Lección 9
Cristo, la Ley y
el evangelio
Sábado 24 de mayo
Aunque debemos dirigir al pecador a Jesús porque es el único que...
La ley de Dios es el espejo que le muestra al hombre los defectos
de su carácter. Pero a los que se complacen en la injust...
bre y desnudo.
La ley de Dios es el espejo que presenta una imagen completa del
hombre tal cual es, y sostiene delante de ...
de prosperidad entre las naciones del mundo. El que podía darles
sabiduría y habilidad en todo trabajo y arte, continuaría...
eterna y la gracia infinita se entienden por las cosas que Dios ha he­
cho. (Consejos para los maestros, pp. 178, 179).
A ...
Como legislador, Jesús ejercía la autoridad de Dios; sus órdenes y
decisiones eran apoyadas por el Soberano del trono eter...
Vino a esta tierra para ser tentado en todos los puntos, tal como son
tentados los seres humanos. En el desierto Satanás s...
La salvación para el hombre que Cristo ganó con un sacrificio tan
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Lección 9 | Notas de Elena | Cristo. la ley y el evangelio

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Lección 9 | Notas de Elena | Cristo. la ley y el evangelio - Escuela Sabática Segundo trimestre 2014

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Lección 9 | Notas de Elena | Cristo. la ley y el evangelio

  1. 1. Lección 9 Cristo, la Ley y el evangelio Sábado 24 de mayo Aunque debemos dirigir al pecador a Jesús porque es el único que puede quitar el pecado, también debemos explicarle lo que es el pe­ cado y hacerle sentir que debe cesar de transgredir la ley de Dios. Puede ser salvo de sus pecados, pero no en sus pecados. Muchos años después de la muerte de Cristo, Pablo pregunta: “¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás” (Romanos 7:7). De esta manera Pablo exal­ ta la ley de Dios y muestra la sabiduría divina para ayudamos a de­ tectar el pecado y descubrir los defectos de carácter moral. A la luz de la ley se ve la terrible deformidad del pecado. La ley dada en el Sinaí es una copia de la mente y la voluntad del Dios infinito. Es reverenciada por los ángeles. La obediencia a sus requerimientos perfeccionará el carácter cristiano y, mediante Cristo, restaurará en el ser humano la condición que tenía antes de la caída. Los pecados prohibidos en la ley, no encontrarán cabida en el cielo. Fue el amor de Dios por la raza humana lo que lo llevó a expresar su voluntad en el Decálogo. El pecado había oscurecido la percep­ ción moral, y Dios descendió al Monte Sinaí para declarar su ley y escribirla en tablas de piedra. También expresó su amor por los seres humanos al enviar profetas y maestros para que les recordasen su ley. Dios le ha dado al ser humano una regla completa de cómo vivir. Si la obedece, le dará vida mediante los méritos de Cristo. Si la des­ obedece, tiene poder para condenarlo. La ley lo lleva a Cristo, y Cris­ to le muestra nuevamente su ley (Review and Herald, 27 de septiem­ bre de 1881).
  2. 2. La ley de Dios es el espejo que le muestra al hombre los defectos de su carácter. Pero a los que se complacen en la injusticia no les es agradable ver su deformidad moral. No aprecian a este fiel espejo porque les revela sus pecados; por lo tanto, en vez de entrar en guerra contra sus mentes camales, combaten contra el espejo verdadero y fiel que les dio Jehová precisamente con el propósito de que no sean engañados, sino para que se les revelen sus defectos de carácter. El descubrimiento de estos defectos, ¿debiera inducirles a odiar el espejo o a odiarse a sí mismos? ¿Debieran rechazar el espejo que descubre sus defectos? No. Los pecados en que se complacen, que el fiel espejo les muestra que existen en su carácter, cerrarán ante ellos los portales del cielo a menos que sean desechados y lleguen a ser perfectos ante Dios (Comentario bíblico adventista, tomo 6, pp. 1076, 1077). Es sofistería de Satanás la idea de que la muerte de Cristo intro­ dujo la gracia para ocupar el lugar de la ley. La muerte de Jesús no modificó ni anuló ni menoscabó en el menor grado la ley de los Diez Mandamientos. Esa preciosa gracia ofrecida a los hombres por medio de la sangre del Salvador, establece la ley de Dios. Desde la caída del hombre, el gobierno moral de Dios y su gracia son inseparables. Ambos van de la mano a través de todas las dispensaciones. “La mi­ sericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron” (Salmo 85:10)... La condescendencia y la agonía del amado Hijo de Dios no fueron soportadas para concederle al hombre libertad para transgredir la ley del Padre y no obstante sentarse con Cristo en su trono. Fueron para que mediante los méritos de Jesús, y el ejercicio del arrepentimiento y la fe, hasta el pecador más culpable pudiera recibir perdón y obte­ ner fortaleza para vivir una vida de obediencia. El pecador no es sal­ vado en sus pecados, sino de sus pecados. Los que profesan guardar la ley de Dios y sin embargo en el cora­ zón se entregan al pecado, son condenados por el Testigo Verdadero. Pretenden ser ricos en el conocimiento de la verdad; pero no están en armonía con sus principios sagrados. La verdad no santifica sus vi­ das. La Palabra de Dios declara que quien profesa observar los man­ damientos, pero cuya vida contradice su fe, es ciego, miserable, po­ Domingo 25 de mayo: El pecado y la Ley
  3. 3. bre y desnudo. La ley de Dios es el espejo que presenta una imagen completa del hombre tal cual es, y sostiene delante de él el modelo correcto. Algu­ nos se alejarán y olvidarán este cuadro, mientras otros emplearán epítetos injuriosos contra la ley, como si esto pudiera remediar sus defectos de carácter. Pero otros, al verse condenados por la ley, se arrepentirán de su transgresión y, mediante la fe en los méritos de Cristo, perfeccionarán el carácter cristiano (Fe y obras, pp. 29-31). Lunes 26 de mayo: La Ley e Israel (Deuteronomio 30:15-18) Dios eligió a Israel como su pueblo para que, al guardar sus man­ damientos, pudiera dar al mundo una ilustración de la belleza de ca­ rácter, del poder moral, y de las virtudes que pueden lograrse al te­ merlo y honrarlo. También deseaba revelar mediante sus hijos e hijas las ventajas recibidas al andar en armonía con los principios de su ley. Al obedecer las leyes del cielo, los seres humanos alcanzan una belleza de carácter que los capacita para ser colaboradores con Dios (Review andHerald, 31 de agosto de 1905). El propósito de Dios para sus instituciones hoy puede leerse tam­ bién en el propósito que trató de realizar mediante la nación judía. Quería impartir ricas bendiciones a todos los pueblos por medio de Israel. Así quería preparar el camino para la difusión de su luz en el mundo entero. Al seguir costumbres corruptas, las naciones del mun­ do habían perdido el conocimiento de Dios. Sin embargo, en su mise­ ricordia Dios no quería raerlas de la existencia. Se proponía darles oportunidad de conocerle por medio de su iglesia. Quería que los principios revelados por su pueblo fuesen el medio de restaurar en el hombre la imagen moral de Dios. Cristo era su instructor. Así como los acompañó en el desierto y mientras se establecían en la tierra prometida, iba a ser su Maestro y Guía. En el tabernáculo y el templo, su gloria moraba en una santa manifestación sobre el propiciatorio. Manifestaba constantemente en su favor las riquezas de su amor y paciencia. Dios deseaba hacer de su pueblo Israel una alabanza y una gloria. Le dio toda ventaja espiritual. No privó a sus hijos de nada que favo­ reciese la formación del carácter que los haría representantes suyos. La obediencia a las leyes de Dios iba a hacer de ellos maravillas
  4. 4. de prosperidad entre las naciones del mundo. El que podía darles sabiduría y habilidad en todo trabajo y arte, continuaría siendo su Maestro, y los ennoblecería y elevaría por medio de la obediencia a sus leyes. Si eran obedientes, los preservaría de las enfermedades que afligían a otras naciones, y serían bendecidos con vigor intelectual. La gloria de Dios, su majestad y poder, habían de revelarse en toda su prosperidad. Habían de ser un reino de sacerdotes y príncipes. El Señor les proporcionó toda facilidad para que llegasen a ser la mayor nación de la tierra. De la manera más definida, les presentó su propósito por medio de Moisés y les dio a conocer los términos de su prosperidad. “Por­ que tú eres pueblo santo a Jehová tu Dios —dijo—, Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la haz de la tierra... Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta las mil generaciones...Y será que, por haber oído estos derechos, y guardado y puéstolos por obra, Jehová tu Dios guardará contigo el pacto y la misericordia que juró a tus padres; y te amará, y te bendecirá, y te multiplicará... Ben­ dito serás más que todos los pueblos” (Deuteronomio 7:6-14) {Joyas de los testimonios, tomo 2, pp. 479, 480). Martes 27 de mayo: La Ley y las naciones (Hechos 10:34, 35) Todo el mundo natural está destinado a ser intérprete de las cosas de Dios. Para Adán y Eva en su hogar del Edén, la naturaleza estaba llena del conocimiento de Dios, rebosante de instrucción divina. Para sus oídos atentos, hacía repercutir la voz de la sabiduría. La sabiduría hablaba al ojo y era recibida en el corazón; porque ellos comulgaban con Dios en sus obras creadas. Tan pronto como la santa pareja trans­ gredió la ley del Altísimo, el esplendor del rostro de Dios se apartó de la faz de la naturaleza. Esta, ahora está arruinada y mancillada por el pecado. Pero las lecciones objetivas de Dios no se han obliterado; aun ahora, cuando se la estudia e interpreta correctamente, habla de su Creador... En el mundo natural, Dios ha puesto en las manos de los hijos de los hombres la llave que ha de abrir el alfolí de su Palabra. Lo invisi­ ble queda ilustrado por lo que se ve; la sabiduría divina, la verdad
  5. 5. eterna y la gracia infinita se entienden por las cosas que Dios ha he­ cho. (Consejos para los maestros, pp. 178, 179). A veces los que no tienen otro conocimiento de Dios que el reci­ bido por operación de la gracia divina, han manifestado bondad hacia sus siervos, protegiéndolos con peligro de su propia vida. El Espíritu Santo está implantando la gracia de Cristo en el corazón de muchos nobles buscadores de la verdad, y despierta sus simpatías en forma que contraría su naturaleza y su educación anterior. La “luz verdade­ ra, que alumbra a todo hombre que viene a este mundo” (S. Juan 1:9), resplandece en su alma; y esta luz, si la siguen, guiará sus pies hacia el reino de Dios. El profeta Miqueas dijo: “Aunque more en tinieblas, Jehová será mi luz... Hasta que juzgue mi causa y haga mi juicio él me sacará a luz; veré su justicia” (Miqueas 7:8, 9). El plan de salvación trazado por el Cielo es bastante amplio para abarcar todo el mundo. Dios anhela impartir el aliento de vida a la humanidad postrada. Y no permitirá que se quede chasqueado nadie que anhele sinceramente algo superior y más noble que cuanto puede ofrecer el mundo. Envía constantemente sus ángeles a aquellos que, si bien están rodeados por las circunstancias más desalentadoras, oran con fe para que algún poder superior a sí mismos se apodere de ellos y les imparta liberación y paz. De varias maneras Dios se les revelará, y los hará objeto de providencias que establecerán su con­ fianza en Aquel que se dio a sí mismo en rescate por todos (Profetas y reyes, pp. 279, 280). Aquellos a quienes Cristo elogia en el juicio, pueden haber sabido poca teología, pero albergaron sus principios. Por la influencia del Espíritu divino, fueron una bendición para los que los rodeaban. Aun entre los paganos, hay quienes han abrigado el espíritu de bondad; antes que las palabras de vida cayesen en sus oídos, manifestaron amistad para con los misioneros, hasta el punto de servirles con peli­ gro de su propia vida. Entre los paganos hay quienes adoran a Dios ignorantemente, quienes no han recibido jamás la luz por un instru­ mento humano, y sin embargo no perecerán. Aunque ignorantes de la ley escrita de Dios, oyeron su voz hablarles en la naturaleza e hicie­ ron las cosas que la ley requería. Sus obras son evidencia de que el Espíritu de Dios tocó su corazón, y son reconocidos como hijos de Dios {El Deseado de todas las gentes, p. 593).
  6. 6. Como legislador, Jesús ejercía la autoridad de Dios; sus órdenes y decisiones eran apoyadas por el Soberano del trono eterno. La gloria del Padre era revelada en el Hijo... Estaba tan perfectamente relacio­ nado con Dios, tan completamente imbuido de su luz, que el que había visto al Hijo, había visto al Padre. Su voz era como la voz, de Dios... Dice: “Yo soy en el Padre y el Padre en mi”. “Nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar”. “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:11; Mateo 11:27; Juan 14:9) (A fin de conocerle, p. 40). Desde que Jesús vino a morar con nosotros, sabemos que Dios conoce nuestras pruebas y simpatiza con nuestros pesares. Cada hijo e hija de Adán puede comprender que nuestro Creador es el amigo de los pecadores. Porque en toda doctrina de gracia, toda promesa de gozo, todo acto de amor, toda atracción divina presentada en la vida del Salvador en la tierra, vemos a “Dios con nosotros”... Mientras andaba haciendo bien y sanando a todos los afligidos de Satanás, demostró claramente a los hombres el carácter de la ley de Dios y la naturaleza de su servicio. Su vida testifica que para noso­ tros también es posible obedecer la ley de Dios. Por su humanidad, Cristo tocaba a la humanidad; por su divini­ dad, se asía del trono de Dios. Como Hijo del hombre, nos dio un ejemplo de obediencia; como Hijo de Dios, nos imparte poder para obedecer (El Deseado de todas las gentes, pp. 15, 16). Cristo, la Majestad del cielo, vino a esta tierra en forma humana, manifestando bondad, simpatía y amor divinos por la raza caída al colocarse a la cabeza de la familia humana. Vino a redimir a los pe­ cadores y a vestirlos con su justicia. Como Salvador del mundo, es­ tuvo sometido a tentaciones. El enemigo lo atacó en todo punto. Constantemente se aproximó a él con la sugerencia de que si transi­ gía con el mundo podría ganarlo. Cristo es nuestro ejemplo... Aunque estaba en el mundo, no era del mundo. No se conformó a las prácticas mundanas para alcanzar el propósito de su vida. No se complació a sí mismo. Debía mantenerse dentro de la norma más elevada. Cualquier desviación de la más estric­ ta rectitud moral hubiera echado a perder toda la obra de su vida. A fin de salvar a la humanidad, Cristo descendió al nivel de ella... Miércoles 28 de mayo: Gracia y verdad (Juan 1:17)
  7. 7. Vino a esta tierra para ser tentado en todos los puntos, tal como son tentados los seres humanos. En el desierto Satanás se aproximó a él y lo asaltó en los grandes puntos en los cuales ataca a los hombres, pero el Salvador no cedió ante el enemigo. No fue vencido ni en un solo punto, aunque las tentaciones fueron tan reales para él como lo son para nosotros hoy... Cristo vino a esta tierra humana para inaugurar una reforma espi­ ritual. Vino a mostrar cómo el hombre puede descartar toda ostenta­ ción y exhibicionismo; cómo puede vivir de acuerdo con los princi­ pios puros y vitales de la reforma. Vino a instituir un plan por medio del cual el carácter humano pueda llegar a ser puro. Por su gracia, desea colocar a los hombres y a las mujeres muy cerca del trono de Dios (Alza tus ojos, p. 193). Jueves 29 de mayo: La Ley y el evangelio (Romanos 1:16,17) La mezcla de juicio y misericordia es lo que hace la salvación plena y completa. La combinación de los dos es lo que nos induce, a medida que contemplamos al Redentor del mundo y la ley de Jehová, a exclamar: “Tu benignidad me ha engrandecido”. Sabemos que el evangelio es un sistema perfecto y completo que revela la inmutabi­ lidad de la ley de Dios. Inspira el corazón con esperanza y con amor hacia Dios. La misericordia nos invita a entrar por las puertas en la ciudad de Dios, y la justicia es inmolada para conceder a cada alma obediente plenos privilegios como miembro de la familia real, hijo del Rey celestial. Si fuéramos defectuosos de carácter, no podríamos pasar por las puertas que la misericordia ha abierto para el obediente, pues la justi­ cia está a la entrada y exige santidad y pureza en todos los que quie­ ran ver a Dios. Si la justicia fuera extinguida, y si fuera posible que la misericordia divina abriera las puertas a todo el género humano sin tener en cuenta el carácter, habría en el cielo una condición peor de descontento y rebelión que la que hubo antes de que Satanás fuera expulsado. Se quebrantarían la paz, la felicidad y la armonía del cie­ lo. El traslado de la tierra al cielo no cambiará los caracteres de los hombres; la felicidad de los redimidos en el cielo es el resultado de los caracteres formados en esta vida a semejanza de la imagen de Cristo. Los santos en el cielo primero habrán sido santos en la tierra.
  8. 8. La salvación para el hombre que Cristo ganó con un sacrificio tan grande, es la única que tiene valor, es la que nos salva del pecado: la causa de todas las calamidades y desgracias de nuestro mundo. La misericordia ofrecida al pecador constantemente lo está atrayendo a Jesús. Si responde y acude arrepentido y confesando sus pecados, si con fe se aferra a la esperanza puesta ante él por el evangelio, Dios no despreciará al corazón quebrantado y contrito. De esta manera no es debilitada la ley de Dios, sino que se quebranta el poder del peca­ do y el cetro de la misericordia se extiende al pecador penitente... El evangelio de las buenas nuevas no debía ser interpretado como algo que permite que los hombres vivan en continua rebelión contra Dios, transgrediendo su ley justa y santa. Los que pretenden entender las Escrituras, ¿por qué no pueden ver que el requisito de Dios bajo la gracia es exactamente el mismo que impuso en el Edén: perfecta obediencia a su ley? En el juicio Dios preguntará a los que dicen ser cristianos: ¿por qué afirmasteis creer en mi Hijo pero continuasteis transgrediendo mi ley? ¿Quién exigió esto de vuestras manos: hollar mis reglas de justicia? “Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los cameros”. El evangelio del Nuevo Testamento no es la norma del Antiguo Testa­ mento rebajada para llegar hasta el pecador y salvarlo en sus peca­ dos. Dios pide obediencia de todos sus súbditos, obediencia completa a todos sus mandamientos. Ahora, como siempre, demanda perfecta justicia como el único título para el cielo. Cristo es nuestra esperanza y nuestro refugio. Su justicia solo es atribuida al obediente. Acepté­ mosla por fe para que el Padre no encuentre ningún pecado en noso­ tros (Comentario bíblico adventista, tomo 6, pp. 1071, 1072). Viernes 30 de mayo: Para estudiar y meditar El evangelismo, pp. 174-176; Lafe por la cual vivo, pp. 90, 91.

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