sur. Para el 10 000 AP los grupos humanos llegaron hasta Tierra de Fuego, en la punta meridional de Sudamérica.
  18. 18. Empero, evidencias encontradas en los últimos años en varios sitios de la Amazonía demuestran que el hombre ocupó la parte oriental del continen-te desde hace por lo menos 20,000 años (Lahaye, C. et al 2013 ). Sitios como Pedra Pintada, Santa Elina, Boqueirao da Pedra Furada, Toca da Tira Peia, Toca da Pena, Baxao da Esperança, Sitio do Meio, Pedra Pintada, Lapa do Boquete, Santana do Riacho y Ali-ce Boër demuestran la presencia del hombre en la baja Amazonía desde el Pleistoceno tardío. Estos sitios comprueban la posibilidad de una ruta de entrada hacia la planicie amazónica a través de la cuenca del Orinoco y a lo largo del río Amazonas con sus distintos tributarios. Evidencia nueva demuestra que el ser humano (or-ganizado en bandas de cazadores recolectores) fue capaz de desarrollar estrategias adaptativas con-forme a la realidad del terreno que iba ocupando. De acuerdo a la visión tradicional el cazador recolector seguía manadas de animales a través del continen-te, aplicando un sistema extractivista del medio ambiente, fundado sobre todo en la caza de grandes 18 | Primeras Sociedades de la Alta Amazonía mamíferos, cosa que parecería ser poco probable en la cuenca amazónica. No obstante, el hombre pudo haber sacado provecho de los mamíferos menores que vivían dispersos en los distintos ecosistemas del bosque tropical. La pesca y la recolección de frutos diversos, incluyendo los moluscos y reptiles fluviales (caimanes, culebras y tortugas) fueron sin duda el complemento ideal a la caza de aves y de animales pequeños como el mono, el armadillo, o los roedores terrestres y fluviales acuáticos (capibara, guatusa, guanta). Mamíferos más grandes como el tapir o danta, distintos tipos de venados, saínos y pecarís son hasta la actualidad presas comunes del bosque alto, pero en determinados casos los cani-dos y algunos los felinos son también buscados en la foresta baja, donde hay menos mamíferos. Para el caso del oriente ecuatoriano, no se cuenta con información publicada sobre sitios de ocupa-ción humana antigua con fechas seguras. Las ocu-paciones tempranas de la selva aún no han sido cla-ramente identificadas, por lo que no se tienen sitios emblemáticos de los primeros cazadores recolecto-res que poblaron la selva alta o las tierras bajas de la cuenca amazónica occidental. La investigación arqueológica reciente ha demostrado sin embar-go, restos de las primeras culturas sedentarias que se asentaron en estos territorios, produciendo sus propios alimentos y transformando paulatinamen-te al bosque primigenio. La evidencia que tradicionalmente se ha mencio-nado para la primera ocupación humana en la alta amazonía se emparentaba con el utillaje de obsi-diana y basalto similar al encontrado en los sitios del periodo Paleoindio en la sierra. Los casos que el Padre Pedro Porras menciona para dos localidades de la selva alta (Papallacta y Jondachi) correspon-den industrias líticas similares a las del complejo El Inga (Porras 1987: 222-223). Para la baja amazonía hay nuevos datos que cam-bian un poco el panorama. En los últimos años, trabajos de arqueología de contrato realizados en el alto Napo habrían identificado materiales traba-jados por el hombre hacia el 9850+/-60b AP, en el Vías de penetración al continente sudamericano.
  19. 19. Primeras Sociedades de la Alta Amazonía | 19 sitio denominado Guagua Canoayacu (OIVB1-07). El antiguo paradero se encuentra en la cuenca del río Canoyacu, sobre una loma -con la cima plana- a 365msnm. Los trabajos arqueológicos fueron eje-cutados por Amelia Sánchez y el material lítico fue estudiado por Ángelo Constantine a fin de la década de los años 1990 (Sánchez 1998; Constan-tine 1998). La tesis de Licenciatura de Constanti-ne trató por primera vez la tecnología lítica de los pueblos prehistóricos de la amazonía –sitio Grefa- y como tal es un primer aporte al estudio tecnológico de los grupos selváticos (Constantine 2004). No hay duda de que a medida en que la investigación sistemática avance en la Amazonía se descubrirán nuevos datos que informen sobre la presencia hu-mana temprana en la selva alta. Resulta lógico pen-sar que el hombre andino buscó refugio en la ver-tiente oriental de los Andes, al frío creciente y a las condiciones precarias del medio sujeto a la última glaciación. Esta hipótesis es muy plausible si se considera que el hombre temprano estuvo sujeto a un modo de vida sustentado en la alta movilidad y a la búsqueda de todo tipo de recursos alimenticios. Desde el inicio los pueblos que habitaron el bosque tropical húmedo desarrollaron estrategias de sub-sistencia conforme a los recursos que tenían a su alcance. Las bandas iniciales, y las tribus que con el tiempo se fueron estableciendo en este territorio, fueron adoptando un patrón de asentamiento dis-perso, para evitar agotar los recursos naturales en una zona específica. Una vez que desarrollaron téc-nicas agrícolas, las limitaciones del suelo orgánico les obligaron a practicar una horticultura y even-tualmente una agricultura itinerante, para asegu-rar un sustento estable a través de los distintos territorios y zonas ecológicas del bosque tropical. La alta movilidad que caracterizó a los primeros grupos establecidos en la Amazonía fomentó la in-teracción cautelosa con otros grupos humanos ubi-cados en las distintas regiones geográficas, que co-lindan con la selva alta o con los grupos asentados en la cuenca baja amazónica (Salazar 1993:24-25). Como se ha visto la selva tropical húmeda es un eco-sistema complejo, con suelos considerados como pobres por la escasa profundidad del estrato orgá-nico. Sin embargo, éste se regenera constantemen-te por la degradación del follaje, las frutas maduras y de las ramas que caen continuamente desde las alturas. El hombre que se introdujo en este medio aprendió a colectar frutos silvestres y comprendió el proceso regenerativo de determinadas plantas mediante una horticultura sencilla. Esto es la re-producción vegetativa de especies por la introduc-ción de estacas en el suelo para sustituir las plantas útiles que se han agotado. La observación del con-sumo de determinadas raíces y rizomas por parte de varios mamíferos (roedores, zainos y hasta osos) enseñó el valor nutritivo de los frutos comestibles que aparecen en el substrato. El hombre aprendió a reintroducir el tubérculo y regenerar la planta ori-ginal. De igual forma, el hombre comprendió como determinadas frutas se regeneran a partir de las semillas que las aves y algunos animales dejan en sus heces luego de haberlas consumido. Por ello, ciertos árboles frutales y palmas, como la guaba, el chontaduro y posiblemente el cacao fueron busca-dos y criados en el entorno del hábitat humano. A pesar de que no hay estudios concretos sobre el proceso del desarrollo agrícola inicial en la amazo-nía ecuatoriana, se sabe que el hombre comenzó a producir sus propios alimentos en el bosque semi-domesticado desde hace unos 6000 años, en lo que algunos especialistas, siguiendo a Donald Lathrap, han denominado el inicio de las Culturas de Selva Tropical (Lathrap 1970: 45-67; Salazar 1993: 26). Según la tesis de Lathrap el conjunto de los pue-blos selváticos compartieron una serie de elemen-tos culturales, que reflejan el éxito adaptativo que tuvieron en los distintos medios del ecosistema amazónico. Si bien no todos los pueblos alcanzaron un nivel uniforme de desarrollo cultural, muchas de estas culturas alcanzaron un alto grado de efi-ciencia adaptativa al medio selvático para el 3000 antes de Cristo (a.C.).3 Esta eficiencia se basó en el desarrollo de un sistema agrícola sustentado en el cultivo de raíces y rizomas con una explotación de los recursos acuáticos variados y donde la cacería de aves y mamíferos fue de importancia secundaria (ídem: 47; Oliver 2008). Las bases tecnológicas de
  20. 20. las Culturas de Selva Tropical fueron el desarrollo de varias actividades que con el tiempo y la espe-cialización del trabajo se convertirán en los instru-mentos: el trabajo de la piedra y de la madera para elaborar herramientas eficientes para transformar el medio y sacar provecho de sus recursos; la ceste-ría, la producción de textiles, y la alfarería. De he-cho, los restos de cultura material que sobreviven al paso del tiempo, al rigor del clima y sus efectos, son los únicos vestigios con los que dispone el arqueólo-go para identificar e interpretar la historia antigua de los primeros pueblos. Con su estudio es posible caracterizar los antiguos modos de vida y de llegar a definir los rasgos de la identidad de los distintos grupos a través de los milenios. En el presente tra-bajo se discutirá sobre una serie de evidencias que corroboran en grandes líneas la hipótesis profética de Lathrap y que sin duda cambiaran la manera de ver y comprender a los antiguos pueblos de la selva alta y de la cuenca amazónica. Inicios de la práctica arqueológica en la región amazónica del Ecuador El estudio de las primeras sociedades que surgieron en la Amazonía ecuatoriana es relativamente joven, a pesar de que la práctica de la arqueología históri-ca tenga ya más de cien años. En realidad el estudio de la primera historia de los pueblos orientales ha tenido un retraso considerable en nuestro medio por varias razones, siendo quizás la principal un prejuicio epistemológico nacido del evolucionismo unilineal y de la escuela difusionista que caracte-rizó a la arqueología americana durante la mitad del siglo XX. En el pensamiento tradicional de es-tas escuelas teóricas la selva tropical húmeda era vista como la antítesis de la cultura. La naturaleza, aparentemente indomada por la mano del hombre, tendría una serie de limitaciones ambientales que impedirían el desarrollo social de las comunidades allí establecidas. Al determinismo ambiental, que supone que los suelos amazónicos son incapaces de sostener poblaciones numerosas, se añadía el presupuesto de que la civilización en América tuvo un solo foco de origen (situado en Mesoamérica) y que ésta se introdujo en el continente sudame-ricano 20 | Primeras Sociedades de la Alta Amazonía por la costa del Pacífico para avanzar pau-latinamente hacia las tierras altas de la cordillera y descender mucho más tarde hacia la Amazonía (Spinden 1917 a y b, Uhle, 1922, 1923, Jijón 1930; Borhegyi 1959, 1960; Meggers y Evans 1964, Meg-gers, Evans y Estrada1965). Con este pensamiento en boga, la arqueología de los pueblos bárbaros de la selva oriental no era una prioridad. Como no podía ser de otra manera es Monseñor Fe-derico González Suárez, el padre de la arqueología ecuatoriana, quien menciona por primera vez los monumentos arqueológicos de la región amazóni-ca. Lo hace cuando trata de los “muros de Gualaqui-za” ubicados en la cordillera oriental; sin embargo no entra en detalles y se contenta en decir que es-tas fortificaciones eran quizás la prueba de las con-tiendas habidas entre Cañaris y Jíbaros (González Suárez 1922: 58). El primer trabajo que se realiza al este de los Andes es un estudio rápido de unas co-lecciones procedentes de Macas. Geoffrey Bushnell un experimentado geólogo – arqueólogo inglés, que había trabajado en la costa peruana y ecuatoriana, sintió la necesidad de presentar estos materiales en una afamada revista europea y con ello presen-tar los primeros tiestos de la alta Amazonía ecuato-riana al mundo (Bushnell 1946). Unos 10 años más tarde, los esposos Evans y Meggers realizan la pri-mera exploración sistemática por el río Napo y des-cubren varios asentamientos ribereños. El estudio comparativo de los materiales asociados, y unas cuantas fechas obtenidas con el innovador método del análisis del carbono 144, permitió a los autores establecer la primera secuencia cultural para la amazonía ecuatoriana (Evans y Meggers 1968). A fines de la década de los 50, Lino Rampón, un mi-sionero salesiano de origen italiano, que trabajaba en las márgenes del río Chiguaza colecciona tiestos en varias localidades, luego bajo la dirección de Pe-dro Armillas los estudia y publica en el Ecuador el primer informe científico sobre materiales arqueo-lógicos del oriente. El primer arqueólogo ecuatoria-no que trató de los materiales amazónicos en un tra-tado formal fue Jacinto Jijón y Caamaño en su obra póstuma Antropología Prehispánica del Ecuador de 1952. Jijón mencionó tres tipos distintos de alfarería
  21. 21. Primeras Sociedades de la Alta Amazonía | 21 presente en la Hoya del Santiago (jíbara), en la re-gión de Quijos (Panzaleo III) y naturalmente en el Alto Napo. En sus láminas expuso varias urnas y va-sijas policromas procedentes del Napo, que vinculó con las culturas amazónicas de Marajó y Santarem (Jijón 1952{1997}: 344 y Figs. 497 a 504). Si se hace una revisión de las publicaciones relacio-nadas con la arqueología amazónica en el Ecuador, se pueden constatar algunos hechos significativos. Para comenzar, los estudios publicados no son abun-dantes y, en la mayoría de los casos, tratan única-mente sobre algunas regiones específicas, dejando de lado una gran parte del territorio selvático orien-tal. Al gran vacío de la cobertura geográfica hay que añadir el hecho de que son muy pocos los investiga-dores que han incursionado en esta temática y que son aún más pocos los estudios que han llegado a difundirse a través de artículos, monografías o pu-blicaciones de divulgación científica. Esta situación limita considerablemente el avance del conocimien-to arqueológico. En una publicación reciente se divi-dió la arqueología amazónica en el Ecuador en tres etapas: “A) los trabajos pioneros: Bushnell (1946), Jijón y Caamaño (1952{1997}), Rampon (1959), Evans y Meggers (1956/1968), Porras (1961); B) los trabajos sistemáticos (Porras 1971; 1975a y b; 1978; 1981; 1985; 1987; 1989); (Athens 1984; 1986; 1997); (Piperno 1990); (Moncayo 1994); (Ledergerber-Cres-po 1995; 2007 a y b ;2008 ); (Rostoker 1996; 1998; 2005); (Newson 1996); (Salazar 1993; 1998 a y b; 1999; 2000; 2008); (Rostain 1997a y b; 1999 a, b y c; 2005; 2006; 2008; 2010; 2011; 2012); (Carrillo 2003); (Guffroy y Valdez 2001ms); (Valdez et al 2005); (Val-dez 2007 a, b y c; 2008; 2009; 2010;2011); (Guffroy 2006); (Saulieu y Rampon 2006); (Saulieu 2006 a y b; 2007); (Saulieu y Duche 2007); (Pazmiño 2008); (Cuéllar 2006; 2009); (Duche y Saulieu 2009); (Lara 2009 ms; 2010 a, b y c; 2011) y C) los trabajos cali-ficados de “contrato de saneamiento ambiental” efec-tuados desde fines de la década de los años 1990” (Valdez 2013). Como se puede ver en la bibliografía, la producción no es muy amplia y a veces se hace repetitiva, sin embargo se constata un aumento significativo de trabajos desde los finales de los años 1990, con un esfuerzo particular a partir de la década del 2000. A estos títulos habría que añadir una larga lista de informes de la llamada “arqueología de contrato” que no se publican por ser considerados, en su gran mayoría, como información confidencial de propie-dad de los contratantes. Este absurdo de carácter “legal” contradice sustancialmente la naturaleza del trabajo arqueológico científico que tiene por objeto indagar e informar a la comunidad sobre la primera historia de los pueblos, contribuyendo así al conocimiento universal de la sociedad humana en su conjunto. Resulta contradictorio que las au-toridades nacionales encargadas de velar por la investigación, preservación, difusión y puesta en valor y función social de los patrimonios permi-tan que esto se de en el Ecuador del siglo XXI. El escritor y semiólogo italiano Umberto Eco decía no hace mucho “solo lo que se ha publicado existe”, la información que no circula no sirve de nada y en este caso, la destrucción de los contextos cultura-les, que implica la exploración arqueológica, no es mejor que la HUAQUERÍA que descontextualiza las evidencias por el mero afán de lucro económico. La arqueología amazónica en el Ecuador ha tenido una figura dominante desde la segunda mitad del siglo XX. El sacerdote de la orden de los Josefinos, Pedro Porras fue sin duda quien realizó la mayor contribución al conocimiento inicial de la primera historia de los pueblos selváticos. Desde 1961 publi-có el resultado de sus primeras exploraciones en el alto Napo, en esto siguió los pasos de sus principa-les mentores, los esposos Meggers y Evans del Smi-thsonian Institution. Al inicio, Porras comulgó también con las ideas di-fusionistas de los norteamericanos y sostenía que la migración hacia las tierras bajas fue un fenóme-no discontinuo, caracterizado por un movimien-to centrífugo, en que las diferencias mínimas del medio, tanto en clima como en fertilidad del suelo, impusieron la aplicación de las mismas técnicas de subsistencia a lo largo y ancho del valle amazónico. El rápido empobrecimiento del suelo exigió a los habitantes estar cambiando continuamente de lu-gar de residencia y “no favoreció en forma alguna el
  22. 22. sedentarismo y produjo, en cambio, una mezcolan-za de lenguas y de otros elementos culturales que viajaron con enorme rapidez por todas direcciones” (1987: 217-219). Sin embargo, a medida en que sus trabajos le fueron mostrando evidencias de ocupaciones tempranas y complejas, Porras comenzó a cambiar su óptica di-fusionista y se fue apartando de la visión tradicio-nal, según la cual las migraciones vinieron, a partir del tercer milenio, desde el litoral, hacia la sierra primero y luego al oriente. Al final Porras afirmó que este fenómeno probablemente no se dio así y que en realidad muchas de las culturas amazónicas influenciaron desde épocas tempranas a la Sierra norte (durante la fase Cosanga), al altiplano del aus-tro e inclusive a la costa (en Machalilla) con la tradi-ción Upano (ídem: 219). Los trabajos del Padre Porras fueron el reflejo de su época, sus primeros esfuerzos abrieron el cami-no para que los futuros investigadores se dieran cuenta del inmenso acervo cultural de los pueblos orientales. Con él comenzó a romperse el mito de que lo amazónico era sinónimo de barbarie. Porras se mantuvo activo en el estudio de la arqueología amazónica hasta su muerte en 1990 y su legado quedó marcado en la historia de la disciplina; sus discípulos José Echeverria y Patricio Moncayo con-tinuaron con sus investigaciones en varios sitios previamente trabajados con su maestro. Enfoques, periodos y fases: las evidencias tempranas de la cultura material El propósito de este estudio es presentar las evi-dencias que permiten caracterizar a las primeras sociedades que ocuparon la selva amazónica en el territorio nacional. Por ello, no se pretende hacer un tratado completo de la arqueología amazónica en el Ecuador. La temática que se trata es en realidad lo suficientemente amplia como para poder trazar un primer capítulo de esa obra mayor que está todavía por escribirse. Este texto tampoco pretende ser un manual técnico de arqueología, por ello no se enun-ciaran 22 | Primeras Sociedades de la Alta Amazonía los atributos formales de ciertas evidencias menores de la cultura material (como la cerámica) que han sido tradicionalmente empleadas para sus-tentar el carácter temprano de una cultura. Se su-brayará en cambio los aspectos que informan sobre los antiguos modos de vida que caracterizaron a las primeras sociedades de la selva oriental. El título se justifica en la medida en que la infor-mación obtenida de primera mano en una parte del país, hasta aquí ignorada en los estudios anterio-res, brinda la oportunidad de presentar los datos constatados en la alta Amazonía, que dan una am-plia información sobre los modos de vida que carac-terizaron las primeras sociedades sedentarias de la vertiente oriental de los Andes. Las evidencias expuestas permiten hacer inferencias que pueden llegar a tornarse en generalizaciones para la mayor parte del territorio amazónico de esta región. Con esto se pretende demostrar la diferencia sustancial que hay entre los estudios arqueológicos académi-cos y los trabajos puntuales que emplean las técni-cas arqueológicas para explorar momentáneamente el subsuelo e indagar si es que existen vestigios del pasado que pueden o no correr un riesgo con moti-vo del movimiento estructural de tierras producido por la realización de algún tipo de obras públicas o privadas. Se pretende con esto demostrar cuál es el potencial de la arqueología científica y cuál es la responsabilidad de un arqueólogo que pretende ser profesional en el campo del estudio de las antiguas sociedades. Es evidente que la naturaleza de los dos trabajos es distinta, pero el irrumpir en los con-textos culturales del pasado implica una gran res-ponsabilidad hacia la comunidad que directa o in-directamente financia la arqueología contractual. No hay que olvidar que la evidencia arqueológica es una parte importante del patrimonio cultural de la Nación y por ello la información que de su estudio se desprende pertenece irrevocablemente al pueblo ecuatoriano en primer término y a la humanidad en general. Para enmarcar adecuadamente el nuevo panorama, hay que forzosamente echar una mirada a los traba-jos anteriores que trataron de este tema. Por eso se
  23. 23. Primeras Sociedades de la Alta Amazonía | 23 hará un breve recuento de la información con la que se contaba hasta hace poco sobre las primeras ocupacio-nes humanas en la Amazonía ecuatoriana. Partiendo de la secuencia cultural establecida por Evans y Me-ggers para el Napo (1968: 7-87) las primeras eviden-cias de ocupación encontradas en la baja amazonía se iniciaban hacia el 2000+- 90 antes del presente (AP) con la llamada fase Yasuní, identificada en dos sitios a orillas del río Napo. A estas evidencias tempranas le siguen tres fases más tardías: la fase Tivacundo (510 d.C.), con materiales encontrados en dos sitios ubica-dos en la margen izquierda del río Tiputini; la fase Napo (1188-1480 d.C.) con ocho sitios y la fase Coto-cocha (1450-1500 d.C.) establecida en base a los restos arqueológicos excavados en cuatro sitios (Echeverría 2012:142-143). Este esquema inicial encajaba bien dentro de la pe-riodificación propuesta por los esposos Meggers y Evans (siguiendo a su colega James Ford) y secun-dada por Emilio Estrada para el desarrollo cultural precolombino del Ecuador. El esquema dividía la primera historia en cuatro periodos mayores (de allí el termino periodificación) : El Precerámico, una etapa donde los grupos humanos estaban orga-nizados en bandas de cazadores recolectores, que no conocían la alfarería y que no tenían aún un modo de vida sedentario. El Formativo, la etapa en que co-mienza a formarse la sociedad propiamente dicha, con adelantos tecnológicos que facilitan la vida (la alfarería, los textiles, etc.) y que permiten asegurar la subsistencia casi todo el año (agricultura). Esto facilita a que los pueblos se asienten en un deter-minado territorio de manera permanente (o casi); por ello se habla entonces del surgimiento de las sociedades aldeanas agro-alfareras. El periodo de Desarrollo Regional supone que el éxito adaptativo alcanzado por los grupos produce un crecimiento demográfico que obliga a que una parte de la socie-dad se expanda hacia los territorios vecinos e im-plante su modo de vida a nivel regional. Esto impli-ca un reordenamiento sociopolítico donde surgen jefes locales (señores o caciques) que controlan sus regiones y donde se imprime una cierta identidad sociocultural en las distintas regiones. El último periodo es llamado de Integración por que supone que las fuerzas políticas regionales se han ido agru-pando, integrando en unidades mayores que poco a poco permitirán el surgimiento de una organiza-ción sólida que puede llamarse formalmente un es-tado. Como se puede ver cada periodo reflejaba una serie de modos de vida reconocidos a través de una cierta expansión geográfica, con las innovaciones tecnológicas que llevaban a un progreso sustancial y que de alguna manera influenciaban en estructu-rar la organización política de los distintos pueblos a través del tiempo. Dentro de cada periodo se da-ban las fases particulares de este desarrollo; éstas podían ser identificadas por una serie de rasgos específicos comunes que se encajaban bien dentro del concepto de cada periodo. Aunque en principio se necesitaba de varios de es-tos rasgos culturales para definir la fase, en la prác-tica se utilizaron criterios geográficos (ubicación física); cronológicos (cuando habían fechas confia-bles); o alguna innovación técnica o estilística en la cultura material (cerámica, lítica, metalurgia, etc.) para definir los cambios de fase. La periodificación cultural se fue llenando de fases construidas con los criterios que se tenían a la mano, o que se po-dían identificar fácilmente en el registro arqueoló-gico (las evidencias materiales del comportamien-to pasado). El libro Ecuador, Ancient Peoples and Places de Betty Meggers (1966) se convirtió en la Biblia de la arqueología nacional, donde toda nueva contribución debía encajar en el esquema teórico metodológico de este gran compendio de las fases culturales (fases arqueológicas) precolombinas. Es verdad que en este primer vademécum arqueológi-co moderno, la amazonía contaba con muy pocas páginas. Las fases y sitios tempranos Pedro Porras fue quien se encargó de ir completan-do el cuadro con múltiples entradas para las tres regiones del país, pero fue sobre todo en el orien-te donde su obra fue la más prolífica. Entre 1970 y 1987 este autor identificó unas diez fases cultura-les para la amazonía. De estas dos pertenecen al pe-riodo Precerámico (Jondachi y Papallacta); cuatro
  24. 24. al Formativo (Pastaza, Los Tayos, pre-Upano, una par-te de Upano, Chiguaza y Cotundo); otros cuarto se ex-tienden entre el Desarrollo Regional y el periodo de Integración (Cosanga-Pillaro I a IV, Suno, Upano II y III y Ahuano). Muchas de estas fases hoy son muy discutidas y algunas ignoradas, pues naturalmente, a medida en que la ciencia avanza hay mayor infor-mación contextual y los métodos se depuran para ir aclarando y completando el panorama inicial. Una de las fases emblemáticas que Porras estableció fue se relaciona con los materiales encontrados a orillas del río Huasaga, en la baja amazonía y que él denominó con el nombre genérico de Pastaza. Las exploraciones de campo que el Padre realizó en va-rias localidades complementaron y documentaron los materiales que habían sido colectados durante muchos años por los misioneros y militares que es-taban acantonados en esa zona. Las recolecciones de superficie y los cortes estratigráficos realizados le dieron un panorama secuencial amplio de las dis-tintas ocupaciones y le permitieron obtener carbón vegetal de los contextos excavados, que luego fue analizado por el método de carbono 14. Algunos de los fechamientos obtenidos mostraron que había una ocupación temprana (Porras la situaba entre el 2500 y el 1000 a.C.) relacionada con un material cerámico de caracteristicaza técnicas y estilísti-cas bien ejecutadas. Sobresalían las técnicas deco-rativas del inciso, exciso y punteado con motivos complejos que si bien se conocían para el Formati-vo ecuatoriano, no eran particularmente abundan-tes en la región amazónica. Materiales cerámicos muy similares fueron igualmente encontrados en el lado peruano del río Huasaga por un equipo en-cabezado por Warren DeBoer, estos fueron clasifi-cados como pertenecientes a la fase Kamihun con fechados entre 2300 y 1900 a.C. (DeBoer et al 1977). A pesar de las similitudes estilísticas y cronológi-cas de estos materiales la llamada fase Pastaza ha sido muy cuestionada en la actualidad, puesto que trabajos realizados por el arqueólogo John Stephen Athens en el sitio Pumpuentsa, a orillas del río Ma-cuma, documentaron la presencia estratigráfica de materiales similares (con decoración en línea fina incisa y puntuado) en capas fechadas hacia el siglo 24 | Primeras Sociedades de la Alta Amazonía VII AD. Para una discusión bien fundamentada de esta controversia conviene consultar el capítulo de Geoffroy de Saulieu en la obra Pastaza Precolom-bino (Duche y de Saulieu 2009: 52-57). En la actua-lidad se conoce que la distribución de la cerámica fina que caracteriza a la llamada fase Pastaza tie-ne una amplia distribución a lo largo de la alta y la baja amazonía de Colombia, Ecuador y Perú y que tiene una duración en el tiempo que podría darle los atributos de un horizonte estilístico más que de una fase particular (Salazar 2008: 264). Otra fase temprana establecida por Porras, que tam-bién se ha vuelto emblemática en la arqueología amazónica del Ecuador es conocida como Los Tayos, por haberse encontrado en la famosa cueva del mis-mo nombre. Ésta se encuentra en la provincia de Mo-rona Santiago, en la margen derecha del río Coangos, a unos 800 msnm. Su acceso es difícil por lo que de-bió haber requerido de una infraestructura externa muy particular para permitir su ingreso. Porras y un equipo de estudiantes acompañaron a la expedición británica que exploró la cueva a me-diados de 1977. En una cámara lateral de la cavidad se encontraron los vestigios de una tumba, donde según Porras, el cadáver se encontraba en posición sedente sobre unas lajas. En su entorno había una serie de ofrendas funerarias, que incluía objetos en cerámica y en concha marina, proveniente del Pacífico. La fase Tayos se construyó basándose úni-camente en los materiales encontrados en la sepul-tura, pues en los alrededores de la cueva nunca se encontró ningún otro material similar o relaciona-do con la posible fase. Los fechamientos se hicieron mediante el carbono 14 extraído de algunas con-chas y con el análisis de termoluminiscencia prac-ticado en ciertos restos cerámicos. Porras afirmaba que las fechas obtenidas coinciden en torno al año 1500 a.C. Los materiales cerámicos presentaban una homogeneidad tanto en su técnica de manu-factura, como en el estilo de sus decoraciones. Para el investigador había una inconfundible similitud entre los materiales encontrados en la cueva y la cerámica de las fases Machalilla de la costa y con Cerro Narrio del austro ecuatoriano (Porras 1981).
  25. 25. Primeras Sociedades de la Alta Amazonía | 25 Lo que más llamó la atención fueron los abundan-tes adornos corporales trabajados en varios tipos de concha marina: Spondylus, Conus, Pinctada ssp. así como cuatro ejemplares enteros de la bivalva Spondylus. La presencia de estos artefactos impli-ca necesariamente alguna forma de interacción con los pueblos costeros, así como el hecho de compar-tir un interés especial por el simbolismo vinculado a la concha sagrada, conocida como el alimento de los dioses. Karen Olsen Bruns afirma, en un articu-lo temático que los materiales encontrados en la cueva no pertenecen a un entierro específico sino que corresponden a ofrendas realizadas sobre un periodo de tiempo indeterminado y que “el minado en la cueva del guano de los pájaros” seguramente mezcló los depósitos originales y que por ende los contextos no son confiables (Bruns 2003: 158). Sea cual haya sido la posible alteración de los depósi-tos la cerámica encontrada en la cueva si guarda la unidad estilística que se esperaría de los materia-les del Formativo Medio a Tardío del austro andino que probablemente estuvo en la vía de paso entre el oriente y la costa Pacífica, por lo que las fechas obtenidas por Porras serian coherentes con los materiales. En este sentido concuerda Arthur Ros-toker, en su evaluación de la cronología del Periodo Formativo del oriente (2003: 539); pero subsiste el problema de la ausencia total de otros materiales culturales similares en las regiones vecinas del Coangos, del Santiago o del Cenepa. Seria de espe-rarse que futuros trabajos de investigación en esta área aclaren algún día este dilema. Rostoker presenta casos similares de dataciones an-tiguas (que caen dentro del rango del periodo Forma-tivo) pero que carecen de evidencia factual que per-mita identificar inequívocamente otras ocupaciones tempranas en la baja amazonía. El caso de la fase Pre Upano del Complejo Sangay de Porras (o Huapula en la terminología más moderna) tiene dos fechas tem-pranas (N 4491 4700 +-70 BP y N 4201 4470 +-35 BP) pero están aparentemente aisladas de contextos culturales seguros y no se les ha podido asignar ma-teriales correspondientes (Rostoker 2003/ 541-542 tabla C1). Los trabajos posteriores de Salazar (2003) y Rostain (2005, 2010) aclararon parcialmente este inconveniente, pues ellos elaboraron una secuencia en cuatro etapas que se inicia hacia el 700 a.C. con la fase Sangay que aparece de cuando en cuando en la base inferior de los montículos del alto Upano. Una situación algo similar, pero quizás menos segu-ra sucede en los sitios ubicados en Morona Santia-go: El Remanso (Beta 17972 4030 +-40 AP), La Sel-va (Beta 52538 3670 +-450AP) y Misión Santiago (Beta 228555 2100 +-40 AP) que presentan fechas de C14, pero el material cerámico asociado no tiene los rasgos propios de la alfarería temprana, sino de las etapas más tardías (Lederberger 2006: 138-142, fig. 18 Tabla 2). Rostoker cita otros sitios, estudiados en la “zona petrolera” de la baja amazonía, dentro de la moda-lidad de arqueología de contrato, con fechados tem-pranos obtenidos por un laboratorio que tuvo una vida muy corta en el país y que estuvo asociado a la Comisión Ecuatoriana de Energía Atómica. Es-tos incluyen los sitios de Bicundo Chico: CEEA 161 3140+-70 AP (Bolaños et al s.f.); Curiurcu: CEEA 12 2620+-100 AP (Delgado s.f.); El Avispal CEEA 02 3360+-220 AP (Delgado s.f.); El Guayabo CEEA 162 2520+-70 AP (Bolaños et al s.f.) y Pata 1 con un fe-chamiento realizado en el Smithsonian Institution de 2830+-140 AP (Echeverría s.f.). Rostoker opina que los datos obtenidos en estos sitios requieren de mayor confirmación tanto en los contextos como en los fechamientos mismos; pero dice que si estos datos resultan ser confiables, estos sitios pudieran ser la mejor evidencia de ocupaciones tempranas en la baja amazonía (Rostoker 2003: 541 tabla C1). Otros sitios o fases que carecen de fechas, pero que fueron catalogadas como formativas, en base a cri-terios estilísticos fueron Chiguaza y Cotundo (Po-rras 1980: 123–133). Pedro Porras estimaba que esta última fue la única fase del Formativo encontrada en la sección norte-ña de la cuenca amazónica ecuatoriana y por ello era una evidencia de las migraciones que fluyeron por el corredor de la ceja de montaña de la cordillera oriental. Se ubica en la parte alta del río Misaguallí,
  26. 26. afluente del Napo, a 600 msnm. A esta fase se asocian muchas rocas con petroglifos. Porras estimaba que la fase Cotundo era el antecedente de la fase Cosanga- Pillaro, pues encontraba en ella una gran cantidad de elementos comunes, tanto en la cerámica como en la lítica. Le asignó una duración entre 1000 a 300 a.C. (Porras 1987: 237-240). Una última categoría de evidencias son las que co-mienzan a ser reconocidas en el campo, pero que no logran ser identificadas claramente ni por su estilo, ni por su ubicación temporal. Un caso notable son los materiales que están apareciendo en distintas locali-dades 26 | Primeras Sociedades de la Alta Amazonía de la alta y baja amazonía del país y que por fal-ta de estudios sistemáticos se encuentran en el limbo del conocimiento científico. Esto es que se los conoce vagamente, pero no se logra ubicarlos dentro de una secuencia conocida. Se trata de materiales culturales de diversa índole que guardan similitudes tecnológi-cas y estilísticas notables con los materiales que el ar-queólogo Daniel Morales encontró en la selva baja pe-ruana y que describió como la fase Chambira (Morales 1992) que él atribuyó a una antigüedad relativa por lo menos similar a la de Chorrera, en la costa ecuatoria-na. La presencia de botellas con asa silbato, con doble asa y puente son elementos tempranos diagnósticos Picos y asas de botella de la zona de Watza-Kentza, río Huasaga.
  27. 27. Primeras Sociedades de la Alta Amazonía | 27 de la parte final del periodo Formativo. Los materiales han aparecido en una franja muy amplia que va desde la selva alta de Morona Santiago/Zamora Chinchipe (colecciones particulares visitadas) hasta la selva baja de Limoncocha, Sucumbios (Solórzano s.f.). En los últimos años se han reportado varias localidades entre el río Pastaza y los tributarios del Huasaga, donde abunda el material con una posible ubicación estratigráfica y asociación con la fase Pastaza. En un reconocimiento reciente en los alrededores de Taisha se encontró este material (María Fernanda Ugalde comunicación personal, febrero 2013). Cosa similar se dio en un reconocimiento en las cercanías de la mi-sión Salesiana de Watsa-Kentza (Malo 2013: 124-134). En estos sitios abunda un material de textura fina, con decorados en incisión, figurillas antropomorfas y botellas de doble pico y asa puente, inclusive hay unos ejemplos curiosos de asa de estribo. Morales señaló en su artículo que estos materiales tienen “una estrecha vinculación con el Área Septentrional Andina, donde los estilos achurado y barrancaoide tienen fechados bien tempranos en los sitios Puerto Hormiga, Valdi-via, Barrancas y últimamente en el Upano” (Morales 1992: 155), pero a falta de dataciones seguras dejó la puerta abierta a una antigüedad variante, confor-me se sigan o no las distintas tradiciones tempra-nas de la Amazonía. La amplia dispersión de este estilo aparentemente temprano, a lo largo de varios afluentes del Marañón hace que se lo deba tomar en cuenta para, por lo menos discutir su importancia cronológica dentro del ámbito de las interacciones a corta, media y larga distancia entre la baja y la alta amazonía a través del tiempo. La realidad del dato arqueológico Como se ha visto, la definición de las primeras socie-dades amazónicas se ha hecho generalmente en fun-ción de los restos materiales (cerámicos) encontrados en alguna localidad de la selva; de donde se ha podi-do obtener información sobre la edad probable de los vestigios. Los fechamientos radiocarbónicos sirven para establecer la cronología absoluta de los depósi-tos, mientras que la tipología tecnológica-estilística sirve para orientar al investigador, dando una idea de la posible antigüedad de las evidencias (cronología relativa). En la mayoría de los casos, las fases han sido constituidas por la ubicación geográfica, los atribu-tos morfológico-estilísticos de los materiales y por los indicios de la cronología absoluta o relativa que se ha podido reunir. En algunos casos, la información obte-nida permite también establecer la extensión proba-ble de los asentamientos relacionados con la fase. En otros casos, más reducidos, se ha podido obtener infor-mación sobre los alimentos que se consumían, sobre los materiales que utilizaban (trabajaban o intercam-biaban), sobre las viviendas que construyeron, sobre las costumbres funerarias que tenían y eventualmen-te sobre los valores naturales y sobrenaturales que pu-dieron haber manejado. En esta minoría de casos las fases pueden llegar a tener la profundidad sociocul-tural que sirve para comprender y estudiar la primera historia de los pueblos del pasado. Es evidente que el registro arqueológico (los vestigios que se encuentran en el campo) siempre es limitado y siempre debe ser considerado como una pequeña muestra de lo que la antigua sociedad produjo. El dato arqueológico siempre sufre un constante deterioro, que limita el potencial de información que puede ofre-cer. En la Amazonía, la constante humedad del clima, la extrema acidez de los suelos y el carácter omnipre-sente de la vegetación tupida impide la visibilidad y sobre todo la buena conservación de los materiales orgánicos y de ciertos minerales. Es por ello que la identificación de los sitios y de los contextos siempre es muy azarosa. En los últimos años esto ha cambiado para bien, gracias al avance de las ciencias físicas que permiten analizar muchos materiales que antes eran ignorados o simplemente desechados como inútiles o poco informativos. El progreso logrado en los méto-dos de registro físico y gráfico de los sitios y de los materiales ha permitido igualmente tener un pano-rama más amplio de la ubicación geográfica y de las asociaciones posibles de los distintos sitios o materia-les. Por otro lado, la constatación de determinadas re-gularidades en el registro permite proponer modelos teóricos (a veces matemáticos) que ayudan a formular hipótesis de trabajo bien fundadas, que a medida en que se confirman o se desechan hacen avanzar el co-nocimiento factual de las antiguas sociedades. El me-jor manejo de los diferentes tipos de evidencias y de
  28. 28. modelos interpretativos permite comprender y sacar un provecho más completo del dato arqueológico. No obstante, nada remplaza el reconocimiento físico del terreno y la reflexión académica de las problemáticas que la arqueología siempre buscará: la mejor com-prensión del accionar social del hombre. En el presente análisis no se sigue el esquema de pe-riodificación propuesto por Meggers en 1966, pues la evidencia contextual de la región amazónica, con la que se cuenta hasta la fecha, no permite identifi-car los periodos definidos por la celebre autora. Este esquema evolutivo del desarrollo sociocultural de las sociedades precolombinas no encaja cómodamente en la región amazónica. Con la evidencia que hoy se maneja, se puede ver que los procesos sociales no son similares a los que pudieron haberse dado en la costa o en el altiplano andino; y esto sobre todo en lo que se refiere al desarrollo de un mismo tipo de cultura a ni-vel regional o a la homogeneización que implica una integración sociopolítica en un determinado momen-to. Aunque aquí no se trate en detalle de los supuestos Desarrollos Regionales o de la Integración geográfico política de las antiguas culturas, si se puede afirmar sin temor de equivocación alguna, que los fenómenos sociales que se dieron antiguamente en el medio sel-vático no siguieron la misma senda que las formacio-nes sociales del litoral. En vez de hablar de Precerámico o de Formativo se tra-tará en cambio de la época en que los grupos humanos dejan el modo de vida nómada, donde las actividades extractivistas (caza y la recolección) eran las princi-pales actividades de subsistencia y adoptan paulati-namente un modo de vida semi-nómada o sedentario itinerante. Producen además una buena parte de sus alimentos y han desarrollado ya una destreza parti-cular en las actividades que hoy se podrían calificar como artesanales: la alfarería, el tejido de las fibras vegetales, la cestería, el tallado de la piedra, la madera o el hueso, etc. Las investigaciones arqueológicas realizadas en la alta amazonía del sur oriente del país han permitido recabar un sinnúmero de datos que informan amplia-mente sobre los modos de vida, los avances tecnológi-cos, 28 | Primeras Sociedades de la Alta Amazonía la organización social, la planificación del uso del espacio, las costumbres funerarias y la cosmología en general de los pueblos asentados al este de los An-des. Aunque no se puede generalizar el modo de vida evidenciado en esta parte de la selva alta para toda la región amazónica, se piensa que muchos de los ras-gos que aquí se discuten eran ya parte de la vida de los grupos humanos que poblaron el bosque tropical en estas primeras épocas. Naturalmente, sólo la inves-tigación en otras partes del territorio amazónico po-drá confirmar, corregir o complementar los datos que aquí se presentan. El mosaico de la arqueología ama-zónica recién comienza a formarse, los datos que aquí se exponen pueden servir de guía referencial para el tipo de evidencias que se deberían buscar en otras lo-calidades. Por ello se las presenta con cierto detalle, re-calcando en que son las bases empíricas que deberían sustentar un modelo teórico para comprender los mo-dos de vida de las primeras sociedades selváticas. Con un acervo significativo de datos se podrá inter-pretar la evolución sociocultural en los distintos medios y paisajes amazónicos. Es muy probable que lo que se observa en la alta amazonía no se aplica ca-balmente a la baja amazonía, donde la dualidad entre tierra firme y zonas inundadas (várzeas) exige otras estrategias adaptativas. Sin embargo muchas de las costumbres, técnicas, y creencias debieron haber sido ya generalizadas entre los pueblos selváticos, pues como se verá más adelante la INTERACCIÓN entre los pueblos era una práctica común. La comunicación, el intercambio de bienes e ideas, el conflicto entre grupos han dinamizado a los pueblos amazónicos. El contacto inducido por las relaciones de parentesco o por la necesidad de reunirse para ejecutar determina-das actividades colectivas unen constantemente a los pueblos en la actualidad y es muy probable que esta necesidad humana se fue formando paulatinamente a medida en que los distintos grupos sociales se esta-blecieron a lo largo y ancho de las selvas orientales. El aislamiento voluntario no era precisamente la me-jor estrategia para adaptarse a un medio difícil; en la práctica había más peligros en la soledad que en la so-ciabilidad. La sedentaridad itinerante forzosamente puso en contacto a distintos grupos dispersos sobre una región amplia.
  29. 29. CAPITULO III Cultura Mayo Chinchipe - Marañón Primeras Sociedades de la Alta Amazonía | 29 Los últimos diez años han visto un gran progreso en el avance de la investigación arqueológica en la provincia de Zamora Chinchipe, que prácticamen-te no había sido explorada hasta ese entonces. Un primer trabajo de reconocimiento fue efectuado, a pedido de la Corporación Ecuatoriana de Turismo, por el arqueólogo Jaime Idrovo Urigüen a fines de la década de 1990. En ese entonces se expuso el potencial de los recursos patrimoniales del sur oriente y se enfatizó en la abundante presencia de vestigios precolombinos de la etapa anterior a la conquista europea. Se mencionaron los restos ar-quitectónicos vinculados al camino de penetración que emplearon los Incas en su intento de dominar la zona, a finales del siglo XV e inicios del siglo XVI y se describieron los materiales cerámicos de los pueblos proto-jíbaros, llamados Bracamoros por los cronistas (Idrovo s.f.-1998). La primera investigación sistemática de la provin-cia se realizó en del marco del programa “Relación entre el desarrollo sociocultural y los ecosistemas tropicales en el Ecuador Precolombino” ejecutado dentro del convenio de cooperación científica y asistencia técnica entre el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC) y Institut de Recherche pour le Développement (IRD de Francia). La investi-gación se propuso efectuar el registro de los recur-sos patrimoniales precolombinos de la provincia y de efectuar un estudio de las distintas estrategias de adaptación al medio tropical antes de la llegada de los españoles (Guffroy y Valdez s.f.). Los trabajos se iniciaron a finales del 2001 con un recorrido de la cuenca del río Zamora y algunos de sus afluentes, en la parte norte de la provincia. El reconocimiento fue abarcando paulatinamente el resto del territo-rio de la cuenca alta del Chinchipe durante los años subsiguientes. Estos trabajos dieron como fruto el
  30. 30. registro de más de 300 conjuntos arqueológicos socialmente significativos en esta parte de la alta amazonía. Los conjuntos se reflejaban en el terre-no de distinta manera, algunos eran muy claros y se presentaban como los cambios inducidos por el hombre en el bosque húmedo tropical. Se presentan así paisajes transformados, con cambios selectivos en la vegetación, o con alteración de la topografía natural, o inclusive con evidencias de antiguas construcciones arquitectónicas. En otros casos más comunes, el medio reflejaba zonas amplias, donde la deforestación antigua había regenerado espe-cies secundarias que contrastaban marcadamen-te con el paisaje natural. Estos paisajes culturales pertenecen principalmente a las etapas tardías de la ocupación humana, pero otros cambios en el me-dio reflejan transformaciones más antiguas, igual-mente inducidas por el hombre (i.e. bosques de palmas sobre capas gruesas de sedimentos negros o cenizas alteradas). Otras evidencias más discretas se presentaban como residuos menores de la cultura material: fragmentos cerámicos, restos de instrumentos lí-ticos, huellas de fuego en las bases de las peñas o la utilización de las cavidades subterráneas con in-dicios de la antigua actividad humana. El conjunto de estas evidencias permiten comprender como las sociedades se habían sucedido a través del tiempo y como sus actividades habían transformado el pai-saje selvático. Las evidencias materiales encontradas demostra-ron la presencia de por lo menos dos tradiciones importantes en el registro arqueológico de la pro-vincia. La primera estaba mal definida cronológi-camente, pero se diferenciaba de manera notoria de la más conocida que la sustituía en las épocas más tardías. La segunda resultaba más conocida, pues forma parte de una tradición cerámica muy amazónica: el corrugado, caracterizada por un ma-terial utilitario, grueso y burdo, que está presente en casi toda la alta y la baja amazonía. En la pro-vincia de Zamora Chinchipe corresponde a la cul-tura material del pueblo llamado Bracamoro desde 30 | Primeras Sociedades de la Alta Amazonía la época de la conquista. Este grupo perteneciente a la familia lingüística jívaro, ocupaba una exten-sión muy amplia de la selva alta o montaña (entre 1500 y 600 msnm). Taylor afirma que ocupaban un territorio que “se extendía sobre todo el piede-monte oriental desde el curso medio del Chinchi-pe hasta el bajo Zamora” (1988: 295). Este grupo cobró notoriedad a inicios de la conquista espa-ñola por haber derrotado en repetidas ocasiones a los Incas que trataron de conquistar su territorio en el siglo XVI (Valdez 2007b). El material cultural que los caracteriza ha sido fechado en toda la re-gión entre los siglos VII y XX AD (Guffroy 2006). Antiguo paisaje cultural, relictos de huertas con palmas en media selva.
  31. 31. Alfarería de la tradición Corrugada atribuida a los Bracamoros (proto-Shuaras) Primeras Sociedades de la Alta Amazonía | 31
  32. 32. La primera tradición se presentó de manera más discreta, con materiales cerámicos delgados, ca-racterizados por un acabado de superficie más cuidadoso, en el que a veces se conservan restos de pintura roja, blanca o amarilla. En estos mate-riales la incisión fina, el acanalado y el punteado son técnicas decorativas usuales. En realidad las dos tradiciones eran diametralmente opuestas y no parecían tener filiación alguna. Un tercer ele-mento desconocido en la literatura aparecía tam-bién con frecuencia en las pequeñas colecciones privadas de la cuenca del Chinchipe. Eran nota-bles varios elementos de una vajilla trabajada finamente en piedra pulida, de distintos granos y tonalidades. Las informaciones que al respecto se obtenían por parte de los coleccionistas eran poco precisas y se limitaban a indicar provenien-cias generales sobre las cuencas de los ríos Isi-manchi, Palanda, Valladolid, todos afluentes del sistema hidrológico Mayo Chinchipe. La prospección efectuada al sur de la provincia, en la cuenca del río Isimanchi reveló la presencia de materiales cerámicos de acabado fino, en varias localidades y en un sector llamado Solahuari se tu-vieron informaciones sobre la posible asociación de los platos de piedra con la cerámica fina. Cons-tatando este hecho se procedió entonces a centrar la investigación en la búsqueda de los contextos culturales de esta época, pues hasta entonces se desconocía totalmente su existencia. El reconocimiento arqueológico vinculó al equi-po de investigación con la población local, y a través de ella se obtuvo información sobre mu-chas áreas donde se habían encontrado diver-sos elementos de vajilla en piedra pulida. Estas se ubicaban en los terrenos inclinados y en las terrazas situadas de las cabeceras de Chinchipe. Los habitantes de la zona los habían encontrado de manera casual, al efectuar labores agrícolas, al excavar los cimientos para sus casas, las bases de cercos, pozos de agua, trincheras de drenaje, y en la construcción de caminos. En esta última actividad había dado con una locali-dad, 32 | Primeras Sociedades de la Alta Amazonía donde se había encontrado una acumulación importante de estos vestigios. En el año 1992, el municipio del cantón Chinchipe construyó una vía carrozable para unir las parroquias que se ubicaban sobre la margen oriental del río Mayo Chinchipe. El camino bajó por un estrecho vado, desde la línea principal del tramo Valladolid –Pa-landa, hacía la margen del río, donde luego se construiría un puente. A partir de este punto el camino seguiría con dirección a Numbala, San Francisco del Vergel y eventualmente La Canela. En la terraza junto al río la maquinaria pesada abrió paso entre la vegetación, cortando y nive-lando las curvas inclinadas de la topografía na-tural. En este proceso se encontró una serie de tazones de piedra pulida que intrigaron a los constructores de la vía. Algunas piezas fueron a dar a Zamora o a Zumba, otras terminaron en España. Afortunadamente el lote principal reco-gido por el conductor de una de las maquinas, fue guardado celosamente durante más de diez años. Como suele ser costumbre, nadie dio aviso del hallazgo a las autoridades y estas evidencias del pasado pronto entraron al olvido. En julio del 2002 los arqueólogos del convenio IRD/INPC recorrieron el lugar y lo registraron como un emplazamiento con huellas superfi-ciales de antigua ocupación humana, pero no se tuvo noticia del hallazgo ocurrido durante la construcción del camino. En octubre del mismo año, se encontró fortuitamente al maquinista, que para ese entonces vivía a más de 60 kilóme-tros del lugar. Las informaciones suministradas por este profesional permitieron volver al lugar y realizar un reconocimiento en profundidad, que reveló la importancia del sitio. Gracias a los datos obtenidos de primera mano se pudo confirmar que en un lugar elevado sobre el río, se habían encontrado fortuitamente depósitos culturales con ofrendas funerarias que incluían elementos de vajilla de piedra pulida. Trabajos posteriores permitieron encontrar los contextos estratigrá-ficos del hallazgo de 1992 y de comprender la ver-dadera dimensión sociocultural de este antiguo asentamiento humano en la selva alta.

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