Moonsong
Traducido por Krispipe
Corregido por Nikola
El mal nunca muere…
Después de escapar de los horrores de la Dimensió...
CAPITULO 1
Querido Diario:
Estoy muy asustada.
Mi corazón late con fuerza, mi boca está seca y mis manos están
temblando. ...
comidas campestres y fuimos a nadar y de compras. Hicimos un viaje a la
feria del condado, donde Matt ganó para Bonnie un ...
mi parte lo haga derrumbarse y al igual que su primer amor, Katherine,
separe a los hermanos. Y entonces perderemos a Damo...
estudiando, vistiéndose para el baile y simplemente pasando el rato. Stefan
la había besado aquí, por la mañana temprano, ...
superior del piano había una imagen de ellos en sus trajes de graduación
sobre el césped soleado en frente de la bibliotec...
—Oh —dijo Elena, conmovida y un poco nerviosa—. Gracias, Robert, pero
en realidad no tienes que hacerlo.
Él le dio una pal...
Damon y Stefan estaban apoyados contra la camioneta que Stefan había
alquilado, sus cosas empaquetadas en la parte posteri...
CAPITULO 2
Traducido por Krispipe
Corregido por Nikola
Meredith sostuvo el medidor neumático firmemente contra la válvula ...
A medida que el verano había terminado, ella y Matt se habían dado cuenta
que no podían dejar a sus amigos y dirigirse fue...
La piel de Alaric tenía un bronceado suave, y una dispersión de pecas
doradas cruzaban sus pómulos. Sus rostros estaban ta...
—Muy elegante—comentó Damon cuando el coche pasó entre las grandes
puertas doradas en la entrada de la escuela y siguió co...
—Se supone que es la mejor residencia en el campus—dijo Elena.
Damon abrió la puerta y salió rápidamente, luego se dio la ...
Elena cogió una de las cajas y los siguió, admirando su gracia natural, su
fuerza y elegancia. A medida que pasó unas cuan...
brillantes y de colores,petunias, alegrías, margaritas, estaban creciendo por
todos lados, por los lados del camino y en f...
rostro contra su pecho y ella tropezó, cayendo al lado de otra persona.
Había chicos por todos lados, empujándose entre el...
Su apretón era lindo y firme, su mano larga y cálida alrededor de la de ella.
Bonnie sintió que se sonrojaba de nuevo, y a...
El cuarto era bastante pequeño. Había una litera por la pared, un pequeño
espacio en mitad de la habitación y dos mesas y ...
—¡Caray!—dijo Christopher—. Sin ofender hombre pero, ¿por qué estás
viniendo a Dalcrest? Digo, estoy emocionado por jugar,...
Por generaciones, los mejores y más inteligentes de la Universidad de
Dalcrest, han sido escogidos para unirse a la Socied...
Traducido por Mais020291
Corregido por Nikola
—Confía en Bonnie en conocer a un chico en tu primer día de universidad
—dij...
¿Y, ahora? Ella aún amaba a Stefan con todo lo que tenía, y él la amaba a
ella. Pero ella amaba a Damon, también, y a vece...
—Bueno, rápido, ponte unos jeans—dijo Meredith.
—¿Pero, por qué? —preguntó Bonnie.
Los ojos de Meredith se encontraron con...
El oficial de seguridad dio un paso hacia un lado para bloquear su vista. —
Nada serio, sólo una chica que tuvo un pequeño...
Meredith se detuvo y miró de nuevo hacia la cuadra, luego hacia el cielo
oscuro del campus. Cualquier “problema” que había...
Es plena luz del día. Se dijo a sí misma. Hay personas en todas partes. No
tengo nada de quetemer.Pero, las cosas malas ta...
Zander. El hermoso, hermoso Zander se escondía con gracia junto a una
estantería, su cabeza blanca y rubia se inclinaba so...
Antes de que volviera a cambiar de idea, caminó rápidamente alrededor de
la esquina en el pasillo de atrás donde Zander se...
Hace un par de semanas, cuando ella y sus amigos habían sido atacados
por el fantasma,y ella había sufrido un esguince en ...
muchos en las competiciones. Si eso era lo que pensaba de Meredith, ella
estaba a punto de tener sorpresas.
—¿Lista?—pregu...
CAPITULO 6
Traducido por Corazona
Corregido por Nikola
Cuidadoso, Matt tanteó con su pie a lo largo del camino hasta que
e...
pasaría si este era un plan para atraparlo a él solo? ¿Algún tipo de trampa?
Matt pasó su dedo por debajo de su sudoso y d...
Después de unos quince minutos, la furgoneta se detuvo. Las personas a
ambos lados de Matt se enderezaron, y él se puso te...
hombre alto, encorvado, con la gran barba fuera un estudiante de primer
año.
Una chica pequeña con rostro redondo y rizos ...
Ethan fue pasando de un miembro a otro de su pequeño grupo,
enumerando los logros. Matt tan sólo escuchaba la mitadmientra...
7
Traducido por Krispipe
Corregido por Nikola
—Hubiera sido difícil encontrar un grupo de colonos menos adecuados
para con...
cuando el capitán Newport volvió con suministros y más colonos, sólo
permanecían treinta y ocho de los colonos originales....
—Desde luego que sí. —Los pequeños ojos negros del profesor Campbell
se ampliaron—. Fueron dos de los mejores amigos que h...
eran muy jóvenes. En ese punto, Damon era capaz de mirar atrás y decir
que nadie aprendía nada en la vida, no durante sus ...
Embarazoso o no, se sentía sorprendentemente cómodo, teniendo esta
conexión con el pequeño grupo de seres humanos. Él habr...
Una vez que Elena se hizo su propia ensalada, él la llevó hacia la mesa
vacía que había visto.
Ella lo besó antes de senta...
estudiantes cuando cerró ayer por la noche, y su compañero de cuarto dice
que él nunca regresó a la habitación. Es realmen...
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  1. 1. Moonsong Traducido por Krispipe Corregido por Nikola El mal nunca muere… Después de escapar de los horrores de la Dimensión Oscura, Elena y sus amigos no pueden esperar para asistir a la universidad de Dalcrest, el hermoso campus cubierto de hiedra donde los padres de Elena se conocieron. La vida con Stefan es mejor que nunca, y con sus amigos más cercanos Bonnie, Meredith y Matt a su lado, Elena sabe que será su mejor año. Incluso Damon parece haber cambiado realmente y se lleva bien con todo el mundo. Pero para Elena, alejarse de Fell´s Church no quiere decir que haya dejado atrás su oscuro pasado. Cuando los estudiantes empiezan a desaparecer del campus, cada nuevo amigo es de repente un potencial enemigo. El pánico pronto se propaga y los amigos luchan para protegerse mutuamente. A continuación Elena descubre un secreto oculto durante mucho tiempo, uno que la perturba hasta la médula, y se da cuenta de que la tragedia puede ser inevitable. ¿Podrá Elena escapar de su destino? ¿Y será Stefan o Damon el que la coja si se cae?
  2. 2. CAPITULO 1 Querido Diario: Estoy muy asustada. Mi corazón late con fuerza, mi boca está seca y mis manos están temblando. He enfrentado mucho y sobrevivido: vampiros, hombres lobo, fantasmas. Cosas que nunca imaginé que fueran reales. Y ahora estoy aterrada. ¿Por qué? Simplemente porque me voy de casa. Y sé que todo esto es completa y locamente ridículo. Apenas me estoy yendo de casa, realmente. Estoy yendo a la universidad, sólo a pocas horas conduciendo de esta querida casa donde he vivido desde que era un bebé. No, no voy a empezar a llorar otra vez. Voy a estar compartiendo habitación con Bonnie y Meredith, mis dos mejores amigas en el mundo entero. En la misma residencia, sólo a un par de pisos de distancia va a estar mi amado Stefan. Mi otro mejor amigo, Matt, estará a sólo un paseo por el campus. Incluso Damon estará en un apartamento en el pueblo cercano. Honestamente, no podía quedarme más cerca de casa a menos que no me moviera en absoluto de esta casa. Estoy siendo un ejemplo de cobarde. Pero parece que acabo de conseguir mi vuelta a casa, mi familia, mi vida, después de estar exiliada durante tanto tiempo, y ahora de repente tengo que salir de nuevo. Supongo que estoy asustada en parte porque estas últimas semanas del verano han sido maravillosas. Nos llenamos de todo el placer que hubiéramos tenido estos últimos meses, si no hubiéramos estado luchando contra los kitsune, viajando por la Dimensión Oscura, luchando con el fantasma de los celos, y todos las demás cosas extremadamente no divertidas que hemos hecho, en tres gloriosas semanas. Tuvimos picnics y
  3. 3. comidas campestres y fuimos a nadar y de compras. Hicimos un viaje a la feria del condado, donde Matt ganó para Bonnie un tigre de peluche y se volvió de color rojo brillante cuando ella chilló y saltó a sus brazos. Stefan incluso me besó mientras estábamos sentados en la parte superior de la noria, igual que cualquier chico normal podría besar a su novia en una hermosa noche de verano. Estábamos muy felices. Normales en una manera que pensaba que nunca podría volver a serlo. Eso es lo que me asusta, me imagino. Tengo miedo de que estas semanas hayan sido un intermedio brillante y dorado y ahora que las cosas están cambiando, regresemos de nuevo a la oscuridad y el horror. Es como dice aquel poema que leímos en clase de inglés el otoño pasado: Nada dorado puede permanecer. No para mí. Incluso Damon… El ruido de pies en el piso de abajo la distrajo, y la pluma de Elena Gilbert se desaceleró. Ella levantó la vista hacia el último par de cajas esparcidas por la habitación. Stefan y Damon deben estar aquí para recogerla. Pero quería terminar su pensamiento, expresar la última preocupación que la había estado molestando durante estas semanas perfectas. Se volvió hacia su diario, escribiendo más rápido para que pudiera recoger sus pensamientos antes de tener que irse. Damon ha cambiado. Desde que derrotamos al fantasma de los celos, él ha estado… más amable. No sólo conmigo, no sólo con Bonnie, con quien siempre ha tenido un punto suave, sino también con Matt y Meredith. Todavía puede ser intensamente irritante e imprevisible, sino no sería Damon, pero no tiene ese borde cruel. No como antes. Él y Stefan parecen haber llegado a un entendimiento. Saben que los amo a ambos, y sin embargo, no han permitido que los celos se interpongan entre ellos. Son cercanos, actuando como verdaderos hermanos de una manera que no he visto antes. Hay un delicado equilibrio entre nosotros tres que ha durado el final del verano. Y me preocupa que cualquier paso en falso de
  4. 4. mi parte lo haga derrumbarse y al igual que su primer amor, Katherine, separe a los hermanos. Y entonces perderemos a Damon para siempre. Tía Judith llamó en tono impaciente. —¡Elena! —¡Voy! —respondió Elena. Rápidamente garabateó unas cuantas oraciones más en su diario. Aún así, es posible que esta nueva vida sea maravillosa. Tal vez encuentre todo lo que he estado buscando. No puedo aferrarme a la escuela secundaria, o a mi vida aquí en casa, para siempre. Y, ¿quién sabe? Tal vez lo dorado pueda permanecer. —¡Elena! ¡Tu transporte está esperando! Tía Judith estaba sin duda estresándose ahora. Ella había querido conducir a Elena hasta la escuela ella misma. Pero Elena sabía que no sería capaz de despedirse de su familia sin llorar, por lo que le había pedido a Stefan y Damon que la llevaran en su lugar. Sería menos embarazoso ponerse emocional aquí en casa que llorar en todo el campus de Dalcrest. Desde que Elena había decidido ir con los hermanos Salvatore, tía Judith había estado trabajando en cada pequeño detalle, ansiosa de que la carrera de Elena en la universidad podía no comenzar perfectamente sin ella allí para supervisar. Todo era porque la tía Judith la amaba, Elena lo sabía. Elena cerró el diario azul cubierto de terciopelo y lo dejó caer en una caja abierta. Se puso en pié y se dirigió a la puerta, pero antes de abrirla, se volvió para mirar su habitación por última vez. Estaba tan vacía, con sus posters favoritos desaparecidos de las paredes y la mitad de sus libros sacados de su estantería. Sólo un poco de ropa se mantenía en su cómoda y armario. El mobiliario estaba todavía en su lugar. Pero ahora que la habitación estaba despojada de la mayor parte de sus posesiones, se sentía más como una habitación de hotel impersonal que el refugio acogedor de su infancia. Habían pasado muchas cosas aquí. Elena podía recordar acurrucarse con su padre en el asiento para leer de la ventana juntos cuando era una niña. Ella y Bonnie y Meredith, y Caroline, que había sido su buena amiga, también, una vez, habían pasado por lo menos cien noches contando secretos,
  5. 5. estudiando, vistiéndose para el baile y simplemente pasando el rato. Stefan la había besado aquí, por la mañana temprano, y desapareció rápidamente cuando la tía Judith llegó a despertarla. Elena recordó la sonrisa cruel, triunfante de Damon cuando lo invitó la primera vez, lo que parecía hace un millón de años. Y, no hace mucho tiempo, su alegría cuando había aparecido aquí una oscura noche, después de que todos pensaban que estaba muerto. Se oyó un silencioso golpe en la puerta, y se abrió. Stefan estaba en el umbral, mirándola. —¿Lista? —dijo—. Tu tía está un poco preocupada. Piensa que no vas a tener tiempo para desempacar antes de la orientación si no nos vamos. Elena se levantó y se acercó a envolver sus brazos alrededor de él. Él olía a limpio y madera, y puso la cabeza en su hombro. —Ya voy —dijo—. Es difícil decir adiós, ¿sabes? Todo está cambiando. Stefan se volvió hacia ella y atrapó su boca suavemente en un beso. —Lo sé —dijo cuando terminó el beso, y pasó el dedo suavemente a lo largo de la curva de su labio inferior—. Llevaré esas cajas abajo y te daré unos minutos más. Tía Judith se sentirá mejor si ve el camión recibiendo las maletas. —Está bien. Enseguida bajo. Stefan salió de la habitación con las cajas, y Elena suspiró, mirando a su alrededor otra vez. Las azules y floreadas cortinas que su madre había hecho para ella cuando Elena tenía nueve años todavía se cernían sobre las ventanas. Recordó a su madre abrazándola, sus ojos un poco llorosos, cuando su niñita le dijo que era demasiado grande para las cortinas de Winnie Pooh. Los propios ojos de Elena se llenaron de lágrimas, y se metió el cabello detrás de las orejas, reflejando el gesto que su madre utilizaba cuando estaba pensado mucho. Elena era muy joven cuando sus padres murieron. Tal vez si hubieran vivido, ella y su madre serían amigas ahora, podrían conocerse como iguales, no sólo como madre e hija. Sus padres habían ido a la universidad de Dalcrest, también. Allí es donde se habían conocido, en realidad. En la planta baja sentada en la parte
  6. 6. superior del piano había una imagen de ellos en sus trajes de graduación sobre el césped soleado en frente de la biblioteca de Dalcrest, riendo, increíblemente jóvenes. Tal vez ir a Dalcrest llevaría a Elena más cerca de ellos. Tal vez aprendería más sobre las personas que ellos habían sido, no sólo la mamá y el papá que había conocido cuando era pequeña, y encontraría a su familia perdida entre los edificios neoclásicos y los jardines verde profundo de la universidad. No se iba, en realidad no. Se movía hacia delante. Elena apretó la mandíbula con firmeza y salió de su habitación, apagó la luz cuando se fue. En la planta baja, tía Judith, su marido, Robert y la hermana de Elena de cinco años, Margaret, estaban reunidos en el pasillo, esperando, mirando a Elena mientras bajaba las escaleras. Tía Judith estaba inquieta, por supuesto. No podía evitarlo aún; sus manos se estaban torciendo juntas, alisando su pelo o jugando con sus pendientes. —Elena —dijo—, ¿estás segura de que has empacado todo lo que necesitas? Hay tantas cosas que recordar —frunció el ceño. La ansiedad obvia de su tía hizo más fácil para Elena sonreír tranquilizadora y abrazarla. Tía Judith la abrazó con fuerza, relajándose por un momento, y sorbió por la nariz. —Te voy a echar de menos, cariño. —Yo también te echaré de menos —dijo Elena, y apretó a tía Judith cerca, sintiendo temblar sus propios labios. Dio una risa temblorosa—. Pero volveré. Si me olvido de algo o si tengo nostalgia, volveré de vuelta para un fin de semana. No tengo que esperar a acción de gracias. Junto a ellas, Robert pasó de un pie al otro y se aclaró la garganta. Elena soltó a la tía Judith y se volvió hacia él. —Ahora, sé que los estudiantes universitarios tienen un montón de gastos —dijo—. Y no queremos que tengas que preocuparte por el dinero, así que tienes una cuenta en la tienda estudiantil, pero… —abrió su cartera y le entregó a Elena un puñado de billetes—. Por si acaso.
  7. 7. —Oh —dijo Elena, conmovida y un poco nerviosa—. Gracias, Robert, pero en realidad no tienes que hacerlo. Él le dio una palmadita en el hombro torpemente. —Queremos que tengas todo lo que necesites —dijo con firmeza. Elena le sonrió con gratitud, dobló el dinero, y lo puso en su bolsillo. Junto a Robert, Margaret fulminaba con la mirada obstinadamente hacia sus zapatos. Elena se arrodilló ante ella y tomó las manos de su hermanita. —¿Margaret? —solicitó. Sus grandes ojos azules la miraron. Margaret frunció el ceño y sacudió la cabeza, su boca en una delgada línea. —Voy a echarte mucho de menos, Meggie —dijo Elena, atrayéndola hacia sí, con los ojos llenos de lágrimas. El suave pelo de diente de león de su hermana pequeña rozó la mejilla de Elena—. Pero voy a estar de vuelta para acción de gracias, y tal vez puedas venir a visitarme al campus. Me gustaría mostrar mi hermanita a todos mis nuevos amigos. Margaret tragó saliva. —No quiero que te vayas —dijo en una pequeña voz triste—. Siempre te estás yendo. —Oh, cariño —dijo Elena impotente, abrazando a su hermana más cerca—. Siempre vuelvo, ¿no? Margaret recordaba lo que había sucedido realmente en Fell´s Church en el último año. Los Guardianes se habían comprometido a cambiar los recuerdos de cada uno de esos meses oscuros en que los vampiros, hombres lobo, y kitsune casi habían destruido la ciudad, y cuando Elena había muerto y resucitado, pero parecía haber excepciones. Caleb Smallwood recordaba, y a veces la cara de inocencia de Margaret parecía extrañamente saber. —Elena —dijo tía Judith de nuevo, su voz espesa y llorosa—, es mejor que te vayas. Elena abrazó a su hermana una vez más antes de marchar. —Está bien — dijo, poniéndose de pie y recogiendo su bolso. —Llamaré esta noche y les haré saber cómo me estoy acomodando. Tía Judith asintió con la cabeza, y Elena le dio otro rápido beso antes de limpiarse los ojos y abrir la puerta principal.
  8. 8. Damon y Stefan estaban apoyados contra la camioneta que Stefan había alquilado, sus cosas empaquetadas en la parte posterior. Mientras ella daba un paso adelante, ambos levantaron la mirada y, al mismo tiempo, le sonrieron. Oh. Eran tan hermosos, ambos, que al verlos todavía se agitaba después de tanto tiempo. Stefan, su amor Stefan, sus ojos verde hoja brillando al verla, era precioso con su perfil clásico y esa dulce y besable pequeña curva en su labio inferior. Y Damon, todo piel pálida luminiscente, ojos de terciopelo negro, y pelo de seda, era elegante y mortal a la vez. La brillante sonrisa de Damon hacía algo en su interior que se extendía y ronroneaba como una pantera reconociendo a su compañero. Ambos pares de ojos la miraban con amor, posesivamente. Los hermanos Salvatore eran suyos ahora. ¿Qué iba a hacer ella al respecto? El pensamiento le hizo fruncir el ceño y la hizo tener una corazonada nerviosamente. Luego, conscientemente alisó las arrugas de su frente, relajándose, y les devolvió la sonrisa. Lo que vendría, vendría. —Es hora de irnos —dijo, e inclinó su rostro hacia el sol.
  9. 9. CAPITULO 2 Traducido por Krispipe Corregido por Nikola Meredith sostuvo el medidor neumático firmemente contra la válvula de su neumático trasero derecho mientras lo chequeaba. La presión estaba bien. La presión de las cuatro ruedas estaba bien. El anticongelante, aceite, y líquidos de transmisión estaban todos llenos, la batería del coche era nueva, y el gato y la rueda de repuesto estaban en perfecta forma. Debería haberlo sabido. Sus padres no eran del tipo de no ir a trabajar para verla irse a la universidad. Ellos sabían que no necesitaba mimos, pero le habían demostrado su amor asegurándose de que todos los preparativos estuvieran hechos, que ella estaba a salvo y perfectamente preparada para cualquier cosa que pudiera suceder. Por supuesto, no le dirían que lo habían comprobado todo, sino que querrían que continuara protegiéndose a sí misma. No había nada que tuviera que hacer ahora excepto irse. Lo cual era lo único que no quería hacer. —Ven conmigo—dijo sin levantar la vista, menospreciando el débil temblor que oía en su propia voz—. Sólo por un par de semanas. —Sabes que no puedo—dijo Alaric mientras pasaba la mano ligeramente por encima de su espalda—. No querría irme si voy contigo. Es mejor así. Tendrás la oportunidad de disfrutar de las primeras semanas de universidad igual que todos los demás estudiantes nuevos, sin nadie que te entretenga. Después iré y te visitaré pronto. Meredith se volvió hacia él y lo encontró mirándola. Su boca tensa, sólo la más mínima contracción, y pudo ver que despedirse de nuevo, después de sólo unas pocas semanas juntos, era tan difícil para él como para ella. Se inclinó y lo besó suavemente. —Mejor que hubiera ido a Harvard—murmuró—. Mucho más cerca.
  10. 10. A medida que el verano había terminado, ella y Matt se habían dado cuenta que no podían dejar a sus amigos y dirigirse fuera del estado a la universidad a la que habían planeado. Todos habían pasado por muchas cosas juntos, y querían estar juntos, para protegerse entre sí, más de lo que querían ir a cualquier otro lugar. Su hogar había sido casi destruido más de una vez, y sólo el chantaje de Elena a la Corte Celestial lo había restaurado y salvado a sus familias. No podían irse. No mientras fueran los únicos en pie contra la oscuridad de ahí fuera, la oscuridad que se establecería siempre por el Poder de las líneas mágicas que cruzaban el área alrededor de Fell´s Church. Dalcrest estaba lo suficientemente cerca para que fueran capaces de volver si el peligro amenazaba de nuevo. Tenían que proteger su casa. Así que Stefan había ido a las oficinas administrativas en Dalcrest y utilizado su mojo vampiro. De repente, Matt tenía la beca de fútbol para Dalcrest que había convertido a favor de Kent State de vuelta en la primavera, y Meredith estaba no simplemente en espera como un novato entrante sino que estaba ubicada en el mejor dormitorio triple con Bonnie y Elena. Lo sobrenatural los había salvado, para variar. Sin embargo, ella había tenido que renunciar a un par de sueños para llegar aquí. Harvard. Alaric a su lado. Meredith movió la cabeza. Esos sueños eran incompatibles, de todos modos. Alaric no podría haber ido a Harvard con ella. Alaric estaba aquí en Fell´s Church investigando sobre los orígenes de todas las cosas sobrenaturales que habían sucedido en la historia de la ciudad. Por suerte, Duke le estaba permitiendo contar este hacia su disertación sobre lo paranormal. Y él sería capaz de controlar la ciudad del peligro al mismo tiempo. Ellos tendrían que estar separados, por ahora, sin importar a dónde Meredith optara por ir, pero al menos Dalcrest estaba a una distancia para ir manejando.
  11. 11. La piel de Alaric tenía un bronceado suave, y una dispersión de pecas doradas cruzaban sus pómulos. Sus rostros estaban tan cerca que ella podía sentir el calor de su aliento. —¿Qué estás pensando?—Su voz era un murmullo. —Tus pecas—dijo—. Son magníficas. —Entonces ella respiró hondo y se alejó—. Te amo—dijo Meredith, y luego se apresuró antes de que una ola de nostalgia pudiera abrumarla—, me tengo que ir —tomó una de sus maletas sentadas en el coche y la balanceó en el maletero. —Yo también te amo—dijo Alaric, y cogió su mano y la apretó con fuerza por un momento, mirándola a los ojos. Luego la soltó y puso la última maleta en el maletero y cerró la puerta. Meredith lo besó, rápido y fuerte, y se apresuró al asiento del conductor. Una vez que estuvo sentada a salvo, el cinturón de seguridad puesto, el motor en marcha, se permitió mirarlo de nuevo. —Adiós—dijo a través de la ventanilla abierta—. Te llamaré esta noche. Cada noche. Alaric asintió con la cabeza. Sus ojos estaban tristes, pero él sonrió y levantó una mano en señal de despedida. Meredith se retiró del camino con cuidado. Sus manos estaban a las diez y dos, y mantuvo los ojos en la carretera y la respiración constante. Sin ni siquiera mirara, sabía que Alaric estaba de pie en el camino, mirando su coche alejarse de su vista. Ella era una cazadora de vampiros, una estudiante estrella, y totalmente sensata en todas las situaciones. No necesitaba llorar, después de todo, iba a ver a Alaric de nuevo. Pronto. Mientras tanto, iba a ser una verdadera Sulez: lista para cualquier cosa. *** Dalcrest es hermoso, pensó Elena. Había estado aquí antes, por supuesto. Ella, Bonnie y Meredith habían manejado todo el camino hasta llegar a la Fiesta de la Fraternidad Junior un año, cuando Meredith había estado saliendo con un chico universitario. Y recordaba vagamente a sus padres trayéndola a un evento de la familia de ex-alumnos, cuando ella era pequeña. Pero ahora que era parte de la escuela, ahora que sería su hogar durante los próximos cuatro años, todo se veía diferente.
  12. 12. —Muy elegante—comentó Damon cuando el coche pasó entre las grandes puertas doradas en la entrada de la escuela y siguió conduciendo junto los edificios de ladrillo de imitación Georgiana y mármol neoclásico—. Es decir, para América. —Bueno, no todos podemos crecer en palacios italianos—respondió Elena distraídamente, muy consciente de la ligera presión del muslo de él junto al de ella. Estaba sentada en la parte delantera de la camioneta entre Stefan y Damon, y no había mucho espacio. Tener a ambos tan cerca era tremendamente molesto. Damon rodó sus ojos y le dijo a Stefan: —Bueno, si tienes que jugar a ser humano y asistir a la universidad otra vez, hermanito, por lo menos no elegiste un lugar demasiado horrible. Y, por supuesto, la compañía compensará cada inconveniente—añadió galantemente con una mirada a Elena—. Pero sigo pensando que es una pérdida de tiempo. —Y sin embargo, aquí estás—dijo Elena. —Sólo estoy aquí para mantenerte fuera de problemas—replicó Damon. —Vas a tener que disculpar a Damon —dijo Stefan a Elena suavemente—. No lo entiendo. Fue expulsado de la Universidad en los viejos tiempos. Damon se rió. —Pero me divertí mucho mientras estuve allí—dijo—. Hubo toda clase de placeres que un hombre podía tener en la universidad. Me imagino que las cosas han cambiado un poco, sin embargo. Ellos estaban pinchándose el uno al otro, Elena lo sabía, pero no había ese borde duro y amargo que solían usar en sus peleas. Damon estaba sonriendo por encima de su cabeza a Stefan con un afecto irónico, y los dedos de Stefan estaban sueltos y relajados en el volante. Puso una mano sobre la rodilla de Stefan y la apretó. Damon se puso tensó al lado de ella, pero cuando lo miró, él estaba mirando a través del parabrisas, su cara neutra. Elena quitó su mano de la rodilla de Stefan. Lo último que quería hacer era alterar el delicado equilibrio entre ellos tres. —Aquí estamos—dijo Stefan, arrancando una enredadera del edificio—. La casa Pruitt. La residencia se alzaba por encima de ellos, un edificio de ladrillo alto con una torreta de un lado, las ventanas brillaban en el sol de la tarde.
  13. 13. —Se supone que es la mejor residencia en el campus—dijo Elena. Damon abrió la puerta y salió rápidamente, luego se dio la vuelta y le dio a Stefan una larga mirada—. La mejor residencia del campus, ¿verdad? ¿Has estado usando tus poderes de persuasión para beneficio personal, joven Stefan?—sacudió la cabeza—. Tu moral se está desintegrando. Stefan salió por su propio lado y se giró para dar a Elena una mano cortés. —Es posible que finalmente se me esté pegando—le dijo a Damon, sus labios temblaban ligeramente con diversión—. Estoy en la torre en una habitación simple. Hay balcón. —Qué bueno para ti—dijo Damon, sus ojos moviéndose rápidamente entre ellos—. ¿Este es un dormitorio para chicos y chicas, entonces? Los pecados del mundo moderno. —Su cara se quedó pensativa por un momento y luego dio una sonrisa brillante y empezó a sacar el equipaje del maletero. Le había parecido casi solitario a Elena por un segundo, lo cual era ridículo, Damon no estaba sólo nunca, pero esa fugaz impresión fue suficiente para hacerle decir impetuosamente: —Puedes venir a la universidad con nosotros, Damon. No es demasiado tarde. Podrías vivir en el campus con nosotros. Sintió a Stefan congelarse. Luego él tomo una respiración lenta y se deslizó junto a Damon, alcanzando una pila de cajas. —Puedes —dijo tranquilamente—. Podría ser más divertido de lo que piensas intentar la universidad otra vez, Damon. Damon sacudió la cabeza, burlándose. —No, gracias. Dejé la academia hace varios siglos. Seré mucho más feliz en mi nuevo apartamento en la ciudad, donde puedo mantener un ojo en ti sin tener que vivir a lo pobre con los estudiantes. Él y Stefan se sonrieron el uno al otro con lo que parecía perfecta comprensión.Bien, pensó Elena, con una curiosa mezcla de alivio y decepción. Ella no había visto el nuevo apartamento aún, pero Stefan le había asegurado que Damon estaría, como siempre, viviendo en el regazo del lujo, por lo menos tanto como la ciudad más cercana pudiera ofrecer. —Vamos, chicos—dijo Damon, recogiendo varias maletas sin esfuerzo y dirigiéndose hacia la residencia. Stefan alzó su torre de cajas y le siguió.
  14. 14. Elena cogió una de las cajas y los siguió, admirando su gracia natural, su fuerza y elegancia. A medida que pasó unas cuantas puertas abiertas, oyó a una chica simular un aullido, luego se rió con su compañera de cuarto. Una caja enorme de la pila de Stefan se inclinó mientas él empezó a subir las escaleras, y Damon la atrapó con facilidad a pesar de las maletas. Stefan le dio un guiñó casual de agradecimiento. Habían pasado siglos como enemigos. Se habían matado el uno al otro, una vez. Cientos de años odiándose uno al otro, unidos por la miseria, los celos y la tristeza. Katherine les había hecho eso, tratando de tenerlos a ambos cuando cada uno la quería sólo a ella. Todo era diferente ahora. Habían llegado muy lejos. Desde que Damon había muerto y regresado, desde que habían luchado y derrotado al fantasma de los celos, habían llegado a ser socios. Había un reconocimiento implícito de que iban a trabajar juntos para proteger a un pequeño grupo de seres humanos. Más que eso, había un cauteloso, pero muy real, afecto entre ellos. Confiaban el uno en el otro, sentirían perderse uno al otro de nuevo. No hablaban de ello, pero ella sabía era verdad. Elena cerró los ojos por un segundo. Sabía que ambos la amaban. Los dos sabían que ella los amaba.Aunque, corrigió su mente conscientemente, Stefan es mi verdadero amor. Pero algo más en ella, esa pantera imaginaria, se estiró y sonrió. Pero Damon, mi Damon… Sacudió la cabeza. No podía separarlos. No podía permitir que se pelearan por ella. No haría lo que Katherine había hecho. Si llegara el momento de elegir, elegiría a Stefan. Por supuesto.¿Lo harías? La pantera ronroneó con pereza, Elena trató de impulsar el pensamiento fuera. Todo podía colapsar tan fácilmente. Y dependía de ella asegurarse de que no volviera a suceder. CAPITULO 3 Traducido por Mais020291 Corregido por Nikola Bonnie arregló sus rulos rojos mientras se apuraba a través del enorme césped de Dalcrest. Era tan hermoso aquí. Pequeños caminos de laja bordeaban el céspeden dirección a los varios tipos de dormitorios y salones de clase. Flores
  15. 15. brillantes y de colores,petunias, alegrías, margaritas, estaban creciendo por todos lados, por los lados del camino y en frente de los edificios. El escenario humano es bastante hermoso también, pensó Bonnie, mientras miraba disimuladamente a un chico de bronce acostado en una toalla, cerca del borde del césped. Aunque, no lo suficientemente disimulada, el chico levantó su cabeza peluda y le guiñó. Bonnie se rió y caminó más rápido, con sus mejillas sonrojadas. Honestamente, ¿él no debería estar desempacando o estableciendo su habitación o algo parecido? No sólo estar recostado medio desnudo y guiñando a cualquier chica como un gran… coqueto. La mochila con las cosas que Bonnie había comprado en la librería del campus chocó gentilmente en su mano. Por supuesto, ella no había podido comprar libros todavía, así cómo no se podían inscribir en las clases hasta el día siguiente, pero resultó que la librería vendía de todo. Ella había conseguido grandes cosas: una taza de Dalcrest, un oso de peluche utilizando un polo con el logo de Dalcrest, y un par de cosas que serían muy útiles, como un organizador eficiente para la ducha, para poner las cosas de higiene, y una colección de lapiceros de cada color del arcoíris. Tenía que admitir que estaba emocionada por empezar la universidad. Bonnie movió la bolsa a su mano izquierda y flexionó sus dedos acalambrados de la derecha. Emocionada o no, todas estas cosas que había comprado eran pesadas. Pero las necesitaba. Este era su plan: iba a convertirse en una nueva persona en la universidad. No completamente nueva; se gustaba en sí, en su mayoría. Pero se iba a convertir más en una líder, más madura, el tipo de persona donde la gente decía: “Pregúntale a Bonnie”, o “Confía en Bonnie”, en lugar de, “Oh, Bonnie”, que era completamente diferente. Estaba determinada a salir de las sombras de Meredith y Elena. Ambas eran estupendas, por supuesto, sus absolutas mejores amigas, pero ellas ni siquiera se daban cuenta de lo terriblemente a cargo que estaban todo el tiempo. Bonnie quería convertirse en una persona estupenda, completamente a cargo, a su propia merced. Además, tal vez conocería a un chico realmente especial. Que sea lindo. Bonnie no podía culpar ni a Meredith ni a Elena por el hecho de que toda la vida en la secundaria, habían tenido varias citas, pero ningún enamorado serio. Pero, el simple hecho era que, incluso si todo el mundo creía que eras linda, si tus mejores amigas eran hermosas, inteligentes y poderosas, el tipo de chico que buscaba enamorarse, podía encontrarte en comparación, menos… brillante. Aunque tenía que admitir que estaba aliviada de que ella, Meredith y Elena estuviesen viviendo juntas. No quería estancarse en sus sombras, pero ellas aún eran sus mejores amigas. Y, después de todo… Un ruido sordo. Alguien se golpeó contra Bonnie y perdió el hilo de sus pensamientos completamente. Ella dio unos pasos hacia atrás. Un cuerpo de hombre se tambaleó contra ella, de nuevo, y, en poco tiempo, golpeó su
  16. 16. rostro contra su pecho y ella tropezó, cayendo al lado de otra persona. Había chicos por todos lados, empujándose entre ellos, bromeando y argumentando, sin prestarle atención, como si ella estuviese metiéndose entre ellos; hasta que de pronto una mano fuerte la sujetó en medio de la confusión. Cuando encontró sus pies, estos estaban moviéndose de nuevo, cinco o seis cuerpos de hombre deslizándose y empujándose entre ellos, sin detenerse para disculparse, como si no se hubiesen dado cuenta de ella, como si fuera nada más que un obstáculo inanimado en su camino. Excepto por uno de ellos. Bonnie se encontró observando una camisa azul y un torso delgado con buenos brazos musculosos. Se enderezó y se acomodó el cabello, y la mano que agarraba su brazo la soltó. —¿Estás bien?—preguntó una voz suave. Estaría mejor si casi no me hubieses lanzado al suelo, Bonnie estaba a punto de decirlo. Se le había cortado la respiración, y su mochila estaba pesada, y este chico y sus amigos seriamente necesitaban observar hacia dónde estaban yendo. Luego, miró hacia arriba, y sus ojos se encontraron con los de él. ¡Caray! El chico era hermoso. Sus ojos eran claros, realmente azules, el azul del cielo en madrugada o en una mañana de verano. Sus facciones eran pequeñas, las cejas arqueadas, los pómulos salientes, pero su boca era suave y sensual. Y, ella nunca había visto ese color de cabello antes, excepto en los niños pequeños, ese rubio blanquecino puro que hacía pensar en playas tropicales debajo del cielo de verano… —¿Estás bien? —repitió él más fuerte, un gesto de preocupación arrugando su frente. Bien. Bonnie podía sentir cómo se sonrojaba desde sus pies hasta las raíces de su cabello. Acababa de estar mirándolo con la boca abierta. —Estoy bien—dijo, intentando mantenerse de pie—. Supongo que no estaba mirando hacia dónde iba. Él sonrió, y un pequeño silbido corrió a través de Bonnie. Su sonrisa era hermosa, también, y levantaba todo su rostro. —Eso es lindo de tu parte—dijo él—, pero creo que tal vez nosotros deberíamos haber estado mirando hacia dónde íbamos en lugar de empujarnos entre nosotros por todo el camino. Mis amigos a veces se ponen un poco… rudos. Él miró más allá, y Bonnie miró por encima de su hombro. Sus amigos se habían detenido y estaban esperándolo más abajo. Mientras Bonnie observaba, uno de ellos, un chico alto y moreno, golpeó a uno de ellos en la parte de atrás de la cabeza, y un momento después estaban golpeándose y empujándose de nuevo. —Sí, ya puedo ver eso—dijo Bonnie, y el chico hermoso rió. Su risa hizo que Bonnie también sonriera y regresó su atención a esos ojos. —Bueno, por favor, acepta mi disculpa —dijo él—. Estoy realmente apenado. —Sostuvo su mano—. Mi nombre es Zander.
  17. 17. Su apretón era lindo y firme, su mano larga y cálida alrededor de la de ella. Bonnie sintió que se sonrojaba de nuevo, y arrojó sus rulos rojos hacia atrás y pegó la barbilla con valentía en el aire. No iba a actuar toda nerviosa. ¿Y, qué importaba si él era hermoso? Ella era amiga, de alguna manera, con Damon. Ella tenía que ser inmune a los chicos hermosos por ahora. —Soy Bonnie—dijo ella, sonriéndole—. Este es mi primer día aquí. ¿También eres estudiante de primer año? —Bonnie—dijo pensativamente, diciendo su nombre como si lo estuviera degustando—. No, ya estoy aquí hace un tiempo. —Zander… Zander. —Los chicos empezaron a cantar, sus voces tornándose más rápido y fuertes mientras repetían—. Zander… Zander… Zander. Zander hizo una mueca, su atención regresando hacia sus amigos. —Lo siento Bonnie, tengo que irme—dijo—. Tenemos una clase de…—Se detuvo—. Una cosa del club. Pero, como dije, estoy muy apenado, casi te golpeé. Espero pronto verte de nuevo, ¿está bien? Él sacudió su mano una vez más, le dio una pequeña sonrisa y se fue, caminando más rápido cuando se acercó a sus amigos. Bonnie lo observó reunirse a su grupo de chicos. Justo antes de doblar, Zander volteó la vista hacia ella, hizo esa hermosa sonrisa, y agitó su mano en señal de despedida. Bonnie alzó su mano para despedirse de vuelta, accidentalmente chocando su pesada mochila contra su costado mientras él se alejaba de su vista. Increíble, pensó, recordando el color de sus ojos. Puede que me esté enamorando. *** Matt se apoyó en la pila tambaleante de maletas que había agrupado en la entrada de su habitación. —Maldita sea—dijo al tiempo que intentaba abrir la puerta. ¿Le habían dado la llave correcta? —¡Hola!—Una voz dijo detrás de él, y Matt se sacudió, dejando caer una maleta en el suelo—. Ups, lo siento por eso. ¿Eres Matt? —Sí—dijo Matt, intentando abrir una vez más la puerta, pero finalmente lo consiguió. Él volteó, sonriendo—. ¿Tú eres Christopher?—La universidad le había dicho el nombre de su compañero de cuarto y que él también estaba en el equipo de fútbol, pero los dos no se habían visto. Christopher se veía bien. Él era un chico grande con un buen cuerpo, una sonrisa amigable y cabello corto. Él se pasó la mano por el cabello mientras retrocedía para dar lugar a la pareja alegre que estaba detrás. —Hola, tú debes ser Matt—dijo la mujer, que estaba llevando una alfombra enrollada y un banderín de Dalcrest—. Soy Jennifer, la madre de Christopher, y este es Mark, su padre. Es un placer conocerte. ¿Tus amigos están por aquí? —Eh, no, acabo de llegar por mi cuenta—dijo Matt—. Mi casa, en Fell’s Church, no está lejos de aquí —cogió sus maletas y las colocó dentro de la habitación, apurándose para alejarse de la familia de Christopher.
  18. 18. El cuarto era bastante pequeño. Había una litera por la pared, un pequeño espacio en mitad de la habitación y dos mesas y roperos, uno al lado del otro, en la otra pared. Las chicas y Stefan, sin duda estaban viviendo con lujo, pero no se veía muy bien que Stefan use su Poder para encontrar una vivienda digna para Matt. Ya se veía lo suficientemente mal que Matt tome la vacante de otro estudiante y el espacio de alguien más en el equipo de fútbol. Stefan le había hablado sobre eso. —Mira, Matt. —Él había dicho, sus ojos verdes serios—. Entiendo cómo te sientes. A mí tampoco me gusta influenciar en las personas para obtener lo que quiero. Pero el hecho es que, necesitábamos quedarnos juntos. Con las líneas de Poder que corren por toda la parte del país, tenemos que estar en guardia. Nosotros somos los únicos que sabemos. Matt tuvo que estar de acuerdo cuando Stefan se lo puso de esa manera. Tuvo que rechazar la habitación de la residencia lujosa que Stefan había arreglado para él, y tomó lo que la oficina de vivienda le había asignado. Tuvo que aferrarse, al menos, a una pizca de su honor. Además, si él estaba en la misma habitación que los demás, hubiese sido difícil rechazar el compartir cuarto con Stefan. Le caía bien Stefan, pero la idea de vivir con él, de observarlo con Elena, la chica que Matt casi pierde y seguía amando a pesar de lo que había pasado, era mucho. Y, sería divertido conocer nuevas personas, expandir sus horizontes después de haber pasado toda su vida en Fell’s Church. Pero la habitación era horriblemente pequeña. Y, parecía que Christopher tenía un montón de cosas. Él y sus padres subían y bajaban las escaleras, transportando un sistema de sonido, una pequeña refrigeradora, un televisor, una Wii. Matt empujó sus tres maletas en la esquina y lo ayudó a traer todo. —Por supuesto que compartiremos el refrigerador y las cosas de entretenimiento —dijo Christopher, mirando las maletas de Matt, que estaban llenas de nada más que ropa y tal vez algunas sábanas y toallas—. Si llegamos a descubrir dónde podemos poner todo. —La mamá de Christopher estaba rondando por todo el cuarto, ordenando a su padre en dónde poner las cosas. —Perfecto, gracias…—empezó a decir Matt, pero el papá de Christopher, después que finalmente había colocado el televisor encima de los roperos, se volteó a mirar a Matt. —Oye—dijo—. Me acabo de dar cuenta, si eres de Fell’s Church, ustedes fueron los campeones de estado el año pasado. Tú debes ser un jugador. ¿En qué posición juegas? —Eh, gracias—dijo Matt—. Soy jugador de ataque. —¿De la primera cadena?—preguntó el papá de Christopher. Matt se sonrojó. —Sí. Ahora todos lo estaban mirando.
  19. 19. —¡Caray!—dijo Christopher—. Sin ofender hombre pero, ¿por qué estás viniendo a Dalcrest? Digo, estoy emocionado por jugar, pero podrías haber ido por ejemplo a, División Uno. Matt se encogió de hombros incómodo. —Eh, tuve que quedarme cerca a casa. Christopher abrió su boca para decir algo más, pero su madre le dio una pequeña sacudida en la cabeza y él la cerró de nuevo. Genial, pensó Matt.Probablemente piensan que tengo problemas familiares. Tenía que admitir que le preocupada un poco el estar con personas que conocían lo que él había dejado. Las chicas y Stefan realmente no entendían el fútbol. Aunque Stefan había jugado en el equipo de secundaria del colegio con él, su posición media era más que todo del tipo aristocrático de la época Renacentista Europea: los deportes eran pasatiempos divertidos que mantenían el cuerpo en forma. A Stefan realmente no le importaba. Pero Christopher y su familia entendían lo que significa dejar pasar la oportunidad de jugar en un equipo universitario de fútbol de alto rango. —Entonces—dijo Christopher de pronto, como si estuviera pensando cómo cambiar de tema—, ¿qué cama quieres? A mí no me importa si me toca arriba o abajo. Todos miraron hacia la litera, y fue ahí cuando Matt lo vio por primera vez. Debió de haber llegado cuando él estaba ayudando a Christopher con sus maletas. Un sobre crema estaba encima de la litera inferior, hecha de un papel grueso como si fuera una invitación a una boda. Al frente estaba escrito en caligrafía: “Matthew Honeycutt”. —¿Qué es eso, querido?—preguntó curiosa la madre de Christopher. Matt se encogió de hombros, pero él empezaba a sentir un repiqueteo de excitación en su pecho. Había escuchado algo sobre que ciertas personas en Dalcrest recibían invitaciones, unas que recientemente habían aparecido pero que él siempre pensó que eran un mito. Moviendo el sobre hacia un lado, vio un sello azul de cera teniendo la impresión de una decorada letra V. Huh. Después de mirar el sobre por unos segundos, él lo dobló y lo metió en su bolsillo trasero. Si es que pensaba lo que era, se supone que lo tenía que abrir cuanto estuviera solo. —Supongo que es el destino diciéndonos que la litera de abajo es tuya— dijo Christopher amigablemente. —Sí—dijo Matt distraído, su corazón latiendo rápido—. Discúlpenme por un minuto, ¿está bien? Salió hacia el pasillo, tomó un gran respiro y abrió el sobre. Adentro había más de ese papel grueso con la caligrafía y una estrecha franja de tejido negro. Él leyó: Fortis Aeturnus
  20. 20. Por generaciones, los mejores y más inteligentes de la Universidad de Dalcrest, han sido escogidos para unirse a la Sociedad Vitale. Este año, tú has sido seleccionado. Deseamos que aceptes este honor y te conviertas en uno de nosotros; ven mañana por la noche, a las ocho en punto, a la entrada principal del campus. Debes estar con los ojos vendados y vestido como si fuese una ocasión seria. No le digas a nadie. El pequeño pulso de excitación en el pecho de Matt se incrementó hasta que pudo escuchar el latido de su corazón en sus oídos. Se dejó caer a lo largo de la pared y tomó un gran respiro. Había escuchado historias de la Sociedad Vitale. Se decía que el grupo de actores conocidos, escritores famosos, y generales de la Guerra Civil con los que contaba Dalcrest dentro de sus alumnos, eran miembros. El pertenecer a esta sociedad legendaria se supone que aseguraba tu éxito, te relacionaba con una red secreta increíble que te ayudaba por toda tu vida. Y, más que eso, se hablaba de hechos misteriosos, de secretos revelados sólo a los miembros. Y, se supone que tenían fiestas impresionantes. Pero sólo eran rumores, las historias de la Sociedad Vitale, y nadie se atrevía a admitir que pertenecía ahí. Matt siempre pensó que la sociedad secreta era un mito. La universidad en sí, rechazaba vehemente cualquier conocimiento de esta Sociedad, y Matt creía que la gente que trabajaba en admisión había inventado todo eso, intentando hacer parecer la universidad un poco más exclusiva y misteriosa de lo que realmente era. Pero ahora, él miró el papel crema entre sus manos, estaba la evidencia, que todas esas historias podían ser verdad. Podía ser una broma, suponía, un truco de alguien que estaba jugando con los recién llegados. Aunque, no se sentía como un juego. El sello, la cera, el papel costoso; todo parecía como un gran esfuerzo, no tenía sentido que todofuera una broma. La sociedad más exclusiva, más secreta en Dalcrest, era real. Y ellos lo querían a él. CAPITULO 4
  21. 21. Traducido por Mais020291 Corregido por Nikola —Confía en Bonnie en conocer a un chico en tu primer día de universidad —dijo Elena. Ella, cuidadosamente, colocó el esmalte sobre las uñas de Meredith, pintándolas de un rosa suave. Pasaron la tarde en la orientación para ingresantes con el resto de compañeros de cuarto, y ahora todo lo que querían era relajarse—. ¿Estás segura que este es el color que debe ser?—preguntó Elena a Meredith—. No se ve como una puesta de sol de verano para mí. —Me gusta—dijo Meredith, moviendo los dedos de los pies. —¡Cuidado! No quiero manchar mi nuevo cubrecama.—Le advirtió Elena. —Zander es tan hermoso—dijo Bonnie, estrechándose lujosamente sobre su propia cama al otro lado de la habitación—. Esperen a conocerlo. Meredith le sonrió a Bonnie. —¿Acaso no es un sentimiento maravilloso? ¿Cuando acabas de conocer a alguien y sientes como si hay algo entre los dos, pero no estás segura de lo que va a pasar?—dio un suspiro exagerado, rodando sus ojos, simulando un desmayo—. Es todo acerca de la anticipación, y te emocionas con sólo verlo. Me encanta esa primera parte. —Su tono era ligero, pero había algo solitario en su rostro. Elena estaba segura que, a pesar de lo compuesta y calmada que Meredith se veía, ella ya estaba extrañando a Alaric. —Seguro—dijo Bonnie, amigablemente—. Es increíble, pero quiero llegar a la siguiente etapa de una vez. Quiero tener esa relación dónde nos conocemos uno al otro muy bien, un enamorado serio en lugar de un simple Cupido. Como ustedes tienen. ¿Eso es mejor, verdad? —Eso creo—dijo Meredith—. Pero no deberías apurar esa etapa de nos- acabamos-de-conocer, porque sólo tienes un tiempo limitado para disfrutarlo. ¿Verdad, Elena? Elena secó, con un poco de algodón, las esquinas de las uñas pintadas de Meredith, y pensó en el tiempo en que conoció a Stefan. Con todo lo que había pasado, era difícil creer que sólo había pasado un año. Lo que más recordaba era su determinación a estar con Stefan. No importaba lo que se interpusiese en su camino, ella sabía clara y firmemente, que él sería de ella. Y luego, en esos días, una vez que él era de ella, fue glorioso. Se sentía como si la pieza que le faltaba había regresado a su lugar. —Correcto—dijo finalmente, respondiéndole a Meredith—. Después, las cosas se vuelven más complicadas. Al principio, Stefan había sido un premio que Elena había querido ganar: sofisticada y misteriosamente. Él era el precio que Caroline quería, también, y Elena nunca dejó que ella le ganara. Pero luego Stefan había dejado que Elena vea el dolor y la pasión, la integridad y la nobleza que él tenía dentro y ella se había olvidado de la competencia y amó a Stefan con todo su corazón.
  22. 22. ¿Y, ahora? Ella aún amaba a Stefan con todo lo que tenía, y él la amaba a ella. Pero ella amaba a Damon, también, y a veces ella lo entendía, planeador, manipulador, y peligroso Damon, más que a Stefan. Damon era como ella en algunas cosas: él también perseguía lo que quería. Ambos se conectaban en un nivel básico de instinto, donde Stefan era demasiado bueno y honorable para entender. ¿Cómo podías amar a dos personas al mismo tiempo? —Complicado.—Se burló Bonnie—. ¿Más complicado que nunca estar segura si le gustas a alguien o no? ¿Más complicado que tener que esperar al lado del teléfono a ver si tienes una cita el sábado por la noche o no? Estoy lista para lo complicado. ¿Sabían que el cuarenta y nueve por ciento de las mujeres estudiantes de universidad, conocen a sus futuros esposos en el campus? —Tú inventaste esa estadística—dijo Meredith, levantándose y acercándose a su propia cama, con cuidado de no malograr sus uñas. Bonnie se encogió de hombros. —Está bien, tal vez lo hice. Pero les apuesto que es un porcentaje alto, de todos modos. ¿Elena, tus padres no se conocieron aquí? —Sí—dijo Elena—. Creo que tuvieron una clase juntos en segundo año. —Qué romántico—dijo Bonnie feliz. —Bueno, si te casas, tienes que conocer a tu futuro marido en algún lado— dijo Meredith—. Y hay un montón de posibles y futuros conyugues en la universidad. —Ella frunció el ceño ante la cubierta de seda en su cama—. ¿Ustedes creen que puedo secar mis uñas más rápido si uso la secadora de pelo, o voy a malograr la pintura? Quiero irme a dormir. Examinó la secadora de pelo como si fuera el punto focal de un experimento de ciencias, su rostro rígido. Bonnie la estaba mirando de arriba hacia abajo, su cabeza recostada al final de la cama y sus rulos rojos sobando el piso, sus pies contra la pared. Elena sintió un gran amor por ambas. Ella recordaba las incontables fiestas de pijamas que habían tenido en el colegio, antes que sus vidas se volvieran… complicadas. —Me encanta estar las tres juntas—dijo—. Espero que todo el año sea de esta manera. Ahí fue cuando escucharon las sirenas. Meredith observó a través de las persianas, coleccionando hechos, intentando analizar qué estaba sucediendo fuera de la Casa para Estudiantes. Una ambulancia y varios carros policía estaban estacionados en toda la calle, sus luces suavemente parpadeando rojo y azul. Las luces encendieron la cuadra, y estaba lleno de oficiales. —Creo que deberíamos ir afuera—dijo. —¿Estás bromeando?—preguntó Bonnie, detrás de ella—. ¿Por qué querríamos hacer eso? Estoy en pijama. Meredith la miró. Bonnie estaba de pie, sus manos en su cadera, sus ojos marrones indignados. Ella estaba usando un pijama muy dulce con un estampado de un cono de helado.
  23. 23. —Bueno, rápido, ponte unos jeans—dijo Meredith. —¿Pero, por qué? —preguntó Bonnie. Los ojos de Meredith se encontraron con los de Elena, y ambas asintieron enérgicamente. —Bonnie—dijo Elena pacientemente—, tenemos la responsabilidad de chequear todo lo que sucede aquí. Tal vez queramos ser alumnas normales de universidad, pero sabemos la verdad sobre el mundo, la verdad que otras personas no se dan cuenta, sobre los vampiros, hombres lobo y monstruos, y necesitábamos asegurarnos de que lo que sucede ahí afuera es parte de la verdad. Si es un problema humano, la policía podrá hacerse cargo. Pero si es algo más, es nuestra responsabilidad. —Honestamente —se quejó Bonnie, ya alcanzando su ropa—, ustedes tienen un complejo de salvar a las personas o algo así. Después de llevar psicología, voy a diagnosticarlas. —Y después pediremos disculpas—dijo Meredith agradablemente. En su camino hacia la puerta, Meredith cogió el estuche de terciopelo que contenía sus estacas. Estas eran especiales, diseñadas para combatir tanto a los adversarios humanos como sobrenaturales, y estaba hecha con especificaciones que su familia había dado por generaciones. Solo una Sulez podía tener algo como eso. Ella las acarició, sintiendo las púas afiladas de los diferentes materiales que puntuaban al final: plata para los hombres lobo, madera para los vampiros, fresno blanco para los Antiguos, hierro para todas las criaturas misteriosas, agujas hipodérmicas para llenarlas con pociones. Ella sabía que no podía sacar su estuche afuera, no cuando estaba rodeado de policías y personas inocentes, pero ella se sintió más fuerte cuando pudo sentir el peso en su mano. Afuera, el bochorno del día de septiembre de Virginia, había dado una noche fría, y las chicas caminaban rápido hacia el tumulto, alrededor de la cuadra. —No mires como si estuviéramos yendo hacia ahí—susurró Meredith—. Pretende que estamos yendo hacia uno de los edificios. Como el centro de estudiantes. —Ella se abrió un poco, como si se dirigiese más allá de la cuadra, y luego se acercó de nuevo, mirando hacia la policía que estaba alrededor del césped, pretendiendo estar sorprendidas por la actividad a su lado. Elena y Bonnie la siguieron, mirando por todos lados con los ojos abiertos. —¿Chicas, las puedo ayudar en algo? —Uno de los hombres de seguridad del campus preguntó, acercándose y bloqueándoles el paso. Elena le sonrió suplicante. —Estábamos en camino hacia el centro de estudiantes, y vimos a todos aquí. ¿Qué está pasando? Meredith estiró su cabeza para ver más allá. Todo lo que pudo ver fue un grupo de policías hablando uno con el otro y más hombres de seguridad. Algunos oficiales estaban arrodillados, cuidadosamente revisando el césped. Analistas de la escena del crimen, pensó vagamente, deseando saber más sobre el procedimiento de lo que había visto en la televisión.
  24. 24. El oficial de seguridad dio un paso hacia un lado para bloquear su vista. — Nada serio, sólo una chica que tuvo un pequeño problema por caminar por aquí sola —dio una sonrisa tranquilizadora. —¿Qué tipo de problema?—preguntó Meredith, intentando observar. Él se desplazó, bloqueando la línea de visión de nuevo. —Nada para preocuparse. Todos van a estar bien esta vez. —¿Esta vez?—preguntó Bonnie, frunciendo el ceño. Él se aclaró la garganta. —Ustedes simplemente quédense juntas por la noche, ¿está bien? Asegúrense de caminar en pares o grupos cuando estén fuera del campus, y estarán bien. Seguridad básica, ¿entendieron? —¿Pero, qué le pasó a la chica? ¿Dónde está?—preguntó Meredith. —Nada para preocuparse—dijo, más firme esta vez. Sus ojos se enfocaron en el estuche negro de Meredith—. ¿Qué tienes ahí? —Palos de billar—mintió—. Vamos a jugar billar en el centro de estudiantes. —Que se diviertan—dijo, en un tono de voz que claramente era un despido. —Lo haremos—dijo Elena dulcemente, su mano en el brazo de Meredith. Esta abrió la boca para hacer otra pregunta, pero Elena ya la estaba empujando lejos del oficial y hacia el centro de estudios. —Oye.—Meredith se quejó silenciosamente, cuando estuvieron fuera de vista—. No terminé de hacer preguntas. —Él no nos iba a decir nada—dijo Elena. Su boca era una línea recta—. Te apuesto que ha pasado más de alguien metiéndose en pequeños problemas. ¿Viste la ambulancia? —¿Realmente no vamos al centro de estudiantes, verdad?—preguntó Bonnie—. Estoy muy cansada. Meredith sacudió su cabeza. —Pero, deberíamos regresar a nuestra habitación por atrás del edificio. Se verá sospechoso si regresamos por donde vinimos. —Eso fue espeluznante, ¿verdad?—dijo Bonnie—. ¿Ustedes creen… —hizo una pausa, y Meredith pudo ver como tragaba—, ¿ustedes creen que algo malo sucedió? —No lo sé—dijo Meredith—. Él dijo que una chica se metió en un pequeño problema. Eso puede significar muchas cosas. —¿Ustedes creen que alguien la atacó?—preguntó Elena. Meredith le dio una mirada significante. —Tal vez—dijo—. O tal vez algo lo hizo. —Esperemos que no—dijo Bonnie, temblando—. Tengo suficientes cosas que me durarán para siempre. —Cruzaron detrás del edificio de ciencias, por un pasillo oscuro, solitario y redondo, de regreso a sus habitaciones, la entrada iluminaba como un faro delante de ellas. Las tres se apresuraron, acercándose a la luz. —Tengo mi llave—dijo Bonnie, sintiéndolas en el bolsillo de sus jeans. Abrió la puerta, y ella y Elena ingresaron rápido a la habitación.
  25. 25. Meredith se detuvo y miró de nuevo hacia la cuadra, luego hacia el cielo oscuro del campus. Cualquier “problema” que había pasado, y cualquiera sea la causa humana o algo más, ella sabía que necesitaba estar en buenas condiciones, lista para pelear. Casi podía escuchar la voz de su padre, diciendo: “El tiempo de diversión se ha terminado, Meredith”. Era momento de enfocarse en entrenar de nuevo, tiempo para trabajar en su destino como protectora, como una Sulez, para mantener a las personas inocentes a salvo de la oscuridad. CAPITULO 5 Traducido por Corazona Corregido por Nikola El sol era demasiado brillante. Bonnie se cubrió los ojos con una mano y miró a su alrededor con inquietud mientras caminaba a través de la plaza hacia la librería. Le había tomado demasiado tiempo irse a dormir luego de haber regresado a su cuarto la noche anterior. ¿Y si algún loco estaba acechando el campus?
  26. 26. Es plena luz del día. Se dijo a sí misma. Hay personas en todas partes. No tengo nada de quetemer.Pero, las cosas malas también pueden suceder durante el día. Las chicas fueron llevadas a autos por horribles hombres, o golpeadas en la cabeza y llevadas a lugares oscuros. Los monstruos no sólo acechaban en la noche. Después de todo, ella conocía a varios vampiros que daban paseos durante el día, todo el tiempo. Damon y Stefan nunca la aterrorizaron, no más. Pero había otros monstruos diurnos. Tan sólo quisiera sentirme a salvo por una vez, pensó melancólicamente. Estaba llegando al área donde la policía había estado buscando la noche anterior, todavíaestaba bloqueada con una cinta amarrilla. Los estudiantes estaban cerca en grupos de dos o tres, hablando en voz baja. Bonnie observo una mancha marrón cobriza sobre el pavimento, pensó que podría ser sangre, así que caminómás rápido a medida que pasaba. Hubo un crujido en los arbustos. Bonnie caminó aún más rápido, imaginando la mirada de unos ojos salvajes ocultos entre la maleza, observó a su alrededor nerviosamente. Nadie estaba mirando en su dirección. ¿Podrían ayudarla si gritaba? Corrió el riesgo de volver a mirar el arbusto, ¿debería tan sólo salir corriendo?, y se detuvo, avergonzada por los furiosos latidos de su corazón. Una pequeña y linda ardilla saltó tímidamente debajo de las ramas. Olisqueó el aire, luego atravesó el pavimento y subió a un árbol detrás de la cinta policial. —Francamente, Bonnie McCullough, eres una idiota.—Bonnie murmuró para sus adentros. Un chico que pasaba en otra dirección la escuchó y rió disimuladamente, haciendo que Bonnie se ruborizara de ira. En el momento enque llegó a lalibrería,su rubor estaba bajo control. Tener latípica tez de una pelirroja era una lástima, todo lo que sentía era transmitido por el rubor o la palidez de su piel.Sin embargo, con un poco de suerte sería capaz de manejar un simple viaje para comprar libros sin humillarse a sí misma. Bonnie había comenzado a familiarizarse con la librería cuando había tenido su día de compras ayer,pero no había investigado realmente la parte de libros en la tienda. Hoy, sin embargo, tenía la lista de libros para las clases que habíaregistrado, además necesitabaabastecerse de algunos estudios serios. Jamás había sido una gran admiradora de la escuela,pero tal vez la universidad sería diferente. Cuadrando sus hombros, se volvió decididamente lejosde las cosas brillantes, hacia los libros de texto. La lista era tediosamente larga.Encontró la introducción al libro de texto de Psicología con cierta sensación de satisfacción: Sin duda, esto le daría la terminología para diagnosticar a sus amigos. Los estudiantes de primer año del seminario de Inglés, estaban asignados a una serie de novelas, por lo que vagó a la sección de ficción, tirando a su paso“El rojo y negro”,“Oliver Twist” y la “Edad de la Inocencia”. Dio vuelta en la esquina en busca del resto de W´s, con la intención de agregar“Al Faro” a su creciente pila de libros, se quedóestática.
  27. 27. Zander. El hermoso, hermoso Zander se escondía con gracia junto a una estantería, su cabeza blanca y rubia se inclinaba sobre un libro. Él aun no la había visto, por lo queBonniede inmediatose deslizó enel pasilloanterior. Se recostó contra la pared, respirando con dificultad. Podía sentir que sus mejillas volvían a encenderse, el horrible rubor que la delataba. Cuidadosamente, se asomó en la esquina. Él no había reparado en ella, seguía leyendo con atención.Hoy llevaba una camiseta gris, y su cabello de aspecto suave, se curvaba ligeramente en su nuca. Su rostro parecía tener una especie de tristeza con sus preciosos ojos azules escondidos bajo esas largas pestañas y sin señal de su fabulosa sonrisa. Tenía grandes sombras bajo sus ojos. El primer instinto de Bonnie fue el de alejarse. Podía esperar y encontrara el libro de Virginia Woolf mañana; no es como si fuera a leerlo hoy. Realmente no quería que Zander pensara que ella estaba acosándolo. Sería mejor que él la viera en algún sitio, cuando estaba distraída. Si se acercaba ella sabría que él estaba interesado. Después de todo, quizás no estaba interesado en Bonnie. Había sido una especie de coqueteo cuando había corrido hacia ella, pero casi la había hecho caer. ¿Y si él tan sólo estaba siendo amable? ¿Y si ni siquiera recordaba a Bonnie? Nop. Mejor dejar pasar este momento y esperar hasta cuando estuviera mejor preparada. Ni siquiera estaba usando delineador, por Dios. Tomando su decisión, Bonnie dio vuelta firmemente lejos. Aunque, por otra parte… Bonnie dudó. Había habido una conexión entre ellos, ¿verdad? Ella había sentido algo cuando sus ojos se encontraron. Él le sonrió como si realmente estuviera viéndola, más allá del error y la agitación. ¿Quéhabía pasado con la decisión que había tomadoel día anterior,caminando de regreso a su dormitorio desde esta misma librería? Si ellaiba a convertirse enuna persona magnífica, segura y abandonar las sombras de sus amigas,no podía huircada vez queveía a unchico que le gustaba. Bonnie siempre había admirado la forma en que Elena lograba obtener todo lo que quería. Ella simplemente iba por ello y nada podía interponerse en su camino.Cuando Stefan había ido por primera vez a la Fell´s Church, él no había querido tener nada que ver con Elena. Ciertamente, no cayó entre sus brazos y comenzó un increíble y eterno romance. Pero eso no le había importado a Elena. Ella iba a tener a Stefan incluso si eso la mataba. Y, bueno, la había matado, ¿no? Bonnie se estremeció. Sacudió ligeramente su cabeza. El punto era que si querías encontrar el amor, no podías tener miedo de tratar, ¿verdad? Levanto su barbilla con determinación en el aire. Por lo menos ya no estaba sonrojada. Sus mejillas estaban tan frías, que seguramente su piel estaba blanca como la de Blancanieves, pero definitivamente no estaba ruborizada. Por lo que eso era algo.
  28. 28. Antes de que volviera a cambiar de idea, caminó rápidamente alrededor de la esquina en el pasillo de atrás donde Zander se mantenía leyendo. —¡Hola!—dijoella, con su voz un poco chillante—.Zander. Él mirópara arriba, yesa sonrisaincreíble y hermosa se extendió por su rostro. —Bonnie—dijo con entusiasmo—. Hey, estoy muy contento de verte. Estaba pensando en ti antes. —¿En serio? —preguntó Bonnie, y de inmediato quiso golpearse a sí misma por lo entusiasta que había sonado. —Sí—dijo en voz baja—. Lo estaba.—Sus ojos azul cielo encontraron los de ella—. Estuve deseando tener tunúmero de teléfono. —¿En serio?—Bonnie preguntó de nuevo, y esta vez ni siquiera le importó la forma en que había sonado. —Claro—dijo.Frotando sus pies contra la alfombra, como si estuviera un poco nervioso, un calor floreció en el interiorde Bonnie. ¡Estaba nervioso por hablar con ella!—.Yo estaba pensando.—Zandercontinuó—, Tal vez podríamos hacer algo alguna vez. Es decir, si quieres. —Oh—dijo Bonnie—. Quiero decir,¡sí! me gustaría. Situquieres. Zander volvió a sonreír, era como si su pequeño rincón de la sección de ficción se iluminara con una luz brillante. Bonnie tuvo que obligarse a sí misma a notambalearse hacia atrás, él era tan magnífico. —¿Qué tal este fin de semana? —preguntó Zander, y Bonnie, de repente se sintió como la luz y la dinámica, como si pudiera flotar en el aire, le devolvió la sonrisa. *** Meredith puso su pie izquierdo a un paso detrás de ella, levantó su talón derecho, moviéndose en una posición trasera con sus manos levantadas fuertemente, los puños juntos, en un movimiento de bloqueo.Luego deslizó su piehacia los ladosen unaposición de frente y golpeó hacia adelante con el puñode su mano izquierda. Le encantaba moverse en una figura.Cada movimiento era coreografiado, y lo único que podía hacer era practicar una y otra vez hasta quetoda la figurafluía enun modelo de precisión, gracia y control. Las figuras de Taekwondo eran perfectas, y Meredith disfrutaba de la perfección. Lo más increíble era queuna vez que conocía bien las figuras, estas se volvíantan naturales como respirar, podía estar listapara cualquier cosa.En una pelea, ella sería capaz de sentirel próximo movimiento de su oponente y contrarrestar con un bloque, o una patada o un puñetazo sin ni siquiera pensarlo. Ella se volvió con rapidez, bloqueando alto con la mano derecha y bajo con la izquierda. Meredith sabía que era preparación. Si estaba tan preparado para que su cuerpo pudiera sentir el movimiento que necesitaba hacer sin que su cerebro se viera involucrado,entonces sería capaz de protegerse a sí misma y a todos los demása su alrededor.
  29. 29. Hace un par de semanas, cuando ella y sus amigos habían sido atacados por el fantasma,y ella había sufrido un esguince en su tobillo, sólo Stefan había tenido el poder suficiente para proteger a Fell´s Church. Stefan, un vampiro. Los labios de Meredith se apretaron cuando automáticamente dio una patada hacia delante con su pie derecho, deslizándose en la postura del tigre, y bloqueando con su mano izquierda. Le gustaba Stefan, y confiaba en él, en verdad lo hacía, pero aún… podía seguir imaginando generación tras generación de Sulezes revolcándose en sus tumbas, maldiciéndola,si supieranque había dejadoa ella y a susamigostan vulnerable, con sólo un vampiro entre ellos y el peligro. Los vampiros son el enemigo. No Stefan, claro. Ella sabía que, a pesar de toda su formación, podría poner su fe en Stefan. Damon, por otro lado… Sin importar lo útil que Damon había sido en un par de batallas, sin importar, lo bastante agradable y, franco, fuera-de-su-personaje como se había comportado durante las últimas semanas, Meredith no se atrevía a confiar en él. Pero si entrenaba duro, y se perfeccionaba como una guerrera, Meredith no tendría que hacerlo. Se movió en una posición a su derecha y dio un puñetazo afilado y limpio hacia delante con su mano derecha. —Buen golpe —dijo una voz detrás de ella. Meredith se dio vuelta para ver a una chica afroamericana de cabello corto apoyarse contra la puerta del cuarto de práctica, observándola. —Gracias—dijo Meredith, sorprendida. La chica se adentró en lahabitación.—¿Qué eres?—preguntó—, ¿un cinturón negro? —Sí—dijo Meredith, y no pudo dejar de añadir con orgullo—, en taekwondo y karate. —Hmm—dijo la muchachacon los ojos brillantes—. Yo hago taekwondo y aikido. Mi nombre es Samantha. He estado buscando una compañera de entrenamiento. ¿Te interesa? A pesar de laindiferenciade su tono, Samantha estaba saltando con impaciencia sobre las puntas de sus pies,una sonrisa pícara amenazaba con curvarse en las esquinas de su boca, los ojos de Meredith se estrecharon. —Claro—dijo ella, con una actitud radiante—. Muéstrame lo que tienes. La sonrisa de Samantha se agrandó. Se quitó los zapatos y caminó sobre la alfombra de práctica al lado de Meredith. Ellas se enfrentaron, evaluándose la una a la otra. Era una cabeza más baja que Meredith y delgada, pero con músculos fuertes y elegantes, además se movía con tanta gracia como la de un gato. La anticipación en los ojos de la chica mostraba su creencia sobre que Meredith iba a ser fácil de superar. Ella pensaba que Meredith era una de esas alumnas, que era sólo figuras y técnica sin instinto de lucha real. Meredith conocía muy bien a ese tipo de luchadores, había conocido a
  30. 30. muchos en las competiciones. Si eso era lo que pensaba de Meredith, ella estaba a punto de tener sorpresas. —¿Lista?—preguntó Samantha. Meredith asintió, ella inmediatamente lanzó un puñetazo mientras que su pie opuesto se movía intentando barrer los pies de Meredith. Meredith reaccionó instintivamente, bloqueando el golpe, esquivando los pies, y luego trato de barrer una patada, la cual ella evitó, sonriendo abiertamente con simple placer. Intercambiaron un par de golpes y patadas, y, a regañadientes, Meredith tuvo que aceptar que estaba impresionada.Esta chicaera rápida, más rápida que la mayoría de los oponentes con los que ella había combatido antes,incluso en el nivelde cinturón negro, además de ser mucho más fuertede lo que parecía. Aunque, era demasiado arrogante, una luchadora agresiva en vez de defensiva, la forma con la que se había precipitado a dar el primer golpe, lo demostraba. Podría usar esa arrogancia en su contra. Samanthacambió su peso, y Meredithse deslizó por debajo de sus defensas, dando una patada mientras giraba su talón rápidamente, golpeando firmemente enlaparte superior del muslo. Se tambaleóun poco, y Meredith se alejó de ella rápidamente. La cara de Samantha cambió de inmediato. Se estaba enojando ahora, Meredith podía decir, que eso, también era un debilidad. Tenía el ceño fruncido, los labios apretados, mientras que Meredith mantenía su propio rostro deliberadamente en blanco. Los puños y los pies de Samantha se movían con rapidez, pero perdió algo de precisión mientras se aceleraba. Meredith fingió caer de nuevo bajo el asalto, haciendo fintas para mantener a su oponente fuera de balance, apoyándose contra una esquina mientras que bloqueaba los golpes de Samantha. Cuando prácticamente estuvo acorralada, enrolló su brazo contra el puño de Samantha, deteniéndola antes de que pudiera golpearla, y luego barrió su pie. Samantha salió disparada, capturada por la patada baja de Meredith, y cayendo pesadamente en la lona. Se quedó allí y simplemente miró a Meredith por un momento, con su cara atontada mientras que Meredith se inclinaba sobre ella, repentinamente dudosa. ¿Había herido a Samantha?¿La chica estaría enojada y se marcharía enfadada? Entonces el rostro de Samantha se transformó en una amplia y brillante sonrisa. —¡Eso fue increíble! —dijo—. ¿Me puedes mostrar ese movimiento?
  31. 31. CAPITULO 6 Traducido por Corazona Corregido por Nikola Cuidadoso, Matt tanteó con su pie a lo largo del camino hasta que encontró el césped, luego avanzó a su propia manera, sosteniendo sus manos en frente de él hasta que tocó la áspera corteza de un árbol. Probablemente no habría mucha gente dando vueltas fuera de la puerta principal del campus, pero quería no tener a nadie viéndolo, con los ojos vendados, vestido con su traje y corbata de bodas y funerales, conociendo que lucía como un idiota. Por otro lado, quería que el que viniera por él fuera capaz de encontrarlo. Sería mejor parecer un idiota al aire libre ahora y formar parte de la Sociedad Vitale que esconderse y pasar el resto de la noche con los ojos vendados entre los arbustos. Matt avanzó de regreso a donde creía que estaba la puerta, tropezó. Agitando sus manos, se las arregló para recuperar el equilibrio de nuevo. De repente, deseó haberle dicho a alguien hacia dónde iba. ¿Qué pasaría si alguien que no erade la Sociedad Vitale le había dejado la nota? ¿Qué
  32. 32. pasaría si este era un plan para atraparlo a él solo? ¿Algún tipo de trampa? Matt pasó su dedo por debajo de su sudoso y demasiado apretado cuello. Después de todas las cosas extrañas que habían sucedido en el último año, no podía dejar de ser paranoico. Si desaparecía ahora, sus amigos nunca sabrían lo que le había sucedido a él. Pensó en los ojos azules y sonrientes de Elena, su clara y buscadora mirada. Lo echaría de menos si desaparecía, lo sabía, aunque ella nunca lo había amado de la manera que él había querido. La sonrisa de Bonnie perdería su notadespreocupada si Matt se iba, y Meredith se haría más tensa y dura, empujándose a sí misma hacia lo más difícil. Él les importaba. Sin embargo, la invitación de la Sociedad Vitale era clara: no decirle a nadie. Si quería entrar en el juego, tenía que jugar con sus reglas. Matt entendió las reglas. Sin previo aviso, dos extraños lo agarraron de los brazos, uno a cada lado. Instintivamente, Matt luchó, y oyó un gruñido de exasperación de la persona a su derecha. —Fortis Aeturnus—susurró la persona a su izquierda como una contraseña, su cálido aliento contra la oreja de Matt. Dejó de luchar. Ese había sido el lema de la carta dela Sociedad Vitale, ¿verdad? Era en latín, estaba bastante seguro. Deseó haberse tomado el tiempo para averiguarlo que significaba. Dejó que las personas que agarraban sus brazos lo guiaran a través del césped y el pavimento. —Sube—susurró la persona a su izquierda, y Matt avanzó con cuidado, escalando lo que parecía ser la parte trasera de una furgoneta. Manos firmes empujaron su cabeza hacia abajo para evitar que se golpeara con el techo de la furgoneta, Matt se acordó de aquella época terrible del verano pasado, cuando había sido arrestado, acusado de atacar a Caroline. La policía había empujado, de esa misma forma, su cabeza cuando le pusieron las esposas en la parte trasera de la patrulla. Su estómago se hundió recordando el temor, pero lo sacudió. Los Guardianes habían borrado a todos cualquier recuerdo de la falsa acusación de Caroline, justo de la misma manera que ellos habían cambiado todo lo demás. Las manos lo guiaron a un asiento y le ataron un cinturón de seguridad alrededor. Parecía haber gente sentada a cada lado de él, abrió su boca para hablar, ¿para decir qué?, no sabía. —Quédate quieto—susurró la voz misteriosa, Matt cerró la boca obedientemente. Forzó la vista para ver algo más allá de la venda en sus ojos, incluso un toque de luz o sombra,pero todo estaba oscuro. Los pasos resonaron en todo el piso de la furgoneta, luego las puertas se cerraron, y escuchó el motor ponerse en marcha. Mattse sentó. Trató de hacer un seguimiento de las vueltas de la camioneta, pero perdió la cuenta de las derechas e izquierdas después de unos pocos minutos y en su lugar se sentó en silencio, esperando a ver lo que iba a pasar.
  33. 33. Después de unos quince minutos, la furgoneta se detuvo. Las personas a ambos lados de Matt se enderezaron, y él se puso tenso. Escuchó que las puertas delanteras se abrían y cerraban, luego los pasos rodearon la furgoneta antes de quelas puertas traseras se abrieran. —Recuerda el silencio—ordenóla voz que le había hablado antes—.Serás guiado a la siguiente etapa de tu viaje. La persona a su lado lo rozó mientras se levantaba, Matt le escuchó tropezar en lo que sonaba como la grava bajo sus pies mientras se lo llevaban lejos. Escuchó con atención, pero, una vez que esa persona se fue, tan sólo escuchó los movimientos nerviosos de las otras personas sentadas en la furgoneta. Saltó cuando las manos volvieron a agarrar sus brazos. De alguna manera se había acercado de nuevo a él; ni siquiera lo había escuchado. Las manos le ayudaron a salir de la furgoneta, luego lo guiaron a través de lo que parecía ser una acera o un patio, donde sus zapatos golpearon primero contra la grava, después el pavimento. Sus guías procedieron a hacerlo subir una serie de escalones, a través de una especie de pasillo, y luego hacia abajo otra vez. Contó tres giros antes de volver a detenerse. —Espera aquí—dijo la voz, luego sus guías se apartaron. Matt trató de averiguar dónde se encontraba. Podía oír a la gente, probablemente sus compañeros de la furgoneta, pasando en silencio, pero nadie dijo nada. A juzgar por los ecos de sus ligeros movimientos, estaban en un gran espacio: ¿Un gimnasio? ¿un sótano? Probablemente, un sótano, después de bajar todas esas escaleras. Detrás de él llegó el silencioso clic de una puerta cerrándose. —Ahora pueden quitar sus vendas—dijo una nueva voz, profunda y segura. Matt desató su venda y miró a su alrededor, parpadeando mientras sus ojos se acostumbraban ala luz. Era una luz tenue, indirecta, que apoyaba su teoría del sótano, pero si se trataba de un sótano, este era el más lujoso que jamás había visto. La habitación era enorme, se extendía en la penumbra hasta el otro extremo, el piso y las paredes eran paneles en madera oscura y pesada. Los arcos y pilares sostenían el techo, a intervalos, y habían algunos tipos de figuras en ellos: la cara astuta y retorcida de lo que podría ser un duende le lanzó una mirada lasciva desde un pilar, la figura de un ciervo corriendo atravesaba un arco. Sillas y mesas de terciopelo rojo arraigado y de madera pesados se alineaban en las paredes. Matt y los otros se enfrentan a un gran arco central, coronado por una gran letra “V” ornamentada hecha de diferentes tipos de metales brillantes, altamente pulidos, elaborados y soldados entre sí. Debajo de la“V”estaba el mismo lema que había aparecido en la carta: Aeturnusfortis. Echando un vistazo a las personas cercanas a él, Matt vio que no era el único con sentimiento confuso y temeroso. Allí parecían haber otras quince personas, provenientes dediferentes clases: no había manera de que el
  34. 34. hombre alto, encorvado, con la gran barba fuera un estudiante de primer año. Una chica pequeña con rostro redondo y rizos cortos de color castaño llamó su atención. Ella arqueo sus cejas hacia él, ensanchando su boca en una expresión exagerada de aturdimiento. Matt sonrió abiertamente tras ella, su estado de ánimo se aligeró. Se movió más cerca de ella y acababa de abrir la boca para susurrar una introducción, cuando fue interrumpido. —Bienvenidos—dijo la voz profunda y autoritaria que había dado instrucciones deque se quitaran las vendas, un joven se acercó al arco central, directamente debajo de lagran“V”.Detrás de él veníaun círculode los demás, al parecer una mezcla de chicos y chicas, todos vestidos de negro y con máscaras. El efecto debería haber sido excesivo, pensó Matt, pero en cambio las figuras enmascaradas parecían misteriosas y distantes, retuvo un temblor. El hombre bajo el arco era el único que no llevaba una máscara. Era un poco más bajo que las figuras silenciosas a su alrededor,con el pelo oscuro y rizado, sonrió cálidamente mientras estiraba sus manos hacia Matt y los demás. —Bienvenidos—dijo de nuevo—, a un secreto. Pueden haber oído rumores de la Sociedad Vitale, la organización más antigua y más ilustre de Dalcrest. Se trata de una sociedad que a menudo se habla en voz baja, pero de la que nadie sabe la verdad. Nadie, excepto sus miembros. Soy Ethan Crane, el actual presidente de la Sociedad Vitale, y estoy encantado de que ustedes hayan aceptado nuestra invitación. Hizo una pausa y miró a su alrededor. —Ustedes han sido invitados a comprometerse, porque son lo mejor de lo mejor. Cada uno de ustedes tiene diferentes fortalezas. —Él gesticulo hacia el chico alto y barbudo, Matt lo había notado—.Stuart Covington aquí esla mente científica más brillante de la clase de ultimo año, quizás una de las más prometedoras en el país. Sus artículos sobre la biogenética ya han sido publicados en numerosas revistas. Ethan caminó entre la multitud y se detuvo junto aMatt. Tan cerca, que pudo ver que los ojos de Ethan eran de un color avellana casi dorado, lleno de calor. —Matt Honeycutt entra a Dalcrest como un jugador titular en el equipo de fútbol después de haber dirigido a su escuela secundaria al campeonato del estado el año pasado. Pudo elegir su programa universitario de Futbol y eligió venir aDalcrest.—Matt bajó la cabeza con modestia, y Ethan le apretó el hombro antes de caminar hasta detenerse en la linda chica de rostro redondo. —Junior Chloe Pascal es, como todos aquellos que asistieron a la feria de arte del año pasado conocen, la artista más talentosa en el campus. Sus esculturas dinámicas e interesantes le han ganado el Premio Gershner durante dos años consecutivos. —Dio una palmadita en el brazo de Chloe mientras que ella se sonrojaba.
  35. 35. Ethan fue pasando de un miembro a otro de su pequeño grupo, enumerando los logros. Matt tan sólo escuchaba la mitadmientras miraba a su alrededor hacia las expresiones absortas en los rostros de los otros candidatos, dio la impresión de una amplia gama de talentos, y que se trataba de una recopilación de lo mejor de lo mejor, un conjunto de triunfadores del campus. Él parecía ser el único de primer año. Sentía como si Ethan hubiera encendido una vela demasiado brillante en su interior: él, Matt, quien había sido el menos especial en su grupo de amigos, estaba sobresaliendo. —Como pueden ver—dijo Ethan, regresando al frente del grupo—, cada uno tiene habilidadesdiferentes. Los cerebros, la creatividad, el atletismo, la capacidad de guiar a otros. Estas cualidades, cuando se unen, pueden convertirlos en el grupo de más elite y poder, no sólo en el campus, si no durante toda la vida. La Sociedad Vitale es una organización con una larga historia, y una vez que son un miembro de la sociedad, son uno de por vida. Siempre—levantó un dedo en advertencia, con el rostro serio—. Sin embargo, esta reunión es tan sólo el primer paso en el camino de convertirse en un Vitale. Y es un camino difícil.—Les sonrió de nuevo—.Yo creo, nosotros creemos, que todos ustedes tienen lo que se necesita para convertirse en unVitale. No habrían sido invitados a comprometerse si nocreyéramos que son dignos. Matt enderezólos hombros y puso la cabeza en alto. Miembro menos notable de su grupo de amigoso no, él había salvado al mundo, o al menos su ciudad natal, más de una vez. Incluso si hubiera sido uno de un equipo en ese entonces, estaba bastante seguro de que podía manejar cualquier cosa que la Sociedad Vitale le arrojara. Ethan le sonrió directamente.—Si creen estar preparados para el compromiso de la Sociedad Vitale, para guardar nuestros secretos y ganar nuestra confianza, den un paso adelante ahora. Sin vacilar, Matt dio un paso adelante. Chloe y el barbudo hombre, Stuart, salió con él, mirando a su alrededor, vio que cada una de los candidatos se habían movido hacia adelante juntos. Ethan se acercó a Matt y se apoderó de la solapa de su traje. —Aquí—dijo, rápidamente clavando algo en él y dejándolo ir—. Usa esto en todo momento, pero discretamente. Debes mantener tu compromiso con lasociedad secreta. Nos estaremos comunicando. Felicitaciones. —Le dio una breve sonrisa, genuina, y se trasladó a Chloe, diciéndole lo mismo a ella. Matt se volvió la solapa y miró a la pequeña V de color azul oscuro que Ethan había puesto en él. Nunca había pensado antes acerca de fraternidades o sociedades secretas, o cualquier tipo de organización que no fueran un equipo deportivo. Pero esto, siendo el único de primer año que quería la legendaria Sociedad Vitale, era diferente. Ellos vieron algo en él, algo especial.
  36. 36. 7 Traducido por Krispipe Corregido por Nikola —Hubiera sido difícil encontrar un grupo de colonos menos adecuados para construir una colonia completamente nueva que los ciento cinco hombres que navegaban por el río desde la bahía de Chesapeake en 1605 y fundaron Jamestown—conferenció el profesor Campbell desde la parte delantera de la clase de Elena—. Si bien había un par de carpinteros, un albañil, un herrero, y tal vez una docena de trabajadores entre ellos, estos estaban superados en número por los autoproclamados señores que constituían casi la mitad del grupo. Hizo una pausa y sonrió con ironía. —Señores en este caso significaba hombres sin profesión u oficio. Muchos de ellos eran hombres perezosos y ociosos hombres que se habían unido a la expedición de la London Company con la esperanza de obtener un beneficio sin darse cuenta de la cantidad de trabajo que iba a implicar realmente la fundación de una colonia en el Nuevo Mundo. Los colonos desembarcaron en primavera, y para finales de septiembre, la mitad de ellos habían muerto. En enero,
  37. 37. cuando el capitán Newport volvió con suministros y más colonos, sólo permanecían treinta y ocho de los colonos originales. Perezosos y despistados, escribió Elena claramente en su cuaderno. Muertos en menos de un año. Historia del Sur era su primera clase, y la Universidad estaba demostrando ya ser una experiencia reveladora. Sus profesores de la escuela secundaria siempre habían insistido en el valor y la iniciativa cuando hablaban de los primeros colonos de Virginia, no en el infortunio. —El jueves hablaremos sobre la leyenda de John Smith y Pocahontas. Vamos a discutir los hechos y cómo se diferencian de la propia versión de Smith, ya que tenía una tendencia hacia la autopromoción—anunció el profesor Campbell. —La tarea de lectura está en el plan de estudios, así que por favor vengan preparados para un animado debate la próxima vez. —Él era un hombre gordo, pequeño y enérgico, cuyos pequeños ojos negros barrieron la clase y aterrizaron infaliblemente en Elena mientras que añadía—, ¿Elena Gilbert? Por favor, quédese después de la clase un momento. Me gustaría hablar con usted. Ella tuvo tiempo para preguntarse, nerviosamente, cómo sabía él cuál de sus estudiantes era ella mientras el resto de la clase se dispersaba fuera de la sala, unos pocos parándose para hacerle preguntas a él. Ella no había hablado durante su conferencia, y había cerca de cincuenta estudiantes en la clase. Cuando el último de sus compañeros desapareció por la puerta, ella se acercó a su escritorio. —Elena Gilbert—dijo paternalmente, sus brillantes ojos buscando los de ella—. Pido disculpas por ocupar tu tiempo. Pero cuando me enteré de tu nombre, tenía que preguntar. Él hizo una pausa, y Elena respondió obedientemente: —¿Preguntar qué, profesor? —Conozco el nombre Gilbert, ya ves—dijo—, y cuanto más te miro, más me recuerdas a alguien, dos alguien, quienes alguna vez fueron muy queridos amigos míos. ¿Puedes ser la hija de Elizabeth Morrow y Thomas Gilbert? —Si, lo soy—dijo Elena lentamente. Tenía la esperanza de poder conocer a alguien que conociera a sus padres aquí en Dalcrest, pero se sentía raro escuchar sus nombres, de todos modos. —¡Ah!—Él entrelazó sus dedos a través de su estómago y le dio a ella una sonrisa de satisfacción—. Te pareces mucho a Elizabeth. Eso me sorprendió mucho cuando entraste en la habitación. Pero hay un toque de Thomas en ti, también, no nos engañemos. Algo en tu expresión, creo. Verlo me devuelve a mis días como estudiante. Era una chica encantadora, tu madre, simplemente encantadora. —¿Usted fue a la Universidad aquí con mis padres?—preguntó Elena.
  38. 38. —Desde luego que sí. —Los pequeños ojos negros del profesor Campbell se ampliaron—. Fueron dos de los mejores amigos que he tenido. Nos hemos perdido la pista unos de los otros durante los años, me temo, pero me enteré del accidente —desató los dedos y le tocó el brazo tímidamente—. Lo siento mucho. —Gracias. —Elena se mordió el labio—. Nunca hablaban mucho sobre sus años de universidad. Tal vez al hacerse mayores, lo habrían hecho…—Su voz se apagó, y se dio cuenta con espanto que sus ojos se habían llenado de lágrimas. —Oh, querida, no quería molestarte. —El profesor Campbell se palpó los bolsillos de la chaqueta—. Y no tengo un pañuelo de papel cuando lo necesito. Oh, por favor no llores. Su expresión cómica de angustia hizo que Elena le dedicara una sonrisa con los ojos llorosos, y él se relajó y le devolvió la sonrisa. —Ahí, eso está mejor—dijo—. Ya sabes, si te gustaría saber más acerca de tus padres y cómo eran en aquel entonces, estaría feliz de poder contarte sobre ellos. Tengo todo tipo de historias. —¿En serio? —dijo Elena esperanzada. Sintió un destello de emoción. Tía Judith hablaba con Elena sobre su madre a veces, pero los recuerdos que compartían eran en su mayoría de su infancia. Y Elena realmente no sabía mucho sobre el pasado de su padre: había sido hijo único y sus padres habían muerto. —Claro, claro—dijo el profesor Campbell alegremente—. Ven a mis horas de oficina, y te contaré todo sobre nuestras travesuras en los viejos tiempos. Estoy allí todos los lunes y viernes, de tres a cinco, y pondré una alfombra de bienvenida para ti. Hablando metafóricamente, por supuesto. Te serviré algo del horrible café del departamento. —Gracias, profesor Campbell—dijo Elena—. Me encantaría. —Llámame James—dijo él—. No es nada en absoluto. Todo lo que pueda hacer para hacerte sentir a gusto aquí en Dalcrest—ladeó la cabeza hacia un costado y la miró con curiosidad, sus ojos tan brillantes y curiosos como los de un pequeño animal—. Después de todo, como hija de Elizabeth y Thomas, debes de ser una chica muy especial. *** El gran cuervo negro fuera de la ventana de la sala de conferencias caminaba de un lado al otro, cerrando y abriendo sus poderosas garras alrededor de la rama a la que estaba encaramado. Damon quería transformarse de nuevo en vampiro, subir a través de la ventana, y tener una rápida pero eficaz sesión de interrogatorio con ese profesor. Pero a Elena no le gustaría eso. Ella era tan ingenua, maldita sea. Si, si, ella era su hermosa, brillante, inteligente princesa, pero era ridículamente ingenua, también; todos lo eran. Damon con irritación arregló sus erizadas plumas de vuelta a una elegancia iridiscente. Ellos
  39. 39. eran muy jóvenes. En ese punto, Damon era capaz de mirar atrás y decir que nadie aprendía nada en la vida, no durante sus primeros cien años más o menos. Tenías que ser inmortal, en realidad, para tener el tiempo para aprender a mirar por uno mismo correctamente. Elena continuaba mirando a su profesor con demasiada confianza. Después de todo lo que había pasado, todo lo que había hecho, para ella era demasiado fácil pausarse en la complacencia, todo lo que el hombre tenía que hacer era colgar la promesa de la información sobre sus padres frente a ella, y felizmente trotaría a reunirse con él en su oficina siempre que él lo sugiriera. Boba sentimental. ¿Qué podía el hombre posiblemente contarle que fuera de alguna importancia real? Nada podía devolverle a sus padres. El profesor no era un peligro, lo más probable. Damon lo había probado con su Poder, sin sentir nada sino el parpadeo de una mente humana, sin aumento de energía oscura respondiendo desde el pequeño hombre, sin oleaje de emociones violentas o perturbadoras. Pero no podía estar seguro, ¿no? El poder de Damon no podía detectar todos los monstruos, no podía predecir cada giro del corazón humano. Pero el verdadero problema aquí era Elena. Ella había olvidado claramente, que había perdido todo su Poder, que los guardianes la habían despojado de vuelta a ser sólo una vulnerable, frágil chica mortal. Ella pensaba, erróneamente, que podría protegerse a sí misma. Todos ellos eran así. Damon se había enfurecido al principio al darse cuenta lentamente de que estaba empezando a sentir que todos ellos eran seres humanos. No sólo su hermosa Elena y el pequeño pájaro rojo, sino todos ellos, la bruja Sra. Flowers y la cazadora y el cabeza cuadrada del chico también. Los dos últimos ni siquiera le gustaban, pero se sentía obligado a mantener un ojo en ellos, para evitar que se dañaran a sí mismos a través de su estupidez innata. Damon no era el que quería estar aquí. No, la “vamos todos unan sus manos y bailen para promover nuestra educación juntos” idea no era suya, y la había tratado con el debido desprecio. Él no era Stefan. No iba a perder el tiempo haciéndose pasar por uno de los chicos mortales. Pero se había encontrado, para su consternación, no queriendo perderlos, tampoco. Era embarazoso. Los vampiros no eran animales de carga, no como los seres humanos. No se suponía que le importara lo que les sucediera. Estos chicos deberían ser la presa, y nada más. Sin embargo, estar muerto y volver, luchando contra el fantasma de los celos y liberar la envidia enfermiza y la miseria que lo había mantenido cautivo desde que era un ser humano, había cambiado a Damon. Con esa bola dura de odio fuera de su pecho, donde había vivido durante tanto tiempo, se encontraba más ligero. Casi como si le…importara.
  40. 40. Embarazoso o no, se sentía sorprendentemente cómodo, teniendo esta conexión con el pequeño grupo de seres humanos. Él habría muerto, otra vez, antes de admitirlo en voz alta, sin embargo. Chascó su pico un par de veces mientras Elena le decía adiós a su profesor y abandonaba el salón de clases. Luego Damon extendió sus alas y aleteó hasta un árbol al lado de la entrada del edificio. Cerca de allí, un hombre delgado y joven empezó a publicar un folleto con la foto de una chica en otro árbol, y Damon voló a obtener una mirada más cercana. Estudiante desaparecida, decía la parte superior del folleto, y debajo de la imagen estaban los detalles de una desaparición nocturna: sin pistas, sin pruebas, sin idea de dónde podía estar Taylor Harrison de diecinueve años. La sospecha de algo sucio. La promesa de una recompensa de su ansiosa familia a cambio de información que condujera a su regreso a salvo. Damon dejó escapar un graznido áspero. Había algo mal aquí. Había sabido esto—había sentido algo un poco fuera de este campus tan pronto como había llegado hace dos días, aunque no había sido capaz de poner su dedo en ello. ¿Por qué si no iba a haber sido tan preocupado por su princesa? Elena salió del edificio y comenzó a cruzar el patio, metiendo su larga cabellera dorada detrás de las orejas, ajena al cuervo negro que volaba de árbol en árbol encima de ella. Damon iba a averiguar lo que estaba pasando aquí, e iba a hacerlo antes de que lo que fuera tocara cualquiera de sus seres humanos. Especialmente a Elena. 8 Traducido por Mais020291 Corregido por Nikola —Puf, no creo que haya algo en la barra de comida que quiera comer.— Elena le dijo a Stefan—. No puedo ni identificar la mitad de las cosas.— Stefan observó pacientemente mientras ella pasaba por la barra de ensaladas. —Esto no está nada mejor —dijo ella, levantando una cuchara grande con requesón para luego dejarla caer de nuevo en el contenedor—. Pensé que la comida de la universidad sería más comestible que la de la cafetería de nuestro colegio, pero aparentemente, estaba equivocada. Stefan hizo un sonido vago de asentimiento y observó alrededor para buscar un lugar dónde sentarse. Él no comería. La comida humana no tenía mucho sabor para él ahora, y había usado su Poder para llamar a una paloma a su balcón esa misma mañana. Eso le había dado una cantidad suficiente de sangre para poder sostenerlo hasta la tarde, dónde tendría que volver a cazar.
  41. 41. Una vez que Elena se hizo su propia ensalada, él la llevó hacia la mesa vacía que había visto. Ella lo besó antes de sentarse y un estremecimiento de placer corrió a través de él mientras sus mentes se tocaban. La relación familiar entre los dos volvió a su lugar, y él sintió la alegría de Elena, contentade estar con él en sus nuevas y normales vidas. Además, un entusiasmo la recorrió, y Stefan envió un pensamiento interrogativo entre los dos, preguntándose qué había pasado desde que se habían visto esa mañana. Elena rompió el beso y le respondió su pregunta silenciosa. —Mi profesor de historia, Campbell, conoció a mis padres cuando estuvieron en la universidad —dijo. Su voz era calmada, pero sus ojos estaban brillantes, y Stefan pudo sentir lo mucho que significaba esto para ella—. Él era un muy buen amigo de ellos. Me puede contar historias, partes de sus vidas que yo nunca conocí. —Eso es genial —dijo Stefan, feliz por ella—. ¿Cómo estuvo la clase? —Estuvo bien —dijo Elena, empezando a comer su ensalada—. Las primeras semanas hablaremos sobre la época colonial —miró hacia arriba, con su tenedor en el aire—. ¿Y, tú? ¿Cómo estuvo tu clase de filosofía? —Bien. —Stefan hizo una pausa. Bien no era realmente lo que quiso decir. Había sido extraño el estar sentado en una clase de universidad de nuevo. Él había atendido a la universidad un par de veces durante su larga historia, había visto los cambios en la educación. Al principio, sus compañeros de clase habían sido un número selecto de jóvenes con dinero, y ahora había una mayor diversidad de chicos y chicas. Pero, había una similitud esencial entre todas estas experiencias. Los discursos largos del profesor, los estudiantes aburridos o ansiosos. Una cierta superficialidad de pensamiento, una persona tímida, esquivando exponer sentimientos más profundos. Damon tenía razón. Stefan no pertenecía aquí; él estaba haciendo un papel, de nuevo. Matando un poco de su tiempo ilimitado. Pero Elena, la miró, sus ojos azules brillantes se posaron en él, ella si pertenecía aquí. Ella merecía la oportunidad de una vida normal, y él sabía que ella no hubiese venido a la universidad sin él. ¿Le podía decir algo de esto? No quería apagar el entusiasmo en esos ojos lapislázuli, pero se había prometido a sí mismo que siempre sería honesto con ella, la trataría como una igual. Abrió su boca, esperando poder explicar algo de lo que sentía. —¿Has oído acerca de Daniel Greenwater? —preguntó una chica que estaba cerca, su voz era alta, llena de curiosidad mientras ella y sus amigos se sentaban en las sillas vacías al otro lado de la mesa. Stefan cerró su boca y volteó su cabeza para escuchar. —¿Quién es Daniel Greenwater? —preguntó alguien. —Mira —dijo la primera chica, abriendo el periódico que sostenía en sus manos. Observando, Stefan vio que era el periódico del campus—. Es un estudiante de primer año y acaba de desaparecer. Dejó el centro de
  42. 42. estudiantes cuando cerró ayer por la noche, y su compañero de cuarto dice que él nunca regresó a la habitación. Es realmente escalofriante. Los ojos de Stefan se encontraron con los de Elena, y ella alzó una ceja, pensativa. ¿Podría ser esto algo que deberían investigar? Otra chica al final de la mesa se encogió de hombros. —Probablemente él se sintió estresado y se fue a casa. O tal vez su compañero de cuarto lo mató. Tú sabes que obtienes buenas notas si tu compañero de cuarto muere. —Eso es un mito —dijo Stefan, ausente, y las chicas lo miraron en sorpresa—. ¿Podría ver el papel por un momento, por favor? Se lo pasaron y Stefan estudió la figura del frente. Una foto del libro de fin de año de la secundaria le sonreía, un chico flaco, con cabello lacio y ojos amigables. Un rostro que reconocía. Él había pensado que el nombre le sonaba familiar. —Vive en nuestra residencia —dijo suavemente a Elena—. ¿Lo recuerdas de la orientación? Él se veía feliz de estar aquí. No creo que se haya ido, no por voluntad propia. Elena lo miró, sus ojos abiertos, comprendiendo. —¿Crees que algo malo le ha pasado? Algo raro estuvo pasando en la cuadra la primera noche que llegamos —tragó—. Dijeron que una chica se había metido en un problema, pero los policías realmente no nos querían decir nada. ¿Crees que eso esté relacionado con la desaparición de Daniel Greenwater? —No lo sé —dijo Stefan—, pero estoy preocupado. No me gusta nada que esté fuera de lo común. —Se puso de pie—. ¿Estás lista para irte? —Elena asintió, aunque la mitad de su almuerzo aún estaba pendiente. Stefan devolvió educadamente el periódico a las chicas y siguió a Elena hacia afuera. —Tal vez estamos paranoicos porque estamos acostumbrados a que sucedan cosas terribles —dijo Elena, una vez que estuvieron en el pasillo, subiendo la colina hacia su residencia—. Pero las personas desaparecen todo el tiempo. Chicas que son acosadas o atacadas algunas veces. Es desafortunado, pero no significa que haya un tema siniestro detrás de todo. Stefan se detuvo, observando el volante pegado en el árbol por la cafetería.Estudiante desaparecida, decía, con una foto de una chica debajo de este. —Prométeme que vas a tener cuidado, Elena —dijo—. Diles a Meredith y a Bonnie también. Y, a Matt. Ninguno de ustedes debería andar solo por el campus. Al menos en la noche. Elena asintió, su rostro pálido, observando la figura del volante. Stefan sintió una punzada aguda de resentimiento, a pesar de su ansiedad. Ella había estado tan entusiasmada cuando se encontraron para almorzar, y ahora ese entusiasmo había desaparecido. Enredó sus brazos alrededor de su cintura, deseando sostenerla, mantenerla a salvo.—¿Por qué no salimos esta noche? —dijo—. Tengo un grupo de estudio, pero no debe tardar mucho. Podemos salir del campus

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