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Notas de Elena - Lección 2 - El Hijo - Escuela Sabática Tercer trimestre 2014

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Notas de Elena - Lección 2 - El Hijo - Escuela Sabática Tercer trimestre 2014

  1. 1. www.EscuelaSabatica.es III Trimestre de 2014 Las enseñanzas de Jesús Notas de Elena G. de White Lección 2 12 de julio 2014 El Hijo: Sábado 5 de julio El sufrimiento y la muerte de Cristo le dan al creyente que confía en él una eterna base de seguridad. Tomó la naturaleza humana; se hizo carne como nosotros; tenía hambre y sed y cansancio; se sostenía mediante la comida y el descanso. Sus afectos eran humanos; lloraba con los sufrimien- tos de otros y se lamentaba por la impenitencia de Jerusalén. Mientras estu- vo en el mundo fue completamente humano a fin de ser un representante de la familia humana. Fue tentado en todo como nosotros para ser capaz de socorrer a los que son tentados. Como Príncipe de vida se enfrentó, en carne humana, con el príncipe de las tinieblas y pasó la prueba en la que Adán había fracasado. Enfrentó cada posible tentación que la humanidad caída debe enfrentar, pero salió vencedor. Si no hubiera sido plenamente humano no hubiese podido ser nuestro sustituto, ni hubiera mostrado esa perfección de carácter que es nuestro pri- vilegio alcanzar. Fue la vida y la luz del mundo, para que los seres humanos no tuvieran que estar bajo el control de las agencias satánicas. Su naturaleza humana era dependiente del Omnipotente para vivir, así como cada miem- bro de la familia humana tiene el privilegio de hacer. Cristo no hizo nada que los seres humanos no puedan hacer dependiendo de la naturaleza divina (Signs of the Times, 17 de junio de 1897). Domingo 6 de julio: El Hijo del Hombre Satanás había señalado el pecado de Adán como prueba de que la Ley de Dios era injusta, y que no podía ser acatada. En nuestra humanidad, Cristo había de resarcir el fracaso de Adán. Pero cuando Adán fue asaltado por el tentador, no pesaba sobre él ninguno de los efectos del pecado. Gozaba de una plenitud de fuerza y virilidad, así como del perfecto vigor de la mente y el cuerpo. Estaba rodeado por las glorias del Edén, y se hallaba en comu- nión diaria con los seres celestiales. No sucedía lo mismo con Jesús cuando entró en el desierto para luchar con Satanás.
  2. 2. www.EscuelaSabatica.es Durante cuatro mil años, la familia humana había estado perdiendo fuer- za física y mental, así como valor moral; y Cristo tomó sobre sí las flaque- zas de la humanidad degenerada. Únicamente así podía rescatar al hombre de las profundidades de su degradación (El Deseado de todas las gentes, p. 91, 92). Qué bueno sería que entendiéramos lo que significan las palabras: "Cris- to sufrió siendo tentado". Aunque estaba libre de toda mancha de pecado, la refinada sensibilidad de su santa naturaleza hacía que el contacto con el mal le resultara indeciblemente doloroso. Sin embargo, habiendo asumido la naturaleza humana, se encontró con el archiapóstata frente a frente y resistió solo al enemigo de su trono. Ni siquiera en pensamiento se podía inducir a Cristo a ceder al poder de la tentación. Satanás encuentra en los corazones humanos un punto de apoyo: algún deseo pecaminoso albergado en el alma, por medio del cual sus tentaciones imponen su poder. Pero Cristo declaró acerca de sí mismo: "Viene el príncipe de este mundo, pero no tiene nada conmigo". Las tormentas de la tentación estallaban sobre él, pero no podían lograr que se apartara de su lealtad a Dios [...]. Muchos sostienen que era imposible para Cristo ser vencido por la tenta- ción. En tal caso, no podría haberse hallado en la posición de Adán; no po- dría haber obtenido la victoria que Adán dejó de ganar. Si en algún sentido tuviésemos que soportar nosotros un conflicto más duro que el que Cristo tuvo que soportar, él no podría socorrernos. Pero nuestro Salvador tomó la humanidad con todo su pasivo [todas sus desventajas]. Se vistió de la natu- raleza humana, con la posibilidad de ceder a la tentación. No tenemos que soportar nada que él no haya soportado (Comentario bí- blico adventista, t. 7A, p. 448, 449). El Hijo de Dios vivió una vida de perfecta obediencia en este mundo. Tenemos que mantener en mente que la humanidad de Cristo era real y ver- dadera. Cuando vino para ser nuestro sustituto y seguridad, era verdadera- mente un ser humano. Vino para mostrarnos lo que Dios puede hacer por un ser humano cuando éste es participante de la naturaleza divina. Cuando Cristo soportó las tentaciones en el desierto, fue su naturaleza humana, no la divina, la que venció. Y Cristo es todo para nosotros. Nos dice: "Separados de mí nada podéis hacer" (S. Juan 15:5) (Manuscript Releases, 1.14, p. 334). Lunes 7 de julio: El Hijo de Dios La naturaleza de Cristo fue una combinación de lo divino y lo humano. Tenía todos los atributos de Dios pero también todas las excelencias de un carácter perfecto como pueden alcanzar aquellos que creen en Cristo como su Salvador personal y desean llegar a ser colaboradores con Dios. Seres humanos degradados pueden ser elevados, por virtud de Cristo, a la altura de hijos de Dios, que viven y trabajan como Cristo. No se desaniman ni fracasan porque son vitalizados por el Espíritu y el poder de Jesucristo. Cristo, como Hijo de Dios representa al Padre, y como Hijo del Hombre representa a la raza humana y le brinda salvación. Llegó a ser hueso de
  3. 3. www.EscuelaSabatica.es nuestros huesos y carne de nuestra carne para enfrentarse en el gran conflic- to con Satanás, vencer en todas las tentaciones, y quitar el estigma y la de- gradación del pecado que el enemigo había colocado sobre la familia hu- mana. Al tomar la humanidad y combinarla con la divinidad, pudo cumplir con cada demanda de la Ley divina, y eliminar cada objeción satánica de que el ser humano no puede cumplir con los mandamientos de Dios (Ma- nuscript Releases, t. 11, p. 344). ¡Cuán irreflexivamente hemos leído el relato del bautismo de nuestro Señor, sin comprender que su significado era de la máxima importancia para nosotros, y que Cristo fue aceptado por el Padre en lugar del hombre! Cuando Jesús se inclinó en la orilla del Jordán y elevó su petición, la huma- nidad fue presentada ante el Padre por Aquel que había revestido su divini- dad con humanidad. Jesús se ofreció a sí mismo al Padre en lugar del hombre, para que los que se habían separado de Dios debido al pecado, pudieran regresar a Dios por los méritos del Suplicante divino. La Tierra había estado separada del cielo por causa del pecado, pero Cristo rodea a la raza caída con su brazo humano, y con su brazo divino se aferra del trono del Infinito, y la Tierra disfruta del favor del cielo y el hombre queda en comunión con su Dios. La oración de Cristo en favor de la humanidad perdida se abrió camino a través de todas las sombras que Satanás había proyectado entre el hombre y Dios, y dejó un claro canal de comunicaciones hasta el mismo trono de la gloria. Las puertas fueron dejadas entreabiertas, los cielos fueron abiertos y el Espíritu de Dios, en forma de una paloma, circundó la cabeza de Cristo y se oyó la voz de Dios que decía: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia" (Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 1054). En Cristo se unió lo humano y lo divino. Su misión consistía en reconci- liar a Dios y el hombre, en unir lo finito con lo infinito. Solamente de esta manera podían ser elevados los hombres caídos: por los méritos de la sangre de Cristo, que los hacía partícipes de la naturaleza divina. El asumir la naturaleza humana, hizo a Cristo idóneo para compren- der las pruebas y los pesares del hombre, y todas las tentaciones que le ase- dian. Los ángeles que no conocían el pecado no podían simpatizar con el hombre y sus pruebas peculiares. Cristo condescendió en tomar la naturale- za del hombre, y fue tentado en todo como nosotros, a fin de que pudiese socorrer a todos los que son tentados (Joyas de los testimonios, t. 1, p. 218). Martes 8 de julio: "Yo soy Dios" "Yo y el Padre uno somos" (S. Juan 10:30). Con cuánto poder y firmeza pronunció estas palabras. Los judíos jamás habían escuchado palabras se- mejantes de labios humanos, y una influencia persuasiva se apoderó de ellos; porque pareció que la divinidad fulguró a través de la humanidad cuando Jesús dijo: "Yo y el Padre uno somos" [...]. Jesús los miró con cal- ma y les dijo intrépidamente: "Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál de ellas me apedreáis?". La majestad del cielo permaneció en perfecta calma, como un Dios de-
  4. 4. www.EscuelaSabatica.es lante de sus adversarios. No se intimidó ante sus rostros amenazadores y sus manos cargadas de piedras. El sabía que estaba rodeado de fuerzas invisi- bles y legiones de ángeles dispuestos, con una sola palabra procedente de sus labios, a paralizar a la multitud si se atrevían a amenazarle con lanzarle una sola piedra. Permaneció impávido ante ellos. ¿Por qué no volaron las piedras sobre él? Fue porque la divinidad fulguró a través de su humanidad, y recibieron una revelación y se convencieron de que las pretensiones de Cristo no eran comunes. Las manos se relajan y las piedras caen al suelo. Sus palabras habían confirmado su divinidad, pero ahora su presencia per- sonal, la luz de sus ojos, la majestad de su porte, dan testimonio del hecho de que es el amado Hijo de Dios (Exaltad a Jesús, p. 220). El efecto producido sobre el pueblo por la curación del paralítico fue como si el cielo, después de abrirse, hubiese revelado las glorias de un mundo mejor. Mientras que el hombre curado pasaba por entre la multitud, bendiciendo a Dios a cada paso, y llevando su carga como si hubiese sido una pluma, la gente retrocedía para darle paso, y con temerosa reverencia le miraban los circunstantes, murmurando entre sí: "Hemos visto maravillas hoy". Los fariseos estaban mudos de asombro y abrumados por su derrota. Veían que no había oportunidad de inflamar a la multitud con sus celos. El prodigio realizado en el hombre, a quien ellos habían entregado a la ira de Dios, había impresionado de tal manera a la gente, que por el momento los rabinos quedaron olvidados. Vieron que Cristo poseía un poder que ellos habían atribuido solo a Dios; sin embargo, la amable dignidad de sus moda- les, estaba en marcado contraste con el porte altanero de ellos. Estaban des- concertados y avergonzados; y reconocían, aunque no lo confesaban, la presencia de un Ser superior. Cuanto más convincente era la prueba de que Jesús tenía en la tierra poder de perdonar los pecados, tanto más firmemente se atrincheraban en la incredulidad. Salieron de la casa de Pedro, donde habían visto al paralítico curado por la palabra de Jesús, para inventar nue- vas maquinaciones con el fin de hacer callar al Hijo de Dios (El Deseado de todas las gentes, p. 236). Miércoles9 de julio: La naturaleza divina de Cristo La obra del cielo no cesa nunca, y los hombres no debieran nunca des- cansar de hacer bien. El sábado no está destinado a ser un período de inacti- vidad inútil. La ley prohíbe el trabajo secular en el día de reposo del Señor; debe cesar el trabajo con el cual nos ganamos la vida; ninguna labor que tenga por fin el placer mundanal o el provecho es lícita en ese día; pero como Dios abandonó su trabajo de creación y descansó el sábado y lo ben- dijo, el hombre ha de dejar las ocupaciones de su vida diaria, y consagrar esas horas sagradas al descanso sano, al culto y a las obras santas. La obra que hacía Cristo al sanar a los enfermos estaba en perfecta armonía con la Ley. Honraba el sábado. Jesús aseveró tener derechos iguales a los de Dios mientras hacía una obra igualmente sagrada, del mismo carácter que aquella en la cual se ocu- paba el Padre en el cielo. Pero esto airó aún más a los fariseos. No solo ha-
  5. 5. www.EscuelaSabatica.es bía violado la ley, a juicio de ellos, sino que al llamar a Dios "mi Padre", se había declarado igual a Dios. Toda la nación judía llamaba a Dios su Padre, y por lo tanto no se ha- brían enfurecido si Cristo hubiese dicho tener esa misma relación con Dios. Pero le acusaron de blasfemia, con lo cual demostraron entender que él ha- cía este aserto en su sentido más elevado. Estos adversarios de Cristo no tenían argumento con que hacer frente a las verdades que presentaba a su conciencia. Lo único que podían citar eran sus costumbres y tradiciones, y éstas parecían débiles cuando se compara- ban con los argumentos que Jesús había sacado de la Palabra de Dios y del incesante ciclo de la naturaleza. Si los rabinos hubieran sentido algún deseo de recibir la luz, se habrían convencido de que Jesús decía la verdad. Pero evadieron los puntos que él presentaba acerca del sábado y trataron de excitar iras contra él porque aseveraba ser igual a Dios. El furor de los gobernantes no conoció límites. Si no hubiesen temido al pueblo, los sacer- dotes y rabinos habrían dado muerte a Jesús allí mismo. Pero el sentimiento popular en su favor era fuerte. Muchos reconocían en Jesús al amigo que había sanado sus enfermedades y consolado sus pesares, y justificaban la curación del enfermo de Betesda. Así que por el momento los dirigentes se vieron obligados a refrenar su odio (El Deseado de todas las gentes, p. 177, 178). Aunque Jesús daba evidencias de su poder divino, constantemente los gobernantes lo interrumpían para intentar que no pudiera enseñar sus lec- ciones, ideas y doctrinas de una manera coherente. Sin embargo, a pesar de las interrupciones, la luz brillaba en la mente de centenares de sus oyentes, los que quedaban encantados con sus enseñanzas revestidas de poder. Pero los dirigentes se enfurecían y lo insultaban diciendo: "¿No decimos bien nosotros, que tú eres samaritano, y que tienes demonio?" (S. Juan 8:48). Con calmada dignidad Jesús les hizo saber que los pactos hechos con Abraham habían sido prometidos por él mismo, y les declaró: "Antes que Abraham fuese, yo soy" (vers. 58). La furia de los judíos no conoció límites y se prepararon para apedrearle; pero los ángeles de Dios, sin ser vistos, lo sacaron de en medio de ellos (Signs of the Times, 26 de mayo de 1890). Jueves 10 de julio: La misión de Cristo. Solo Cristo pudo representar a la Deidad. El que había estado en la presen- cia del Padre desde el principio, el que es la expresa imagen del Dios invi- sible, fue el único capaz de cumplir esta obra. Ninguna descripción verbal podía revelar a Dios ante el mundo. Dios mismo debía ser revelado a la humanidad mediante una vida de pureza, una vida de perfecta confianza y sumisión a la voluntad de Dios, una vida de humillación tal que habría rehuido aun el más encumbrado serafín del cielo. Nuestro Salvador revistió su humanidad con divinidad a fin de hacer esto. Empleó las facultades hu- manas, pues solo adoptándolas podía ser comprendido por la humanidad.
  6. 6. www.EscuelaSabatica.es Solo la humanidad podía alcanzar a la humanidad. Vivió el carácter de Dios en el cuerpo humano que Dios le había preparado. Bendijo al mundo vi- viendo en la carne humana la vida de Dios, mostrando así que tenía el poder para unir la humanidad con la divinidad (Mensajes selectos, t. 1, p. 309, 310). Cristo dejó los atrios reales del cielo y vino a nuestro mundo para represen- tar el carácter de su Padre, y de esa manera ayudar a la humanidad para que volviera a ser leal. La imagen de Satanás estaba sobre los hombres, y Cristo vino para poder proporcionarles poder moral y suficiencia. Vino como un nene desvalido que llevaba la humanidad que nosotros llevamos: "por cuan- to los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mis- mo". No podía venir en la forma de un ángel, pues a menos que se encontra- ra con el hombre como hombre y testificara mediante su relación con Dios que no le había sido dado poder divino en una forma diferente a como nos es dado a nosotros, no podía ser un ejemplo perfecto para nosotros. Vino en humildad para que el más humilde ser sobre la tierra no pudiera tener nin- guna excusa por causa de su pobreza o su ignorancia, y dijera: "Estas cosas me impiden obedecer la Ley de Jehová". Cristo revistió su divinidad con humanidad para que la humanidad pudiera aproximarse a la humanidad, para que él pudiera vivir con la humanidad y llevar todas las pruebas y aflicciones del hombre. Fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. En su humanidad comprendió todas las tentaciones que sobrevendrían al hombre (Comentario bíblico adventista, t. 7, p. 936, 937). Cristo sufrió el castigo en favor de la raza humana con el fin de que el uni- verso celestial pudiera discernir las condiciones del pacto de la redención. El trono de justicia debe asegurarse eternamente y para siempre [...]. Todas las dudas quedarían contestadas para siempre mediante el sacrificio que Cristo estaba por realizar, y la raza humana sería salva si retornaba a su lealtad. Únicamente Cristo podía restaurar el honor del gobierno de Dios. La cruz del Calvario sería contemplada por los mundos no caídos, el universo celes- tial, las agencias satánicas y la raza caída, y toda boca sería silenciada. Al realizar su sacrificio infinito Cristo exaltaría la Ley y la honraría. Daría a conocer el carácter exaltado del gobierno de Dios, que nunca podría ser alterado en lo más mínimo para acomodarse al hombre en su condición pe- caminosa (Exaltad a Jesús, p. 251).
  7. 7. www.EscuelaSabatica.es Jesús era la majestad del cielo, el amado Comandante de los ángeles, quie- nes se complacían en hacer la voluntad de él. Era uno con Dios "en el seno del Padre" (S. Juan 1:18), y sin embargo no pensó que era algo deseable ser igual a Dios mientras el hombre estuviera perdido en el pecado y la desgra- cia. Descendió de su trono, dejó la corona y el cetro reales, y revistió su divinidad con humanidad. Se humilló a sí mismo hasta la muerte de cruz para que el hombre pudiera ser exaltado a un sitial con Cristo en su trono. En él tenemos una ofrenda completa, un sacrificio infinito, un poderoso Salvador, que puede salvar hasta lo último a todos los que vienen a Dios por medio de él. Con amor, viene a revelar al Padre, a reconciliar al hombre con Dios, a hacerlo una nueva criatura, renovada de acuerdo con la imagen de Aquel que lo creó [...]. La gran condescendencia de Dios es un misterio que está más allá de nues- tro alcance. La grandeza del plan no puede ser comprendida plenamente, ni puede la sabiduría infinita idear un plan que lo sobrepuje. Pudo tener éxito únicamente [...], porque Cristo llegó a ser hombre, y sufrió la ira que el pe- cado ha producido debido a la transgresión de la Ley de Dios. Por medio de este plan, el Dios grande y terrible puede ser justo, y al mismo tiempo justi- ficador de todos los que creen en Jesús, y que lo reciben como Salvador personal. Esta es la ciencia celestial de la redención, de salvar al hombre de la ruina eterna (La maravillosa gracia de Dios, p. 160,161). Viernes 11 de julio: Para estudiar y meditar Mensajes selectos, t. 1, p. 289-300. Material facilitado por JESÚS PADILLA © http://escuelasabatica.es/ www.facebook.com/EscuelaSabatica.es Suscríbase para recibir gratuitamente recursos para la Escuela Sabática

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