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Notas de Elena | Lección 13 | La segunda venida de Cristo | Escuela Sabática

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Notas de Elena | Lección 13 | La segunda venida de Cristo | Escuela Sabática

  1. 1. www.EscuelaSabatica.es III Trimestre de 2014 Las enseñanzas de Jesús Notas de Elena G. de White Lección 13 27 de septiembre 2014 La segunda venida de Cristo: Sábado 20 de septiembre El Señor va a venir pronto, y debemos estar preparados para recibirlo en paz. Resolvamos hacer todo lo que está en nuestro poder para impartir luz a los que nos rodean. No debemos estar tristes, sino alegres, y recordar siem- pre al Señor Jesús. Él va a venir pronto, y debemos estar listos a aguardar su aparición. ¡Oh, cuán glorioso será verle y recibir la bienvenida como sus redimidos! Largo tiempo hemos aguardado; pero nuestra esperanza no debe debilitarse. Si tan solo podemos ver al Rey en su hermosura, seremos bienaventurados para siempre. Me siento inducida a clamar con gran voz: “¡Vamos rumbo a la patria!” Nos estamos acercando al tiempo en que Cristo vendrá con poder y grande gloria a llevar a sus redimidos a su hogar eterno... Por largo tiempo hemos aguardado el retomo de nuestro Salvador. Sin em- bargo, su promesa es segura. Pronto estaremos en nuestro hogar prometido. Allí Jesús nos conducirá junto a la corriente viva que fluye del trono de Dios, y nos explicará las oscuras providencias por las cuales nos condujo en esta tierra a fin de perfeccionar nuestros caracteres. Allí contemplaremos, con clara visión, las hermosuras del Edén restaurado. Arrojando a los pies de nuestro Redentor las coronas que él habrá puesto sobre nuestras cabezas, y pulsando nuestras arpas de oro, llenaremos todo el cielo con alabanzas a Aquel que se sienta en el trono (¡Maranata: El Señor viene!, p. 309). Domingo 21 de septiembre: La promesa Fue nuestro Señor mismo quien prometió a sus discípulos: “Si yo fuere y os preparare el lugar, vendré otra vez, y os recibiré conmigo”.
  2. 2. www.EscuelaSabatica.es El compasivo Salvador fue quien, previniendo el abandono y el dolor de sus discípulos, encargó a los ángeles que los consolaran con la seguridad de que volvería en persona, como había subido al cielo. Mientras los discípulos estaban mirando con ansia al cielo para percibir la última vislumbre de Aquel a quien amaban, fue atraída su atención por las palabras: “¡Varones galileos, ¿por qué os quedáis mirando así al cielo? este mismo Jesús que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá del mismo modo que le habéis visto ir al cielo!” El mensaje de los ángeles reavivó la esperanza de los dis- cípulos. “Volvieron a Jerusalén con gran gozo: y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios”. No se alegraban de que Jesús se hubiese separado de ellos ni de que hubiesen sido dejados para luchar con las pruebas y tentaciones del mundo, sino porque los ángeles les habían asegurado que él volvería. La proclamación de la venida de Cristo debería ser ahora tal como la que fue hecha por los ángeles a los pastores de Belén, es decir, buenas nuevas de gran gozo. Los que aman verdaderamente al Salvador no pueden menos que recibir con aclamaciones de alegría el anuncio fundado en la Palabra de Dios de que Aquel en quien se concentran sus esperanzas para la vida eter- na volverá, no para ser insultado, despreciado y rechazado como en su pri- mer advenimiento, sino con poder y gloria, para redimir a su pueblo (Hijos e hijas de Dios, p. 368). Nuestra ciudadanía está en el cielo. Debiéramos comprender más claramen- te el valor de las promesas que Dios nos ha hecho, y apreciar más profun- damente el honor que nos ha dado. Dios no puede dispensar mayor honor a los mortales que el de adoptarlos en su familia, dándoles el privilegio de llamarlo Padre... Somos extranjeros y peregrinos en este mundo. Hemos de esperar, velar, orar y trabajar (La maravillosa gracia de Dios, p. 57). Una de las verdades más solemnes y más gloriosas que revela la Biblia, es la de la segunda venida de Cristo para completar la gran obra de la reden- ción. Al pueblo peregrino de Dios, que por tanto tiempo hubo de morar “en región y sombra de muerte”, le es dada una valiosa esperanza inspiradora de alegría en la promesa de la venida de Aquel que es “la resurrección y la vida” para hacer “volver al hogar a sus hijos exiliados”. La doctrina del segundo advenimiento es verdaderamente la nota tónica de las Sagradas Escrituras (¡Maranata: El Señor viene!, p. 11). Lunes 22 de septiembre: El propósito de la segunda venida de Jesús El cielo reconoce las acciones humanas. El Señor contrasta el espíritu y el accionar del juez injusto con su propio accionar: “¿Y acaso Dios no hará
  3. 3. www.EscuelaSabatica.es justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en res- ponderles? Os digo que pronto les hará justicia” (Lucas 18:7,8). Estas palabras deber traer consuelo a los oprimidos. Dios escucha el clamor de sus hijos. Y Jesús les asegura que Dios no los ha olvidado; que los de- fenderá y vindicará su causa. Él ha sufrido en su favor; ha soportado el do- lor de sus penas y aflicciones, y volverá para liberarlos. El pueblo de Dios, que sufre persecuciones por su fe, que es maltratado y burlado, puede ser tentado a pensar que Dios los ha abandonado. A los ojos humanos ellos son una minoría y parece que sus enemigos triunfan. Pero el Señor les da una señal de victoria cuando dice: “Yo habito... con el quebrantado y humilde de espíritu” (Isaías 57:15)... Algunos preguntan: “¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos?” La respuesta es: ¡Sí!, los elegidos de Dios son objeto de su especial cuidado; los elegidos y fíeles, que claman día y noche ante él, son particularmente importantes para él. Mientras sufren pruebas y aflicciones, puede parecer que la respuesta a sus oraciones se demora largamente. Pero sus súplicas no se han hecho en vano, pues el Señor, cuando estén en el punto más crítico de sus pruebas, les hará justicia, incluso en formas inesperadas para ellos. No hay peligro que el Señor deje de escuchar las oraciones de su pueblo. El cumplirá su palabra. El peligro es que los que son probados y tentados se desanimen y dejen de perseverar en oración. Aun así, Dios hará justicia con ellos y con los que trajeron los males sobre ellos (Signs of the Times, 21 de mayo de 1896). El cristiano no necesita contender por sus derechos. Dios tratará con el que viole esos derechos. “Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” (Roma- nos 12:19). Se guarda un registro de todos estos asuntos, y por todo esto el Señor declara que él vengará. El traerá toda obra a juicio (Mensajes selec- tos, tomo 3, p. 343). Martes 23 de septiembre: ¿De qué manera vendrá Jesús? Ningún lenguaje humano es capaz de describir las escenas relativas a la segunda venida del Hijo del hombre en las nubes de los cielos. Aparecerá con su propia gloria, y con la gloria de su Padre y la de sus santos ángeles. Vendrá cubierto con sus ropajes de luz, que ha tenido desde los días de la eternidad. Lo acompañarán los ángeles. Diez mil veces diez mil lo escolta- rán en su venida. Se escuchará el sonido de la trompeta que llama a los muertos que duermen en sus tumbas. La voz de Cristo atravesará las tumbas y penetrará en los oídos de los muertos y “todos los que están en los sepul- cros oirán su voz... y saldrán a resurrección” (Exaltad a Jesús, p. 367).
  4. 4. www.EscuelaSabatica.es En el día de su advenimiento se oirá la última gran trompeta, y se producirá un terrible temblor que sacudirá la tierra y el cielo. La tierra entera, desde los montes más encumbrados hasta las minas más profundas, escuchará. El fuego lo penetrará todo. La atmósfera viciada será purificada por el fuego. Habiendo cumplido el fuego su misión, los muertos que han yacido en sus tumbas se levantarán; algunos, para resurrección de vida, serán tomados para encontrarse con el Señor en el aire; y otros, para que observen la veni- da de Aquel a quien despreciaron y al que ahora reconocen como Juez de toda la tierra. Las llamas no tocan a ninguno de los justos. Pueden caminar por el fuego como Sadrac, Mesac y Abednego en medio del homo calentado siete veces más de lo que se acostumbraba hacerlo. Los héroes hebreos no pudieron ser consumidos porque la presencia del cuarto, el Hijo de Dios, estaba con ellos. Por consiguiente, en el día del Señor, el humo y las llamas no tendrán poder para dañar a los justos. Los que estén unidos al Señor escaparán ile- sos. Terremotos, huracanes, fuego e inundaciones no pueden dañar a quie- nes están preparados para encontrarse con su Salvador en paz. Pero quienes lo rechazaron, azotaron y crucificaron se hallarán entre los que sean levan- tados de los muertos para contemplar su venida en las nubes de los cielos, asistido por la hueste celestial, diez mil veces diez mil y miles de miles... Esta escena me fue presentada tan plenamente como podía soportar con- templarla (Alza tus ojos, p. 259). En esta escena de la resurrección del Hijo de Dios se da una imagen vivien- te de la gloria que será revelada en la resurrección general de los justos, cuando Cristo aparezca por segunda vez en las nubes del cielo. Entonces los muertos que están en sus tumbas oirán su voz y saldrán a resurrección de vida; y no solo la tierra sino los cielos mismos serán sacudidos. Unas pocas tumbas se abrieron cuando resucitó Cristo, pero en su segunda venida todos los preciosos muertos, desde el justo Abel hasta el último santo que muera, serán despertados a la vida gloriosa e inmortal. Si los soldados que estaban cerca del sepulcro se llenaron de tanto terror ante la aparición de un ángel revestido de luz y fortaleza celestiales, hasta el punto de que cayeron como muertos, ¿cómo estarán sus enemigos ante el Hijo de Dios cuando venga con poder y gran gloria acompañado por miríadas de miríadas y millares de millares de ángeles procedentes de las cortes celestiales? Entonces la tierra temblará como un ebrio y será removida como una choza. Los elementos arderán y los cielos se enrollarán como un pergamino (Comentario bíblico adventista, tomo 5, p. 1085).
  5. 5. www.EscuelaSabatica.es Miércoles 24 de septiembre: ¿Cuándo vendrá Jesús? Cristo va a venir en las nubes y con grande gloria. Le acompañará una mul- titud de ángeles resplandecientes. Vendrá para resucitar a los muertos y para transformar a los santos vivos de gloria en gloria. Vendrá para honrar a los que le amaron y guardaron sus mandamientos, y para llevarlos consigo. No los ha olvidado ni tampoco ha olvidado su promesa. Volverán a unirse los eslabones de la familia. Cuando miramos a nuestros muertos, podemos pen- sar en la mañana en que la trompeta de Dios resonará, cuando “los muertos serán levantados sin corrupción, y nosotros seremos transformados”. Aun un poco más, y veremos al Rey en su hermosura. Un poco más, y enjugará toda lágrima de nuestros ojos. Un poco más, y nos presentará “delante de su gloria irreprensibles, con grande alegría”. Por lo tanto, cuando dio las seña- les de su venida, dijo: “Cuando estas cosas comenzaren a hacerse, mirad, y levantad vuestras cabezas, porque vuestra redención está cerca”. Pero el día y la hora de su venida, Cristo no los ha revelado. Explicó clara- mente a sus discípulos que él mismo no podía dar a conocer el día o la hora de su segunda aparición. Si hubiese tenido libertad para revelarlo, ¿por qué habría necesitado exhortarlos a mantener una actitud de constante expecta- tiva? Hay quienes aseveran conocer el día y la hora de la aparición de nues- tro Señor. Son muy fervientes en trazar el mapa del futuro. Pero el Señor los ha amonestado a que se aparten de este terreno. El tiempo exacto de la se- gunda venida del Hijo del hombre es un misterio de Dios... La crisis se está acercando gradual y furtivamente a nosotros. El sol brilla en los cielos y recorre su órbita acostumbrada, y los cielos continúan decla- rando la gloria de Dios. Los hombres siguen comiendo y bebiendo, plantan- do y edificando, casándose y dándose en casamiento. Los negociantes si- guen comprando y vendiendo. Los hombres siguen luchando unos con otros, contendiendo por el lugar más elevado. Los amadores de placeres siguen atestando los teatros, los hipódromos, los garitos de juego. Prevalece la más intensa excitación, y sin embargo el tiempo de gracia está llegando rápidamente a su fin, y cada caso está por ser decidido para la eternidad. Satanás ve que su tiempo es corto. Ha puesto todos sus agentes a trabajar a fin de que los hombres sean engañados, seducidos, ocupados y hechizados hasta que haya terminado el tiempo de gracia, y se haya cerrado para siem- pre la puerta de la misericordia (El Deseado de todas las gentes, pp. 586- 590). Los tiempos y las sazones son del dominio exclusivo de Dios. ¿Y por qué no nos ha dado Dios este conocimiento? Porque no haríamos un uso correc-
  6. 6. www.EscuelaSabatica.es to de él si nos lo diera. De este conocimiento resultaría un estado de cosas tal entre nuestros hermanos que retardaría grandemente la obra de Dios de preparar un pueblo que permanezca en pie en el gran día que ha de venir. No hemos de embarcamos en especulaciones con respecto a los tiempos y las sazones que Dios no ha revelado. Jesús dijo a sus discípulos que velaran, pero no respecto a un tiempo definido. Sus seguidores han de estar en la posición de aquellos que escuchan las ordenes de su Capitán; han de vigilar, esperar, orar y trabajar, mientras se acerca el tiempo para la venida del Se- ñor; pero nadie podrá predecir justamente cuándo vendrá ese tiempo; pues “el día y hora nadie sabe”. No podéis decir que él vendrá de aquí a un año, o dos, o cinco años, ni tampoco debéis postergar su venida declarando que no ocurrirá antes de diez o de veinte años... No hemos de saber el tiempo definido, ni del derramamiento del Espíritu Santo ni de la venida de Cristo (El evangelismo, pp. 164, 165). Jueves 25 de septiembre: Velar y estar preparados “Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de esca- par de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre” (Lucas 21:36). Al considerar el poco tiempo que nos queda, debiéramos velar y orar como pueblo, y en ningún caso dejarnos distraer de la solemne obra de prepara- ción para el gran acontecimiento que nos espera. Porque el tiempo se alarga aparentemente, muchos se han vuelto descuidados e indiferentes acerca de sus palabras y acciones. No comprenden su peligro, y no ven ni entienden la misericordia de nuestro Dios al prolongar el tiempo de gracia a fin de que tengan oportunidad de adquirir un carácter digno de la vida futura e inmor- tal. Cada momento es del más alto valor. Se les concede tiempo, no para que lo dediquen a estudiar sus propias comodidades y a transformarse en moradores de la tierra, sino para que lo empleen en la obra de vencer todo defecto de su carácter, y en ayudar a otros por su ejemplo y esfuerzo perso- nal, a ver la belleza de la santidad. Dios tiene en la tierra un pueblo que con fe y santa esperanza está siguiendo el rollo de la profecía que rápidamente se cumple, y cuyos miembros están tratando de purificar sus almas obede- ciendo a la verdad, a fin de no ser hallados sin manto de boda cuando Cristo aparezca... Las señales predichas en la profecía se están cumpliendo rápi- damente en derredor nuestro. Esto debe inducir a todo aquel que sigue ver- daderamente a Cristo a actuar con celo (Exaltad a Jesús, p. 345). “Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis” (Mateo 24:44).
  7. 7. www.EscuelaSabatica.es Somos incapaces de mirar al futuro, que a menudo nos causa inquietud e infelicidad. Pero una de las mayores evidencias que tenemos de la benevo- lencia de Dios es su ocultación de los acontecimientos del mañana. Nuestra ignorancia del futuro nos hace más vigilantes y fervientes hoy. No podemos ver lo que nos espera. Nuestros planes mejor trazados a veces parecen in- sensatos y defectuosos. Pensamos: “¡Si tan solo conociéramos el futuro!” Pero Dios quiere que sus hijos confíen en él, y estén listos para ir donde él los conduzca. No sabemos el tiempo preciso cuando nuestro Señor se mani- festará en las nubes de los cielos, pero él nos ha dicho que nuestra única seguridad está en estar preparados constantemente, velando y esperando. Sea que tengamos por delante un año, o cinco, o diez, debemos ser fíeles hoy a nuestra creencia. Debemos realizar los deberes diarios tan fielmente como si fuera el último día que vivimos. No estamos cumpliendo la voluntad divina si esperamos ociosamente. A cada uno ha dado su obra, y espera que cada uno cumpla fielmente su par- te... Como nunca antes, hay que resistir contra el pecado, contra los poderes de las tinieblas. El tiempo exige una actividad enérgica y decidida de parte de los que creen la verdad presente. Deberían enseñarla por precepto y ejemplo. Si parece larga la espera de nuestro Libertador, si nos sentimos impacientes por la terminación de nuestra comisión, afligidos y cansados, recordemos... que Dios nos ha puesto en el mundo para enfrentar tormentas y conflictos, para perfeccionar el carácter cristiano, para familiarizamos mejor con Dios nuestro Padre y Cristo nuestro Hermano mayor, y para trabajar por el Maes- tro en la ganancia de muchas almas para Cristo, para escuchar llenos de gozo las palabras: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:23) (A fin de conocerle, p. 360). Material facilitado por JESÚS PADILLA © http://escuelasabatica.es/ www.facebook.com/EscuelaSabatica.es Suscríbase para recibir gratuitamente recursos para la Escuela Sabática

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