6
Ilustraciones del Dios
de Jeremías
E
l Dios de Jeremías es un Dios que se revela, es decir, que se da a cono­
cer. El li...
66 • El D ios de Jeremías
Así pues, el gran propósito de la revelación de Dios es que le conozcamos.
Aun habiendo tenido u...
6. Ilustraciones del Dios de Jeremías • 67
Para que el contenido o mensaje de la revelación especial pudiera llegar a esta...
68 • El Dios de Jeremías
La verdad expresada en símbolos
La palabra «símbolo» es un derivado de una antigua palabra griega...
6. Ilustraciones del Dios de Jeremías • 69
dienda al divino mandato, hallarían su paz y su salvadón. Pero «a la nadón y
al...
70 • El D ios de Jeremías
de protección temiendo las represalias de los caldeos, a pesar de que habían
recibido el mensaje...
6. Ilustraciones del Dios de Jeremías • 71
dispuestos a que se nos dé la forma que Dios desea. El Dios de Jeremías no solo...
72 • El D ios de Jeremías
por inocente al malvado» (Éxo. 34: 6, 7). Necesitamos recordar que «el que en­
cubre sus pecados...
6. Ilustraciones del Dios de Jeremías • 73
Lo mismo hicieron con Moloc, divinidad pagana adorada con repugnantes
orgías, e...
74 • El D ios de Jeremías
más [...]. Yo traigo sobre esta ciudad y sobre todas sus aldeas todo el mal que
hablé contra ell...
6. Ilustraciones del Dios de Jeremías • 75
lén. Este pueblo malo, que no quiere escuchar mis palabras, que anda en las
ima...
76 • El D ios de Jeremías
Referencias
1. Erickson, pp. 153, 154.
2. Ibíd., p. 200.
3. Ibíd., p. 199.
4. Cari F. H. Henry, ...
Próxima SlideShare
Cargando en…5
×

Libro complementario | Capitulo 6 | Ilustraciones del Dios de jeremías

573 visualizaciones

Publicado el

Libro complementario | Capitulo 6 | Ilustraciones del Dios de jeremías
http://escuelasabatica.es/

Publicado en: Educación
0 comentarios
0 recomendaciones
Estadísticas
Notas
  • Sé el primero en comentar

  • Sé el primero en recomendar esto

Sin descargas
Visualizaciones
Visualizaciones totales
573
En SlideShare
0
De insertados
0
Número de insertados
238
Acciones
Compartido
0
Descargas
0
Comentarios
0
Recomendaciones
0
Insertados 0
No insertados

No hay notas en la diapositiva.

Libro complementario | Capitulo 6 | Ilustraciones del Dios de jeremías

  1. 1. 6 Ilustraciones del Dios de Jeremías E l Dios de Jeremías es un Dios que se revela, es decir, que se da a cono­ cer. El libro de Jeremías, como toda la Biblia, debe su origen a la reve­ lación y a la inspiración que Dios le dio a los escritores bíblicos. Pero ¿qué es la revelación? Los verbos traducidos como «revelar» son gala}i (heb.) en el Antiguo Testamento y apokalupto (gr.) yfaneroo (gr.) en el Nuevo Tes­ tamento. Estos verbos conllevan la idea de «manifestar», en el sentido de des­ cubrir lo que estaba oculto. Basados en esta información podemos definir la revelación sencillamente como el acto o el proceso a través del cual Dios se da a conocer. Más que necesaria, la revelación es indispensable para nuestra salvación. En el Antiguo Testamento, el Dios de Jeremías nos dice: «No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus ri­ quezas. Mas alábese en esto el que haya de alabarse: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra, porque estas cosas me agradan, dice Jehová» (Jer. 9: 23, 24, énfasis añadido). Tal reve­ lación alcanza su máxima expresión en la persona de Jesucristo (Mat. 11: 27). Por eso es que en el Nuevo Testamento Jesús afirma: «Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien has enviado» (Juan 17: 3, énfasis añadido). Dios se da a conocer. El Dios de Jeremías se revela a sí mismo. Como huma­ nos, finitos, y además afectados por el pecado, jamás podríamos conocerlo si él no se comunicara, si no se revelara a nosotros. Pero porque él es amor, toma la iniciativa y se manifiesta, entrando en relación con nosotros.
  2. 2. 66 • El D ios de Jeremías Así pues, el gran propósito de la revelación de Dios es que le conozcamos. Aun habiendo tenido un encuentro personal con él en el pasado, la revelación busca que continuemos creciendo en su conocimiento. Por eso Pablo escribe: «Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, les dé el Espí­ ritu de sabiduría y de revelación, para que lo conozcan mejor» (Efe. 1: 17, NVI). El Dios de Jeremías y nuestro espera que como resultado de su manifes­ tación como Dios de amor, nosotros, sus criaturas, también le amemos, le ado­ remos y le sirvamos. ¿Qué revela Dios? Dios nos revela: 1. Su carácter (Éxo. 34: 5-8). 2. Su palabra (1 Sam. 3: 7; Dan. 10: 1). 3. Planes ocultos desde la eternidad (Rom. 16: 25). 4. Sus secretos (Amos 3: 7) y misterios (Dan. 2: 19). 5. El futuro cercano (1 Sam. 9: 15, 16) y el distante (Dan. 2: 28). 6. Su justicia (Rom. 1: 17). 7. Su ira (Rom. 1: 18). 8. Sus propósitos (2 Sam. 7: 27). 9. Lo profundo, lo escondido y oculto (Dan. 2: 21-22). 10. Su brazo, es decir, su poder para salvar (Juan 12: 38). 11. Su justo juicio (Rom. 2: 5). 12. La verdadera fe (Gál. 3: 23). 13. Los pensamientos (Luc. 2: 35) y los sentimientos humanos (Fil. 3: 15). 14. la persona de su Hijo (Gál. 1: 15, 16). 15. La gloria de Cristo (1 Pe. 4: 13; 5: 1). Revelación general y revelación especial. La revelación es comúnmente clasi­ ficada en revelación general y revelación especial. La revelación general es la que Dios hace de sí mismo a todas las personas en todos los lugares y en todos los tiempos. Dios se revela a sí mismo de modo general a través de la naturale­ za, a través de artos providenciales en la historia y también en el ser interior de sus hijos. Esta revelación es general tanto por su accesibilidad universal como por la generalidad de su contenido. La revelación especial es aquella concedida a ciertos individuos en determinados momentos, lugares, y circunstancias.1
  3. 3. 6. Ilustraciones del Dios de Jeremías • 67 Para que el contenido o mensaje de la revelación especial pudiera llegar a estar disponible para nosotros hoy, debió ser preservado por escrito, y la Biblia es su manifestación universal. La inspiración de la Biblia. En el propósito de Dios, de comunicamos su plan para nuestra salvación, la revelación requiere de la inspiración. Son como las dos caras de una moneda; complementarias e indispensables. ¿Por qué es la inspiración necesaria? Es necesaria para garantizar que el beneficio del mensaje revelado no quede limitado a quien lo recibe. Es decir, mientras que la revela­ ción beneficia a quienes la reciben, su mensaje podría perderse para las genera­ ciones siguientes. El registro inspirado de la revelación impide que eso ocurra. El contenido de lo revelado podía ser transmitido oralmente, como a menudo ocurrió entre el momento en que la revelación fue dada y el momento en que se la puso por escrito; pero Dios, previendo que la preservación de su verdad requería de algo más que un mensaje oral, proveyó la inspiración.2 La inspiración de la Biblia puede ser definida como la influencia sobrenatu­ ral del Espíritu Santo sobre los escritores bíblicos que hizo que sus escritos fueran un registro exacto de la revelación de Dios. Como resultado, lo que ellos escribieron es la Palabra de Dios.3 Así pues, mientras que la revelación tiene que ver con la comunicación de Dios con los seres humanos que la reciben, la inspiración tiene que ver con la comunicación entre estos y sus semejantes. La inspiración es necesaria a fin de que el mensaje dado por Dios a través de la revelación sea transmitido sin dis­ torsión, es decir, de manera precisa y confiable. La inspiración de la Biblia revela el amor de Dios porque presupone una mente y una voluntad en disposición y acción comunicativas. Nos permite ver la mente divina actuando por medio de su Espíritu en las mentes de sus men­ sajeros escogidos. La influencia sobrenatural del Espíritu Santo sobre los escri­ tores bíblicos hizo que lo que ellos escribieron bajo su dirección fuera no sola­ mente confiable sino que, como Palabra de Dios, ese mensaje fuese autoritati- vo.4 El Dios de Jeremías se revela como un Dios de amor al utilizar símbolos gráficos e ilustraciones para transmitir su mensaje y así facilitarnos su com­ prensión (véase, por ejemplo, Jer. 1: 11, 13; 18: 1, 2, etc.).
  4. 4. 68 • El Dios de Jeremías La verdad expresada en símbolos La palabra «símbolo» es un derivado de una antigua palabra griega que sig­ nifica «hacer una comparación». Era costumbre que cuando dos personas ha­ cían un trato, rompían un objeto en dos y cada contratante guardaba una de las porciones (un symbolon) como prueba de identidad y compromiso. Cuando tiempo después el uno y el otro presentaban sus partes, las dos eran entonces comparadas. En su uso eclesiástico, la palabra fue fácilmente adaptada primero para representar muestras de la confesión de fe de una persona5 o grupo de creyentes, y más tarde, para representar enseñanzas o prácticas de la iglesia. La Biblia es rica en símbolos, imágenes y figuras que ilustran verdades espi­ rituales. Aunque generalmente los símbolos o ilustraciones bíblicas incluían hechos y objetos comunes de la vida cotidiana, frecuentemente codificaban verdades ante los oídos de quienes no estaban preparados para recibirlas. Esa fue una de las razones por las cuales Jesús utilizó parábolas para transmitir sus enseñanzas. Si bien los símbolos eran usados en los tiempos bíblicos con el propósito principal de comunicar la verdad y hacerla clara, ocasionalmente fueron también utilizados para ocultarla ante la presencia de elementos hosti­ les a ella. Además, Dios hace uso de símbolos e ilustraciones con el propósito de estimular la investigación de la verdad. En todo caso el uso bíblico de símbolos revela el carácter comprensivo de un Dios que conociendo nuestras limitaciones adapta sus sublimes verdades a nuestra condición y capacidad de entendimiento. La serpiente de bronce levan­ tada en el desierto (Núm. 21: 4-9; Juan 3: 14, 15) y, tanto los implementos así como los ritos del santuario, proveen ejemplos de los abundantes símbolos empleados por el Dios de Jeremías para ilustrar las preciosas verdades relacio­ nadas con su amoroso plan para salvar a su pueblo. El libro de Jeremías es rico en símbolos e ilustraciones, y una de sus carac­ terísticas sobresalientes son las profecías actuadas o representadas. Veamos al­ gunos ejemplos: (1) La señal del yugo. Jeremías debía construir un yugo y, sujetándolo con sus respectivas correas, ponérselo sobre el cuello y caminar con él por las calles de Jerusalén a la vista de la gente; también debía entrar al palacio con el yugo puesto sobre él a fin de ilustrar ante el rey el mensaje que había recibido de Dios. El yugo, y el acto de llevarlo puesto, simbolizaban el plan de Dios de que su pueblo, Judá, y también las naciones de alrededor, se sometieran voluntaria y humildemente a Nabucodonosor (Jer. 27: 1-7). En dicha sumisión, por obe-
  5. 5. 6. Ilustraciones del Dios de Jeremías • 69 dienda al divino mandato, hallarían su paz y su salvadón. Pero «a la nadón y al reino que no sirva a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y que no ponga su cuello bajo el yugo del rey de Babilonia, castigaré a tal nación con espada, con hambre y con peste, dice Jehová, hasta que acabe con ella por medio de su mano» (vers. 8). La desobediencia les traería peores dividendos que una sumi­ sión acorde con el plan de Dios para ellos en ese momento histórico. (2) La compra inusual de un terreno. Dios instruyó a Jeremías para que com­ prara un terreno en Anatot, propiedad hereditaria de un pariente cercano suyo, y guardara bien la escritura del mismo, a pesar de que el reino de Judá estaba a punto de caer y las murallas de Jerusalén ya habían empezado a ser destruidas. Ante la inminencia del desastre el negocio era tan inusual que el mismo Jeremías le respondió a su Dios: «¡Ah, Señor Jehová!, cuando la ciudad va a ser entrega­ da en manos de los caldeos, ¿tú me dices: "Cómprate la heredad por dinero y pon testigos"?» (Jer. 32: 25). Pero Dios le ordenó que procediera con la compra porque esta era una señal segura de que a pesar de la destrucción de la ciudad y la caída del reino, Dios tendría misericordia de su pueblo y los haría regresar a su tierra (vers. 37). Entonces volverían a comprar y poseer propiedades y así serían establecidos y habitarían seguros. El Dios de Jeremías, clemente y compasivo, es, además, un Dios fiel que cumpliría su promesa: «Como traje sobre este pueblo todo este mal tan grande, así traeré sobre ellos todo el bien que acerca de ellos hablo. Poseerán heredad en esta tierra de la cual vosotros deas: "Está desierta, sin hombres ni animales, y va a ser entregada en manos de los caldeos". Heredades comprarán por dine­ ro; harán escrituras y las sellarán, y pondrán testigos en tierra de Benjamín, en los alrededores de Jerusalén, en las ciudades de Judá, en las ciudades de las montañas, en las ciudades de la Sefela y en las ciudades del Neguev, porque yo haré regresar a sus cautivos, dice Jehová» (vers. 42-44). Entonces, cuando llegue el momento del cumplimiento de su promesa, él les aseguró: «Ha de oírse aún voz de gozo y de alegría; voz de novio y voz de novia; voz de los que digan: "¡Alabad a Jehová de los ejércitos, porque Jehová es bueno, porque para siempre es su misericordia!"» (33: 11). (3) Las piedras enterradas. En repetidas ocasiones, contrariando la voluntad de Dios, el reino de Judá acudió a Egipto buscando refugio y protección. Des­ pués de la caída de Jerusalén, el grupo de judíos que los babilonios habían de­ jado en Judá, junto con algunos que habían regresado de diversos lugares a donde habían sido esparcidos, decidieron, una vez más, emigrar a Egipto en procura
  6. 6. 70 • El D ios de Jeremías de protección temiendo las represalias de los caldeos, a pesar de que habían recibido el mensaje divino de no ir a Egipto para habitar allí. Llevándose tam­ bién consigo a Jeremías, «entraron, pues, en tierra de Egipto, sin obedecer a la voz de Jehová, y llegaron hasta Tafnes» (Jer. 43: 7), ciudad fortificada ubicada al borde oriental del delta del río Nilo. Entonces «vino palabra de Jehová a Jeremías en Tafnes, diciendo: "Toma en tus manos unas piedras grandes y cúbrelas de barro en el enladrillado que está a la puerta de la casa del faraón en Tafnes, a la vista de los hombres de Judá, y diles: 'Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Yo enviaré y tomaré a Nabucodonosor, rey de Babilonia, mi siervo, y pondré su trono sobre estas piedras que he escondido, y él extenderá su pabellón sobre ellas. Vendrá y aso­ lará la tierra de Egipto: los que a muerte, a muerte; los que a cautiverio, a cau­ tiverio, y los que a espada, a espada. Incendiará los templos de los dioses de Egipto; los quemará, y a ellos los llevará cautivos'"» (vers. 8-12). De este modo, una vez más el Dios de Jeremías utilizó un anuncio profético actuado como el medio más apropiado para ilustrar la certeza de su mensaje. La arcilla del alfarero Además de su taller, los alfareros necesitaban un campo para buscar el ba­ rro, orearlo, mezclarlo con agua y amasarlo con los pies (Isa. 41: 25) hasta convertirlo en buen barro de alfarero. Para preparar vasijas de cocinar, usual­ mente le añadían arena o piedras molidas a fin de templarlo. El alfarero ama­ saba por varias horas para eliminar todas las burbujas de aire. las impurezas en el barro o un amasado insuficiente podían echar a perder las vasijas. El alfarero hebreo, normalmente sentado al trabajar, giraba el barro dándole la forma de­ seada con sus manos o sobre su meda de alfarero por lo general hecha de ma­ dera. Si la vasija se estropeaba en el proceso, era hecha de nuevo transformán­ dola en una diferente. Y las que se quebraban después de ser horneadas eran des­ cartadas y tiradas en «el campo del alfarero» (Mat. 27: 7, 10).6 ¿Qué lecciones podemos obtener de la labor del alfarero con la arcilla según se describe en Jeremías 18: 1-10? Muchas. Veamos las siguientes: La docilidad de la arcilla. El barro es frágil, nosotros también. Sin embargo, fragilidad y docilidad no es lo mismo. La primera significa simplemente que somos delicados, débiles; la segunda, que estamos listos para ser moldeados y
  7. 7. 6. Ilustraciones del Dios de Jeremías • 71 dispuestos a que se nos dé la forma que Dios desea. El Dios de Jeremías no solo espera que reconozcamos nuestra fragilidad (Sal. 103: 14) sino que lleguemos a ser dóciles, humildes, como la arcilla en las manos del alfarero. No estamos exentos de reveses. Debido a nuestra fragilidad humana y a que vivimos en un mundo afectado por el pecado, los hijos de Dios no estamos exentos de sufrir reveses. Pero estos no necesariamente significan fracasos; más bien fortalecen nuestro carácter y nos ofrecen oportunidades para comenzar de nuevo, y para seguir creciendo. Dios siempre está en control. Notemos que la vasija del alfarero se rompió en sus manos. Si hemos puesto nuestra vida en las manos de Dios, nada ni nadie podrá sacarla de allí (Juan 10: 27, 28). Así pues, pase lo que pase, él estará siempre en control de la situación; y ¿quién como Dios, que puede hacer del mal un bien? El Dios de los nuevos comienzos. Cuando la vasija se echó a perder en manos del alfarero, «él volvió a hacer otra vasija, según le pareció mejor hacerla» (Jer. 18: 4). No solo la hizo de nuevo; la hizo mejor. Así como el Edén restaurado superará al Edén perdido, Dios no solo remienda nuestras roturas sino que hace de nosotros nuevas criaturas en Cristo Jesús (2 Cor. 5: 17). Nada es imposible para Dios. ¿Si un alfarero pudo hacer así con suvasija, cuán­ to más podrá Dios hacer con sus hijos? Mientras que el alfarero es un ser huma­ no limitado, el Dios de Jeremías es todopoderoso y nada le es imposible. Eso implica que si estamos en sus manos, nuestras posibilidades son ilimitadas. Nuestro Dios gobierna el universo. Jeremías 10: 7 nos recuerda que Dios no solo gobierna su pueblo sino todas las naciones; es el monarca del universo. Y si Dios puede gobernar el universo, de seguro puede dirigir tu vida, y la mía, si las confiamos en sus manos. La condición del arrepentimiento. Arrepentimos cuando nos hemos apartado del plan de Dios, de sus mandamientos y de su voluntad para nuestras vidas, es la condición establecida por él para perdonamos y restauramos (vers. 8, 9). Debemos apartamos del mal (vers. 10). Según la revelación de su carácter, dada por el Dios de Jeremías a Moisés, él es «misericordioso y piadoso; tardo para la ira y grande en misericordia y verdad, que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, pero que de ningún modo tendrá
  8. 8. 72 • El D ios de Jeremías por inocente al malvado» (Éxo. 34: 6, 7). Necesitamos recordar que «el que en­ cubre sus pecados no prosperará pero el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia» (Prov. 28: 13). Tal es el Dios de Jeremías. La sumisión de la arcilla. La arcilla «se somete» a la voluntad del alfarero. No pretendamos ser el alfarero en la conducción de nuestras vidas. Somos simple­ mente el barro. «¿Dirá el barro al que lo modela: "¿Qué haces?"» (Isa. 45: 9). Nosotros hemos de sometemos confiadamente a la voluntad de Dios, nuestro Padre (Isa. 64: 8; Sant. 4: 10). La enseñanza central de la ilustración del alfarero es que la sabiduría y pro­ videncia divinas son supremas. Dios está en el control y al final él triunfará, muy a pesar de las intenciones humanas y de nuestras malas decisiones. El plan de Dios triunfará en nuestras vidas aunque las circunstancias presentes indi­ quen lo contrario; su amor revelado en la cruz es la garantía. ¡Qué esperanza tenemos! Dios triunfará y estamos llamados a triunfar con él. La degeneración de un pueblo Mediante la ejecución de milagros portentosos en Egipto, Dios libertó a los israelitas de una esclavitud prolongada, opresiva y degradante; y no solo los sacó con mano fuerte y brazo extendido sino que los hizo salir con gran riqueza. Dios visitó a su pueblo en cumplimiento de la promesa que le había hecho siglos atrás a su antepasado ancestral, Abraham (Gén. 15: 13, 14). Era su plan que los israelitas fueran una nación santa, un reino de sacerdotes, un pueblo adquirido para que anunciaran las virtudes de Aquel que los sacó de las tinie­ blas a su luz admirable. Era su propósito que Israel fuera para las demás nacio­ nes un ejemplo de obediencia a Dios y una ilustración de cómo vive y luce un pueblo que se rige por los principios del cielo. Sin embargo, su pueblo escogido falló en mantenerse a la altura de esas expectativas. Dios les había entregado en posesión la tierra de Canaán debido a que la degeneración de los pueblos amorreos que la habitaban había llegado a su colmo (Gén. 15: 16). Pero ellos llegaron a imitarlos en sus prácticas pecami­ nosas. Se apartaron del Señor, ofrecieron incienso a dioses extraños, se entrega­ ron a la injusticia y derramaron sangre inocente. Además, edificaron lugares para adorar a Baal y sobre ellos ofrecieron a sus propios hijos en holocaustos (Jer. 19: 4, 5).
  9. 9. 6. Ilustraciones del Dios de Jeremías • 73 Lo mismo hicieron con Moloc, divinidad pagana adorada con repugnantes orgías, entre ellas el sacrificio de infantes. En algunos lugares una imagen me­ tálica de este dios era calentada al rojo vivo y los cuerpos de niños que acaba­ ban de ser asesinados eran puestos en sus brazos.7Y, por increíble que nos pa­ rezca, las imágenes de algunos dioses paganos fueron levantadas dentro de los predios sagrados del templo de Dios en Jerusalén. En un viaje de estudios a Israel pudimos observar ruinas de un santuario o templo construido con la puerta en su costado occidental (al revés de lo que Dios había indicado) a fin de que cuando los adoradores se presentaran delante de él, quedaran mirando al nacimiento del sol, para rendirle culto. La degeneración del pueblo en el culto reflejaba la degeneración en sus vi­ das. Y la degeneración en sus vidas reflejaba la degeneración de su concepto de Dios. En ese proceso descendente llegaron a ser como las demás naciones, y como hemos visto, a veces aun peor. Con razón se ha dicho que ninguna per­ sona o pueblo podrá elevarse más alto que el concepto que tenga de su Dios. Cuán importante es, entonces, un conocimiento personal del Dios de Jeremías. La vasija destruida Dios le dijo a Jeremías que fuera donde el alfarero a comprar una vasija de barro y que llevara con él a algunos de los ancianos tanto del pueblo como de entre los sacerdotes. Luego debía salir al valle del hijo de Hinom, al costado oriental de Jerusalén, el mismo lugar donde se llevaban a cabo las horrendas prácticas rituales paganas, principalmente en honor a Moloc, que incluían los sacrificios de infantes. En el Nuevo Testamento a ese lugar se le llama Gehenna (translite­ ración aramea de la expresión hebrea «valle del hijo de Hinom»), y llegó a ser símbolo del infiemo (Mat. 5: 29, 30). Una vez allí, Jeremías debía levantar su voz y proclamar el mensaje que su Dios le había dado sobre el gran mal que es­ taba por acontecer teniendo ese lugar como su epicentro y que incluiría a Jeru­ salén y todo Judá (Jer. 19: 1-9). Después de hacer esa proclamación Jeremías debía quebrar completamente la vasija que llevaba, ante los ojos de los hombres que iban con él, quienes como líderes espirituales debían ser testigos del acto simbólico, y decirles: «Así ha dicho Jehová de los ejércitos: "De esta forma quebrantaré a este pueblo y a esta ciudad, como quien quiebra una vasija de barro, que no se puede restaurar
  10. 10. 74 • El D ios de Jeremías más [...]. Yo traigo sobre esta ciudad y sobre todas sus aldeas todo el mal que hablé contra ella, porque han endurecido su corazón para no oír mis pala­ bras"» (vers. 11, 15). ¿Qué podemos aprender del Dios de Jeremías a partir de este acto simbóli­ co? Podemos empezar notando que es un Dios a quien le interesa que capte­ mos claramente sus mensajes de advertencia. Un Dios que no busca tomar a sus hijos por sorpresa. «Porque no hará nada Jehová, el Señor, sin revelar su secreto a sus siervos los profetas» (Amos 3: 7). Y cuando envía sus mensajes, estos son claros y tan gráficos como sea posible. Todo esto revela a un Dios cuyo afán no es destruir sino captar la atención de sus hijos desobedientes para que se aparten de su mal camino, sean perdonados y vivan (véase Eze. 33: 11). Dios le pidió a Jeremías que llevara consigo a los ancianos y a los líderes de los sacerdotes. El Dios de Jeremías toma en cuenta a los líderes espirituales de su pueblo y los invita para que actúen de acuerdo con la responsabilidad que les ha conferido. De otro modo, ellos compartirán con el pueblo las consecuencias de la desobediencia. El Dios de Jeremías es el Dios de la misericordia pero también es el Dios de la justicia. Puede traer el bien pero también puede castigar. Exalta a quienes con humildad le obedecen y quebranta a quienes endurecen su corazón para no oír sus palabras. Hemos de recordar que el ser religiosos no nos exime de la estricta obediencia a sus requerimientos sino que, por el contrario, esto nos hace más responsables. El cinto de lino Dios le dijo a Jeremías que se comprara un cinto de lino y lo usara por un tiempo, y el profeta así lo hizo. Dios le habló por segunda vez y le pidió que fuera al Éuffates y escondiera el cinto en la hendidura de una peña. En los tiem­ pos bíblicos el cinto formaba parte de la vestidura tanto de hombres como de mujeres y podía ser de la misma tela que el vestido, o de cuero como el de los profetas como Elias (2 Rey. 1: 8) y luego Juan el Bautista (Mat. 3: 4), de lana, o de cuerda. Así que un cinto de lino era un objeto muy valioso. Después de muchos días Dios le dijo a Jeremías que buscara el cinto escon­ dido. Al hacerlo, descubrió que debido a la humedad el cinto se había echado a perder a tal punto que ya no servía para nada. Entonces vino a él la palabra de su Dios: «Así haré podrir la soberbia de Judá y la mucha soberbia de Jerusa-
  11. 11. 6. Ilustraciones del Dios de Jeremías • 75 lén. Este pueblo malo, que no quiere escuchar mis palabras, que anda en las imaginaciones de su corazón y que va en pos de dioses ajenos para servirlos y para postrarse ante ellos, vendrá a ser como este cinto, que ya no sirve para nada» (Jer. 13: 9, 10). Mediante este acto simbólico de su siervo, el Dios de Jeremías se propuso darle a su pueblo otra ilustración objetiva de las consecuencias de su empeci­ namiento en el pecado. El que Jeremías usara el cinto nuevo por un tiempo antes de enterrarlo ilustraba el propósito de Dios para con su pueblo: que así como el cinto se ajusta a la cintura, de la misma manera sus hijos debían man­ tenerse muy cerca de él (véase el vers. 11) y que su cercanía a ellos fuera un testimonio ante todos los demás pueblos (Deut. 4: 5-7). «Pero ellos no escu­ charon». La lejanía del lugar a donde Jeremías tuvo que ir para enterrar el cinto, el Eufrates, era simbólica del amplio distanciamiento de él por parte de su pue­ blo, al cual el cinto representaba. La pregunta es, ¿cuán cerca, o cuán lejos, es­ tamos tú y yo del plan original de Dios para nuestras vidas? Y ¿cuán cerca nos mantenemos diariamente a él como Persona? Vislumbres adicionales del Dios de Jeremías Del incidente del cinto obtenemos algunas vislumbres del Dios de Jeremías: • El material del cinto escogido por él, lino, nos indica que para el Dios de Jeremías somos muy valiosos; que ante sus ojos somos de grande estima (cf. Isa. 43: 4). • En su trato con su pueblo, el Dios de Jeremías resiste a los soberbios (Jer. 13: 9) y da gracia a los humildes (c/. Sant. 4: 6). • El Dios de Jeremías no nos desecha. Fue su pueblo el que no quiso escuchar sus palabras, siguió las imaginaciones de su propio corazón y se fue tras dioses ajenos (Jer. 13: 10). • Si finalmente insistimos en no escucharlo, él nos permitirá cosechar los frutos de nuestra propia siembra (vers. 11; Gál. 6: 7). • Una cosa es segura: Lo que el Dios de Jeremías hace, siempre está motivado por su amor que procura cumplir sus buenos planes para con nosotros (13:11). ¿Cooperaremos con él?
  12. 12. 76 • El D ios de Jeremías Referencias 1. Erickson, pp. 153, 154. 2. Ibíd., p. 200. 3. Ibíd., p. 199. 4. Cari F. H. Henry, «Bible, Inspiration of», CEDT (1991), p. 63. 5. Frederick W. Danker, «Symbolism, Symbolics», BDT (1960), p. 508. 6. Ibíd., NIVCDB, «Pottery, Potter». 7. Ibíd., «Molech, Moloch».

×