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do, ser dignos de ser llamados "hijos de Dios".
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Notas de Elena | Lección 4 | La Salvación | Escuela Sabática Tercer trimestre 2014

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Notas de Elena | Lección 4 | La Salvación | Escuela Sabática Tercer trimestre 2014

  1. 1. www.EscuelaSabatica.es III Trimestre de 2014 Las enseñanzas de Jesús Notas de Elena G. de White Lección 4 26 de julio 2014 La Salvación: Sábado 12 de julio Debemos reunimos en derredor de la cruz. Cristo y Cristo crucificado debe ser el tema de contemplación, conversación, y de la más gozosa emo- ción. Debemos realizar estas reuniones especiales con el propósito de man- tener fresco en nuestro pensamiento todo lo que recibimos de Dios y expre- sar nuestra gratitud por su gran amor, nuestra disposición a confiárselo todo a la mano que fue clavada en la cruz por nosotros (Joyas de los testimonios, 1 .1, p. 275). Satanás presentaba a Dios como un ser egoísta y opresor, que lo pedía todo y no daba nada, que exigía el servicio de sus criaturas para su propia gloria, sin hacer ningún sacrificio para su bien. Pero el don de Cristo revela el corazón del Padre. Testifica que los pensamientos de Dios hacia nosotros son "pensamientos de paz, y no de mal". Declara que aunque el odio que Dios siente por el pecado es tan fuerte como la muerte, su amor hacia el pecador es más fuerte que la muerte. Habiendo emprendido nuestra reden- ción, no escatimará nada, por mucho que le cueste, de lo que sea necesario para la terminación de su obra. No se retiene ninguna verdad esencial para nuestra salvación, no se omite ningún milagro de misericordia, no se deja sin empleo ningún agente divino. Se acumula un favor sobre otro, una dádi- va sobre otra. Todo el tesoro del cielo está abierto a aquellos a quienes él trata de salvar. Habiendo reunido las riquezas del universo, y abierto los recursos de la potencia infinita, lo entrega todo en las manos de Cristo y dice: Todas estas cosas son para el hombre. Úsalas para convencerlo de que no hay mayor amor que el mío en la Tie- rra o en el cielo. Amándome hallará su mayor felicidad. En la cruz del Calvario, el amor y el egoísmo se encontraron frente a frente. Allí fue hecha su manifestación culminante. Cristo había vivido tan solo para consolar y bendecir, y al darle muerte, Satanás manifestó la per- versidad de su odio contra Dios. Hizo evidente que el propósito verdadero de su rebelión era destronar a Dios, y destruir a Aquel por quien el amor de Dios se manifestaba (El
  2. 2. www.EscuelaSabatica.es Deseado de todas las gentes, p. 39, 40). Domingo 20 de julio: La salvación es un don de Dios. Todo el amor paterno que se haya transmitido de generación a genera- ción por medio de los corazones humanos, todos los manantiales de ternura que se hayan abierto en las almas de los hombres, son tan solo como una gota del ilimitado océano, cuando se comparan con el amor infinito e inago- table de Dios. La lengua no lo puede expresar, la pluma no lo puede descri- bir. Podéis meditar en él cada día de vuestra vida; podéis escudriñar las Escrituras diligentemente a fin de comprenderlo; podéis dedicar toda facul- tad y capacidad que Dios os ha dado al esfuerzo de comprender el amor y la compasión del Padre celestial; y aun queda su infinidad. Podéis estudiar este amor durante siglos, sin comprender nunca plenamente la longitud y la anchura, la profundidad y la altura del amor de Dios al dar a su Hijo para que muriese por el mundo. La eternidad misma no lo revelará nunca plena- mente. Sin embargo, cuando estudiemos la Biblia y meditemos en la vida de Cristo y el plan de redención, estos grandes temas se revelarán más y más a nuestro entendimiento. Y alcanzaremos la bendición que Pablo deseaba para la iglesia de Éfeso, cuando rogó: "El Dios de Señor nuestro Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación para su cono- cimiento; alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál sea la esperanza de su vocación, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál aquella supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos" (Efesios 1:17-19) (Joyas de los testimo- nios, t. 2, p. 337). Jesús, el gran Capitán del cielo, abandonó los atrios celestiales para venir a un mundo calcinado y marchito por la maldición. Tomó sobre sí nuestra naturaleza para abrazar toda la raza con su brazo humano, a la vez que con su brazo divino se aferró a la omnipotencia y, de ese modo, ligó el hombre finito al Dios infinito. Nuestro Redentor vino al mundo para mostrar cómo debe vivir el hombre para asegurarse la vida in- mortal. Nuestro Padre celestial hizo un sacrificio infinito al dar a su Hijo para que muriera en lugar del hombre caído. El precio pagado por nuestra redención nos debiera dar visiones elevadas de lo que podemos llegar a ser por medio de Cristo. Mientras Juan contemplaba la altura, la profundidad y la amplitud del amor del Padre hacia nuestra raza feneciente, se llenó de admiración y reve- rencia. No pudo encontrar las palabras adecuadas para expresar ese amor, sino que pide al mundo que lo contemple: "Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios" (1 Juan 3:1). ¡Qué valor se le concede al hombre! Por la transgresión los hijos de los hombres quedaron sujetos a Satanás. Pero por el infinito sacrificio de Cristo y la fe en su nom- bre, los hijos de Adán son hechos hijos de Dios. Al asumir la naturaleza humana, Cristo elevó la humanidad. A los hom- bres caídos se les concede otra oportunidad y se les permite, mediante la unión con Cristo, que se eduquen, se mejoren y se eleven para, de ese mo-
  3. 3. www.EscuelaSabatica.es do, ser dignos de ser llamados "hijos de Dios". Tal amor no tiene parangón. Jesús exige que todos los que fueron com- prados con el precio de su vida hagan el mejor uso de los talentos que les dio. Deben aumentar su conocimiento de la voluntad divina y mejorar cons- tantemente su intelecto y su moral hasta alcanzar una perfección de carácter un poco inferior a la de los ángeles (Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 556). Lunes 21 de julio: La iniciativa de Dios en la salvación. Los judíos enseñaban que antes de que se extendiera el amor de Dios al pecador, éste debía arrepentirse. A su modo de ver, el arrepentimiento es una obra por la cual los hombres ganan el favor del cielo. Y este fue el pen- samiento que indujo a los fariseos a exclamar con asombro e ira: "Éste a los pecadores recibe". De acuerdo con sus ideas, no debía permitir que se le acercaran sino los que se habían arrepentido. Pero en la parábola de la oveja perdida, Cristo enseña que la salvación no se debe a nuestra búsqueda de Dios, sino a su búsqueda de nosotros. "No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios; todos se apartaron". No nos arrepentimos para que Dios nos ame, sino que él nos revela su amor para que nos arrepintamos (Palabras de vida del Gran Maestro, p. 147, 148). La parábola de la oveja extraviada debiera ser atesorada como lema en toda familia. El divino Pastor deja las noventa y nueve, y sale al desierto a buscar la perdida. Hay matorrales, pantanos, y grietas peligrosas en las ro- cas, y el Pastor sabe que si la oveja está en alguno de estos lugares, una mano amistosa debe ayudarle a salir. Mientras oye su balido lejano, hace frente a cualquier dificultad para salvar a su oveja perdida. Cuando la des- cubre, no la abruma con reproches. Se alegra de que la encontró viva. Con mano firme aunque suave, aparta las espinas, o la saca del barro; la alza tiernamente sobre sus hombros, y la lleva de vuelta al aprisco. El Redentor puro y sin pecado, lleva al ser pecaminoso e inmundo. El que expía los pecados lleva la oveja contaminada; pero es tan preciosa su carga que se regocija, cantando: "Dadme el parabién, porque he hallado mi oveja que se había perdido" (S. Lucas 15:6). Considere cada uno de vo- sotros que su propia persona ha sido llevada sobre los hombros de Cristo. No albergue nadie un espíritu dominador, de justicia propia y criticón; por- que ni una sola oveja habría entrado en el aprisco si el Pastor no hubiese emprendido la penosa búsqueda en el desierto. El hecho de que una oveja se había perdido bastaba para despertar la simpatía del Pastor, y hacerle em- prender su búsqueda. Este mundo diminuto fue escena de la encarnación y el sufrimiento del Hijo de Dios. Cristo no fue a los mundos que no habían caído, sino que vino a este mundo, todo mancillado y quemado por la maldición. La perspectiva no era favorable, sino muy desalentadora. Sin embargo, "no se cansará, ni desmayará, hasta que ponga en la Tierra juicio" (Isaías 42:4). Debemos tener presente el gran gozo manifestado por el Pastor al recobrar la oveja perdida. Llama a sus vecinos y dice: "Dadme el parabién, porque he hallado la oveja que se había perdido". Y por todo el cielo repercute la nota de go-
  4. 4. www.EscuelaSabatica.es zo. El Padre mismo se regocija con canto por el alma rescatada. ¡Qué santo éxtasis de gozo se expresa en esta parábola! Y es nuestro privilegio partici- par de este gozo (Joyas de los testimonios, t. 2, p. 407, 408). Martes 22 de julio: La salvación requirió la muerte de Cristo. Acuda el alma a Jesús. "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (S. Juan 1:29). Nadie será forzado a acudir a Jesús, pero la voz de la invitación resuena suplicando anhelosa: "Mirad, y vivid". Acudiendo a Cristo, veremos que su amor es sin para- lelo, que ha tomado el lugar del culpable pecador y le ha imputado su justi- cia inmaculada. Cuando el pecador ve a su Salvador muriendo en la cruz, en su lugar, bajo la maldición del pecado, al contemplar su amor perdonador, el amor se despierta en su corazón. El pecador ama a Cristo porque Cristo primero lo ha amado a él, y el amor es el cumplimiento de la ley. El alma arrepentida comprende que Dios "es fiel y justo para perdonar nuestros pe- cados, y limpiarnos de toda maldad". El Espíritu de Dios actúa en el alma del creyente, capacitándolo para seguir progresando en su obediencia, in- crementando su fortaleza, avanzando de gracia en gracia en Jesucristo. Dios condena justamente a todo el que no hace de Cristo su Salvador personal, pero perdona a cada alma que acude a él con fe, y la capacita para realizar las obras de Dios y para ser una con Cristo por la fe. Jesús dice de tales personas: "Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad [esta unidad proporciona perfección de carácter], para que el mundo conoz- ca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado" (S. Juan 17:23). El Señor ha provisto todo lo necesario para que el hombre pueda alcanzar la salvación plena y gratuita, y sea completo en él. El propósito de Dios es que sus hijos tengan los brillantes rayos del Sol de justicia, que todos tengan la luz de la verdad. Dios ha proporcionado la salvación al mundo a un costo infinito, nada menos que la dádiva de su Hijo unigénito. El apóstol pregunta: "El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?" (Romanos 8:32). Por lo tanto, si no somos salvados, la falta no será de Dios, sino nuestra, por haber dejado de cooperar con los instrumentos divinos. Nuestra voluntad no ha coincidido con la voluntad de Dios (Mensa- jes selectos, t. 1, p. 439, 440). Cristo voluntariamente tomó la naturaleza humana. Fue un acto suyo y por su propio consentimiento. Revistió su divinidad con humanidad. Él ha- bía sido siempre como Dios, pero no apareció como Dios. Veló las manifes- taciones de la Deidad que habían producido el homenaje y originado la ad- miración del universo de Dios. Fue Dios mientras estuvo en la tierra, pero se despojó de la forma de Dios y en su lugar tomó la forma y la figura de un hombre. Anduvo en la tierra como un hombre. Por causa de nosotros se hizo pobre, para que por su pobreza pudiéramos ser enriquecidos. Puso a un lado su gloria y su majestad. Era Dios, pero por un tiempo se despojó de las glorias de la forma de Dios. Aunque anduvo como pobre entre los hombres, repartiendo sus bendi-
  5. 5. www.EscuelaSabatica.es ciones por dondequiera que iba, a su orden legiones de ángeles habrían ro- deado a su Redentor y le hubieran rendido homenaje. Pero anduvo por la Tierra sin ser reconocido, sin ser confesado por sus criaturas, salvo pocas excepciones. La atmósfera estaba contaminada con pecados y maldiciones en lugar de himnos de alabanza. La parte de Cristo fue pobreza y humilla- ción [...]. Esto contrasta con las riquezas de gloria, con el caudal de alabanza que fluye de lenguas inmortales, con los millones de preciosas voces del univer- so de Dios en himnos de adoración. Pero Cristo se humilló a sí mismo, y tomó sobre sí la mortalidad. Como miembro de la familia humana, era mor- tal; pero como Dios era la fuente de vida para el mundo. En su persona di- vina podría haber resistido siempre los ataques de la muerte y haberse ne- gado a ponerse bajo el dominio de ella. Sin embargo, voluntariamente en- tregó su vida para poder dar vida y sacar a la luz la inmortalidad. Llevó los pecados del mundo y sufrió el castigo que se acumuló como una montaña sobre su alma divina. Entregó su vida como sacrificio para que el hombre no muriera eternamente. No murió porque estuviese obligado a morir, sino por su propio libre al- bedrío. Esto era humildad. Todo el tesoro del cielo fue derramado en una dádiva para salvar al hombre caído. Cristo reunió en su naturaleza humana todas las energías vitalizantes que los seres humanos necesitan y deben re- cibir (Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 1101). Miércoles 23 de julio: Libres del pecado. Cristo ha prometido enviarnos el Consolador, cuya obra es establecer el reino de Dios en el alma. Si se han hecho abundantes provisiones de miseri- cordia, gracia y paz, ¿por qué los seres humanos actúan como si considera- ran la verdad como un yugo de esclavitud? Es porque el corazón no ha pro- bado ni visto cuán bueno es el Señor. Algunos piensan que la verdad de la Palabra de Dios es una cadena. Pero es la verdad la que libera a los hom- bres. Por consiguiente, si la verdad nos hace libres, somos realmente libres. La verdad aparta al hombre de sus pecados, de sus tendencias heredadas y cul- tivadas hacia el mal. El alma que aprecia el amor de Cristo es colmada de libertad, luz y gozo. En un alma así no hay pensamientos divididos. El ser entero anhela a Dios. No va tras los hombres para conocer su deber sino a Cristo, la fuente de toda sabiduría. Busca la Palabra de Dios para encontrar las normas que debe alcanzar. ¿Podremos encontrar alguna vez algún guía más seguro que Jesús? La verdadera religión consiste en estar bajo la conducción del Santo en pensa- miento, palabra y obra. Él, que es el camino, la verdad y la vida, toma al buscador humilde, ferviente, completamente entregado, y le dice: "Sígue- me". Lo conduce por el estrecho sendero hacia la santidad y el cielo. Cristo abrió este sendero para nosotros a gran costo para sí mismo, y no somos abandonados en nuestros caminos oscuros para que tropecemos. Jesús está a nuestra diestra, proclamando: Yo soy el camino; y todos los que decidan seguir al Señor serán guiados en el sendero real preparado para que los res-
  6. 6. www.EscuelaSabatica.es catados del Señor caminen por él (Reflejemos a Jesús, p. 106). El Señor Dios, mediante Cristo, extiende su mano durante todo el día in- vitando al necesitado. Recibirá a todos. Da a todos la bienvenida. No recha- za a ninguno. Su gloria es perdonar al más empedernido de los pecadores. Quitará la presa al valiente y librará a los cautivos; arrebatará el tizón del fuego. Hará descender la cadena dorada de su misericordia a las mayores profundidades de la desdicha humana y de la culpa, y levantará al alma en- velecida contaminada por el pecado. Pero el ser humano debe querer apro- ximarse y colaborar en la obra de salvar su alma, utilizando las oportunida- des que Dios le dio. El Señor no fuerza a ninguno. El inmaculado vestido de bodas de la justicia de Cristo está preparado para cubrir al pecador, pero si lo rehúsa, debe perecer. El registro del pasado puede borrarse con la sangre de Cristo, y la página puede quedar limpia y blanca "Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuen- ta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblan- quecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana" (Isaías 1:18). Las palabras pronunciadas por Jesús: "Tus pecados te son perdonados" (S. Mateo 9:2), tienen un inmenso valor para nosotros. Él dijo: He llevado tus pecados en mi propio cuerpo en la cruz del Calva- rio. Él ve nuestras aflicciones. Su mano se posa sobre la cabeza de cada alma contrita, y Jesús se convierte en nuestro Abogado delante del Padre, y nuestro Salvador. El corazón humillado y contrito recibirá una gran bendi- ción con el perdón (A fin de conocerle, p. 237). Podemos reclamar para nosotros la bendita seguridad: "Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados" (Isaías 44:22). "Sus muchos pecados le son perdonados" (S. Lucas 7:47). Cuán preciosa y refri- gerante es la luz del amor de Dios. El pecador puede contemplar su vida manchada por el pecado, y decir: "¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió" (Romanos 8:34). "Cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia” (Romanos 5:20). Cristo, el Restaurador, planta un nuevo principio de vida en el alma, y esa planta crece y produce fruto. La gracia de Cristo purifica mientras perdona, y prepara a los hombres para un cielo santo. De- bemos crecer en gracia y en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo, hasta que alcancemos plenamente la estatura de hombres y mujeres en Cris- to (A fin de conocerle, p. 338). Jueves 24 de julio: Cristo nos da vida eterna. "Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás" (2 Pedro 1:10). Aquí se nos ofrece un seguro de vida que nos garantiza la vida eterna en el reino de Dios. Os ruego que estudiéis estas palabras del apóstol Pedro. Cada cláusula encierra entendimiento e inteligencia.
  7. 7. www.EscuelaSabatica.es Al asirnos del Dador de vida, que se entregó por nosotros, recibimos la vida eterna [...]. Cristo Jesús es el único que puede juzgar si los seres humanos están en con- diciones de recibir la vida eterna. Los portales de la santa ciudad se abrirán ante los que hayan sido humildes, mansos y sencillos seguidores de Cristo, ante los que aprendieron sus lecciones y recibieron el seguro de vida de Jesús por haber formado caracteres según la divina semejanza (Dios nos cuida, p. 66). Si mediante la fe el hombre llega a ser uno con Cristo, puede ganar vida eterna. Dios ama a los que son redimidos mediante Cristo así como ama a su Hijo. ¡Qué pensamiento! ¿Puede amar Dios al pecador como ama a su propio Hijo? Sí, Cristo ha dicho esto y él se propone hacer exactamente lo que dice. Él honrará todos nuestros proyectos, si nos aferramos de sus pro- mesas mediante una fe viviente y ponemos nuestra confianza en él. Mirad a él, y vivid. Todos los que obedecen a Dios están comprendidos en la ora- ción que Cristo ofreció a su Padre: "Les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aun, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos" (S. Juan 17:26). ¡Maravillosa verdad, demasiado difícil para que la comprenda la humani- dad! (Mensajes selectos, t. 1, p. 352). Lo que bendecirá a la humanidad es la vida espiritual. El que está en armo- nía con Dios, dependerá constantemente de él para obtener fortaleza. "Sed vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto". La obra de nuestra vida debería consistir en avanzar constantemente para alcanzar la perfección del carácter cristiano, esforzándonos siempre por conformarnos a la voluntad de Dios. Los esfuerzos iniciados en la Tierra continuarán por toda la eternidad. Los adelantos hechos aquí nos pertenece- rán cuando entremos en la vida futura. Los que son participantes de la humildad, la pureza y el amor de Cristo, se gozarán en Dios, y esparcirán luz y alegría a todo su alrededor. El pensa- miento de que Cristo murió para conseguirnos el don de la vida eterna, bas- ta para poner de manifiesto en nuestro corazón la gratitud más sincera y ferviente, y obtener de nuestros labios la alabanza más entusiasta. Las pro- mesas de Dios son ricas, plenas y gratuitas. Cualquiera que, en la fortaleza de Cristo, cumpla con los requisitos, podrá reclamar estas promesas con toda su riqueza de bendición como propias. Y al recibir abundante provisión del almacén de Dios, podrá, en el viaje de la vida, "andar como es digno del Señor, agradándole en todo", bendiciendo a sus semejantes y honrando a
  8. 8. www.EscuelaSabatica.es Dios con su ejemplo piadoso. Mientras nuestro Salvador previene a sus seguidores con la advertencia: "Sin mí nada podéis hacer", ha unido a ella para nuestro estímulo la grata seguridad de que "el que está en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto" (Hijos e hijas de Dios, p. 329). Viernes 25 de julio: Para estudiar y meditar El camino a Cristo, p. 15-20; Mensajes selectos, t. 1, p. 411-414. Material facilitado por JESÚS PADILLA © http://escuelasabatica.es/ www.facebook.com/EscuelaSabatica.es Suscríbase para recibir gratuitamente recursos para la Escuela Sabática

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