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  20. 20. El comedor de invitados es casi tan grande como el State Dining Room de la CasaBlanca: cien cubiertos sobrados.En el garaje caben sus veinte coches de época.La piscina, de mármol de Carrara y en forma de «L», tiene hilo musicalsubacuático.Por todas partes se ven televisiones: treinta y dos monitoresformando una deslumbrante pared electrónica.Un sistema «inteligente» de cien microcomputadores vela por el mínimodetalle.La casa de huéspedes vale 200 millones; la del guarda, más modesta,cien millones (la del perro, mínimo, como la de los Boyer).La obra faraónica, aunque desde fuera no se aprecie, ha costado la friolera de5.000 millones de pesetas y ha tardado seis años en terminarse (tres veces másque el rascacielos más alto de Seattle, el Seafirst Center, 76 pisos).Con ustedes, la nueva «cibermansión» en el lago Washington, a punto deestrenarse. ¿Acaso dijo que no le iban las ostentaciones? 21
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  40. 40. El pin electrónicoAunque a Melinda no le gusta mucho la idea, él se ha emperrado enimplantar el uso del «pin» electrónico hasta en el último rincón.Prendido en la solapa, el «pin» sirve lo mismo para abrir la puertasin necesidad de llave, o encender la luz sin pulsar el interruptor, ocaldear tu habitación a la temperatura ideal. «He queridoincorporar las últimas innovaciones, pero de un modo suave, pocointimidatorio», se defiende. «La tecnología ha de estar a nuestroservicio; no podemos hacernos esclavos de ella, de eso estoyconvencido». «Dentro de unos años, la mayoría de las casasamericanas funcionará más o menos como la mía», vaticina. «Y alcabo de un tiempo, nos resultará extraño pensar cómo podíamosvivir sin estos inventos, como hoy ocurre con el lavavajillas o con latelevisión». 41
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  60. 60. El entretenimiento, por cierto, juega un papel vital: televisiones dealta definición, consolas que convierten automáticamente la «cajatonta» en la «caja lista» (o sea, el ordenador). «Las posibilidadesde ocio en el hogar serán inmensas», explicaba ya en su particularlibro de las profecías (The Road Ahead). «Lo cual no nos haránecesariamente ostracistas». La cultura con mayúsculas tambiénestá presente. De las paredes cuelgan reproducciones electrónicasde los cuadros más valiosos del mundo. En la biblioteca reposauno de los códices más preciados de Leonardo Da Vinci, adquiridoen varios millones de dólaresA falta de los últimos retoques, quienes han tenido el privilegio dever la casa admiten que el resultado es deslumbrante... «Desdefuera no tiene desde luego la vista del "palacio" de DonaldTrump», sostiene el arquitecto y crítico Mark Alan Hewitt. «Perouna vez dentro el efecto es cegador. Hay un algo intangible en laalta tecnología que infunde a la vez respeto y veneración». 61
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