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Capítulo 10: La Ley de Dios 87 
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Capítulo 10 | La Ley de Dios | Libro Complementario | Escuela Sabática

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Capítulo 10 | La Ley de Dios | Libro Complementario | Escuela Sabática

  1. 1. “De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él. Y tomándolos en los brazos,poniendo las manos sobre ellos, los bendecía" (Marcos 10:15,16). jjjL _ esús no era un creyente judío tradicional y conservador. Al es- I tudiar las Escrituras, los rabíes judíos habían desarrollado sus I propias leyes para acompañar las leyes de Dios. Seguían estas í l leyes en forma más estricta de lo que seguían las leyes de Dios, e imponían estas tradiciones sobre el pueblo judío en nombre de la santidad. Pero desde sus primeros días, Jesús rehusó seguir sus enseñanzas. No seguía las prácticas religiosas normales de sus días solo porque otros le dijeran que debía hacerlo. No aceptaba automáticamente lo que hasta los maestros religiosos proclamaban que era la verdad. Él estudiaba la Escritura por sí mismo, y si no encontraba apoyo para sus tradiciones en las Escritu­ras, no sentía obligación de seguirlas. Fbr estas razones, a Jesús lo llamaron a menudo “quebrantador de la ley” .Y los líderes judíos lo acusaron también de no enseñar a sus discípulos a guardar la ley Algunos fariseos y escribas viajaron desde Jerusalén para observar a Jesús.Vieron a sus discípulos que comían pan. 81
  2. 2. 82 ENSEÑANZAS DE CRISTO —Esperen— dijo uno de ellos—, no se lavaron debidamente las manos antes de comer. Una de las tradiciones religiosas de los fariseos era que todos los judíos debían lavarse las manos de una manera específica. Siempre que compra­ban comida en el mercado, nunca la comían hasta haberse lavado las ma­nos en la forma tradicional. También tenían otras formas tradicionales de lavar los vasos, las jarras,y otros utensilios de cocina. Los fariseos y escribas confrontaron a Jesús. -¿Pbr qué tus discípulos no guardan las tradiciones de nuestra religión? ¿Por qué no se lavan las manos apropiadamente antes de comer? Jesús sacudió la cabeza. -El profeta Isaías estaba en lo cierto acerca de ustedes, hipócritas. Él dijo: “Este pueblo dice que me honra, pero eso no está en sus corazones. Su adoración no tiene valor, enseñan reglas humanas en lugar de doctrina” (ver Isa.29:13). Jesús añadió: -Ustedes dejaron de seguir los mandamientos de Dios. Ahora solo si­guen enseñanzas humanas. Luego siguió diciendo: -Hábilmente ignoran los mandamientos de Dios y guardan sus propias tradiciones. Moisés dijo:“Honra a tu padre y a tu madre” (ver Éxo. 20:12),y “El que maldijere a su padre o a su madre, morirá” (ver Éxo. 21:27). Pero ustedes dicen: “Si alguno le dice a sus padres que el dinero que debería haberlos sostenido ha sido dado a Dios, entonces es aceptable abandonar a sus padres” .Pór sus propias reglas -qu e ustedes enseñan a todos- están re­chazando las enseñanzas de Dios.Y tienen muchas reglas semejantes a ésta. Entonces Jesús pidió a la multitud que se acercara. -Escúchenme todos, y traten de entender. Nada que la gente ponga en sus cuerpos los hace impuros. Son las cosas que vienen de adentro las que los vuelven inmundos. Ustedes tienen oídos para oír, ¡úsenlos y entiendan! Más tarde, Jesús entró a una casa para escapar de la multitud. Sus discí­pulos lo siguieron y le preguntaron: -¿Qué quieres decir?
  3. 3. Capítulo 10: La Ley de Dios 83 -¿Tampoco ustedes entienden? -d ijo Jesús sacudiendo la cabeza-. Todo lo que el hombre pone dentro de su cuerpo no puede volverlo inmun­do porque va a su estómago, no a su corazón -Jesús los miró-. Es lo que sale del corazón del hombre lo que lo hace inmundo: el odio, el orgullo, la lujuria y todas las otras cosas malas (ver Mar. 7:1-23). El hecho de que Jesús no seguía las leyes tradicionales de los judíos no significaba que él menospreciaba la Ley de Dios. Es claro que lo que hace que una persona no sea limpia es quebrantar la ley de Dios, en lugar de quebrantar las leyes de la tradición. LLEGAR AL CIELO En el tiempo de Jesús, el tema de la ley de Dios surgía a menudo cuando la gente hacía preguntas acerca del cielo y la vida eterna.Y vemos que es así todavía hoy.Típicamente, hablamos de la ley de Dios en términos de que si guardamos adecuadamente la ley estamos yendo camino al cielo. Rara vez hablamos acerca de si vivir según la ley de Dios mejora nuestra calidad de vida hoy. En una occisión similar ocurrió cuando Jesús contó la historia del joven rico. Jesús estaba hablando a una multitud, enseñándoles acerca del reino de Dios.Y ese día se le presentó una nueva manera de ilustrar esos principios. Ese día, la muchedumbre debió haber incluido muchas clases de per­sonéis: agricultores, pescadores, comerciantes, pastores y aparentemente, madres con sus niños pequeños. En esa cultura, los niños a menudo eran presentados a los rabíes y sacerdotes para que los bendijeran. Se entendía que eso simbolizaba una bendición de parte de Dios. Ese día, algunas de las madres trataron de acercarse a Jesús cuando él dejó de hablar. Querían llevar a sus hijos para que él los bendijera. Los discípulos, que sin duda pasaban parte de su tiempo tratando de mante­ner a la gente un p oco apartada para que Jesús pudiera hablar, detuvieron a las madres. -N o molesten al Maestro con los niños -debieron de haber dicho-. Él está hablando de cosas importantes. Pero antes de que las madres pudieran desandar sus pasos, chasquea­
  4. 4. 84 ENSEÑANZAS DE CRISTO das, Jesús habló. En realidad, Marcos 10 dice que Jesús “se indignó” al oír a sus discípulos. Me imagino a Jesús diciendo: -No, no. No se metan en el camino de esos niños.Tráiganlos aquí, a mí. Y luego tomó a uno tras otro en sus brazos para darles un abrazo, y los bendijo.Y luego, aprovechando el momento, miró a la multitud y dijo: -El reino de Dios es para personas que tienen fe como estos niños. Debe haber mirado fija e intensamente a muchos, cuando añadió: -Escúchenme cuando digo esto: ustedes deben abrir su corazón y acep­tar el amor de Dios de la manera que lo hacen estos niños,o nunca entrarán en el reino. Ahora el joven rico estaba parado allí, observando y escuchando. Clara­mente, el Espíritu Santo estaba obrando en su corazón.A pesar de sus rique­zas, a pesar de su posición estimada en la comunidad y del respeto que le tenían, se daba cuenta de que le faltaba algo. Al escuchar a Jesús, se había dado cuenta de que Jesús tenía lo que a él le faltaba.“Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le pre-guntó:“ Maestro bueno,¿qué haré para heredar la vida eterna?” (Mar. 10:17). Hay que darle al joven rico algo de crédito. Estaba en el concilio gober­nante. Sin duda, era un fariseo y bien respetado. Pero estaba dispuesto a ir a JeSús públicamente con una pregunta espiritual sincera. Nicodemo no haría eso: él solamente se animó a consultar al Maestro al anochecer. Ffero algo de lo que Jesús decía, o en la manera en que respondió a los niños, tocó su corazón de hombre. “Tienen que tener fe como un niño si quieren estar en el reino de Dios” , oyó el e co en su cabeza, hasta que tuvo que hacer su pregunta. Ahora bien, los fariseos y otros “dirigentes” de los judíos se ocupaban de criticar a Jesús y llamarlo un maestro falso, un hereje, alguien que hacía milagros por el poder de Satanás. Así que Jesús le hizo otra pregunta.“Él le dijo:‘¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos (Mat. 19.17). Y ahora llegamos otra vez a lo que Jesús enseñaba acerca de la ley de Dios.Pero con todas las leyes tradicionales de los fariseos,el joven rico debe haber estado confundido. Así que preguntó:
  5. 5. Capítulo 10: La Ley de Dios 85 -¿Cuáles? Esto suena un tanto similar a lo que decimos hoy Cuando se nos dice que para alcanzar el cielo, tenemos que vivir como Jesús vivió, nuestra pri­mera reacción es preguntar: ¿Cuán semejante a Jesús? ¿Quiere decir esto que debemos amar a todos? ¿Deberíamos pasar todo el día ayudando a otros? ¿Nunca deberíamos casarnos o tener una familia para que nada in­terfiera con nuestra obra? La respuesta de Jesús al joven rico fue una clara referencia a la ley de Dios,los Diez Mandamientos.“Jesús dijo:‘No matarás. No adulterarás.No di­rás falso testimonio. Honra a tu padre y a tu madre; y Amarás a tu prójimo como a ti mismo’ ” (vers. 18,19). No podemos menos que quedar impresionados con las respuestas del joven. -Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta? La historia no dice que el hombre mentía. Jesús no sugiere que él guar­daba los mandamientos incorrecta o incompletamente. Aparentemente, es­taba pretendiendo vivir: guardando la letra de la ley de Dios. Pero - y es importante recordar este punto al estudiar lo que Jesús en­señó acerca de la ley de Dios- obedecer la ley de Dios no era suficiente. Actuar en buena forma -guardar la le y - no significa que Dios nos debe la vida eterna. No podemos sencillamente actuar bien: tenemos que ser realmente buenos. Me gusta cómo Marcos relata esta historia, porque añade algo aquí que no se encuentra en los otros evangelios.“Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo:‘Una cosa te falta; anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven,sígueme, tomando tu cruz’ ” (Mar. 10:21). Jesús vio su corazón; vio lo que le faltaba a este joven, ¡y lo amó! Cuánto nos anima a todos. No importa si pensamos que últimamente estamos ha­ciendo una buena tarea con guardar la ley, o si podemos decir que hemos guardado todos los mandamientos desde el almuerzo, Jesús nos ama. Él conoce nuestras debilidades y nuestras fallas, y nos ama. Pero veamos lo que Jesús le pidió a este hombre.
  6. 6. 86 ENSEÑANZAS DE CRISTO -Vende todo lo que tienes y regala tu dinero. Luego ven,y sígueme. Jesús no les pidió a Ftedro y a Andrés que vendieran sus botes de pesca. Ellos volvieron a sus botes por lo menos dos veces, una vez después de la resurrección de Jesús. ¿Fbr qué le diría a este joven que tenía que vender todo si quería la vida eterna? Parece claro.Vender todo, era lo que necesitaba para cambiar el corazón de este hombre. Guardar la ley de Dios no tenía sentido si no había aceptado un corazón nuevo. Si fuera posible ganar el camino al cielo guardando los mandamientos, este hombre habría estado bien. Pero no es así. No podemos solo hacer lo bueno, tenemos que ser realmente buenos.Y solo podemos ser buenos si tenemos el corazón de Jesús, el corazón convertido, cambiado, el nuevo corazón prometido a todos los que entregan sus propios corazones. Jesús enseñó que la ley de Dios debe guardarse, pero que guardarla no califica a una persona para el cielo. “OÍSTEIS QUE FUE DICHO” En su gran sermón junto al mar, Jesús enseñó a la gente la importancia de la ley de Dios. Siendo que habían sido confundidos y desanimados por las muchas leyes tradicionales de los fariseos, él quería señalarles de nuevo él propósito de la ley. hacer que nuestras vidas fueran más alegres y saluda­b le s^ preparar ciudadanos del reino de Dios. Siendo que Jesús tenía que enseñarles acerca de la ley, había también mucho que él debía “des-enseñarles” .Tenía que cambiar lo que les había sido enseñado, de modo que el plan de Dios para ellos llegara a ser claro. Jesús explicó que guardar la ley no es un asunto de seguir cada palabra exactamente: no es un asunto de “actuar el bien” . La conducta comienza en el corazón: solo podemos guardar la ley cuando realmente somos buenos, por causa del nuevo corazón que Jesús nos dio. Aquí es donde él les ayuda desaprender lo que habían aprendido.“Oís-teis que fue dicho” , les dice,“pero yo os digo algo diferente". El homicidio comienza en el corazón “Oísteis que fue dicho a los antiguos:‘No matarás; y cualquiera que ma­
  7. 7. Capítulo 10: La Ley de Dios 87 tare será culpable de juicio’ . Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano,será culpable de juicio” (Mat. 5:21,22). La forma en que se les había enseñado -seguir la letra de la le y - im­plicaba que mientras no se haya matado a alguien.se ha guardado la ley Pero Jesús enseña que guardar la ley comienza en el corazón. Si odiamos, despreciamos o detestamos a algún otro hijo de Dios, entonces hemos que­brantado la ley El daño a la otra persona no es tan grande, tal vez ni siquiera sepan de nuestro odio, pero el daño a nosotros mismos es igual de malo. Adulterio y obediencia “Oísteis que fue dicho: ‘No cometerás adulterio’ . Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla,ya adulteró con ella en su corazón” (vers. 27,28). Jesús presenta el mismo punto otra vez: la obediencia es una función del corazón. Una buena conducta -evitar el acto físico del adulterio- no es verdadera obediencia si no proviene de un corazón comprometido con Dios. Realmente debemos no querer cometer adulterio a fin de guardar la ley de Dios. Divorcio y casamiento “También fue dicho: ‘Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio’ . Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio” (vers.31,32). Era demasiado fácil para los hombres judíos obedecer la letra de la ley del divorcio y todavía destruir vidas sin otra razón que su propio egoísmo. Nada acerca de la ley que permitía el divorcio tenía la intención de dejar abandonada e indefensa a la mujer. Solo la perversión de la obediencia lo transformó así. Jurar sin razón “Ademéis habéis oído que fue dicho a los antiguos: ‘No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos’ . Pero yo os digo: No juréis en ninguna
  8. 8. 88 ENSEÑANZAS DE CRISTO manera; no por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede” (vers. 33-37). Esta clase de juramento no equivalía al uso corriente de palabras rudas o maldiciones. Pero sí comprendía promesas por algún poder “superior” , o algún símbolo importante, de que se mantendría la palabra y que, por lo tanto, era posible confiar en quien enunciara la promesa. Jesús les enseñó a evitar tales promesas, a guardar su palabra en forma sencilla y a hacer fielmente lo que decían que harían. Ir la segunda milla “Oísteis que fue dicho:‘Ojo por ojo,y diente por diente’ . Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla de­recha, vuélvele también la otra;y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga poruña milla,ve con él dos” (vers.3841). Jesús presenta la idea de devolver bien por mal.“Ojo por o jo ” puede ser Equitativo y justo, pero un corazón lleno con el amor de Dios puede poner a un lado una ofensa y procurar lo que creará un cambio en la otra persona. Esta no es razón para aceptar el atropello o sufrir en silencio el abuso. Hay ocasiones cuando es correcto defendernos de otros. El bien puede en­frentarse con razón al mal, aun si ese mal es hecho contra uno mismo. Amar a los enemigos “Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo,y aborrecerás a tu enemi­g o ’ . Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os mal­dicen, haced bien a los que os aborrecen,y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos” (vers. 43-45). Cuando respondemos al odio con amor, estamos mostrando la influen-
  9. 9. Capítulo 10: La Ley de Dios 89 cía del cielo. Esa es la evidencia de un corazón como el de Dios,y evidencia de que somos ciudadanos del reino de Dios. Un amor como ese puede cambiar al que odia... puede cambiar al mundo. Cuando somos capaces de amar de esta manera, estamos reflejando el amor perfecto de Dios en el cielo, quien envió a su Hijo para salvarnos. Tanto la ley de Dios como el amor de Dios condujeron a Jesús a esta tierra y a la cruz.

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