El señor Viento Norte
Carmen de Posadas Marie

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Ilustraciones de Alfonso Ruano

 

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El señor viento norte

  1. 1. El señor Viento Norte
  2. 2. Carmen de Posadas Marie El señor ificnto llelortc Ilustraciones de Alfonso Ruano Premio del Minist ' de Cultura como libro infant‘ ejor editado del Año en la especialidad de ilustración
  3. 3. Todos los animales del bosque se encontraban Y, noche tras noche, día tras día, soplaba, Silbaba y inquietos. Estaba ya muy entrado el mes de marzo, y Viento sementeaba sm cesan Norte no dejaba de soplar. Silbaba por entre los pelados troncos de los árboles Sementeaba anemohnando la nieve. —IAlguien debería hacer algo! —comentaban los animalitos del bosque—. ¡Alguien tendría que ir a casa de Viento Norte para recordarle que ya es hora de dejar paso a la primavera!
  4. 4. ¡cualquiera los despertaba! Las aves habían emigrado a problemas. Además. .. tenían miedo. ¿Quién se iba a aim-ever tierras más cálidas. a enfrentarse con Viento Norte? Sólo podrían hacerlo los osos, que tenían mucha fuerza; pero a ellos no pedían renmïír. ‘ Entonces al conejito gris se le .6 una idea Fue a visitar a su amigo Arturo, el hijo de] guardabosques, y le pidió ayuda. l Pero ¿quién? En todas las familias había Hacía meses que dormïan su letargo invernal, y
  5. 5. ¿/ / y . :7 V: Ñ; —Ïh“ f M :1 “T44 ‘ñ Í Í " j l ÜÏL? ’ z‘ «a ‘ "ïüï ‘a * — A , l . ' l l l i t/ ’ l l , l / Z l Arturo escuchó al conejito gris y prometió ir a casa Llevaba en el bolsillo un regalo para del señor Viento Norte. Asi fue cómo una mañana muy temprano, soplándole el viento en las orejas, salió Arturo en busca de Viento Norte. k dáxselo de parte de todos los habitantes del bosque: un gorro de lana azul y blanco que, según dicen, son los colores preferidos de los vientos fríos.
  6. 6. ' tr ' l bo h l d . El frío había fiVoy en busca del señor Wento Norte —replicó 9533213331: tïeyïïeïlaes cogsigsïïle loz: áorboles se balanceaban Arturo—. Esta muy entrado el mes de marzo y, mientras él peligrosamente. Arturo cruzó arroyuelos y subió lomas. "0 del? de SOPÍBI, nunca Podrá 119931’ la PïÍmaWïa« -* ‘ ' l ' . . . .. . ' . Ïéïáfilï ÏÏÉOOÏQÁÏCÏÏÏÉÏIÏQÏÉSÉ Ïlïïéïrïcfigiïugento d A Mana le causo lmucha impresion qáieérturo Trio tuviera miedo '. .. - - ' ir a meterse en a mismísima casa e iento orte. Alli se encontró con Maria, la hija del lenador, que quiso saber e ¿lué hacía AIÏUTO ta" ¡G105 de 5“ C353- ‘ —He oído decir que tiene muy mal humor ——le dijo-—. ¡Debes tener mucho cuidado!
  7. 7. —No me queda más remedio que ir —explicó Arturo—. En el bosque, todos los animales se mueren de hambre y de frio por su culpa. Mira, le llevo este gorro de regalo. Es azul y blanco, los colores preferidos de los vientos fríos. ¡Seguro que le gustará! Y como estaba muy cansado, Arturo se echó a dormir allí mismo. Mientras tanto, María lo miraba con sus azules ojos. «¡Un gorro con los colores preferidos del señor Wento Nortel», repitió la niña. «Podría ser yo quien le llevara el - regalo. Así, Arturo no tendria que enfrentarse con él. » Ni corta ni perezosa, María se apoderó del gorro de lana que Arturo guardaba en su bolsillo, y allá se fue, camino de la casa de Viento Norte.
  8. 8. Cuando despertó Arturo. .. ni rastro de María ni del Pero el sol fue trepando poco a poco, horizonte arriba. regalo. ¡Había desaparecido! ¿Con qué obsequiarïa ahora Se hizo grande, cálido, redondo. Y a los pies de Arturo, allí al terrible Viento Norte? El aire era heladoïgruesos lagrimones donde sus lagrimas habian derretido la nieve, brotó, nadie sabe brotaban de sus ojos, resbalaban por sus mejillas y caian para como, un fragil vilano blanco. Y Arturo sonrió. ¿Le gustarían estrellarse a sus pies, sobre la nieve. al señor Viento Norte los vilanos blancos?
  9. 9. i El señor Viento Norte, mientras tanto, estaba en su casa, —¿Quién es? ——bramó Viento Norte, sobresaltado por los , bufanda y resoplando. Sus ronquidos eran como el rugir de golpes. Nunca iba nadie a visitarlo, y no estaba acostumbrado l un volcan. Sus resoplidos bairían el bosque de parte a parte, a oír ruidos. L con su aliento helado. Pronto llegó María y tocó a la puerta. ‘ _¿Qu¡én es? _¡. ep¡¡¡5_ —-Una admiradora suya, señor, que le trae un regalo —dijo t t asustada la niña. Y le alargó con cautela el paquete. l
  10. 10. De un soplido, Viento Norte se apoderó del regalo y lo abrió. Pero aquel gorro azul blanco no le gustó nada. Es más, se puso furioso y sop ó con rabia. Y lanzó a María a varios kilómetros de distancia. El gorro de lana aterrizó en el pico más alto de la montaña, y aún estará allí si no ha ido nadie a recogerlo. Luego, resoplando, Viento Norte volvió a meterse en la cama. Al rato llegó Arturo a casa de Viento Norte, con el vilano blanco y redondo colocado en el ojal. Y tocó a la puerta. —¿Más visitas? —brarnó Viento Norte abriendo sólo . un ojo—. ¿Quién es? —Vengo del bosque, señor Viento Norte —dijo Arturo—. Allí pasamos mucho frío por su culpa. Por favor, deje ya de soplar, para que pueda entrar la primavera.
  11. 11. Pero Viento Norte miró a Arturo con disgusto y con rabia; Algo que habia visto en el ojal de Arturo. Porque. .., ¡“990- abrió la 5003 V 5°PlÓ enfadadü SOPlÓ ta“ fue"? que ¿sería aquello blanco y redondo, acaso, un vilano? Desde Arturo voló por los aires y aterrizó en la punta de un abeto muy alto. que Viento Norte era sólo una brisilla —y hacía de eso por lo , , _ , . ’ menos mil o dos mil años- no había vuelto a ver nunca un Desïmesv “m” Nm“ Cam m” Vez el °J° que hab“ ¿bmw e vilano. ¡Y cómo disfrutaba entonces soplando bajito, haciéndolos intentó volverse a dormir. Pero no pudo. Algo le volar por los aires! preocupaba.
  12. 12. Viento Norte se levantó de la cama. Desayunó cien buñuelos de viento, como todas las mañanas, pero esta va con más prisas. Y salió en busca de Arturo. Fue primero hacia el este. Levantó un horrible vendaval, pero no encontró al niño. Sopló entonces en dirección sur y desencadenó una tomienta de arena. Pero tampoco allí lo encontró. Por fin, al silbar sobre el bosque, vio a Arturo colgado en la unta del abeto. Y en e] ojal, en efecto, llevaba el niño un Jano blanco y redondo. Viento Norte se puso un poco nervioso. ——¿Quieres dejarme jugar con tu vilano? —aulló, arrancando al asar dos o tres árboles de cuajo——. ¡Habla! Pero Arturo no podía hablar, del miedo que tenía. Además, io es nada fácil hablar colgado de la punta de un á1bo1.. .l U m m
  13. 13. _¡Hab1¿i _, ¿p¡fió memo Norte con ¿”e g]ac¡a]_ —Entonces seré una brisilla —bramó el Viento después de Y esta vez Arturo habló. Le explicó que él, Viento Norte, era lo un rato’ pero esta Va ya más flojito" Y’ rüoplando’ demasiado fuerte para jugar con su vilano, que lo destrozarïa «se alïló ha? “ el sur" __ _ _ a] primer soplido_ Alli subio a las montañas y se dejo deslizar suavemente hacia . . . . . . los valles de aire caliente para templarse. Se metió luego —S l b d - ’ . ‘P°". °S°a"aVïïa’eS»P"°ïïd°'{“m- . Y95;¡P°°°a los Ventancnes como usted‘ señor. poco, soplido a sop ido, Viento orte ue comnrtien ose en una suave y tibia brisilla de primavera.
  14. 14. Muy contento, volvió a donde estaba Arturo colgado en lo alto _De5d9 1° ¿k0 del 359m, AIÏUYO VÍO a Mafia; Venïa hacía él a toda del abeto. A su paso, apenas si agitaba ya las hierbas del P1153- cammo’ ¿Dónde había estado? ¿Qué había ocurrido? Bueno eso ya Arturo se quitó el vilano del ojal, lo sacudió un poquito para no importaba. ’ ó b'llb l üóV'tNrt. Etl . . 332333, {LíoÏïríïdïfïlejïïdïsefïiïntïs Ïopiaiïfbïjito, —"°‘”am°5 JW a '°S anmles del bosque —le díio a la niña. bajito, en dirección sur. Y señalando al viento que se alejaba, añadió: —MÍl’a, ya es primavera
  15. 15. 4'" V‘ _ P . .__ a _ í . .%’ ZI ‘sulrme-¡{dbutoiun-s{Huaca-dira

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