Historia de apolonio de tiro

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Historia de apolonio de tiro

  1. 1. HISTORIA DE APOLONIO DE TIRO Trad. Raúl Lavalle 2010 1
  2. 2. INTRODUCCIÓN Una buena introducción a esta novela es la que escribe Robert MantleRattenbury en su artículo del The Oxford Classical dictionary (Oxford, ClarendonPress, 1949, s. v. APOLLONIUS of Tyre. Dice: “the hero of an anonymous romancewidely known in the Middle Ages. The oldest extant version (5th-6th c. A.D.) is in Latin,Historia Apollonii regis Tyri; but matter and style suggest that there was a Greekoriginal of the second to third century A.D.” Estamos seguros de que será del interés delos lectores. Sabemos que hay otras traducciones en español, que sin duda han sidohechas con mayor dedicación que esta (p. ej.: trad. María Carmen Puche López; Madrid,Akal, 1997). No obstante, pienso que es bueno poner a disposición de un público muyamplio esta novela tan leída en otros tiempos y que tiene, en mi opinión, gran interésnarrativo. Que mi humilde trabajo sea además un homenaje al gran humanista chilenoRodolfo Oroz, quien fue el primero en ponerla en nuestra lengua (Historia de Apoloniode Tiro: la novela favorita de la Edad Media, trad. y pról. Rodolfo Oroz. Santiago,Universidad de Chile, Instituto de Investigaciones Histórico-culturales, 1955, 135 p.). Para mi traducción no he pensado tanto en la literalidad sino más bien en untexto comprensible en una primera lectura, sin las notas que llevaría un trabajo máscuidado. Me basé en el texto latino editado por J. Lapaume, en el volumen: Eroticiscriptores (Paris, Firmin Didot, 1856). No he consultado estudios, salvo uno que halléen la Red, de Ignacio Álvarez: “Deseo y narración: el incesto y la Historia Apolloniiregis Tyri” (http: //onomazein.net/8/deseo.pdf). Creo que de lo anterior se desprendeque deliberadamente no me he ayudado con las notas de ediciones mejores. Hice esosimplemente como un ejercicio: ¿qué puedo hacer yo ante un texto latino, con poco onada de ayuda? Ruego a los lectores que no lo interpreten como una falta de respetohacia ellos, sino –repito– como un humilde ejercicio, qualecumque. R.L. 2
  3. 3. HISTORIA DE APOLONIO DE TIRO 1. Hubo cierto rey, en la ciudad de Antioquía,1 llamado Antíoco. Tuvo de sudifunta esposa una hija hermosísima, en la cual la naturaleza en nada erró. Al llegar a laedad núbil, creció con ella su hermosura y muchos la pedían en matrimonio,compitiendo en la magnitud de sus promesas. Pero, mientras su padre pensaba a quéhombre muy poderoso entregaría a su hija en matrimonio, se apoderó de él la inicuallama del deseo y empezó a amarla más de lo que convenía a un padre. Luchabaentonces contra su propio furor y combatía contra su dolor: el pudor venció finalmenteal amor. 2. Cierto día, en vela al amanecer, irrumpió en el dormitorio de su hija. Mandóque sus esclavos lo siguieran desde lejos, como para tener una conversación secreta consu hija. Al impulso del fuego del deseo, rompió el nudo de la virginidad de su hija. Ella,manchada por la impiedad del crimen paterno, quiso ocultarlo y cayeron sobre el pisogotas de sangre. Mientras la muchacha pensaba qué haría, entró imprevistamente sunodriza. Al verla esta con rostro lloroso, la exhortó y le dijo: “¿Por qué tu rostro y tuánimo están turbados?” Dijo la muchacha: “Querida nodriza, en este dormitorio acabande morir dos nombres nobles.” La nodriza: “¿Por qué dices esto?” Dijo la muchacha:“Porque fui violada antes del día de mis nupcias legítimas.” Dijo la nodriza: “¿Y quiéncon tanta audacia se atrevió a violar a la virgen del rey, al lecho del reino, y no temió alrey?” Dijo la muchacha: “La impiedad cometió este crimen.” Dijo la nodriza: “¿Peropor qué no se lo cuentas a tu padre?” Dice la muchacha: “¿Dónde está mi padre? Sientiendes bien, el nombre de mi padre murió en mí. Y así, para que no se manifieste elcrimen de mi padre y su mancha no se conozca entre las gentes, busco la muerte: meagrada el remedio de la muerte.” La nodriza, al oír que la moza buscaba para ella elremedio de la muerte, la exhortó con dulces palabras y con ellas la devolvió a la vida:ella había intentado cumplir la voluntad de su padre. 3. Mientras tanto el muy impío rey, con fingida mente, se mostraba ante susconciudadanos como un padre muy piadoso, pero dentro de las paredes de su casa sealegraba como marido de su hija. Y, para poder gozar impíamente de ella para siempre,maquinó un nuevo género de maldad, para alejar a los pretendientes. Proponía lasiguiente cuestión: “Si alguno encuentra la solución a mi pregunta, recibirá a mi hija enmatrimonio; quien no la encuentre, será degollado.” Y ya muchísimos reyes de todaspartes, muchísimos padres de la patria de todas partes, por la increíble belleza de lamoza, se ofrecían a la muerte. Y si alguno, con su conocimiento de las letras, noencontraba la solución de la cuestión, era degollado; su cabeza era colocada en lo altode la puerta, para que los que entraran vieran la imagen de la muerte y se asustaran, demodo de no llegar a tal condición. 4. Pero, mientras el rey Antíoco hacía tantas crueldades, después de un breveespacio de tiempo, cierto joven tirio,2 un príncipe de su patria, muy rico y de nombreApolonio, tenía confianza en su gran conocimiento de las letras y navegando llegó aAntioquía. Entró y saludó al rey: “Salve, rey.” El rey, al ver lo que no quería ver, dice aljoven: “¿Están sanos los esposos, tus padres?” Dice el joven: “Tuvieron su último día.”Dice el rey: “Dejaron su último nombre.” Dice el joven: “En efecto, acabaron sus días.”Dice el rey: “Así es.” Y así lo dijo. Dice el joven: “Deseo ser yerno del rey; pido a tu1 Antigua ciudad de Siria.2 De Tiro, ciudad de Fenicia. 3
  4. 4. hija en matrimonio.” El rey, cuando oyó lo que no quería oír, mirando con rostro airadoal joven dijo: “¿Conoces la condición de las nupcias de mi hija?” Respondió: “Lasconozco y las vi a las puertas de la ciudad.” En efecto la condición estaba escrita en lapuerta de la ciudad. El rey indignado dijo: “Escucha, porque ignoras la cuestión. Soymovido por el crimen; me valgo de carne materna; busco a un hermano mío, varón demi madre, y no lo encuentro.” El joven, después de oír la cuestión, se alejó un poco delrey y, mientras buscaba en su ciencia, luchaba con sabiduría. Con el favor de Dios hallóel nudo de la cuestión y volvió y dijo al rey: “Buen rey, propusiste una cuestión.Escucha su solución. Dijiste que eras movido por el crimen y mentiste: mírate a timismo. Dijiste que te alimentabas de carne materna; tampoco en esto mentiste: mira a tuhija.” El rey, al oír que el joven había resuelto la cuestión, temiendo que su crimen sehiciera manifiesto, lo miró con rostro airado y dijo: “Lejos estás, joven, de mi cuestión;te equivocas. Nada dices y mereces ser degollado; pero tendrás un espacio de treintadías. Reflexiona contigo mismo y, cuando vuelvas y encuentres el nudo de mi cuestión,recibirás a mi hija en matrimonio. De lo contrario, tendrás el rigor de la ley.” 5. El joven quedó entonces turbado y junto con su comitiva subió a la nave paradirigirse a su patria Tiro. Pero, después de la partida de Apolonio, el rey Antíoco llamóa su intendente Taliarco y le dijo: “Taliarco, ministro fidelísimo de mis secretos, debessaber que Apolonio de Tiro encontró el nudo de mi cuestión. Sube por tantoinmediatamente a una nave para perseguir al joven. Cuando llegues a Tiro, busca algúnenemigo de él, que lo mate a hierro o con veneno; cuando vuelvas, al punto recibirás tulibertad.” Taliarco tomó dinero y al mismo tiempo un veneno y se dirigió a la patria deljoven inocente. Apolonio en poco tiempo llegó a su patria y entró a su casa. Preparó lacaja de sus codicilos y, como no encontró nada sino lo que había pensado, se dijo a símismo: “¿Qué haces, Apolonio? Resolviste la cuestión del rey, pero no recibiste a suhija. Sufriste un retraso, para ser matado.” Y saliendo fuera mandó cargar las naves conmucho trigo. Pero, con mucho peso de oro y plata y muchos vestidos y pocosacompañantes, siervos muy fieles, a la tercera hora de la noche subió a la nave y sedirigió a alta mar. 6. Al día siguiente lo buscaron en su ciudad y no lo encontraron. Hubo una grantristeza, porque el amantísimo príncipe no apareció en ninguna parte en su patria. Tangrande era el amor de los ciudadanos hacia él que por mucho tiempo no se cortaban loscabellos, quitaron los espectáculos públicos y cerraron los baños. Nadie iba ni a lostemplos ni a los tabernáculos. Y, mientras esto ocurría en Tiro, llegó el dispensadorTaliarco, quien había sido enviado por el rey a matar al joven. Al ver todo cerrado, dijoa cierto niño: “Si puedes, indícame cuál es la causa de que esta ciudad esté de luto.”Dijo el niño: “Veo un hombre malo, que sabe y sin embargo pregunta. ¿Pues quién nolo sabe? Pues esta ciudad está de luto, porque su padre el príncipe Apolonio, después devolver del reino de Antíoco, de repente desapareció de todas partes.” El dispensador, alver esto, lleno de gozo subió a la nave y, acabada cierto día su navegación, llegó aAntioquía. Entró a presencia del rey y dijo: “Alégrate, mi señor el rey. Apolonio,temiendo el poder de tu reino, desapareció.” Dijo el rey: “Puede huir ahora pero nopodrá huir siempre.” Inmediatamente promulgó este edicto: “Quienquiera que muestrevivo a Apolonio de Tiro, despreciador de mi reino, recibirá cincuenta talentos de oro;quien traiga su cabeza, recibirá cien.” Una vez promulgado el edicto, no solo susenemigos sino también sus amigos, movidos por la codicia, se apresuraban a perseguiral joven. Por tanto Apolonio era buscado en tierra, montes, bosques y toda clase deescondrijos; y no era hallado. 4
  5. 5. 7. Entonces el rey mandó que se preparara una flota. Pero como los que seocupaban de prepararla se demoraban, Apolonio se hallaba ya en el ombligo del mar.Entonces el piloto lo miró y le dijo: “Señor Apolonio, ¿acaso temes algo de mi arte?”Respondió Apolonio: “Yo nada temo de tu arte pero sí del arte del rey Antíoco. Entrapor tanto en lo profundo del mar, pues el rey tiene una larga mano: lo que quiere hacer,lo llevará a cabo y temo que me persiga.” Dice el piloto: “Tenemos que preparar lasarmas. Vayamos a la costa de Tarso,1 pues en Tarso tenemos viento tranquilo.” DiceApolonio: “Vayamos.” Y así, bajo la guía de Dios, desembarcó Apolonio. 8. Y, mientras caminaba por la costa, fue visto por cierto conciudadano suyo, denombre Helánico, que había llegado a ese lugar. Helánico se acercó y le dijo: “Salve,señor Apolonio.” Pero él, al ser saludado, hizo como acostumbraba hacer, hombrepoderoso, y lo despreció. Indignado el hombre dijo: “Salve, rey Apolonio. Te saludo; nodesprecies mi pobreza, adornada de honestas costumbres. Oye lo que quizásdesconoces. Eres proscripto.” Dijo Apolonio: “¿Y cómo pudo alguien proscribir a unpríncipe de la patria?” Dijo Helánico: “El rey Antíoco.” Apolonio dice: “¿Por quécausa?” Helánico: “Porque quisiste ser lo que es el padre.” “¿Y en cuánto soyproscripto? Dijo el anciano Helánico: “Mandó que cualquiera que te muestre vivo,reciba cincuenta talentos de oro. Pero, si alguien le lleva tu cabeza, reciba cien. Por esote exhorto: huye y haz venir ayuda.” Dijo y se alejó sin demora. Entonces Apoloniomandó que llamaran de nuevo al anciano y ordenó que le dieran cien talentos de oro. Ledijo: “Reverendísimo, recibe esto a ejemplo de los pobres, pues lo mereces. Piensa queme cortaste la cabeza del cuello y llevaste gozo al rey. Aquí tienes el premio, cientalentos, y las manos puras de sangre de un inocente.” A lo cual respondió el anciano:“Lejos de mí, Señor, que por tal motivo reciba premio. Entre los hombres buenos laamistad no se consigue con dinero sino con la inocencia.” 9. Le dijo adiós y se fue. Apolonio miró y vio venir hacia él a un hombreconocido, doliente y con rostro triste, llamado Estrongulión. Se acercó a él y le dijo:“Salve, Estrongulión.” Él respondió: “Salve, señor Apolonio. ¿Por qué moras, conmente turbada, en estos lugares?” Dice Apolonio: “El rey Antíoco me expulsó del reinoy ordenó una proscripción de cien talentos, que dará a quien le dé a él mi cabeza, porquerevelé que recibía a su hija como esposa (más bien diría a modo de una adúltera) enmatrimonio. Por esto, si puede ser, quiero quedarme oculto en vuestra patria.” DiceEstrongulión: “Señor Apolonio, nuestra ciudad es pequeña y no puede sostener tunobleza. Además estamos padeciendo dura hambre y esterilidad de alimentos. Notenemos ninguna esperanza de salvación sino que la crudelísima muerte está antenosotros.” A lo cual respondió Apolonio: “Mi venerable Estrongulión, da gracias aDios, porque prófugo me hizo desembarcar en vuestras tierras. Daré a vuestra ciudadcien mil modios de trigo, si ocultáis mi huida.” Estrongulión, al oír esto, se postró a suspies y dijo: “Señor Apolonio, si ayudas a esta hambrienta ciudad, no solo ocultará tuhuida sino que, si fuera necesario, lucharán con la espada por tu salvación.” 10. Subió entonces Apolonio a una tribuna en el foro y en presencia de todos losciudadanos dijo: “Ciudadanos de Tarso, oprimidos por los precios de los alimentos. Yo,Apolonio de Tiro, os llenaré. Creo en efecto que os acordaréis de tal beneficio, siocultáis mi fuga. Sabed que yo he sido expulsado por leyes del rey Antíoco. Pero con el1 Ciudad de Cilicia, en el Asia Menor. 5
  6. 6. favor de vuestra fidelidad vine hacia aquí. Os daré por tanto cien mil modios, por elmismo precio por el que los adquirí en mi patria, cada modio en ocho monedas debronce.” Oído esto, los ciudadanos de Tarso, que compraban cada modio a una monedade oro, se alegraron, dieron gracias con grandes clamores y se llevaban a porfía el trigo.Entonces Apolonio, para no parecer que, con descuido de la dignidad regia, hacía lasveces de un mercader, volvió a donar para utilidad de la ciudad el precio que habíarecibido. Los ciudadanos fundieron bronce y representaron beneficio tan grande, pueshicieron una biga1 en el foro. Él estaba en ella y tenía en la mano derecha mieses, con elpie izquierdo puesto sobre un modio. En la base de la estatua escribieron: “LACIUDAD DE TARSO A APOLONIO DE TIRO DA ESTE OBSEQUIO PORQUESALVÓ A LA CIUDAD DEL HAMBRE CRUEL CON SU GENEROSIDAD.” 11. Luego de unos pocos meses, por exhortación de Estrongulión y su esposaDionisíada, se propuso navegar a la región marina de la Pentápolis,2 para ocultarse allí,porque ellos afirmaban que allí estaría mejor. Por tanto fue llevado por los ciudadanosal mar con inmenso honor; Apolonio dijo adiós a todos y subió a la nave. Navegó conviento favorable tres días y noches pero de repente cambió la bondad del mar. Una grantempestad sacudió el piélago y las estrellas del cielo. Entonces cada uno se asió de unatabla y difería su muerte. En tan oscura tempestad murieron todos. Solo Apolonio, conla ayuda de una tabla, fue empujado a las costas de la Pentápolis. Desnudo entonces enla playa, mirando con tranquilidad el mar, dijo: “Neptuno, engañador de los hombres,traidor para con los inocentes, ¿acaso eres más cruel que el rey Antíoco y me reservastepara esto, para que pobre y sin recursos el muy cruel rey me persiga más fácilmente?¿Dónde iré? ¿A qué parte me dirigiré? ¿Qué desconocido dará auxilio a mi vida?” 12. Estas cosas hablaba consigo, cuando de repente vio a un pescador, vestidocon un sayo grande y un raído manto. Obligado por la necesidad, se prosternó a sus piesy dijo con profusas lágrimas: “Apiádate, quienquiera que seas; socorre a un hombredesnudo y náufrago, que no es de origen humilde. Para que sepas de quién te apiadarás,soy Apolonio de Tiro, príncipe de mi patria; a no ser que formes parte de mi calamidad,cuando me postro a tus pies y te suplico por mi vida.” El pescador, al ver al hermosojoven, movido de misericordia tomó su mano, lo condujo al techo de su pobreza y lepuso los alimentos que pudo ofrecer. Y, para satisfacer mejor a su piedad, se despojódel manto, lo dividió en dos partes iguales y dio una al joven, diciendo: “Toma lo quetengo y ve a la ciudad. Quizás allí encuentres a alguien que se apiade de ti. Si no loencuentras, vuelve aquí. La pobreza, sea como sea, nos bastará a nosotros: seráspescador conmigo. Solo te exhorto a que, si alguna vez con el favor de Dios vuelves a tudignidad, no desprecies la mitad de mi manto.” Dice Apolonio: “Si llegara a olvidarmede ti, que padezca un nuevo naufragio y que no halle a otro como tú, que te apiadas demí.” Dichas estas palabras, se puso en marcha por el camino y llegó a las puertas de laciudad. 13. Y, mientras pensaba de dónde podría conseguir ayuda, vio a un hermosojoven que corría por la plaza, ungido con óleo y vestido con un lienzo, que llevaba losjuegos juveniles propios del gimnasio3 y decía a grandes voces: “Oíd, ciudadanos; oíd,1 Un biga es un tiro de dos caballos; así como una cuadriga es de cuatro.2 Tal vez esta mención no tenga un fundamento real, pero Pentápolis (‘tierra de cinco ciudades’) había enPalestina y en Cirenaica (esta última es una región del norte de África); en mi opinión se trata de laPentápolis de Palestina, porque es región más próxima al Asia Menor.3 Por ejemplo la pelota. 6
  7. 7. extranjeros, libres y de noble origen: quien quiera lavarse, acuda al gimnasio.”Apolonio, al oír esto, se despojó del manto, entró en los baños y se ungió con aceite.Mientras se ejercitaba, miraba a cada uno y no encontraba a nadie comparable a símismo. De repente Arquístrato, rey de toda esa región, entró con todo el séquito de susesclavos. Mientras el rey jugaba a la pelota con sus siervos, por voluntad de DiosApolonio se puso ante el rey. Tomó en el aire la pelota, que venía enviada a una granvelocidad, y la devolvió al rey. Cuando el rey volvió a lanzarla, la devolvió de un golpea gran velocidad, sin permitir que cayera. Advirtió el rey la velocidad del joven pero,como sabía que en el juego de la pelota no tenía igual, dijo a los suyos: “Esclavos,alejaos del aceite. Me parece que este joven puede compararse conmigo.” Apolonio, aloír la alabanza del rey, se acercó con solicitud a él, tomó ungüento y frotó al rey contanta habilidad que le agradó mucho. Luego lo atendió, mientras estaba recostado en elsuelo; por fin, cuando el rey se retiraba, lo saludó obsequiosamente y se retiró. 14. Después que el joven se alejó, el rey dijo a los suyos: “Juro por mi salud,amigos, que nunca me he lavado mejor que hoy, por beneficio de un desconocidojoven.” Mirando entonces a uno de los esclavos, dijo el rey: “¿Quién y de dónde es eljoven que hoy me sirvió?” El esclavo siguió al joven y lo vio cubierto de su sórdidomanto. Volvió entonces al rey y le dijo: “Ese joven es un náufrago.” Dice el rey: “¿Túcómo lo sabes?” El esclavo dice: “Aunque él lo calle, su hábito lo indica.” Dice el rey:“Ve rápido y dile: ‘El rey te invita a cenar.’ ” Apolonio escuchó, accedió y, bajo la guíadel esclavo, entró en la casa del rey. Antes entró el siervo y dijo: “Está aquí el náufragopero le da vergüenza su hábito miserable.” Inmediatamente el rey mandó que fueracubierto con dignas vestiduras y que entrara a la cena. 15. Entró así Apolonio al comedor y se recostó enfrente del rey, en un lugarasignado. Llevan una primera degustación y luego una cena real. Apolonio, mientrastodos banqueteaban, se abstenía de comer; llorando con dolor miraba el oro, la plata, lasgrandes vestiduras del rey, los servicios de mesa. Cierto anciano envidioso que estabaacostado junto al rey, al ver al joven mirando con cuidado cada cosa, dice: “Buen rey, elhombre a quien tú mostraste benignidad de ánimo, es envidioso de tu fortuna.” El rey:“Sospechas malamente, pues este joven no es envidioso sino que testimonia que haperdido muchísimas cosas.” Entonces el rey miró con rostro alegre a Apolonio y le dijo:“Joven, tú banquetea con nosotros y espera de Dios mejores cosas.” 16. Después que así exhortó al joven, entró la hija del rey, una doncella yacrecida, y dio un beso al padre y luego a sus amigos sentados en el banquete. Despuésde besarlos a todos, llego hasta el náufrago, volvió hasta su padre y dijo: “Buen rey yóptimo padre, ¿quién es aquel que enfrente de ti, recostado en un lugar honroso, no séqué lamenta con lloroso rostro?” El rey dice: “Él me sirvió muy gratamente en elgimnasio y por eso lo invité a cenar. Pero no sé quién ni de dónde es. Mas, si quieressaberlo, pregúntale. Conviene que tú sepas todo sobre él. Quizás, cuando sepas dedónde es, te apiades de él.” Así, bajo la exhortación del padre, la muchacha se acercó aljoven y con pudorosas palabras le dijo: “Aunque tu silencio sea triste, tu noblezamuestra tu origen. Si no te es molesto, di tu nombre y tus azares.” Dice Apolonio: “Sibuscas conocer mi nombre, Apolonio; si mis riquezas, las perdí; si mi nobleza, la dejéen Tiro, más allá de Tarso.” Dice la niña: “Di más claramente, para que puedaentender.” Entonces él expuso todas sus vicisitudes y, acabadas sus palabras, comenzó aderramar lágrimas. El rey, al verlo llorando, miró a su hija y dijo: “Dulce hija mía,pecaste al querer saber el nombre y los azares del joven, pues renovaste sus viejos 7
  8. 8. dolores. Te pido, dulce hija, que des al joven lo que desees.” La muchacha, al oír que supadre le prometía espontáneamente lo que ella quería dar, miró al joven y le dijo:“Apolonio, ya eres nuestro. Depón tu tristeza y, puesto que la indulgencia de mi padrelo permite, te enriqueceré.” Apolonio dio gracias entre gemidos y vergüenza. Se alegróel rey por la bondad tan grande de su hija y le dijo: “Hija dulcísima, trata de salvarlo:toma tu lira y quítale al joven su dolor y alegra el banquete.” 17. La niña mandó entonces que le trajeran la lira y, al comenzar, mezcló lossonidos de las cuerdas con una gran dulzura de voz. Todos comenzaron a alabarla y adecir: “No puede nadie tocar mejor ni más dulce.” Pero Apolonio callaba. El rey dice:“Apolonio, no haces bien. Todos alaban a mi hija en su arte musical; tú, al callar, lacriticas.” Dice Apolonio: “Buen rey, si mi permites, diré lo que siento. Tu hija progresaen el arte musical pero todavía no lo domina completamente. En fin, manda que metraigan una lira y sabrás por qué tu hija aún no sabe.” El rey Arquístrato dice:“Apolonio, entiendo que tú eres rico en todas las cosas.” Y mandó que le dieran unalira. Salió fuera Apolonio, se vistió para la ocasión, adornó su cabeza con una corona,tomó la lira y entró al comedor. Se paró de tal manera que todos lo consideraron Apoloy no Apolonio. Entonces, después que se hizo silencio, tomó el plectro y acomodó elánimo a su arte. Se oyó la voz modulada de su canto al son de las cuerdas y todos, almismo tiempo junto con el rey, empezaron a alabarlo. Luego de esto dejó la lira, tomóatavío cómico y representó fábulas no oídas; gustó a todos de modo admirable. Lamuchacha, al ver al joven lleno de toda clase de artes, se enamoró de él. Al acabar elconvite, miró a su padre y dijo: “Querido padre, un poco antes me habías prometido darde lo tuyo a Apolonio lo que yo quisiese.” Dijo el rey: “Te lo había prometido y te loprometo.” Entonces la niña se dirigió a Apolonio: “Apolonio, maestro, recibe de labondad de mi padre doscientos talentos de oro, cuarenta de plata, una rica vestidura yveinte esclavos. Y dijo a los esclavos: “Llevad, en presencia de estos amigos, lo queprometí a mi maestro Apolonio y ponedlo en el comedor.” Por mandato de la reinafueron llevadas todas las cosas. Alaban todos la liberalidad de la reina. Acabado elconvite, se levantaron todos, se despidieron del rey y la reina y se fueron. El propioApolonio dijo: “Buen rey, que te apiadas de los miserables, y tú, reina, amante de losestudios, salud.” Y, mirando a los esclavos que le había dado la reina, les dijo: “Tomad,esclavos, lo que me regaló la reina; vayamos a mi hospicio.” 18. La niña, temiendo no ver a su amado, miró a su padre y le dijo: “Buen rey yóptimo padre, ¿te place que Apolonio, a quien hoy enriquecimos, se vaya y hombresmalvados le quiten lo que le diste?” Dijo el rey: “Tú bendices con tus palabras, dulcehija.” E inmediatamente mandó que él descansara en un lecho digno. Pero la hija deArquístrato, encendida de amor, pasó la noche inquieta: mantenía la herida en el pechoy las palabras y cantos de Apolonio, sones del verdadero amor. por tanto, en velatodavía al amanecer, irrumpió en el dormitorio de su padre y se sentó sobre el lecho. Élal verla dijo: “Dulce hija, ¿por qué, contra tu costumbre, pasaste la noche en vela?” Dicela moza: “Me excitaron los estudios de ayer. Te ruego entonces, padre queridísimo, queme entregues a nuestro huésped, para estudiar.” El rey lleno de gozo hizo venir al joveny le dijo: “Apolonio, mi hija desea aprender de ti la felicidad de tus estudios. Si cumplesel deseo de mi hija, juro por la vida de mi reino que, cualquier cosa te haya quitado elmar, te la devolveré en tierra.” Apolonio, oído esto, empezó a enseñar a la muchacha asícomo él había aprendido. 8
  9. 9. 19. Pero luego de breve tiempo la niña, como no podía por ningún medio sufrirla herida de su amor, simuló enfermedad y yacía en el lecho. El rey, al ver que su hijahabía caído en una enfermedad repentina, lleno de solicitud hizo traer médicos. Ellos,tentando sus venas, tocaron cada parte de su cuerpo pero no encontraron causa algunade la enfermedad. El rey, pocos días después, sosteniendo la mano de Apolonio, entróen el foro de la ciudad. Mientras caminaba con él por allí, saludaron al rey al unísonotres jóvenes muy nobles que por largo tiempo habían pedido a su hija en matrimonio. Alverlos, el rey sonrió y dijo: “¿Por qué me habéis saludado al mismo tiempo con una solavoz?” Dijo uno de ellos: “Mientras nosotros pedimos a tu hija en matrimonio, confrecuencia nos atormentas con dilaciones. Por eso hemos venido al mismo tiemponosotros, hombres ricos y de noble origen. Entonces elige a uno de nosotros, al quequieras tomar como yerno.” El rey dijo: “No venís a buscarme en un momentoapropiado. En efecto mi hija se dedica a los estudios y, por amor de los estudios, yacedébil en su lecho. Pero, para que no parezca que quiero demoraros más, escribid en unoscuadernillos vuestros nombres y la cantidad de la dote.” El rey, después de recibir loscuadernillos, los signó con su anillo y los dio a Apolonio diciendo: “Permíteme, llevaestos cuadernillos a tu discípula, pues eres el indicado para ello.” 20. Apolonio tomó los cuadernillos, se fue a la casa real y entró al dormitorio.La muchacha, al ver a quien amaba, dijo: “Maestro, ¿por qué entraste solo en midormitorio?” Apolonio: “Señora tomo estos cuadernillos, que te entrega tu padre, y lee.”La moza tomó los cuadernillos y leyó los tres nombres de los pretendientes, pero noestaba el de quien ella quería.” Después de leerlos miró a Apolonio y le dijo: “Maestro,¿no te duele el que yo me case?” Dijo Apolonio: “Por el contrario, me alegro porque,con tu conocimiento de las letras y después de haber acrecentado tus estudios, bajo mideseo te casas.” Dijo la muchacha: “Maestro, si me amaras, te afligirías.” Luego dedecir eso, el amor le dio gran audacia, escribió, signó los cuadernillos y los entregó aljoven. Él los llevó al foro y los entregó al rey. Había escrito así: “Buen rey y óptimopadre, puesto que tu clemencia me permite escribir en respuesta, así lo hago ahora.Quiero como esposo a aquel que padeció naufragio y fue engañado en el mar por lafortuna. Y, para que no te admires, como doncella pudorosa que soy, de que te hayaescrito sin pudor, lo que no pude decir por el pudor lo envié a la cera, que no tienepudor.” 21. El rey, una vez leídos los cuadernillos, ignoraba de qué náufrago hablaba y,mirando a los tres jóvenes, dijo: “¿Quién de vosotros padeció naufragio?” Uno de ellos,de nombre Andronio, dijo: “Yo.” otro dijo: “Cállate y consúmete en la enfermedad.Ojalá no seas sano ni salvo. Aprendiste las letras junto conmigo; nunca traspasaste sinmí las puertas de la ciudad. Por eso es que padeciste naufragio.1” El rey, al entender elsignificado de “naufragio” miró a Apolonio y le dijo: “Toma estos cuadernillos y léelos;en efecto puede ocurrir que entiendas lo que no entiendo, pues estuviste presente.”Apolonio tomó los cuadernillos, los leyó velozmente y, al sentir que era amado,enrojeció. El rey tomó a Apolonio de la mano, se separó un poco de los otros y dijo:“Apolonio, ¿encontraste al náufrago?” “Buen rey”, dice Apolonio, “si me permitesdecirlo, lo encontré.” Después de dicho esto, el rey vio su rostro cubierto de rubor ycomprendió sus palabras. Dijo: “Estoy lleno de gozo, Apolonio, y lo que desea mi hijaes mi voluntad.” Y, mirando a los jóvenes, les dijo: “Ciertamente os dije que vinisteis1 Lapaume dice que naufragium passus es, ‘padeciste naufragio’, significa algo así como ‘no te fue tanbien.’ Tal sentido, según él, viene de una corrida de significado en una expresión marinera: así como sepuede tener buena navegación, también se puede “naufragar”; esto es, ‘no tenerla tan buena.’ 9
  10. 10. en tiempo no apropiado. Pero, cuando llegue a mi hija el tiempo de casarse, os mandaréllamar. Y los despidió. Luego tomó la mano de Apolonio, no ya como de un huéspedsino como de un yerno, y entró en la casa de la reina. 22. Dejó entonces a Apolonio el rey, entró solo a ver a su hija y le dijo: “Dulcehija, ¿a quién elegiste como esposo?” La moza se postró a los pies de su padre y dijo:“Padre muy piadoso, puesto que deseas oír el deseo de tu hija, amo al náufrago víctimade la fortuna. Pero, para no demorarte con palabras ambiguas, amo al hombre de Tiro,mi preceptor. Si no me entregas a él, perderás a tu hija.” El rey no pudo sufrir laslágrimas de su hija y, movido por la piedad, le dijo: “Yo, dulcísimo hija, amando mehice padre. Por ello sin demora fijaré el día de las nupcias.” Al día siguiente llamó a laautoridad de su reino a los amigos de las ciudades vecinas y a todos los poderosos. Unavez reunidos, les dijo: “Amigos, quiero que sepáis por qué os he reunido. Sabed que mihija quiere casarse con Apolonio, su preceptor. Pido entonces que todos se alegren, puesmi hija ha obtenido un varón prudente.” Después de decir esto fijó el día de las bodas.Se cuentan los días, se disponen generosos banquetes y se celebran nupcias de dignidadregia. Grande era el amor y vivo afecto de los esposos, incomparable la ternura einaudita la alegría. 23. Pasados algunos meses y días, la muchacha tenía su vientre deformado. Alsexto mes, en tiempo de verano, mientras paseaban en la playa, vino una hermosísimanave, que admiraron y alabaron. Apolonio la reconoció como de su patria. Se dirigió alpiloto y le dijo: “Dime, si puedes, de dónde vienes.” Dice el piloto: “De Tiro.” DiceApolonio: “Mencionaste mi patria. El piloto: “¿Luego tú eres tirio?” Apolonio: “Tú lodijiste.” Dijo el piloto: “¿Conoces a cierto príncipe de esa patria?” Dice Apolonio: “Acierto príncipe, a mí mismo.” Entonces el piloto: “No bien lo veas, dile: ‘Alégrate yllénate de gozo, pues el rey Antíoco, herido por un rayo, ardió junto con su hija. Portanto todas sus riquezas reales y el reino de Antioquía están reservados a Apolonio’.”Apolonio, al oír esto, se llenó de gozo, miró a su esposa y dijo: “Ahora comprendes loque en otro tiempo creíste a un náufrago. Por tanto te pido, querida esposa, me permitasir a recibir mi reino.” La moza, al oír esto, derramó lágrimas y dijo: “Extraño esposomío, aun cuando estuvieras en un largo viaje, deberías venir presuroso a mi parto. ¿Peroahora, cuando estás aquí presente, te dispones a dejarme? Pero, si lo mandas,naveguemos juntos.” Y se acercó a su padre y le dijo: “Querido padre, alégrate de gozo.Murió el rey Antíoco. Mientras yacía con su hija, Dios lo hirió con un rayo. Pero susriquezas y la diadema del reino están reservadas a mi esposo. Permite entonces quenavegue con él; permítelo con gusto: dejas ir a una pero recibirás a dos.1” 24. El rey lleno de alegría mandó disponer en la costa una nave y la llenó de todaclase de bienes. Además dispuso que su nodriza, de nombre Licórida, muy expertapartera, navegara con ellos. Les dio una carta de recomendación y los acompañó a lacosta. Besó a su hija y a su yerno y deseaba viento favorable. Subieron a la nave, congran abundancia de cosas y buen número de esclavos. Sopló entonces el viento yentraron en alta mar. Por varios días fueron agitados por diversos vientos; al séptimo,parió la muchacha, pero su sangre se heló por la gran fuerza de los vientos, y daba elaspecto de estar muerta. Gritó entonces la servidumbre y acudió Apolonio a toda prisa;vio que su esposa yacía exánime. Rasgó entonces sus vestidos desde el pecho, hirió consus uñas su propio rostro juvenil, derramó lágrimas y se postró sobre el rostro de su1 Se refiere a la hija por nacer, como se verá al final del capítulo siguiente. 10
  11. 11. esposa diciendo: “Querida esposa y única hija del rey Arquístrato, ¿qué dirá el rey tupadre, quien me recibió a mí náufrago?” Después de decir estas y otras cosassemejantes, fue a él el piloto y le dijo: “Señor, tú obras piadosamente, pero la nave nopermite un muerto. Manda por tanto que el cuerpo sea lanzado al mar.” Apolonio seindignó y dijo: “¿Qué haces, pésimo hombre? ¿Esto te agrada, que tire al mar estecuerpo, que me recibió náufrago y extranjero?” Entre tanto llamó a operarios navales yles mandó que dispusieran unas tablas e hicieran un ataúd muy amplio, que taparan losagujeros con láminas de plomo y que cubrieran con pez diligentemente los intersticios.Hecho esto, colocó a la niña en el ataúd, en medio de profundo llanto, adornada deadornos reales, y le dio un beso. Puso doscientos veinte sestercios de oro bajo su cabezay escribió unos cuadernillos. Luego mandó que el vástago fuera criado cuidadosamente,para tener en medio de males un consuelo y para poder mostrar al rey, en vez de unahija, una nieta. Entonces mandó así que se echara al mar el ataúd. Con gran llanto yclamor de los esclavos así se hizo. 25. Al tercer día fue llevado a las costas de Éfeso,1 no lejos del predio de ciertomédico llamado Ceramón. Ese día él, caminando por la costa, vio el ataúd arrojado porlas olas, que yacía en la playa, y dijo a sus discípulos: “Tomad con cuidado ese ataúd yllevadlo a la ciudad.” Y así hicieron. Pero el médico lo abrió un poco y vio unamuchacha adornada con adornos reales, muy hermosa y por error considerada muerta.Se quedó estupefacto y dijo: “¿Cuántas lágrimas pensamos que dejó esta muchacha asus padres?” Vio que bajo su cabeza había dinero y unos cuadernillos escritos y dijo:“Veamos qué es lo que desea este dolor.” abrió el sello y así decía el escrito:“Quienquiera seas, tú que hallas este ataúd, tendrás veinte sestercios de oro.2 Te pidoque conserves la mitad y la otra mitad la destines al funeral, pues este cuerpo dejómuchas lágrimas. Si hicieras otra cosa distinta de la que el dolor desea, ¡que mueras elúltimo de los tuyos! Que nadie encomiendo tu cuerpo a la sepultura.” Una vez leídos loscuadernillos, dice a sus esclavos: “Demos al cuerpo lo que manda el dolor. por mi parte,juro por la esperanza de mi vida que aportaré más a este funeral.” Y mandó que sepreparara la pira. Pero, mientras con solicitud la preparaba, vino un discípulo delmédico, joven de aspecto pero anciano en su inteligencia. Este joven, al ver un hermosocuerpo puesto sobre la pira, dijo: “Maestro, este es un nuevo funeral.” Dijo Ceramón:“Viniste a tiempo en esta hora y te esperaba. Toma una ampolla de ungüento yderrámalo en la sepultura, como último obsequio a esta difunta.” Se acercó el joven alcuerpo de la niña, quitó desde el pecho sus vestidos y derramó hábilmente ungüento; lohacía con mano artificiosa cuando, de repente, sintió el corazón y notó tibio el cuerpo.Se quedó estupefacto. Palpó las venas y vio el indicio de las narices: tocó con sus labioslos labios y percibió que una ligera vida con su soplo luchaba contra la muerte. Dijoentonces a los esclavos: “Traed cuatro pequeñas antorchas y ponedlas despacio en loscuatro costados. Las pusieron y la muchacha se entibió: entonces la sangre coagulada sehizo líquida. Al ver esto, dijo el joven a su maestro: “Maestro, te equivocaste, pues laque consideras muerta, vive. Para que lo creas más fácilmente, de inmediato le aplicarépequeñas antorchas; liberaré su espíritu, que está encerrado en sus propias fuerzas.”Dicho esto, llevó a la muchacha a su dormitorio, la puso en su lecho, calentó aceite,humedeció lana y la puso sobre el pecho de la muchacha. Por dentro la sangre, que sehabía coagulado por el frío, se licuó y su espíritu encerrado empezó a difundirse por lasmédulas. Abiertas así las venas, abrió ella los ojos y recobró su espíritu, que había1 Ciudad del Asia Menor.2 En el capítulo anterior se dijo que eran ciento veinte; ignoro el motivo del cambio; en el cap. 40 se hablanuevamente de “veinte sestercios.” 11
  12. 12. perdido. Dijo balbuciendo estas palabras: “Te ruego, quienquiera que seas, que no metrates de un modo inconveniente para una hija de rey y esposa de rey.” El joven, al vercómo se había engañado su maestro en su arte, lleno de gozo fue a verlo y le dijo: “Ven,maestro, y recibe una prueba de la inteligencia de tu discípulo.” Y, viendo viva a lamuchacha, a la que había considerado muerta, dijo a su discípulo: “Amo tu cuidado y tuprudencia y alabo tu arte. Escucha, discípulo. No quiero que pienses que has perdido elbeneficio de tu arte. Recibe este dinero, pues la muchacha trajo consigo a mi casamucho dinero.” Y mandó que fuera atendida con alimentos saludables y muchoscuidados. Pero pocos días después, como conoció que ella era de linaje real, hizo venir asus enemigos y la adoptó como su hija. Pero ruega con lágrimas que nadie la toque: lahizo sacerdotisa de Diana, mujer entre mujeres, pues allí se observa inviolablementetodo género de castidad. 26. Mientras tanto Apolonio con gran luto, por providencia de Dios, llegó aTarso, descendió de la nave y fue a la casa de Estrongulión y Dionisíada. Luego desaludarlos, empezó a exponerles todos sus azares. Decía también que, cuanto máslloraba por su perdida esposa, otro tanto se consolaba con su hija salvada. EntoncesApolonio, contemplando a Estrongulión y a su esposa Dionisíada, dijo: “Santísimoshuéspedes, después de la pérdida de mi querida esposa, no quiero recibir el reino queme está reservado ni volver a mi suegro, cuya hija perdí en el mar, sino más bien mededicaré a comerciar. Os encomiendo por tanto a mi hija, para que sea criada junto conla vuestra Filotemia. Os pido la recibáis con ánimo simple y la llaméis Tarsia, con elnombre de vuestra patria. Además os dejo a Licórida, nodriza de mi esposa, para quecon su cuidado custodie a la niña.” No bien dijo estas cosas, les entregó a la pequeña ymucho oro, plata y vestidos preciosísimos; juró que no se cortaría la barba ni loscabellos de su cabeza ni las uñas, si no daba antes a su hija el debido gasto. Ellos sequedaron asombrados de que se obligara con un juramento tan grande y prometen quecriarán a la muchacha con gran fidelidad. Apolonio entonces, encomendada su hija,subió a la nave, fue a alta mar y se dirigió a lejanas e ignotas regiones de Egipto. 27. Mientras tanto la muchacha Tarsia llegó a los cinco años y fue enviada alaescuela. Se aplicó a los estudios liberales junto con Filotemia, la hija de ellos. Cuandotenía catorce años, volvió una vez de la escuela y encontró a su nodriza Licóridapostrada por una repentina enfermedad. Se sentó junto a ella sobre el lecho y lepreguntó sobre su enfermedad. La nodriza le dijo: “Escucha, señora, las últimaspalabras de tu moribunda y humilde amiga y guárdalas en tu pecho.” Y agregó: “SeñoraTarsia, ¿quiénes son tu padre y tu madre y cuál es tu patria?” la muchacha respondió:“Mi patria es Tarso; mi padre, Estrongulión; mi madre, Dionisíada.” La nodriza gimió:“Escucha, señora Tarsia, el origen de tu nacimiento, para que sepas qué debes hacerdespués de mi muerte. Tu patria no tiene suelo;1 tu madre es la hija del rey Arquístrato.Ella, cuando te dio a luz, inmediatamente sintió encerrado su espíritu y tuvo el últimodía de su vida. A ella tu padre Apolonio, después de disponer un ataúd y poner en élornamentos reales y veinte sestercios de oro, la lanzó al mar. De ese modo, a cualquierparte que ella fuera, tendría en su final los medios para su funeral. Solo la nave sabedónde fue. El rey Apolonio de Tiro, tu padre, lloró a su perdida esposa y te puso en unacuna. Se ayudó él con ese consuelo tan grande y llegó a Tarso. Te encomendó él conmucho dinero y vestidos a Estrongulión y su esposa Dionisíada, sus huéspedes. Les hizosaber que no se cortaría la barba ni los cabellos ni las uñas, antes de entregarte a ti en1 Ella había nacido en el mar. 12
  13. 13. matrimonio. Subió por tanto con sus hombres a su nave y prometió que volvería acumplir con sus votos, en relación con tus años núbiles. Pero tu padre, quien en tantotiempo ni escribió ni envió mensajeros sobre su salud, quizás murió. Por eso ahora teexhorto a que, si por algún azar tus huéspedes, a quienes tú llamas padres, te hicieranalguna injuria, te dirijas al foro y veas la estatua de tu padre en una biga. Sube a ella,abraza la estatua y expón tus casos a todos. Los ciudadanos, memoriosos de tu padre,reivindicarán tu injuria.” Dijo entonces la muchacha: “Querida nodriza, si algo propiode la naturaleza le hubiera ocurrido a tu ancianidad, antes que tú me contaras esto,habría sido ignorante del origen de mi nacimiento.” Y, luego de decir esto, la nodrizaabandonó su espíritu en el regazo de la muchacha. Gritó la doncella, acudieron losesclavos y se dio sepultura al cuerpo de la nodriza. Le hicieron, por mandato de Tarsia,un monumento en la costa. Pocos días después la moza depuso el luto y volvió a losestudios liberales. Al regresar de la escuela, no tomaba alimento antes de visitar elmonumento de la nodriza. Llevaba una ampolla de vino y allí invocaba a los manes desus padres. 28. Mientras esto ocurría, cierto día feriado Dionisíada caminaba junto con suhija y con Tarsia por el camino público. Los ciudadanos, al ver a Tarsia muy hermosa ymejor adornada, la alababan grandemente y todos decían: “¡Feliz el padre que tiene aTarsia como hija! En cambio la que está a su lado es fea y parece una deshonra.”Dionisíada, al escuchar que Tarsia era alabada y su hija vituperada, se volvió furiosa yse puso a considerar consigo misma cada cosa: “Su padre, desde que se fue de aquí,pasaron quince años y no vino a buscar a su hija. Creo que ha muerto; quizás en el mar.La nodriza murió, de modo que no tengo ningún rival. Sacaré a esta de en medio yadornaré a mi hija con sus adornos.” Y mandó venir a su administrador suburbano,llamado Teófilo, y le dijo: “Teófilo, si quieres recibir la libertad, quítame a Tarsia de enmedio.” Dijo el administrador: “¿En qué pecó la inocente doncella?” La malvada mujerdijo: “No puedes negarte. Haz lo que te mando o, de lo contrario, sentirás mi ira. Mátalay lanza su cuerpo al mar. Cuando anuncies el hecho, recibirás un premio junto con lalibertad.” El administrador fue seducido por la libertad pero se alejó con dolor. preparóun puñal muy afilado, lo ocultó en su costado y fue al monumento de la nodriza deTarsia. La muchacha, al volver de sus estudios, según costumbre, tomó una ampolla devino y una corona. Fue al monumento y expuso todos sus casos. Salió fuera eladministrador, la atacó tomándola de los cabellos y la arrastró a la costa. Mientrasintentaba matarla, dijo la niña: “Teófilo, ¿en qué pequé, para morir de tu mano?” Eladministrador dijo: “En nada pecaste tú, sino tu padre Apolonio, que te dejó con muchodinero y ornamentos reales.” Pero la muchacha llorando decía: “Te pido, Señor, si ya nohay ninguna esperanza para mi vida, que me permitas poner por testigo al Señor yrogar.” El administrador dijo: “Ponlo por testigo, pues Dios sabe que yo he sidoobligado a hacer este crimen.” 29. Pero, mientras la muchacha rogaba a Dios, aparecieron de repente unospiratas. Ellos, al ver que la muchacha estaba bajo el yugo de la muerte, exclamaron:“Bárbaro muy cruel, abstente, tú que tienes el hierro. Ella es nuestro botín y no tuvíctima.” El administrador, asustado por las voces de los piratas, huyó detrás delmonumento. Y los piratas se acercaron a la costa, tomaron a la muchacha y fueron a altamar. El administrador, después de un tiempo, salió y, al ver que la muchacha había sidoarrebatada de la muerte, dio gracias a Dios de no haber cometido el crimen. Volvió a vera la malvada mujer y le dijo: “Lo que mandaste, señora, ya está hecho. Cumple lo queprometiste.” La malvada mujer: “¿Qué dices, malvado ladrón?¡Cometiste un homicidio 13
  14. 14. y pides la libertad! Vuelve a la villa y haz tu trabajo, no sea que sientas la ira de tu señory de tus señoras.” El administrador iba desorientado y decía, levantadas sus manos aDios: “Señor, tú sabes que no cometí ese crimen; sé juez en esta causa.” Y volvió a lavilla. Pero al día siguiente, al amanecer, la malvada mujer se cubrió de lúgubrevestimenta, desgarró sus cabellos y mostró dolor en su pecho lívido y desnudo. Salió desu dormitorio y derramó fingidas lágrimas: “Amigos muy fieles, sabed que Tarsia, hijade Apolonio, murió ayer en nuestra villa de los suburbios, víctima de un repentino dolorde estómago. Ya le di a ella un muy honroso funeral.” Todos, llevados por la animaciónde sus palabras y de su aspecto, por sus lúgubres vestimentas y falaces lágrimas, lecreyeron. Al día siguiente todos los principales de esa tierra, por los méritos ybeneficios de Apolonio, quisieron hacer un monumento a su hija, fundido en bronce, nolejos del monumento de su nodriza Licórida. Su título estaba así estrito: A TARSIA,VIRGEN, HIJA DE APOLONIO, POR LOS BENEFICIOS DE SU PADRE, ESTEDON HECHO EN BRONCE. 30. Mientras tanto los piratas que habían raptado a Tarsia llegaron a la ciudad deMitilene.1 Allí Tarsia es puesta a la venta entre otros esclavos. La vio cierto alcahuetellamado Lenonio,2 muy codicioso, ni hombre ni mujer, y empezó a pugnar porcomprarla. Pero Antinágoras, príncipe de la ciudad, comprendiendo que la muchachaera noble y bella, ofreció por ella diez sestercios de oro. Dijo el alcahuete: “Yo daréveinte.” Antinágoras ofreció treinta; el alcahuete, cuarenta. Antinágoras ofreció setenta;el alcahuete, ochenta. Antinágoras ofreció noventa; el alcahuete daba cien y decía: “Sialguien se detiene, yo añadiré diez.” Entonces dijo Antinágoras: “Si pugno con estealcahuete, tendré que vender muchas para comprar una sola. Permitiré que la compre y,cuando la haya puesto en el lupanar, entraré primero y arrebataré su virginidad: así serácomo si la hubiera comprado.” Es llevada la muchacha al alcahuete y cuentan el dinero;luego ella es conducida a la casa y entra en la sala de recepción, donde el alcahuete teníaun Priapo3 de oro y joyas. Dijo él a Tarsia: “Adora a este numen poderosísimo.” Dijo lamuchacha: “Nunca adoré a semejante divinidad. ¿Acaso eres ciudadano de Lámpsaco?”Dijo el alcahuete: “¿Por qué lo dices?” La muchacha: “Porque los de Lámpsaco venerana Priapo.” Dijo el alcahuete: “¿Ignoras, miserable, que caíste en casa de un alcahuete yademás avaro?” la moza, al oírlo, tembló en todo su cuerpo y se postró a sus piesdiciendo: “Apiádate, señor, ayuda a mi virginidad; te ruego no permitas que este cuerpose prostituya bajo tan torpe título.” Dijo el alcahuete: “Levántate, mísera. ¿No sabes queante mí, alcahuete y torturador, nada valen las lágrimas?” Y llamó al custodio de lasmuchachas y le dijo: “Amianto,4 ve a la celda donde está Briseida y cuida que estamuchacha esté cuidadosamente adornada y se escriba un título para ella. Quien quieradesflorar a Tarsia, dará media libra de oro; luego estará disponible para todo el pueblopor una moneda de oro cada uno.” El custodio Amianto obró según mandato de suseñor. Al tercer día, detrás de una multitud de gentes y de músicos, fue conducida allupanar. Pero el rey Antinágoras fue el primero y entró con su cabeza cubierta. Ya en lacelda, se sentó sobre el lecho de la muchacha y cerró la puerta. La niña se postró a suspies y le dijo: “Apiádate, señor, de mí. te conjuro por tu juventud y por el Dios vivo: no1 La principal ciudad de Lesbos, isla del Egeo cerca del Asia Menor.2 Su nombre es significativo, pues leno significa ‘alcahuete.’3 Dios hijo de Baco y de Venus, nacido y venerado especial mente en la ciudad de Lámpsaco, sobre elHelesponto. Protegía huertos y jardines y estaba asociado con la fecundidad. Recibía también un cultoorgiástico.4 El nombre significa ‘no manchado’; podemos entonces estar ante un nombre significativo, si el custodioera eunuco. 14
  15. 15. quieras violarme baje este título tan torpe. Contén tu impúdico deseo y escucha ladesgracia de esta infeliz virgen y el origen de mi cuna.” Le expuso entonces todos susazares y el hombre, confundido y lleno de piedad, dijo lleno de vehemente estupor:“Levántate sin miedo: somos hombres y tengo también una hija semejante a ti, de lacual puedo temer también la misma suerte.” Y dio cuarenta monedas de oro en mano ala doncella y le dijo: “Señor Tarsia, aquí tienes más de lo que se puso como precio de tuvirginidad. Di lo mismo a los que vengan, hasta que seas liberada.”La muchachaderramó lágrimas y dijo: “Doy gracias a tu piedad, señor; te ruego que a nadie cuenteslo que de mí oíste.” Dijo Antinágoras: “Si lo cuento a alguien, que mi hija también,cuando llegue a tu edad, padezca suerte semejante.” Y se alejó con lágrimas; y le salióal encuentro un compañero, que le dijo: “¿Cómo te fue con la novicia?” Antinágorasresponde: “No puede ser mejor.” Luego, lleno de afecto hasta las lágrimas, siguió a sucompañero, para ver cómo terminaba la cosa. Al entrar el joven, la muchacha segúncostumbre cerró la puerta. El joven le dijo: “Si quieres, indícame cuánto te dio el jovenque acabó de entrar.” Dijo la muchacha: “Cuarenta áureos.” Entonces el joven: “Notuvo de qué avergonzarse. Un hombre rico no habría hecho algo grande, si te hubieradado una libra de oro. Pero, para que sepas que mi ánimo es mejor, toma una libraentera de oro.” Antinágoras oía y decía: “Cuanto más le des, tanto más llorará.” Lamoza tomó las monedas de oro, se postró a sus pies y le expuso todos sus azares. Quedóperplejo el joven y así lo alejó ella de su deseo. Por fin el joven, lleno de confusión, ledijo: “Levántate, señora, también nosotros somos hombres, sometidos a los azares.”Dijo entonces la niña: “ Doy gracias, señor, a tu piedad, pero te pido que a nadie cuenteslo que oíste.” Salió fuera y encontró a Antinágoras que reía y le dijo: “Eres un granhombre: ¿no tuviste a nadie para dar tus lágrimas sino a mí?” y, para aumentar suadmiración, en silencio empezaron a aguardar la salido de otros. Permanecían ellosocultando su aspecto y todos los que entraban daban dinero. Tarsia, después de volver,decía al alcahuete: “¡Cuánto mejor es que tú estés alegre y no triste! Haz por tanto así,para que traigas contigo más riquezas.” La niña cada día volvía del lupanar y decía: “Heaquí lo que puede la virginidad.” Al oír esto, el alcahuete llamó al administradorcustodio de las muchachas y le dijo: “¿Acaso piensas que soy tan necio como parapensar que Tarsia es virgen? Si tanto trae como virgen, ¿cuánto aportará como mujer?Llévala entonces el dormitorio y rompe el nudo de su virginidad.” El administrador lallevó a su dormitorio y le preguntó: “Dime: ¿eres todavía virgen?” Tarsia: “Lo soy,mientras Dios lo permita.” El administrador: “¿Cómo hiciste entonces para traer estosdías tanto dinero?” la muchacha se postró a sus pies y dijo: “Señor, ayuda a esta cautiva,que es hija de un rey. No vayas a violarme.” Y, cuando le expuso todos sus azares, lomovió a misericordia. Dijo entonces él: “Muy avaro es el alcahuete y por eso no sé sipodrás continuar siendo virgen.” Dijo la muchacha: “Obraré entonces como unamuchacha instruida en las artes liberales y que sabe pulsar la lira. Manda por tanto quemañana se dispongan escaños en algún lugar muy frecuentado. Con la elocuencia de miboca expondré todos mis azares ante el pueblo. y cada cuestión que ellos proponganresolveré; y con estas artes aumentaré el dinero.” Hizo así el administrados y gentes detoda edad acudieron a verla. 31. La muchacha, al ver que venía mucha gente del pueblo, confiada en suelocuencia y en sus profundos muchos estudios y su genio, mandó que el pueblo lepropusiera cuestiones y, una vez recibidas, las resolvió favorablemente. Se produjoentonces un gran clamor y creció tanto el concurso de ciudadanos alrededor de ella quehombres y mujeres cada día llevaban muchísimo dinero. Pero Antinágoras, príncipe dela ciudad, memorioso de su intacta virginidad, la amaba no menos que a su única hija; 15
  16. 16. tanto que daba al administrador muchos bienes para ella. Y la doncella cada día, pormisericordia del pueblo, llevaba mucho dinero al seno del alcahuete. 32. Mientras tanto Apolonio llegó a Tarso, pasados quince años, con la cabezacubierta, para que no se viera su deforme aspecto. Se dirigía a la casa de Estrongulión.Este, al verlo de lejos, con rápido paso se dirigió a su casa y dijo a su mujer Dionisíada:“¡Sin duda con certeza habías dicho que Apolonio murió náufrago!” Y añadió: “Pésimay muy cruel mujer, he aquí a Apolonio, que viene a recuperar a su hija. ¿Qué diremos asu padre acerca de la muchacha de la que fuimos padres?” Dijo la malvada mujer:“Pobre esposo, confieso que, mientras amaba a nuestra hija, perdí la ajena. Toma ladecisión de vestirte con lúgubres vestidos y fingidas lágrimas. Diré que murió de dolorde estómago y nos creerá, al vernos vestidos con tales hábitos.” Mientras esto decían,entró Apolonio a la casa, descubrió la cabeza, removió sus barbas y quitó los cabellosde su frente. Al verlos tristes y cubiertos de lúgubres vestes, dijo: “Huéspedesfidelísimos, si todavía permanece en vosotros este nombre, ¿por qué derramáis lágrimasa mi llegada?” Dice la malvada mujer: “Ojalá llevara la noticia a tus oídos otro y no yoo mi marido. Pues tu hija Tarsia pereció por un repentino dolor.” Apolonio tembló entodo su cuerpo, se puso pálido y se quedó un buen rato inmóvil. Recobró luego suespíritu, miró a la mala mujer y dijo: “Dionisíada, mi hija murió, como tú cuentas, hacepocos días. Pero no murieron el dinero, los vestidos, los adornos.” Entonces ellos traentodo y dicen: “Créenos: deseábamos que tu hija reinara incólume, así como te damostodas estas cosas. Para que sepas que no mentimos, tenemos un testimonio de esto. Enefecto los ciudadanos, memoriosos de tus beneficios, fundieron un monumento enbronce en honor de tu hija y lo pusieron cerca de la costa; tú puedes verlo.” Apoloniocreyó entonces que su hija estaba muerta y dijo a los esclavos: “Tomad todas estas cosasy llevadlas a la nave; yo voy al monumento de mi hija.” Cuando llegó, leyó el título:LOS CIUDADANOS DE TARSO EN HONOR DE TARSIA, HIJA DE APOLONIO,HICIERON ESTE MONUMENTO FUNDIDO EN BRONCE, POR LOSBENEFICIOS DE ÉL.1 Una vez leído el título, su mente quedó estupefacta. No lloró y,por ello, maldijo a sus ojos: “Ojos crudelísimos, ¿pudisteis leer el título escrito a mi hijay no fuisteis capaces de derramar lágrimas? ¡Ay de mí miserable! Según pienso, mi hijavive.” Llegó entonces a la nave y dijo a los suyos: “Lanzadme a la sentina de la nave,porque yo deseo exhalar en las aguas mi espíritu, puesto que en tierra no pude gozar dela luz.” 33. Pero mientras navegaba con prósperos vientos con la idea de volver a Tiro,la fidelidad del mar cambió y Apolonio, agitado por los diversos peligros del mar y enmedio de las súplicas a Dios que todos hacían, llegó a la ciudad de Mitilene. Todosaplaudieron junto con el piloto y entonces Apolonio dijo: “¿Qué son estos sones dealegría que llegaron a mis oídos.” Dijo el piloto: “Alégrate, Apolonio: debes saber quehoy es el día de las fiestas de Neptuno.” Apolonio gimió y dijo: “Que celebren todosentonces el día, menos yo.” Y llamó a su dispensador y le dijo: “Para no parecer avaroen vez de triste, que sea suficiente para mis siervos el castigo que les ha tocado por tenerun señor tan infeliz. Dales entonces diez áureos, para que celebren el día festivo. Ymando que nadie me llame. Si alguno de mis siervos lo hiciera, que le corten laspiernas. Si fuera hombre libre, recibirá el mal de la libertad.2” Se admiraron todos de1 En latín también el texto de la inscripción es, en lo literal, diferente del que trae el cap. 29.2 En latín: malum libertatis accipiet. La frase creo que puede tener más de una interpretación; por eso latraduje solo literalmente. 16
  17. 17. que hubiera hablado así. Pero el dispensador compró las cosas necesarias y volvió a lanave. Luego de adornar el navío, todos se recostaron alegres a comer. 34. Pero, mientras banqueteaban, el rey Antinágoras, que amaba a Tarsia comohija propia, caminaba por allí y se puso a contemplar la abundancia de naves. Vioentonces la nave de Apolonio, más hermosa y adornada que las otras, y dijo a los suyos:“Me agrada mucho esa nave que veo preparada.” Los marineros, al sentir que su naveera alabada, decían: “Te invitamos, magnífico príncipe, si lo consideras digno.”Descendió Antinágoras, se recostó con ánimo complaciente y puso diez áureos sobre lamesa diciendo: “Tened, para que no me invitéis gratuitamente.” Todos dijeron entoncesa una voz: “¡Bien nos recibiste, señor!” Vio Antinágoras que todos estaban recostadosunánimes y que no había nadie de mayor honra. Dijo entonces: “¿Por qué todos estáisasí tan fácilmente?” “¿Quién es el señor de la nave?” Dijo el piloto: “El señor de la naveestá de luto, en la sentina, pues determinó morir en las tinieblas: perdió a su esposa en elmar y en tierra a su hija.” Pero Antinágoras dijo a uno de los esclavos, que se llamabaArdelión: “Te daré dos áureos, si bajas y le dices: ‘Antinágoras, príncipe de esta ciudad,te ruega que salgas de las tinieblas a la luz.’ ” Pero dijo él: “De dos áureos quiero dartecuatro, porque no deseo que me corten las piernas. Pues, si puedo con dos pies tenercuatro áureos, no has encontrado entre nosotros algo tan vil como yo. busca a otro quevaya, pues el señor mandó que se le cortaran las piernas a quien lo llamare.” DiceAntinágoras: “Esa ley la puso para vosotros, no para mí, a quien desconoce. Bajaré yo,decidme su nombre.” Los siervos: “Apolonio de Tiro.” Al oírlo, pensó para sí:“También Tarsia llamaba Apolonio a su padre.” Los esclavos le mostraron y bajó hastaél. Lo vio sórdido de aspecto, en sus barbas y cabello, y yaciente en la oscuridad; le dijoentonces en alta voz: “Salve, Apolonio.” Éste pensaba que lo llamaba alguno de lossuyos y lo miró con rostro temible. Al ver que era hombre desconocido y adornado conhábitos honrosos, ocultó su furor con el silencio. Le dijo Antinágoras: “Sé que tesorprende que un desconocido te salude por tu nombre. Debes saber que soy el príncipede esta ciudad y me llamo Antinágoras. Bajé a la costa a ver las naves, noté entre lasotras la tuya, bellamente adornada, y alabé su aspecto. Tus marineros me lo pidieron ycon gusto me recosté a comer con ellos e inquirí el nombre del dueño. Ellos me dijeronque estabas de luto, lo cual veo. Recuéstate con nosotros y come un poco. Tengoesperanzas de que Dios te dará, después de tu gran luto, una alegría mayor.” Apolonio,fatigado por el luto, levantó su cabeza y dijo: “¿Quién eres, señor? Ve, recuéstate ycome con estos, así como lo haces con los tuyos. Pero yo, gravemente afligido por miscalamidades, no solo no quiero banquetear sino ni siquiera vivir.” Confuso Antinágorassubió a la nave, se recostó y dijo: “No pude persuadir a vuestro señor para que saliera ala luz. ¿Qué haré para sacarlo de su propósito de muerte?” Y añadió: “Me vino algobueno a la mente. Ve, niño, al alcahuete Lenonio y dile que me envíe a Tarsia. Es enefecto educada, de muy suave voz y notable por su belleza. Puede por tanto exhortar atal varón a no perder la vida. 35. El alcahuete escuchó el pedido y, aunque no quería, no pudo negarse y laenvió. Llegó Tarsia y le dijo Antinágoras: “Dulce hija, hay aquí necesidad del arte detus estudios, para que consueles al señor de esta nave, que está sentado en la oscuridadlamentando a su esposa y su hija. Que seas tú la causa de que salga a la luz. Este es unmotivo de piedad, por el cual Dios se hace propicio a los hombres. Acércate entonces ypersuádelo de que salga a la luz. Quizás Dios quiere que por nosotros él viva. Si puedeshacer esto, te daré diez mil sestercios de plata y veinte áureos; y en treinta días tecompraré al alcahuete, para poder tener en salvo tu virginidad.” Oyó esto la muchacha y 17
  18. 18. con determinación fue hacia el hombre y lo saludó con voz sumisa: “Te saludo,quienquiera seas. ¡Salve! Alégrate y goza. No es una mujer manchada quien viene aconsolarte, sino una doncella, que me conservo inviolable entre tantos naufragios decastidad. Y empezó a cantar con modulada voz: Por impurezas ando pero no me apercibo de ellas, así como rosa entre espinas no es dañada por ellas. Fui arrebatada por mi raptor a golpes de espada y fui entregada a un burdel pero no perdí el pudor. Cesarían las heridas de mi ánimo y mis lágrimas, si yo pudiera conocer con certeza a mis padres. Hija soy única de estirpe real y sé bien de cierto que por permiso de Dios me alegro algunas veces. Pon fin a tus lágrimas y acaba con tristes cuidados, devuelve tu rostro al cielo y la mente a los astros, pues Dios es creador y gobierna todas las cosas y no permitirá que tus lágrimas terminen en vano. Oyó estas palabras Apolonio, levantó su cabeza y, al ver a la niña, gimió: “¡Ayde mí miserable! ¿Cuánto tiempo lucharé contra la piedad?” Se levantó y le dijo: “Doymuchísimas gracias a tu prudencia y nobleza y corresponderé a tus consuelos. Meacordaré de ti, si me es posible alegrarme, pues te aliviaré con las fuerzas de mi reino.Quizás podrás verdaderamente considerarte, como dices, nacida de padres regios. Tomaahora doscientos áureos y vete contenta, como si me hubieras devuelto a la luz. Noquiero que me vuelvas a llamar, pues me consumo en la renovada crueldad de un lutoreciente.” La niña tomó los doscientos áureos y salió. Le dijo entonces Antinágoras:“¿Dónde vas, Tarsia? ¿Te esforzaste en vano? ¿No pudiste obrar misericordia para conun hombre que intenta matarse?” Le dijo Tarsia: “ Hice lo que pude. Me dio doscientosáureos y me rogó que me alejara de él, afirmando ser víctima de renovado dolor.” DiceAntinágoras: “Te daré cuatrocientos áureos; solamente baja y devuélvele los doscientosque te dio y dile: ‘Busco tu salud y no tu dinero.’ ” Bajó entonces Tarsia, se sentó juntoa él y le dijo: “Si determinaste permanecer en la inmundicia, permíteme cambiaralgunas palabras contigo en estas tinieblas. Y, si puedes resolver los nudos de mispalabras, me iré; si no, te devolveré tu dinero y me alejaré.” Apolonio para no recibir eldinero, aunque tenía deseos de oír las palabras de la sabia muchacha, dijo: “Si bien enlos males no hay otro consuelo sino llanto y lamento, sin embargo, para no carecer deladorno de la alegría, di lo que has de preguntar y vete; pues te pido que des espacio amis llantos.” Dijo Tarsia: “Hay una casa en la tierra que retumba con alta voz. Esa casa resuena; no obstante no resuena su huésped pues ambos corren: al mismo tiempo huésped y casa. Si eres –continuó– rey, como dices, en tu patria, un rey debe ser prudente.Resuelve esta cuestión y me iré.” Agitó la cabeza Apolonio y dijo: “Para que sepas queno he mentido, te diré: la casa que resuena en la tierra es el agua; el huésped de esa casaes el pez, que corre junto con el agua.” Entonces Tarsia: “La dulce amiga, vecina siempre de la profunda costa, canta de continuo a las Musas bañada en negro color. 18
  19. 19. –Soy nuncia de la lengua, marcada por dedos de maestro.” Dice Apolonio: “Dulce amiga es llamada aquella que envía sus cantos la cielo.La caña es vecina de la ribera, porque mora junto a los ríos y, por ello, está bañada denegro color. Mensajera de la lengua es la voz que pasa por la caña.” Y Tarsia: “Soy llamada larga, hija veloz del hermoso bosque, y vienen siempre conmigo innúmeros compañeros; corro muchos caminos mas no dejo ningún vestigio.” Dijo Apolonio: “¡Oh, si me fuera grato mostrarte lo que ignoras! Pero no quieroque pienses que callo para recibir el dinero. Respondo entonces a tu pregunta y meadmiro de que en tan tierna edad tengas tanta prudencia. Árbol largo es la nave; esllevada por los vientos acompañada de una multitud de olas; recorre muchos caminospero no deja huella.” Tarsia, movida por la prudencia de esa solución, le dijo: “Por toda la casa entra el fuego sin hacer daño; un gran calor hay en el medio y nadie lo teme, pues desnuda está la casa y desnudo el huésped.” Dijo Apolonio: “Si depones la tristeza, sin daño entrarás al fuego. Y entraría yo a los baños, donde de un lado y de otro las llamas surgen por unostubos. Desnuda está la casa, pues dentro nada hay sino asientos, donde suavemente sesienta desnudo el huésped.” Dijo Tarsia: “Tengo dos espadas, pero tienen un solo hierro; lucho con el viento y con el abismo profundo; busco en medio de las aguas pero muerdo tierra.” Dijo Apolonio: “La que me retiene a mí, que estoy en esta nave, es el ancla; ellaestá unida de dos hierros y lucha con el viento y con el abismo profundo; también seaferra con su mordedura a las grietas de la tierra.” Dijo Tarsia: “Yo no tengo peso pero me sigue el peso del agua; todas mis vísceras se hinchan y difunden en amplias cavernas; dentro de mí hay agua que surge de suyo.” Y añadió: “No estoy cubierta de cabellos pero tampoco de ellos carezco y dentro de mí los hay, aunque nadie los ve. Las manos me conducen y ellas me lanzan a los aires.” Respondió Apolonio: “A esta nave la tuve como guía, cuando fui náufrago enPentápolis, y me hice su amigo. Siempre es la que no está cubierta de cabellos y nocarece de ellos; dentro está llena; las manos la echaron al mar y la mueven.” De nuevodijo Tarsia: 19
  20. 20. “No tengo figura cierta, ni propia ni lejana; un fulgor hay dentro de mí, que brilla con luz resplandeciente, este fulgor nada muestra, sino aquello que vio antes.” Apolonio: “Ninguna figura cierta tiene el espejo, porque imita el aspecto; notiene figura lejana, porque muestra lo que tiene ante sí.” Dijo entonces Tarsia: “Cuatro hermanas iguales van corriendo con arte buscando vencer, pues todas se esfuerzan por igual; se apresuran del mismo modo y no llegan a tocarse.” Respondió Apolonio: “Cuatro hermanas semejantes, de igual forma y hábito, sonlas ruedas; las cuatro corren con arte, como rivalizando; aunque están cerca, ningunapuede alcanzar a su igual.” Entonces Tarsia: “Nosotros nos dirigimos al cielo buscando las alturas; quienes se allegan, por nosotros son enviados al aire; nosotros estamos unidos por fábrica y orden común. Quienes buscan los aires, por nosotros van hacia ellos.” Respondió Apolonio: “Los grados de la escala tienen siempre un solo orden eiguales espacios. Quienes tratan de ir a lo alto, por ellos son enviados a los aires.”Después de decir esto, Tarsia se lanzó sobre Apolonio, lo estrechó con sus manos y loabrazó diciendo: “¿Por qué te afliges con tantos males? Escucha mi voz y mira a unavirgen que te suplica, pues es impío que un varón tan prudente quiera morir. Si anhelasa tu esposa, búscala, pues Dios te la restituirá. Si a tu hija, la encontrarás sana y salva.Concédeme lo que te pido con mis súplicas.” Aferraba así sus pálidos vestidos eintentaba arrastrarlo a la luz. Apolonio lleno de ira se levantó y le pegó con el talón. Lamuchacha cayó impulsada y de su rodilla empezó a salir sangre. 36. Entonces la muchacha lloraba y decía: “¡Oh ardua potestad de los cielos!¿Por qué permites que yo, inocente, esté sometida a tan grandes calamidades y, desdemi misma cuna y nacimiento, sea fatigada con tan grandes miserias? Pues, mientras nacíen medio de las olas del mar y las tormentas, mi madre murió entre dolores y a ella lefue negada sepultura en tierra. Adornada por mi padre fue puesta en un ataúd junto conveinte sestercios de oro y entregada a Neptuno. Y mi padre me dejó abandonada a losimpíos Estrongulión y Dionisíada, con adornos y vestidos por los cuales llegué hasta lamuerte. Pues a un esclavo le mandaron degollarme y unos piratas, que aparecieron derepente, me arrebataron y me trajeron a esta isla, donde fui llevada a un alcahuete. ¡Diosmío, entrégame a mi padre Apolonio de Tiro, quien, mientras lloraba a mi madre, meabandonó a los impíos Estrongulión y Dionisíada!” Apolonio, al oír todo esto, exclamócon grandes voces y con lágrimas: “Corred, esclavos, y poned fin a mis cuidados.”Oyendo este clamor, acudieron todos los siervos y corrió también Antinágoras, príncipede su ciudad. Bajaron y encontraron a Apolonio, que lloraba sobre el cuello de Tarsia ydecía: “Este es mi hija, por quien me estoy lamentando y por cuya causa había hecholágrimas redivivas y luto renovado. Pues yo soy Apolonio de Tiro, quien te encomendóa los impíos Estrongulión y a Dionisíada. Dime: ¿cómo se llamaba tu nodriza?” Elladijo: “Licórida.” Entonces Apolonio empezó a exclamar con gran vehemencia: “Tú eresmi hija.” Ela dijo: “Si buscas a Tarsia, yo soy.” Entonces él se levantó, arrojó sus 20
  21. 21. lúgubres vestidos, se puso una veste limpia y la abrazó y besó en medio de todos.Antinágoras, al ver a uno y a otro entre lágrimas y llantos, también él lloraba y lenarraba a él cómo la muchacha le había contado todo en el lupanar; le dijo ademáscuánto tiempo había pasado desde el rapto por los piratas. Se arrojó luego a los pies deApolonio y dijo: “Por el Dios vivo, que te restituyó como padre para tu hija, noentregues a Tarsia a otro. Pues yo soy el príncipe de esta ciudad y gracias a mípermaneció virgen y a mí me reconoce como guía y como padre.” Dice Apolonio:“¿Cómo pudo ser contrario a tanta piedad y bondad? Más aún, lo deseo, pues hice saberque no depondría el luto, si no entregaba antes a mi hija en matrimonio. Solo ruego quemi hija sea liberada de ese alcahuete, al que tiene por enemigo.” 37. Luego de oír esto, Antinágoras corrió rápido al consejo de la ciudad,convocó a todos los principales y exclamó con gran voz: “Corred, piadosos ciudadanos,y ayudad a la ciudad, para que no perezca por un solo infame.” Apenas así dijoAntinágoras y con esta voz clamó en el foro, su produjo un enorme concurse de gente yfue tan grande la conmoción del pueblo que ni hombre ni mujer permanecieron en suscasas. Una vez que todos llegaron, les dijo: “Ciudadanos de Mitilene, sabed queApolonio, gran rey de Tiro, ha llegado y que sus naves con un ejército vendrán a laciudad, por causa de un alcahuete que compró a su hija Tarsia y la puso en un lupanar.Para salvar a la ciudad, que sea llevado ante él y que se justifique, de modo que noperezca toda la ciudad.” Oído esto, los que estaban en la ciudad de Mitilene capturaronal alcahuete, le ataron las manos a las espaldas y lo condujeron al foro. Se formó ungran estrado y Apolonio, vestido con veste real y cortados sus cabellos, limpio ademásde toda suciedad y ceñido con una diadema, subió al estrado junto con su hija. La teníaen sus brazos ante todo el pueblo pero las lágrimas le impedían hablar. Apenas pudoAntinágoras, haciendo un gesto con sus manos, mandar a la plebe que callara. Se hizosilencio y dijo: “Ciudadanos de Mitilene, vuestra antigua conmiseración y esta piedadactual os han reunido hoy. Ves cómo Tarsia ha sido reconocida por su padre. El muycodicioso alcahuete la ha maltratado, para despojarnos a nosotros, pero por vuestrapiedad permaneció virgen. Para dar gracias a vuestra piedad, vengad a la hija de estehombre.” Todos a una voz proclamaron: “Que el alcahuete arda vivo y que todos susbienes sean para la muchacha.” 38. Es llevado el alcahuete al fuego y su administrador Amianto, junto con todaslas muchachos y los demás bienes, es entregado a Tarsia. Ella le dijo: “Te concedo lavida porque, por tu beneficio y el de tus conciudadanos, permanecí virgen.” Y le diodiez talentos de oro y la libertad. A todas las muchachas, puestas ante ella, les dijo:“Todo lo que hasta hoy conseguisteis con vuestro cuerpo, tenedlo para vosotras. Pero,como servisteis conmigo, sed libres.” Luego Apolonio se levantó y dijo: “Doy gracias avuestra piedad, ciudadanos venerables y muy piadosos, cuya larga fidelidad os diopiadoso premio, vida pacífica, salud y gloria. Por vosotros la virginidad no tuvo queafrontar guerra alguna; por vosotros mi única hija fue restituida al abrazo paterno. Porello, a cambio de tantas bondades, os doy cincuenta barras de oro, para restaurar vuestraciudad.” Dijo y ordenó que se entregaran en el acto. Entonces todos los ciudadanosfundieron una gran estatua de oro, en la cual él estaba en la popa de la nave yconculcaba con su pie la cabeza del alcahuete; otra para su hija, de bronce cubierto deoro, sentada junto al brazo derecho de él; en la base estaba escrito: A APOLONIO DETIRO, RESTAURADOR DE NUESTROS MUROS, Y A TARSIA, VIRGENSACRATÍSIMA E HIJA DE ÉL, TODO EL PUEBLO DE MITILENE DEDICA ESTAHONRA ETERNA A SU MEMORIA, POR SU GRAN AMOR. 21
  22. 22. 39. Pocos días después Apolonio entregó a su hija como esposa a Antinágoras,con gran gozo de toda la ciudad. Apolonio quería ir con él y con ella a Tarso, de caminoa su patria. Esa misma noche vio en sueños a un ángel, el cual le decía: “Apolonio, vede nuevo a Éfeso, entra en el templo de Diana junto con tu hija y tu yerno y di allí enorden todos tus azares. Luego saldrás de allí con gran gozo y llegarás a Tarso, dondevengarás a tu hija inocente.” Se despertó Apolonio e hizo saber a su hija y su yerno loque había visto en el sueño. Ellos le dijeron: “Haz como te parezca.” Y subió a la nave ytodos con él; llevaron oro y plata, muchos adornos y preciosísimas joyas. Ordenó alpiloto dirigirse a Éfeso, donde llegaron en feliz navegación. Bajó entonces Apoloniocon los suyos de la nave, entró en la ciudad y buscó el templo de Diana. Allí su esposaArquístratis, a la cual durante dieciséis años lloraba como muerta, tenía el principadosobre todos los sacerdotes. Mandó él que se le abriera el santuario, para orar. Y dijo lamayor de las sacerdotisas: “Espera un poco, hasta que lo haga saber a mi señora.” Yentró al santuario y le dijo: “Señora Arquístratis, la más santa y sagrada de nuestrassacerdotisas, viene cierto rey con su hija y su yerno, junto con muchos dones. Pide vertu faz.” Al oír esto, Arquístratis mandó que se le preparara su asiento en el templo; yella misma se adornó con gemas y adornos reales, puso en su cabeza una diadema, sevistió de púrpura y fue acompañada por su séquito; se sentó luego sobre su asiento en eltemplo. Era muy hermosa en su aspecto y, por su gran amor a la castidad, decían queninguna mujer de otro lugar era tan grata a Diana como ella. 40. Ella, al llegar allí, mandó que viniera el rey. Apolonio al verla corrió a suspies, junto con su hija y su yerno. Pues era tan grande su belleza que parecía ser la diosade las demás. Abierto el santuario, luego de entregar los dones a Arquístratis, Apolonioempezó a exponer sus azares en presencia de Diana: “Yo nací rey y me llamo Apoloniode Tiro. Como avancé mucho en todo género de conocimiento y no había arte alguna,entre las más nobles, que no sé o que no haya sabido, resolví cierta vez una cuestión alrey Antíoco, para poder recibir a su hija en matrimonio. Pero él, herido por muy impíoamor, aunque por naturaleza era su padre, por impiedad se transformó en cónyuge de supropia hija. Por ello maquinaba matarme. Al huir de él, padecí naufragio. Lleguéentonces a Cirene, a la ciudad donde vivía el rey Arquístrato. Me recibió muygratamente y fue tan benévolo conmigo que merecí recibir a su hija. Pero, como deseabadirigirme con ella a mi patria, para recibir mi reino, ella dio a luz a esta hija mía, que túmandaste, gran diosa Diana, que fuera presentada ante ti; pero luego del parto entregósu espíritu; y ya pasaron dieciséis años. La vestí entonces con hábito real y la puse en unataúd. Y puse veinte sestercios de oro bajo su cabeza, para que la sepultara en unmonumento quienquiera la hallara. Y encomendé la crianza de mi hija a hombres muymalvados. Y luego estuve veinte años en Egipto. Cuando llegué y pedía a mi hija, medijeron que estaba muerta. Pero, mientras me envolvía en lúgubres vestidos conredivivo luto, tú me devolviste a mi hija cuando deseaba morir.” Mientras narraba estascosas y otras semejantes, su esposa Arquístratis se levantó y fue a abrazarlo. PeroApolonio, que no imaginaba que era su esposa, la alejó de sí. Ella con lágrimas decía enalta voz: “Yo soy tu esposa Arquístratis, hija del rey Arquístrato. Y se lanzó de nuevo asus brazos, lo besaba y decía: “Tú eres mi Apolonio de Tiro; tú eres mi maestro. Yo soytu esposa, a quien recibiste de mi padre, el rey Arquístrato. Tú eres el náufrago al queamé, no por causa del deseo sino por tu saber. dime, raro amado mía, dónde está mihija.” Le señaló él a Tarsia: “Esta es.” Y todos lloraban de gozo. 22
  23. 23. 41. Mientras tanto en toda Éfeso se decía que el rey Apolonio de Tiro habíareconocido a su esposa Arquístratis, a la que tenían como sacerdotisa. Hicieron unbanquete para Apolonio y se alegraron todos. Arquístratis puso como sacerdotisa a laque tenía detrás de ella y en compañía de todos, con gozo y lágrimas de los efesios,junto con su marido, su hija y su yerno subió a la nave. Llevaron inestimable peso enoro y, después de saludar a todos, comenzaron su navegación. Bajo la guía del Señorllegó Apolonio de Tiro a la ciudad de Antioquía, donde el reino le estaba reservado y,con el deseo de todos, lo recibió. Luego se dirigió a Tiro, su patria, se alegró junto consus conciudadanos y puso en su lugar a su yerno Antinágoras. Luego con su yerno, suhija y su esposa navegó con un ejército real y llegó a Tarso. Allí inmediatamente mandóque fueran capturados Estrongulión y su esposa Dionisíada y que fueran conducidos,atados, ante todos los ciudadanos. Visto esto, dijo Apolonio: “Ciudadanos beatísimos deTarso, ¿acaso Apolonio fue ingrato para con alguno de vosotros?” Todos ellos a una vozdijeron: “A ti te llamamos rey y padre de la patria. Por ti gustosos deseamos morir, puespor ti huimos del hambre nefasta; una estatua testimonia esto de nosotros.” Apolonio:“Encomendé a mi hija a Estrongulión y a su esposa Dionisíada; no quisierondevolvérmela. La malvada mujer dijo: ‘Buen señor, ¿no leíste tú mismo el título en sumonumento?’ Señora Tarsia, dulce hija, si hay alguna percepción en el mundo infernal,abandona la morada del Tártaro y oye la voz de tu padre.” 42. La muchacha surgió detrás del estrado, vestida de hábito real y con la cabezavelada. Descubrió su faz y dijo a la mujer: “Salve, Dionisíada. Te saludo evocada desdelos infiernos.” La malvada mujer tembló en todo su cuerpo. Se admiraron y alegrarontodos los ciudadanos. Tarsia mandó que viniera Teófilo el administrador, a quien dijo:“Teófilo, para que puedas ser perdonado, responde en alta voz. ¿Quién te obligó amatarme?”Respondió el administrador: “Dionisíada, mi señora.” Entonces todos losciudadanos tomaron a Estrongulión y a Dionisíada, los llevaron fuera de la ciudad y loslapidaron. Querían entonces matar a Teófilo pero, por intervención de Tarsia, no fuetocado, pues ella dijo: “Si este no me hubiera dado un poco de demora, para que yorogara e imprecara a Dios, vuestra piedad no me habría defendido del mal.” Con unsigno de mano le concedió la libertad y que se fuera a salvo. Se llevó consigo aFilotemia, la hija de los que acababan de matar. Apolonio por su parte, para alegría delpueblo, prometió dones. Se restauraron muros y torres y permaneció allí seis meses.Luego navegó con los suyos a la ciudad marítima de Pentápolis. Entró a ver al reyArquístrato. La ciudad fue coronada y resonaron los órganos. Se alegró el reyArquístrato en lo último de su vejez, al ver a su hija con su marido y a su nieta con sumaridos. Habían llegado hasta él como hijos y los recibió con un ósculo; con ello vivióalegre un año entero. 43. Luego de esto, cumplida su edad, murió en manos de ellos y dejó la mitad desu reino a Apolonio y la otra mitad a su hija. Terminadas estas cosas, Apoloniocaminaba cerca del mar y vio al pescador por el que había sido recibido, cuando habíallegado como náufrago. Mandó que fuera capturado y conducido a palacio. El pescador,al verse llevado a palacio por los soldados, pensaba que lo matarían. Al entrar, Apolonioen presencia de su esposa mandó que lo condujeran a él y dijo: “Reina y Señora, este esmi compañero, que me ayudó cuando era náufrago y me mostró el camino para llegar ati.” Luego le dijo a él lleno de benignidad: “Anciano, soy Apolonio de Tiro, a quien túdiste la mitad de tu manto.” Y le dio veinte sestercios de plata, esclavos, esclavas yvestidos; y lo hizo compañero suyo todo el tiempo que vivió. Y Helánico, quien le habíadado las noticias sobre Antíoco, se presentó ante Apolonio y le dijo: “Señor y Rey, 23
  24. 24. acuérdate de tu siervo Helánico.” Apolonio lo tomó de la mano, lo hizo levantar ycomenzó a besarlo. Y lo hizo rico y compañero suyo, con toda clase de adornos.Cumplidas todas estas cosas, engendró de su esposa a un hijo, a quien hizo rey en lugarde su abuelo Arquístrato. Y él mismo vivió bien junto con su esposa setenta y cuatroaños. Tuvo el reino de Antioquía, de Tiro y de Cirene; vivió en paz y felicidad. Élmismo escribió todos sus azares e hizo dos ejemplares: uno quedó en el templo deDiana de Éfeso; el otro, en su propia biblioteca. 24

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