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Los simposns y la religion

  1. 1. 26 ENERO-FEBRERO 2011 MSJ sociedad En cada episodio, detrás de la sátira y de muchas bromas, se tocan temas antropológicos relacio- nados con el sentido y la calidad de la vida, y este es uno de los pocos programas de televisión para jóvenes en los que la fe cristiana, la religión y la pregunta por Dios son temas recurrentes. Después de veintidós temporadas de la serie animadamástransmitidaenlahistoria,amuchos padres de familia les queda una pregunta: “¿Les permito a mis hijos ver ‘Los Simpson’?”. Francesco Occhetta, S.J. “Los Simpson” y la religión E l 17 de diciembre de 1989 salió al aire por primera vez en Estados Unidos el programa de dibujos animados Los Simpson, destinado a convertirse en pocos años en el más famoso sitcom (comedia de situación) del mundo. La se- rie fue ideada por el ingenioso dibujante estadounidense Matt Groening cuando, apenas pocos minutos antes de presentarse a una importante reunión con un productor televisivo, inventó unos nuevos personajes de mandíbulas cuadradas, ojos simi- lares a pelotas de golf y piel amarilla, para hacer creer a los telespectadores que tenían un problema técnico en sus tele- visores. Ningún productor habría apostado que esas nuevas caricaturas llegarían a estar entre los personajes más famosos de la historia de los dibujos animados. Sin embargo, en poco tiempo los estadounidenses se reconocieron en las historias de la familia Simpson y de la sociedad de la pequeña ciudad de Springfield.
  2. 2. ENERO-FEBRERO 2011 27 A comienzos de los años noventa la opinión pública mun- dial se dividió en dos. Sobre todo en Estados Unidos muchas asociaciones de padres consideraron que la familia Simpson no constituía un buen modelo educativo. Más aún, George Bush padre, entonces Presidente, criticó la serie televisiva: “Estamos buscando reforzar la familia americana de manera de hacer que se parezca más a los Walton y menos a los Simp- son”. Muchas escuelas prohibieron a sus estudiantes usar las camisetas de los Simpson. Sin embargo, los ingresos gene- rados en torno a la serie televisiva, después de solo catorce meses de producción, llegaron a más de dos mil millones de dólares. En 1998, uno de los componen- tes de la familia, Homero, fue elegi- do el personaje número cuarenta y seis más famoso del mundo, colo- cándose apenas detrás de Picasso, Roosevelt, Gandhi y los Beatles. To- davía hoy, después de años de ser trasmitido por veinticuatro cadenas de televisión y con una película para el cine que tuvo una re- caudación impresionante, “Los Simpson” sigue batiendo to- dos los récords: el programa es visto por cientos de millones de espectadores de todo el mundo, distribuido en noventa países y alcanza ingresos similares a los de las grandes in- dustrias. El 31 de diciembre de 1999 la revista Time premió a “Los Simpson” como la “mejor serie de televisión del siglo”. Además, por su influencia cultural en las nuevas generacio- nes, algunas expresiones, como la exclamación contrariada de Homero Simpson, “D’oh!”, han sido introducidas en el Dic- cionario Inglés Oxford. La serie ha sido muchas veces censurada por los canales que la emiten en países como Gran Bretaña, Venezuela, Ar- gentina o Japón, por los temas tratados y el lenguaje usado. En Rusia y China, el programa ha estado prohibido por años, mientras que la traducción italiana suele “atenuar” a menudo las expresiones vulgares1 . Lociertoesqueesteprogramahaprovocadounarevolución: ha introducido en las casas de millones de familias un nuevo tipo de dibujo animado, opuesto a aquellos de “final feliz” de Disney, donde los personajes son solamente buenos o malos2 . En “Los Simpson” no es así. El bien y el mal coexisten en cada personaje, como en la parábola evangélica del trigo y la cizaña. La historia de la vida de una familia común, característica de la sociedad americana y de sus problemas personales indivi- duales, impulsa a los telespectadores a permanecer pegados a la pantalla y a exclamar: “¡Están hablando también de mí y de mi mundo!”. Los motivos de análisis pueden ser infinitos. La serie “Los Simpson” ha sido considerada por la crítica como un prisma de muchas caras. Nosotros nos limitaremos a subrayar algunos mensajes de naturaleza antropológica y ética canali- zados por esta sitcom. LOS PERSONAJES “Los Simpson” narra la vida de una familia americana en un típico municipio, Springfield, cuyo nombre lo comparten al me- nos treinta pequeñas ciudades de Estados Unidos. Homero es el jefe de familia, trabaja como encargado de seguridad en una central nuclear, pero, debido a su lentitud y poco gusto por el trabajo, pareciera estar estancado de por vida en ese puesto. Su único deseo es volver cuanto antes a casa después de una jornada laboral, para instalarse delante del televisor y comer pop corn, sándwiches y beber cerveza. Se trata de un hombre sinelegancia,castigadotambiénpor su aspecto físico, poco capaz de dia- logar, pero generoso. Cuando se va a dormir, a veces le susurra a su mu- jer “Marge, tú sabes que te quiero”, aunque su relación es problemática y, sobre todo, carente de diálogo. Margeesdueñadecasayeslavoz moral de la familia. Enseña a sus hi- jos (sin mucho éxito) a hacer el bien y a combatir el mal, y está anclada en las tradiciones. De hecho, personifica también a la mamá sobreprotectora e invasiva con un extraño pasatiempo: modifica continuamente su peinado azul hiper-encrespado y muy alto, que utiliza de vez en cuando como caja fuerte, pe- queño armario o cartera. Los Simpson tienen tres hijos: el primogénito Bart es el per- sonaje más popular. Tiene diez años y se enorgullece de ser el último del curso. En realidad, ha llegado a serlo de adrede: así, al menos, puede ser reconocido y legitimado en su rol por una sociedad que no considera a nadie. Es pillo y contrario a cualquier regla, ama el skate y la televisión, y su pasatiempo preferido es hacerle bromas al cantinero, Moe Szyslak, y al di- rector de su colegio, Seymour Skinner. Su hermana Lisa tiene ocho años y es el cerebro del hogar Simpson. Es vegetariana y ecologista, pero también inconfor- mista, progresista y ambiciosa. Sueña en grande (le gustaría llegar a ser presidenta de Estados Unidos) y cree estar entre los mejores músicos del mundo. Por último, Maggie, que tiene un año, no habla, usa un chu- pete estereofónico y cuando trata de caminar se cae hacia ade- lante.Sabiamente,losautoresdelaserierepitena menudo una escenadondelapequeñaMaggieesdejadauolvidadaporhoras frente a la televisión para que todos puedan estar tranquilos. Con ello buscan hacer reflexionar sobre este comportamiento tan difundido en las familias. Además, los Simpson tienen un gato, Bola de Nieve II, y un perro, Huesos. Pero la familia tiene también otro miembro, el abuelo Abra- ham, que es excluido y desacreditado por el resto. Él encarna el abandono de los ancianos en la sociedad occidental de los años noventa y la memoria histórica de la familia, la sabiduría y la experiencia de vida. Como sucede a menudo con los ma- 1 Los principales datos de este artículo han sido sacados de “Los Simpson”, en http://it.wikipedia.org/wiki/I_Simpson/. 2 Es, por ejemplo, el caso de Barney, uno de los amigos de taberna de Homero, que es genial y educado, pero cuando bebe se vuelve impredecible y malo. Homero es vulgar y esclavo, repite los lu- gares comunes que escucha, y consume lo que la publicidad le manda. Y, sin embargo, ha sido votado por los niños telespectado- res como el padre ideal por dos razones: se queda en casa y es simpático.
  3. 3. 28 ENERO-FEBRERO 2011 MSJ sociedad 3 Cfr. W. Irwin - M. T. Conard - A. J. Skoble, I Simpson e la filosofía, Milán, ISBN, 2009. En este volumen, un grupo de filósofos estadounidenses analiza los varios personajes de “Los Simp- son”, asociándolos al pensamiento de grandes filósofos de la historia. Así, para los autores, Bart encarna el ideal nihilista; Marge es el ejemplo de la realización de la ética aristotélica y la mentalidad de la ciudad de Springfield es un ejemplo de deconstrucción de lo real. yores, también el abuelo, que sirvió durante la segunda guerra mundial, vive de recuerdos y anécdotas. Sin embargo, a los Simpson no les gusta recordar el propio pasado y los fraca- sos vividos; quieren vivir el presente buscando conquistar el futuro. Por esto el abuelo es enviado sin ningún escrúpulo ni sentimiento al “exilio”, al asilo de ancianos de Springfield, un hospicio carente de vida. LOS CONTENIDOS Los cerca de cuatrocientos cuarenta episodios de la serie, que exigen de los productores seis a nueve meses de trabajo por cada uno, se basan tanto en una comicidad aparentemente surrealista como en tonos sarcásticos sobre los tabúes de la sociedad americana, en abundante sátira sobre la familia y la vida cotidiana. Springfield es, por tanto, considerado el ícono del villorrio global de Occidente donde, por una parte, todo es deformado y agigantado como en un es- pejo cóncavo y, por otra, el sentido último de lo que se cuenta es real y no se limita a la realidad de Estados Unidos, sino que toca a otras partes del mundo, por lo me- nos a las más industrializadas. Es cierto que algunos matices y varia- ciones del tema pueden no ser compren- didos por quienes no viven en Estados Unidos. De hecho, se apela a asuntos de crónica preriodística, como el escánda- lo de Watergate o la guerra en Irak, se comentan problemas políticos abiertos, no faltan las apariciones de personajes famosos, como los Kennedy, la mujer del presidente Barack Obama, Michelle, o las referencias a películas de actualidad, canciones o a transmisiones de televisión populares. En el epi- sodio “Lisa, la adivina” las escenas de los partidos de fútbol americano son adaptadas año a año, actualizándolas con el nombre de los equipos que participan en el Super Bowl. ¿Por qué todo esto? Para hacer sentir vivo y verdadero al dibujo animado, en tiempo real respecto de la cotidianidad de los telespectadores3 . Perohaymás.Lasocupacionesdelosprotagonistassonuna sátira de los problemas que se viven en una ciudad moderna. Homero trabaja en una central nuclear, pero es el primero en botar por la ventanilla una escoria nuclear o en contaminar el lago de la ciudad con un recipiente lleno de estiércol de su cer- do. Su modo desordenado de comer y beber es provocativo, y causa perplejidad que el único gran deseo de su vida sea ver televisión. Por estos motivos, a menudo es vulgar y esclavo, repite los lugares comunes que escucha y consume lo que la publicidad le manda. Y, sin embargo, ha sido votado por los ni- ños telespectadores como el padre ideal por dos razones: se queda en casa y es simpático. Bart y Lisa son hijos de una generación llena de violencia y de miedos, que rechaza los modos tradicionales de educar. Sus días de colegio son una crítica implacable al sistema es- colar estadounidense: violencia en el aula, falta de autoridad de los profesores, formas de enseñar superadas, recortes a los recursos de las escuelas y quiebre del pacto de confianza que unía a profesores y familias para educar juntos. Pero la sátira del programa lleva a preguntarse también en cómo vivir el rol de dueña de casa, de madre y de esposa. Si se hace al modo de Marge, se corre el riesgo de dar sistemáti- camente a los problemas de hoy respuestas de ayer basadas exclusivamente en la tradición. La misma relación matrimonial entreHomeroyMarge,juntoasushijos,essignodeunmalestar tácito, nunca aclarado, quizás una concesión perpetua, fruto de la incapacidad de dialogar y de reconciliarse explícitamente. En cada episodio, detrás de la sátira y de tantas bromas que hacen sonreír, se tocan temas antropológicos relacionados con el sentido y la calidad de la vida. También la política está presente. La serie trata temas —como, por ejemplo, el medio ambiente, el desarme, la salud, la promoción de los derechos civiles— muy queridosporelPartidoDemócrataestado- unidense (por ese motivo, la administra- ciónBushsiempretemiólascríticasdelos Simpson).Sedenunciansistemáticamente los abusos de poder del Gobierno y de las grandes industrias. Lavidadelasociedadaparecedespojadadetodaesperanza y los capítulos sucesivos la van mostrando de un modo impla- cable: los políticos son corruptos, los medios de comunicación están subordinados al poder y su información es facciosa, las autoridades religiosas son lejanas a la vida de los fieles. Inclu- so la policía local, en particular el jefe Gorgory, es ineficiente y no garantiza ni el orden ni la seguridad. En la película, a raíz del tema del lago contaminado, el político que está buscando salvar la ciudad con medios muy costosos para el Gobierno, exclama: “Es verdad que soy el propietario de la empresa [y de los medios utilizados], pero eso es un mínimo detalle”. LA RELIGIÓN “LosSimpson”estáentrelospocosprogramasde televisión para jóvenes en los que la fe cristiana, la religión y la pregunta por Dios son temas recurrentes. La familia recita sus oracio- nes antes de las comidas y, a su modo, cree en el más allá. La relación con Dios del jefe de familia es adolescente; antes de asistir al servicio religioso le repite a su esposa: “Pero, Marge, ¿y si hubiésemos elegido la religión equivocada? ¡Cada semana solo haríamos ponerse a Dios más furioso!”. Sin embargo, la relación con Dios es más transmitida por la familia que por la En las historias de “Los Simpson” no hay, como algunos autores afir- man, solamente cinismo y sarcas- mo. Se relata la realidad y la po- sibilidad de encontrar un sentido en esa cotidianidad que a menudo aplasta y humilla a las personas.
  4. 4. ENERO-FEBRERO 2011 29 mediación de personas de las instituciones religiosas. De he- cho, la fuerte crítica, más que involucrar a varias confesiones cristianas, abarca los testimonios y la credibilidad de algunos hombres de Iglesia. El reverendo Alegría (Lovejoy), pastor de la comunidad pro- testantedeSpringfield,eselchivoexpiatoriodeestaoperación. Muchos capítulos ridiculizan sus sermones, muestran que Bart duermeyqueHomeroescuchaelresultadodelospartidosdefút- bolamericano.Suactitudesdedesilusión,alpuntodequeparece haber perdido la alegría que tenía cuando llegó por primera vez al lugar con su guitarra y su Biblia. Habla con eslóganes y tapiza su templo de avisos para lanzar el tema de la semana: “Domin- go, el milagro del arrepentimiento”; “Prohibido estacionar en la sinagoga”; “Al arzobispo le quedan solo veinte dólares”. Parece quealreverendoAlegríaleimportamáselreconocimientosocial que la vida espiritual de sus fieles. Y en algunos de sus diálogos se nota que los autores no conocen bien las diferencias entre la Iglesia católica y las confesiones protestantes. Además, sus respuestas son a menudo apresuradas y su- perficiales. En el capítulo sobre “El secreto de un matrimonio feliz”, cuando Marge le pide consejo para resolver sus proble- mas de pareja, Alegría le responde: “¡Divórciate!”. Desde lue- go, basta una respuesta como esa para generar en millones de telespectadores desconfianza y confusión respecto de la Iglesia. Pero frases similares son premeditadas y queridas por los productores. El laxismo y el desinterés resultantes llevan, todavía más, a los jóvenes a una relación privada con Dios. El reverendo Alegría tiene, sin embargo, una capacidad de autocríticaquelollevaareconocersuserroresyapedirperdón. Nofaltaenélunasutilironía.Cuandoseenteradequeunasecta está haciendo proselitismo con fines de lucro en su territorio, el domingo sucesivo precisa: “Esta llamada nueva religión no es otra cosa que una marea de ritos bizarros y salmodias es- cogidas para sacarle dinero a los ingenuos. Procedamos a la oración del Señor cuarenta veces. Pero, primero, pasaremos la bandeja de la colecta”. Tambiéneltemareligiosoesdesarrolladoatravésdelafigu- ra de Nedward (Ned) Flanders, el cristiano evangélico, vecino de casa de los Simpson. Es un convertido muy gentil pero in- tegrista, siempre listo a ayudar y a ofrecer una buena palabra. Está obsesionado por el temor a violar las leyes de Dios, que sigue al pie de la letra, y a las que siente como un deber y no como una ayuda para vivir una vida nueva. En vez de considerar el tiempo como un don que Dios nos da para vivirlo a través de la oración y el servicio a los demás, Ned vive su cotidianidad como el espacio de la conquista de la salvación que se obtiene cumpliendo las normas y los preceptos bíblicos. Su excéntrica manera de ser aparece en muchas ocasiones, como en la elec- ción de la patente de su auto JHS 143 (el pasaje del Evangelio de Juan 1, 43 en el que Jesús dice a Felipe: ‘Sígueme’). Los Simpson lo maltratan y lo consideran “tóxicamente religioso”, pero Ned está siempre dispuesto a arriesgar su vida para salvar la de ellos, como en la película, cuando Homero contamina el lago y loshabitantes de Springfieldquierenmatarlo.Por eso también, Los jóvenes telespectadores ya no son educados para un final feliz, sino que deben confrontarse con una rea- lidad dura y a veces paradojal, donde la familia parece ser el único refugio.
  5. 5. 30 ENERO-FEBRERO 2011 MSJ sociedad cuando Flanders iba a ser expulsado de la comunidad, Homero lo defiende ante la asamblea: “Este hombre ha puesto todas las mejillas de las que disponía. Si cada uno de nosotros fuera como Ned, no habría necesidad del Paraíso: ya estaríamos en él”. Así, la figura de Ned, debido a su exagerada religiosidad, se ha convertido en un caso de estudio sociológico4 . El tema religioso surge también en otras ocasiones: ante el miedo al fin del mundo y en la súplica a Dios para hacer bien un examen o una entrevista, etc. Los autores tienen una concep- ción apocalíptica y desplazan la atención al fin del tiempo. No se preguntan por el sentido de este ni por su fin. No se preguntan cómo vivimos como hermanos. Los Simpson vanalaiglesiaparaaplacarunmiedoalfuturoquesonin- capacesdegobernar.Diosseconvierte,sobretodopara Homero, en el último refugio: “Normalmente no soy un hombre religioso, pero si tú estás allá arriba ¡sálvame… Superman!”. En algunos capítulos, Dios aparece como unancianodebarbaabundanteyblanca,perosinrostro; se presenta como un misterio a descubrir. El 1° de mayo de 2007 el programa dedicó un capítulo a la Iglesia católica, titula- do “Padre, hijo y espíritu práctico”. Cuando Bart es expulsado de la escuela, sus padres lo mandan como castigo a la escuela ca- tólica de San Jerónimo, don- de“laenseñanzaesdurayno se puede bromear”. Mientras la maestra es una monja irlan- desa intransigente, el capellán, el padreJohn,conquistaaBart.Lecuen- tasuconversión,ledicequecuandoera pequeño se parecía a él, luego le regala una vida de santos para leer. Basta un encuen- tro auténtico de este tipo para cambiar la vida de Bart, que exclama “el catolicismo es mítico”. En casa los padressepreocupany,aldíasiguiente,Homeroenfren- ta al capellán: “¡Estoy harto de que enseñen a mi hijo valores llenos de valores!”. Pero también el padre es conquistado por el joven sacerdote hasta el punto de querer convertirse en católico. Se confiesa y se siente libre. En el intertanto, Marge, el reverendo Alegría y el vecino, Ned, declaran la guerra a los católicos: “No puedo entrar a la Iglesia católica —exclama Marge—, una fe distinta quiere decir un más allá distinto, además quiero que mi familia se mantenga unida”. El desencuentro se vuelve duro. La posición de Lisa es de apertura: “Todos deberían poder elegir la propia fe”. Pero el grupo que representa a la institución y el poder de la comuni- dad protestante aumentan la tensión entre las dos entidades. Así, es el pequeño Bart quien da una lección de comprensión a los grandes: “Todo es cristiandad. Las pequeñas estúpidas diferencias no son nada respecto a las grandes analogías”. 4 Cfr. P. Naso, God bless America. Le religioni degli americani, Roma, Editori Riuniti, 2002, 7.
  6. 6. ENERO-FEBRERO 2011 31 CONCLUSIÓN Después de veintidós temporadas de la serie animada más transmitida en la historia de la televisión, a muchos padres de familia les queda una pregunta: “¿Les permito a mis hijos ver ‘Los Simpson’?”. La preocupación está fundada en el temor a queunlenguajecrudoyamenudovulgar,laviolenciadeciertos episodios o el extremoalquelleganciertosguionesinfluencien el comportamiento de sus hijos. Pero el realismo de los textos y de los capítulos podría ser una ocasión para verlos juntos, y usar los argumentos para dialogar sobre la vida familiar, esco- lar, de pareja, social y política. Solo de esta manera será posi- ble comprender el lenguaje de “Los Simpson”, su contexto, su cultura y las preguntas de sentido que cada episodio nos pone. En las historias de “Los Simpson” no hay nunca un final feliz, pero tampoco hay, como algunos autores afirman, sola- mente cinismo y sarcasmo. Se relata la realidad y la posibili- dad de encontrar un sentido en esa cotidianidad que a menudo aplasta y humilla a las personas. Así, las generaciones jóve- nes de telespectadores son educadas para no ilusionarse. En cada personaje aparece optimismo y pesimismo, la conciencia de deber vivir un rol social y el sueño de querer ser libres. En sus rostros y en sus palabras están impresos la confusión del hombre contemporáneo y los condicionamientos a los que es sometido. Por este motivo los jóvenes telespectadores ya no son educados para un final feliz, sino que deben confrontarse con una realidad dura y a veces paradojal, donde la familia pa- rece ser el único refugio. Afuera de la propia casa, en cambio, rige la ley de la selva: “Que venza el mejor”. Pero tal perspecti- va, que querría ser realista y objetiva, corre el riesgo de minar la confianza en el otro y en el futuro, que se construye con el esfuerzo y la contribución de todos. El lugar de la salvación y de la unidad de la familia-institu- ción, en efecto, “está en el centro de toda la trama narrativa: ridiculizada continuamente, obvio, pero también reconocida como el único (y el último) auténtico punto de referencia en cla- ve social y en buenas cuentas el más sólido, con un recíproco y bien consolidado apego entre cada uno de sus miembros”5 . Sin embargo, la unidad familiar no está construida sobre la pro- moción del bien común o sobre opciones de gratuidad en favor de los más débiles. Cuando Lisa habla de sus actividades con los pobres, surge en Homero ese egoísmo social que corre el riesgo de condicionar el desarrollo humano de nuestras socie- dades: “Eso [el voluntariado] no es un trabajo, es una pérdida de tiempo. ¿Cuánto te pueden pagar los pobres? ¡Nada! ¿Qué satisfacción obtienes por ayudarlos? ¡Ninguna! Y por lo demás, ¿quién quiere ayudar a los pobres? ¡Nadie!”. Hay un último aspecto sobre el cual reflexionar. Los Simp- son permanecen “eternamente jóvenes”, no cambian, perma- necen iguales a sí mismos. La dimensión del tiempo que pasa, las opciones para realizar en la historia, el uso de las nuevas tecnologías, las dimensiones de la enfermedad y de la muerte, casinuncasontratadoscomotemas.Encambio,sisequiereha- blar de la realidad y de la humanidad que el hombre comparte, esostemasdeberíanserseriamenteafrontadosporlosautores. En fin, es verdad que los episodios ponen más énfasis en la religión como institución que en la vida de fe entendida como un seguimiento a Cristo hecho de oración y ayuda al prójimo. También en “Los Simpson” nos parecen latentes algunos ele- mentos que se encuentran en el Evangelio, como cuando Bart afirma: “Para poder salvarme a mí mismo, debo salvar a los otros”. Bastaría que los millones de jóvenes que cada día si- guen la serie interiorizaran esta enseñanza para esperar un mundo mejor. MSJ 5 B. Salvarani, “Dio, Homer e la ciambella”, en Jesus, 2 de febrero de 2008. El bien y el mal coexisten en cada personaje, como en la parábola evangélica del trigo y la cizaña.

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